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La represión a los docentes es mala educación en cualquier país

Argentina / 8 de julio de 2018 / Autor: Miguel Andrés Brenner / Fuente: Educación Futura

La fuerte represión a docentes en la Provincia del Chubut de Argentina (que gracias a Dios no culminó en algún muerto/asesinado) es ocultada por los grandes medios de comunicación. Por eso la CTERA (Confederación de Trabajadores de la República Argentina) convoca a un paro docente nacional para los próximos días. Recordemos que años atrás la policía asesinó al maestro Carlos Fuentealba en la Provincia de Neuquén (cuyos autores intelectuales siguen impunes).

No hay reforma educativa posible sin revalorizar el rol docente. Y resulta imposible revalorizar el rol docente con una reforma educativa sobre-ellos y a pesar-de-ellos, cuando debiera ser con-ellos.

Pero, más aún, y tan grave. Existe un  aprendizaje social. Al día siguiente de la muerte del maestro Carlos Fuentealba, sus propios alumnitos de escuela primaria aprendieron que “no tuvieron clases porque su maestro fue asesinado”. Los alumnos del Chubut están aprendiendo que el Estado reprime a sus docentes. Tienden a realiza un aprendizaje social: el nulo valor que el Estado le otorga a su maestro, donde el diálogo pareciera ser imposible, siendo que el diálogo es el alma de la relación entre maestros y alumnos. Por lo que cabe la siguiente pregunta, que los alumnos viven aunque no la teoricen o verbalicen: ¿qué valor se le asigna a mi maestro y por qué debo respetarlo cuando me dice qué tengo que hacer para aprender?

No hay auténtica reforma educativa sin el reconocimiento de un auténtico sentido de la autoridad del maestro por parte de la sociedad, y en particular de los alumnos.

Fuente del Artículo:

La represión a los docentes es mala educación en cualquier país

ove/mahv

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Los países de la OCDE priorizan la educación para mejorar la inclusión de migrantes y refugiados

OCDE / 8 de julio de 2018 / Autor: Informe GEM / Fuente: Blog de la Educación Mundial

Hay una avalancha de informes recién salidos sobre migrantes y refugiados. La Perspectiva Internacional de Migración 2018, el informe de la OCDE sobre corrientes y políticas migratorias, se publicó la semana pasada. Reflejando el tono del último informe de la ACNUR sobre el aumento del número de desplazados por la fuerza, el Informe de la OCDE muestra que, el año pasado, una de cada diez personas que vivían en países de la OCDE había nacido en el extranjero y que habían llegado alrededor de 5 millones de nuevos migrantes permanentes. Además, el número de trabajadores extranjeros temporales y de estudiantes internacionales han alcanzado niveles sin precedentes.

La Perspectiva se centra en la integración del mercado laboral, que está indiscutiblemente ligada a la educación, por ejemplo, la medida en que los inmigrantes hablan el idioma de su país de acogida o cuan reconocidas son las calificaciones y habilidades con las que llegan. Si bien puede ser inadecuado describir la inclusión simplemente en términos de la medida en que un recién llegado puede acceder al mercado laboral, es importante hacer hincapié en garantizar que no experimenten frustración al desperdiciarse sus habilidades.

Las habilidades lingüísticas se consideran cruciales para la integración

Muchos países de la OCDE se centran en las habilidades lingüísticas para ayudar a los migrantes y refugiados recién llegados a integrarse en sus sociedades. Así como las iniciativas nacionales mencionadas en el nuevo informe de la Red Europea de Migraciones, el informe de la OCDE menciona otras, como Dinamarca, que considera que las habilidades lingüísticas son tan importantes que proporcionan incentivos para que migrantes y refugiados las adquieran. Otros, como Austria, la República Checa, Noruega y Polonia, en cambio, están haciendo que los exámenes lingüísticos sean un elemento obligatorio para ciertas decisiones en materia de permisos.

Mejorar el reconocimiento de las calificaciones

A pesar de tener niveles de educación relativamente altos en comparación con los nativos en el país de acogida, los trabajadores extranjeros en la zona OCDE se concentran en ocupaciones poco calificadas, a menudo porque sus habilidades y calificaciones no se reconocen. La Perspectiva nos dice que, en promedio, uno de cada tres migrantes con educación terciaria está sobre calificado. Esto es aproximadamente 12 puntos porcentuales más que para los nativos.

El reconocimiento de las calificaciones formales “sigue desarrollándose” en la región. Los esfuerzos en este sentido rinden frutos. No tiene sentido que personas calificadas vivan en un país y que éste no les deje usar sus habilidades. En Luxemburgo, por ejemplo, una nueva ley simplificó el procedimiento de reconocimiento y creó registros de títulos profesionales y de calificaciones. Del mismo modo, varios países de la OCDE, como Noruega, están desarrollando sistemas para ayudar a reconocer las calificaciones profesionales.

Ayudar a los niños a unirse a los sistemas educativos nacionales

international migration outlook 2Entre los migrantes más vulnerables se encuentran claramente los niños, que según el Informe “a menudo pueden tener dificultades para integrarse con suficiente rapidez en los sistemas escolares después de su llegada”. Para evitar largos períodos de educación interrumpida, el tercer borrador del Pacto Mundial sobre Refugiados contiene una meta lúcida sobre este tema: “Se movilizará más apoyo financiero directo y esfuerzos especiales para minimizar el tiempo que los niños y niñas refugiados pasan fuera de la educación, idealmente un máximo de tres meses después de su llegada”.

Luxemburgo, que ya pone el ejemplo en este sentido, introdujo cambios en agosto del año pasado que extendieron los programas de educación multilingüe a la educación de la primera infancia con la ayuda de cupones de servicios de atención. De manera similar, Suecia presentó un nuevo Proyecto de Ley de Presupuesto este año que hace obligatoria la educación preescolar y está llevando a cabo una revisión para buscar formas de aumentar la asistencia de los niños recién llegados.

En Noruega, se introdujo una enmienda a la Ley de Educación, que especifica que todos los niños tienen derecho a la educación primaria y secundaria inferior a más tardar un mes después de su llegada. Y en Lituania, una enmienda de mayo del año pasado ayuda a los niños solicitantes de asilo a cumplir su derecho a la educación preescolar y preprimaria en los tres meses posteriores a la presentación de una solicitud de asilo.

Varios países también están tomando medidas adicionales para garantizar que los menores no acompañados puedan acceder a sus derechos. En Chile, se ha creado una visa especial sin costo para ayudar a los niños a acceder a la educación independientemente de la situación de la visa de sus padres, por ejemplo. Y hay iniciativas para ayudar a aquellos que han llegado tarde al sistema educativo de su país de acogida. Suecia ha realizado varios cambios, incluido el suministro de planes de estudio individuales para los niños que los siguen de una escuela a otra.

Pero lo que este Informe no cubre es lo que se enseña a los niños y hasta qué punto la educación, per se, es un bien dado. Hablar el idioma local y encontrar un empleo remunerado puede ser una ventaja, pero no significará nada si hay actitudes discriminatorias.

El próximo Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo, que se publicará el 20 de noviembre, examinará los sistemas educativos de todo el mundo para ver dónde se establecen las escuelas e instituciones para migrantes y refugiados, y para garantizar que estas iniciativas iniciales, y más prácticas, que están llevando a cabo los miembros de la OCDE en este informe den frutos. Regístrese para recibirlo cuando se publique.

Fuente del Artículo:

https://educacionmundialblog.wordpress.com/2018/07/03/los-paises-de-la-ocde-priorizan-la-educacion-para-mejorar-la-inclusion-de-migrantes-y-refugiados/

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¿Cómo afecta a los niños el rechazo escolar? (Video)

México / 8 de julio de 2018 / Autor: Ethel Soriano / Fuente: Imagen Radio

 

 

Los resultados de una vasta gama de investigaciones en los campos de la antropología, la psicología del desarrollo, la medicina, la sociología y la educación ponen al descubierto la importancia fundamental que reviste el desarrollo en la primera infancia con respecto a la formación de la inteligencia, la personalidad y el comportamiento social. En ese sentido, si los niños y niñas de corta edad no reciben en esos años formativos la atención y el cuidado que necesitan, las consecuencias son acumulativas y prolongadas.

Para entender estos fenómenos psicológicos, María Imilse Arrué Hernández, maestra en ciencias psicológicas, habló en ¡Bien y Saludable! sobre las heridas emocionales de la infancia y cómo condicionan su vida.

Los problemas vividos en la infancia dejan heridas emocionales que vaticinan cómo será nuestra calidad de vida cuando seamos adultos. Además, estas heridas emocionales de la infancia pueden influir significativamente en cómo nuestros niños de hoy actuarán mañana y en cómo nosotros, por otro lado, afrontaremos las adversidades.

Conoce aquí como son estos fenómenos, como detectar situaciones que pueden afectar a nuestros hijos, y como brindarles apoyo para salir adelante.

Fuente:

http://www.imagenradio.com.mx/como-afecta-los-ninos-el-rechazo-escolar

ove/mahv

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Guerras por la superioridad tecnológica

Autor: Raúl Zibechi

Uno de los errores más  frecuentes entre quienes deseamos superar el capitalismo es el confundir nuestros deseos con la realidad. En cada recodo de la historia creemos ver el fin del sistema y el triunfo inexorable de sus sepultureros. Sin embargo, se trata de un error muy frecuente, incluso entre gobiernos y estados poderosos, que suelen sobrestimar sus capacidades y subestimar las de sus adversarios.

Por eso resulta interesante el editorial del diario oficialista chino Global Times del 24 de junio, titulado Mantener la calma ante la brecha tecnológica entre China y Occidente (goo.gl/ZQMrBd). El artículo toma como punto de partida una conferencia de Liu Yadong, editor jefe del Science and Technology Daily (periódico del Ministerio de Ciencia y Tecnología) que causó sorpresa al afirmar que la brecha tecnológica entre China y los países desarrollados es cada vez mayor.

El editor del periódico criticó la inclinación por la jactancia y la exageración en el campo tecnológico de China y afirmó que los logros del dragón siempre fueron precedidos por los de otros países.

Lo interesante es que el editorial de un diario de la importancia del Global Times elogie el discurso de Liu marcando la necesidad de una introspección interna y destacando que la crítica a la exageración de los logros tecnológicos de China llega en el momento justo.

Ese momento es la guerra comercial desatada por Donald Trump contra China, que tiene su punto álgido en una guerra por la superioridad tecnológica que se plasma, entre otras, en las sanciones impuestas al gigante chino de las telecomunicaciones ZTE y la multinacional Huawei, suavizadas luego pero con severas condiciones que limitan la compra de componentes a empresas estadunidenses.

Global Times llama a los chinos a permanecer modestos, ya que esa actitud es beneficiosa para el ascenso de China y ayudará a la sociedad china a ser realista. En paralelo, hace un llamado a la objetividad y la autocrítica, destaca que China ha realizado enormes avances en todos los sectores, pero sentencia: Existe una gran brecha entre China y EE.UU., que requiere generaciones de arduos esfuerzos para superar.

El editorial también convoca a no alarmar a las élites occidentales con alusiones a que China superará a Occidente en pocos años, porque genera temores y resentimientos, sobre todo en Estados Unidos, agravados en este periodo de crisis y desconfianzas mutuas.

El mencionado editorial coincidió con la difusión del Top500, uno de los índices más valorados por los medios chinos, que es el ranking de las 500 supercomputadoras más eficientes del mundo, elaborado de forma independiente de los gobiernos por varias universidades de Estados Unidos. Desde 2012 el tope de la lista correspondió a dos superordenadores chinos, con la peculiaridad de que el Sunway TaihuLight (que lideraba desde 2016) fue creado por el Centro de Investigación Nacional de China con componentes enteramente fabricados en el país.

En la lista de junio de Top500, los ordenadores chinos fueron desplazados por sendos aparatos estadunidenses de la IBM, que ocupan el primero y el tercer lugares. Sin embargo, China amplía su ventaja entre los 500 ordenares más potentes con 206 unidades frente a 124 de Estados Unidos, lo que muestra que la competencia entre ambas potencias sigue siendo muy cerrada (goo.gl/XDE6df).

Uno de los caminos que ha encontrado China para reducir la brecha tecnológica consiste en la compra de empresas occidentales de alta tecnología y en fuertes inversiones en investigación y desarrollo. Sin embargo, un informe de Global Times de agosto de 2017 destaca que en las tecnologías de vanguardia las inversiones estadunidenses son muy superiores a las del dragón. En 2016 Estados Unidos invirtió en inteligencia artificial cuatro veces más que China, diferencia similar a la que mantiene en robótica, drones e impresiones 3D, entre otras (goo.gl/Yrgd2z).

La segunda manera de reducir la brecha viene siendo el robo de propiedad intelectual que hace China, de los más diversos modos, algunos de ellos ilegales pero legítimos. Algo que no debe sorprender, toda vez que las potencias ascendentes en la historia, como Inglaterra y Francia, llegaron al privilegio usando y abusando de la piratería. Los corsarios británicos fueron bendecidos con las patentes de corso que emitían los reyes, de modo que nadie debe sorprenderse de la piratería china.

El sector tecnológico está resultando clave para la seguridad nacional, según creen los gobernantes de las principales potencias. Algunos especialistas estiman que China ganará la batalla por la inteligencia artificial para 2025, cinco años antes que el plazo fijado por el gobierno de Xi Jinping (goo.gl/N43pTA).

Para quienes pensamos que la historia la mueven los conflictos colectivos, la propuesta de que todo lo deciden las tecnologías nos parece una concesión elitista a las tecnocracias. Los grandes cambios los promueven los pueblos, ayudados en diversos grados por las tecnologías.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=243850

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¿Qué significa derogar la reforma educativa?

Autor: Gilberto Guevaria Niebla

La expresión derogar la reforma educativa se utiliza, en mi opinión, con mucha ligereza. Lo que no queda claro es ¿qué se entiende por reforma educativa? ¿Se refiere con ello a todas las transformaciones habidas en educación desde 2013 a la fecha?

Éstas transformaciones son muchas. He aquí una lista incompleta: la incorporación de la educación de calidad como derecho, la creación del servicio profesional docente, la refundación del INEE como organismo autónomo, las políticas para mejorar la infraestructura escolar, la política de Escuela al Centro, la creación del Servicio de Asistencia Técnica a la Escuela, las políticas de formación continua de docentes, la estrategia de equidad e inclusión, la creación del Sistema de Información, el Nuevo Modelo Educativo, la reforma de las escuelas normales, la creación del Fondo de Aportaciones para la Nómina Educativa, etc.

La reforma educativa ha incluido acciones en todos esos campos y, desde este punto de vista, es imposible concebir que se pretenda derogarla. Eso es literalmente imposible, la reforma educativa desde esta perspectiva tiene seis años funcionando y ha cristalizado en las representaciones y prácticas de los docentes y demás actores educativos.

En realidad, cuando en el lenguaje político se habla de “derogar la reforma educativa” y, se agrega, “porque no es educativa, sino laboral” lo que se pretende es atraer la simpatía de muchos docentes que no están satisfechos con el Servicio Profesional Docente. ¿Qué es el SPD? Un sistema que regula la profesión docente y que establece que, para el ingreso al servicio, para la promoción, para el reconocimiento y para la permanencia hay que someterse a una evaluación.

Este sistema fue creado para combatir el desorden y la corrupción que privaba en la educación pública y para asegurar que las posiciones dentro del servicios se otorgaran, no arbitrariamente, sino en función del mérito de cada uno. Un sistema que trajo justicia en este campo, pero que, no obstante, no es aceptado por una parte importante del magisterio.

¿Derogar la reforma educativa significa echar abajo el SPD? Es posible, pero en ese caso —sobre todo si se quiere impedir la corrupción— se necesitaría crear un servicio profesional docente alternativo. En caso de no hacerse esto, se estaría abriendo la puerta, de nuevo, a las prácticas corruptas de burócratas y líderes sindicales. Sería, simple y llanamente, un retroceso.

Hay evidencias múltiples que demuestran que los profesores, en su mayoría, aceptan la evaluación, pero no aceptan “esta evaluación”. ¿Qué es “esta evaluación”? Parece obvio que se refieren a la “evaluación punitiva”, es decir, la evaluación que puede tener consecuencias laborales, es decir, la evaluación de desempeño que te obliga a someterte a tres exámenes y, si no los pasas, te expone a la separación del servicio.

La puesta en práctica de la evaluación de desempeño con impacto sobre la permanencia tiene una historia plagada de circunstancias excepcionales que determinaron, en gran parte, su impopularidad. Tuvieron un efecto crucial los problemas que para su implementación se presentaron en 2015, en momentos donde privaba una agitación sin precedente en el magisterio y la campaña contra la evaluación alcanzaba su apogeo.

Los errores que se cometieron ese año en la aplicación de la evaluación tuvieron consecuencias irreversibles en el estado de ánimo de los docentes. Esos errores se buscaron corregir en 2016, pero el daño ya estaba hecho. Lo que resulta incomprensible, sin embargo, es que se pretenda echar por la borda un esfuerzo de política pública concebido para apoyar a los docentes, para asegurar que en su trabajo priven reglas únicas, transparentes e imparciales que garantizan que no se incurra en injusticias o prácticas inmorales en el manejo de la profesión docente.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/que-significa-derogar-la-reforma-educativa/

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Prólogo de «Pensamiento de Nuestra América. Autorreflexiones y Propuestas»

Autor: Atilio Borón

El Pasado 9 de junio cumplió 85 años Roberto Fernández Retamar, una de las más extraordinarias figuras de las letras y el pensamiento político y social de Nuestra América. Para conmemorar su natalicio comparto el «Prólogo» que escribiera en ocasión de la publicación de su esclarecedor Pensamiento de Nuestra América. Autorreflexiones y Propuestas , a comienzos del 2006.

PRÓLOGO

Uno.

Pocas veces se tiene la satisfacción de concretar la publicación de un texto como el que el lector se apresta a leer. Son muchas las razones que explican este regocijo: en primer lugar, porque Fernández Retamar es uno de los más exquisitos cultores de nuestra lengua y siempre resulta placentero para una institución como CLACSO, cuya misión es divulgar los resultados de las investigaciones y elaboraciones teóricas de los científicos sociales de América Latina, enriquecer su propuesta editorial con los escritos de quienes sin provenir de las ciencias sociales aportan nuevas perspectivas de interpretación de nuestra realidad social y, además, lo hacen con una estética deslumbrante que rara vez se encuentra en los tradicionalmente áridos escritos de los académicos. (1)
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En segundo lugar, porque Fernández Retamar, poeta, ensayista y minucioso explorador de todos los recovecos de nuestra cultura, ilustra con su vida y su obra la permanente vigencia de una categoría social que los intereses dominantes y las modas intelectuales de nuestro tiempo trataron infructuosamente de borrar de la faz de la tierra: la del intelectual crítico. Ocurre que vivimos en una época en la cual las armas de la crítica son más importantes que nunca, enfrascados como estamos en una batalla de ideas encaminada a construir un nuevo sentido común y una nueva escala de valores que reemplacen la mercantilización total de la vida social que promueve el capitalismo y su corolario inevitable: la destrucción irreparable del medio ambiente y la biodiversidad, el etnocidio y el epistemicidio implícitos en el exterminio de las culturas tradicionales y la silenciosa aniquilación de los pobres y los humillados, sacrificados sin pausa y sin mengua en el altar del mercado.

Tercero y último –en una lista de “buenas razones” que podría extenderse mucho más– porque este libro, nacido del curso que su autor ofreciera a través del Campus Virtual de CLACSO, demuestra sobradamente la riqueza del pensamiento social latinoamericano. Como es bien sabido, tres siglos de sometimiento colonial unidos a casi dos siglos de neocolonialismo han dejado una huella que, sin calificarla de imborrable, es sin duda alguna muy honda, y que será muy difícil eliminar. Como consecuencia de lo anterior, las teorizaciones elaboradas en esta parte del mundo han sido consuetudinariamente valoradas como de inferior calidad a las otras, producidas “allá”, en la patria de los colonizadores.

Este libro es un formidable antídoto para combatir tan arraigado prejuicio, pues al pasar revista a los grandes florecimientos del pensamiento latinoamericano se toma conciencia de la formidable estatura alcanzada por la obra de algunos de nuestros intelectuales. Pese al carácter fragmentario y disperso de la obra de Simón Bolívar –inevitable si se tiene en cuenta que la misma no es producto de las cavilaciones de un reposado profesor de filosofía, sino el febril precipitado de un proyecto de emancipación continental del cual su autor era simultáneamente su jefe militar y político– la calidad y perspicacia de sus reflexiones sobre la vida política no son menores que las que caracterizan la obra de una serie de autores “canónicos” que no están ausentes en ningún curso de teoría política del siglo XIX. Nos referimos por ejemplo a figuras tales como James Mill, Jeremy Bentham o T. H. Green, en Gran Bretaña, o Benjamin Constant en Francia, de las cuales muy difícilmente podría decirse que hayan elaborado una visión del complejo mundo de la política más iluminadora que la que se desprende de los escritos del Libertador. Y lo mismo cabría decir de Domingo Faustino Sarmiento, quien con justa razón ha sido considerado como el Tocqueville latinoamericano; o de Joaquim Nabuco en Brasil, Francisco Bilbao en Chile, Simón Rodríguez en Venezuela, y tantos otros con los cuales Fernández Retamar conversa en este libro. Para no hablar de José Martí, quien comienza a referirse al imperialismo antes que Hobson y, por supuesto, antes que el propio Lenin; o de Mariátegui, verdadero re-creador del marxismo latinoamericano –en “América el socialismo deberá ser creación heroica, no calco y copia”, dijo el ilustre marxista peruano– en una época en que algunas de las mentes más lúcidas de Europa, con la notable excepción de Antonio Gramsci, lo habían convertido en un catecismo despojado de la savia vital que le habían infundido sus creadores. Autores latinoamericanos que, de haber nacido en Europa o Estados Unidos, seguramente serían estudiados asiduamente en las grandes universidades de hoy día, pero a quienes las contingencias que rodearon su nacimiento condenaron a un lamentable abandono, aún entre nosotros. Esta obra constituye un oportuno rescate ante ese olvido.

Dos

El camino que nuestro autor nos invita a recorrer –desde los albores de nuestras luchas por la independencia percibidos por vez primera en la rebelión de los esclavos de Haití en 1804, hasta la actualidad– está jalonado por los grandes acontecimientos que marcaron la historia de América Latina y el Caribe. Acontecimientos y, por supuesto, las transformaciones estructurales que caracterizaron al desarrollo del capitalismo en esta parte del globo y que tuvieron su correspondencia –siempre mediatizadas y jamás de manera mecánica o lineal– en el plano de las ideas. Estas condiciones de base alimentaron una seria y medular reflexión sobre lo que podríamos llamar “la condición latinoamericana” y las alternativas de superación del orden neocolonial instaurado luego de las guerras de la independencia. Como no podía ser de otra manera, las teorías y propuestas resultantes se caracterizan por una riquísima diversidad. Si en general los diagnósticos sobre el atraso y la postración de nuestros países presentan muchos rasgos en común en los más distintos autores, el espacio para el debate aún así es muy importante. Las divergencias son mayores a la hora de perfilar los contornos de la estrategia que podría desembarazarnos de las lacras de nuestro pasado: desde una “europeización” forzada de nuestras poblaciones, promoviendo sin ambages el genocidio de los pueblos originarios (en donde Sarmiento es el caso más nítido pero de ninguna manera excepcional en la región), hasta una propuesta proto-socialista y claramente antiimperialista como la que brota de la pluma de Martí y, ya en el siglo XX, de una pléyade de autores examinados en este volumen.

Riqueza de perspectivas que no sólo se concretiza en el ámbito de lo que con cierta amplitud de espíritu podríamos calificar como “pensamiento crítico”. Porque, como bien observa Fernández Retamar, el pensamiento de derecha también tuvo importantísimos exponentes en la historia de nuestros países. Pocos dudarían en nombrar a Francisco de Miranda como uno de los precursores de la independencia sudamericana. Pero, como bien señala nuestro autor, las contradicciones de clase y de nación se entrecruzaban en la obra del genial venezolano de una manera harto complicada. Ante la posibilidad de conquistar la independencia mediante la supresión de la opresión clasista, Miranda no dudaba en sacrificar la primera con tal de conservar la segunda. Esta opción se justificaba por la supuesta “inferioridad” de las clases y capas populares y el papel “naturalmente” dirigente que le tenía reservado a la elite criolla. Miranda era un ardiente independentista, pero inficionado por un pensamiento social profundamente conservador. Y, en este punto, no estaba solo: el mexicano Fray Servando Teresa de Mier compartía esas ideas, como a su vez lo hacían los líderes de las Trece Colonias inglesas un poco más al norte, independentistas pero también rabiosamente esclavistas. En tiempos más cercanos, el pensamiento social latinoamericano ha demostrado la vitalidad de esta tradición: pensemos simplemente en Mario Vargas Llosa y, sobre todo, por la profundidad de su obra, en Octavio Paz. Articulados a los grandes centros del poder económico y financiero mundial y sus imponentes aparatos propagandísticos, ambos se convirtieron –como mucho antes Vasconcelos en México– en los más locuaces portavoces de la derecha en momentos en que nuestros países eran asolados por los experimentos neoliberales. Su popularidad se vio convenientemente cultivada en la medida en que ambos fueron rodeados del halo de virtuosismo y excelencia que la derecha reserva a los renegados, es decir, a antiguos izquierdistas arrepentidos de sus pecados de juventud y que, ya en sus años maduros, multiplican sus esfuerzos para corregir sus errores y ayudar a encaminar al mundo y las jóvenes generaciones en la dirección “correcta”. (2)

Tres 

Un prólogo a una obra tan rica como esta podría extenderse casi indefinidamente. Permítasenos pues evitar caer en tamaño error señalando, ya para concluir, un rasgo a nuestro entender importantísimo del pensamiento latinoamericano: su universalidad. En este y en otros ensayos, Fernández Retamar ha insistido en una idea seminal: nuestra condición de periferia del imperio nos obliga a ser universales. El “exotismo indoamericano” es uno de los peligros que, tal como acertadamente lo señala Michael Löwy, acecha al pensamiento crítico de nuestra región. Sin embargo, justo es señalar que en tal pecado han caído con harta más frecuencia europeos y norteamericanos que nuestros intelectuales críticos. Nuestra condición colonial y periférica no nos permite esos lujos. Así como Marx corregía la visión mesocrática de Hegel al concebir al proletariado como la clase universal por excelencia, nos parece que Fernández Retamar aporta elementos suficientes para entender las razones por las cuales el pensamiento emancipador de nuestro tiempo tiene su hogar en lo que Martí apropiadamente denominaba “nuestra América” y no en las metrópolis imperiales. La sutil, extensa y a la vez férrea tiranía del imperialismo no nos deja otra alternativa que pensar en términos universales, trascendiendo los “exotismos” y los particularismos. No se puede pensar seriamente a América Latina si no es desde el anti-imperialismo y el anti-capitalismo, anverso y reverso de un mismo y único tipo histórico de sociedad que ha colocado a nuestro planeta al borde de un holocausto. Cualquier pensamiento que omita abordar estos temas, en consecuencia, debe callar sobre todos los demás: hablar de democracia, derechos humanos o libertad, sin antes expedirnos sobre el permanente ataque que sobre estos valores perpetran el capitalismo y el imperialismo, descalifica como poco serio y superficial cualquier discurso, por bien intencionado que sea.

De lo anterior, de esta vocación inexorablemente universalista que caracteriza al pensamiento emancipador de América Latina, se desprenden numerosos problemas que mal podríamos tratar de examinar aquí. No obstante, hay uno que quisiéramos por lo menos dejar planteado: ¿por qué ha sido precisamente nuestra región, y no otras también sometidas a la dominación imperialista como África y Asia, la que ha sobresalido en este proceso de elaboración de un pensamiento emancipatorio, radical y antiimperialista? Descartadas las hipótesis lineales que erróneamente adjudican a la pobreza y la miseria virtudes revolucionarias, concientizadoras o contestatarias, tanto en el plano político como en el intelectual, ¿por qué ha sido América Latina el escenario en el cual se han venido plasmando estas ideas? ¿Por qué ha sido precisamente en estas tierras donde se revive la teoría del imperialismo, donde se elabora la teoría de la dependencia, donde surge la teología de la liberación, donde aparece la pedagogía del oprimido, donde resurge la teoría del estado; donde, por fin, el marxismo renace con más fuerza en momentos en que gran parte de los intelectuales progresistas de las metrópolis imperiales aceptaban resignadamente participar en sus funerales?

Creo que hay varias claves que deberían ser exploradas en un trabajo de más largo aliento. Por una parte, nuestra proximidad –geográfica, política, económica y social– con la Roma americana, para citar una vez más a Martí, es un elemento decisivo catalizador del pensamiento crítico. Si bien no hemos vivido en sus entrañas, como el Apóstol de la independencia cubana, conocemos muy bien al monstruo, lo tenemos muy cerca, y eso no puede sino favorecer una visión integral del capitalismo y del imperialismo, de su insanable naturaleza predatoria y su absoluta incapacidad para construir un mundo en donde imperen la justicia, los derechos humanos, la libertad y la democracia. En segundo lugar, porque Cuba está en América Latina, y sus luchas, su coherencia a lo largo de casi medio siglo, su inclaudicable vocación de construir el socialismo a pesar de los bloqueos, atentados y sabotajes de todo tipo pergeñados por el imperialismo, constituyen un ejemplo extraordinariamente pedagógico y una permanente fuente de inspiración para los interesados en la “autorreflexión” que nos propone Fernández Retamar. En tercer lugar, por la vitalidad de los movimientos sociales de la región que han venido oponiendo creciente resistencia a los proyectos del imperialismo. No fue por casualidad que Perry Anderson escribió que América Latina está a la vanguardia de la lucha mundial contra el neoliberalismo y el imperialismo. Las consecuencias intelectuales de semejante protagonismo no pueden por lo tanto sorprendernos.(3) Finalmente, una cuarta clave tanto o más polémica que las anteriores tiene que ver con lo siguiente: América Latina se ha convertido en la heredera privilegiada de las mejores tradiciones del pensamiento emancipador y libertario europeo, mismas que fueron relegadas al museo de antigüedades por gran parte de la intelectualidad del Viejo Continente. Por supuesto que esto no nos torna inmunes al riesgo simétrico al del “exotismo indoamericano” señalado por Löwy: el de un decadente “eurocentrismo”, que obstaculice irreparablemente la comprensión de nuestras propias realidades al percibirlas como torpes “desviaciones” de la historia ideal hegelianamente desplegada en tierras europeas.

Es un riesgo que debemos afrontar. Pero el otro, aún más grave, es el de arrojar totalmente por la borda la tradición intelectual europea, incluyendo al marxismo además del psicoanálisis y las revoluciones teóricas de proyección universal protagonizadas por Darwin y Einstein. Para desarrollar una fecunda síntesis teórica capaz de promover y facilitar los procesos emancipatorios, el pensamiento crítico latinoamericano deberá navegar por un estrecho erizado de toda clase de acechanzas pero también pletórico de grandes promesas. Por su utilidad para transitar por este azaroso recorrido, este libro de Fernández Retamar constituye un valiosísimo e indispensable mapa de navegación.

Buenos Aires, 21 de diciembre de 2005

1 En este sentido recomendamos muy enfáticamente al lector consultar la obra de Roberto Fernández Retamar, Todo Caliban (Buenos Aires: CLACSO, 2004), en donde el autor realiza una fascinante exploración de la cultura latinoamericana y las raíces profundas del colonialismo que aún hoy nos agobia. Claro está que cuando se lleva a cabo un proyecto de este tipo no sólo se iluminan los confines más recónditos de nuestra cultura, sino también los rasgos definitorios de nuestra sociabilidad. 

2 Tema este que ha sido objeto de un magnífico ensayo, otra vez producido por un hombre procedente de la literatura: el dramaturgo español Alfonso Sastre. Ver su obraLa Batalla de los Intelectuales (Buenos Aires: CLACSO, 2005). 

3 Ver Perry Anderson 2004 “El papel de las ideas en la construcción de alternativas”, en Boron, Atilio A. (comp.) Nueva Hegemonía Mundial. Alternativas de cambio y movimientos sociales (Buenos Aires: CLACSO) pp. 44-46. 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=199853

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Las venas abiertas de Nicaragua

Autor: Boaventura de Sousa Santos

Pertenezco a la generación de los que en los años 80 vibraron con la revolución sandinista y la apoyaron activamente. El impulso progresista reanimado por la revolución cubana de 1959 se había estancado en gran medida por la intervención imperialista de Estados Unidos. La imposición de la dictadura militar en Brasil en 1964 y en Argentina en 1976, la muerte del Che Guevara en 1967 en Bolivia y el golpe de Augusto Pinochet en Chile contra Salvador Allende en 1973 fueron los signos más sobresalientes de que el subcontinente americano estaba condenado a ser el patio trasero de Estados Unidos, sometido a la dominación de las grandes empresas multinacionales y de las élites nacionales conniventes con ellas. Estaba, en síntesis, impedido de pensarse como conjunto de sociedades inclusivas centradas en los intereses de las grandes mayorías empobrecidas.

La revolución sandinista significaba el surgimiento de una contracorriente auspiciosa. Su significado resultaba no sólo de las transformaciones concretas que protagonizaba (participación popular sin precedente, reforma agraria, campaña de alfabetización que mereció el premio de la Unesco, revolución cultural, creación de servicio público de salud, etcétera), sino también del hecho de que todo esto se realizó en condiciones difíciles debido al cerco extremadamente agresivo de Estados Unidos con Ronald Reagan, que supuso el embargo económico y la infame financiación de los contras nicaragüenses (la guerrilla contrarrevolucionaria) y el fomento de la guerra civil. Igualmente significativo fue el hecho de que el gobierno sandinista mantuviera el régimen democrático, lo que en 1990 dictó el fin de la revolución con la victoria del bloque opositor, del que, además, formaba parte el Partido Comunista de Nicaragua.

En los años siguientes, el Frente Sandinista, siempre liderado por Daniel Ortega, perdió tres elecciones, hasta que en 2006 reconquistó el poder, manteniéndolo hasta hoy. Sin embargo, Nicaragua, como por lo demás toda Centroamérica, estuvo fuera del radar de la opinión pública internacional y de la propia izquierda latinoamericana. Hasta que el pasado abril las protestas sociales y la violenta represión llamaron la atención del mundo. Pueden contarse ya muchas decenas de muertes causadas por las fuerzas policiales y por milicias adeptas al partido en el poder. Las protestas, protagonizadas inicialmente por estudiantes universitarios, apuntaban a la displicencia del gobierno ante la catástrofe ecológica en la Reserva Biológica Indio Maíz, causada por un incendio y por la deforestación e invasión ilegales. Se sucedieron después las protestas contra la reforma del sistema de seguridad social, que imponía recortes drásticos en las pensiones y gravámenes adicionales a los trabajadores y los patrones. A los estudiantes se unieron los sindicatos y demás organizaciones de la sociedad civil.

Ante las protestas, el gobierno retiró la propuesta, pero el país estaba ya incendiado por la indignación contra la violencia y la represión y por la repulsa causada por muchas otras facetas sombrías del gobierno sandinista, que entretanto empezaron a ser más conocidas y abiertamente criticadas. La Iglesia católica, que desde 2003 se reconcilió con el sandinismo, volvió a tomar sus distancias y aceptó mediar en el conflicto social y político con condiciones. El mismo distanciamiento ocurrió con la burguesía empresarial nicaragüense, a la que Ortega ofreció sustanciosos negocios y condiciones privilegiadas de actuación a cambio de lealtad política.

El futuro es incierto y no puede excluirse la posibilidad de que este país, tan masacrado por la violencia, vuelva a sufrir un baño de sangre. La oposición al orteguismo cubre todo el espectro político y, tal como ha ocurrido en otros países (Venezuela y Brasil), sólo muestra unidad para derribar el régimen, pero no para crear una alternativa democrática. Todo lleva a creer que no habrá solución pacífica sin la renuncia de la pareja presidencial Ortega-Murillo y la convocatoria de elecciones anticipadas libres y transparentes.

Los demócratas, en general, y las fuerzas políticas de izquierda, en particular, tienen razones para estar perplejos. Pero tienen sobre todo el deber de rexaminar las opciones recientes de gobiernos considerados de izquierda en muchos países del continente y de cuestionar su silencio ante tanto atropello de ideales políticos durante tanto tiempo. Por esta razón, este texto no deja de ser, en parte, una autocrítica. ¿Qué lecciones se pueden extraer de lo que pasa en Nicaragua? Ponderar las duras lecciones que a continuación enumero será la mejor forma de solidarizarse con el pueblo nicaragüense y de manifestarle respeto por su dignidad.

Primera lección: espontaneidad y organización. Durante mucho tiempo las protestas sociales y la represión violenta ocurrieron en las zonas rurales sin que la opinión pública nacional e internacional se manifestara. Cuando las protestas irrumpieron en Managua, la sorpresa fue general. El movimiento era espontáneo y recurría a las redes sociales que el gobierno había promovido con el acceso gratuito a Internet en los parques del país. Los jóvenes universitarios, nietos de la revolución sandinista, que hasta hace poco parecían alienados y políticamente apáticos, se movilizaron para reclamar justicia y democracia. La alianza entre el campo y la ciudad, hasta entonces impensable, surgió casi naturalmente y la revolución cívica salió a la calle asentada en marchas pacíficas y barricadas que llegaron a alcanzar 70 por ciento de las carreteras del país. ¿Cómo es que las tensiones sociales se acumulan sin que se noten y su explosión repentina toma a todos por sorpresa? Ciertamente, no por las mismas razones por las que los volcanes no avisan. ¿Puede esperarse que las fuerzas conservadoras nacionales e internacionales no se aprovechen de los errores cometidos por los gobiernos de izquierda? ¿Cuál será el punto de explosión de las tensiones sociales en otros países del continente causadas por gobiernos de derecha, por ejemplo Brasil y Argentina?

Segunda lección: los límites del pragmatismo político y de las alianzas con la derecha. El Frente Sandinista perdió tres elecciones después de haber sido derrotado en 1990. Una facción del frente, liderada por Ortega, entendió que la única manera de retornar al poder era haciendo alianzas con sus adversarios, incluso con aquellos que más visceralmente habían hostilizado al sandinismo, como la Iglesia católica y los grandes empresarios.

Con la Iglesia católica la aproximación comenzó a principios de la década de 2000. El cardenal Miguel Obando y Bravo fue durante buena parte del periodo revolucionario un opositor agresivo al gobierno sandinista y activo aliado de los contras, llamando a Ortega víbora moribunda durante toda la década de los 90. Pese a ello, Ortega no tuvo pudor en aproximarse al cardenal al punto de pedirle en 2005 que oficiase el matrimonio con su compañera de muchos años, Rosario Murillo, actual vicepresidenta del país.

Entre muchas otras concesiones a la iglesia, una de las primeras en 2006 fue aprobar la ley de prohibición total del aborto, incluso en casos de violación o de peligro para la vida de la mujer. Esto, en un país con alta incidencia de violencia contra mujeres y niños.

Por otra parte, la aproximación a las élites económicas se produjo por la sumisión del programa sandinista al neoliberalismo, con la desregulación de la economía, la suscripción de tratados de libre comercio y la creación de sociedades público-privadas que garantizaban jugosos negocios al sector privado capitalista a costa del erario público. Se produjo también un acuerdo con el ex presidente Arnoldo Alemán, considerado uno de los jefes de Estado más corruptos del mundo.

Estas alianzas garantizaron cierta paz social. Debe destacarse que en 2006 el país estaba al borde de la quiebra y las políticas adoptadas por Ortega permitieron el crecimiento económico. Se trató, sin embargo, del crecimiento típico de la receta neoliberal: gran concentración de riqueza, total dependencia a los precios internacionales de los productos de exportación (en particular café y carne), autoritarismo creciente ante el conflicto social causado por la extensión de la frontera agrícola y por los megaproyectos (por ejemplo, el gran canal interoceánico, con financiamiento chino), aumento desordenado de la corrupción, empezando por la élite política en el gobierno.

La crisis social sólo fue atenuada debido a la generosa ayuda de Venezuela (donaciones e inversiones) que llegó a ser una parte importante del presupuesto del Estado y permitió algunas políticas sociales compensatorias. La situación tendría que estallar cuando los precios internacionales bajasen, hubiese cambio de política económica en el principal destino de las exportaciones (Estados Unidos) o se evaporase el apoyo de Venezuela. Todo eso ocurrió en los pasados dos años. Mientras tanto, terminada la orgía de favores, las élites económicas tomaron sus distancias y Ortega quedó cada vez más aislado. ¿Puede un gobierno continuar denominándose de izquierda (y hasta revolucionario) a pesar de seguir todo el ideario del capitalismo neoliberal con las condiciones que este impone y las consecuencias que genera? ¿Hasta qué punto las alianzas tácticas con el enemigo se transforman en la segunda naturaleza de quien las protagoniza? ¿Por qué las alianzas con las diferentes fuerzas de izquierda parecen siempre más difíciles que las alianzas entre la izquierda hegemónica y las fuerzas de derecha?

Tercera lección: autoritarismo político, corrupción y desdemocratización. Las políticas adoptadas por Daniel Ortega y su facción crearon divisiones importantes en el seno del Frente Sandinista, y oposición en otras fuerzas políticas y en las organizaciones de la sociedad civil que habían encontrado en el sandinismo de los años 80 su matriz ideológica y social y su voluntad de resistencia. Las organizaciones de mujeres tuvieron un protagonismo especial. Es sabido que el neoliberalismo, al agravar las desigualdades sociales y generar privilegios injustos, sólo se puede mantener por la vía autoritaria y represiva. Fue eso lo que hizo Ortega. Por todos los medios, incluyendo cooptación, supresión de la oposición interna y externa, monopolización de los medios masivos, reformas constitucionales que garantizan la relección indefinida, instrumentalización del sistema judicial y creación de fuerzas represivas paramilitares. Las elecciones de 2016 fueron el claro retrato de todo esto, y la victoria del eslogan Una Nicaragua cristiana, socialista y solidaria encubría mal las profundas fracturas en la sociedad.

De un modo casi patético, pero quizás previsible, el autoritarismo político fue acompañado por la creciente patrimonialización del Estado. La familia Ortega acumuló riqueza y mostró su deseo de perpetuarse en el poder. ¿La tentación autoritaria y la corrupción son una desviación o son constitutivas de los gobiernos de matriz económica neoliberal? ¿Qué intereses imperiales explican la ambigüedad de la OEA frente al orteguismo, en contraste con su radical oposición al chavismo? ¿Por qué buena parte de la izquierda latinoamericana y mundial mantuvo (y continúa haciéndolo) el mismo silencio cómplice? ¿Por cuánto tiempo la memoria de las conquistas revolucionarias opaca la capacidad de denunciar las perversiones que le siguen al punto de que la denuncia llega casi siempre demasiado tarde?

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

Coímbra, 5 julio de 2018

Fuente: http://www.jornada.com.mx/2018/07/07/mundo/022a1mun
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