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La educación como problema

Por José Sánchez Tortosa 

En filosofía suele hablarse de problemas, en la medida en que el pensamiento racional (el filosófico, pero, en rigor, también el científico) no puede ofrecer respuestas cerradas que clausuren definitivamente el objeto que esté sometido a estudio.

 

Por su propia naturaleza, la racionalidad ofrece un intento por clarificar en la medida de lo posible los términos del problema, eliminando la confusión que sobre él se proyecta desde las ideologías y el lenguaje común. Pero nunca podrá garantizar una respuesta que convierta en solución lo que antes parecía un problema. La realidad misma es, desde esta perspectiva, siempre problemática, siempre sujeta a una incesante discusión racional, que no concede descanso ni consuelo nunca. Por eso, nos vemos obligados a hablar del «problema de la educación», como hablamos del «problema de la libertad», del «problema de la existencia de Dios», del «problema de la Historia» o del «problema de la Playstation», que no deja de ser un problema.

Me propongo, por tanto, tratar la educación como problema, como problema filosófico e histórico, y hacerlo con instrumental técnico y teórico, esto es, no ideológico.Conviene, antes de nada, recordar el impacto que el problema tiene en el conjunto de la sociedad, por lo que cuestiones de corte filosófico apuntan, sin embargo, a una situación que es de emergencia social en estos momentos en las sociedades desarrolladas, y en España especialmente.

Suele concederse desde distintos ámbitos que existe cierta preocupación por la educación, incluso un «compromiso con la educación». Para empezar, habría que precisar qué se concibe exactamente bajo esa fórmula. Hay palabras que por el peso de una hegemonía terminológica determinada están revestidas de una aureola casi taumatúrgica que produce el consenso y la aceptación incondicional en el espectador en el momento mismo de ser pronunciadas, sin necesidad de más precisiones. Compromiso es una de estas palabras mágicas. Basta con adjetivar a alguien o a uno mismo como «comprometido» para ganarse la admiración y el respaldo del que escucha sin la molestia del trabajo conceptual («El esfuerzo del concepto», que diría Hegel) ni coste argumental alguno. Pero no estaría de más contraponer al empleo acrítico del término la pregunta filosófica, es decir, mostrar lo vacío que el vocablo está en el discurso hegemónico y transformar el compromiso, como respuesta cerrada, en problema abierto, huyendo de su carácter catártico, ése que consiste en generar aceptación masiva (pletórica). De modo que preguntamos: ¿qué tipo de compromiso? Y, aun más, ¿compromiso con qué educación? Así pues, no es aceptable la mera fórmula «compromiso con la educación» sin definir educación.

Remito a mi libro El profesor en la trinchera y a otros textos en los que he precisado la definición de educación. Pero, atendiendo a lo que en la historia reciente de España se ha entendido por tal, puede establecerse una tríada axial que ha atravesado, con diferencias de relieve que habrá que ir acotando, los sistemas educativos triunfantes. Esa tríada axial (hablamos de tríada porque estos tres ejes se encuentran necesariamente conectados en función de relaciones que tendremos que precisar y justificar) estaría formada por el antiintelectualismo, el igualitarismo y la efebolatría.

Entiendo por antiintelectualismo la corriente pedagógica que sitúa lo intelectual o académico bajo sospecha o, en todo caso, como factor secundario en el proceso de enseñanza, subordinado a lo ideológico y a lo afectivo, en tanto que ámbitos que se alimentan mutuamente.

Entiendo por igualitarismo la tendencia a privilegiar una igualdad final (como resultado) por encima de una igualdad inicial (como punto de partida).

Entiendo por efebolatría la utilización retórica de la mera circunstancia cronológica que denominamos juventud como valor en sí mismo.

Si se opta por situar lo académico en segundo plano, y dado que todo individuo psicológico está igualmente dotado de (sometido a) afectos (sentimientos, deseos, etc.), se tenderá, consecuentemente, a facilitar un igualitarismo, esto es, una igualdad en los resultados (o indiferencia con respecto a los mismos), una imposición de lo relativo en la que nadie puede destacar por su esfuerzo e intelecto. Si, además, se fomenta el componente psicológico sin una formación intelectual que permita una maduración del sujeto, los alumnos son condenados a una infantilización perpetua en la que el joven es el protagonista, incluso el agente, del cambio.

En España, la historia de la educación sigue un movimiento pendular de reacción. Pero, como el péndulo, aunque oscile de un extremo a otro, cuelga de un solo punto (la tríada axial que acabamos de dilucidar), en la medida en que esas tres características están vinculadas entre sí, como ya hemos adelantado. La educación en España ha adoptado, retóricamente al menos, en sus documentos legislativos y doctrinales, diversas formas, pero ha sido, en general, antiintelectual e ideológica, sin perjuicio de que los distintos planes de estudios, independientemente del componente doctrinal, ofrecieran condiciones de formación y exigencia académica muy distintas en cada caso, si bien también responden a una tendencia paulatina a la reducción del peso de lo académico (con una significativa pero imparable prolongación progresiva de la etapa obligatoria y la correspondiente reducción del bachillerato o etapa postobligatoria). Y, en tanto que pedagogías revolucionarias, han sido efebolátricas. La actual, en su condición de relativista y demagógica, es igualitaria no selectiva (sí lo fueron las primeras leyes de la república y del franquismo) y efebolátrica.

Es seguramente el segundo eje de la tríada (el igualitarismo) el que más ha oscilado, ya que, propiamente, sólo la Logse (aunque con precursores, como la ley del 70, con Franco aún en vida) ha sido igualitaria, según hemos definido igualitarismo, esto es, la decisión de desterrar, como un tabú, cuanto pudiera sospecharse próximo a cualquier tipo de selección.

El hecho que parece decisivo en este asunto es el tránsito de la instrucción a la educación, entendiendo, en principio, por instrucción la transmisión de conocimientos y por educación la subordinación de los conocimientos a la formación moral e ideológica del alumno. Este paso podría situarse históricamente entre las primeras medidas en materia educativa tomadas por el primer gobierno republicano, a partir de abril de 1931, y el primer plan de estudios del franquismo, en septiembre de 1938, de la mano de Pedro Sainz Rodríguez, primer ministro de Educación del régimen de Franco. De hecho, la propia denominación del ministerio cambia en este momento. Pasa a denominarse Ministerio de Educación Nacional, en sustitución de la denominación de Ministerio de Instrucción Pública, vigente desde su creación, en 1900. Sin embargo, conviene recordar que, al menos en el terreno de la aportación teórica, ese paso (de instrucción a educación) aparece ya formulado por la Institución Libre de Enseñanza, fundada en 1876 por Francisco Giner de los Ríos:

Como también se comprende al punto que, por su virtud vivificante, haya ido despertando en las inteligencias la idea de que la educación, no la mera instrucción, ha de ser siempre el fin de la enseñanza (Discurso inaugural del curso 1880-81 en la Institución Libre de Enseñanza, por Giner de los Ríos; en Ensayos sobre educación, Ediciones de la Lectura, 1916, Madrid, Iª parte, pág. 22).

Y Giner es un referente para los responsables pedagógicos del primer gobierno de la Segunda República, según sus propias palabras. Rodolfo Llopis, director general de Primera Enseñanza del primer gobierno de la Segunda República, cuenta cómo el retrato de Giner de los Ríos presidía su despacho en la Dirección General, junto al de Pablo Iglesias y al de Cossío, discípulo de Giner:
Ya estaba instalado en la Dirección General. Coloqué en el sitio de honor un retrato de Pablo Iglesias. A su lado, el de don Francisco Giner de los Ríos y el de don Manuel Bartolomé Cossío. (…) Yo me complacía en decir a todo el mundo lo que significaba aquel modesto homenaje que me permitía rendir a los tres grandes educadores que tanto habían contribuido a forjar la conciencia revolucionaria del país. Por eso un sagaz cronista de Le Populaire, de París, pudo decir, con razón, que en el despacho de la Dirección General advertía una doble iluminación: la que entraba a raudales por el ancho ventanal que se abría a la calle de Alcalá y la que constantemente irradiaban las nobles figuras de Iglesias, Giner y Cossío (Rodolfo Llopis, La revolución en la escuela. Dos años en la Dirección General de Primera Enseñanza, Biblioteca Nueva, Madrid, 2005, capítulo I, pág. 21).

Además, otro institucionista, Fernando de los Ríos (sobrino lejano de Giner de los Ríos), fue ministro de Instrucción Pública desde diciembre del 31 hasta junio del 33.

Y si bien la República conserva el término instrucción en la denominación del ministerio, explícitamente apuesta por la educación:

El maestro no olvidará nunca que si tiene ante sí en cada niño a un ser a quien ha de instruir, tiene sobre todo ante sí a un ser a quien ha de educar. El maestro ha de ser fundamentalmente un educador. Ha de llegar hasta el fondo íntimo de la personalidad infantil, favoreciendo, ayudando, contribuyendo a que esa personalidad alcance libremente su plenitud (Rodolfo Llopis, «Circular acerca de la promulgación de la Constitución de 1931», en op. cit., capítulo X, pp. 220-222).
También lo hacen el franquismo:
Yo espero que la nueva España sabrá formar hombres con cultura moral y con cultura intelectual; pero hemos de conceder la prioridad a la formación moral de los elementos docentes de la juventud (Pedro Sainz Rodríguez, La escuela y el Estado Nuevo, Hijos de Santiago Rodríguez, Burgos, 1938, p. 13).
Y la Logse:
En esa sociedad del futuro, configurada progresivamente como una sociedad del saber, la educación compartirá con otras instancias sociales la transmisión de información y conocimientos, pero adquirirá aún mayor relevancia su capacidad para ordenarlos críticamente, para darles un sentido personal y moral, para generar actitudes y hábitos individuales y colectivos, para desarrollar aptitudes, para preservar en su esencia, adaptándolos a las situaciones emergentes, los valores con los que nos identificamos individual y colectivamente (Ley de Ordenación General del Sistema Educativo, Ley Orgánica 1/1990, de 3 de octubre de 1990, Preámbulo).

Y, sin embargo, a pesar de que parece vislumbrarse una tendencia general, común a los tres casos ejemplificados, a coordinar políticamente los sistemas educativos dentro del engranaje de sistemas gubernativos desarrollados y con un sesgo ideológico muy acentuado, particularmente en los momentos más críticos (inestabilidad política, antagonismo social, incluso, guerra civil), hay similitudes significativas en los dos primeros que no se dan en el tercero, lo cual nos lleva, por decirlo ya, al tránsito de la educación ideológica o doctrinal al relativismo Logse.

La base teórica de la pedagogía Logse es el constructivismo. Esta corriente consuma un desplazamiento que conduce a un error conceptual. Este error consiste en trasladar al ámbito de lo moral y de lo ideológico lo que pertenece al campo de las condiciones técnicas de la enseñanza. La enseñanza, como técnica que permite la formación intelectual (y humana, porque lo distintivo del ser humano es su carácter racional), requiere, como cualquier técnica, unas condiciones materiales sin las que tal actividad no es posible. Esas condiciones de posibilidad no son, por tanto, morales o ideológicas, sino técnicas. El silencio en un aula nada tiene que ver con autoritarismo o despotismo alguno, sino con la imposibilidad material de aprender nada en un ambiente de ruido, algaradas y frenesí.

Este paso del adoctrinamiento al relativismo se produce porque es el movimiento más fácil, frente a los obstáculos que representa la filomatía como artificio, del mismo modo que en física se impone el modelo de Einstein sobre el de Newton, porque el movimiento elíptico es el más sencillo en un universo curvo y prescinde por tanto de intrincadas explicaciones de corte más metafísico que físico (como la justificación kepleriana de la órbita elíptica en función de la imperfección consustancial a la materia o el recurso newtoniano al éter). En nuestro caso, una normativa concreta ejemplifica este argumento modélicamente: ante la imposibilidad de repetir más que una vez por ciclo (Logse, capítulo 3º, art. 22; Proyecto, parte III, §8.13, p. 20), el movimiento más sencillo es no hacer nada. Así, como en Física, no hay que explicar por qué no se estudia. Ahora lo que hay que explicar es por qué hay individuos que sí estudian, ante la evidencia de que no hace falta para aprobar. La dicotomía clásica reaparece en toda su crudeza: la enseñanza como naturaleza (el optimismo antropológico de Rousseau) o como artificio (Platón, Locke, el pesimismo antropológico). El resultado patente de este marco jurídico y social es la tiranía de la adolescencia, ese invento de las sociedades desarrolladas y de la teología postmoderna (la psicopedagogía), tiranía que tiraniza al que la padece y a los demás, y, en consecuencia, la infantilización social o generacional, que deja expuestas a la indefensión a huestes de sujetos sin más formación que la suministrada por los medios de masas.

Esta confusión que traslada a lo ideológico las cuestiones técnicas tiene como correlato necesario la confusión que traslada a la enseñanza parámetros políticos que no pertenecen a ese ámbito: así, se pretende construir una supuesta escuela democrática en lugar de una escuela técnicamente preparada para propiciar una sociedad democrática. En este punto, la clave aparece en la forma del mito de una democracia natural o espontánea, que anidaría en los jóvenes por el mero hecho de serlo (como en ellos reside también la semilla de la revolución socialista o nacionalcatólica: efebolatría):

Así, Rusia, desde el primer momento, en medio de sus convulsiones y dificultades, lanza un grito de guerra, que es su bandera pedagógica. Ese grito perdura a lo largo de la revolución e informa toda la vida escolar del pueblo ruso. Es el grito de Zinovief, que dice: «¡Cueste lo que cueste, hay que apoderarse del alma de los niños!» (Rodolfo Llopis, op. cit., p. 12);

El alma de un niño de la España de hoy, es, pues, más sagrada que el alma de un hombre y más sagrada que nunca (M. Domingo, La escuela en la República. La obra de ocho meses. Aguilar, Madrid, 1932, pról., pág. 11);

Radica aquí uno de los hechos más sorprendentes del actual momento histórico-universal, que consiste, esquemáticamente, en que los hijos han de convertirse en educadores, en conductores de los padres, porque éstos no alcanzan a percibir las exigencias providenciales de la nueva época. (…) La juventud es siempre promesa fecunda, simiente prolífica de nuevas y más justas formas de vida lo saben bien porque lo dicta el corazón, que no engaña jamás (Adolfo Maíllo, inspector de primera enseñanza y pedagogo del franquismo, Educación y revolución. Los fundamentos de una educación nacional, Editora Nacional, Madrid, 1943, pp. 82-83).

Del mismo modo se formula una supuesta igualdad de derechos (no de deberes) frente a una igualdad de oportunidades (o igualdad de partida).

Si se parte de la base de que se pretende una escuela para una sociedad democrática, además de definir educación y democracia, habría que preguntarse cómo es posible, si es que es posible, una enseñanza de calidad que sea simultáneamente democrática, es decir, no discriminatoria, universal:

La escuela única atiende a estas dos finalidades: extiende la enseñanza a todos y posibilita la selección por el mérito.
Y:
Una democracia subsiste por las aristocracias del espíritu que ella misma forja, y la producción de estas aristocracias es imposible y, por consiguiente, imposible la democracia, si ella no impulsa, facilita y ampara la selección. (…) Instruidos todos, la selección es un derecho del inteligente y un deber en el Estado que cifre en la inteligencia la jerarquía(M. Domingo, op. cit., p. 17; cap. III, pp. 97-98).

En este contexto, el papel del profesor (que encarna la función de la sociedad en la escuela) ha quedado reducido a una función de orden público, por lo que la labor docente (filomática) ha sido vaciada, imposibilitada, desactivada.

En una escuela pública con semejantes características son los sujetos sin recursos económicos (condenados a la enseñanza estatal) los que se ven reducidos a mano de obra barata o sin cualificación, mientras que aquellos con posibilidades materiales optarán por la escuela privada. Bajo la retórica del progreso, la igualdad y la solidaridad se condena a los individuos de las clases menos desahogadas a la ignorancia, la dependencia y la miseria intelectual, humana y social.

Fuente del artículo: https://www.libertaddigital.com/opinion/ideas/la-educacion-como-problema-1276236754.html
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United Kingdom: Parents have clear views on the education system, it’s time they were heard

Europe/United Kingdom/26.06.18/By Charles Parker/Source: www.telegraph.co.uk.

On an almost daily basis we hear from educators, politicians and commentators on what needs to change in education. But we rarely hear from parents, despite the fact they have a clear perspective on the outcomes. It’s their children that the system teaches and they see first hand whether it’s working.

Recent research from the Baker Dearing Educational Trust shows that 80 per cent of parents think the current education system needs to change to reflect 21st century Britain, which suggests they have concerns.

The research surveyed 1,000 parents with teenagers at mainstream schools and their responses were compared with 450 parents whose children attend University Technical Colleges (UTCs), technical schools for 14-18 year olds.

The results found that for two thirds (66 per cent) of parents their biggest fear is that their child will not find a job when they leave education and nearly half (48.1 per cent) of parents said they felt stressed about their child’s education.

It is completely understandable that parents are concerned about the future and whether their children will secure the careers they deserve.

Parents are hearing about high youth unemployment and graduates not being able to find jobs. Their children are staying at home longer and finding it harder to rent, let alone buy, their own homes.

«It is completely understandable that parents are concerned about the future and whether their children will secure the careers they deserve.»

Futurist, Rohit Talwar says that youngsters need to be ready to have 40 jobs during their career and work, potentially, up to the age of 100.

Although no one really knows what’s in store it’s clear that the way we’ve been working and living is going to change greatly. So for UTC parents it must be reassuring to know that their child is confident and has a clear understanding of the industry they want to work in.

Nearly two thirds (64 per cent) of mainstream school parents surveyed said they wanted a greater variety of choice in the type of school for their child and 69 per cent said they wanted the option to select a technical education if it reflected their child’s talents.

It’s really hard for schools to keep pace with the modern world of work, where the skills requirements are changing all the time. In order to cope with these changes, young people will need to be well grounded in basic behaviour, social skills, communication and teamwork. They will need to have the ability to adapt, learn new skills and master technologies that haven’t even been conceived yet.

Recently, Nicky Morgan showed she had been listening to working parents when she offered them the right to request childcare from their school that reflects a full working day.

I agree that it is important that schools align themselves with the working day for three reasons. First, it helps children in their transition between school and work. Second, parents will be pleased that children remain in school where they are safe and supervised to do their homework and extra-curricular activities.

But finally it makes sense on a social level for everyone’s quality of life. It keeps learning and homework within the working day rather than dragging into the evening when parents and children are too tired to concentrate.

UTCs are ahead of the curve on this as they have been operating on a working day since the first one opened.

Schools are working hard to deliver the talent employers need but employers need to change too. They need to take a long-term view of their skills requirements and integrate better with the education system.

In Europe, collaboration is normal, but in the UK the worlds of education and employment are largely separate.

Employers and the university control the governing bodies of UTCs. This means they are required to understand more about education and it helps the senior leaders of the school to better understand the needs of employers. It’s testing for both sides, but it seems to be paying off.

The research showed that about eight out of 10 parents believed the UTC was preparing their child for the world of work compared to just over 6 out of 10 parents with children at mainstream schools.

The skills challenge we face will not be solved by one single system or education program. This is not just a problem for the Government, educators or industry. Our research show parents have clear ideas and should play a larger role in engineering future solutions.

Source of the notice: https://www.telegraph.co.uk/education/educationopinion/11960332/Parents-have-clear-views-on-the-education-system-its-time-they-were-heard.html

 

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‘The importance of great teaching on children’s success’

Europe/United Kingdom/By Peter Tait/ 25.06.18/Source: www.telegraph.co.uk.

As a society, we spend an inordinate amount of time, resources and money looking at how to improve the quality of education in our schools.

The questions we ask ourselves are always the same. How do we improve the quality of teaching and learning? (and its corollary, our examination results?) How do we make our children more motivated and competitive? And how do we get children to value and ‘own’ their education?

And yet, after all the talk of new methodologies and curricula; after new and different methods of teaching and models of assessment; after all the time and money spent on technology; after the personalisation of education and differentiated teaching; after learning styles and habits of mind; after mindfulness and Every Child Matters; after the debates about continuous and formative assessment; and after all the constant tinkering, bureaucratic and legislative, with their greater focus on data and compliance, we seem to be no closer to establishing what are the most important factors that make children succeed.

The only consistent factor we can identify is the role of the teacher, whose abilities and skillset, knowledge and enthusiasm are crucial in determining the success or otherwise, of the children they teach.

Teaching, after all, is about engagement, about getting children to listen and switch on. The best investment any government can make is to get the most effective, the most talented, the best teachers they can in front of the children.

By best, I don’t mean those who are the best qualified, but those teachers who know how to enthuse and connect with children regardless of their own levels of education. I mean those teachers who can properly engage with children and teach them by inspiring and challenging them.

Sometimes the pathway dictates that the process comes down to hard work rather than inspiration, but teaching is all about the relationship between teacher and pupil more than anything else.

Children will work harder for a teacher they respect, even if they demand more and insist on discipline and high standards. One can only speculate what would have been the impact if all the money spent on technology had gone instead into lowering the teacher-pupil ratio and improving the identification, selection and training of the most effective and passionate teachers. Where would we be now? In a somewhat better place, I would suggest.

I look back at outstanding teachers from my own teaching career and remember, in particular, one woman, whose ability with children was legendary. She was strict, uncompromising, but children wanted her approbation.

One particular year she took on a particularly difficult class of Year 4 children, two of whom had considerable physical and intellectual difficulties and could not even print their names and yet finished the year with impressive cursive writing – achieved through repetition, practice, discipline and unwavering high expectations.

She made such a difference to their young lives and all who were fortunate enough to have her as a teacher.

Good teachers don’t need the security of extra resources and technology that, evidence suggests, can detract rather than add to the learning process.

While they may use resources to embellish their lessons, they will not allow the resources to become the lesson. The best teachers are always wanting to do and find out more about their own craft, pushing out the boundaries of their learning and teaching, which is why many exceptional teaches re-work or even discard their teaching notes on a regular basis and look for new topics, and ways, to teach.

This lesson came home to me when I was asked to introduce art history into the sixth form in a New Zealand school and finding – after the subject had been offered, and places filled – that my knowledge of the period (Italian Art, 1300 – 1650) was almost as deficient as were my resources.

That year, with a few old text books and slides, I learnt alongside the students and at the year’s end, we were the top performing department in the school with one student in the top 10 in national scholarships.

The next year, I went to Italy and soon had the best resourced art history department anywhere with videos and CD Roms, slides, a library of outstanding books of reproductions, computer programmes on every aspect of the course, but my students never did quite so well ever again.

I think they learned better, as I did, by having to think more, by having to eke out what they could from the meagre resources, by having to think and having a teacher learning alongside them. There was no hiding place for any of us.

Teachers need to keep learning and growing – it is not a profession for the cynical or indifferent. The best can be identified by their enthusiasm and interest in pedagogy. They are not characterised by their own high academic performance, but by a thirst for passing on the benefits of education.

They may be unorthodox, idiosyncratic, employing a variety of approaches to get children to want to learn and to question what they are being taught. They are typified by their passion, their non-negotiable standards, breadth of interests, high expectations, understanding of how children learn, empathy, an insistence on greater self-discipline and by their relationship with their pupils.

Interestingly, children know who the best teachers are, even if they try and avoid them in favour of the more popular variety who may make their lives easy. They often criticise them to their parents for being too demanding and only realise later the opportunity they have squandered.

These are the teachers who entered the profession in order to make a difference. And they do.

Source of the notice: https://www.telegraph.co.uk/education/educationopinion/12201014/The-importance-of-great-teaching-on-childrens-success.html

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España: El viaje de la educación

Europa/España/25.06.18/Fuente: www.laopiniondezamora.es.

El CFIE de Zamora reúne los cuadernos de bitácora de 58 centros escolares de la provincia

«El cuaderno de bitácora, también llamado cuaderno de a bordo, es una herramienta de navegación marítima, utilizada desde hace siglos, que luego pasó a denominarse, por simplificación, bitácora. La bitácora es una especie de armario, situado junto al timón o en el puente de mando de un barco, en el que se guarda la brújula y un cuaderno, el cuaderno de bitácora, en el que el capitán debe anotar diariamente la travesía realizada ese día y las incidencias ocurridas». Así se describe este instrumento marítimo indispensable que ahora se adapta a los centros educativos para guiar a estudiantes y profesores en su día a día durante el curso.

La muestra «Cuadernos de bitácora» reúne los diarios de los 58 centros participantes en la iniciativa «Lugares de Libro», promovida por el Área de Programas de la Dirección Provincial de Educación y se puede visitar hasta finales de mes en las instalaciones del CFIE de Zamora.

De esta manera, los colegios e institutos han elaborado sus propios diarios, «tomando en préstamo del mundo marino sus cuadernos de navegación, para que recogieran en ellos su travesía por los mares del conocimiento», explican los organizadores.

Desde este horizonte, los cuadernos de bitácora son una especie de diarios de a bordo de los centros participantes en el proyecto «Lugares de Libro», que recogen las vivencias de todos los implicados en la experiencia, incluyendo fotografías, dibujos, anotaciones, referencias a las actividades realizadas o lugares visitados, así como sus experiencias y aportaciones personales.

«Son el testimonio escrito y vivencial de una aventura de navegación por los planes de lectura de dichos centros. Un lugar donde encontrar información sobre las actuaciones llevadas a cabo, las explicaciones, pensamientos y sentimientos de todos los implicados», detallan.

De esta manera, cada uno de los cuadernos recoge el trabajo de todo el centro, de toda la comunidad educativa, «enriquecido con las aportaciones y comentarios de nuestros chicos y chicas, profesores, e incluso familias, después de navegar por los planes de lectura de sus centros», valoran.

Tras su paso por el CFIE de Zamora, esta exposición viajará, después de las vacaciones escolares de verano, a la delegación del CFIE de Benavente, donde se instalará a partir de octubre.

 

Fuente de la noticia: https://www.laopiniondezamora.es/lapizarra/2018/06/21/viaje-educacion/1092119.html

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Reseña largometraje: “El Aula Vacía”, centro de la celebración de artes y educación en el Festival Internacional de la Imagen (FINI)

Europa/España/25.06.18/Fuente: www.iadb.org.

El Aula Vacía , película producida por el BID, continúa su exitosa trayectoria en festivales internacionales de cine. El jueves 21 de abril, el largometraje contará con una proyección especial en el Festival Internacional de la Imagen (FINI), México . El Aula Vacía ha sido exhibida en 20 festivales internacionales y en 25 ciudades.

«Este año, la edición de FINI tiene como eje temático a la educación y creemos que el mensaje de El Aula Vacía será un valioso aporte para el debate y reflexión sobre la situación educativa en América Latina. No hay mejor manera que trasladar la información recolectada sobre la deserción escolar a través del cine para llegar al público masivo», detalla Marcelo Cabrol, productor ejecutivo de El Aula Vacía y gerente de relaciones externas del BID.

La obra cinematográfica fue realizada por once directores latinoamericanos bajo la dirección creativa del mexicano Gael García. «En total hay un 50 por ciento de deserción escolar secundaria en América Latina, pero las causas no radican en una sola razón. No es la pobreza lo que rige esa deserción, no son las expectativas, es toda una complejidad y cada lugar tiene su característica, por ejemplo en Honduras es por la violencia; en Uruguay hay un problema con la clase alta, personas que dejan la escuela porque no les sirve de nada en términos de expectativa de vida y mil razones en todos lados», afirma el cineasta Gael García Bernal.

La proyección contará con la participación de Carlos Gaviria, director del cortometraje, Las Buenas Intenciones, en El Aula Vacía. Asimismo, México estará representado por dos cortos, Hugo, de la cineasta Mariana Chenillo sobre los desafíos que enfrentan estudiantes con discapacidades en las escuelas y Amortizado, dirigido por Nicolás Pereda. Un tercer corto, Ver, Oír y Callar de Tatiana Huezo, cineasta salvadoreña y mexicana, cuenta una historia anónima de violencia escolar en El Salvador.

Acerca de El Aula Vacía

El largometraje fue realizado por 10 directores latinoamericanos bajo la dirección creativa de Gael García Bernal, gracias al apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo de la República de Corea. Esta innovadora colaboración busca generar conciencia mundial, a través de las historias de los jóvenes detrás de las alarmantes estadísticas de abandono escolar en secundaria.

Acerca del BID

El Banco Interamericano de Desarrollo tiene como misión mejorar vidas. Fundado en 1959, el BID es una de las principales fuentes de financiamiento a largo plazo para el desarrollo económico, social e institucional de América Latina y el Caribe. El BID también realiza proyectos de investigación de vanguardia y ofrece asesoría sobre políticas, asistencia técnica y capacitación a clientes públicos y privados en toda la región.

 

Fuente de la reseña: https://www.iadb.org/es/noticias/anuncios/2016-04-19/largometraje-el-aula-vacia%2C11448.html

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Las tecnologías en la personalización del aprendizaje

Por Antonio Dueñas y Pedro Jurado de los Santos

La industrialización impulsó la fabricación de productos en grandes cantidades para conseguir economías de escala, implicando la reducción de los costes en función de la cantidad de producción. Estos bienes tenían las mismas formas y usos. Los avances tecnológicos y su introducción en la industria han posibilitado la fabricación de productos personalizados, adaptados al gusto del consumidor, en series más cortas y a unos costes razonables. Por ejemplo, en este sentido, la impresión 3D ha facilitado esta personalización y está siendo considerada como una de las grandes revoluciones de los últimos tiempos, siendo los ámbitos de aplicación múltiples (ropa, calzado, piezas mecánicas, comida, …).

En su proceso de desarrollo, la producción, de centrarse en las cualidades del producto, incluido su uso y basado en los criterios o estrategias de las marcas, ha pasado a centrarse en las necesidades de los clientes, para lo que la información que se dispone de ellos se conforma como la clave de toma de decisiones. Se tiene en cuenta sus preferencias, opiniones, intereses y expectativas. Esta información se obtiene de múltiples fuentes, tales como bases de datos de clientes, historial de compras, devoluciones, incidencias de soporte técnico, encuestas y formularios de satisfacción o redes sociales, por citar las más notorias.

» Existen algoritmos y modelos matemáticos para detectar el fracaso escolar «

Asumiendo estas tendencias, nos preguntamos por el aprendizaje entendido como una necesidad básica humana. De una visión planteada como el conocimiento y la cultura que todos y todas deben aprender, a un planteamiento que derive en lo que cada uno necesite aprender. Además, las características individuales influyen en cómo se aprende. Por ello, dado que el aprendizaje ocurre cuando se interactúa con los nuevos conocimientos y habilidades, integrándolos en la experiencia de la persona, entendiéndola como diferente para cada una de ellas, se determina que los procesos de aprendizaje varían a lo largo de la vida y en función de los contextos de desarrollo de cada individuo.

Por tanto, la apuesta por un proceso personalizado del aprendizaje permitiría adaptar la persona a la realidad desde los cambios que implican esta interacción. Para ello, mediante las TIC y el uso de las técnicas de Analítica y Big Data, se pueden obtener perfiles de personas que, en función de sus condiciones y características, podrían recibir un tipo de formación adecuada a su perfil y en función del contexto de actuación.

Un ejemplo de la aplicación que se infiere es la referencia a la actuación ante el fracaso escolar. Existen algoritmos y modelos matemáticos para detectar el fracaso escolar que consisten en analizar información histórica de los alumnos, asignaturas cursadas, temario, currículo, notas obtenidas, número de convocatorias usadas para superarlas, edad, sexo, estudios de sus padres, situación económico-familiar y más variables, que se pueden analizar para responder en cada caso y satisfacer sus necesidades, evitando el fracaso. Puede conformarse como un proceso iterativo, cuantos más datos, más finas y precisas serán las soluciones. De esta forma, con la información obtenida de alumnos y sus variables, se podría diseñar acciones formativas específicas de apoyo para los individuos en función de sus necesidades.

Todo ello no significa que la Analítica y Big Data reemplacen el rol de los profesionales de la educación; hay que percibirla como una herramienta que debe ayudar a la toma de decisiones a la hora de planificar y desarrollar las mejores recomendaciones para cada uno de los alumnos, sin conformar un entorno competitivo.

Podemos concluir que, dadas las características diferenciales de cada uno, el proceso de aprendizaje puede facilitarse en función del conocimiento que se disponga de cada persona, por lo que el uso pertinente de las TIC, la Analítica y el Big Data podrán ayudar a favorecer dicho proceso.

Fuente del artículo: https://www.educaweb.com/noticia/2018/05/31/tic-personalizacion-aprendizaje-18486/
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20 Historias de Transformación de Escuelas en Latinoamérica: Presentación | #TransformandoEscuelas (Video)

España – América Latina / 24 de junio de 2018 / Autor: Fundación Telefónica / Fuente: Youtube

Publicado el 27 ene. 2017

Fundación Telefónica junto a Fe y Alegría pusieron en marcha este proyecto en 60 escuelas públicas de Chile, Colombia, El Salvador, Guatemala, Panamá y Perú. Este informe recoge una selección de historias de transformación, que servirán de inspiración a otras comunidades educativas.

 

 

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=lZMK1JDyd4U

ove/mahv

 

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