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«AI washing»: La profecía autocumplida del desempleo tecnológico

Por María Álvarez

No es la mal llamada “inteligencia artificial” lo que está destruyendo puestos de trabajo. Es un cambio muy profundo en la cultura empresarial. Es la consolidación de un sentimiento que se viene larvando desde hace un par de décadas y que, ahora sí, ha encontrado un relato perfecto en la “IA”

Apenas habían transcurrido tres meses desde el lanzamiento de ChatGPT, pero en marzo de 2023 en Wall Street ya sabían cuál sería el efecto de la llamada “inteligencia artificial” sobre el empleo. Esta nueva y flamante tecnología haría desaparecer 300 millones de puestos de trabajo; dos de cada tres empleos en todo el mundo se verían afectados.

Hoy, cuando se cumplen tres años, los datos no apuntan en esa dirección. Al contrario, “apenas hay evidencia que apunte a que la tecnología de última generación, como los chatbots, estén dejando sin trabajo a la gente”.

Por el camino, sus promotores se han tenido que comer en varias ocasiones sus palabras. Ya nadie espera que haya una superinteligencia. Tampoco que la IA sea útil en todos los sectores. En aquellos en los que parecía más arrolladora, como en el análisis de radiografías, no ha terminado de producir los efectos que se anunciaban. Los hospitales siguen necesitando radiólogos, las empresas siguen contratando programadores y los despachos de abogados continúan llenos de abogados. La inteligencia artificial, por ahora, no ha sustituido a los trabajadores. Como mucho los ha equipado con herramientas nuevas. Y como ha ocurrido tantas veces antes en la historia de la tecnología, esas herramientas parecen estar cambiando la manera de trabajar mucho más que eliminando el trabajo mismo.

Pero da igual. Aunque ya nadie se atreve a dar aquellos datos disparatados, cada semana vuelve a repetirse el runrun de que, esta vez sí, ahora seguro, la IA ha dado un salto y va a por tu nómina. ¡Más te vale ponerte a cubierto!

En el último episodio de esta telenovela, desde hace unas semanas corre por las redes sociales un nuevo hype. Algunas compañías han conseguido crear un tipo de programas (Claude Code, OpenClaw, en menor medida Copilot) que funcionan mejor que todo lo existente para escribir software. Lo llaman “IA agéntica” –no sé si para el software, pero para lo que desde luego esta gente tiene una habilidad muy especial es para los nombres– y consiste en que varios large language models se organicen para corregirse unos a otros y evitar la tendencia tan catastrófica que tienen a divagar, cometer errores o, directamente, inventarse la información.

Y antes de conocer cuál es el impacto real de esta iteración de los LLMs ha vuelto, puntual como un reloj, el relato de los despidos en masa.

Solo que esta vez con una diferencia: varias firmas tecnológicas han justificado grandes olas de despidos con el argumento de que la IA está eliminando la necesidad de contratar personas.

De acuerdo con un estudio de Challenger, Gray & Christmas, en 2025, la inteligencia artificial fue citada como motivo de más de 54.000 despidos. Solo en enero, Amazon despidió a 16.000 trabajadores, que se sumaban a otros 14.000 recortes en octubre. Beth Galetti, vicepresidenta senior de la compañía, explicaba que la multinacional está reduciendo plantilla porque “la IA es la tecnología más transformadora que hemos visto desde internet, y está permitiendo a las empresas innovar mucho más rápido que nunca”.

Hace unos días Jack Dorsey, que fue creador de Twitter y CEO de Block, la empresa detrás del método de pagos Square, ha anunciado que despedirá 4.000 trabajadores —casi la mitad de su plantilla— con el mismo argumento: “Las herramientas de inteligencia que estamos creando y utilizando, combinadas con equipos más pequeños y ágiles, están haciendo posible una nueva forma de trabajar”.

Sería una muy buena idea no llamarse a engaño. No existe a día de hoy evidencia alguna de la capacidad de influencia de la IA generativa, ni tampoco de la IA agéntica, sobre el empleo. Si lo tiene, en uno u otro sentido, lo empezaremos a encontrar dentro de años, quizá décadas.

Mientras tanto, lo que estamos observando es algo que cada vez más voces identifican como “AI washing”, esto es, el uso interesado del inmenso mito que se ha creado en torno a esta tecnología para justificar despidos.

Como explica un ex-jefe de recursos humanos de Block, la misma empresa que ha protagonizado los recortes, hace unos días en The New York Times: “La IA puede proporcionar una nueva justificación para los despidos, pero el manual de juego es familiar. Los ejecutivos de Silicon Valley creen que las empresas tecnológicas tienen exceso de personal porque se expandieron demasiado durante la pandemia. La propia Block había pasado por rondas de despidos en 2024, 2025 y nuevamente en febrero para corregir las consecuencias previsibles de disputas internas anteriores entre ejecutivos, que llevaron a que los equipos se duplicaran en toda la organización. (Esto, en mi opinión, es lo que llevó a Block a triplicar su plantilla en cuatro años).”

Mientras tanto, la burbuja de la bolsa ha llevado a las empresas que están invirtiendo masivamente en esta tecnología, los llamados “hyperscalers” a una carrera por controlar el mercado de los centros de datos en el que calculan gastar, solo en este año, 600.000 millones de dólares.

Y todo ese dinero tiene que salir de alguna parte. No es la mal llamada “inteligencia artificial” lo que está destruyendo puestos de trabajo. Es un cambio muy profundo en la cultura empresarial. Es la consolidación de un sentimiento que se viene larvando desde hace un par de décadas y que, ahora sí, ha encontrado un relato perfecto en la mal llamada “IA”: la percepción de que el valor de las empresas ya no emana de la fuerza de trabajo, sino del capital que sean capaces de controlar.

Si algo debería preocuparnos, es este sentimiento, este cambio cultural. No la tecnología.

Fuente: https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ai-washing-profecia-autocumplida-desempleo-tecnologico_129_13060660.html

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Libro: Tecnologías feministas, tramas para la resistencia desde el sur latinoamericano.

Fischetti, Natalia Beatriz ; Torrano, María Andrea
Fecha de publicación: 2024
Editorial: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales
ISBN: 978-987-813-844-2
Idioma: Español
Resumen
¿Cómo corregir la ceguera de género en los estudios sobre tecnología? ¿Cómo incorporar la cuestión de las tecnologías en los feminismos? ¿Cómo salir de la dicotomía pesimismo/ optimismo cuando se habla de tecnologías feministas? Esas son solo algunas de las preguntas que se hacen Natalia Fischetti y Andrea Torrano en este libro. Las autoras buscan un público amplio, con lectorxs dispuestos a cuestionar los discursos hegemónicos acerca de la tecnología y sus transformaciones; sus vínculos con el trabajo, los cuerpos, las políticas públicas, las luchas sociales. Y no de manera aislada, sino teniendo en cuenta el contexto: la urgencia por el avance de los gobiernos de ultraderecha. La propuesta es disputar el concepto de tecnología desde posicionamientos feministas como trama y urdimbre de debates, insurgencias y resistencias situadas en el sur. El libro, en tanto artefacto, tiene género, pero apuesta a desgenerizarse. Y desea ser también una bolsa de resistencia: una tecnología feminista en sí misma.
Descárgalo aquí: Tecnologías Feministas
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Archivos Epstein, una película de terror hecha realidad en el capitalismo actual

Por Renán Vega Cantor

Imaginemos el guion de una terrorífica película de ciencia ficción. Es la historia de un supermillonario sionista al servicio de varios servicios de inteligencia de Estados poderosos (el Mossad de Israel, la CIA de Estados Unidos, el M-16 de Gran Bretaña) es un negociante de éxito, que tiene actividades en las finanzas, el sector inmobiliario y acumulaba al final de su vida la suma de miles de millones de dólares. Ese personaje es además un depredador sexual, que tiene predilección sádica por niñas y jóvenes. Para realizar sus orgias y bacanales cuentan con propiedades suntuosas que ha adaptado para tal propósito: una isla privada, que está en territorio de los Estados Unidos (en Islas Vírgenes, y el nombre no parece casual por lo de vírgenes), varias mansiones en ciudades de Estados Unidos (Miami, Nueva York) y de otros países (Paris), un “rancho de los horrores” en Nuevo México, aislado y acondicionado para torturar, violar y matar mujeres jóvenes… Para trasladarse libremente, sin las restricciones, demoras y cortapisas de aeropuertos y vuelos comerciales, tiene su propio avión, al que denomina Lolita Express, por aquello de la niña que protagoniza la novela Lolita de Vladimir Nabokov. En el film aparecen centenares de niñas y jóvenes abusadas, asesinadas y desaparecidas, se ven desgarradoras escenas de torturas y conversión de las mujeres en vulgares mercancías y objetos sexuales intercambiables y desechables. Entre sombras aparecen imágenes de cultos satánicos en las que hombres multimillonarios matan a niños y bebes, mutilan sus cuerpos y consumen su sangre y algunos de sus órganos.

El personaje de la película no es un sicópata solitario, sino que forma parte de un engranaje global en el que sirve de intermediario de una red transnacional de tráfico sexual, negocios diversos, violencia y sadismo,  academia e investigación científica y sofisticado desarrollo tecnológico. De ese engranaje forman parte presidentes y expresidentes de varios países (incluyendo a uno de Colombia), miembros de monarquías de Europa (de Gran Bretaña y Noruega), científicos expertos en biología, genética con tendencias eugenésicas y racistas, multimillonarios dueños o accionistas principales de grandes empresas tecnológicas del mundo informático y de la Inteligencia Artificial. También desfilan en la película cantantes, actores, gentes del jet set y de la farándula, que cuentan con millones de dólares en sus arcas.

Como el protagonista central de la película forma parte de tenebrosos servicios secretos tiene la misión, que asume con una impresionante meticulosidad, rigor y disciplina, de registrar cualquier movimiento de los miles de multimillonarios y hombres de éxito que participan en sus fiestas y orgías y vuelan periódicamente en el Lolita Express. También registra cualquier charla, por informal que fuera, con investigadores o científicos que no participan en esas fiestas de sexo y sangre, pero reciben sus favores, porque, además de todo, el protagonista de este film de terror, se presenta como un filántropo que patrocina proyectos, aparentemente desinteresados, en el campo de la genética, la biología, la IA y el transhumanismo. E impulsa esos conocimientos porque el protagonista tiene una manía esquizofrénica de alcanzar la eternidad. Como resultado de su culto a la información sobre sus tropelías y, sobre todo, la de “sus invitados”, archiva millones de correos electrónicos, miles de llamadas telefónicas, toma miles de fotografías y graba cientos de horas de videos, en los que aparecen escenas horripilantes de vejación y degradación de la condición humana de mujeres jóvenes.

El protagonista quiere que, por su potencia sexual y por la inteligencia que dice poseer, se conserven su pene y su cabeza para la eternidad, como una contribución personal a su visión de un mundo de supermillonarios egoístas y brutales que creen una realidad distópica en donde exista solamente ellos, junto con unos pocos miles de esclavos que sean sometidos por engranajes de tipo tecnológico.  El personaje cree que es de una raza superior y por eso pretende inocular con su semen a muchas mujeres para que estas queden embarazadas y traigan hijos superdotados al mundo.

El personaje se mueve en un mundo de supermillonarios y poderosos que son racistas, machistas, depredadores sexuales, que desprecian a los pobres y humildes. Ellos no tienen  límites morales que les impidan bestializar a mujeres jóvenes con tal ejercer su poder y conseguir con ello todo tipo de placer corporal. Las mujeres pobres son simples objetos de placer, a las que puede violarse, torturarse y matarse si es necesario.

Todos estos vicios paganos no se realizan de forma completamente secreta, sino más bien reservada, porque periodistas, autoridades, senadores y presidentes saben de su existencia, pero como son protagonistas de los crímenes del pedófilo visible, guardan un silencio absoluto y aparecen en el escenario público como honestos hombres de la política y el espectáculo que cuentan con un amigo especial, al que idolatran por su audacia y capacidad de agenciar emprendimientos de fiesta, diversión y jolgorio en privado. En público presumen de su honestidad y transparencia, en privado ponen en funcionamiento todas sus perversiones y capacidad de hacer daño, sin ningún tipo de piedad ni arrepentimiento.

Todo es posible en estos “islotes de fantasía” porque quienes dictan e imponen el derecho son los poderosos, los mismos que participan en los crímenes y violaciones. Por eso, nada ni nadie los puede tocar, gozan de inmunidad e impunidad absolutas. E incluso, esos mismos superpoderosos son los que le dictan las normas y formas adecuadas y obedientes de comportamiento a los súbditos de sus propios países y a los del mundo entero.

Al final de la película, cuando es evidente que ya no pueden ocultarse por más tiempo estos paraísos del crimen, del sadismo y la sevicia, el protagonista de la película es juzgado y condenado. Termina en la cárcel, pero allí dura poco tiempo, porque sabe demasiado para vivir mucho tiempo. Un día aparece muerto y los medios de desinformación dicen que se ha suicidado, aunque la película muestra en directo que lo han matado.

Allí parece terminar todo, pero al final la película, anuncia una segunda parte en la que se dan a conocer los archivos secretos del pedófilo sionista. Y anticipa que son millones de documentos y se dice que su revelación hará temblar a los poderosos de la red internacional de sexo, negocios, academia y poder científico, porque en esos archivos están registradas todas sus acciones criminales.

Esto que se acaba de contar, por desgracia no es una película. Es la vida real. El personaje se llamaba Jefrey Epstein, las escenas escabrosas transcurren en los Estados Unidos y los personajes famosos que aparecen son Bill Clinton, Donald Trump, Bill Gates, el príncipe Andrés, Michael Jackson, Andres Pastran y miles de nombres más, de famosos, que forman parte de ese entramado criminal del capitalismo realmente existente.

Lo que muestran los Archivos Epstein es la quiebra moral del capitalismo y del imperialismo en su fase terminal. Es como si estuviéramos regresando a la decadencia del imperio romano, en donde reinaba Calígula (por eso a Donald Trump se le podría calificare de neo-Calígula).

No es la quiebra moral de un individuo, Jefrey Epstein, sino de una civilización, la occidental y cristiana, que naufraga en su propia podredumbre de mercantilización, consumo, lujo, derroche, sevicia, violencia, tráfico sexual y sangre.

Finalmente, películas como Salo, los 120 días de Sodoma de Pierre Paolo Passolini o la de Stanley Kubrick Ojos bien cerrados, han pasado de los estudios cinematográficos, a la vida real, por obra y gracia del capitalismo en su fase de putrefacción total. Y el mayor indicador de esa podredumbre tiene nombre propio, como personificación individual del capitalismo: Donald Trump, empresario inmobiliario, violador sexual, pedófilo redomado, evasor de la justicia y en la actualidad presidente de los Estados Unidos, con tanto poder que su vanidad y su espíritu de maldad congénita ponen en peligro al mundo.

Publicado en papel en El Colectivo (Medellín), No. 115, marzo de 2026.

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El clamor de venezolanos unió a varias ciudades del país: marcharon por sueldos justos

Este jueves, 12 de marzo, las calles de Caracas, así como en el oriente de Venezuela, los Andes y los estados Zulia, Miranda, Lara y Aragua, se llenaron de trabajadores de distintos gremios que exigen un sueldo mayor a 500 dólares que tenga incidencia en sus prestaciones sociales. Aseguran que están cansados de vivir en pobreza

El clamor de los venezolanos por un sueldo digno se escuchó una vez más en las calles de todo el territorio nacional, pero en esta oportunidad, con un hecho histórico para el país: la llegada de trabajadores, jubilados y pensionados de distintos gremios a la sede de la Asamblea Nacional en Caracas, en donde un grupo de dirigentes gremiales logró entrar al órgano legislativo para consignar un documento con una serie de peticiones; en especial, la exigencia de un salario que les permita cubrir sus necesidades básicas.

En Caracas, la concentración comenzó en la plaza Morelos y se tenía previsto que la movilización continuara por la avenida México para luego incorporarse a la avenida Universidad y llegar a la Asamblea Nacional, pero piquetes de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y tarimas instaladas por el oficialismo obstaculizaron los accesos hacia el Parlamento. Sin embargo, los manifestantes lograron vencer las trabas y llegar a la sede legislativa.

Orlando Alzuru, expresidente de la Federación Venezolana de Maestros (FVM), calificó de histórica la movilización de este jueves 12 de marzo y afirmó que es el presagio de lo que va a ocurrir el próximo 1 de mayo, fecha en la que se celebra el Día del Trabajador. Aseguró que la clase trabajadora no tiene miedo y está dispuesta a continuar en las calles exigiendo mejoras de las condiciones laborales y salariales.

«A pesar de que nos trancaron el paso, llegamos a la Asamblea Nacional y eso es un hecho histórico porque teníamos años que no pasaba. Se siente la satisfacción del deber cumplido haber llegado hasta aquí hoy», afirmó el profesor Alzuru.

Foto: cortesía

César José Perales, obrero jubilado, también mostró su satisfacción al llegar a la sede de la Asamblea Nacional y aseguró que, salió a la calle a exigir una mejor calidad de vida, pues lo que recibe de sueldo «es una miseria con la que no se puede comprar ni una galleta».

«A veces me pongo a llorar cuando veo lo que cobro. Eso no es justo, por eso le pido al Gobierno que ayude a los trabajadores. Yo no dediqué 30 años de servicio para vivir en miseria», comentó Perales desde las afueras del Parlamento venezolano en Caracas.

El gremio de enfermería también participó en la movilización y aseguró que un sueldo digno se debe ubicar en 1.200 dólares para cubrir las necesidades básicas, mientras que otros gremios aseguraron que aspiran devengar entre 600 y 800 dólares mensuales.

Irma Madris, docente y enfermera jubilada, aseguró que su sueldo mensual es de 1.500 bolívares, por lo que depende de sus hijos para poder cubrir gastos de alimentación y medicina.

«Es una decepción total que estemos como indigentes cuando vivimos en un país tan rico», expresó Madris.

Las regiones se hicieron escuchar

En el estado Zulia, decenas de maestros, profesores universitarios, trabajadores, pensionados y jubilados marcharon hasta la Inspectoría del Trabajo en Maracaibo para exigir un aumento de salario.

Entre el grupo estuvo María Paz, una maestra con 19 años de servicio, cuyo salario es de Bs. 140 quincenal y le ha tocado hacer otras actividades para tener mejores ingresos. “Me toca hacer otras cosas. Vendo hielo y desinfectantes. Gano más vendiendo hielo en mi casa que con el salario que tengo. Hoy no dejamos las aulas solas por capricho, sino por dignidad salarial”, remarcó la docente.

A la lucha de Paz se unió el profesor de la Universidad del Zulia, José Huerta Castillo. A sus 84 años, decidió protestar para exigir su derecho a un salario digno. “Tengo el salario de 130 bolívares y como profesor es de 1.000 bolívares. El bono es una traición a los derechos de las prestaciones sociales, el bono es una burla, es una manipulación de las necesidades humanas”, denunció el profesor activo.

“Aunque no te gusta o te caiga mal, aquí está de nuevo el movimiento sindical”, corearon los sindicalistas frente a la sede de la Inspectoría del Trabajo, a cuyos representantes entregaron un documento en el que piden un aumento de salario y se reinicien las convenciones colectivas.

La manifestación fue pacífica. Pocos funcionarios policiales se mantuvieron en las adyacencias de la marcha y posterior concentración para mantener el orden en el tráfico.

Los sindicalistas aseguraron que se mantendrán en lucha hasta conseguir sus derechos. Gualberto Más y Rubí, presidente del Sindicato Unitario del Magisterio zuliano (Suma), resaltó que la lucha debe ser de todos los trabajadores y de todo el país. “El país no soporta más el empobrecimiento que hay en Venezuela, el país no puede seguir soportando una devaluación infinita diaria del bolívar, mientras nuestros ingresos cada día disminuyen”.

Un sueldo mayor a 500 dólares

En el oriente del país también salieron a manifestar este jueves, 12 de marzo. Desde Maturín, estado Monagas, se concentraron en la plaza El Estudiante, en el casco central de la ciudad, para exigir un ajuste salarial digno que cumpla con lo establecido en la Constitución.

El presidente del Sindicato Único Magisterial (SUMA) en Monagas, José Darío Lima, dijo a El Pitazo que esperan un salario mínimo no menor a 500 dólares. “Queremos exhortar al gobierno nacional a agilizar la firma del decreto del ajuste de un salario mínimo que sea de entre 500 a 600 dólares en vista de que la situación económica nos está afectando a todos los trabajadores”, demandó.

Otras exigencias son la discusión de la contratación colectiva, la paralización de la Constituyente Laboral a la que acusó de querer eliminar las prestaciones sociales, las vacaciones y el salario para crear bonificaciones.

“Exhortamos al ministro del Trabajo, Eduardo Piñate, a reflexionar para que den un salario mínimo que llene las expectativas de los trabajadores de Venezuela, especialmente de los maestros, administrativos y obreros del Ministerio de Educación”, agregó.

Foto cortesía

En Barcelona, estado Anzoátegui, también hubo una concentración en la plaza Bombón para reclamar mejores condiciones de trabajo. Mientras que, desde Nueva Esparta, representantes del Colegio de Enfermería pidieron frenar la judicialización de los trabajadores que exigen un empleo digno y seguro en el sector público.

Trabajadores de Los Andes quieren sus prestaciones sociales de regreso

En la protesta realizada en el estado Táchira para exigir mejores sueldos, Marina Galvis, enfermera jubilada, denunció que desde el Estado no hay información sobre el incremento salarial, pero caso contrario en San Cristóbal se han observado vallas con textos en solidaridad con Nicolás Maduro y Cilia Flores.

“La señora Delcy Eloína y su tren ejecutivo dicen que no hay dinero para el sueldo de los trabajadores de Venezuela, pero con qué dinero pone tantas vallas que dicen: ‘devuélvannos a Maduro’. Señora, devuélvanos las prestaciones sociales a los trabajadores, especialmente a quienes nos jubilaron desde 2012 en adelante”, precisó.

Los trabajadores de la administración pública marcharon desde el Viaducto Viejo hasta el Seguro Social. En todo el recorrido hubo presencia de la Policía del Táchira, quienes sólo prestaron apoyo en facilitar la movilidad por las calles de la ciudad.

De igual manera en el estado Mérida hubo una concentración con el lema: “amnistía para el salario”. Los docentes, trabajadores administrativos y obreros estuvieron con pitos, banderas y pancartas en unión a la manifestación nacional.

Foto cortesía

“Nos están matando de hambre”

Bajo la consigna, “No a los bonos, queremos un salario digno” trabajadores del estado Aragua se movilizaron desde los alrededores de la plaza Bicentenaria de Maracay hasta la sede del Ministerio Público para entregar un pliego con 14 peticiones.

“Estamos empobrecidos. La comida sube todos los días y el salario sigue igual. No queremos más bonos, sino un sueldo que nos permita cubrir nuestras necesidades”, señaló la trabajadora Olivia Cáceres.

En el estado Miranda, empleados activos y jubilados de la administración pública, así como pensionados, se concentraron en la sede de la Federación Venezolana de Maestros en Los Teques, realizaron una asamblea y marcharon hasta la sede de la gobernación de Miranda. Allí consignaron un escrito con exigencias salariales que fue recibido por Raiza Bastardo, directora adjunta del despacho del gobernador Elio Serrano.

“El sueldo que tenemos no alcanza ni para comprar un kilo de harina Pan; nos están matando de hambre”, denunció la docente María González.

Foto cortesía

Alcalde se une a la protesta

En Ciudad Guayana, estado Bolívar, los trabajadores de las industrias básicas marcharon por las calles de Puerto Ordaz, en el marco de la jornada de protesta nacional convocada para este jueves, 12 de marzo.

«Le hacemos un llamado a Delcy Rodríguez. Usted tiene el poder de devolvernos todo lo que nos arrebataron. Tiene que derogar el decreto 2792. Tiene que aumentarnos los salarios.» declaró Alejandro Álvarez, secretario del sindicato del Complejo Siderúrgico Nacional.

La marcha partió desde la sede de la Corporación Venezolana de Guayan, recorrió las calles de Alta Vista, en Puerto Ordaz, y llegó hasta el Palacio de Justicia.

El alcalde de El Callao, Jesús Coromoto Lugo, también participó en la manifestación. «Vengo aquí a apoyar a los trabajadores, pero dolido con lo que pasa en El Callao. Exigimos que la Ley de Minas establezca regalías para los municipios mineros», declaró.

En Lara consignaron documento en el IVSS

En el marco de la jornada nacional de este 12 de marzo, en el estado Lara el Comité de Derechos Humanos para la Defensa de Pensionados, Jubilados y Adultos Mayores exigió respuesta al documento consignado originalmente ante el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) el 9 de marzo de 2022. El texto contiene ocho exigencias fundamentales, entre las que destacan el ajuste de las pensiones al costo de la canasta básica, la reactivación del suministro de medicinas y el pago a venezolanos en el exterior.

Los representantes marcharon desde la plaza Altagracia de la capital larense hasta la sede del IVSS para denunciar que han transcurrido más de cuatro años sin respuesta oficial, lo que viola el derecho constitucional de los ciudadanos a ser atendidos por las instituciones. Alertaron que el estancamiento de la pensión en 130 bolívares (0,30 dólares) es insuficiente para cubrir alimentación y salud, sumiendo a los adultos mayores en una situación de «extrema precariedad» o «muerte lenta».

El Comité calificó estas condiciones de vida como un «exterminio» según el Estatuto de Roma. Ante la falta de soluciones, el sector informó que continuará desarrollando acciones públicas y movilizaciones hasta obtener respuestas concretas que detengan el deterioro de sus condiciones de vida.

El clamor de venezolanos unió a varias ciudades del país: marcharon por sueldos justos

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Argentina: ¿Qué rol podemos jugar les docentes ante la realidad actual?

Corriente Docente 9 de Abril-Lista Marrón. Estudiantes terciarios y docentes del PTS/FIT-U + Independientes

En un contexto en donde la crisis económica se agudiza, las familias de la escuela pública trabajan hasta 14 horas para poder llegar a fin de mes y las docentes terminamos trabajando tres turnos para poder sobrevivir, abrimos un debate sobre cómo creemos que tenemos que enfrentar el ajuste, recuperando el ejemplo de las maestras de Minneapolis.

Llegamos al aula y ya estamos cansadas. No es cansancio de un día, es el agotamiento de saber que el sueldo se termina antes que el mes y que a las familias de nuestros pibes les pasa lo mismo. El ajuste del Gobierno no es un gráfico en la tele; son las madres que lloran en la reunión porque no sabe cómo pagar el colectivo, es la cooperadora que no alcanza para comprar útiles para lxs chicxs que no tienen y somos nosotras, poniendo el cuerpo para frenar los golpes. Durante el año pasado, un estudio que hicimos como parte de la comisión directiva de Ademys reveló que el 93,9% de las docentes encuestadas convive con el dolor: migrañas, dolores de cabeza y de espalda, várices, problemas digestivos. La crisis educativa no es abstracta: repercute directamente en nuestros cuerpos, en los de nuestrxs estudiantes y en sus familias.

Pero si algo aprendimos de las luchas docentes en el mundo es que no estamos solas. En Minneapolis, por ejemplo, las maestras y los trabajadores de la escuela pública se organizaron junto a las familias y la comunidad para enfrentar no solo los ataques económicos, sino también la violencia estatal y el racismo. Durante la pandemia y las redadas del ICE, las escuelas se transformaron en verdaderos bastiones de resistencia:docentes, estudiantes y padres crearon redes de ayuda mutua, organizaron la entrega de alimentos y hasta corredores de seguridad para proteger a las familias inmigrantes. No lucharon solo por salarios o condiciones laborales, sino por toda la comunidad, mostrando que cuando la docencia se une a las familias, la pelea se fortalece y puede enfrentar hasta los ataques más duros del ajuste y la represión.

Sabemos que vivimos una situación tremenda en las escuelas, la pregunta es: ¿qué rol podemos jugar las docentes en este escenario de crisis? En un mundo atravesado por crisis, guerras y rebeliones, la docencia y la juventud han sido protagonistas de grandes luchas. La experiencia de Minneapolis nos muestra que la unidad con las familias y la comunidad no solo es posible, sino necesaria para transformar la bronca en organización y fuerza colectiva

Si en Argentina el plan de Milei es avanzar contra lo que nos queda, nuestro rol es organizar la bronca. No vamos a ser el último orejón del tarro mientras el Gobierno rifa el presente y el futuro de nuestros estudiantes. La docencia tiene que ser la punta de lanza: no solo para que no nos ajusten más, sino para conquistar de una vez por todas la vida que nos merecemos, dentro y fuera del aula.

Modernizar para atrás: una reforma esclavista

En Argentina, hace unos días el gobierno de Milei logró un triunfo parlamentario y legalizó la precarización laboral. La Reforma Laboral, que desde el PTS y la 9 de Abril denunciamos durante todo el verano, promueve el banco de horas legalizando la jornada de 12 horas, termina con las horas extra que muchxs trabajadores usaban para llegar a fin de mes, flexibiliza las condiciones de trabajo con indemnizaciones más baratas a favor de los empresarios y cercena el derecho a la protesta ampliando los servicios esenciales —entre los cuales está la educación— con el objetivo de disciplinarnos y así pasar el ajuste de forma más efectiva.
El cierre de la planta de FATE es la muestra viva de este modelo: más despidos y fábricas cerradas.

Sin embargo, la fortaleza que mostró Milei en las sesiones extraordinarias es solo aparente; debajo subyace una debilidad estructural. Un informe de febrero publicado por La Nación revela que el 70,8% de los trabajadores sindicalizados rechazan la gestión de Javier Milei. Como señala Myriam Bregman en una reciente entrevista, el gobierno “tiene pies de barro” y su proyecto solo puede sostenerse si logra disciplinar a los trabajadores y desarticular la organización social.

Además, su plan económico está atado a la suerte de Trump, quien viene fuertemente cuestionado por múltiples aspectos. En una encuesta reciente publicada por CNNafirman que 6 de cada 10 estadounidenses desaprueban los ataques en Irán, incluso dentro del movimiento MAGA hay diferencias. Además viene de sufrir derrotas electorales y enfrenta un escenario incierto para las elecciones de medio término, condicionado por la crisis interna tras los asesinatos del ICE. Desde donde lo miremos, los traspiés del Trumpismo son también la pata floja del gobierno de Milei.

Macrismo vs. educación

En la Ciudad, Jorge Macri y Mercedes Miguel profundizan el desfalco educativo. Desde el control ilegal de datos biométricos hasta la reforma «BA Aprende», con el cierre de las orquestas y juegotecas, el objetivo es claro: transformar la escuela en una fábrica de mano de obra barata y a los docentes en simples facilitadores de computadoras. Bajo el modelo de Milei y el macrismo, la educación se flexibiliza y se disciplina para un mercado laboral voraz.

Frente a este ataque, la conducción de UTE – la lista Celeste – no organiza sino que cogobierna. No convoca asambleas, los plenarios de delegados no se preparan con mandatos de base y los paros no se debaten en las escuelas para involucrar a toda la docencia que quiere enfrentar los planes de la derecha. Mientras despiden docentes de programas socioeducativos y avanza la reforma, la burocracia sindical negocia a espaldas de las bases.

La plancha que hacen no la vemos ni marcamos únicamente desde la izquierda: son sectores que se reivindican peronistas quienes reclaman planes de lucha y una respuesta acorde al ataque. Por eso desde la 9 de Abril queremos ser clarxs: en las calles y en las escuelas debemos unirnos todes quienes queremos enfrentar el plan del gobierno de Milei, construir redes y organizarnos para combatir codo a codo para recuperar nuestros sindicatos y ponerlos a la cabeza de la lucha.

¿Cómo salimos de esta?

La disputa es programa contra programa. De un lado, el proyecto de Milei y todos sus aliados con peluca: ajuste, reforma laboral esclavista, recorte de derechos y mercantilización de la educación. Pichetto se reune con Cristina y plantea “una propuesta capitalista, productiva y de centro, que dé previsibilidad y garantías a los inversores y a los agentes económicos”. Una alianza con los Rocca y los Madanes Quintanilla, esa clase genocida responsable de la última dictadura cívico-militar de la que este mes se cumplen 50 años.

Del otro lado está la necesidad de un programa de independencia de clase: salario igual a la canasta familiar, jubilaciones dignas, defensa irrestricta del derecho a huelga, aumento del presupuesto educativo, reincorporación de todos los despedidos, rechazo a la reforma BA Aprende y a la huella biométrica, y control democrático de la docencia y la comunidad sobre las políticas educativas. En definitiva, que la plata que producimos quienes trabajamos vaya para mejorar nuestras vidas y no para el Fondo Monetario Internacional. Son ellos o nosotros.

Desde la 9 de Abril creemos que tenemos que dar una batalla importante desde cada escuela en la que estamos: unirnos con la comunidad —familias y estudiantes— con este programa, en la perspectiva de juntar fuerzas para vencer el ajuste. En un gremio mayoritariamente feminizado, donde las mujeres además cargan con dobles y triples jornadas de trabajo, es importante mirar la enorme movilización del último 8M: mostamos que fuerzas hay y que, si sectores como educación, salud y estatales pusiéramos ese peso al servicio de enfrentar los despidos y el ajuste, podríamos transformar esa bronca en una fuerza imparable.

Esto implica organizar asambleas en cada escuela y distrito donde participen no solo las y los docentes, sino también auxiliares, familias y estudiantes. Asambleas y espacios de organización que permitan debatir, decidir y coordinar acciones de lucha —como paros, movilizaciones y campañas — en defensa de la educación pública y los derechos laborales.

El creciente individualismo y las ideas del “sálvese quien pueda” son parte del programa de la ultraderecha. Frente a eso, la única respuesta posible es la organización colectiva. Hoy muchxs docentes piensan en desafiliarse de nuestro sindicato mayoritario (UTE). A esos docentes que tienen bronca con la política entregadora de la celeste les decimos que tenemos organizarnos para recuperar el sindicato en nuestras manos. No es una utopía, en la Argentina hay múltiples ejemplos de sindicatos combativos, recuperados en manos de los y las docentes, que organizan las escuelas y sus comunidades, por ejemplo las seccionales de Neuquén Capital y Plottier de ATEN, los SUTEBA de Provincia de Buenos Aires, UNTER de Río Negro, UEPC Capital de Córdoba, CEDEMS en Jujuy y Ademys en Capital Federal.

Unirnos con nuestrxs estudiantes y sus familias es la única forma de dar respuesta frente a los ataques. Si hoy es difícil que todas las familias puedan venir a una reunión de padres y madres, con la aplicación de la reforma laboral será aún peor. La experiencia, desde Minneapolis a Cataluña, demuestra que solo la organización desde abajo —con asambleas por escuela y coordinación entre sectores en lucha— puede frenar el avance del ajuste. Es fundamental unirnos con el conjunto de la clase trabajadora para imponer otra salida: nuestras vidas valen más que sus ganancias. Para esto, lxs trabajadores necesitamos una herramienta propia, un partido de trabajadores, anticapitalista, antiimperialista y combativo. Un partido sin burócratas, sin patrones y sin traidores. Construir esta organización es una tarea urgente para darle una salida a esta realidad.

La docencia de CABA tiene una larga tradición de lucha. Hoy, más que nunca luego del gran paro del pasado 2 de Marzo y las rebeliones docentes en Chaco y Catamarca, la enorme macha de mujeres del pasado lunes, necesitamos retomar ese camino: romper con el cogobierno de la burocracia sindical y enfrentar el ajuste con un programa propio, de independencia de clase y en unidad con el resto de los sectores en lucha.

En ese sentido, el próximo 24 de Marzo, cuando se cumplen 50 años del golpe genocida, también es una fecha de lucha política en el presente. Desde la tradición del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, defendemos la movilización independiente de todos los gobiernos y de las fuerzas patronales que ayer y hoy sostienen el mismo orden social. No se trata solo de recordar el terrorismo de Estado, sino de señalar que la dictadura fue el instrumento de la clase dominante para imponer un plan económico contra la clase trabajadora, cuyos efectos todavía se sienten. Por eso, para la docencia y para toda la comunidad educativa, el 24 de Marzo tiene que ser también una jornada de organización y de debate en las escuelas, ligando la memoria histórica con las luchas actuales contra el ajuste, la precarización laboral y el ataque a la educación pública. Porque la pelea por la educación pública es la pelea por el futuro de toda la clase trabajadora.

https://www.laizquierdadiario.com/Que-rol-podemos-jugar-les-docentes-ante-la-realidad-actual

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Nelson Mandela, político: “La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”

El presidente de Sudáfrica entre 1994 y 1999 fue el primero de su familia en ir a la escuela. Estuvo 27 años en prisión tras combatir el apartheid.

Por: Raúl Izquierdo
Uno de los momentos más importantes en la vida de toda persona tiene lugar cuando apenas tenemos responsabilidades. La escuela es un lugar en el que se aprende, y en el que uno empieza a decidir qué camino quiere tomar en su vida. Pero la educación no tiene que venir solo de este lugar, sino que es algo que tiene que comenzar entre las paredes de una casa.

Uno, durante sus primeros años de vida, empieza a coger lo que va viendo a su alrededor: padres, amigos, profesores, familiares… La formación es solo un paso más de un proceso que dura años y que está en constante cambio. Una educación que nos definirá durante el resto de nuestra vida de adulto, por lo que conviene que ésta sea de calidad.

De ello sabía bien Nelson Rolihlahla Mandela (Mvezo, 1918-2013). Nacido como Rolihlahla Mandela, fue el primero de su familia en acudir a la escuela. Y allí recibió el nombre con el que se hizo célebre como líder antiapartheid en Sudáfrica y como primer presidente afrodescendiente. “El primer día de clase mi profesora, la señorita Mdingane, nos dio a cada uno un nombre de origen inglés. Ese día, la señorita Mdingane me dijo que mi nuevo nombre era Nelson. ¿Por qué lo escogió? No tengo la más mínima idea”, llegó a reconocer.

Una educación que siempre ponía en valor, y que le hizo llegar a ser presidente (1994-1999) y Premio Nobel de la Paz en el año 1993. “La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”, fue una de sus frases que más se recuerdan. Y cuánta razón tenía, ahora que vivimos en una época en la que las grandes potencias se llenan la boca hablando de armas nucleares y su capacidad de destrucción.

De la universidad a la cárcel

Mandela, desde joven, no lo tuvo fácil. Fue expulsado de la Universidad de Fort Hare por participar en protestas estudiantiles. Más tarde, fue discriminado mientras estudiaba Derecho en la Universidad de Witwatersrand, donde era el único estudiante negro. En 1944 se integró en el Congreso Nacional Africano, desde donde combatió el régimen segregacionista del apartheid, siendo uno de los impulsores de una estrategia más activa de resistencia.

Tras incrementarse su relevancia, en 1964 fue condenado a cadena perpetua por conspiración para derrocar al gobierno. Antes de ello, pronunció su famoso discurso “Estoy listo para morir”. Acto seguido fue llevado a la prisión de Robben Island, próxima a Ciudad del Cabo. Fue reconocido como el preso político más famoso del mundo y, tras pasar 27 años y medio en diferentes prisiones, el 11 de febrero de 1990 fue liberado. Años más tarde llegaron más reconocimientos internacionales, como el Nobel de la Paz. El resto, un legado que perdura hoy en día.

https://as.com/actualidad/politica/nelson-mandela-politico-la-educacion-es-el-arma-mas-poderosa-para-cambiar-el-mundo-f202603-n/

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¿Por qué fracasa la ONU?

“La ONU no fue creada para llevar la humanidad al cielo, sino para salvarla del infierno. Y en eso, lamentablemente, está fracasando”.

Dag Hammarskjöld, Secretario General de la ONU (1953–1961)

Terminada la Primera Guerra Mundial en 1918, las secuelas de ese enfrentamiento espantaron a la humanidad: 70 países se habían visto involucrados, con un saldo de 10 millones de soldados muertos y 20 millones de combatientes heridos y mutilados, más alrededor de otros 10 millones de civiles muertos por los éxodos forzados, las hambrunas y los conflictos regionales posteriores. A ello deben sumarse los cuantiosos daños en la infraestructura de gran cantidad de países, más los daños psicológicos derivados de tanto sufrimiento, con viudas, huérfanos, y como corolario, la “gripe española” inmediatamente posterior al conflicto, que ocasionó un número nunca bien determinado de víctimas, pero que superó la cantidad de decesos de la guerra, estimándose en, por lo menos, 50 millones.

Ante tamaña catástrofe, voces racionales pidieron un “nunca más”, porque no se podía repetir esa monstruosidad. Por ello, en 1920, en la Conferencia de París se funda la Liga de las Naciones (también llamad Sociedad de las Naciones), con el objetivo de fomentar la prevención de las guerras mediante la seguridad colectiva y el desarme, impulsando la resolución de disputas internacionales a través de la negociación y el arbitraje.

Más allá de lo loable de ese esfuerzo, algo no funcionó. Años después, siempre a partir de la insaciable voracidad de las potencias por seguir apoderándose de los países más débiles, se llegó a una catástrofe aún peor: la Segunda Guerra Mundial. Aquí los daños fueron infinitamente mayores: alrededor de 70 países participaron, involucrándose en el conflicto un total de 100 millones de militares. Las pérdidas fueron colosales: 80 millones de muertos, de los que 50 fueron civiles, debidos a los ataques propiamente bélicos, más las hambrunas y las enfermedades concomitantes. El bombardeo de población civil fue norma, llegándose al colmo inaudito de dos bombas nucleares, innecesarias en términos de acción militar, pues Japón ya estaba derrotado, pero que se utilizaron para marcar el poderío de quien a partir de 1945 se erigiría como potencia mundial: Estados Unidos.

Con una humanidad destrozada y países en ruinas -la Unión Soviética llevó la peor carga, con 25 millones de muertos y el 70% de su infraestructura destruida- a fines de 1945 se creó la Organización de Naciones Unidas -ONU-. Su propósito declarado fue preservar la paz y fomentar el desarrollo a nivel mundial.

Pero ¿qué pasó desde esa creación? El número de guerra siguió siempre en aumento, desde pequeñas escaramuzas hasta guerras abiertas con miles de muertos. Si bien es difícil estimar qué cantidad exacta de conflictos bélicos se registraron entre la segunda mitad del siglo XX y las primeras décadas del XXI, se calculan en no menos de 100, con alrededor de 50 millones de personas fallecidas. De ellas, como elemento importantísimo que caracteriza estos nuevos enfrentamientos, el 90% es población civil no combatiente. En conclusión: no ha habido paz. Las guerras, además, provocan monumentales desplazamientos de población, con las consecuentes hambrunas, enfermedades y un muy profundo dolor psicológico en quienes lo sufren.

¿Y desarrollo? El mundo, con un avance científico-técnico cada vez más fabuloso, con logros espectaculares en la creatividad humana (manejo de la energía nuclear, viajes espaciales, comunicaciones impresionantes, y un larguísimo etcétera que nos asombra) sigue presentando un panorama más que sombrío a nivel planetario. Mientras que un 15% de la población planetaria -élites y clase media- tiene acceso a los satisfactores que puede otorgar ese desarrollo, con un nivel de vida más seguro y confortable (buena alimentación, viviendas adecuadas, altos niveles de salud, condiciones de vida y de trabajo dignas, educación formal, abandono de prejuicios y pensamiento mágico-animista), lo cual se da en el Norte próspero y en algunos bolsones del Sur global, el 85% restante -ubicado básicamente en el Tercer Mundo- muy tangencialmente roza los beneficios de esa acumulación de riqueza, y en la gran mayoría de casos, sobreviviendo en situaciones de precariedad. Valga agregar también que, como sector más perjudicado entre los perjudicados, se encuentran las mujeres. De los casi 800 millones de analfabetos que hay en el mundo, dos tercios (500 millones) son mujeres. Y muchas de ellas todavía son víctimas de la ablación clitoridiana.

Entonces: ¿qué pasó con la paz y el desarrollo? ¿Qué pasó con la ONU? Ambas instancias, en su momento la Liga de las Naciones, luego la Organización de Naciones Unidas, son absolutamente inoperantes para lograr sus resultados, más allá de declaradas buenas intenciones. Nunca más oportuno que ahora aquello de “el camino del infierno está plagado de buenas intenciones”. En la década del 30 del pasado siglo Sigmund Freud, judío de origen, en respuesta a una pregunta de otro judío que se impresionaba con la avanzada antijudía del nazismo, Albert Einstein, decía que la primera de estas instancias estaba condenada a fracasar, como de hecho fracasó estrepitosamente. Para recordatorio: el Holocausto de los judíos (6 millones de muertos), y luego el inicio de la Segunda Guerra Mundial, con todos los horrores descritos. ¿Qué hizo la Liga de las Naciones? Nada.

Fracasó porque, según Freud, “La Sociedad de Naciones (…) instituida como autoridad suprema, (…)no dispone de una fuerza propia [con que hacerse valer]”. Es decir, no tiene cómo imponer su mandato. En otros términos: puede hacer declaraciones, pero no dispone de fuerza operativa para ordenar que las mismas se cumplan. Lo cual lleva a pensar inmediatamente en que: si no es por la fuerza, solo con el diálogo consensuado ¿las cosas no caminan? ¿Solo el rigor de la “mano dura”?

Terrible, sin dudas; pero patéticamente cierto. “Vivimos en el mundo real, que se rige por la fuerza, que se rige por la violencia, que se rige por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”, espetó altanero el asesor de seguridad de la Casa Blanca -un duro halcón republicano- Stephen Miller, declaración que resultó escalofriante, sumamente turbadora. Agregando luego, sin ningún disimulo ni recato: “La fuerza es el nuevo derecho internacional y vamos a ejercerla”.

En esa línea, el presidente Donald Trump se permitió decir, refiriéndose a cómo piensa incorporar la colonia danesa de Groenlandia a posesión estadounidense: “Por las buenas o por las malas”. Espantoso, aterrador, pero definitiva -y descarnadamente- cierto. ¿No es esa, acaso, la más absoluta realidad de las sociedades de clase? ¿Qué son, si no, las interminables guerras interestatales, las guerras por apropiarse como botín de los recursos del otro, desde que vemos que hay propiedad privada, desde hace 10.000 años en adelante? Incluida a veces, para nuestro espanto, la posesión de las mujeres. Del hacha de piedra a los planeadores hipersónicos con cargas nucleares múltiples se repite la misma historia: “Las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”, según este neofascista estadounidense.

Esa verdad, maquillada arteramente hasta hoy por el discurso “políticamente correcto”, es incuestionable (aunque escandalice al ser dicha por un guerrerista como este representante de la clase dominante norteamericana). Esa verdad inobjetable la vieron desde tiempos inmemoriales agudos pensadores que reflexionaron sobre la dinámica humana y social, y sus decires no nos escandalizan: “La ley es lo que conviene al más fuerte”, anunció Trasímaco de Calcedonia en el siglo IV antes de nuestra era en la esclavista Grecia clásica, cuna de la “democracia” (donde un esclavo no podía suicidarse porque no era dueño de su vida y donde solo tenían derecho a voto los varones propietarios). La “relación [entre humanos] no es en absoluto una relación armónica de cooperación entre individuos igualmente libres que promueven el interés común en la persecución de la propia conveniencia. Es más bien una «lucha a vida o muerte» entre individuos desiguales, en la que uno es el «amo» y el otro es el «esclavo»”, escribe Herbert Marcuse sintetizando la dialéctica del amo y del esclavo (capítulo IV) de la “Fenomenología del Espíritu” de Hegel, que inspirara a Marx. “La violencia es la partera de la historia”, concluye entonces el autor de El Capital.

Freud, desde otra óptica teórica, dice algo similar: “Intereses conflictivos entre los seres humanos se deciden, en principio, mediante el recurso a la violencia”. Para evitarla, o controlarla en lo posible, surgen las leyes, las normas sociales. De todos modos, muy cáustico, y en consonancia con todos los autores anteriores, agrega que “[Sin embargo] Las leyes están hechas para y por los dominadores, y conceden escasas prerrogativas a los dominados”.

Si una instancia determinada -Liga de las Naciones o la ONU- intenta atemperar esa fuerza destructiva que surge siempre en las sociedades clasistas solo con la palabra, sin una fuerza superior, fracasa. Los Cascos Azules, como fuerza militar disuasoria…. dan risa. ¿Cuántas guerras evitó la ONU? Ni una. Llega solo a recoger los cadáveres. ¿Por qué fracasa esta organización? Porque las guerras son el negocio más redituable que existe -más que el petróleo, la informática, las farmacéuticas-, manejado por enormes empresas que necesitan el conflicto para vender armas (75.000 dólares por segundo invierte la humanidad en ese campo).

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 que promueve la ONU para lograr un mundo equilibrado (Fin de la pobreza, Hambre cero, Salud y bienestar, Educación de calidad, Igualdad de género, Reducción de las desigualdades, Agua limpia y saneamiento, Energía asequible y no contaminante, Ciudades y comunidades sostenibles, Producción y consumo responsables, Acción por el clima, Vida submarina, Vida de ecosistemas terrestres, Trabajo decente y crecimiento económico e Industria, innovación e infraestructura) difícilmente se alcancen. Es decir: seguramente fracasarán, como fracasaron los Objetivos del Milenio que aspiraban tener un mundo medianamente equilibrado en lo económico-social para inicio del siglo. ¿Por qué fracasan? Porque esa faceta de lo humano no se maneja con buenas intenciones y pomposas declaraciones sino con fríos números que imponen los grandes grupos económicos. Se prefiere derrochar comida, aunque mueran 20.000 personas diarias por falta de nutrientes, que perder ganancias. “Controla el petróleo y controlarás las naciones; controla los alimentos y controlarás a los pueblos”, dijo el Premio Nobel de la ¿Paz? Henry Kissinger. ¿Quién decide eso? ¿Quién establece esos precios, cuándo debe haber guerra o cuándo se da un golpe de Estado? La ONU, seguro que no.

¿Por qué pasa todo esto? Enorme dificultad ¿o radical imposibilidad? de lograr un mundo armónico, según se ve. Como se ha dicho -cosa discutible, por supuesto-: es más fácil que termine el mundo -por la guerra nuclear o por el desastre ecológico que vivimos- a que termine el actual sistema capitalista. ¿Está condenada la especie humana a todo este sufrimiento, a la guerra perpetua, a la exclusión eterna de grandes masas? Apostamos porque NO. Si todo esto es el efecto de cualquier sociedad de clases (despótico-tributaria, esclavista, feudal, capitalista) ¿pasará eso en una sociedad sin clases sociales? Vale la pena intentar construir esa sociedad entonces ¿verdad?

Blog del autor: https://mcolussi.blogspot.com/

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