Page 97 of 459
1 95 96 97 98 99 459

Entrevista a Leopoldo Callealta: «La vocación docente ha estado en mi vida desde que supe agarrar un bolígrafo con solo un año»

Por: ABC

Hemos entrevistado a uno de los referentes educativos de la Universidad Nebrija. Leopoldo Callealta, profesor del Máster Universitario en Formación del Profesorado de ESO y Bachillerato, FP y Enseñanza de Idiomas, nominado en la categoría de Universidad, al galardón de Mejor Docente de España en los Premios EDUCA ABANCA 2019.

Leopoldo Callealta, profesor de Educación Física y de Educación, Sociedad y Política Educativa y tutor académico de Prácticas y de Trabajos Fin de Máster, habla de su vocación y del futuro de su profesión, entre otros temas.

¿Cuál es su localidad de origen y qué estudios ha cursado?

Nací en Málaga capital, pero he crecido en Cádiz. Toda mi infancia y adolescencia estuve en el pueblo donde ahora residen mis padres: Puerto Real. Mis estudios han seguido siempre el camino de la docencia. Primero me diplomé en Magisterio de Educación Física (Universidad de Cádiz), donde me otorgaron el Premio Ilustración por mi trayectoria personal y académica en el Ateneo de Cádiz y El Casino Gaditano. Después me licencié en Pedagogía, obteniendo el premio extraordinario por el mejor expediente académico de Sevilla. Obtuve mención de excelente en los dos másteres de Resolución de Conflictos (Mediación Educativa, familiar y comunitaria). Cuando finalizo mis estudios del máster, comienzo a realizar un programa de doctorado en la Universidad de Sevilla, finalizando la tesina con calificación sobresaliente. No obstante, no acabé la tesis doctoral con este programa. Por motivos personales tuve que alejarme varios años del mundo universitario, hasta que hace un año retomé los estudios de doctorado en la Universidad Camilo José Cela, dirigiéndome la tesis Nuria Camuñas Sánchez-Paulete (directora del departamento de Educación de Nebrija).

¿Qué supone para usted estar entre los nominados al Premio de Mejor Docente de España 2019?

Supone un gran reconocimiento a mi proceso metodológico. El premio te lo otorgan los propios alumnos/as que cursan mis asignaturas. Ellos son la clave del éxito docente, el motor del proceso de enseñanza-aprendizaje. Cuando me entero de que he sido nominado, y me dan el permiso de contarlo, los primeros en saberlo son ellos. La ilusión de pertenecer a la prestigiosa lista de nominados para otorgarte el título de Mejor Docente del Año 2019 es desorbitante.

¿Cómo surge su vocación de pedagogo? ¿Qué hecho en su vida es fundamental a la hora de dedicarse a la enseñanza?

La vocación docente ha estado en mi vida desde que supe agarrar un bolígrafo con solo un año. Siempre me ha gustado enseñar y ver como otros adquieren conocimientos gracias a tu constancia. La vocación es algo que viene de manera intrínseca y que con el paso de los años se afianza mucho más a tus sentimientos y creencias. Unos de los hechos en mi vida que me hace acercarme más a la docencia son los propios docentes que te han impartido clases durante tu proceso académico. Tengo dos profesores de referencia que han sacado de mí lo mejor que podía dar en ese momento, convirtiéndome en los que soy a nivel profesional. Otra parte muy importante ha sido mi familia. Vengo de una familia hostelera por excelencia, donde todos los miembros directos trabajan allí. Yo he sido el único que ha querido seguir con los estudios e intentar terminar el tercer nivel académico (doctorado). Ellos, con sus trabas y su constancia han conseguido también que mi esfuerzo valiese la pena. Por último, mi mujer fue la clave para volver a confiar en mí y regresar a la docencia universitaria. Cuando no podía, estaba presente; cuando me ausentaba por trabajo, ella era mi motor y mi conciencia. Es por ello que esta nominación ha sido por su cuidado y su emoción por llegar a ser un profesor universitario.

¿Qué rasgos, habilidades y destrezas debe reunir un buen profesor en la actualidad? ¿Y el “mejor” docente?

Para ser un buen profesor solo debes tener tres cosas: saber escuchar a tu alumnado, creer en la constancia académica y sobre todo explotar los recursos didácticos que nos pueden dar todos los agentes educativos. Si resalto esto último, es importante saber que uno de los recursos más importantes que hay en el mundo de la docencia, y no suele utilizarse mucho, son los propios alumnos/as. Ellos, sin duda, son el mayor aprendizaje que un docente puede tener. El mejor docente debe tener lo mismo que lo anterior, a diferencia de un título o un premio. No hay mejores docentes, solo docentes que hacen bien su trabajo y aman lo que hacen.

¿Y un buen alumno?

El buen alumno debe poseer primero habilidad y valores como la empatía, la solidaridad, el saber estar y el ser compañero. A nivel académico, el buen alumno se rodea de constancia, de intriga por conocer y saber más de una materia, de escuchar a los demás y de experimentar por el avance educativo.

¿Por lo general qué déficits y qué aciertos cree que tiene la educación en España?

Por norma general, mi pensamiento sobre la educación en España es la comparativa constante con otros países europeos. Los desajustes políticos hacen que nuestra ley orgánica sobre educación nunca esté fijada, ocasionando una inestabilidad académica en todas las instituciones. Pienso que tienen que mirar mucho más las competencias profesionales docentes para la formación de los maestros y profesores de secundaria. Es la clave para la mejora de la calidad educativa.

Los aciertos que tiene la educación en España son muy significativos: Tenemos educación gratuita hasta los 18 años y cada día hay más oferta educativa para el desarrollo profesional, como la gran variedad de becas y remuneraciones en el acceso al estudio universitario. A pesar del desajuste en los pensamientos con las competencias profesionales docentes, el profesorado que tenemos en los centros e instituciones educativos cada vez se implica más en mejorarse y evolucionar sus metodologías en la praxis.

¿Cree que la figura del profesor está reconocida en nuestro país?

Cuando la LOGSE entró en vigor en los años 90, la figura del profesor tuvo uno de los picos más altos de la historia. Visualizando la evolución educativa y los cambios sociales existentes, el profesorado ha ido en descenso hasta la actualidad. El empoderamiento de los padres, los alumnos, los cambios de roles, los cambios políticos y el pensamiento erróneo de la globalización son muchos de los signos que ocasiona el no reconocimiento de la figura del profesor en nuestro país. No obstante, siempre juega la esperanza y los pequeños avances que forja la sociedad para obtener un pensamiento unánime con la figura del maestro y de los profesores.

¿Por qué los maestros no terminan de aprender nunca?

El maestro, al igual que el médico, siempre tiene que estar pendiente de los grandes y pequeños avances que se originan en su ámbito. Nunca debe de dejar de estudiar o de aprender. El pensamiento de “docente estancado” tiene su origen en su falta de reciclaje, en su formación continua. Personalmente, siempre estoy realizando nuevos cursos o asistiendo a diferentes congresos para poder llevar a cabo mi formación permanente.

¿Cuáles son los caminos de la enseñanza universitaria por los que le gusta transitar?

Sobre todo, el impartir clases en la rama de la educación. El camino más importante para mí es la docencia, aunque a nivel universitario, esto último viene unido al camino de la investigación. Ser docente e investigador genera una adrenalina que muchos comparan con los deportes extremos o con recibir una gran noticia. Mi experiencia se forma para estos dos caminos o trabajos profesionales, destacando, como ya he mencionado, la vocación por la docencia.

¿Qué significa para usted formar a docentes que formarán en el futuro a los alumnos?

Es una pregunta que suelo hacerme cada día. Cuando era alumno universitario, y sobre todo con la formación que recibí, descubrí el déficit que había en la formación inicial para ser maestros y profesor. Por esto, desde el comienzo de mis estudios universitarios, comencé a colaborar y a investigar en el departamento de didáctica y teoría de la educación. En la actualidad, formar a futuros profesores es una gran responsabilidad, dado que uno mismo se reflejará en la respuesta o impactos que proyectará el nuevo profesor a la próxima generación de alumnos de secundaria. Es un gran orgullo formar parte del proceso de formación de los futuros profesores.

¿Puede contar algún “secreto de cocina” a la hora de apasionar o despertar la curiosidad a un estudiante

Por ejemplo, en mis clases online del Máster del Profesorado que imparto en la Universidad Nebrija, uno de los contratiempos que nos encontramos es la falta de atención del propio alumnado cuando se conectan a las clases. Al detectarlo, en muchas ocasiones, quise ponerle remedio de inmediato. Les propuse crear un apartado en el foro de la asignatura donde colocaran un enlace sobre una música que les pudiera motivar en su día a día. Con esta fórmula, y de manera aleatoria, se escoge una canción tanto al inicio como al final de la clase. De esta manera, el alumnado es partícipe de su propia emoción, aumentando de manera significativa la atención mostrada en la clase. Un “secreto de cocina” es escuchar al propio alumnado e implicarse en potenciar las emociones y sentimientos que ellos tienen.

El mentor deportivo Álvaro Merino precisamente explicaba en una masterclass de la Universidad Nebrija que hoy en día hay muchos distractores de la atención, que desvían el foco de lo importante… ¿está de acuerdo con su apreciación?

Estoy totalmente de acuerdo con el mentor Álvaro Merino. Existen muchos distractores que ocasionan una distorsión en la atención de los propios estudiantes, desviando temas o focos importantes a un segundo plano. La tecnología, los móviles, y los roles sociales son unos de los distractores más potentes que tenemos en la sociedad, aunque personalmente pienso que son proyectores de conocimiento e innovación socioeducativa, ayudando a los estudiantes y al ciudadano de a pie a comunicarse, aprender y sociabilizarse con el mundo. Lo importante de estas reflexiones no son los distractores, sino más bien, el exceso de tiempo o la dedicación que le prestan.

¿Qué papel deberían desempeñar los teléfonos móviles en una educación más humana?

El papel que desempeñan los móviles en el sistema educativo español cada vez se hace más latente, utilizándolo dentro de las metodologías activas e incluso como sustitutivo de los cuadernos convencionales y ordenadores de mesa. Solo he de destacar el uso y el tiempo dentro de un aula para que el papel de los móviles sea fundamental en una sociedad educativa innovadora. Ese tiempo no se debe de alargar más de 25 minutos por clase, evitando la desconexión de los alumnos ante los conocimientos y las propias palabras del docente.

Usted es docente del Máster Universitario en Formación del Profesorado de ESO y Bachillerato, FP y Enseñanza de idiomas, de la Universidad Nebrija… ¿Cuáles son los puntos fuertes de este posgrado?

Es un posgrado lleno de sabiduría, de conocimiento y de grandes profesionales. Sus puntos fuertes son los grandes profesores y profesoras que tiene en su plantilla. Los alumnos/as aprenden desde las bases teóricas que formulan la historia de la educación hasta las diferentes metodologías innovadoras que pueden utilizarse en un aula convencional. Existe mucho trabajo práctico y grandes grupos de debate para asistir y participar. Eso es lo que me gusta de este gran Máster, el dinamismo y la facilidad de conocer el conocimiento a través de las plataformas online y tutorizaciones por videoconferencia.

Fuente e Imagen: https://www.abc.es/familia/educacion/abci-vocacion-docente-estado-vida-desde-supe-agarrar-boligrafo-solo-201911280213_noticia.html

Comparte este contenido:

Entrevista: “Es un problema que el feminismo parezca una suma de individualidades”

“Es un problema que el feminismo parezca una suma de individualidades”

Entrevista a Justa Montero

Lleva cuatro décadas dedicada a la militancia feminista. Cuarenta años volcada en impulsar procesos de organización de mujeres. Se dice pronto. Y Justa Montero mantiene intacto su compromiso y su entusiasmo. Cofundadora de la Asamblea Feminista de Madrid, integrante de la Coordinadora Estatal de Organizaciones Feministas y de la Comisión Feminista 8M, la entrevistamos en el aniversario de las jornadas estatales de Granada de 1979 y de 2009, y resacosas de las jornadas de Euskal Herria celebradas en Durango.

Tenía 24 años y estudiaba Ciencias Económicas en la Universidad Complutense de Madrid cuando participó en las II Jornadas Estatales Feministas que tuvieron lugar en Granada en 1979. Cuarenta años después, Justa Montero (Barcelona, 1955) habla del feminismo de la Transición con la misma pasión con la que habla de las huelgas de los últimos dos años. Sin nostalgia, sin pensar que esos tiempos fueron mejores, porque se reconoce en las jóvenes que ahora toman el relevo, y comparte con ellas las asambleas en las que carga sus pilas inagotables. Podría ser una vaca sagrada o una santona feminista, como dice ella, pero se desmarca de esa lucha de poder generacional que observa a su alrededor. Porque entiende que “las mujeres jóvenes no se incorporan para dar color, sino que incorporan unas prácticas vitales y políticas diferentes” de las que ella aprende. “Qué te voy a decir a ti, que acabáis de tener unas jornadas extraordinarias en Euskal Herria”. Hablar con Justa es casi terapéutico por su actitud serena, optimista, constructiva. Y eso no le resta un ápice de radicalidad.

Le pregunto cómo llegó a Granada y desgrana su plurimilitancia de entonces. Acababa de montar en su facultad un grupo de la asociación de mujeres que ya estaba implantada en Medicina, Políticas o Periodismo. Se disponía también a participar en la creación de un centro de mujeres en la zona este de Madrid. Era un momento de eclosión de ese tipo de centros dedicados a difundir la propuesta feminista y a dar asistencia en materia de derechos sexuales y reproductivos con apoyo de ginecólogas feministas. “Facilitábamos anticonceptivos a las mujeres, que entonces eran ilegales, y también direcciones para acudir a abortar fuera del Estado español”, rememora.

También participaba en el movimiento estudiantil y en la Liga Comunista Revolucionaria, una organización de izquierda radical que contaba con una comisión de mujeres. El debate sobre la doble militancia fue el que más enfrentó a las participantes de esas jornadas de 1979, junto con la discusión entre feministas de la igualdad y de la diferencia. Ella era pues una doble militante y siguió siéndolo un tiempo, convencida de la importancia de que el feminismo atraviese todas las organizaciones sociales y políticas. Treinta años después, se volcó en la organización de las IV Jornadas Estatales Feministas que se volvieron a celebrar en Granada, las últimas que ha organizado la Coordinadora hasta ahora y, tal vez, para siempre. “Ahora sería dificilísimo por la extensión del feminismo. Y si se organizasen, tendrán que surgir desde otros espacios, lideradas por gente más joven con otras prácticas…”, apunta.

Resulta paradójico: “A la gente le parece imposible que organizásemos jornadas juntando a dos mil mujeres ¡sin tener móvil ni Internet!”, pero la popularización del feminismo en el que las redes han tenido mucho que ver hace impensable poder gestionar un encuentro estatal. Entre otras cosas, porque las redes amplifican los debates, pero también las broncas más agrias, los conflictos que han estado ahí, con distintas formas, desde 1979.

Montero subraya el trabajo invisible y de largo recorrido que implica organizar unas jornadas, ese que no conocen quienes critican por Twitter la composición de las mesas redondas o la elección de los temas de debate centrales. “No son una suma de cosas. Las de 2009 llevaron un año y pico de trabajo ingente de un montón de mujeres pensando cómo lograr que fueran útiles para la reflexión y el intercambio entre activistas. Ahí decidimos por qué no podía haber ponencias de instituciones o por qué el transfeminismo tenía que tener tanta presencia. Haces elecciones. Si no, es una feria feminista”.

Montero sigue enamorada del feminismo porque “ha sido en todos estos años un movimiento muy vivo, muy propositivo, con un nivel de debate, de producción teórica impresionante”. Del contexto de la Transición destaca que “ofrecía la oportunidad para dibujar una nueva forma de vivir, de relacionarnos, unas nuevas estructuras”. Y de la Cuarta Ola “su capacidad de dibujar un mapa enorme de los conflictos que atraviesan la vida de las mujeres”. Acaba de estar releyendo las ponencias de Granada 1979 y le brilla la voz contando lo estimulantes que son. La memoria es fundamental para seguir avanzando y profundizando en los debates, señala: “Es muy importante vincularlos a la práctica, tener en cuenta qué hemos dicho, que hemos conseguido…”. De eso va esta entrevista.

¿Cómo recuerdas esas jornadas de Granada en 1979?

Habían pasado cuatro años desde las primeras jornadas estatales (Madrid, 1975), a las que siguieron las de Catalunya en 1976 y las de Euskadi en 1977. Fueron cuatro años de una intensidad enorme tanto en el plano de las propuestas políticas como del debate teórico feminista. Habíamos logrado conquistas concretas, cambios de leyes, pero también llegábamos desencantadas por cómo se estaba formulando la Transición, frustradas por no haber logrado cumplir nuestras expectativas en el debate de la Constitución. El movimiento feminista había planteado un articulado alternativo de enorme valor, que si realmente se hubiera tenido en cuenta, la situación para las mujeres habría sido completamente distinta. Todo eso tuvo que ver con el debate de fondo de por dónde continuar. Se planteó una crítica fuerte a cómo se organizaron las propias jornadas, que se achacó a un control partidario. Se cometieron muchísimos errores, pero entonces era un movimiento muy joven, con poca madurez para gestionar los conflictos y para dar espacio a las distintas posiciones. Eso fue lo que crispó más el ambiente. Releyendo las ponencias, las posturas de unas y de otras eran de enorme interés. Fue un momento de ruptura muy doloroso, la primera ruptura, pero yo lo relativizo un poco porque inmediatamente después iniciamos la campaña en defensa de las once mujeres de Basauri [acusadas por haber abortado], y fue una campaña unitaria en la que participaron todas las corrientes del feminismo que se habían enfrentado en Granada. O sea que se demostró la capacidad del feminismo de rearticularnos y aprovechar la oportunidad de extender a la sociedad nuestras ideas sobre sexualidad, maternidad y el derecho de las mujeres a decidir en un sentido amplio.

¿Crees que podemos aprender algo de esa ruptura para lidiar con la crispación que hay ahora entre el movimiento feminista ligado a la Coordinadora Estatal y el sector autodenominado feminista radical?

La capacidad para el diálogo y el contraste de ideas es una fortaleza del movimiento feminista. Cuarenta años después, en los que nos hemos tenido que enfrentar a muchos enemigos poderosos y a situaciones sociales muy delicadas, a mí me resulta absolutamente incomprensible el nivel de virulencia en temas como la prostitución o el sujeto del feminismo por parte de un sector del movimiento. La Coordinadora Estatal de Organizaciones Feministas ha propiciado desde 1979 el diálogo entre distintas y nuevas expresiones del feminismo. En las distintas jornadas se ha explorado y ampliado la visión sobre la sexualidad de las mujeres y se ha cuestionado la relación natural entre sexo y género. Se ha ido avanzando para entender que la clase, la raza, la etnia, la identidad sexual y la opción sexual también marcan las experiencias, la subjetividad y la vida material de las mujeres. Eso es lo más interesante del momento en el que estamos y es a lo que llamo la Cuarta Ola. En cambio, en este momento de extensión del feminismo, también hay una vuelta a lo que en los ochenta llamábamos feminismo cultural, que considera que la opresión sexual es el factor determinante que explica la opresión de las mujeres. Esta corriente mantiene una visión muy reduccionista, binaria y uniforme de la sexualidad, del sujeto mujer y también del sujeto hombre.

¿No es exasperante que ese sector cuestione si las mujeres trans son sujeto feminista teniendo en cuenta la participación destacada de compañeras como Kim Pérez o Laura Bugalho en las distintas jornadas estatales?

Ese debate está fuera de la realidad del movimiento. Ya no estamos en los años ochenta, cuando empezaba el relato sobre la diversidad de las mujeres. Las mujeres trans están. Han formado parte del proceso de movilización feminista mayor que hemos tenido en el Estado español, que han sido las huelgas feministas. El sujeto lo conformamos en las movilizaciones y en los procesos que generamos. Otra cosa es que haya tensiones sobre cómo articulamos ese “nosotras” para que todes nos sintamos representades en él, como también ocurre con las mujeres racializadas.

Estas feministas destacadas que promueven postulados transmisóginos o que tensan la cuerda con el debate sobre la prostitución están en muchos casos vinculadas a partidos políticos. ¿Se mezclan intereses partidistas en ese conflicto?
El feminismo ha conseguido un nivel de penetración social y de fuerza como no había tenido nunca. Eso es lo que explica que ahora haya una pugna por el sentido del feminismo, como vemos con la propuesta del feminismo liberal. También hay una pugna dentro del movimiento. El feminismo que se ha expresado en las huelgas recoge toda una trayectoria de los colectivos que plantean una crítica al sistema en su conjunto. Vincular el sistema patriarcal con el capitalista, racista y colonial choca con los partidos que se sitúan en salidas neoliberales. Ha habido una reacción muy fuerte de estos sectores políticos para tratar de debilitar esa corriente. El debate de la prostitución no cabe duda de que es importante, pero plantearlo como el tema central de la agenda, con este nivel de confrontación y de poca voluntad de dialogar, de ruptura, exigiendo a las plataformas una posición unitaria… creo que puede ser muy funcional para acallar a un movimiento potente, crítico, radical, que plantea un sujeto inclusivo. Es necesario un debate tranquilo para avanzar y conseguir cambios concretos para las mujeres que están en situación de prostitución forzada y para aquellas que se autodefinen como trabajadoras sexuales por decisión propia. Mientras no se haga esa distinción, las medidas que se planteen no servirán para unas ni para otras.

En 1979 se debatió sobre si la maternidad es una experiencia alienante o emancipadora, un tema de moda hoy con el bum de las maternidades feministas. Los discursos lesbofeministas que escuchamos en Durango, citando a Monique Wittig, también recuerdan a los de los ochenta. ¿La falta de memoria nos hace seguir diciendo lo mismo como si fuera nuevo?

Es cierto que hay debates que se repiten y que hay poca memoria colectiva feminista, pero yo sí que creo que ha habido una evolución importante, impulsada por la propia práctica. Por ejemplo, ahora el movimiento autónomo tiene tal potencia que el debate de la doble militancia ya no tiene el mismo sentido que cuando se tenía que estar legitimando frente a cuestionamientos externos. El debate sobre el lesbianismo fue muy fuerte en los años ochenta, con el impulso de los colectivos de feministas lesbianas. Es interesante volver a él, pero teniendo en cuenta que el deseo lésbico hoy tiene una legitimidad, aún con todos los problemas, que no existía entonces. En los setenta era central criticar el modelo de mujer vinculado a la maternidad como destino natural de las mujeres. Quienes veíamos la maternidad como imposición fuimos intransigentes, dimos poco espacio para las mujeres que querían vivir la maternidad de una forma distinta. Es decir, puede ser de enorme utilidad volver a los debates y planteamientos teóricos de entonces, si se contrastan con lo que hemos logrado cambiar con nuestras prácticas no hegemónicas. Esto es fundamental, porque si no, parece que no cuenta nada cómo hemos conseguido transformar la vida de muchas mujeres.

En las respuestas feministas contra la justicia patriarcal suenan con fuerza voces reclamando penas de prisión más largas para los agresores machistas. ¿Vendría bien revisitar los discursos antiautoritarios del feminismo de la Transición, que era crítico con el papel del Estado como agente represor?

En la campaña del movimiento feminista para que la violación se incluyera en el Código Penal hubo un debate muy interesante. Por un lado, sobre la importancia de que se considerara como delito y por otro lado, sobre por qué los movimientos sociales estábamos planteando esta salida, como si el Código Penal pudiera resolver los conflictos sociales. Es muy importante recuperar este debate situándolo en el contexto actual, donde los poderes patriarcales neoliberales necesitan de estados cada vez más autoritarios. Plantear hoy como la salida mayores penas, refuerza ese estado autoritario que usa el discurso de la inseguridad y del terror sexual para generar miedo, que no sirve para la prevención ni la reparación a las mujeres que sufren violencias y que sin embargo es muy útil para limitar la expresión de nuestra sexualidad e imponer un control social muy fuerte. También sería interesante recuperar la valoración que hicimos cuando el PSOE llegó por primera vez al gobierno central y se crearon los institutos de la mujer, y reflexionar sobre cómo ha afectado ese proceso de institucionalización de algunos feminismos.


En Durango, la mesa de antirracismo y decolonialidad escoció mucho. En Granada 2009 ya había voces decoloniales y antirracistas como Ochy Curiel, Ana Murcia o Remei Sipi. El colectivo Amar llamó a dar un paso más y concretar cómo hacer política antirracista en la práctica de los colectivos feministas.

En los procesos de organización de las huelgas feministas ha sido un tema potente y de tensión porque siempre se tiende a plantear el tema del antirracismo en relación a las políticas públicas, como la crítica a la Ley de Extranjería, pero no se reconoce tanto el racismo social en el que caemos en nuestra cotidianidad, individualmente y como colectivos. En Madrid, algunos grupos de mujeres racializadas fueron muy críticos en relación a la huelga de 2018, y en 2019 trabajamos juntas para transversalizar la perspectiva antirracista. Ahí ves la cantidad de cosas que no estabas teniendo en cuenta. No podemos decir que el movimiento feminista es antirracista si no lo trabajamos con propuestas concretas respecto a absolutamente todos los temas. Luego hay otros feminismos que no tienen esa voluntad ni esa preocupación de observar quién tiene visibilidad y representación en ese “nosotras” colectivo. Esto del “nosotras” es interesante, porque yo lo visualizo como un “nosotras” realmente plural. Pero tenemos que ser conscientes, cuando lo enunciamos hacia afuera, de que en el imaginario colectivo sigue existiendo un “nosotras” muy mujer-hetero-blanca-etcétera.

Algunas feministas históricas comentaban a mi compañera Andrea que añoran la cultura de producción colectiva del pensamiento. Que en esta era de feminismo pop, vamos en masa a escuchar a Silvia Federici o Angela Davis como si fueran estrellas del rock pero no leemos y cuestionamos juntas sus teorías. ¿Qué opinas?

No solo estoy convencida de la importancia de los grupos sino que es mi opción, llevo desde que empecé en 1974 impulsando procesos colectivos. Ahora bien, el feminismo se ha extendido enormemente: en las redes, en revistas… Pikara ha jugado un papel tan importante en el impulso del debate desde posiciones radicales… Esos son espacios nuevos de producción del pensamiento colectivo. Es verdad que puede ser problemático esto de las santonas, como yo las llamo. El peso de lo académico lleva a esa aproximación más individual. Igual es verdad que tendríamos que darle otra vuelta y volver a promover en los propios grupos una cultura de producción de pensamiento colectivo. Fortalecería mucho al movimiento feminista organizado.

Y hacer llegar ese pensamiento colectivo a las influencers que marcan discurso y atraen a muchas mujeres al feminismo, ¿no? Pienso en Leticia Dolera, Irantzu Varela o Barbijaputa.

Sí, cumplen un papel muy importante. Algunas dialogan más con el movimiento feminista y otras van a lo suyo. Pero sí que es un problema que el feminismo parezca una suma de individualidades. Hay que lograr que tengan legitimidad y visibilidad las voces de las mujeres que están en colectivos feministas, que impulsan las huelgas, las marchas, las campañas concretas… Por ejemplo, Pikara es una herramienta fundamental porque dialoga con las preocupaciones de las activistas que están sosteniendo los grupos y el movimiento.

Dicen las compañeras de Bilgune Feminista que en cuanto más feminismo en redes sociales menos músculo en la militancia. Las movilizaciones y los encuentros son masivos pero los organizan unas pocas. Además, las redes sociales enturbian y exponen el debate intrafeminista. Pikara tuiteó la mesa redonda de prostitución de Durango y se usó para crear la bronca estéril de siempre.

Ese artículo de Andrea diciendo “Vale ya, joder” ha tenido un eco impresionante. Las compañeras lo difundieron diciendo: “Mirad, chicas, menos mal…”. Yo no estoy en Twitter porque no quiero estar constantemente enfrentada a situaciones de enorme violencia, y tampoco tengo mucho tiempo. Sí creo que hay que replantearse cuál es nuestra estrategia en las redes. Se genera un mundo propio que es tan virulento y tan poco reflexivo… El problema es que sustituyan otros espacios necesarios y que los debates complejos se resuelvan con mensajes muy breves y simples.

Y estas broncas se dan en un contexto de rearme de la extrema derecha. Se dice mucho que el feminismo es el movimiento que mejor puede hacer frente al fascismo. ¿Está realmente preparado?

El problema de la extrema derecha es que está logrando mover a las otras derechas hacia planteamientos que hasta ahora no se atrevían a defender. Tenemos que hacer frente por un lado a su actividad concreta de amedrentar a feministas, mediante las amenazas y agresiones que vosotras conocéis bien. Pero además, lo que plantean es una confrontación clara de modelo de sociedad, respecto a la salida a la crisis económica, su concepto de nación, de alteridad, en forma de ataques a las personas migrantes y a las mujeres… La respuesta feminista no puede ser solo defensiva sino que tiene que ser una propuesta anticapitalista, antirracista, antiautoritaria, que aporte soluciones a los problemas sociales porque ahí es donde la extrema derecha disputa su poder. La única forma de confrontarla es seguir avanzando y profundizando en la radicalidad de nuestras propuestas. El feminismo que se ha expresado en estos últimos años ha demostrado una capacidad de movilización impresionante y está en mejores condiciones para afrontar las amenazas de la extrema derecha que, ojo, no es solamente VOX. Ahora, no estoy de acuerdo ni me parece de recibo que se nos eche a las espaldas la mochila de la responsabilidad de confrontar a la extrema derecha. Las feministas ya lo venimos haciendo.

Conozco a mujeres de derechas que este año se han sumado por primera vez a las huelgas feministas. Las comisiones 8M defienden un discurso anticapitalista, pero si el feminismo se ha extendido tanto es porque ha penetrado en un espectro ideológico muy amplio. ¿Cómo se resuelve esa paradoja?

Es un dilema. Queremos conseguir que ese sentido común feminista por el que apostamos vaya calando cada vez entre más mujeres, queremos conseguir mayorías sociales para lograr los cambios estructurales que proponemos, que necesitamos: en el trabajo de cuidados, en el empleo, respecto a todo tipo de violencias… No nos contentamos con ser un movimiento autorreferencial pero tampoco con acomodarnos a lo posible porque entonces perdemos toda la capacidad de transformación y potencia del feminismo y facilitamos que el sistema moldee nuestras propuestas. Habrá mujeres que se movilicen por aspectos concretos y que no se identifiquen con una propuesta que confronte al patriarcado y al neoliberalismo. Estupendo, pero no pueden condicionar nuestros objetivos. Estamos en un momento complejo, atravesado por enormes paradojas: somos más fuertes que nunca como movimiento y sin embargo a las mujeres nos asesinan, nos violan, vivimos en la precariedad absoluta… Sabemos que no vamos a conseguir cambiar esto sin un cambio radical del sistema. Nos tenemos que mover también en la paradoja de que el feminismo ya no está estigmatizado pero existe una disputa enorme por el sentido del feminismo por parte de todos los poderes económicos y los partidos de derecha. Es una situación nueva. Por eso es importante también cómo abordamos los debates internos. No podemos permitirnos que nos debiliten, y además no nos ayudan a resolver los problemas concretos a los que hacen referencia esos debates, como en el caso de la prostitución.

Pongamos que sí que organizais unas nuevas jornadas estatales feministas. ¿Cuál es el tema que más te mueve ahora mismo, el que intentarías poner en el centro?

La precariedad de las mujeres en un sentido muy amplio, no solo la precariedad económica o del empleo. Que no te reconozcan tu identidad también es hacerte vivir en una situación de precariedad vital. El neoliberalismo profundiza en las desigualdades hasta extremos que están siendo insoportables, y que van a ir a más con la influencia de la extrema derecha.

¿Cómo mantienes el entusiasmo después de cuarenta años de militancia feminista? ¿No te sientes de vuelta de todo?

El feminismo en el que nos reconocemos tú y yo permite tener una visión global de la realidad y del mundo, y eso te puede llevar en cada momento a acercarte a distintos temas: el racismo, la ecología, la geopolítica… Durante todos estos años, el feminismo es ese foco que me centra, que me permite mirar las injusticias, los desastres… Escucho a las feministas latinoamericanas sobre lo que está sucediendo allá y puedo entender más, ir más allá… Por otro lado, estar siempre en colectivos te permite establecer un tipo de comunidad particular, donde vives muchos sufrimientos pero también la fuerza, la energía, el entusiasmo, las ganas de cambiar las mierdas que recorren nuestras vidas y la alegría de hacerlo colectivamente. Esto da mucha fuerza personal para seguir en la pelea. Es lo que somos. Nos hacemos con el feminismo.

Fuente de la Información: https://vientosur.info/spip.php?article15437

Comparte este contenido:

Entrevista: «La educación es mi pasión»

Luego de jubilada, se percató que todavía podía aportar mucho en beneficio de la ciudad y el país.

Por Casey Barquet, Shady Hajjar y Romina Escalante

¿Quién es Alemania Terán?

Nací en el año 1943, en Vinces, provincia de Los Ríos, me incorporé como licenciada en Psicología en la U. de Guayaquil y posteriormente obtuve el doctorado. He escrito tres libros sobre Relaciones Humanas, trabajé como profesora en la escuela Oriente Ecuatoriano, donde me jubilé en el 2007, a mis 63 años. Fundé el colegio Versalles en el año 1985.

¿Qué significa el Versalles?

Es mi razón de vida; luego de jubilada comprendí que aún podía hacer algo en beneficio de la ciudad y la sociedad. Para mí la educación es mi pasión, la concibo como un proceso activo, dinámico y con sentido de liderazgo.

¿Qué ofrece Versalles a la comunidad?

No solo es ofrecer, sino cumplir y nuestro compromiso es dar calidad educativa; es decir, brindar una educación basada en valores y principios que les permitan a los estudiantes desempeñarse con ética en su vida diaria. Nuestra oferta educativa alcanza todos los niveles, desde el inicial hasta el bachillerato, además de un tercer idioma como es el francés.

¿Qué reconocimientos ha obtenido Versalles?

Hemos recibido reconocimientos de parte de organizaciones públicas y privadas; ganamos el primer lugar en el concurso a nivel nacional Ecuador Triunfador. En este concurso cada colegio debía presentar un proyecto que promoviera valores como la solidaridad, trabajo tenaz, investigación e innovación y que beneficie a una comunidad. Nuestro proyecto Protegiendo la salud de Playas fue el ganador en la categoría investigación.

Fuente de la Información: https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/sociedad/6/educacion-jubilacion-rectora?__cf_chl_jschl_tk__=324ce09e47b43989f78b782d43f89f50dfd826ab-1576887738-0-AT-_ciRjGaqcIyAcc7vsxDM5EMY_dKGu38gTHbrSlEUeIeB0oSijYOmYV92n-HTLpm3ujR0B0ntxwQjmVxWnDoyM5QywHpB975BvcKTVOKFbkKbtsRF6p4EOacS7QRfkbFqsCCkXM_BTBQVwnxFo2LPKwhipfszr-s-XzKOLvlgH5mv7dOTW2mqtfs9MDEmYfuRIRZw1ddw-8oiIrQgG_ltzWv60AtyiNQlO4RRb_rJQRh7GGcbIJFXIdppWLhrKQ4l5NdX7NN1jLfGCxVBbyXih42MW6oXJp5Mx6eAdNtBGUk7fBXb2BIUbsjsPGmmQbd4JCAgvW14M4TsBq8C7T0aompBA8yw-CbrCy4lnnWUIqO-9l2sXMValWgn2FfdNOg

 

Comparte este contenido:

Entrevista: Vivian Rivas: Si no escribimos nuestra historia, alguien lo va a hacer por nosotras

Vivian Rivas: Si no escribimos nuestra historia, alguien lo va a hacer por nosotras

Vivian Rivas es documentalista guatemalteca radicada en Estados Unidos, ha realizado los documentales Ebb Tide y Mr. Bob. Con Ebb Tide participó en 16 festivales en Estados Unidos, Grecia, Inglaterra y Chipre. ¿Cómo se cuenta una historia atrás de una cámara? Pues eso mismo y un poco más nos cuenta Vivian en esta entrevista que tuve la oportunidad de realizarle.

Ilka: Yo utilizo la palabra documentar cuando tomo videos o fotografías del día a día pero, en sí, Vivian, ¿qué es documentar?, ¿por qué es necesario documentar?

Vivian: Yo diría que lo que me mueve, no es documentar.  Me mueve un impulso muy fuerte de contar historias, y la única forma que yo conozco, es con imágenes.  Que es la única forma en la que yo puedo expresarme.  Me mueve contar historias de personajes que son interesantes para mí, que tienen historias muy humanas y universales, pero a la vez muy únicas.

Ilka: En tu búsqueda, en tu necesidad de crear surgió el cine y en un país como Guatemala, ¿cómo fue para ti crecer en ese ambiente y con ese anhelo tan grande?

Vivian: Siempre me ha gustado la  creatividad.  Desde muy niña, me encantaba la música, tocaba órgano, dibujaba, pintaba y hacía casas y muebles de cajas de cartón.   También, me encantaba ver películas con mi mamá.  Mi referente, era el cine clásico de Hollywood y además iba a las salas comerciales de cine y a la Alianza francesa a ver las películas que llegaban a Guatemala.  Sabía que quería estudiar cine.  Pero no existía una escuela de cine en Guatemala.   Entonces, lo más parecido era la carrera arquitectura.  Así que estudié la carrera de arquitectura en la Universidad Rafael Landívar.  Cuando estaba a media carrera, El cineasta guatemalteco Justo Chang regresa a Guatemala después de hacer un doctorado en la Universidad de La Sorbona, en París.  Empecé a recibir sus cursos de Técnicas de Cine los sábados de mañana y recuerdo que esperaba el sábado con muchas ansias.  Me gradué de arquitecta y puse mi oficina con una buena amiga y colega.

Un día, Justo, me presentó a su amigo, el director Luis Argueta que me ofreció la oportunidad de trabajar en el primer largometraje filmado en Guatemala:  “El Silencio de Neto”.   Eventualmente, Luis me contrató para venir a trabajar a New York en su empresa productora Morningside Movies en 1993.

Comparte este contenido:

“La potencia feminista, o el deseo de cambiarlo todo”, el libro de Verónica Gago

“La potencia feminista, o el deseo de cambiarlo todo”, el libro de Verónica Gago

La argentina cientista política, Verónica Gago, conversó con El Mostrador, sobre su más reciente creación “La potencia feminista”. Para la autora este es un libro escrito al calor de estos años del movimiento feminista, sumergido en la dinámica organizativa, afectiva, política que le ha cambiado la vida a cientos de mujeres. La escritora presenta por medio de la narrativa una serie de reflexiones, notas, partes de crónicas, y una conceptualización de cosas que pasaron mientras las mujeres organizaban la huelga feminista.

“La potencia feminista, o el deseo de cambiarlo todo”, es la más reciente de creación de la argentina Verónica Gago, quien es una politóloga, doctorada en Ciencias Sociales,  docente y feminista, desde esa vereda redactó su obra, editado por Tinta Limón. La autora del libro conversó con El Mostrador, entregando detalles de su contenido, sus reflexiones del movimiento y su percepción del feminismo en Chile y el mundo.

Para Gago este “es un libro escrito al calor de estos años del movimiento feminista. Es decir, sumergida en esa dinámica organizativa, afectiva, política que nos ha cambiado la vida, que ha conmovido todas las relaciones sociales y que nos ha habilitado una desobediencia personal y colectiva”.

La autora comenzó a escribirlo después de la huelga feminista internacional del 8 de marzo del 2017 y lo terminó a mediados de este año, inspirándose en su “efervescencia personal y colectiva, de imaginación política y de práctica callejera que han significado estos años del feminismo como un movimiento masivo y radical al mismo tiempo, que son las dos claves que trabajo en el libro para pensar la singularidad de esta época”.

Gago cuenta que este escrito contiene una serie de reflexiones, notas, incluso partes de crónicas, y una conceptualización de cosas que pasaron mientras las mujeres eran parte de organizar la huelga feminista, mientras discutían en asambleas, mientras creaban alianzas políticas para hacerse más fuertes, sosteniendo talleres y reuniones para procesar juntas la rabia frente a las violencias y las injusticias, dándole un espacio a su deseo de hacer política feminista.

Según relata Verónica, a su parecer “los feminismos en estos últimos años han cambiado el escenario nacional, regional y global y eso se expresa tanto en cómo leemos la coyuntura como en nuestros vínculos más íntimos: esa simultaneidad es revolucionaria. El libro es un intento, parcial y situado, de narrar esa experiencia y lanzar algunas hipótesis de por qué la dinámica feminista es tan potente hoy”

Esta pieza literaria está dividida en ocho capítulos y cada uno aborda un tema, un problema, una perspectiva. Parte por la huelga feminista y lo que ha significado como reconceptualización práctica de lo que entendemos como trabajo, luego sigue con el diagnóstico sobre las violencias conectando, por ejemplo, la violencia doméstica y la violencia laboral, la violencia institucional y la violencia financiera, la violencia racista y la violencia sexual, enhebrando una perspectiva anti-capitalista desde los cuerpos.

Los otros capítulos en tanto trabajan alrededor de la noción de cuerpo-territorio, la economía feminista y todo lo que significa para pensar la sobre-explotación de mujeres, lesbianas, travestis y trans, las asambleas, el internacionalismo, la contra-ofensiva económica, militar y de los fundamentalismos religiosos que produce al feminismo como nuevo “enemigx internx y en el capítulo de cierre son unas ocho “tesis” que intentan sintetizar lo que desarrollo en el transcurso de todo el libro, para Verónica la gama de temas que aborda “son muchas cosas porque es mucho lo que este movimiento produce y da que pensar”.

El título tiene una bajada interesante «o el deseo de cambiarlo todo» ¿Qué ese todo desde la óptica feminista?

– Ese es un punto para mí muy sugerente porque el feminismo –como movimiento, como método, como práctica– combina hablar y actuar desde una perspectiva siempre situada y parcial, rechazando la idea de un punto de vista universal o una posición neutral y al mismo tiempo demuestra que eso implica un deseo de cambiarlo todo o, como dicen las compañeras en Chile que me parece genial, “Vamos por todo”.

“Creo que es un punto de radicalidad enorme porque redimensiona lo que es el todo y pone en conexión y en simultaneidad lo que mencionaba antes: las relaciones cotidianas y la coyuntura política, las estructuras de las organizaciones sindicales y partidarias y las tareas de cuidado, el debate sobre la pobreza y la deuda doméstica, la educación pública y la violencia sexual”, agregó.

Para Verónica cambiarlo todo implica dilucidar entre nosotros cómo se conectan todas las dimensiones, trazar sus conexiones subterráneas, confiar en la potencia cognitiva del deseo para hacer esos mapas y, desde ahí, autorizarnos a crear herramientas nuevas.

Uno de los conceptos que atraviesa todo su libro como un hilo conductor es la “huelga feminista”, la cual para la autora ha sido una pregunta de investigación práctica que le “permitió mapear en geografías bien diversas qué queremos bloquear, qué cosas “ameritan” huelga como dice la Coordinadora Feminista 8M, qué podemos sabotear en los lugares de trabajo y en los lugares que son como sótanos de explotación, porque no se reconocen completamente como laborales y en los que sin embargo se desarrolla trabajo invisibilizado, no pago, o mal pago”.

¿Cómo percibes el feminismo en Latinoamérica y en el caso de Chile?

– Sin dudas creo que América latina, Abya Yala para ser más precisas, es donde los feminismos han empujado con más fuerza en los últimos años. Me parece un punto genealógico importante: es un movimiento que se impulsa desde el Sur. En mi libro por supuesto hay una presencia muy marcada de la experiencia que sucedió en Argentina, pero claramente es una experiencia que se amplifica porque es parte de una experiencia regional y global. Creo que esto es clave: los feminismos rompen con el nacionalismo metodológico tan arraigado en muchos fenómenos políticos. Tanto por el cuestionamiento a la noción patriarcal de patria como al cuestionamiento de las fronteras nacionales como dispositivos de criminalización de la migración y al sustento racista y colonial de nuestros estados.

“Una de las cosas más emocionantes creo que ha sido experimentar ese internacionalismo o transnacionalismo como una fuerza y una presencia concreta en cada una de nuestras luchas. Las consignas o los símbolos como el pañuelo verde construyen un feminismo sin fronteras así como las lenguas en que se dicen los manifiestos y las luchas indígenas, afro, negras han reinventado lo que llamamos feminismos. Todo esto es parte de una vitalidad del movimiento que traza otra cartografía de resonancias, coordinaciones, conexiones, aprendizajes mutuos y contraseñas que nos vamos pasando, contagiando y compartiendo”, añadió.

En cuanto al fenómeno de «Un violador en tu camino” del colectivo Las Tesis, ¿Qué refleja para ti que la marea feminista haya replicado esta canción en todo el mundo?

– ¡Me parece una cosa conmovedora, impresionante! Por muchas razones. Primero, porque expresa la fuerza y la inteligencia que hoy tiene el movimiento feminista en Chile. En ese sentido, el colectivo LasTesis ha montado una escena de justicia con repercusión global que denuncia de manera contundente al terrorismo de Estado encabezado por Piñera y a la vez todas las complicidades que implican una violación.

Verónica percibe que esta performance se ha convertido en una “máquina de justicia colectiva porque ha desatado memorias en cuerpos muy distintos. Luego, que esa acción se convierte en un enorme ejercicio transnacional de ir enlazándonos, comunicándonos, poniendo acciones y lenguajes en común, a la vez que impulsa un trabajo de discusión en cada lugar, de organización de las singularidades de cada territorio”.

Finalmente la escritora expresó que “La potencia feminista” es una invitación a una conversación que parece a la distancia y sin embargo es muy próxima.

Fuente de la Información: https://www.elmostrador.cl/braga/2019/12/16/la-potencia-feminista-o-el-deseo-de-cambiarlo-todo-el-libro-de-veronica-gago/

Comparte este contenido:

Leila Mohammadi: «Las mujeres iraníes hoy trabajan más que los hombres en la investigación y en la docencia universitaria»

Por Àngels Doñate

Leila Mohammadi es un torrente de vida. Alegre y cosmopolita, se graduó en Traducción y Literatura Inglesa en Irán. En 2012 llegó a Barcelona, con treinta años, para cursar un máster. Hoy habla un español sorprendentemente fluido. Defendió su tesis el pasado 16 de septiembre en la UOC y actualmente es investigadora del grupo GAME. Mohammadi, hija de matemáticos y con experiencia profesional en el mundo de la publicidad, es la graduada escogida para hacer el discurso de su promoción el 30 de noviembre en L’Auditori de Barcelona. Habla con pasión de su Irán, al que ama, aunque afirma que volver no es una opción; también de sus investigaciones sobre temas que afectan a las mujeres y de la fuerza de las nuevas generaciones, con las que se encuentra cada semana en el aula como profesora de Negocios Internacionales.

¿Qué estudios cursaste en la universidad en Irán?

Empecé estudios de negocios, pero descubrí que necesitaba dedicarme a algo más social. Entonces me pasé a Sociología, pero también duré un año, era demasiado estructurada para mí. Pensé que lo que quería era estudiar en el extranjero y que necesitaría el inglés, y finalmente cursé Traducción y Literatura Inglesa. Pero no emigré inmediatamente, antes trabajé en una agencia de publicidad como creativa. En 2012, con treinta años, vine a Barcelona.

¿Siempre quisiste salir de tu país?

La idea era estudiar en el extranjero. Salir y volver, no quedarme fuera a vivir. Estudiar fuera está muy de moda. Ya en la época de mi madre o de mis abuelos, los iraníes iban a Francia o a Estados Unidos por un tiempo. Más de la mitad de los profesores que enseñan en la universidad han estudiado en el extranjero. Desde pequeño lo piensas, porque tienes la familia que sale y al volver ves que tienen una situación laboral mejor. El año que salí empezó la sanción de Estados Unidos y ya no pude volver. Cuando vine a Barcelona, un euro equivalía a mil tumanes. En tres meses, subió cinco veces. Y más y más, hoy ya llevamos trece subidas. Los que pueden, emigran.

¿Por qué elegiste nuestra ciudad? ¿Qué querías estudiar aquí?

Mi novio era arquitecto y quería hacer un doctorado en la tierra de Gaudí. Me propuso venir, busqué Barcelona por internet y, solo por las fotos, me enamoré de la ciudad. El problema era el idioma, pero descubrí que aquí la gente sabía inglés. De hecho, hasta hace un año, que me fui a la Universidad de Chile para una estancia de doctorado, no conversaba en español. Estuve tres meses porque quería una mención internacional. En Barcelona primero cursé un máster de Administración de Empresas en la Universitat Autònoma de Barcelona y, posteriormente, un máster de Comunicación Social, enfocado a publicidad y marketing.

No paraste y empezaste un doctorado…

Sí, comencé en la Universidad Pompeu Fabra, pero en segundo curso me cambié a la UOC. El grupo GAME me dijo que el tema de mi tesis, Study of the Social Egg Freezing Applying Theories of Raming and Social Domains: From the Communicative Treatment to the Perception, entraba en su línea y podía hacerla con ellos. Analiza las estrategias de comunicación que utilizan las clínicas de fertilidad para convencer a las mujeres para que congelen sus óvulos por razones sociales. No explican las contraindicaciones ni los problemas, y cuando lo hacen, tratan de convencer a las mujeres de que apuesten por esta vía. ¡Si no lo hacen, casi las hacen sentir mal!

¿Cómo definirías tu experiencia en la UOC?

Ha sido increíble, desde el primer día he estado en contacto con profesionales que me podían ayudar, del grupo de investigación GAME o de otros grupos. Cada año la UOC da una beca a diez o quince estudiantes de doctorado de campos diferentes, los cuales, aunque no pueden darte una ayuda directa en tu campo, sí que se convierten en un apoyo imprescindible emocional y personalmente. En esta universidad, acceder a la gente es muy fácil. Escribes un correo electrónico o llamas por teléfono y te contestan. Así estableces otro tipo de relación con los profesores, más cercana.

Y hoy eres investigadora…

Leí mi tesis el 16 de septiembre y obtuve un cum laude. En la UOC, si tienes cum laude puedes solicitar un cuarto año. Estoy trabajando en dos proyectos grandes de GAME. Son muy interesantes, aunque no he entrado aún a fondo. Uno está relacionado con las mujeres, lo que me encanta, y trata de la asistencia a mujeres en situaciones peligrosas. El otro es sobre educación y medios para los jóvenes.

¿Te planteas volver a Irán?

Al final de este año tengo que buscar otras oportunidades. Volver a Irán no es una opción. Estoy pensando en solicitar la beca Juan de la Cierva para seguir investigando. O en ser profesora. Estoy dando un curso en la Universidad Pompeu Fabra, en la Escuela de Estudios Internacionales. Es genial estar con otra generación y aprender de ellos. Es una sensación muy buena cuando enseñas lo que sabes a los que vienen después. Es un intercambio fructífero.

¿Cómo es el nivel de educación en tu país?

Es muy alto, tanto en la escuela como en la universidad, pero centrado solo en la teoría. Se aprenden pocas cosas prácticas. Lo único que importa es estudiar todo el tiempo y muy intensamente. Si no tienes la habilidad de hacer eso, te quedas fuera, eres un fracasado o acabas con depresión. Pero no todo el mundo es así, hay gente a la que le cuesta más o quizás es más creativa o prefiere algo más práctico. Allí estudiar es algo muy serio. La gente no se ríe. Parece que estén haciendo un trabajo tan importante… Eso no me gusta. Lo más prestigioso es ser ingeniero o médico.

¿Es fácil acceder a la educación?

Sí. La escuela es gratis. Y en cuanto a la universidad, tenemos tres tipos: la pública, con un examen de entrada muy difícil y para el que te presionan mucho; es gratis y además te pagan todos tus gastos de manutención. Luego está la privada, en la que la competición no es por entrar pero sí por obtener plaza en lo que tú quieras; entrar, entra todo el mundo. Y luego existe un tercer tipo, de colaboración público-privada, tiene más prestigio y el certificado vale más que el de la privada.

¿Y para las mujeres?

Hoy pueden acceder a cualquier carrera. Antiguamente, en la época de mi madre, no podían hacer algunas, como la especialidad de mecánica o la de electricidad de ingeniería, porque luego no podían trabajar en ese campo. Ahora pueden trabajar en cualquiera. Pueden, pero puede ser que no quieran, la sociedad a veces… Así que algunas iraníes estudian ingeniería y se van a otro país a trabajar, lo hacen con amigos o montan su propio negocio. Trabajar en una gran empresa con cientos de hombres o en una empresa pública no resulta cómodo.

¿Cuál es su presencia en la universidad?

Las mujeres hoy trabajan más que los hombres en la investigación y en la docencia universitaria. También hay más mujeres estudiantes en estos campos. La situación económica es difícil y los hombres se van al mercado laboral. Piensa que, legalmente, el hombre es el que debe asumir los gastos. Aún hoy una mujer puede trabajar y ganar dinero, pero ese dinero es para ella. Si quiere se lo gasta en comer o en la familia, pero si no quiere, no. Es cierto que últimamente hay que sumar dos salarios para vivir.

¿Crees que tenemos cosas en común?

¡Sí! Al principio lo que pensé fue que como España tuvo tanta relación con la cultura árabe, que en Irán está también presente desde hace muchos siglos… pensé que encontraría una influencia común entre las dos culturas. Y así ha sido. La gente es más cálida y acogedora que en otros países. El pueblo iraní también lo es, aunque por cuestiones de religión y política ahora algunas cosas han cambiado. Muchas cosas están prohibidas o no están bien vistas culturalmente. Vivimos en una república islámica: una mujer no habla con un hombre al que no conoce, tienes que cubrir tu pelo y tu cuerpo, no puedes beber. Somos parecidos a la gente de aquí, aunque hoy en día en nuestra sociedad uno no se puede comportar de modo diferente a como dictan. Sin embargo, hay un grupo muy grande de personas que no quieren vivir así.

¿Se puede vivir al margen?

En Irán, como muchas cosas están prohibidas en público, todo sucede en privado. En casa vivimos igual que aquí. Al menos el grupo de gente con el que yo me muevo. Yo salgo a la calle, pero cubro mi pelo solo con un pañuelo y de colores, como otras amigas o familiares. Así mostramos que somos distintas, pero dentro del marco de derecho porque cumplimos lo mínimo estrictamente. Otras mujeres salen completamente cubiertas. Hay un grupo, de no pocas personas, que incluye gente diferente. ¡Y la comida me fascina! No la tenemos en común, excepto la paella sin cerdo, pero ¡qué rico es todo! ¿Sabías que el azafrán se cultiva en Irán?

Fuente: https://www.uoc.edu/portal/es/news/entrevistes/2019/043-leila-mohammadi.html

Comparte este contenido:

Fernando Peirone : reflexiones sobre La aceleración tecnosocial y una nueva episteme

Revista SabERES

Entrevista a Fernando Peirone

Ahora que el conocimiento está a solo a un clic, ¿la escuela ha perdido su centralidad?

—Primero habría que aclarar que los problemas que tiene la escuela no son propios ni exclusivos, sino de una sociedad que transita de un orden social hacia otro. Todas las instituciones que surgieron y se concibieron en derredor del Estado y que forman parte del orden social que caracterizó a la Modernidad, hoy atraviesan un momento de zozobra y deben repensar sus fundamentos y sus funciones: incluso el propio Estado atraviesa una crisis de legitimidad. En la escuela este impacto se hizo evidente antes que en el resto de las instituciones, que solo dieron cuenta de esta transfiguración cuando comenzaron a volverse disfuncionales y advirtieron que no lograban contener ni dar respuestas satisfactorias a las demandas que se generaban con las nuevas prácticas sociales.

—¿Y cómo fue que impactó en la escuela esta crisis de las instituciones?

—La escuela fue una de las primeras en advertir los efectos de dos fenómenos que se potenciaron mutuamente: la aceleración tecnosocial que sobrevino con la globalización e internet y la experiencia de extrañamiento que comenzaron a vivenciar los jóvenes que se socializaron con los dispositivos digitales y las redes sociales. Se produjo un hiato experiencial entre las prácticas cotidianas de los chicos, fundamentalmente de nivel secundario, y la vida escolar. Se fue perdiendo la correspondencia que había entre la vida intraescolar y la lógica que organiza la vida social. Ante la obligación de concurrir a una institución muy condicionada para aggiornarse y acompañar este proceso, los jóvenes se vieron obligados a desarrollar una anfibiedad que les permitiera entrar y salir de dos lógicas diferentes. Son prácticas disociativas que para nosotros, sujetos cartesianos, resultan muy difíciles de implementar.

¿Cómo definirías esta condición de sujetos anfibios?

—Como la capacidad de reconocer y ajustarse a cambios de patrones permanentes, esto es, de improvisar; la disposición a la re-creación estética (remixado), la producción de conocimiento fragmentario y no secuencial, la gamificación, la transversalidad disciplinar y la capacidad de interacción: la acumulación de habilidades, competencias y estrategias frente al avance tecnológico y la masificación de internet. Es lo que en el Observatorio Interuniversitario de Sociedad, ­Tecnología y Educación (OISTE) llamamos “saberes tecnosociales”: la experiencia y la reflexividad que forman parte de los procesos de subjetivación y socialización, que componen un orden social emergente, que no es globalmente homogéneo, pues en cada lugar adquiere características propias, vinculadas a su historia, su geografía y su tradición.

—¿Qué características tiene este orden social emergente?

—Las acciones individuales y colectivas recrearon y redireccionaron el uso de los dispositivos digitales, valiéndose de lo que Manuel Castells llama la “autocomunicación de masas”: redes horizontales de interacción que se producen de muchos con muchos y en múltiples formatos. En este proceso de reapropiación de lo digital, lo que empezó siendo tecnológico y online hoy gravita en la vida offline, en el modo que nos relacionamos, nos organizamos, nos proyectamos y nos pensamos. Así como existió la posibilidad de que en internet uno pudiera desdoblarse y diversificarse en diferentes perfiles, usuarios y redes; el sujeto actual, en la vida offline, ya no se considera con una identidad uniforme, que debe ser cuidada y reforzada a lo largo de la vida, sino con una dinámica y polimorfa: se puede pensar como hombre y como mujer a la vez, puede cambiar de nacionalidad, de apellido, y participa del mundo laboral donde la ductilidad profesional es más valiosa que las profesiones estáticas que hasta hace poco funcionaban como un pilar identitario. Se está produciendo la discontinuidad de la episteme dominante y la emergencia de una nueva. En términos foucaultianos, hay una alteración de los códigos fundamentales de una cultura, que rigen el lenguaje, los esquemas perceptivos, los intercambios, las relaciones, los valores, las jerarquías y las teorías científicas. Y sobre todo esto, los jóvenes tienen mucho para decir.

—Y la escuela ¿cómo puede acompañar estos cambios?

—Ejercitando una escucha atenta de los jóvenes, lo que permitiría entrar en contacto con claves de acceso a gramáticas relacionales, discusiones, operacionalidades y saberes que facilitarían la exploración de una pedagogía y de una didáctica diferentes. Si no logramos incorporar los nuevos modos del saber a las instituciones educativas, no podremos despertar interés en nuestros estudiantes y profundizaremos la falta de interlocución con la sociedad actual. Es necesario que empecemos a escuchar a estos chicos que hoy están viviendo en un mundo paralelo, que ya no miran televisión ni lo que nosotros vemos, que están refundando el lenguaje y que transitan las instituciones modernas con una desafectación que lejos de escandalizarnos o indignarnos debería motivarnos para generar instancias genuinas de diálogo. Los jóvenes se conciben y ven al mundo de otra manera: como un gran foro, cuyo modelo institucional más aproximado a su modo de habitar el mundo tal vez sea una combinación de los tutoriales que suben a YouTube y Wikipedia, una enciclopedia colaborativa y gratuita, solventada mediante crowdfunding, vinculada al deseo de encontrar y otorgar respuestas colectivamente.

¿Y las instituciones educativas y los docentes están pudiendo?

—Aunque el campo educativo sea dinámico, aprehensivo y creativo para pensar condiciones para el acompasamiento con la época actual, si no están acompañadas por políticas educativas elaboradas a partir de la identificación del problema y del intercambio con los diferentes actores del sistema, corremos el riesgo de un envejecimiento súbito, como el que experimentaron algunas instituciones históricas cuando se produjo el advenimiento de la Modernidad. En este contexto, los docentes son un actor más de la crisis que atraviesa a la escuela y a las instituciones. Como todos, tienen incertidumbre, desconciertos y dilemas que son atendibles y poco escuchados, con el agravante de una coyuntura que precariza el trabajo docente y demoniza las reivindicaciones gremiales. Incorporar tecnología al aula sin una política pública acordada, se convierte en una especie de caos, donde cada quien hace lo que puede. Y aunque hay ejemplos de instituciones que consiguen buenos resultados, van a ser ejemplos aislados si no conseguimos incluirlos en un proyecto de país. Tampoco podemos copiar el modelo finlandés o el de Singapur, que se parece más a un modelo de negocios privado. Generar políticas educativas consensuadas con las provincias, nos daría la posibilidad de una acción programática, que nos permita seguir y evaluar resultados en el contexto de nuestra propia tradición.

(*) Fernando Peirone es docente e investigador de la Universidad Nacional de San Martín; Docente y Coordinador de las tecnicaturas Informacionales (UNPAZ); Director del Programa de Saber Juvenil Aplicado (UNSAM); Director del Observatorio Interuniversitario de Sociedad, Tecnología y Educación (UNSAM – UNPAZ – UNIPE); fundador de la Facultad Libre de Rosario, director de la Serie “Pensamiento y Educación” de la Editorial de la Universidad Nacional de Villa María y autor de varios libros.

Fuente: https://revistasaberes.com.ar/2019/10/la-aceleracion-tecnosocial-y-una-nueva-episteme/

Comparte este contenido:
Page 97 of 459
1 95 96 97 98 99 459