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Educación emocional en la infancia

Por: Raquel Aldana

Una adecuada gestión de las emociones permite al niño conocer por qué se siente así y reconocer que una situación concreta necesita atenciónLa infancia es el momento ideal para aprender a manejar los sentimientos y a saber cómo ponerlos en palabras.

La vida no solo nos duele a los adultos. Los niños también se estresan, se irritan y experimentan dolor. Ellos también se sienten desbordados por sus emociones y por sus pensamientos, ellos también tienen dificultades para permanecer en la estela de consecuencias emocionales de sus decisiones.

Por lo tanto, manejar las emociones no es una tarea exclusiva de los adultos, sino que es más bien la infancia el momento ideal para aprender a hacerlo. Por ello, podemos decir que la responsabilidad característica de los adultos es dar a los niños la opción de comprender y de abordar sus emociones de una manera adecuada.

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El desarrollo del lenguaje desempeña, sin duda, un importante papel en la regulación del comportamiento y de los pensamientos. Por ello, conversar y facilitar la expresión de sentimientos les ayudará a buscar y a poner las palabras adecuadas a sus experiencias emocionales. Es esencial que cada día les preguntemos cómo se han sentido, que les ayudemos a conducir sus pensamientos y a reflexionar sobre sus vivencias.
Convertir las emociones y los sentimientos en temas de conversación cotidianos.
El desarrollo del lenguaje desempeña, sin duda, un importante papel en la regulación del comportamiento y de los pensamientos. Por ello, conversar y facilitar la expresión de sentimientos les ayudará a buscar y a poner las palabras adecuadas a sus experiencias emocionales. Es esencial que cada día les preguntemos cómo se han sentido, que les ayudemos a conducir sus pensamientos y a reflexionar sobre sus vivencias.
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y que les permitan recapacitar sobre ellas. Esto potencia el proceso de maduración y hace que las estrategias de comprensión y regulación proporcionadas sean útiles, lúdicas y divertidas. El aprendizaje es mucho más significativo cuando se pone en práctica mediante el juego.
Hacer uso de libros, cuentos, juegos y vídeos que hablen de emociones
y que les permitan recapacitar sobre ellas. Esto potencia el proceso de maduración y hace que las estrategias de comprensión y regulación proporcionadas sean útiles, lúdicas y divertidas. El aprendizaje es mucho más significativo cuando se pone en práctica mediante el juego.
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ocurridos y de los sentimientos que nos embargan en estas situaciones. Los celos o la envidia son sentimientos de los que debemos hablar con los niños. El objetivo será mostrarles que no los convierten en «malos» y que, lejos de lo que pueda parecer, es habitual que niños y adultos los sintamos, por lo que lo importante es que aprendan a gestionarlos de manera adecuada y no dañina.
Es esencial que el entorno más cercano del niño promueva la costumbre de hablar de los conflictos
ocurridos y de los sentimientos que nos embargan en estas situaciones. Los celos o la envidia son sentimientos de los que debemos hablar con los niños. El objetivo será mostrarles que no los convierten en «malos» y que, lejos de lo que pueda parecer, es habitual que niños y adultos los sintamos, por lo que lo importante es que aprendan a gestionarlos de manera adecuada y no dañina.
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El enfado o la tristeza son emociones que tienen una función y negarlas o castigarlas no solo es perjudicial, sino también antinatural. ¿Cuántas veces le hemos dicho a un niño «no llores» o «no estés triste» cuando algo le apena? ¿Cuántas veces les decimos a los niños que no se enfaden cuando lo que ellos están percibiendo es una injusticia como, por ejemplo, que le han quitado un juguete? Reprimir o castigar una emoción no es la vía para ayudar a canalizarla; en esos momentos de tensión, lo que tenemos que hacer es proporcionarles un modelo adecuado de comprensión y control emocional.
Las emociones negativas no son demonios que tengamos que erradicar.
El enfado o la tristeza son emociones que tienen una función y negarlas o castigarlas no solo es perjudicial, sino también antinatural. ¿Cuántas veces le hemos dicho a un niño «no llores» o «no estés triste» cuando algo le apena? ¿Cuántas veces les decimos a los niños que no se enfaden cuando lo que ellos están percibiendo es una injusticia como, por ejemplo, que le han quitado un juguete? Reprimir o castigar una emoción no es la vía para ayudar a canalizarla; en esos momentos de tensión, lo que tenemos que hacer es proporcionarles un modelo adecuado de comprensión y control emocional.
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. Para conseguirlo, debemos saber que la conciencia sobre las emociones propias y las ajenas evoluciona a lo largo del desarrollo infantil de una manera particular en cada caso. En términos generales, podemos hablar de que a la edad de 2 a 5 años, los niños deben aprender a diferenciar y comunicar emociones básicas como la alegría, la tristeza, el enfado o el miedo. Sin embargo, en este período aún pueden fracasar a la hora de identificar la sorpresa. Será entre los 6 y los 12 años cuando los niños aprendan a analizar sus propias emociones y a ser más conscientes de las sensaciones corporales que las acompañan, lo cual contribuye a que convivan con la realidad de una manera mucho más rica y ajustada.
Ajustarnos a la edad del niño es clave para favorecer la compresión y expresión de las emociones
. Para conseguirlo, debemos saber que la conciencia sobre las emociones propias y las ajenas evoluciona a lo largo del desarrollo infantil de una manera particular en cada caso. En términos generales, podemos hablar de que a la edad de 2 a 5 años, los niños deben aprender a diferenciar y comunicar emociones básicas como la alegría, la tristeza, el enfado o el miedo. Sin embargo, en este período aún pueden fracasar a la hora de identificar la sorpresa. Será entre los 6 y los 12 años cuando los niños aprendan a analizar sus propias emociones y a ser más conscientes de las sensaciones corporales que las acompañan, lo cual contribuye a que convivan con la realidad de una manera mucho más rica y ajustada.

¿Por qué? La respuesta es sencilla. Es más fácil educar niños fuertes que ayudarles a curar las heridas de una incorrecta gestión emocional cuando son adultos. Por eso, enseñarles a utilizar herramientas para que aprendan a gestionar sus emociones debe ser una prioridad. Pensemos que la consecuencia de que esto no sea así dibuja un horizonte de niños y adultos desbordados por emociones que no se saben manejar con la habilidad y la delicadeza necesarias para un desarrollo adecuado.

El enfado y la tristeza son emociones con una función y negarlas es perjudicial y antinatural

La conciencia emocional.

Claves para desarrollar la conciencia emocional en los niños

Potenciar la conciencia emocional en edades tempranas favorece el desarrollo de la capacidad de considerar y comprender al otro, pero también de conocerse, autorregularse y formar vínculos.

Los primeros pasos

No basta con lograr que un niño sea consciente y comprenda sus emociones, sino que también está en nuestras manos propiciar que aprendan a regular y a controlar sus reacciones, tanto de manera individual como en conjunción con los demás.

Este proceso de regulación emocional es una tarea pendiente en muchos casos. Para enseñar a los niños a controlar su enfado o a hablar de la tristeza, no hay nada tan eficaz como ofrecerles un buen ejemplo. Esto tiene múltiples implicaciones y nos obliga a hacer un examen crítico de nuestros comportamientos. ¿Realmente somos un buen modelo de gestión de las emociones? ¿Creemos que lo que les decimos que hagan cuando están enfadados es lo mismo que hacemos nosotros cuando algo nos molesta? Este tipo de preguntas son una invitación a la reflexión.

Una de las asignaturas pendientes que tenemos como sociedad es enseñar a los pequeños que las emociones desagradables, como la tristeza o el enfado, no deben ser ignoradas u ocultadas. En nuestro entorno algunas veces incluso se promueve la vergüenza hacia ellas («eres un llorica»). El desarrollo de una adecuada comprensión permite al niño conocer la razón que le lleva a sentirse como lo hace y, por lo tanto, notará que la situación es trascendental y que requiere atención.

Es importante que padres, familiares cercanos y educadores sepamos cómo manejar las distintas etapas del desarrollo emocional que atraviesa cada niño. El resultado de este esfuerzo merece la pena, pues así logramos niños más tranquilos y emocionalmente equilibrados. Pensemos que construir niños felices y con más habilidades emocionales se asocia de manera significativa a la plenitud y al éxito en la vida. Esto es algo que no podemos permitirnos olvidar tanto por nosotros como por ellos.

Fuente: http://www.larioja.com/culturas/educacion-emocional-infancia-20171010005942-ntvo.html

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¿Innovación educativa con libros de texto?

Por: Jaume Martínez Bonafé

Existe ya una renovación pedagógica en algunas escuelas basada en el saber práctico de maestros y maestras que buscan liberarse de la presión de una idea de educación obsesionada por el valor de cambio, ignorando su sentido más humano, radical y emancipador.

Lo que puede llegar a ser desesperante es que siendo este un debate tan antiguo necesite todavía renglones que lo revitalicen. Porque la crítica al libro de texto escolar se corresponde con la crítica al modelo pedagógico y didáctico de la escolástica: la verdad encerrada en un texto único, que hay que aprender a reproducir con la ayuda del sacerdote/maestro. Ustedes me dirán que ahora las cosas no son así, que los libros ya no son la Enciclopedia Álvarez y que los hay hasta digitales. Ciertamente, se modificaron los formatos -siempre menos de lo que hubieran podido modificarse- pero la esencia del discurso didáctico permanece inalterable: la colonización de la vida del aula, del trabajo del docente y del discente, de las relaciones entre sujetos, por un dispositivo que regula el conjunto de tareas y concreta lo que debe ser aprendido y como debe ser aprendido.

No insistiré en lo que todos y todas sabemos, porque las investigaciones lo vienen mostrando desde hace décadas: que los libros de texto se equivocan incluso en la reproducción de su propia verdad, o sea, que reproducen errores porque quizá no han pasado la criba de una evaluación de los propios usuarios, que mantienen estereotipos sexistas, heteropatriarcales y violentos, que ignoran las culturas populares, que suspenden en sostenibilidad, reproducen el eurocentrismo y la historia oficial, se alinean de un modo acrítico con el actual modelo económico y social, y etc.etc.

Ustedes me dirán que libros hay muchos y de diferentes editoriales, y que la maestra o el maestro pueden elegir entre varias posibilidades. La última vez que manejé estos datos un profesor podía elegir entre veinte posibilidades editoriales distintas para la docencia de las Matemáticas pero las diferencias eran insignificantes desde el punto de vista del modelo didáctico. Y en cualquier caso, como también ha sido demostrado, la elección puede depender más de las estrategias y habilidades del mercado, que de la calidad didáctica de cada libro (al respecto me atrevo a recomendar el riguroso y bien fundamentado artículo que con el título “Atados al libro de texto” publica el nº 5 de El Salto del mes de septiembre.

Antes utilicé el (discutible) concepto de sacerdote/maestro: me refiero a la idea del intérprete del texto, del que ayuda a conducir el aprendizaje por los rectos y bien marcados renglones del texto. He sido maestro de enseñanza primaria en escuela pública y sé muy bien lo que me ha costado liberarme de ese papel puramente reproductor, porque en el puesto de trabajo, ni en el de entonces ni en el de ahora, había nada que reconociera que en vez de un técnico que aplica un modelo didáctico regulado por la herramienta de trabajo libro de texto, un maestro puede ser un creador de curriculum, problematizador de su propia práctica, investigador crítico de su propio saber profesional.

Pero en una época de considerable relativismo pedagógico no vengo tanto a insistir en la crítica al libro de texto sino a cuestionar la proliferación de discursos sobre la innovación educativa, en diferentes ámbitos profesionales e institucionales, que dejan intacto el conservador modelo pedagógico escolástico y el dispositivo hegemónico que lo concreta en las aulas. Ya me doy cuenta que hoy llamamos innovación educativa a cualquier incorporación tecnológica o metodologías de adecuación al discurso de la educación eficiente, al lado de esfuerzos ejemplares de comunidades educativas por poner la escuela al servicio de un proyecto social y cultural emancipador. Y puede que en el despacho de alguna llamada Dirección General de Innovación se esté llamando con la mano izquierda al cambio en la práctica profesional docente mientras con la derecha se firma la gratuidad del dispositivo que neutraliza con más eficacia cualquier intento de cambio y transformación de la escuela.

Esto no pasaría de una preocupación personal si asistiéramos a espacios de reflexión y debate público donde se diriman este tipo de cuestiones, se dote de significado crítico a conceptos depauperados por las modas pedagógicas y se discutan los modelos didácticos que se fomentan o se interfieren desde las políticas públicas de educación. Sería menos preocupante si en la formación inicial del profesorado encontráramos materias dedicadas al análisis y evaluación crítica de la que se pretende la principal herramienta de trabajo del profesor. Y sería menos preocupante todavía si el conjunto de escuelas y esforzados maestros y maestras que hoy, a pesar de las dificultades, trabajan sin libro de texto en la dirección de una educación al servicio del crecimiento integral del ser humano, fueran el espejo o la ventana en las que los responsables académicos y políticos se asoman para inspirar sus políticas y saberes de innovación. Existe ya una renovación pedagógica en algunas escuelas basada en el saber práctico de maestros y maestras que buscan liberarse de la presión de una idea de educación obsesionada por el valor de cambio, ignorando su sentido más humano, radical y emancipador. Tal como ellas me lo cuentan, a estas maestras y estas escuelas el libro de texto les molesta.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/10/09/innovacion-educativa-con-libros-de-texto/

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¡Cómo nos cuesta entender!…

Por: Carolina Vásquez Araya

Nos cuesta entender la importancia de proteger a la niñez, pero le damos alas -¡y fuertes!- a las campañas contra toda forma de educación en sexualidad y no digamos a los discursos moralistas contra cualquier intento de legalización del aborto. Y ahí están los resultados: una inmensa población infantil abandonada a su suerte desde antes de nacer, desnutrida y privada de servicios básicos, alejada de las oportunidades de educación y ¡ni qué decir! de sus posibilidades de ser felices.

Pero nos enfrascamos en la política como si ahí, en esos antros privilegiados, hubiera alguna respuesta a las demandas de este gran sector sujeto a las decisiones de los demás. Porque ser niña o niño en países como los nuestros no es para tomárselo a broma. Sin educación, sin derecho a nada y sin acceso a decisión alguna sobre su vida, esos millones de menores marginados podrían incluso morir sin haber ingresado a los registros civiles y, por tanto, sin siquiera figurar en las estadísticas. Es decir, nunca existieron.

Sin embargo ahí están, recordándonos –desde la parada del semáforo o en cualquier esquina apestosa- que nos hemos desviado a tal punto de los objetivos de desarrollo que incluso su visión nos resulta molesta. Volteamos la cara para no verlos, cerramos la ventanilla para no escucharlos y en cuanto es posible nos alejamos espantándolos del pensamiento. No hay sentimiento alguno más que la repugnancia contra la pobreza, porque “es culpa de los padres”, decimos con ese desprecio atávico del pudiente contra quien sobrevive en la miseria.

La niñez, entendámoslo de una buena vez, es responsabilidad de todos. No descarguemos nuestra ira en el niño sicario, descarguémosla contra quienes no hemos tenido los arrestos para cambiar la situación de ese infante desprotegido, abandonado y orientado hacia un destino tan cruel. Comprendamos en toda su dimensión las consecuencias de una indiferencia ciudadana capaz de olvidar que no hace mucho murieron quemadas vivas 40 niñas en una institución estatal creada para protegerlas. Los comentarios alevosos rodeando el atroz hecho abundaron tanto como los solidarios y eso jamás debió ocurrir; porque no importa cuál era el motivo de su institucionalización, el solo hecho de esa marginación revela un vacío a llenar, una obligación incumplida, una deficiencia fatal en nuestra escala de prioridades.

Entendamos bien el concepto universal de los Derechos del Niño y la Niña y repasemos esos principios tratando de extrapolarlos con la realidad actual de la niñez que nos rodea: los niños y niñas son seres humanos sujetos de derechos y deben ser capaces de desarrollarse física, mental, social, moral y espiritualmente con libertad y dignidad. Ahora intentemos, con la mente lúcida y libre de prejuicios, evaluar la dimensión de nuestros fallos como sociedad. La profunda grieta entre quienes tienen todo y quienes nada poseen y el sistema que ha hecho eso posible. Ahora analicemos cuánta población infantil hemos sacrificado en aras de los privilegios.

No existe comunidad humana capaz de presumir de desarrollo si más de la mitad de su población infantil es condenada a la ingrata suerte de vivir en condiciones de hambre y abandono como sucede en Guatemala. No podemos, por lo tanto, permitirnos el lujo de mirar hacia otro lado cuando niñas y niños son víctimas de trata, de incesto, de violación, de asesinato o ingresan a las pandillas porque éstas son su último recurso de supervivencia. No tenemos derecho a condenarlos si jamás protestamos por ellos a quienes tienen la llave de la política en sus manos. Entendamos, por fin, que en ellos reside el futuro de la nación.

No seamos ciegos y sordos a las demandas del sector más necesitado de protección: la niñez.

Fuente: https://iberoamericasocial.com/nos-cuesta-entender/

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La importancia de ser docente

Por: Pablo Gutiérrez del Álamo

El Día Mundial del Docente es una fecha para reivindicar la labor diaria de cientos de miles de docentes en miles de centros educativos. También lo es para recordar los motivos que les hacen ir cada mañana a las aulas.

“Yaiza fue la primera persona de su familia en ‘sacarse el graduado’, como ella llamaba al título de la ESO. Dos años después, me contactó para decirme que por fin se había decidido a hacer aquel ciclo de Farmacia que no empezó en su momento. Tehreem me escribe desde Londres y me dice que este año entra en la Universidad. Noor publica desde Birmingham una foto del primer vestido que ha cosido y yo la veo con 10 años, recién llegada de Pakistán, diseñando “looks para mujeres modernas” en un aula de Barcelona. Por las mañanas le enseño catalán; por las tardes, dibuja a lápiz el vestido que ahora, 5 años después, lleva puesto. Ali vive en Dinamarca por fin. Dice que me echa de menos. Yo también a él. No sospecha que conocerlo me cambió la vida. Mónica me envía por whatsapp su boletín de notas de 1º de Bachillerato. Lleva el membrete de un prestigioso colegio de la ciudad: Mención de Honor en Lengua y Literatura y 9 de media global. Claudia me cuenta por Instagram que escribe, que no para de escribir, que en mis clases empezó (guardo sus poemas) y seguirá ‘hasta que se me sequen las palabras’, y me manda un vídeo de su primer recital. Podría haber sido otra maestra, pero fui yo. Tan obvio como suena, mi vida sería otra sin cada uno de mis alumnos  y alumnas”.

Hoy es el Día Mundial de los Maestros, de las Maestras… una fecha para celebrar el tremendo trabajo que hacen. Para que los sindicatos reivindiquen una mayor consideración hacia la labor que realizan,y la mejora de las condiciones de trabajo (horas, bajas, plazas, ratios, espacios, estatuto…).

Por supuesto es el momento en que las Administraciones aseguran que no hay que olvidar nunca a los docentes, piedra angular del sistema educativo. Por no hablar del informe McKinsey y de su consabido: “La calidad del sistema educativo no puede ser mejor que la calidad de sus docentes”.

Hoy, desde El diario de la educación, queremos ser más que nada altavoz de un colectivo sobrecargado de trabajo, con una pierna siempre en el aula y la otra en la labor social. Un oficio que, según las encuestas, es de los mejor valorados por la sociedad, aunque es uno de esos que no les recomendaríamos a nuestros hijos e hijas que ejercieran.

Por qué ser maestra, maestro

Porque “me siento partícipe de la construcción de un nuevo mundo. Siempre llego a casa habiendo aprendido mucho más de lo que enseñé”. En todo el país hay más de medio millón de docentes no universitarios. Atienden a más de 8 millones de niñas, niños y adolescentes. Los instruyen, los educan, los aprecian y les ayudan a crecer, en el amplio significado de la palabra.

Hemos contactado con algunas de estas personas, de diferentes partes de la geografía: Catalunya, Castilla y León, Valencia, Madrid, Ceuta, Galicia. Lupe, Dolores, Patricia, Sotarreña, Verónica, José Antonio, Alba. Cada cual con años de experiencia diferentes, en etapas educativas distintas (desde primaria hasta la FP).

La vocación es el punto de inicio, aunque no el único para elegir la profesión. El compromiso social, más allá de la transmisión de conocimiento, más cerca de la creación de valores, del acompañamiento en el crecimiento, en la formación de la personalidad, en la capacidad de la toma de decisiones.

“Fomentar la creatividad y la imaginación, (…) forjar su carácter y proporcionarles herramientas para desenvolverse en la vida y tomar sus propias decisiones”. “Ser un eterno estudiante”.

“Educar es la mejor herramienta de transformación social”, de manera que ser docente “es tener la oportunidad de contribuir al cambio en la sociedad”. Pero también tiene que ver con cosas más terrenales, menos grandes, si se quiere. “Es una gran oportunidad de aprender de la sabiduría de los niños y las niñas; cuando se les escucha tienen mucho que decir. También es un oportunidad de bajar el ritmo frenético al que estamos acostumbrados”.

Es “notar cómo se implican más y aprenden por ellos mismos. Escapar de la rutina, no hay un día igual a otro en nuestras aulas o, al menos, así debería ser. Y, por supuesto, una dosis diaria de humor. Nuestras alumnas y alumnos nos proporcionan siempre, cada día, una razón para sonreír”.

“Mi razón particular para ser maestra es que ningún alumno o alumna crea que no es bueno. Intentar darle a cada uno las herramientas adecuadas para que aprendan. Lo que quieran, como quieran”.

Escuela Josep Carner de Badalona / Enric Catalá

No todo son unicornios

Desde luego, la de docente es una profesión que mucho tiene que ver con mejorar las condiciones de vida y de posibilidad de toda la sociedad. Es, esencialmente, una bonita profesión. Pero no todo son unicornios y buenos sentimientos. Son muchos los puntos complicados.

“Si no tienes vocación, si solo te preocupa tener un puesto y sueldo fijos; si piensas en las vacaciones, porque la formación te parece relativamente fácil o si piensas que educar es solo transmitir conocimiento y normas, no debes ser maestro”.

Las razones que empujen a alguien a las aulas deben ser más o menos fuertes porque “nadie que no haya pasado por las aulas puede entender la ingente carga de trabajo que el profesorado se echa a los hombros. Hasta que no tienes frente a ti a 70 u 80 niños y adolescentes no descubres la extenuante inversión emocional y exigencia física” que supone.

“La profesión duele. Entramos pensando que podremos contribuir a mejorar el mundo y crecemos aprendiendo que lo que desde la escuela podemos hacer es muy poco, y que además a menudo nos equivocamos”. “Una profesión en la que siempre tienes la sensación de no estar haciéndolo bien o de no cerrar las cosas: es imposible abordar todo lo que tenemos que abordar con los recursos humanos y materiales que tenemos”.

Ser docentes es estar “obligado a llevar un corsé asfixiante: currículum inabarcable y mal enfocado, burocracia excesiva, pruebas estandarizadas (…). Al final de la jornada, los problemas sistémicos persisten. De ahí nace una frustración con la que a veces es difícil convivir”. “Estoy cansada de los resultados. En primaria no deberían existir”.

Estar en las aulas todos los días es también “ver a niñas y niños en situación de vulnerabilidad y sufrimiento a los que la ignorancia, la insensibilidad y la falta de voluntad política están abandonando a su suerte”.

“Se nos culpa de todo lo malo y no se nos ‘atribuye’ nada de lo bueno. Y las instituciones y políticos no tienen ningún reparo en convertirnos en los ‘chivos expiatorios’, cuando muchas veces, la mayoría, hacen que perdamos el tiempo, la fuerza y la paciencia en temas burocráticos”.

Las niñas y los niños

Frente a las dificultades, de nuevo “el cariño de tus alumnos, el trabajo con las y los compañeros y la sensación y el compromiso de contribuir, aunque solo sea un poquito, a conseguir un mundo mejor”. “Cada paso que han dado, yo los he seguido. Cada acto de valentía, cada reto que han aceptado, yo he tenido la oportunidad de admirarlo”.

Niñas y niños se convierten, sin duda, en una de las mejores cosas que tiene ser maestra, ser maestro. “Los críos y las crías. Poder compartir un tramo de sus vidas y de las nuestras. Mirar el mundo por sus ojos. Pensar que en algún momento hemos podido echar una mano”.

Cambiar algo de las vidas de estas niñas y niños es importante, al punto que “ver que un alumno/a con dificultades o con bajas expectativas supera sus dificultades o miedos y se siente fuerte y capaz”, justifica en buena medida los esfuerzos y las dificultades que trae consigo una profesión poco considerada socialmente.

“Que una alumna o un alumno te salude por tu nombre y te dé un abrazo de manera espontánea; ver a un estudiante leyendo el libro del que has hablado o escuchando a Glenn Gould porque has hablado de tu admiración por él”.

Toca redefinir parte del papel del maestro, de la maestra. “Ahora los niños llegan hartos de mil noticias y mil visiones que hasta han recibido sin darse cuenta.Tenemos que ayudarles a organizar esa información, a seleccionar la útil, combatirla en parte y darle las herramientas necesarias para hacerla provechosa”.

¿Y qué hay de la consideración?

“La consideración social no es más que el deseo de ser visto y aclamado. Eso no me interesa”. Y aunque esta podría ser la utopía, mientras tanto, hay quienes esperan que los medios de comunicación les miren de una manera diferente, más amable y ajustada a lo que hacen a diario. O que se tengan presente, por ejemplo, “los viajes que hacemos costeados por nosotros para formarnos en tiempo libre”.

Aunque “la consideración como logro, se lo gana cada una en su entorno, con su trabajo, profesionalidad y respeto”. “La consideración social es algo que construimos cada día con nuestra forma de actuar y con la manera en que hacemos nuestro trabajo”.

Pero esto no quita para que sea necesario, dicen algunas, que las familias entiendan la importancia de la educación de sus hijas e hijos “por el bien individual y el común”. O que la sociedad vea la educación un derecho fundamental que hay que defender y “que debe tener el presupuesto necesario y leyes independientes al gobierno de turno”.

“La consideración social que me importa no es la del profesorado, sino la de niñas y niños, la de todos los niños y niñas. Me enfurece que se asuma -tácitamente, nadie se atrevería a ponerlo en palabras- que el azar de la cuna dicte aún hoy, y también en la escuela, la consideración que merecen”.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/10/05/la-importancia-de-ser-docente/

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Evaluación magisterial y sismos

Por: Lev M. Velázquez Barriga

De manera conjunta, el gobierno gederal, la Secretaría de Educación Pública y el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación decidieron posponer la evaluación del ­desempeño en Ciudad de México y otras nueve entidades de la República, si los docentes así lo solicitan. El principal motivo es que se trata de zonas afectadas por los sismos; sin embargo, aunque ciertamente lo están, existen otras explicaciones de carácter político que no deben ser desestimadas.

Cuatro de las entidades federativas en cuestión corresponden a lo que se puede nombrar como el territorio histórico de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE): Guerrero, Michoacán, Chiapas y Oaxaca; sobra decir que en este corredor geográfico se encuentra el foco rojo de la oposición a la reforma educativa, ahí la participación en los procesos evaluativos es mínima, al grado de que la autoridad ha tenido que violar la legislación para convocar en más de tres oportunidades a los maestros, para intentar obligarlos o convencerlos con prebendas y aun así la asistencia ha sido insignificante, lo demuestra la realidad sin importar las maquilladas cifras oficiales.

La lectura de esta decisión, que particularmente me parece la más engañosa, es que el régimen esté enviando señales para una tregua política de cese al fuego con los maestros disidentes, en la idea de garantizar la estabilidad de todo el proceso electoral; es decir, hasta septiembre de 2018, en los últimos meses del presente gobierno, cuando se reanudaría la evaluación con la que se define la permanencia de los trabajadores de la educación.

Tal medida, también debe ser interpretada como una táctica de aislamiento hacia la CNTE, cuyo objetivo es acordonar el foco rojo de la disidencia magisterial a la evaluación y arrancarle lo que había levantado como estandarte de lucha nacional: que la reforma es de carácter federal y afecta por igual a todos los profesores del país, independientemente de su simpatía con cualquiera de las expresiones gremiales.

Con el aislamiento se busca mediatizar las demandas de la CNTE a la solución de sus problemas regionales o particulares de cada sección sindical; además, con ello se desprotegería a los maestros que están fuera de la franja geográfica en la que se ubica la desobediencia hacia la evaluación y que no han logrado consolidar una organización fuerte para defender por medio de la movilización social su estabilidad laboral.

En el mismo sentido y de manera complementaria a la táctica política del Estado, se puede leer la intención de desarticular las oleadas magisteriales del centro del país, que por su cercanía o pertenencia a Ciudad de México, pueden desplazarse en grupos pequeños, y en ocasiones numerosos, con mayor facilidad a los puntos de concentración, o bien, de dispersión de las movilizaciones callejeras contra la reforma educativa.

Todas estas pretensiones juntas –la supuesta tregua en periodo electoral, aislamiento de la CNTE, descobijo de los sectores educativos con mínima organización, así como la desarticulación de los profesores de las regiones cercanas a Ciudad de México– conforman la estrategia para la desmovilización del magisterio. Intentan recrear el efecto mediático y político presumido por Aurelio Nuño desde el ciclo escolar anterior, cuyo mensaje es que la reforma educativa se estabiliza y en consecuencia avanza sin resistencias ni descontentos y, si acaso hubiera, están focalizados.

La estrategia gubernamental coloca a la capital del país, en el centro neurálgico de los poderes y de la política nacional, fuera del escenario para la lucha de los maestros, pero también de su posible integración en la confrontación contra todo el régimen de corrupción y despojo que está tomando cuerpo en torno de la Asamblea Ciudadana por la Reconstrucción Nacional después de los desastres provocados por los sismos y las lluvias.

Los reformadores neoliberales no hicieron más que un stop en la dimensión evaluativa de la reforma educacional, donde ya sabían que se iban a encontrar con resistencias que la ponen en riesgo; incluso, ven una oportunidad para borrar las letras en rojo que demeritan los informes oficiales. Paralelamente al aplazamiento focalizado de la evaluación, el gobierno federal se dispone a continuar con el proceso de despojo de los derechos laborales en los otros 22 estados de la República.

En la gran mayoría de las entidades, los profesores no tendrán ni esa miserable opción de posponer para el próximo ciclo escolar la guillotina de su estabilidad en el empleo. No es suficiente la suspensión temporal de la evaluación obligatoria, para que sea un verdadero momento de júbilo tiene que ser una decisión definitiva y además que se aplique para todos sin excepción geográfica; para que eso sea posible, será necesario romper con la estrategia desmovilizadora del régimen que se presenta como acto de voluntad y sensibilidad social.

Fuente del artículo:  http://www.jornada.unam.mx/2017/10/10/opinion/018a2pol

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Perú: ¿Cuál es el contexto actual de las Tecnologías de la Información en la educación? 

América del Sur/Perú/ 11.10.2017/ Fuente: gestion.pe

El sector educación en nuestro país nos hace prestar más atención a un aspecto crucial de este: la experiencia de incorporación de tecnologías ha mostrado poco efecto en la calidad de la educación. ¿Cuál es el contexto actual de las Tecnologías de la Información en la educación?

La aparición de las TICS ha supuesto un cambio rotundo en la sociedad. Con ella ha evolucionado la necesidad de un mejor manejo de estas herramientas y la necesidad de estar preparados para ejercerlas en la vida profesional y laboral. Pero, ¿qué tan preparados estamos para implementar estas nuevas herramientas en nuestro día a día? A partir de esta pregunta es que nace la necesidad de que las TICS sean incorporadas en el sector educativo, ya que la utilización de estas tecnologías a partir del aula pasará erigirse como una necesidad y como una herramienta de trabajo básica a futuro. Sin embargo, el contexto actual del sector educación en nuestro país nos hace prestar más atención a un aspecto crucial de este: la experiencia de incorporación de tecnologías ha mostrado poco efecto en la calidad de la educación. Parte de ello se explica porque la lógica de incorporación ha sido la de la “importación”, introduciendo en las escuelas dispositivos, cables y programas computacionales, sin claridad previa acerca de cuáles son los objetivos pedagógicos que se persiguen, qué estrategias son las apropiadas para alcanzarlos y, sólo entonces, con qué tecnologías podremos apoyar su logro.

De acuerdo a Carlos Monge, Director Ejecutivo de T-Box Perú, “las condiciones para el aprendizaje de tecnologías de la información en los colegios aún no son las adecuadas, pocos centros educativos han incorporado estándares, certificaciones internacionales o adaptado nuevas tendencias, por eso el desarrollo de la tecnología educativa en el Perú dista mucho de los países desarrollados y líderes en el rubro como Singapur o Finlandia”. El resultado es que las tecnologías terminan ocupando un lugar marginal en las prácticas y siguen siendo las mismas que había antes de la inversión.

La falta de evidencia sobre el efecto de las tecnologías se relaciona también con las limitaciones que tienen los propios sistemas de medición de la calidad. Otro de los impactos del uso de estas herramientas está en los contenidos curriculares, ya que permiten presentar la información de una manera muy distinta a como lo hacían los tradicionales libros y vídeos (sustituye a antiguos recursos), y aquellas personas encargadas de usar esas herramientas para la enseñanza no están lo suficientemente preparadas o capacitadas para trabajar con los alumnos. “Los docentes responsables de dictar estas materias, además de no contar con una estructura curricular y herramientas óptimas, poseen un perfil por mejorar, ya que son tecnólogos con deficiencias pedagógicas o son pedagogos con deficiencias en el uso de tecnologías. Sin embargo, esto no debe desanimarnos, pues hemos encontrado la manera de revertir esta situación en una amplia mayoría de colegios”, indica Monge.

Carlos Monge afirma que durante estos primeros meses de T-Box en nuestro país han recibido una respuesta muy positiva del mercado. Asimismo, indica que las soluciones prestadas por r T-Box incluyen capacitaciones, herramientas, materiales y asesorías integrales a los docentes, de modo que les permita alcanzar sin ningún inconveniente los objetivos de la materia, así tenga cualquiera de los perfiles antes mencionados.

En cuanto a sus proyecciones para el 2018, T-Box Perú espera tener una participación del 10% de colegios de Lima que cuentan con las condiciones para la implementación de sus programas, y para el 2019, planea empezar a tener presencia en otras regiones del país. “Si bien Lima representa un mercado importante, existen otras zonas del país con las mismas necesidades de innovación y mejoras de sus servicios, lo que coincide con la visión inclusiva de la educación que tenemos en T-Box en toda Latinoamérica”, señala Carlos Monge.
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Fuente de la reseña: https:///tecnologia/cual-contexto-actual-tecnologias-informacion-educacion-2202092

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Infraestructura y educación

Por:  Juan Manuel Ramirez M.

De nada sirve promover mayor educación e infraestructura en un país donde se roban los recursos.

Con el ambiente electoral que hay por estos días en Colombia, previo a los comicios presidenciales y legislativos, resulta inevitable analizar las propuestas de los candidatos presidenciales, en las que, dejando a un lado la agenda de la implementación del proceso de paz con las Farc y los diálogos con el Eln, la educación y la infraestructura son los dos caballitos de batalla. Muy poco de salud, algo de relaciones internacionales y generalidades en términos de economía.

De una parte, hay quienes plantean que los esfuerzos deben concentrarse en una gran reforma educativa, que les permita a nuestros jóvenes acceder a educación de calidad (tanto secundaria como técnica y universitaria), acabando con el déficit que amenaza a las universidades públicas, fortaleciendo la infraestructura de los colegios públicos, consolidando programas como ‘Ser Pilo Paga’ y destinando partidas importantes para ciencia y tecnología (en contraste con el reducido presupuesto de Colciencias). Para no ir tan lejos, hoy el 62 por ciento de los jóvenes de las zonas rurales no se matriculan en la educación media, mientras que el 1 por ciento de las matrículas universitarias que se registraron en el 2016 provienen del campo. Cifras que representan un enorme desafío.

Por otro lado, hay sectores que coinciden en priorizar esfuerzos a favor del crecimiento en infraestructura vial, aeroportuaria y de navegabilidad para hacer a Colombia más competitiva, en términos de costos para los empresarios y de eficiencia en los tiempos de desplazamiento; lo que significa, en palabras de quienes lo proponen, más impuestos y empleo. Hoy, Colombia pasó de tener 6 km en construcción de nuevas calzadas al año, a 232,8 km, en promedio. Aunque son innegables los avances en esta materia, por las condiciones geográficas y el conflicto armado, los retos son enormes.

Muy oportuno para el país encontrar una propuesta que priorice acciones de política pública para estos dos temas. Con educación, se superan las brechas en desigualdad y se generan oportunidades para que los colombianos salgan de la pobreza, y con infraestructura se consolida todo el desarrollo de largo plazo proveniente de la educación (mayor inversión, menores costos, aumento en acceso a zonas geográficas y crecimiento del turismo). Esa es una agenda que deben entender los candidatos presidenciales y, por qué no, quienes aspiren al Congreso de la República a la hora de pensar a Colombia para los próximos cuatro años.

En todo caso, nada de este modelo podrá llevarse a cabo sin una gran cruzada contra la corrupción. Muy positivo el control social que ha comenzado a realizar el país en relación con los casos desafortunados en la justicia, el Legislativo, el Gobierno y el sector privado, así como las actuaciones de las autoridades en este sentido. Esa capacidad de volverse intolerantes ante cualquier manifestación de corrupción es la base para la construcción de un nuevo país. Y aunque se necesitarán muchos años para la recuperación de la confianza en las instituciones, de nada sirve promover mayor educación e infraestructura en un país donde se roban los recursos.

 Fuente artículo: http://www.portafolio.co/opinion/juan-manuel-ramirez-m/juan-manuel-ramirez-infraestructura-y-educacion-510475
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