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La incertidumbre del interino.

Cada año la administración se olvida de las personas que ejercen este empleo.

Por: José Antonio Molero Cañamero.

Interino/a: «Dícese del que ejerce un cargo o empleo por ausencia o falta de otro». Del latín Interim: «Entre tanto, en el intervalo, a veces».

Una vez más el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española da una definición acertadísima de una situación laboral. Pero tanto el diccionario de la Real Academia como la administración educativa obvian un aspecto fundamental en esta descripción: El factor humano.

Se olvidan de la persona que ejerce ese empleo, de la problemática que conlleva trasladarse de un día para otro a una localidad distinta a la tuya. Se olvidan de que algunos son padres o madres, de que tienen familia, de que de ellos dependen otras personas.

La incertidumbre asoma con la llegada del verano, corroe al interino, es como la espada de Damocles «¿trabajaré o no trabajaré el próximo año?», «¿dónde me enviarán?», «¿cuándo me incorporaré?», «¿podré renunciar?», «¿qué hago con mis hijos?, ¿me los llevo o se los dejo a los abuelos?»… y así cientos de preguntas pasan por la mente del interino.

Incorporarse a un nuevo puesto de trabajo implica muchos cambios, muchas decisiones por tomar, algunas de ellas de manera precipitada. El suplicio comienza leyéndose las bases de la convocatoria, intentando comprenderlas. Para ello ves los vídeo-tutoriales en internet sobre cómo rellenar la instancia. El sufrimiento continúa cuando cumplimentas la solicitud de destinos, siempre con un mapa delante pues a modo de tortura has de conocer de antemano las distancias desde cada uno de los pueblos y ciudades de Extremadura hasta tu casa.

Luego te planteas una posible renuncia para lo que necesitas saber qué van a elegir los que están por delante y detrás de ti en las listas, te lanzas y lo preguntas en el foro, pero la gente prefiere no comentar sus decisiones… y después de todo este martirio te comunican que tienes que incorporarte tal o cual día en ese pueblo que te suena pero, así por lo pronto, no sabes por dónde cae.

En fin… un largo camino poco saludable para el estado de ánimo de un trabajador temporal que en más de una ocasión hace que se cuestione su vocación a pesar de que para llegar hasta aquí ha tenido que invertir mucho tiempo, esfuerzo y dinero.

La administración educativa se ha convertido en una gran gestora de interinos. La cantidad de estos es desmesurada.

Pero como administración debe tener la sensibilidad de que sobre todos ellos existe una carga angustiosa de lo que vendrá, tanto para los que trabajan como para los que no, para los que se incorporan próximamente o para los que esperan a ser llamados. Y todo esto a corto plazo, pues mirando hacia el futuro la incertidumbre se multiplica ante la limitada oferta pública de empleo, ante la posibilidad de que sus especialidades no estén incluidas en la futura convocatoria de plazas docentes.

Todo este gran problema tendría una fácil solución que sería cumplir la normativa en cuanto al número de interinos, dicho cupo se sitúa entre el 7% y el 10% del personal y no del 30-35% que hay en la actualidad. También ayudaría un decreto de interinos adaptados a la realidad educativa extremeña, con una zonificación adecuada, con un respeto por las oposiciones aprobadas sin plaza, por la experiencia del trabajador… por una serie de factores que busquen la estabilidad de estos trabajadores.

Y a todo esto, me pregunto si el informe Pisa dirá algo con respecto a este sufrido colectivo. Ah… no, del negocio de los interinos se encargan otros. Pero eso lo dejaremos para otro día.

Fuente: http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/opinion/incertidumbre-interino_1037319.html

Imagen: https://img.europapress.es/fotoweb/fotonoticia_20170304154533_640.jpg

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Actualización en Dislexia del Desarrollo

Españ/Autor: Francisco Román Lapuente/Fuente: Openlibra

La atención a las necesidades específicas de apoyo educativo de los alumnos y alumnas en el contexto escolar, ha ido evolucionando a lo largo del tiempo. Actualmente nos encontramos en nuestras aulas con problemáticas a las que debemos dar una respuesta educativa fundamentada, coherente y eficaz.

Desde este planteamiento, la atención al alumnado debe basarse en los principios de integración y equidad, proporcionando recursos y estrategias que posibiliten un desarrollo normalizado del currículo escolar. Para ello, es fundamental la formación, participación e implicación activa de todos los profesionales que inciden sobre los alumnos, así como de sus familias.

En el tema que nos ocupa en este libro (Dislexia del Desarrollo), los aspectos anteriormente mencionados cobran una relevancia esencial, ya que a pesar de ser un concepto muy utilizado, todavía existen concepciones erró- neas sobre su etiología e intervención.

El presente libro pretende ser una guía para docentes, a través de la cual se de respuesta a preguntas como ¿qué es la Dislexia del Desarrollo? ¿qué problemática conlleva? y ¿cuál es la forma más adecuada de abordar la intervención educativa con los alumnos que la padecen?

Estoy convencido de que esta publicación, servirá de guía y apoyo en el complejo camino de las dificultades específicas de aprendizaje, arrojando algo de luz sobre una problemática presente en nuestras aulas. Se da así un paso más para conseguir que nuestro sistema educativo contribuya a eliminar las desigualdades y proporcione las mismas oportunidades formativas a todos y cada uno de nuestros educandos.

Para leer, descargue aquí: https://openlibra.com/es/book/download/actualizacion-en-dislexia-del-desarrollo

Fuente: https://openlibra.com/es/book/actualizacion-en-dislexia-del-desarrollo

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Un notable para los profesores.

Educación realiza un estudio de satisfacción de padres, madres y alumnado con los colegios e institutos.

Por:  La Opinión de Malaga.

Las familias andaluzas valoran con un 8,5, en una escala de 0 a 10, la labor del profesorado de los centros públicos andaluces, según el tercer estudio sectorial de la evolución de la satisfacción del alumnado y familias con los centros docentes públicos, elaborado por la Consejería de Educación, a través de la Agencia Andaluza de Evaluación Educativa.

El informe está basado en las encuestas realizadas a cerca de 59.000 familias cuyas hijas e hijos estuvieron escolarizados en centros públicos de Infantil, Primaria y Secundaria durante el curso 2014/15 y analiza, entre otros temas, la satisfacción con el rendimiento educativo del alumnado, con el clima y la convivencia, con la implicación de las familias en la gestión del centro y con la organización y funcionamiento del centro docente.

Todos los indicadores de percepción evaluados consiguen una calificación superior a siete (entre 7,3 y 8,5), siendo la satisfacción media de las familias andaluzas con los centros educativos públicos muy alta, al situarse en un 7,8.

Una de las conclusiones de este estudio es que existe una evolución favorable en el grado de satisfacción, observándose este hecho en todos los indicadores análogos a los estudios anteriores. Así, desde el primer análisis que se realizó durante el curso 2010/11, la satisfacción con el clima y la convivencia pasa del 6,8 al 8,2.

Igualmente, el indicador de satisfacción de las familias con la comunicación existente entre ellas y el centro educativo, en el curso 2010/11 se situaba en 6,7 mientras que en el año académico 2014/15 esta satisfacción aumentó un punto y medio, situándose en 8,2. También hay una evolución positiva en el conocimiento que tienen las familias de los proyectos y actuaciones, que pasa del 4,8 al 7,3. Lo mismo ocurre con el desarrollo que realizan los centros de los proyectos y actuaciones educativas que en el curso 2010/11 obtuvo el 6,3 mientras que en el último estudio ha alcanzado el 7,5.

La acción tutorial del profesorado, la mejor valorada

El indicador de satisfacción de las familias con el desarrollo de la acción tutorial es el que recibe la puntuación más alta por parte de las familias andaluzas con un 8,5 y también ha experimentado una subida respecto al estudio anterior que se situaba en el 8,3. En este apartado se han valorado, entre otras cuestiones, la atención recibida por el tutor, que recibe una nota de 8,9, la información precisa recibida sobre la falta de asistencia del alumnado con un 8,8, o información recibida sobre la evolución personal y académica con un 8,7 de nota.

Respecto a la satisfacción de las familias con el rendimiento educativo, las familias también lo han valorado de manera muy positiva con un 8,3 (8,1 en la encuesta realizada en el 2011-12). La valoración global de la forma del profesorado de dar las clases es el aspecto mejor puntuado por los padres y madres de los estudiados para medir esta cuestión con un 8,4. Asimismo, sobre la información que reciben los padres sobre la forma de evaluar los conocimientos de sus hijos e hijas se detecta un nivel de satisfacción del 8,2.

También las familias consideran muy positiva la organización y funcionamiento de los centros educativos, que obtiene una nota media de 7,7 ( 7,5 en la encuesta realizada en el 2011-12). En este apartado se han valorado aspectos como el funcionamiento del aula matinal, comedor escolar y actividades extraescolares y los cauces de participación de las familias en el centro.

El resto de indicadores analizados han sido la imagen que ofrece el centro al exterior (7,7); valoración de la implicación de las familias en la gestión del centro (7,3); valoración de la eficacia de los compromisos educativos y de convivencia establecidos con las familias (7,8); conocimiento de los proyectos y actuaciones educativas que el centro realiza (7,3); satisfacción con los proyectos y actuaciones educativas que el centro realiza (7,5). En total se han valorado 77 elementos dentro de diez indicadores.

Este estudio viene a constatar que la satisfacción de las familias andaluzas con el sistema educativo es una realidad y que sigue evolucionado favorablemente especialmente en lo que se refiere a la implicación del profesorado y su labor docente.

Fuente: http://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2017/09/02/notable-profesores/953282.html

Imagen: http://fotos01.laopiniondemalaga.es/2017/09/02/328×206/ensenanza.jpg

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“Si la sociedad exige seres íntegros debe saber valorar a los docentes”

España/ Autor: Mauro L. Muñoz / Fuente: El Litoral

El profesor español, quien saltó a la fama hace dos años por su nominación al denominado “Nobel de los maestros”, estuvo de visita en Santa Fe para compartir sus experiencias educativas.

César Bona, quien fuera finalista en 2015 del Global Teacher Prize, remarcó la necesidad de que la escuela “mire más a la sociedad” y que actúe como un factor de cambio. Fue en el marco de su conferencia “Escuchar para Educar”, durante el VIII Congreso de Educación de la Universidad Católica de Santa Fe. Y también en diálogo con El Litoral.

—Para quienes no lo conocen y que a través del diario pueden leerlo, ¿quién es César Bona?

—Es un maestro, creo que hay pocos titulares más bonitos que la palabra maestro. Ya, con sólo leerle en el titular, la gente debiera resonarle maestro, maestro, maestro… Soy maestro de España, llevo unos 15 años trabajando. Tengo la suerte de que un amigo me presentó en un concurso mundial (teacher prize) y a raíz de ello la gente me ha ido conociendo a través de ir compartiendo cosas obvias y que todos necesitamos recordar.

—Entiendo que su abuelo era argentino. ¿Se encontraría con algún cambio si tuviera que asistir a clase hoy?

—Es cierto, tengo ascendencia argentina, mi abuelo nació en Tandil. Creo que la pregunta lleva en sí misma la respuesta. La verdad es que necesitamos más cambios. Estaría bien que hubiese más cambios en las aulas. Pero, sobre todo, cambios pensando hacia donde nos dirigimos. Que se mire más hacia la sociedad. El compromiso social es, ahora mismo, fundamental.

—Su último libro habla de las escuelas que cambian el mundo. ¿Cómo debieran ser estas escuelas?

—Que inviten a los niños y niñas a participar tanto en la escuela como en la sociedad. Que se les escuche porque tienen mucho que decir. Y que se les vea como parte de la sociedad ya, no en un futuro sino ya. Es en este mundo cuando ellos pueden hacer un mundo mejor.

—Uno de sus proyectos de mayor notoriedad comprendía el trabajo con mascotas. ¿Cuál era el objetivo y la importancia del mismo?

—Sí, es cierto, es un proyecto que se basa en el respeto a los animales. El objetivo que se perseguía era el planteo de pensar que si un niño respeta a otro ser, obviamente, va a ser mejor como persona. Fue una experiencia maravillosa que contagió a miles de niños y niñas de todo el mundo. Incluso, sé que unos cuantos alumnos aquí en Bariloche se sumaron al proyecto.

Hace ya cuatro años que yo cambié de escuela, pero cuando me fui les dije a los niños que se lleven las enseñanzas, cuando crezcan, hacia donde vayan. Que los iban a acompañar en la vida.

—¿Nota que está un poco ausente la educación emocional en el marco escolar?

—Hay algunos que dicen que educar en emociones es una moda. Me parece inadmisible que se diga eso. Lo importante es que nos demos cuenta de que en la escuela debemos enseñar una gestión de esas emociones. Pero, para enseñar, nuestra formación tiene que estar preparada. Y no sólo para los docentes en actividad, sino para los futuros maestros y maestros para todas las universidades de magisterio.

—En ello influyen las políticas educativas por parte del Estado. En Argentina tuvimos un reciente cambio de gobierno a nivel nacional y otro partido político en la provincia, con distintas ideas entre sí. ¿Cómo se debe trabajar en este sentido?

—Mira, la educación debe estar por encima de cualquier gobierno. Punto uno. Y, los que se dedican a hacer política educativa, deben entender que no puede haber una parte sin la otra. Se debe comprender en qué estado se encuentra la educación, debes recorrer las escuelas, ver qué hace falta. Y, luego sí, se puede plantear una ley. Porque no se puede hacer una ley desde un despacho sin saber qué es lo que pasa realmente en las aulas.

Entonces, es más que necesario, diría obligatorio, escuchar. Escuchar a los docentes, a las familias y también a los niños y adolescentes que son los protagonistas y a quienes muchas veces es a quienes menos se escucha. Para eso necesitamos gente valiente. Que esté decidida a dar ese paso en el que seguramente recibirá muchas críticas. Pero es necesario que miremos a una educación mejor y lo primordial es valorar a los docentes. Porque si queremos una sociedad mejor tenemos que empezar en la escuela sin ninguna duda.

—Como sociedad solemos tener de referencia experiencias que “mientras más kilómetros nos separen mejor aún” según sostuvo. Un caso paradigmático es el de la educación en Finlandia. ¿Qué tiene de distinto la educación allí? ¿Por qué motivos no es posible imitar ese modelo?

—Es que no se puede imitar tal cual, principalmente porque los contextos son diferentes, partiendo de esa idea. Pero, sobre todo, hay un motivo que valida a todos los lugares con este nivel y es que la sociedad valora a los docentes. Con lo cual volvemos a lo mismo. Si la sociedad exige que de la escuela salgan seres íntegros debe saber valorar lo que hacemos los docentes. Por ello, es que esta profesión debe ser colocada en el lugar que merece. Y la cuestión es que allí está donde lo merece. No es imposible de hacer, sino que debe suceder un giro en la mentalidad como sociedad.

—Luego de haber realizado su exposición y de su paso por la ciudad. ¿Qué reflexión dejaría a los maestros santafesinos?

—Principalmente, que estuve aquí encantado. Que fue un lujo haber podido escuchar a otras personas y sentir la pasión que tienen estos maestros y maestras. Y que deben sentirse privilegiados. Además de insistir en que todas las experiencias se deben poder conocer. Y es allí donde los medios tienen un papel muy importante. El de dar a conocer las que siguen siendo anónimas, pero que, sin dudas, son extraordinarias.

Fuente de la Entrevista:

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2017/09/01/informaciongeneral/INFO-01.html

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ANPE reclama un Pacto Educativo «para dar estabilidad al sistema».

Por: La Opinion de Zamora.

El sindicato de profesores ANPE aprovecha el inicio del curso escolar para reclamar un Pacto Educativo «que dé por fin estabilidad al sistema educativo, para mejorar la calidad de la enseñanza». Este pacto «acabaría con tantos años de incertidumbre que se cierne sobre el panorama educativo».

El curso pasado ya se dieron los primeros pasos en este sentido al crearse una subcomisión en el Congreso para la elaboración de un gran Pacto de Estado Social y Político por la Educación «que pretende acabar con la última reforma educativa, resultado de una amalgama de dos leyes educativas como la Lomce y la LOE, que nacieron sin consenso, en un escenario de recortes y que después de tres años de vigencia ha evidenciado numerosos problemas de aplicación», se recuerda desde el sindicato.

Por ello, ANPE considera que este nuevo pacto «servirá de base para que el Gobierno elabore un proyecto de Ley Básica de Educación, que sustituya la legislación vigente y que nazca con vocación de estabilidad para adaptar la educación a los nuevos retos y exigencias de una sociedad en continuo cambio y transformación».

Para lograr este fin, el sindicato de profesores exige al Ministerio de Educación la elaboración y puesta en marcha el Pacto Educativo «que sea político, social y territorial», la reversión de los recortes en Educación, con un aumento de la inversión y con el objetivo de rentabilizar óptimamente los recursos para que repercutan en la mejora del sistema educativo bajo la coordinación del ministerio y sin olvidar el abordar la situación del profesorado, que pasa por la elaboración de un Estatuto Docente «que, partiendo del respeto a los derechos adquiridos, establezca un marco imprescindible para regular un nuevo modelo de acceso, selección y desarrollo de la carrera profesional desde el ingreso hasta la jubilación».

Fuente: http://www.laopiniondezamora.es/zamora/2017/09/02/anpe-reclama-pacto-educativo-dar/1029266.html

Imagen: http://fotos00.laopiniondezamora.es/2017/09/02/328×206/anpe-reclama.jpg

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España: Educación estrena curso escolar con su primer programa contra el acoso y un plan de lectura

España/ 5 de septiembre de 2017/Fuente: http://www.diariovasco.com

La imagen volverá a repetirse. Las puertas de más de 500 centros de enseñanza no universitaria del País Vasco se abrirán, salvo algún caso puntual, el próximo jueves para iniciar el curso 2017-2018, aunque los profesores, al menos los de los centros públicos, ya se incorporaron el pasado viernes para tener todo listo. Serán unos 360.000 alumnos los que llenarán las aulas durante nueve meses y medio porque las actividades lectivas finalizarán el 22 de junio. Seguro que a muchos este tiempo se les hará eterno porque el número de días de asistencia será de 175 en todas las etapas. Sí cambia el número de horas impartidas, mientras en la Educación Infantil, Primaria y Especial ascenderán en total a 875, en la Educación Secundaria Obligatoria serán 1.050 las horas de clase. En Bachillerato y en Ciclos Formativos el curso escolar tendrá una duración también de 175 días, de los que 160 como mínimo se destinarán a la impartición efectiva de clases, mientras que el resto podrán disponerse para pruebas y evaluaciones finales.

Aunque no hay tantas incógnitas como en el curso 2016-2017, parece que el que ahora comienza va a ser un calco en algunos aspectos. Los inicios del curso pasado estuvieron marcados por la incertidumbre puesto que no se conocía qué iba a pasar con la controvertida Lomce, la ley aprobada por el Gobierno de Madrid y recurrida por varias autonomías, entre ellas la vasca. Finalmente, y ante las negociaciones entre los partidos que se iniciaron para llegar a un Pacto de Estado por la Educación, no se derogó, pero la reforma propuesta por el entonces ministro José Ignacio Wert sí ha quedado muy diluida. Por ejemplo, no se aplicó la necesidad de aprobar una reválida para poder obtener el título de Bachillerato. Se mantienen las controvertidas pruebas diagnósticas, que en principio las marcaba la nueva ley estatal, en 3º y 6º de Primaria y 4º de ESO, así como en 2º de Bachiller -y que también aparecen en el plan pedagógico Heziberri 2020-, para comprobar si los alumnos están cumpliendo los criterios fijados al final de cada etapa. El curso pasado se realizaron en una treintena de centros.

Incómodo invitado

En diciembre apareció en el panorama educativo un invitado, en principio no esperado, muy incómodo: el informe PISA, evaluación internacional del alumnado de 15 años que está a punto de concluir su educación obligatoria, con los resultados de la evaluación realizada en 2015. Los datos resultaron desalentadores, con un retroceso preocupante, colocando a Euskadi en los últimos puestos del ranking por autonomías en materias como matemáticas y lengua.

Para revertir esta situación, el departamento de Educación ha puesto en marcha el Plan Lector para mejorar la comprensión de los estudiantes. Los centros disponen de la guía ‘Orientaciones en torno a la lectura’, elaborada por el Berritzegune Nagusia, que incluye aspectos relacionados con la lectura como recurso de aprendizaje, porque entienden que es un aspecto básico para el desarrollo del resto de las competencias.

Entre otras actividades, los escolares deben leer media hora en voz alta, hacer una tertulia literaria por trimestre, ampliar el fondo de las bibliotecas, introducir en las reuniones de tutoría con las familias orientaciones sobre el desarrollo de la compresión lectora, acompañadas de propuestas y actividades concretas como encuentros con autores, cuentacuentos… Además, se ha reforzado el Plan de Lectura, que abarca hasta 2020, dotado con 76 millones de euros, con incidencia especial en los nuevos formatos digitales, mejora de las ayudas para la adquisición de libros, y la creación de bancos de libros en los centros concertados.

Además del de la lectura, Educación también está trabajando en un plan contra el acoso escolar, que se aplicará este mismo curso y que refuerza la guía de actuación de los centros educativos de la comunidad ante el acoso. El pasado marzo, la consejera Cristina Uriarte ya adelantó algunas de las claves para atajar un problema cada vez más visible. Escuelas e institutos del País Vasco crearán comisiones de alumnos a quienes se habrá formado en la detección y resolución de conflictos entre escolares. Los centros de enseñanza crearán vías, denominadas asequibles, para que los niños puedan comunicar de forma sencilla situaciones de bullying y ciberacoso que sufran o de las que hayan sido testigos. Además, los colegios dispondrán de una estructura organizativa que sea capaz de gestionar de modo eficaz estos casos. Otra de las principales acciones será la formación de la comunidad escolar, tanto de alumnos como de profesores y padres, para que sean capaces de prevenir y actuar ante un conflicto en la escuela. Para ello Educación llevará a cabo campañas de sensibilización y distribuirá una serie de materiales específicos.

Hacia una nueva ley

En la legislatura que comenzó el año pasado, el departamento de Cristina Uriarte se fijó buscar un pacto educativo que permita desarrollar una nueva Ley Vasca de Educación. En principio se plantea como una tarea complicada. Porque una de las claves del año pasado fue el desencuentro entre el departamento liderado por Cristina Uriarte y los sindicatos, con varias convocatorias de huelga y manifestaciones, el próximo también se presenta ‘caliente’.

Fuente de la Noticia:

http://www.diariovasco.com/sociedad/educacion/educacion-estrena-curso-20170903000839-ntvo.html

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Estrategias para afrontar el horror

España/ 05 de septiembre de 2017/Por: Saray Marqués/ Fotografía: Isa Karakus / CC0 Pixabay/ Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com

¿Cómo explicarle a un niño, a una niña, un suceso como un atentado terrorista?

¿Cómo gestionar el miedo, cómo prevenir la angustia o las ideas distorsionadas?

¿Cómo atender a sus preguntas acerca del terror? Elaboramos con la ayuda de expertos una serie de pautas para las familias.

La tarde del 17 de agosto, en medio de la confusión acerca de lo ocurrido en La Rambla de Barcelona, los Mossos d’Esquadra, la Policía Nacional y la Guardia Civil lanzaban un mensaje a la ciudadanía, pidiéndole que no publicara fotos ni vídeos ni compartiera imágenes en redes sociales del suceso. Lo hacían “por respeto a las víctimas y a sus familias”. En ese momento muchas familias, en pleno periodo vacacional y con sus hijos merodeando alrededor, tenían un dilema en segundo plano. Mientras trataban de asimilar lo que estaban viendo se preguntaban si era adecuado exponer a esa información a los niños más pequeños o si era preferible una especie de apagón informativo, si “m que se enteren en casa”, si serían capaces de encajar ese sinsentido…

Ya han pasado casi tres semanas del último atentado terrorista en nuestro país, en el que murieron 16 personas en Barcelona y Cambrils. En este tiempo esos mismos niños han generado su propio relato acerca de las imágenes que han podido ver, han presenciado conversaciones que no han entendido, han hecho preguntas que han pillado desprevenidos a los adultos… A algunos, además, les ha empezado a costar dormir, han sufrido pesadillas o han terminado en la cama de sus padres.

La gestión de este tipo de situaciones, el modo de afrontarlas, no es una cuestión menor. En nuestro país existen instituciones especializadas, como la Unidad de Trauma, Crisis y Conflictos de Barcelona, y fundaciones como ANAR cuentan con una serie de pautas. También el Colegio de Psicólogos de Madrid cuenta con un grupo específico de trabajo a raíz del 11-M, en la línea de los que existen en los servicios de Emergencias o La Cruz Roja.

Cercanía, serenidad, seguridad

Ya sea en el mismo momento o en los días venideros, los expertos coinciden en una serie de recomendaciones en caso de atentado terrorista pero también en otro tipo de muertes violentas o suicidios en el entorno. Entienden que, a la hora de informar, la labor ha de recaer en las personas más cercanas para que se establezca un marco de complicidad que ayude a que todo se gestione de forma más sencilla. Así lo expone el psicólogo educativo José Antonio Luengo, especialista en atención en situaciones de emergencia.

Cuando los padres hablen acerca de cualquier noticia negativa con sus hijos han de hacerlo buscando la máxima empatía: “El tono de voz ha de ser tranquilo, para poder transmitir la seguridad necesaria pese al acontecimiento. Si la seguridad es una necesidad básica de todo ser humano, lo es especialmente en la infancia”, remarca Diana Díaz, directora del teléfono ANAR.

¿Se ha de contar siempre? Depende sobre todo de la edad. “Por debajo de los seis, siete años, si el niño no pregunta no debemos sentirlo como una necesidad, salvo que estemos viendo las noticias, esté a nuestro lado y, aunque sea con el rostro, nos transmita que requiere algún tipo de información”, expone Luengo.

Hasta hace algún tiempo se consideraban los 10 años como la edad a partir de la cual los niños pueden asimilar lo que ven en las noticias. “Esto ha cambiado, las edades van bajando y a partir de los ocho son más conscientes de la realidad social, pero es recomendable que vean las noticias con adultos, que los padres filtren y traduzcan esa información para que los pequeños puedan encajarla sin angustiarse, sin que derive en pesadillas, somatización, preocupaciones extremas…”, apunta Claudia Xibixell, psicóloga y orientadora del British Council School. Xibixell apuesta por hablar de lo que le preocupa al niño, qué ha pensado, qué quiere saber… “bajando al nivel de comprensión del menor y aportándole información muy concreta, sin entrar en demasiados detalles, y que sea verdad”.

Por debajo de estas edades, incluso en 4 o 5 años, tampoco se debe subestimar su capacidad de recepción si han tenido acceso a las imágenes. “Depende de las características psicológicas del niño o la niña. Aunque estemos convencidos de que no se ha dado cuenta, pues hemos cambiado de canal o apagado rápidamente, eso se ha podido registrar, generando algún tipo de relato. Por eso es importante que, sin hacer un interrogatorio, descubramos qué ha sentido, comprendido, que saquemos la conversación, que descubramos si tiene alguna pregunta que no se ha atrevido a hacer…”, prosigue Luengo.

No solo la edad

El psicólogo enumera, junto con la edad y las características personales, cinco factores más que nos deben guiar en el modo de actuar y el mensaje que debemos transmitir: la cercanía con el acontecimiento, el entorno familiar (si es hijo único o hay varios hijos), el grado de apego, la exposición que ha habido a la información y si el suceso se produce en periodo escolar o vacacional. Para Luengo, siendo los tres primeros los fundamentales, en el caso de los atentados en Cataluña ha influido también el último, “al depositar la responsabilidad en exclusiva en los padres, pues los niños no lo iban a tratar con su clase, con su tutor, al día siguiente”.

Respecto a la edad, existen excepciones: niños que preguntan ya con cuatro años, pero la regla general es que a partir de los ocho años no contar nada no es una opción. “Desde estas edades comienzan a usar la lógica para llegar a conclusiones y tienen que conocer lo que pasa, pues de un modo u otro van a tener contacto con la noticia en un entorno distinto al de casa y, si no se han generado un cierto criterio se van a sentir en una situación incómoda y de indefensión que generará más miedo y angustia”, constata Luengo.

También las características personales (capacidad de escucha, empática, interés, fortaleza…) han de tomarse con cautela: “La vulnerabilidad es muy traicionera, y nos encontramos con niños aparentemente muy fuertes en situaciones de la vida cotidiana que ante sucesos explosivos se desmadejan, se desarman”.

Escuchar, traducir y no mentir

Una de las premisas que comparten todos los expertos consultados es que se debe dejar que el niño hable primero, escuchar lo que quiera preguntar, lo que quiera decir, sus miedos, sus preocupaciones. Lo remarca José Luis Martorell, del Servicio de Psicología Aplicada de la UNED, “Es la base de toda la psicología, primero dejar expresar”. Esta expresión, que incluye los sentimientos, se puede facilitar no solo con conversaciones, sino con dibujos, relatos, cuentos…

“Es importante situarnos a su nivel. Del mismo modo que físicamente es positivo hablarles a su misma altura, en estos casos debemos emplear su mismo idioma, recurriendo, sobre todo con los más pequeños, a palabras simples, aclarando que estamos ante algo que no está bien, pero que no es algo normal, que no pasa a menudo”, analiza Sofía Gigliani, psicóloga y orientadora del colegio SEK-Ciudalcampo. Hablando descubriremos qué información manejan… “Es clave para enfocar directamente los comentarios, las respuestas, porque muchas veces no es necesario aportar datos que tan solo les van a confundir, y les basta con saber que ellos están bien y sus seres queridos también lo están”.

Sin ocultar, conviene dosificar la información (evitando siempre las imágenes repetitivas o demasiado dramáticas, y cuidando su procedencia), y siempre sin mentir. Inevitablemente surgirán los ¿”Nunca más va a pasar?” o el “¿Me puede pasar a mí?”. Decir que no va a volver a ocurrir no es una buena idea. Ante la incertidumbre, Gigliani apuesta por una suerte de empoderamiento, por transmitir a los niños lo que ellos pueden hacer, cómo ellos pueden cuidar de sí mismos, protegerse (por ejemplo, uso del cinturón, del casco, llamadas al 112 o a los padres si hay algún problema), por resaltar que, además de ellos y de su familia, otras personas (policía, bomberos…) velan por su seguridad. También ayuda el dejarles compartir los sentimientos. “Puede que los niños estén más nerviosos, lloren sin saber por qué, tengan pesadillas, se hagan pis en la cama, que de repente les asusten las multitudes o que sus padres se vayan… Debemos dejarles expresar ese miedo, esa angustia, esa ansiedad, hacerles ver que es válido lo que sienten, estando a su lado y recurriendo a ayuda externa si se prolonga en el tiempo. En ocasiones el niño está intentando decir algo y la familia lo ignora, creyendo que si no se habla del tema mejorará, y es un error”, asegura Gigliani.

Según María Ramos, psicóloga infantil en EnPositivoSí, debemos estar preparados para “dar siempre la misma respuesta, pues muchas veces, para poder entender lo que ha ocurrido, los niños necesitan hacer varias veces la misma pregunta, lo que les da esa seguridad necesaria”. Para Ramos, es importante insistir en este relato adaptado a su edad, acompañándolo de un mensaje de confianza, de que la vida sigue, de que somos capaces de superar las adversidades y de salir adelante. Sin esto, los niños pueden generar sus propias explicaciones de lo que pasa, que pueden resultar dañinas y desembocar en un trastorno de estrés postraumático (estado de alerta e hiperexcitación, irritabilidad, insomnio, falta de concentración, flashbacks, tristeza, cambios de humor, sensación de inseguridad, dolores de tripa o de cabeza…). Si estos síntomas persisten más de un mes, aconseja, se debe pensar en acudir a un especialista. Dos años después del 11-S una investigación de la Academia de Medicina de Nueva York relató hasta un 18% de niños en la ciudad con este tipo de estrés, cuya probabilidad es mayor cuanto más invasiva es la exposición al proceso.

¿No tenemos miedo?

Los expertos recomiendan hacer un seguimiento según va pasando el tiempo, “evitando frases muy habituales y que no ayudan, como el ‘No tienes que llorar’, el ‘Tienes que ser fuerte…’”, señala Luengo, “En estos casos está bien que seas débil, que pidas el acogimiento afectivo y emocional de los otros sin sentir que estamos defraudándoles”, continúa. El bálsamo puede ser un mensaje acerca de cómo se puede construir también desde la tragedia, o un buen abrazo.

También Ramos advierte de que “no se puede vivir sin miedo, pues es la manera de regular nuestra exposición al peligro, pero sí evitar que se transforme en pánico, en miedo sin control, en angustia intensa o sensación de indefensión”. La pedagoga Anna Ramis se revuelve igualmente contra el “no tenemos miedo”. “El miedo no es ni bueno ni malo, es. Es un sentimiento que nos informa de que algo nos amenaza y nos produce inseguridad. Ser valiente no es ser temerario, es saber gestionar bien ese miedo para salir adelante, evitando que nos paralice”. Para ella es importante llegar, en la conversación con los hijos, a desentrañar qué produce ese miedo en realidad… “Quizá es miedo a que nos maten, a que maten a papá y a mamá… ante lo que conviene insistir en la idea de la excepcionalidad y evitar hablar desde el susto”.

Sin llegar al estrés postraumático, muchas de las reacciones del menor en los días que sigan al suceso pueden deberse al impacto que les ha producido, y estas pueden ir desde el bloqueo hasta la violencia. Diana Díaz, del teléfono ANAR, reclama serenidad para afrontarlas: “Corresponde a los adultos estar atentos a cómo lo han procesado y si algún aspecto sigue rondándoles en la cabeza, si necesitan hablar del tema, es interesante retomarlo desde la serenidad”.

Para Díaz, en las respuestas que aportemos también cabe el “No lo sé”, el “No te puedo explicar”. Es algo normal, humano, como hablar de las emociones, por lo tanto no debemos sentir que les estamos fallando, tan solo les estamos trasladando que nosotros como padres no siempre tenemos todas las respuestas.

Serán días en que los niños, en función de su edad, se acerquen a la idea de no omnipotencia del ser humano, y es bueno aprovechar, según Díaz, para transmitir valores como el de solidaridad, mostrando cómo podemos ayudar estando unidos en la adversidad, o el respeto a la diversidad. “Se trata de que este proceso de crecimiento sea positivo, pero sin acelerarlo, llegando solo hasta donde los niños sean capaces de procesar”.

Coincide Martorell en que un factor importantísimo es la propia reacción de los progenitores, si están desbordados o si han sido capaces de digerirlo, y más cuanto más pequeño es el niño. “El mundo es inseguro, pero no ganamos nada con anticipar esa idea a niños que no la van a poder manejar”, señala Martorell, “Ellos no pueden evaluar la improbabilidad” ni podemos ponerles en la tesitura si “más vale vivir libre”.

En función de la edad, para Luengo, un acontecimiento de estas características supone una oportunidad para reflexionar sobre los valores y las maneras de interpretar la vida que estamos transmitiendo, valores como la empatía, compromiso, compasión, bondad o el respeto a los otros, en primer término, que además nos servirán, en segundo, para afrontar los malos momentos, las dificultades.

“Crecer tiene un lado maravilloso, pero también lleva aparejada una pérdida secuencial de la inocencia”, señala el experto, que, más que por el fomento del concepto de resiliencia como resistencia ante los estímulos agresivos, aboga por la idea del afrontamiento: “Va más allá, que no es solo resistir, saber recibir bien el golpe, sino ser proactivos, aun con todo el dolor, con toda la tristeza y con todas las dificultades, levantarse sabiendo que no todo es positivo en la vida ni que siempre debemos tener una mirada positiva de todo”.

Fuente:

http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/09/04/estrategias-para-afrontar-el-horror/

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