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El uso del vídeo mejora la implicación de los estudiantes

Por: Educación 3.0

¿Cuáles son los beneficios de emplear contenidos audiovisuales en las aulas? ¿Cuántos docentes crean materiales en formato vídeo para su asignatura? ¿Existen herramientas para grabar las clases y enviárselas a sus estudiantes a distancia? Un estudio despeja estas incógnitas.

Los recursos audiovisuales tienen un gran potencial pedagógico cuando se integran dentro de la programación didáctica: poseen un importante componente de diversión que motiva, atrae, capta la atención y despierta la curiosidad de los más jóvenes. Y es precisamente este hecho el que hace que pueda emplearse con éxito para abordar contenido curricular en cualquier materia y acercar al alumnado a todo tipo de problemáticas sociales gracias al uso del vídeo en el aula.

Así lo corrobora un estudio elaborado por Sony, que afirma que el 88% de los docentes admite que el vídeo mejora la implicación de los estudiantes. Es así en todos los niveles educativos, incluida la enseñanza superior; nivel en el que se ha especializado el informe. De hecho, los estudiantes pertenecientes a la ‘generación Z’ (nacidos entre finales de 1990 y mediados de la década del 2000, que ahora tienen entre 14 y 20 años) han comenzado a llegar a las universidades y se encuentran cómodos utilizando las TIC.

La aplicación práctica en el aula

El estudio arroja otros datos interesantes. Por ejemplo, recoge que un 43% de los docentes ya permite a los estudiantes enviar trabajos en formato de vídeo, a la vez que el 29% ofrece herramientas de revisión en vídeo y otro 30% tiene la intención de usarlas en un futuro próximo, ya que es posible reforzar la motivación del alumnado, así como la atención. Además, el 93,5% cree que esto puede mejorar la implicación de los estudiantes en las materias y que puede ser beneficioso para contrarrestar la presión a la que el alumnado está sometido durante todo el curso, ya que se profundiza en los contenidos siendo el protagonista de su propio aprendizaje.

Del mismo modo, el uso de estos formatos audiovisuales diversifica los materiales empleados en los cursos y permite. De hecho, el 53% de los profesionales de la educación utiliza soluciones de vídeo para grabar las clases y compartirlas con sus estudiantes. Esto no solo ofrece aprendizaje a distancia flexible a los estudiantes, sino que también permite a las universidades aumentar el número de estudiantes dentro de su región o en todo el mundo.

El uso del vídeo mejora la implicación de los estudiantes

El auge de las plataformas digitales

Durante los últimos años, y con la evolución de los contenidos en Internet, las plataformas de vídeo en streaming como YouTube han aumentado su tráfico de visitas de forma considerable. Según el estudio, los usuarios de esta red realizan 3.000 millones de búsquedas mensuales, entre los que se encuentran los docentes interesados en encontrar contenido que se adapta a sus clases. Por este motivo, la labor de buscar recursos multimedia es aún más sencillo.

Además, la convergencia de los distintos medios de comunicación y la llegada del 5G puede lograr que se multipliquen todos estos recursos. Series en streaming que fomentan la inclusión, documentales para reproducir en asignaturas de Ciencias o películas para fomentar la multiculturalidad son algunos de los materiales audiovisuales que los docentes pueden encontrar en Internet.

Fuente e Imagen: https://www.educaciontrespuntocero.com/noticias/uso-del-video-en-el-aula/121278.html

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El mundo invisible de los gases también habita la escuela

Por: Carmelo Marcén

Oxígeno, dióxido de carbono, metano o, incluso, vapor de agua, están presentes en nuestra vida, en la naturaleza y, a pesar de que no los vemos, son fundamentales para la vida. Merecen un hueco en la escuela.

Cada día, en la escuela se habla mucho de la materia que no se ve en toda la vida pero que es importante para toda la vida. Primer mensaje educativo que se debe lanzar más de una vez: lo que no se ve también existe. Sabemos que mucha gente anda despistada con este asunto; incluso algunos libros de texto se olvidan de que la naturaleza o la vida corriente son algo más que objetos, rocas, animales, o plantas. Los gases son, a pesar de su relevancia, unos protagonistas olvidados o, como mínimo, poco queridos. Basta recordar el “gran evento de oxidación” que ocurrió en la marina Tierra hace unos 2.000 años.

Los gases que intervienen en la respiración son los primeros que se citan en la escuela, aparecen ya en los cuadernillos de los cursos de educación infantil. El nombre de esos gases ya tiene algo de misterio: oxígeno (que genera ácido desde tiempos de Lavoisier) y dióxido de carbono (ya está presente de manera natural en el aire aunque en proporciones mínimas, lo cual dificulta la comprensión de la importancia que le reconocemos, y tiene). En realidad, estos dos gases se entienden, simplificando en exceso, como el derecho y el revés del aire que necesitan los seres vivos; las personas también. Prueben a comprobarlo en su clase.

La escuela debe ocuparse de hacer presente una parte del relato de lo desconocido, que también es real. Acaso adornándolo de magia creativa; en otros momentos de leyenda interesada. Los gases, quién lo duda, son parte del transcurso de la vida real. Aunque la mayoría de las veces no se les ponga imagen, se sabe que son parte activa de la vida; por acción u omisión. El dióxido de carbono, una entelequia incomprensible para mucha gente, es un producto de las combustiones/oxidaciones, que son la vida misma. Lo supo encontrar con acierto Joseph Black bien avanzado el siglo XVIII. Por aquellos años, Carl W. Scheele (un gran descubridor de gases) y Joseph Priestley –avispados y concienzudos personajes que trabajaban en laboratorios científicos que hoy harían reír– eran capaces de aislar el oxígeno, ese gas omnipresente en nuestra vida a pesar de ser inodoro e insípido, pero que aviva todas las combustiones. ¿Quién no ha lanzado aire de forma mecánica o con lo boca para que algo ardiera mejor? Pregunten en clase.

El hecho de ventilar una habitación o una clase debe ser entendido como un deseo de cambio en la composición de los gases del aire confinado: unos salen y otros entran. Poco importa en la primeras edades ponerles nombre preciso o asignarles una fórmula, pero sí asociarlos a cualidad del aire para una mejor o peor respiración, algo ineludible de entender hasta por los más pequeños. Es un buen momento de desmontar un par de equívocos muy extendidos en la escuela. El uno dice que durante la noche las plantas respiran como el resto de los seres vivos, mientras que por el día lo hacen en sentido contrario: absorbiendo CO2 –ya tiene su misterio para los escolares pequeños verlo escrito siempre así– y liberando oxígeno. De ahí viene la leyenda negra de que no se puede dormir con una planta en la habitación pues envenena el aire; nada se dice de tener una persona al lado, de masa infinitamente mayor, durante toda la noche. El otro error pretende anular el papel benefactor de las plantas en la absorción de dióxido de carbono y la consiguientes oxigenación del aire –en la fotosíntesis– contrarrestado por su liberación de CO2 mientras respira –las 24 horas del día–. Todos sabemos que la proporción del absorbido puede llegar a ser cinco veces superior que el expulsado, según plantas, días y otros factores.

Respirar buen aire, libre de proporciones elevadas de determinados componentes que estropeen la porción del 21% de oxígeno del aire, esto va para los más mayores, mejora la calidad de vida. Por cierto, ya tiene misterio que en química se escriba siempre O2. Es ineludible hacer comprender al alumnado que en sus ciudades el aire no es todo lo bueno que debería ser, que nos enferma –algunos habrán tenido ya episodios de asmas o alergias–. Deben conocer que los coches, las calefacciones y algunas industrias liberan dióxido de carbono y otros productos dañinos. Ese CO2 tiene la manía de quedarse cerca de nosotros. Así lo respiramos o forma parte de la boina que impide que el calor se escape hacia arriba y no nos socarre. Ahora mismo, sus concentraciones en el aire respirado superan las 400 partes por millón (ppm); nunca había sido así. Si alguien tiene curiosidad, o las capacidades del alumnado permiten un trabajo especial y temporal en clase, se recomienda visitar la web del Global Carbon Atlas; trae unos mapas impactantes, como esos que hablan del pasado, presente y futuro del CO2. También sobre el metano (CH4), otro de los responsables de que el asunto del aire y el calentamiento global sea motivo de preocupación mundial.
Ante esos hechos constatados sólo cabe entrenar la verdad, aunque cueste verla. Para quienes tengan curiosidad por conocer la marcha del carbono en el mundo, el profesorado puede encontrar el acicate para trabajar el tema en clase, pueden mirar los artículos, los recursos educativos y las animaciones de la NASA en Global Climate Change. No vale el chiste malo que dice que mejor así, que las plantas, algas y cianobacterias, tendrán más y elaborarán mucha materia orgánica que nosotros aprovecharemos –en parte es cierto pues se ha comprobado que casi llegan a duplicar su absorción en los últimos años pero eso no soluciona la relación entre aumento de CO2 y cambio climático, que para la mayoría de los científicos es evidente–.

El dióxido de carbono es un gas ambiguo: benefactor y perjudicial. Se habla bien de él, cuando es utilizado por las plantas terrestres o acuáticas, por el fitoplancton, para generar materia orgánica en la fotosíntesis. Se habla muy mal, ahora a menudo, cuando se identifica como gas responsable del cambio climático, cuando todos conocemos que han sido las actividades humanas las que han aumentado sus proporciones naturales en el aire hasta convertirlo en el bicho malo. Por cierto, convendría citar también el vapor de agua, más conocido, o el metano. Este se podría asociar a los pedos de los herbívoros; más que nada por darle un poco de chispa a esa lección, aunque seguramente todos conocemos el potencial dañino del metano que esconden las tierras heladas o algunos fondos marinos que con eso del aumento de la temperatura global están listos para envenenarnos mucho más el aire que respiramos.

En fin, hablar del CO2 no contamina, por ahora; ignorarlo es un síntoma de escasa sabiduría, en la vida y en la escuela, que puede llevarnos a serias enfermedades personales y colectivas. Abramos una vez más las ventanas de nuestra clase para mirar hacia el mundo real, ahora tan de moda con eso de la Cumbre del Clima Chile-Madrid. Eso sí, si no estamos cerca de una vía urbana con un tráfico horroroso.

Fuente e Imagen: https://eldiariodelaeducacion.com/ecoescuela-abierta/2020/01/17/el-mundo-invisible-de-los-gases-tambien-habita-la-escuela/

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STERM exige agilidad a Educación para poner en marcha el plan de eliminación del amianto

Por: Tercera Información

STERM Intersindical critica que Educación haya tenido solo en cuenta la antigüedad de los centros y no el estado de deterioro de las cubiertas de amianto y cuestiona que el Plan se pueda iniciar en 2020.

La Consejería de Educación hizo público en las últimas semanas de diciembre un plan de eliminación del amianto de los centros educativos públicos donde se aborda el desamiantado de más de 150 colegios e institutos de la Región. Un plan mediante el cual la Administración pretende responder a la demanda social que exige su eliminación inmediata y a la normativa europea que insta a las Administración a su retirada antes del año 2028.

STERM Intersindical considera que este plan se presenta sin el necesario diálogo social previo sobre el que se debe sostener este tipo de planes y sin atender a los criterios técnicos que garanticen al máximo la salud y seguridad de docentes y alumnado.

Para José Manuel Fernández, co-portavoz de STERM Intersindical, “el deterioro o rotura de las cubiertas de amianto debería ser un criterio fundamental, junto con la antigüedad, para determinar la urgencia de la retirada de amianto. No es sensato que cubiertas rotas deban esperar hasta 4 años para poder ser retiradas, mientras docentes y alumnado siguen expuestos a este material potencialmente cancerígeno”.

Desde el sindicato de enseñanza exigen al Gobierno Regional que cuánto antes se apruebe el Presupuesto Regional para el ejercicio presupuestario 2020 que deberá contemplar buena parte de la financiación de las obras de desamiantado y que, por parte de los Ayuntamientos afectados, se inicien todos los procedimientos necesarios para que estas obras se puedan realizar durante el verano de 2020.

STERM Intersindical insiste en recordar que no es la primera vez que Educación promete la retirada del amianto y posteriormente incumple su promesa. Por lo tanto, desde el sindicato señalan que estarán atentos a que se cumplan los plazos y exigirán a la Consejería de Educación que plasme este Plan de Retirada del Amianto en una resolución vinculante para la Administración y no simplemente, y como ya viene siendo habitual, en un papel que haga depender su grado de ejecución de la voluntad política que exista en un momento determinado.

Fuente e Imagen: https://www.tercerainformacion.es/articulo/actualidad/2020/01/15/sterm-exige-agilidad-a-educacion-para-poner-en-marcha-el-plan-de-eliminacion-del-amianto

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La lucha contra los efectos del exceso de trabajo en Japón

Por: Eszter Wirth

Los ciudadanos japoneses son mundialmente conocidos por su lealtad y diligencia, dos cualidades aparentemente positivas pero que esconden un lado perverso si se llevan al extremo.

Sus efectos fatales son conocidos como karoshi, que significa “muerte por exceso de trabajo”, y karo-jisatsu, los suicidios causados por el entorno laboral.

La gravedad de este fenómeno es tal que los gobiernos nipones publican estadísticas de los decesos y se ven obligados a diseñar políticas para reducir sus cifras, hasta ahora con poco éxito.

Las raíces de la obsesión con el trabajo

Para comprender la importancia del trabajo en el país del sol naciente hay que retroceder a los siglos V y VI, cuando se introdujeron las ideas budistas en la sociedad japonesa sintoísta.

Según la doctrina, la colectividad prima frente al individuo. Pero fue Shozan Suzuki, un samurái convertido en monje budista, quien puso los cimientos del culto al trabajo en el siglo XVII.

Decía que la autorrealización personal sólo se podía obtener a partir del trabajo duro y contribuyendo a la comunidad. De esta forma, el trabajo se transformó en el fin último de la vida, no sólo en una actividad para ganarse la vida. Y esto resultó crucial a la hora de reconstruir el país tras la Segunda Guerra Mundial en un tiempo récord y convirtiéndolo en una de las tres potencias económicas mundiales.

Al igual que los samuráis juraron fidelidad a servir al señor feudal (shogun), los japoneses de la sociedad moderna consagran su vida a la empresa que los contrata y donde esperan trabajar hasta la jubilación.

Según la percepción social, a más horas trabajadas, mayor lealtad a la compañía y mayor probabilidad de obtener una promoción. Abandonar la oficina antes del jefe está mal visto, por lo que muchos empleados permanecen en la oficina hasta la noche aunque no realicen ninguna labor productiva.

Además, es de esperar que los asalariados acudan a las actividades afterwork, como karaokes o partidas de minigolf tras la jornada laboral para reforzar el sentimiento de pertenecer a la familia de la gran empresa y tomarse todos los días de las vacaciones pagadas es considerado síntoma del empleado desmotivado y los trabajadores deciden disfrutar sólo de la mitad.

Efectos nocivos de la cultura del trabajo

El resultado del presentismo excesivo, la acumulación de horas extra y el rechazo a coger vacaciones es la falta de descanso entre la población nipona.

Según la OCDE, los japoneses son los que menos duermen de media entre los países avanzados: casi la mitad de la población de 40 años duerme menos de seis horas diarias.

Según un estudio de Rand Corporation, la falta de sueño restó 138.000 de millones de dólares al PIB japonés, un 2,92% del total, debido a la baja productividad laboral, que es de las más bajas entre los países desarrollados.

Pero el exceso de trabajo y la falta de sueño acumulado a largo plazo pueden matar mediante ataques cardíacos o derrames cerebrales, incluso entre los más jóvenes (karoshi).

El estrés por no cumplir objetivos marcados por los jefes, por el miedo de perder el puesto de trabajo o por el acoso por parte de los colegas lleva a decenas de asalariados a quitarse la vida cada año. Estas muertes afectan a casi todos los sectores, pero son más frecuentes entre los trabajadores de cuello blanco.

El primer caso de karoshi fue registrado en 1969 y el fenómeno se intensificó en los años 80, aunque el Gobierno sólo comenzó a publicar estadísticas a partir de 1987.

Los casos más sonados fueron los de dos jóvenes niponas.

 Miwa Sado fue una joven periodista de 31 años que murió por un paro cardíaco en 2013 tras haber encadenado 159 horas extras al mes para la empresa estatal de radiodifusión NHK.

Yukimi Takahashi se suicidó en 2015 con 25 años tras haber trabajado 105 horas extras al mes para Dentsu, una prestigiosa empresa publicitaria, mientras su jefe sólo había declarado 70 horas.

En 2018 se han contado 158 casos por ambas causas. Estos casos fueron admitidos por el Gobierno como karoshi karo-jiatsu y los familiares de las víctimas recibieron una indemnización de las empresas. No obstante, las cifras reales podrían ser mucho más altas debido a los casos no denunciados. Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón.

Las últimas propuestas del Gobierno

En los últimos años, el Gobierno de Shinzo Abe ha puesto en marcha nuevas medidas para luchar contra el karoshi y promocionar el descanso entre los ciudadanos.

Entre ellas figura la introducción de un nuevo día festivo (el “Día de las Montañas”) en el calendario laboral nipón desde 2016, y obligar a los empleados a coger por lo menos cinco días de vacaciones anuales.

En 2017 se introdujo el Premium Friday, invitando a los trabajadores a abandonar la oficina a las tres de la tarde el último viernes de cada mes e ir de compras o de bares para revitalizar el consumo privado. No obstante, dicho proyecto sólo tuvo un 11% de seguimiento en sus primeros años de vida.

En 2019 tuvo lugar una reforma de la ley laboral que limitó las horas extras a 45 mensuales y 360 anuales. Sin embargo, esta nueva normativa meramente afecta a las grandes empresas y durante los períodos de mayor actividad pueden extenderse a 100 horas mensuales.

La economía nipona tiene pleno empleo, lo que dificulta la contratación de más personas en épocas de intensa actividad, y en lugar de abrir el país a los inmigrantes se ha castigado a los nipones con jornadas excesivamente largas. Sin embargo, en 2019 el Gobierno aprobó un programa de visados para atraer a empleados de cuello azul durante cinco años en los sectores más necesitados de mano de obra.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=264549

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La Prueba de Selección Universitaria (PSU) en la educación clasista

Por: Roberto Pizarro

El reciente rechazo juvenil a la PSU, como todas las protestas que se iniciaron el 18 de octubre, no surgen del vacío. Encuentra una explicación en las profundas desigualdades del sistema educacional chileno. La rabia estudiantil se despliega contra un Estado que ha defendido el lucro y destruido la educación pública.

La PSU simboliza las desigualdades en la educación. No mide habilidades, talento natural o agilidad mental. La PSU mide conocimientos y éstos se encuentran distribuido desigualmente en Chile. Los hijos de ricos tienen libros en sus casas, profesores de calidad en los colegios privados que frecuentan, junto a un entorno cultural apropiado. Tienen dinero para ello, del que no cuentan las familias de las poblaciones marginales. Ello explica por qué en 2018, como todos los años, se repitiera esa diferencia abismal en los resultados de la PSU entre los estudiantes pobres, de las escuelas municipales y los estudiantes de familias ricas, de escuelas particulares: 470 versus 597 puntos en el promedio de las pruebas de matemáticas y lenguaje.

Los más elevados niveles de educación se encuentran allí donde viven los ricos: en Vitacura, Las Condes y Providencia. Ello es expresión de la segregación social y territorial, que pone en evidencia la división clasista de las escuelas. Por ello, con razón ha dicho la OCDE que Chile es el país con mayor segregación social en sus escuelas.

El sistema escolar inequitativo alcanza su culminación en el instrumento de selección universitario, que amplifica las desigualdades. Cierra las puertas a una educación superior de calidad a los jóvenes inteligentes, pero pobres, que no han tenido acceso al conocimiento.

En palabras simples, la educación es clasista. Los niños y jóvenes de diferentes niveles socioeconómicos no se encuentran, no conviven, no se conocen, al estar radicalmente separados territorialmente y según niveles de ingreso de sus familias.

Así las cosas, las mejores escuelas están reservadas para los hijos de las familias ricas, y gracias a ello obtienen los más altos puntajes en el SIMCE y la PSU, lo que les permite acceder a las mejores universidades. En cambio, los malos colegios sólo permiten a los jóvenes pobres y de clase media, ingresar a universidades de baja calidad o estudiar profesiones sin demanda en el mercado. Así es como ha crecido un ejército de profesionales que no trabajan en su profesión y que, en el mejor de los casos, sirven como empleados de los jóvenes de su misma generación y que se convierten en ejecutivos de las empresas de sus padres. Lo dice con claridad el profesor de la Universidad de Harvard, Ricardo Haussman:

“Los empresarios chilenos vienen de los mismos 3 o 4 colegios, de dos universidades, de los mismos apellidos y tienen dificultades para relacionarse con los que no pertenecen a su mundo. Chile es un país que no da oportunidad de movilidad a su propia gente.” (CIPER; 2015)

El sistema educacional chileno, en vez de enseñar a todos por igual, servir para integrar a los niños de distintos orígenes sociales, promover la convivencia en comunidad, estimular la promoción social, favorecer un mismo lenguaje y valores, se ha convertido en instrumento de exclusión y ampliación de las desigualdades.

La demanda por una educación decente y sin discriminaciones para todos los niños y jóvenes, hijos de familias ricas y pobres, tiene fundamentos éticos, económicos y políticos. Lo exige la justicia social, el desarrollo económico del país y la estabilidad del sistema político. Los estudiantes lo han entendido mejor que nadie y por ello exigen el término del lucro, el mejoramiento de la calidad y la eliminación de toda discriminación.

La reacción del rector de la Universidad del Desarrollo y de la ministra de Educación frente a la protesta estudiantil por la PSU son de una irresponsabilidad, que limita con la estupidez. Apelar, como lo hace el rector Valdés a los recintos militares para que allí se rinda la PSU revela su íntimo deseo de volver al autoritarismo; y, la ministra Cubillos, al exigir graves sanciones penales contra los jóvenes dirigentes de las protestas, muestra una insensibilidad con el estudiantado que le resta autoridad para continuar en el cargo.

En vez de represión, el gobierno debe dialogar con los estudiantes para construir un sistema educativo inclusivo y de calidad, que termine con el clasismo. Y, en lo inmediato es necesario reemplazar la PSU, convirtiéndola en un instrumento que mida principalmente habilidades y talento natural, entes que conocimientos.

Fuente: https://rebelion.org/noticia.php?id=264432

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Graduaciones de verano

Por: Ilka Oliva Corado

Los graderíos del campo de fútbol americano de la escuela se llenaron de gente, el sol de los días de verano estaba sazón, en su mero punto, el clima era perfecto, los asistentes iban en sus mejores galas, no era para menos pues se graduaban de la escuela secundaria los retoños de la familia. Muchos nacidos en Estados Unidos y otros emigrados de niños que hablaban inglés sin acento y a los que el recuerdo del país de origen les iba quedando cada día más lejos, como la universidad, la casa de los abuelos y la residencia legal en el país.

Muchas familias de migrantes latinos en Estados Unidos se conforman de distinta manera a como en los países de origen: niños que viven con vecinos porque deportaron a sus padres los cuales decidieron dejarlos para que tuvieran un mejor futuro; otros que se quedaron viviendo con tíos, unos que se quedaron solos y que los cuida el hermano mayor que es adolescente, el cual trabaja y estudia; viven en un cuarto que alguien les hizo favor de prestarles o alquilarles en una casa. Nadie reporta a las autoridades para que esos niños no tengan problemas de separaciones, prefieren que estén juntos y los ayudan entre la comunidad.

Esa comunidad puede ser conformada por miembros de una iglesia, vecinos, padres de familia de la escuela, en una red de ayuda silenciosa; así es como entre vecinos, conocidos y familiares se turnan para llevar a los niños a la escuela, al doctor, a sus actividades extracurriculares y, se van tejiendo hilos que van conformando el enorme hilar de telaraña que hace de las comunidades migrantes latinoamericanas un mundo externo con realidades distintas al del concepto de familia que aparece en los libros de texto.

Y se encuentran también dentro de ese abanico de familias distintas las que tienen al padre o madre deportados: al que lo agarró la migra cuando iba de camino al trabajo, en la calle, en la parada de autobús, en el trabajo. Las familias que llegó el papá primero al país y que poco a poco se ha ido trayendo a los hijos con el espacio entre la llegada de uno y otro de años, entonces están los casos del papá con el hijo mayor viviendo en Estados Unidos y el resto de la familia en el país de origen. Rentan un cuarto o un apartamento donde viven otros 20 migrantes en las mismas condiciones: indocumentados.

El caso de la mamá soltera que emigró y que ha ido mandado a traer a los hijos, galán que sin traumas a causa del viaje de travesía, cada uno con sus infiernos post frontera que explotan de mil formas o que los consume de mil formas también. Así es como niños de escuela primaria o de los básicos ya tienen uno o dos arrestos con la policía porque los encontraron en la escuela con drogas, alcoholizados o robando para comprar droga. Porque solo la droga les permite olvidar momentáneamente el infierno. O los que terminan siendo esclavizados en las redes de trata.

El averno también de vivir en situaciones de pobreza extrema, porque en Estados Unidos también existe, de ver que su mamá o su papá trabajan tres turnos al día para lograr traer al país a sus otros hijos y mucho más difícil si viven en estados donde nieva, donde bajan las temperaturas a extremo y no tienen calefacción o en verano cuando suben y no tienen aire acondicionado.

La situación de familias que después de que finalmente lograron traer a todos sus hijos al país los papás terminan divorciándose. El caso de los niños que viajaron solos y que los agarró la migra en la frontera y a los que ningún familiar fue a recoger por miedo a ser deportados y terminaron siendo parte del programa de gobierno viviendo con familias que ayudan en las crianzas. Los niños que lograron llegar pero que sus padres fueron reportados con las autoridades por tener viviendo a sus hijos en condiciones inseguras que representaban un peligro para los niños y fueron dados a familias que trabajan en los programas del gobierno. Y están los niños también que cruzan la frontera todos los días para estudiar en Estados Unidos y que duermen con sus familias en territorio mexicano.

Están los niños que nacieron en Estados Unidos y que ven a sus papás solo unas horas durante la semana, como los niños migrantes, porque estos son indocumentados y trabajan tres turnos al día, estos niños no pueden viajar al país de origen de sus padres a visitar a sus abuelos por la situación económica en la que viven, apenas alcanzan a pagar la renta de un apartamento o de un cuarto. Y viven de la misma forma que los niños migrantes sin documentos.

El sol estaba sazón y el clima era perfecto, se graduaba una generación más de la escuela secundaria del poblado donde viven obreros latinos en su mayoría, era mes de graduaciones en Estados Unidos y son pocos los privilegiados en terminar la secundaria, porque por cada niño que se gradúa hay miles trabajando sin tener la opción de estudiar, y los tantos que dejaron la escuela a medio camino, más los cientos que se mueren en la frontera buscando llegar al país.

Esos niños graduandos son en muchas familias los primeros en ir a la escuela, de ellos pocos seguirán diversificado y apenas contados con los dedos los que seguirán la universidad, porque la mayoría tiene la carga de ayudar en los gastos de la casa y crianza de los hermanos, como en los países de origen, como les tocó a sus padres y abuelos. La mayoría tal y como lo hicieron sus padres y sus abuelos, se casan jóvenes casi niños y también casi niños tienen hijos.

Un ciclo que varía muy poco y que es muy difícil de romper porque es sistemático y patriarcal, más allá de las fronteras territoriales.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=264241

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¿Por qué caen las matrículas en las universidades en Colombia?

Por: Revista Semana

El último reporte del Sistema Nacional de Información de la Educación Superior indica que para 2018 se matricularon 2.408.041 estudiantes, 38.000 menos que el año anterior. Esto ha encendido las alarmas en las universidades que buscan explicaciones a esta tendencia que se viene registrando en los últimos años.

Desde finales de 2017 empezó un fuerte rumor a sotto voce en el sector educativo: la caída de las matrículas de estudiantes en las universidades del país. La conversación fue subiendo volumen y el más reciente dato entregado por el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (SNIES) lo ratificó: para 2018 se matricularon 2.408.041 estudiantes, una disminución de 1,5 por ciento con respecto al año anterior. Es decir, 38.000 estudiantes menos.

Las cifras tienen encendidas las alarmas, en especial porque amenazan el cumplimiento de la meta del Gobierno de alcanzar el 57 por ciento de cobertura educativa en el país en el cuatrienio, que hoy está en 52 por ciento. Pero también porque forma parte de la compleja situación universitaria ante los cambios en la demanda de las empresas y los mercados de profesionales.

¿Se trata de una situación coyuntural o estructural? Varias explicaciones rondan para entender lo que está pasando. Por un lado, hay razones demográficas por el cambio en la población, que se ha envejecido, hecho registrado en el censo del Dane, en el que se registró que la población en edad de ingresar a la universidad es cada vez menor. En 1973 la población entre 15 y 19 años representaba el 11,8 por ciento, mientras que a 2018 bajó a 8,7.

Esta es una de las teorías más fuertes que algunos académicos mencionan. “La demanda de instituciones como la Javeriana, Los Andes, Eafit e Icesi, proviene de los estratos 4, 5 y 6. Si uno ve la cantidad de graduados en las estadísticas del Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación (Icfes), los estratos más altos están creciendo muy lentamente, porque las familias tienen pocos hijos. Ante eso, tienen que ampliar su espectro de demanda para que accedan personas de otros estratos”, dice Fabio Sánchez, profesor de la Facultad de Economía de Los Andes.

Por otro, justificaciones económicas apalancadas en gran parte en la difícil situación económica de muchas familias colombianas que hoy viven incertidumbre en materia laboral por los altos índices de desempleo del país. Al tema económico también se suma la desaparición del programa ‘Ser Pilo Paga‘, que permitió que muchachos de bajos ingresos pudieran acceder a universidades privadas de alta calidad. Lo reemplazó Generación E, pero aún no ha tenido el impacto esperado, para 2019 tenían presupuestado alcanzar los 80 mil beneficiarios, pero la cifra llegó a los 70 mil.

También hay otras circunstancias, como por ejemplo el desfase entre la oferta educativa y la demanda laboral o empresarial. Los jóvenes hoy registran casi 20 por ciento de desempleo, y lo que en el pasado era casi un contrato social en el que el grado universitario aseguraba el enganche laboral, hoy es más limitado e incierto.

¿Qué pasa en cada uno de esos escenarios? Por el lado demográfico, según el Dane, mientras en 2005 había 816.298 jóvenes de 16 años, en 2018 esa cifra bajó a 737.936. “En Colombia vivimos actualmente una rápida caída de la natalidad y por lo tanto nacen menos niños en números absolutos. Cuando alcanzan la edad para ingresar a la universidad, llegan en menor cantidad que hace pocos años. Esta situación es estructural”, explica Adolfo Meisel, rector de la Universidad del Norte, en Barranquilla.

Por su parte, la discusión tiene varias aristas. Por un lado, ciertamente la economía ha crecido en los últimos dos años después de un periodo complejo por la caída de los precios de los commodities, como el petróleo. Pero el desempleo no ha cedido y ya se ubica en doble dígito. Además, el Índice de Confianza del Consumidor viene en terreno negativo desde 2016, salvo unos meses de mitad de año de 2018.

La incertidumbre marca hoy la agenda y ya algunos analistas señalan la fragilidad del crecimiento, pues está basado en los créditos que mueven el sector financiero, pero con el riesgo de que el desempleo crezca y la cartera morosa pueda aumentar. Esta circunstancia cambiaría en la medida en que la economía se dinamice y registre crecimientos por encima de 3 por ciento. Sin embargo, ya las expectativas, que en principio mostraban mejores resultados para 2020 que para este año, están cambiando con tendencia a la baja.

En 2007 el costo de la matrícula para un estudiante de primer semestre de cualquiera de las primeras 30 universidades privadas colombianas en el ranking QS era de 13,1 salarios mínimos mensuales legales vigentes (smmlv), en promedio, según el Observatorio de la Universidad Colombiana; mientras que para 2014 pasó a 14,44 smmlv. Aunque no se tienen datos más recientes, la tendencia parece ir al alza.

De acuerdo con la firma consultora B.O.T., el precio de las matrículas también ha subido por encima de la inflación en los últimos años. Entre 2009 y 2015, la inflación fue de 2,8 por ciento promedio anual, mientras que en promedio las matrículas subieron 4,8 por ciento anual. En el efecto acumulado y de manera ilustrativa, una matrícula que costaba 100 pesos en 2009, en 2015 ya valía 132 pesos y solo debería valer 118 si se ajustara por inflación.

No todos comparten esta visión. Meisel considera que se trata sobre todo de un problema de demanda y no tanto de costos, pues afecta también a las universidades públicas, donde las matrículas son menos costosas.

Pero no es la única visión desde el lado económico. “Universidades como la nuestra han disminuido el número estudiantes, y tengo una explicación: se llama Icetex y Ser Pilo Paga”, dice Francisco Piedrahíta, rector de Icesi, en Cali.

Señala que la universidad tiene un programa de becas apalancadas con créditos del Icetex: el estudiante toma 75 por ciento con el Icetex y la universidad le da 25 por ciento de descuento como beca, con ayudas adicionales como alimentación y un subsidio de un salario por semestre. “Esa beca viene disminuyendo desde 2014 y se ha reducido en un 75 por ciento el número de beneficiarios del Icetex que acceden a ella”, explica Piedrahíta. El rector de la Icesi agrega que el cambio del programa de Ser Pilo Paga a Generación E también ha impactado porque el nuevo es una fracción del original.

Para algunos, otro argumento tiene que ver con la oferta educativa de las universidades y la poca pertinencia de los programas en medio de una profunda transformación tecnológica y la llegada de la cuarta revolución industrial.

“Seguimos educando a los profesionales con metodologías y procesos del siglo pasado y estamos en la época del humanismo digital. Es un nuevo mundo”, dice el exministro Diego Molano. Considera que este es un momento para la transformación de la educación superior. “Unas universidades –agrega– se pueden enfocar en las nuevas realidades de los mercados; otras, en investigación, y unas más cambiar hacia la educación para el trabajo”.

Aunque hay quienes no creen en las cifras. Para Piedrahíta, el Ministerio de Educación tiene que sincerarse. “Lleva varios años transformando el Sistema Nacional de Información en Educación Superior y las universidades están tratando de actualizar información. Esto ha generado distorsiones”, advierte Piedrahíta.

Más allá de las explicaciones y preocupaciones, las universidades enfrentan esta situación, que ya ocurrió hace varias décadas en Estados Unidos y Europa, con varias estrategias. Una de ellas, reforzar la educación de posgrados y cursos de extensión. También aumentar ingresos con la consultoría y con nuevas donaciones, en el caso de las universidades privadas.

No obstante, la preocupación permanece y las universidades buscan caminos para mantener la relevancia que por siglos han construido.

Fuente: https://www.semana.com/educacion/articulo/por-que-caen-las-matriculas-en-las-universidades-en-colombia/648207

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