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El juego, clave en los lazos de amistad de los niños

Por: Ana Camarero

Entre los seis y los 10 años es cuando el menor ya no ve solo a sus iguales como compañeros de ocio sino que empieza a crear un vínculo emocional.

“Hacer amigos y tener una red de amistad es una adaptación humana importante, que nos ha ayudado a desarrollar la cultura acumulativa, clave en la evolución humana”, manifiesta el investigador Jesús Gómez Gardeñes, del Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos de la Universidad de Zaragoza, una de las personas que ha trabajado en el estudio sobre el Funcionamiento de las Interacciones Humanas, publicado en la revista Nature Human Behaviour, en colaboración con investigadores del University College y la Universidad Queen Mary, ambas en Londres.

El estudio, que se ha llevado a cabo en poblaciones del Congo y Filipinas dónde aún sobreviven con los mismos usos y costumbres que hace miles de años, ha analizado los datos registrados de más de 300 personas durante una semana mediante tecnología de rastreo inalámbrico, desarrollando así el mapa de sus relaciones sociales. La conclusión a la que se ha llegado es que en la arquitectura de la red social de cualquier población, los lazos más fuertes, es decir, con mayor tiempo de interacción, se centran en el núcleo familiar y solo unos pocos lazos extremadamente fuertes con amigos, no parientes.

La publicación recoge además que la arquitectura de nuestras redes sociales es fruto de un proceso de selección donde el beneficio es la eficiencia del intercambio cultural. En este aspecto, Gómez Gardeñes destaca que “el individuo elimina aquellas estrategias de sociabilidad que no favorecen el bien común y potencia aquellas que resultan exitosas para el conjunto de los individuos”. El hecho de por qué se han perpetuado unas y no otras a lo largo del tiempo, se encuentra en que podamos hacer perdurar la cultura. En que una nueva invención no se mantenga como un episodio aislado sino que facilite que la sociedad evolucione. “La premisa de que necesitamos una red social para transmitir la cultura es uno de los principales conductores y selectores de las sociedades que perviven hoy en día”, resalta Gómez Gardeñes.

Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid y directora de SOMMOS Desarrollo Personal, subraya que la amistad tiene un papel importante en la vida del ser humano y sobre todo en los primeros años de su desarrollo ya que a través de ella los niños aprenden a compartir, elevan la autoestima, construyen el valor del compañerismo, además de ser esencial para desarrollar la empatía, solucionar conflictos y construir una personalidad extrovertida. Díaz Marsá apunta que “el ser humano es por naturaleza un animal social, de ahí que la amistad desempeñe un papel fundamental desde las etapas tempranas de la vida. De hecho, está bien documentado en la bibliografía científica que la amistad y contar con una amplia red social son claves para la felicidad. Sin embargo, aunque los más pequeños disfruten de su tiempo con otros niños y niñas, los menores no crean amistades, tal y como las entendemos posteriormente, hasta cerca de los cinco años. Entre los seis y los 10 años es cuando el menor ya no ve solo a sus iguales como compañeros de juego sino que empieza a crear un vínculo emocional con ellos, aunque su concepto de la amistad no es el mismo que se alcanza en la adolescencia”.

Gómez Gardeñes comenta que “los niños establecen vínculos de amistad asociados básicamente al juego. A través de él, imitan las relaciones sociales que desarrollan los adultos. Reproducen la red social que observan en su entorno. A través de estos juegos, rituales o entretenimientos crean una proto red social que mediante la imitación y el juego hará que los pequeños maduren”. Una opinión que coincide con la de Díaz Marsá que expone que, sobre todo, coincidiendo con el paso del ser humano de la infancia a la adolescencia, “la pertenencia a un grupo de pares le sirve para ensayar su rol de adulto y para identificarse, porque necesita ser igual a los otros para poder diferenciarse. La amistad proporciona en esta etapa de la vida oportunidades para desarrollar habilidades y resolver conflictos, además de diversión y entretenimiento. Los adolescentes sin amigos tienen baja autoestima, más fracaso escolar e incluso más riesgo de sufrir trastornos de salud mental”.

Ante la posibilidad de que nuestros hijos no sean capaces de establecer lazos de amistad con otros iguales, Díaz Marsá indica que “es importante que los padres no ‘etiqueten’ a los hijos de tímidos cuando les cuesta iniciarse en un grupo de amigos. Este tipo de crítica o la alusión constante a la falta de integración a un grupo pueden bajar su autoestima. Los padres pueden ayudar a sus hijos a tener amigos, dando ‘ejemplo’ del valor de la amistad”. Para favorecer la creación de lazos de amistad en edades tempranas, es esencial, según opinan los expertos, ayudarles a desarrollar la empatía así como enseñarles a dar y recibir.

Fuente:  https://elpais.com/elpais/2017/08/24/mamas_papas/1503579474_083511.html

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Dudas y temores sobre la inclusión educativa

Por: Víctor Manuel Rodríguez

Los profesionales de la educación estamos obligados a cambiar estructuras y prácticas para proporcionar mayores cotas de calidad y equidad para todo el alumnado. Sean bienvenidos, por tanto, los discursos y propuestas que nos hacen cambiar la perspectiva de una forma radical.

El discurso sobre las culturas, políticas y prácticas inclusivas (recomiendo la lectura de los artículos de Gerardo Echeita o Coral Elizondo en este diario) va calando en nuestro imaginario pedagógico y comienza a ser un reto asumido por nuestras escuelas. Comparto sin fisuras la mayor parte de sus premisas y mensajes y me ilusiona la oportunidad que nos brinda para orientar con otra mirada la transformación de nuestros centros hacia cotas de mayor equidad, justicia social y calidad de la educación para todas y todos. Pero intuyo también que es el momento de poner por escrito algunas sombras, algunas dudas y algunos miedos que me asaltan cuando observo la realidad de nuestras clases y, sobre todo, cuando miro con atención al alumnado más vulnerable y con más riesgo de ser excluido. En este texto quiero referirme a algunas sombras que pueden derivarse, precisamente, de una mala interpretación o incluso de una interpretación torticera de las propuestas mejor intencionadas. Veré si consigo explicarme.

Me da miedo, por ejemplo, que las administraciones educativas utilicen la terminología ligada a la inclusión para eludir sus responsabilidades en la atención a las personas más vulnerables.

Siempre me ha llamado la atención la celeridad con la que la legislación ha incorporado la noción de inclusión, aunque el significado que le otorga diste mucho de acercarse a donde queremos que se acerque. Creo que no es una buena noticia, porque puede llevar a pensar que con esa asunción terminológica ya está casi todo hecho. Suponer, por ejemplo, que no es necesario ya legislar sobre la atención al alumnado con necesidades específicas, sean por discapacidad o por otras condiciones que provocan exclusión puede ser un peligroso disparate. Desde hace más de 20 años no se ha reflexionado seriamente -salvo por parte de alguna comunidad autónoma- sobre la situación de este alumnado y no se han puesto en marcha iniciativas organizativas o curriculares nuevas que traten de paliar las barreras que encuentran o que intenten mejorar la respuesta que hasta ahora se les proporciona. De hecho, más bien se están generando situaciones de “limbo” -por ejemplo, en determinadas ofertas de formación profesional o en relación con la evaluación de sus aprendizajes “adaptados”- en las que las personas que presentan alguna discapacidad quedan de forma más o menos automática excluidas del sistema. Garantizar los derechos educativos de todo el alumnado y la adecuación de la oferta educativa a sus necesidades puede suponer algo más que referirse a las respuestas globales en la legislación ordinaria: obliga a pensar en necesidades que pueden ser particulares y que tal vez solo puedan ser satisfechas con soluciones más singulares, enmarcadas, eso sí, en contextos de la máxima normalización posible.

Aunque, por descontado, comparto la idea de que la mirada al alumnado no debe centrarse solo en sus dificultades y de que es preciso analizar los facilitadores y las barreras que puede encontrar en su tránsito educativo, creo también que es un error pensar que no es necesario profundizar en las características particulares de cada niño o niña, en su funcionamiento y en sus condiciones personales.

De nuevo aludo a la discapacidad como ejemplo. La visión clínica que ha prevalecido durante mucho tiempo y que ha hipertrofiado el valor de los diagnósticos, el énfasis en la dificultad personal, la clasificación y el etiquetado no puede dar paso a ignorar de manera sistemática las condiciones con las que se afronta la tarea de aprender por parte de un alumno o alumna sorda, con dificultades graves de visión o con un retraso madurativo. De hecho, el movimiento asociativo que representa a los colectivos con diversidad funcional reivindica de manera constante la atención a sus peculiaridades, al tiempo que suele ofrecer pautas y criterios de acción para darles la respuesta adecuada.

No afirmo que la mirada inclusiva proponga renunciar a esta perspectiva, pero sí creo que un discurso inclusivo mal entendido puede resultar contraproducente. La perspectiva sobre la diversidad que subyace a la inclusión asume que cada alumno o alumna es diferente y que todos ellos deben encontrar la respuesta adecuada en un entorno normalizado. De acuerdo con esto. Pero en el amplísimo espectro que caracteriza la diversidad humana hay necesidades que tienen que ser cuidadosamente analizadas para poder ser satisfechas. El propio modelo que propone el Diseño Universal de Aprendizajeasí lo apunta. Claro que es necesario poner la mirada en los contextos educativos y hacer lo necesario por transformarlos, pero nunca debe soslayarse la necesidad de indagar en lo que cada niño o niña necesita en cada momento y en cada situación de aprendizaje. Y en esa tarea no puede menospreciarse, como a veces se hace, la mirada experta de muchos profesionales que, desde el ámbito de la psicología, la neurociencia, la medicina, la tecnología y tantos otros, pueden y deben complementar la tarea de los docentes y educadores.

Una última reflexión tiene que ver con las ayudas y recursos de apoyo. Hoy en día se está produciendo un cuestionamiento profundo sobre la organización de las ayudas y apoyos al alumnado más vulnerable. La tendencia, que comparto, es la de incorporar todos los recursos posibles al aula ordinaria, confiando en que una metodología flexible que atienda realmente a la diversidad y una asunción clara de compromiso del profesorado sobre todo su alumnado pueda sacar el máximo partido de estos recursos. No obstante, el riesgo de dilución y desaprovechamiento de los recursos, siempre escasos, puede ser elevado debido a una mala distribución de tareas, una mala planificación o una imprecisa definición de los roles.

Es verdad que los recursos y ayudas pueden ganar en efectividad si no se asocian a priori y de forma automática con actuaciones individuales, por lo general segregadoras. Pero creo que conviene no confundir las cosas: temo que en algunas propuestas o prácticas supuestamente más inclusivas se pueda estar cayendo en una suerte de revoltijo en el que no termina de concretarse quién es quién o qué es qué, cuál es su función y cómo puede y debe complementarse con las del resto. Esta confusión lleva a veces a vivir situaciones más bien esperpénticas: por ejemplo, las de algunas familias que se niegan a que sus hijos o hijas puedan ser valorados por un servicio de Orientación o a que reciban algún tipo de ayuda o apoyo, entendiendo -no discuto que a veces por experiencias burocráticas y administrativas penosas- que cualquier tipo de ayuda es un estigma y no forma parte de una práctica inclusiva.

Los profesionales de la educación estamos obligados a cambiar estructuras y prácticas para proporcionar mayores cotas de calidad y equidad para todo el alumnado. Sean bienvenidos, por tanto, los discursos y propuestas que nos hacen cambiar la perspectiva de una forma radical. Pero no perdamos de vista el fin último de cualquier cambio: la atención a un alumno o alumna singular que ha de ser, junto a los otros, el eje de nuestro quehacer educativo.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/09/05/dudas-y-temores-sobre-la-inclusion-educativa/

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‘Apps’ y webs para convertirte en un fenómeno en matemáticas

Por: Ana Torres Menárquez

La inteligencia artificial decide los pasos a seguir por el alumno en base a su ritmo de aprendizaje.

“En el mundo real usamos ordenadores para calcular. En educación usamos a las personas para que hagan el cálculo”. Esta frase resume el pensamiento de Conrad Wolfram, matemático británico y fundador de la organización Computer Based Math, cuyo objetivo es rediseñar los contenidos de la asignatura de matemáticas y exportar el modelo a todo el mundo. Para Wolfram, el problema es la cantidad de tiempo que los estudiantes dedican a aprender a calcular a mano, cuando los ordenadores deberían asumir esa función. Cree que hay una gran brecha entre las matemáticas que se enseñan en la escuela y el uso que se hace de ellas en el día a día. “Los niños deberían aprender a cuestionar los datos estadísticos que ofrecen los gobiernos o a calcular la probabilidad de que llueva mañana”, señala. El error: dedicar tantas horas a resolver operaciones, como divisiones, de largas cifras.

De momento, su empresa ha rediseñado el programa académico de la asignatura de matemáticas en varios colegios públicos de Estonia, donde los alumnos trabajan fundamentalmente probabilidad y estadística. Preguntas como ¿Son las chicas mejores en matemáticas? o ¿Mi estatura está en la media? forman parte del contenido de ese programa piloto. “Hay que plantearse por qué obligamos a los estudiantes a dedicar tantos años de su vida a aprender lo que un teléfono resuelve en segundos”, remarca Wolfram.

En España el debate está todavía muy lejos de apartar el cálculo de las aulas. Aquí no se discute el contenido, sino la forma de aprenderlo. “La enseñanza oficial falla en un aspecto, no dispone de recursos para ofrecer un método personalizado”, dice Daniel González de la Vega, ingeniero industrial y fundador de Smartick, un software de inteligencia artificial que analiza la forma en la que un niño resuelve problemas y que adapta el contenido a la velocidad de aprendizaje. La idea es estimular al estudiante con continuos retos adaptados a su nivel. Smartick promete una mejoría en las notas de los estudiantes con solo 15 minutos al día en la aplicación y se dirige a niños de entre cuatro y 14 años.

‘Apps’ y webs para convertirte en un fenómeno en matemáticas
González compara las matemáticas con un edificio. «Siempre se construyen sobre un nivel anterior y hacen falta pilares sólidos como las tablas de multiplicar», explica. Si un estudiante termina un curso con alguna laguna conceptual, probablemente suspenda la asignatura en años consecutivos. «De ahí la frustración con las matemáticas», añade. En su opinión, todos los alumnos deben interiorizar los llamados «hechos numéricos», trozos de información que se automatizan, como, por ejemplo, saber que ocho más siete son 15 sin la necesidad de sumar esas cantidades. «Sin las herramientas básicas interiorizadas sería muy difícil resolver un problema complejo».

Un recurso efectivo es la repetición de ejercicios de forma «inteligente» y eso es lo que hace Smartick. Adaptar las tareas continuamente al máximo nivel de competencia del estudiante, un software en el que trabajan diariamente más de 40 personas, entre ellos un profesor de didáctica de las matemáticas de la Universidad Autónoma de Madrid y un experto en inteligencia artificial de la Carlos III. Desde su lanzamiento en 2011, lo han usado más de 25.000 usuarios y actualmente emplean la herramienta 20 colegios en España (públicos, concertados y privados). El precio es de 30 euros al mes y está disponible para Android e iOS y en formato web.

Gracias a la inteligencia artificial, Smartick decide qué camino de aprendizaje debe seguir cada niño en función de su evolución. Una tecnología que les ha llevado a ganar el Premio Emprededor XXI, impulsado por La Caixa y el Ministerio de Educación, el Tell us Awards, de la Comisión Europea y el reconocimiento como una de las mejores 15 startups del mundo por The Next Web, un evento que reúne cada año en Nueva York a empresas tecnológicas innovadoras.

‘Apps’ y webs para convertirte en un fenómeno en matemáticas
Otra de las webs educativas para mejorar en matemáticas es Intermatia, para estudiantes de Secundaria y Bachillerato. Desarrollada por Juan González-Meneses, director del departamento de Álgebra de la Universidad de Sevilla, y su equipo, ofrece ejercicios interactivos que una vez resueltos, se corrigen solos. «Nuestro objetivo es conseguir que los estudiantes entiendan las matemáticas practicando con ellas y a la vez liberar a los profesores de la parte más tediosa; corregir ejercicios», apunta González-Meneses. Lo que diferencia a Intermatia de otras aplicaciones, explica el docente, es que si el problema no está bien resuelto, su software muestra las diferentes opciones para resolverlo paso a paso.

«Nuestro método está gamificado y eso les motiva; hacen más ejercicios que con una hoja de papel». Integrales, derivadas y hasta 100 opciones para practicar las matemáticas.En 2016 ganaron el premio al Mejor Método de Aprendizaje Online en SIMO Educación, una de las mayores ferias de tecnología y educación de Madrid. Lanzada en 2015, una treinta de colegios españoles (públicos, privados y concertados) la están usando. El precio es de 9,95 euros al mes y todavía no dispone de app.

‘Apps’ y webs para convertirte en un fenómeno en matemáticas
 Un paso más allá va la aplicación Geogebra, desarrollada por el austriaco Markus Hohenwarter, profesor de Matemáticas en laJohannes Kepler University Linz, en Austria. Además de emplear la inteligencia artificial para proponer al estudiante desde los seis hasta los 25 años los contenidos que se adaptan a su ritmo de aprendizaje, permite jugar con las figuras geométricas, desmontarlas y crear nuevas formas. En definitiva, se trata de manipular objetos y resolver problemas. «Un ejercicio típico en clase es hallar la posición del circuncentro de un triángulo -el centro de la circunferencia que pasa por los tres vértices-. El programa, que es gratuito, permite mover el triángulo y observar cómo se traslada ese punto», señala Hohenwarter. El objetivo es que el alumno experimente con las formas y dirija su propia investigación.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2017/07/26/talento_digital/1501084147_906306.html

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Por qué el contenido educativo ha explotado en YouTube. Un experto de la compañía lo explica

Por: Camila Londoño

La educación en YouTube, dice Malik Ducard, no es una tendencia, es una cualidad que sigue creciendo gracias a quienes utilizan esta plataforma para educar.

Malik Ducard es Director de Familia y Aprendizaje en YouTube, el famoso sitio web que potenció en el mundo el uso de los videos como medio para comunicar ideas, tutoriales, canciones, mensajes e incluso clases. Ducard viene de una familia de educadores: su madre dio clases durante años en el sur del Bronx en Nueva York y su hermana era asistente del director en una escuela en Los Ángeles. Caminar junto a su madre, significa encontrar a muchos ex alumnos que se acercan agradecidos para saludarla, sonreírle, y ponerla al día.

Por esta razón, el rol de los profesores para Ducard siempre ha sido muy importante…

En sus palabras los educadores siempre han sido una prioridad en su vida personal, y ahora, sin planearlo, también se han convertido en una prioridad en su trabajo. Y aunque él no decidió seguir el camino de su familia, la misión de Ducard en YouTube también es educar e inspirar a las mentes curiosas, aquellas que a diario ingresan a la plataforma para “alimentarse” de información. En ese sentido, dice el experto, la educación en YouTube es más que una tendencia, es una cualidad que resplandece a través de la voz de los usuarios. De hecho, esta misión es alimentada en la compañía por tres valores: la libertad de expresión, la libertad de oportunidades, la oportunidad de ser y la libertad de información.

“Pregúntele a cualquier maestro y ellos te dirán: estos cuatro valores también son cuatro principios de un ambiente de clase exitoso. Tal vez eso explica por qué el aprendizaje y el contenido educativo han explotado en YouTube en los últimos años.

Las personas no sólo están viendo, sino que están comprometidas con lo que ven.

Esta afirmación es sustentada por la cifras que YouTube maneja sobre qué se ve y cómo se ve. Todos los días hay 500M (millones) de vistas de contenidos relacionados con el aprendizaje, y un total de 1M de videos sobre aprendizaje se comparten a diario. 50% de estos videos se comparten alrededor del mundo, lo que significa que el impacto es absolutamente global. Pero ¿a qué se debe este éxito?

1. El “edu-tenimiento”

¿Qué hacen los “edutubers” o los profesores para conquistar al mundo en YouTube? En términos gastronómicos, mezclan lo “nutritivo” con lo “delicioso”. Muchos lo hacen cantando para enseñar la Guerra Civil, algunos convierten los videojuegos en una oportunidad de enseñanza y otros simplemente llevan la clase de matemáticas al formato video. En palabras de Ducard, ellos lideran y educan a través del entretenimiento, lo que impacta a sus estudiantes en la sala de clase y a todos quienes tiene acceso a sus contenidos.

2. Contenido específico

Muchas personas, incluídos los estudiantes, ingresan a YouTube para perfeccionar habilidades. Las personas buscan respuestas específicas y por eso mismo, los videos de nicho son muy exitosos en YouTube. Los “edutubers” lo que han hecho justamente es crear contenido específico para el desarrollo de habilidades, lo que les ha permitido abarcar un gran espectro de usuarios.

3. El formato

Para cautivar a un público específico, el formato es indispensable. En el caso de los profesores o los edutubers en general, su formato está diseñado especialmente para los estudiantes. Un buen ejemplo de esto es Crash Course, un canal de Google que enseña desde la voz de un experto que habla directo hacia la cámara. O TedEd, un canal de TED que enseña con lindas y llamativas animaciones. Los edutubers más exitosos, dice el experto, son consistentes con su formato y se ganan el cariño de su audiencia creando un estilo único

“La emoción de los ex-alumnos de mi mamá cuando entusiasmados le comparten sus historias de vida siempre me impacta y me inspira. Y amo que los videos educacionales estén teniendo este impacto positivo en los estudiantes de hoy”, afirma Ducard.

Fuente: http://www.eligeeducar.cl/por-que-el-contenido-educativo-ha-explotado-en-youtube-un-experto-de-la-compania-lo-explica

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Participación de familias y diálogo igualitario frente a la violencia

Por : Sara Carbonell

Convertir las escuelas en lugares de tolerancia cero ante cualquier violencia, en los que lo que se dice y se hace están en consonancia, es primordial.

A lo largo de estos días he podido leer muchos mensajes de apoyo y solidaridad a las víctimas y rechazo a cualquier tipo de violencia por personas de diferentes culturas o religiones que dan esperanza en momentos tan duros como este y que rechazan aquellos mensajes islamofóbicos sin ningún argumento de validez. Estos mensajes de solidaridad y rechazo a la violencia son un ejemplo de convivencia pacífica entre culturas que muestran que sí que es posible una sociedad democrática, libre y diversa.

Me preocupa pensar que ahora en las escuelas venga una “oleada de ocurrencias” para trabajar la prevención del terrorismo. En momentos así, más que nunca es necesario aplicar aquello que está demostrado por las investigaciones de primer nivel para prevenir la violencia y conseguir escuelas inclusivas.

Las escuelas que son comunidades de aprendizaje aplican actuaciones de éxito dirigidas a la transformación social y educativa. Este modelo educativo está en consonancia con las teorías científicas a nivel internacional que destacan dos factores claves para el aprendizaje de todos y todas sin exclusiones: la participación de las familias y las interacciones. Pero no cualquier tipo de interacciones sino aquellas que tienen presente los principios del aprendizaje dialógico como son el diálogo igualitario, la inteligencia cultural o la igualdad de diferencias tan importante cuando se trata de atención a la diversidad de culturas, género, religión…

No es cuestión de “hablar más” de valores democráticos o de no violencia, que también, pero las evidencias dicen que tiene que haber coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Para que tenga un impacto y se consiga prevenir que jóvenes lleguen a cometer un acto terrorista como el de Barcelona y Cambrils, las escuelas se tienen que transformar en lugares donde haya un posicionamiento de tolerancia cero a la violencia desde las primeras edades, donde los valientes o los héroes sean los que ayudan, los que son igualitarios, los que no utilizan la violencia y siempre tratan bien. Hay que trabajar por dotar de atractivo a los niños y las niñas que poseen aquellos valores democráticos que deseamos.

Para ello ya hay escuelas que aplican el modelo dialógico de convivencia y se organizan de forma democrática consensuando con toda la comunidad las normas que garantizan relaciones libres de violencia lo que previene y reduce los comportamientos violentos porque todos y todas van a una. También se abren espacios de diálogo en los que se habla de estos temas desde una perspectiva transformadora y preventiva.

En estos días se nos ha puesto como en un espejo el hecho de que los terroristas han sido alumnos de la escuela de la que podemos formar parte. Por ello es urgente garantizar actuaciones en los centros educativos que estén basadas en las mejores investigaciones sobre estos temas para dar la oportunidad a todos los niños y las niñas de que reciban la mejor educación curricular y emocional y se socialicen en relaciones libres de violencia que posibiliten las mejores trayectorias de vida. Gracias a investigadores del más alto nivel científico y humano como Ramón Flecha, hemos podido leer también en estos días que ya hay proyectos en el programa de investigación Europea Horizonte2020 (Proton) que aportan luz a estas cuestiones.

Fuente noticia: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/09/01/participacion-de-familias-y-dialogo-igualitario-frente-la-violencia/

Fuente imagen: https://escuelademendigorria.files.wordpress.com/2017/06/20170530_160006.jpg?w=1024&crop

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Calidad universitaria, un compromiso que demanda formación

Lucas Rodríguez

La calidad es un concepto tan multidimensional como complejo de definir, sin embargo, según el tipo de actividad a que se refiere, es muy fácil apreciarla y valorarla, sobre todo porque implica una posibilidad de ser observada o evidenciable.

De allí que en materia de formación, la calidad a menudo se valora por lo que es capaz de saber y hacer la persona que culmina el curso, programa o carrera, lo que muchas veces deja de lado el alto promedio o calificación que se ostente.

En el contexto universitario, hay continuas preocupaciones por la certificación de la calidad de la institución y sus programas, principalmente, por mostrar que se cuentan con las óptimas condiciones que garantizan esa formación pertinente con las exigencias del mercado laboral.

Por ello, regularmente se definen y ejecutan políticas de actualización de las ofertas académicas, con la finalidad de generar espacios de vinculación, intercambio y búsqueda de los conocimientos, prácticas y experiencias de campo, que aseguren la actualidad de los contenidos y perfiles profesionales de las carreras que cursan los estudiantes. No obstante, es estratégico que la alta dirección de las universidades, valore la gestión universitaria, más que una función, un área de conocimiento que demanda de profesionales cualificados para desempeñar con éxito las tareas fundamentales de la institución.

Al analizar la universidad como organización dinámica en permanente desarrollo, sin duda emerge la pregunta ¿cuáles son los principales conocimientos, habilidades y destrezas que requiere el recurso humano que labora en la gestión universitaria?

Este planteamiento a menudo no tiene una clara respuesta, ya que regularmente las posiciones y funciones que se desarrollan en estas instituciones están más ligadas a las profesiones básicas de licenciatura o maestría en las especialidades y no necesariamente a perfiles específicos en gestión de procesos universitarios.

En todo caso, lo que se realizan con frecuencia es la formación continua a través de cursos, seminarios, conferencias y otras actividades que facilitan la comprensión y práctica de las funciones en la universidad.

Valoración al conocimiento

En otros contextos universitarios, sobre todo internacionales, cada vez más se valora el conocimiento y experticia profesional que debe poseer el recurso humano que asume responsabilidades académicas o administrativas en la educación superior, por lo que se elaboran programas específicos para cualificar este personal, que en gran medida inciden en la gestión de calidad de la universidad. Una de las áreas que más demanda conocimiento y manejo de procesos es el ámbito académico, el cual implica el conjunto de proyectos, iniciativas y actividades conducentes a la atención y acompañamiento del proceso de formación del estudiante y la articulación con el rol docente.

Para ello, se necesitan manuales, guías, formularios, reglamentos y procedimientos que orientan este trabajo en las diferentes unidades académicas de la organización.

Es más, en cada institución estos procesos suelen tener sus propias dinámicas y variantes, lo que hace muy específica la competencia a considerar para realizar el trabajo con éxito.

En la Universidad Especializada de las Américas se ha reforzado el interés por mejorar las capacidades profesionales del recurso humano que labora en la universidad y desde el 2012, luego de la acreditación institucional, el Programa de Capacitación y Desarrollo del Personal Administrativo (Cadepa) ha reflejado importantes ajustes con miras a incorporar más áreas y niveles de fortalecimiento de conocimientos y experiencias en campos disciplinares diversos, así como incluir acciones dirigidas, además de a los equipos técnicos y jefaturas, al equipo directivo universitario en la Sede y Extensiones Universitarias.

Para impulsar de manera decidida este compromiso con la calidad en la gestión universitaria, en el marco de un convenio con la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)-Udelas, se desarrolla en la actualidad un programa de Master en Docencia y Gestión Universitaria, conducente a doble titulación, con 100% de la planta docente de la UAB, con nivel de doctorado, amplia formación y experiencia en los campos disciplinares de los cursos del programa, con la modalidad semipresencial.

Participan más de treinta funcionarios de Udelas, quienes comparten inéditos espacios formativos relacionados con diversas áreas de la gestión universitaria y deben realizar sus proyectos finales en áreas de interés para el mejoramiento de la gestión de la institución.

Fuente del articulo: http://laestrella.com.pa/panama/politica/calidad-universitaria-compromiso-demanda-formacion/24020390

Fuente de la imagen: %3A%2F%2Fnoticias.universia.net.co%2Fen-portada%2Fnoticia%2F2011%2F02%2F10%2F789020%2Finternacionalizacion-calidad-universitaria.html&psig=AFQjCNHMBub5GyEx8cLYjM2OhJDglEd4NA&u

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Las emociones y la escuela

Por: Xavier Besalú. El Diario de la Educación. 

La educación de las emociones no puede consistir simplemente en identificarlas, nombrarlas o relacionarlas con una imagen predeterminada o un color. Para esa empresa no valía la pena tanto estruendo.

Nosotros, los humanos, siempre hemos sabido de nuestras emociones, de nuestros afectos, sentimientos e intuiciones. Conocemos sus nombres y podemos identificar sin demasiados problemas sus rasgos más característicos porque las hemos experimentado en propia piel, porque las hemos sufrido o disfrutado, porque las hemos usado –consciente o inconscientemente– para tomar decisiones, tanto las más trascendentes como las más irrelevantes, y porque forman parte indivisible de nuestras vidas, como los sentidos o el mismo lenguaje. Por ello, cuando Gardner o Goleman pusieron de relieve la importancia de conocer y dar nombre a nuestras emociones, no nos extrañamos lo más mínimo de su apuesta por dar visibilidad y reconocimiento a algo tan presente y cotidiano en nuestro quehacer diario.

Por las razones que sean, hoy en los centros educativos la educación emocional se ha convertido en un emblema, en una prioridad; para algunos incluso en un atributo de identidad, que daría a entender a las familias su puesta al día y su vocación innovadora. Y para cierto sector del profesorado en una preocupación curricular primera, que dejaría en un segundo plano tanto los saberes propiamente dichos como la dimensión ética y estética de la educación y el resto de habilidades y competencias a adquirir.

Pero, ¿se pueden educar las emociones? ¿O más bien se trataría de garantizar y promover su expresión libre y contextualizada, su gestión razonable, su control responsable, atento al impacto que puede causar en el propio protagonista y respetuoso para con los demás, su experimentación acompañada y orientada por los adultos, para no dar rienda suelta a ese caballo desbocado y salvaje en que podría convertirse sin estas salvaguardas? En cualquier caso, la educación de las emociones no puede consistir simplemente en identificarlas, nombrarlas o relacionarlas con una imagen predeterminada o un color. Para esa empresa no valía la pena tanto estruendo.

Hoy sabemos a ciencia cierta que las emociones siempre han estado ahí, siempre han formado parte de nuestro ser personal y social, que forman una unidad indisociable con el mundo racional, que nunca han sido dos hemisferios opuestos y enfrentados por llevarse el gato al agua. Todas nuestras decisiones, pensamientos y actitudes están impregnadas de intereses, pasiones, intuiciones y afectos. Nuestra mente no es una máquina fría y calculadora, sino un artefacto profundamente sensible y, en definitiva, condicionado pero libre. No hay más que echar una ojeada a nuestras propias vidas para comprobar cómo están repletas de actuaciones e inhibiciones, algunas exitosas y otras fracasadas, que buscaban por encima de todo la felicidad, evitar el sufrimiento, el mal menor cuando todas las opciones conllevaban consecuencias indeseables, sobrevivir cuando nos hemos sentido abrumados…

Es cierto que venimos de una educación (la nacionalcatólica, pero también la cientifista) que consideraba que los deseos, las emociones, las intuiciones, la imaginación… deberían ser debidamente ocultadas y reprimidas, porque eran vistas como obstáculos que evitar para llegar a ser personas formadas, inteligentes, plenamente conscientes y moralmente íntegras. Pero la profunda crisis del proyecto moderno ha puesto al descubierto la falacia de este supuesto, que no solo dejaba al margen de la escuela las emociones, sino también los cuerpos. Pero de ahí a entronizar lo emotivo como una alternativa progresista e innovadora frente a lo racional va un verdadero abismo.

Y es en esta órbita que puede tener sentido relacionar este auge de lo emocional con la hegemonía teórica y práctica del neoliberalismo que nos corroe, que pone el acento en lo individual (frente a lo colectivo), en lo afectivo (frente a lo político o lo emancipatorio), en la convivencia amable (frente a la conflictividad y la exclusión), en la flexibilidad personal y en la capacidad de adaptación a los nuevos tiempos y condiciones de vida (frente a la historia, a la crítica y a la autonomía personal).

No es de extrañar que muchas de las empresas que cotizan en bolsa estén impulsando directa o indirectamente proyectos de educación o gestión de las emociones, o que vehiculen sin rubor mensajes propagandísticos destinados a tocar la fibra de los afectos, mientras con frialdad inhumana toman decisiones que deterioran gravemente la vida y la salud de miles de personas. Que los mismos culpables de ese deterioro nos propongan el antídoto adecuado para sobrellevar las propias penas –lo emocional como paliativo, la gestión de las propias emociones– raya casi la vileza.

Ante ello se difuminan la lucha contra las desigualdades y contra el enriquecimiento corrupto e ilícito, se emborronan las causas estructurales y reales de la situación de angustia o postración que viven las víctimas para poner el foco justamente en las propias víctimas. Tomadas individualmente, por supuesto.

Xavier Besalú es profesor de Pedagogía de la Universidad de Girona

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2018/02/08/las-emociones-la-escuela/

Fotografía: DPO Consulting

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