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El poder del conocimiento
Por: Hugo Aboites
La pandemia no sólo es parte de la evolución de la naturaleza, también de la sociedad y la educación y la cambia profundamente. La obliga al confinamiento físico que individualiza y fragmenta, que borra la organización mínima que da la escuela y la universidad, que fortalece las estructuras de poder burocrático y modifica los equilibrios que se constituyeron con el movimiento magisterial. La SEP ahora insiste en un control único y directo sobre la maestra y maestro, que rinda cuentas imposibles sobre avances de niñas y niños, ya sin la intermediación y la participación de la comunidad de la escuela y de la organización sindical. Que logre resultados de aprendizaje, a pesar de las condiciones tan precarias de la enorme mayoría de estudiantes y sus familias, ahora sin trabajo, sin acceso gratuito a Internet; en condiciones mínimas de espacio y sin la participación directa del maestro, como en el aula. Las autoridades del sistema escolar y de las universidades, con eso también están definiendo cuál debe ser la función de los centros de conocimiento en este periodo de fuertes presiones contra el precariado de la nación. Y define que su tarea es dar paso a la minimización y rampante trivialización del conocimiento y de la emoción. El sistema escolar abdica de su responsabilidad ante la crisis, y nada dice, por ejemplo, cuando en plena crisis de conocimiento el Ejecutivo devuelve
a la iniciativa privada los espacios de tiempo que tenía en los medios de comunicación privados y que precisamente ahora serían valiosísimos para que el gobierno informara y desde la sociedad se intercambiaran conocimientos y se ventilaran las emociones sobre la tragedia que devela la crisis y sobre lo que hay que empezar a hacer para cambiar al futuro. Son espacios de una radio y televisión en crisis, pero aún muy valiosos socialmente porque son gratuitos, su tecnología de recepción existe ya en la enorme mayoría de los hogares (aparatos de radio y televisión), y permiten el conocimiento y reflexión colectiva-familiar e incluso vecinal, de ventana a ventana. Iniciativas que puede ser alimentadas por barrios, organizaciones y por el conocimiento y entusiasmo de maestros de todos los niveles.
A partir de la agenda educativa que impone la propia crisis: el conocimiento del papel de los virus en la evolución de las especies (humana incluida), el manejo y comprensión del instrumental estadístico y su valor para conocer el presente y prever el futuro, las dimensiones de los efectos sociales, económicos y políticos de la pandemia, la revisión crítica de la actuación de los gobiernos extranjeros y el propio, el contacto con las artes que muestran la emoción de estos acontecimientos. Toda una nueva agenda del verdadero conocimiento, como planteaba Freire, el que nace de la reflexión colectiva sobre la realidad y busca transformarla, y de la que maestros y maestras no pueden estar ausentes. Y aún es posible: el gobierno federal puede aprovechar, si le da la emoción, el artículo 139, Ley General de Educación, que establece que los medios de comunicación masiva, en el desarrollo de sus actividades, contribuirán al logro de los fines de la educación previstos en el artículo 15 de la presente ley
(donde se recogen los propósitos educativos del artículo tercero constitucional), y entonces abrirlos a las y los maestros y la sociedad. Emoción y conocimiento.
Fuente: https://www.jornada.com.mx/2020/04/11/opinion/019a2pol
Cuarentena y crisis educativa
Por: Zuleika Matamoros
En días recientes Nicolás Maduro junto a su ministro de educación Aristóbulo Istúriz informó la decisión de suspender las clases presenciales por todo lo que resta de año escolar (en Venezuela es de septiembre a julio).
Se anunció la creación del programa «Cada familia una escuela» en el que les estudiantes serán «atendides» a través de diversos medios digitales: tv, mensajes de textos y whatsapp. La preocupación que prevalece en la sociedad es el modo de hacer efectiva esta medida. En Venezuela el servicio de energía eléctrica, internet y telefonía son deficientes, a lo que se suma el hecho de que la profunda crisis económica y la eliminación de hecho del salario ocasione que gran parte de la población no puedan acceder a tener un teléfono inteligente o computadora.
A la cuarentena le precede una profunda crisis educativa
En el contexto educativo, la cuarentena a causa del Covid-19 le ha venido «de perlas» al gobierno nacional, dado que en el país se atraviesa por una crisis profunda, siendo uno de sus aspectos más relevantes el déficits de docentes.
Esta situación es la consecuencia de las condiciones laborales a la que han sometido al magisterio venezolano. Salarios de menos de 8 dólares mensuales, eliminación de hecho de las prestaciones sociales, incumplimiento de todos los beneficios contractuales, eliminación del HCM (Hospitalización, Cirugía y Maternidad) decadencia de los servicios del IPASME (Instituto de Previsión y Asistencia Social del Ministerio de Educación).
En el marco de esa precaria realidad les docentes deben dar clases en instituciones que presentan fallas de servicios de agua, infraestructura, sin recursos materiales y además con la implementación de un sistema de supervisión y lineamientos totalmente violatorios de la autonomía en el aula e irrespetuosos al propio ejercicio de la profesión docente.
La realidad es que maestras y profesores en estas condiciones se han visto obligados a «renunciar», pero de fondo significa un despido indirecto y masivo del gremio docente, siendo sustituido por jóvenes insertades en el programa denominado «Chamba Juvenil» que apenas han terminado el bachillerato o con personas con nula o poca preparación, eliminando de hecho toda praxis pedagógica sustituida por la mera repetición de contenidos.
Sindicatos y Federaciones corresponsables de la precaria situación de les docentes
Muchos se preguntan las razones por las cuales los docentes no han salido en protestas a nivel nacional en el contexto de esta dura realidad, la respuesta está en el abandono de la praxis sindical.
Desde hace más de dos décadas el gremio docente adolece de canales de comunicación, intercambio y debate dada la nula práctica de los sindicatos y federaciones. Durante décadas nuestros salarios desmejoraban ante el silencio de quienes fueron y, en muchos casos, aun son parte de las direcciones sindicales. 7 federaciones y decenas de sindicatos actuaron desde siempre a espaldas de la base magisterial. Los contratos colectivos se «discutían y se discuten» en la cúpula, sin asambleas, sin ningún mecanismo de comunicación con las bases. Ellos han sido la correa de transmisión de las políticas que han desparecido todo el poder adquisitivo de les trabajadores en su conjunto, pero que el magisterio es uno de los más golpeados, amén de ser conformado mayoritariamente por mujeres. Es por ello que ante la miserable vida a la que se condena al docente no le sucede una gran movilización, protestas y paros.
Ante este vacío, los sectores de la derecha que se aglutinan alrededor de la oposición tradicional ha intentado capitalizar ese descontento, lo que ha dado como resultado una «vanguardia docente» capitalizada por sectores que apoyan la política de Juan Guaidó, quien ya ha demostrado que tampoco resolvería las necesidades de les trabajadores. Basta leer su «Plan País» o ver como sus aliados han tratado a los suyos. Trump que deja en la calle a más de diez millones de trabajadores en medio de la pandemia o Piñera que reprime, encarcela y asesina al pueblo chileno cansado de sus políticas neoliberales , Lenin Moreno que deja caer ecuatorianos muertos en las calles con total indolencia o Colombia en la que asesinan líderes campesinos y sociales. Tales son los aliados de la figura política de la derecha en este país y a la que la podrida cúpula sindical del gremio docente le levanta la mano y pretende poner nuestra incipiente lucha a sus servicios.
En estas condiciones todo el aparato burocrático del Estado es sostenido con trabajo casi gratuito y allí los docentes son los sostenedores del sistema educativo. La «renuncia masiva» de docentes fue la forma en la que la base magisterial, sin dirigencia sindical que se pusiera a la altura, encontró como solución, pero que ha puesto en jaque al sistema educativo.
En ese contexto el coronavirus le cayó «de perlas». La cuarentena ha logrado regalarle tiempo al gobierno que se niega rotundamente a pagar un salario que tan siquiera cubra la Canasta Básica como mínimo; esta conquista que logramos plasmar en la Constitución hoy es pisoteado por el gobierno y por las federaciones y sindicatos.
Del Plan «Cada Familia Una Escuela»
A nivel mundial, la virtualización de la educación es un plan que se cocina a «fuego lento» por los grandes entes mundiales del capitalismo como lo es el FMI y el BM desde hace años para intentar «abaratar» los «gastos» educativos en una abierta política de desinversión en el sector educativo. El Covid-19 lo ha acelerado y su llegada luce intempestiva para lo cual las grandes corporaciones ya están «preparadas». En esta virtualización de la educación acelerada por el coronavirus quedan excluidos millones de estudiantes en el Mundo, específicamente de los sectores más pobres del planeta.
En ese contexto, Venezuela implementa el plan «cada familia una escuela» medida a la que le precede el despido indirecto y masivo de miles de docentes a través de la política de Salario Cero, la imposición de una educación vertical bajo la mampara de «líneas educativas» en la que les docentes no tienen mecanismo de participación alguno, con profundas deficiencias en la infraestructura escolar, sin recursos de mantenimiento y sin recursos pedagógicos. A todas luces la suspensión de clases presenciales desde el mes de marzo al mes de julio responde a aspectos que están más allá de la propia pandemia.
La suspensión de actividades presenciales le dará la oportunidad de terminar el año escolar en un limbo en el que cada maestro debe ingeniárselas para atender a sus estudiantes. De manera gratuita y con recursos propios o prestados debe buscar a cada une y mandarle actividades que no han tenido un «espacio de aprendizaje» y que después servirá de sustentación de la promoción de los estudiantes al grado inmediatamente superior.
Ni estudiantes ni docentes pueden llevar la pesada carga de esta nueva modalidad de autogestión educativa. Millones de estudiantes y miles de docentes viven en tan precarias condiciones que solo podrán entrar en esta antipedagógica jornada algunos pocos.
El programa de» Canaimitas» (laptops para estudiantes entregada por el gobierno) se fue abandonado paulatinamente y ya la gran propaganda, se redujo a menos escuelas beneficiadas con la entrega del recurso y más medios para propagandizar un programa que no le garantizó a todes el recurso. Docentes quedaron también fuera de la entrega de dichos recursos porque se sobreentiende desde la cúpula, que cada quien debía adquirir una computadora con sus propios recursos. Estos aspectos entre otros no condujeron a que el programa Canaimita entrara en el aula tan siquiera como apoyo tecnológico al quehacer educativo.
Así las cosas el programa «cada familia una escuela», es una entelequia. Surge de la lógica propagandística del gobierno y no del diseño de una política educativa tendiente a tener espacios de aprendizaje.
Lo peor, es la política de persecución que ejecutan directores y supervisores, sosteniendo como Hércules el pesado rollo propagandístico para «mostrar» resultados de un programa que solo podrá ser cumplido por pocos. Tristemente el hecho pedagógico en el sistema educativo venezolano está herido de muerte.
Lo que queda claro, que la propaganda gubernamental cada vez es de peor calidad y no puede esconder su intención de dejar en manos de les docentes esta pesada carga. Dice haberse reunido con «sectores», con «expertos nacionales e internacionales», habla de sus intercambios con la UNESCO y con UNICEF pero no es capaz de resolver el grave problema material de existencia que tenemos les trabajadores de la docencia. Para muestra está la aprobación de millones de euros para fortalecer el PAE, en lugar de ejecutar medidas que garanticen que en medio de la cuarentena podamos comer maestros, estudiantes y toda la masa trabajadora empobrecida por una política sostenida en nuestra contra y que ha hecho que comer balanceado en un día se convierta en un verdadero lujo en este país.
¿Cómo hacemos?
Ante este panorama les docentes debemos armar un gran movimiento que sobrepase a todas las direcciones sindicales. Necesitamos darle cuerpo a nuestro malestar y eso lo podemos lograr organizades porque de lo contrario, no podremos superar las cosas que llegaron y que pretenden quedarse para siempre.
En estas condiciones no podemos ejercer la docencia y la imposición del Ministerio de Educación no la podemos cumplir. Nos corresponde unirnos alrededor de la defensa de la educación y eso empieza por la recuperación de nuestro salario, de nuestras condiciones y por el derecho pleno a participación protagónica desde la base docente en las decisiones que se tomen.
Fuente: https://www.aporrea.org/educacion/a289108.html
Contra los vientos de guerra, propuesta de paz
Por: Franklin González
Hay como un viento de palabras confusas. Una que habla de muerte y de ausencia. Otra que habla del peligro del hambre y la desesperación. Otra que habla de grandes e increíbles derrumbamientos. Otra que hace soplar vientos de guerra. Y otra, la más poderosa de todas, que parece anunciar un tiempo nuevo” (“La voz de Dios”, de William Ospina).
Difícilmente hoy se encuentre algún incrédulo que siga repitiendo que no hay amenaza de agresión militar contra nuestro país.
El gobierno de Trump está desplegando sus fuerzas navales para producir un bloqueo de las costas venezolanas, y eso es una declaración de guerra. La excusa está basado en un conjunto de acusaciones sin fundamento alguno contra el presidente Maduro
¿Qué buscar la administración Trump con esta decisión?
Primero, desviar la atención sobre la tragedia que vive internamente su país por el Covid-19 y sacar rédito político a pocos meses de las elecciones de Estados Unidos. Vieja y consuetudinaria estrategia política ya desgastada, por su uso infinidades de veces.
Segundo, buscan la rendición incondicional de la revolución bolivariana y de su gobierno. Para eso, acude a todos los medios a su alcance, intentando poner a prueba los sentimientos de sus ciudadanos. Han organizado el mensaje de acuerdo a los factores personales de los destinatarios para confundir, persuadir e influenciar, a sabiendas del poder que tienen hoy los medios de comunicación y las redes sociales sobre su sociedad, donde la mayoría de la gente se queda con la primera “imagen”, esto es, con la primera impresión que se presenta ante ellos, dándoles a esos medios una relevancia y un nivel de confiabilidad, más allá del que realmente tienen.
Y como ciertamente soplan “vientos de guerra” por el Caribe, el presidente Nicolás Maduro Moros, el 05/04/2020, le ha dirigido, acertada y oportunamente, una comunicación al pueblo de Estados Unidos.
Ha dicho el presidente Maduro.
Primero, ha manifestado solidaridad con ese pueblo, el estadounidense, y le ha hecho llegar una denuncia en los siguientes términos:
“Al expresarles mi solidaridad ante este importante desafío histórico y nuestra consternación y dolor por las consecuencias de la pandemia en EEUU, me veo obligado a también alertarles que, mientras el mundo se enfoca en atender la emergencia del Covid-19, el gobierno de Trump, instrumentalizando una vez más las instituciones para alcanzar sus objetivos electorales y basándose en infamias bajo pretexto de la lucha contra las drogas, ha ordenado el despliegue militar más grande de Estados Unidos hacia nuestra región en 30 años, con el fin de amenazar a Venezuela y de llevar a nuestra región a un conflicto bélico costoso, sangriento y de duración indefinida”.
Segundo, le hizo un llamado a ese pueblo “para que ponga freno a esta locura, para que responsabilice a sus gobernantes y los obligue a enfocar su atención y sus recursos en la atención urgente de la pandemia”.
Tercero, ha solicitado el “cese de las amenazas militares, el fin de las sanciones ilegales y el bloqueo que restringe el acceso a insumos humanitarios, tan necesarios hoy en el país”
Cuarto, ha pedido “con el corazón en la mano que no permitan que su país se vea arrastrado, una vez más, a otro conflicto interminable, otro Vietnam u otro Irak, pero esta vez más cerca de casa”.
Quinto, ha reiterado su política de diálogo y de compromiso con la paz: “Nosotros, como dijo una vez nuestro líder Hugo Chávez, compartimos el mismo sueño. El sueño de Martin Luther King es también el sueño de Venezuela y de su gobierno revolucionario. Los invito a luchar juntos por hacer realidad ese sueño. No a la guerra de Estados Unidos contra Venezuela. No más sanciones criminales. Queremos paz”.
Esas palabras del presidente Maduro hacen recordar que no es tiempo de seguir la enseñanzas de Maquiavelo cuando aconsejaba al Príncipe que no adoptara la ética de los ciudadanos, sino más bien momentos para que el ciudadano de EEUU no adopte la “ética” de su Príncipe (Trump), en una decisión que podría generar consecuencias impredecibles.
En ese sentido, debe recordarse una fábula, que según el historiador estadounidense Howard Zinn, en su texto Sobre la Guerra, había sido escrita por el dramaturgo alemán Bertolt Brecht, y que palabras más, palabras menos, dice: “un hombre que vive solo recibe una llamada en la puerta, cuando la abre, encuentra en el umbral el cuerpo poderoso, el rostro cruel del Tirano. El Tirano le pregunta. ¿Aceptas someterte a mí? El hombre no responde. Se hace a su lado. El Tirano entra y se instala en casa del hombre. El hombre le sirve durante años. Un día el Tirano enferma por contaminación de la comida. Muere. El hombre envuelve el cuerpo, abre la puerta, se deshace de él, vuelve a entrar en su casa, cierra la puerta detrás de él, y dice con firmeza. No”.
Recuerde, señor, Trump que la violencia NO es la única forma de poder. Muchas veces es la menos eficiente, aunque realmente es la más cruel, tanto para las víctimas como para los verdugos, como dijo Albert Camus. Vietnam quedó estampado en la historia como evidencia de ello.
La mejor recomendación sería entonces: dejar quieto lo que está quieto.
Fuente: El autor escribe para el Portal Otras Voces en Educación
Repartición de culpas
Por: Carolina Vásquez Araya
La pandemia nos ha dejado en cueros, por decirlo de alguna manera.
Pesadillas futuristas: ¿fin de la «forma-sindicato»?
Por: Néstor Kohan
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“El futuro ya llegó. Llegó como vos no lo esperabas”. Así de simple. Los Redondos se adelantaron.
En medio de la pandemia del coronavirus (COVID-19), estamos inmersos en una película futurista. Pero no en un sillón acolchonado frente a una pantalla 3D sino como protagonistas involuntarios de la vida real y cotidiana. La calle vacía. No le puedo dar la mano a mis amigos. ¡Cuidado con compartir un mate! Si me acerco para abrazar o besar a un ser querido, pega un saltito hacia atrás con rostro temeroso. “El 70 u 80 % de la población mundial se contagiará indefectiblemente”. ¿Me estarán vendiendo, una vez más, un viejo televisor blanco y negro? No, unas médicas amigas (especialistas) me aseguran que el contagio es… INEXORABLE.
Esta distopía, argentina pero también mundial (¿generada artificialmente como guerra biológica para dirimir conflictos comerciales y someter a enemigos díscolos como China e Irán?), se escapó de las manos. Frankenstein nunca fue obediente ante sus creadores. El panorama actual superó ampliamente la colección de relatos imaginarios sobre un futuro sombrío y apocalíptico que recopiló y comentó F. Jameson en su enciclopédico y abrumador libro (Fredric Jameson [2005] (2009): Arqueologías del futuro. El deseo llamado utopía y otras aproximaciones de ciencia ficción. Madrid, Akal).
En ese contexto tan inesperado, ¿tendrán por fin razón los preconizadores del «fin del trabajo» (Jeremy Rifkin), el «agotamiento de la política» (Daniel Bell), el ocaso de los «grandes relatos» (Jean-François Lyotard), el «fin de la historia» (Francis Fukuyama), la opacidad de la «forma-sindicato» (Toni Negri)? ¿Habremos llegado acaso al fin del capitalismo senil?
Estas breves líneas no tienen una finalidad teórica. No aspiran a refutar tesis ni a postular nuevas hipótesis. Son muchísimo más modestas. Pero sencillamente descreo de todos esos apocalipsis cuasi bíblicos. Las armas biológicas ya se habían utilizado anteriormente en los conflictos sociales. Ahora se subió la apuesta, sin duda. Estamos en otra escala. Pero ni desapareció el Mercado como regulador social ni falleció la lógica de la acumulación ni se esfumaron los intereses privados. Puede ser muy simplón, pero basta ir al supermercado o a la farmacia y la «inexistencia» del alcohol en gel o los sobreprecios de los remedios (como el jabón quirúrgico) nos traen abruptamente a la realidad.
Sin pretensiones teóricas entonces. Sin aparato crítico. Sin bibliografía exhaustiva. Estas breves líneas pretenden tan sólo agradecer. Y lo hacen desde un humilde lugar personal. Esos mismos que no gozan de buena prensa en las ciencias sociales. No pretendo aquí reflotar el oxidado, vetusto e inoperante «individualismo metodológico» (la versión «cool» de las «robinsonadas» de las que solía reírse el viejo Karl Marx).
Pido únicamente permiso para contar una simple experiencia y en consonancia, agradecer. Tan sólo eso. La palabra diabólica es: cáncer. Y por si no alcanzara, una cirujana me agregó una segunda: metástasis. Demoledor. Pero calma. Respirar hondo y preguntarse, como un muchacho llamado Lenin: ¿qué hacer? El endocrinólogo («es el mejor», «confiá en él», «es el que más sabe en Argentina», todo el mundo me repetía mientras hacía fila en el hospital) trató de apaciguar. «No te morís de forma inmediata. Tranquilo. Pero tampoco podés esperar más de cuatro meses», me recalcó, rodeado de su equipo.
Bueno. Y ahí comenzó una interminable seguidilla de análisis, filas, turnos, colas, números y horas y horas de espera. Por suerte podía llevarme conmigo una biblioteca en la mochila para no desesperarme. Pero el tiempo pasaba. Y las autorizaciones de los principales pedidos médicos para la intervención eran rechazadas. De nuevo la disyuntiva: ¿qué hacer? Varias médicas me decían: «lo importante es no estresarse». Pero el reloj corría y las agujas no se detienen. El calendario avanzaba. ¡Y eso que todavía no había comenzado el coronavirus!
Como la mayoría de la gente común, apelé a lo que mejor conozco. «El que no llora, no mama». Quien no reclama y no lucha, no consigue nada. A lo largo de toda mi vida aprendí que quien no da la pelea, está perdido desde el inicio. Por eso paré la pelota, di un paso al costado en la fila hospitalaria y me comuniqué con mi sindicato, la AGD-UBA (Asociación Gremial Docente de la Universidad de Buenos Aires), asociación a la que pertenezco –por decisión propia, no compulsivamente– hace unas décadas (tengo el Nro. 569 de afiliado). Le escribí a la compañera Fabiola Ferro, delegada de mi lugar de trabajo. Le explico brevemente la situación apremiante en la que me encuentro. Me contestó al instante. ¡Y eso que eran vacaciones! Cerrada la Facultad, cerrada la UBA, nadie en el sindicato, pero me contestó. Todo lo contrario de cómo se comportaría un sindicato burocrático (de esos que te afilian compulsivamente, con la complicidad gerencial de las máximas autoridades, y sólo les interesa tu aporte mensual).
La delegada inmediatamente me comunicó con la compañera Ileana Celotto, que tiene una responsabilidad mayor en el sindicato. Sin conocernos, ella también me devolvió los mensajes, incluso sin estar en Buenos Aires. Se ocupó, «se movió», no lo cajoneó como suele pasar en una institución burocrática. Todo esto parece que ocurrió hace tres siglos… antes del coronavirus. Pero fue hace apenas poquitos meses.
La representante de la AGD me consiguió entonces una reunión para destrabar las autorizaciones para operarme. No estaba en juego, lo sé perfectamente, el programa bolchevique de la revolución mundial. No se jugaba al todo o nada el socialismo a escala internacional. Nada de eso. No me confundo. Pero un cáncer no se hace esperar. Esta enfermedad tiene una crueldad que genera, como mínimo, respeto. Porque es inflexible y taxativa.
Sólo se trataba de algo sin mayores implicancias políticas. La vida de un trabajador docente de la UBA, que para el sistema no vale nada. No nos engañemos. Aún habiendo intentado ayudar a leer, estudiar e investigar a varios miles de estudiantes, aún habiendo aportado varias décadas de mi salario, sin autorización…, no había operación. Y sin operación para extirpar el cáncer a tiempo… buena suerte y hasta luego. Que pase el que sigue. Pero no fue así. El sindicato AGD intervino. Me apoyó.
Creo humildemente que yo no estaba solicitando nada exótico. Sólo lo que me corresponde. Y la AGD me apoyó. (En el balance personal –pues en las situaciones límites suelen emerger meditaciones de este tipo– no me arrepiento de haber sido fiel y leal a todas las luchas sindicales durante décadas, apostando la mayoría de las veces por paros activos para no vaciar la UBA, desde carpas en la calle hasta clases públicas y cortes de avenida. En su momento en nuestra cátedra de teoría crítica latinoamericana compramos un megáfono propio para esas clases en el rectorado, en las avenidas o donde sea; megáfono que finalmente se dio por vencido y dejó de funcionar).
Lo concreto, terrenal y simple: pude operarme, en medio de la pandemia del coronavirus, gracias a la intervención de la AGD ( con la enorme ayuda de toda la clase trabajadora del Hospital de Clínicas, hospital universitario público que brinda salud pública… ¡gente sin igual!… a quienes agradezco en otra carta).
El futuro sigue abierto. Pero la pelea siempre hay que darla.
Por eso cuando escucho o leo análisis tan banales, superficiales, improvisados, que siguiendo la moda del momento dan por finiquitada «la forma-sindical» como si fuera un objeto vetusto de museo, sin pararse a pensar o reflexionar dos minutos, siento un poco de bronca y otro poco de pena.
Pero no todo está perdido. Por eso quiero terminar esta carta AGRADECIENDO LA SOLIDARIDAD DE LA AGD, sindicato de la clase trabajadora docente de la Universidad de Buenos Aires. Universidad pública, gratuita, laica, masiva y con pretensiones de calidad.
Fuente: https://www.lahaine.org/mundo.php/pesadillas-futuristas-ifin-de-la
Decálogo para sacar partido del Covid-19 en el ámbito educativo
Verónica Volant
1 / Quedarse en casa
Quedarse en casa, para muchas personas, es una recomendación u obligación que han tenido o llegarán a tener más de una vez a lo largo de su vida. Todas las personas que tienen un corazón, unos pulmones, unos riñones… que necesitan una atención especial, que a veces tienen que ir al hospital y seguir un tratamiento, que les han de operar o hacer pruebas que hace que se queden ingresadas durante una temporada en el hospital, o bien que cuando les dan el alta, deben quedarse en casa descansando y recuperándose, necesitan que todo lo que harían en la escuela lo puedan hacer en el hospital o en casa. En realidad este virus supone que todas y todos estos días hagamos lo mismo. Ahora, para todos y todas, nuestra casa representa la escuela durante unas horas al día.
2 / Seamos solidarios
Recuerda que no estás sola ni solo. Tus compañeros y compañeras de clase y de tu escuela, de otras escuelas, universidades, centros de educación de adultos, de nuestro país y de muchos países del planeta están en lo que se denomina situación de alarma. Situación que, entre muchos temas, pide estar en casa, estudiando, jugando, comiendo, durmiendo… es decir, desarrollando todas las actividades que antes hacíamos en lugares diferentes -la escuela, el esparcimiento, el conservatorio, el gimnasio, el parque…-, en un mismo espacio: en casa.
3 / Cada día es un nuevo día
El hecho de convivir minuto a minuto con las mismas personas y con las mismas cosas, puede hacer que pensemos y sintamos que el mundo no cambia, que las cosas no se mueven, que el tiempo no pasa. Una de las consecuencias de esto es sentir aburrimiento, pensar que no podré aguantarlo, que nos sintamos malhumorados y con ganas de no hacer nada. Pero debemos proponernos hacer actividades nuevas cada día. Debemos aprovechar el tiempo. Recuerdo un libro escrito por Michael Ende, Momo, una chica huérfana con una gran capacidad de escucha, que recogía todos los minutos para… no os lo cuento. Os recomiendo este libro escrito hace muchos años, que nos puede enseñar muchas cosas estos días que podremos trasladar en un futuro. La realidad que estamos experimentando cambiará, aunque no sabemos exactamente cuánto.
4 / La creatividad, nuestra gran aliada
Siempre se habla de que tenemos que ser creativos, ahora es el momento de ponernos las pilas en este sentido. Hacemos de nuestra casa una escuela creativa con la participación de todos y todas: los que estamos en casa -padre, madre, hermanos … – con la propuesta de nuestros maestros y con las de las plataformas virtuales seguras que nos están poniendo a nuestro alcance. Son muchas las personas y entidades que están intentando generar también desde casa, sinergias creativas.
5 / Las rutinas regalan su tiempo a la creatividad
La creatividad tiene el carné de familia numerosa: dedicación, paciencia, ilusión, ganas de innovar y hacer las cosas diferentes y, también, disciplina son parte de los miembros de esta familia. Aunque no te lo pienses, María Curie, una científica conocida por sus investigaciones sobre la radiactividad, que descubrió el radio y el polonio (dos elementos químicos) y que obtuvo dos premios Nobel por estos descubrimientos, fue altamente creativa y disciplinada. La creatividad tiene un primo hermano llamado rutina. Rutina ayuda a creatividad a disponer de más tiempo para estar con tu familia y, aunque al principio le dedica mucho tiempo, al cabo de las semanas es como si no estuviera. Los aprendizajes rutinarios los hacemos sin darnos cuenta.
Si quieres saber las diferentes rutinas que estos días ayudarán a creatividad, simplemente sigue con la lectura de los cuatro próximos puntos del decálogo. ¡Ah! Y si alguna de estas rutinas no la haces, ahora es el momento, si algo tienes es tiempo.
6 / ¿Qué puedo hacer antes de ponerme a estudiar?
Rutina 1. Piensa en lo que estabas haciendo hasta ahora.
- Intenta tener un despertar calmado y con algunos estiramientos tranquilos. Intenta ir sintiendo todas las partes de tu cuerpo. No hay que hacerlo siempre solo, puedes pedirle a alguien que lo haga contigo o que te ayude a poner música si os gusta.
- !Ahhh! Que no se me olvide, levántate a la misma hora que te levantabas para ir a la escuela. Esto te permitirá hacer todo lo que te propongo e iniciar el estudio más o menos a la misma hora que antes.
- Ventila la habitación, la cama y la ropa con la que has dormido, seguro que al cabo de un rato todos se sentirá mejor, aunque no lo creas, el oxígeno nos gusta a todos.
- Ve al baño, lávate, aprovecha este momento de intimidad para pensar en tus propósitos, si es que no lo has hecho ya con tu despertar.
- Ayuda a preparar el desayuno, aprovecha estos días que tienes más posibilidades de hacerlo en familia, seguramente en el día a día antes, tenías que esperar a los fines de semana para hacerlo.
- Lávate los dientes y nuevamente las manos y, hacia el espacio de estudio. Y un recordatorio, vístete. Sí. No vayas todo el día en pijama, ¿o es que irías en pijama en la escuela? Y vuélvete a lavar los dientes seguro antes de ir a dormir y ahora que tienes más tiempo después de comer también.
7 / ¿Qué puedo hacer durante el tiempo de estudio?
Rutina 2. Piensa en las horas que dedicabas a la escuela.
- Prepara el lugar de estudio; intentad, entre todos los miembros de la familia, que el tiempo de estudio sea un tiempo tranquilo. Seguro que los padres también tienen trabajo, ellos, como tú, han trasladado el trabajo a casa. Y ellos, como tú, necesitan concentrarse. Si sois muchos hermanos o bien pocos pero con ritmos diferentes, negociad horarios de estudio con los de juerga, televisión… No es necesario que todos hagáis lo mismo, pero sí es importante que se respete.
- Intentamos hacer de nuestro sitio de estudio un espacio inspirador y motivador de nuevos aprendizajes.
- Quizás hoy es el día que no tienes ganas de estudiar y es el día que te comes los libros. Todos tenemos los dos tipos. Pero es importante tener presente que de la misma manera que hasta ahora has estado trabajando con una agenda, con un horario, con un calendario, un moodle,… están bien todas las estrategias utilizadas para ordenar nuestra mente, planificar nuestros aprendizajes y anotar nuestras actividades. Ahora es el momento de tomar este buena costumbre. Te ayudará a no perder la noción de los días y a regular el tiempo que le dedicas a cada actividad.
- Recuerda que tus maestros siguen siendo tus maestros. Seguro que nos están ayudando mucho en estos momentos y seguro que tienen organizado un sistema para explicar la materia, para solucionar tus dudas y para poder explicarles cómo estás y cómo te va.
- Bebe agua, pero antes de sentir sed; tu cerebro te lo agradecerá.
- Haz descansos, recuerda que en la escuela hay momentos de recreo. Ahora además, puedes aprovechar que estás en casa y hacer pequeñas paradas, hacer estiramientos, cambios de postura, levantarte. Tu cuerpo y tu columna te lo agradecerán.
- Si el tiempo de estar en casa coincide con fiestas tradicionales, celébralas. Si en la escuela había un huerto: recuerda que con una semilla, algodón y agua, crece una planta.
8 / ¿Qué puedo hacer con las extraescolares?
Rutina 3. Adaptamos y seguimos en la medida de lo que podamos.
- Cuando salimos de la escuela muchos de nosotros vamos a lo que se llama las actividades extraescolares, merendamos por el camino y es el momento, muchas veces, en que nos contamos nuestro día, lo que nos ha pasado, cómo nos sentimos… No perdamos este momento, aprovechémoslo en familia, con los padres, con los hermanos. Hagamos que nuestra imaginación haga de este momento una experiencia nueva.
- Dependiendo de la actividad extraescolar que hacíamos antes de quedarnos todos en casa tendremos que reinventarnos más o menos. Por ejemplo, si practicamos un instrumento, o hacemos teatro, o pintamos en una escuela de pintura, podemos continuar haciéndolo en casa. Quizás, y hablando con los padres y los profesores o profesoras, podemos grabar un audio con nuestra interpretación, hacer una fotografía de nuestra obra, un vídeo con nuestros avances. Otras actividades podría ser que durante un tiempo no las puedas llevar a cabo, pero podemos pensar en otras. Tal vez, incluso, esta actividad termine siendo nuestra nueva extraescolar.
9 / ¿Qué puedo hacer los fines de semana?
Rutina 4. Los sábados y domingos siguen estando en las agendas. No han desaparecido.
- El fin de semana es el tiempo de descanso y ocio con la familia. No dejemos de hacer el fin de semana en casa. Podemos aprovechar para conectarnos con los amigos, jugar, ver la televisión, leer un libro, cuidar el huerto de casa, jugar más de lo que lo hacías antes con tu perro u otro animal, si lo tienes.
- Y, también podemos hacer deberes o repasar con la ayuda de otras personas, padres o hermanos mayores, aquellas materias que te cuestan o que quieres avanzar porque te gustan mucho. Recuerdo, cuando era pequeña, que los fines de semana a quien le tocaba de casa escogía un tema, lo preparábamos durante un tiempo hasta que llegaba el fin de semana con el padre y los hermanos y hacíamos una especie de tertulia y hablábamos de lo que habíamos estado leyendo sobre este tema.
- Es el momento de dar forma a las nubes, de hacer formas en plastilina, de abrir un libro por cualquier página y decir todo lo que se nos ocurra, de…
10 / Tenemos que aprender mucho de este momento
Ya hace tiempo que la naturaleza nos está avisando, ya hace tiempo que sabemos que podemos mejorar nuestra forma de relacionarnos con el resto del planeta, ya hace tiempo que hemos perdido la capacidad de observar lo que nos rodea. Ahora es momento de reflexionar y hacer, entre todos, un mundo mejor. El planeta está habitado por las plantas, los pájaros, las rocas, los árboles, el cielo, el viento, el oxígeno, los…, las…, la… No es nuestro mundo, es el mundo de todos y nosotros somos parte de la vida de este planeta: el planeta tierra. En otro capítulo, será importante hablar de la galaxia. Quizás será motivo de otro decálogo.
Verónica Violant. Maestra y doctora en Psicología. Profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Barcelona y directora del Observatorio Internacional en Pedagogía Hospitalaria y directora del proyecto editorial de Octaedro https://octaedro.com/educar-creciendo-en-salud-nueva-coleccion-2020/
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