Cuando en enero escuchábamos de una epidemia en China, jamás imaginamos que en pocas semanas nos alcanzaría. Sin duda, esta emergencia nos llegó por sorpresa, y nadie pudimos prepararnos ni capacitarnos para enfrentar los retos del encierro, del cierre de escuelas, trabajos y actividades económicas.
En los múltiples seminarios en línea, conferencias y artículos que se han producido durante esta pandemia, parece que existe coincidencia en que las interacciones digitales llegaron al ámbito educativo para quedarse. Sin embargo, cuando hablamos de la interacción digital es necesario hacer ciertas precisiones, ya que los diversos sectores de la población cuentan con referentes, formas de uso y recursos muy diversos. Para quienes tienen más medios económicos, las computadoras o tabletas, son su mejor aliado, pues de acuerdo con los datos del INEGI, solo el 44.3% de los hogares de México tiene computadora[1], de ahí que más de la mitad de la población no cuenta con estas posibilidades y su herramienta digital se limita y concentra en los teléfonos celulares.
En esta emergencia, la gente echó mano de los recursos que tenía al alcance, como son para la mayoría de la población los teléfonos inteligentes. Por esa misma encuesta de INEGI, sabemos que en México hay 80.6 millones de usuarios de Internet y 86.5 millones de personas usuarias de teléfonos celulares, es decir, que solo un 6 % de quienes tienen celulares no cuenta con Internet.
También sabemos que, hoy en México, el WhatsApp es la herramienta más utilizada entre los diversos actores de la comunidad educativa.[2] Este hecho se constata en otros países de la región, como Perú, en donde el Ministerio de Educación pudo comprobar lo mismo.[3] De esta manera, pensamos que ya tenemos un peldaño avanzado, en tanto los medios están disponibles y se están usando. Sin embargo, por diversas declaraciones informales, como mensajes, comentarios personales y quejas hemos confirmado que, muchos docentes, lo que hacen es dar clases tradicionales frente al celular, es decir, han trasladado las prácticas expositivas del aula a entornos digitales.
Lo anterior parece no ser muy apreciado por los alumnos, quienes manifiestan: “estudiar en casa es aburrido”; “los profesores se han vuelto fastidiosos y ya no son buena onda como eran en la escuela”; “ahora tengo más trabajo que antes y cuando no entiendo no sé qué hacer”; “mi mamá me regaña porque no resuelvo todas las tareas que me ponen”. Así, la clase por celular tampoco consigue captar la atención de los alumnos y, por ende, no se logran los aprendizajes esperados. Además, las niñas y los niños se desesperan, las familias se estresan y se ha generado una especie de demencia por cubrir –durante la emergencia– todos los contenidos marcados en los programas de estudio.
Esta situación de incomodidad de los alumnos no se da porque los maestros no quieran que sus alumnos aprendan, por el contrario, los docentes hacen su mejor esfuerzo por desempeñar las funciones que les corresponden lo mejor que pueden. Debido a este sentido de responsabilidad, ahora toman al papel de actores frente a una cámara –lo que no resulta nada fácil– pero los motiva el amor y el compromiso por cumplir, de la mejor manera, con sus obligaciones y bajo cualquier circunstancia. Además, sienten mucha presión, ya que, a menudo cuando dan su clase por el celular, todos en la familia los ven, los observan y los juzgan. Ahora están en un escenario que nunca habían vivido y a esa presión se suma su propia experiencia de la pandemia, que pone a prueba sus emociones e incorpora sus problemas familiares. Deben cumplir con sus responsabilidades profesionales, además de sus tareas domésticas y entablar una relación más estrecha con los padres de familia.
Por su parte, ahora también los padres, y especialmente las madres, han tomado un nuevo rol, el de maestras de sus hijos y de psicólogas de la familia. En ellas reposa la responsabilidad de supervisar un sinfín de actividades escolares, que se suman a las tareas cotidianas y laborales. Las tensiones laborales son tanto para quienes trabajan como para quienes perdieron su empleo y sus ingresos económicos, por la ansiedad que acarrea la perspectiva de un futuro incierto. Sin contar, además, con que muchos padres no dominan a cabalidad los contenidos que sus hijos están estudiando, lo que sin duda les genera una presión adicional. Lo positivo es que, en general, los menores disfrutan con la compañía y la atención de los adultos de la casa.
De esta manera, vemos que la sola presencia de recursos digitales es insuficiente para garantizar el aprendizaje a distancia. Es necesario también reinventar y desaprender los usos que antes teníamos de ellos. Ya no son solo herramientas para conversar, ver videos divertidos y memes, sino que ahora ocupan un lugar central en los procesos de enseñanza y de aprendizaje y, si aceptamos la premisa de que la digitalización llegó a la educación para quedarse, entonces deberemos reorientar y redimensionar el uso del celular en la escuela. Recordemos que antes de la cuarentena se restringía su uso, e incluso muchas escuelas lo prohibían, sin embargo, ahora son los protagonistas de la comunicación escolar.
Atendiendo a toda esta problemática, en MUxED decidimos apoyar a alumnos, docentes, mamás y papás, mediante la elaboración de infografías, para invitarlos a que reaprendan nuevas formas de uso de su celular, que a la vez redunden en la mejora de los procesos educativos y comunicativos. MUxED busca contribuir a que cada uno de estos actores cumpla de mejor manera sus responsabilidades y tareas, utilizando herramientas eficientes y eficaces que les permitan formarse a sí mismos, sea que estudien desde casa o en el aula.
Así nacieron las tres infografías del ABC para el uso del WhatsApp, desde una perspectiva educativa, para que la comunidad escolar pueda comprender que, en estos tiempos de emergencia sanitaria, debemos dar una utilización pedagógica a este medio, ya que, en muchos casos, es la única fuente de interacción entre docentes y alumnos, donde los padres son los mediadores y toman el papel de maestro en casa con sus hijos.p
En la colaboración anterior, Un dilema de promoción en la educación a distancia. Aprobar por decreto o reprobar por “faltista” (https://bit.ly/2M4X9EF), exhibí el vacío legal sobre la evaluación del aprendizaje, acreditación, promoción, regularización y certificación producto de la emergencia sanitaria. Expuse un caso particular en el cual las normas establecidas en el Acuerdo 11/03/19 (http://bit.ly/2FZXYM7) resultaban insuficientes. La Secretaría de Educación Pública se pronunciará al respecto en los subsecuentes días. Así da cuenta de ello la Guía de Trabajo para la Sesión Ordinaria de Cierre del Ciclo Escolar 2019 – 2020 ante COVID-19 Educación Básica la cual ha sido filtrada a través de las redes sociales. Todavía no ha sido difundida por las autoridades educativas, es extraoficial. Parece auténtica, su diseño es similar a las anteriores, pero no sería la definitiva porque detecté algunos errores ortográficos y “dedográficos”. Por ejemplo, en la página 15 está escrita la palabra “exepcion” en lugar de excepción y “asitencia” en vez de asistencia. También le hacen falta los anexos. Es de esperarse la versión final de lo contrario serían imperdonables tales descuidos. El contenido se apega a la exposición del Secretario de Educación Pública en la conferencia de prensa del 29 de mayo de 2020 (https://bit.ly/3gNjjsR).
En la citada guía, se revela el aún desconocido Acuerdo del Consejo Nacional de Autoridades Educativas (CONAEDU) por el que se establecen diversas disposiciones oficiales para valorar y cumplir con el plan y programa de estudios de educación básica para la conclusión del ciclo escolar 2019-2020. A través de ella, se instruye llevar a cabo el próximo 8 de junio la última sesión del Consejo Técnico. Se pretende, en uno de los cuatro propósitos definidos, analizar los criterios de valoración del tercer periodo y del ciclo escolar 2019 – 2020. De igual manera, se reconoce explícitamente que el acceso a la oferta educativa durante la pandemia ha sido desigual, ya sea por carencia de recursos tecnológicos o por falta de condiciones en los hogares. Textualmente se señala: “En consecuencia y en atención al principio de interés superior de niñas, niños, adolescentes (NNA) se establecen criterios inclusivos para la evaluación del tercer periodo y la asignación de calificaciones”. Se determina finalizar el presente ciclo escolar el 19 de junio próximo. Por ello, recomiendan contemplar algunas acciones como por ejemplo el proceso de valoración de los resultados de aprendizaje de los alumnos y, cuando sea posible, la entrega de resultados de evaluación del tercer periodo, boletas de evaluación y certificados a las madres, padres de familia o tutores. ¿Cuáles serían esos criterios de valoración?
La evaluación es y seguirá siendo responsabilidad del docente de grupo o de asignatura, según sea, y en su ausencia, el Director o el Supervisor.
Se tomarán en cuenta las experiencias y conocimientos de todo el ciclo escolar incluidos los aprendizaje formales previstos en el currículo y/o los adquiridos en la convivencia cotidiana durante el periodo de contingencia.
En educación preescolar no se registrará la evaluación del tercer periodo. En primaria y secundaria, el docente tiene la facultad de agregar otros elementos gr. aquellas actividades realizadas por medios digitales, de manera virtual y efectiva.
Una de ellas bien pudiera ser la Carpeta de Experiencias sin la obligación de remitirla por el medio que sea. En todo caso, se utilizaría como elemento de valoración diagnóstica en el inicio del próximo ciclo escolar.
De ser así, siempre será en beneficio de los educandos.
De lo contrario, si no existiera ningún otro elemento adicional por las razones que fueren, la calificación del tercer periodo consistiría en el promedio de las calificaciones obtenidas en los dos periodos de evaluación previos.
El criterio de asistencia carece de valor alguno para la acreditación y promoción de grado o nivel educativo del ciclo escolar.
El ingreso de los estudiantes de sexto grado a la secundaria será sin la obligación de realizar examen alguno.
¿Cuáles serán los criterios para la acreditación y promoción de grado o nivel?
Los mismos establecidos en el Acuerdo Número 11/03/19 exceptuando el criterio de asistencia.
¿Cómo y cuándo se darán a conocer los resultados de evaluación?
Los días 18 y 19 de junio se les comunicará a los padres de familia la calificación y se les hará entrega las boletas y los certificados, en formato electrónico, si la familia dispone de medios de comunicación telefónica o electrónica. La entrega física se realizará al inicio del próximo ciclo escolar.
Sobre este relevante asunto, en la aludida guía, se exhorta que: “En aquéllos casos en los cuales las niñas, niños, adolescentes demuestren contar con los conocimientos, habilidades y destrezas superiores a los reflejados en el tercer periodo de evaluación del ciclo escolar 2019- 2020, y ameritan una calificación mayor a la asentada en la boleta de calificaciones o certificado, la maestra o el maestro, podrán realizar la rectificación de la calificación al final del periodo de diagnóstico y emitirla nuevamente. Las autoridades educativas involucradas, principalmente las áreas de control escolar, deberán realizar las gestiones necesarias con la finalidad de ejecutar el cambio de las calificaciones de manera inmediata y registrarlo en los sistemas de información correspondientes.”
Como se puede apreciar, según lo expuesto en los párrafos anteriores, se intenta llenar los vacíos normativos ausentes en el Acuerdo 11/03/19 en el cual se dejan de lado circunstancias extraordinarias. Como esta necesidad de llevar a cabo las actividades de enseñanza aprendizaje a la distancia ante la imposibilidad de hacerlo de manera presencial por el cierre de las escuelas, como tradicionalmente se ha venido realizando, dadas las consecuencias de la emergencia sanitaria.
Primero. El maestro es el único responsable de evaluar el aprendizaje de los educandos, de asignar calificaciones a sus alumnos, nadie más.
Segundo. El derecho de los educandos, las madres y los padres de familia o tutores, tienen de conocer los criterios de evaluación del aprendizaje, los procedimientos empleados, así como los resultados obtenidos.
Tercero. Los referentes de evaluación son los aprendizajes esperados, los enfoques pedagógicos y aquéllos que considere necesarios el maestro siempre y cuando sea en beneficio de los alumnos. Nunca lo contrario.
Cuarto. Los resultados de evaluación y la escala de calificaciones se apegará a los establecido en el artículo 10 del Acuerdo 11/03/19.
Quinto. En preescolar así como en los grados de primero y segundo en educación primaria se acreditarán con sólo haber cursado el grado. En otras palabras, serán promovidos automáticamente según el artículo 12 del Acuerdo 11/03/19.
Sexto. En el resto de los grados de primaria (tercero a sexto) y secundaria (primero a tercero) se procederá de acuerdo los artículos 11 y 12 del Acuerdo 03/11/19 exceptuando lo relativo a la asistencia de los alumnos como criterio de promoción.
Séptimo. Se procederá la certificación de estudios en preescolar, primaria y secundaria conforme al artículo 14 del Acuerdo 11/03/19.
Octavo. Con respecto a la regularización se realizará de acuerdo con el procedimiento que para tal efecto establezca la Dirección General de Acreditación, Incorporación y Revalidación (DGAIR) en las Normas de Control Escolar, en coordinación con la Dirección General de Desarrollo Curricular, tal cual se refiere en el artículo 13 del Acuerdo 11/03/19. La regularización se llevará a cabo a partir del 10 de agosto una vez iniciado el ciclo escolar 2020 – 2021 y tendrá una duración mínima de tres semanas.
Noveno. Se entregarán las boletas y los certificados en electrónico. Y en formato físico durante el transcurso del próximo ciclo escolar en cuanto las condiciones de la emergencia sanitaria permitan la reanudación de actividades presenciales en las escuelas.
De lo anterior, se asoman de manera tenue ciertas tradiciones arraigadas en la cultura escolar. Se guardarán para otro tiempo la Ceremonia de Graduación; la entrega oficial de diplomas, constancias de buena conducta, boletas, certificados; el cambio de escolta; los padrinos de generación y de los egresados; entre otras. Se me dificulta proyectar su impacto. Son apreciadas socialmente al margen de nuestra opinión. Forman parte de nuestra realidad, somos producto de ellas. Los estudiantes quedarán marcados para siempre. Esta generación se distinguirá por la la ruptura de paradigmas. La generación emergente, la generación disruptiva. La generación COVID-19.
Por otra parte, la prudencia es sabia consejera. Conviene esperar la publicación del Acuerdo del CONAEDU. Aunque es cierto que la rectoría de la educación es atribución exclusiva de la autoridad federal sería un mensaje alentador en aras de la gobernanza cada vez menos socorrida y del necesario desarrollo del Sistema Educativo Nacional establecido en la Ley General de Educación una buena dosis de coordinación. Resultaría por demás relevante anteponer el bien común por encima de los intereses particulares o de grupo. El transcurso de los acontecimientos terminará por dejarnos en claro las verdaderas intenciones de los actores implicados.
En medio de esta crisis, pareciese ser que se evidencia un momento oportuno en el cual los docentes puedan recuperar el rol pertinente en nuestras sociedades contemporáneas. Y es que, el situar diálogos reflexivos y críticos constantemente, en torno a sobre para qué estamos realizando los procesos de enseñanza-aprendizaje elevará el espíritu crítico y transformador de nuestra profesión.
¿Podemos hablar de educación centrada en las dimensiones del ser humano? ¿Es realmente el desarrollo del pensamiento crítico un recurso para transformar sociedades individualistas a sociedades más justas y centradas en el bien de la mayoría? ¿Es la escuela realmente un espacio de encuentro social o más bien es un espacio que facilita la reproducción de las culturas dominantes y las lógicas de mercado?
En el mundo antiguo, los griegos desarrollaron conceptualizaciones en torno al Areté o también concebida como la excelencia y la virtud, y es que para filósofos como Sócrates, Platón y Aristóteles la importancia de trabajar la Areté se consolida como una idea inteligible que ilumina el camino del alma de las personas para el desarrollo máximo de las virtudes de cada ser humano.
Para ello, la paideia, educación o formación se consolidó desde una práctica constante del hábito como un motor hacia la excelencia donde el conseguir la armonía entre las diversas virtudes favorecería no solamente el perfeccionamiento humano, sino que también a la comunidad entera. Si bien, esta paideia o proceso educativo busca desplegar en los maestros de la época métodos de crianza para la educación de los niños, entorno al cultivo de valores y habilidades pertinentes a la estructura física de la polis. Estas, se suscriben al fortalecimiento del bien común, el amor, igualdad y justicia, movilizados en su conjunto hacia el servicio de lo público.
Desde esta perspectiva, los maestros filósofos del mundo antiguo centran a la educación como un eje central que facilita el cultivo de la excelencia en los individuos. de forma que pueda contribuir al bien común de todos sus miembros. Ante esto, cabe preguntarse ¿es acaso ese sentido de la educación que movilizaba a los maestros griegos, el mismo qué moviliza a los maestros contemporáneos?
La pandemia ha puesto en evidencia las múltiples grietas de nuestros sistemas educativos reflejando cuales son las prioridades de nuestros gobiernos y sus respectivas políticas educativas, con ello pareciese ser que han sido muy pocos los sistemas educativos que han podido sostener realmente métodos de enseñanza centrados en fomentar y satisfacer diversas necesidades humanas como la emocional, la reflexión y el pensamiento crítico en medio de la crisis por sobre una mera instrucción a distancia disfrazada como “recurso de aprendizaje” plasmada en guías, fichas online, video llamadas, o docentes que han mutado a una especie de youtuber.
Para el caso latinoamericano, especialmente el de Chile, la crisis ha evidenciado con mayor amplitud los niveles de desigualdad y es que las decisiones políticas han ido orientadas hacia la preservación del modelo económico, que ya venía de una crisis social profunda arrastrada desde octubre del 2019 a causa del estallido social vivida en el país sudamericano. Esta problemática se refleja en que las medidas de protección y asilamiento han ido dirigidas para todos, sin embargo, no han otorgado tranquilidad económica para un sector importante de la ciudadanía, afectada por las alzas de desempleo y un Estado que no ha sido capaz de regular y frenar el aumento de precios en los insumos básicos para vivir. Desde este horizonte, el despliegue de la acción curricular del Ministerio de Educación es homogéneo a las medidas del Estado, ya que el plan educativo ha reflejado que solo favorece a un sector de la población, que puede acceder a un tipo de educación promovida en Chile, basada principalmente en la transmisión de conocimientos y los resultados medibles en pruebas estandarizadas, lo que ha reflejado las altas brechas de desigualdad social y las barreras de aprendizaje en los estudiantes chilenos.
Es que, en Chile, la forma de administrar la educación se despliega desde tres aristas, las escuelas públicas, las subvencionadas (o ahora llamadas corporaciones educacionales) y las privadas. La primera ha ido en decadencia hace ya 40 años, y es que, desde la privatización de la educación, el Ministerio ha perdido el sentido de formular una política educativa que regule la privatización y vaya en beneficio de la mayoría. Esto ha dado espacio para fortalecer el mercado de bienes y servicios a través de la privatización de la educación pública, relegando el derecho social de la educación a un plano consumidor, competitivo y altamente segregador. En este sentido el cultivo del valor mercado, se evidencia en los establecimientos que compiten entre sí por el dinero que reciben por cada estudiante y por quién puede ofrecer una mejor oferta de enseñanza para las familias, la cuales según el nivel económico podrán pagar ese tipo de educación considerada como de calidad, la cual se mide principalmente por evaluaciones estandarizadas centras en resultados por sobre procedimientos de enseñanza-aprendizaje. Esto ha generado un aumento considerable en las brechas de desigualdad social, siendo para el caso chileno entre las más altas a nivel OCDE.
Por otra parte, la respuesta que ha dado Argentina en materias educativas ante la crisis sanitaria ha sido similar a la del caso chileno, donde solamente han prevalecido con un rol activo las escuelas privadas con el envío de material y fichas de trabajo, las cuales los estudiantes descargan en sus respectivos monitores y teléfonos celulares. Sin embargo, al igual que en Chile, no todos los estudiantes argentinos tienen el poder adquisitivo para poseer alguna plataforma digital que permita el despliegue de las actividades escolares, lo cual evidencia las brechas de desigualdad y atención que se le da a los más desfavorecidos. Ante esto y en declaraciones del mismo presidente de Argentina, señala que “las clases pueden esperar. Si algo que no me urge es el inicio de clases”. Será que, ¿no es acaso la educación lo que no debe esperar? Esto simplemente evidencia que, en la región latinoamericana, la brecha educativa continúa y se profundiza con mayor amplitud, consolidando el sentido de bien común solamente para una determinada minoría y donde las políticas educativas “pueden esperar”.
Para ello es clave preguntarse ¿qué rol juegan los y las maestras ante esta crisis? Es que, pareciese ser que este relega al plano de alinearse con la búsqueda de normalidad de las escuelas que han podido sostener con mayor facilidad el hábito y lineamiento de transmitir conocimientos a través de fichas y/o videos explicativos que respondan a la altura de los estándares económicos de una cultura dominante, por sobre cuestionar y generar un análisis crítico del entorno que favorezca el cultivo de las virtudes humanas para el bien común de la mayoría. Sin embargo, aquellas escuelas que no han podido sumarse a esta dinámica quedan relegadas, olvidadas a la espera de que las políticas educativas tomen un giro que favorezca la disminución de la desigualdad.
Este fenómeno no es nuevo, más bien la pandemia visibiliza con mayor luminosidad un problema que viene desde hace décadas, y es que las lógicas de mercado han prevalecido en la educación en torno a los intereses de una minoría que privatiza y se enriquece ejerciendo un control sobre el bien común de una mayoría. En este escenario, el rol de los maestros se ve desplegado para contribuir en la reproducción de estas políticas, presionados constantemente por los privados y para fortalecer la libre competencia en el mercado educacional, donde el Ministerio ejerce un rol regulador por medio de los resultados medibles en pruebas estandarizadas.
¿Puede ser entonces que el sentido de la educación de los maestros griegos tenga una similitud al de maestros los contemporáneos? Sin duda la respuesta a esta pregunta se evidencia en los intereses que movilizan a desplegar un cierto tipo de educación, que desde la normativa apuntan a brindar una educación de calidad, pero que en la operatividad carece de profundización transformándose en declaraciones laxas, puesto que las políticas de mercado prevalecen por sobre el cultivo de virtudes en todos los estudiantes, más bien se centran el cultivo de la competencia y la segregación.
En medio de esta crisis, pareciese ser que se evidencia un momento oportuno en el cual los docentes puedan recuperar el rol pertinente en nuestras sociedades contemporáneas. Y es que, el situar diálogos reflexivos y críticos constantemente, en torno a sobre para qué estamos realizando los procesos de enseñanza-aprendizaje elevará el espíritu crítico y transformador de nuestra profesión, donde se puede escoger una línea que favorezca el fortalecimiento de las lógicas de mercado y el bien común de una minoría o más bien con un sentido filosófico centrado en elevar las virtudes de los estudiantes para el bien común de la mayoría.
Una vez más, Giorgio Agamben ha despertado el asombro, el encono y, hasta cierto punto, un sentimiento de extrañeza en la opinión pública del viejo continente. Se trata de un texto publicado en el sitio del Instituto Italiano per gli Studi Filosofici el pasado 23 de mayo bajo el título: Requiém por los estudiantes. Con las medidas de confinamiento impuestas para impedir la diseminación del Covid-19, las universidades de todo el mundo –y no sólo ellas, también los sistemas escolares básicos– optaron por trasladar el conjunto de sus actividades –clases, seminarios, exámenes, congresos, conferencias– a las plataformas privadas en línea. En su mayor parte, las que vuelven disponibles los grandes conglomerados estadunidenses de las industrias de la hightech y los bigdata (Google, Facebook, Hotmail, Gmail, Whatsapp, etcétera).
Al principio se trataba de una respuesta imaginativa y llena de voluntad para no dejarse abatir por las condiciones del aislamiento impuestas por la epidemia. Las universidades se revelaron como una de las fuerzas que, en el momento más álgido del confinamiento, decidieron optar por otro camino para mantener en vida la reflexión colectiva, incluso sobre la sociedad que deberá emerger de la situación actual de crisis.
Pero lo que apareció como una solución de emergencia –sustituir la universidad presencial por un cúmulo de actividades educativas y administrativas virtuales suplementarias (en su mayor parte inconexas y rudimentarias por la prisa impuesta por el momento)– ha devenido gradualmente un esquema que muchas universidades en el mundo, como Harvard, por ejemplo, han empezado a adoptar como un formato que llegó para quedarse. Asistimos probablemente a una mutación de consecuencias aún impredecibles en el ámbito de la educación superior, y que habrá de transformar a la Universidad de una vez y para siempre. Esta es la primera tesis del texto de Agamben, a la cual respaldan muchos de los debates actuales que se desarrollan, no por casualidad, en la intimidad de las cerradas cúpulas administrativas y tecnocráticas que dirigen los centros de estudio o los ministerios de educación nacional. Algunas universidades han anunciado que permanecereran en el modo virtual hasta 2022, ya sin importar las constricciones que imponga o no el Covid-19.
Lo que hoy ya podría empezar a llamarse la agonía de la universidad presencial marca el fin gradual de la universidad tal y como la conocimos, tal y como aparece en una larguísima historia que se remonta al siglo X.
¿Cuál fue la función que cumplió la universidad en esa longeva historia? Antes que nada fue una institución que congregó bajo un solo techo la formación de estudiantes, propició las con-diciones elementales para el desarrollo de la investigación y los nuevos saberes –seminarios, bibliotecas, laboratorios, etcétera– y, sobre todo, emergió como un poder propio capaz de proteger la capacidad crítica y reflexiva de una sociedad sobre sí misma. Fue en el seno de las universidades teológicas de París y Amsterdam en los siglos XVI y XVII donde surgió el cartesianismo como una de las críticas más formidables a la concepción teológica del mundo. Las universidades ilustradas de los siglos XVIII y XIX harían posible la proliferación de teorías y críticas a las desigualdades sociales y la arbitrariedad del poder político características del mundo moderno. Y la universidad de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI se convirtió en el centro por excelencia de visiones críticas de las experiencias totaltarias, el capitalismo, la desigualdad de géneros, el racismo y ahora la amenaza del higienismo.
La condición esencial de esta autonomía relativa de la universidad con respecto a los poderes fácticos –fundamento de lo que llamamos la autoreflexividad de las sociedades occidentales– fue la transformación del estudiantado en una forma de vida. Un extenso grupo de jóvenes dedicando una parte de la primera parte de su vida no sólo a estudiar y formarse, sino a convertir a su propia comunidad en la franja central de la re-flexividad, la rebeldía y la crítica que requiere toda sociedad para atenuar sus peores males. A la universidad se acudía también a formar grupos intelectuales y políticos, a promover innovadoras vanguardias artísticas y filósoficas, a tratar de vincular lo aprendido con una praxis inmediata o a emprender iniciativas de investigación científica impensables en las normas de cada época. De ello resultaba frecuentemente que esa comunidad se enfrentara a los requerimientos del mercado y el Estado para domesticar las mentes de una sociedad.
Con la universidad virtual nada de esto sucederá. No habrá más estudiantado como forma de vida. Dejará de existir esa comunidad crítica que en muchos momentos atenuó los lados más lúgubres de la vida moderna. Los estudiantes se convertirán en átomos aislados a merced de la tecnocracia educativa, absortos en sus pantallas individuales sin capacidad alguna para constituirse en un poder propio: el poder de la reflexión que da una colectividad basada en las relaciones que permiten su propia sobrevivencia como comunidad. La universidad virtual no será una voz en el horizonte de la sociedad, sino una institución sin alma, desalmada, dedicada a producir el nuevo proletariado que ya caminaba en los últimos años por sus pasillos. En ella se educarán técnicos y fuerza dócil de trabajo, ya no pensadores.
Sólo las universidades que se alejen de la tentación de la virtualización total, lograrán preservar la encomienda que dio vida (y seguirá dando) al espíritu de la universidad.
Habiendo advertido el tema desde fines de 1969, ya en 1970 comenzamos a tratar funciones de filosofía de la liberación. En este volumen, entonces, reunimos trabajos de estos últimos 19 años (1971-1990) hasta recientes trabajos ante acusaciones concretas que nos han exigido aclaraciones no sin utilidad.
El fallo del Tribunal Constitucional declarando la inconstitucionalidad de varios artículos de la Ley 6132 de noviembre de 1963 sobre Expresión y Difusión del Pensamiento, hace oportuna la discusión del tema de la responsabilidad de la prensa. El Tribunal eliminó el sistema que extiende sobre terceros las acciones de otro, lo cual, a mi juicio, no sólo tiene un efecto trascendente en el ejercicio periodístico, sino también en todo el ámbito de la práctica democrática y el respeto a los derechos ciudadanos.
¿Por quéentonces es tan importante la fijación de los límites de esa responsabilidad, ahora que la decisión del TC libera en cierto modo a los medios de lo que se ha dado en llamar delitos de palabra o de prensa? ¿A quién le corresponde la fijación de esos medios? ¿Es una tarea del Gobierno, de las iglesias o de cualquier otro grupo de la sociedad organizada?
¿Obliga la fijación de esoslímites del accionar periodístico a permanecer al margen de las discusiones públicas, a renunciar a mantener una posición a favor de alguna corriente electoral, ahora que nos encontramos en un proceso considerado esencial para el futuro de las instituciones democráticas y la práctica partidista?¿Por qué es tan importante la fijación de esos límites?
A los medios no les ha parecido trascendente asumir esa tarea. La razón descansa en la presunción de que fijarse límites implica una renuncia a actuar con libertad y fijar posiciones independientes, rehuir de su condición de vigilia del respeto a las leyes y la Constitución y abandonar su responsabilidad de servir de garante del respeto al orden jurídico.
Nada más incierto. La fijación de esos límites fortalecerá el clima en que se desenvuelve la prensa y hará más difícil los esfuerzos por acallarla o someterla a la reproducción de verdades oficiales.
La fijación de límites para proteger la libertad de expresión
En muchos países, la ausencia o inobservancia de los límites que impone un ejercicio responsable de la libertad, hace que los ciudadanos se muestren dispuestos a renunciar a derechos con tal de preservar niveles aceptables de seguridad. En otra dimensión es lo que ocurrió en Estados Unidos, tras los atentados del 11 de septiembre y lo que luego se vio en Europa ante los efectos de inmigraciones masivas que han pulverizado valores tradicionales de esas sociedades y los logros políticos de la Unión, como la libre circulación, y la desaparición virtual de las fronteras. En Estados Unidos y Europa los ciudadanos han aceptado la pérdida de algunos derechos a cambio de una mayor seguridad y la preservación de tradiciones y valores.
La no fijación de esos límites por la propia prensa en nuestro país hará, como en efecto podría estar ocurriendo, que muchos ciudadanos terminen aceptando algunas restricciones a causa de lo que se lee en algunos medios digitales y en las redes y lo que ven y escuchan a diario en muchos programas de televisión y radio. La no fijación de esos límites ha creado paradigmas que atentan contra el buen y sano ejercicio del periodismo.
Muchos de ustedes pensarán que estoy proponiendo límites a la libertad o métodos virtuales de censura o autocensura. Todo lo contrario. Lo que trato de decir es que la no fijación de esos límites, cuya responsabilidad compete exclusivamente a la prensa, acabará por debilitarla y hacerla extremadamente vulnerable a la vocación autoritaria del poder político y los prejuicios de los llamados poderes fácticos.
¿Cómo abordar esa tarea? ¿Qué debe hacerse para establecer las débiles fronteras resultantes de ese esfuerzo sin que ello implique una restricción de la práctica del periodismo, sin desproteger, además, el marco del ejercicio de las demás libertades públicas? Mientras más se eluda el tema más difícil será la tarea.
Otra amenaza: la concentración de medios
El problema quehace difícil la fijación por la prensa nacional de los límites de su responsabilidad se debe en parte a la incomprensión de la importancia que ella tiene en la preservación del clima de libertad en que ha existido en las últimas décadas en el país. Radica en el éxito de las prácticas que hacen paradójicamente necesarias la responsabilidad de fijar esos límites.
A partir de algún momento, lo que se considera un buen ejercicio de periodismo comprometido con una “verdad” inexistente, ha radicado en desechar el buen uso de las palabras y hacer del ruido un modelo de ejercicio. Es lo que vemos en muchos exitosos programas de radio y televisión. Y como la altisonancia cala bien en muchas audiencias, con el tiempo esa modalidad del periodismo se ha hecho muy popular alcanzando los ratings más altos del espectro radial y televisivo. Ese nuevo modelo, al que han contribuido las redes, acabará por distorsionar el justo y correcto rol de una prensa responsable en todas olas facetas de la vida nacional, en los procesos electorales y, por ende, en la estabilidad social y el fortalecimiento de las instituciones democráticas, incluyendo la propia prensa.
Para terminar, permítaseme aclarar, que tanto como la irresponsabilidad de eludir la fijación de los límites de su propio ejercicio, existe otra gran amenaza para el futuro de la prensa y es la concentración de medios, que en los últimos años hemos visto crecer dentro de un proceso aparentemente carente de límites y que podría terminar en un peligroso monopolio de control de la información, tan peligroso en el gobierno como en manos privadas.
El monopolio de la información, provenga de donde provenga, hará añicos el papel de los medios en los procesos electorales.
Pandemia, depresión económica, visibilización de la desigualdad estructural y de las opresiones generadas por el neoliberalismo, enfrentamiento geopolítico por la hegemonía en el sistema-mundo, y una visión de cerca del inminente colapso ambiental… Todo esto se ha juntado en 2020, cuando la humanidad en su conjunto se ha enfrentado a una pandemia mundial sin precedentes para nuestra generación.
La pandemia ha causado más de 400.000 muertes en todo el mundo (401.000 el 8 de junio), con más de 6,8 millones de casos registrados oficialmente en 216 países. En la segunda mitad de marzo, antes de que se levantara el confinamiento en Asia, más de 3.000 millones de personas habían estado confinadas en sus hogares.
Es imposible juzgar en este momento hasta qué punto habrá una segunda oleada de casos y si el virus mutará.
Mucho más que un problema de salud
Es un momento de convergencia de fenómenos a largo plazo, que se desarrollaban de forma relativamente autónoma y que ahora convergen de manera explosiva: la crisis ecológica, los límites y la desigualdad del neoliberalismo y la lucha geopolítica por la hegemonía entre el antiguo imperialismo y China. Los procesos que están alterando estructuralmente el mundo configurado en 1945 están manifestándose e interactuando entre sí. Se trata sin duda de un momento de bifurcación en el camino de la historia, y de grandes apuestas para todos los actores políticos.
Estamos en una convergencia de crisis llena de peligros, en una crisis de la civilización capitalista, la más grave desde las guerras mundiales del siglo XX. Esto es lo que Gramsci llamó una crisis orgánica: empiezan a aparecer grietas en el propio edificio del poder burgués, su pretensión de universalidad empieza a desmoronarse, y las afirmaciones anteriormente hegemónicas se revelan como lo que realmente son: medios para asegurar la estabilidad capitalista. El consenso social se deteriora, y las asporaciones de los capitalistas ya no parecen corresponder al bienestar general. Se está produciendo una polarización política, abriéndose un espacio político que podría ser conquistado por los anticapitalistas ecosocialistas, pero también por la extrema derecha, ya que empiezan a aparecer «síntomas mórbidos».
Cuando presentamos una propuesta de política sanitaria solidaria, es evidente que las reivindicaciones van más allá del marco establecido por el capitalismo. Nuestra salud depende de las condiciones en las que vivimos. Depende de si respiramos aire limpio, si bebemos agua no contaminada, si somos capaces de proveernos de alimentos de alta calidad, si nuestras ciudades son un entorno habitable, etc. En resumen, depende de si vivimos bien y si nuestros salarios son suficientes para garantizarnos una buena vida. La salud es una cuestión física, social, cultural y ambiental que es la base de una vida humanamente rica. Dado que las condiciones de vida creadas por el capitalismo no nos permiten vivir una buena vida, ni social, ni cultural, ni ecológicamente, una política sanitaria basada en la solidaridad va más allá de los límites establecidos por el capitalismo.
La crisis ecológica
La deforestación, el extractivismo, la productividad capitalista, la devastación de los ecosistemas y el aumento de los animales en cautivisad y del consumo de carne han facilitado y aumentado el salto de las barreras de las especies por los virus. Las tres cuartas partes de las nuevas enfermedades que han aparecido desde 1960 son por zoonosis. Entre ellas se encuentran el Ébola, el SIDA, el SARS, el MERS y el Covid-19. La globalización del comercio ha llevado a una rápida proliferación mundial del virus. El crecimiento de las megalópolis y sus barrios marginales periféricos aumenta la velocidad de transmisión entre los seres humanos. Así pues, la pandemia de Covid19 es una consecuencia de la intersección de los efectos de la globalización.
El IPCC predice un aumento de las temperaturas medias mundiales de hasta 6ºC para 2100, lo que implica aumentos mucho mayores de la temperatura en la mayoría de las regiones continentales y en el Océano Ártico, una elevación significativa del nivel del mar y un aumento general de la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos como olas de calor, incendios forestales, sequías, inundaciones y huracanes/tifones devastadores. Esto llevaría a que 3.500 millones de personas tuvieran que abandonar el 19% de la superficie terrestre, incluidas las zonas costeras y las regiones tropicales. Esta catástrofe climática, junto con otros puntos de inflexión ambiental, en particular la pérdida de biodiversidad, la deforestación y la falta de agua limpia, tendría consecuencias aún más terribles que las de Covid19, pero la pandemia nos da una idea de lo que podría ocurrirle a un mundo víctima de estos desastres.
En algunas partes del mundo, el momento de la pandemia está siendo utilizado por la agroindustria para avanzar en el proyecto capitalista de destrucción de la naturaleza. Un ejemplo donde esto ha estado ocurriendo es Brasil, donde en marzo y abril la deforestación de la selva amazónica creció un 29,9% en relación con el mismo período del año pasado. Este avance destructivo sobre la selva es también un avance del genocidio sobre sus pueblos, especialmente los indígenas, que han sido de los más afectados por COVID-19. Es fundamental que las organizaciones eco-sociales se hagan eco de la defensa internacional de la selva amazónica y de la salud de los pueblos indígenas durante este período de pandemia.
El impacto geopolítico y geoeconómico en la situación mundial
La disputa por la hegemonía está formalizada y es belicosa, en una bipolaridad trabajada agresivamente tanto por los EEUU como por China.
China ha crecido durante medio siglo en una asociación estratégica con los Estados Unidos. La administración Obama ya había intentado responder al amenazante crecimiento de China tratando de socavarlo a través del Tratado de Asociación Transpacífico firmado en 2015. Pero como parte del reajuste geopolítico promovido por el proyecto Trump, su gobierno rechazó el acuerdo en enero de 2017, dejando el espacio para el protagonismo de Beijing, que comenzó a situarse como campeón del libre comercio y la globalización económica frente al proteccionismo nacionalista de Washington.
La ruptura de esta alianza ha repercutido en todas las esferas de la sociedad mundial. Así pues, los Estados Unidos y la Unión Europea (UE), están saliendo debilitados de esta fase. La UE, que ya ha sido golpeada por Brexit, será la más perjudicada. La incapacidad de movilizar una respuesta sanitaria paneuropea a la crisis ha supuesto un duro golpe: los Estados miembros no actuaron de forma concertada cuando estalló la crisis en Europa, sino de forma unilateral, cerrando las fronteras, suspendiendo la libre circulación y deteniendo las conexiones de transporte de manera descoordinada. Durante semanas, Italia no recibió ninguna ayuda ni de los Estados vecinos, como Francia o Alemania (que también bloquearon las exportaciones de suministros y equipos médicos), ni a nivel de la UE. China hizo más en lo que respecta a los suministros de equipo. Cuba, a pesar del bloqueo criminal de los Estados Unidos, envió brigadas médicas a más de 20 países.
A los países endeudados como España, Grecia o Italia se les dirige al EFSM (Mecanismo Europeo de Estabilización Financiera) con una ayuda especial por la crisis de 240.000 millones de euros. Este mecanismo obliga a aplicar medidas de austeridad y recortes de servicios públicos a cambio de préstamos.
Con 40 millones de solicitudes de subsidio de desempleo a principios de junio, se espera que la economía de EEUU tenga un descenso del 5,8% (FMI) a finales de año. En el contexto de la crisis social (y de una ola de levantamientos raciales actualmente en curso), el país ha programado elecciones en noviembre, que marcarán el rumbo de la situación política interna y externa. Trump utilizará todos los medios posibles para ser reelegido, incluido el fraude, pero su objetivo es difícil de alcanzar. Su prestigio entre la mitad de la población se ha visto muy afectado. El actual estallido de movilizaciones radicales y amplias en los Estados Unidos surge en el contexto de la histórica desigualdad social y racial, el descontento político y la experiencia de lucha acumulada por las nuevas generaciones y la desastrosa gestión de la pandemia por parte del gobierno de Trump, que ha conllevado un impacto desproporcionado en las comunidades negras.
En los países más pobres, la gente sufrirá al mismo tiempo el perjuicio sanitario y los efectos económicos. En el Brasil, el Perú, Chile y México, hay un aumento importante del número de casos. En el Brasil, los expertos en materia de salud prevén una explosión de Covid-19 en junio, incrementada por las acciones delictivas de Bolsonaro. Este país combina de manera explosiva una crisis sanitaria cada vez más grave con una recesión económica y una grave crisis institucional. Bolsonaro está más aislado y apela a su base radical de ideología fascista, apoyada por sectores de la policía estatal, el ejército y las milicias, para que cierre el Congreso y el Tribunal Supremo a fin de gobernar de manera explícitamente dictatorial.
En África y en Oriente Medio hay un nivel de sistemas de salud de lo más bajo, agravado por las situaciones de guerra e, incluso con cifras bajas de enfermos, los riesgos de una epidemia se añaden a los ya existentes: en África, por ejemplo, el paludismo mató a 380.000 personas en 2018, la tuberculosis a 607.000 y la malnutrición a entre 2 y 3 millones.
Los pueblos se verán seriamente confrontados a una mayor austeridad y a una profundización del subdesarrollo, de la dependencia alimentaria, del endeudamiento, del dominio de las multinacionales y de los grandes capitales locales sobre la economía y los recursos. Estas son las mismas causas que desencadenaron el proceso revolucionario en la región árabe y que le darán un nuevo impulso para un nuevo ciclo después de Covid-19.
La total incertidumbre sobre una recuperación en forma de V tiende a hacer más agresivos a los grupos capitalistas y a sus gobiernos. Mientras el capitalismo no sea derrotado, cualquier idea de un «próximo mundo» diferente y mejor será pura utopía: el que viene será aún más desigual. La lucha por una alternativa anticapitalista es cada vez más urgente.
Una crisis del modelo neoliberal
Esta crisis tiene sus raíces en la globalización, y todas las crisis preexistentes se incrementarán después de esta pandemia. Además, el Covid-19 ha revelado la fragilidad de un sistema capitalista de producción globalizado profundamente determinado por la búsqueda de la máxima producción de valor (a través de las cadenas de valor y la adaptación de las producciones de los países dominados a los intereses de los grandes grupos capitalistas) y de una tasa de ganancia ampliamente desvinculada del crecimiento. No obstante, los objetivos capitalistas en los próximos meses serán los de seguir adelante con el «business as usual» lo antes posible.
La acentuación de la globalización y las políticas de austeridad ya habían encontrado sus límites en los últimos años: desde la crisis financiera de 2008, los principales bancos centrales, entre ellos la Reserva Federal de los Estados Unidos, el BCE y el Banco de Inglaterra, han inyectado enormes cantidades de dinero en los bancos privados para mantener a flote todo el sistema económico. Al mismo tiempo, con tasas de interés real cero o negativas, el endeudamiento de los países y las empresas capitalistas se ha disparado tanto en Estados Unidos como en Europa.
Los medios financieros que los bancos centrales han distribuido en profusión no han sido utilizados por los bancos y las grandes empresas capitalistas de los demás sectores para la inversión productiva, sino para para adquirir activos financieros. Esto ha producido una burbuja especulativa en el mercado de valores, en el mercado de bonos (es decir, bonos de deuda) y, en algunos lugares, en el sector inmobiliario. Todas las grandes empresas se sobreendeudaron al principio de esta crisis.
Una profunda crisis social
Los efectos del Covid19 han supuesto una fuerte perturbación de la producción, el transporte de mercancías y la demanda.
Incluso en las zonas menos afectadas por la pandemia, como por ejemplo en África (5125 muertes el 7 de junio, de la cuales 3800 en Argelia, Camerún , Egipto, Marruecos, Migeria, Suádfrica y Sudán)) la crisis en China, Estados Unidos y la UE está teniendo efectos profundos a nivel económico y social: el PMA prevé para 2020 una duplicación del número de personas afectadas por la inseguridad alimentaria aguda, especialmente en África y el Oriente Medio (era de 135 millones en 2019 debido a las guerras y al cambio climático).
El efecto de esta crisis es el retorno del espectro del hambre a los sectores más pobres de la clase obrera en varios países, especialmente a los excluidos del mundo del trabajo, o insertos en él de manera precaria, sin derechos laborales, poblaciones generalmente racializadas y excluidas por su condición étnica y social. Por ello, las iniciativas de los movimientos sociales para organizar iniciativas de solidaridad de clase para luchar contra el hambre son fundamentales y tienen efectos directos en la capacidad de organización política de los barrios pobres. Los movimientos de comunidades de negros y migrantes (especialmente en el Brasil, los Estados Unidos y Europa) han sido los protagonistas de esas iniciativas, que desempeñan un papel fundamental en la organización de la resistencia popular a la pandemia.
La producción de alimentos está actualmente muy centralizada, con un puñado de grandes empresas que dominan cada sector. Gran parte de lo que se produce es activamente perjudicial para la salud humana y la comida basura contribuye de manera significativa a la obesidad y a las enfermedades que más afectan a los pobres porque es barata y llena.
Efecto sobre los empleos y las condiciones de vida de las clases trabajadoras
Las clases trabajadoras, entre las que se incluyen los campesinos pobres, son las principales víctimas del Covid-19 directamente por el número de muertes, e indirectamente por los despidos, las pérdidas de empleo o de actividad y los recortes salariales.
Todos los primeros estudios en EEUU, Brasil o Francia, por ejemplo, muestran que las clases populares son las principales víctimas de las muertes de Covid-19. De una población activa de 3.300 millones de personas, más de cuatro de cada cinco se han visto afectadas por el cierre total o parcial de los lugares de trabajo, según estimaciones de la OIT. En los Estados Unidos, 20 millones de puestos de trabajo fueron destruidos en abril, 30.000 millones de nuevos registros de desempleo en marzo. En Gran Bretaña, 950.000 nuevas inscripciones entre el 16 y el 31 de marzo – es diez veces más alto de lo normal. En Europa, la proporción de trabajo a jornada reducida se disparó. En Alemania, casi 500.000 empresas lo implementaron en marzo, veinte veces más que después de la crisis financiera de 2008.
Una proporción significativa de la fuerza de trabajo trabaja en la economía informal en África, América Latina y Asia, hasta el 90% en la India. Estos trabajadores perdieron sus ingresos con el Covid-19, y prácticamente no tienen protección social, ni prestaciones de desempleo y tienen poco acceso a los servicios de salud. En muchos países una proporción significativa de estos trabajadores son migrantes, ya sea internos del campo a la ciudad (India, grandes partes de África) o de otros países (en los Estados del Golfo de Asia, en los Estados Unidos de América del Sur y Central, etc.). Estos trabajadores son doblemente vulnerables no sólo a la devastación económica sino también a los chivos expiatorios racistas. La OIT predice que 1.600 millones de personas en todo el mundo (tres cuartas partes de los trabajadores informales del mundo) corren el riesgo de perder sus medios de vida en el segundo trimestre. Estima que el 6,7% de las horas de trabajo en el mundo podrían perderse en el segundo trimestre, es decir, 195 millones de equivalentes de tiempo completo para una semana de 48 horas, de los cuales 125 millones se encuentran en Asia, 24 millones en América y 20 millones en Europa. En un estudio de la Unión Africana se plantea la cifra de 20 millones de empleos perdidos en el continente y un aumento drástico de la deuda.
El Covid-19 ha exacerbado las discriminaciones
En general, los más precarios de la clase obrera fueron los más afectados directa o indirectamente por el virus. En Nueva York, los negros residentes en el Bronx, en todo el territorio de los Estados Unidos, los nativos americanos y los negros; en la región de París, las poblaciones racializadas de Seine St Denis; en Brasil, los negros de las favelas. En la India, un enorme porcentaje de los que viven en la calle o en barriadas son musulmanes que fueron desplazados rápidamente por los terratenientes y el Estado cuando Modi impuso un confinamiento muy rápido y draconiano, lo que dio lugar a un vasto movimiento de personas. En el caso de Filipinas, se estima que más de 70.000 trabajadores migrantes en el extranjero se verán obligados a regresar, tras haber perdido sus empleos como consecuencia de la pandemia. Algunos de ellos trabajaban en la construcción, pero la mayoría en la hostelería, incluidos los cruceros. Todas estas poblaciones han sido víctimas de mayores tasas de mortalidad, condiciones de alimentación y vivienda más precarias y de la necesidad de desplazarse para poder trabajando.
– En todo Europa, Estados Unidos y Canadá, América Latina, India, China y Oriente Medio, la violencia contra la mujer y los feminicidios ha aumentado entre un 30% y un 100% en comparación con la situación anterior.
– En los Estados Unidos, el Caribe y América del Sur (el Brasil en particular), las poblaciones de origen africano sufren mucho más, dada la situación de pobreza de la mayoría, con la pandemia, el desempleo, la pérdida de ingresos del sector informal y la violencia del Estado.
– Todas las poblaciones deportadas, los refugiados, como los sirios, palestinos, uigures y rohingyas en Bangladesh se ven aún más afectados por esta situación.
– En el Golfo Arábigo, millones de trabajadores migrantes del Asia meridional se encuentran hoy en una situación sumamente precaria, sin trabajo ni medios.
– Los estudiantes escolares y universitarios de entornos desfavorecidos son los que más han sufrido por el cierre físico de los establecimientos de enseñanza y la enseñanza en línea, sin que se haya garantizado a todos computadoras y acceso a la Internet. En el caso de los niños más pequeños en particular, es más probable que sufran de un apoyo insuficiente en el entorno doméstico.
La pandemia facilita los ataques a las libertades democráticas
Muchos países han introducido restricciones a los derechos democráticos en el contexto de la contención de los estados de excepción. En muchos países se han promovido leyes de excepción y se ha detenido a los opositores. En Filipinas, por ejemplo, Duterte se ha servido del Covid-19 para intensificar una política represiva de control de la población. Lo mismo ocurre en Hong Kong, donde el gobierno de Pekín está introduciendo nuevas restricciones a los derechos democráticos. En América Latina, es el caso de Brasil, Colombia, Chile, Ecuador y Bolivia, por ejemplo. En muchos países, las medidas de contención y control aplicadas son una oportunidad para probar nuevos métodos policiales con nuevas tecnologías de rastreo o vigilancia.
Evidentemente, el objetivo será hacer que esas medidas sean permanentes. Tanto más cuanto que el Covid-19 ha llegado a muchos países tras numerosas movilizaciones sociales contra las consecuencias de las políticas capitalistas. Por ejemplo, fue el caso de Hong Kong, Argelia, Chile, Francia. Habiendo exacerbado estas situaciones de injusticia social, las clases dominantes temen con razón un resurgimiento de las movilizaciones sociales. Por lo tanto, se preparan para ello tratando de reforzar sus arsenales represivos. Sin embargo, ya, a pesar del Covid-19, en Hong Kong la gente está en la calle contra las leyes antidemocráticas del gobierno de Beijing y en el Brasil se está organizando un amplio movimiento para exigir la destitución de Bolsonaro. Podemos esperar muchas movilizaciones sociales y políticas en los próximos meses.
La actual erupción en los Estados Unidos en respuesta a la ejecución de George Floyd por la policía de Minneapolis (una fuerza con un largo historial de racismo particularmente flagrante) se produce en el contexto del movimiento Black Lives Matter, así como del impacto desproporcionado de las políticas de Trump hacia el virus en la comunidad negra.
Los movimientos sociales y anticapitalistas deben organizarse contra la violencia de los ataques
Mientras que los riesgos para la salud siguen estando muy presentes y el único objetivo de la clase dirigente es remontar sus beneficios, las amenazas para las clases trabajadoras son dobles. No sólo aumentarán los cierres de empresas y los despidos, se bloquearán o reducirán los salarios, sino también la legislación laboral (cuando existe) que ha sido ampliamente cuestionada durante las medidas de emergencia. En la India, por ejemplo, el gobierno de Modi está impulsando a los estados en esta dirección, y en Uttar Pradesh y Madhya Pradesh se han suspendido los derechos sindicales, así como las normas de higiene y seguridad y se han facilitado los despidos.
En diferentes países, como Alemania, el Estado español, Estados Unidos y Brasil, grupos de extrema derecha organizaron manifestaciones contra el encierro con un contenido racista y xenófobo, mezclando teorías de conspiración, nacionalismo o supremacía blanca. En otras partes de la India, los musulmanes (200 millones) han sido víctimas de campañas racistas que los acusan de ser responsables de la epidemia. Estos grupos xenófobos parasitan la crisis social y política que existe en muchos países durante y después del cierre.
Pero, en numerosos países, a pesar del bloqueo, los movimientos sociales, los sindicatos, las comunidades populares se han mostrado activas, en continuación de numerosas acciones y movilizaciones llevadas a cabo antes del confinamiento por los sindicatos, las organizaciones políticas o los movimientos sociales, como por ejemplo las movilizaciones contra la violencia sexual o racista, las del derecho a la vivienda, las luchas obreras como las de los trabajadores de la salud en Francia, los movimientos antiautoritarios y democráticos en Chile, Líbano, Argelia, Hong Kong, y todas las movilizaciones climáticas llevadas a cabo en los meses anteriores. En algunos países esto ha dado lugar al crecimiento de nuevos movimientos de ayuda mutua (que plantean interesantes cuestiones de funcionamiento «en y contra el Estado» en la situación actual) y tal vez a más largo plazo la construcción de organizaciones comunitarias allá donde antes no existían en la misma medida. El Covid-19 y lo que ha revelado sobre la sociedad en la que vivimos no puede sino reforzar la voluntad de estas movilizaciones y movimientos de continuar su acción y lograr victorias.
Durante el confinamiento se han dado muchas iniciativas auto-organizadas de la gente trabajadora, de los territorios en resistencia, en el campo y en las ciudades. Hay ejemplos de estas iniciativas de la población o de sectores organizados, como los campesinos, los indígenas, los desempleados, las personas y comunidades de la periferia de las grandes ciudades, la red de solidaridad feminista, entre otros. Estas iniciativas están forjando alternativas muy interesantes, como la fabricación colectiva de máscaras de tela para donar a la población con el fin de asegurar la prevención de contagios, la donación y producción alternativa de alimentos, la defensa del sistema de salud pública y la demanda de acceso universal al mismo, la denuncia del aumento de la escalada de violencia contra las mujeres y el agotador trabajo de cuidados que realizan durante el aislamiento en el hogar, entre otros.
Una de las consecuencias de la crisis es la forma en que ha revelado a capas mucho más amplias de la población los tipos de trabajo que son necesarios socialmente (trabajos esenciales) y los que existen sólo para generar beneficios. Se ha demostrado que el trabajo de reproducción social en el ámbito de la salud y la atención sanitaria es vital, ya sea en el hogar o (mal) pagado en el sector público o privado, tanto de forma general como más específica mediante acciones que marcan el valor que las comunidades de la clase trabajadora dan a este trabajo vital. En muchos países las acciones (aplausos) que comenzaron en reconocimiento de los trabajadores de la salud ampliaron su alcance para incluir a todos los trabajadores esenciales, específicamente los de los servicios postales, de transporte y de distribución y venta de alimentos. Se ha subrayado la elevada proporción de mujeres y de trabajadores negros y migrantes en estos sectores.
Al mismo tiempo, la muy significativa reducción de los viajes por vía aérea y, en menor medida, de los viajes por carretera ha traído consigo ganancias inesperadas. La reducción de la contaminación atmosférica en miles de ciudades «normalmente» estranguladas por el smog, y de la contaminación acústica que está llevando a muchos a escuchar el canto de los pájaros por primera vez en décadas o en la vida.
Los debates están comenzando en muchos movimientos sociales y parte del movimiento obrero bajo el lema #buildbackbetter- cuestionando la «normalidad» de la pobreza entre la riqueza ostensible, de la falta de vivienda, de las condiciones de trabajo inseguras, de la violencia contra las mujeres, de la discriminación contra las poblaciones negras y migrantes, de la contaminación y otros aspectos de la catástrofe ambiental.
Durante el confinamiento y después de su levantamiento, también se han producido muchas acciones y huelgas de trabajadores por demandas de seguridad, el cierre de la producción no necesaria, la demanda de garantía de los derechos laborales y el pago de los salarios. Por ejemplo, en muchos países los empleados de Amazon o los empleados de los sectores de la restauración, el transporte o el reparto a domicilio.
Por lo tanto, las tareas esenciales de los movimientos sociales en los próximos meses serán organizar a las clases populares para la defensa de su salud y sus derechos frente a una ola de ataques sociales que afectarán paralelamente al empleo, los derechos sociales y las libertades democráticas y recrear una relación sostenible entre las poblaciones humanas y el medio ambiente.
Frente a la pandemia, las demandas relativas al sistema sanitario, al empleo y los salarios de la vivienda, la educación, la acogida de migrantes y el medio ambiente son demandas de urgencia.
– En todas partes, y especialmente en las regiones afectadas por la pandemia, inyección de medios suficientes para la disponibilidad masiva de equipos de detección, la multiplicación de camas de reanimación y respiradores. Generalización a toda la población de máscaras protectoras y pruebas biológicas adecuadas.
– Reanudación de las actividades económicas sólo con la protección de la salud de los trabajadores: suministro de medios de protección (máscaras, geles, gafas, guantes) para todos los empleados, que permitan su protección y el ejercicio inmediato del derecho de retirada si no se respetan las condiciones de seguridad.
– Asunción al 100% de la responsabilidad por parte de las empresas y/o el Estado de los salarios de los trabajadores que han suspendido su actividad, incluidos los trabajadores migrantes, los trabajadores precarios, los trabajadores temporales, los trabajadores domésticos, los trabajadores autónomos y los trabajadores de temporada, sin ninguna obligación de tomar días de descanso o de recuperar posteriormente las horas no trabajadas. Obligación de los Estados de pagar los salarios de los empleados cuyos empleadores se nieguen a pagarlos durante la crisis. El gobierno debe entonces recuperar el costo de esta intervención multando a la empresa culpable de no pagar los salarios.
– Provisión por parte del Estado de un ingreso mínimo garantizado suficiente para vivir decentemente para los trabajadores del sector informal, para los desempleados no remunerados, para los estudiantes, para todos los que lo necesiten.
– Prohibición de todos los despidos y cierres de empresas por parte de los grupos capitalistas, reincorporación de los empleados despedidos desde el comienzo de la pandemia.
– Apertura de escuelas en condiciones seguras para los estudiantes y los maestros. Ninguna penalización a los estudiantes por la pérdida de horas lectivas.
– Rechazo de toda medida autoritaria y excepcional de suspensión de los derechos sociales, incluido el derecho de huelga, y especialmente el mantenimiento de estas medidas después del levantamiento del confinamiento.
– Suspensión de todos los desahucios, suspensión de los alquileres, préstamos personales y facturas de agua y energía, provisión de viviendas adecuadas para todos aquellos que viven en precariedad o sin alojamiento, requisición de viviendas vacías.
– Prestación de una atención social adecuada a los discapacitados, a los ancianos y a todos los que están o han estado socialmente aislados por el encierro.
– Establecimiento de medidas inmediatas de protección de emergencia para las mujeres y los niños que son víctimas de la violencia, con decisiones rápidas para retirar a los cónyuges violentos o proporcionar una vivienda alternativa a las víctimas, garantía de acceso a la anticoncepción y al aborto como procedimientos médicos vitales.
– Conversión de los centros cerrados para refugiados en centros de recepción abiertos con instalaciones sanitarias. Regularización inmediata de todos los inmigrantes indocumentados y refugiados para dar acceso a todos los sistemas de protección social, y poner fin a todas las expulsiones. Cierre inmediato de los campamentos de detención de migrantes, que están muy superpoblados, especialmente el de Moria en Lesbos y a lo largo de la frontera entre los Estados Unidos y México.
Luchar contra la organización capitalista de la sociedad, poner en primer plano los intereses de las clases populares y las necesidades sociales en una serie de decisiones urgentes:
Todos los ámbitos esenciales del sistema de salud, incluidos los seguros, la industria farmacéutica y biotecnológica y toda la investigación y el desarrollo médico y farmacéutico deben ser desprivatizados y puestos bajo control público. Deben abolirse las patentes de medicamentos, conocimientos y productos médicos. La investigación médica debe realizarse en el plano internacional y con un espíritu de solidaridad y dedicarse únicamente al servicio de la humanidad. Los conocimientos y las tecnologías deben ponerse libremente a disposición de todos los países.
Esto debe ir acompañado del desarrollo de una infraestructura social gratuita para el cuidado, la crianza y la salud. Los trabajos esenciales de la reproducción social, ocupados mayoritariamente o incluso exclusivamente por mujeres, deben ser reconsiderados socialmente y mejor remunerados.
Es evidente que en el marco de esta reestructuración del sistema de salud, todos los hospitales privados deben ser puestos bajo control público y transferidos a la propiedad social. Un sector sanitario y clínico unificado es absolutamente esencial.
La limpieza y otros servicios necesarios para el funcionamiento de los hospitales y otras instalaciones de atención deben volver a ser tareas públicas. Los empleados que realicen el trabajo correspondiente deben ser remunerados decentemente y debe garantizarse su integridad sanitaria en el lugar de trabajo.
Para poder hacer frente a todo esto, hay que detener toda producción de armas, convertir su fabricación en producción socialmente útil e invertir los fondos que se liberen al mismo tiempo en el desarrollo del sistema sanitario.
Financiar los costos de la expansión del sistema de salud por medio de impuestos especiales sobre los altos ingresos, beneficios y activos. Debe hacerse todo lo posible para que los costos de la crisis sean asumidos por quienes han obtenido enormes beneficios y han acumulado riqueza a expensas del público en general en los últimos decenios.
Las condiciones de trabajo no deben enfermar a las personas y deben ser propicias para su desarrollo y su salud. Esto es particularmente urgente para los trabajadores no cualificados de la industria cárnica, la agricultura, el cuidado de los ancianos y los servicios de reparto. Debe garantizarse la seguridad en el trabajo y medidas adecuadas de saneamiento e higiene. Se deben reducir las horas de trabajo y mejorar la organización de los descansos.
Absorción de viviendas precarias con planes urbanísticos para la construcción de viviendas públicas de calidad.
Fortalecimiento y extensión del sistema educativo público, rechazo de la privatización mediante el desarrollo de empresas que propongan planes de enseñanza por internet.
La transferencia a la propiedad pública de las principales plataformas de medios de comunicación social. Facebook, WhatsApp, Amazon y Zoom, que se están beneficiando masivamente del cierre, y están recogiendo datos que generarán enormes beneficios futuros. Deberían ser expropiados (sin compensación, ya han acumulado demasiado), y funcionar como servicios públicos transparentes y sin ánimo de lucro.
En todos los países, transferencia a la propiedad pública de los servicios funerarios. No se debería permitir que las empresas privadas se beneficien de la muerte y traten de manipular el dolor de las personas en un intento de maximizar sus ganancias.
Agricultura sostenible y justicia alimentaria mundial, reorganizando los circuitos de producción y distribución de acuerdo con las necesidades sociales. Reducción de la distancia en el transporte de alimentos y del consumo de carne.
Fin de la deforestación, especialmente la impulsada por la agroindustria.
Expropiación de los bancos privados sin compensación a los principales accionistas y socialización del sistema financiero bajo control ciudadano, suspensión de todos los cargos bancarios en las cuentas privadas y concesión a las clases trabajadoras de préstamos sin interés para satisfacer sus necesidades inmediatas, congelación de las deudas bancarias de las familias, microcréditos y alquileres, garantizar el agua, la electricidad, el gas e internet para todos;
Suspensión inmediata del pago de las deudas públicas perm, lo que de permitir la movilización de fondos suficientes que los países necesitan para satisfacer las necesidades populares durante la pandemia. La suspensión del pago de la deuda debe combinarse con una auditoría con participación ciudadana para identificar la parte ilegítima y cancelarla.
Apertura de las fronteras para la admisión segura de migrantes, con estatus legal y acceso a los servicios de salud y atención social.
Lucha contra la discriminación en la prestación de servicios públicos para las personas indígenas, migrantes, negras, mujeres, LGBTIQ y discapacitadas, mediante programas de acción positiva para combatir siglos de discriminación institucional y de consulta permanente y participación de esas comunidades en la adopción de decisiones para crear servicios que satisfagan verdaderamente las necesidades de todos.
Otro mundo es necesario y urgente!
La actual convergencia de crisis, al poner en peligro los fundamentos de la vida humana, exige una política anticapitalista con una perspectiva ecosocialista. Muestra la urgencia de una sociedad basada en las necesidades sociales, organizada por y para las clases trabajadoras con propiedad pública de los bancos y los principales medios de producción. Y esta crisis muestra la urgente necesidad de frenar las causas del cambio climático, de detener la depredación ambiental que está destruyendo «nuestra casa común», reduciendo la biodiversidad y abriendo el camino a las plagas contemporáneas, como los síndromes respiratorios severos de naturaleza viral.
Si en la primera década del neoliberalismo hubo aspiraciones y sectores sociales que se unieron para decir «otro mundo es posible», hoy debemos unirnos para decir «otro mundo es necesario y urgente». Necesitamos una acción internacionalista común que nos indique los caminosmarque el camino hacia un mundo en el que la vida valga más que los beneficios, en el que la naturaleza deje de ser una mercancía. La crisis actual muestra claramente que una parte importante de la producción capitalista es puramente depredadora, totalmente superflua y derrochadora.
A principios de la década de 2000, el movimiento de justicia global reunió a millones de personas, de movimientos sociales, sindicatos, con la participación de organizaciones radicales de izquierda. Hoy en día, necesitamos construir tales reuniones, presentando demandas para luchar contra el capitalismo, el cambio climático y las discriminaciones. En la búsqueda de este objetivo, en diferentes países, o a nivel internacional, algunas iniciativas están comenzando a darse. Las organizaciones y los activistas de la Cuarta Internacional dedicarán sus esfuerzos para su éxito. Es urgente que las organizaciones y corrientes sociales, anticapitalistas y revolucionarias coordinen, debatan y establezcan acciones conjuntas a nivel regional e internacional.
Será imposible volver al llamado estado normal antes de la crisis de Covid-19, que era una «normalidad» capitalista que amenazaba el futuro de la humanidad y del planeta. Es urgente pasar a una nueva sociedad basada en las necesidades sociales, organizada por y para las clases trabajadoras con propiedad pública de los bancos y los principales medios de producción. Por eso es necesaria una perspectiva de transformación socio-ecológica radical.
Fuente e imagen: https://www.anticapitalistas.org/comunicados/la-crisis-de-covid-19-amenaza-la-vida-de-millones-de-personas-acelera-la-transformacion-geopolitica-y-enciende-la-llama-de-la-agitacion-social/
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