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Sobreviviendo al virus: Una guía anarquista

América Latina /01/04/2020/Autor y fuente: lapeste.org

Capitalismo en crisis—Totalitarismo en ascenso—Estrategias para la resistencia

La pandemia no va a acabar en las próximas semanas. Incluso si las estrictas medidas de confinamiento logran reducir el número de infecciones a lo que era hace un mes, el virus podría volver a propagarse exponencialmente tan pronto se suspendan las medidas. Es probable que la situación actual continúe durante meses (repentinos toques de queda, cuarentenas inconsistentes, condiciones cada vez más desesperadas), aunque casi con certeza cambiará de forma en algún momento cuando las tensiones en su interior desborden. Para prepararnos para ese momento, protejámosnos a nosotros mismos y a los demás de la amenaza planteada por el virus, reflexionemos sobre los riesgos y la seguridad que plantea la pandemia, y enfrentemos las desastrosas consecuencias de un orden social que nunca fue diseñado para preservar nuestro bienestar en primer lugar.

Sobreviviendo al virus

Las antiguas formas anarquistas de organización y seguridad tienen mucho que ofrecer cuando se trata de sobrevivir a la pandemia y al pánico que está causando.

Forma un grupo de afinidad

La perspectiva de cuarentena nos dice mucho sobre cómo estábamos viviendo. Los que viven en familias unidas o en casas colectivas felices están en una situación mucho mejor que los que están en matrimonios quebrados y los que tienen grandes casas vacías para sí mismos. Esto es un buen recordatorio de lo que realmente importa en la vida. A pesar de los modelos de seguridad que representan el sueño burgués de una familia nuclear como propietaria de la vivienda y la política exterior estadounidense que lo refleja, la unión y el cuidado son mucho más importantes que el tipo de seguridad que depende de cercar el mundo entero.

El “distanciamiento social” no debe significar un aislamiento total. No estaremos más seguros si nuestra sociedad se reduce a un grupo de individuos atomizados. Eso no nos protegería del virus ni del estrés de esta situación, ni de las apropiaciones de poder que los capitalistas y las autoridades estatales se están preparando para llevar a cabo. Por mucho que los ancianos estén en riesgo por el virus, por ejemplo, las personas mayores ya están peligrosamente aisladas en esta sociedad; si se les excluye de todo contacto con otros, no se preservará su salud física o mental. Todos necesitamos estar integrados en grupos muy unidos de una manera que maximice nuestra seguridad y nuestra capacidad colectiva para disfrutar de la vida y actuar.

Elije un grupo de personas en las que confíes: idealmente, personas con las que compartes la vida cotidiana, a aquellas y aquellos los cuales compartas factores de riesgo y niveles de tolerancia al riesgo similares. Para efectos de sobrevivir al virus, este es su grupo de afinidad, el pilar básico de la organización anarquista descentralizada. No es necesario vivir con ellos en el mismo edificio; lo importante es que usted puede reducir sus factores de riesgo a aquellos con los que comparte y con los que se siente cómodo. Si tu grupo es demasiado pequeño, estarás aislado—y eso será un problema especialmente si te enfermas. Si su grupo es demasiado grande, se enfrentará a un riesgo innecesario de infección.

Hablen entre ustedes hasta concluir un conjunto de expectativas compartidas sobre cómo se involucrarán con el riesgo de contagio. Esto podría ser desde un aislamiento físico total hasta recordar usar desinfectante para manos después de tocar superficies en público. Dentro de su grupo, siempre y cuando nadie tenga el virus, aún puede abrazar, besar, preparar la comida juntos, tocar las mismas superficies, siempre y cuando se esté de acuerdo con el nivel de riesgo que colectivamente se está dispuesto a tolerar y comunicar cuando surge un nuevo factor de riesgo.

Esto es lo que los anarquistas llaman cultura de la seguridad: la práctica de establecer un conjunto de expectativas compartidas para minimizar el riesgo. Cuando estamos lidiando con la represión policial y la vigilancia del Estado, nos protegemos compartiendo información según sea necesario. Cuando estamos lidiando con un virus, nos protegemos controlando los vectores a lo largo de los cuales los contagios pueden propagarse.

Nunca es posible evitar totalmente el riesgo. El objetivo es determinar con qué riesgo se siente cómodo y comportarse de tal manera que si algo sale mal, no se arrepentirá, sabiendo que ha tomado todas las precauciones que consideró necesarias. Al compartir su vida con un grupo de afinidad, obtiene lo mejor de la precaución y la convivencia.

Para acceder a recursos de cómo continuar organizándose con otros camaradas mediante plataformas digitales seguras a pesar del “distanciamiento social”. Lea esto.

Arma una red

Claramente, tu grupo de afinidad por sí solo no será suficiente para satisfacer todas tus necesidades. ¿Qué sucede si necesita recursos a los que ninguno de ustedes puede acceder de manera segura? ¿Qué pasa si todos se enferman? Debes estar conectado a otros grupos de afinidad en una red de apoyo mutuo, de modo que si algún grupo de la red se ve superado, los demás pueden acudir en su ayuda. Al participar en una red como esta, puedes hacer circular recursos y apoyo sin necesidad de exponerse al mismo nivel de riesgo. La idea es que cuando las personas de diferentes grupos dentro de la red interactúan, emplean medidas de seguridad mucho más estrictas, para minimizar el riesgo adicional.

La frase “apoyo mutuo” ha sido lanzada últimamente, incluso por los políticos. En su sentido correcto, el apoyo mutuo no describe un programa que proporciona asistencia unidireccional para otros de la manera en que lo hace una organización de caridad. Más bien, es la práctica descentralizada del cuidado recíproco a través de la cual los participantes en una red se aseguran de que todos obtengan lo que necesitan, para que todos tengan razones para involucrarse en el bienestar de todos los demás. No se trata de un intercambio de esto por aquello, sino más bien de un intercambio de cuidados y recursos que crea el tipo de redundancia y resiliencia que puede sostener a una comunidad en tiempos difíciles. Las redes del apoyo mutuo prosperan mejor cuando es posible fomentar la confianza recíproca con los demás durante un largo período de tiempo. No tienes que conocer o que te agraden todos los demás en la red, pero todos tienen que dar lo suficiente a la red para que juntos, tus esfuerzos creen una sensación de abundancia.

El marco de reciprocidad puede parecer que se presta a la estratificación social, en la que las personas de clases sociales similares con acceso similar a los recursos gravitan entre sí para obtener el mejor retorno de la inversión de sus propios recursos. Pero los grupos de diferentes orígenes pueden tener acceso a una amplia gama de diferentes tipos de recursos. En estos tiempos, la riqueza financiera puede resultar mucho menos valiosa que la experiencia con la plomería, la capacidad de hablar un dialecto en particular o los lazos sociales en una comunidad en la que nunca pensó que se encontraría dependiendo. Todos tienen buenas razones para extender sus redes de ayuda mutua lo más lejos posible.

La idea fundamental aquí es que son nuestros lazos con otros son los que nos mantienen seguros, no nuestra protección contra ellos o nuestro poder sobre ellos. Los “preparados para el desastre” que se han centrado en construir un arsenal privado de comida, equipo y armas están poniendo las piezas en su lugar para un apocalipsis contra todo. Si pones toda tu energía en soluciones individuales, dejando a todos a tu alrededor para luchar por la supervivencia por su cuenta, tu única esperanza es superar a la competencia. E incluso si lo hacen, cuando no hay nadie más que encienda esas armas, será el último que quede, y esa pistola será la última herramienta a su disposición.


Cómo nos relacionamos con el riesgo

La aparición de un nuevo contagio potencialmente letal nos obliga a pensar en cómo nos relacionamos con el riesgo. ¿Por qué vale la pena arriesgar nuestras vidas?

Al reflexionar, la mayoría de nosotros concluiremos que —manteniendo las demás cosas iguales— arriesgar nuestras vidas solamente para seguir jugando nuestro papel en el capitalismo no vale la pena. Por otro lado, podría valer la pena arriesgar nuestras vidas para protegernos unos a otros, para cuidarnos unos a otros, para defender nuestra libertad y la posibilidad de vivir en una sociedad igualitaria.

Así como estar completamente aislados no es lo más seguro para los ancianos, tratar de evitar el riesgo por completo no nos mantendrá seguros. Si nos mantenemos estrictamente a nosotros mismos mientras nuestros seres queridos se enferman, nuestros vecinos mueren, y el estado policial se lleva todo último vestigio de nuestra autonomía, no estaremos más seguros. Hay muchos tipos diferentes de riesgo. Probablemente llegue el momento en que tengamos que repensar los riesgos que estamos dispuestos a correr para vivir con dignidad.

Esto nos lleva a la cuestión de cómo sobrevivir a todas las tragedias innecesarias que los gobiernos y la economía global nos están acumulando en el contexto de la pandemia, por no mencionar todas las tragedias innecesarias que ya estaban creando. Afortunadamente, las mismas estructuras que pueden permitirnos sobrevivir juntos al virus también nos pueden equipar para enfrentarnos a ellos.

Enfrentamiento en Milán entre la policía y anarquistas que se manifiestan en solidaridad durante las revueltas carcelarias en Italia.

Sobreviviendo a la Crisis

Seamos claros: el totalitarismo ya no es una amenaza que se ubica en el futuro. Las medidas implementadas alrededor del mundo son totalitarias en todo el sentido de la palabra. Estamos presenciando decretos unilaterales de los gobiernos imponiendo la prohibición total de viajes, toques de queda durante las 24 horas del día, verdaderas leyes marciales, y otras medidas dictatoriales.

Esto no quiere decir que no debamos implementar medidas para protegernos mutuamente de la propagación del virus. Es simplemente reconocer que las medidas que varios gobiernos están implementando se basan en medios autoritarios y una lógica autoritaria. Piense en la cantidad de recursos que se invierten en el ejército, la policía, los bancos y el mercado de valores que en la atención médica pública y los recursos para ayudar a las personas a sobrevivir esta crisis. Todavía es más fácil ser arrestado por vagancia que hacerse una prueba para detectar el virus.

Así como el virus nos muestra la verdad sobre cómo ya vivíamos, sobre nuestras relaciones y nuestros hogares, también nos muestra que ya vivíamos en una sociedad autoritaria. La llegada de la pandemia solo la hace formal. Francia está poniendo a 100,000 policías en las calles, 20,000 más que los desplegados en el punto más alto de las protestas de los gilets jaunes (chalecos amarillos). Los refugiados que necesitan asilo están siendo rechazados a lo largo de las fronteras entre los Estados Unidos y México y entre Grecia y Turquía. En Italia y España, bandas de policías atacan a trotadores en calles vacías.

En Alemania, la policía de Hamburgo ha aprovechado la situación para desalojar una tienda de refugiados autoorganizada que había estado en pie durante varios años. A pesar de la cuarentena, la policía en Berlín sigue amenazando con desalojar una barra colectiva anarquista. En otra parte, la policía vestida con uniformes de soldados de asalto para pandemias allanó un centro de refugiados.

Lo peor de todo, todo esto está ocurriendo con el consentimiento tácito de la población general. Las autoridades pueden hacer virtualmente cualquier cosa en el nombre de proteger nuestra salud, incluso matarnos.

En la medida en que la situación se intensifica, será más probable ver a la policía y los militates ocupando fuerza letal de manera creciente, ellos son los únicos que tienen la posibilidad de reunirse en grandes números. Cuando la policía se constituye como el único cuerpo social que puede reunirse en masa, no hay otra palabra que “estado policial” para describir la forma de sociedad en la que vivimos.

Ha habido señales de que las cosas iban en esa dirección durante décadas. El capitalismo solía depender de mantener a un gran número de trabajadores disponibles para realizar trabajo industrial, en consecuencia, no era posible tratar la vida tan barata como se la trata hoy. A medida que la globalización y la automatización capitalistas han disminuido la dependencia de los trabajadores, la fuerza laboral global ha ido cambiando constantemente al sector de servicios, haciendo un trabajo que no es esencial para el funcionamiento de la economía y, por lo tanto, menos seguro y pagado, mientras que los gobiernos se han vuelto cada vez más dependientes de la violencia policial militarizada para controlar el malestar y la ira.

Si la pandemia se prolonga lo suficiente, probablemente veremos más automatización (los autos auto-conducidos representan menos amenaza de infección para la burguesía que los conductores de Uber) y los trabajadores desplazados se dividirán entre las industrias de represión (policía, ejército, seguridad privada, contratistas militares privados) y los trabajadores precarios que se ven obligados a correr un gran riesgo para ganar unos cuantos centavos. Nos estamos acelerando hacia un futuro en el que una clase privilegiada conectada digitalmente realice trabajo virtual en aislamiento, mientras un estado policial masivo los protege de una subclase prescindible que asume la mayoría de los riesgos.

Ya el multimillonario Jeff Bezos ha añadido 100 mil puestos de empleo en Amazon, previendo que su compañía va a dejar a comercios locales fuera del negocio. Del mismo modo, Bezos no dará a sus empleados de Whole Foods vacaciones pagadas a pesar del riesgo constante que enfrentan en el sector de servicios, aunque les dará un aumento de $ 2 hasta abril. En resumen, todavía considera que sus vidas no valen nada, pero admite que sus muertes deberían pagarse mejor.

En este contexto, es probable que haya revuelta. Es probable que veamos algunas reformas sociales destinadas a aplacar a la población, al menos temporales para mitigar el impacto de la pandemia, pero que llegarán junto con la violencia cada vez mayor de un Estado que nadie puede imaginar prescindir, en la medida en que se malinterpreta como el protector de nuestra salud.

De hecho, el Estado mismo es la cosa más peligrosa para nosotras y nosotros, en la medida que nos impone una distribución drásticamente desigual de los recursos que nos obliga a enfrentar distribuciones de riesgo tan desequilibradas. Si queremos sobrevivir, no podemos simplemente exigir políticas más equitativas, también tenemos que deslegitimar y socavar el poder del Estado.

Estrategias para la Resistencia

Para dicho objetivo, concluimos unas cuantas estrategias para la resistencia que ya están siendo aterrizadas al suelo.

Huelgas de arriendo

En San Francisco, el colectivo habitacional Station 40 ha liderado el camino al declarar unilateralmente una huelga de alquileres en respuesta a la crisis:

La urgencia del momento exige una acción decisiva y colectiva. Estamos haciendo esto para protegernos y cuidarnos a nosotros mismos y a nuestra comunidad. Ahora más que nunca, rechazamos la deuda y nos negamos a ser explotados. No** llevaremos la carga a los capitalistas. Hace cinco años, derrotamos el intento de nuestro propietario de desalojarnos. Ganamos por la solidaridad de nuestros vecinos y amigos en todo el mundo. Una vez más estamos llamando a esa red. Nuestro colectivo se siente preparado para el refugio en el lugar que comienza a medianoche en toda el área de la bahía. El acto de solidaridad más significativo para nosotros en este momento es que todos hagan una huelga juntos. Te respaldaremos, como sabemos que tendrás nuestro respaldo**. Descansa, reza, cuídate el uno al otro”.

STATION 40 EN HUELGA

Para millones de personas que no podrán pagar sus cuentas, esto hace una virtud de la necesidad. Innumerables millones de personas que viven de un sueldo a otro ya han perdido sus empleos e ingresos y no tienen forma de pagar el alquiler de abril. La mejor manera de apoyarlos es que todos vayamos a la huelga, haciendo imposible que las autoridades ataquen a todos los que no paguen. Los bancos y los terratenientes no deberían poder seguir beneficiándose de los alquileres e hipotecas cuando no hay manera de ganar dinero. Eso es sentido común.

La idea ya ha ido circulando de una variedad de formas distintas. En Melbourne, Australia, la rama local de la IWW está promoviendo un compromiso con la huelga de arriendo por el COVID-19. Rose Caucus está llamando a las personas a que dejen de pagar el arriendo, hipotecas people to suspend rent, mortgage, y el pago de servicios públicos durante el brote epidémico. En el Estado de Washington, Sla huelga de arriendo de Seattle está llamando a lo mismo. Inquilinos de Chicago están amenazando con una huelga de arriendo junto a personas de Austin y St. Louis. En Canadá, se está organizando en  Toronto, Kingston, y Montreal. Otros han puesto a circular documentos llamando a una huelga de arriendo e hipoteca.

Para que una huelga de arriendo tenga éxito a nivel nacional, al menos una de estas iniciativas tendrá que ganar suficiente impulso para que un gran número de personas esté segura de que no se quedarán en alto si se comprometen a participar. Sin embargo, en lugar de esperar a que una sola organización de masas coordine un ataque masivo desde arriba, es mejor que estos esfuerzos comiencen a nivel de base. Las organizaciones centralizadas a menudo se comprometen temprano en el proceso de lucha, socavando los esfuerzos autónomos que dan poder a tales movimientos. Lo mejor que podríamos hacer para salir de esta experiencia más fuerte sería construir redes que puedan defenderse independientemente de las decisiones desde lo alto.

Huelgas laborales y de tránsito

Cientos de trabajadores en los astilleros atlánticos en Saint-Nazaire se declararon en huelga ayer. En Finlandia, los conductores de autobús se negaron a recibir pagos de los conductores para aumentar su seguridad frente al contagio y protestar contra los riesgos a los que están expuestos, lo que demuestra en el proceso que el transporte público podría ser gratuito.

Si alguna vez hubo un buen momento para que la clase trabajadora en apuros y precaria mostrara fuerza a través de huelgas y paros laborales, este es el momento. Por una vez, gran parte de la población en general simpatizará, ya que la interrupción de los negocios como de costumbre también puede disminuir el riesgo de propagación del virus. En lugar de tratar de mejorar las circunstancias individuales de empleados particulares a través de aumentos salariales, creemos que lo más importante es construir redes que puedan interrumpir los negocios como de costumbre, interrumpir el sistema en su conjunto y apuntar hacia la introducción revolucionaria de formas alternativas de vida y de relacionarnos. En este punto, es más fácil imaginar la abolición del capitalismo que imaginar que incluso en estas circunstancias, podría reformarse para satisfacer todas nuestras necesidades de manera justa y equitativa.

Revueltas carcelarias

Revueltas en prisiones brasileras e italianas ha resultado en una serie de fugas, incluso en fugas masivas. El coraje de estos prisioneros debería recordarnos a todas las poblaciones objetivo que se mantienen fuera de la vista pública, que son los que más sufrirán durante catástrofes como esta.

Fuente e imagen: https://lapeste.org/2020/03/sobreviviendo-al-virus-una-guia-anarquista/

 

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Home office durante el coronavirus ¿Estás preparado?

Por: Irvin Tapia

El mundo se encuentra combatiendo la pandemia del coronavirus y México no ha sido la excepción. Para hacerle frente los especialistas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), han sugerido el distanciamiento social como una de las estrategias más efectivas para aminorar la propagación del virus. Este distanciamiento social y su impacto en el cierre de las escuelas en el país, ha ocasionado que el home office se convierta en una nueva modalidad de trabajo entre los profesionistas de la educación.

Tras el anuncio del gobierno federal sobre la suspensión de clases del 23 de marzo al 17 de abril en todas las escuelas del sistema educativo mexicano, se generó la preocupación de las autoridades educativas, de que la interrupción de clases dos semanas antes y muy probablemente las dos semanas después del periodo vacacional, según los expertos nacionales en epidemiología, pueda ocasionar un serio rezago educativo.

Inicialmente, la Secretaría de Educación Pública habló de extender el periodo vacacional. Sin embargo, en días recientes las autoridades han hecho hincapié en que las dos próximas semanas de suspensión de clases, no deberán ser de esparcimiento. Por tanto, en las escuelas sobre todo del nivel medio superior y superior, se ha generalizado la implementación de estrategias educativas a través de herramientas educativas a distancia. Esto implica que tanto docentes cómo profesionistas de la educación, sigan activos laboralmente a través del home office.

El término home office de origen inglés, se traduce prácticamente como trabajo desde casa. De acuerdo con la Ley Federal del Trabajo en su artículo 311, define al trabajo a domicilio como “el que se ejecuta habitualmente para un patrón, en el domicilio del trabajador o en un local libremente elegido por él, sin vigilancia ni dirección inmediata de quien proporciona el trabajo”. Sin embargo, llevarlo al cabo en realidad implica una serie de condiciones necesarias para los que probablemente no están preparados los profesionales de la educación.

Realizar el trabajo desde casa implica romper el paradigma del trabajo in situ, por ello las personas deben tener la capacidad de organizar sus tiempos y agenda de trabajo durante el día, esto permitirá evitar situaciones de ansiedad o de estrés.  Un aspecto fundamental es contar con el equipo necesario para llevar al cabo el trabajo a distancia. Lo anterior, nos llevaría a reflexionar si todos los docentes cuentan con una computadora con acceso a internet en casa. Aunado a lo anterior, en casa suelen existir imprevistos, tales como fallas en la corriente eléctrica o en el servicio de internet, en los centros trabajos normalmente existen áreas encargadas de dar solución a este tipo de eventualidades.

Si bien al home office se le han atribuido ciertos beneficios sobre todo en reducir gastos de traslado en los trabajadores. También se han identificado algunas desventajas. Por ejemplo, la salud, se ve diezmada si no se cuenta con buenos hábitos alimenticios o de ejercicio, lo cual puede mantener o aumentar los niveles de sedentarismo y detonar en consecuencia enfermedades crónicas degenerativas. Otra desventaja, tiene que ver con la capacidad de concentración que puede llegar a tenerse en casa. Si tenemos presente que, ante la suspensión de clases millones de hijos de guarderías y en educación preescolar, básica y secundaria se encuentran en casa, muy seguramente los docentes se encuentran expuestos a múltiples distracciones e interrupciones constantes.

Para concluir, OCC Mundial ofrece en: https://www.occ.com.mx/blog/que-es-el-home-office-te-gustaria-trabajar-desde-tu-casa/, algunas recomendaciones para realizar el home office de manera productiva, como lo son:

1.- Establecer horarios para comer y para trabajar. Inicia el día desayunando y destina tiempo para realizar actividad física.

2.-. Define tu lugar de trabajo, debe estar cómodo, iluminado y ventilado. La cama o el sofá pueden ser lugares muy atractivos, pero puede dañar nuestra salud.

3.- Evita distracciones como la música, la televisión o las redes sociales.

4.-. Prepara todas tus herramientas necesarias para que evites perder tiempo buscando algo o instalando algún programa.

5.- Avisa a tus conocidos y familia que estás laborando desde casa y que no estás en la oficina.

6.-. A pesar de trabajar desde casa siempre debes tener un buen aspecto en dado caso de que surja alguna reunión virtual de emergencia. La vestimenta contribuye a mejorar tu estado anímico.

Si eres maestra, maestro o profesionista de la educación y tienes que trabajar en casa durante el periodo de contingencia de salud, es importante reflexionar ¿Qué tan preparados estás para realizar de manera adecuada el home office?

Fuente: http://www.educacionfutura.org/home-office-durante-el-coronavirus-estas-preparado/

Imagen: https://pixabay.com/photos/home-office-apple-inc-business-569359/

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La importancia de las Comunidades de Aprendizaje para la Vida

Por: Miguel Ángel Pérez

A últimas fechas se ha puesto de moda un dispositivo novedoso en educación, las llamadas Comunidades de Aprendizaje para la Vida (CAV), aunque quisiera iniciar haciendo una precisión. En primer lugar, las comunidades de aprendizaje tienen un atributo social y en segundo están en contexto; serían comunidades de aprendizaje social y en contexto para la vida (CASCV).

Cuando las políticas públicas o un modelo educativo determinado surgido desde la esfera gubernamental se vinculan, con la organización, despliegue o muestra especial interés por generar comunidades de aprendizaje social en contexto, nos obliga a iniciar problematizando y clarificando dicho campo de estudio educativo.

Una comunidad de aprendizaje social podría definirse como un ejercicio de trabajo educativo pensado en facilitar la generación y uso de aprendizajes a la vez que se le define como una alternativa pedagógica consistente en facilitar la generación de aprendizajes a partir de involucrar a los distintos sujetos a modo de actores socio educativos de una comunidad determinada.

El aprendizaje es socialmente construido cuando se involucra a los sujetos en cuestión y como parte de ello se les obliga a circular las concepciones del mundo que han construido y a estar dispuestos a asimilar los saberes de los otros que integran el resto de la comunidad.

En nuestro medio debido a la cultura y a las tradiciones pedagógicas nos enfrentamos a dos grandes inconvenientes los cuales se tornan en obstáculos para desplegar y cumplir con los propósitos de las comunidades de aprendizaje social.

En cuanto al factor cultural nuestra realidad educativa no tiene un fuerte arraigo en cuanto al trabajo en comunidad, se privilegian los logros individuales por encima del compromiso colectivo y de construcción colectiva del conocimiento.

Y en cuanto a las tradiciones escolares, desde la formación inicial de los docentes, no se buscan las alternativas pensadas en el trabajo en comunidad.

Las comunidades de aprendizaje social implican eso, construir aprendizajes socialmente legitimados en y para la comunidad, nuestro sistema ha privilegiado la construcción individual de los aprendizajes en contextos solipsistas y mediados por los intereses particulares de los actores y entonces desdibujada la comunidad aparece en un segundo plano o terminarán por desdibujar la figura y la importancia de la comunidad.

Por último, la generación de aprendices socialmente legitimados se ve fuertemente interpelada por la agresiva oleada de la ideología neoliberal que coloca por encima el individualismo, el énfasis de los valores pensados en el consumo, en la inversión del menor esfuerzo y al concebir a la comunidad como la sumatoria de individualidades. ¿entonces de qué se trata?

De vivir sobre una burbuja de paradojas en donde los discursos caminan en una dirección y la realidad social y educativa corre a pasos agigantados en sentido contrario.

Fuente : http://www.educacionfutura.org/la-importancia-de-las-comunidades-de-aprendizaje-para-la-vida/

Imagen:  https://www.shutterstock.com/image-photo/students-library-campus-education-knowledge-concept-427333528?irgwc=1&utm_medium=Affiliate&utm_campaign=Pixabay+GmbH&utm_source=44814&utm_term=https%3A%2F%2Fpixabay.com%2Fimages%2Fsearch%2Fcomunidades%2520de%2520aprendizaje%2F

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La pandemia del miedo

Por: Carlos Fazio

Con saldo de 11 mil muertos sobre una población mundial del orden de los 7,800 millones, la denominada pandemia del coronavirus 2 (Covid-19) −síndrome respiratorio agudo grave cuyos efectos sobre la vida social están originando pánico colectivo y una situación de excepcionalidad, emergencia y alarma mundial− ha derivado en la virtual militarización de sociedades enteras, con la consiguiente aplicación de draconianas cuarentenas con vigilancia activa bajo el argumento de intentar evitar el contagio.

Como señaló Giorgio Agamben en un artículo titulado “La invención de una epidemia”, los medios de difusión masiva y las autoridades de varios países industrializados se esforzaron por difundir un “clima de pánico”, provocando “un verdadero estado de excepción” con graves medidas de control que limitaron la libertad de movimientos y una suspensión del funcionamiento normal de las condiciones de vida y trabajo en regiones enteras. “En un círculo vicioso perverso, la limitación de la libertad impuesta por los gobiernos es aceptada en nombre de un deseo de seguridad que ha sido inducido por los mismos gobiernos que ahora intervienen para satisfacerla”, escribió Agamben.

Sin minimizar la gravedad de la epidemia, y cuando ya había una recesión económico-financiera en ciernes en varios países y sistemas de salud pública colapsados por las políticas neoliberales, los diversos lenguajes del poder −entre ellos los jurídicos, culturales y mediáticos− han venido adoptando un léxico médico y hasta epidemiológico, pero también militar con fines de control de población.

Así, tras las medidas de confinamiento social punitivas decretadas inicialmente por las autoridades chinas, seguidas de las de los gobiernos de Italia, Francia, España y Bélgica, se decretaron posteriores cierres de frontera de corte xenofóbico por Canadá y Estados Unidos, lo que vino a reforzar la patologización de los extranjeros y las segregaciones raciales ya en curso en América del Norte y Europa, y ello derivó  en el aislamiento de 500 millones de personas en el mundo.

El miedo a la peste o la plaga y el pánico colectivo generado por el despliegue mediático en clave de “seguridad sanitaria”, ha sido aprovechado de manera oportunista en América Latina −vía una suerte de biologización de la política como en la Alemania nazi−, por el régimen asesino de Sebastián Piñera en Chile, quien decretó un estado de sitio sanitario con prohibición de movilizaciones callejeras en vísperas del plebiscito nacional para reformar la Constitución, previsto para el 26 de abril. A lo que se sumó el aplazamiento indefinido de la elección presidencial en Bolivia, decretado por el régimen golpista de Jeanine Áñez, que debía verificarse el próximo 3 de mayo. En ambos casos, siguiendo de nuevo a Agamben, el poder soberano y la vida nula podrían explicar esos procedimientos del poder y convertir la emergencia (el estado de excepción) en norma, como advirtiera de manera temprana Walter Benjamin.

En ese contexto, tras el bombardeo mediático, el esloveno Slavoj Zizek detectó ciertos elementos de “histeria racista” en el nuevo coronavirus y también “epidemias de virus ideológicos” latentes en nuestras sociedades, entre ellos, las noticias falsas (fake news) y  teorías conspirativas paranoicas.

Al respecto, cabe consignar que en febrero último, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich –en el pico de la lucha contra el coronavirus en Wuhan, en la provincia de Hubei−, las autoridades de Beijing consideraron a Estados Unidos una “amenaza” y a través del ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi, deslizaron que desde los primeros casos de pacientes infectados estaban siendo sometidos a una “guerra híbrida” por el Pentágono.

El propio presidente Xi Jinping utilizó la palabra “guerra”. Y el vocero de la Cancillería china, Zhao Lijian, manejó en un tweet explosivo la posibilidad de que una delegación de 300 soldados del ejército de Estados Unidos, que participaron en los Juegos Militares de Wuhan en octubre de 2019, haya introducido el virus en esa ciudad asiática. Incluso, medios periodísticos chinos han insistido en una presunta conexión entre el cierre, en agosto pasado, de un laboratorio militar de armas biológicas declarado “inseguro” en Fort Detrick, en Maryland, donde está instalado el Comando Médico del Pentágono, con los juegos militares y la epidemia.

La campaña de propaganda de los medios occidentales con eje en el miedo, el pánico y la incertidumbre, tuvo como blanco deliberado inicial a China, para aislarla y satanizarla en el marco de la prolongada guerra comercial con Estados Unidos.

El 1 de marzo, Michel Chossudovsky, de Global Research, preguntó si EU tenía conocimiento previo de la pandemia Covid-19 y sus probables impactos. Y mencionó que el 18 de octubre del año pasado, dos meses antes del brote en Wuhan, el Centro John Hopkins para la Seguridad de la Salud, llevó a cabo un “ejercicio de simulación” de una epidemia de coronavirus nCoV-2019, en la ciudad de Nueva York.

En el Evento 201 Simulación, se “simuló” un colapso de un 15% de los mercados financieros. El ejercicio fue patrocinado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la Fundación Bill & Melinda Gates, el Foro Económico Mundial, Bloomberg y la Fundación Hopkins. El 17 de marzo, un grupo de científicos occidentales concluyó que el SARS-CoV-2, que provoca la enfermedad Covid-19, no se creó en un laboratorio ni es un virus manipulado de forma intencionada.

Vía el poder blando (soft power) de sus paquetes de ayuda médica humanitaria a Europa y América Latina, China se ha reposicionado geopolíticamente de manera rápida, mientras, de cara al “virus extranjero”, el eje Trump-Johnson-Bolsonaro viene impulsando una salida neomaltusiana inspirada en el darwinismo social.

Según el marxista británico Michael Roberts, la gran mayoría de los economistas convencionales han llegado a un consenso: pronostican una caída mundial del PIB real mundial en al menos dos trimestres consecutivos del 2020. Habrá una contracción producto de la pandemia Covid-19 y del “confinamiento” como respuesta. El Instituto Internacional de Finanzas (organismo de investigación de la banca internacional) calcula que la economía de EU se contraerá en un 10% y la de Europa en un 18% a fines  de junio de este año. Sin embargo, aunque esas economías luego se recuperarán, Roberts dice que se habla muy poco del devastador impacto en miles de millones de personas del llamado “Sur Global”.

Como señala David Harvey, el COVID-19 no es una fluctuación repentina. Es un shock verdaderamente poderoso en el corazón del consumismo que domina en los países más prósperosSegún el geógrafo británico, el presidente Trump realizó “una imitación del Rey Canuto frente a una potencial marea de enfermedades y muertes”. El hecho de que Trump haya perdido el tiempo durante tantas semanas puede resultar costoso en muchas vidas humanas.

Harvey dice que si China no puede repetir el papel que jugó en 2007-8 en el rescate del capitalismo mundial, entonces la carga de la salida de la actual crisis económica se trasladará a los Estados Unidos. Y he aquí la gran ironía: “Las únicas políticas que funcionarán, tanto económica como políticamente, son mucho más socialistas que cualquier cosa que pueda proponer Bernie Sanders. Los programas de rescate tendrán que iniciarse bajo la égida de Donald Trump, presumiblemente bajo la máscara de Making América Great Again”.

Harvey agrega que todos los republicanos que se opusieron de manera visceral al rescate de 2008, tendrán que comerse el cuervo o desafiar a Donald Trump.  Y este personaje podría llegar a cancelar las elecciones de este año “por la emergencia” e imponer una “presidencia autoritaria del Imperio” para salvar al capital y al mundo de “los disturbios y de la revolución”.

Fuente e imagen: https://nuevarevolucion.es/la-pandemia-del-miedo/


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Pan, espacio y olvido

Por: Leonardo Díaz

El avance global del coronavirus SARS-CoV-2 ha propiciado el constreñimiento de la circulación ciudadana por parte de los Estados, con el fin de frenar la curva exponencial de la pandemia. Quedarse en casa se ha convertido en una consigna proclamada desde Oriente hasta Occidente.

La señalada coerción se ha justificado, a nivel planetario, con el viejo argumento de la seguridad nacional. El confinamiento genera el distanciamiento social necesario para reducir las probabilidades de contraer el virus y agregar eslabones a la cadena del contagio. Así, el recorte de las libertades y los derechos ciudadanos ha recibido el beneplácito popular.

Pero, en América Latina y el Caribe, existe un problema que amenaza cualquier intento estatal por detener la epidemia basándose en el confinamiento: el trabajo informal. Millones de personas en nuestro continente no disponen de un puesto de trabajo estable con un salario regular. Sus vidas dependen de “la conquista callejera”, de vender con el empeño de a quién se le va el alma, porque la subsistencia del cuerpo lo demanda.

En estas circunstancias resulta difícil acatar la orden de autoencerramiento. El trabajador promedio de Latinoamérica se encuentra en la encrucijada de la novela de Albert Camus, La peste, donde los habitantes del pueblo de Orán se quedan sin alimento y, deseando emigrar a otro lugar, se ven impedidos por las medidas coercitivas del Estado.

Los estados latinoamericanos han sido incapaces de establecer políticas económicas inclusivas que permitan a la gente común proporcionarse el alimento de manera autónoma y sostenible en el espacio público, que, además, ha cargado con el fardo de unas oligarquías parasitarias enriquecidas al amparo del proteccionismo estatal.  En esta situación, la mayoría de los segmentos poblacionales se encuentran en clara desventaja material con respecto a las minorías receptoras de la riqueza material para operar dentro de la crisis.

Al mismo tiempo, los referidos segmentos poblacionales tampoco han tenido acceso a un sistema educativo formador que los capacite en las habilidades ciudadanas y en una actitud reflexiva. En el mejor de los casos, han sido instruidos mínimamente para la “competitividad”, para ser mano de obra en el mercado. Por consiguiente, tampoco disponen de los dispositivos subjetivos para lidiar con los problemas de la vida cotidiana, mucho menos con un estado de emergencia.

Los segmentos poblaciones excluidos en nuestras sociedades raramente han sido una prioridad de los partidos gobernantes latinoamericanos, en algunos casos, compromisarios de corporaciones, en otros, convertidos ellos mismos en corporaciones estatales. Ni siquiera la emergencia de una crisis sanitaria, como lo es la actual, ha modificado de modo estructural esta situación, y por tanto, las prioridades.

Al inicio, en sentido general, los gobiernos latinoamericanos subestimaron y ocultaron la crisis para no “asustar a los mercados”. En medio de la misma, se tomaron medidas económicas para proteger a las clases económicas más consumidoras y por lo tanto, las garantes del modelo económico. Las pocas decisiones de inversión social en medio de la crisis, dirigidas a los grupos olvidados del ordenamiento político, se realizan sin obviar la obtención del capital político y limpiar la imagen mediática.

Mientras tanto, los menos pudientes son arrojados a luchar sin cuartel contra una adversidad percibida como cuasi sobrenatural, porque dichos grupos experimentan un “espejismo hermenéutico”, resituando el concepto de la filósofa argentina Moira Pérez(https://www.aacademica.org/moira.perez/49.pdf). Es decir, los segmentos poblacionales más vulnerables sufren una experiencia social ininteligible para ellos mismos porque la misma se encuentra distorsionada en el espejo de los discursos generados por las instancias del poder político.

A las carencias hermeneúticas se suman las privaciones objetivas de una población sin recursos para costear los servicios de salud en sociedades que han sido entregadas a las draconianas Administradoras de riesgos de salud privadas (APFs).

En La peste, Camus narra una de las principales tragedias de los habitantes del pueblo de Orán, el hecho de que, acorralados por la peste, separados de sus seres queridos en un aislamiento social extremo, se van convirtiendo en objeto del olvido. Las situaciones de emergencia o estados de excepción irrumpen de modo violento en nuestra cotidianidad y laceran la empatía y la solidaridad que son tendencias emocionales constitutivas de nuestra humanidad.

En este momento, se hace necesario un cambio radical de las políticas públicas. Además, un segmento importante del sector privado, que ha acumulado riquezas durante tantos años y todavía pretende sacar ventaja de la crisis (AFPs, clínicas y laboratorios privados, industrias hoteleras, entre otras empresas), entiendan que su sobrevivencia a largo plazo depende de un rescate colectivo que no olvide a las mayorías, lo que dada las circunstancias actuales, conllevará sacrificios y concesiones en detrimento de sus ganancias particulares.

Lo que nos jugamos, no es solo el problema real de la desaceleración económica, con sus terribles secuelas sociales, y las miles de vidas humanas que mueren y morirán por el virus, sino también, el reforzamiento del hundimiento material y espiritual generalizado que estas crisis conllevan para la mayoría de los sobrevivientes, aquellos que no pueden pagar coaches, ni chamanes de la Nueva Era.

Fuente: https://acento.com.do/2020/opinion/8797922-pan-espacio-y-olvido/

Imagen: https://pixabay.com/photos/lost-places-pforphoto-abandoned-1555076/

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Bienvenido al Estado Suicida

Por: Vladimir Safatle

Vos sos parte de un experimento. Tal vez sin darte cuenta, pero sos parte de un experimento. El destino de tu cuerpo y tu muerte son parte de un experimento de tecnología social, de una nueva forma de gestión. Nada de lo que está sucediendo en este país, que se confunde con nuestra historia, es fruto de la improvisación o del voluntarismo de los agentes de comando. Incluso porque nunca nadie intentó entender los procesos históricos buscando aclarar la intencionalidad de los agentes. Saber aquello que los agentes creen que están haciendo es realmente lo que menos importa. Como dije más de una vez, generalmente lo hacen sin saber.

Este experimento del que vos sos parte, al que te empujaron a la fuerza, tiene nombre. Se trata de la implementación de un “estado suicida”, como dijo alguna vez Paul Virilio. O sea, Brasil mostró definitivamente cómo es el escenario de implementación de un estado suicida. Una nueva etapa de los modelos de gestión inmanentes al neoliberalismo. Ahora, su rostro  es más cruel, su fase más terminal.

Se equivoca quien cree que esto es solo la ya tradicional figura del necroestado nacional. Caminamos en dirección a un más allá de la temática necropolítica del estado como gestor de la muerte y de la desaparición. Un estado como el nuestro no es apenas el gestor de la muerte. Es el actor contínuo de su propia catástrofe,  el cultivador de su propia explosión. Para ser más preciso, es la mezcla de la administración de la muerte de sectores de su propia población y del coqueteo continuo y arriesgado con su propia destrucción. El fin de la Nueva República terminará en un macabro ritual de emergencia de una nueva forma de violencia estatal y de rituales periódicos de destrucción de cuerpos.

Un estado de esta naturaleza sólo apareció una vez en la historia reciente. Este se materializó de forma ejemplar a través de un telegrama. Un telegrama que tenía número: Telegrama 71.  Con este telegrama, en 1945, Hitler proclamó el destino de una guerra ya perdida. En él escribía: “Si la guerra está perdida, que la nación perezca”. Con él, Hitler exigía al propio ejército alemán que destruyese lo que restaba de infraestructura, convalidando la derrota de la nación alemana. Como si ese fuese el verdadero objetivo final: que la nación perezca por sus propias manos, esas manos que antes habían desencadenado la guerra. Este era el modo nazi de dar respuesta a una rabia secular contra el propio estado y contra todo lo que en algún momento había representado. Celebrando su destrucción y la nuestra. Existen varias formas de destruir un estado y una de ellas, la forma contrarrevolucionaria, es acelerar en dirección a su propia catástrofe, aunque se lleve consigo nuestras vidas. Hannah Arendt nos habló del hecho espantoso de que aquellos que adherían al fascismo no vacilaban en transformarse en sus propias victimas, aun cuando el monstruo terminara devorando a sus propios hijos.

Sin embargo, el foco del espanto no debería estar puesto allí. Como decía Freud: la misma autodestrucción de la persona no puede ser completada sin alguna satisfacción libidinal. Ese es en verdad el verdadero experimento, un experimento de economía libidinal. El estado suicida logra hacer de la revuelta contra un estado injusto de cosas, contra las autoridades que nos excluyen, un ritual de destrucción de sí en nombre de la creencia en la voluntad soberana y en la preservación de un liderazgo que debe escenificar su omnipotencia en el mismo momento en que ya está clara como el sol su impotencia miserable. Si el fascismo fue siempre una contra-revolución preventiva, no olvidemos que ha sabido transformar la fiesta de la revolución en un ritual inexorable de auto-inmolación sacrificial. Hacer que el deseo de transformación y de diferencia se conjugue con una gramática de sacrificio y de autodestrucción: esa ha sido siempre la ecuación libidinal que funda el estado suicida.

El fascismo brasilero y su nombre propio, Bolsonaro, han encontrado una catástrofe para llamar a la suya. Se presenta en la forma de una pandemia que exigiría de la voluntad soberana y de su paranoia social compulsivamente repetida, que fuese sometida a la acción colectiva y a la solidaridad genérica, teniendo en cuenta la emergencia de un cuerpo social que no debería dejar a nadie librado a su suerte en su camino directo al Hades. Ante la sumisión a una exigencia de autopreservación que toma de la paranoia su teatro, sus enemigos, sus persecuciones, sus delirios de grandeza, la elección resulta, no obstante, en el flirteo con la muerte generalizada. Si aún precisásemos alguna prueba de que lidiamos con una lógica fascista de gobierno, esta sería la definitiva. No se trata de un estado autoritario clásico que usa la violencia para destruir a sus enemigos. Se trata de un estado suicida de tipo fascista que sólo encuentra su fuerza cuando afronta la posibilidad de su propio final.

Es claro que dicho estado se funda en la mixtura tan nuestra de capitalismo y esclavitud, de publicitario de coworking, de rostro joven e indiferencia asesina para con la muerte, reducida a efecto colateral del necesario buen funcionamiento de la economía. Algunos comienzan a oír a empresarios, a dueños de restaurantes, a publicitarios –puercos trasvestidos en nuevos heraldos de la racionalidad económica- decir que peor que el miedo a la pandemia debería ser el miedo al desempleo. En verdad ellos están delante de los señores de esclavos que aprendieron ahora a hablar business english. La lógica es la misma, solo que extendida a toda la población. El ingenioso experimento ya no puede detenerse. Y nadie va a generar un drama nacional porque algunos esclavos mueran. Al final, ¿qué significan 5.000, 10.000 muertes si estamos hablando de “garantizar empleos”, más aún, de garantizar que todos continúen siendo expoliados y masacrados en acciones sin sentido y sin fin, en cuanto trabajan en las condiciones más miserables y precarias jamás imaginadas?

La historia de Brasil resulta de la instrumentalización contínua de esta lógica. La novedad es que ahora se aplica a toda la población. Poco tiempo atrás, el país dividía a los sujetos entre “personas” y “cosas”, o sea, entre aquellos que serían tratados como personas -cuya muerte provocaría luto, narrativa, conmoción, y aquellos que serían tratados como cosas, cuya muerte es apenas un número, una fatalidad, frente a la cual no habría razón alguna para llorar. Ahora llegamos al punto de consagración de esta lógica. La población es apenas un suplemento descartable frente a un proceso de acumulación y de concentración a todas vistas indetenible.

Es claro que siglos acumulados de necropolítica han permitido que el estado brasilero adquiera ciertas habilidades. Él sabe que uno de los secretos de este juego es hacer desaparecer los cuerpos. Retirar números de circulación, cuestionar datos, colocar los muertos por coronavirus en otra rubrica, abrir fosas en lugares invisibles. Bolsonaro y sus amigos, llegados desde los sótanos de la dictadura militar, saben cómo operar con esa lógica. El viejo arte de administrar y gestionar la desaparición, que el estado brasilero sabe hacer tan bien. De cualquier forma, there is no alternative. Ese era el precio a pagar para que la economía no detuviese su marcha, para que los empleos fuesen garantizados. Alguien tenía que hacer el sacrificio. La única cosa graciosa es que siempre son los mismos los que pagan. La verdadera cuestión es otra, a saber: ¿quién es aquel que nunca paga por los sacrificios y a la vez sermonea tras un evangelio bastardeado de azotes?

Pues vean qué cosa más interesante. En la República Suicida Brasilera no hay chance alguna de hacer que el sistema financiero vierta sus lucros obscenos en un fondo común para el pago de salarios de la población confinada, ni de implementar un impuesto constitucional sobre grandes fortunas para tener a disposición parte del dinero que la elite vampirizó del trabajo compulsivo de los más pobres. No, esas posibilidades no existen. There is no alternative: ¿será necesario repetirlo una vez más?

Esta violencia es la matriz del capitalismo brasilero. ¿Quién financió la dictadura y la creación de aparatos de crímenes contra la humanidad con los cuales se torturaba, violaba, asesinaba y se hacían desaparecer cadáveres? ¿No había ahí dinero del Banco Itaú, Bradesco, Camargo Correa, Andrade Gutiérrez, Fiesp, o sea, de todo el sistema financiero y empresarial que hoy tiene garantizadas sus ganancias por los mismos que ven nuestras muertes como un problema menor?

En la época del fascismo histórico, el estado suicida se movilizó a través de una guerra que no podía detener. O sea, la guerra fascista no era una guerra de conquista. Era un fin en sí mismo. Como si fuese “un movimiento perpetuo, sin objeto ni objetivo”, cuyos impasses sólo llevan a una aceleración mayor. La idea nazi de dominación no está ligada al fortalecimiento del estado, sino a una dinámica en constante movimiento. Hannah Arendt diría esto: “La esencia de los movimientos totalitarios es que puedan permanecer en el poder mientras estén en movimiento y transmitan movimiento a todo aquello que los rodea”. Una guerra ilimitada que implica la movilización total de todo agente social, la militarización absoluta en dirección a un combate que se torna permanente. Guerra, sin embargo, cuya dirección no puede ser otra que la pura y simple destrucción.

Sólo que el estado brasilero nunca necesitó de una guerra porque siempre fue el gestor de una guerra civil no declarada. Su ejército no sirve para otra cosa que para atentar cada cierto tiempo contra su propia población. Esta es la tierra de la contrarrevolución preventiva, como decía Florestan Fernandes. La patria de la guerra civil sin fin, de los genocidios sin nombre, de las masacres sin documentos, de los procesos de acumulación de Capital hechos a través de balas y de miedo contra quien se movilice en otra dirección. Todo esto aplaudido por un tercio de la población, por tus abuelos, tus padres, por aquellos cuyos circuitos de afectos están sujetos a ese deseo inconfesable de sacrificio de los otros y de sí por generaciones. Pobres de aquellos que todavía creen que es posible dialogar con quien en este momento estaría aplaudiendo a los agentes de la SS.

Porque las alternativas existen, pero si fueran implementadas serían otros los afectos que se pondrían en circulación, fortaleciendo a aquellos que rechazan tal lógica fascista, permitiéndoles finalmente imaginar otro cuerpo social y político. Tales alternativas pasan por la consolidación de la solidaridad genérica que nos hace sentirnos parte de un sistema de mutua dependencia y de apoyo, en el cual mi vida también depende de la vida de aquellos que son parte de “mi grupo”, que están en “mi lugar”, que tienen “mis propiedades”. Esta solidaridad que se construye en los momentos dramáticos les recuerda a los sujetos que participan de un destino común que debe sustentarse colectivamente.

Algo muy diferente del “si yo me infecto es problema mío”. Mentira atroz, porque, en verdad, será un problema del sistema público de salud, que no podrá atender a otros porque necesita cuidar de la irresponsabilidad de uno de los miembros de la sociedad. Pero si la solidaridad apareciese como afecto central, es la farsa neoliberal la que caería, esta misma farsa que debe repetir, como decía Thatcher, que “no existe esa cosa llamada sociedad, apenas existen individuos y familias”. Sólo que el contagio, Margareth, es el fenómeno más democrático e igualitario que conocemos. Este nos recuerda, al contrario, que no existe esa cosa de individuo y familia, que existe la sociedad que lucha colectivamente contra la muerte de todos y siente colectivamente cuando uno de los suyos cree que vive solo.

Como dije antes, las alternativas existen. Pasan por suspender el pago de la deuda pública, por gravar finalmente a los ricos y proporcionarles a los más pobres la posibilidad de cuidar de sí y de los suyos, sin preocuparse por volver vivos de un ambiente de trabajo que será foco de diseminación, que será la ruleta rusa de la muerte. Si alguien supiera realmente cómo hacerlo en las huestes del fascismo, recordaría lo que sucede con uno de los únicos países del mundo que rechaza seguir las recomendaciones para combatir la pandemia: este sería objeto de un cordón sanitario global, de un aislamiento en tanto posible foco no controlado de la proliferación de una enfermedad de la cual los otros países no quisieran contagiarse. Ser objeto de un cordón sanitario global debería ser algo realmente muy bueno para la economía nacional.

Mientras tanto nosotros luchamos con todas las fuerzas para encontrar algo que nos haga creer que la situación no es tan mala, que todo se trata de derrapes y sinsabores de un insano. No, no hay insanos en esta historia. Este gobierno es la realización necesaria de nuestra historia de sangre, de silencio, de olvido. Historia de cuerpos invisibles y de Capital sin límites. No hay insanos. Al contrario, la lógica es muy clara e implacable. Esto ocurre solamente porque cuando es necesario radicalizar siempre hay alguien en este país que dice que todavía no es el momento. Frente a la implementación de un estado suicida sólo nos restaría una huelga general por tiempo indeterminado, un rechazo absoluto a trabajar hasta que este gobierno caiga. Sólo nos restaría quemar las fábricas de los “empresarios” que cantan la indiferencia de nuestras muertes. Sólo nos restaría hacer que la economía pare de una vez utilizando todas las formas de contra violencia popular. Sólo nos restaría parar de sonreír, porque ahora sonreír es consentir. Pero ni siquiera un miserable pedido de impeachment es asumido por quien dice ser parte de la oposición. Sería difícil no acordarnos de estas palabras del evangelio: “Si la sal no sala, de qué sirve entonces”. Debe servir sólo para hacernos olvidar el gesto violento de rechazo que debería estar ahí cuando intentan empujar nuestra carne a su propio cadalso.

Fuentes:                 http://lobosuelto.com/bienvenido-al-estado-suicida-vladimir-safatle/

                                  Texto publicado originalmente en la sección Pandemia crítica de la editorial n-1 edições (n-1

                                  edições.org)

                                 ** Traducción libre: Florencia Carrizo y Franco Castignani para Los ejercicios posibles

                                 FOTO: Renata Molinari, Sin Cuerno, 2019

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Inteligencia emocional en tiempos de pandemia

Por: Paulette Delgado

Ante la incertidumbre que crea el nuevo coronavirus (COVID-19), la inteligencia emocional se vuelve clave para mantener la calma.

Tony Schwartz, dueño de The Energy Project y Emily Pines, directora gerente de desarrollo de contenido de la misma consultora, aseguran que las emociones negativas como el estrés, la fatiga, y el pánico pueden ser tan contagiosas como el nuevo coronavirus. Ellos explican que el ser humano cuenta con dos maneras de reaccionar: la infantil y la adulta. La parte infantil es aquella que es más indefensa y vulnerable, (una persona abrumada, por ejemplo), mientras que la adulta es aquella persona que mantiene la calma ante este tipo de situaciones, para poder tranquilizar a la parte infantil.

De acuerdo con Schartz y Pines, la clave para que la parte adulta pueda calmar a la infantil se encuentra en la inteligencia emocional. En situaciones atípicas o extremas que estamos experimentando todos ante la pandemia del coronavirus, es necesario aprender a saber cómo actuar ante la incertidumbre para no dejarse llevar por noticias falsas o el pánico. Tony y Emily describen esta etapa como de “supervivencia” y puede ser peligrosa porque no ayuda a resolver problemas complejos ya que lleva al ser humano a ser reactivo, más que deliberador.

Una opción para evitar caer en el modo de supervivencia es nombrar nuestras emociones, ya que tenerlas embotelladas pueden llevarnos a explotar de manera negativa. Una vez que se expresan los sentimientos, se vuelve más sencillo controlar las emociones e irlos normalizando. Es decir, observar las emociones y nombrarlas dando lugar a la parte adulta, en lugar de ser manejadas por ellas.

Otro aspecto importante para sobrellevar esta crisis es tratar de mantener la calma y enfocarse en lo que sí podemos controlar.  Por ejemplo, abastecerse sin caer en compras de pánico, ya que esto puede ayudarnos a sentirnos más tranquilos y en control. Yasmin Anwar, escribe en Futurity que además de estar abastecido, enfocarse en actividades que se pueden hacer en el hogar como la jardinería o manualidades, ayudan controlar la ansiedad. La cuarentena es buen momento para aprender algo nuevo o realizar actividades pendientes como practicar un instrumento, terminar un libro o empezar un blog. Esto te ayudará a sentirte más en control y aprovechar mejor el tiempo. Lo mejor es que es fácil encontrar tutoriales en internet sobre todo tipo de cosas desde clases de piano, yoga, o aprender a tejer. Si tienes hijos, estas actividades pueden servir además para conectar y crear nuevas actividades familiares.

Estar en contacto regular con familiares y amigos, en tiempos de distanciamiento social, es fundamental ya que no hacerlo puede llevarnos a sentirnos aislados. Actualmente existen muchas aplicaciones y herramientas para hacerlo, desde Facebook y WhatsApp, hasta Zoom, Skype o Slack. Por otro lado, The Guardian recomienda no estar constantemente revisando las noticias, en particular si esto detona emociones negativas o contribuye a estar en modo de supervivencia. La inteligencia emocional nos permite evitar creer lo que dicen noticias falsas y evita caer en estrés y pánico. Para evitar estos sentimientos, es necesario revisar siempre la fuente de la información, ¿es de algún experto científico o médico, un representante de gobierno o de “amigo de un amigo”?

Usemos Google con discreción al buscar síntomas y “soluciones” para el coronavirus, de esta manera evitaremos  autodiagnosticarnos y automedicarnos. En su lugar, Rhiannon Lucy Cosslett y Yasmin Anwar recomiendan meditar y hacer ejercicio, actividades que son sencillas de hacer en casa y nos ayudan a estar en mayor control de nuestras emociones.

En estos tiempos de incertidumbre, la mayoría de las personas estamos nerviosas, ansiosas, por lo que es importante practicar la empatía. El coronavirus y el distanciamiento social es algo que nos está afectando a todos de manera distinta, por lo que tener en cuenta que los demás pueden tomar esta situación de manera diferente puede ayudarnos a conectar mejor con los demás, ya sean nuestros compañeros de trabajo, amigos o familiares. También es importante recordar que cada persona maneja el estrés de manera distinta, tratar de entender al otro a través de la empatía, puede ayudarlos a manejar la situación mejor.

Por último, en estos momentos es importante aprender a mantener la calma. Actualmente la tecnología nos permite seguir conectados con el mundo exterior a pesar del  distanciamiento social. Además de que internet es una gran herramienta para buscar tutoriales de meditación, respiración y relajación que nos ayudarán a sentirnos menos abrumados. En estos momentos de constante cambio e incertidumbre es de suma importancia mantener la calma, practicar la empatía, y buscar la manera de que esta crisis afecte lo menos posible nuestro día a día. Es necesario buscar reducir los niveles de ansiedad y enfocarse en lo que es realmente importante: la salud.

Fuente e imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/inteligencia-emocional-en-tiempos-de-pandemia

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