Page 2075 of 2740
1 2.073 2.074 2.075 2.076 2.077 2.740

Un Enfoque del Pensamiento Pedagógico Emancipador en Latinoamérica

Autora: Diana Milagros Rueda de Aranguren

Desde uno de los espacios geográficos de Latinoamérica, desde la tierra natal del Libertador, el Pensamiento Pedagógico Emancipador orienta hacia la formación de una nueva subjetividad que identifica lo que son los pueblos del sur, los cuales han sido condenados como periferia explotada, como pueblos oprimidos; es por ello que el pensamiento adquiere un sentido crítico y humanistaarticulándose con la idea internacionalista, integracionista, antiimperialista, anticapitalista del ALBA, como proyecto de integración latinoamericana, vanguardia del modelo social para la superación de los problemas que mantiene a los pueblos de América Latina en situación de dependencia. Se trata pues de un pensamiento radical, integral, crítico, humanista, insurgente, orientado a la formación de la  llamada subjetividad socialista bolivariana.

Tomando por referente histórico-temporal el final del siglo XX y la primera década del actual siglo, Pinheir Barbosa (2011), concibe el hecho de la acción política como el protagonista para la consolidación de estrategias que aspiren cambios profundos, reconociendo a la Educación como uno de los principales instrumentos de ruptura con la lógica excluyente y deshumanizadora del capital. Muchos investigadores, considera la autora citada, destacan tal potencialidad en la praxis política de los movimientos sociales: Zibechi (2008), al analizar los movimientos sociales como espacios educativos; Leher (2007), al proponer la Educación Popular como estrategia política de los movimientos sociales en la región.

Además, comulgan con el legado de Paulo Freire donde la Educación posee una dimensión filosófica y política cuando asume un potencial libertador y es dotada de una función socio-política orientada a la construcción de la autonomía y emancipación humanas.

Recordemos que para Freire, la educación constituye un camino en el proceso de liberación de los pueblos. En este sentido, el educador brasileño creía en la necesidad de una transformación social profunda para que se abra camino a los cambios necesarios a la educación latinoamericana. El transcurso del cambio posee una matiz política, una vez que Freire “rescata la política como elemento más dinámico de la cultura”,  esta entendida como eje fundamental en el proceso de vinculación dialógica entre culturas (Puiggrós, 2005, p.25).

El carácter político conferido a la educación se vincula al entendimiento de la generación de una cultura emancipatoria construida entre los sujetos políticos partícipes en este proceso, en el caso, los movimientos populares, campesinos, indígenas, entre otros que ejercían la praxis de la Educación Popular como camino de resistencia y lucha rumbo a procesos de liberación. En este sentido, puntualizo mi argumento que siempre he sostenido con respecto a la educación afirmando que, entre las acciones de resistencia propia de estos movimientos, la educación constituye un elemento valioso en la lucha por la emancipación política y cultural de los pueblos de América Latina.

Un mirar panorámico sobre el continente nos permite visualizar los indicios de un proyecto emancipador y que prima por el fortalecimiento del Poder Popular, vinculado a un papel político conferido a la educación, manifiestos en:

  • Las primeras campañas de alfabetización cubana en los años 50 del siglo XX
  • La experiencia de educación popular de Nicaragua, fruto de la Revolución Sandinista
  • La trayectoria del Sector de Educación del MST
  • La propuesta de creación de la Universidad del Sur
  • Las experiencias de las Universidades Interculturales Indígenas en Ecuador, Bolivia, Colombia y México
  • La expresiva experiencia del Método Cubano de Alfabetización, “Sí, Yo Puedo!”
  • La creación de las Escuelas Rebeldes Autónomas Zapatistas
  • El Instituto Agroecológico Latinoamericano de Estudios Campesinos, Indígenas y Afrodescendientes – IALA, articulado por la Vía Campesina en Venezuela
  • Las experiencias de la Misión Robinson y Sucre, igualmente en territorio venezolano; la creación de la Universidad de las Madres de la Plaza de Mayo
  • La experiencia pedagógica de los Círculos de Autoeducación Docente, en Perú.

Entre otras propuestas que se han consolidado y avanzado gradualmente, testigos vivos de que el “paradigma emancipador para América Latina” tiene un pie en la educación, camino de transformación cultural en el continente.

Todas estas experiencias reflejan un momento muy especial en la lucha latinoamericana, donde el:

… cambio en ese panorama no es, evidentemente, un problema estrictamente pedagógico. Los términos del debate sólo pudieron ser modificados con la alteración de la correlación de fuerzas sociales. Delante de los desafíos de las luchas anti neoliberales, los movimientos localizaron la formación política (la educación como hegemonía) en el andar superior de la agenda política, restableciendo, gradualmente, con avances y retrocesos, los nexos entre educación, capitalismo y clase. (Leher, 2007, p. 22)

El planteamiento de Leher resalta la problemática de la hegemonía presente en América Latina. Una reflexión política fundamental para pensar la profundización de la democracia en el continente es comprender que la dimensión de la hegemonía pertenece a una cuestión político-cultural, no restringiéndose a los espacios políticos institucionalizados, como el Estado.

En este sentido, la acción político-educativa de los movimientos sociales puede contribuir en la construcción de una nueva episteme (Leher, 2007) que rompa con la lógica de la política neoliberal, por medio de una “batalla de las ideas” (Anderson, 2003), donde se origine un conocimiento crítico, demarcador y recuperador de conceptos esenciales, a propósito de Poder Popular, que orienten la lucha política de estos movimientos sociales rumbo a una praxis libertaria y emancipatoria.

Por tal razón, lo expresado hasta el momento sugiere reflexionar desde el siguiente prisma: de la articulación existente entre la emergencia de una educación libertaria mediada por pedagogías alternativas como camino de activación del Poder Popular. Es determinante señalar que dos de los representantes de la ilustración latinoamericana, Simón Rodríguez y José Martí, defendían la construcción de un proyecto educativo como estrategia política, dónde la educación era concebida como general y popular. Para ambos, la educación era la precursora de un pueblo libre, una vez que propiciaba  la libertad del pensamiento y la capacidad de generar ideas.

Las verdaderas repúblicas se construirían bajo un igualitarismo político entre hombres y mujeres, hecho que sólo sería posible con la ampliación del derecho a la educación. Pero no una educación instructiva, sino que emancipatoria. En las palabras de Rodríguez:

… ha llegado el tiempo de enseñar a las gentes a vivir, para que hagan bien lo que han de hacer mal, sin que se pueda remediar .Antes, se dejaban gobernar, porque creían que su única misión, en este mundo, era obedecer: ahora no lo creen, y no se les puede impedir que pretendan, ni (… lo que es peor…) que ayuden a pretender. (…) Los pueblos no pueden dejar de haber aprendido, ni dejar de sentir que son fuertes: poco falta para que se vulgarice, entre ellos, el principio motor de todas las acciones, que es el siguiente: la fuerza de la masa está en la Masa y la moral en el Movimiento. (Pinheir, 2011)

La educación, en este proceso, puede funcionar como herramienta epistemológica radical, socializadora de los saberes en función del bien común (Damiani & Bolívar, 2007). En la retomada de la lucha política, la educación se torna punto neurálgico para el proceso de transformación profunda de la sociedad.

Así, hay que pensarla dialógica e históricamente, dado que la historicidad es movimiento, es acción y reacción, es construcción cotidiana, identifica y comprende profundamente las fuerzas generadoras de las contradicciones irrumpidas, en el sentido de tejer la crítica a ellas y proponer caminos de superación de los modelos vigentes de dominación, no solo en lo político-económico, sino sobre todo, ideológico.

En la República Bolivariana de Venezuela se ha instaurado un Programa Nacional pedagógico con características radicales, humanista y revolucionaria, enmarcado en una perspectiva ético-política que ejecuta a través de la Universidad Bolivariana desde el año 2008, esperando que se constituya en un núcleo generador de conciencia crítica, de praxis revolucionaria y de organización estratégica de los educadores, en función de contribuir en la construcción de lo que ellos han denominado “socialismo bolivariano” como proyecto contra-hegemónico al capitalismo neoliberal.

Este Programa se inserta en el Proyecto Bolivariano de la Patria y exponen que la motivación, el alcance político y el contenido ideológico en la formación de los Educadores, alientan el esfuerzo revolucionario de transformación socialista en el país, contribuyendo además en un cambio para Latinoamérica.

Indican que para fortalecer el Poder Popular, Moral y Luces es la consigna que rezan para alcanzar la felicidad y plena realización humana en la justicia social y en la libertad,  sobre la base del compromiso colectivo, la dignidad de ser humano y la responsabilidad histórica, ética y política, en la construcción de un mundo más integrado, equitativo y solidario. El Programa considera a los Educadores como protagonistas en el Proyecto Socialista Bolivariano siendo su compromiso ético y político para consolidarse como fuerzamoral, y profundizar la unidad popular, por encima de intereses individuales y de grupos particulares.

Las posibles amenazas que ponen en riesgo al Proyecto Bolivariano, los impulsa a fomentar una Educación insurgente que se proyecte como estrategia de resistencia y a la vez de avance, para la construcción de un nuevo estado. Esa educación radical y que a la vez la denominan popular, constituye la base del proyecto económico-social, ético-político, y cultural e ideológico que representa el Socialismo del Siglo XXI, para el país y para América Latina toda.

Se considera en la formación pedagógica a la Emancipación desde bases teórico-críticas, por lo tanto, se debe señalar que ésta comenzó a inicios del siglo XIX en la América española, de la mano de figuras como Francisco de Miranda (venezolano, 1750-1816), Simón Bolívar (venezolano, 1783-1830), Simón Rodríguez (venezolano, 1771-1854), entre otros; como epicentros de un pensamiento ético y moral que reivindicara la estirpe americana y conquistara la libertad tantas veces lapidada por quienes desde la conquista, pasando por la colonia, quisieron destruir el alma y ánimo del pasado aborigen.

Es importante destacar que el término que amalgama la ética y moral en el pensamiento latinoamericano pre-independentista es precisamente emancipación; la cual se presenta como la acción que permite a las personas deseosas de libertad y autodeterminación acceder a un estado de autonomía al asumir conciencia de su lugar histórico y al imponerse, sea a la fuerza o a elementos de contradicción-dialéctica, al cese de la sujeción a alguna autoridad o potestad. Emanciparse es tomar control de lo que se “es” y de lo que se “ha sido”.

Las reflexiones y búsquedas respecto a los movimientos revolucionarios o de cambios que se revisan en estos lados del mundo nos hacen manejar conceptos ideológicos que necesariamente fortalecen una visión socio-crítica que particularmente considero indispensable para la orientación del valor epistemológico y filosófico del pensamiento pedagógico emancipador en Latinoamérica.

 Referencias

Anderson, Perry (2003). Las Ideas y la Acción Política en el Cambio Histórico. Left Bank – ensayos marxistas. São Paulo: Boitempo.

Damiani, Luis & Bolívar, Omaira (compiladores) (2007). Pensamiento pedagógico emancipador latinoamericano: por una Universidad Popular y Socialista de la Revolución Venezolana. Caracas: Ediciones de la Universidad Bolivariana de Venezuela.

Leher, Roberto (2007). La Educación Popular como Estrategia Política. En: Almeida, María de Lourdes Pinto y Jezine, Edineide (eds.). Educación y movimientos sociales: nuevas miradas. Campiñas: Editora El apartado.

Pinheir Barbosa, Lia (2011). Pensamiento Pedagógico Latinoamericano, Educación Libertaria y Pedagogías Alternativas.

Puiggrós, Adriana (2005). Las Alternativas cambian con el tiempo. In: De Simón Rodríguez a Paulo Freire: Educación para la Integración Latinoamericana. Bogotá, Convenio Andrés Bello.

Zibechi, Raúl (2008). Autonomías y Emancipaciones: América Latina en Movimiento. México, D.F., Bajo Tierra Ediciones.

Comparte este contenido:

Educación ambiental inversa: cuando son los pueblos los que educan ambientalmente a sus autoridades

Rodrigo Arce Rojas
Ecoportal

 

La Ley General del Ambiente (Ley 28611) menciona que la educación ambiental se convierte en un proceso educativo integral, que se da en toda la vida del individuo, y que busca generar en éste los conocimientos, las actitudes, los valores y las prácticas, necesarios para desarrollar sus actividades en forma ambientalmente adecuada, con miras a contribuir al desarrollo sostenible del país.

Por su parte la Política Nacional Del Ambiente (DS. 012 – 2009 – MINAM) tiene como objetivo específico alcanzar un alto grado de conciencia y cultura ambiental en el país, con la activa participación ciudadana de manera informada y consciente en los procesos de toma de decisiones para el desarrollo sostenible. Asimismo, es objetivo de la Política Nacional de Educación Ambiental “Desarrollar la educación y la cultura ambiental orientadas a la formación de una ciudadanía ambientalmente responsable y una sociedad peruana sostenible, competitiva, inclusiva y con identidad”.

Del marco de políticas públicas se puede inferir la existencia de dos actores centrales las autoridades y la ciudadanía entendida ésta última como todas las personas hombres y mujeres pertenecientes a una comunidad organizada que no ejercen funciones de autoridades. Estas personas a su vez pueden pertenecer a diferentes organizaciones de diferente naturaleza. Se asume a su vez que son las autoridades las que han recibido el encargo del pueblo de gobernar y la ciudadanía recibe el encargo de cumplir las políticas y leyes, aunque no hay que olvidar que el soberano es el pueblo.

Pero qué pasa cuando son las propias autoridades quienes con sus actos y medidas dan cuenta de una subestimación del cuidado ambiental en nombre del crecimiento económico, cuando debilitan las consideraciones ambientales en nombre de la eficiencia o la fluidez de las inversiones, cuando no muestran un compromiso decidido por luchar contra la corrupción ambiental que se traduce en deforestación y degradación de bosques, contaminación de mares, ríos y lagunas, cuando en nombre de la simplificación administrativa reducen las salvaguardas que garantizan las funciones y los procesos ecológicos de los ecosistemas. Es entonces cuando necesitamos apelar a la educación ambiental inversa, que es aquella cuando el pueblo, la sociedad civil debe educar ambientalmente a sus autoridades para que entiendan que lo ambiental no es accesorio ni descartable, es parte consustancial del desarrollo sostenible.

No se trata de ser anti progresista o de retardatario del desarrollo del país, lo que se trata es ese desarrollo tome en cuenta todas las dimensiones, y no se privilegie únicamente las consideraciones económicas. Es simplemente reconocer que un modelo de desarrollo que permite abierta o subrepticiamente la contaminación y deterioro de los ecosistemas es insostenible. La ilegalidad que destruye la base de recursos naturales no puede ser sustentada con argumentos de emprendimiento o de heroísmo laboral si es que no va acompañada de respeto a consideraciones ambientales (y por supuesto que también de consideraciones sociales). El verdadero emprendimiento es el que va acompañado de valores y de respeto al ambiente. Así de simple.

Por tanto la educación ambiental inversa nos invita a parafrasear el objetivo de la Política Nacional de Educación Ambiental dirigido a nuestras autoridades. En ese caso el texto sería: “Desarrollar la educación y la cultura ambiental orientadas a la formación de funcionarios públicos éticos, transparentes, inclusivos, colaborativos, ambientalmente responsables al servicio de los ciudadanos y con una visión de desarrollo sostenible

Bajo el marco de la educación ambiental inversa las autoridades estarían más prestas a reconocer las buenas prácticas de manejo y conservación de recursos existentes, a revalorar y revitalizar los conocimientos y saberes locales, a recoger las experiencias, innovaciones y tecnologías locales apropiadas, las historias de éxito, entre otros tanto logros. Por supuesto que también hay muchas cosas que en el pueblo se hace mal en términos ambientales (sabiendo que hay varias razones), por eso se justifica la forma tradicional de cómo se ha venido haciendo la educación ambiental. Pero también es innegable que mucho del accionar gubernamental deja mucho que desear en términos ambientales y de ahí la necesidad de avanzar hacia una propuesta de interaprendizaje, de educación mutua intercultural, de una construcción social de intersubjetividades favorables al desarrollo sostenible y no solo para mantener la estructura de poder que solo favorece a determinados grupos económicos en detrimento de la sociedad y el ambiente.

Fuente del Artículo:

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=223601

Comparte este contenido:

The United States’ War on Youth: From Schools to Debtors’ Prisons

Henry A. Giroux

If one important measure of a democracy is how a society treats its children, especially poor youth of color, there can be little doubt that American society is failing. As the United States increasingly models its schools after prisons and subjects children to a criminal legal system marked by severe class and racial inequities, it becomes clear that such children are no longer viewed as a social investment but as suspects. Under a neoliberal regime in which some children are treated as criminals and increasingly deprived of decent health care, education, food and  housing, it has become clear that the United States has both failed its children and democracy itself.

Not only is the United States the only nation in the world that sentences children to life in prison without parole, the criminal legal system often functions so as to make it more difficult for young people to escape the reach of a punishing and racist legal system. For instance, according to a recent report published by the Juvenile Law Center, there are close to a million children who appear in juvenile court each year subject to a legal system rife with racial disparities and injustices. This is made clear by Jessica Feierman, associate director of the Juvenile Law Center in her report «Debtors’ Prison for Kids? The High Cost of Fines and Fees in the Juvenile Justice System.» In an interview with the Arkansas Times, Feierman said:

Racial disparities pervade our juvenile justice system. Our research suggests that we can reduce those disparities through legislative action aimed at costs, fines, fees, and restitution … In every state, youth and families can be required to pay juvenile court costs, fees, fines, or restitution. The costs for court related services, including probation, a «free appointed attorney,» mental health evaluations, the costs of incarceration, treatment, or restitution payments, can push poor children deeper into the system and families deeper into debt. Youth who can’t afford to pay for their freedom often face serious consequences, including incarceration, extended probation, or denial of treatment — they are unfairly penalized for being poor. Many families either go into debt trying to pay these costs or forego basic necessities like groceries to keep up with payments.

 According to the report, sometimes when a family can’t pay court fees and fines, the child is put in a juvenile detention facility. Such punitive measures are invoked without a degree of conscience or informed judgment as when children are fined for being truant from school. In her article in Common Dreams, Nika Knight pointed to one case in which a child was fined $500 for being truant and because he could not pay the fine, «spent three months in a locked facility at age 13.» In many states, the parents are incarcerated if they cannot pay for their child’s court fees. For many parents, such fines represent a crushing financial burden, which they cannot meet, and consequently their children are subjected to the harsh confines of juvenile detention centers. Erik Eckholm has written in The New York Times about the story of Dequan Jackson, which merges the horrid violence suffered by the poor in a Dickens novel with the mindless brutality and authoritarianism at the heart of one of Kafka’s tales. Eckholm is worth quoting at length:

When Dequan Jackson had his only brush with the law, at 13, he tried to do everything right. Charged with battery for banging into a teacher while horsing around in a hallway, he pleaded guilty with the promise that after one year of successful probation, the conviction would be reduced to a misdemeanor. He worked 40 hours in a food bank. He met with an anger management counselor. He kept to an 8 p.m. curfew except when returning from football practice or church. And he kept out of trouble. But Dequan and his mother, who is struggling to raise two sons here on wisps of income, were unable to meet one final condition: payment of $200 in court and public defender fees. For that reason alone, his probation was extended for what turned out to be 14 more months, until they pulled together the money at a time when they had trouble finding quarters for the laundromat.

Not only do such fines create a two-tier system of justice that serves the wealthy and punishes the poor, they also subject young people to a prison system fraught with incidents of violent assault, rape and suicide. Moreover, many young people have health needs and mental health problems that are not met in these detention centers, and incarceration also fuels mental health problems.

Suicide rates behind bars «are more than four times higher than for adolescents overall,» according to the Child Trends Data Bank. Moreover, «between 50 and 75 percent of adolescents who have spent time in juvenile detention centers are incarcerated later in life.» Finally, as the «Debtors’ Prison for Kids Report» makes clear, kids are being sent to jail at increasing rates while youth crime is decreasing. The criminal legal system is mired in a form of casino capitalism that not only produces wide inequalities in wealth, income and power, but it also corrupts municipal court systems that are underfunded and turn to unethical and corrupt practices in order to raise money, while creating new paths to prison, especially for children.

Debtors’ prisons for young people exemplify how a warfare culture can affect the most vulnerable populations in a society, exhibiting a degree of punitiveness and cruelty that indicts the most fundamental political, economic and social structures of a society. Debtors’ prisons for young people have become the dumping grounds for those youth considered disposable, and they are also a shameful source of profit for municipalities across the United States. They operate as legalized extortion rackets, underscoring how our society has come to place profits above the welfare of children. They also indicate how a society has turned its back on young people, the most vulnerable group of people in our society.

There is nothing new about the severity of the American government’s attack on poor people, especially those on welfare, and both political parties have shared in this ignoble attack. What is often overlooked, however, is the degree to which children are impacted by scorched-earth policies that extend from cutting social provisions to the ongoing criminalization of a vast range of behaviors. It appears that particularly when it comes to young people, especially poor youth and youth of color, society’s obligations to justice and social responsibility disappear.

Modeling Schools After Prisons

We live at a time in which institutions that were meant to limit human suffering and misfortune and protect young people from the excesses of the police state and the market have been either weakened or abolished. The consequences can be seen clearly in the ongoing and ruthless assault on public education, poor students and students of color. Schools have become, in many cases, punishment factories that increasingly subject students to pedagogies of control, discipline and surveillance. Pedagogy has been emptied of critical content and now imposes on students mind-numbing teaching practices organized around teaching for the test. The latter constitutes both a war on the imagination and a disciplinary practice meant to criminalize the behavior of children who do not accept a pedagogy of conformity and overbearing control.

No longer considered democratic public spheres intended to create critically informed and engaged citizens, many schools now function as punishing factories, work stations that mediate between warehousing poor students of color and creating a path that will lead them into the hands of the criminal legal system and eventually, prison. Under such circumstances, it becomes more difficult to reclaim a notion of public schooling in which the culture of punishment and militarization is not the culture of education. Hope in this instance has to begin with a critical discourse among teachers, students, parents and administrators unwilling to model the schools after a prison culture.

Many schools are now modeled after prisons and organized around the enactment of zero tolerance policies which, as John W. Whitehead has pointed out, put «youth in the bullseye of police violence.» Whitehead argues rightfully that:

The nation’s public schools — extensions of the world beyond the schoolhouse gates, a world that is increasingly hostile to freedom — have become microcosms of the American police state, containing almost every aspect of the militarized, intolerant, senseless, overcriminalized, legalistic, surveillance-riddled, totalitarian landscape that plagues those of us on the «outside.»

Not only has there been an increase in the number of police in the schools, but the behavior of kids is being criminalized in ways that legitimate what many call the school-to-prison pipeline. School discipline has been transformed into a criminal matter now handled mostly by the police rather than by teachers and school administrators, especially in regard to the treatment of poor Black and Brown kids. But cops are doing more than arresting young people for trivial infractions, they are also handcuffing them, using tasers on children, applying physical violence on youth, and playing a crucial role in getting kids suspended or expelled from schools every year.

The Civil Rights Project rightly argues that public schools are becoming «gateways to prisons.» One estimate suggests that a growing number of young people will have been arrested for minor misbehaviors by the time they finish high school. This is not surprising in schools that already look like quasi-prisons with their drug-sniffing dogs, surveillance systems, metal detectors, police patrolling school corridors, and in some cases, police systems that resemble SWAT teams.

While there has been a great deal of publicity nationwide over police officers killing Black people, there has been too little scrutiny regarding the use of force by police in the schools. As Jaeah Lee observed in Mother Jones, the «use of force by cops in schools … has drawn far less attention [in spite of the fact that] over the past five years at least 28 students have been seriously injured, and in one case shot to death, by so-called school resource officers — sworn, uniformed police assigned to provide security on k-12 campuses.»

According to Democracy Now, there are over 17,000 school resource officers in more than half of the public schools in the United States, while only a small percentage have been trained to work in schools. In spite of the fact that violence in schools has dropped precipitously, school resource officers are the fastest growing segment of law enforcement and their presence has resulted in more kids being ticketed, fined, arrested, suspended and pushed into the criminal legal system.

In 2014 over 92,000 students were subject to school-related arrests. In the last few years, videos have been aired showing a police officer inside Spring Valley High School in Columbia, South Carolina throwing a teenage girl to the ground and dragging her out of her classroom. In Mississippi schools, a student was handcuffed for not wearing a belt, a black female student was choked by the police, and one cop threatened to shoot students on a bus.

Neoliberalism is not only obsessed with accumulating capital, it has also lowered the threshold for extreme violence to such a degree that it puts into place a law-and-order educational regime that criminalizes children who doodle on desks, bump into teachers in school corridors, throw peanuts at a bus, or fall asleep in class. Fear, insecurity, humiliation, and the threat of imprisonment are the new structuring principles in schools that house our most vulnerable populations. The school has become a microcosm of the warfare state, designed to provide a profit for the security industries, while imposing a pedagogy of repression on young people.

According to the US Department of Education Office for Civil Rights, a disproportionate number of students subject to arrests are Black. It states: «While black students represent 16% of student enrollment, they represent 27% of students referred to law enforcement and 31% of students subjected to a school-related arrest.»

Too many children in the Unites States confront violence in almost every space in which they find themselves — in the streets, public schools, parks, and wider culture. In schools, according to Whitehead, «more than 3 million students are suspended or expelled every year.» Violence has become central to America’s identity both with regards to its foreign policy and increasingly in its domestic policies.  How else to explain what Lisa Armstrong revealed in The Intercept: «The United States is the only country in the world that routinely sentences children to life in prison without parole, and, according to estimates from nonprofits and advocacy groups, there are between 2,300 and 2,500 people serving life without parole for crimes committed when they were minors.»

The predatory financial system targets poor, Black and Brown children instead of crooked bankers, hedge fund managers, and big corporations who engage in massive corruption and fraud while pushing untold numbers of people into bankruptcy, poverty and even homelessness. For example, according to Forbes, the international banking giant HSBC exposed the US financial system to «a wide array of money laundering, drug trafficking, and terrorist financing … and channeled $7 billion into the U.S. between 2007 and 2008 which possibly included proceeds from illegal drug sales in the United States.» Yet, no major CEO went to jail. Even more astounding is that «the profligate and dishonest behavior of Wall Street bankers, traders, and executives in the years leading up to the 2008 financial crisis … went virtually unpunished.»

Resisting Criminalization of School Discipline and Everyday Behavior

Violence against children in various sites is generally addressed through specific reforms, such as substituting community service for detention centers, eliminating zero tolerance policies in schools, and replacing the police with social workers, while creating supportive environments for young people. The latter might include an immediate stoppage to suspending, expelling and arresting students for minor misbehaviors. Legal scholar Kerrin C. Wolf has proposed a promising three-tier system of reform that includes the following:

The first tier of the system provides supports for the entire student body. Such supports include clearly defining and teaching expected behaviors, rewarding positive behavior, and applying a continuum of consequences for problem behavior. The second tier targets at-risk students — students who exhibit behavior problems despite the supports provided in the first tier — with enhanced interventions and supports, often in group settings. These may include sessions that teach social skills and informal meetings during which the students «check in» to discuss how they have been behaving. The third tier provided individualized and specialized interventions and supports for high-risk students — students who do not respond to the first and second tier supports and interventions. The interventions and supports are based on a functional behavior assessment and involve a community of teachers and other school staff working with the student to change his or her behavior patterns.

Regarding the larger culture of violence, there have also been public demands that police wear body cameras and come under the jurisdiction of community. In addition, there has been a strong but largely failed attempt on the part of gun reform advocates to establish policies and laws that would control the manufacture, sale, acquisition, circulation, use, transfer, modification or use of firearms by private citizens. At the same time, there is a growing effort to also pass legislation that would not allow such restrictions to be used as a further tool to incarcerate youth of color. In short, this means not allowing the war on gun violence to become another war on poor people of color similar to what happened under the racially biased war on drugs. And while such reforms are crucial in the most immediate sense to protect young people and lessen the violence to which they are subjected, they do not go far enough. Violence has reached epidemic proportions in the United States and bears down egregiously on children, especially poor youth and youth of color. If such violence is to be stopped, a wholesale restructuring of the warfare state must be addressed. The underlying structure of state and everyday violence must be made visible, challenged and dismantled.

The violence waged against children must become a flashpoint politically to point to the struggles that must be waged against the gun industry, the military-industrial-academic complex, and an entertainment culture that fuels what Dr. Phil Wolfson describes in Tikkun Magazine as «fictive identifications» associated with «murderous combat illusions and delusions.» Violence must be viewed as endemic to a regime of neoliberalism that breeds racism, class warfare, bigotry and a culture of cruelty. Capitalism produces the warfare state, and any reasonable struggle for a real democracy must address both the institutions organized for the production of violence and the political, social, educational and economic tools and strategies necessary for getting rid of it.

Americans live at a time in which the destruction and violence pursued under the regime of neoliberalism is waged unapologetically and without pause. One consequence is that it has become more difficult to defend a system that punishes its children, destroys the lives of workers, derides public servants, plunders the planet and destroys public goods.  Americans live in an age of disposability in which the endless throwing away of goods is matched by a system that views an increasing number of people — poor Black and Brown youth, immigrants, Muslims, unemployed workers and those unable to participate in the formal economy — as excess and subject to zones of social and economic abandonment. As Gayatri Spivak rightly observes, «When human beings are valued as less than human, violence begins to emerge as the only response.» At issue here is not just the crushing of the human spirit, mind and body, but the abandonment of democratic politics itself. Violence wages war against hope, obliterates the imagination, and undermines any sense of critical agency and collective struggle.

Sites of Resistance

Yet, resistance cannot be obliterated, and we are seeing hopeful signs of it all over the world. In the US, Black youth are challenging police and state violence, calling for widespread alliances among diverse groups of young people, such as the Movement for Black Lives (M4BL), worker-controlled labor movements,  the movement around climate change, movements against austerity and movements that call for the abolition of the prison system among others. All of these are connecting single issues to a broader comprehensive politics, one that is generating radical policy proposals that reach deep into demands for power, freedom and justice. Such proposals extend from reforming the criminal legal system to ending the exploitative privatization of natural resources. What is being produced by these young people is less a blueprint for short-term reform than a vision of the power of the radical imagination in addressing long term, transformative organizing and a call for a radical restructuring of society.

What we are seeing is the birth of a radical vision and a corresponding mode of politics that calls for the end of violence in all of its crude and militant death-dealing manifestations.  Such movements are not only calling for the death of the two-party system and the distribution of wealth, power and income, but also for a politics of civic memory and courage, one capable of analyzing the ideology, structures and mechanisms of capitalism and other forms of oppression. For the first time since the 1960s, political unity is no longer a pejorative term, new visions matter and coalitions arguing for a broad-based social movement appear possible again.

A new politics of insurrection is in the air, one that is challenging the values, policies, structure and relations of power rooted in a warfare society and war culture that propagate intolerable violence. State violence in both its hidden and visible forms is no longer a cause for despair but for informed and collective resistance. Zygmunt Bauman is right in insisting that the bleakness and dystopian politics of our times necessitates the ability to dream otherwise, to imagine a society «which thinks it is not just enough, which questions the sufficiency of any achieved level of justice and considers justice always to be a step or more ahead. Above all, it is a society that reacts angrily to any case of injustice and promptly sets about correcting it.»

It is precisely such a collective spirit informing a resurgent politics within the Black Lives Matter movement and other movements — a politics that is being rewritten in the discourse of critique and hope, emancipation and transformation. Once again, the left has a future and the future has a left.

Copyright, Truthout

http://www.truth-out.org/news/item/38044-america-s-war-on-youth-from-schools-to-debtors-prisons

 

Comparte este contenido:

La escuela de las luchas campesinas por el territorio (A Berta Cáceres)

Por: Carlos Aldana

Berta Cáceres fue una activista campesina de Honduras. En estos días, se conmemora el primer aniversario de su asesinato.

Esta valiente mujer simboliza, junto a muchos otros hombres y mujeres latinoamericanas, la lucha por el territorio. No por la tierra sola, sino por la conjunción de aspectos políticos, sociales, culturales y económicas que representa. Ella fue víctima de las grandes transnacionales que, junto a las estructuras de poder en los países, vienen empobreciendo a pueblos enteros mediante el saqueo o la explotación extrema de los recursos naturales. Berta, junto a tantos anónimos y anónimas, luchó por defender a los pueblos hondureños de la barbarie de empresas que modifican el entorno medioambiental a través de la utilización de ríos para la construcción de hidroeléctricas. Está claro que los impactos ambientales son tan enormes para la vida de las comunidades como lo es la ganancia que obtienen esas empresas.

Pero Berta Cáceres y el pueblo lenca representan solo un ejemplo de lo que está ocurriendo en América Latina. Una muestra de esa enorme escuela de las luchas campesinas por el territorio que está generando aprendizajes que la educación más tradicional y conservadora va a ocultar, negar o descalificar. Pero hay una gigantesca escuela en esas luchas que toda pedagogía de la vida y de la dignidad humana debe aprender a descubrir.

El debate que se mantiene abierto en nuestros pueblos por la defensa del territorio no es solo acerca del derecho de los pueblos a proteger sus recursos naturales. Implica también el abrirnos a descubrir cómo la protección del medioambiente es crucial para la vida comunitaria, pero también para la sobrevivencia global. En otras palabras, cada vez que un conjunto de comunidades pelea, discute y sufre la represión salvaje de poderes nacionales e internacionales, estamos frente a una lucha por el planeta.

Otro aprendizaje, quizá menos claro y más invisibilizado, es aquel que tiene que ver con el derecho de los pueblos a decidir por su territorio. Esto conlleva el derecho a acentuar y vivenciar sus cosmovisiones, sus valores, sus conocimientos y sus formas de relación con la naturaleza. Aunque parezca anacrónico decirlo, estoy seguro de que si las grandes potencias y las grandes transnacionales lanzaran una mirada a las maneras de vinculación con el entorno natural que han mostrado los pueblos originarios, las cosas serían otras para el futuro de la humanidad. ¡Pero esta es una ingenuidad! Lo que sí está claro que debe ser parte de la lucha ciudadana es el derecho a la consulta sobre agua, tierra, aire y recursos naturales que se niega de manera sutil o mediante la violencia.

También esta escuela nos está evidenciando la necesidad de que no desconectemos la tierra del territorio en cuanto concepción sociopolítica, pero también en cuanto a la dimensión cultural que tiene. Cuando llegan las máquinas a extraer minerales o desviar ríos, no solo llegan con la muerte de los microsistemas sino también con la destrucción de rasgos y elementos culturales que son más difíciles de recuperar. Por ejemplo, en Guatemala, la destrucción de la vida, la dignidad, la cultura y los proyectos de vida de 33 comunidades por causa de la construcción de la hidroeléctrica de Chixoy, sigue siendo un ejemplo de cómo en las luchas campesinas y de los pueblos indígenas se juega el futuro de una visión y una forma de vida que permita al planeta su sobrevivencia.

Y frente a estas luchas, ¿qué pasa con los sistemas educativos? O intencionalmente se ignora la realidad profunda (porque se “dan” clases de ambiente o ecología, pero no de realidad socioeconómica y política), o las luchas campesinas son silenciadas. De hecho, cuando las protestas campesinas ocurren, se criminaliza a los hombres y mujeres que las promueven. ¡Se hace criminales a quienes defienden la vida en el planeta, pero no a quienes lo explotan hasta el agotamiento!

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/03/03/la-escuela-de-las-luchas-campesinas-por-el-territorio-a-berta-caceres/

Comparte este contenido:

El mes de las mujeres en el mundo

Por: Elena Simón

El 8 de marzo sigue siendo necesario para recordar lo que pasó, para señalar las desigualdades, con carácter informativo, divulgativo, reivindicativo y crítico.

Todos los meses de marzo tenemos la ocasión de hablar de “mujeres”. No, claro, no me refiero a hablar de lo buenas que están o de lo malas y retorcidas que son, ni tampoco a compartir las conquistas de sus voluntades habidas en los últimos días. Creo que se pueden imaginar a qué me refiero cuando digo “hablar de mujeres”.

Los meses de marzo, porque el día 8 se conmemora en todo el mundo “el día internacional de las mujeres”, instituido por la ONU en la década que dedicó a la mujer, de 1975 a 1985. Anteriormente, le debemos a Clara Zetkin, en 1910, la iniciativa de marcar una fecha internacional y socialista, para nombrarla como “día de la mujer trabajadora”.

Durante una buena parte del siglo XX se conmemoró esta fecha con liderazgo sindical de clase. Más tarde, una vez conseguido el sufragio universal en muchos lugares del mundo y otros derechos, como la educación, el trabajo remunerado, la libertad de movimientos y de asociación, se comenzó a pensar que todas las mujeres del mundo eran trabajadoras, con o sin remuneración, excepto las impedidas por su salud o las muy ricas. Por eso se decidió cambiar la denominación.

En los últimos años, el “día de la mujer”, como se nombra de forma popular, trae consigo algún regalito o sorpresa, incluso felicitaciones. Como si esa “mujer” fuera en todas partes la misma. Con este motivo, se van de cena o de comida las compas del trabajo y, también, algunas pasan, después de esas comidas, por calles comerciales donde se les ofrece rebaja o promoción de artículos de moda o servicios de belleza. Seguramente con la buena intención de elevar la autoestima consumista de unas cuantas y, de paso, hacer negocio.

Los hombres que no aman a las mujeres, pero a los que les gustan todas, suelen bromear con mal gusto en esta jornada, “¿Y para cuando un día del hombre?”. Estos hombres y sus comparsas no aceptan las cifras de la desigualdad ni las acciones compensatorias , ni la violencia de género como un fenómeno específico que causa muchas muertes y otros estragos y efectos adversos colaterales. Siempre analizan las situaciones de desventaja como aisladas e individuales, casuales o provocadas por algún fallo o mal de alguna.

Pero, precisamente el 8 de marzo nos sigue sirviendo para lanzar resultados de estudios que siguen arrojando una evidencia de las relaciones desiguales de poder que subsisten entre hombres y mujeres.

Sí, ya sabemos que no son todas ni todos y que en el mundo occidental las mujeres lo hemos conseguido todo y nos quejamos de vicio, pero también sabemos que, como mujer, puedes estar en riesgo de padecer violencia y desigualdad de oportunidades, de trato y de condiciones, tanto en los ámbitos relacionales como en los sociales. Siempre respecto a los hombres de tu clase y condición.

También tenemos la oportunidad en marzo de asistir al estreno de alguna película, al visionado de vídeos, a la presentación de algún libro, a algún programa radiofónico o televisivo especial y a multitud de menciones de honor a mujeres en muchos lugares. Seguimos sacando a la luz muchas de las que inventaron, arriesgaron su vidas o participaron en acciones heroicas y no acabamos nunca, porque hasta bien recientemente nunca se había realizado este parto continuo de sacar a la luz lo no nato y queda mucho trabajo obstétrico por hacer.

En algunos lugares del mundo, marzo es considerado como el mes de la historia de las mujeres. Visualizamos así lo que pasó y lo que pasa, lo que pasa aquí y lo que pasa allá.

Las niñas y niños, las y los adolescentes, tienen que conocer todo esto, para saber de dónde viene la desigualdad, el mal trato y la doble exigencia a las mujeres, así como la violencia ejercida contra nosotras, contra cualquiera de nosotras, contra muchas de nosotras. Y tienen que conocer estos datos de forma certera y crítica

En muchos centros educativos sí se trabaja sobre este tema con mayor o menor amplitud o intensidad. Y cada vez hay más estudios académicos y de investigación al respecto. Así, poco a poco, se crea conciencia de lo que ello supone. y se aprende a considerarlo como una injusticia tan básica como el racismo.

De todos modos, la misoginia y el machismo siguen imperando y propagando la idea de que las mujeres no son de fiar ni pueden ser excelentes en muchos campos de actividad humana (como deportes, ciencia y tenología, dirección ejecutiva, etc…) y, también, que la violencia de género es casi merecida o inevitable. Estas mismas voces apresuran a echarse encima de las normas o leyes discriminatorias de otros países más crueles aún con sus mujeres, encubriendo con ello intereses espúreos.

Así es que sigue siendo necesaria la conmemoración del 8 de marzo, como día internacional de las mujeres, con carácter informativo, divulgativo, reivindicativo y crítico con este sistema de dominación universal que, a las claras o bajo manga, impide que las mujeres sean consideradas seres humanos completos y ciudadanas de plenos derechos, sin peros.

Fuente noticia: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/02/28/el-mes-de-las-mujeres-en-el-mundo/

Fuente imagen:http://www.fesamericacentral.org/files/fes-america-central/actividades/costa_rica/Actividades_cr/140308 dia internacional mujer trabajadora cr/Rigoberta menchu.png

Comparte este contenido:

Cómo estimular cerebros en el aula

Por: Mariana Otero

Expertos aseguran que la actividad cerebral en una clase tradicional es casi nula. Para lograr el conocimiento, se necesita la emoción. La neurodidáctica da algunas pistas, pero también genera inquietudes entre quienes piden complementarla con la psicología y la pedagogía. El adiós a las clases magistralesUn interesante camino por recorrer

¿Cómo aprende el cerebro? ¿Es posible utilizar todo el potencial que tiene para mejorar el rendimiento y, de paso, dejar en el olvido las clases magistrales?

La pregunta se repite en todo el mundo donde comienza a aparecer la neurodidáctica (la disciplina que estudia cómo aprende el cerebro) como una posibilidad de cambio. Para la neuroeducación, entre otras cosas, el cerebro necesita emocionarse para aprender.

Pero no todos están de acuerdo en incorporar las neurociencias en las escuelas ya que, sostienen, es necesario que se complementen con la psicología educacional y la pedagogía. Además, todavía la fusión entre pedagogía y neurodidáctica es incipiente, y hay un largo camino por recorrer ya que supone un cambio en el paradigma tradicional educativo.

A las puertas de un nuevo año escolar, ¿es posible imaginar cambios basados en la neurociencia? ¿Se corre el riesgo de caer en una mirada biologicista que deje de lado la historia personal, el contexto socioeconómico y la dinámica áulica a la hora del aprendizaje? ¿Qué aporta la neurodidáctica?

“Se sabe que debido a los procesos de neurogénesis estamos en constante aprendizaje. Según estudios neurológicos, la capacidad de aprender se basa en la plasticidad del cerebro, la cual puede estimularse con el uso. Por tanto, la única manera de mantener la salud mental es estar atentos y curiosos a nuevos aprendizajes”, explica Marilina Rotger, neuro­psicoeducadora y maestra de primaria.

Para Rotger, la sorpresa, la motivación, la emoción, el deporte, la buena alimentación, la novedad o el trabajo en equipo son indispensables para favorecer el conocimiento. “No aprendemos al memorizar sino al experimentar, al involucrarnos y poner el aprendizaje ligado con la experiencia propia, los intereses y los ambientes que sean compatibles con nuestro cerebro”, indica Rotger.

MIRÁ. El adiós a las clases magistrales

Profunda

Así, la información novedosa se almacena en el cerebro de manera más profunda. “Diferentes estudios demuestran que la actividad cerebral registrada durante una clase es similar a la encontrada viendo televisión, es decir, prácticamente nula. El cerebro necesita emocionarse para aprender. Cuando adquiere información novedosa la procesa en el hemisferio derecho, afín con la intuición, las imágenes y el pensamiento creativo”, plantea Marilina Rotger.

Por tanto, el lenguaje y el discurso de tipo académico, dice la especialista, “no juegan un papel significativo en el aprendizaje”. Por el contrario, enfatiza: “Fomenta que los estudiantes lleven su atención hacia otros intereses, dado que no perciben nada del contexto que les cause placer”.

Magdalena Cáceres, médica especialista en neurología, explica que el ambiente y las demás personas ejercen una gran influencia en el desarrollo del cerebro.

“Es un órgano excepcionalmente plástico; es decir, capaz de cambiar estructural y funcionalmente frente a las experiencias, modificando los circuitos neurales existentes o creando nuevos”, indica Magdalena.

Y agrega: “El aprendizaje pone al descubierto esta posibilidad del cerebro humano de modificarse a sí mismo para adaptarse, aprender, adquirir habilidades y responder al ambiente. A este fenómeno se lo llama neuroplasticidad”.

Rotger insiste en que para entender cómo aprende el cerebro es importante conocer cómo siente; cómo procesa y almacena información.

“Los docentes pretendemos llegar a las redes cognitivas racionales con la información que damos a nuestros estudiantes, pero antes la información debe pasar por redes instintivas emocionales, por su cerebro emocional”, plantea. “Existen neurotransmisores que favorecen y ayudan en estos procesos si sabemos activarlos en los estudiantes”, remarca Rotger.

Para lograrlo, dice, los alumnos deben alcanzar el “circuito de recompensa”, que se conoce con las siglas DAS: la “D” es dopamina, la “A” es noradrenalina y la “S” serotonina.

“Si logramos motivar y emocionar a nuestros estudiantes en una clase, se activarán sus neurotransmisores del placer, la dopamina. Esta activará el neurotransmisor de noradrenalina, preparándolos para la acción que los motivó y, luego de realizar el proceso, se generará serotonina, volviéndolos al estado normal”, sostiene.

ANÁLISIS. Un interesante camino por recorrer

Escuchar más

En una entrevista publicada por el diario El País , de Madrid, Francisco Mora, doctor en Medicina y uno de los máximos referentes de la neuroeducación en España, explica: “Sabemos que, para que un alumno preste atención en clase, no basta con exigirle que lo haga”, insiste. El cerebro no aprende sobre la base de discursos.

“Más vale asistir a 50 clases de 10 minutos que a 10 clases de 50 minutos”, puntualiza Mora.

En la misma línea, Jesús Guillén, profesor de la Universidad de Barcelona y uno de los creadores de “Escuela con cerebro” –un blog sobre neurociencia aplicada a la educación–, plantea que, en promedio, entre el 70 y el 80 por ciento del tiempo en el aula transcurre con un profesor que habla.

Sin embargo, sostiene, investigaciones revelan que, cuando se cede protagonismo al alumno, el rendimiento aumenta.

Ciclo lectivo. Cuántos alumnos estudian en Córdoba.

Nivel inicial. 123.183 alumnos: 87.159 en escuelas estatales y 36.024 en privadas.

Primario. 347.736 alumnos: 251.325 en estatales y 96.411 en privadas.

Secundario. 318.540 alumnos: 189.564 estatales y 128.976 en privadas.

Especial. 7.221 alumnos.

Adultos. 57.423 alumnos.

Fuente: http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/como-estimular-cerebros-en-el-aula

Comparte este contenido:

La calidad del profesor incrementa un 6% el rendimiento de sus alumnos

Por: Olga Sanmartín

Un estudio realizado a partir de las pruebas PIRLS de Lectura señala que “los mejores docentes están sobrerrepresentados en los centros privados”

El trabajo advierte de que esta distribución de recursos “tiene un efecto regresivo sobre los resultados de los alumnos” porque “beneficia más a las familias que más tienen”

La calidad del profesorado repercute en el rendimiento de sus alumnos. Así lo establece un estudio realizado por los economistas Jorge Calero y J. Oriol Escardíbul a partir de los resultados que obtuvieron en 2011 los alumnos españoles de 4º de Primaria (entre nueve y 10 años) en las pruebas PIRLS, que miden sus habilidades en Comprensión Lectora.

El trabajo, que han presentado esta mañana la Fundación Ramón Areces y la Fundación Europea Sociedad y Educación, concluye que la ganancia que supone para un estudiante tener un maestro de elevada calidad respecto a tener uno con baja calidad es de un incremento de 30 puntos en PIRLS.

Estos 30 puntos vienen a significar la distancia existente entre España (saca 513 puntos en PIRLS, por debajo de la media de 538 de la OCDE) y Holanda, que es uno de los 10 países que mejores resultados obtiene en esta prueba de la Asociación Internacional para la Evaluación del Rendimiento Educativo (IEA).

Jorge Calero, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona, explica que no es posible obtener una equivalencia de lo que supondría esta diferencia de rendimiento en cuanto a cursos académicos, pero sí establece un porcentaje: “Un buen profesor sube el rendimiento de sus alumnos en PIRLS en un 6%“, como mínimo.

“La calidad del profesorado es importante en término de sus efectos sobre la adquisición de competencias de lectura”, dice el estudio, que señala también que se han observado resultados parecidos en otros trabajos realizados en EEUU, Australia o el Reino Unido.

Los autores han encontrado que los resultados de los alumnos de los centros públicos y, también, de los centros cuyas familias disponen de recursos socieconómicos y culturales bajos o intermedios tienen “una sensibilidad ligeramente más alta” ante variaciones en la calidad del profesorado. Es decir, a los estudiantes de estos colegios les afecta más que el profesor sea bueno o malo. En concreto, el incremento del rendimiento de un alumno con un buen maestro sería de un 6,21% en un centro público y de un 5,37% en un centro privado.

Más buenos profesores en la privada

Otro de los objetivos de la investigación era averiguar en qué centros trabajan los mejores y los peores profesores. La conclusión es que “los mejores profesores están sobrerrepresentados en los centros privados y en los centros donde las familias tienen un nivel mayor de recursos socioculturales”. Y eso ocurre a pesar de que los maestros de la escuela privada están peor pagados y no han tenido que pasar por el filtro de la oposición. ¿Por qué ocurre esto?

“Hay más probabilidad de encontrar un profesor mejor en la privada que en la pública”, sostiene Calero. “Los centros privados normalmente están en mejores condiciones para seleccionar sus plantillas y sus alumnos, y hay algunos centros privados donde los maestros prefieren ir con independencia de su salario. Aceptan condiciones salariales peores a cambio de alumnos con un nivel sociocultural y socioeconómico más alto”.

Esta circunstancia provoca, según los autores, “una distribución de recursos que tiene un efecto regresivo sobre los resultados de los alumnos”, ya que “beneficia más a las familias que tienen más recursos inicialmente”. Es lo que se conoce como el denominado efecto Mateo, “que consiste en dar al que ya tiene, como en los Evangelios”.

Calero y Escardíbul opinan que los resultados obtenidos “tienen claras implicaciones de política educativa“. En su opinión, habría que “revertir esta situación” de tal forma que “los mejores profesores estén en los centros con más dificultad” y se gane en “equidad”, como ya han insistido autores como Eric A. Hanushek, profesor de la Universidad de Stanford.

Los autores plantean medidas al respecto. Por un lado, piden “intensificar las actuaciones que permitan mejorar la calidad del profesorado en los centros donde los usuarios provienen de familias con menos recursos”. Por otro, quieren que se facilite “la presencia de los mejores en esos centros”.

“Se trataría de una política con mayor eficacia potencial en el sector público, ya que también el alumnado de los centros públicos es más sensible ante cambios de la calidad del profesorado”, sostienen.

¿Qué factores afectan a la calidad del profesor?

El trabajo también ha indagado en los factores que determinan el nivel de la calidad del profesorado, aunque sus resultados, en este punto, no son muy concluyentes. Los autores sostienen que el número de alumnos por aula “no parece afectar en principio”, en sintonía con lo que han establecido otros estudios previos. Tampoco parecen incidir en los resultados la edad del maestro o el hecho de que posea una titulación de máster o doctorado. En otras palabras, “la adquisición de niveles educativos por encima del grado universitario no parece incidir en la calidad del profesorado”.

Sí afectan, de forma positiva, que en los estudios realizados por el profesor hayan sido importante la enseñanza de la lectura; su formación continua; sus años de experiencia como docente, o que haya cursado seminarios de formación para enseñar a los alumnos a leer.

La evidencia empírica, mayoritariamente centrada en EEUU, destaca el impacto positivo del nivel de conocimientos del profesorado y de su experiencia docente, así como los incentivos salariales y, en menor medida, el nivel salarial.

El método empleado ha sido poner en relación las variables que en PIRLS explican el rendimiento del alumno con el efecto que provoca cada profesor, en una muestra de 8.580 alumnos, 312 centros y 402 profesores.

Fuente: http://insurgenciamagisterial.com/la-calidad-del-profesor-incrementa-un-6-el-rendimiento-de-sus-alumnos/

Comparte este contenido:
Page 2075 of 2740
1 2.073 2.074 2.075 2.076 2.077 2.740