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La ONU reconoció la trata de esclavos africanos como «el crimen de lesa humanidad más grave»

El pleno internacional aprobó una histórica resolución impulsada por Ghana que subraya las consecuencias sociales y económicas, la violencia estructural y el desarraigo cultural derivados del tráfico forzado y la explotación sistemática que marcó siglos de historia africana y afrodescendiente

El texto aprobado por la Asamblea General de la ONU incluyó una solicitud explícita para la devolución inmediata, sin restricciones y sin costo, de bienes culturales, piezas de arte y documentos históricos que tengan valor para los países de origen africanos. Esta medida responde a una demanda sostenida de naciones africanas y afrodescendientes que buscan el retorno de objetos significativos que fueron extraídos durante siglos de dominación, y surge en el contexto de la conmemoración del Día Internacional en Recuerdo de las Víctimas de la Esclavitud y la Trata Transatlántica de Esclavos.

Tal como precisó Europa Press, la resolución fue promovida por Ghana y aprobada con 123 votos a favor, 52 abstenciones y tres votos en contra. El texto reconoce la trata y esclavitud de personas africanas como “el crimen de lesa humanidad más grave”, subrayando dimensiones como la magnitud, la duración, el carácter sistémico y las profundas consecuencias de estos crímenes a lo largo de los siglos. El documento ratifica la persistencia de la discriminación, el trauma y la explotación económica que continúan afectando a africanos y afrodescendientes en distintos continentes.

La resolución hace hincapié en que los efectos de la esclavitud y la trata transatlántica persisten actualmente en formas estructurales de racismo, desigualdades raciales, situaciones de subdesarrollo, exclusión y disparidades socioeconómicas. Esto implica que, pese al paso del tiempo, millones de personas siguen afrontando las ramificaciones históricas de los regímenes esclavistas y coloniales. El texto también destaca la falta de un marco de reparación integral para las personas africanas esclavizadas y sus descendientes, a pesar de existir antecedentes en los que se concedieron reparaciones a otros grupos afectados por violaciones graves de derechos humanos.

La resolución aprobada también refleja el análisis de los regímenes legales que institucionalizaron la esclavitud. Entre los ejemplos históricos citados, se menciona el llamado “asiento de negros”, formalizado por la Corona española el 18 de agosto de 1518. Este instrumento convertía a las personas africanas en una mercancía sujeta a fiscalización y se integraba en un sistema de monopolio comercial organizado por el Estado. Adicionalmente, la resolución refiere al concepto “pieza de indias” portugués, un mecanismo legal que cuantificaba a mujeres, niños y ancianos africanos como fracciones de un esclavo varón adulto, fijando así parámetros para la acumulación y el tráfico de seres humanos.

También figura en el texto la Carta de la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales, fechada el 3 de junio de 1621. Esta legislación aplicaba principios del derecho romano-neerlandés para clasificar a los africanos como “res mobiles”, es decir, bienes muebles comercializables. Estas referencias subrayan cómo diferentes sistemas coloniales crearon estructuras legales que permitieron, durante siglos, la explotación sistemática de comunidades africanas y afrodescendientes.

El documento ratifica igualmente el “reconocimiento colectivo de las repercusiones profundas y duraderas de los abominables regímenes de la esclavitud y el colonialismo”, así como la persistencia del neocolonialismo, en la vida de africanos y sus descendientes. La resolución señala que esa herencia histórica se ha traducido en sufrimiento, alteración cultural, trauma emocional y discriminación permanente, efectos constatados a lo largo de la historia y en el presente.

El gobierno de Ghana afirmó, a través de sus redes sociales, que la propuesta busca “hacer avanzar el diálogo global más allá del reconocimiento simbólico hacia la responsabilidad jurídica”. El presidente John Dramani Mahama figura como principal impulsor de la iniciativa. Ghana remarca la importancia de avanzar hacia una responsabilidad legal internacional, que implique acciones concretas más allá de las declaraciones de condena y la memoria simbólica.

En cuanto a los apoyos y rechazos, los tres votos en contra provinieron de Israel, Estados Unidos y Argentina. Por otra parte, algunos países europeos, incluidos España, Portugal, Reino Unido, Países Bajos y Alemania, optaron por la abstención durante la votación. Estas posturas reflejan la diversidad de posiciones sobre el modo de abordar las consecuencias históricas de la trata y la esclavitud, así como las implicancias legales y políticas de avanzar hacia demandas de restitución y reparación.

La resolución subraya que a pesar de que en otros contextos históricos se han dispuesto indemnizaciones y reparaciones para víctimas de violaciones graves a los derechos humanos, no existe aún un marco comparable para quienes sufrieron la trata de africanos esclavizados. Esta distinción resulta central, ya que apunta a una deuda pendiente en la agenda internacional de derechos humanos y justicia histórica.

Por otra parte, el documento recoge la necesidad de devolver objetos y archivos culturales, incluidas piezas de museo, monumentos y manuscritos, que poseen no solo valor artístico e histórico, sino también espiritual y social para los países africanos de donde fueron extraídos. Esta petición apunta al reconocimiento del saqueo cultural asociado a la esclavitud y el colonialismo y apoya las demandas contemporáneas de restitución que han cobrado fuerza en distintos foros internacionales.

El texto aprobado considera la codificación progresiva de la esclavitud racializada de los africanos como un fenómeno global. Se reconoce cómo diferentes imperios y potencias coloniales legitimaron y regularon el tráfico de personas, reflejando la dimensión internacional y sistémica de estos crímenes. Además, se establece la relación directa entre esos sistemas históricos y las persistentes desigualdades que enfrentan actualmente las personas de ascendencia africana.

La resolución pone de manifiesto la continuidad de prácticas discriminatorias, atribuibles tanto a los legados coloniales como a políticas actuales que perpetúan la marginación y el subdesarrollo. Se establece así un vínculo entre pasado y presente, reafirmando la necesidad de medidas tanto simbólicas como jurídicas para abordar los agravios históricos y sus efectos actuales.

El texto final, auspiciado por Ghana, enfatiza que la magnitud de la trata y la esclavitud de africanos, así como sus consecuencias estructurales, exige respuestas integrales a nivel internacional, acompañadas de mecanismos de restitución y reparación que aún no se han implementado. La resolución invita a los Estados miembros de Naciones Unidas a reconocer la especificidad y gravedad de estos crímenes, y a considerar medidas concretas que contribuyan a la justicia histórica y la superación de los efectos del racismo y la discriminación.

Fuente: https://www.infobae.com/politica/2026/03/25/la-onu-reconocio-la-trata-de-esclavos-africanos-como-el-crimen-de-lesa-humanidad-mas-grave/

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Cómo superé la prohibición del Talibán a la educación de las mujeres en Afganistán

Asma escribió este artículo en 2025. Se publicó con su consentimiento dentro de la cobertura especial que cuenta las historias de muchachas y niñas de Afganistán tras la toma del poder del Talibán en agosto de 2021.

El destino de niñas y mujeres afganas bajo el régimen talibán refleja de cerca la distopía retratada en el libro «El cuento de la criada» de Margaret Atwood. Al igual que en la novela, un régimen religioso y extremista le ha quitado a las mujeres todos sus derechos sociales, económicos y humanos.

En los últimos tres años y medio, el Talibán nos ha hecho lo mismo, nos ha privado de nuestros derechos más básicos. ¿Por qué? ¿Cuál es nuestro delito? ¿Haber nacido mujeres?

Sí, nacimos como mujeres, pero no somos delincuentes.

Recuerdo que estaba en undécimo grado, me preparaba lentamente para los exámenes, cuando escuchamos la noticia: Ashraf Ghani, nuestro presidente fugitivo, había huidoy el Talibán había tomado la capital.

Para una adolescente como yo, llena de sueños y esperanza sobre mi educación y futuro, esa noticia fue una pesadilla, una que no ha terminado, ni siquiera después de todo este tiempo. Es una pesadilla que vivo durante el día y la noche, y que ahora se convirtió en parte de mi vida y la de millones de muchachas afganas.

Al principio, el Talibán nos permitió rendir exámenes y nos aferramos a la pequeña esperanza de que las escuelas y universidades se mantuvieran abiertas para las mujeres. Sin embargo, esa esperanza rápidamente se convirtió en desesperanza. Las puertas al conocimiento y a las oportunidades se cerraron con fuerza y no se han vuelto a abrir.

Iba a la entrada de la escuela solo para echar un vistazo a mis compañeros, mis profesores, mi sala de clases e incluso a mi viejo pupitre, pero no me permitían entrar. Miraba desde lejos con nostalgia y luego caminaba a casa con un nudo en la garganta.

Durante este tiempo, me preguntaba constantemente, preguntaba a mi familia y a mis amigos: ¿Cuál fue nuestro delito? ¿Por qué se pueden denegar tan fácilmente los derechos básicos y naturales de una mujer? ¿Por qué, como adolescentes, debemos lamentar la pérdida de nuestros derechos en vez de vivir libremente?

A menudo me comparaba con muchachas de otros países. Qué afortunadas eran de poder ir a la escuela, a la universidad, de caminar con libertad y de visitar bibliotecas, mientras que a mí y a millones más se nos niegan estos derechos simples y fundamentales.

Con el tiempo, la sombra de la desesperanza se hacía más pesada. Cada mujer que conocía hacía las mismas desgarradoras preguntas y ninguna tenía respuestas.

Porque la ignorancia, por su naturaleza, no ofrece lógica.

Como adolescente, fue difícil salir de ese oscuro lugar, pero con el apoyo de mi familia encontré un manera. Me uní a un centro de inglés secreto en Herāt, ciudad en el este del país, pero la realidad era que nuestras valientes profesoras secretamente enseñaban inglés a las chicas.

Luego de un año de arduo trabajo, logré un excelente nivel de inglés. Por sugerencia de la directora del centro, incluso llegué a convertirme en profesora y enseñar inglés a chicas de mi edad y menores. Obtener conocimiento es satisfactorio, pero compartirlo es aún más gratificante.

Además de enseñar, también dedicaba el tiempo en casa para leer más.

Me sumergí en literatura oriental y occidental, con obras como «El sexo inútil» de Oriana Fallaci, «El cuento de la criada» nuevamente, «Amiga, lávate esa cara» de Rachel Hollis, libros de psicología para reavivar la esperanza, escritos espirituales como «Masnavi» de Rumi y libros de historia, como «Breve historia del mundo» de Ernest Gombrich.

Quería entender: ¿hubo otras naciones en la historia que compartieran nuestro destino? ¿O solo estamos repitiendo el pasado a ciegas?

Estos libros me abrieron los ojos y ampliaron mi perspectiva sobre la vida. Aunque el anhelo por una educación formal nunca desapareció, continué buscando alternativas.

Al final, encontré una universidad en línea en Estados Unidos, la Universidad del Pueblo, donde podía estudiar para obtener una licenciatura si cumplía los requisitos. Postulé al programa de Administración de Empresas y, luego de unos meses, recibí mi carta de aceptación.

Empezaré mis estudios en abril y no podría estar más emocionada. Aún así, no puedo evitar sentir una profunda tristeza al pensar que a muchas otras chicas aún se les niega una educación. Deseo que también puedan tener la oportunidad de estudiar, si no es en persona, al menos que sea en línea.

Soy afortunada, porque mi familia siempre me ha apoyado e incentivado.

Mis padres siempre nos han dicho a mis hermanas y a mí: «Estudien primero, sean independientes y luego planeen el resto de sus vidas».

Sin su apoyo, podría haber terminado como miles de otras chicas: callada, olvidada, sentada sin esperanzas en una esquina de la casa. Sin embargo, con su ayuda, logré un alto nivel de inglés, me aceptaron en una universidad estadounidense y, si Dios quiere, algún día completaré una maestría e incluso un doctorado.

Sueño con que un día todas las familias reconocerán la importancia de apoyar y empoderar a sus hijas.

Ahora, cuando miro hacia atrás y veo quién era hace tres años y medio, me doy cuenta de que no soy la misma persona. He madurado más allá de mi edad, he adquirido conocimiento y me he vuelto más fuerte.

Estoy lista para construir un futuro brillante y seguiré avanzando, más fuerte que nunca, hacia mis metas y sueños.

Cómo superé la prohibición del Talibán a la educación de las mujeres en Afganistán

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A 50 años del Golpe, de la “subversión” al “terrorismo”: ¿Qué guerra se libra hoy en Argentina?

Por Emilia Trabucco

A cincuenta años del 24 de marzo de 1976, la historia argentina vuelve a plantear una pregunta estratégica: cómo se reorganiza, en una nueva fase, un programa de aniquilamiento contra las fuerzas sociales y políticas que disputan soberanía, derechos y poder popular. El último golpe cívico-militar fue la forma concreta que asumió, en la Argentina y en toda la región, una contraofensiva del gran capital articulada con la Doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

El Plan Cóndor condensó esa arquitectura: coordinación represiva, inteligencia, secuestros, torturas, asesinatos, persecución transfronteriza y reestructuración económica al servicio del capital financiero internacional. En la lectura recuperada a partir de los aportes del CICSO, la “tesis de la subversión” otorgó legalidad institucional a una guerra de exterminio preventiva, dirigida contra un pueblo trabajador que había alcanzado altos niveles de organización y lucha.

En esa misma línea, las lecturas sobre la etapa permiten precisar que la ofensiva de 1976 constituye la respuesta de la oligarquía financiera a las luchas de masas abiertas a partir de 1969, en un proceso de reacomodamiento estructural del capital que reorganiza sus formas políticas en torno a la construcción de un partido del orden, capaz de garantizar la estabilización de su dominación a escala nacional y regional (Feito, 2026).

Ese núcleo no quedó sepultado en 1983. Se reactualiza hoy bajo otras formas, con otras mediaciones y un nuevo lenguaje. El régimen de Javier Milei viene desplegando una estrategia sostenida de reconfiguración doctrinaria, jurídica y represiva del Estado argentino, subordinada a un plan regional e internacional, hoy conducida por la aristocracia financiera y tecnológica, personificación emergente de la nueva fase del capital en curso (Aguilera, 2023).

La figura del enemigo interno ya no se nombra prioritariamente como “subversivo”; se la nombra como “terrorista”, “narcoterrorista”, “infiltrado”, “violento”, “amenaza híbrida”. El desplazamiento semántico no modifica la función: aislar, perseguir, judicializar y aniquilar proyectos, organizaciones y referencias del campo popular, mientras se descargan sobre las mayorías las consecuencias de un programa de saqueo, endeudamiento y disciplinamiento social. Esa doctrina de las “nuevas amenazas” borra los límites entre defensa nacional y seguridad interior y reorganiza la intervención estatal sobre la propia población.

La guerra desplegada por el régimen sionista de Israel ocupa un lugar central en este proceso. El genocidio en curso contra el pueblo palestino, los ataques a Irán, el bloqueo sobre Cuba y el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores en enero de 2026 configuran un escenario de guerra total que ordena las alianzas internacionales y redefine las doctrinas de seguridad. En ese marco, la categoría de “terrorismo” funciona como organizador político global y como criterio de intervención sobre pueblos y gobiernos.

La Argentina se integra activamente a ese esquema. El Memorándum firmado por Milei con Netanyahu el 12 de junio de 2025, en materia de inteligencia, ciberseguridad y lucha contra el terrorismo, articula la política interna con la estrategia del régimen sionista y de Estados Unidos. La definición pública de Milei como “el presidente más sionista del mundo”, junto con la caracterización de Irán como enemigo, -acusando públicamente a su gobierno, sin pruebas, de los atentados a la AMIA y la Embajada de Israel en los 90-, expresa un alineamiento doctrinario que ordena decisiones concretas en materia de seguridad, defensa e inteligencia.

El punto de inflexión interno fue el DNU 941/2025, firmado el 31 de diciembre de 2025 y publicado el 2 de enero de 2026. Con el Congreso en receso, el Ejecutivo modificó la Ley de Inteligencia Nacional, redefinió la estructura del sistema, amplió las funciones de la contrainteligencia sobre “espionaje, sabotaje, injerencia, interferencia e influencia”, reforzó la ciberinteligencia y profundizó la articulación entre agencias civiles y militares. La vigilancia se expande sobre la vida política y social en el mismo momento en que, tres días después, el 3 de enero de 2026, fuerzas estadounidenses secuestraron en Caracas a Nicolás Maduro y Cilia Flores para trasladarlos a Nueva York. La simultaneidad expresa una misma secuencia de guerra, inteligencia y disciplinamiento a escala regional.

En ese mismo movimiento se inscribe la reconfiguración del aparato de inteligencia, con la restitución de una estructura de la SIDE que retoma lógicas, cuadros y métodos de los períodos más oscuros de la historia argentina. La ampliación de fondos reservados y discrecionales, sin control democrático efectivo, habilita el despliegue de tareas de espionaje interno, infiltración y persecución sobre organizaciones sociales, sindicales y políticas. La inteligencia deja de operar como sistema de análisis para consolidarse como dispositivo activo de intervención sobre el conflicto social, en articulación directa con fuerzas de seguridad, milicias digitales y operadores judiciales. Esta reconfiguración se integra a un esquema de cooperación subordinada con agencias como la CIA y el Mossad, que orientan doctrinaria y operativamente la definición de amenazas, los objetivos de vigilancia y los blancos a neutralizar.

La continuidad del plan de gobierno en Argentina puede leerse con nitidez en los hechos de 2025. La visita del jefe del Comando Sur el 7 de mayo; la llegada de la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos el 28 de julio; la SOUTHDEC de agosto; la Resolución Conjunta 68/2025 que institucionalizó la coordinación entre Fuerzas Armadas y fuerzas de seguridad; el Operativo Roca, el Plan Güemes y el Plan Guacurarí; la reforma por decreto de la Policía Federal y de las fuerzas federales; el protocolo de agentes encubiertos digitales del 16 de julio. Se configura una arquitectura de militarización, vigilancia y control territorial bajo categorías como terrorismo, crimen transnacional y ciberseguridad, directamente vinculadas a la agenda de Estados Unidos en la región.

Ese aparato doctrinario se traduce directamente en la construcción del enemigo interno. El sindicalismo que enfrenta la reforma laboral, el movimiento transfeminista, las organizaciones sociales, el kirchnerismo, la izquierda, el comunismo, el socialismo, las comunidades indígenas, las y los estudiantes organizados y los periodistas críticos son incorporados a un mismo campo de sospecha. La etiqueta “terrorista” funciona como mecanismo de homogeneización y habilita la intervención estatal.

En la calle, esa doctrina se volvió método. La represión a la movilización de jubilados del 12 de marzo de 2025 dejó centenares de heridos -entre ellos al fotoperiodista Pablo Grillo, al borde de la muerte- y detenciones arbitrarias. En febrero de 2026, la protesta contra la reforma laboral fue reprimida y judicializada con denuncias por terrorismo y atentado al orden constitucional. La persecución se extiende: docentes citados por contenidos, estudiantes fotografiados, militantes investigados por redes sociales, periodistas hostigados en espacios públicos, personas perseguidas por expresiones en redes. La inteligencia, las fuerzas de seguridad y las milicias digitales operan de manera articulada.

La causa palestina condensa esta operación. Denunciar el genocidio es traducido como antisemitismo o terrorismo. La DAIA interviene en la producción de listas negras de periodistas, docentes y militantes, utilizadas para hostigamiento y disciplinamiento con aval estatal. La solidaridad internacionalista queda incorporada al campo de las amenazas.

En este escenario, adquiere centralidad la conducta de las fuerzas llamadas progresistas en la región. Amplios sectores transitan una estrategia de adaptación que busca evitar la estigmatización como “comunistas” o “terroristas”. Se despliega una política de moderación que combina silencios frente al bloqueo a Cuba, ambigüedad ante el secuestro de Maduro y Cilia, pronunciamientos formales frente al genocidio en Palestina y los ataques a Irán. Esa performance de solidaridad vacía delimita un campo de acción restringido, en el que la “ancha avenida del medio” aparece como refugio político.

Ese posicionamiento configura una encerrona. Al aceptar las reglas impuestas por el gran capital y la estrategia imperial, se debilitan las condiciones para disputar el orden. La expectativa de no ser alcanzados por el disciplinamiento una vez neutralizados los “malos ejemplos” desconoce la lógica de la dominación en la región. La ofensiva avanza sobre todo el campo popular.

A cincuenta años del golpe, la continuidad del programa se expresa en la articulación entre guerra global, inteligencia, militarización y construcción del enemigo interno. El terrorismo ocupa hoy el lugar que ocupó la subversión en 1976: organizar la intervención estatal, legitimar la persecución y disciplinar a la sociedad. La consolidación de un partido del orden en la región aparece como el intento más avanzado de las fracciones dominantes para estabilizar un nuevo momento de subordinación. Allí se define, nuevamente, la disputa estratégica.

A 50 años del Golpe, de la “subversión” al “terrorismo”: ¿Qué guerra se libra hoy en Argentina? – Por Emilia Trabucco

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Entrevista a César Rendueles, filósofo, sociólogo y escritor «El robot más barato es un trabajador precario»

Con su nuevo libro, ‘Redes vacías’ (Anagrama), el autor catalán revela el sustrato ideológico que se esconde tras la manifestación de las diversas tecnologías que hoy en día monopolizan nuestra vida cotidiana, mostrando sus vínculos directos con toda una dialéctica capitalista.

El –actualmente denostado– papel de los intelectuales históricamente ha sido el de traducir y desvestir las múltiples encarnaciones del poder. Una labor que César Rendueles (Girona, 1975), miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), lleva desplegando desde los lejanos tiempos del proyecto Ladinamo y actualmente a través de sus ensayos. El último de ellos, dando continuidad a una lista de títulos entre los que se encuentran ‘Sociofobia’ o ‘Capitalismo canalla’, atraviesa el sentido político con que se expresan los mecanismos digitales. Con su habitual erudición y sapiencia popular, estas páginas descifran clarividentes la relación entre el contexto social y los elementos tecnológicos.

Redes vacías - César Rendueles - 978-84-339-4899-1 - Editorial Anagrama

En varias de sus obras anteriores ya había reflexionado de manera crítica sobre la tecnología, ¿‘Redes vacías’ surge como un intento por centralizar ese pensamiento o consecuencia de la perversión que en los últimos años ha sufrido este ámbito?

Yo intenté intervenir en el campo de la crítica tecnológica en un momento en el que dominaba un cierto ciberutopismo, es decir, se le atribuía a la tecnología una gran capacidad para resolver todo tipo de problemas económicos, sociales, culturales o ecológicos. Algunos años después, en realidad no tantos en términos históricos, estamos en una situación inversa, vemos el ámbito digital como una especie de pozo infernal en el que aparecen todo tipo de armas que van contra la democracia. En ese sentido, el libro responde a una intención por desfetichizar esas tecnologías.

Una analogía muy potente que utiliza para describir esa pérdida de la utopía es cómo ese futuro que imaginábamos entre coches voladores en realidad nos ha presentado trabajadores precarios en patinetes eléctricos.

Lo que intentaba transmitir con ello es que somos muy miopes a la hora de imaginar qué tecnologías van a ser útiles y la manera en que se van a integrar en nuestra vida cotidiana. Es una lección que deberíamos tener ya aprendida, y mirar con cierta distancia no ya qué dispositivos nos presenta la industria como innovadores, y que muchas veces no lo son, sino cuáles son las condiciones en las que se van a integrar en nuestras relaciones sociales, algo de lo que somos incapaces de predecir cómo va a ocurrir.

Señala que internet, por su propia naturaleza, es más apta para la estrategia neoliberal que para la izquierda.¿Estamos, por lo tanto, ante la historia de un desencanto anunciado?

El internet que conocemos hoy en día es en buena medida el producto del triunfo de la globalización neoliberal. Durante mucho tiempo fue su cara amable, allí donde el mercado anunciaba disciplina, terapia de shock o privatización, internet presentaba una interpretación más afable. Nos prometía poder contactar con cualquier persona del mundo, generar democracia allí donde no la había. Con la descomposición de ese sistema nos hemos encontrado su versión más aterradora concentrada en la tecnología. Todo eso, sin embargo, es consecuencia de decisiones que se han ido tomando y que podrían haber sido diferentes, no estaba escrito en ninguna parte que se permitiera a enormes empresas unos niveles de concentración y monopolio que seguramente nunca han existido ni siquiera en la historia del capitalismo.

Un paisaje hecho de elementos novedosos, como los algoritmos, Amazon o la Inteligencia Artificial, pero que sin embargo siguen sustentándose en la tradicional mano de obra humana y esclavista.

Lo que ocurre muchas veces es que el robot más barato es un trabajador precario mal pagado. Y aunque es muy complicado saber cuáles son las tecnologías que más van a influir en nuestro sistema productivo, lo que podemos afirmar ya acerca de la inteligencia artificial, y en realidad de cualquier proceso de mecanización, es que inducen a una gran precarización. El mensaje que transmiten a los trabajadores es uno de pánico, si no aceptas esas pésimas condiciones laborales que te ofrezco va a venir una máquina que te sustituirá, sea verdad o no. Y eso se ha repetido a lo largo de la historia. Las máquinas inducen a una dinámica de descualificación de la fuerza de trabajo.

También ha existido una inacción de la esfera pública a la hora de controlar esa expansión de las tecnologías…

Todo ese tipo de políticas e iniciativas que construyeron un espacio público se decidió que no se iban a aplicar al espacio digital, y es más, se crearon unas condiciones perfectas para que sus propietarios no asumieran ninguna responsabilidad sobre los contenidos que difundían. Yo creo que es muy importante dejar de ver la tecnología como si fuera una variable independiente y entenderla como un elemento integrado en su época y en su contexto político. Y dado que esas políticas neoliberales se encuentran en un momento de degradación, eso significa que también sus modelos tecnológicos están entrando en crisis, al menos de legitimidad. Cada vez menos gente ve con ilusión y como un horizonte deseable Internet y las tecnologías digitales que tenemos.

Una frustración que compara en el libro con la de ese borracho que no quiere abandonar el bar…

Creo que las redes sociales generan un tipo de dinámica de agresividad, de enfrentamiento, que tiene que ver sobre todo con la ausencia de normas para el debate, que son al final las que articulan la deliberación en cualquier tipo de organización, institución o foro público. Además en ese sentido ha habido una especie de aceleración brutal por parte de las empresas que obtienen beneficio de estos dispositivos, porque sabemos que genera mucha más monetarización esa violencia que el sentido del humor o la reflexión pausada. El odio son las anfetaminas de las redes sociales.

Señala la pandemia como un momento clave donde se reveló la ineficacia del mundo digital para evitar, más bien al contrario, las relaciones tóxicas sociales.

Creo que la pandemia dejó un trauma muy profundo en nuestras sociedades y que todavía nos cuesta asimilar y hacernos cargo de hasta dónde llegó. En el caso de las tecnologías digitales es muy claro, todo aquello que muchos teóricos del cambio digital decían que iba a pasar, que iban a sustituir a los cara a cara, sucedió en un par de semanas y fue horrible, descubrimos un espacio social bastante siniestro que para nada se parecía a ese sitio prometedor del que nos habían hablado. Creo que en ese momento se sentaron las bases de cómo entendemos hoy las tecnologías digitales colectivamente: un tsunami frente al que no hay nada que hacer, solo podemos resignarnos a lo que a un megalómano drogadicto se le ocurra hacer en Twitter.

Y en ese nuevo contexto la extrema derecha surge para sembrar las redes sociales de odio y mentiras.

Lo único que defiende la extrema derecha contemporánea es el puro nihilismo, y para eso el internet hegemónico es un espacio muy cómodo, porque es muy fácil incendiar las redes, sembrar la semilla del odio y la destrucción, y luego decir que el mundo es así, que es un lugar de lucha darwiniana donde estamos todos enfrentados y es inútil intentar cooperar. Presentan su propio proyecto, liderado por figuras políticas fuertes y vertebrado por una lucha entre perdedores, como una especie de salvación frente a ese mundo oscuro y hostil.

Su libro concluye con la idea de que la realidad que vivimos no ha sido alterada por los mecanismos digitales, sino al revés, y como tal, el cambio social será también la única forma de alterar esas relaciones en el ciberespacio.

Exactamente, deberíamos cambiar el foco en todos los aspectos de la vida social y por extensión la forma en la que la tecnología se inserta en esas relaciones. Por ejemplo, lo que hace que la Inteligencia Artificial no sea un espacio para el tiempo libre, sino una amenaza para los trabajadores, son las leyes que regulan a las empresas que lo manejan. En definitiva, depende de nosotros que la tecnología sea una cosa u otra.

Fuente: https://www.naiz.eus/es/info/noticia/20260320/el-robot-mas-barato-es-un-trabajador-precario

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España: Estudiantes paran el 15 de abril contra Abanca y su universidad: «La pública se hunde mientras crece la privada»

La organización Erguer. Estudantes da Galiza convoca una huelga en todos los niveles educativos para denunciar lo que considera un desmantelamiento sistemático de la escuela y la universidad públicas en Galicia, en un contexto de expansión de la oferta privada.

El próximo miércoles 15 de abril, los centros educativos de toda Galicia se enfrentarán a una jornada de huelga estudiantil convocada por Erguer. Estudantes da Galiza. La movilización abarca todos los niveles de enseñanza y prevé concentraciones en las siete ciudades gallegas: Santiago de Compostela, A Coruña, Vigo, Pontevedra, Ferrol, Lugo y Ourense. El motivo central es la denuncia de lo que la organización define como una privatización planificada y acelerada del sistema educativo gallego, que respondería a intereses económicos y políticos en detrimento de las clases populares.

La convocatoria no surge de la nada. Erguer lleva desde el inicio de este curso impulsando una campaña bajo el lema Prívannos dun futuro, con la que ha recorrido institutos, centros de FP y campus universitarios. En noviembre, Lucas Pardo, portavoz nacional de la organización, alertaba de que la ofensiva privatizadora del Gobierno de la Xunta se había vuelto especialmente agresiva en los últimos tiempos y afectaba de manera diferencial a los estudiantes de las clases populares y a colectivos más vulnerables, como los que tienen necesidades específicas de aprendizaje.

La Consellería de Educación, dirigida por Román Rodríguez, no se ha pronunciado específicamente sobre la huelga del 15 de abril. El conselleiro sí presentó la semana pasada ante el Parlamento gallego los presupuestos para el próximo ejercicio, que ascienden a 3.090 millones de euros —apenas un 1,5% más que en 2025— e incluyen la convocatoria de unas 1.500 plazas docentes. Fuentes del departamento señalaron que el incremento en la partida de personal ha superado los 160 millones desde el acuerdo firmado con los sindicatos CCOO, ANPE y UGT. Sin embargo, las tres centrales han llevado a los tribunales ese mismo pacto por supuestos incumplimientos.

CONTRA LA PRIVADA

La cuestión universitaria es quizás la que más tensión ha acumulado en los últimos meses. Galicia cuenta con tres universidades públicas —USC, UDC y UVigo— que según sus propias rectoras no alcanzan el 1% de inversión sobre el PIB que exige la Ley de Universidades. A ese contexto de infrafinanciación se suma la expansión de la Universidad Intercontinental de la Empresa (UIE), promovida por ABANCA y autorizada por la Xunta en 2022 como primera institución universitaria privada de la comunidad. En diciembre de 2024, el Gobierno gallego le dio luz verde para ofrecer el grado en Derecho —una titulación ya presente en las tres universidades públicas—, una decisión que fue criticada por el BNG, por sindicatos como CIG y CSIF, y por los propios claustros públicos, al entender que podría vulnerar la normativa que prohíbe duplicidades en la oferta académica.

A eso se añade la pretensión de CESUGA de inaugurar el curso 2026-27 con la denominada Universidad Emilia Pardo Bazán en A Coruña, que sería la segunda universidad privada de Galicia. El proyecto, respaldado por empresarios como Ignacio Rivera (Hijos de Rivera) y Constantino Fernández (Altia), recibió un informe desfavorable del Ministerio de Ciencia hace más de un año. La Xunta, a quien corresponde decidir, no ha tomado postura. El rector de la UDC, Ricardo Cao, rechazó la autorización de centros privados que cuentan con informes negativos, mientras que el BNG ha pedido formalmente al Gobierno gallego que bloquee el proyecto.

El propio sindicato CIG-Ensino ha señalado que la plantilla docente en la enseñanza no universitaria lleva cuatro años congelada en 30.424 profesores, con un 33% de las plazas desiertas en las últimas oposiciones. La organización denuncia que Galicia tiene el peor horario lectivo en secundaria, FP y régimen especial de toda España.

EL CASO DE LA FP

En la Formación Profesional, Erguer apunta al reciente Decreto Gallego de FP como la muestra más evidente del modelo privatizador. El texto, aprobado sin consenso con el profesorado según los convocantes, introduce la figura de los docentes asociados procedentes de empresas y potencia los ciclos acelerados orientados a la demanda del mercado laboral. El sindicato CIG-Ensino ha denunciado que la apuesta de la Xunta por la FP Dual ha disparado a 500 horas las prácticas externas, lo que equivale a casi un mes menos de clase sin revisión de contenidos. Mientras tanto, centros como el CIFP Manuel Antonio de Vigo —uno de los mayores del país— arrastran un déficit estructural que les impide acometer obras básicas.

En la enseñanza media, la situación no es muy distinta. Las ratios en las aulas siguen siendo las mismas que antes de 2009, sin que se haya producido un incremento real en las contrataciones de profesorado. Erguer subraya que en el último año han cerrado siete centros públicos, mientras la red concertada y privada no deja de crecer.

Más allá de las aulas, la organización denuncia que la crisis de vivienda dificulta el acceso a los estudios superiores. El cierre del Colegio Mayor San Clemente en la USC ha supuesto una pérdida de plazas residenciales públicas en Santiago mientras los alquileres siguen subiendo. La situación es similar en Vigo y A Coruña. A eso se une un transporte interurbano —con Monbús como operador hegemónico en carretera— que los estudiantes consideran deficiente y excluyente para quienes viven en el rural.

Las demandas de Erguer incluyen una Ley Gallega de Educación elaborada con la comunidad educativa, la paralización de la expansión universitaria privada, la recuperación de los horarios lectivos previos a 2011, la bajada de ratios, la ampliación de residencias públicas y la supresión de tasas universitarias.

 

https://www.galiciapress.es/articulo/movimientos/2026-03-24/5820209-estudiantes-paran-15-abril-contra-abanca-universidad-publica-hunde-mientras-crece-privada

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La violencia y el crimen organizado como acumulación de capital por despojo

La violencia consustancial al crimen organizado no es como en las películas que retratan el comportamiento de mafiosos que se enfrentan entre ellos o con las autoridades policiales.

Esa violencia criminal, que a su vez es un engranaje del capitalismo, tiene como finalidad el expolio de territorios y la expansión de mercados ilegales y legales, sobre la base de prácticas y mecanismos de despojo premeditado y controlado, donde lo mismo concurren organizaciones criminales, bases sociales de éstas, empresas formales y agentes del aparato de Estado. Se trata de un sofisticado sistema que combina la explotación laboral ilegal, el secuestro de jóvenes para ingresarlos en las empresas criminales como mano de obra impaga, la exploración y saqueo de territorios depositarios de recursos naturales, el desplazamiento forzado de comunidades enteras para ejecutar a sus anchas el punto anterior, entre otras prácticas desestructurantes de la vida social.

La violencia criminal –y el crimen organizado en general– no es natural ni ahistórica; tampoco es una anomalía exógena al capitalismo. Es parte de sus mecanismos de valorización y acumulación del capital. Es parte del engranaje propio del ciclo económico. Cruzan sus empresas criminales todos los momentos del proceso económico: desde la producción de mercancías y servicios ilícitos, hasta la circulación y consumo global de las mismas; especialmente de las drogas. Al tiempo que lo ilícito se interrelaciona con mercancías legales que deambulan por los mercados formales. El blanqueo de activos de procedencia ilícita, la reinversión en actividades lícitas y el consumo y el derroche suntuarios completan esa dinámica de gestación de ganancias.

A su vez, el supuesto combate de la violencia criminal es parte de la justificación que esgrimen los Estados para realizar importantes inversiones de gasto público en armamento y en estrategias y logísticas que le dan forma a los procesos de militarización. Con ello, el Estado se erige en un gran consumidor de la industria armamentista que, de igual modo, dinamiza el ciclo económico y lo aleja de sus fases de crisis.

El carácter sistémico de la economía criminal supone en todo momento procesos de acumulación y apropiación por despojo. Desde el cultivo de materias primas para los narcóticos; el trasiego de insumos para la elaboración de drogas sintéticas; la explotación de fuerza de trabajo cuasi-esclavizada en ambas labores; el transporte y comercialización de esos narcóticos; hasta el control de actividades como el tráfico de personas; la extorsión; la explotación de metales preciosos como el oro y la plata; la copia o piratería de ropa, música o video; el cobro de derecho de piso, entre otras. Lo que se observa en este ciclo del capital criminal es una diversificación de actividades ilícitas, que se cierra con el papel activo del sistema bancario y de los mercados financieros que atraen los recursos de procedencia ilícita.

La cadena de valor de la economía criminal supone también la lucha letal entre empresas criminales –cada una respaldada por distintos agentes del aparato de Estado– que se disputan el control de mercados y territorios. Pero esas empresas solo son una fracción del conjunto de esa economía criminal. El sistema de esta economía criminal se completa con amplios segmentos del capital formal sea agropecuario, industrial, comercial o bancario/financiero. En ese sistema ciertos segmentos del aparato de Estado ejercen de manera meta-constitucional la regulación y el reparto del territorio, al tiempo que participan de las ganancias del vasto negocio criminal.

La moralidad instituida por los Estados a través de la ley hace de las drogas una economía ilegal y justo por ello el encarecimiento de sus bienes y servicios desproporciona los precios, y hace de la apropiación y acumulación por despojo una constante en ese encarecimiento. De ahí que el Estado no solo afianza a la economía criminal, sino que la dota de una institucionalidad para que opere como sistema y no se detengan sus ilícitos procesos de acumulación de capital.

Esa cadena de valor de la economía criminal es, en esencia, trasnacional y aprovecha los amplios resquicios que le abren los procesos de globalización. Ni se reduce a su fase de narco-tráfico ni se circunscribe a la escala estrictamente nacional como lo presentan con regularidad los mass media, enfatizando en la personificación del fenómeno a través del capo de las drogas como un individuo marginal del sistema, un campesino venido a más por su audacia para destacar en el mundo criminal. Más aún: la economía criminal se caracteriza por una división internacional del trabajo, regida por un rol subordinado de economías subdesarrolladas como México, Colombia, entre otras, que ocupan el eslabón más frágil de la cadena de valor y desde ellas se aporta la sangre y la muerte, al tiempo que se transfieren excedentes a las redes operativas y logísticas ilícitas del norte del mundo y, particularmente, a los mercados bancarios/financieros de Wall Street y de la City de Londres, e incluso a los paraísos fiscales. En medio de ello, existen nodos territoriales también transnacionales por donde transitan las mercancías ilícitas, y que fungen como plataformas exportadores hacia los centros globales de consumo final.

En el sur del mundo esta división internacional del trabajo criminal consolida fases como el diseño, cultivo de amapola, coca o marihuana, procesamiento y manufactura de sustancias químico/psicotrópicas (fase de producción), el transporte por distintos países, hasta llegar a la fase de intercambio o comercialización y consumo en las ciudades de prácticamente todo el mundo, pero enfáticamente de Europa y los Estados Unidos. En tanto que la distribución de ganancias tiene como epicentro los bancos y mercados financieros, para completar el ciclo del capital criminal la reinversión en el aparato productivo –legal e ilegal– tanto del norte como del sur del mundo a través del blanqueo de dinero y el consumo improductivo. En toda esa dinámica del proceso económico criminal es fundamental la mano de obra calificada y especializada en asuntos jurídicos, contables, financieros e, incluso, en el procesamiento químico para la elaboración de drogas sintéticas (allí participan ingenieros, químicos, farmacólogos, etc.).

La lógica del despojo se extiende a comunidades e individuos que son presas de la violencia criminal y de los escuadrones paramilitares empleados por empresas formales como las mineras y energéticas para abrir senderos de explotación de la naturaleza y de acumulación de capital en aquellos territorios dotados de esos recursos naturales ambicionados por ellas. Esa economía del despojo, que destierra comunidades enteras en países como México, Colombia, Perú, entre otros, apunta a recursos minerales como el oro, la plata, al litio o incluso a los llamados minerales de tierras raras, que son fundamentales para reproducir el eje de acumulación de capital cimentado en las tecnologías de punta de la economía informacional.

La violencia criminal se combina con la alienación de la vida entre esas comunidades e individuos. El despojo se extiende a campesinos que son obligados a cultivar la materia prima de las drogas; de igual manera existe una apropiación ilegal de sus tierras cuando se les excluye  y desplaza de sus territorios a esos campesinos sujetos a regímenes de propiedad comunal o ejidal. A ello contribuye la caída de los precios de los productos básicos y el abandono del campo desde el Estado al no destinar políticas agrícolas que apoyen a esa clase campesina depauperada.

A grandes rasgos, el desafío principal que tienen tanto el periodismo de investigación como las ciencias sociales consiste en trascender las narrativas maniqueas que sitúan el acento en el campo de las drogas y en sus labores de tráfico. Se trata de posicionar la mirada en el conjunto de la economía criminal y de sus circuitos que en la realidad muestran una relación orgánica. Las miradas fragmentarias en poco o nada contribuyen a la comprensión de la complejidad del fenómeno criminal y en el papel constante que desempeña el despojo en la acumulación de capital. Es urgente, en distintos frentes de análisis, trabajar a fondo en esa lógica del comportamiento y dinámica de esa economía criminal y clandestina de la muerte.

Isaac Enríquez Pérez. Académico en la Universidad Autónoma de Zacatecas, escritor y autor del libro “La gran reclusión y los vericuetos sociohistóricos del coronavirus. Miedo, dispositivos de poder, tergiversación semántica y escenarios prospectivo”. Twitter: @isaacepunam

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España: Uno de cada dos docentes sufre agresiones en el aula y el 72% no se siente respetado

Una encuesta a más de 7.500 profesores revela falta de apoyo institucional, sobrecarga laboral y una creciente pérdida de autoridad en la escuela pública.

Más de la mitad de los docentes de la escuela pública en España asegura haber sufrido agresiones en el aula y un 72,2% afirma que no se siente respetado por el alumnado. Así lo refleja una encuesta presentada este lunes por la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF), en la que han participado más de 7.500 profesores de todo el país.

El estudio, incluido en el informe ‘¡Ya está bien! Por la dignificación de la labor docente’, pone de relieve el malestar creciente del profesorado, que denuncia una pérdida de autoridad, falta de respaldo institucional y un deterioro progresivo de sus condiciones laborales.

La encuesta se ha realizado en centros públicos de Educación Infantil, Primaria, Secundaria, Formación Profesional, enseñanzas de régimen especial —como conservatorios o escuelas de idiomas— y centros de Educación Especial de todas las comunidades autónomas, con el objetivo de recoger la realidad diaria en las aulas.

Falta de respeto y sensación de abandono

Uno de los datos más significativos del informe es la percepción generalizada de desprotección. El 90% de los docentes afirma no contar con el apoyo suficiente por parte de la Administración, mientras que siete de cada diez denuncian una falta de reconocimiento social y profesional.

El sindicato advierte de que esta situación genera una “evidente sensación de abandono” en el ejercicio de la profesión, que se ve agravada por la ausencia de protocolos claros y eficaces para gestionar conflictos o problemas de convivencia en los centros educativos.

En este sentido, el 97,8% del profesorado considera necesario reorientar los planes formativos hacia situaciones prácticas del día a día en el aula.

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Sobrecarga y pérdida de atractivo de la profesión

El informe también pone el foco en la sobrecarga laboral. Prácticamente la totalidad de los docentes encuestados reconoce sufrir un exceso de trabajo, mientras que nueve de cada diez consideran que su salario no se corresponde con el nivel de responsabilidad y exigencia que implica la docencia.

Según CSIF, esta combinación de factores está provocando que la profesión pierda atractivo, especialmente entre las nuevas generaciones.

Principales reivindicaciones

Entre las principales demandas del profesorado destacan la reducción de ratios en las aulas, el refuerzo de la autoridad docente, la mejora del poder adquisitivo, la disminución de la burocracia y la reducción del horario lectivo.

El sindicato subraya que el actual escenario “no puede normalizarse”, ya que el deterioro de las condiciones laborales y la pérdida de reconocimiento social afectan directamente a la motivación del profesorado y, en consecuencia, a la calidad del sistema educativo.

Por ello, reclama a las administraciones que sitúen al profesorado en el centro de las políticas educativas y que impulsen medidas que contribuyan a prestigiar su labor.

“Garantizar el presente y el futuro de la educación pública pasa por dignificar la profesión docente”, concluye el informe.

https://lavozdeibiza.com/sociedad/uno-de-cada-dos-docentes-sufre-agresiones-en-el-aula-y-el-72-no-se-siente-respetado/

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