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Los alimentos por las nubes… y también en la basura

Por Sergio Ferrari

América Latina debería poder alimentar 10 mil millones de personas en 2050

Impacto mortífero para los bolsillos populares. Los precios de los alimentos básicos se dispararon en todas partes y alcanzan los valores mundiales más altos de la última década.

Los alimentos costaron en mayo del 2021 un 39.7% más que en mayo del año pasado. Así lo señala el índice de precios elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), publicado en la primera quincena de junio (http://www.fao.org/worldfoodsituation/foodpricesindex/es/ ).

El maíz explota

Para arribar a estos datos, el organismo internacional da seguimiento sistemático a cinco grupos sectores básicos:  los cereales, los aceites vegetales, los productos lácteos, el azúcar y la carne. Un desglose detallado por rubro permite tener una visión general de esta tendencia alcista generalizada.

En mayo, los cereales aumentaron 36.6%, si se compara con los precios del mismo mes del año pasado. Los valores internacionales del maíz fueron los que más subieron, alcanzando un 89.3% por encima del registrado en igual momento del 2020. Estos aumentos representan el nivel más elevado desde enero de 2013. Según la FAO, la posibilidad de disminución de la producción en Brasil acentuó la presión sobre la oferta mundial, de por sí ya muy limitada.

Los precios internacionales de la cebada y el sorgo también se incrementaron en mayo. Tras el aumento repentino de los precios del trigo, una mejoría en las condiciones de los cultivos, sobre todo en los Estados Unidos de América y la Unión Europea, provocó un marcado descenso de su precio a finales del último mes. Aun así, en promedio, este grano superó en un 28.5% los valores de un año antes.

Los aceites vegetales –palma, soja, colza– aumentaron 7.8% en lo que representa ya el decimosegundo aumento mensual consecutivo. Las cotizaciones internacionales del aceite de palma mantuvieron una tendencia alcista en mayo y alcanzaron su nivel más elevado desde febrero de 2011. Debido, principalmente, al débil crecimiento de la producción en los países de Asia sudoriental, junto con la extensión de la demanda mundial de las importaciones. También aumentó el aceite de soja, muy demandado por el sector del biodiesel.

En cuanto a los productos lácteos, la FAO registró un salto de un 28% con respecto a mayo de 2020. Sin embargo, las cotizaciones internacionales de la leche desnatada en polvo fueron las que más subieron. La sólida demanda de importaciones en un contexto de escasez de suministros procedentes de la Unión Europea explica dicho aumento.

El índice de precios de la carne experimentó un alza del 10% en relación al mismo mes del año pasado, aunque todavía se mantuvo un 12% por debajo de su precio máximo de agosto de 2014.

En cuanto al azúcar, el estudio de la FAO constató un aumento en mayo de un 6.8% con respecto a abril, el más elevado desde marzo de 2017. La subida de las cotizaciones internacionales de este producto se debió, principalmente, a retrasos en las cosechas y a la preocupación ante un menor rendimiento de los cultivos en el Brasil, el mayor exportador del mundo, a causa de la sequía prolongada. El aumento de los precios del petróleo crudo y el continuo fortalecimiento de la moneda brasilera frente al dólar estadounidense también favorecieron la subida. No obstante, los grandes volúmenes de exportaciones procedentes de la India contribuyeron a moderar los precios e impidieron un mayor incremento mensual.

Interrogándose sobre las causas de esta explosión de precios a nivel mundial, un reciente artículo de la BBC Mundo responde: “Como era de esperar, el aumento está relacionado a la pandemia. Los proveedores se han visto afectados por interrupciones en la producción, la mano de obra y el transporte. Y mientras tanto, la demanda de alimentos está creciendo”.

El medio británico recuerda que “los expertos habían advertido que la alta demanda y la baja producción conducirían a un aumento de la inflación a medida que las economías salieran de las restricciones impuestas por la pandemia”. Y anticipa que, sin embargo, “algunas industrias podrían experimentar una fuerte recuperación”. La FAO prevé una producción mundial récord de cereales este año, lo que puede ayudar a aliviar las presiones alcistas de los precios.

Unos con hambre, otros derrochan

Si la pandemia juega un rol condicionante en los precios de la canasta básica a nivel internacional, intervienen también otros factores estructurales: América Latina pierde el 12% de sus alimentos antes que éstos lleguen a la venta al por menor.

Esta es la principal conclusión de otro estudio de la misma organización onusiana de fines de abril. Afirma que unos 220 millones de toneladas de alimentos terminan en la basura, luego de la cosecha y antes de la venta minorista.

Esta pérdida representa 150.000 millones de dólares. Cifra de magnitud si se considera que al menos 60 millones de latinoamericanos y caribeños se confrontan con el drama de la inseguridad alimentaria.

El informe más recientes de la Agencia de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente –publicado en marzo de este año y correspondiente al 2019– señala que casi una quinta parte de toda la comida del mundo acaba en los tachos de basura de los hogares,  los restaurantes y  otros sitios donde se sirven alimentos (https://news.un.org/es/story/2021/03/1489102 ).

Comparativamente, el peso de esos alimentos equivaldría, a 23 millones de camiones de 40 toneladas completamente cargados. Puestos en fila, darían siete vueltas a la Tierra.

A nivel mundial, cada año se desperdician 121 kilogramos de alimentos per cápita. Una de las conclusiones más significativas del estudio, es que no se observan grandes diferencias entre países ricos y en desarrollo. Nigeria es uno de los países donde más comida se tira a nivel familiar: unos 189 kilos per cápita al año, comparados con los 59 kilos de Estados Unidos de América. En México se desperdician 94 kilos, en España, 77 y en Colombia, 70.

La agricultura, apuesta latinoamericana también de futuro

Según previsiones de las Naciones Unidas (https://news.un.org/es/story/2021/04/1490932América Latina y el Caribe “en tanto pilares de la seguridad alimentaria” deben jugar un papel esencial de cara al futuro: garantizar la alimentación de 10.000 millones de personas en el 2050. En la actualidad aporta el 14% de la producción mundial de alimentos y el 45% de su comercialización y sus sistemas agroalimentarios suponen casi la mitad del empleo total del sector, el cual representa entre el 30 y el 40% del Producto Interno Bruto regional.

Sin embargo, la ONU reconoce que la pandemia ha provocado un retroceso sin precedentes en la lucha contra el hambre y que, en consecuencia, más de 20 millones de personas en la región podrían engrosar las filas de la pobreza. Esta crisis continental, responsable de casi la mitad de los casos totales de contagios y decesos, en 2020 provocó una contracción del 7.7% del PIB, el cierre de 2.700.000 de empresas y un retroceso sin precedentes en la lucha contra el hambre y la pobreza. Los organismos internacionales proyectan en diez años el tiempo necesario para que el continente alcance sus niveles pre pandémicos. Paradoja de la historia:  a pesar del creciente desempleo, las exportaciones agrícolas regionales aumentaron durante la pandemia, lo que pone de manifiesto la resistencia del sector en la mayoría de los países.

En la agricultura, sus innovaciones y diversificación, América Latina y el Caribe se juegan gran parte de su futuro. Sin embargo, “la” agricultura no es una, ya que implica una pugna de modelos y conceptos (agronegocio vs. agroecología) y exige cambios profundos de actitudes de la sociedad planetaria, como, por ejemplo, evitar el desperdicio de alimentos. Todo esto en una coyuntura internacional de interdependencia creciente, en momentos en que los precios de los alimentos básicos se disparan en todo el mundo y los platos rotos, como siempre, los pagan los sectores sociales menos pudientes.

Los alimentos por las nubes… y también en la basura

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Hacia una comunidad de vida ante el suicidio colectivo

Recientemente Katya Colmenares en el Seminario Permanente de la Asociación de Filosofía y Liberación y también en la Conferencia Internacional Pensando el Mundo desde la Vida, nos invitó a pensar “desde la vida”, lo cual supondría un cambio de paradigma. En ese sentido, ir más allá del fetichismo capitalista. Es decir, del orden vigente conducente al “suicidio colectivo” (como diría Franz Hinkelammert).

Somos testigos de cómo hemos convertido a la naturaleza en una mera mercancía y seguimos haciéndolo con minas a cielo abierto, afectando directamente nuestro medio y, también, cómo las relaciones sociales capitalistas son destructivas de la convivencialidad y sensibilidad ante el Otro. Ya no se trata de una crisis del capitalismo, estamos ante una crisis civilizatoria (como diría Renan Vega Cantor) en curso. De tal forma que, una reforma al sistema capitalista no es la solución, más bien sería parte del problema. Son esas relaciones y su modo de producción causantes del deterioro de la Madre Tierra y de la vida en ella.

Así como la sociedad experimentó el progreso, produjo abismales desigualdades y condiciones ecológicas pírricas para la existencia de la vida en general y de la especie humana en particular. La locomotora del capitalismo continua su acelerado rumbo al suicidio colectivo, urge como diría Walter Benjamin, un freno de emergencia.

Ante ese escenario poco optimista cuando vemos la espiritualidad capitalista desenvolverse plenamente, el pensamiento de Colmenares es una bocanada de esperanza. Como tarea nos dice: urge pensarse como “comunidad de vida”; esa es de las tareas políticas más sublimes, pensar y actuar como un gran nosotros. La pandemia nos desnudó aún más la necesidad de hacerlo. La posibilidad de pensar en estos términos supone las condiciones y utopías para hacerlo sin claudicar ante el suicidio colectivo.

Abdiel Rodríguez Reyes, Profesor de Filosofía en la Universidad de Panamá 

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Pedro Castillo, EE.UU., el fujimorismo… y la izquierda

Por: Aram Aharonian

La difusión de una serie de audios, entre ellas una de Vladimiro Montesinos, sanguinario jefe de inteligencia durante el gobierno de Alberto Fujimori, confirmó al menos una de las conspiraciones para descarrilar el proceso electoral en Perú donde ganó el socialista Pedro Castillo, e imponer en la presidencia a la candidata derrotada en las urnas, Keiko Fujimori.

En el audio, Montesinos da indicaciones para sobornar a tres de los cuatro integrantes del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) con un millón de dólares a cada uno, e indica que el contacto para acceder a los jurados es Guillermo Sendón, un político simpatizante del fujimorismo. En una segunda llamada telefónica, Montesinos sugiere al mismo interlocutor, el coronel retirado Pedro Rejas Tataje, que la embajada de Estados Unidos podría ayudar a los conspiradores.

Mientras el candidato ganador, el maestro y dirigente social Pedro Castillo aseguró el viernes último en Cusco que el suyo será un gobierno “que piensa y siente como el pueblo”. “El Perú necesita que el pueblo sea escuchado. Lo primero que tenemos que agendar son los grandes problemas, las grandes brechas de desigualdad”.

Anunció que su gestión priorizará la salud y la educación, “que deben ser un derecho y no un negocio”, y también la agricultura. “Tenemos que hacer un gobierno austero. No nos verán robar un centavo a este pueblo”, ofreció.

“Cuando sales a hacer una propuesta te dicen terrorista, chavista, comunista, que le vas a quitar su plata a los inversionistas, que vas a ahuyentar la economía, que les vas a quitar su propiedad, su casa, su terreno. Todo eso es falso”, señaló, en alusión a la guerra sucia en su contra.

De todas formas, habría que ver hasta dónde llega y qué significa realmente el izquierdismo de Castillo. Hasta ahora se limita a exigir un reseteo del modelo neoliberal, con el fin de disminuir esas desigualdades. Su propuesta, incrementar al 20% del presupuesto la inversión en salud y educación, lo que conllevará un alza en la carga fiscal a las actividades mineras y de hidrocarburos

Algunas disquisiciones

En este contexto, al gobierno estadounidense de Joe Biden le tocó recibir una papa caliente y sabe que después de lo sucedido en Bolivia, lo más prudente es seguir la corriente del proceso, siempre y cuando no pierda la influencia para orientarlo, para que no se convierta en un proceso radical. Para Washington, pararlo no luce como opción ni conveniencia.

Y para eso, para contener el proceso antes que se desmadre, parece contara con la influencia del “progresismo” que encabezan los presidentes de México y Argentina, Andrés Manuel López Obrador y Alberto Fernández.

En el contexto regional, este  “experimento” con Castillo puede darle al gobierno de Biden elementos útiles para el caso de Colombia, un país de mayor importancia para los intereses estadounidenses, inserto en una grave crisis multidimensional y un estallido social que no se detiene. La tarea en Colombia es negociar con Gustavo Petro, hoy ganador de todas las encuestas preelectorales.

Para poder iniciar cualquier diálogo con Petro, primero deben garantizarle que podrá disuadir al uribismo (las fuerzas policiales y militares del Estado más las paramilitares) de que  lo maten y, seguramente, garantizarles una presencia política (en el Congreso y gobernaciones) que les garantice la impunidad de todos sus actos, de gobierno y en contra de los derechos humanos de la población.

Y mientras la derecha presionaba buscando desconocer las elecciones en las que fue derrotada y las autoridades electorales demoran en proclamar oficialmente su triunfo electoral, Castillo recibió el sábado último un amplio respaldo de los presidentes de Argentina y Bolivia –Aberto Fernández y Luis Arce-, y de varios exmandatarios de la región como Dilma Rousseff, Evo Morales, Ernesto Samper, Fernando Lugo, Manuel Zelaya y Leonel Fernández.

También de excancilleres y dirigentes políticos y parlamentarios regionales, todos ellos encuadrados dentro del progresismo. Castillo les habló de los graves problemas económicos y sociales del Perú, del durísimo impacto de la pandemia, de la pobreza, de la grave crisis de la salud y de la educación, desfinanciados por tres décadas de neoliberalismo, y señaló que “aquí lo que se necesita es un cambio estructural”.

Reveló que le habían pedido que modifique su discurso de cambio, que se le habían acercado a proponerle ministros para seguir por el mismo rumbo neoliberal, pero aseguró que no cederá a esas presiones. “Si vamos a hacer lo mismo, estamos perdiendo el tiempo”, les señaló. O advirtió.

*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

Fuente: https://estrategia.la/2021/06/28/pedro-castillo-eeuu-el-fujimorismo-y-la-izquierda/

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Brasil: El gobierno actual ha llevado muerte a los indígenas

El gobierno actual ha llevado muerte a los indígenas

Leonardo Boff

Es notorio el desprecio que el actual presidente de Brasil muestra hacia los indígenas. Los considera sub-gente, y el 1 de diciembre de 2018 declaró con toda claridad: “nuestro proyecto para el indio es hacerlo igual a nosotros”. Y avanzó más: “no va a haber un centímetro demarcado para reserva indígena o para los quilombolas”.

Lo más perverso fue no aprobar la Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) que debía llevarles agua potable e insumos básicos contra la Covid-19. Es un propósito de muerte. Hace días, en este mes de junio, en una manifestación pacífica de varias etnias, fueron recibidos en Brasilia con represión, balas de goma y gases lacrimógenos. Están en un total abandono, hasta el punto de que 163 pueblos de diferentes etnias han sido contagiados, y se han registrado 1.070 muertes.

Un conocedor de la historia de la Amazonia, Evaristo Miranda –autor de un libro cuyo título es toda una revelación: Cuando el Amazonas corría hacia el Pacífico, Vozes 2007– nos dice: “una cosa es segura: la más antigua y permanente presencia humana en Brasil está en la Amazonia. Hace unas 400 generaciones, diversos grupos humanos ocuparon, disputaron, exploraron y transformaron los territorios amazónicos y sus recursos alimentarios” (p. 47). Desarrollaron un gran manejo de la selva, respetando su singularidad, modificando al mismo tiempo su hábitat para multiplicar los vegetales útiles para el uso humano. El indígena y la selva evolucionaron juntos en una profunda reciprocidad.

Bien lo dijo el antropólogo Viveiros de Castro: “La Amazonia que vemos hoy es la que ha resultado de siglos de intervención social, así como las sociedades que viven allí son el resultado de siglos de convivencia con la Amazonia” (en Tempo e Presença 1992, p. 26).

También es relevante observar que en el interior de la selva con sus cientos de etnias se formó, a partir de 1.100, antes de las llegadas de los invasores portugueses, un espacio inmenso (casi un imperio) de la tribu tupí-guaraní. Ocuparon territorios que iban desde los contrafuertes andinos, formadores del río Amazonas, hasta las cuencas de los ríos Paraguay y Paraná, llegando algunos hasta las pampas gauchas y al nordeste brasilero. “De esta forma”, afirma Miranda, “prácticamente todo el Brasil selvático fue conquistado por pueblos tupí-guaraní” (p. 92-93).

En el Brasil pre-cabralino había cerca de 1.400 tribus, el 60% de ellas en la parte amazónica. Hablaban lenguas de 40 troncos distintos, subdivididos en 94 familias diferentes, lo que llevó a la antropóloga Berta Ribeiro a afirmar “que en ninguna parte de la Tierra se ha encontrado una variedad linguística semejante a la observada en la América del Sur tropical” (Amazônia urgente, 1990 p.75). Hoy, lamentablemente, dada la diezmación de los pueblos indígenas perpetrada en el transcurrir de la historia y, recientemente, por los garimpeiros, mineros, extractivistas (la mayoría ilegales), quedan solamente 274 lenguas. Esto significa que se han perdido más de mil lenguas (85%) y con ellas conocimientos ancestrales, visiones de mundo y comunicaciones singulares. Ha sido un empobrecimiento irreparable para el patrimonio cultural de la humanidad.

Entre las muchas tragedias que llevaron a la desaparición de etnias enteras, cabe recordar una que pocos conocen. Don Juan VI, que algunos admiran, en carta regia del 13 de mayo de 1808, mandó llevar a cabo una guerra oficial contra los índios Krenak del Valle del Rio Doce, en los estados de Minas y Espíritu Santo. A los comandantes militares les ordenó “una guerra ofensiva que no tendrá fin sino cuando tengais la felicidad de enseñorearos de sus habitaciones y hacerles sentir la superioridad de mis armas… hasta la total reducción de una semejante y atroz raza antropógafa” (L.Boff, O casamento do céu com a terra, 2014, p. 140).

¿Por qué recordamos todo esto? Para que nos demos cuenta de que estas acciones exterminadoras continúan todavía hoy, y hay que resistir, criticar y combatir las criminales políticas del actual gobierno, genocida de indígenas y del propio pueblo brasilero, que ha dejado morir a más de 510 mil personas.

Los principales responsables y sus cómplices difícilmente escaparán de enfrentarse al Tribunal Internacional de Crímenes contra la Humanidad en La Haya. El clamor no es solo brasileño sino internacional. Para tales crímenes no hay límite de tiempo. Dondequiera que estén y en cualquier tiempo no escaparán su severidad, celosos, como han demostrado ser, de la sagrada dignidad del ser humano.

Estos pueblos originarios son nuestros maestros y doctores en lo que refiere a la relación con la naturaleza de la cual se sienten parte y grandes cuidadores. Ahora que con la Covid-19 andamos perplejos y perdidos sin saber cómo seguir adelante, debemos consultarlos. Como dice un líder indígena, sobreviviente de la guerra criminal de Don Juan VI, Ailton Krenak, ellos nos ayudarán a alejar o posponer el fin del mundo.

Si seguimos la ruta de destrucción de nuestro hábitat, la Casa Común, explotándola ilimitadamente, sin ningún escrúpulo, ese destino podrá ser la tragedia de la especie humana. Pero tenemos la esperanza que hizo a los indígenas sobrevivir hasta el día de hoy. También nosotros esperamos sobrevivir, transformados por las lecciones que la Madre Tierra nos viene dando.

Leonardo Boff

Fuente de la Información: https://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=1028

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Educar y ser educados.

Educar y ser educados.

Juan Pablo Viola

Ayer hablamos con mi esposa con unos queridísimos amigos que viven en México. Y nos dieron la gran noticia de que, después de siete años de matrimonio, y unos tantos de búsqueda del hijo o la hija, por fin nuestra amiga ha quedado embarazada. ¡Y ya está de 13 semanas!

Cuando nos lo contaron, así con suspenso y de modo bien sorpresivo, nos pusimos a gritar de la emoción. Fue un gran momento. Después me puse a reflexionar sobre lo grandioso y hermoso de ser padres, aunque muchas personas no lo vean de ese modo.

Porque claro, ser padres no es tarea fácil. Y no hay una escuela que otorgue un título de buen padre o buena madre. Y esto es así ya que a ser padres se aprende siendo padres, haciendo la experiencia. No hay otro modo. Evidentemente, en la actualidad (cuando yo era niño también había pero mucho menos, y con menos objetividad científica que ahora) hay muchos libros y teorías sobre cómo educar buenos niños, y de ese modo recibir la etiqueta de “buen padre o madre”. Pero del dicho al hecho hay un largo trecho, dice el refrán. O sea, saber cómo se puede llegar eventualmente a ser un buen padre o madre, dista bastante de llegar a serlo efectivamente. Yo puedo leer una importante cantidad de libros sobre paternidad y maternidad, psicología del hijo, etc., pero tener un hijo o hija y criarlo es otro cantar.

Sin embargo, el tema que yo quería compartir con mis lectores tiene que ver con que ser padres no es tarea simple por una razón de la que, yo al menos, no he leído mucho.

El trabajo de educar a un hijo o hija nos exige salir de nosotros mismos, renunciar a muchos de nuestros gustos, dejar de ser el centro de mi propia vida, comenzar a entender y a hacer “sacrificios” en cuanto a pequeñas (o no tanto) autogratificaciones que nos hacíamos cuando éramos solteros. En definitiva, los hijos o hijas nos sacan de nuestra zona de confort, lo queramos o no. O como me gusta decir a mí, no sólo nosotros somos los primeros educadores de nuestros niños sino que ellos también son educadores nuestros.

Y, ¿por qué? Pues, precisamente porque como lo insinúo en el párrafo anterior ellos nos obligan a ser más desprendidos, desinteresados, más divertidos aunque estamos cansados, más alegres aunque estamos angustiados, e incluso más activos aunque estamos estresados.

Uno de mis hijos, cuando tenía 4 y 5 años, repetidas veces me pedía ir al baño a hacer caca en medio del almuerzo, cuando yo estaba por el segundo bocado de mi milanesa. Mi hija ahora mi pide que la ayude con matemáticas, una materia que nunca me generó mucho atractivo, por lo que me he tenido que poner a repasar algunos temas para poder ayudarla, y sacrificar ese tiempo para mí, para poder ayudarla.

Muchas veces, si queda poca gelatina para comer de postre, naturalmente me quedo sin tomar gelatina para que ellos puedan disfrutar de su postre. Una de mis favoritas son las de la noche… todavía mis dos hijos más pequeños son infantes y se resisten a dormirse sin que les cante una canción tomándoles las manos. Y yo me caigo de sueño, pero entre bostezos, no me queda más remedio que cantarles.Ni que hablar cuando a las tres de la madrugada uno de ellos se levanta llorando y viene a despertarnos porque tuvo una pesadilla. O cuando es fin de semana, domingo, y me levantan a las ocho de la mañana porque están aburridos o quieren tomar su desayuno. Y así sucesivamente.

Podría contar mil anécdotas más de cómo ellos nos templan el carácter, pulen nuestras imperfecciones, nos conminan a ser buenos, a ser cautos con lo que decimos, a comer más frugalmente, a no hablar de más. En resumen, nos obligan a ser mejores; o, lo que es lo mismo, nos educan.

¿Será por eso que hay parejas que deciden no tener hijos? ¿Por no atreverse a salir de su zona de confort? ¿Por el gasto material que también implica criar un niño o una niña? Tal vez… Pero si te lanzas a la aventura de tener un hijo, no olvides que, cuando “te saquen canas verdes” te estarán educando. Porque las personas aprendemos a ser mejores de muchos modos, pero sobretodo, al ser interpelados por otros, especialmente por esos otros que quisimos traer al mundo, y por quienes debemos responder con un compromiso que dura veinticuatro horas los trescientos sesenta y cinco días del año.

Fuente de la Información: https://revistahumanum.com/2021/03/31/educar-y-ser-educados/

 

 

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México – La educación de 2021: igualdad social y tecnología

La educación de 2021: igualdad social y tecnología

Hugo Casanova Gardiel

La educación nacional no enfrenta un buen pronóstico para 2021. Ni los problemas estructurales de la educación, ni sus asuntos coyunturales muestran señales consistentes de mejora. Y ello no representa un vaticinio pesimista, por el contrario, hoy resulta impostergable contar con un diagnóstico realista y demandar desde la sociedad un cambio de rumbo en el que se entienda que la educación no puede continuar siendo un ámbito ideologizado y mercantilizado por los poderes político y económico, sino un espacio estratégico comprometido con la formación de la niñez y la juventud con un horizonte de justicia social y de construcción de un mejor futuro nacional.

A las insuficiencias estructurales en términos de cobertura, calidad y equipamiento que han caracterizado por décadas a nuestro sistema educativo, se sumaron, en el año de la pandemia, serios problemas que ponen de manifiesto las vulnerabilidades sociales, educativas y digitales de la sociedad. Baste recordar que, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, hoy apenas 21.9 por ciento de la población vive en condiciones de no pobreza y no vulnerabilidad social. Eso significa que en este 2021, el legado para ocho de cada 10 mexicanos será de algún déficit en términos de ingresos, salud, vivienda o educación. De manera particular el ámbito educativo seguirá siendo afectado por la crisis sanitaria que alejó de las instalaciones físicas a 36.5 millones de niños y jóvenes que son fiel reflejo de las asimetrías sociales.

Como se sabe, las estrategias gubernamentales para contrarrestar el cierre de las instalaciones escolares se apoyaron prioritariamente en las tecnologías digitales. De tal forma, las modalidades que asociaban la educación a la tecnología lograrían ubicarse como una respuesta oportuna ante una situación de clara emergencia. Sin embargo, en ese escenario también surgirían voces que llamaban a remplazar la educación “tradicional” por formas pretendidamente más efectivas y modernas. En tal sentido, la educación presencial comenzó a ser caracterizada por sus “inercias pedagógicas” y –como si ello fuera una cuestión de simple voluntad– por su falta de apego a la tecnología. En realidad, se cuestionaba lo escolar y se discutía la vigencia de la institución: cursos, programas, estrategias didácticas e incluso maestras y maestros que, esta vez, eran remplazados por la pantalla y por conductores de televisión.

Sin embargo, es necesario señalar que la educación difundida por medios digitales ha estado muy lejos de cumplir con el ideal de extenderse a grupos sociales más amplios. En vez de ello, se han hecho patentes las desigualdades de todo tipo y las mayorías volvieron a quedar al margen de los beneficios educativos. En 2020 se hicieron manifiestas las dimensiones de la brecha social y digital de los mexicanos y se pudo constatar como el estudiantado y sus familias tuvieron que asumir una parte significativa de los costos educativos en términos de equipamiento, conectividad, material documental y espacios físicos para el estudio. Eso sin contar el déficit vivido en términos afectivos, colaborativos y de socialización, difícilmente atendidos a través de la pantalla.

En el caso de la educación superior se ha hecho patente la supremacía del software propietario (Zoom, Google, YouTube) por encima de las modalidades libres. Así, las plataformas privadas han incursionado en los espacios personales e institucionales apropiándose y mercantilizando los datos de los particulares. Los corporativos informáticos fundan su acción en un modelo empresa-cliente que es transferido a la educación en una lógica en la que el conocimiento y la información devienen en mercancía. En tal sentido, se manifiesta una fuerte oposición entre las aspiraciones igualitarias de la educación pública y los intereses de los corporativos proveedores de servicios tecnológicos.

Por todo ello, hoy resulta imprescindible comprender a profundidad la racionalidad y mecanismos de operación de las modalidades digitales de enseñanza, así como su impacto real en los procesos educativos. Acaso sea posible plantear que, antes de convertirse en el remplazo de lo presencial, las herramientas tecnológicas en su conjunto pueden contribuir a su mejor desempeño. Así, el reto sería lograr que, aun tratándose de modalidades diferentes, sean orientadas hacia un fin compartido.

No cabe duda que necesitamos dar respuesta a las dimensiones estructural y coyuntural de la educación. En ambos casos las tecnologías digitales aparecen como un medio con enormes potencialidades para renovar lo educativo. Sin embargo, para atender la problemática de ese sector no basta con expresar buenas intenciones. Es preciso tomar decisiones con rigor y estrategia: estudiando las virtudes de lo digital, pero también considerando sus posibles riesgos. Es indispensable construir modalidades digitales pertinentes e igualitarias, acordes con los problemas de nuestro país –y no simplemente transfiriéndolas de otros contextos– y, por supuesto, es urgente fortalecer y renovar la modalidad presencial a la que habremos de regresar en algún momento.

¿Qué es necesario considerar para la vuelta? Sin duda debe insistirse en el tema de la cobertura en todos los niveles bajo un criterio de justicia social y exigencia académica. Es necesario contar con establecimientos educativos seguros, equipados, conectados, preparados para contingencias y situaciones calamitosas. Asimismo, deben hacerse los ajustes curriculares que permitan la plena incorporación de las modalidades digitales. Y, finalmente, ha de emprenderse un sólido programa de formación en el que maestras y maestros puedan adquirir las herramientas didácticas –presenciales y digitales– para contribuir a la educación de la niñez y la juventud mexicanas del tercer milenio. Ni más ni menos.

Director del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM

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México: Los grandes laberintos de la educación en tiempos de pandemia

Los grandes laberintos de la educación en tiempos de pandemia

Miguel Ángel Pérez Reynoso

La llegada de la pandemia a nuestro país y a la mayoría de los países del mundo trajo consigo el agotamiento de los modelos tradicionales de atención educativa y la exigencia ineludible de innovar todo lo que implica atender educativamente a niñas, niños y jóvenes.

De esta manera la pandemia generó un enorme y complejo laberinto a todos los sistemas educativos en el mundo, dicho laberinto se convirtió en una serie de senderos, caminos, brechas y recovecos jamás explorados por el propio sistema. Pasar de una forma de atención directa y escolarizada a otra virtual remota y a distancia, fue la primera gran bifurcación que se generó en el laberinto del sistema. La segunda bifurcación fue el darnos cuenta de la capacidad real y operativa de los y las docentes para demostrar que estaban preparados para migrar a otras formas (a nuevas formas de atención escolar). Y la tercera gran bifurcación del laberinto del sistema se dio cuando se pasa de un sistema normalizado y legitimado basado en la atención escolar a otro, en donde las niños y los niños deberán conectarse der alguna maneras con sus profesores y en donde también se ha exigido que madres y padres de familia se invocaren en mejores formas de acompañamiento en favor de la atención escolar de sus propios hijos e hijas.

Estos nuevos trazos de las líneas y senderos del laberinto del sistema educativo de nuestro país, se van marcando a partir de un tejido jamás trazado y de la exigencia de transitar por caminos poco transitados.

De esta manera el sistema educativo visto como un complejo laberinto generó en los hechos, aglomeraciones, atropellamientos y un colapso de tránsito parecido a una ruta vial del periférico a las 2 de la tarde. El laberinto del sistema se ha congestionado de mas, nos hemos visto paralizados y lo que le ha hecho falta son ideas y propuestas para poder avanzar en orden y dejar que los demás avancen.

La metáfora no es ociosa ni tampoco impertinente, estamos en realidad ante los trazos de un nuevo laberinto el cual supimos en donde fue la entrada pero desconocemos el camino a la salida y desconocemos también en donde nos encontramos en estos momentos. El laberinto del sistema educativo nacional no cuenta con GPS, ni mecanismos virtuales para darnos cuenta de la ubicación en tiempo real en donde nos encontramos parados hoy en día. Estamos perdidos en una selva pedagógica llena de confusiones y de preguntas sobre las cuales no es posible generar respuestas certeras y convincentes. ¿Qué hacer ahora para salir de este complejo laberinto en el que nos encontramos muchos y muchas? No lo sé, creo que pocos lo saben, de entrada reconocer que esta es nuestra nueva realidad, la nueva normalidad, entender que el espacio y el camino por recorrer son nuevos, y por ultimo caminar con mesura con ojos de investigador para poder aprender del nuevo camino que recorremos.

Fuente de la Información: http://www.educacionfutura.org/los-grandes-laberintos-de-la-educacion-en-tiempos-de-pandemia/

 

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