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España: Frente a la devaluación salarial

Frente a la devaluación salarial

Antonio Antón

A pesar de mejoras sociales relativas, incluida la actual subida de las pensiones públicas respecto del IPC de este año, todavía persisten amplios y graves problemas en el mercado de trabajo.

Hay todavía 2,8 millones de personas desempleadas y la tasa de desempleo juvenil es la más alta de la Unión Europea (32,3%), cuya precariedad se agudiza por las dificultades de acceso a una vivienda digna. En otra parte trato el deterioro de los servicios públicos, particularmente, la sanidad y los niveles de desigualdad social. Cojamos el aspecto más relevante, la pérdida de capacidad adquisitiva de la mayoría social, derivada del incremento de precios del mercado y la devaluación salarial. La situación de retroceso generalizado, aunque desigual, es evidente y su percepción segmentada por la sociedad refleja un crudo realismo.

No vale el conformismo y la autocomplacencia de las fuerzas progresistas que llevan a la resignación o las inclinaciones centristas y contemporizadoras respecto de las amplias trayectorias sociolaborales precarias y las dinámicas autoritarias. Es preciso una senda de firmeza. Veamos algunos condicionamientos socioeconómicos de la gente, una parte todavía distanciada del compromiso con el Gobierno de coalición progresista, y aparte de las dudas suscitadas por decisiones políticas controvertidas, amplificadas en los medios.

El Gabinete Económico de CCOO acaba de publicar un amplio estudio titulado “Los beneficios empresariales impulsan y enquistan la inflación”. La conclusión es clara. Se está produciendo una nueva devaluación salarial en España derivada de la prepotencia empresarial, con una fortísima pérdida en el poder de compra de los salarios en el año en curso, parcialmente contrarrestada en el caso del incremento gubernamental del SMI que afecta a un millón y medio de personas. Caben citar dos párrafos literales:

“El salario real de 2022 por realizar el mismo trabajo que en 2008 caerá un 12,6%. Mientras los márgenes y beneficios empresariales, como se ha visto, están creciendo hasta niveles no vistos desde 2014 impulsando la espiral de precios. La pérdida de poder de compra de los salarios en 2022 será del 5,2% resultado de una subida media de los salarios pactados del 2,78% hasta diciembre y del 8,4% de los precios de consumo en media anual.

A esto hay que sumar la pérdida de poder de compra adicional por el alza de los tipos de interés para los más de cuatro millones de hipotecados a tipo variable y que en media sufrirán una pérdida del 10% de su renta anual. De persistir esta dinámica desequilibrada, la gestión diferente y mucho más equitativa de la crisis de la pandemia con los ERTE podría terminar convirtiéndose en un espejismo y se volvería al esquema tradicional de ajuste vía salarios y empleo.”

Frente a las explicaciones que solo naturalizan o externalizan sus causas (el mercado, la globalización, la pandemia, la guerra…) se produce un paso valorativo dirigido al Estado y los agentes sociales y políticos: la insuficiencia de la protección y la acción reguladora públicas, todo ello achacable a la incapacidad y/o insuficiente determinación institucional, partidaria y sindical para afrontarlo de forma más contundente y generalizada. Y el CIS y los estudios demoscópicos así reflejan esa preocupación y malestar social que ante su impotencia o inacción exige respuestas, siempre condicionados por la pugna partidista y mediática.

Dicho de otro modo, la patronal está imponiendo sus propios intereses de acumulación de beneficios empresariales a costa de la disminución de costes salariales. Por tanto, no solo se ralentiza el consumo, la actividad económica y el empleo sino que se precariza la vida de la mayoría trabajadora y sus familias. La negociación colectiva, supuestamente reforzada por la reforma laboral, se muestra incapaz de remontar esa prepotencia empresarial. La estrategia de diálogo social está inoperativa, sin perspectivas de un pacto de rentas equilibrado, a pesar de la reclamación sindical y las llamadas diversas del Ejecutivo, incluso de medios significativos como el diario ‘El País’ (16/01/2023).

La patronal está fuerte y cómoda en su oposición a un pacto de rentas que le pudiera condicionar ligeramente hacia un incremento remunerativo de los salarios. Ahora, a diferencia del periodo anterior (negociación de la financiación pública de los ERTES y de fondos europeos, emplazamiento del nuevo Ejecutivo progresista, con aceptación de límites a la temporalidad y estabilización del marco de relaciones laborales…) no tiene suficientes presiones e incentivos para unos acuerdos razonables y sí un fuerte apoyo de las derechas. La dinámica generada, con esta inercia, es la consolidación del recorte de la capacidad adquisitiva de los salarios y el aumento de la desigualdad salarial. Y en el plano subjetivo el resquemor pasivo en gente trabajadora.

Mientras tanto, el Gobierno de coalición progresista, como referencia, ha negociado y aprobado un incremento plurianual moderado de las retribuciones del empleo público, para este año 2023, de 2,5% (más un punto complementario), cuando la tasa de variación anual del IPC en España en diciembre de 2022 ha sido del 5,7% (y el 8,4% en media anual), es decir, con una consolidación de la pérdida de más de dos puntos de capacidad adquisitiva, acumulada al retroceso de 12 puntos desde 2010. Significa que, aunque el Ejecutivo progresista junto con los dirigentes sindicales confederales hayan calificado el acuerdo de razonable, tampoco está garantizando el poder adquisitivo de los tres millones y medios de empleos públicos ni ha supuesto suficiente estímulo de mejora para el resto de la negociación colectiva aunque sea fundamentalmente una cuestión autónoma de los agentes sociales y económicos y los sindicatos se quejen de cierta inacción gubernamental.

La estrategia sindical de ‘salario o conflicto’ de este otoño y comienzos de invierno está resultando incapaz de modificar sustancialmente la tendencia de devaluación salarial impuesta por los empresarios. Igualmente, el escaso impulso del centenar de los convenios colectivos más favorables no es capaz de arrastrar la negociación colectiva de los sectores más débiles y la acción movilizadora es muy limitada, con solo un ligero crecimiento de la actividad huelguística: en el año 2022, un 4,5% más de huelguistas que el año anterior, con un total del 17% más de jornadas no trabajadas por huelga. Entre las causas, aparte de la precariedad y las dificultades económicas de las familias, está la débil determinación del activo sindical y/o su capacidad contractual. El reto es la oposición social, política y sindical a la devaluación salarial, la defensa persistente de los derechos sociolaborales y democráticos.

Más democracia y justicia social

Tal como he señalado, son relevantes los dos aspectos, puestos de relevancia desde hace más de una década. Por un lado, la percepción mayoritaria de la gravedad de los problemas socioeconómicos y político-institucionales, con un agudo sentido de la justicia social. Por otro lado, la gran legitimidad de los derechos sociolaborales y una gestión institucional protectora e igualitaria basadas en un fuerte sentido democrático. Ello supone una reafirmación democrática, con la imprescindible activación y ensanchamiento de la base social progresista con mayor legitimación a sus representantes políticos. El descontento social se combina con cierta desconfianza en la capacidad y la voluntad transformadoras de progreso en ese doble ámbito.

En ello influyen diversas causas, pero la pugna política y el sentido del cambio social e institucional no afecta solo a los otros aspectos político-culturales controvertidos. Está clara la movilización autoritaria y nacionalista españolista de las derechas reaccionarias frente a los derechos democráticos y civiles, los avances feministas y de la articulación plurinacional. Pero una pugna de fondo sigue situada en torno a la cuestión social y laboral y los derechos sociales, en un contexto de incertidumbre sobre el equilibrio de fuerzas sociales y fácticas, así como de la capacidad de la gestión de las fuerzas progresistas y su garantía del avance social y democrático. La democratización y la gestión institucional se vinculan al bienestar y la cohesión social y territorial.

Hay un riesgo de incoherencia, la falta de conexión de los dos campos que, a veces, aparecen como opuestos: el de la ‘utilidad’ o política útil de mejoras socioeconómicas y laborales inmediatas, y el de reformas institucionales y estructurales, a veces lentas e incompletas. Ambas están vinculadas a las dinámicas de participación cívica en el proceso reformador y frente a la involución social y democrática. Pero la crisis de credibilidad institucional y política, en ambos campos, viene de la insuficiencia reformadora, por los límites de las mejoras reales y sin impacto sustantivo, con el exceso de meros discursos genéricos o, en el peor de los casos, de simple ruido desinformativo y politiqueo sectario y corporativo.

Así, la realidad y la percepción social de la acción reformadora difiere en dos contextos distintos, según la dinámica de los dos actores principales, el mercado (empresarios y gestores económicos) y las instituciones públicas. En un marco de fuerte y generalizado impacto regresivo de los poderes económicos neoliberales, el impacto resultante genera un deterioro o situación peor o más desigual. Esa dinámica está amparada, a veces, por la gobernanza europea y estatal, y afecta especialmente a los derechos sociolaborales y la calidad de servicios públicos.

Esa realidad de retroceso es la fuente de malestar popular, a pesar de la implementación de mejoras parciales apoyadas por la población. En ese marco, el Gobierno, las instituciones públicas, palian parcialmente situaciones graves, pero no son capaces de revertir su empeoramiento. La justificación posibilista de que no se puede hacer más lleva a la resignación, pero también a la desconfianza en la política y las instituciones públicas; se genera desafección hacia la gestión (insuficiente) de progreso.

Es el factor de fondo de cierto escepticismo popular en los partidos políticos y las instituciones que según señalan las encuestas desconfían en su resolución satisfactoria y tienden a la pasividad y el abstencionismo. Es el motivo de todo el ruido mediático y la pugna de relatos para transferir o adjudicar la responsabilidad de la insuficiente o errónea respuesta al otro actor político o agente social. Pero la quiebra de credibilidad representativa afecta a todo el conjunto institucional, a la capacidad articulatoria de la propia democracia, cuestión aprovechada por los poderes y tendencias reaccionarias y ultraderechistas que pugnan por una involución autoritaria y regresiva. Así, se enlazan los dos procesos reformadores concretos, el socioeconómico y el político-institucional, acompañados y justificados por los correspondientes discursos y dinámicas legitimadoras. La solución es más democracia y más justicia social.

Antonio Antón. Sociólogo y politólogo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente de la Información: https://rebelion.org/frente-a-la-devaluacion-salarial/

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Huelga el 25 y 26 de enero Los sindicatos urgen a invertir en educación y sanidad y piden apoyo a sus paros

  • Alertan de las condiciones «límite» en las que se encuentran ambos sectores y aseguran que si no se invierte más ahora «la quiebra será irreparable»

 

Los sindicatos educativos y de la sanidad han alertado este miércoles de las condiciones «límite» en las que se encuentran ambos sectores y han asegurado que si no se invierte más ahora «la quiebra será irreparable», por lo que han llamado a la sociedad civil a apoyar las movilizaciones de los próximos 25 y 26 de enero.

Los sindicatos presentes en la Mesa de la Sanidad, excepto Metges de Catalunya y SATSE, que son mayoritarios entre los médicos y los enfermeros, junto a los sindicatos de profesores Ustec-sts, CGT y el Sindicato de Estudiantes han presentado este miércoles ante el Parlament un manifiesto en el que urgen a «defender el sistema de bienestar«, porque «sin sanidad estamos muertos y sin educación no hay futuro».

El portavoz de la Mesa de la Sanidad, Xavi Tarragón, ha afirmado que la sanidad «está colapsada», sus trabajadores «extenuados» y el sistema «está en quiebra», por lo que «si no se actúa ahora, será irrecuperable».

Tarragón se ha preguntado «qué será de nuestra sociedad sin un sistema educativo y de sanidad de calidad», a la vez que ha denunciado que el presupuesto que la Generalitat destina a la atención primaria es del 17,9 %, «lejos de 25 % que reclaman agentes sociales, sindicatos y organizaciones internacionales».

82 días para ver a un especialista

«Solo el 50 % de los ciudadanos tiene garantizada una cita con su médico del CAP en menos de 5 días, la espera media por consulta de especialista es de 82 días y para cirugía es de 152 días», ha asegurado Tarragón.

El portavoz también ha denunciado «la falta crónica de profesionales, que pone en riesgo la asistencia», junto a la «alta temporalidad, que fomenta la fuga de los pocos profesionales disponibles a la búsqueda de mejores condiciones«.

De celadores a cirujanos

El sindicalista ha subrayado que «cuando se habla de sanidad son muchos los profesionales que trabajan en ella, desde personal de la limpieza a administrativos, celadores, enfermeros, auxiliares o administrativos».

Por su parte, la portavoz nacional del sindicato de profesores Ustec-sts, Iolanda Segura, ha denunciado que, «después de los complejos años por la cronificación de los recortes y la pandemia», la administración, «lejos de reconocer el esfuerzo en educación, decide imponer medidas sin consenso».

A la cola de Europa

La inversión en educación en Catalunya «no llega al 3 % del PIB, cuando según la Ley de Educación de Catalunya debería ser del 6 %», por lo que «nos situamos a la cola de Europa en inversión en educación», ha dicho Segura.

La portavoz ha criticado que el decreto de educación inclusiva no esté desplegado tras 5 años de haberlo aprobado el Parlament, que las ratios son superiores a 30 alumnos «en muchos casos», que la red concertada es la «principal fuente de segregación escolar» y que el proceso de estabilización «puede dejar sin empleo a profesionales que llevan más de 10 años trabajando».

Los profesores «hemos perdido entre 1,5 y 2 años enteros de salario en los últimos 15 años», ha denunciado Iolanda Segura, que también ha criticado que se mantenga un decreto de plantillas que faculta a los directores a «escoger a dedo al personal», con lo que «se elimina la democracia en los centros».

«El momento de presionar»

En el marco de la actual negociación de los presupuestos, «entendemos que es el momento de presionar al Govern» para que «se destinen más recursos a la educación y la sanidad pública», han coincidido ambos portavoces.

De manera conjunta, los sindicatos de la enseñanza y de la sanidad han convocado huelga y manifestaciones para los próximos 25 y 26 de enero y una concentración para el día 28.

Los sindicatos presentes en la Mesa de la Sanidad son CATAC-CTS/IAC, CGT Alt Camp y Conca de Barberà- SAE, FTC-IAC, USOC, FAPIC, PSI Luchamos, COS, CSIF y Enfermeras de Catalunya.

También han convocado paros los sindicato USTEC y CGT y el Sindicato de Estudiantes, cuya portavoz, Paula Leiva, ha dicho que los recortes en educación «nos afectan a todos», a la vez que ha pedido «más psicólogos y psicopedagogos en todos los centros educativos» para «tener apoyo emocional y combatir los problemas de salud mental que cada vez afectan más a los jóvenes»

Fuente: https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20230118/sindicatos-urgen-invertir-educacion-sanidad-huelga-25-y-26-de-enero-81343245

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Miles de profesores se manifiestan en Lisboa por la mejora de la Educación Pública

Decenas de miles de profesores de la escuela pública de todo Portugal han marchado este sábado en Lisboa para demandar mejoras en el modelo educativos y en los salarios.

También contra la alteración de los procesos de selección. Esta marcha se suma a las continuas concentraciones, cartas abiertas y huelgas convocadas en las últimas semanas que han tenido lugar en todo el país.

Está previsto que las movilizaciónes duren como mínimo hasta finales de enero y afecten a miles de alumnos. Este 20 de enero el Sindicato de Todos los Profesores se reúne con el ministro de Educación.

«Esta es una marcha abierta a profesores, alumnos, padres y cualquier miembro de la sociedad civil interesado en la defensa de la Escuela Pública de calidad», explicó a EFE Carla Piedade, dirigente nacional de STOP, quien afirmó que «hay un descontento muy grande» en el país en un momento en el que la inflación ha alcanzado niveles récord en 30 años (diciembre cerró en el 9,6%).

Estableció el 2008 (marcado por reformas educativas y recorte de gastos públicos) como el año en el que el empeoramiento aceleró y afirmó que desde entonces los gobiernos han aplicado «una política del silencio, el rechazo a negociar y la imposición de medidas».

«Desde 2008 hasta ahora lo que ha ocurrido han sido sucesivos ataques y este es el momento de decir no más. Basta», añadió.

Los participantes de la protesta han recorrido la Avenida Liberdade cargados de carteles donde se leía «Basta», «Respeto» y «Luchando también estamos enseñando», entre otros, en un momento en el que el Gobierno propone alterar el mecanismo de reclutamiento y movilidad de los docentes.

El punto final de la marcha ha sido la turística Plaza del Comercio, donde han instalado un escenario donde han repetido sus reclamos y han cantado lemas como «La Escuela Pública jamás será vencida».

Entre ellos estaba Claudia Martins, una profesora llegada en autocar desde Oporto junto a un grupo de más de 300 personas: «Estamos aquí en Lisboa porque en Portugal la Educación llegó al límite de mucha burocratización», alegó a EFE.

Otra profesora, Emanuela Costa (llegada del distrito de Setúbal), cree que «el Gobierno entiende» las dificultades del sector y que «hay una situación económica difícil» que complica atender sus peticiones, pero han llegado al límite.

«Creo que hemos sido una clase pacífica pero ahora hemos aprendido a luchar y a estar unidos. Puede ser que conquistemos alguna cosa», valoró.

Fuente: https://es.euronews.com/2023/01/15/miles-de-profesores-se-manifiestan-en-lisboa-por-la-mejora-de-la-educacion-publica

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La lucha de muchos estudiantes franceses por sobrevivir y sacar a delante sus estudios

El 20% de los estudiantes franceses vive por debajo del umbral de la pobreza. El aumento del precio de los alimentos y de las facturas de energía agrava su situación. Y sin embargo, Francia concede más ayudas económicas a los estudiantes que muchos otros países europeos.

Nuestra reportera Valérie Gauriat se reunió en París, Rennes y Lyon con algunos de los que luchan por llegar a fin de mes, así como con las asociaciones que les apoyan.

De la covacha a la crisis energética

Los ojos de Baptiste y Mustafa se iluminan al ver los kiwis en su bolsa de la compra. «Los kiwis son un lujo», explica Batiste. Son dos de los mil estudiantes que participaron en el reparto de alimentos organizado en París por COP1, una asociación estudiantil creada durante la pandemia para apoyar a los estudiantes necesitados.

JR A’Weng, director general de COP1, dice que no pensaba que organizarían distribuciones de alimentos después de los cierres covídicos. Pero con la subida de la inflación, «cada vez es más difícil para los estudiantes hacer frente a la situación, y existe una verdadera inestabilidad financiera».

Mayor riesgo de fracaso escolar

Elodie suspendió sus exámenes dos veces en Lyon durante los cierres covid, por lo que perdió su beca. Empezó una nueva vida en Rennes (Bretaña). Pasó un mes en su coche antes de encontrar alojamiento para estudiantes. Aquejada de varias discapacidades, sus gastos médicos, sólo parcialmente cubiertos por la seguridad social, se comen su pequeño presupuesto. Su situación repercute en sus estudios.

» Me duermo durante las clases, falto a clase para ver a un asistente social o para ir a la distribución de alimentos», cuenta.

En Lyon, la tercera ciudad más grande de Francia, la federación de asociaciones de estudiantes, Gaelis, gestiona una llamada tienda solidaria donde los estudiantes pueden comprar productos al 10% del precio de mercado. Su presidenta, Laure Morin, explica: «La falta de seguridad económica que constatamos entre los estudiantes es una enorme carga mental para ellos. Los estudiantes se ven obligados a trabajar. Y si los estudiantes trabajan más de 12 horas paralelamente a sus estudios, tienen tres veces más probabilidades de suspender. »

El Gobierno está estudiando una reforma del sistema de becas estudiantiles, pero no se esperan cambios concretos a corto plazo.

Fuente: https://es.euronews.com/2022/12/22/la-lucha-de-muchos-estudiantes-franceses-por-sobrevivir-y-sacar-a-delante-sus-estudios
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España: Los Salarios Perdieron El 5,6% De Su Poder Adquisitivo En 2022, El Peor Dato Desde 1985

Los Salarios Perdieron El 5,6% De Su Poder Adquisitivo En 2022, El Peor Dato Desde 1985

Los sueldos pactados en convenio, la inmensa mayoría firmados por CCOO y UGT con la patronal, subieron el 2,8% en el año 2022, tres veces menos que la inflación media del año, que fue del 8,4%.

Los datos sobre los incrementos salariales que reflejan los convenios firmados en 2022 no pueden ser más desastrosos para la clase trabajadora. Se trata del peor año desde el 1985, que es tanto como decir el peor dato de la serie histórica, puesto que no fue hasta 1985 cuando el Ministerio de Trabajo empezó a registrar las estadísticas sobre convenios colectivos firmados.  En  2022, los salarios pactados entre patronales y sindicatos (CCOO y UGT fundamentalmente) a través de la negociación colectiva cerraron el ejercicio con un incremento del 2,8%, una cifra tres veces inferior a la inflación media del 2022 (8,4%). Incluso tomando como referencia el último dato del IPC de diciembre, el 5,8%, los salarios reales habrían crecido menos de la mitad  que la inflación oficial en ese mes.

Como ocurre siempre en períodos de crísis del sistema capitalista como el presente con la mayor inflación desde los años 80, son los salarios, y por lo tanto la clase trabajadora, las principales víctimas de una crisis de precios originada por los mecanismos de funcionamiento del propio sistema.

En el caso de la clase trabajadora española los salarios ya llevaban una década de estancamiento. La crisis de precios actual, con los precios de la energía disparada y los alimentos por las nubes, golpea a la clase trabajadora mientras los beneficios de las grandes corporaciones del Ibex 35 han crecido ocho veces más que los salarios desde la irrupción del covid.

Las pensiones, no obstante, sí que mantendrán el poder adquisitivo (se incrementarán en un 8’5%), sin duda como resultado del proceso movilizador, de verdadera resistencia organizada, de un movimiento pensionista que ha dado ejemplo en los últimos años de organización y lucha, frente a la política colaboracionista y desmovilizadora de la izquierda intitucional y del sindicalismo burocrático.

Los empleados públicos, por su parte, también perderán poder adquisitivo: sus salarios subieron en 2022 un 3,5%, es decir, perdieron cinco puntos de salario real. Una reducción semejantes sufrieron los trabajadores que perciben el SMI, que creció un 3’6% en 2022.

Por sectores es precisamente en aquellos cuyos datos de beneficios batían récords donde CCOO y UGT pactaron peores condiciones salariales en 2022. Es el caso de la banca y las energéticas, que con un 1,2% y un 1,9%, se sitúan en la cola de los incrementos salariales pactados en convenio.

Una situación que se produce, además, en el marco de un gobierno que se autodenomina como “el más progresista de la historia” y que no aplica la actualización salarial según el IPC, única garantía de mantenimiento del poder adquisitivo, ni siquiera con aquellos trabajadores cuyos salarios dependen directamente de él.

Comprobada pues y nuevamente la vergonzosa capitulación de la casta dirigente de los llamados ‘sindicatos mayoritarios’ y el nefasto papel de un gobierno propatronal, firmando unos convenios contra los intereses de aquellos a quienes dicen representar y legislando los otros en favor de la clase empresarial, urge sin duda construir una alternativa verdaderamente de clase, levantada desde abajo y basada en la democracia directa y la fuerza movilizadora de la clase trabajadora. Una tarea en que tanto el sindicalismo alternativo como algunos movimientos sociales de resistencia (vivienda, antirepresivo, pensionista…) andan empeñados y que sólo se construirá con espíritu movilizador unitario y en dura lucha contra las políticas y la acción de los agentes políticos y sindicales de la patronal.

 

 

 

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Más de 70.000 trabajadores de 150 universidades harán huelga durante 18 días en Reino Unido

La huelga está prevista entre febrero y marzo, con fechas precisas que se confirmarán la próxima semana. El sindicato exige un aumento salarial significativo para hacer frente a la crisis del coste de la vida. También exigen mejores condiciones laborales y de jubilación.

Con cifras de inflación de dos dígitos, el primer ministro de Reino Unido, Rishi Sunak, se encuentra bajo presión para resolver las huelgas, en las que han participado cientos de miles de trabajadores y que han interrumpido repetidamente servicios clave como la sanidad y el transporte ferroviario.

Fuente: https://espanol.cgtn.com/news/2023-01-13/1613743109705093122/index.html

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La memoria políticamente incorrecta

POR: SABINO CUADRA LASARTE

 

Original en euskara

Afirma una leyenda africana que la historia de los safaris sería muy distinta si fuera contada por los leones. Lo mismo sucedería si fuese relatada por los guías y porteadores negros encargados de localizar estos animales, acosarlos y ponérselos a tiro a los bwanas blancos.

Durante la Transición política de los 70 se nos dijo que la reconciliación entre cazadores y leones era necesaria, porque también éstos se habían comido algún que otro bwana. Y así fue que los reconciliadores (UCD, PSOE, PCE, PNV…) defendieron durante el debate de la Ley de Amnistía de 1977, que la historia del franquismo y sus cruentos safaris había que dejarla atrás, borrarla y olvidarla.

Evidentemente, aquella argumentación no fue sino una patraña, porque las cacerías continuaron existiendo y la fauna africana siguió siendo diezmada en bacanales de sangre con el fin de ornamentar paredes y salones de miles de mansiones y palacios europeos. Buen ejemplo de lo anterior ha sido nuestro sátrapa y desvergonzado Borbón, quien siendo presidente de una ONG defensora de los derechos de los animales, no dudó en posar orgulloso junto a las piezas en peligro de extinción por él abatidas.

Últimamente he tenido ocasión de acudir a distintas Jornadas en las que han participado actores cualificados de distintos procesos de transición política: Sudáfrica, Colombia, Portugal, Chile, Argentina, Uruguay, Guatemala, El Salvador…. Pues bien, si valoráramos los avances dados en estos países en materia de investigación oficial de las violaciones de derechos humanos, el enjuiciamiento a sus responsables y el otorgamiento de reparación a sus víctimas, veríamos que, con mucha diferencia, el país que ocuparía el último lugar del ranking sería el Estado español. Por lo tanto, no hay de qué presumir.

La recién aprobada Ley de Memoria Histórica ha llegado tarde, muy tarde y se ha quedado corta, muy corta. La verdad en ella amparada abarca a un amplio abanico de víctimas, pero se niega a indagar sobre sus victimarios. Junto a ello, el acceso a la justicia sigue siendo ignorado olímpicamente y la reparación contemplada va poco más allá de ser meramente declarativa. Sin embargo, de lo que se trata es, no solo de levantar el mando del silencio que cubrió los crímenes del franquismo, sino también la losa de la impunidad que ampara a sus perpetradores, a quienes se sigue protegiendo.

Una memoria histórica que se pretendiera democrática debería ir bastante más allá de conformarse con rellenar huecos en la historiografía recibida, reponiendo algunas de sus páginas arrancadas. Se trataría así, además de lo anterior, de reescribir el relato desde el principio y hacerlo desde el punto de vista de los leones y los porteadores, que no es otro sino el de la defensa incondicional de todos los derechos humanos, la condena de sus violaciones y la reparación para todas sus víctimas.

En este sentido, la memoria histórica referida al Estado español debería señalar que las violaciones flagrantes de estos derechos, si bien  comenzaron el 18 de julio de 1936 (asesinatos, desapariciones,…), se han mantenido durante más de 80 años y han tenido sus últimos episodios en la playa de El Tajaral –Ceuta–, y en las vallas que cercan el Barrio Chino de Melilla, donde hemos visto de nuevo imágenes de actuaciones policiales en las que seres humanos, como en el 36, eran tratados como animales.

La Constitución de 1978 no puede ser punto y final para ninguna memoria histórica, pues existe un cordón umbilical que une la dictadura franquista con el régimen actual, cual es el de la impunidad. Cordón trenzado por gruesas hebras policiales, beneméritas, económicas, políticas y judiciales heredadas del franquismo, que explican, entre otros, hechos tales como el golpe de estado del 23-F, los crímenes de estado del GAL o los miles de casos de constitucionales torturas habidas en Euskal Herria en las últimas décadas.

La afirmación de que “lo nuestro son errores, lo de ellos crímenes”, del ministro del Interior, Martín Villa, sobre los sucesos de Sanfermines de 1978, ha sido el guión seguido después por los posteriores ministros del Interior: Barrionuevo, Corcuera, Rubalcaba, Fernández Díaz… El actual, Grande Marlaska, ni siquiera ha admitido la existencia de errores en la actuación benemérita de Melilla, pues para él ésta fue razonable y proporcionada. La versión oficial afirma así que la única violencia que allí existió fue la de quienes después resultarían asesinados, desaparecidos y machacados. Nada nuevo bajo el sol. Nuevamente es el bwana, Grande Marlaska, quien escribe la historia del safari de Melilla. No es de extrañar en alguien que ha hecho oídos sordos y ojos ciegos ante las denuncias por torturas a él presentadas, razón por la que el Tribunal Europeo de DD.HH. ha condenado al Estado español en reiteradas ocasiones.

Hay quienes tienen puestas grandes esperanzas respecto a lo que pueda suponer la aplicación de la Ley de Memoria Democrática. ¡Ojalá éstas -lo decimos sinceramente-, puedan convertirse en realidad! Apurar hasta la última gota las posibilidades de la misma es una obligación indudable. Pero también lo es el seguir golpeando contra las puertas que sigue dejando cerradas: derogación de la Ley de Amnistía, acceso a la Justicia para poder juzgar los crímenes del franquismo, restitución de bienes apropiados e indemnización por daños causados, bebés robados,… De lo contrario, se podría estar vendiendo la primogenitura de la memoria histórica por un plato de lentejas con más o menos sacramentos.

Frente a las grietas que se han abierto en el muro de la impunidad del franquismo aparecen hoy dos posibles políticas. La primera consiste en taponar aquellas con algunas reformas y tratar de cerrar así para siempre este capítulo. La segunda trata de agrandarlas a fin de que pueda caer de una vez por todas aquella muralla. Al igual que sucede en otros ámbitos (feminista, ecologista, sindical…), ésta segunda se sitúa dentro del ámbito de lo políticamente incorrecto. ¡Qué le vamos a hacer!

Fuente de la información e imagen:  https://vientosur.info

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