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Diez millones de votos por la educación

Julián De Zubiría

“Un país que destruye la escuela pública no lo hace nunca por dinero, porque falten recursos o su costo sea excesivo. Un país que desmonta la educación, las artes o las culturas, está ya gobernado por aquellos que sólo tienen algo que perder con la difusión del saber”. Esta frase, atribuida en redes a Italo Calvino, pero que en realidad es de la filósofa italiana Gabriella Giudici, evidencia que el problema de la baja calidad de la educación se genera porque fuertes intereses en el interior del Estado hacen que los recursos se desplacen a otras “prioridades”. Al fin y al cabo, la peor amenaza para gobiernos ligados a la corrupción y a las culturas mafiosas es un pueblo educado, culto y crítico. Pero si ello es así, la solución al problema también tendrá que ser política. Oppenheimer añade un nuevo elemento cuando dice que “la educación es algo demasiado importante como para dejársela a los políticos”.

Diversos países del mundo, de tiempo atrás, han conformado movimientos nacionales en defensa de la calidad. Polonia, Brasil o Chile son tan sólo un ejemplo de ello. Por el contrario, en Colombia hemos carecido de la decisión política para transformar la escuela y no contamos con movimientos civiles que actúen como interlocutores ante la política pública trazada desde el MEN. Pese a ello, muy seguramente, tenemos una oportunidad de oro para revertir esta situación con la firma de los Acuerdos de paz y la construcción de un nuevo Plan Decenal.

Después de un millón de consultas, decenas de foros regionales y especializados, y arduo trabajo de las Comisiones Académica y Gestora, estamos por culminar la redacción del Plan Decenal de Educación 2017-2026 y por conocer los grandes desafíos que se han construido en la consulta educativa más grande que hayamos tenido en el país. Mi invitación es a que discutamos estos desafíos en las urnas y a que definamos qué tendríamos que hacer desde la sociedad civil para garantizar su cumplimiento. Es por ello que desde esta columna quiero invitar al país a votar por una “octava papeleta” en marzo de 2018, mediante la cual nos comprometamos a apoyar e impulsar la transformación de la educación; algo que ya en octubre de 2011, en lo local, realizó Manizales.

La Ley General de 1994 es, hasta el momento, el mayor consenso alcanzado en la educación colombiana. Gracias a ella, establecimos que cada diez años el país construyera la política para la siguiente década. Se trataba de definir la política de Estado en materia educativa, algo que había sido imposible hasta entonces, pues habíamos contado con 119 ministros en el lapso de los últimos 100 años, para un promedio de 10 meses para cada uno de ellos, tiempo insignificante para construir política pública y aun para que el propio ministro comprendiera la naturaleza y las características del sector, las cuales, por lo general, no comprendía cuando era nombrado. Ha sido la maestría en educación más costosa en la historia nacional y la pagamos casi cien veces.

Hoy, los ministros duran más, pero, salvo este detalle, nada esencial ha cambiado: seguimos careciendo de política pública educativa. Es así como durante el mismo gobierno del presidente Santos se pueden evidenciar dos políticas por completo diferentes en materia educativa: Durante los cuatro primeros años, María Fernanda Campo enfatizó en el apoyo a las instituciones educativas con peores balances y con niños con privación socioeconómica y cultural. Para ellas se elaboró un completo programa de formación y acompañamiento in situ, conocido como PTA (Todos a Aprender).

En la educación superior se firmó un importante acuerdo con las diversas fuerzas sociales para garantizar mejoras en el derecho y la calidad. Sin embargo, para el segundo periodo, la ministra Gina Parody cambió de políticas y se dedicó a impulsar la jornada completa y a apoyar las universidades privadas de élite y a los jóvenes con mejores resultados, mediante el programa Ser Pilo Paga, que es una manera disimulada de privatizar la educación universitaria y de garantizar su derecho tan sólo al 2% de la población. Son dos enfoques educativos y políticos diametralmente opuestos frente a los problemas del derecho y de la calidad. Una vez más se ratifica que el problema es político; más exactamente, que carecemos de una política pública de largo aliento y de un movimiento ciudadano amplio que impida que se cambie de ruta al vaivén de los intereses electorales de quien ocupe el ministerio, como de manera dramática sucedió para el segundo periodo del presidente actual.

La experiencia de los dos planes decenales anteriores también nos ratifica la tesis de Giudici: fracasaron en el cumplimiento de sus fines, porque carecieron de apoyo político y de movilización social de respaldo. Debido a ello, los recursos del Estado fueron absorbidos por la guerra, y la educación, la ciencia y la investigación se quedaron sin recursos para garantizar el desarrollo humano, integral y sostenible. Los planes anteriores no fueron vinculantes y los nuevos ministros que llegaron, terminaron por desconocerlos. No podemos permitirnos volver a fracasar en esta tercera oportunidad.

La reciente firma de la paz y las movilizaciones juveniles que la acompañaron generan un nuevo escenario en la vida nacional. Ahora tenemos mejores condiciones para construir el verdadero sistema educativo articulado y descentralizado, del cual hemos carecido. Ha crecido la conciencia y la participación de la ciudadanía en los temas educativos. Sin ninguna duda, tendremos que retornar al Acuerdo por lo superior con la mira puesta en el 2034 y debemos dar cumplimiento al compromiso ético y político para cerrar las brechas con la educación rural y para adecuarla a las condiciones y necesidades del contexto. P

ara lograr estos cambios, necesitamos una profunda transformación en los lineamientos curriculares y en la formación de los maestros, de manera que el desarrollo sea el eje del proceso y no la transmisión de informaciones, como hasta ahora sigue siendo dominante.

En conjunto con los docentes de las normales y las facultades de educación, tendremos que replantear lo que actualmente estamos haciendo en materia de formación. También tendremos que consolidar el derecho a la educación, en especial, de los más pequeños y de los jóvenes. En 1994 establecimos en la ley que todo niño tendría tres años de educación inicial. Veintitrés años después, sólo garantizamos uno; todavía les debemos dos, aunque todos sabemos que esta es la inversión más rentable que conoce la historia humana. Nuevamente: No es un problema de recursos, sino de política pública.

Necesitamos un acuerdo en torno a lo fundamental en materia educativa. Lo más importante es que lo hemos logrado entre investigadores, científicos, estudiantes, académicos y docentes. Después del millón de consultas, discusiones y foros, ese acuerdo se ha plasmado en el Plan Decenal 2017-2026. Ahora necesitamos que el país entero entienda que las decisiones educativas no las puede seguir tomando exclusivamente la clase política y que debemos ser conscientes de que los padres de familia, los medios masivos de comunicación, los empresarios, los artistas, las iglesias y aun los partidos políticos también educan y también son responsables de la calidad educativa.

La educación es una responsabilidad de todos y por ello todos tenemos que participar al definir sus fines y prioridades. Sin educación de calidad no saldremos del subdesarrollo, ni ampliaremos la democracia, ni generaremos mejores condiciones para la convivencia ciudadana, ni crearemos la tecnología que necesitamos para resolver nuestros problemas. Hoy somos el producto de la educación y la cultura que recibimos ayer. Si queremos impulsar de manera sensible el desarrollo artístico, cultural, tecnológico y científico, necesariamente tendremos que jalonar un cambio cultural y replantear de manera más innovadora los modelos pedagógicos que hasta el momento han dominado la educación nacional.

La propuesta es que todos nos pronunciemos en materia educativa. Que la sociedad participe en la definición de la política pública y que los ciudadanos no sigamos siendo invitados de piedra al definirla, como hasta el momento ha sucedido. Los invito a que voten por la calidad y a que colectivamente construyamos la política de Estado en materia educativa. Para ello, la consigna es alcanzar diez millones de votos en defensa de la educación.

Pero esta propuesta no tiene ninguna viabilidad si los jóvenes no la impulsan en las calles y la asumen como propia. Su derecho a la educación ha sido amenazado por una política que privatiza a escondidas y de manera disimulada y populista. No pueden alcanzar la universidad sólo los más “pilos”, como si sólo ellos tuvieran derecho a la educación. Necesitamos que los jóvenes defiendan su sagrado derecho a estudiar, porque como resonó en todo el país en 2012: ¡La educación es un derecho, no una mercancía! La paz y la educación vuelven a convocar a la MANE en las calles. Ojalá los jóvenes escuchen su llamado.

El ex ministro de educación, Jaime Niño Díez, nos acompañó seis años atrás en la fase inicial de esta cruzada y hoy queremos reivindicar su nombre con la consigna que hicimos propia después de que se la escuchamos: ¡Si es necesario, tiene que ser posible!

Fuente del articulo: http://www.semana.com/educacion/articulo/elecciones-2018-la-importancia-de-la-educacion/523153

Fuente de la noticia: https://static.iris.net.co/semana/upload/images/2012/9/5/272305_174520_1.jp

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La patria es ahora

Ilka Oliva Corado

Cuando ganó las elecciones Otto Pérez Molina, pensé que Guatemala había tocado fondo, una sociedad que fue incapaz de enjuiciarlo por los crímenes de lesa humanidad lo estaba llevando a la presidencia, aquello fue una puñalada por la espalda a los familiares de las víctimas y una falta a la Memoria Histórica y a la dignidad, de por sí.

Nos lo tuvimos que calar hasta que a saber ni cómo la justicia empezó a resollar, una justicia vapuleada, mancillada, desaparecida, enterrada en cuanta fosa clandestina existe en la historia guatemalteca. Una mancilla con rostro de niños agonizando por hambruna, de niñas vulneradas en lo más puro de su ser, de campesinos y jornaleros explotados históricamente. De miles de migrantes que en el desarraigo de la diáspora y el sacrificio de las remesas, sueñan con el retorno a la patria que los echó.

Lo imposible sucedió en Guatemala, el genocida Pérez Molina fue presidente. Caímos hondo.

Pensé que habíamos tocado fondo pero por el contrario, el acabose fue que se rajaron a ir a por una Asamblea Nacional Constituyente (porque decir revolución ya son palabras mayores) y en nombre de Dios y el petate del muerto votaron por Jimmy Morales, que era peor que Pérez Molina, por solapar el Genocidio negándolo y el oportunismo de ultrajar una vez más a ese suelo que ha visto correr tanta sangre. Desleal a la patria, a la identidad y afín a la injusticia y a la corrupción. Un personaje dantesco ad hoc a esa parte de la sociedad fanática y manipulable, en nombre del odio y el petate del muerto.

De esa sociedad recalcitrante ya no sorprende nada, es la alfombra por donde desfilan los que hacen de la fe y la doble moral las armas más poderosas para saquear a un pueblo. Ya vimos en lo que resultó el flamante “ni corrupto ni ladrón.” Ya no se puede caer más hondo, llegamos al culo del abismo, es hora que nos saquemos las estacas, nos levantemos y nos pongamos de pie, por dignidad colectiva.  Guatemala necesita una revolución, cortar de raíz con la impunidad, con la corrupción, con el tuétano de la miseria en el país.

El momento es éste, y las revoluciones se pueden hacer de muchas maneras, pero necesitamos cambiar patrones, necesitamos indignarnos de verdad, necesitamos sentir en carne propia el oprobio que viven los más golpeados del sistema. Necesitamos dignificarnos colectivamente. Para cambiar Guatemala no es suficiente ir a gritar los sábados e ir a sonar bacinicas con chinchines dos horas frente al Congreso.

Guatemala no se cambia retuiteando y haciendo reventar las redes sociales con cuanta palabrería sale de la comodidad de estar atrás de una pantalla de computadora o teléfono celular, redes sociales a las que poca parte de la población tiene acceso. Nos convertimos campantes, en revolucionarios de redes sociales, donde no hay mayor esfuerzo que el teclear una oración o un párrafo. Compartir una fotografía o un video. En ese mundo paralelo a la realidad. Y con eso sentimos que ya pusimos nuestra dosis diaria de amor a la patria. La patria, que deambula en cada cargador de bultos, en cada huele pega, en cada niño encerrado en una cárcel porque el Estado lo abandonó.

La patria que llora en cada feminicidio, en cada árbol arrancado, en cada río envenenado. La patria que llora cuando se mutila ecosistemas en nombre de minerías y limpiezas sociales. Cuando se escupe la cultura y se le pisotea, en nombre de convenios y carencias.

Una patria a la que hemos maltratado, una patria que no merecemos. Unos por hacer y otros por solapar.

Celebrar la impunidad, celebrar la corrupción en nombre de religiones y doble moral, nos convierte en igual de corruptos. Ser revolucionarios de redes sociales, tampoco nos dignifica colectivamente. Es pura pantalla nada más. Aquí la pregunta obligatoria es, ¿14 millones de guatemaltecos se van a dejar majear por 105 diputados y una clica criminal que se cubre cada vez que puede, con el petate del muerto?

Es ahora, la patria es ahora. Guatemala se merece reverdecer.

Fuente del articulo: https://cronicasdeunainquilina.com/2017/09/13/la-patria-es-ahora/

Fuente de la imagen: https://cronicasdeunainquilina.files.wordpress.com/2017/09/21731579_1698361696841883_7674523669635408153_o.jpg?w=166&h=289

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A 30 años, la misma solidaridad con nuevos desafíos

Sergio Ferrari

Cuando se creó en Lucerna, Suiza, el Grupo de Trabajo Suiza-Colombia en 1987, Colombia vivía una coyuntura particularmente compleja condicionada por la guerra que padeció por más de medio siglo. Hoy, la novedosa aunque frágil etapa de discusión-construcción de la paz desplaza la brújula de la solidaridad en otra dirección.

De la militancia activa de los 80 a la nueva dinámica asociativa europea se percibe una diferencia significativa…Tal como lo constata dicha organización, que como toda la solidaridad internacional confronta hoy nuevas encrucijadas producto no solo de los cambios en Latinoamérica y en el denominado “sur”, sino también de las muy diferentes prácticas asociativas europeas.

Nada es igual  

“La efervescencia participativa que predominaba en los 80 en Suiza y Europa ha dado lugar hoy a un funcionamiento más estable, menos *militantista*”, afirma Stephan Suhner, actual coordinador del Grupo de Trabajo Suiza-Colombia. Suhner, Licenciado en Historia, 45 año, es miembro de la asociación desde hace 20. Recuerda que entonces “ciertos procesos de liberación en países de lo que se denominaba el Tercer Mundo despertaban mucho interés en Europa”. Eso facilitó la tarea del grupo, que se concentró en la información, en los derechos humanos y en el apoyo a organizaciones colombianas de la sociedad civil en la construcción de la paz, pero que siempre mantuvo una total independencia de todos los actores políticos y militares.

Hoy, prosigue, abunda la información; hay mucha más gente que viaja allá como turistas -y tiene un contacto directo con ese país. Al mismo tiempo, el interés de algunos sectores, en particular de los jóvenes, se desplaza a otras temáticas, como la ecología, el clima o la cultura.

Eso explica, en parte, que el “trabajo por los derechos humanos y la paz en la Colombia actual, no tenga la misma atracción que motivó hace tres décadas la militancia activa, en la calle, en los mercados, con actividades regulares de sensibilización, stands, fiestas para recaudar fondos etc.”, subraya Suhner.

Por otra parte, las ONG más grandes que tienen proyectos en el “sur” viven sus propias restricciones presupuestarias y hay menos personal para igual o más trabajo. En muchas ocasiones, se impone el nuevo *marco lógico* que predomina en el mundo de la cooperación, con informes, planillas, presupuestos y balances técnicos, sobre la reflexión de contenidos, valores y procesos. “No podemos pensar que los tiempos, métodos y prioridades de las organizaciones de base de mujeres afrodescendientes del Caribe colombiano, por ejemplo, puedan encajar automáticamente con las exigencias y expectativas definidas desde Europa”, subraya.

Recrear la utopía solidaria   

Es fundamental “volver a conceptualizar nuestra tarea y adaptarla tanto a la nueva realidad colombiana como a la actual dinámica asociativa suiza”, enfatiza Stephan Suhner al proyectarse hacia el futuro.

En particular, porque, hay muchos indicios que llegan desde Colombia que “podrían dar a entender que en la actualidad se trata más de la dejación de armas y desmilitarización de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y del ELN (Ejército de Liberación Nacional) que de resolver los grandes problemas estructurales de fondo que provocaron la guerra”. Y aunque es objetivo que Colombia está mejor, si se analiza el descenso del número de secuestros, muertos y heridos a causa del conflicto, hay temas esenciales todavía pendientes.

Entre ellos, continúa, los ataques sistemáticos a líderes sociales y defensores de derechos humanos; los paramilitares; la mala distribución de la tierra; los cultivos ilícitos y los programas de erradicación forzada; las consecuencias nefastas de la presencia de numerosas multinacionales como la Glencore, tanto para las comunidades como para el medio ambiente de las zonas donde ellas operan.

El Grupo de Trabajo junto con una decena de ONG latinoamericanas y europeas acaban de publicar el Informe Sombra de la Red de Observadores de Glencore, sobre la presencia de dicha empresa en Colombia, Argentina, Bolivia, Colombia y Perú.

El mismo establece los impactos de siete operaciones mineras de la multinacional anglo-suiza en dichos países. Con sede operativa y domicilio fiscal en el cantón helvético de Zug, es la cuarta empresa minera más grande del mundo y la primera comercializadora de materias primas a nivel global.

“Es interesante comprobar que toda la temática de las empresas suizas en Colombia concita una particular atención de sectores interesados de la sociedad civil helvética”, puntualiza Suhner indicando un eje actual a profundizar en el futuro.

Una mirada “externa”   

“Mis primeros contactos con el Grupo de Trabajo se remontan a su fundación en 1987. Desde entonces, la colaboración en el sector de Derechos Humanos fue muy positiva. El desafío común de varias de nuestras organizaciones fue el de asegurar la coherencia de la política oficial suiza de DDHH. La mayor parte de los fundadores del Grupo regresaban a Suiza luego de haber vivido en barrios populares o zonas rurales conflictivas en Colombia. Y aportaron experiencias y conocimientos esenciales”, subraya Marta Fotsch, quien durante casi 30 años fue la responsable del trabajo de Amnistía Internacional Suiza para Colombia. El gran mérito fue que desde el inicio aportaron ideas creativas y una visión crítica, y en particular una gran energía de trabajo, recuerda. Sin menospreciar el aporte del Grupo de Trabajo a todo el movimiento de solidaridad. “Muchas de sus concepciones fueron integrados por organizaciones y comités que trabajaban sobre Colombia y con otras realidades latinoamericanas”, enfatiza. “Es un gran mérito que en 30 años y con pocos recursos haya podido lograr impactos tan contundentes y haya tenido la capacidad de adaptarse a las nuevas dinámicas mundiales”, subraya.

¿Tiene perspectivas de futuro el Grupo de Trabajo? La respuesta de Marta Fotsch no admite dudas. “Más que nunca. El acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC fue firmado, hay negociaciones con el ELN… Lamentablemente por ahora no se llega a visibilizar suficientemente si se van a aplicar integralmente. Se necesita un seguimiento fuerte en el terreno. Lo que es muy importante ya que Colombia en tanto *país post-conflicto* corre el riesgo que muchas ONG y parte de la cooperación de Estados pueda retirarse”.

Sigue siendo esencial y prioritario -agrega- el acompañamiento a las organizaciones de bases y sus dirigentes, quienes por medios pacíficos reivindican sus derechos a la tierra, la defensa de los recursos naturales y del medioambiente. “Y el apoyo a los defensores de derechos humanos. Solo en el primer semestre del 2017, según Somos Defensores/Minga, se registraron 335 agresiones contra defensores de DDHH, entre los cuales 51 fueron asesinados”, concluye. Visión con la que coincide Stephan Suhner. Quien subraya que el Grupo de Trabajo se confronta a una disyuntiva vital: la redefinición de si misma o el riesgo de ser víctima de una inercia peligrosa para quien fuera en su momento referencia del movimiento de solidaridad suizo y europeo.

“Aunque es muy importante seguir existiendo, la celebración de los 30 años con una decena de actividades públicas en Lucerna y Berna, nos confronta con el futuro. Recrearnos conceptualmente es esencial para asegurar que nuestra práctica tenga el mismo sentido que cuando nacimos en los 80”, concluye.

Fuente del articulo: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=231324

Fuente de la imagen: https://www.google.co.ve/imgres?imgurl=http%3A%2F%2Fmigueldelrio.es%2Fwp-content%2Fuploads%2F2017%2F

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Un plebiscito por la paz en nuestras escuelas

Mauricio Mora Rodríguez

Una gran idea para hacer de la paz el centro de la vida escolar.

La idea no es mía, la propone el profesor Miyer Pineda, nominado al premio Compartir 2015. Un convencido del poder de la escuela como espacio de renovación social que ha emprendido una cruzada silenciosa desde su humilde escuelita en el sector rural de Duitama, Cundinamarca, para incluir en las elecciones de gobierno escolar un plebiscito acerca del fin del conflicto armado en el país.

En su blog, el profesor Pineda explica su idea: no se trata de organizar la pregunta, realizar el plebiscito y ya; la propuesta contempla previamente unos elementos pedagógicos de reflexión en torno al papel que juegan la guerra y la paz en las vidas de los estudiantes, de modo que sean capaces de calcular la inutilidad de una y de imaginar las ventajas que traería la otra.

En la concepción del proyecto subyace la idea de que la escuela está en la obligación de formar jóvenes con criterio propio, responsables en torno a las decisiones que, como próximos ciudadanos, deben saber tomar y que allí se deben propiciar espacios pedagógicos para el conocimiento, análisis y protección de la vida y los derechos humanos.

Algo que me llama mucho la atención de la propuesta es que, si bien tiene como coyuntura las negociaciones de La Habana, va mucho más allá y con eso evita la absurda confrontación entre los “amigos” y “enemigos” de la paz que se da entre la clase política actual y que reproducen con gran aspaviento los medios de comunicación.

La pregunta sería la siguiente: ¿Está de acuerdo en ordenarle a todos los políticos, y a todos los frentes de violencia que tiene nuestro país, que cesen las hostilidades y los enfrentamientos, y se sienten a dialogar hasta que logren llegar a acuerdos que nos permitan vivir en paz? 

la propuesta contempla previamente unos elementos pedagógicos de reflexión en torno al papel que juegan la guerra y la paz en las vidas de los estudiantes.

El plebiscito escolar también está en plena concordancia con la ampliación de los cargos del gobierno escolar que ha venido aumentando en los últimos años: ahora los estudiantes no escogen solamente a sus representantes de salón y grado, y su personero; también al contralor y en algunos colegios ya están eligiendo cabildantes que, en teoría, permanecen en contacto con los concejales de la ciudad.

De esta forma, un plebiscito por la paz bien planeado y ejecutado entraría también a refrescar aún más el panorama de los mecanismos de participación estudiantil siempre tan necesarios en nuestras instituciones educativas

“La escuela no sirve de nada si no intentamos llevar el saber a la calle”, asegura el profesor Pineda, y con esto lanza el reto a los profesores del país para realizar en sus colegios este plebiscito como una manera de empoderar a los estudiantes de su derecho a informarse, a reflexionar en torno a la sociedad en la que viven, a su futuro próximo como ciudadano de este país.

La invitación no se queda ahí: sería interesante que en el Ministerio de Educación analizaran este planteamiento y ojalá se decidieran a implementarlo como una muestra más de la necesidad que el país tiene de conseguir soluciones dialogadas al conflicto.

Adendo: Siento una gran alegría por los rectores y los maestros nominados al premio Compartir 2016. Se merecen ese reconocimiento por la implementación y la reflexión constante acerca de su práctica pedagógica. Profesores como ustedes son los que necesitamos para ser una mejor sociedad.

Fuente del articulo: https://compartirpalabramaestra.org/columnas/un-plebiscito-por-la-paz-en-nuestras-escuelas

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 https://compartirpalabramaestra.org/sites/default/files/styles/articulos/public/field/image/un-plebiscito-por-la-paz-en-nuestras-escuelas.jpg?itok

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¿Con qué vibra?

Por: Gloria Hurtado

El Papa Francisco vino a Colombia e hizo vibrar a muchísimas personas. ¿A todos? Claro que no. Cada quien vibra en la energía con la que sintoniza. Para algunos pudo ser un hecho totalmente plano. Nada pasó y nada produjo. Si desde el interior se resonaba en una onda de desprecio hacia su visita, lógico que se vibró en esa onda. Cada cual va a recordar aquello que mas le impactó. Pero vale la pena destacar que como todo es energía, no es el “oficio” del Papado lo que lo hace tan significativo. Es el hombre, el ser humano, que tiene una energía especial y logra que muchos se “conecten” con él y vibren con su actitud: eso es lo que impacta. No es un Papa cualquiera. Es Francisco con carisma propio. Y a pesar de la poca efectividad de cambios reales dentro de la anquilosada Iglesia, existen frases de Francisco que  permiten cuestionar conceptos. Que las expresiones se concreten y se vuelvan  estructurales no parece fácil. Aun mas, puede que ni siquiera él los vea. Homosexualidad y comprensión hacia el aborto son temas complejos no solo para la Iglesia Católica. Pero Francisco ya habló de esto.

La masa que nos compone como entes físicos, en realidad no es masa sino energía. Energía condensada que es a la vez partícula y onda. No es tan necesario entenderlo como sentirlo.  Si somos energía, vibramos con lo que nos llega “de afuera”. Por lo mismo no todos vibramos en la misma onda. No somos iguales en cuanto genes, historia, experiencia, ilusiones, fracasos o realizaciones. Nuestra “particular” energía se tiñe con nuestras propias realizaciones. He allí una de las diferencias básicas entre los seres humanos. Y mientras usted puede, por ejemplo, sentir hasta los tuétanos la música de su banda de rock preferida, para otros que no resuenan en esa onda, el acontecimiento es absolutamente neutro. Un impacto energético fuerte resuena en mas personas que sintonizan con esa vibración. Se dice que en el mundo moderno 4 acontecimientos han marcado vibración en muchos lugares: el tsunami del oriente, la muerte de Lady Di, las torres gemelas de New York y los mineros de Chile. Se logró medir (¿quién lo hizo?) la vibración energética del mundo y el impacto fue notorio.

Las interpretaciones de su visita entonces serán múltiples de acuerdo a la energía de cada quien. Personalmente creo que es muy significativo señalar que existe una necesidad de espiritualidad, que el mundo material requiere “complementos” que no se agotan en lo concreto. Ni en el consumismo, ni el lo externo. Necesidad de trascendencia, como una forma de llenar los vacíos de la existencia. Es como si muchas personas “necesitaran” creer en algo.  “La idea tradicional de Dios no está actualizada. Uno puede ser espiritual pero no religioso”, dijo Francisco.

Otros dos temas importantes. Los niños: hay que cuidarlos y escucharlos. Y la paz pero no solo la de los fusiles sino la de las palabras, los agravios, las ofensas. Aprender a escuchar o leer sin responder es un trabajo bien espiritual. Y “teso” como dirían los muchachos: no dejarse engarzar requiere mas fortaleza que debilidad. Es mas fácil la ofensa que el silencio.  Si se quiere vibraren el odio y la agresión, cada cual es libre de hacerlo. Resonamos en aquello en lo que vibramos. ¿Quiere conocerse? Mire en lo que vibra…

Fuente: http://www.revolturas.com/en/articulos

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El afán de comprender

Por: José Antonio Marina

La paradoja es que en tiempos de redes sociales e inmediatez, ni siquiera sabemos qué nos pasa. Hay que conocer las causas, metas y consecuencias del comportamiento humano.

 

El comienzo de curso se parece al inicio de un nuevo año en que ambas fechas son propicias para hacer planes. En el caso de que El Confidencial —y sus lectores— tuvieran la paciencia de aguantarme, ¿cuál sería la mejor manera de aprovechar la oportunidad que me brinda la relación con cientos de miles de lectores? He pensado que un buen objetivo sería despertar el afán por comprender. La razón es muy simple. Todos reclamamos más autonomía, más capacidad de decisión, más protagonismo en todos los niveles. Esto exige una contrapartida, que es a la vez un programa pedagógico, político y ético: hay que conocer para comprender, y hay que comprender para tomar buenas decisiones y actuar.

Espero no ofender a mis lectores recordándoles que ‘comprender’ no es excusar, sino captar el verdadero significado de las cosas, integrar los datos en modelos explicativos consistentes. Un juez puede decir al acusado: “Comprendo lo que ha hecho y por eso le mando a la cárcel”. En el caso de los comportamientos humanos, comprender significa conocer sus causas, sus metas y sus consecuencias. Las redes sociales piden que el participante apriete un botón diciendo “me gusta” o “no me gusta”. Esto es una incitación a la inmediatez del sentimiento y a la irreflexión, que se aplica también a las decisiones de voto. Debería haber otro botón previo, que bloqueara el acceso al “me gusta” o al “soy partidario” y que dijera “lo entiendo” o “no lo entiendo”.

Los ‘filtros burbuja’ son el mecanismo psicológico de los prejuicios y los fanatismos, pues registran solo la información que confirma nuestras ideas

Hace años, Ortega se preguntaba: “¿Qué nos pasa? Pues que no sabemos lo que nos pasa”. Cuando estalló la crisis financiera en Estados Unidos, Allan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal, considerado el máximo experto mundial en asuntos monetarios, dijo un alarmante: ”No entiendo lo que ha pasado”. Una parte importante de ingleses dijo lo mismo después del Brexit. Trump ha defendido el proteccionismo comercial. Eso atrajo a muchos de sus votantes. Una encuesta a nivel internacional realizada por la revista ‘The Economist’ encontró más personas a favor del proteccionismo que del libre comercio en Reino Unido, Francia, Italia, Australia, Rusia y Estados Unidos.

Falta comprensión, sobran prejuicios

Como ha comentado el economista de Stanford Thomas Sowell, “parte de la razón es que el público no tiene idea de cuánto cuesta el proteccionismo y cuán pocos beneficios netos produce”. Añade: ”Es un problema que el público no tenga conocimientos adecuados sobre economía para resistir los argumentos interesados de muchas personas en el mundo empresarial, sindical y de la agricultura, quienes quieren escapar de las consecuencias de tener que competir en el mercado con productos extranjeros”. Hace unos meses, otro economista de prestigio, Jeffrey Sachs, publicó un artículo titulado “¿Desatará el analfabetismo económico una guerra comercial?”.

Hay que conocer para comprender. (iStock)
Hay que conocer para comprender. (iStock)

Es cierto que disponemos de más información de la que podemos procesar, pero esta misma plétora está fortaleciendo viejos sistemas de autodefensa. Los ‘filtros burbuja‘, de los que ya les he hablado, son uno de ellos. Me permiten recibir solo la información que se adecúa a mis intereses. Este es el mecanismo psicológico de los prejuicios y los fanatismos: registrar solo la información que confirma las propias ideas. Por eso, con razón se piensa que pueden ser un peligro para la democracia (El-Bermawy, Mostafa. ‘Your Filter Bubble is Destroying Democracy’). Algo parecido ocurre con el llamado ‘efecto cámara de eco’ (Echo Chamber Effect), que se produce cuando la repetición de una misma noticia en un sistema reverberante acaba produciendo un sentimiento de realidad.

El problema es que la calidad de las votaciones no solo depende de sus garantías formales, sino de la comprensión que el votante tiene de lo que hará

Algunas veces, el ‘filtro burbuja’ está facilitado por una utilización ideológica de la ciencia. En economía, ha sucedido con frecuencia. También en psicología, sobre todo en la época del conductismo triunfante. La historia ha sido siempre fácil de instrumentalizar. Durante mucho tiempo fue eurocéntrica, y ahora, en vez de hacerse global, se está haciendo multicéntrica, de una manera semejante a como en España las autonomías no han hecho desaparecer el centralismo administrativo, sino que han multiplicado los centralismos: uno en cada comunidad.

En Turquía y Egipto, por ejemplo, es habitual hallar entre las élites nacionalistas una defensa de una diferencia ontológica especifica de las sociedades islámicas, con la que intentan liberarse de la dependencia intelectual de Occidente. Malasia es otro de esos muchos lugares donde ha surgido una versión de la historia mundial alternativa a la dominante, con la popularidad creciente de una historia de base religiosa. En la International Islamic University de Malasia, el Departamento de Historia y Civilización ha empezado a impartir una historia mundial islámica inspirada en el Corán y guiada por la idea de revelación.

La importancia de mirar al pasado​

En España nos enfrentamos a problemas muy serios. Alguno de ellos, como el secesionismo catalán, buscan su solución en las urnas. El problema es que la calidad de las votaciones no solo depende de sus garantías formales, sino también de la comprensión que el votante tiene de lo que va a hacer y de las consecuencias de su voto. Y, como en tantos otros asuntos, no veo que este afán por comprender se haya cuidado por ninguna de las fuerzas afectadas. Tal vez porque comprender exige un esfuerzo intelectual y una actitud emocional de imparcialidad difíciles de conseguir. El Premio Nobel Daniel Kahnemann afirma que nuestro cerebro es ‘cognitive miser’, un perezoso cognitivo. Si no lo espoleamos, se contenta con soluciones simples.

Para comprender lo que pasa en el mundo, es necesario tener una visión global. (iStock)
Para comprender lo que pasa en el mundo, es necesario tener una visión global. (iStock)

La ciudadanía tiene la impresión de que nadie sabe lo que va a suceder, que, copiando la terminología de los mercados, vivimos unas semanas de ‘volatilidad política’. No estaría de más dedicar un momento a la reflexión. ¿Pero qué nos pasa? Mi amigo Miguel Ángel Mellado recordaba en un artículo reciente un texto aparecido en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra el 7 de octubre de 1934, firmado por el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, y por el presidente del Consejo de Ministros, el líder catalán Alejandro Lerroux. Dice así: “En Cataluña, el presidente de la Generalidad, con olvido de todos los deberes que le impone su cargo, su honor y su responsabilidad, se ha permitido proclamar el Estat Catalá. Ante esta situación, el Gobierno de la República ha tomado el acuerdo de proclamar el estado de guerra en todo el país”.

Salvando todas las distancias, ¿no les produce esto una sensación de estancamiento, de ‘déjà vu’ escandaloso, de cronificación de los problemas? ¿No debíamos intentar seriamente comprender lo que ha pasado, lo que está pasando? R.G. Collingwood, un gran intelectual, escribió en su autobiografía: “La principal tarea de la filosofía del siglo XX es intentar comprender la historia del siglo XX”. Me apunto.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/educacion/2017-09-05/afan-comprender_1438358/

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Huracanes, cambio climático y devastación

Por: Ángel Guerra Cabrera

Este año ha sido pródigo en desastres naturales. Solo del 17 de agosto hasta hoy, los Estados del Caribe y Estados Unidos han sufrido el embate de los huracanes Harvey, Irma, José y Katia. El 7 de septiembre, México sentía los estragos de uno de los mayores terremotos de su historia y casi simultáneamente del ciclón Katia. El primero devastó Juchitán y todo el istmo de Tehuantepec en Oaxaca, además de golpear numerosos municipios de Chiapas, y el segundo azotó zonas de Veracruz y Tamaulipas. Suman más de 90 los fallecidos por ambos fenómenos.

La cuestión de los huracanes y cuánto está influyendo el cambio climático en su periodicidad, aumento de categoría y, por consiguiente, en su poder destructor y capacidad de amenazar la vida y bienes, es un tema de la mayor importancia para los pueblos y gobiernos del área del Caribe y el Golfo de México, incluyendo a Estados Unidos. Existe una abrumadora evidencia científica sobre la incidencia del cambio climático en la generación de fenómenos meteorológicos extremos. En los días del paso de Harvey por Estados Unidos varios reconocidos investigadores lo afirmaron categóricamente.

Es el caso de James Hansen, ex responsable de cambio climático en la NASA y con funciones semejantes en la Universidad de Columbia, quien declaró al portal Democracy Now: ”Como consecuencia de los cambios en la composición de la atmósfera, provocados fundamentalmente por la quema de combustibles fósiles, el planeta se está calentando y el nivel del mar ha comenzado a aumentar debido a que el océano se está calentando y el hielo se está derritiendo. El volumen de vapor de agua en la atmósfera está aumentando debido a que la atmósfera se está calentando y, por consiguiente, la cantidad de agua que cae durante estas tormentas es mayor debido al calentamiento global provocado por el ser humano. Las tormentas eléctricas, los tornados y las tormentas tropicales obtienen su energía de la energía que está latente en el vapor de agua. Estas tormentas son en gran medida el resultado de los efectos provocados por el ser humano”.

Por su parte, el sitio web Carbon Breef publica un elocuente mapa que refleja el estudio de la influencia del cambio climático en 144 eventos meteorológicos extremos analizados en 138 artículos científicos arbitrados https://www.carbonbrief.org/mapeo-como-el-cambio-climatico-afecta-eventos-meteorologicos-extremos-alrededor-del-mundo.

Y qué duda cabe, el capitalismo es la causa fundamental del cambio climático. Mientras persista el irracional y suicida modelo actual de producción y consumo no será posible erradicar el origen de lo que John Saxe-Fernández denomina colapso climático. No obstante, confío en que no haya que esperar al derrocamiento del capitalismo para avanzar en la lucha contra el desbarajuste del clima. Se puede lograr mucho en la educación de las personas sobre este gravísimo peligro y en organizar luchas populares que fuercen a los Estados capitalistas a adoptar medidas que reduzcan las causas y efectos del fenómeno. El hecho de que Trump represente una corriente negadora del cambio climático en el país capitalista históricamente más contaminante y derrochador, refuerza la necesidad de que la izquierda y los gobiernos revolucionarios y progresistas coloquen a la cabeza de sus agendas la lucha contra ese flagelo.

Por lo pronto, es urgente la solidaridad con los países afectados por los huracanes de esta temporada, sobre todo con los pobres o bloqueados por Estados Unidos y también con los desfavorecidos en cualquier país. Ha sido perverso el casi total silencio mediático sobre el demoledor paso de Irma por Cuba, la nación más devastada, o afectada, de una punta a otra de su territorio, por este organismo. Contrastante conque la isla, unida a Venezuela, ha iniciado acciones solidarias con los Estados más afectados del Caribe, como Antigua y Barbuda.

Cuba demostró frente a Irma la conciencia política, disciplina, organización y previsión que la singularizan. Si se observa el curso de este huracán allí, se comprende que únicamente por esos factores, la experiencia de defensa civil acumulada masivamente por los cubanos y las medidas extraordinarias de protección adoptadas, es que fue posible evitar una pérdida mayor de vidas humanas y atenuar la de bienes materiales.

Concluido el paso de Irma por la isla, de inmediato un enjambre humano, animado y supervisado por Raúl, emprendía aceleradamente las labores de recuperación, que en algunos casos, tomarán mucho tiempo.

Fuente: http://www.cubadebate.cu/opinion/2017/09/14/huracanes-cambio-climatico-y-devastacion/#.WboyYfPyi00

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