En estos días se ha vuelto a repetir una escena que a los tecnólogos ya debería resultarnos tristemente familiar: Aparece un titular afirmando que los coches autónomos de Waymo no son tal cosa, sino que «son conducidos desde Filipinas por operadores humanos«.
Obviamente, la realidad no es esa, ni tiene sentido describirla así: lo que confirmó un directivo de Waymo en una audiencia ante el Senado de Estados Unidos es que, en casos difíciles, sus sistemas de conducción autónoma pueden solicitar asistencia de operadores remotos, algunos de ellos ubicados en Filipinas, para aportar contexto o sugerencias al software, en ningún caso para tomar literalmente el volante desde miles de kilómetros de distancia. La conducción sigue siendo responsabilidad del propio sistema automatizado, y la intervención humana es una ayuda completamente puntual, no el núcleo del funcionamiento.
Ese mismo impulso hacia el mito ya lo vimos hace poco con la tecnología Just Walk Out de Amazon, hoy desmantelada por la compañía en favor de otros modelos, aunque sigue ofreciéndola a terceros. Circularon titulares afirmando que Amazon había «quitado a los cajeros de sus tiendas y los había mandado a la India» para que vieran desde allí lo que hacían los clientes. Esa simplificación es completamente grotesca: sí, hubo personal subcontratado analizando datos, casos dudosos, y apoyando el entrenamiento de los sistemas, pero en ningún caso fue una externalización masiva de cajeros, ni mucho menos un «sistema escondido» de vigilancia humana que reemplazaba a la tecnología. Ese relato, simplemente, no es verdad.
Lo que une estos relatos no es la verdad, sino una auténtica cosmología de la ignorancia tecnológica. Es el mismo individuo que se niega a aceptar que un coche pueda circular sin conductor humano físicamente presente, o que un conjunto de cámaras y sensores pueda reconocer qué productos has tomado de una estantería, el que de inmediato abraza y reproduce un titular que, según él y su suprema ignorancia, «demuestra» que todo era una ilusión o un engaño. No porque haya evidencia sólida, sino porque esas historias encajan con su idea preconcebida de cómo debe funcionar el mundo.
La tecnología avanzada incomoda a quien prefiere explicaciones binarias: o es completamente humana o es completamente automática. La complejidad, esa que integra el software sofisticado, la inteligencia artificial, la supervisión humana en puntos estratégicos y los sistemas redundantes, no entra bien en titulares ni en compartidos de redes sociales. Así que cuando aparece una narrativa simplista que pone el foco en una supuesta farsa, se convierte en refugio ideológico.
El resultado es perverso: da igual cuántos artículos rigurosos se publiquen, cuántos ingenieros expliquen cómo funcionan realmente estos sistemas o cuántos datos se aporten para contextualizar. El mito persiste, y resurge cada cierto tiempo en las discusiones disfrazado de «revelación». Eso no ocurre porque la tecnología no funcione, sino porque quienes quieren desacreditarla buscan confirmaciones fáciles para sus prejuicios.
Este fenómeno no es inocente. No se trata solo de corregir un titular falso, sino de entender que estamos ante una narrativa cultural que preferimos porque es más cómoda. Frente a un mundo tecnológicamente complejo, se elige el consuelo de la fábula, del mito, del «te pillé». Y así, en lugar de discutir sobre qué grado de automatización es razonable, cómo se regulan estos sistemas o qué implicaciones laborales reales existen, acabamos atrapados desmintiendo estúpidas leyendas urbanas digitales. Y por supuesto, como reza la ley de Brandolini, también conocida como «principio de asimetría de la estupidez», la cantidad de energía necesaria para refutar tonterías es un orden de magnitud mayor que la necesaria para producirlas. Así que, durante mucho tiempo a partir de ahora, veremos aparecer en discusiones la suprema chorrada de que los coches autónomos se conducen desde Filipinas. Que sirva simplemente para calificar el intelecto del imbécil al que se lo escuchemos decir.
La cosmología de la ignorancia no se combate con artículos bien intencionados, sino con una conversación pública que exija rigor, contexto y la voluntad de aceptar que la tecnología no es magia ni ilusión, sino una construcción compleja que no encaja en simplificaciones cómodas. El desafío no es demostrar que los coches se conducen solos o que un sistema de visión computerizada «sabe» lo que compras: el desafío es hacer que la sociedad esté dispuesta a entenderlo. Y eso, como muestran una vez más estos absurdos mitos reciclados de cuñados, es todavía lo más difícil.
Fuente de la información: https://www.enriquedans.com/2026/02/la-alucinante-cosmologia-de-la-ignorancia-tecnologica.html
Los Ficheros Escolares son un material para favorecer el trabajo autónomo facilitando la organización escolar. Pueden ser de diferentes contenidos: matemáticas, comprensión, lectora, arte, cocina, globales etc.
Son muy polivalentes, progresivas, de trabajo individual y autocorrectivas, pero admiten otras modalidades de trabajo. Se utilizan en formato papel y digital.
Los Ficheros Escolares son un material para favorecer el trabajo autónomo facilitando la organización escolar. Pueden ser de diferentes contenidos: matemáticas, comprensión, lectora, arte, cocina, globales etc.
Son muy polivalentes, progresivas, de trabajo individual y autocorrectivas, pero admiten otras modalidades de trabajo. Se utilizan en formato papel y digital.
En la pedagogía Freinet, el fichero escolar es una de las técnicas fundamentales para hacer posible una escuela viva, abierta a la realidad y centrada en los intereses del alumnado. Surge de la necesidad de superar el libro de texto como eje único del aprendizaje y de disponer de una documentación flexible, variada y siempre actualizable, capaz de responder a las preguntas que nacen de la vida cotidiana y del trabajo en el aula.
El fichero escolar no es un material prefabricado, sino un instrumento que se construye progresivamente en la clase. Su creación es una tarea cooperativa en la que participan alumnado y docente. A partir de intereses reales del grupo —un acontecimiento del entorno, una pregunta compartida, una investigación iniciada en la clase— se buscan y reúnen documentos de diferentes procedencias: textos, imágenes, mapas, recortes de prensa y revistas, producciones de los propios niños y niñas, aportaciones de las familias o intercambios con otras escuelas. Estos materiales se seleccionan, se adaptan cuando es necesario y se clasifican con un sistema claro y accesible, de modo que el fichero pueda crecer sin perder coherencia. El propio proceso de creación del fichero es ya educativo: aprender a buscar, elegir, organizar y dar sentido a la información forma parte del aprendizaje.
En el aula Freinet, el fichero es un instrumento de uso cotidiano, siempre al alcance del alumnado. No es un archivo pasivo, sino una herramienta de trabajo que se consulta para investigar, ampliar un texto libre, preparar una comunicación al grupo, resolver una duda o profundizar en un tema que ha despertado interés. Permite abordar los aprendizajes de manera global, relacionando lectura, escritura, cálculo, observación, debate y expresión, en coherencia con el trabajo vivido en la clase.
El uso del fichero favorece la autonomía, el sentido crítico y la cooperación. El alumnado aprende a documentarse, a contrastar informaciones y a reutilizar los conocimientos en nuevas situaciones. Así, el fichero escolar no sustituye la experiencia ni la investigación directa, sino que las acompaña y las enriquece.
Hoy, el fichero escolar sigue plenamente vigente. Convive con ficheros digitales, archivos compartidos y otros soportes contemporáneos, manteniendo intacta su función pedagógica: poner la documentación al servicio del aprendizaje activo, cooperativo y con sentido. En la pedagogía Freinet, el fichero escolar no es un vestigio del pasado, sino una técnica viva que se adapta a los tiempos sin perder su esencia.
Cuatro años después del regreso de los talibanes al poder Afganistán experimenta lo que muchos llaman un “gran silenciamiento”. Esto no es solo resultado de la guerra o de problemas económicos, sino un esfuerzo deliberado de los talibanes por silenciar voces. En la teoría de la comunicación, un grupo se considera “silenciado” cuando quienes ostentan el poder controlan las principales formas de expresión, como el idioma, la legislación y los medios de comunicación. Esto impide que los grupos marginados compartan sus experiencias de forma comprensible para otros.
Para los periodistas, las mujeres y las minorías étnicas afganas, esto no es solo una teoría; es una realidad cotidiana impuesta por los talibanes. Las calles están tranquilas, no porque haya paz, sino porque los talibanes han creado una cultura del silencio donde hablar puede costarle la vida a alguien.
Afganistán tuvo una vez uno de los panoramas mediáticos más dinámicos del sur y centro de Asia. Cientos de canales de televisión, emisoras de radio, periódicos y plataformas onlineinformaban sobre política, corrupción y problemas sociales. Los periodistas arriesgaban sus vidas para exigir cuentas a los poderosos. Hoy en día, operan menos de 50 medios de comunicación independientes en todo el país, en comparación con los más de 400 de 2021. Human Rights Watch informa que decenas de periodistas han sido amenazados, detenidos arbitrariamente o golpeadossólo en el último año. Las reporteras, que antes eran voces destacadas en las redacciones y en la radio, se han visto obligadas a abandonar su puesto. Muchas periodistas informan que viven con miedo constante, conscientes de que cada artículo podría provocar represalias. En este clima, la verdad misma se ha vuelto peligrosa.
Mujeres y hazaras en el punto de mira
Las mujeres y las niñas han sufrido las pérdidas más dramáticas y visibles bajo el régimen talibán. La UNESCO estima que más de 22 millones de niñas tienen prohibido el acceso a la escuela secundaria y la universidad, lo que revierte décadas de progreso educativo. Muchas nunca volverán a las aulas. A las mujeres se les impide trabajar en la mayoría de los sectores, deben viajar con tutores masculinos y son vigiladas constantemente por la policía moral. Se les han cerrado prácticamente los espacios públicos, los lugares de trabajo y las áreas recreativas.
Los observadores describen haber visto desaparecer ante sus ojos a toda una generación de niñas. Las consecuencias se extienden mucho más allá de las aulas. Los hospitales operan sin personal femenino, las empresas pierden colaboradores vitales y las familias luchan por sobrevivir. En Afganistán hoy, la mitad de la población está prácticamente silenciada, incapaz de participar en la construcción de la sociedad que la rodea.
En medio de estas restricciones, la minoría hazara de Afganistán se enfrenta a una crisis silenciosa pero persistente. Los hazaras, que son mayoritariamente musulmanes chiíes, han sufrido discriminación desde hace mucho tiempo. Bajo el régimen talibán, se han intensificado los desalojos forzosos, la confiscación de tierras y los ataquesselectivos. Los informes documentan ejecuciones extrajudiciales, tortura e intimidación contra civiles hazara. Las mujeres hazara son particularmente vulnerables y sufren opresión tanto por su género como por su etnia. Muchas viven bajo un miedo constante, con escasa protección del Estado. A nivel internacional, su difícil situación es a menudo ignorada, pero refleja un ataque sistemático contra una población minoritaria y la fragilidad de los derechos bajo el régimen talibán.
Los talibanes gobiernan sin elecciones, tribunales independientes ni partidos políticos. Las leyes se promulgan por decreto, las detenciones arbitrarias son rutinarias y las protestas pacíficas son violentamente reprimidas. Periodistas, activistas y ciudadanos comunes viven con miedo, sopesando cada palabra, cada publicación en redes sociales y cada gesto público ante la posibilidad de represalias. La falta de rendición de cuentas ha creado una cultura de impunidad, donde el silencio es a menudo el único medio de supervivencia y la valentía conlleva un gran riesgo personal.
Estado de impunidad y ruina económica
El colapso económico ha agravado estas dificultades. Las sanciones internacionales, combinadas con la reducción de la ayuda exterior, han dejado a millones de personas en riesgo de hambre. Casi la mitad de los hogares afganos dependen de la ayuda humanitaria, y más de 23 millones de personas se enfrentan a la inseguridad alimentaria, incluyendo casi 10 millones al borde de la hambruna, según las Naciones Unidas. Las restricciones al trabajo de las mujeres han reducido aún más los ingresos familiares, mientras que las agencias humanitarias tienen dificultades para entregar la ayuda porque el personal femenino no puede desempeñar muchas funciones esenciales.
Las niñas permanecen ociosas en casa, las escuelas están cerradas y las familias luchan a diario por sobrevivir. El país se enfrenta no sólo a una crisis humanitaria, sino también a una crisis social y generacional, a medida que se desvanecen las oportunidades de aprendizaje, trabajo y libertades básicas.
Cuatro años bajo el régimen talibán han dejado a Afganistán más tranquilo, pero no en paz. Las voces están silenciadas, no ausentes. Organismos jurídicos internacionales, incluida la Corte Penal Internacional, han comenzado a investigar a altos líderes talibanespor crímenes de lesa humanidad, en particular persecución por motivos de género. Sin embargo, la aplicación de la ley sigue siendo difícil. Mientras tanto, los afganos comunes siguen viviendo con miedo y privaciones.
¿Qué puede hacer el mundo?
Si el orden global continúa tratando el silenciamiento de Afganistán como un problema interno afgano en lugar de una violación de las normas internacionales, se corre el riesgo de sentar un precedente de que el apartheid de género y la persecución de minorías son costes aceptables para la estabilidad regional.
Para superar el estancamiento actual, la comunidad internacional debería considerar estos cambios de política:
Convertir el apartheid de género en un crimen de lesa humanidad: La ONU y sus Estados miembros deberían respaldar la inclusión del término “apartheid de género” en el borrador de la Convención sobre Crímenes de Lesa Humanidad. Esto crearía las herramientas legales necesarias para responsabilizar a los líderes talibanes por la exclusión de mujeres y niñas, como se describió anteriormente.
Establecer un Observatorio Internacional Permanente para los Derechos de las Minorías: Dado que la comunidad hazara ha sido blanco de ataques, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU debería crear un equipo dedicado y bien financiado para rastrear e informar sobre la violencia étnica y las confiscaciones de tierras a medida que se produzcan.
Vincular la diplomacia con la libertad de prensa: No se deben llevar a cabo futuras conversaciones diplomáticas ni asistencia técnica a menos que los talibanes restablezcan las licencias de los medios de comunicación independientes y pongan fin a la detención arbitraria de periodistas.
Apoyar un “santuario digital” para la educación superior: Los donantes internacionales deberían pasar de la construcción de escuelas físicas a la financiación de plataformas educativas online sólidas y acreditadas, e internet satelital. Esto ayudará a garantizar que el cierre de escuelas por parte de los talibanes no cree una “generación perdida”.
Afganistán es hoy una nación silenciada. A las niñas se les niega la educación, a las mujeres se les impide trabajar y las minorías viven bajo constante amenaza. Para muchos, la esperanza se ha convertido en un acto silencioso y privado, oculto tras puertas cerradas. Pero la gente resiste, sobrevive y espera. Y en su silencio yace un duro recordatorio: cuatro años de gobierno talibán han cambiado Afganistán, y el mundo no puede ignorarlo.
Nasratullah Taban es un periodista independiente que cubre cuestiones relativas a Afganistán y Asia Central, con especial atención a medios de comunicación, extremismo y derechos humanos.
Francesca Albanese publica ‘Cuando el mundo duerme’ (Galaxia Gutenberg), un ensayo en el que recorre la historia de Palestina a través del derecho internacional y de su experiencia personal, desde que vivió en Jerusalén hasta su trabajo actual contra el genocidio de Gaza como relatora especial de la ONU.
Francesca Albanese (Italia, 1977) se ha convertido en un referente internacional de la defensa de los derechos humanos. Desde que comenzase el genocidio de Gaza, su trabajo incansable a través de informes, de la participación continua en el debate público mediante entrevistas, conferencias y las redes sociales denunciando no sólo los crímenes de Israel, sino también la responsabilidad de los gobiernos, empresas y medios de comunicación occidentales, la han convertido en una figura inspiradora para millones de personas de todas las generaciones. Y, también, en una de las más odiadas, atacadas y perseguidas por los Gobiernos de Israel y Estados Unidos, así como por el lobby sionista internacional. De hecho, la Administración Trump la ha llegado a sancionar por colaborar con la Corte Penal Internacional en su intento de juzgar a los responsables del genocidio.
Ahora Albanese publica en España Cuando el mundo duerme. Historias, palabras y heridas de Palestina (Galaxia Gutenberg), un ensayo en el que cuenta la historia de la ocupación a través del derecho internacional, pero también de sus vivencias y reflexiones personales y de las de diez personas –la mayoría, amigos y amigas de Albanese– que protagonizan cada uno de los capítulos. Y lo escribe con la claridad, la precisión y la determinación que la han convertido en una de las voces más respetadas de la esfera pública. Y, también, compartiendo el sufrimiento, el dolor y el miedo que acarrea, a veces, estar en la primera línea de la “guerra contra los valores” que están sufriendo, en palabras suyas, quienes participan en el ‘efecto Palestina’, como llama a la nueva conciencia global que ha despertado el genocidio contra Gaza.
En su libro Cuando el mundo duerme cuenta la historia de Palestina, de la ocupación, del régimen de apartheid, del genocidio con rigor y datos, y, también, mediante sus vivencias. ¿Por qué decidió escribirlo desde esta perspectiva personal?
Primero, porque había planeado escribirlo un año antes, cuando salió mi primer libro en italiano, poco después del inicio del ataque contra Gaza en octubre de 2023. En aquel caso buscaba que el público italiano tuviese una especie de punto de referencia, porque allí, desde el principio de los ataques, la retórica y la propaganda fueron muy proisraelíes. Y lo digo sin negar el sufrimiento de los israelíes ni lo duro que fue lo que sufrieron el 7 de octubre. Yo sabía que el Gobierno israelí capitalizaría ese sufrimiento y que los líderes occidentales cederían para complacer y favorecer a Israel. Así que quería ofrecer una especie de glosario.
Pero una vez que ese libro vio la luz, ya tenía en marcha este proyecto, en el que quería hablar sobre Palestina desde la perspectiva del derecho internacional, pero de una manera personal, humanizando esa historia y haciéndola accesible, especialmente para los más jóvenes.
En segundo lugar, también lo escribí así por mí. Fue un ejercicio muy catártico. Tuve que articular cómo había entrado en mi vida Palestina cuando llevábamos ya año y medio de genocidio y mientras trabajaba en el informe sobre la economía del genocidio.
Es un libro difícil de catalogar porque tiene mucho de historia, de ensayo, de derecho internacional, pero no es un libro de solo una de esas cosas. Tampoco una biografía ni autobiografía, aunque contiene muchas vidas. Pero creo que también eso es lo que hacemos las mujeres, mostramos quiénes somos sin ocultar nuestras debilidades. En estos dos años he llegado a aceptar la vulnerabilidad de una forma en la que no lo había hecho antes. Por eso me sentí atraída a escribir este libro, en el que me expongo y comparto tanto de mi viaje personal.
El libro es también una carta de amor a la amistad, a los amigos palestinos, israelíes y judíos no israelíes que le han permitido comprender la realidad de Palestina. De hecho, lo comienza con una cita de Alisa Weise: “La solidaridad es una manifestación política de amor”. ¿Cómo describiría el papel de la amistad en su compromiso y en el movimiento internacional de solidaridad global con Palestina que ha surgido a raíz del genocidio?
Es interesante porque cuando leí el libro en octubre, meses después de su publicación en Francia, me di cuenta de que parecía deliberado que hubiese palestinos e israelíes, como si los quisiera reunir en una mesa. No fue así. Los elegí porque son mis amigos y porque me enseñaron muchas cosas. Alon Confino era probablemente el más israelí de todos, pero nunca pensé en él como un israelí porque era una persona universal.
Además, mi círculo de amigos ha crecido mucho a partir del genocidio. Personas que van desde el colegio de mis hijos al ámbito público, que me han apoyado siempre, que han querido estar cerca de mí cuando he sufrido los ataques más feroces. Como cuando el gobierno y los medios de comunicación de Italia, donde no son muy libres, empezaron a atacarme hasta por estornudar. Siento que estamos en una especie de guerra contra los principios, contra los ideales puros. Y quienes luchamos en ella compartimos algo muy profundo.
Para mí, la relación más profunda de la vida no es el amor que sientes por tu pareja, tus hijos, tus hermanos o tus padres: para mí, el valor más importante es la amistad. La amistad es la red que te mantiene unido, que no te deja caer en el aislamiento. Además, la amistad es un valor para el futuro. Necesitamos recuperar la humanidad en nuestras vidas, estamos demasiado aislados, somos demasiado individualistas, y la amistad, este vínculo que nos une a todos, es un buen camino.
Francesca Albanese. Foto cedida: FAROOQ ZAMIR.
Sostiene que el genocidio de Gaza ha despertado una nueva conciencia global a través del movimiento internacional de solidaridad con Palestina. ¿Cómo puede este movimiento contribuir a frenar la ola reaccionaria y antidemocrática que sufrimos?
Veo un movimiento que llamo una, como el plural en latín de unus (unidad), porque reúne tantas realidades individuales que se convierten en una colectividad. Se trata de un movimiento sin líderes, pero con valores muy fuertes, identificables, y con una primera línea. Siento que soy parte de esa primera línea con los palestinos, Greta Thunberg, Yanis Varoufakis, el movimiento BDS, las organizaciones de derechos humanos, los abogados, los periodistas que hablan a pesar de la censura… Llamo a este movimiento “efecto Palestina” porque Palestina nos ha despertado, nos ha mostrado la diferencia entre los valores y sus contrarios, como la luz y la oscuridad. Palestina nos ha iluminado y nos está mostrando el camino para resistir, que no es solo resistencia, es también resiliencia. Me gusta este concepto porque es resistencia y firmeza, la capacidad de adaptarse, transformar, repensar. Y es un movimiento que no se puede vivir individualmente, tiene que ser colectivo para sea transformador; una elección ética que concierne a todo: al medio ambiente, a los animales, a los seres humanos. Y esto es, en definitiva, lo que Palestina representa para mí.
El “efecto Palestina” es despertar, unir y movilizar, con un espíritu de hermandad, como estamos viendo. Y la relación de amistad que hemos creado personas que, en un principio, éramos camaradas es más fuerte que la que tengo con algunas personas que han formado parte constante de mi vida. Luchamos y, aunque no sepamos cuándo veremos el final, nos vamos enriqueciendo al unirnos en torno a unos valores comunes.
Y al mismo tiempo que provoca esta reacción de admiración e inspiración, también genera mucho odio por lo que representa: la autoridad de la ley y los derechos de Palestina frente a la impunidad del poderoso Israel. En el libro explica que una de las razones por las que más odio ha recibido es por señalar que Israel es un proyecto colonial. ¿Por qué algo tan obvio genera tanta virulencia?
Si hubiéramos tenido esta discusión en la década de 1950 o incluso a principios de la década de 1960, nadie habría dicho ni una palabra porque entonces el colonialismo no era visto como la madre de todos los males, como sí ocurre hoy. Por eso entiendo que a los israelíes no les guste que los llamen pueblo colonial.
El proyecto del Estado de Israel precedió al Holocausto, y no hay duda de que el pueblo judío fue perseguido y que el proyecto nacional surgió para protegerlo. No era la única solución, también lo podría haber protegido donde estaban. Pero es cierto que las circunstancias hicieron que tuvieran que abandonar sus hogares en Europa y no había muchos países que los quisieran. Incluso supervivientes del Holocausto fueron rechazados por Gran Bretaña, Estados Unidos y Australia cuando huían como refugiados de Europa.
El caso es que podrían haber ido como refugiados a Palestina. Pero no, fueron como parte de un proyecto nacional colonial que cogía la tierra y los hogares de otras personas, de los pueblos indígenas. Entiendo que muchos creen o les gusta creer que Dios les dio esa tierra, pero Dios no es un agente inmobiliario y no le dio la tierra a nadie.
Hoy estamos gobernados por la ley e Israel no debería haber sido creado a expensas –no digo que no debería haber sido creado– sino que no debió crearse a expensas de casi un millón de palestinos, de los cuales unos 750.000 fueron expulsados y nunca se les permitió regresar. Además, Israel ha seguido comportándose como una colonia de colonos en lo que quedaba de la Palestina histórica, en el territorio palestino ocupado, en Gaza, Cisjordania o Jerusalén Este. Y lo presentan con la burbuja del origen divino de Israel, como si se tratase del pueblo judío regresando a su tierra. No digo que el pueblo judío no tenga vínculos con la Tierra Santa. Solo digo que lo que hicieron fue violento y que esa violencia perdura. Además, contar que es un proyecto colonial desmiente el mito de la tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra. Y claro, todo eso no les gusta.
¿Qué debería hacer la Unión Europea con respecto a Israel si decidiese cumplir con el derecho internacional?
En primer lugar, al menos, debería suspender, o incluso derogar, el acuerdo de asociación de la UE con Israel. En segundo lugar, debería considerar permitir que los Estados puedan cumplir con la ley, porque eventualmente los Estados miembros utilizan a la Unión Europea como excusa para incumplir sus obligaciones internacionales, que imponen detener el comercio de armas, dejar de comprar armas a Israel y cortar los lazos económicos. Un embargo de armas es necesario, pero también cortar los lazos con la economía israelí, porque Israel está perpetrando los crímenes de apartheid y de genocidio. ¿Qué más tiene que hacer Israel para que la Unión Europea haga todo esto? La Unión Europea debería alentar a sus Estados miembros a cortar lazos con Israel y, también, debería dejar de financiar proyectos de investigación israelíes, especialmente en el sector militar y de vigilancia. Productos que han sido probados con los palestinos, tanto en el campo de batalla como en sistemas de seguridad, y que se han convertido en sofisticados equipos utilizados para matar o aterrorizar a toda una población durante los últimos dos años.
Comienza el libro con un capítulo dedicado a las violencias que Israel emplea contra la infancia palestina. ¿Cómo es posible que la Unión Europea y Estados Unidos hayan mantenido su apoyo a Israel, incluso después de que haya cometido un infanticidio en Gaza y de todos los asesinatos, encarcelamientos, torturas y otros crímenes que comete contra los niños y niñas palestinos de Cisjordania y Jerusalén?
Me gustaría recordar que Estados Unidos es el único país del mundo que no ha ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño. Además, creo que los soldados israelíes y muchos sectores de la sociedad israelí no ven a los niños palestinos: solo ven a palestinos, a los que ven como posibles amenazas terroristas y a la seguridad. Existe una profunda deshumanización. Nunca he visto nada parecido al nivel de racismo institucionalizado y generalizado contra todo un pueblo que vive a tu lado. Y esa demonización no solo afecta a Israel, sino también a algunos de nosotros en el mundo global de minorías blancas privilegiadas.
Quizás sea una fantasía, pero imagino a gente yendo libremente a Gaza y ayudando a limpiar la zona. Me imagino que los seres humanos pueden ayudar a reconstruir la Franja y ayudar a los palestinos a sanar las heridas. Se requerirá mucha humanidad para contrarrestar la inhumanidad que han mostrado el Gobierno y los soldados israelíes, así como las sociedades occidentales.
Una de las consecuencias del genocidio ha sido la pérdida de la poca credibilidad que le quedaba a buena parte de los medios occidentales. ¿Cree que podrán ser juzgados por su responsabilidad en el genocidio?
Sí, aquellos que han sido apologistas del genocidio deberían ser juzgados. Y también deberían dejar de tener lectores y clientes. Pero le contaré más en unos meses porque esta es una de las investigaciones que estoy realizando.
TikTok acaba de cerrar la cuenta del periodista gazatí Bisan Ota y YouTube ha eliminado miles de vídeos subidos por soldados israelíes que publicaban sus propios crímenes de guerra. ¿Qué responsabilidad tienen las plataformas tecnológicas en el genocidio de Gaza y la ocupación de Palestina?
Muchas de ellos han silenciado, censurado y alterado contenido palestino y en solidaridad con los palestinos. Esto no es neutral, no respeta la libertad de expresión ni la primera enmienda –ya que la mayor parte de ellas están radicadas en Estados Unidos–. Estos medios y gigantes tecnológicos han elegido en qué parte de la historia han querido posicionarse y al menos yo, como abogada, deseo verlos investigados judicialmente.
Pero mientras eso ocurre, [estas plataformas] deberían perder a sus seguidores. Y espero que tenga éxito Upscrolled, creada por un empresario palestino como una versión libre de censura de TikTok. Tuvo un millón de descargas en un día y espero que siga creciendo a ese ritmo porque lo necesitamos. Mi temor es que se generen cámaras de eco y que TikTok siga siendo para los proisraelíes y los crédulos, mientras que el otro sea donde se divulgue la información. En cualquier caso, necesitamos alternativas.
¿Cree que lo sucedido con el genocidio podría ser una oportunidad para impulsar una reforma democratizadora de las Naciones Unidas y del Consejo de Seguridad?
No sucederá. No sucederá a menos que se revisen los cimientos del sistema, basado en el privilegio o la dominación de algunos Estados. No creo que ocurra. Y como no se puede reformar, la ONU se está volviendo cada vez más irrelevante, y eso es peligroso.
Espero que países como los que integran el Grupo de La Haya se conviertan en actores importantes y que España juegue un papel importante dentro de él. Porque no solo el Gobierno español, sino el pueblo español, las universidades españolas y los medios de comunicación españoles han sido un gran ejemplo de compromiso positivo y ético. Por eso espero que el Gobierno de España se una al Grupo de La Haya pronto.
¿Qué medidas debe tomar la sociedad civil en esta nueva fase del genocidio de Gaza?
En primer lugar, apoyar los esfuerzos de quienes intentan lograr justicia, como la Fundación Hind Rajab –en España también hay abogados persiguiendo a las empresas [que participan en el genocidio]–. Debería investigarse más a los actores privados que han sido cómplices de los crímenes israelíes. Debe haber una presión continua para que las instituciones sigan haciendo lo correcto, porque no creo que el Gobierno español hubiera hecho lo que ha hecho sin el empuje del pueblo español. Y luego, el consumo ético –nadie debería vender productos relacionados con la ocupación israelí–, la banca ética –comprobar que sus bancos no tienen inversiones relacionadas con la ocupación–, y adherirse a la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS).
La reclusión, la erradicación y la persecución del pueblo palestino siguen siendo el principal objetivo del gobierno actual de Israel. Y el horizonte es incierto porque es un plan que no tiene fin.
En un contexto global marcado por la aceleración tecnológica y el intento de mercantilizar los saberes, la red de Otras Voces en Educación en alianza con UCIRED de México, lanzamos convocatoria 2026 para dos espacios de formación que buscan sacudir las estructuras tradicionales del pensamiento: el Diplomado en Inteligencia Artificial y Pedagogías Críticas y el Diplomado en Internacionalización Universitaria Crítica.
La tecnología como campo de batalla
El lanzamiento viene acompañado de un potente material audiovisual sobre la alfabetización digital. Para los educadores populares, este tema no se reduce a «aprender a usar una computadora», sino a desarrollar la capacidad de leer las intenciones políticas detrás de los algoritmos. ¿Es la IA el nuevo manual de conducta escolar o puede ser una herramienta de liberación colectiva? Esa es la pregunta que guiará el primer diplomado de este ciclo.
Oferta Académica 2026: Construyendo el Sentido Común Crítico
1. IA, Pedagogías Críticas y Pensamiento Colectivo
Este diplomado propone un análisis profundo sobre el impacto de la Inteligencia Artificial en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Lejos de la tecnofilia ciega o el rechazo absoluto, se apuesta por una apropiación crítica que fortalezca el pensamiento colectivo.
• Calendario: Inicia el 26 de febrero y culmina el 08 de julio de 2026.
2. Internacionalización Universitaria desde las Pedagogías Críticas
Frente a la internacionalización basada en el mercado y la competitividad, este espacio propone un modelo de intercambio basado en la solidaridad entre los pueblos, la descolonización del currículo y el diálogo de saberes del Sur Global.
• Calendario: Inicia el 12 de marzo y culmina el 28 de junio de 2026.
Desde Otras Voces en Educación, la invitación es clara: no basta con comprender el mundo, hay que transformarlo. Estos diplomados virtuales son puntos de encuentro para docentes, estudiantes y activistas de toda América Latina y el mundo que se niegan a aceptar una educación deshumanizada.
Para mayor información o resolución de dudas, el comité organizador ha habilitado el correo electrónico: otrasvoceseneducacion1@gmail.com.
¡La formación es nuestra herramienta de resistencia! Inscríbete y comparte.
La violencia machista ha encontrado en las redes sociales un espacio donde operar con una mezcla de anonimato, acceso constante y total impunidad. Para miles de mujeres jóvenes, el acoso digital no es un mal rato tras una pantalla, sino una amenaza constante que altera su forma de relacionarse, genera ansiedad, depresión o trastornos alimentarios y provoca un miedo que condiciona cómo vuelven a casa, con quién quedan y hasta qué publican.
Así lo recoge el estudio Mujeres jóvenes y acoso en redes sociales, que confirma que esta violencia digital no es anecdótica, ocho de cada diez jóvenes de entre 16 y 24 años han experimentado al menos una situación de acoso en redes en España.
El 56,2 % ha recibido mensajes insistentes de hombres que buscan quedar o “intimar” incluso después de haber rechazado la interacción; el 53 % ha recibido comentarios o fotos sexualmente explícitos sin solicitarlos; el 45,2 % ha sido insultada tras no responder o tras bloquear a la persona que la acosaba; el 43,5 % ha recibido insultos, amenazas o burlas de carácter hiriente; y el 17,2 % ha visto cómo se difundían —o se amenazaba con difundir— imágenes personales sin consentimiento.
Instagram, la plataforma donde más se produce el acoso
Instagram es el epicentro de esta violencia, seguida de WhatsApp, Facebook y Twitter, donde agresores conocidos o desconocidos actúan solos o en grupo.
Una joven entrevistada en el estudio, lo resume así: “(…) Le pasa al 100 %, a todo el mundo, yo diría que a todas las chicas les ha pasado alguna situación como esta o parecida de decir a algún chico que no quieres seguir hablando con él y que sigan acosándote. Y yo tuve mucha suerte de que no fuera a más, pero a otras personas las han ido a buscar a casa o al colegio o donde sea y no han tenido tanta suerte.”
El estudio muestra que, como consecuencia, más de la mitad de las jóvenes se sintieron enfadadas, impotentes y asqueadas (59,3 %) e inseguras, amenazadas y asustadas (57,2 %). En menor medida, una cuarta parte de ellas afirma haberse sorprendido ante dicho escenario, y un 16,3 % afirma haberse sentido culpable. Un 38 % llega a desarrollar ansiedad, depresión, paranoia o trastornos alimentarios.
Además, un 24 % ha faltado a su puesto de trabajo y un 12,3 % ha tenido pensamientos suicidas.
Del móvil a la calle: cómo el acoso condiciona la vida cotidiana de las jóvenes
Para muchas, el miedo da el salto del móvil a la calle. Siete de cada diez cambian su forma de moverse por el mundo: evitan caminar solas por la noche, comparten su ubicación con amigas, rechazan citas con desconocidos o modifican sus rutinas para reducir su exposición.
Otras deciden privatizar sus cuentas, dejar de publicar fotos en las que aparece su cuerpo o limitar la información personal que comparten, una estrategia de autocensura que reduce su libertad.
“Me di cuenta de que me estaba afectando cuando voy por la calle y no me siento segura. Cuando pensaba que iba a venir y me iba a hacer algo. Yo pensaba que me estaba obsesionando con que iba a aparecer donde estaba”, relata una de las entrevistadas.
“Por ese tiempo decidí dejar de publicar cosas. No publicaba fotos con mis otras amigas para que no actuasen en contra mía”, explica otra.
Pese a la gravedad, denunciar es la excepción. Casi la mitad de las jóvenes no comparte lo ocurrido ni con su familia ni con sus amigas. Muchas sienten vergüenza, otras temen no ser creídas o juzgadas, y la mayoría desconoce cómo denunciar el acoso digital o qué recursos existen.
Sólo el 6,8 % de ellas avisó o denunció lo sucedido a la Policía, la Guardia Civil o en el Juzgado, el 10,5 % a sus centros de estudios y el 20 % lo reportó en las plataformas.
El estudio también concluye que existe una conciencia clara y generalizada de que las mujeres, por el hecho de serlo, se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad.
Publicamos el programa de la conferencia internacional antifascista y antiimperialista que se celebrará en Porto Alegre – Brasil. La Conferencia estará precedida por un foro de parlamentarios y autoridades locales que tendrá lugar en el salón de la asamblea legislativa del Estado de Rio Grande do Sul el jueves 26 de marzo de 14:00 a 17:30. En él participarán parlamentarios y otros representantes electos de diferentes países de Europa y de las Américas. El programa de la conferencia propiamente dicha comenzará a las 18:00 del jueves 26 de marzo de 2026 con una marcha de apertura por las calles de Porto Alegre, ciudad donde hace 25 años se realizó el primer Foro Social Mundial.
Posteriormente, desde la mañana del viernes 27 de marzo hasta el domingo 29 de marzo a las 18:00, se llevarán a cabo sucesivamente 10 grandes conferencias y decenas de actividades autogestionadas. Las actividades se realizarán principalmente en el campus de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS) situado en la ciudad de Porto Alegre. A continuación, el programa de las grandes conferencias y el horario detallado.
• 14:00 – Apertura del Foro de las autoridades antifascistas • 14:30 – Mesa redonda de parlamentarios: «Papel y límites de la acción institucional en la lucha democrática» • 16:00 – Mesa redonda de gobiernos: «La radicalización de la democracia en los gobiernos populares» • 17:30 – Cierre
• 18:00 – MARCHA DE APERTURA DE LA 1ª Conferencia INTERNACIONAL ANTIFASCISTA POR LA SOBERANÍA DE LOS PUEBLOS*
VIERNES 27 DE MARZO DE 2026
• 09:00 – Apertura (Comité organizador) • 09:30 – 1ª Gran conferencia: La ofensiva de la extrema derecha en el mundo: causas, consecuencias y desafíos • 12:00 a 14:00 – Actividades autogestionadas • 14:30 – 2ª Gran conferencia: La lucha de los trabajadores contra el neoliberalismo y el fascismo • 17:00 – 3ª Gran conferencia: Brasil bajo la amenaza de la extrema derecha y del imperialismo • 19:00 – 4ª Gran conferencia: La solidaridad entre los pueblos y la lucha antiimperialista
SÁBADO 28 DE MARZO DE 2026
• 08:30 a 10:30 – Actividades autogestionadas • 11:00 a 13:00 – Actividades autogestionadas • 14:00 – Apertura de la jornada (Comité organizador) • 14:30 – 5ª Gran conferencia: La resistencia palestina al genocidio y a la opresión del Estado de Israel • 16:30 – 6ª Gran conferencia: La lucha contra el fascismo en las Américas • 19:00 – 7ª Gran conferencia: La lucha contra el negacionismo climático y por la reforma agraria en el contexto de la crisis ambiental
DOMINGO 29 DE MARZO DE 2026
• 09:00 – Apertura de la jornada (Comité organizador) • 09:30 – 8ª Gran conferencia: Antirracismo, feminismo y derechos civiles en la lucha contra el fascismo • 11:30 – 9ª Gran conferencia: Educación, ciencia y tecnología para la soberanía de los pueblos • 14:30 – 10ª Gran conferencia: Resistencias, articulaciones y alternativas democráticas • 16:30 – Asamblea general y aprobación de la Carta de Porto Alegre • 18:00 – Cierre
OtrasVocesenEducacion.org existe gracias al esfuerzo voluntario e independiente de un pequeño grupo de docentes que decidimos soñar con un espacio abierto de intercambio y debate.
¡Ayúdanos a mantener abiertas las puertas de esta aula!