Cada joven que entre en la educación es una persona con menos probabilidad de permanecer en la pobreza por ende, requerirá menores subvenciones del Estado.
Por Sebastián Pacheco Jiménez
El sesquicentenario de la Universidad Nacional de Colombia (UN) ha sido la ocasión para que los miembros de la comunidad académica expresemos a nuestra Alma Máter los sentimientos de orgullo y agradecimiento. Con ocasión de este acontecimiento, les presento a continuación tres reflexiones sobre la realidad de la corrupción y la educación pública:
1. La corrupción reina, el debacle en la administración gubernamental es un hecho evidente. Cerca de 50 billones de pesos se pierden año tras año por esta problemática, entre tanto los edificios de la UN se caen a pedazos. Colombia ocupa el puesto 90 entre 176 naciones en el índice de corrupción mundial (Transparencia Internacional) mientras en la UN escatiman los dineros para poder sostener el incremento anual en el número de estudiantes. La corrupción involucra a gobernadores, alcaldes, magistrados, senadores, ministros y en general, a muchos de los altos funcionarios del estado, quienes otorgan y reciben coimas de miles de millones de pesos, de manera concomitante, en la UN falta el dinero para la financiación de los grupos universitarios de investigación. En ese orden, si en un país escasean los recursos para la educación y sobran para la corrupción ¿qué tipo de sociedad estamos construyendo?
2. La Universidad Nacional ha demostrado durante décadas su valía, ocupando en múltiples escalafones nacionales y regionales las primeras posiciones. A su vez, es la institución universitaria con el mayor número de estudiantes y grupos de investigación en el país, lo que la erige como paradigma de eficiencia, al rendir grandes resultados en medio de la precariedad de recursos. Sin embargo, esto no ha sido suficiente para superar estigmas mezquinos que algunos sectores sociales le han endilgado. Aun así, durante un siglo y medio, la UN ha cimentado las bases sobre las que se construye la nación.
La educación es sinónimo de paz y la UN es epicentro de esta, propiciando la reconciliación y una verdadera cultura de paz, Empero, el contraste de clases magistrales y de estudiantes prodigiosos en instalaciones precarias, es la fiel evidencia de una cultura de la mediocridad producto del robo y la negligencia de los sectores dirigentes.
Con ello se comunica a la sociedad que todo tiene que ser “a medias”. La errónea concepción de que lo público debe ser desfinanciado o mediocre se traduce en la admisión de lo atípico como normal y la perpetuación de la inequidad.
3. En ese orden, es un imperativo administrativo y moral que en Colombia la educación sea vista como un bien público e inalienable, para ello es necesaria la universalidad, la calidad y la obligatoriedad de proporcionar a los estudiantes espacios agradables, pertinentes y dignos.
La educación pública debe ser una de las bases del proyecto nacional, al igual que otros derechos fundamentales como la salud, la vida y la paz. Por ello, que la UN tenga un presupuesto insuficiente debe ser una preocupación general. Más allá de pensamiento sectarios, a todos los colombianos nos debe importar este asunto, ya que si hoy se desfinancia las instituciones públicas en detrimento del derecho a la educación de calidad y no sucede nada, el día de mañana se desmantelarán los demás derechos fundamentales, económicos y sociales.
Hay asuntos que una sociedad no puede negociar, límites que no se deben trasgredir. Si permitimos que se aniquilen a cuenta gotas las más básicas obligaciones estatales ¿en el futuro que podremos esperar? Por dignidad nacional y dolor de patria es necesario que la comunidad académica y la sociedad en pleno defiendan el derecho a la universidad pública.
Cada nuevo estudiante es un joven menos a merced del conflicto. Cada joven que entre en la educación es una persona con menos probabilidad de permanecer en la pobreza por ende, requerirá menores subvenciones del Estado. Es más económico y estratégico financiar y fortalecer la UN y salvar una generación, que tener que combatir a miles de jóvenes que sin oportunidades siguen la senda que marca la informalidad, la clandestinidad y la violencia.
En definitiva la solución para construir un país en el postacuerdo está cifrada en clave de educación y en particular de educación pública.
Considerado por más de un experto como forma de maltrato infantil, y aceptado por muchos en varias zonas del planeta, el fenómeno de la sexualización de la infancia es un tema de gran impacto, más aún en un contexto donde la sociedad es constantemente bombardeada por los medios de comunicación y «las pautas» que estos trazan.
Considerado por más de un experto como forma de maltrato infantil, y aceptado por muchos en varias zonas del planeta, el fenómeno de la sexualización de la infancia es un tema de gran impacto, más aún en un contexto donde la sociedad es constantemente bombardeada por los medios de comunicación y «las pautas» que estos trazan.
En ese sentido no solo requiere de atención, sino de comprensión y soluciones, pues es una tendencia que supone también la imposición de una sexualidad adulta a las niñas y los niños, que no están ni emocional ni sicológica, ni físicamente preparados para ello, advierten los especialistas.
«Es la propensión de adelantar los comportamientos y actitudes sexuales a edades tempranas», explica Silvia María Pozo Abreu, especialista en Medicina General Integral y Bioestadística, de la facultad de ciencias médicas 10 de Octubre, quien justamente sobre este tema propone el debate en el último número del boletín electrónico PreveMi, correspondiente a los meses de julio a septiembre del 2017, disponible en el portal de Prevención del Maltrato Infantil, de la Red de Salud de Cuba.
Para la autora, son muchos los niños que, «fruto de la sociedad, viven en un entorno erotizado, donde los padres alientan a sus hijas a imitar actrices y modelos que derrochan erotismo, permitiendo que sigan patrones que ni siquiera son reales. No solo se les expone a imágenes hipersexualizadas, sino se les vende la idea de que tienen que verse sexy», señala.
Sobran los ejemplos para ilustrar esta problemática, expone Pozo Abreu, y menciona al respecto «las hijas de modelos famosas, devenidas en famosas modelos desde la infancia o hermanas de otras modelos, que han comenzado la carrera incluso con menos de diez años.
En este fenómeno también influyen los concursos infantiles de belleza donde solamente prima el tener un rostro, busto, es decir, una figura perfecta de niña-mujer. Y es que entonces esto provoca que muchas niñas con poca edad empiecen a medirse por las apariencias. Incluso, algunas de las competidoras han sido sometidas a explotación por las horas de entrenamiento y prácticas punitivas a las que se ven obligadas, refiere la especialista.
Asimismo, el texto menciona no solo el impacto de estos concursos sobre las niñas, sino una afección sicológica «de la que padecen algunos de los padres de las niñas: el “logro conseguido por distorsión”. Consiste en que los padres no son capaces de diferenciar sus necesidades de las de sus hijas, por lo que, ante la necesidad de sentirse exitosos y la obsesión por entrar en los medios, empujan a sus hijas a tener cierta apariencia y comportamiento».
Es entonces –advierte la autora– cuando tenemos que estar alertas porque esta forma de maltrato infantil trae consecuencias negativas en el desarrollo sicoafectivo de los menores.
No debería el fenómeno parecernos distante, en un mundo donde las tecnologías de la información y los medios de comunicación nos acercan, globalizan modas y tendencias, y marcan los comportamientos y la vida de millones de personas. Cuba no está ajena a esta influencia.
De ahí lo prudente de «valorar este problema, que provoca daños más graves que el usar mucho maquillaje con poca edad para una foto o un certamen de belleza, pues se trata de la construcción de la identidad femenina. Como esas menores aprenden a valorarse en base al atractivo y deseo que despierten, es normal que un número cada vez más creciente de niñas y jóvenes a las que se les está despojando de su inocencia aprendan a valorar más lo sexy que lo dulce. Defendamos pues la inocencia infantil evitando el desarrollo de este mal a nuestro alrededor», alerta la especialista.
La reflexión es más que válida. La disminución de la autonomía personal y la quema de etapas vitales para niños y niñas, es uno de los lastimosos resultados de la vida centrada en la mirada del otro; y la separación entre la conducta sexual y la afectiva puede plantear en el futuro problemas relacionales.
Ello, además de trastornos de la alimentación, baja autoestima y depresión.
No se trata de negar que la sexualidad es libertad, y como tal es también necesaria una información sexual adecuada para los más jóvenes. De igual modo, no es para nada fuera de lugar que la adolescencia exprese un pulso reivindicativo en las formas de vestir, además de ser una etapa en la cual se producen cambios físicos, cobra importancia la propia imagen y es lógico gustarse y querer gustar. Pero ello no es sexualización.
De lo que hablamos, y merece la atención de la sociedad es de ese enfoque instrumental de la persona, mediante la percepción de la misma como objeto sexual, y donde quedan al margen su dignidad y sus aspectos personales.
Hablamos de ese fenómeno que trae consecuencias negativas para el funcionamiento cognitivo, la salud física y mental, la sexualidad y las actitudes y creencias; y que para nada ayuda a desarrollar en niñas y niños la capacidad para vivir una sexualidad sana.
El eminente sociólogo brasileño Jose de Souza Silva, se pregunta si lo correcto es cambiar a la gente para que cambien las cosas o cambiar las cosas para que cambien la gente. Sabemos que las dicotomías casi siempre nos hacen caer en una trampa que lleva al reduccionismo; pero no cabe duda que nos obligan a pensar en la importancia, las peculiaridades y las interrelaciones de cada componente del sistema.
No pretenderé dar una mini clase sobre el cambio, sus etapas, sus barreras,…
Sobre esto hay mucho ya escrito. No obstante escribiré lo conceptualmente indispensable para estar en sintonía filosófica con el análisis de la pregunta.
Cambiar las cosas: conceptuado como el cambio de políticas, lineamientos, procedimientos, reglas de juego, roles,…
Cambiar la gente: sustituir, poner a otras personas sin estar viciadas en los quehaceres anteriores para que entren en la batalla con una nueva mentalidad, desprejuiciadas, que no debe confundirse con olvidar la memoria histórica.
Podemos caer en una paradoja. El cambio lo hace la gente, pero lleva implícito un cambio intrínseco que en muchas ocasiones ni se desea ni se sabe ni se puede hacer.
Hay cambios fatales, que no quiere decir indeseables o luctuosos, y sí quiere decir inevitables, inexorables, que por mucho que lo evitemos ocurrirán, y mientras más lo intentemos alejar podemos estar convirtiéndolos en más lacerantes.
Cuando se pretende cambiar las cosas o cambiar la manera de pensar y hacer, o cambiar a la gente, se supone que se haga para mejorar, aunque no siempre el resultado sea el esperado y desgraciadamente a veces ocurra lo peor.
Cambiando las cosas
El hombre piensa como vive, por tanto si cambiamos las cosas es de esperar que la gente cambie. Ampliemos sobre esta hipótesis.
Se ha dicho que el hombre es un animal de costumbre. Por tanto el cambio de las cosas debe tener una fuerza motriz suficiente para llevar a que la persona se vea en la obligación de cambiar su comportamiento, aunque en una primera etapa lo haga en contra de su voluntad. Me estoy refiriendo a cambios humanamente aceptables, en que exista una suerte de consenso en su justeza y su necesidad. Hacer las cosas bien desde la primera vez es un objetivo loable, pero si dejamos que las cosas se hagan mal y no educamos o castigamos si fuese necesario, entonces se estará creando un camino a la chapucería, a la mediocridad.
Cuando las cosas cambian producto de caprichos del facultado a dictar esos cambios, suele producirse la confusión y la disfuncionalidad de lo nuevo que se implanta. Cuando los cambios tienen el consenso de la mayoría es más probable que se mejore y se produzcan cambios duraderos en el comportamiento de las personas y los grupos de personas.
El rol que se asigne a cada persona también es de importancia en el comportamiento. Los roles pueden cambiar por diversas razones, no siempre acorde con lo que se prefiere; pero evidentemente cada rol tiene implícita una cuota de compromiso, responsabilidad, conocimiento. El cambio de roles puede llevar a cambios de actitud; por ejemplo un jefe muy exigente que al dejar de ser jefe se torna en un trabajador simple que rechaza la exigencia de sus jefes.
Cambiar a la gente
En muchas ocasiones se afirma que mientras no cambies a la gente las cosas que andan mal seguirán igual o peor. Existen situaciones en que el cambio de la gente es algo evidentemente necesario, ya sea por falta de dominio de la tarea asignada o por falta de responsabilidad, por negligencia manifiesta, por acomodamiento, entre otras causales. El problema se complica cuando estamos frente a un ser humano o varios seres humanos con conocimientos y deseos de obtener mejores resultados y no lo logran. En este caso es muy perjudicial buscar en el cambio de la gente la solución, sin analizar a fondo por qué no tienen el éxito que todos esperaban.
En el necesario cambio de la gente es importante profundizar en la correspondencia entre las características integrales de la persona y los requerimientos del cargo o la tarea asignada. En nuestra sociedad tenemos múltiples ejemplos de cuadros que han tenido buenos resultados en un tipo de cargo, y cuando lo pasamos a otro tipo de cargo fracasan. Un buen director de Empresa o un buen asesor estatal no necesariamente será un buen Ministro.
Por otra parte podemos poner al cuadro o especialista que todos consideramos más preparado para asumir un cargo y vuelve a producirse un resultado decepcionante. En este caso lo que sucede es que se limita injustificadamente la capacidad innovadora, la creatividad y los cambios en forma y contenido que esa persona quiere llevar a la práctica.
Es interesante responder a la pregunta si lo fundamental es cambiar al dirigente principal de la organización o si lo más efectivo es cambiar parcial o totalmente al equipo de dirección. No hay recetas ni debe haberlas; hay que analizar casuísticamente; el nuevo jefe debe profundizar o enterarse de las características de cada miembro del equipo para tomar las mejores decisiones.
¿Entonces cuál es la respuesta a la pregunta?
Cada cual tendrá su propia respuesta que me gustaría mucho conocer de los cubadebatientes.
Me arriesgaré a compartir anticipadamente con ustedes la mía; y así minimizar esos comentarios del tipo: “muy bien todo, pero entonces ¿qué hacer?”.
Sin traicionar el análisis sistémico del problema que entraña la pregunta, yo pienso que lo esencial radica en cambiar las cosas.
Pero cambiar las cosas siguiendo al menos los siguientes principios:
Los cambios deben producirse con una consecuente democracia participativa
Los cambios deben analizarse profundamente, valorando todo los factores y sus consecuencias y secuelas para reducir sus riesgos
Los cambios deben tener alta sintonía entre el pensar y el hacer. Cambiar en el pensar sin la acción que les de vida no vale la pena como diría mi amigo Manuel Calviño
El impacto de los cambios debe ser analizados en el tiempo prudencial acordado, para aplicar la mejora continua, para evitar las estrellas fugaces
Los cambios no deben ser jamás festinados, ni tampoco tan demorados que lleguen a la construcción del sombrero ideal cuando ya no haya cabeza en que ponerlo.
Como de costumbre tienen ustedes el derecho de opinar, de concordar, de disentir, de preguntar, de proponer; siempre aplicando la savia martiana y fidelista de: “con todos y para el bien de todos” y de “cambiar todo lo que deba ser cambiado”.
El papel del profesor de colegio o instituto siempre ha sido muy polivalente. Como uno de los responsables de la socialización del estudiante, su papel no se ha limitado a ser un mero transmisor de conocimiento, por mucho que algunos lo califiquen como tal. Especialmente en los primeros años de infantil y primaria, los docentes están muy cerca de los padres, a los que explican las necesidades, problemas y ansiedades de su hijo, ya que pasan más tiempo con él que ellos. Es una sutil labor que se da por hecha, pero que a menudo no ha sido reconocida.
Tanto es así que sigue existiendo la idea de que no se lleva a cabo, y que los currículos deberían reformarse para dar cabida a la motivación, a la inteligencia afectiva u otros aprendizajes más cercanos a lo psicológico que teóricamente no se están impartiendo. En el informe de la OCDE ‘Empoderar y capacitar a los profesores para mejorar la equidad y los resultados de todos’, dirigido por Montserrat Gomendio, secretaria de Estado de Educación entre 2012 y 2015, se recuerda en el epígrafe ‘Nuevas demandas para los profesionales de la enseñanza’ que “los sistemas educativos no solo preparan a los estudiantes para sus carreras profesionales, sino también para llevarvidas personales satisfactorias y gratificantes”.
Se trata de ayudar a los estudiantes cuando se sientan alienados o traumatizados, lo que evita que puedan explotar el máximo de su potencial
La propuesta, por lo tanto, es que los profesores “experimenten una profunda transformación” para preparar a estos alumnos con nuevas habilidades, especialmente las “horizontales y socioemocionales”, y que promuevan el trabajo en equipo, el pensamiento crítico y la resolución de problemas complejos. La OCDE, responsable del programa PISA, se ha preocupado cada vez más por la felicidad y el bienestar de los estudiantes. En la última edición de 2015, España salió bastante bien parada, por encima de la media de la OCDE y con una gran diferencia respecto a la académicamente exitosa pero emocionalmente fallida Singapur.
Estos datos positivos se debían en parte al rol de los padres, que mantienen una relación con sus vástagos más estrecha que en otros países desarrollados, pero también a otras políticas que intentan proteger la equidad del sistema educativo. Por ejemplo, la utilización de la figura del pedagogo terapeuta, un profesional especializado en Educación Especial y que apoya a los alumnos con necesidades educativas especiales. Pero el suyo es quizá un caso muy concreto que puede estar extendiéndose de forma informal, a medida que cada vez se pide más a los docentes que funcionen como asesores y consejeros.
¿Necesitas ayuda, hijo?
Durante estos meses previos a la universidad, son muchas las señales de que en las universidades americanas se está promoviendo una nueva concepción del profesor relacionada con este papel. En ‘Inside Higher Ed’, uno de los foros más importantes de la educación superior, Julie Shayne defendía la necesidad del mundo universitario de llenar ciertas carencias que ha arrastrado entre las que se encuentra ese trabajo emocional que se deja de lado en casos de acoso, inmigración o madres solteras que encuentran más dificultades en su día a día.
Se daba por hecho que dejar que los alumnos aprendiesen a vivir solos las exigencias del mundo adulto era parte esencial de la maduración
“Se trata de ayudar a los estudiantes cuando se sientan alienados, marginados o traumatizados, lo que evita que puedan explotar el máximo de su potencial”, recuerda la profesora asociada de la Universidad de Washington Julie Shayne. Ella misma explica que sus alumnos tienen las puertas abiertas si necesitan contarle algo para disponer de su apoyo y asesoramiento; un rol no tan lejano del de un psicoterapeuta o al de un trabajador social. Es un rol ligeramente diferente al de los profesores universitarios habían tenido tradicionalmente, y en el cual se daba por hecho que dejar que los alumnos aprendiesen a vivir por sí mismos las exigencias del mundo adulto era parte esencial del proceso de maduración.
El problema, recuerda la docente, es que este trabajo “extra” no aparece en ningún lugar de sus currículos. La formación de los profesores, especialmente la de los universitarios, no incluye la faceta emocional de su trabajo. Algo que, como recuerda Lindsay Bernhagen, directora del Centro para Educación Inclusiva de la Universidad de Wisconsin en un reportaje publicado en ‘Slate’, puede ser más un problema que un beneficio: “La expectativa de que los profesores participen en un trabajo emocional no pagado haciendo desocorridos prototerapeutas sin formación no ayuda a nadie, especialmente a los estudiantes que reciben esta ‘ayuda’”.
¿Es posible un tratamiento personalizado con cada uno de los alumnos? (iStock)
Son muchos, recuerda, los profesores que intentan aconsejar o ayudar a los estudiantes con problemas. Muchas veces, animados por los propios centros (privados). La mayoría de universidades españolas disponen de servicios de asesoramiento terapéutico para sus estudiantes a través de sus centros de psicología o Clínicas Universitarias, que intentan paliar los problemas de salud mental asociados con la vida en las facultades, y que afectan a un alto porcentaje de los alumnos, especialmente en el doctorado, como recordaba un estudio publicado por ‘Research Policy’. A medida que se asciende en la formación y la exigencia es mayor, desaparecen los apoyos en caso de crisis. Esta situación emergente es diferente, y obliga a que sean los profesores los que adopten un rol para el que no están preparados.
El alumno, un cliente
Esta tendencia, recuerda Bernhagen, está íntimamente relacionada con considerar a los estudiantes (de universidades privadas, pero también de publicas) como clientes a los que se les debe agasajar con servicios de los que no disponga la competencia como una ventaja competitiva. Es una manera de evitar que la masificación de las universidades haga sentir al estudiante anónimo y desvalido.
La cercanía entre el docente y el estudiante es un factor “molón” que ayuda a que los padres se decanten por un centro en lugar de otro
Está de acuerdo Deborah J. Cohan, de la Escuela de Medicina de la Universidad de San Francisco, que de nuevo en ‘Inside Higher Ed’ recuerda que “a simple vista, parece un gesto generoso que los miembros de las Facultades estén en primera línea para conocer y saludar a padres y estudiantes que se mudan a la Universidad y personificar los ideales que muchos centros están intentando comercializar”. Entre ellos, la accesibilidad, una atmósfera familiar o la sensación de que hay un bajo ratio de alumnos por profesor.
El más obvio es la cercanía entre el docente y el estudiante, un factor “molón” que ayuda a convencer a los padres a decantarse por un centro y no otro. Sin embargo, “los miembros de una Facultad no son gerentes de un hotel”, y Cohan considera que este contacto puede dañar su “liderazgo, autoridad, creatividad y credibilidad”. En su caso no se trata de ofrecer asesoramiento psicológico sino de recibir a los estudiantes el primer día de universidad, adoptando roles “familiares” más allá de la docencia que hasta hace poco no les correspondían. Como añade Bernhagen, “la mayoría de profesores universitarios se preocupan por el bienestar de sus estudiantes, pero es irresponsable que esto sea explotado por universidades que no invierten en especialistas formados, ya que ofrecer unos pocos talleres en su lugar no es suficiente”.
Lo cual abre un interesante debate sobre el rol que le espera a los profesores. Si el propio Andrea Schleicher, director del programa PISA, insiste en que el rol del docente se asemeja al de un guía, la pregunta razonable es hasta dónde debe llegar ese asesoramiento y cuál debe ser la formación específica para conseguir que este nuevo rol llegue a buen puerto. Algo que pasa también por reconocer económicamente ese esfuerzo adicional. Como revelaba otro informe de la OCDE, los profesores españoles se ‘queman’ por la escasa evolución salarial de su labor, pero también por soportar una mayor carga económica por alumno, lo que dificulta este supuesto papel “asesor” que deben desempeñar.
En una película de consumo femenino que ofrece una cadena de televisión los sábados por la tarde se plantea el tema estrella de esta época: la mujer como carne de reproducción.
La protagonista que encarna la mujer demente y asesina que gusta ahora a la industria cinematográfica estadounidense, se lanza a su carrera criminal porque quiere tener hijos. ¿Y cuál es la relación entre su deseo de maternidad y la serie de asesinatos que comete? Su imposibilidad para reproducirse deriva de haber vendido sus óvulos para un banco que los revende a las mujeres con dificultades para engendrar. A raíz de ello y tras una enfermedad nuestra protagonista queda estéril. Pero, con su aguda astucia consigue la dirección y los datos de una de las que fueron madres con sus óvulos, y allí acude a recuperar lo que en términos biológicos evidentemente son sus hijos. Las peripecias que siguen solo sirven para un tebeo machista, pero la fábula es muy ejemplar.
Evidentemente los materiales para la fabricación de un nuevo ser humano son el espermatozoo y el óvulo. En estos momentos en que la ciencia ficción se ha hecho realidad y los delirios de Paracelso se realizan cotidianamente, tenemos a las mujeres, nuevamente, como en las fábulas patriarcales, convertidas en materia reproductora.
Si todo se compra y se vende, si todo tiene precio, hasta los seres humanos que se traficaron como esclavos durante milenios, ¿por qué no aquellos trocitos del cuerpo femenino que sirven para la fabricación de nuevos esclavos? Pues sí, se venden y compran óvulos. Como si fuera pelo. Pero los óvulos no son cabellos que han de cortarse periódicamente. Es preciso someter a la mujer a manipulaciones poco saludables. Y son números clausus. Cuando alguno se estropea no se repone.
Hay ahora un comercio, que aumenta cada día, de compra y venta de esos huevos que contienen el germen de un ser humano. Y mujeres que los venden porque se hacen con algo de dinero. Lo hemos consentido, como tantos otros tráficos, sin protestar. ¡Teníamos tantos sufrimientos por los que rebelarnos! Y dejamos que las manipulaciones, experimentos y negocios con nuestra capacidad de procrear siguieran adelante, mientras todas nuestras energías se gastaban en pedir la legalización del aborto. Cuando la conseguimos nos encontramos con que había un mercado de niños por los que se pagaba dinero si los fabricábamos en nuestra propia barriga, con óvulos prestados o comprados y el feliz esperma del que financiaba el negocio. Y los hijos ya no son consuelo y esperanza de la mujer que lo fabrica en su cuerpo y lo pare con dolor, sino que les son arrebatados como un producto manufacturado más.
Una viñeta del Roto con el dibujo de una embarazada, dice: “Las gestaciones siempre han sido altruistas, menos ahora las altruistas que se cobran”.
Ciertamente el trabajo de traer hijos al mundo lo han realizado gratis las mujeres, y no precisamente por amor. Pero, a pesar de la sordidez y de la explotación que ha supuesto para las mujeres durante toda la historia parir y criar hijos, esta tarea se adornaba últimamente con la ideología del instinto y del amor materno. En los tiempos actuales en que en occidente la natalidad es mínima esa relación única entre la madre y el hijo y su cuidado y compañía es consuelo de la mujer que lo ha traído al mundo.
En la siniestra compra de la capacidad reproductora de una mujer, siempre pobre, siempre engañada, siempre víctima de un tráfico infame encontramos una forma de obtener el beneficio capitalista. Dejémonos de relatos falsos del altruismo de la amiga y de la hermana, que para nada constituyen la verdadera causa de la reclamación actual de que se legalice. No pervirtamos el superior concepto de la libertad, con el que se pretende defender que las mujeres se sometan gustosamente a las manipulaciones propias del doctor Frankenstein, porque la presión y el chantaje social a través de los medios de comunicación no se están realizando por parte de formaciones políticas y asociaciones cívicas, para que una buenísima mujer se sacrifique por su amiga, sino para instalar con toda libertad el comercio de vientres femeninos.
Y allí tenemos una de las fuentes de beneficio más nuevas que los traficantes denominan gestación subrogada porque queda más fino que vientres o úteros de alquiler.
Este tema se ha hecho estrella en simposiums, conferencias, entrevistas, programas de televisión, incluso financiado con fondos públicos en jornadas organizadas por el Consejo de la Mujer de los Ayuntamientos, como la semana pasada en Sevilla, cuyas dirigentes, que pertenecen a esas formaciones políticas nuevas de nombres insustanciales, y afines al sector homosexual que pierde el oremus por fabricar un descendiente con su propio esperma, se manifiestan descaradamente partidarias de legalizar tan infame comercio.
Y no solo esos Consejos no tienen autoridad para pronunciarse por una u otra opción, cuando tienen que ser plurales y democráticos y únicamente propiciar el debate, sino que se decantan por defender una propuesta que vulnera la legalidad española. Ciertamente la ausencia de una legislación clara y contundente que prohíba esta clase de explotación femenina y convierta en delito su práctica para quien la demanda, da lugar a las vacilaciones y bandazos de las resoluciones judiciales en nuestro país.
En España el Art. 10 de la Ley sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida señala que será nulo de pleno derecho el contrato por el que se convenga la gestación, con o sin precio, a cargo de una mujer que renuncia a la filiación materna a favor del contratante o de un tercero. Pero ante la presión que el lobby demandante está ejerciendo sobre los legisladores y jueces el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos dictó dos sentencias en las que declara que se viola el art. 8 del Convenio Europeo de los Derechos Humanos el no reconocer la relación de filiación entre los niños nacidos mediante vientre de alquiler y los progenitores que han acudido a este método reproductivo, apelando al interés superior del menor. Esto ha creado precedente para toda la Unión Europea, por lo que el Ministerio de Justicia ordenó en el mes de julio de 2014 a los Consulados españoles que efectuaran la inscripción de los niños nacidos de gestación por sustitución.
El resultado es que se está procediendo a una práctica que contraviene la ley española, aunque sea en países extranjeros pero que tiene efectos en nuestro territorio nacional, puesto que la inscripción en un consulado es igual a la que se efectúa en el Registro Civil de cualquier ciudad de nuestro país.
Apelando a ese bien superior que es el interés del menor, la industria de compra y venta de niños fabricados a la carta, aumenta y se afinca y pretende legalizarse en España, apoyada por el partido Ciudadanos y con la complicidad de sectores de otras formaciones políticas y algunas instituciones.
Si el Movimiento Feminista no utiliza todos sus recursos para oponerse eficazmente, lo que hemos avanzado en las luchas de los años precedentes para lograr el reconocimiento de la dignidad de la mujer, lo perderemos ante la avalancha de la ideología liberal que no sólo atañe a las relaciones económicas sino muy gravemente daña la categoría de ser humano de la mujer, rebajándola a la de una máquina engendradora de hijos.
Peama es la sigla con la que se abrevia el Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica de la Universidad Nacional. Aun cuando no es muy conocido entre los colombianos, porque no puede competir en publicidad ni en costos con otros, como el programa Ser Pilo Paga, presentado como la panacea de la educación universitaria (con desbordada publicidad y reconocimiento a la aparente “creatividad”), el programa Peama cumple diez años de su silenciosa y exitosa puesta en marcha.
Fue creado por el Consejo Superior Universitario para responder a la demanda de educación superior de los habitantes de los territorios fronterizos de Colombia: Amazonia, Orinoquia, San Andrés y Tumaco.
Desde que se implementó por primera vez en Arauca y hasta el día de hoy, el Peama ha tenido diversas modificaciones y ajustes en su metodología para garantizar el éxito de su funcionamiento, pero mantiene intacto su propósito de garantizar que aspectos como el lugar de procedencia, la fragmentación geográfica, la falta de recursos económicos o las falencias iniciales en el proceso de formación educativa no sean un impedimento para acceder a educación superior de calidad. Hasta el día de hoy, cerca de 3.000 jóvenes colombianos se han podido matricular en una carrera de la Universidad Nacional mediante esta estrategia.
Los jóvenes que inician su proceso de ingreso a la Universidad Nacional mediante el Peama presentan el mismo examen de admisión que el resto de los aspirantes, pero sus posibilidades de ingreso son distintas, ya que compiten por los cupos únicamente con los demás aspirantes del Peama provenientes de esa región. Desde antes de la admisión, cada aspirante selecciona la carrera y una sede principal donde quiere cursar y culminar sus estudios, es decir, elige entre las sedes que tienen sus campus ubicados en Bogotá, Medellín, Manizales y Palmira. La oferta de carreras para su escogencia es abundante y puede llegar a 70 programas de las cuatro sedes.
Luego de ser admitidos, los estudiantes del Peama reciben cursos de refuerzo en matemáticas, inglés y lectoescritura, lo que no sucede en otras instituciones.
El primer semestre formal de sus estudios comienza con la oferta de asignaturas comunes en los ciclos básicos de la mayoría de las diferentes carreras, como matemáticas o humanidades. Estos primeros cursos están a cargo de profesores de planta de la Universidad Nacional, algunos de los cuales viajan desde las sedes principales para impartir sus clases en la respectiva sede de frontera. Esta misma metodología se desarrolla hasta el cuarto semestre.
En la siguiente etapa del programa, el estudiante viaja a la sede andina y continúa sus estudios con el acompañamiento del Sistema de Bienestar Universitario, una apuesta vital para que el estudiante no fracase en su adaptación a la ciudad y a la vida universitaria.
Y en la última etapa, cuando el estudiante está culminando sus estudios, se busca que regrese a su sede de presencia nacional a desarrollar su trabajo de grado sobre temas de interés para su región. Sin duda, este último aspecto es también uno de los más importantes del programa, pues está ligado directamente con el desarrollo del conocimiento de la realidad del territorio nacional. Una tarea encomendada desde la fundación de la Universidad Nacional hace 150 años. Es así como el Peama, a diferencia de otros programas, no busca solamente el bienestar y el crecimiento individual, sino que fomenta la construcción colectiva de país y promueve la equidad social.
Pensemos en la sede de Tumaco, que desde el año 2015 ha venido ofreciendo el Peama. Desde su apertura hasta hoy, 335 jóvenes se han matriculado en la Universidad Nacional gracias a este programa, en una zona en la cual no existe otra alternativa de educación superior de calidad y que está atravesada por una fuerte conflictividad social y económica.
Me causó un gran impacto saber que 2.117 aspirantes de Tumaco y municipios cercanos del Pacífico colombiano presentaron el examen de admisión el pasado mes de septiembre y compitieron por los 200 nuevos cupos que ofreció la Universidad Nacional en el programa Peama. Si a estos se suman los aspirantes regulares y de otros programas de admisión especial, la cifra de Tumaco alcanza los 3.080 aspirantes.
Estoy convencido de que la juventud del Pacífico colombiano está ávida de educación. Si queremos conseguir una paz real, sostenible y duradera en esta región, no podemos desatender la señal de esta clara necesidad. La paz, como la educación, cuesta, pero menos que la guerra y la ignorancia.
A nivel nacional, el número de cupos para los estudiantes que ingresan a la Universidad Nacional a través del programa Peama ha venido aumentando considerablemente, pasando de 70 en 2008 a 580 en 2017. Al mismo tiempo, en las regiones de influencia de las sedes de frontera de la Universidad, este programa ha tenido una gran resonancia entre los más humildes pobladores y hemos pasado de tener 253 aspirantes en el primer año de implementación a 4.025 en el primer período de 2017.
Hay un factor relevante para el ingreso y es que, en estas zonas en las cuales las familias no pueden destinar parte de sus menguadas entradas económicas para cubrir los derechos de admisión a la Universidad Nacional, hemos establecido que los aspirantes que cumplan con las condiciones para inscribirse a través del Peama, y al mismo tiempo a otros programas de admisión especial que ofrece la Universidad para comunidades indígenas, afrocolombianas o los mejores bachilleres de municipios pobres, pueden tener la inscripción gratuita. La mayoría de los admitidos pagan durante sus estudios una matrícula de $70.000 semestrales.
La semana pasada recibí, directamente del ministro de Hacienda, la grata noticia de que el Gobierno Nacional ha destinado $2.000 millones para apoyar el Peama. Creo que finalmente empieza a tener el reconocimiento que merece este esfuerzo de la Universidad para que nuestros repilos de las fronteras tengan la oportunidad de acceder a una educación superior de calidad en la mejor universidad colombiana: la Universidad Nacional de Colombia, patrimonio de todos los colombianos.
Los jóvenes escriben en el móvil con los dos pulgares, hacen tantas faltas como los adultos y usan más emoticonos.
Tienen teléfono móvil desde los 11, los 12 años (algunos incluso antes, otros quizás algo más tarde). Lo usan, sobre todo, para estar al día de lo que se cuece en el instituto, porque hoy la actualidad de los adolescentes no corre por los pasillos o los corrillos del patio. Lo verdaderamente importante se divulga y se extiende por las redes sociales. Un estudiante de secundaria que no está en WhatsApp, en Instagram o en Snapchat es como si no existiera.
Como a las generaciones anteriores, la generación del wasap, capaz de escribir a toda velocidad con los dos dedos pulgares sobre un teclado de dimensiones minúsculas para un adulto, también tiene inquietud por saber quién es. Por eso, la investigación que el pasado 10 de junio presentaron en la Real Academia de la Lengua Española (RAE), Salma Zian y Cristina Manzanares, dos estudiantes de segundo de ESO del instituto público Juan Manuel Zafra de Barcelona, resulta tan oportuna. Y sorprendente en sus conclusiones.
Cristina y Salma han trabajado todo este curso para averiguar cuál es el lenguaje de Whatsapp (o wasap, como escriben los chavales), cómo se utilizan los emoticonos, qué abreviaturas son las más habituales, qué mensajes se contestan antes y cuáles no se responden siquiera, qué imagen proyecta cada usuario a través de la foto y del estado de su perfil… Hasta han analizado cómo y a qué velocidad escribe cada uno. El resultado es un estudio, “de más de 80 horas de trabajo”, subraya Cristina, que ha sido distinguido con el premio Es de Libro, que organiza la fundación Cedro, encargada de gestionar los derechos de autor de las obras escritas.
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