El uso de tecnologías puede ser de gran ayuda para facilitar la comunicación entre ciudadanos, agilizar la manufactura en empresas o mecanizar acciones básicas. Sin embargo, en los últimos diez años, el internet, la robótica y las comunicaciones han avanzado a un punto de no retorno. Con ello, se descubrió cómo las tecnologías pueden también vulnerar los derechos humanos por medio de la segregación racial en algoritmos, reconocimiento facial sin consentimiento y acumulación de datos personales vendidos a compañías para aumentar las ventas, además de establecer monopolios.
Durante el mes de septiembre de 2020, la organización para salvaguardar los derechos humanos Amnistía Internacional (AI), publicó una investigación donde asegura, tres firmas tecnológicas europeas (Morpho, Axis Communications y Noldus Information Technology) vendieron herramientas de tecnología biométrica, diseñada principalmente para reconocer rostros, y de vigilancia a el estado de Shangai, China, país donde más se utilizan dichas tecnologías. Este tipo de información es esencial para la autentificación e identificación digital, como en redes sociales o banca móvil.
Asimismo, AI cree, China pudo haber utilizado estas tecnologías en la persecución y adoctrinamiento de miles de musulmanes durante 2017. Gracias a un macrosistema de vigilancia y procesamiento de datos personales, el gobierno Chino, liderado por Xi Jingping del Partido Comunista de China (PCC), identificó en ese entonces como sospechosas a 24 mil 412 personas con ascendencia musulmana. 706 fueron encarceladas y 15 mil 683 fueron trasladadas a «centros de educación ideológica y entrenamiento profesional», según la investigación Los cables secretos de China.
Como defensa de la libertad de expresión y opinión, libertad de pensamiento y derecho a la no discriminación, AI publicó a finales de 2019 el informe Gigantes de la vigilancia. En este reporte, la organización denuncia a los principales servicios de internet, Google y Facebook, como monopolios de la web que lucra con información recabada de la actividad de usuarios y su venta a otras compañías. «Su control insidioso de nuestras vidas digitales menoscaba la esencia misma de la privacidad y es uno de los problemas de derechos humanos que definen nuestra época», señala Kumi Naidoo, secretario general de Amnistía Internacional.
Según Tendayi Achiume, relatora especial sobre racismo, en 2019, 189 algoritmos de reconocimiento facial de 99 desarrolladores en el mundo fueron analizados. Encontró, «muchos de estos algoritmos tenían de 10 a 100 veces más probabilidades de identificar de incorrectamente una fotografía de un rostro afrodescendiente o de Asia oriental, en comparación con una blanca». Achiume criticó: «Ya no puede haber ninguna duda de que las tecnologías digitales emergentes tienen una capacidad sorprendente para reproducir, reforzar e incluso exacerbar la desigualdad racial dentro de las sociedades».
Para poder cambiar el uso de tecnologías a favor de los derechos humanos es necesaria una legislación donde legalmente se aseguren los datos en internet y el derecho a la privacidad. En la Unión Europea (UE) se instauró el Reglamento de Protección de Datos (RGDP) con miras a garantizar la protección de los ciudadanos europeos en sus actividades online. Mas queda aún ampliar este tipo de iniciativas para salvaguardar los derechos humanos en el uso de tecnologías de todo el mundo.
El año del coronavirus nos deja textos brillantes. Escritores, profesores, críticos y, sobre todo, lectores de la Región de Murcia nos recomiendan sus favoritos.
‘La Peste’, de Albert Camus.
El sonido de las sirenas de fondo
José Luis Martínez Valero, escritor y profesor jubilado de Lengua y Literatura.
Este es un tiempo de volver a leer, no es nuevo el libro, es diferente. A los dieciséis años leí ‘La peste’. Era el tórrido verano del 57. Lo hice en el balcón, bajo la persiana, sobre el suelo. Me parecía que el calor de Orán y el de Lorca era el mismo. Nadie pasaba por la calle, todos vivían la siesta bajo techo. Me impresionó la historia del niño que muere y sus consecuencias: la pregunta sobre la justicia, la cuestión de la fe. Importaba más la dimensión personal que la colectiva, el hombre, sujeto de la historia, se planteaba el mundo. Leída hoy, al fondo el sonido de las sirenas, con los miles de afectados y algún amigo muerto, es como si se hubiesen evaporado aquellas conciencias: el periodista, el doctor, el jesuita, el hombre que modela la primera frase de su novela, los corruptos. También han desparecido las preguntas. Se podría decir que la muerte del niño no tiene el mismo efecto, la muerte es la muerte y afecta, antes o después, al malvado y al inocente. Quizá solo el trabajo del doctor y su vocación profesional no han cambiado.
‘Camino de Sardes’, de Clara Janés.
Oculto en las apariencias
Francisco Torres Monreal, poeta y catedrático jubilado de Filología Francesa de la UMU.
Pasar a la escritura las sorpresas que nos desvelan los sentidos; descubrir con penetración y amor lo que queda oculto por las apariencias, los símbolos de los signos, la lección de las cosas; armonizar con la mística el erotismo, la psicología y aun las indagaciones de la ciencia: he aquí algunas de las propuestas que, de tiempo atrás, nos revelaba la poesía de Clara Janés. A estas hay que añadir su frecuentación de determinadas escrituras, referentes próximos de la suya propia. El camino de Sardes se centra particularmente en estas elecciones. Sabíamos a Clara lectora de Platón, Ibn Arabí, Juan de la Cruz, Holan, la poesía árabe… A ellos añade ahora a los poetas nórdicos, que ocupan la mitad de la obra. De unos y otros nos ofrece sus glosas y comentarios. En ellos trasciende el rigor del análisis semiológico al uso pues, además de aclarar lo que el texto dice, o lo que el texto quiere decir, la poeta, como no podía ser de otro modo, nos deja intuir lo que el texto le dice. De este modo, la obra se nos convierte en provechosa guía de lectura.
‘Camino de Sardes. Logos bifronte’, de Clara Janés.
Trayecto de luz
Juana J. Marín Saura, poeta y escritora.
‘Camino de Sardes. Logos bifronte’ (Ed. Libros del Innombrable, 2020), de Clara Janés, no es un libro al uso. Surge de su constante reflexión sobre la luz, en el mar, en una hoja, al amanecer o atardecer, a través de una ventana. Libro que antes de leer lo imaginemos un ensayo poético difícil, cuando su autora, en realidad nos hace partícipes (I-Hielo en las alas) de sus poetas suecos predilectos, como Gunnar Ekelöf. Desde ese frío nórdico, Janés, en un inteligente recorrido por la luz, llega a la calidez del sur (II-Las flores en fruto) y amados autores como Ibn Arabí. Les invito al bello laberinto de palabras que Clara nos regala en ‘Camino de Sardes’. Un caleidoscopio en mi mano derecha para observar la naturaleza, los números, el misterio, los rayos de luz, las sombras, los recovecos… Una brújula en mi mano izquierda, orientada al buen hacer y la serenidad que nos deja «como un cisne de luz» (G. E.) la autora. Cuando cerremos las páginas de este extraordinario ensayo poético, segura estoy que tal vez sin darnos cuenta, brillará sobre nosotros y en nuestros corazones una mágica aurora boreal.
‘Argonauta’, de Pablo Rodríguez Ros.
Pasión por la ciencia y el conocimiento
Daniel Torregosa, divulgador científico.
«Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias». Los primeros versos del poema Ítaca, de Constantino Cavafis, que tan acertadamente se citan al comienzo de esta obra, resumen a la perfección el resultado de esta crónica científica de viajes. Unos viajes a través mares de divulgación científica y océanos de compromiso social. ‘Argonauta’ es la ópera prima del cartagenero Pablo Rodríguez Ros, doctor en Ciencias del Mar y actual responsable de Cultura Científica y Relaciones Internacionales en la delegación del CSIC en las Islas Baleares. Durante diez años, Pablo ha recorrido medio mundo analizando procesos y fenómenos que tienen lugar en el medio marino y juegan un papel decisivo en el funcionamiento de los distintos subsistemas terrestres y humanos, con especial detalle en lo relativo al cambio climático, del que es un experto conocedor. Un libro brillante que nos embarca en un viaje personal, cargado de anécdotas y humor, reflexión y pasión por la ciencia oceanográfica. Terminamos 2020 con la esperanza puesta en el fin de la pandemia, pero en la otra orilla nos espera el reto del cambio climático. Escila y Caribdis, no lo olvidemos.
‘Centroeuropa’, de Vicente Luis Mora.
El latido del corazón de Europa
Basilio Pujante, escritor, crítico literario y profesor de Literatura.
Un forastero llega a Szonden, un pequeño pueblo de la Prusia de los años treinta del siglo XIX, en pleno centro de Europa. Se llama Redo y lleva consigo una pena, su mujer acaba de morir, el título de propiedad de un pedazo de tierra y un enorme secreto. Cuando comienza a trabajar la tierra de la que es propietario, es el primer minifundista en una época de grandes propietarios, descubre que su pequeña finca guarda en su tierra numerosos cadáveres de soldados de guerras pretéritas y futuras. Tras este impactante inicio, Vicente Luis Mora construye en ‘Centroeuropa’ una historia llena de matices que trasciende el marbete de novela histórica para hablarnos de temas como la identidad, el desconcierto del extranjero ante las costumbres locales, la libertad individual, la influencia del pasado en nuestras vidas y el origen del concepto moderno de Europa. Un libro que pese a la complejidad de su construcción, mezcla el léxico contemporáneo y el del siglo XIX, utiliza varios narradores, ofrece una historia en la que el lector disfrutará acompañando a Redo en su problemática integración en Szonden.
‘Cómo maté a mi padre’, de Sara Jaramillo Klinkert.
Este dolor contado con esta belleza
Vega Cerezo, poeta.
Cuando acabé de leer el debut literario de Sara Jaramillo, supe con certeza lo que ya había intuido en las primeras páginas: me había enamorado perdidamente de ‘Cómo maté a mi padre’. De su historia, de la frescura y la verdad con la que está contada, de la rabia de sus protagonistas, de la selva colombiana y sus lluvias torrenciales; de todo eso me enamoré. Cuando un libro vibra con esa fuerza es como si nos lanzara fuegos artificiales desde sus páginas; a mí me parece eso: un estallido luminoso que asombra y emociona. Esta novela testimonial en la que la autora narra el asesinato de su padre en la década de los 90 en un Medellín doblegado por el narcotráfico, está llena de ternura, infancia, belleza, árboles exóticos, hormigas y dolor. Más allá del fatal incidente, la autora explora la fragilidad de una familia que debe reconstruirse con ese dolor pegado al alma. Amar y perdonarse con el daño de la violenta pérdida en sus vidas. Quizá les parezca una historia triste, pero les aseguro que Sara Jaramillo ha hecho luminosa esa desolada aventura. A mí me hizo latir el corazón como una quinceañera.
‘Cosas nuestras’, Ilu Ros.
Habla con ella
Ángeles Carnacea C., escritora y delegada en la Región de la ONG Solidarios para el Desarrollo.
Cuando termino de leer ‘Cosas nuestras’, echo de menos la conversaciones que no tuve con mi abuela. No alcanzó el tiempo. Ilu Ros, ilustradora de Mula (Murcia), afincada en Madrid, agarra en este libro, primero que publica en español, un hilo luminoso a partir de una copla que suena mientras su abuela hace la faena en casa. Así comienzan una conversación que las llevará hasta los años de la dictadura y la posguerra, a la vida en el campo, a la experiencia migratoria en aquellos años difíciles. El pasado y el presente se van cosiendo en un diálogo en el que las coplas, las canciones, las novelas de Corín Tellado, van tejiendo la memoria reciente de un país, la de la gente sencilla y sabia, como la abuela de Ilu, Resure. La escuela de la vida está en tu casa, en esas conversaciones con tus mayores. Por el libro y sus hermosas ilustraciones transitan desde Concha Piquer hasta Rosalía, un mapa ilustrado de la España de ayer, cuyo legado atesoran nuestros abuelos y abuelas, nuestros padres y madres, de los tiempos en los que casi nada era fácil. Ayer y hoy se engarzan para componer una obra de resultado impecable y además en una edición de tapa dura. Fetén. En un año en el que las personas mayores han sentido la soledad y el olvido de una manera tan violenta, este es uno de mis libros favoritos. Ya en la faja del libro, publicado por Lumen, la invitación es directa: ‘Déjate de Instagram. Habla con tu abuela’.
‘Cuadernos. 1957-1972’, de Emil Cioran.
«Gritar asusta a los ángeles»
Miguel Sánchez Robles, escritor.
Siempre me ha fascinado Cioran. Era demasiado joven cuando leí algo suyo por primera vez y me asombraron sus palabras brutalmente sinceras y la enjundia que había en sus postulados pesimistas, de un existencialismo sublime. Creo que leerle me llevó a venerar para toda mi vida esa elegancia humana que tiene el pensamiento, esas cimas de significado a las que pueden llegar las palabras. Leer a Cioran es algo que pudiera asustar a los que estamos vivos, hacer que tiemblen como en un terremoto nuestras ideas más superficiales y todos nuestros «propósitos de enmienda». Sus reflexiones sobre el sentido de la vida tienen un aura terrible ante cualquier optimismo, pero contribuyen a que tu mente sea capaz de abrir nuevas constelaciones de conciencia y a descubrir por ti mismo la belleza suprema del pensar. ‘Cuadernos’ es un libro ingente y de mucho calibre sustancial, lleno de anotaciones personales íntimas y de escepticismo radical. Y es también un ejercicio literario sobre cómo convertir «la desesperación» o «el insomnio» en arte. Leyendo esta obra poco a poco, no se deja ingerir a grandes dosis, uno encuentra cosas así: «Gritar asusta a los ángeles» o «París: insectos comprimidos en una caja. Ser un insecto célebre».
‘El libro de las lágrimas’, de Heather Christle.
Instrucciones para llorar
Miguel Ángel Hernández Navarro, escritor, crítico y profesor de Historia del Arte de la UMU.
Hay libros que a uno le habría gustado escribir y los lee con una emoción a medio camino entre la admiración y la envidia. El libro de la poeta Heather Christle es una de esas obras. Un ensayo afectivo sobre la historia de las lágrimas, pero también una memoria personal del llanto, una cartografía de los lugares en los que lloramos –en la cocina, en el coche, en la cama…– y un recorrido por el sentido que damos a ese cuerpo acuoso que brota de nuestro interior. Es un libro sobre la pérdida de aquellos a los que hemos querido, pero también sobre el amor que sentimos hacia los que llegan para quedarse. Un texto fragmentario en el que encontramos confesiones íntimas, reseñas en tiendas ‘online’ sobre muñecas lloronas, o performances artísticas, como la pistola de lágrimas congeladas de Yi-Fei Chen. Arte, filosofía, historia cultural, literatura, feminismo y sobre todo muchísima poesía. Un libro corto pero infinito, de esos que nunca se acaba porque regresamos a sus páginas una y otra vez. Para mí, sin duda, el descubrimiento del año. Una maravilla.
‘La buena suerte’, de Rosa Montero.
Un nuevo comienzo tras la derrota
María Jesús Pérez Navarro, escritora.
«¡Qué mala suerte tengo!». Son tantas las veces que he repetido estas palabras… Porque si nací con virtudes, la suerte, que todo fluya bien sin demasiado esfuerzo, no fue una de ellas. Y, sin embargo, me pasa como a casi todos: pasito a pasito, todo va saliendo. ¿Realmente tenemos mala suerte? ¿Y si esos baches nos acaban conduciendo a algo mejor? La suerte, la mala suerte. El bien, el mal. Con un estilo impoluto y unos personajes muy bien definidos, Rosa Montero nos sumerge en una historia de intriga y profundas reflexiones donde los secretos se entremezclan con la realidad. ¿De qué huye Pablo? ¿Qué le ha llevado a refugiarse en un pequeño y olvidado pueblo? ¿Quién le persigue? ¿Es cierto todo lo que le cuenta a su vecina, Raluca? Poco a poco la historia va desvelando el misterio de este hombre, sus miedos y lo que esconde. Al mismo tiempo, los sentimientos enfrentados de los personajes nos enseñan que todo es relativo: todo depende de cómo leamos la realidad. Ser capaces de salir adelante depende de nosotros, de cómo nos enfrentemos a la vida. Al final, la alegría es un hábito. Un hábito que nos ayuda a ser felices.
‘La Claridad’, de Marcelo Luján.
Insondable y oscura es el alma humana
Carmen M. Pujante, profesora de Literatura en la Universidad de Murcia.
En el manojo de mis libros predilectos del raro 2020 destaca ‘La claridad’, de Marcelo Luján (Páginas de Espuma). Para avalar su calidad bastan los premios, de los que es justo merecedor. Para advertir su oportunidad basta la palabra ‘coronavirus’, que es plasmada en él antes del fatídico mes de marzo. Pero para celebrar su victoria más allá de caducas batallas, paradójicamente libradas ya en era «prepandémica», basta atreverse con él, porque viene a confirmar algo que de sobra saben los lectores voraces: que la literatura ilumina recovecos del alma humana, siempre insondable, oscura, tanto más terrorífica cuanto más se nos revela como algo perfecto, cumplido, escrito desde el tiempo futuro. Eso les sucede a los personajes que, además, se mueven por el libro como si este respondiera a una suerte de fórmula literaria, a saber, la del ciclo de cuentos. Le augura una larga vida a esta idea del ciclo o libro de relatos breves el propio escritor, como se puede comprobar en entrevistas que con amabilidad suele conceder y publicar, pues el argentino consigue alumbrar mejor que ningún estudio literario el concienzudo taller de su escritura. Valgan estos seis relatos para releer lo vivido y, también, para vivir lo leído este año.
‘Mariquita’, de Juan Naranjo.
Las alas de una mariquita
Ilu Ros, ilustradora.
‘Mariquita’ es el último libro ilustrado que he leído este 2020 y me ha enamorado. Juan Naranjo narra la historia de Juanito desde el día en que llega a casa y cuenta a sus padres que en el colegio lo llaman «mariquita» y no sabe por qué. Naranjo nos abre un agujerito por el que mirar a su propia infancia, en los años 90, y lo hace de una manera tan honesta que te encoge el alma en una página y a las dos siguientes te hace soltar una carcajada teniendo aún las lágrimas atragantadas en el galillo. El autor narra su crecimiento y la búsqueda de su propia identidad en una España en la que se señalaba al «diferente», pero lo hace con la firmeza del que sabe que está contando una verdad muy grande. No sé si es un libro para niños pero estoy segura de que ayudaría a muchos de ellos a sentirse menos solos; lo que sí que tengo claro es que debería pasar de mano en mano entre los padres de todas las AMPAs. Porque ningún niño merece volver del cole llorando, ni que le corten las alas. Y mucho menos sus alas de mariquita.
‘La troupe’, Antonio J. Ruiz Munuera.
Un viaje con todos los sentidos
Consuelo Mengual Bernal, doctora en Literatura, abogada y promotora cultural.
La belleza literaria que contiene la novela ‘La Troupe’ reside en la armonía de las palabras que tan bien narra el escritor, profesor, fotógrafo y deportista Antonio J. Ruiz Munuera, al contar esta historia sobre la búsqueda de la libertad de una chica adolescente cuyo padre es un relevante y poderoso gobernador en el Canadá del siglo XIX. Una de sus habilidades es considerar al lector joven como una persona inteligente a través de una escritura culta sin dejar por ello de ser muy amena e interesante. Consigue despertar empatía con la protagonista así como resurgir muchas cuestiones en torno a valores como la valentía y la fidelidad. El texto funciona como un ‘bildungsroman’ o novela de crecimiento personal ante la fuerza de la decisión de Elisabeth para desafiar el terror opresor de su padre. El hecho de cuestionar la figura paterna es un buen recurso literario para ahondar en la idea de la búsqueda del lugar que cada uno ocupa en la vida. Y para todo ello se sirve del maravilloso mundo mágico del circo, que tanto gustaba al autor en su infancia, y nos traslada a esa vida nómada que tiene como telón de fondo la extraordinaria naturaleza de Canadá, sus pueblos indígenas y sus ciudades. Mediante un itinerario de encuentros, Ruiz Munuera descubre secretos escondidos y, en su ágil manejo de la literatura ecológica, nos sumerge en espacios naturales que casi habíamos olvidado. La novela ha recibido el merecido Premio Alandar de Literatura Juvenil 2020, que se suma a los que ya alberga este intrépido escritor de la ‘Orden del Meteorito’. Toda una invitación a viajar por sus páginas con los cinco sentidos.
‘La troupe’, Antonio J. Ruiz Munuera.
Salto al vacío
Inma Pelegrín, poeta.
Eso, precisamente, es lo que hace la protagonista de uno de mis libros preferidos de este 2020. Saltar sin red. En ‘La Troupe’ nos zambullimos, como lanzándonos desde un trapecio, en el universo del circo. Y en otra época, la del fin de una forma de vida nómada, la de los carromatos ambulantes, refugio de acróbatas, forzudos y equilibristas. Y en otro continente, el de los bosques y las montañas interminables de Canadá, territorio de osos, alces y águilas de cabeza blanca. Antonio J. Ruiz Munuera hace una pirueta de tres mortales con tirabuzón para cambiar de registro literario, desde sus primeras novelas de género negro oscuro, a una estremecedora novela de aventuras juveniles, ganadora del XX Premio Alandar de Literatura. Puedes encontrar muchas cosas interesantes en esta novela, pero hay algo que te atrapa desde la primera línea: ‘La Troupe’ te hace viajar lejos. Tanto como a tu propia infancia, en la que aún existían libros de aventuras que te llevaban a soñar con países lejanos, heroínas como la pequeña Elisabeth Gilmour y decisiones fundamentales, de esas que hacen cambiar una vida para siempre. Novelas que te abren, tan anchas como sus paisajes, unas inmensas ganas de vivir.
‘Nación vacuna’, de Fernanda García Lao.
El relato oficial como ficción patriótica
Marcos Campillo Fenoll, crítico literario y profesor en West Chester University of Pennsylvania.
La instalación de una Junta Nacional tras la victoriosa guerra de las M. y la implementación de una vacuna para los héroes estancados en las islas es la base de una visión distópica en ‘Nación vacuna’ (Emecé, 2017; Candaya, 2020). Cuando Fernanda García Lao (Mendoza, Argentina, 1966) publicó su novela en 2017, no podría imaginar que esta ficción de enfermedades, muertes y vacunas se convertiría en algo afín a la realidad. Acierta por ello Candaya en reeditarlo en este 2020 de pandemia y estupor. Mediante una prosa cortante, de oraciones y párrafos breves como golpes secos sobre el papel y sobre nuestras apreciaciones, recorremos con Jacinto Cifuentes, funcionario del Registro administrativo de la nueva Junta e hijo de carnicero, un laberinto de relatos donde cabe el consumo de carne humana; juega el título con las connotaciones de ‘vacuna’ (salvación médica/producto cárnico). Los esfuerzos de Cifuentes por desentrañar la verdad de lo que experimenta zigzaguean entre sus impulsos sexuales (Eros) y la muerte (Thanatos) que le rodea, ante un fondo de misterio sobre las M. y los héroes estancados de cuyo rescate depende el futuro nacional. Miembro del Proyecto Vacuna, Jacinto terminará viajando hacia las M. en el mismo barco (de cuyo nombre, Nación vacuna, toma el título la novela) en el que van las mujeres vacunadas para llevar a cabo el proyecto: regresar a una de ellas embarazada de un héroe. «Tenemos que vacunarnos», exclama Jacinto. «Seremos inmortales». Pero como en todo relato oficial, no todo es lo que parece. Jacinto y sus compañeros descubrirán, en su rebelde intento por «engendrar un hijo contra el Estado», la triste realidad que permanecía oculta. De gran actualidad, Fernanda García Lao consigue que el lector cuestione lo que percibe sin querer despegarse de un texto palpitante con breves chasquidos lingüísticos.
‘Neuroeducación y lectura’, de Francisco Mora.
Construir lectores
Isabel Martínez Llorente, profesora de Literatura en el IES Mariano Baquero.
¿Qué es leer? ¿Cuándo ha de empezar a leer un niño? ¿Por qué no comprende lo que lee? ¿Cómo conseguir que mi hijo lea? ¿Por qué las conductas emocionales de la infancia serán el andamiaje del futuro adulto? ¿Qué papel juegan las emociones a la hora de decidir leer o no leer? ¿Cómo influyen los estímulos previos para la animación a la lectura y cómo suscitar esa curiosidad en el niño? ¿Cómo se relacionan lectura y lenguaje? ¿Qué sucede en las distintas regiones cerebrales a una velocidad de milisegundos para que un lector pueda evocar un sentimiento de belleza ante un concepto determinado? ¿Qué relación hay entre curiosidad y atención como improntas del cerebro emocional? ¿Por qué sin emoción no podríamos leer un libro? Este ensayo responde a todas estas preguntas, y a mí me suscita reivindicaciones cruciales: la necesidad de incluir el teatro en los planes educativos, el prestigio social que debiera tener el maestro de Primaria, el valor del buen ejemplo en el ambiente familiar… La base científica que sustenta este libro nos recuerda que la infancia es el verdadero territorio de las oportunidades y que, en definitiva, «el ser humano es lo que la educación hace de él».
‘No volverás a hablar nuestra lengua’, de Cristina Morano.
La buena maldición
José Daniel Espejo, escritor y librero.
En el título y en el interior de ‘No volverás a hablar nuestra lengua’, Cristina Morano maldice a alguien. Es una forma de agresión, el maldecir, propia de gitanos, vagabundos, brujas, trapaceros: el hechizo de alguien que no tiene otro poder en el mundo para hacer palanca contra injusticias y dolores. Se maldice a quien te abandona cuando sabes que no va a volver, o al banco que te pone definitivamente en la calle, o a las autoridades que deciden el sacrificio de un perro (Excalibur, en 2017, y sigue vivo en estas páginas), o al sistema en su conjunto. Se maldice la propia vida, en el blues o el flamenco, y el sortilegio no funciona más que en su propia belleza desolada. La madurez literaria de Cristina Morano está llena de belleza y verdad, brotan de una vena abierta, violenta como un bordillo que recorre todo este corto, desmedido, salvaje libro de poemas. Se puede leer sin respirar. Lo contrario no sabría deciros.
‘Prisionero en la cuna’, de Christian Bobin.
La bondad de los días sin gloria
Pedro Casamayor, poeta y cocinero del Hotel Bajo el Cejo (Sierra Espuña).
La aventura surge cuando descubres que en el pedazo de cielo que ves a diario reside un templo. Otra cosa es si sabes qué hacer con un templo. Para eso está Bobin. Alejándose de la multitud, con este libro, hace que paremos en lo más cercano invitándonos a echar un vistazo por la mirilla de su infancia. En su pueblo, Le Creusot. Allí, donde el calor de los altos hornos colorea las nubes se desarrolla el instante. A través de sus lecturas, de jardines obreros y margaritas, del pecho de un petirrojo nos hace cómplices de sus fugas cada día más cercanas. Nadie como él para encontrar un viaje esencial en la simple observación de un rostro abierto por el amor. Flotan ciertas burbujas de humildad cuando descubres entre sus páginas frases como ésta: «La vida cotidiana apenas deja reliquias y cuenta con muy pocos fieles». Solo entonces es cuando uno se plantea mudarse a otros cuerpos, a otras playas, a la copa de un árbol sin salir de casa. Aprender el canto por el silencio. No lo sé. Quizás en lo sencillo esté el mayor de los atrevimientos y en un libro de Bobin claves de libertad.
‘Simón’, de Miqui Otero.
La fuerza de un corazón bueno
David Cano, periodista y escritor.
Si algo nos ha salvado del derrumbe en este año tan difícil ha sido la ternura, en todas sus formas y maneras. La ternura comprendida con los propios y con los extraños, ya sea a través de las redes sociales o en miradas de reojo al vecino durante un aplauso. Y de esa belleza interior, que no solo no se borra con los años, sino que queda reluciente y pura con el paso del tiempo, habla ‘Simón’, la novela de Miqui Otero para Blackie Books. ‘Simón’ es una vida entera, navegando entre generaciones que van sucediéndose mientras el protagonista se mantiene buscando la forma de avanzar paralelamente a la velocidad que lo hace su ciudad. Y conocemos la Barcelona preolímpica, con sus luces; la posolímpica, con las sombras y los que se quedaron atrás; y la del atentado de Las Ramblas. Pero esta novela también es un viaje interior por la adolescencia, por los héroes primigenios y por la familia como cuerda que se extiende y se contrae para mantener unido el relato. La novela es conmovedora, auténtica. Y tierna. Muy tierna, tanto como la fuerza de un corazón bueno puede llegar a ser.
‘Sintaxis’, de José Luis Martínez Valero.
La literatura universal de al lado
Pedro Quílez, gestor cultural de la Biblioteca Regional.
Muchas veces lo próximo aparece con menos brillo o, por decirlo de otro modo, con menos glamur del que otorga el misterio. Miramos lo lejano con otros ojos, concedemos una magia especial a quien escribe situando a esa persona fuera del marco espaciotemporal, fuera de los vaivenes de la vida corriente en una ciudad media y sabida del sureste, como si leyéramos a un monje contemplativo que tiene respuestas universales. No hay que irse tan lejos ni buscar en otros mundos lo que tenemos al lado. Leer ‘Sintaxis’, de José Luis Martínez Valero, si somos justos, es leer a Cartarescu, a un Bernhard amable pero no menos incisivo o, salvando las diferencias temáticas, a Kertész. «El ensayo es una tentativa, una manera de contemplar el mundo desde una perspectiva personal», dice José Luis, y nos presenta su visión de la vida –tan inabarcable, tan compleja– en un librito de apenas 150 páginas que es y no es un ensayo. Da igual, se disfruta su lectura sin ponerle etiquetas porque, como también escribe, «la realidad puede ser falsa pero los sentimientos son verdaderos».
‘Todos nosotros’, de Javier Menéndez Flores.
Viaje a los dominios del mal
Antonio Marín Albalate, poeta, cantautor y bibliófilo.
Javier Menéndez Flores (Madrid, 1969) es un escritor y periodista de reconocida trayectoria. Entre una quincena de publicaciones destacan: ‘Miénteme mientras me besas’. (Plaza & Janés, 2001), ‘Los desolados’ (Plaza & Janés, 2005) y ‘Arte en vena’ (Ediciones B, 2007). Las mejores páginas que se hayan podido escribir sobre Joaquín Sabina se hallan recogidas en la trilogía: ‘Perdonen la tristeza’ (Plaza & Janés, 2005. Segunda edición actualizada, Libros Cúpula, 2018), ‘En carne viva’ (Ediciones B, 2006) y ‘No amanece jamás’ (Blume Editorial, 2016). El pasado septiembre vería la luz en Planeta la intriga llamada ‘Todos nosotros’, un inquietante thriller policíaco de argumento ambientado en el Madrid del final de la Transición que, sin descanso alguno, atrapa desde sus primeras páginas. Estructurada en dos partes que abarcan las décadas de 1981 a 2002, con la Movida y el Hardcore electrónico de fondo, la novela no exenta de sutil ironía viene a ser un viaje espeluznante a los dominios del mal allí donde el espíritu de la perversidad juega sus más salvajes y despiadadas cartas. Con un inesperado desenlace, digno del mejor de los autores clásicos, Javier Menéndez Flores ha hecho de esta narración una obra maestra. No se la pierdan.
Fuente e imagenes: https://www.laverdad.es/ababol/libros/libro-2020-20201219005204-ntvo.html
Romper el cerco nos puede inducir a arriesgar la vida de otros.
No estamos programados para responder con inteligencia a los nuevos desafíos.
El ser humano es un animal de costumbres. Eso afirma la cultura popular y la dinámica de nuestro entorno lo ratifica. Nunca el planeta había experimentado una amenaza sanitaria de tanto poder como para transtornar de modo rotundo la vida cotidiana de la Humanidad en pleno. El Covid19 nos da una lección que aún no estamos preparados para aceptar y mucho menos para comprender. Hoy, nuestros hábitos tan profundamente arraigados nos impulsan, una y otra vez, a desafiar la lógica y romper el cerco impuesto por esta amenaza invisible y poderosa.
Las guerras y el hambre nos tienen habituados a abstraer la muerte y convertirla en cifras y estadísticas carentes de sentido. Preferimos observar la desgracia de otros desde nuestro pequeño rincón y asumir que la responsabilidad es ajena –no sabemos de quién ni cuánto- con el objetivo de no enturbiar nuestro pedazo de mundo y sufrir lo que no nos corresponde. Pero la ola nos está tocando de cerca y no solo por la fuerza de un cambio climático real y catastrófico, sino por habernos transformado en piezas independientes de un mecanismo social incapaz de funcionar como un todo.
En unos pocos días, una parte del mundo celebrará otra Navidad y otro fin de año, rodeado de la amenaza sanitaria más extrema a la cual nos hayamos enfrentado jamás. Sin embargo, henos aquí planificando cómo hacerle el quite a las restricciones e ignorando los consejos y advertencias de los expertos. Las reuniones de las próximas dos semanas –queramos aceptarlo o no- tendrán consecuencias importantes en letalidad y colapso de la infraestructura hospitalaria durante los próximos meses y esta amenaza, aun cuando nos parezca una exageración, en realidad se ha manifestado como un círculo vicioso de aperturas y restricciones desde el inicio de la pandemia.
Los países desarrollados ya cierran sus puertas una vez más ante el incremento sostenido de contagios y decesos. En los países en desarrollo, la vulnerabilidad institucional, política y económica ha puesto en grave riesgo a las grandes masas de ciudadanos privados de asistencia social, de alimentación, de vivienda y acceso a los servicios básicos. Ahí estamos nosotros, observando desde nuestro pequeño reducto doméstico cómo se desmorona lo poco que resta de seguridad y especulamos, sin mayor información, sobre el efecto milagroso de una vacuna que tardará meses en llegar a cubrir a toda la población y de la cual nada nos consta.
El impulso de reunirse con la familia en estos días quizá lleva el ingrediente –consciente o no- de celebrar lo que podría ser una última ocasión. En el fondo, sabemos que la amenaza es real, pero la fuerza de la costumbre es mucho más poderosa y nos llevará a desafiar al destino asumiendo tanto un riesgo personal como ajeno, ya que nuestros padres, abuelos, hijos y nietos serán expuestos por un exceso de sentimentalismo en una celebración que, por creer la última, con nuestra irresponsabilidad la convertiremos precisamente en eso.
Es imperativo entender el riesgo implícito en la ruptura del cerco. El único mecanismo comprobado hasta ahora para detener a un virus que se extiende como mancha de aceite, es evitar el contacto con otras personas, mantener un estricto protocolo de limpieza y desinfección, usar una mascarilla eficaz de la manera correcta y aceptar el hecho tan inquietante de que hemos perdido muchos de nuestros derechos y libertades por un fenómeno imposible de comprender en toda su magnitud. El mundo al cual estábamos acostumbrados ha cambiado y con ello también enfrentamos un escenario totalmente desconocido. Quedémonos en casa.
“En los márgenes se escriben los cambios de todo sistema”. Esta frase con la que inicio puede que sea uno de los principios o de las ideas rectoras de Tomas Kuhn, en su libro “La estructura de las revoluciones científicas”. En dicho libro Kuhn habla de una disputa entre el paradigma vigente y la pugna en contra del mismo, que viene desde los márgenes del paradigma o modelo en turno.
En el campo de la formación docente existe un paradigma predominante, pero ¿Qué podemos encontrar en los márgenes de dicho campo? Cabe decir, que en la formación de los docentes descansa la mayoría del funcionamiento del sistema educativo, el éxito o el fracaso de las reformas o los proyectos sexenales en educación tienen el sustento en la formación (inicial y continua). Y este mismo campo de la formación, es al que mayor esfuerzo y recursos se les destina de manera pública, debido a que la atención de los cerca de 25 millones de escolares de todos los grados y niveles educativos son atendidos desde están aquí.
En el centro del paradigma tenemos el núcleo del sistema, que para el caso de nuestro país, es un sistema sobradamente centralizado, con políticas normalizadoras para todos los estados del territorio nacional, con disposiciones únicas dictadas desde lo que había sido la DGESPE (Dirección General de Profesionales de la Educación) y que ahora, el nuevo organismo se encarga de lo mismo, centralizar las políticas nacionales y difundir directrices para todos por igual.
¿Qué hay en los márgenes del campo de la formación de docentes? Existen diversas manifestaciones e iniciativas que están en desacuerdo con las políticas nacionales hegemónicas, en donde desacatan en esta ultima su sentido autoritario y piramidal. Desde los márgenes se pugna por crear un sistema (el de la formación), más flexible y sobre todo adaptado a contextos específicos.
En los márgenes del sistema se tejen una serie de prácticas y concepciones pedagógicas que aunque (como su nombre lo dice) son de manera marginal tienden a conformar un modelo y una propuesta alternativa, la cual no está de acuerdo con la propuesta oficial, por su excesivo autoritarismo.
Sin embargo la formación en los márgenes, no es una formación marginal, goza de prestigio, de seguidores y de reconocimiento, por su carácter flexible le apuesta más a las prácticas innovadoras, a las propuestas basadas o sustentadas en la creatividad. No existen aquí autores estelares, debido a su propio carácter alternativo (lo que menos les interesa es el protagonismo de sus autores). Los componentes sólidos de las propuestas marginales o alternativas en formación docente son tres:
Propuestas y acciones basados en la reflexión de las prácticas y en el diálogo informado entre pares o colegas.
Iniciativas educativas basadas en intentos de cambio y de innovación, al lado de la comunidad en donde éstas realizan la tarea de educar.
Se le da privilegio a las propuestas e iniciativas surgidas en colectivo mirando las necesidades de los entornos específicos, sobre todo de los barrios o las comunidades con un alto nivel de necesidad de educadores y educadoras.
A los educadores que trabajan en los márgenes de la formación se les reivindica por su alto grado de compromiso, por su entrega y mística en el trabajo, por desligarse de los controles institucionales (tanto sindicales como oficiales), por su carácter contestatario, debido al fomento del pensamiento crítico y porque la propuesta que surge de ellos y ellas están basadas en la experiencia más que en textos dogmáticos o autores que trabajaron en contextos ajenos o lejanos al nuestro.
En los márgenes se escribe el cambio en el sistema, comencemos a voltear los ojos hacia allá para darnos cuenta qué es lo que viene.
Sobre la designación de la Profesora Delfina Gómez como nueva titular de la SEP.
Algunas líneas que escribí esta mañana en las redes sociales digitales, sobre el nombramiento anunciado, hoy, por el presidente López Obrador, en el sentido de que la Profesora Delfina Gómez Álvarez se convertirá en la nueva titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), son las siguientes:
Sobre la designación de la Secretaria de la SEP @delfinagomeza habría que observar sus acciones, sus intenciones, sus recursos, sus vínculos políticos y sus discursos. Prefiero hacer un análisis sobre los hechos, no pronósticos.
Dos puntos a favor de @delfinagomeza en la SEP, son: Es mujer (y no es Elba Esther); y es profesora de base. Conoce a la escuela pública a ras de tierra. Cabe recordar que una parte muy importante del magisterio mexicano (y quizá en el mundo) se integra por mujeres profesionales de la educación. Así que el nombramiento de la Profesora Delfina representa, también, un toque de doble simbolismo como reivindicaciones gremial y de género.
La designación de la Profesora @delfinagomeza es una oportunidad para que la voz de las maestras y los maestros se escuche en serio; hace falta un movimiento educativo desde abajo en este país. Ojalá que su gestión esté por encima de los discursos vacíos y la retórica del “reformismo educativo” (tan deslegitimado), que ha surgido “desde arriba”, y que no sólo ha derivado en un verdadero fracaso, sino que también, por demagógico, ha terminado en el diseño y ejecución de políticas públicas educativas de simulación.
Son lamentables, por misóginos y clasistas, los comentarios atropellados y prematuros que he leído sobre el nombramiento de la Profesora @delfinagomeza, quien estará al frente de la SEP.
La Profesora Delfina @delfinagomeza es egresada de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN). No recuerdo un nombramiento de una profesora de escuela pública, y de la UPN, al frente de altos cargos en el gobierno federal, como lo es éste. No sólo en la SEP. Interesante apuesta, y posibilidad de cambio de fondo, hace el presidente López Obrador.
Veo, de bote pronto, a las élites empresariales; de especialistas (sobre todo académicos que han vivido del poder público); funcionarios de la burocracia dorada y de la aristocracia tecnocrática (dentro y fuera de la SEP); de mujeres y hombres dedicados profesionalmente a la política; de la cúpula sindical burocratizada; y voceros de los medios de comunicación asociados con el “establishment” PRIPANPRDista, entre otros, que levantan la ceja luego de haber escuchado el anuncio del nombramiento de @delfinagomeza
Más allá de las reacciones o los comentarios, expresados durante la mañana, de forma un tanto improvisada, me parece que hay diez puntos, de entrada, que la futura funcionaria pública, integrante del gabinete legal y del equipo de trabajo más cercano al presidente de la república, podría considerar en el corto y mediano plazos.
1. La SEP es la dependencia del gobierno federal con el presupuesto más grande del presupuesto anual que se ejerce. Como sabemos, la mayor parte se destina a salarios del magisterio. Y probablemente es la proporción más grande del presupuesto que aplican las entidades federativas. Ello significa que se habrán de multiplicar las acciones para que esos recursos no se dilapiden ni se desvíen, sino que se apliquen correctamente a favor de la educación de las niñas, los niños, las y los jóvenes y adultos de México.
2. La cantidad de docentes, directivos, escolares, personal de apoyo a la educación y demás personal que labora, directa o indirectamente, para el sistema educativo nacional, rebasa los más de un millón 200 mil trabajadoras y trabajadores. Ello implica poner en marcha un sistema de atención federal y estatal, efectivo, que dé respuesta rápida y desburocratizada al magisterio, y que favorezca las condiciones laborales, generalmente adversas, en que trabaja el magisterio mexicano.
3. Es urgente crear una o varias mesas para atender a los casos específicos y prioritarios que tienen que ver con pagos retrasados o incumplidos sobre trabajos realizados por docentes y directivos escolares. Me refiero a las y los docentes de la Prepa en línea; a los profesores y las profesoras del Programa Nacional de Inglés (PRONI); así como a las maestras y los maestros que han participado en el programa de Escuelas de Tiempo Completo (PETC), a quienes se les adeudan ingresos complementarios o incentivos adicionales por trabajar en jornadas ampliadas.
4. He recibido comentarios en el sentido de que la Profesora Delfina pertenece al grupo político de Higinio (Martínez). Considero que tendrá que cortar cables o reestructurar sus vínculos políticos, en el contexto del cargo que, de ahora en adelante, le confía el presidente AMLO. Aunque, como lo escribí esta mañana, prefiero a ese grupo que al “elbismo” o al grupo “Atlacomulco”, que gobierna el EDOMEX.
5. Por otra parte, una compañera que trabaja en el sector educativo, en programas compensatorios, nos escribió lo siguiente, con respecto al nombramiento: “Será un aparador para la contienda del 2023 e irá por la gubernatura del Edo. de México.”. Mi respuesta fue: Habría que ver el trabajo que realice la Profesora Delfina al frente de la SEP, de ahora en adelante, y hasta ese entonces se podrá valorar qué tan adecuada sería su candidatura para que, por primera vez, gobierne una mujer no priista en Toluca, previa elección constitucional, claro.
6. Otro de los grandes retos de la futura titular de la SEP, será resolver los más añejos y complejos problemas generados por el burocratismo y el centralismo inoperantes que han padecido tanto la SEP como las secretarías de educación en las entidades federativas, así como en los organismos desconcentrados que se encargan de la administración de la educación básica en el país. En especial, sería conveniente emprender cambios en la Unidad del Sistema para Maestras y Maestros, que se creó y que mandata la ley aprobada en septiembre de 2019.
7. Un reto o desafío no menor, será la interlocución que habrá de realizar la Profesora Gómez Álvarez, de manera directa, asertiva y basada en la ley, con las dirigencias del oficialista SNTE y de las fuerzas magisteriales disidentes, agrupadas en la CNTE.
8. Lograr una ruptura ante el discurso hegemónico que se ha distribuido en la escuela pública, sobre todo me refiero al “gerencialismo”, que ha permeado o que ha llegado a ocupar eventualmente el lenguaje y las acciones de docentes y directivos escolares. Menos gerencialismo y más pensamiento pedagógico sería quizá la premisa. Ese será también uno de los más grandes y profundos desafíos que enfrentará, como obstáculo, la futura responsable de la educación nacional.
9. Combatir el rezago educativo, que cada año aumenta en el país (hace dos años se tenía un registro de alrededor de 32 millones de compatriotas en esa condición, fenómeno que incluye al analfabetismo). Obviamente en época de crisis sanitaria y económica, ese será uno de los principales desafíos de la gestión de la Profesora como titular de la SEP.
10. Retomar la discusión, desde abajo, acerca de los contenidos, los métodos, los enfoques y las prácticas educativas-pedagógicas, que habrán de movilizar a la escuela pública en México de ahora en adelante, es quizá otro de las principales prioridades del siguiente tramo de la gestión de la SEP a partir de 2021.
El presente libro analiza cómo México se ha transformado de un país eminentemente agrario en una nación en proceso de industrialización. En 1930, casi las tres cuartas partes de la fuerza de trabajo se encontraban en la agricultura; en 1970 la proporción se había reducido a menos del 40%. Correlativamente ha aumentado la proporción de la población activa en el sector manufacturero, la construcción, el comercio y los servicios.
Autor/a:
Gómez Tagle, Silvia – Miquet Fleury, Marcelo – Zapata, Francisco – Reyna, José Luis –
La cultura de la cancelación promueve retirar el apoyo a personas o empresas como consecuencia de determinados comentarios o acciones, pero, ¿realmente consigue su objetivo?
Con 3.8 billones de usuarios, las redes sociales se han vuelto una parte fundamental en la vida de muchas personas. Han impactado desde la manera en cómo se manejan los negocios, la publicidad, e incluso, la política. Y aunque tienen aspectos y usos positivos, también tienen efectos negativos.
Recientemente ha surgido la “cultura de la cancelación” o cancel culture, un concepto que consiste en retirar el apoyo o “cancelar” a una persona que dijo o hizo algo ofensivo o cuestionable. Es un tipo de bullying grupal ya que son muchas personas que se ponen de acuerdo para atacar o descalificar los puntos de vista de otra persona o de alguna empresa. Esto se ha vuelto aún más popular al delatar actitudes racistas, homofóbicas y machistas. Es un movimiento tan grande que varias personas han perdido sus trabajos por ser canceladas, sin la posibilidad de enmendar o arreglar sus acciones, quedando para siempre encerradas en un charco de odio público.
Uno de los casos más conocidos es el del youtuber enfocado en maquillaje James Charles, quien perdió más de 3 millones de seguidores en cuestión de días después de ser etiquetado como depredador sexual por otros creadores, sin pruebas al respecto, en un drama con su mentora Tati Westbrook, también youtuber y emprendedora de vitaminas. Otro caso famoso es el de la autora de Harry Potter, J.K Rowlings, quien fue cancelada por hacer comentarios transfóbicos en Twitter. Es un fenómeno que se ha vuelto tan común que incluso cancel culture fue la palabra o frase del año 2019 en el Diccionario australiano Macquarie. Este tipo de acciones o eventos se ha amplificado durante la pandemia.
Actualmente, debido a las cuarentenas y otras medidas establecidas para evitar contagios por COVID-19, muchas personas pasan cada vez más tiempo en casa e invierten más tiempo usando las redes sociales, lo que ha resultado en muchas “cancelaciones”. Varias personas creadoras de contenido en YouTube y TikTok han sido atacadas por organizar o atender fiestas durante la pandemia. Este tipo de acusaciones públicas no se limita para aquellas personas que tienen miles de seguidores. En Instagram, por ejemplo, hay un sinfín de perfiles reportados y clasificados como “covidiotas” o personas que rompen la cuarentena.
Aunque la intención es buena, señalar a personas que han hecho “algo malo” se ha llevado a un extremo tóxico. Un ejemplo es el de la creadora número uno de TikTok, Charli D’Amelio, de 16 años. Ella subió a YouTube un video de una cena con sus padres, hermana y el youtuber James Charles, donde la comida fue preparada por el famoso chef Aaron May. Entre los platillos que probaron esa noche estaban los caracoles, los cuales no fueron del agrado de las hermanas D’Amelio, además de que Charli comentó que quería alcanzar los 100 millones de seguidores al año de recibir su primer millón. Estos comentarios molestaron a sus seguidores y en cuestión de días perdió un millón de seguidores en TikTok.
¿Qué opinan los jóvenes de la cultura de la cancelación?
Uno de los mayores retos que enfrentan muchos jóvenes es poder realmente cancelar a alguien. Un ejemplo es Chris Brown, un rapero quien a pesar de que golpeó a su novia, la cantante Rihanna en el 2009, este sigue siendo popular porque muchos disfrutan de su música, pero no están de acuerdo con sus acciones.
En un artículo del New York Times, varios adolescentes fueron entrevistados sobre el tema. Ben, uno de los entrevistados de 17 años, dijo que para él, las personas tienen que rendir cuentas por sus acciones pero apoyar esta cultura evita que aprendan de sus errores.
Uno de los mayores problemas de este movimiento es que, lo que alguien haya hecho o dicho hace 10 años en redes sociales, cualquier persona lo puede tomar fuera de contexto y usar en su contra. Esto le pasó al primer ministro canadiense, Justin Trudeau, cuando salieron a la luz fotos de él en el 2001 con la cara pintada de negro. Esto se considera racista por la connotación histórica que tiene, ya que por mucho tiempo comediantes blancos se pintaban la cara basados en estereotipos negativos de los negros para burlarse de ellos. “Todos hacemos cosas vergonzosas y cometemos errores tontos y lo que sea. Pero la existencia de las redes sociales ha llevado eso a un lugar donde la gente puede tomar algo que hiciste en ese entonces y convertirlo en quien eres ahora”, dice L., una de las entrevistadas.
Varios jóvenes ven la cultura de la cancelación como un potencial para crecer y conocer más sobre lo que es políticamente correcto, sin embargo, otras personas argumentan que puede ser una práctica que causa preocupación por su impacto en la sociedad. Otra de las jóvenes entrevistadas comentó que cancelar a alguien es como golpear e insultar a una persona en lugar de educarlo pacientemente y mostrarle lo que hizo mal, sin darle la oportunidad de demostrar que pueden mejorar. Otros jóvenes están de acuerdo con que es importante ayudar a la gente a comprender sus errores en lugar de torturarlos, permitiéndoles tener diálogos abiertos en lugar de desterrar a la gente.
La cultura de la cancelación ha creado una severa censura en Internet y provoca miedo a equivocarse en las redes sociales y ser cancelados. Además, crea una falta de comprensión de las opiniones de otras personas ya que demuestra que sólo importa la opinión de las masas y si alguien piensa diferente o cometió un error hace años, su reputación puede ser destruida.
Combatiendo la cultura de la cancelación en el aula
La profesora Loretta J. Ross propone combatir la cultura de la cancelación por medio de una clase en Smith College. Ella busca desafiar a sus alumnas a identificar características y límites del movimiento. «Lo que realmente me impacienta es llamar a la gente por algo que dijeron cuando eran adolescentes cuando ahora tienen 55 años. Quiero decir, todos en algún momento hicimos cosas increíblemente estúpidas cuando éramos adolescentes, ¿verdad?», comentó en una entrevista para el New York Times.
Para ella, la solución está en llamar la atención en privado en lugar de hacerlo públicamente, “hacerlo con amor”. Si algún conocido hizo algo ofensivo, en lugar de pedir que se cancele por las redes sociales, mandarle un mensaje privado o llamarlo para discutir al respecto. Esto puede llevar a una conversación con contexto y puede convertirse en un momento educativo.
En sus clases, la profesora incluye el ejemplo de Natalie Wynn, una youtuber que elaboró una especie de taxonomía después de ser cancelada varias veces. En su video explica cómo la cultura de cancelación toma una historia y la transforma en una situación distinta. Busca la presunción de la culpa sin hechos, como fue el caso de James Charles. Además explica que parte del movimiento es el esencialismo que sucede cuando la crítica del error convierte a esa persona en “mala persona”, el pseudointelectualismo o la superioridad moral del que acusa y la contaminación o culpa por asociación.
Regresando al ejemplo de J.K Rowlings, varias de las estudiantes de la profesora Ross admitieron que se sentían culpables por ser fanáticas de Harry Potter después de los comentarios que realizó, ejemplificando como la culpa por asociación es algo muy común. Una alumna incluso admitió que se estresa al comprar una sudadera con la foto de una banda que le gusta por temor a que hayan cometido algo ofensivo y ella no sepa y sea cancelada. «No puedes ser responsable de la incapacidad de crecer de otra persona», dijo la profesora Ross. “Así que consuélate con el hecho de que ofreciste una nueva perspectiva de la información y lo hiciste con amor y respeto, y luego te alejas”.
Aunque la cultura de la cancelación parece no irse a ningún lado y su intención es buena, mientras se siga llegando al extremo de no permitir ni aceptar el crecimiento del cancelado, seguirá siendo un movimiento tóxico que no llevará a ningún lado. Clases y maneras de pensar como las de la profesora Ross son necesarias para combatir esta problemática y enseñar a las nuevas generaciones a dialogar de manera privada, más en una época donde todo es público en las redes sociales.
¿Habían escuchado sobre la cultura de la cancelación? ¿Qué necesita hacer alguien para merecer ser cancelado? Una vez que alguien es cancelado, ¿debería ser perdonado? Déjanos tus comentarios abajo.
Fuente e imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/cultura-de-la-cancelacion
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