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La distribución de la riqueza no es sólo cuestión de justicia

Por: Tendencias 21

Según un estudio, depende más de la compasión, del interés personal y de la envidia.

Una nueva investigación sugiere que conseguir la igualdad social no es el principal criterio para la redistribución de la riqueza, sino que cuando compartimos nuestros bienes nos movemos más por la compasión, el interés personal y la envidia. Conociendo la importancia de estas actitudes para la gente, es posible deducir entonces su filiación política.

La redistribución de la riqueza está arraigada en la compasión, el interés personal y en la envidia más que en la búsqueda de la igualdad o de la justicia, ha descubierto un estudio de la Universidad de California en Santa Bárbara publicado en PNAS, del que informa en un comunicado.

La redistribución de la riqueza es el principal conflicto del mundo desde hace siglos. Y aunque la búsqueda de la justicia y de la igualdad social parece explicar por qué la gente distribuye o comparte su riqueza, o pretende que sus gobiernos la apliquen, esta investigación ha determinado que en realidad no es así. Hay algo más.

Entender las ventajas económicas y políticas de la redistribución no es algo natural,  según este estudio, aunque los seres humanos hemos aprendido a lo largo de la historia a relacionarnos con los demás para lo mejor y para lo peor. Este proceso ha construido sistemas de neuronas que nos motivan a actuar eficazmente en las situaciones que nos conducen a dar, a tomar y a compartir.

La evolución del espíritu humano ha puesto en evidencia la complejidad de la política pública y de la redistribución de la riqueza que los gobiernos vienen intentando, sobre todo, a partir del siglo XIX. Se percibe por lo general como típico de determinados personajes.

En la concepción social actual, existe el Yo, el Otro  en una situación peor que la mía, y el Otro que está en una condición más ventajosa que la mía. Para comprender la lógica que está detrás del apoyo o de la oposición a la distribución de la riqueza, estos investigadores se han concentrado en tres posibles motivos o causas: la compasión, el interés personal y la envidia.

La compasión

Nuestros antepasados vivían en un mundo sin seguridad social, pero han compensado estos déficits a través de la ayuda mutua: cuando alguien tenía hambre, su vecino compartía la comida y pasaba al revés cuando la situación se invertía, explican los investigadores.

Esta dinámica evolutiva creó una motivación espontánea por ayudar a los que lo necesitan. La compasión es la emoción que anima a esta ayuda basada en la necesidad del otro. Pero al mismo tiempo, las personas tienen en cuenta también su propio bienestar y el de su familia.

De esta forma, un motivo concurrente es el interés personal. Las personas, cuando han ayudado a los demás sin tener en cuenta sus propios intereses y los de su familia, han sido seleccionadas a lo largo de la evolución.

Este interés propio puede limitar el alcance de la compasión y aumentar el apetito de uno por lo que otros tienen. De esta forma descubrimos que el tercer motivo oculto detrás de la distribución de le riqueza es la envidia, centrada en aquellos que tienen más que yo.

Nuestros ancestros tampoco tenían gente sin techo o millonarios en el Pleistoceno, pero a lo largo de la evolución actuaron con otros seres humanos que estaban desamparados. Detrás del afán por la redistribución de la riqueza, rigen hoy los mismos motivos que existían en la época de nuestros homólogos ancestrales. Esos homólogos ancestrales son el Otro peor y el Otro mejor, según los investigadores.

La percepción que tiene una persona de nuestro tiempo sobre la redistribución, sobre el hecho de que esta última sea deseable o indeseable, depende por todo ello de lo solidaria que sea, de su envidia y de lo que espera obtener de la redistribución, explica este estudio.

La redistribución viene con la compasión

Para testar esta hipótesis, los investigadores han preguntado a los participantes en el estudio si apoyaban o se oponían a la redistribución de la riqueza, y han medido al mismo tiempo su disposición hacia la compasión, la envidia y el interés personal.

De esta forma descubrieron que los que apoyan la redistribución son los que muestran más compasión, y que los que esperan beneficiarse de ella son los que se manifiestan más envidiosos.

Este mismo esquema se repitió en los cuatro países objeto del estudio: Estados Unidos, Reino Unido, India e Israel. El hecho de que los resultados sean similares en países tan diferentes puede deberse a una naturaleza humana evolucionada que es compartida por diversas culturas, según los investigadores.

Este resultado es importante porque si podemos conocer el grado de compasión, de envidia o de interés personal, o lo que una persona espera que puede ganar o perder por la compasión, entonces es posible predecir no sólo su opinión sobre la redistribución, sino también su afiliación a un partido político, ya que la afiliación política es un indicador claro de las actitudes hacia la redistribución de la riqueza, señala el estudio.

Pero si la compasión y la envidia hacen más atractiva la redistribución, estos criterios utilizan itinerarios diferentes y pueden conducir a preferencias políticas diferentes. Cuatro participantes sobre cinco declararon que durante los últimos 12 meses habían ayudado a los pobres. Según los investigadores, la compasión ha sido el motivo, no el interés personal o la envidia.

El hecho es que sólo algunos de los motivos que llevan a la gente a apoyar a un gobierno que propugna la redistribución, son los que inclinan a las personas a ayudar a los pobres. Aunque muchas veces pensamos que el apoyo a la redistribución es la misma cosa que querer ayudar a los pobres, no es verdad.

La envidia, sin embargo, funciona de otra manera. Y puede estudiarse la elección que provoca la envidia. Si los impuestos sobre los ricos aumentan por encima de determinado nivel, entonces los ingresos de los gobiernos empiezan a disminuir porque hay menos incentivos a la inversión y la productividad, decae la actividad económica y sube el paro.

Tomando como base esta idea suficientemente extendida, los investigadores preguntaron a los participantes si preferían reducir los impuestos a los ricos y generar mayores ingresos públicos para ayudar a los pobres, o si preferían subir los impuestos a los ricos y disponer así de menores ingresos para los pobres.

Un participante sobre seis prefiere esta última opción. Esta voluntad de penalizar a los pobres para gravar a los ricos sólo puede explicarse por la envidia de los participantes, según los investigadores.

Por último, está el tema de la justicia. Generalmente se piensa que la gente se pronuncia por la redistribución porque le atrae la igualdad social. Introducido este tema en la investigación, los resultados mostraron que la igualdad no explica sus actitudes sobre la distribución. Sin embargo, la compasión, la envidia y el interés personal, sí.

Referencia
Support for redistribution is shaped by compassion, envy, and self-interest, but not a taste for fairness. Proc Natl Acad Sci USA. July 2017:201703801. doi: 10.1073/pnas.1703801114
Fuente: http://www.tendencias21.net/La-distribucion-de-la-riqueza-no-es-solo-cuestion-de-justicia_a44082.html
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La educación es formación de la conciencia ética

Por: Hervi Lara B.

“El poeta cara a cara con la luna

fuma su margarita emocionante

bebe su dosis de palabras ajenas

vuela con sus pinceles de rocío

rasca su violincito pederasta.

Hasta que se destroza los hocicos

en el áspero muro de un cuartel”.

(Roque DaltonAmérica Latina).

1.- Dice Friedrich von Hayek  que “fue la evolución de la propiedad, de los contratos, de la libertad  con respecto a lo que pertenece a cada uno, lo que se transformó en lo que yo llamo civilización”, porque “gradualmente, se fue reconociendo como derecho que cada individuo tiene sus dominios privados que puede usar para alcanzar sus propios propósitos”.  Es por ello, agrega, que “en relación al altruismo y la solidaridad estamos obligados a olvidarlos para dar paso al desarrollo de la civilización”.  Porque “todo lo  que podemos llamar individualismo es abandonar a la obligación de compartir”.  (“Los fundamentos éticos de una sociedad libre”, en “Estudios Públicos” Nº 3, junio de l981, pág. 69).

Inicio esta conversación sobre educación y derechos humanos con esta cita, porque es ésta la filosofía subyacente en nuestra cultura y en el sistema educacional.  No se puede hablar de educación y de derechos humanos sin considerar el contexto histórico y cultural en el que nos desenvolvemos.  Y para que no nos demos cuenta de lo erróneo de lo que hacemos como educadores, nos encadenan con técnicas pedagógicas en el interior de la sala de clases, como si las aulas escolares no estuvieran en este mundo.

Lo ratifica José Ortega y Gasset, al afirmar que “la escuela, como institución normal de un país, depende mucho más del aire en que íntegramente flota, que del aire pedagógico, artificialmente producido dentro de sus muros”.

2.- La educación es formación de la conciencia ética es el título de la exposición. El título es la noción más precisa de educación.  Al hablar de educación y de ética, se concluye que la educación es ética, es decir, es reflexión filosófica, esto es, racional, sobre la búsquedadel bien.  El bien es universal.  Luego, se infiere que si la educación es formación de conciencia ética, porque cada acto  se proyecta en los otros, se debe partir del supuesto de que el hombre es un ser social.  Es nuestro supuesto como educadores cristianos.  Pero la  noción de hombre dominante es la de individuo que compite con los demás por la propiedad en medio del mercado.

 Nosotros concebimos a la educación como conciencia ética  y, en consecuencia, es educación de DDHH.

Estamos nadando contra la corriente.

3.- Educación es conciencia, porque es necesario darnos cuenta de los acontecimientos históricos, de su genealogía, de su proyección y de su significado.

Es ética, porque es una reflexión filosófica sobre el proceso formativo, discerniendo respecto de su bondad o maldad.  Más directamente: si humaniza o deshumaniza.

 Si humaniza, la educación se implica con los DDHH porque estos son valores básicos de una sociedad democrática, esto es, de una sociedad impregnada de igualdad y de participación.

4.-  Se atribuye a Sócrates el origen de la ética.  Para él, el bien es el conocimiento.  El mal es la ignorancia.  Para hacer el bien, es necesario conocer.  Allí está la misión del educador: estimular al discípulo hasta que reconozca la ignorancia y saque a la luz la verdad que se encuentra en la interioridad de cada persona.  Por tanto, el medio para alcanzar la verdad, lo que es y no lo que aparenta ser, es la educación.   Esto es formación de la conciencia y no una instrumentalización de las personas.

5.- Platón afirma que el bien está en la esencia, en la Idea.  El mal está en lo sensible.  La Idea o esencia o alma o razón o espíritu, esto es, lo no sensible, lo que no es cuantificable, lo que no se debe tratar como objeto, lo gratuito, lo que no tiene valor mercantil, es el bien.  Luego, la educación como objeto de mercado no es educación.  El lucro en la educación no debe tener cabida.

6.- Aristóteles dice que el bien es la felicidad, es decir, aquello a lo que tiende todo hombre.  La felicidad es pensar bien y actuar bien.  Como el bien es de los hombres y los hombres son seres sociales, el bien se manifiesta en la economía, la política y el derecho.

 Los pensadores clásicos nos ayudan a discernir sobre la realidad contemporánea.

7.- El concepto de hombre como ser social se rompió en la modernidad.   Entonces surgió la idea de individuo, desde el Yo pienso de Descartes, extendiéndose con el calvinismo y la idea de predestinación.

De allí nace el capitalismo, la ciencia positiva, la idea de progreso, la industrialización, el sistema financiero,  hasta la actual   globalización.

Es lo que han difundido von Hayek, Milton Friedman y que la Facultad de Economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile  ha impuesto como dogma de fe en detrimento y contraposición de la fe cristiana que dice postular.

 8.- Por esta ideología, en todos los países de América Latina los profesores hemos sido implacablemente perseguidos por ser considerados “elementos subversivos”.  Miles de entre nosotros han sido encarcelados, torturados, relegados, exiliados, vejados, vigilados, violados, ejecutados, degollados, hechos desaparecer.  Ayotzinapa es uno de los ejemplos del último período.  Las oligarquías se han esmerado en ello y sus lacayos no han omitido momento alguno para tratarnos como inferiores, para denostarnos, humillarnos, criticarnos, burlarse públicamente de la situación opresiva que padecemos, culpándonos del bajo nivel escolar.

9.- No se toma en cuenta que los organismos internacionales han destinado a la educación como la principal reproductora de la desigualdad.  Para ello, nos han obligado a abandonar la reflexión filosófica cambiándola por un modelo economicista bajo el rótulo de despolitización, “encastillándonos” en la sala de clases, al margen de la creación de cultura y de la historia, lo que es acompañado por una proliferación de cursos de especializaciones técnicas, innumerables asesorías pedagógicas descontextualizadas y de la permanente amenaza de cesantía y de tratos arbitrarios.

De esto son cómplices y autores materiales los expertos, los especialistas, los académicos, los burócratas, los consultores, los asesores, los investigadores.  Son cómplices de la intencionada destrucción de la educación pública, que conlleva la pérdida de sentido de la vida de las presentes y futuras generaciones.

Así se ha impuesto la globalización: rompiendo la  ética.

10.- Con la globalización neoliberal se produce una ruptura del éthos de la sociedad occidental y hoy también de la sociedad mundial.  No hay ética.  No hay conciencia ética en nuestra cultura.  Por tanto, no hay educación y tampoco hay DDHH.

Estamos creyendo que educamos en mundo que  en realidad ya no existe.

11.- La violencia, el terrorismo, la criminalidad, la droga, la corrupción, no son los problemas de fondo, sino sólo indicadores de un problema más radical y más profundo: la ruptura del éthos, de la conciencia ética que posibilita la convivencia social.

Las respuestas del sistema  son más cárceles, más leyes represivas, más policías y militares en las calles.  Por eso los discursos de las iglesias y de los educadores no tienen efecto: porque no se dirigen a las raíces de los problemas.

 12.- Las sociedades más afectadas con la crisis ética son las que han adoptado con mayor entusiasmo el modelo de sociedad de USA y del Primer Mundo.    El llamado “crecimiento económico”, las modernizaciones, los ajustes, no solucionan el problema sino que lo acrecientan.

La concentración de la riqueza ha subordinado a la política, lo que ha conducido a una democracia sin contenido.  Se ha impuesto la prioridad absoluta de lo económico y de un único sistema de economía y de convivencia, que es un sistema basado en la violencia.

Así se ha envilecido la cultura.

13.- Como el individuo ha sido puesto por encima de  la persona, del hombre como ser social,  las élites y sus satélites carecen de solidaridad.  Se encierran en sí mismos.  Emerge así una sociedad dividida en la que no hay contacto entre la clase superior y la clase inferior.  Hay exceso de información,   pero no hay comunicación.

 La asociación, el sindicato, la lucha de clases, que eran formas de unión social,  ya no son posibles porque el trabajador no sabe quién dirige, quién manda, no sabe cómo funciona la sociedad en la que está físicamente, pero a la que mental y espiritualmente no está integrado.

14.- Aunque débilmente, la integración social la daba la educación pública, que transmitía valores como la nación y el trabajo.  La nación y el trabajo eran valores comunes.  El trabajo era fuente de dignidad.  Pero la globalización ha roto el espíritu de la nación y del trabajo, porque ha globalizado sólo a las élites.  Las grandes masas, las mayorías, han quedado marginadas.

15,- Las élites del mundo entero se contactan entre sí, pero no se contactan con sus propios pueblos.  Viven en los alrededores de las ciudades en paraísos artificiales que abandonan para viajar a los paraísos turísticos o a los paraísos fiscales que son el símbolo de la ruptura de la solidaridad.  No pagan impuestos.  Quieren un Estado débil que sólo les garantice privilegios y que reprima el desorden.  No se interesan por la educación pública, ni la salud, ni la vivienda, ni la previsión.

No tienen idea de cómo viven sus propios pueblos.

 16.- Los pueblos están excluidos, rechazados, marginados, envilecidos, sin solidaridad hacia nada ni de nadie.

El trabajo era un medio de socialización.  En la globalización (o sociedad del conocimiento) no existe estabilidad del trabajo ni identidad profesional.  El trabajo es sólo mercancía.  Ha perdido su dignidad.  Por tanto, en los lugares de trabajo no se generan formas de solidaridad.  Ya no hay derechos sindicales.  Y al no haber dignidad del trabajador, los jóvenes quedan sin referencia de valores.

17.- Hoy no existe éthos cultural.  Este estaba en el inconsciente de la sociedad, constituyendo el alma de la cultura, el fondo desde donde proceden las normas y los valores, los cuales se transmiten por el testimonio, a través de símbolos, mitos, sabiduría popular.

Es la base de la ética.  Una ética sólo racional, sin transmisión testimonial, no penetra en la vida, ni en los actos, ni en los comportamientos.  Estos hoy obedecen al mercado.  Luego, los comportamientos ya no son éticos, sino que obedecen al mercado: hago no lo que debo hacer, sino lo que me conviene.

 18.- La educación concebida como formación de la conciencia ética, tiene como fin la transmisión del éthos cultural, del espíritu del pueblo.

La educación pública era preparación para realizar un trabajo, para realizarlo como ciudadano de una sociedad democrática.

Pero en la era de la globalización neoliberal ya no hay éthos cultural, no hay ética, no hay espíritu.  Por tanto, no hay educación.

La familia no educa porque los padres no saben qué transmitir a los hijos.  Los abandonan a si mismos.  Les dan cosas e instrucción, pero no valores.

 19.-  Las escuelas son centros de preparación para el mercado.  Pero todos los niños y jóvenes de clase baja saben desde el comienzo que en esa competencia   son “perdedores”.  La educación de hoy es para los que van a vencer en el mercado del trabajo.  Para la mayoría es inútil lo que la escuela enseña.  No se otorga preparación para la vida que verdaderamente se tendrá que vivir.

Se ha logrado así el objetivo de la despolitización y uno de sus principales medios han  sido  las pruebas internacionales estandarizadas. En consecuencia, hoy no hay educación y menos aún  hay educación pública.

20.- El Estado ha dejado a la educación pública en decadencia porque no le ve sentido.  Los técnicos que las empresas requieran son preparados por instituciones privadas más integradas al mercado. El único conocimiento que se valora es el conocimiento en torno al mercado.  Toda la información que transmiten los medios se refiere al mercado, para seleccionar y orientar la producción y dar a los capitales mejores rendimientos.

La tecnología y  la ciencia benefician a los que las aprovechan económicamente, haciendo de ellas nuevas mercancías.

 No se transmiten valores éticos, porque estos perturban el juego del mercado.

21.- Para los estudiantes, más importantes que los mensajes de la escuela son los que difunde la TV.  La TV difunde la forma de vida de la clase alta.  El éthos  de la clase alta es el narcisismo: el individuo no se refiere a sí mismo, sino a la imagen que proyecta.  De ahí la necesidad de consumir para existir.

22.- Los Estados no pueden desarrollar la educación pública ni respetar los derechos humanos mientras los gobiernos están asociados a The Goldman Sanchs Group, acusado del fraude de las hipotecas subprime y de ser parte del origen de la crisis financiera griega al haber ocultado cifras del déficit público.  Y  J.P.Morgan, acusado de prácticas delictivas en su gestión de bonos hipotecarios durante la crisis subprime de 2008 al no informar a los organismos controladores de sus prácticas.  O el HSBC Securities, una de las primeras empresas financieras del mundo y que en 2012 un informe del Subcomité Permanente de Investigaciones del Senado de USA reveló que durante años el HSBC había lavado dinero de los cárteles mexicanos y de otras organizaciones criminales, cuestiones que se vio obligado a reconocer.

23.- ¿Qué hacer para reconstituir una ética enraizada en un nuevo éthos cultural?

 Las iglesias no convencen con sus discursos moralizantes y anacrónicos.  La Iglesia Católica está asociada a la clase alta, está “inculturada” a esa clase  exceptuando a sectores muy reducidos que no tienen mayor ingerencia en las decisiones ni en las líneas pastorales.

La solidaridad la han confinado a obras asistenciales a las que la clase alta otorga ayuda para corregir los defectos que creen ser transitorios del sistema económico, el cual “chorreará” a todos.  Piensan que el Estado es el problema.  Por su parte, el Estado está presionado por el FMI, el BM, la OMC, los TLC y las transnacionales.  Se denuncia la corrupción de las instituciones del Estado, pero  nunca la corrupción de las empresas privadas.

24.-  Sin embargo, el Estado fue el creador de la economía, del trabajo, de los servicios sociales.  Fue el principal agente de la educación y  no se le puede reemplazar en relación a la posibilidad de un nuevo éthos cultural para difundir y universalizar valores.

Hoy el Estado es débil, por lo que debe apoyarse en la organización de los movimientos populares.

25.- ¿Cómo recrear la educación enraizada en los derechos humanos?

Es a lo que insta el Papa Francisco en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares (27-29 de octubre de 2014) al decir que “los pobres no sólo padecen la injusticia, sino que también luchan contra ellas.  No se contentan con promesas ilusorias, excusas o coartadas.  Tampoco están esperando de brazos cruzados la ayuda de ONGs, planes asistenciales o soluciones que nunca llegan o, si llegan, llegan de tal manera que van en una dirección o de anestesiar o de domesticar”. La solidaridad “es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos.  También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales.  Es enfrentar los destructores efectos del imperio del dinero: los desplazamientos forzados, la emigraciones dolorosas, la trata de persona, la droga, la guerra, la violencia y todas esas realidades que muchos de Uds. sufren y que todos estamos llamados a transformar.  La solidaridad, entendida en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia y eso es lo que hacen los  movimientos populares”.  Y agrega: “No se puede abordar el escándalo de la pobreza promoviendo estrategias de contención que únicamente tranquilicen y conviertan a los pobres en seres domesticados e inofensivos.  Qué triste ver cuando detrás de supuestas obras altruistas, se reduce al otro a la pasividad, se lo niega o peor, se esconden negocios y ambiciones personales”.  Y continúa instando a las organizaciones populares a luchar contra el desempleo, el trabajo informal y la falta de derechos laborales, frutos de un sistema económico que descarta niños, ancianos y jóvenes, por lo que “es necesario crear una cultura del encuentro, síntesis entre lo local y lo global, porque la lucha de los movimientos populares nos hace bien a todos”.

26.- Siguiendo este razonamiento, el profesor (a diferencia del tecnócrata) tiene conciencia del significado político de su profesión.  Frente a la sociedad, promueve la cultura.  Frente a la persona, construye en sí cultura.

Esto lo hace promoviendo utopías, sentido de la vida, humanizando, integrando, cohesionando al pueblo al que pertenece.

Dice Santo Tomás que, para educar a los jóvenes, “tres cosas debe hacer el maestro: ordenar rectamente hacia el fin, a lo que se llama dirigir; emplear toda cautela para que no se extravíe, lo cual tiene por nombre regir: reducirlo al recto camino si se hubiera apartado de él, a lo cual se llama corregir”.

27.- La intencionalidad es en la conciencia del profesor, adquirida por la razón y la experiencia, lo que da paso a la sabiduría.  La sabiduría permite discernir entre las posibilidades hacia el  educando y que dependen del profesor: ascender a la plenitud de la humanización o descender a la nihilidad o el sin sentido.

La educación tiene como fin  la humanización, la dignidad humana, a través del diálogo con el mundo.  Ello desemboca en  la libertad, esto es, “cuando se descoloniza la mente del oprimido de la presencia del opresor”.  (Freire-Frei Betto, “Esa escuela llama vida”).

La preocupación prioritaria de los cristianos y, en particular, de los educadores cristianos, debe ser la restauración de la educación pública, porque es la única que puede alcanzar a la gran masa de los pobres e impedir la intensificación de la degradación de las nuevas generaciones populares que están en situaciones sin salida, sin refugio, sin socialización, sin dignidad.

28.- El porvenir está en los movimientos y organizaciones voluntarias, abiertos a todos, dominados por una preocupación ética, capaces de liberarse de las estructuras económicas imperantes.

Ello implica una visión crítica del mundo actual y de la economía de mercado.  La gran masa no tiene capacidad de darse cuenta de lo que está sucediendo.

Hay que suprimir las fronteras al interior de las sociedades para que las élites vean lo que pasa en el infierno que dejaron formarse al lado de sus paraísos.

Hay que seguir la dinámica de los trabajos voluntarios, de campañas de alfabetización, de Médicos sin Fronteras, del Movimiento por el Cierre de la Escuela de las Américas, de las radios y TV comunitarias, etc.

 29.- El valor fundamental de una nueva ética es la relación humana: ser capaz de relacionarse, de comunicarse personalmente, de crear convivencia.

No es la comunicación de la red de medios tecnológicos, porque esa es la comunicación del mercado.  Esa despersonaliza.  Lo que vale es la comunicación personal y que posibilita la socialización, la organización para una vida en comunidad.  Porque la globalización sólo permite la competencia y la lucha de todos contra todos.  Hoy triunfa sólo el que actúa sin ética.

30.- Sólo las organizaciones sociales democráticas, el pueblo organizado, informado, educado y unido pueden transformar el sistema imperante.

En la organización social y política está la tarea de la educación en derechos humanos.

Debemos exigir una reforma universitaria que reivindique la misión de la universidad como centro de creatividad y de irradiación del saber para el bien de la humanidad, lo que implica la presencia de académicos solventes intelectual y éticamente.

Crear talleres de reflexión buscando precisar la conceptualización y, a la vez, denunciar la corrupción de las instituciones de educación.

Sistematizar y difundir las experiencias inéditas, de tal manera de que toda la sociedad se entere de la labor extraordinaria y bella del profesor.

Participar de organizaciones sociales, culturales y políticas, estableciendo vínculos internacionales.

Enfatizar la formación de buenos hábitos, como educación humana básica.

Desarrollar la formación ética en el sistema escolar y a través de medios de comunicación locales.

Denunciar  la impunidad de los delitos de lesa humanidad y prevenir las violaciones de DDHH a través de la difusión del Derecho Internacional.

31.- Los DDHH los han reducido a no ser molestados por nada ni nadie, lo que  se expresa en el egoísmo. Es así como la situación actual es de barbarie.  No hay alternativa: educación en derechos humanos o barbarie.

 La gratuidad es lo único que puede restaurar la relación humana entre personas.  La gratuidad se opone a la ideología del mercado.

Pero no debemos olvidar la tarea más directa de los educadores: la educación humana básica para transmitir la responsabilidad personal.  Enseñar lo que es útil para la vida.  Y lo que es útil para la vida es saber relacionarse y pensar por sí mismo.

32.- Hay múltiples ejemplos que ratifican lo antes señalado, como el siguiente: el 1º de enero de 1994, los conceptos de dignidad, identidad y memoria rompieron el silencio de los “condenados de la tierra” a través de la aparición del movimiento zapatista.  Más tarde se gestó el Primer Encuentro Internacional por la Humanidad y contra el neoliberalismo en 1996, en Aguascalientes, en la selva Lacandona y que ha sido continuado en diversos lugares del mundo.  Porque la humanidad tiene derecho a vivir humanamente y un paso básico es que los pueblos digan su palabra, porque “para el poderoso, nuestro silencio fue su deseo.  Callando nos moríamos, sin palabra no existíamos.  Luchamos para hablar contra el olvido, contra la muerte, por la memoria y por la vida.  Luchamos por el miedo a morir la muerte del olvido. Hablando en su corazón indio, el pueblo sigue digno y con memoria”.

Fuente: http://www.elciudadano.cl/columnas/la-educacion-es-formacion-de-la-conciencia-etica/07/21/

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Por una educación sin límites

Por: Paula Alejandra Pinzón O.

La inversión de Colombia a la educación es de menos del 5 por ciento del PIB, cifra realmente alarmante para un país que se encuentra edificando un camino hacia la paz. Colombia se ha convertido en un país en el que la educación de calidad es un privilegio.

Un derecho fundamental para la vida de cualquier ser humano, ahora es un sinónimo de lucro. Esto aumenta las brechas de acceso a la educación, las cuales claramente imposibilitan que la sociedad colombiana florezca, se transforme, no solo para reproducir conocimiento, sino para ser productor de este.

Es necesario que se exija creatividad en la enseñanza, un maestro, una escuela o una universidad, no se deben condicionar únicamente a dictar un tema para que el alumno lo entienda y apruebe. La experiencia de aprender debe radicar en el intercambio de conocimiento, la creación y la posibilidad de plantear nuevas preguntas, que estén conectadas considerablemente con lo que estamos viviendo, aún más en un continente y un país que ha soportado por siglos las aflicciones de la violencia.

Cuando la educación deje de ser un negocio, comprenderemos que jamás representará límites, dejaremos a un lado las costumbres que nos apartan de nuestros más recónditos deseos y anhelos, aprenderemos a mostrar novedosas herramientas por medio del conocimiento. Brindará libertad de pensamiento, no nos conformaremos con lo que los demás han declarado por nosotros, seremos constructores de paz y nos hallaremos discutiendo propios planteamientos sin violentarnos. Ideas únicas, para un país que exige respuestas diferentes. Colombia necesita jóvenes sentipensantes, que se enfrenten a las contrariedades de un país desigual. Para reconstruir, no queda más que recordar, para llevar la verdad, es necesario cosechar memoria y cosecharla a través del tiempo, ya que la verdad simboliza y encarna el cambio que aún sigue adormecido.

Fuente: http://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/por-una-educacion-sin-limites-EG6954868

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El problema concreto de la educación abstracta

Por: El Siglo de Torreón

 La historia nos cuenta que, entre más alto es el nivel de escolaridad de una nación, mejores son sus condiciones de vida; pero en México ocurre algo distinto. En las últimas décadas, el promedio de educación escolar de los mexicanos subió de 3.5 años en 1970 a 9.3 años el 2016. No obstante, no se han experimentado aún mejoras sustanciales en la calidad de vida, de hecho, en muchos sentidos pareciera haber un retroceso. Hoy, los habitantes de este país nos sentimos más vulnerables, más inseguros, no confiamos en nuestras instituciones ni creemos en el estado de derecho.

El problema es la educación. Pero no en los términos en los que cotidianamente se habla sobre el asunto. Es verdad que veníamos de hábitos educativos rígidos, incluso violentos, pero la satanización de esas formas, como suele ocurrir, ha nublado nuestra capacidad de pensar en las muchas cosas buenas que también había en la educación de antaño. Sin embargo, insisto, no es allí en donde radica el problema profundo de nuestra educación.

Nuestra concepción de enseñanza escolar es el resultado de un trasplante de una idea educativa europea misma que tardó por lo menos 300 años en gestarse y consolidarse hacia la segunda mitad del siglo XVIII. Esa noción gira en torno a la construcción de grandes abstracciones que representen al mundo y que posibiliten su transformación. Lo más importante aquí, es entender que las abstracciones no surgen de la nada sino que parten de la realidad concreta y cotidiana.

Quienes importaron esa concepción de la enseñanza escolar a México, y quienes continúan aferrados a ella, de alguna manera consideraron que el camino se podía seguir exactamente en el sentido contrario, es decir, aprender la abstracción para luego ir hacia la realidad concreta. Para decirlo de manera coloquial, ir de la teoría a la práctica. Craso error.

¿Cuántos, por ejemplo, conducen sus automóviles violentando todas las reglas de tránsito porque están seguros de que «nada les puede pasar»? ¿Cuántos mexicanos no se lavan las manos antes y después de ir al baño? ¿Cuántos más se meten en grandes líos financieros porque suponen que «sí lo podré pagar»? ¿Cuántos realizan sus labores de manera descuidada porque al cabo que «no pasa nada»? ¿Cuántas obras públicas terminan colapsadas porque «nadie se va a dar cuenta»?

La probabilidad de que algo malo ocurra es una abstracción. Todos conocemos las consecuencias negativas de actuar mal, pero las sabemos de manera teórica: no nos pasan hasta que nos pasan. Mi hipótesis es que nunca hemos sido educados a comprender cómo se llegó a una abstracción. No sabemos, por ejemplo, cómo se determinó que la fórmula química del agua era H2O y casi nadie comprende que, en su estado natural, el agua jamás está en ese nivel de pureza.

De manera similar desconocemos las razones para no ir a más de 60 kilómetros por hora en las calles; para no tirar basura fuera de su sitio; para no vender o comprar el voto; para no desviar recursos públicos a fines para los que no fueron presupuestados; para no pedir diezmos, mordida o moches; para no torturar; etc. Todo lo que logramos apreciar es lo concreto del beneficio personal inmediato que estamos experimentado; al tiempo que desdeñamos las abstracciones que nos hablan de los males y peligros que pudieran presentarse. Cuando nos toca, entonces lloramos.

La educación en México es un problema porque no nos enseña a teorizar con rigor nuestra experiencia cotidiana. ¿Les parece una expresión muy abstracta y «filosófica»? Los invito a ver lo concreto de los índices de suicidio adolescente, embarazo precoz, homicidios dolosos y culposos, niveles de contaminación ambiental; percepción de la corrupción; confianza institucional, etc., etc., etc.,

Fuente: https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1362764.el-problema-concreto-de-la-educacion-abstracta.html

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La Escuela de Ingeniería en la historia de la Universidad Nacional

Por: Ignacio Mantilla

Una de las seis escuelas que conformaron la Universidad Nacional desde su creación, hace 150 años, fue la Escuela de Ingeniería. Puede decirse que los orígenes de esta escuela son fácilmente rastreables en el Colegio Militar fundado por el general Tomás Cipriano de Mosquera en 1848; colegio que desapareció en 1854, al no encontrar respaldo del Estado. Aunque el general Mosquera, siete años después, en su segundo mandato, decretó la reapertura del Colegio Militar, solo hasta 1866 pudo entrar en funcionamiento, debido a la guerra civil en curso. Y fue este colegio, que concentraba la formación de ingenieros civiles en el país, el que dio origen a la escuela, una de las seis primeras que integraron en 1867 la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia.

La Escuela de Ingeniería tuvo como sede inicial el Convento de la Candelaria de Bogotá, que hoy alberga al Colegio Agustiniano en la calle 11, entre carreras 4ª y 5ª en el centro de la ciudad. Esta escuela de la universidad recibió en su primer año a 36 estudiantes de casi todos los estados de la Unión que fueron recibidos por los primeros diez profesores de ingeniería. La historia de esta escuela de la universidad es rica en aportes importantes para el país, tales como la construcción de carreteras, ferrocarriles, puentes y túneles. Obras que aportaron para que la Colombia de finales del siglo XIX fortaleciera, poco a poco, la producción industrial y su desarrollo económico.

Adicionalmente, la Escuela de Ingeniería formó a ingenieros e intelectuales de gran preponderancia para la vida económica y cultural de nuestra nación. Uno de aquellos ingenieros formados en sus aulas fue el muy reconocido Julio Garavito Armero, que por décadas se desempeñó como director del Observatorio Astronómico Nacional y desde donde realizó investigaciones en matemáticas y astronomía que le valieron para ser reconocido internacionalmente. Como muchos saben, en 1971 la Unión Astronómica Internacional exaltó su trabajo, bautizando un cráter ubicado en el lado oscuro de la Luna con el nombre de este ingeniero colombiano. De los alumnos de los primeros años de la escuela se destacan por su gran reconocimiento, entre otros, Ruperto Ferreira, posteriormente rector de la misma, cargo equivalente a lo que hoy sería decano de Facultad, quien por varios años asumió la responsabilidad como ministro de Hacienda, y Manuel Antonio Rueda, uno de los mayores impulsores del estudio de las matemáticas a finales del siglo XIX. A este último le debemos uno de los primeros esfuerzos en traducir, editar y publicar gran cantidad de textos matemáticos de fundamental importancia para su estudio en nuestro país.

A diferencia de la Escuela de Minas de Medellín, que desde comienzos del siglo XX formó parte de la Universidad Nacional y donde las matemáticas se estudiaban únicamente para su aplicación a la ingeniería, la Escuela de Ingeniería se desarrolló bajo un modelo francés donde los aspectos teóricos de la matemática se estudiaban con mayor dedicación y profundidad. Por su inclinación hacia el abordaje más extenso de las matemáticas, la escuela cambió de nombre en distintas ocasiones; así, por ejemplo, en 1886 pasó a llamarse Facultad de Ciencias Matemáticas. Después de la reapertura de la universidad, al terminar la Guerra de los Mil Días, cambió su nombre a Facultad de Matemáticas e Ingeniería, nombre que mantuvo hasta terminarse la primera mitad del siglo XX, cuando adoptó su nombre actual, Facultad de Ingeniería.

Los primeros cursos dictados en nuestra escuela demuestran la inclinación teórica de la Ingeniería Civil que allí se estudiaba. Así, el pénsum de la carrera para 1868 se componía de un primer año con estudios superiores de aritmética, álgebra, geometría, trigonometría rectilínea y esférica. El segundo año había que cursar las asignaturas de geometría práctica, topografía, geometría analítica y geometría descriptiva. En el tercero: cálculo diferencial e integral y mecánica. En el cuarto año: geodesia y maquinaria. Por último, en el quinto años los estudiantes tomaban cursos de arquitectura y construcción civil (caminos, puentes y trabajos hidráulicos, entre otros).

Pero fue gracias a la Escuela de Ingeniería, con su formación politécnica, que surgieron formalmente algunas disciplinas en nuestro país, entre las que podemos mencionar la química, la astronomía, la física, la arquitectura y la matemática. También debemos a nuestra Escuela de Ingeniería la influencia en la creación de instituciones de gran importancia nacional como la Sociedad Colombiana de Ingenieros en 1887, la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Nariño en 1905 o la Escuela Colombiana de Ingeniería en 1972.

Hoy por hoy la Facultad de Ingeniería es una de las más grandes e importantes facultades de ingeniería del país y ofrece una formación de alta calidad a través de nueve programas de pregrado y 27 programas de posgrado entre los que se cuentan siete doctorados. La labor desarrollada ininterrumpidamente por esta antigua facultad es para nuestra universidad y, por supuesto, para todo el país de gran orgullo y valor. Es la facultad de la Universidad Nacional con mayor número de estudiantes y de egresados.

La Universidad Nacional, patrimonio de todos los colombianos, es como un cuerpo humano, compuesto de órganos que son indispensables para su funcionamiento. En el caso de la Facultad de Ingeniería se trata de un órgano vital que da a la institución su razón de ser.

Fuente: http://www.elespectador.com/opinion/la-escuela-de-ingenieria-en-la-historia-de-la-universidad-nacional-columna-704294

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Procesos léxicos de la lectura y sus dificultades

Por: Jesús Jarque García

En este artículo vamos a explicarte los procesos léxicos de la lectura. De esta forma continuamos la serie de entradas en la que estamos explicando todos los procesos lectores.

Los procesos léxicos están referidos a la decodificación de palabras, es decir al reconocimiento y lectura de palabras. Son importantes porque están directamente relacionados con la ejecución y velocidad lectora.

En este artículo te explicamos en qué consisten,  cómo funcionan los procesos léxicos y las dificultades más frecuentes.

Qué son los procesos léxicos

Como acabamos de señalar en la cabecera, ya hemos explicado en un artículo anterior el primero de los procesos lectores: los procesos perceptivos.

Los procesos léxicos serían los siguientes que entran en juego cuando se lee. Se refieren a la lectura de palabras, de alguna manera, a convertir esa percepción de letras en palabras.

Propiamente dicho, los procesos léxicos leen las palabras sin comprenderlas: la comprensión es otro proceso lector.

Dos rutas para leer palabras

Al menos en nuestro idioma y en todas las lenguas donde existe una correspondencia grafema-fonema (por ejemplo, la letra “P”, “T”, “S”, “M” siempre se leen de la misma forma) los procesos léxicos leen las palabras utilizando dos vías o rutas diferentes.

Para ello, lee las dos listas de palabras que aparecen en la imagen siguiente: primero la que está en una lámina amarilla y después la de la lámina verde.

Procesos léxicos de la lectura pedagogía Jesús Jarque

procesos léxicos lectura Jesús Jarque Pedagogía, ruta léxica

Ruta fonológica

Posiblemente te has dado cuenta que cada lista de palabras la has leído de manera diferente: has utilizado dos rutas para decodificarlas distintas.

La lista de palabras de la lámina amarilla la has leído mediante la ruta fonológica. Habrás visto que estaba formada por palabras muy infrecuentes (posiblemente nunca las habías visto) o por pseudopalabras, es decir, palabras que realmente no existen y que por tanto, te han resultado novedosas.

Habrás observado que para leer las palabras de la lámina amarilla, has ido leyendo (decodificando) prácticamente sílaba a sílaba. Así funciona la ruta fonológica: utiliza las reglas de conversión grafema-fonema, lee silábicamente utilizando esas reglas.

Podíamos decir que la Ruta fonológica, es la “velocidad corta de la lectura”.

Ruta léxica

La otra ruta que los procesos léxicos utilizan para leer palabras es la ruta léxica. Las palabras de la lámina verde, las has leído mediante la ruta léxica.

Si te das cuenta, esas palabras no las lees sílaba a sílaba, sino que la lees completa de una vez. Es como si reconocieras la imagen global de la palabra y enseguida la identificas.

La ruta léxica se utiliza cuando leemos la mayoría de las palabras porque nos resultan frecuentes o familiares. Al contrario que la ruta fonológica, la ruta léxica sería la “velocidad larga de la lectura”.

Así funcionan los procesos léxicos

Así podemos decir que funcionan los procesos léxicos: mediante la ruta fonológica, para palabras infrecuentes; y mediante la ruta léxica, para el resto de palabras.

Los niños con un desarrollo normal, suelen utilizar preferentemente la ruta léxica (la de la velocidad larga) a partir de 3º de Primaria. De esta manera cometen ya pocos errores de ejecución y su velocidad lectora comienza a ser adecuada.

Vocabulario visual

La ruta léxica se desarrolla gracias a que el niño va creando en su memoria un almacén de palabras que es capaz de reconocer “de un golpe de vista”, de manera global. Ese almacén de palabras se llama vocabulario visual.

Cuanto más amplio sea el vocabulario visual más se utilizará la ruta léxica y se podrán leer las palabras con mejor ejecución y velocidad lectora.

Desarrollo normalizado de los procesos léxicos

Generalmente los niños españoles comienzan aprendiendo a leer  entre los 5 y 6 años, preferentemente por la ruta fonológica: decodificando sílaba a sílaba, aunque algunas palabras, su nombre, marcas comerciales, palabras muy familiares, ya las leen mediante la ruta léxica.

Es a partir de los 8 años, en 3º de Primaria como muy tarde, cuando los procesos léxicos se realizan preferentemente mediante la ruta léxica.

Dificultades en los procesos léxicos

Sin embargo hay niños que presentan dificultades en los procesos léxicos. En este aspecto la lista es muy amplia.

Una de las dificultades más frecuentes es cuando los niños no terminan de utilizar la ruta léxica para leer. Esta dificultad se manifiesta en una velocidad lectora muy inferior a lo esperado a su edad. Por ejemplo, que un niño de 3º o 4º de Primaria, lea en voz alta a una velocidad de 60 palabras por minuto o menos, cuando debería leer a unas 100 p/m.

Es decir, el niño sigue utilizando la ruta fonológica para leer: sigue leyendo las palabras como si mayoritariamente fueran nuevas o infrecuentes.

En otros casos, los niños tienen problemas a la hora de utilizar la ruta fonológica. Por ejemplo, los casos donde hay un número elevado de errores de ejecución o no se leen correctamente los diferentes tipos de sílabas.

Consecuencias de las dificultades

Cuando los niños presentan dificultades en los procesos léxicos, naturalmente estos se dejan notar en la comprensión lectora. Pero a la hora de evaluar, hay que discriminar qué procesos están fallando.

Un niño puede tener aparentemente problemas de comprensión lectora, pero la dificultad en realidad está en los procesos léxicos: eso es importante de diferenciar en una buena evaluación psicopedagógica de las dificultades lectoras.

Por ejemplo, un niño que utilice casi exclusivamente la ruta fonológica (lee casi silabeando) invierte casi toda su atención y esfuerzo cognitivo en la lectura de las palabras. Casi toda la energía cognitiva se “gasta” en los procesos léxicos, quedando pocos recursos para la comprensión.

Recapitulando

En este artículo, te hemos explicado, dentro de los procesos de la lectura, los procesos léxicos. En próximos artículos explicaremos el resto de procesos. Aquí puedes acceder a todos los artículos de la serie:

  • Los procesos lectores
  • Los procesos perceptivos

Y aquí puedes acceder a algunos de los materiales del autor para mejorar los procesos léxicos:

  • Mejorar la ejecución y velocidad lectora, nivel 1
  • Mejorar la ejecución y velocidad lectora, nivel 2
  • Mejorar la ejecución y velocidad lectora, nivel 3

Fuente consultada. CUETOS, F. (2000) Psicología de la lectura. Barcelona. Ciss Praxis.

Fuente: http://www.mundoprimaria.com/pedagogia-primaria/procesos-lexicos-la-lectura.html

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Daniel Bensaïd, la crisis y el marxismo melancólico

Por: Gastón Gutierrez

La publicación de un volumen de la revista Historical Materialism1dedicado casi en su totalidad a poner en discusión el aporte teórico de Daniel Bensaïd (1946-2010) es una buena oportunidad para posar la mirada sobre la originalidad de su obra y el sentido que puede tener su influencia actual. Desde su fallecimiento han aparecido decenas de ensayos (en varios idiomas) dedicados a explorar sus contribuciones2, perfiles teórico-políticos3, traducciones al inglés de algunas de sus obras, y están en elaboración libros dedicados a su historia militante e intelectual4. La revista publica dos capítulos inéditos en inglés (y lamentablemente también en castellano) de La discordance des temps(1995): uno, “El tiempo de las crisis (y de las cerezas)”, dedicado a una lectura metodológica y teórica de la noción de crisis en El capital de Marx y sus consecuencias para una nueva temporalidad histórica; el otro, “Utopía y mesianismo: Bloch, Benjamin y el sentido de lo virtual”, destinado a explorar las contribuciones de ambos para una concepción no lineal del tiempo. En la presentación del volumen, Cinzia Arruza y Patrick King explican el sentido de recuperar a Bensaïd por un doble interés: la posibilidad de pensar el marxismo como una teoría crítica que dé cuenta de la heterogeneidad de los tiempos de la crisis capitalista, y el carácter anticipatorio que la obra tiene para una “gramática de las luchas sociales y políticas del periodo actual”. Las contribuciones abordan distintos aspectos teóricos5; aquí por razones de espacio vamos a elegir los textos de Stathis Kouvelakis y de Enzo Traverso.

Restauración capitalista y “crisis conceptual” del marxismo

Sin lugar a dudas el año 1989 constituye un “corte”, o por lo menos un gran punto de inflexión en la trayectoria intelectual de Bensaïd. La caída del muro de Berlín, la guerra de los Balcanes, la restauración capitalista en el Este y en Oriente, caracterizan al periodo como una Restauración reaccionaria que trastoca el suelo bajo los pies de los revolucionarios formados en la segunda mitad del siglo XX. En su contribución al dossierEnzo Traverso define a este periodo de la obra de Bensaïd como una “interiorización de la derrota”6. Comparando las constelaciones de Bensaïd y Benjamin, que ya había tomado en la introducción a Sentinelle messianique7, Traverso señala que esta restauración representó para el militante francés una “experiencia abismal” (en el sentido nietszcheano): una perturbación que trae aparejada una crisis de inteligibilidad del horizonte histórico8. En Melancolie gauche Traverso desarrolla esta tesis siguiendo a Reinhart Koselleck para exponer cómo la dialéctica de las derrotas presenta un hándicap epistemológico: la historia de los vencedores cae siempre en la apología del pasado y en un esquema providencial,  mientras que a largo plazo el conocimiento histórico avanza desde el punto de vista de los vencidos.

Una “crisis conceptual” del marxismo convoca a una reconstrucción global del mismo. Antes de 1989 Bensaïd había publicado 5 libros, varios de ellos con firmas conjuntas, junto a decenas de artículos y contribuciones más vinculadas a las necesidades urgentes de las coyunturas políticas9. Desde la publicación de Moi, la révolution (en 1989) dirigida a rescatar la revolución francesa de las garras del revisionismo histórico de François Furet, seguido de Walter Benjamin, sentinelle messianique (en 1990) y Jeanne de guerre lasse (1991) sobre Juana de Arco, Bensaïd escribe 28 libros (que sumados a los publicados post mortem suman más de 40 volúmenes)10.

Traverso señala que la característica decisiva de este amplio conjunto de textos es la ruptura filosófica que significó la lectura de Benjamin y la configuración del marxismo como una “apuesta melancólica”11. La crítica a toda ideología de progreso histórico se sostiene en una cultura melancólica de izquierda que incluye a Benjamin, Blanqui, Charles Péguy, entre otras referencias opuestas al marxismo positivista francés. Contrario a una visión de la historia con “final feliz”, y despojado de certezas, el marxismo melancólico quiere enlazar historia y memoria evitando transformarse en la última estación del derrotado. De ahí la recuperación de la apuesta pascaliana, cuyo resultado sería cierta visión trágica que no acepta el mundo tal cual es, y que, aunque carece de certezas sobre el mismo, apuesta a mantenerse en la fe de cambiarlo12. Sin ilusiones sobre el paso del tiempo (porque la filosofía de la historia está anulada), ni sobre un sujeto ya pleno de sus facultades (que emerge como subproducto de la Historia), el marxismo melancólico está sostenido en el voluntarismo de una apuesta que se presume profana y que propone la primacía de la política sobre la historia.

Releyendo a Marx

Entre 1989 y 1995 (año en que publica Marx Intempestivo La discordance des temps)  Bensaïd elaboró un nuevo marco teórico plagado de referencias heterodoxas y cruces impensados, y liberó su vocación literaria produciendo un embellecimiento de su “forma de exposición”. Kouvelakis señala que en este periodo se pueden rastrear las contribuciones más originales de Bensaïd, cuyas innovaciones teóricas podemos agrupar por las “críticas” que realiza casi copiando un modelo kantiano orientado a “desterrar la metafísica”13.

La crítica a la ideología del progreso de Benjamin (con connotaciones teológicas obvias para Kouvelakis, pero reivindicada explícitamente como profana por Bensaïd) avanza, en Marx Intempestivo y en La discordance des Temps, hacia una crítica a la razón histórica, pasando por la crítica de la razón sociológica y culminando con una crítica de la razón positivista. Las preguntas de Bensaïd serían cómo pensar la historia sin “leyes de la historia”; cómo pensar las “determinaciones” sin caer en el determinismo; cómo las nociones de necesidad y causalidad dan paso a las de probabilidad y leyes tendenciales, cuyo desenlace se juega en los conflictos y las luchas.

Este Marx “intempestivo” se construye mediante la apropiación de la idea de “nueva inmanencia” de Gramsci, pero inscribiéndola en el trabajo de las categorías dialécticas de El capital de Marx (algo que Gramsci solo había enunciado). La recuperación de la idea de inmanencia de Spinoza es acompañada de la historicidad de Hegel, de la ciencia de lo posible y de lo contingente de Leibniz y de la crítica en Feuerbach. El resultado es un intento de una teoría dialéctica del conocimiento de las contradicciones históricas que incorpore el lugar del sujeto. A condición de que la ciencia de Marx sea despojada de cualquier pretensión de estar basada en leyes ineluctables de la historia (ya sean apriorísticas o mecanicistas), la crítica de la economía política se fusiona con la teoría del desarrollo desigual y combinado de Trotsky (despojada también de cualquier lectura lineal). Este ejercicio pondría al pensador de la revolución permanente en un rico diálogo con las corrientes cálidas del Marxismo Occidental, como las llamaba Ernest Bloch.

El balance de cada uno de estos puntos es desigual, y requeriría de un trabajo de más largo aliento. A los fines de lo que nos interesa, basta señalar que esto ubica en el centro el problema de las temporalidades diferenciadas (lo que Bensaïd llama una discordancia de tiempos), que le permiten pensar la primacía de la política.

Contra una lectura “naïf” Kouvelakis propone entender este rearme teórico como la  expresión de una ruptura a varias bandas en la cual uno de sus objetivos críticos no sería otro que Ernest Mandel. El mandelismo que pensó el boom de la posguerra como una nueva onda larga de desarrollo capitalista, y se había ilusionado en una reforma de la URSS, era golpeado letalmente por la restauración capitalista iniciada en el ‘89 y la fragmentación de la clase obrera producida durante el neoliberalismo14. Bensaïd presentará a Mandel como un heredero de la ilustración, que “cree” en las virtudes emancipadoras del desarrollo de las fuerzas productivas y en la lógica histórica del progreso. El marxismo así entendido no sería más que una sociología con providencia donde el proletariado estaría “destinado” a salir victorioso. Para Bensaïd la clase obrera aun en su heterogeneidad material y subjetiva, conserva el rol de potencial agente universal de la emancipación, pero esta tarea hegemónica, a construir, requeriría de la elaboración de un nuevo programa y una nueva organización15.

En la opinión de Kouvelakis la resolución de las críticas precedentes nos conducen a la “crítica de la modernidad política”, en donde se conjugan la disolución de los parámetros clásicos (esto es, la crisis de sus condiciones espacio-temporales) y un eclipse de la razón estratégica producido por la derrota de la revolución en el siglo XX (en Pari melancolique y en Elogio de la política profana) que otorga la cifra del estado del pensamiento radical (en Teoremas de la resistencia a los tiempos que corren, Resistances, entre otros) y en los últimos textos inconclusos sobre la categoría del fetichismo publicados en Le spectacle, stade ultime du fetichisme de la marchandise (2010).

Pensar la crisis, una vieja pasión

Tanto Traverso como Kouvelakis interpretan el desarrollo impetuoso de los textos post ‘89 como innovaciones producto de una nueva época. Sin embargo también se ha podido  ver a Bensaïd como expresión de un intelectual “resistente” (de hecho él se jactaba de su “dogmatismo abierto”). No debería acentuarse entonces la influencia del contexto de manera unilateral, ya que ciertas modalidades teóricas permanecen.

La cuestión de la crisis siempre ocupó un lugar central en su trayectoria y en las querellas del marxismo francés. Durante 1965, “en la apacible somnolencia de una clase de preparatoria de provincia Pour Marxaterrizo como un meteorito venido de un lejano planeta”16. Con Althusser las cumbres conceptuales prometían tesoros desconocidos: manifestaba que Marx había descubierto un nuevo continente científico, “el de la historia”. Un joven Bensaïd quedaba perplejo con la idea de que este conocimiento no era más histórico que azucarado el concepto de azúcar (en un uso un tanto tosco de la metafísica de Spinoza). El funcionamiento de la historia quedaba atrapado en el orden inmutable de las estructuras. Bensaïd se pregunta si eso no hacía la revolución no solo impensable, sino directamente improbable. Compatible con el clima intelectual en el cual los Khagnes (cursos de preparación) se apasionaban por la lingüística saussuriana y por las estructuras elementales del parentesco (Lévi-Strauss), la querella con Althusser se establecía de entrada sospechando que su antihistoricismo edificaba un paraíso conceptual puro. El marxismo de Althusser se le aparecía compatible con la retórica estructural, y esta con el positivismo hegemónico en la historia científica francesa. Radicalismo teórico, conciliado con el positivismo dominante en la academia.

Para pensar la posibilidad de la crisis  evolucionaria, como un acontecimiento inscripto en las categorías teóricas del marxismo y en relación con las teorías de la época, Bensaïd dedica su “memoire” de maestría en filosofía a la noción de “crisis” en Lenin. Las preguntas de la “memoire” apuntaban al corazón de los problemas del momento: ¿cómo escapar a la eternidad mórbida de las estructuras?; ¿cómo se sale de las napas de la “longue dureé” (larga duración)?; ¿cómo articular teóricamente el acontecimiento revolucionario y las condiciones históricas?

Una serie de influencias heterodoxas vendrán al rescate: los cursos de Gerard Granel; la anti-psiquiatría de Guattari; las traducciones de Marcuse y W. Reich y los ensayos de Lucien Goldmann. Elementos que combinaba para disparar contra el marxismo dogmático y positivista, bajo la doble influencia del filósofo marxista Henri Lefebvre (tenaz polemista contra el estructuralismo que felizmente había sido expulsado del PCF), y de Ernest Mandel (principal intelectual trotskista europeo de la posguerra) que lo saca del provincianismo teórico “hexagonal” y del marxismo filosófico occidental (esto es el alejado de la militancia práctica) y lo inicia en la crítica de la economía política y un marxismo abierto, militante y cosmopolita.

En “La noción de crisis revolucionaria en Lenin” (1968) la discontinuidad y la ruptura devienen posibles a través de una lectura epistemológica donde la acción del sujeto de transformación impone “la acción del ritmo sobre la estructura”17. En el mismo sentido los aportes del lingüista Gustave Guillaume son citados para sostener una “imagen por la cual una parcela de futuro se resuelve incesantemente en una parcela de pasado”. Esta doble aparición del sujeto y del tiempo debía su influencia al Lukács voluntarista de Historia y conciencia de clase. La subjetividad negada por el estructuralismo volvía por sus fueros para abrir brechas diacrónicas en la inmovilidad sincrónica y establecer una articulación entre acontecimiento y estructura, rompiendo con una imagen de la misma como moviendo los hilos de una historia donde los sujetos son marionetas.

El sentido de una apuesta

Treinta años más tarde de la escritura de ese texto Bensaïd, en Une lente impatience, confiesa que él sacó una conclusión izquierdista y voluntarista de esta lectura de la crisis. Sin embargo, en el contexto de la restauración neoliberal, los mismos tópicos reaparecen: relaciones entre necesidad y contingencia o historia y acontecimiento. Ya no hay estructuralismo, pero contra la ideología del “progreso” capitalista el sujeto sigue teniendo la intención de “romper el continuum de la historia”.

¿Cómo se presenta nuevamente la subjetividad política ante el panorama de los tiempos que corren? Su voluntarismo “izquierdista” de los ‘70 se ha invertido bajo un contexto adverso en un voluntarismo melancólico: ¿es este marxismo melancólico una salida a la crisis del marxismo?

Se le han hecho muchas críticas. Una injustificada, que su lectura hegelianizante de El Capital es el último intento metafísico de sostener la dialéctica18. No parece lo esencial. Otra más atendible, que abusando de una “traductibilidad de los lenguajes” apresurada, produzca tanto analogías clarificadoras como yuxtaposiciones asistemáticas. Es cierto que todavía no está hecho el ejercicio de leer esta traductibilidad gramsciana que Bensaïd realiza junto a su inspiración en el desarrollo desigual y combinado como una alternativa teórica tanto al estructuralismo como al historicismo. Sin embargo, es indudable que sus contribuciones teóricas a una lectura no mecánica de la crisis y la crítica a una visión teleológica de la historia, recuperando a Marx (leído a través de Benjamin) como el iniciador de una nueva escritura profana de la historia, figuran entre sus aportes. Eso no obsta que sea necesario hacer un beneficio de inventario “dialéctico” de su obra. Una buena forma de llevarlo a cabo es siguiendo la propia definición de marxismo que Bensaïd ensayó: “Para Clausewitz el conocimiento de la guerra no puede ser concebido ni como ciencia, ni como arte. A falta de algo mejor, sería una teoría destinada a volverse estrategia”19. Una teoría “destinada” a volverse estrategia: en ese terreno se juega entonces el sentido político de su apuesta.

Los últimos textos abordan la crisis global de las categorías de la modernidad y las condiciones espacio-temporales del periodo más reciente: mutaciones en las formas de la guerra, reaparición de nacionalismos antiextranjeros y la crisis de la ciudadanía democrática. Como señala Traverso, este marxismo melancólico basa su estrategia en un ejercicio de memoria e historia, bajo la certeza de que “nuestro universo de pensamiento no colapsó, pero fue profundamente sacudido”20. Ninguna idea sintetizaba mejor esto que la

tesis de Bensaïd sobre el “fin del ciclo histórico de la revolución de Octubre”. El periodo de la “restauración burguesa” que significó el neoliberalismo tomado en su conjunto fue interpretado como una nueva época21, otorgándole un valor unilateral a la estabilización capitalista y adaptando sus coordenadas políticas al contexto de los ‘90. El hecho de que

los elementos económicos y políticos constitutivos de esa restauración atraviesen actualmente una crisis profunda muestra los límites de su reflexión política.

Esto repercutió en su planteo de la necesidad de un “retorno de la cuestión político estratégica”, de cara a un archipiélago de nuevas teorías críticas contemporáneas y de múltiples resistencias: la opresión de la mujer, las opresiones nacionales y raciales, las luchas identitarias, el retorno de la cuestión religiosa o los problemas ecológicos. Su recuperación de la noción de estrategia, aunque trajo a la memoria algunos debates de la III internacional (que dinamizaron el panorama actual más allá de sus respuestas)22 presentó una serie de equívocos importantes. Lo mismo sucedió con el abandono del término “dictadura del proletariado” en pos de una revalidación unilateral del momento jurídico de la  emancipación ubicado en el centro de la estrategia política. Adaptada a la ausencia de revoluciones y contrarrevoluciones, una “democracia hasta el final” parecía al alcance de un camino de movilizaciones pacíficas, parlamentarismo y reformas (como la experiencia de la “democracia participativa” en el auge del lulismo). En los 2000 Bensaïd proclamó la constitución de partidos amplios anticapitalistas, basado en otras fuerzas sociales, otras alianzas y sin hipótesis estratégicas claras de ruptura con el sistema. Kouvelakis recupera el carácter “algebraico” que explícitamente tenía la reflexión de Bensaïd acerca de las condiciones para participar en un “gobierno obrero” (o de izquierda) como un “modelo para

el reagrupamiento actual”. Ninguna de esas condiciones estuvo presente en la catástrofe del neoreformismo de Syriza en Grecia, pero la ausencia de una hipótesis de ruptura  revolucionaria protagonizada por la clase obrera (una estrategia descartada por Bensaïd) jugó un rol desorganizador de las fuerzas de la izquierda griega23. Es tan solo una muestra de que el legado de Bensaïd requiere beneficio de inventario.

Teóricamente creativo y sugerente, al tiempo que corrigió el voluntarismo post ‘68, como estratega “melancólico” apostó a nuevo voluntarismo memorioso de las luchas de los oprimidos. Entristecido por el peso excesivo que otorgó a un periodo de “derrota”, aunque a la espera de una nueva bifurcación de la historia que no llegue demasiado tarde.

  1. Volumen 24, edición 4, 2016.
  2. Revue Lignes 32, enero 2010.
  3. Militante marxista desde 1965, protagonista activo de Mayo del ‘68 y dirigente político, fue filósofo (o, como él prefería, profesor de filosofía en la universidad París VIII) y publicó decenas de libros de filosofía, teoría social y teoría política. Ver Budgen, S., “The Red Hussard: Daniel Bensaïd, 1946-2010”, en International Socialism 127.
  4. Próximamente el libro de Darren Roso.
  5. Escriben Josep Maria Antentas, David McNally, Xavier Lafrance y Alan Sears, Stathis Kouvelakis y Enzo Traverso.
  6. Traverso, E., “Daniel Bensaïd, between Marx and Benjamin”.
  7. Traverso, E. “La concordance des temps. Daniel Bensaïd et Walter Benjamin”, en Bensaïd, D. Walter Benjamin, Sentinelle Messianique, París, Les prairies ordinaires, 2010.
  8. Traverso, Enzo, Left-wing melancholia: Marxism, history and memory, Columbia University Press, 2016.
  9. Por ejemplo Mayo 68: un ensayo general fue escrita junto a Henri Weber en condiciones de semiclandestinidad en el departamento de Marguerite Duras.
  10. Ver www.danielbensaid.org.
  11. Este también es el punto de vista de Michael Löwy y de André Tosel, que lo llamó “marxista pascaliano”.
  12. Para una discusión sobre la visión trágica de Goldmann, ver Cinatti, Claudia, “De saberes revolucionarios y certezas posmodernas”, revista Lucha de Clases 6, 2006.
  13. Kouvelakis, S., “The Time of History, the Time of Politics, the Time of Strategy”.
  14. Ver, Maiello, M., y Albamonte, E., “En los límites de la ‘restauración burguesa’”, revista Estrategia Internacional 27.
  15. Para una crítica a su visión de la hegemonía y la relación entre clase y partido ver Gutiérrez, G., “Sobre la actualidad de la “apuesta leninista” Lucha de clases 6, 2006.
  16. Bensaïd, D., Une lente impatience, París, Éditions Stock, 2004.
  17. Disponible en danielbensaid.org.
  18. Petruccelli, Ariel, Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista, Buenos Aires, Herramienta, 2016.
  19. Bensaïd, D., Marx intempestivo, Buenos Aires, Herramienta, 2003, p.351.
  20. Bensaïd, D., Une lente impatience, París, Éditions Stock, 2004.
  21. Para polémica con su lectura de la restauración ver Maiello y Albamonte, op. cit.
  22. Albamonte, E., Maiello, M., “La imperiosa actualidad de la estrategia”, disponible en laizquierdadiario.com.
  23. Ídem.

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/daniel-bensaid-la-crisis-y-el-marxismo-melancolico/

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