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¿Escuela sin contagios? Salud, miedos, segregaciones…

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El nuevo curso que se acerca será especial; hoy por hoy lleno de interrogantes. La escuela es un servicio esencial y es imprescindible que sea presencial. Los miedos al contagio implicarán medidas adicionales. Habrá que pensar bien para atender adecuadamente lo que necesitan los niños y los adolescentes, sin menospreciar unas buenas condiciones higiénicas.

Diría que harán falta unos controles sanitarios previos a todas las personas que tienen que convivir en el centro escolar y vigilancia diaria de temperaturas, por ejemplo (algo parecido a como se hace con los deportistas de élite que compiten). De esta manera las actividades escolares podrían hacerse con más tranquilidad y facilitar las relaciones cercanas imprescindibles para una buena escolarización. Entiendo que no se contempla esta propuesta porque, de momento, es inalcanzable por el coste y la complejidad; del mismo modo que no se ha hecho obligatorio el uso de las mascarillas hasta que ha habido cantidades suficientes para todos.

Si se hace necesario utilizar todos los espacios existentes en los mismos centros habrá que contar también con los existentes en las proximidades, bibliotecas, centros cívicos, locales deportivos, equipamientos municipales… En otro orden de cosas, estas necesidades están haciendo visible la escasez histórica de inversiones en edificios y personal docente en todo el sistema escolar de nuestro país.

Temo que los miedos que se han generado debido a las contradicciones de los gobiernos y los protocolos establecidos, con sus lógicos errores, provocarán absentismo en septiembre próximo. Sobre todo por parte de las familias de los dos extremos de la escala social. Aquellas que disponen de tiempo o de ayuda pagada para cuidar a sus hijos e hijas, y aquellas que, en situación de riesgo social, desconfían de lo que les puede ofrecer el centro escolar. Paradójicamente, las criaturas que seguramente más necesitan asistir a las escuelas no lo harán. La enseñanza está inmersa en la realidad social: las mochilas de los niños y adolescentes están llenas con toda la realidad que viven. Las respuestas que necesitan implican a toda la sociedad.

Además, es probable que aumenten las bajas médicas entre el personal docente y no docente que trabaja en escuelas e institutos. Será importante generar confianza para intentar paliar un poco el miedo que se ha extendido. Es una tarea que corresponde a todos y en todas las instituciones.

El curso que viene nos encontraremos con un aumento de las segregaciones escolares; ya estaban, pero con la pandemia han crecido. Es un tema complejo: no es sólo responsabilidad del sistema de enseñanza. En parte sí, porque con la LEC (Ley de Educació de Cataluña), el falso derecho de las familias a escoger escuela y la triple red escolar es muy difícil evitar el aumento de las segregaciones escolares. Pero es más determinante el sistema socioeconómico donde estamos inmersos. Si están aumentando todas las segregaciones, si la desigualdad se hace cada día que pasa más grande, si crecen las distancias entre nivel de ingresos, si son más las familias que no llegan a fin de mes… sería casi imposible que en el ámbito de la enseñanza pasara lo contrario. Está muy bien y es necesario pedir y luchar para disminuir las segregaciones en las escuelas e institutos. Vale la pena el pacto contra la segregación firmado recientemente. Pero si no luchamos y denunciamos la segregación de base, la que es responsable porque es la causa de todas, estamos pidiendo al sistema de enseñanza y, sobre todo, a las comunidades escolares y/o a los ayuntamientos, algo imposible. Y podemos quemar las iniciativas de buena fe que se están haciendo. Las luchas de las PAH, las sindicales de base obrera, las luchas de barrios, los amplios movimientos sociales y feministas, las plataformas antirracistas, los que van en contra del cambio climático o en pro de la igualdad de género, las luchas por la dignidad, el pan, el techo y el trabajo son mucho más necesarias para frenar las segregaciones escolares.

La escuela sola no puede hacer frente a todos los retos que se le piden. Un ejemplo similar lo encontramos si pensamos con la conciliación familiar, con organizar horarios más saludables, veremos que no depende sólo de las escuelas. Si los horarios laborales y comerciales no cambian, si los espectáculos, los programas de televisión, no se modifican en la línea de ocupar franjas horarias más saludables, volvemos a quemar a la comunidad escolar si es la única que se preocupa por la conciliación familiar. Las administraciones con competencias en cada aspecto deben intervenir.

Y también, a raíz de la epidemia, se está diciendo que lo que hay que defender ante todo es la salud. Con este argumento se ha encerrado a los niños para protegerlos. ¿O para que no contagien (no sean vector de contagio) a los adultos?

Otra pregunta: ¿qué deberíamos entender por salud? No es la falta de enfermedades solamente. Salud es una posibilidad de vida gozosa, que implica salud física y mental, tener las necesidades básicas cubiertas, seguridad de recibir cariño y cuidado.

He encontrado dos definiciones. La clásica de la OMS de 1948: «Salud es un estado de completo bienestar físico, psíquico (mental) y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades «. Y otra, de 1976, de un congreso de médicos catalanes: «La salud es una manera de vivir autónoma, solidaria y gozosa» [1]. Para poder hacerlo posible hay que luchar contra las enfermedades, lógico, pero también contra la pobreza, contra las injustas desigualdades, contra el sufrimiento físico y emocional de tantas criaturas y adolescentes y de sus familiares.

Por eso vale la pena reflexionar si el largo cierre que han sufrido las criaturas ha sido beneficioso. Si ha sido acertado que para evitar supuestamente contagios haya perjudicado y hecho sufrir a los niños y a sus familias. Una reflexión adecuada para repensar el curso 2020-21. Las anunciadas medidas higiénicas ¿compensan los graves inconvenientes? Parece bastante cierto que las posibilidades de contagio entre criaturas y adolescentes son mínimas. No son suficiente argumento para frenar las necesarias relaciones cercanas que deben darse en una escuela que haga honor a su nombre.

Debemos proteger a los adultos, docentes y no docentes, pero no imposibilitar las actuaciones que faciliten los aprendizajes, los vínculos, los abrazos y los apoyos emocionales, más necesarios para nuestro alumnado, en septiembre de 2020, porque la mayoría habrán pasado seis meses desconectados de sus iguales.

[1] Academia de Ciencias Médicas de Cataluña y de Baleares y Sociedad Catalana de Biología. X Congreso de Médicos y Biólogos de Lengua Catalana. Perpiñán, 23-26 de Septiembre de 1976. Libro de actas. (Barcelona, ​​1978)

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Tres modelos escolares: tres maneras de entender la educación

Este texto, consta de dos entregas. En esta primera se disecciona críticamente la modalidad virtual o digital. Y en la próxima se presentan el modelo de escuela institucional-presencial, tal como se conoce hoy día, y un tercer modelo de escuela expandida, donde la educación se traslada a la realidad natural, urbana y cultural.

El modelo online: sin escuela y menos educación

¿Cambiará el mundo tras el confinamiento debido a la Covid-19 y el regreso a la “normalidad”? Esta es una de las preguntas más recurrentes ante la que se dan todo tipo de respuestas: optimistas, escépticas y pesimistas. El futuro alberga muchas incertidumbres, pero sí se puede sostener, con datos fiables y sólidas argumentaciones, que algunas realidades y tendencias anteriores van a agravarse o a tomar una mayor relevancia. Entre ellas, la pobreza y la desigualdad, los intentos para frenar la deslocalización de empresas, el teletrabajo y, por supuesto, el uso intensivo de las nuevas tecnologías en la enseñanza. La urgencia de la situación ha pillado a contrapié a buena parte del profesorado que ha tenido que improvisar y manejarse con mejor o peor fortuna con los distintos recursos tecnológicos.

Detrás de la digitalización se esconden poderosos intereses económicos e ideológicos

Pero esta situación coyuntural de improvisación, donde se ha puesto una vez más de relieve la brecha digital no puede despistarnos de la ofensiva estratégica de las grandes plataformas digitales para imponer su dominio económico -el negocio es extraordinariamente suculento- e ideológico, tratando de colonizar la enseñanza mediante un pensamiento único (entre las megacorporaciones multinacionales cabe citar, entre otras: Apple, Google, Microsoft, Disney, Netflix, Prisa/Santillana). Para ello se vale de estudiadas y, cada vez más sofisticadas, técnicas de persuasión e influencia social para modificar actitudes y comportamientos de los usuarios.

Algo semejante ocurrió en nuestro país, aunque de forma menos perfeccionada y con más control sobre los contenidos, al desarrollarse la industria de los libros de texto a partir de la Ley General de Educación de 1970. Se convirtió en el artefacto que definía y condicionaba -más allá de las orientaciones bienintencionadas de algunas reformas- la cultura escolar: lo que todo alumnado debía aprender y cómo debía aprenderlo. La hegemonía del manual escolar proporcionaba una estabilidad al sistema educativo y una enorme seguridad al profesorado en su zona de confort, aunque siempre ha habido colectivos docentes que han encontrado alternativas con otro tipo de materiales curriculares, sin dejar de utilizar, en algunos casos, los libros de texto como un recurso más entre otros muchos. (Sobre esta cuestión recomendamos dos lecturas imprescindibles: El libro de texto y la política cultural, de M. Apple, Morata, Madrid, 1990; y Políticas del libro de texto escolar, de J. Martínez Bonafé, Morata, Madrid, 2002).

La doctrina del shock de Naomi Klein siempre planea en estas situaciones de crisis y excepcionalidad que son aprovechadas para imponer a la ciudadanía nuevas relaciones y estructuras de poder más invisibles y subterráneas. Para ello recurre a diversos mecanismos de dominio y control, y uno de los más efectivos hoy día son las nuevas tecnologías. El otro es, sin duda, el creciente control de datos y algoritmos, bien sea amparándose en razones sanitarias con una aplicación de geolocalización en el móvil que controle todos nuestros pasos o mediante otras intervenciones sociales y administrativas, o entrando directamente en los centros donde se obtiene gran cantidad de información del alumnado que puede venderse en el futuro a empresas o al mejor postor. Se dice, y no sin razón, que en Google y en Facebook ya saben más de ti que la policía. En la práctica, se hace difícil regular el uso perverso de la información sobre nuestra privacidad, en un momento en que lo ético y lo inmoral se difuminan y se destruyen los procesos democráticos (lo cuentan muy bien M. Peirano en El enemigo conoce el sistema, Debate, Madrid, 2019; y Y. Noah Harari en 21 lecciones para el siglo XXI, Debate, Barcelona, 2018).

¿Hasta qué punto el imperio tecnológico condicionará la agenda gubernamental y la práctica docente?

En nuestro entorno conocemos algunos antecedentes de aprendizaje virtual online como la UNED -Universidad Nacional a Distancia- o la UOC -Universitat Oberta de Calalunya-, pero las nuevas universidades -la mayoría privadas- se apuntan a esta modalidad, y muchas otras, públicas o privadas, realzan estos días las excelencias de este nuevo aprendizaje en línea, asegurando incluso que mejora el rendimiento estudiantil (véase el libro de E. Díez, La universidad en venta, Octaedro, Barcelona, 2020). Por ello proponen el sistema mixto o híbrido, que combina presencialidad con virtualidad. Puede ser una situación transitoria para más adelante dar la estocada final, con la desaparición definitiva de los estudiantes de las aulas y la reconversión de la universidad en una mera sede virtual.

Hay más ejemplos preocupantes de la digitalización universitaria: la ampliación de la oferta de estudios de Magisterio online, la oferta exclusiva de másteres en internet, de titulaciones obtenidas a través de cursos online masivos, abiertos y estandarizados (MOOOC), la programación de prácticas en diversos estudios, o el plan por parte de la Conselleria de Educación de la Xunta de Galicia de delegar en el sector privado el futuro digital de las universidades privadas, iniciativa que ha sido paralizada, al menos por el momento, ante las protestas de sectores del profesorado. También arrecian las resistencias desde algunas universidades, como la movilización de la de Sevilla “en defensa de la educación pública presencial en todos los niveles educativos” y de otros colectivos estudiantiles. Ante este panorama inquietante subyacen tres interrogantes básicos: ¿Acaso la modalidad virtual responde a las necesidades de la infancia y de la juventud, respeta sus derechos y entre ellos el de la educación? ¿Hasta dónde llegará la dependencia y/o sumisión del Ministerio de Universidades y de las consejerías de Educación a la intromisión de los imperios tecnológicos en la enseñanza en la ocupación de la centralidad virtual: desde la escuela infantil a la universidad? ¿Y cúal será la capacidad real de la comunidad educativa para oponerse a esta oferta estandarizada y uniformizadora, y para elaborar otro tipo de contenidos más diversos, interactivos, con una visión crítica, innovadora y más adaptados a cada entorno. (En este mismo diario se han publicado un montón de artículos con propuestas y recursos que apuntan en esta dirección).

Los límites y miserias de la virtualidad como modelo escolar

Los apologistas de la virtualidad ven en el uso intensivo de las nuevas tecnologías la panacea del futuro de la educación, enfatizando sus enormes ventajas. Estas son obvias e indiscutibles y por supuesto que existen ofertas de contenidos de un valor extraordinario en las que muchos docentes saben sacar el mejor provecho de ellas, incluso en clave de una enseñanza renovadora y transformadora. Ahora bien, no dejan de ser recursos y estrategias: en ningún caso puede considerarse un modelo de escuela y menos de educación, no sólo porque la institución escolar -tanto la que acoge a la infancia como a la juventud- no es sólo instrucción sino también educación, una distinción que desde tiempos lejanos siempre se ha subrayado, incluso porque desde la óptica de mero aprendizaje instructivo contiene carencias sustantivas

Veamos todo esto con un poco de detenimiento. En primer lugar, la escuela -siempre considerada en su acepción más amplia que incluye a todas las edades- es un lugar de encuentro relacional y grupal, donde se socializa la experiencia humana, donde se fraguan vínculos sociales y emocionales -ambos son inseparables-, a través de la palabra y del cuerpo, de la conversación y de todo tipo de manifestaciones gestuales y sensoriales. Es la fuerza y la magia del cara a cara, la mirada, la proximidad, el afecto y la empatía que nunca la más sofisticada tecnología podrá sustituir. Carlos Skliar señala muy gráficamente, algunas de las ausencias de la isla digital: ¿Qué queda del educador que toma la palabra y la democratiza a través de los sinuosos caminos de las miradas y las palabras de los estudiantes? ¿Qué queda de los foros conjuntos de traer arte y artesanía, de tocar la tierra, de jugar, bajo la forma titánica de la pantalla siempre encendida?

Es un lugar de encuentro donde se cruzan, conviven y aprenden alumnos y alumnas muy diversas y donde se puede prestar un apoyo más directo y eficaz a los que tienen más dificultades y, por tanto, donde la inclusión y la equidad se afrontan con más recursos y de forma más directa y cercana. Es también un espacio donde se aprende colectivamente a experimentar, manipular objetos, pensar, razonar, debatir, dudar e intercambiar. Un entorno donde se practica el arte socrático y espontáneo de la conversación, con preguntas y respuestas que con frecuencia se entrecortan.

Por otro lado, hay rituales insustituibles como las entradas y salidas con abrazos, sonrisas y algunos besos. Con actividades de grupo con un movimiento constante por el aula, transitando por rincones o espacios de aprendizaje. Con debates que se prolongan en el bar. O incluso con clases magistrales -tampoco son lo mismo- que terminan con preguntas y aclaraciones entre aulas, pasillos y patios.

Paradojas de presente y futuro

Durante este período de confinamiento se ha puesto de relieve que un porcentaje de alumnado no podía conectarse a la red. Con ser esto importante, más lo es la competencia cognitiva y también digital de que dispone y más aún, si cabe, la ayuda que le pueden prestar sus madres. Es evidente que esta brecha digital es otro factor que agrava la dificultad. ¿Pero qué ocurrirá dentro de unos años cuando todo el mundo disponga de la cacharrería digital necesaria? Quizás la brecha digital habrá desaparecido pero dudo que se vaya diluyendo la diferencia social y cultural. Si así fuera, se harían realidad algunas utopías largamente anunciadas. Pero se me antoja que, lamentablemente, los tiempos son más propicios a las distopías.

Un ejemplo emblemático de lo que pueda suceder en el futuro de nuestro país –donde los fenómenos llegan siempre con retraso- lo tenemos en Estados Unidos. En diversos artículos y reportajes se muestra cómo sus élites, empezando por los tecnólogos del Silicon Valley -la joya de la corona del imperio tecnológico- empiezan a huir del mundo digital -una cosa es el negocio y otra es la vida- y envían a sus hijos a centros como los de Pedagogía Waldorf donde la tecnología es inexistente durante la educación infantil y tampoco está demasiado presente a lo largo de la escolaridad. Buscan la interacción humana, los libros analógicos y todo cuanto atañe a la presencialidad. Para estas élites privilegiadas su futuro es, en cierto modo, un regreso al pasado, mientras piensan que la digitilización actual va dirigida a la masa social más baja, a los nuevos esclavos digitales. Es el mundo futurista de 2038 ficcionado en la serie Black Mirror. Evoca asimismo el Mundo feliz de Aldous Huxley. (El País, Madrid, 2003), donde la casta minoritaria de alfas que ostenta el poder programa por incubación una masa de seres humanos uniformes, los épsilon cuyo comportamiento uniforme y privado de libertad garantiza la necesaria seguridad y estabilidad social. Está presente también el Gran Hermano orweliano (G.Orwel, 1984, Debolsillo, Barcelona, 2018) que lo controla todo, ya no con las pantallas y micrófonos de las viejas y duras dictaduras, sino a través de artefactos y sistemas más indirectos y sofisticados. Y quizás algún cineasta piense en una réplica actualizada de Tiempos modernos.

Como ha ocurrido frecuentemente en la historia de la humanidad los relatos utópicos pugnan con los distópicos, y los movimientos sociales y de resistencia tratan de frenar o amortiguar la embestidas de los grandes poderes económicos e ideológicos. De ahí la importancia del empoderamiento digital por parte del profesorado: para hacer un uso liberador y no sumiso de las nuevas tecnologías; y para que estas devengan excelentes herramientas de aprendizaje, aunque sin llegar a colonizar la enseñanza para convertirse en un nuevo modelo escolar. En la antieescuela y la antieducación.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/pedagogiasxxi/2020/06/10/tres-modelos-escolares-tres-maneras-de-entender-la-educacion/

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Algunos interrogantes que dibuja el nuevo escenario de aprendizaje con la COVID-19

Por Juanjo Vergara/DiariodelaEducacion

Un astrónomo que miraba a través de un telescopio de 5 metros declaró que iba a llover. Su ayudante le preguntó: “¿Cómo lo sabe?” “Porque me duelen los callos”.
McLuhan, M. y Fiore, Q.

Es urgente, la escuela debe cambiar. Llevamos décadas diciéndolo antes del COVID-19. Lo preocupante es que la virtualización de la enseñanza -fruto de la pandemia- no está dirigiéndose hacia la innovación educativa. Está provocando la elaboración de herramientas que facilitan procesos obsoletos y de añejas prácticas educativas -exámenes, tareas, control del alumnado, etc.-. Prácticamente ninguna de aquellas que permiten avanzar en modelos de aprendizaje para espacios híbridos como el que se presentará en los próximos años.

La escuela debe cambiar, pero no anclada en el control y la virtualización de la desigualdad, por muchos cacharros tecnológicos que lo avalen. El cambio debe suponer aprender a vivir en un mundo híbrido en el que las competencias más importantes no son el manejo de dispositivos, si no el compromiso con las personas que los habitan. Estos son los Proyectos de Aprendizaje de los que me gustaría ocuparme en adelante como docente.

Virtual vs. Real

En 1992 Neal Stephenson publica su mítica novela Snow Crash en la que describe un escenario hasta el momento desconocido: el metaverso. Un mundo virtual en el que los humanos interactúan social y económicamente en un ciberespacio.

La visión del autor hizo rebosar ríos de tinta sobre las posibilidades de la virtualidad como espacio alternativo para habitar las relaciones, los consumos e, incluso, el aprendizaje.

Pocos años después -en 2003- una empresa estadounidense -Linden Lab- diseña un mundo virtual en que es posible construir avatares que permitían comprar, aprender o relacionarse. Fue el nacimiento de Second Life y decenas de compañías se lanzaron a la compra de espacios virtuales que luego resultaron ser poco productivos económicamente. Hoy prácticamente nadie los habita, pero en aquellos primeros años del siglo XXI las universidades se lanzaban a este nuevo metaverso asegurando que abría grandes posibilidades en la enseñanza y el aprendizaje: “El futuro de la educación está en la virtualización”, decían. Un ejemplo de ello lo protagonizaron proyectos de investigación internacionales -entre los que participó activamente España- que buscaban explorar las posibilidades formativas de un escenario virtual como este. En 2017 la empresa intentó un nuevo relanzamiento de Second Life apoyado por los avances de la realidad aumentada. Sin embargo, podemos decir que hoy es poco más que un espacio de juego virtual en el que las empresas no invierten de la manera esperada en su momento.

Algunas décadas antes de finalizar el milenio -y en los albores del presente- se inició en educación la fiebre de la tecnología. Recuerdo que los centros -y las administraciones- se lanzaron ávidos a consumir pizarras digitales y toda suerte de cacharros. Hicieron ver a sus docentes la revolución que estos suponían y diseñaron para ellos cientos de cursos de formación. Algunos han soportado el paso del tiempo como herramientas adecuadas para apoyar las decisiones de los docentes o su modelo de formación. Otros muchos supusieron frustrantes inversiones poco o nada rentabilizados.

Hoy asistimos a un escenario similar. El cierre de las escuelas ha sido un revés importante para el aprendizaje de nuestros alumnos. Como era de esperar, docentes, alumnado y familias han hecho lo que han podido: intentar que los cursos terminen con las heridas lo más leves posible. Sin embargo, asistimos a un espectáculo esperpéntico en el que algunos se lucran y otros encuentran un nicho discursivo en torno a una innovación que más bien retrae la enseñanza nuevamente siglos atrás. Eso sí, acompañada de dispositivos y aplicaciones que solo algunas personas y territorios pueden poseer. Una vez más, la educación marca una brecha de desigualdad obscena. Lo triste es que decenas de voces acreditadas parecen olvidar esto para celebrar la existencia de una conectividad que solo llega -en el mejor de los casos- al 50% de la población.

La discusión no es si la educación debe redirigirse hacia la virtualidad. Más bien, se trata de entender que el escenario que habitamos en la actualidad es híbrido -físico y virtual- y profundamente desigual en el acceso a la conectividad, a los recursos y la igualdad. Lo relevante no es disponer de aplicaciones que nos permitan reproducir los modelos tradicionales de la enseñanza con nuevas herramientas. Lo necesario es formar a nuestros aprendices en las competencias que necesitan para habitarlas -de forma crítica y reflexiva-. También ayudar a ampliar la mirada hacia una realidad de desigualdad en las personas, los ecosistemas y territorios. Este es el nuevo escenario híbrido.

La lógica del consumo

Cualquier crisis es un nicho de riqueza para algunos. Era de esperar que cualquier acontecimiento provocara una oportunidad en determinadas empresas educativas y mediáticas. Extender las redes de los productos online como panacea para una docencia adaptada a la pandemia es una inteligente política empresarial.

Sin embargo, agradezco mucho a aquellos docentes que se resisten a este discurso y solo emplean las herramientas tecnológicas en función del servicio que ofrecen y no del escaparate que muestran.

La actual situación de pandemia ha obligado a la reclusión del planeta. Los efectos de este confinamiento no pueden medirse -exclusivamente- en relación con el primer mundo. El agua potable no es un bien generalizado, las mascarillas no son de uso habitual en decenas de espacios que he tenido ocasión de visitar con decenas de docentes en formación. La alimentación básica tampoco está asegurada en el planeta. El confinamiento no es igual en una familia de un barrio empobrecido de Madrid que en otro de la misma ciudad. Mucho menos en las condiciones de vida de millones de personas que habitan nuestro planeta sin comida, casa o agua potable.

Sin embargo, se ofrece la tecnología como solución a la educación en tiempos de pandemia. La razón que asegura el desarrollo de la tecnología como recurso es la rentabilidad que ofrece. Las empresas tecnológicas pueden estar contentas con la inmersión de sus productos en el ámbito educativo.

Fruto del cierre de escuelas y confinamiento provocado por la COVID surgen altas las voces que ponen encima de la mesa las posibilidades que ofrece la tecnología y la educación online.

Sobre esta discusión hay dos elementos que exigen solución:

  1. La tecnología y la conectividad no llega a todo el mundo. Lo hace -en condiciones aceptables para diseñar un proceso educativo- a menos de la mitad de la población del planeta. Por lo tanto -como bien alertan numerosas voces- puede ser un importante elemento que aumente aún más la desigualdad.
  2. Los canales tecnológicos, las redes y las aplicaciones diseñadas para la enseñanza -como para cualquier otra cosa- no son neutros. Al margen del destacable sesgo ideológico que tienen, también reproducen modelos tradicionales de enseñanza. Son los procesos de control, tareas, fiscalización y estandarización de los procesos los ejes sobre los que se construyen. En definitiva, no sirven a la innovación educativa en tanto que compromiso ideológico con la construcción de personas críticas y comprometidas.

La lógica del aprendizaje

Desde mi punto de vista, la educación es un arma para el cambio social. Debe servir a las necesidades de los aprendices para comprender -críticamente- el mundo que habitan y transformarlo. Esta transformación no solo es una opción global en términos políticos o estructurales. También lo es en términos micro: su forma de vivir sus deseos, sus relaciones personales, sus afectos, sus ánimos laborales y de participación comunitaria.

Creo que el valor más interesante que puede tener la educación, para nuestros aprendices es el de dotar de competencias para ampliar la mirada sobre la realidad que habitan y emprender acciones que lleven a cambiarla.

Desde esta mirada de la educación es desde la que te hablo. Y es desde ella desde la que debo decir que la lógica del aprendizaje en una realidad hibrida como la que habitamos es la de conseguir que las personas que aprenden lo hagan sobre las destrezas que permiten adquirir estos procesos de pensamiento y acción. La reproducción de contenidos, valores y destrezas útiles hace siglos de poco pueden servir a ciudadanos de la realidad hibrida.

Esto no es algo nuevo. Ya en 1967 Mc Luhan y Fiore lo decían así:

Es de la mayor urgencia (…). El aula lleva a cabo una lucha vital por la supervivencia con el “mundo exterior”, enormemente penetrante, creado por los nuevos medios informativos. La educación debe apartarse de la instrucción, dejar sus clisés e ir hacia el descubrimiento, hacia el sondeo, la exploración y el reconocimiento del lenguaje de las formas. Hoy los jóvenes rechazan las metas. Quieren desempeñar roles … R-O-L-E-S. Es decir, compromiso total. No quieren objetivos o puestos fragmentarios, especializados. (Mc Luhan, M. y Fiore, Q. (1967): El medio es el masaje. Un inventario de efectos. Barcelona, Paidós)

La buena noticia

La COVID-19 es una lupa de aumento. Es la lupa que hace visible que la educación debe cambiar. La urgencia es centrar la mirada en el desarrollo de competencias relevantes para habitar y cambiar un mundo en colapso.

No es la tecnología la que va a protagonizar el cambio. Serán los docentes que apuestan por el cambio los que harán.

La necesidad es hoy -más que nunca- formar ciudadanos capaces de desarrollar una mirada ética y solidaria. Una mirada crítica que responda a la urgencia que ha hecho visible la pandemia y se manifiesta incompasible en el norte y devastadora en el sur.

El desarrollo de un pensamiento crítico y la capacidad de acción congruente con este pensamiento no lo ofrecen los modelos tradicionales de enseñanza aunque sean protagonizados por nuevas herramientas tecnológicas. Decenas de voces están denunciando su uso obsceno en la pandemia. Lo que necesitamos es reconocer humildemente que la educación necesita un cambio radical. Que este solo será posible gracias a un cambio de mirada sobre ella. Este cambio de mirada debe ser una alianza entre quienes la protagonizan -alumnado, docentes, familias, comunidad y administraciones-. La tecnología puede ser un gran aliado, pero solo lo será si sabemos situarla como la herramienta que es. No como la innovación misma. Esto sería un gran error.

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Silvana Corso: Training teachers in too inclusive education tools in Argentina and around world.

GEM REPORT

Silvana is one of many champions being highlighted by the GEM Report in the run up to the launch of its 2020 publication on inclusion and education: All means all, due out 23 June. In their own way, and in multiple countries around the world, these champions are fighting for learner diversity to be celebrated, rather than ignored.

Silvana was a teacher when her daughter Catalina came into the world with paraplegia, deafness and muteness. Determined not to reduce her daughter to her status as a patient, Silvana enrolled her in a regular school to give her the opportunity to interact with other children. The path was not easy, regular schools did not accept Catalina and referred her to special education schools for paraplegic children. Silvana managed to enrol Catalina in a regular school and she was not wrong. During the 9 years that Catalina was alive, she was able to share caresses and enjoy the company of her classmates.

Thanks to Catalina’s life, Silvana developed extensive knowledge of inclusive education. Determined not to waste it, Silvana earned a master’s degree and specialisation in inclusive education and today is the director of an inclusive school in the Villa Real neighbourhood of Buenos Aires, where she welcomes low-income children, teenage mothers, children with special abilities, and children who have been imprisoned, among others.

“There are things that Cata took away from this life that only a regular school could provide. I am convinced that the only way to transform society and eradicate discrimination is by educating all children together.”

For Silvana, all children must be raised to live together in society. Inclusive education fights indifference, because “the others” cease to exist and children grow up with a different awareness, ready to help those in need. While many teachers agree with the importance of inclusive education, many lack practical tools to apply it in the classroom. That is why Silvana divides her time between her work in the school and providing training in inclusive education tools to teachers in Latin America and Europe. Her work earned her a nomination for the Teachers’ prize in 2017.

“I am not sure whether a measure ensures inclusion in education and I say this because many have been taken and “guaranteed” by law, but not enforced. They are not complied with, because inclusion is a lifestyle and if we don’t change the way we see the world, they cannot be guaranteed. I believe that the question that schools should ask themselves in the presence of “the Other” is “Who is she/he?” and not “What’s wrong with her/him?”. Schools have the power to Name, to give back an Identity. It is as simple as that, and as complex; it is revolutionary and a great possibility to breathe inclusion.”

The 2020 GEM Report on inclusion will address all those excluded from education systems around the world. It provides concrete examples of policies that countries are implementing to help tackle exclusion, as well as recommendations on how to ensure that all children – regardless of their identities, backgrounds or abilities – can access quality, inclusive education. Register here to receive a copy in your inbox as soon as it is published on 23 June.

Join our first ever virtual global launch on 23 June to hear from inclusion champions, ministers, teachers and celebrities from different corners of the world.

Fuente: https://gemreportunesco.wordpress.com/2020/06/09/silvana-corso-training-teachers-in-inclusive-education-tools-in-argentina-and-around-world/

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Levantamiento Anti-Racista y Popular en los EE. UU., 2020

Claudia De la Cruz y Manolo De los Santos Proyecto de Educación Popular, EE. UU.

Este verano ha visto como las frustraciones acumuladas de las comunidades pobres y negras se han desbordado en forma de protestas en mas de 200 ciudades de los Estados Unidos. Cientos de miles de personas han tomado las calles en reacción a cuatro siglos de racismo sistémico y explotación capitalista. Una protesta que comenzó en Minneapolis exigiendo justicia por el asesinato de George Floyd se convirtió rápidamente en un levantamiento. Para comprender mejor cómo y por qué ocurrió esto, debemos contextualizar este levantamiento antirracista.

El asesinato a sangre fría de George Floyd por el Departamento de Policía de Minneapolis solo puede entenderse en el contexto de una guerra continuamente perpetrada por el gobierno de los Estados Unidos y la clase dominante contra la clase trabajadora y las comunidades de color.

Los EE. UU. es un país que siempre ha estado en guerra, a nivel nacional e internacional. El gobierno norteamericano ha estado en una guerra prolongada y cruel contra la gente pobre desde su inicio. El sistema capitalista de los EE. UU. es sostenido por sistemas de opresión y explotación como el racismo y la supremacía blanca. ¡Es una lucha de clases con el racismo en el centro!

Debemos preguntarnos, ¿por qué hay tantas personas en los EE. UU. que entienden que no tienen nada que perder? ¿Por qué cientos de miles en las calles están dispuestos a correr el riesgo de infección y arrestos para unirse a las protestas?

Factores económicos:

En medio de una crisis de salud global, y con el número de muertes de COVID-19 en los Estados Unidos superando los 100,000, las personas de color y los pobres han tomado conciencia de que hemos estado viviendo bajo la amenaza de muerte durante bastante tiempo. Los negros, aunque solo representan el 13% de la población, representan desproporcionadamente cerca del 25% de todas las muertes relacionadas con COVID-19, y en algunas ciudades superan el 75%. Este es un reflejo sombrío de las condiciones socioeconómicas subyacentes que existen en este país.

En los últimos 3 meses, el hecho de que el gobierno de los EE. UU. no haya brindado una respuesta adecuada al COVID-19 expuso aún más su negligencia, incompetencia y evidente desprecio por las vidas de los sectores más vulnerables de la sociedad. Esta crisis de salud actual fue en parte el resultado de décadas de saqueo de fondos de la infraestructura

Fuente: Enviado a redacción OVE

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CORONAVIRUS Y LUCHA DE CLASES: EL COVID-19 LOS ENFERMA, PERO EL NEOLIBERALISMO LOS MATA

Por: Miguel Erasmo Saldívar Carrillo

RESUMEN

Asumir que el covid-19 es solo un virus y obviar su dimensión social, imperialista y neoliberal es regresar a los análisis parciales y disciplinarios que hemos criticados durante los últimos años. Ningún fenómeno social se produce aisladamente y al margen de las condiciones histórico sociales de las que emerge. Toda muerte con covid-19 debe ser estudiada en su holismo y descubrir detrás de ellas las profundas diferencias económicas de los fallecidos y sus familiares. No estamos frente a un cuerpo biológico atacado por un virus solamente sino frente a una persona humana que dentro de su condición histórica de vida intenta sobrevivir.

Ningún multimillonario hace filas por un respirador ni carece de las especiales atenciones de médicos y enfermeras personales, si fuese necesario. Ninguno de ellos padeció problemas de acceso al agua o alimentos saludables con los que nutrir su cuerpo. Todos tuvieron la posibilidad real de aislarse en sus mansiones y no salir, a fin de cuantas, son otros los que le hacen los mandados.

Los que diseminaron el covid-19 por todo el planeta tenían dinero para pagar sus boletos de visiones cosa que para la gran mayoría de los habitantes de este mundo es casi un sueño irrealizable. La mayoría de los que han de morir se vieron en la imponente necesidad de salir de sus casas procurarse el sustento para ellos y sus familiares.

Es por ello que el nuevo coronavirus debe ser estudiado no solamente como un suceso biológico sino como un fenómeno socio histórico y económico con un grave impacto en la vida de millones de seres humanos empobrecidos por el capitalismo neoliberal que nos ha gobernado los últimos treinta años.

Palabras claves: Covid-19, neoliberalismo, pobreza, marginación.

SUMMARY
To assume that the covid-19 is only a virus and to ignore its social, imperialist and neoliberal dimension is to return to the partial and disciplinary analyzes that we have criticized in recent years. No social phenomenon occurs in isolation and regardless of the historical social conditions from which it emerges. Any death with covid-19 must be studied in its holism and discover behind them the profound economic differences of the deceased and their families.

No billionaire lines up for a respirator or lacks the special care of doctors and personal nurses, if necessary. None of them suffered from problems with access to water or healthy food with which to nourish their bodies. All had the real possibility of isolating themselves in their mansions and not going out, after all, others are the ones who run errands for them.

Those who spread the covid-19 all over the planet had money to pay for their visions tickets, which for the vast majority of the inhabitants of this world is almost an unrealizable dream. Most of those  who have to die saw the overwhelming need to get out of their homes to find a living for themselves
and their families.

That is why the new coronavirus must be studied not only as a biological event but as a sociohistorical and economic phenomenon with a serious impact on the lives of millions of human beings impoverished by neoliberal capitalism that has governed us for the last thirty years.

Key words: Covid-19, neoliberalism, poverty, marginalization.

LA MUERTE BIOLÓGICA, PSICOLÓGICA Y SOCIAL

El tema del ensayo ya resultará preocupante porque la primera argumentación que nos hacían los compañeros cuando se lo presentamos es que algo como un virus no selecciona socialmente a sus víctimas. Una pandemia no tiene intensión ni ideológica ni política, nos dicen y luego se ríen. Parecería que ciertamente el virus no tiene preferencias sociales y ataca a todos por igual o que todos podemos morir de la misma manera.

Creo que sería indiscutible que el virus es un ente biológico que ataca a los cuerpos biológicos. Pero debemos reconocer que los cuerpos biológicos no presentan características biológicas con independencia de cómo se alimentan, cómo viven, que ansiedades los agobian, etcétera.

Que el ser humano es bio-socio-psicológico se ha dicho con mucha frecuencia, pero no siempre se asume, en este caso que analizamos, debe entenderse, que es atacado por el virus no solo un cuerpo físico y bioquímico sino un ser social con una específica forma de pensar según la vida que ha tenido que vivir y que, muchas veces, no puede escoger aquellas opciones que serían mejor para su sobrevivencia. En el capitalismo neoliberal escoger cómo se vive y de qué se vive es un privilegio
que solo pueden darse los que pagan para ello. Lo que viven de un salario, precariamente tienen cierto grado de libertad dependiendo de la cuantía del mismos, que se reduce a seleccionar que marca de jabón utilizan o no sus hijos o qué serial de Netflix pueden ver. Otros que viven de la economía informal y que son la mayoría de las personas del planeta, ni eso.

Es sabido que los coronavirus no son sino una familia de virus que llevan ese nombre por su forma y que pueden causar un sin números de enfermedades tanto en animales como en humanos. Entre las personas pueden causar infecciones respiratorias que pueden ir desde un resfriado común hasta enfermedades muchos más graves como, por ejemplo, el síndrome respiratorio del Oriente Medio (MERS). Desde mi experiencia cubana sé que los gobiernos de los EUA llevan años experimentando con la creación de armas biológicas con las que ha atacado a la isla de Cuba en múltiples oportunidades causando muerte y destrucción. Los cubanos al defenderse de estos ataques no solo asumen la búsqueda en laboratorios de los mejores métodos, sino que aprendieron a desarrollar acciones económicas, sociales, psicológicas, médicas, integradas a una lógica de solidaridad capaz de generar contención y protección. Porque contra algo como esto se debe luchar desde todas las dimensiones sociales integradas en torno a una nueva ética de la vida.

Si al covid-19 se le mira solamente desde su dimensión biológica se está invisibilizando el problema más grave que viene a él aparejado. Se trata de un fenómeno producto del sistema mismo, parido por el capitalismo neoliberal y cuyos efectos se harán sentir según su exacta geografía social de despojo y precarización. Ya sabemos que existen países dentro de los países y no hablo de las culturas ancestrales sino de las fronteras establecida por la pobreza y la miseria. Cada país o región sociológica, si se prefiere, hacia el interior de un mismo país vivirá la pandemia de manera diferente y los cadáveres se apiñarán según las clases sociales.

Si deseamos descubrir cómo las diferencias sociales dibujan diversas geografías sociobiológicas debemos analizar diversas dimensiones sociales de la pandemia. Un primer elemento que establece la clara diferencia entre las clases sociales (o niveles económicos) involucradas en la enfermedad es que el coronavirus recientemente descubierto causa la enfermedad denominada covid-19, es una pandemia que tiene de común con todas las anteriores que se expande por el mundo transportada
por aquellas personas que tienen el raro privilegio de poder comprar un boleto para viajar y termina matando a otras que no tienen dinero ni para alimentarse. Una y otra vez se nos presenta la vieja sentencia de que: “Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real.” (ENGELS, 1890) Y es que,
queramos o no verlo, son las condiciones reales de la vida los que determina quienes se mueren más y quienes tiene mayores probabilidades de sobrevivir. Ello, a pesar de que algunos realmente creen que todas las diabetes mellitus tipo II son iguales. Las personas diabéticas de las clases oprimidas por el capital comen lo que pueden y cuando pueden; y, muchas veces, no cuentan con las tirillas reactivas para controlar los niveles de azúcar tras cada comida o cada mañana como debería ser. Ya esto es una importantísima diferencia económica que impacta en la fortaleza biológica del cuerpo para enfrentarse a la enfermedad.

Existen personas que ante la inminencia del hecho biológicamente innegable de poder morir “al igual que todos” si se es contagiado se apresuraron a expresar que: ¡Dirigentes políticos, empresarios, celebrities, futbolistas millonarios: nadie estaría a salvo del COVID-19! El virus, como la muerte, sería el gran igualador. Podríamos atribuirlo a causas exclusivamente biológicas: a su enorme capacidad de contagio.” (MARTÍN, 2020). Frente a esta afirmación tan drástica debemos decir que el gran igualador en nuestra sociedad sería un sistema justo de repartición de las riquezas.
No existe la igualdad después de la muerte, esto es solo un absurdo, que se ha generalizado por el esfuerzo de la iglesia de proponernos justicia sin justicia. Además de ello, ningún virus igualará la miseria creada por las relaciones de producción imperialistas, debemos decirlo con claridad, los entes biológicos no tienen tanto poder. El capitalismo no enferma con los virus, en todo caso, también los subsumes, al igual que las nuevas cotidianidades que emerjan de la crisis. No se cae el capitalismo por causas de un cataclismo biológico, a este sistema putrefacto hay que tumbarlo. Estoy plenamente convencido que sin un sistema de repartición justa de las riquezas (pudiera denominarse socialismo) las diferencias ascenderán por los capilares de la historia hasta quemarnos los ojos nuevamente.

El covid-19 ha venido a recordarnos que, como siempre, el capitalismo reproduce las diferencias hasta en el acto mismo de morirse. Nada es justo en un sistema cuya esencia es la injusticia misma. Cuando en el capitalismo neoliberal algo aparenta justicia, si se indaga bien, solo es cinismo. El cinismo es la manera de socializar de la justicia en el sistema capitalista neoliberal. Los políticos panistas y priistas de México con un excelente ejemplo de ello. Y para que no quede duda de esto.
Cuando decimos que el covid-19 es de derecha y racista lo que queremos expresar es que el coronavirus enferma, pero es el sistema capitalista neoliberal el que escoge las víctimas y las aniquila. Ni la enfermedad se mueve por azar ni la muerte es estocástica: “Una investigación conjunta de la Universidad de Harvard y el periódico ‘Boston Globe’ demuestra que la mortalidad por COVID-19 es superior entre aquellas personas que viven en barrios pobres y en viviendas  hacinadas en el estado de Massachusetts. Por eso afecta más a las personas negras, latinas y racializadas.” (SIMÓM, 2020).

Desde otra perspectiva: se muere más fácil y con más frecuencia si se es pobre y angustiado que si se es rico y relajado. Porque las angustias que acarrea la falta de recursos para garantizar una vida digna a la familia suelen ser terribles y se somatizan disminuyendo las fortalezas del organizamos. (TEMPORELLI & VIEGO, 2011). Detrás de ellas emergen problemas de comunicación y agresión familiar: “Y la desigualdad también se relaciona con la violencia.” (OXFAM, 2020, pág. 4) Resulta
innegable que la satisfacción con holgura de las urgencias económicas permite cumplir otras funciones familiares con mayor calidad. “Marciano Sánchez Bayle, portavoz de la Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública de España en el programa digital, indica que las patologías se asocian al nivel de calidad de vida y capacidad adquisitiva. (RIVERA, 2020)”.

Pongamos un ejemplo muy concreto, la mala o deficiente alimentación de las personas con bajas posibilidades económicas es un factor fundamental a considerar en los estudios de morbilidad frente a la pandemia. El acceso al agua potable no solo para ser bebida sino para poder mantener la higiene recomendada para contener la transmisión no debe ser desatendida en los análisis y está fuertemente determinada por los niveles de pobreza. Tampoco sería recomendable separar el fenómeno de la concentración de las riquezas en pocas manos y de la privatización del agua con el
número de muertes. El consumo de refrescos es una de las causas fundamentales de la diabetes mellitus y ello está asociado a las muertes con covid-19. “Coca-Cola Company tiene más riqueza que muchos países de América latina, el Caribe o África. En México ha comprado casi todas las marcas de refrescos del país y tiene las mayores concesiones para la extracción del agua.” (CASTRO, 2005)

Es reconocido que el uso social del agua está emparentado con la diabetes y con las posibilidades de las personas para cumplir las orientaciones sanitarias que se vienen recomendando; una cosa no debe ser separada de la otra. Y si en estos momentos estamos mal debemos prepararnos porque, en realidad, nos encaminamos a una crisis total de los sistemas de salud por el desabasto de agua a nivel mundial. Si consideramos solamente México y analizamos que las: “Autoridades han otorgado
536 mil concesiones de aguas superficiales, subterráneas y zonas vedadas. Por sobreexplotación, hay 16 estados en riesgo de llegar al “Día Cero”: al agotamiento total de sus fuentes hídricas”. (FRANCO, 2020) Tendremos una idea casi exacta de hacia dónde nos encaminamos. Agregase a ello que el hacinamiento en las casas de los más desvalidos sería otro fundamenta factor a considerar en los estudios. Dormir en un cuarto personal sería una medida fundamental de la sana distancia que está muy lejos de más posibilidades de más del 90% de la población. Tales diferencias, establecidas por las posibilidades económicas, se hicieron visibles en aquellas poderosas naciones en las que se han producido la mayor cantidad de muertes; en EUA por ejemplo:

(…) cuando la pandemia explosionó en Estados Unidos y la mortalidad se disparó a principios de abril, lo hizo especialmente en los guetos socioeconómicos. Las muertes han sido un 40% mayores en las ciudades y poblaciones con más población de personas negras y racializadas, un 14% más en aquellas con más habitantes por vivienda y un 9% en aquellas más pobres en comparación con las más ricas del Estado. (SIMÓM, 2020)

No se puede dejar de reconocer que el impacto de esta pandemia será, a la larga, mucho significativamente mayor en los grupos empobrecidos por la reproducción neoliberal del capital que en aquellos que se enriquecen a costas de la mayoría. Si la vida en el capitalismo neoliberal ya era injusta esta situación ha venido a sumarse de manera irrebatible a la precarización de la existencia de la mayoría de los seres humanos del planeta. Y no estamos argumentando que el PIB per-cápita o las posibilidades económicas de las naciones garanticen el resultado porque, se está viendo que la mayor cantidad de muerte se acumulan en países del llamado primer mundo donde le PIB es inmensamente mayor al de otras naciones pequeñas: Unión Europea y en los EUA; quienes comparados con la pequeña isla de Cuba quedarían muy pal parados. El secreto de Cuba, más que económico, es la justicia social que prevalece en su sociedad en la que todos tienen acceso a una buena atención médica primaria y a los medicamentos aprecios módicos y la ética que norma la respuesta del gobierno y del pueblo a estas contingencias. Muchos autores reconoces que la
desigualdad en el acceso y disfrute de la salud no es sino una “Vergüenza Social (…) reflejo de las desigualdades sociales” estas últimas generadas por el sistema económico capitalista, que rige nuestra forma de producir, consumir y en consecuencia vivir, así como también, son causadas por una enorme desigualdad en la distribución del poder” (BENACH, 2005, pág. 15) La privatización neoliberal de los sistemas de salud públicos y la carente ética de sus gobiernos llevó a las naciones
“desarrolladas” a la situación que actualmente padecen. Cuando el presidente Trump recomendó beber desinfectantes mostro un nivel de corrupción ética sin parangón en la historia humana.

Es por todo esto que debe asumirse que la clase social a la que se pertenece es una variable fundamental al considerar un estudio serio de los impactos de la pandemia en el mundo y nos permite decir que los impactos de esta fatalidad tienen un fuerte carácter clasista, racista e imperialista neoliberal. No hacerlos sería invisibilizar uno de los condicionantes que más está incidiendo en las muertes. En palabras de Martín (2000):

¿Qué significa que la clase social es una causa fundamental? Que las causas inmediatas pueden variar al sucederse las enfermedades, sus factores de riesgo y sus tratamientos. Pero, en todas, la posibilidad de evitar los riesgos de enfermedad y de minimizar sus consecuencias es función de los recursos ligados a la posición de clase. El concepto de causa fundamental supone que la clase social, por su diferencial acceso a recursos, influencia múltiples resultados de salud a través de múltiples factores de riesgo. (MARTÍN, 2020)

Remarcamos que debe estudiarse y entender a esta pandemia sus efectos y las muertes a ella asociadas como resultado integral del capitalismo neoliberal. ¿Es que acaso se puede separar la condición de diabético desatendiendo los sistemas de alimentación establecidos por el neoliberalismo y a los que tiene acceso cada persona? ¿Podemos hacerlo obviando la privatización del agua a manos de la Coca cola y su oferta sistemática de productos nocivos para la salud humana? en México: “La empresa francesa Danone y las compañías estadounidenses Coca-Cola y PepsiCo capturan 82% de las ventas de agua embotellada en México, con un valor de poco más de 10 000 millones de dólares.” (PACHECO, 2015)¿Es que alguien realmente piensa que en medio del capitalismo neoliberal y mediático la gente puede decidir libremente vivir una vida sana, sin consumo de chatarra?: “A pesar de que México está inmerso en una alerta epidemiológica por obesidad, sobrepeso y diabetes, la publicidad de alimentos y bebidas chatarra dirigida al público infantil es laxa y, además, se ha convertido en una barrera para prevenir y atacar esas enfermedades crónicas, revela el estudio “Publicidad dirigida a niños: Una infancia enganchada a la obesidad” (LIRA, 2018)

No podemos negar que el virus (natural o creado) causa la enfermedad, pero el neoliberalismo con su pobreza acumulada de los últimos treinta años las acelera la muerte, las localiza geográfica y socialmente y, además, las invisibiliza. Visibilizar las muertes no habla de que contemos cada día cuando cadáveres se apiñan o que anotemos los nombres de los que se nos delanteron; se trata más bien de reconocer la responsabilidad que el sistema capitalista, patriarcal y neoliberal tiene en ello. Muchos han reconocido que: “No hay una sola epidemia. Para entender lo que pasa tenemos que construir una narrativa de tres ciudades: la de ricos y pobres, de blancos y negros o latinos y de viejos y jóvenes. Tanto el impacto directo como la atención médica y social han estado determinados por la clase social, la raza y la edad”, (…)” (JUSTO, 2020)

Podría decirse, nuevamente, que el covid-19 los enferma, pero el sistema capitalista neoliberal los mata. EUA ya acumula más de 110 000 muertes y es la mayor economía del mundo. ¿Cómo es posible que tanta gente muera si otras naciones, como Cuba, con menos recursos y bloqueada, logra que una gran mayoría de contagiados se cure? Repetimos, la diferencia más que económica es ética, social; se da en la respuesta integralmente humana.

En la sociedad del espectáculo debe uno aprender a orientarse entre la maraña de discursos para poder descubrir la realidad. Algunas veces, en la locura delirante de los políticos, dejan entrever crudas realidades que más parecen cosas de surrealismo: “Patrick, vicegobernador republicano del estado de Texas, durante una entrevista brindada a Fox News [2], opinó que las personas mayores deben sacrificarse por el futuro de los Estados Unidos. Este comentario, que puede resultar muy chocante, pone en evidencia que para el sistema capitalista y su modelo neoliberal hay un segmento social que es prescindible: las personas mayores, la clase trabajadora y las y los más desposeídos.”
(RIVERA, 2020)

Realmente estaba, más que ofreciendo un punto de vista, declarando un hecho fáctico dado que no había suficiente recurso para atender a todos y los de mayor edad estaban fuera de los escogidos para ocupar las plazas en los pocos respiradores libres que quedaban. Mientras el presidente se preocupaba por la economía de libre mercado miles de personas morían en el país de las“oportumnidades.”

Otro de los lados oscuros de la pandemia, que desnuda su profundo carácter ideológico, es la pérdida de puestos de trabajos formales y la total desaparición de muchos trabajos informales. Precisamente son los más vulnerables los que precarizan su existencia con la llegada del covid-19 lo que traerá un aumento considerable de la delincuencia por la imposibilidad para muchas personas
de mantenerse dignamente y la agresividad que se genera por las medidas de contención, que no cuentan con la aprobación de una mayoría. Ya se han observado casos de altercados: “Un reportaje del 25 de abril de Washington Post recogía cómo la pandemia y las medidas de confinamiento han desembocado en altercados en los suburbios de París y de otras ciudades francesas. Sus habitantes no solo soportan mayores tasas de mortalidad por el virus, sino que se enfrentan a identificaciones,
registros y multas cuando se ven obligados a salir de sus viviendas para trabajar. (SIMÓM, 2020) ¿Quiénes se involucran en eventos de asaltos masivos a tiendas y mercados? Los más necesitados, los que viven angustiados por la falta de medicamentos y despensas.

Otra de las dimensiones que desnudan la lucha del clase y el carácter ideológico que dentro del capitalismo se le imprime a toda acción que pretenda rescatar la dignidad humana es el bloqueo de los EUA a que ciertas naciones accedan a los recursos necesarios para enfrentar la pandemia. El trece de marzo último el fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab denunciaba que el gobierno de los EUA estaba impidiendo que el gobierno de Venezuela adquiriera insumos para luchar contra
la pandemia. (Prensa latina, 2020) Ello mando un claro mensaje al mundo de que en medio de la desgracia más grande los intereses imperialistas prevalecerán por encima del derecho de un pueblo a la vida y a la salud. Aún con estas medidas agresivas contra un estado soberano, aún con el congelamiento de sus cuentas y el bloqueo para que no acceda a insumos necesarios; la patria de Bolívar está en condiciones de darle lecciones a los EUA sobre cómo se actúa éticamente ante
situaciones de pandemia.

Por otra parte el 12 de abril pasado el gobierno de la isla de Cuba informaba que “La empresa Medicuba no podrá adquirir los respiradores artificiales contratados a los fabricantes suizos IMT Medical AG y Acutronic debido al bloqueo porque estos fueron comprados por una compañía estadounidense, denunció hoy una fuente oficial cubana.” (5 de septiembre, 2020) Con ello se creaban serias dificultades para el sistema de salud cubano que contaba con la llegada de esos insumos. No obstante, a ellos, la organización médica de la isla ha logrado no solo contener la epidemia,sino que ha enviado ayuda solidaria a varias naciones del mundo incluyendo algunas “muy desarrolladas.” Podría asegurarse que los alcances de la medicina cubana serían hoy inimaginables si no hubiese estado por más de medio siglo bajo el constante bloqueo de los gobiernos en turno en los EUA.1

NUEVA NORMALIDAD O LAS VIEJAS ANORMALIDADES

Con mucha frecuencia escuchamos decir que ningún país estaba preparado para este fenómeno y es falso. Si somos objetivos, Cuba, no solo ha sido bloqueada por más de 60 años, sino que ha sido diana de ataques biológicos como, por ejemplo: el moho azul de tabaco, la roya de la caña, la fiebre porcina, el dengue hemorrágico, conjuntivitis hemorrágica, disentería, varroasis de las abejas, hemorrajia viral del conejo, entre muchas otras. Todas causaron grandes daños económicos y pérdidas de vidas humanas. A lo largo de décadas de agresiones el sistema sanitario y sus centros de investigación se fueron preparando para responder a estos ataques y, a la vez, enfrentar los constantes azotes de ciclones que atraviesan el país y agravan la situación económica ya de por sí difícil.

Existen suficientes pruebas de los ataques biológicos a la isla por parte del gobierno de los EUA. Todo esto siempre ha sido parte de un plan bien pensado para derrocar al gobierno revolucionario cuyo único delito era trabajar para elevar la calidad de vida de su pueblo y recuperar la dignidad humana arrebatada por siglos de dominación extranjera: “El general Edward Lansdale redactó un borrador con las misiones a ejecutar por la CIA donde enunció: “… desplegar el bajo mundo cubano
contra Castro, fracturar al régimen desde adentro, sabotear la economía, subvertir a la policía secreta, destruir las cosechas con armas biológicas o químicas, y cambiar al régimen antes de las próximas elecciones congresionales en Noviembre de 1962.” (ETCHEVERRY, 2015) Lo que hoy está ocurriendo con el mundo ya los cubanos lo vivimos a menor escala por más de una ocasión.

Por especificar uno solo de los ataques. El dengue hemorrágico no era una enfermedad de este hemisferio. No estábamos preparados para ella: (es necesario que la cita sea larga para que se entienda bien a qué tipo de ataques se han enfrentado los cubanos y cómo es que han desarrollado su excelente sistema de salud.)

“Era la primera vez que los médicos cubanos teníamos que enfrentar esa enfermedad; por lo tanto, hay que reconocer que había un desconocimiento no solo en Cuba, sino que, en este hemisferio, en toda la América, se desconocía la enfermedad.” (…) No se pudieron evitar las primeras muertes y, tristemente, de esa correlación entre la clínica, la epidemiología y la anatomía patológica, obtuvimos las primeras herramientas para ordenar cuál debía ser la forma científica de enfrentar el diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad; pero más aún, cómo organizar la atención médica y la movilización social de toda la población durante una epidemia. En plena epidemia ya nuestros médicos y hombres de ciencia estaban en función de encontrar soluciones que aparecieron, y paralelamente a las actividades de asistencia, estas de investigación-acción, las de capacitación. Hubo que capacitar a todas las provincias del país.

Entre el 1º de junio y el 10 de octubre, que se da por terminada la epidemia, se notificaron 344 203 casos de dengue, pero de ellos más de 30 000 eran casos hemorrágicos y 10 000 cumplían todos los criterios de la Organización Mundial de la Salud para ser considerados casos de fiebre hemorrágica y choque por dengue (…) es conocido que un paciente en choque está a las puertas de la muerte. Con esos 10 000 casos, pudimos haber tenido miles de fallecimientos, y aunque esas 158 defunciones, incluidas 101 niños, todavía nos duelen, hay que considerar que fue un éxito haberles podido salvar la vida a otros miles de criaturas.

El sistema de salud y todo nuestro país se movilizó como una sola persona y logramos que ya, después de mediados de julio, comenzara a disminuir la epidemia y, como dije, el último caso se notificó el 10 de octubre.

Desde la llegada de la revolución en el año 1959 el gobierno se dio a la tarea de alfabetizar y preparar al pueblo para los nuevos retos a que se enfrentarían. Dentro del sistema de países latinoamericanos la isla fue, por órdenes de los EUA, con la excepción de México, casi totalmente aislada. Era vista como una anormalidad socialista dentro de una normalidad capitalista. Los resultados del desarrollo sostenido e impetuoso de tal anormalidad no se hicieron esperar pues comenzaron a cosechar triunfos en diversas áreas como el deporte, la educación, la salud y el desarrollo social.

Con la caída del campo socialista en el año 1990, la isla perdió el 87% del comercio exterior quedando casi sin materias primas y tuvieron que reconsiderar nuevamente sus proyectos de desarrollo económico. Mientras buscaban salidas a la grave crisis económica generada por la pérdida de mercados y materias primas muchos se le acercaron a proponerles que abandonaran el camino del socialismo cosa que no quisieron hacer y nuevamente se vieron como los anormales en un mundo socialista que se despedía de sus sueños de justicia social y corría a las manos del mercado. Casi desde cero levantaron nuevamente su economía buscando nuevas opciones de
desarrollo entre las que se encontraba la producción biotecnológica que ya venía desarrollándose. El modelo del médico de la familia ideado por Fidel cambio el conceto de salud pasando de la medicina curativa a la preventiva. La creación de las escuelas de medicina latinoamericana permitió dar acceso a los estudios de salud a miles de jóvenes de diversas naciones del mundo incluyendo a los propios EUA. Los azotes continuados de huracanes en el caribe fue el origen de la creación del contingente médico “Henry Reeve”. Hoy, frente al covid-19, la isla puede salvar a sus ciudadanos y enviar a más de 2000 médicos bien preparados a asistir a pueblos hermanos. Mientras que otros cerraban sus puertos a los cruceros que portaban contagiados y que, como naves fantasmas deambulaban buscando cobijo, la isla los abría y nuevamente mostraba otra forma de anormalidad opuesta a la normalidad egoísta del imperialismo. La metáfora del Necio de Silvio Rodríguez retornaba una y otra vez a la historia de los cubanos.

Hoy escuchamos a muchos intelectuales debatir sobre las nuevas normalidades que llegarán con la extinción de esta pandemia. Sin pretender quitarle la palabra ni aniquilar argumentos de hermanos de lucha deseo considerar otras visiones posibles.

En primer lugar, las normalidades del capitalismo neoliberal serán difíciles de remover si no cambiamos las relaciones de producción capitalistas porque el despojo de la tierra, de los recursos, de los saberes, de la unidad y de la voluntad seguirán estando en el objetivo primordial del capitalinos. La asedia que denunció Walter Benjamín continuará penetrando las subjetividades de los oprimidos de la mano del consumismo aberrante a que los conduce el capital.

En segundo lugar, su educación egoísta, egocéntrica, anti espiritual y meritocrática, tal vez, cambiara de forma, pero no de contenidos. Seguirá proponiendo currículos que anulen la capacidad de analizar críticamente a la sociedad cosa que quedará, como hasta hoy, reducida a unos pocos intelectuales. Los cambios, probablemente, entretengan nuevamente a los educadores en la tarea de buscar métodos más efectivos para el aprendizaje como nos ocurrió con Ausubel y Bruner; dejando de lado la impostergable misión de la emancipación cultural y la educación de la conciencia histórica de los oprimidos.

En tercer lugar, ahora que tenemos más tiempo en casa y pocos hábitos de lectura probablemente se eleve el consumo de banalidades que los generales walt Disney y hollywood se aprestan a crear para satisfacer los más exigentes deseos y los más extravagantes gustos de los oprimidos. Marx estará más lejos que nunca de los libreros y las preferencias.

Y, por último, una normalidad no se puede confundir con otras cotidianidades. Ciertamente nuestros viejos hábitos sufrirán cambios, también las ocupaciones y las instrumentalidades. Pero no dejaremos por ello de ser los oprimidos y ellos los opresores. El covid-19 no posibilitará un enroque estilo ajedrez. No se desacelerará la expoliación del planeta, más bien, como ha pasado tantas veces, el capitalismo subsumirá la crisis y sus soluciones ajustándolas a sus propias necesidades.

CONCLUSIONES

Los oprimidos debemos considerar que el plan que nos legara el viejo topo sigue en pie: organizarnos, concienciarnos, tomar el poder y transformar la sociedad en algo que merezca la pena ser vivido.

La nueva normalidad o la vieja anormalidad si se prefiera ya está siendo aplicada en algunas naciones con muy buenos resultados. No es un modelo que pueda copiarse, pero si un buen ejemplo de unidad y resistencia. El internacionalismo del Che, la solidaridad de Fidel, la espiritualidad de Martí, la tenacidad de Bolívar, la unidad de Hugo Chávez. Esas deben ser orientaciones fundamentales para pensar en un nuevo mundo. Cualquier cosa que se haga o desee debe implicar un cambio radical de ética. La comunalidad, el zapatismo, el feminismo, el socialismo tiene algo muy
especial en común; una ética de la dignidad humana que los emparenta y une. Hacia esa nueva ética debemos dirigir la nave. No será fácil; pero si Cuba y Venezuela pueden: todo podemos.

Notas 

1 A 922 mil 630 millones dólares ascienden los daños acumulados a Cuba por la aplicación del bloqueo económico, comercial y financiero. (5 de septiembre, 2020)

Referencias

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¿Cómo se evita fraude en los exámenes universitarios en línea?

Por: Semana Educación

Existen herramientas que permiten evitar la trampa o la suplantación, así que estas pruebas pueden ser tan seguras como una presencial. ¿Cómo funcionan?

Con la llegada del nuevo coronavirus, cientos de miles de escuelas y universidades en el mundo debieron cerrar sus puertas y adoptar, casi que de un día para otro, la virtualidad. Esto les ha acarreado grandes retos, como ajustar sus programas presenciales a este método, sin que se perdiera la calidad, y lograr hacer evaluaciones íntegras de los alumnos.

En el caso de las universidades, en esta época muchas están culminando semestre y eso solo significa una cosa para muchos alumnos: exámenes. No obstante, con el nuevo panorama y con la incertidumbre de cuándo se podrá volver a las aulas, la integridad académica se pone en duda. ¿Cómo evitar suplantación de identidad? ¿Cómo evitar fraude durante exámenes en línea?

En algunas páginas de anuncios es fácil encontrar publicaciones en la que personas ofrecen sus servicios para hacer exámenes virtuales. «Resolvemos tus exámenes de cualquier carrera por WhatsApp. Somos una academia profesional con distintos profesores universitarios de todas las especialidades. Todos los cursos y grupos de cualquier universidad», dice una de ellas.

Muchos docentes universitarios, que en esta pandemia han tenido que adoptar nuevas tecnologías para seguir con sus clases, han visto en esta situación todo un problema. Mientras algunos han evitado hacer exámenes por las dificultades de la virtualidad, otros son muy recursivos para evitar la trampa.

Algunos docentes explicaron que hacen los exámenes a través de Microsoft Teams o Zoom, con el video y el micrófono abiertos, y unas reglas estrictas: la cámara tiene que enfocar la cara del estudiante y el papel que debe estar recién impreso lo rellenan a mano y luego lo escanean o fotografían. «Es fácil monitorear a los grupos pequeños», dice un docente de comunicación de la Universidad Santo Tomás.

Por su parte, estudiantes reconocen que la flexibilidad de la virtualidad les ha ayudado con algunas evaluaciones como inglés. «Me hacía falta terminar dos niveles para tener los requisitos completos, soy muy floja en idiomas y pedí ayuda a un amigo que me hizo el ‘writting‘ y el ‘grammar‘; el ‘speaking‘ era por videollamada y me fue mal, pero alcancé a pasar», dice una estudiante de derecho de una universidad privada en Bogotá.

Por eso, algunas universidades han tomado medidas más estrictas para evitar cualquier tipo de fraude en los exámenes que se realizan para estas fechas. Hace una semana, la Universidad Nacional Abierta y a Distancia de Colombia (Udca) realizó 50 mil exámenes virtuales utilizando el programa Smowl, una herramienta de ‘proctoring‘ que utiliza reconocimiento facial e inteligencia artificial para verificar la identidad del alumno y monitorizar su actividad durante un examen.

Según explicó Ricardo Vea, CEO de SmowlTech, lo que busca con su programa es que se añada valor a las certificaciones online: «En estos días la gente estudia desde, donde y cuando quiere. Y por lo tanto se trata, en definitiva, de ofrecer una serie de garantías que estén a la altura de la calidad de los programas formativos y, por descontado, la reputación de los centros y universidades que los ofrecen», dice.

Vea señaló que anteriormente lo habitual era que las instituciones utilizaran herramientas antiplagio para garantizar la autoría en las respuestas de sus alumnos, pero que con la llegada del coronavirus necesitan mayores garantías, razón por las que asegura que las solicitudes de sus servicios se han disparado.


Así es el reconocimiento que hacen en las oficinas de Smowl en España.

¿Cómo funciona?

Vea explicó que, antes del examen, es probable que el alumno ya esté identificado por parte de la universidad o inicie sesión con un usuario y contraseña asignados. Así que lo primero que se hace es usar la biometría para cotejar esas imágenes y asegurarse de que es el estudiante quien está tomando la prueba. «Solventado este primer paso, lo que hacemos es hacerle una prueba individual para comprobar si todo marcha normal y, después, el alumno ya puede instalar nuestra aplicación, que estará en la web del centro o universidad de turno».

Sobre cómo evitar que hagan trampa y abran internet, Vea explica que todo depende de las necesidades que tenga cada universidad. Algunas permiten que naveguen, pero para monitorear cada caso Smowl está presente en el escritorio de los alumnos y toma evidencia de la actividad. «Lo que hacemos es crear evidencias para que más tarde el profesor sepa si el alumno ha abierto, por ejemplo, una hoja Excel, la Wikipedia u otra serie de elementos que, según el protocolo de la universidad, no estaban permitidos».

La compañía aclara que “el alumno es consciente en todo momento de que está siendo monitorizado” y que la herramienta no tiene acceso a ningún archivo almacenado en el ordenador. “Solo lo monitorizamos durante el transcurso del examen. Cuando acaba, cierra y deja de monitorizar».

Aunque Vea dice que por confidencialidad no puede decir con qué universidades está trabajando, dice que este tipo de herramientas seguirán siendo cada vez más requeridas por las universidades, academias y entidades de evaluación.

Fuente: https://www.semana.com/educacion/articulo/coronavirus-como-se-evita-fraude-en-los-examenes-universitarios-en-linea/678006

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