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Una crítica al pensamiento decolonial: hacia un giro descivilizador

No es ninguna novedad que el giro decolonial sigue siendo una de las corrientes intelectuales más importantes en América Latina y el Caribe, ofreciendo una crítica a la colonialidad del poder, el saber y el ser, tal como lo han planteado pensadores como Aníbal Quijano, Catherine Walsh, Walter Mignolo, Enrique Dussel y María Lugones. Su enfoque en la modernidad colonial, iniciada con la conquista de América en 1492 y el predominio de Occidente, ha sido fundamental para desmontar el eurocentrismo y visibilizar las epistemologías del Sur.

Sin embargo, el pensamiento decolonial tiene una limitación profunda: su centralidad casi exclusiva en la colonialidad moderna occidental, ignorando las raíces mucho más antiguas de las estructuras de poder existentes. Me refiero específicamente a la Revolución Neolítica, ese punto de inflexión alrededor del 10.000 a.C., cuando las sociedades humanas pasaron del nomadismo cazador-recolector a la sedentarización agrícola. Este cambio no fue solo tecnológico o económico; trajo consigo la formación de las grandes civilizaciones y de los grandes Estados que emergieron en Mesopotamia, el Valle del Indo, Egipto, China y Mesoamérica.

Con la agricultura surge la acumulación de excedentes, y con ella, las primeras formas de poder jerárquico: la propiedad privada de la tierra, las religiones institucionalizadas para legitimar el control, las clases sociales diferenciadas, las jerarquías rígidas, la esclavitud como mano de obra forzada y el patriarcado como sistema de dominación de género. Estas no son invenciones exclusivas de Occidente; son patrones civilizatorios universales que preceden por milenios a la expansión europea.

Al centrarse únicamente en la colonialidad moderna y el predominio de Occidente, el giro decolonial comete un error de miopía histórica. Reduce la opresión a un fenómeno reciente y geográficamente localizado, como si antes de Colón el mundo fuera un paraíso igualitario. Esto no solo invisibiliza las violencias precoloniales en nuestras propias regiones —piénsese en los imperios azteca o inca, con sus tributos, sacrificios y estratificaciones sociales—, sino que también deja fuera a otras civilizaciones no occidentales. Es como si la crítica al poder solo valiera cuando viene de Europa o Estados Unidos.

Esta limitación se hace evidente en cómo muchos pensadores decoloniales abordan el actual escenario geopolítico. En su afán por desafiar el unipolarismo occidental, omiten —e incluso celebran— la emergencia de un mundo multipolar liderado por potencias como Rusia y China. Se habla de ellos como si estos actores representaran una ruptura radical con la colonialidad, llegando algunos al extremo de validar gobiernos autoritarios y dictaduras, como es el caso de Ramón Grosfoguel. Pero ¿acaso no reproducen patrones civilizatorios milenarios? Rusia, con su autoritarismo estatal heredado de imperios zaristas y soviéticos, perpetúa jerarquías, control religioso (ortodoxo) y expansionismo territorial que remiten a las dinastías mesopotámicas.

China, por su parte, bajo el Partido Comunista, encarna una modernización autoritaria que combina propiedad estatal, confucianismo como ideología legitimadora, clases sociales marcadas por la desigualdad extrema, y un patriarcado que, pese a avances, sigue arraigado en tradiciones milenarias. Sus proyectos como la Nueva Ruta de la Seda no son más que una actualización de antiguas redes de dominación, con deudas y dependencias que recuerdan a los tributos de los antiguos imperios.

El pensamiento decolonial podrá argumentar que países como China y Rusia también fueron colonizados por la modernidad occidental, ya que esta colonizó todo el planeta imponiendo su lógica de poder, saber y ser. Sin embargo, esta respuesta igual omite que el origen de esas estructuras jerárquicas, acumulativas y dominantes no radica en la modernidad misma, sino en la formación de las grandes civilizaciones neolíticas miles de años antes; la modernidad no es más que un resultado y una continuación de esos patrones civilizatorios profundos, adaptados a nuevas escalas y tecnologías.

Al ignorar la Revolución Neolítica y las grandes civilizaciones como fundadoras de estas estructuras de poder, el pensamiento decolonial corre el riesgo de convertirse en una ideología selectiva: antioccidental pero acrítica con el resto. Celebrar a Rusia y China como contrapesos sin cuestionar cómo reproducen esclavitudes modernas o jerarquías globales es, en el fondo, una forma de esencialismo invertido. No se trata de defender el Occidente —cuya colonialidad es innegable—, sino de ampliar la crítica a un nivel civilizatorio más profundo. Solo así podremos imaginar alternativas verdaderamente liberadoras, que no se limiten a cambiar de amo, sino a desmantelar las raíces mismas del poder jerárquico.

Dicho todo lo anterior, el pensamiento decolonial necesita un «giro descivilizador» para no caer en la trampa de la multipolaridad acrítica y de miradas que terminan validando autoritarismo en nombre de la crítica al eurocentrismo. De lo contrario, seguiremos reproduciendo sistemas de opresión desde Mesopotamia, disfrazados de descolonización.

Andrés Kogan Valderrama es sociólogo. Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea. Diplomado en Masculinidades y Cambio Social.

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Infodemia: La peste simbólica que azota al mundo actual

Por: Federico Giménez para Estrategia.la

A fines de 2024, Ediciones CICCUS y la Mutual Manuel Baldomero Ugarte, presentaron el segundo volúmen de la colección conjunta Construyendo Soberanía, una saga de libros digitales gratuitos acerca de los principales debates en torno a las tareas pendientes de unidad latinoamericana y de independencia. Dedicado a la soberanía comunicacional, y bajo el título de Infodemia y los márgenes de la infectadura, esta compilación, coordinada por el periodista y licenciado en comunicación Omar Zanarini, explora la escena política contemporánea y su derivada zona virtual, la nueva “arena pública”, donde otra forma política pareciera dirimir la propia idea de democracia, en función de lo afectivo, las emociones y la individualidad, por sobre la razón, la reflexión y los hechos colectivos.

La obra se compone de siete ensayos escritos por comunicadores y comunicadoras “militantes de una comunicación democrática”, donde se abordan las transformaciones en los procesos comunicacionales, a partir de los acontecimientos provocados por la pandemia del COVID-19 y sus efectos. Luego de dos años de confinamiento, la población mundial fue testigo de una inusitada mutación social, política, económica y cultural, al calor del pánico generalizado por un virus que, según la Organización Mundial de la Salud, dejó un saldo aproximado de quince millones de muertos en todo el orbe, contando las víctimas directas y las resultantes del colapso sanitario que se produjo en varios países, como en Ecuador, Brasil y Perú, por mencionar los casos más significativos de nuestra región.

Fantasmas en pandemia

El libro abre con el artículo de Natalia Romé titulado “Dejar de pelear con fantasmas”, en donde señala la clara tendencia a la “indistinción entre comunicación y política”, como lo expresan los axiomas todo discurso es político, o el “novedoso” lo que no se nombra no existe. Para la autora, se trata de una “desmesurada fascinación con las posibilidades y alcances de las intervenciones comunicacionales en el espacio público”, circunscritas a lo mediático, lo publicitario y lo digital, que abren un nuevo modo de aparición de la ideología neoliberal, que define como “ideología de la comunicación”. En ella, la compleja vida comunicacional del cuerpo social se simplifica en su intelección a “unas cuantas técnicas de captación, sondeo y diseño de información u opiniones”, y reduce “la vida política bajo modalidades tecnocráticas que raquitizan la creatividad colectiva, empobrecen las representaciones que la sociedad hace de sí misma y tienden a hacer de la democracia una mueca torpe de sí misma”.

Sin embargo —nos advierte Romé—, cabe señalar que esa posición, si se quiere, tecnócrata, confronta con otra, una idea agonal de la sociedad, multiplicada en la metáfora de la batalla cultural, caracterizada por un interminable combate de significados de las grandes categorías, que apuesta “a torcer para un lado u otro la vibrante polisemia de los enunciados”. La lucha de clases se licúa en una lucha entre meros discursos, que abre el interrogante sobre si en ambas posiciones (tecnocrática o agonal), por ser (o parecer) pares especulares, acaso no anida la misma ideología neoliberal, que nos devuelve una imagen de eso que llamamos comunicación carente de política, es decir de “algún modo de incidencia transformadora del orden establecido”. De modo que cabe preguntarse “qué de nuestra propia cultura política y teórica actual participa de la consagración de la victoria neoliberal”.

En este contexto, la pandemia no hizo más que reforzar esas tendencias ideológicas, pues, lo común que se nos presenta hoy es la incertidumbre y el miedo, y su socialización “puede provocar alianzas inexplicables de parte de los sectores populares con factores de poder”. Por lo tanto, el desafío de esta coyuntura es “buscar otros modos de tramitar el miedo” (un miedo anterior al odio), un afecto real que no se fabrica ni en los medios, ni en las redes, sino apenas allí se capitaliza e instrumenta. Reinventar formas de comunicación política, popular y democrática requiere sortear esa encrucijada, sin caer en formas ideológicas de un otro radical “amenazante y deshumanizado, con quien ya nada es posible”, pues lejos de hacer política, eso no es más que “pelear con fantasmas”.

Infectadura colectiva

En el artículo de Margarita Martínez, “Pandemia, medios y sociedad civil”, la autora rememora la oposición a las restricciones establecidas por el Estado nacional, ante la inevitable viralización de contagios. Una reacción que desató una insólita batería de hipótesis paranoicas, que desencadenaron actos de desobediencia civil que reclamaban por sus libertades, mientras que en las redes (especialmente Twitter —hoy, X—) y en los medios tradicionales, el debate público se violentaba, al tiempo que denunciara en forma “esquizoide” la violencia que se producía.

Para la autora, la pandemia fue un gran experimento biopolítico involuntario, que desplazó el “afuera” de las calles a las redes, único lugar “al que se podía salir cuando no se podía salir a ningún otro lugar”. La inmovilidad obligó a sectores de la población a dejar de “producir para no morir”, arriesgándose a “morir por no producir”. En ese interregno, trabajo y tiempo libre se entrelazaron, y mientras se reducía la productividad material de bienes, aumentaba la productividad y consumo de datos, “en los mismos domicilios donde el usuario hiperconectado los producía sin descanso”.

Mientras, el debate que se estructuró en las redes estuvo signado por “más de lo mismo”: noticias falsas, palabras proféticas, efectos retóricos y otras falacias, mientras que en la televisión,  el prestigio de voces autorizadas (médicos, infectólogos, funcionarios de Estado) desfilaron con toda clase de argumentos que impactaron en una sociedad en la que, de la noche a la mañana, surgían especialistas en la materia. Las redes “no solo comenzaron a funcionar como una suerte de dedo en alto de la corrección política; se constituyeron
también como sistemas eficaces de reemplazo de la sanción jurídica en un espacio público-político-virtual nacido como extra-jurídico”.

En la Argentina, la comunicación política gubernamental apeló a la razón y al sentido de responsabilidad, sin perder “el tono ineludible de la época”, al presentar el “nuevo COVID-19”, como si se tratara de un producto en góndola, y la imposición del verbo Cuidar, se transformó en una “orden inexpugnable”. Pero el descontrol en el territorio se desató igual, por las dificultades que surgían para cumplir las restricciones en ciertas áreas, como en el conurbano bonaerense, mientras reflotaron las marchas anti cuarentena, “y la presión psíquica se hizo sentir”. Aunque en las redes no surja una verdad, tienen la posibilidad de organizar cierta acción política, algo que la comunicación política debería considerar prima facie.

Nuevos ejercicios del poder y nuevos desafíos

Además de las quince millones de víctimas, la recesión económica fue estrepitosa, cargándose alrededor de ciento catorce millones de puestos de trabajo y arrojando a la  extrema pobreza a unas ciento veinte millones de personas 2 , mientras que los gigantes tecnológicos multiplicaron su valoración, llevando a sus CEOs a consagrarse como los primeros billonarios del mundo, tal como lo presenta Verónica Sforzin en su trabajo “Infodemia, nuevos ejercicios del poder y desafíos para América Latina”. ¿Cómo es posible? Para la autora, la única forma viable es mediante disciplinamiento social y guerra psicológica.

Allí se ubica el concepto de infodemia, como parte de las nuevas formas de ejercer el poder por las fracciones dominantes. Mientras se asocia el fenómeno a una sobreabundancia “natural” de información, producto del uso de las tecnologías, se opaca su aspecto de relación social de dominación, que evidencia la ruptura entre hecho y relato, un acuerdo social roto por los gigantes tecnológicos, por su capacidad infinita de producción de relatos, que se inscribe en un sistema mayor de desinformación masivo.

Estas corporaciones son parte del entramado de poder global occidental, que entablan una relación directa con el individuo/usuario/consumidor, a expensas de su voluntad. Gracias a la consolidación de las burbujas de algoritmos, “construyen un mundo virtual acorde a cada personalidad”. El resultado son sistemas sociales cada vez más polarizados ideológicamente, que multiplican la fragmentación de grupos y manifestaciones parciales, pero que además, imposibilita una lectura integral de la causa política y los intereses en juego. Estos elementos son parte de una guerra psicológica diseñada para la manipulación de emociones, a fin de exaltar el odio, el desánimo o el descreimiento.

El poder concentrado por estas corporaciones, que monopolizan el desarrollo tecnológico, les permite asegurarse la posibilidad de un apagón comunicacional y cometer los excesos que consideren necesarios para el ejercicio de un poder brutal, frente a la creciente desigualdad.

Ante el surgimiento indetenible de un mundo multipolar, encabezado por China y Rusia, el poder angloamericano requiere del despliegue de un nuevo régimen de acumulación basado en el extractivismo masivo de datos y de materias primas centrales. Por ello, para la autora, retomar el sendero de la soberanía requiere de una estrategia propia y de una alianza regional, como también resulta vital la convocatoria y participación de las organizaciones sociales y de la comunidad en general, ya que es el “tejido social organizado, movilizado, el que no queda preso de los medios de comunicación y las redes sociales virtuales, que imponen sus ejes de discusión”.

Patear el tablero

En su artículo “Volver a patear el tablero”, Eliana Maffullo y Larisa Kejval, identifican un primer problema al que llaman “la erosión de la conversación pública”, no solo por una excesiva massmediatización, sino por la instauración de “formas violentas y maniqueas del debate y el diálogo político, e incluso, social”. En ese sentido, la llamada grieta estructura una compleja forma de absorber y colocar discursos públicos en una cadena de interpretación “que les quita todo intento de interpelación”, más bien, “terminan produciendo indignación y odio, como emociones de fácil digestión”; entonces, “no hay sentido”, sino una “producción continua de miedo, furia y antipatía, configurante de determinadas identificaciones políticas”.

Previo a las elecciones de 2015, el fenómeno de la posverdad comenzó a instalarse en Argentina, a partir del montaje de escenas que provocaron sensaciones de realidad, tales como timbreos, reuniones con vecinos, caminatas con saludos, y otros dispositivos planificados para la creación de productos comunicacionales. Su estratégica distribución en medios y redes, permitió una alta recepción en amplios sectores de la población.

Aunque, del campo nacional y popular, “la reacción fue la denuncia”, esos mensajes calaron profundamente en los sentidos sobre lo político; “un discurso soft del placer, antipático a las ideas políticas, comenzaba a circular y permear”, el de “la pesada herencia y la idea de un cambio necesario”. Es entonces cuando el macrismo llega al poder, con un discurso negador del conflicto y de la política. Pero la gestión de la política pronto se distanció de ese relato, y fue entonces difícil escapar a la politización.

Con la llegada de la pandemia, el capitalismo evidenció no tener restricciones. Para la coalición de gobierno fue necesario un discurso que sostuviera la disciplina y las medidas sanitarias, con información científica, transmisión de datos y prohibiciones que promuevan el cuidado, mientras que la derecha opositora se erigió como “la defensora de la libertad”, al tiempo que los medios, y su réplica en las redes, alentaron la quema de barbijos y la transgresión de las normas sanitarias. De allí se deriva un segundo problema, que las autoras llaman “la erosión de las tramas sociales”.

Ante este escenario, las autoras llaman a “habitar las redes y los espacios mediáticos con inteligencia”, y de “empezar a preocuparnos no tanto por el monstruo sino por quién le da de comer”. Por ello, invitan a recuperar y multiplicar otras formas de encuentro y conversación pública, “con una política que ponga en el centro el cuidado del otro”, y con sentidos “que devuelvan la capacidad transgresora y desafiante de nuestra tradición política”.

Por un protagonismo popular

En un exhaustivo análisis titulado “La agenda de las mayorías”, Úrsula Asta, resalta que, a comienzos del 2020, la propia Organización Mundial de la Salud sostuvo que “a la lucha contra el virus del COVID-19 se le sumaba la lucha contra la infodemia”. Subraya que no puede pensarse el fenómeno por fuera del modo de producción capitalista- imperialista, ya que los sujetos centrales del sistema de poder son quienes “violentan las formas de las relaciones sociales para sus objetivos de optimizar beneficios”. Es decir, que “el proceso de desarrollo algorítmico es impulsado y controlado por el mismo plexo empresario dominante”, que asegura “diversificar” la información y la comunicación, cuando la concentra cada vez más.

En el contexto de pandemia, las noticias sobre ciertos efectos colaterales de algunas vacunas se propagaron globalmente, como ocurrió con Oxford/AstraZeneca, cuestionada por la Unión Europea, a pesar que no fuera comprobado, y más aún cuando otras, como Pfizer-BioNTeche o Johnson&Johnson, también presentaron aparentes problemas, aunque estas no recibieron el mismo tipo de crítica. En el plano local, el lobby farmacéutico ungió a Pfizer para que sea “la mejor vacuna”. Resultó que la corporación presionaba a gobiernos latinoamericanos para que utilizaran activos soberanos como garantía para el acuerdo de vacunas.

Paralelamente, la vacuna Sputnik V fue calificada de “veneno” y asociada al fantasma del comunismo ruso. Es así que los medios corporativos argentinos aseguraron que nuestro país compraba vacunas por ideología. Estos aspectos muestran los despliegues mediáticos movilizados por “intereses transnacionales, en perjuicio de cierto desarrollo autónomo”, y a fin de cuentas, la intención de “marcar la cancha para que solo se pueda administrar esa dependencia”. No obstante, lejos de ser un reflejo de la realidad, las noticias son “una construcción de los acontecimientos”, cuyo campo de influencia se organiza en función de la relevancia de determinado tema; qué se dice, quién lo dice y cómo lo dice, sumado a un escenario de guerra psicológica “que obnubila la capacidad de reflexión”.

Pero ese campo de influencia no es absoluto. Los medios inciden extensamente, pero siempre en forma relativa, aunque el terreno mediático ocupe un lugar central de disputa política, económica y cultural. De modo que “todo proceso periodístico pertenece al escenario de debate y de puja en torno al poder”; existe objetividad en el hecho periodístico, que se contrasta en sus fuentes, mientras que la parcialidad implica un posicionamiento frente al hecho.

Si bien, la narrativa mediática durante la pandemia instigó marchas antivacunas y exacerbó la libertad individual, en simultáneo ocurrían “importantes niveles de solidaridad” en escuelas, sindicatos, clubes, universidades, fábricas, cooperativas, entre otros. Por ello, la autora sostiene la necesidad de “discutir el protagonismo popular”, con “el impulso de procesos de movilización”, que son primordiales para construir la agenda de las mayorías.

Comunicación y liberación

Gustavo Aráoz, en “Comunicación popular para la liberación nacional”, define el acceso a la comunicación como un derecho humano. A pesar de ello, las estrategias de comunicación corporativa buscan confundir a la sociedad; si antes la censura era la forma explícita de restringir el derecho a la libertad de expresión, la sobreabundancia de información, paradójicamente, conlleva los mismos fines, negar el acceso a la información. Por eso, quien consume medios e información, “debe asumir la responsabilidad que los tiempos demandan”, pero ¿cómo? “Es ahí donde las organizaciones libres del pueblo deben ocupar el rol de comunicadores populares para la liberación”.

Para el autor, liberación implica “construir soberanía nacional y popular en la conciencia del pueblo”, pero también, generar un aparato productivo, lograr condiciones de igualdad “en una comunidad que se desarrolla colectivamente, desde la solidaridad y la empatía como estandarte”.

Esta situación no es ajena a los barrios, pues las relaciones entre sus miembros “suelen estar impregnadas de ciertos relatos que se expresan de la misma manera y con una misma perspectiva”. Aráoz, toma como ejemplo la política pública municipal en el distrito bonaerense de Quilmes, con la reciente creación de la Dirección de Comunicación Popular, con el objetivo de impulsar espacios de debate, análisis, formación y producción de contenidos. Se trata de crear “herramientas de información que puedan ayudar a la comunidad a pensarse como grupos diversos de actores sociales que habitan un mismo territorio”, porque, de lo micro a lo macro, “cuando conversamos sobre el precio de la carne o el pan, estamos ante un tema de economía global”.

Para cumplir estos objetivos, se crearon los Encuentros de Comunicación, en el marco del Programa de Comunicación Ciudadana, que tiene por misión “trabajar la comunicación desde la perspectiva popular, democrática y feminista, en función de la comunidad organizada”, con asesorías, formación y producción de contenidos educativos para organizaciones y actores que fortalezcan el desarrollo de los objetivos de estas políticas de estado, y en última instancia, contribuyan a “elevar la conciencia de nuestro pueblo”.

Infodemia y Estado de Excepción

El libro finaliza con el artículo de su compilador, “Infodemia contra el Estado”, que resalta cómo las relaciones humanas fueron puestas a prueba en todas sus dimensiones durante esa “experiencia socialmente traumática”, que alteró la forma de relacionarnos y de leer la realidad y la política. Los gobiernos se vieron forzados a asumir el riesgo de aplicar un “dispositivo gubernamental”, como fue el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio (ASPO), con el fin de proteger la salud pública. Pero, a su vez, otra normalidad surgía desde la virtualidad que se instaló con la ASPO, en tanto “Excepción de Estado”, que dio lugar a una campaña de desinformación y acción psicológica, que se caracterizó por la viralización del uso manipulado de informaciones y noticias.

Este modo  de operar la información, conocido como infodemia, alentó el fracaso del esfuerzo estatal contra la pandemia, que, desde la Secretaría de Medios y Contenidos Públicos de la Nación lanzó la plataforma Confiar, creada para combatir la epidemia informativa de noticias engañosas y contenido manipulado, que se convirtieron en asuntos de salud pública.

Para el autor, lo que se buscó fue configurar el efecto de estar viviendo una “infectadura”, y que la intervención estatal debía ser combatida y derrotada. En este escenario se consolidó la figura altamente mediatizada de Javier Milei. Estos “mecanismos mediáticos de construcción de sentidos, de consensos y elaboración de imaginarios sociales”, decantaría en un cambio cultural “que pusiera en juego la creencia social que el Estado es garante de la vida de sus ciudadanos”, y en consecuencia, en el triunfo electoral libertario.

Por eso, la estrategia denominada infodemia, constituyó una “ofensiva ideológica” por parte de los sectores de poder, que se volvió efectiva con la instalación de narrativas anti cuarentena, que operaron en cambios de actitud en los sujetos, al punto de crearles una “disonancia cognitiva”. Se trata de una acción deliberada para producir malestar a gran escala, e implantar un nuevo sistema de creencias “que pusiera en primer lugar al individuo, por sobre el conjunto de la población”, sobre un escenario de humor social condicionado por el ASPO, la crisis económica y el malestar político.

Fue así cómo comenzó a instalarse “un polo de pensamiento de derecha y antinacional a través de la corriente libertaria”, cuyo “nuevo horizonte de lo decible”, apunta al Estado como enemigo. Bajo el “sesgo cognitivo” de señalar que “todos los políticos son corruptos”, comienza a “galvanizar discursos de odio que parecen justificar la eliminación de todo otro que sostenga la necesidad de un Estado presente” y desafía peligrosamente “las creencias que sostuvieron durante años una cultura política que tuvo al Estado como garantía de Justicia Social”.

CICCUS

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Estados Unidos: La resistencia de masas en Minneapolis muestra la barbarie de ICE y cómo se lo puede derrotar

Por Socialist Horizon

Desde principios de diciembre de 2025, el régimen de Trump desplegó más de 2.000 agentes de ICE y otros agentes de inmigración para inundar Minneapolis y llevar a cabo la «Operación Metro Surge» (Aluvión Metropolitano), lo que el Departamento de Seguridad Nacional llamó «la mayor operación de aplicación de la ley de inmigración jamás realizada». Se trataba de un ataque coordinado y una ocupación de la ciudad dirigida contra la población somalí con la intención de llevar a cabo arrestos y detenciones masivas alimentados por el grotesco racismo de Trump, los operativos de su régimen y los supremacistas blancos alineados. Lo que obtuvieron en su lugar fue la resistencia masiva de la población de toda el área metropolitana de Minneapolis-St. Paul, y una batalla entre fuerzas opuestas que se libra hasta el día de hoy.

Durante el primer mes, los agentes de ICE encontraron tanta resistencia a su operación que Trump tuvo que mandar 1.000 agentes adicionales, y dar luz verde al uso desenfrenado de la fuerza por los agentes contra el movimiento de defensa anti-ICE. Esto se desarrolló en la forma más bárbara con el asesinato de Renée Nicole Good, una activista barrial y madre de tres hijos que fue baleada y asesinada por el agente de ICE Jonathon Ross. El asesinato de Good desencadenó la movilización masiva que condujo a la convocatoria de una huelga general en toda la ciudad.

La batalla de Minneapolis y la huelga general

La «Batalla de Minneapolis», una lucha de clases entre miles de minnesotanos de clase trabajadora y el ejército invasor y ocupante del ICE de Trump, alcanzó su máxima expresión el 23 enero, cuando sindicatos, grupos comunitarios, instituciones religiosas y grandes franjas de la población en general se organizaron para llevar a cabo una huelga general.

El viernes, al menos 50.000 personas en Minneapolis, y algunos calculan que hasta 100.000, desafiaron un frío extremo de 22 grados bajo cero y una sensación térmica peligrosamente baja, de hasta 40 grados bajo cero, para participar en una protesta masiva desarrollada a partir de la huelga general convocada. Aunque no fue una huelga general completa, la acción provocó el cierre de sectores de la economía, la paralización del sistema de transporte público, el cierre de cientos de empresas y de muchas escuelas.

La huelga general demuestra el máximo poder de la clase obrera para paralizar el sistema capitalista y todos sus componentes constitutivos. Esta capacidad única de la clase obrera para detener colectivamente el funcionamiento del sistema capitalista surge de su papel central en la producción capitalista. Mientras que la clase capitalista posee los medios de producción, los trabajadores determinan si la producción se efectúa o no en cualquiera de sus formas. Mediante la retención del trabajo a escala generalizada, los trabajadores pueden impedir que los capitalistas obtengan los ingresos necesarios y que se produzcan ganancias. Si el sistema capitalista deja de funcionar y de generar riqueza, se crean perturbaciones que pueden multiplicarse y empujar a sectores de la clase capitalista a una crisis existencial, al tiempo que repercuten de forma secundaria en todos los aspectos del funcionamiento del sistema capitalista. Una crisis de esta magnitud obliga a los representantes políticos de la clase capitalista, ya sean republicanos o demócratas, a tener que negociar y hacer concesiones (como desmovilizar y retirar a ICE de Minneapolis) para preservar el sistema capitalista.

En otra acción, varios miles de manifestantes se congregaron en el aeropuerto de Minneapolis-St. Paul (MSP) para exigir que cesaran los vuelos de deportación del ICE. Durante las semanas anteriores de ocupación del ICE, más de 2.000 personas secuestradas por agentes federales habían sido embarcadas en vuelos contratados a través de Delta Airlines y Signature Aviation y enviadas a destinos desconocidos. Como parte de la convocatoria de la acción de huelga en MSP, un porcentaje importante de los trabajadores del aeropuerto se quedó en casa en un «sick out» («enfermarse») coordinado. Fuera del aeropuerto, más de 100 líderes religiosos llevaron a cabo una acción de desobediencia civil bloqueando la carretera principal para obstruir el acceso.

La magnitud y las heroicas acciones de los habitantes de Minneapolis inspiraron cientos de acciones de solidaridad en todo el país, mostrando las fases iniciales de un movimiento nacional contra el ICE que está tomando forma.

Escuadrones de la muerte de ICE

Al día siguiente de la acción masiva, agentes del ICE asesinaron a Alex Jeffrey Pretti, un enfermero de la Unidad de Cuidados Intensivos de la Administración de Veteranos que apoyaba activamente a su comunidad como parte de la red de defensa contra ICE. Pretti recibió 10 disparos a quemarropa en forma de ejecución. Las circunstancias que condujeron a este asesinato a sangre fría se intensificaron rápidamente por parte de los agentes, que parecían ansiosos por llevar a cabo otro asesinato-ejecución como el de Renee Nicole Good, a quien el agente del ICE Jonathon Ross disparó tres veces a quemarropa. Pretti estaba filmando a los agentes durante una operación, luego dirigiendo el tráfico en torno a una operación de ICE que bloqueaba el camino, cuando fue atacado, rociado con agentes químicos, y luego violentamente asaltado en grupo y golpeado por varios agentes por tratar de ayudar a otro miembro de la comunidad que también estaba siendo asaltada.

Pretti es la sexta persona asesinada a tiros por agentes federales de inmigración desde el inicio del segundo mandato del presidente Donald Trump, mientras que 19 personas han sidoasesinadas a tiros por agentes de ICE en total. Otras 32 personas han muerto bajo custodia del ICE en 2025.

Desde la invasión de Minneapolis por ICE, la escala masiva de represión violenta se ha traducido en más de 3.000 detenciones y secuestros, un número incalculable de palizas y el gaseado de defensores de la comunidad y transeúntes con agentes químicos y explosivos como gas lacrimógeno, gas pimienta, perdigones de spray de pimienta, gas cancerígenomezclado con plomo y cromo, y granadas flash bang, incluido un incidente en el que una de ellas fue lanzada contra el coche de una familia que transitaba por la zona, hiriendo al conductor y a sus seis hijos.

Se trata de una escalada de violencia estatal diseñada para aterrorizar a los habitantes de Minneapolis porque han llevado a cabo una campaña de resistencia de masas muy organizada y eficaz contra las fuerzas de ocupación de ICE. En lugar de acobardar a los minnesotanos, ha atraído a aún más gente a la lucha.

También se está produciendo una radicalización entre los organizadores y defensores de primera línea, incluyendo a miles de personas que participan directamente en patrullas contra ICE, grupos de autodefensa en el lugar de trabajo y en la comunidad, equipos de respuesta de emergencia, apoyo de ayuda mutua y otros métodos innovadores y ascendentes para frustrar la ocupación de ICE y sus ataques.

Decenas de miles de personas más de todas las comunidades y ámbitos de la vida son la siguiente franja de apoyo a la lucha para evitar que ICE lleve a cabo sus secuestros masivos. El «aluvión» de terror del ICE de Trump en el estado de Minnesota ha activado un movimiento masivo de resistencia de todos los sectores.

ICE se creó para servir a los objetivos capitalistas e imperialistas

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) se creó en 2003 como parte de la formación del recién creado Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y al inicio de la «Guerra contra el Terrorismo» de Estados Unidos. Veintidós agencias de seguridad se combinaron en el DHS, incluidos los dos más grandes, ICE y CBP, y se les encomendó la tarea de dirigir la entonces Guerra contra el Terrorismo hacia adentro del país, no solo contra los migrantes y refugiados, sino también contra los activistas antiimperialistas, los disidentespolíticos y cualquier otra persona que se oponga al régimen de Trump.

Las operaciones de ICE como la de Minneapolis aplican una estrategia militar denominada estrategia de contrainsurgencia. La variante adaptada de la «contrainsurgencia militar centrada en la población» tiene por objeto invadir, ocupar y establecer el control sobre una población y el entorno en el que existe esa población con el fin de ejecutar objetivos militares declarados (castigo colectivo, aislar o desarraigar a los «insurgentes», etc.). La estrategia contrainsurgente había sido desarrollada y desplegada originalmente por las fuerzas militares estadounidenses en teatros de guerra para atacar y reprimir los movimientos insurgentes de resistencia que operaban en núcleos de población, especialmente actuando contra fuerzas militares de ocupación como las estadounidenses en Irak y Afganistán, o contra gobiernos alineados con Estados Unidos. Esta estrategia militar se aplica ahora contra la población estadounidense.

También es significativo que la ocupación de Minneapolis coincida con el aumento de la agresión imperial estadounidense hacia afuera. La invasión estadounidense de Venezuela y el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores es el brazo imperial de ICE. De hecho, Maduro fue arrastrado encadenado a una cárcel de Brooklyn para que Trump pudiera declarar que su detención formaba parte de la guerra de EE.UU. que se libra contra Venezuela en el extranjero, y por ICE en las ciudades de EE.UU. a nivel nacional.

Trump precipitó su ataque contra Venezuela etiquetando falsamente al gobierno de Maduro como un régimen «narcoterrorista», declarando a la pandilla callejera local venezolana «Tren de Aragua» un cártel internacional de la droga, haciendo llover misiles Hellfire sobre pequeñas embarcaciones y asesinando a más de 126 personas frente a las costas venezolanas y colombianas, alegando que eran contrabandistas de drogas, y luego criminalizando a 650.000 migrantes y refugiados venezolanos en los EE.UU., alegando que eran parte de este mismo cartel criminal internacional.

En marzo de 2025, Trump proclamó que los inmigrantes venezolanos dentro de Estados Unidos pertenecían a la banda criminal venezolana «Tren de Aragua» y estaban «llevando a cabo una guerra irregular» contra Estados Unidos. Trump invocó una ley del año 1798 para enviar a unos 250 venezolanos a una prisión de máxima seguridad en El Salvador, donde fueron sometidos a torturas por el régimen de Bukele, antes de que un juez federal le ordenara poner fin a esos vuelos. Trump ha ordenado ahora la deportación masiva de migrantes venezolanos desde ciudades estadounidenses utilizando vuelos de deportación directa a Caracas. Esto tras «llegar a un acuerdo» con el gobierno de Delcy Rodríguez, exvicepresidenta bajo Maduro, ahora instalada en la Presidencia.

El ataque de Trump contra Venezuela y el asesinato de más de 100 personas durante el violento secuestro de Maduro, y la criminalización y persecución de los migrantes y refugiados venezolanos están directamente relacionados con la ocupación de Minneapolis por ICE. Se despliegan los mismos métodos imperialistas de ataque, secuestro y represión, y se utiliza la misma propaganda racista para justificar las estrategias violentas, con la misma violencia represiva contra los que son blanco y los que se resisten.

Guerra interna

A partir de 2003, ICE se desplegó inicialmente a través del «Programa Nacional de Operaciones contra Fugitivos» para vigilar, localizar, detener y deportar a personas indocumentadas árabes, musulmanas y de Medio Oriente procedentes de más de 20 países seleccionados que residían en Estados Unidos (lo que refleja la guerra contra las personas árabes, musulmanas y de Medio Oriente en las regiones objetivo de operaciones militares estadounidenses).

En 2006, el ámbito de aplicación se amplió para incluir a los trabajadores indocumentados de México, América Central y el Caribe. Esta focalización en los trabajadores inmigrantes se llevó a cabo en respuesta a las movilizaciones masivas de trabajadores inmigrantes de 2006, en las que más de 3 millones de personas participaron en huelgas, marchas, boicots y paros exigiendo la legalización. Entre 2006 y 2007, los agentes del ICE orquestaron cientos de redadas invasivas en más de 100 ciudades y pueblos de todo el país, dirigidas contra fábricas, granjas, hogares y espacios públicos comunitarios, decapitando el movimiento.

El imperativo de reprimir, contener, controlar e infundir la permanencia del miedo en la clase trabajadora migrante e internacional como función del sistema capitalista estadounidense puede explicar por qué tanto el Partido Republicano como el Demócrata han trabajado juntos para aumentar el ICE y las capacidades de detención y deportación a través de sucesivas administraciones hasta el actual segundo mandato de Trump.

La construcción de ICE como proyecto bipartidista

ICE es actualmente la mayor agencia de seguridad armada en Estados Unidos. Originalmentese le asignaron 3.300 millones de dólares bajo el mandato de George W. Bush, pero ha ido aumentando y ampliándose con cada gobierno hasta alcanzar un presupuesto de 10.000 millones de dólares bajo el mandato de Biden en 2024. En este segundo mandato de Trump, el presupuesto de ICE se ha ampliado a 75.000 millones de dólares para los próximos cuatro años, además de los 10.000 millones de dólares que el Congreso ya la habia asignado en marzo de 2025. ICE dispone de 28.700 millones de dólares este año, lo que supone casi el triple de todo el presupuesto de ICE del año fiscal 2024.

El objetivo declarado originalmente por Trump era crear una fuerza capaz de deportar a 3.000 personas por día y, en última instancia, deportar a «entre 15 y 20 millones de personas» durante su segundo mandato. Para ello, ICE se ha desplegado en los 50 estados para llevar a cabo operaciones. Aunque ICE realizó 1.179 detenciones hasta el 26 de enero, el promedio diario de arrestos cayó a alrededor de 800 a finales de enero y a menos de 600 durante las dos primeras semanas de febrero de 2025. Reuters informa de que en enero Trump deportó a unas 38.000 personas, menos que la media de Biden de 57.000 expulsiones al mes en 2024.

Esto condujo a la estrategia de «aluvión» para aumentar el número de detenciones, con un masivo aumento de financiación, acumulación de agentes movilizados y despliegue en las ciudades «bajo el control del Partido Demócrata» en el verano de 2025. Miles de agentes «inundaron» varias ciudades para llevar a cabo redadas de alta intensidad y ocupar objetivos estratégicos, lo que recuerda a los «aluviones» de tropas militares en Irak y Afganistán para llevar a cabo secuestros y deportaciones masivos. Esta estrategia se desplegó primero en Los Ángeles, luego en Chicago, Charlottesville y ahora en Minneapolis.

La estrategia de Trump de persecución y violencia racial

La estrategia de «aluvión» se vio facilitada por una sentencia de la Corte Suprema que autorizó el derecho de los agentes de ICE a realizar perfiles raciales. En el caso conocido como «Vásquez Perdomo v. Noem», la Corte Suprema accedió a una solicitud de emergencia del gobierno Trump que anulaba la orden de un juez de Los Ángeles que prohibía a las patrullas itinerantes de ICE seleccionar y arrebatar a personas de las calles de Los Ángeles basándose únicamente en su apariencia racial, qué idioma hablan, qué tipo de trabajo hacen o dónde se encuentran. Ahora, ICE tiene autorización para emprender cacerías raciales en los centros urbanos seleccionados.

Trump revocó entonces el «Estatus de Protección Temporal» (TPS, por sus siglas en inglés) y los estatus de protección legal para más de 1,5 millones de inmigrantes que estaban en el país con autorización legal y muchos de los cuales se encuentran en diferentes etapas de avance en el proceso para conseguir el estatus de refugiado para ellos y sus familias. Esto creó de la noche a la mañana una población de «personas deportables» que podían ser secuestradas por el ICE.

Esto también coincide con la emisión por parte de Trump de un memorando en junio de 2025 que ordenaba que ICE pusiera fin a las redadas de inmigrantes en lugares de trabajo que venía orquestado como parte de su campaña de represión de migrantes. Los intereses capitalistas se opusieron a Trump y a los efectos perjudiciales que estas redadas estaban teniendo en sus negocios y beneficios, lo que llevó a Trump a volver a focalizarse en los refugiados.

En octubre, Trump purgó la cúpula de ICE, echando a los jefes de 10 oficinas de campo regionales, sustituyéndolos por gente de la Patrulla Fronteriza dirigida por Gregory Bovino. Este se convirtió en el principal arquitecto encargado de dirigir las operaciones de ICE en Chicago y luego en Minneapolis debido a su reputación de tácticas represivas de mano dura y violencia racial. Según un informe, «filtraciones dentro de la administración indicaron que la Casa Blanca estaba harta de que ICE intentara apuntar a inmigrantes individuales con arrestos y quería más de las tácticas basadas en perfiles de Bovino.»

Ante la resistencia masiva a la estrategia de «aluvión», el régimen de Trump declaró la «inmunidad absoluta» para los agentes que llevan a cabo la represión violenta contra los activistas anti-ICE. ICE también comenzó una política de reclutamiento intencional de individuos y grupos de ideología de extrema derecha y fascista, prácticamente sin investigación de antecedentes, y redujo la capacitación de los agentes de ICE de 16 a 6 semanas. Esto se suma al hecho de que hay poca supervisión de las operaciones de ICE, lo que crea una cultura cerrada, interiorizada y encubridora en la que pueden prosperar la violencia y la corrupción. Dos días antes del asesinato de Alex Pretti, un tribunal federal de apelación dictaminó que los agentes de ICE pueden desplegar agentes químicos y utilizar la violencia a su discreción contra los manifestantes anti-ICE.

La indignación masiva contra los asesinatos de ICE ahora parece estar conduciendo a un nuevo cambio en la estrategia de Trump. Despidió al pequeño tirano y arquitecto de la brutalidad de ICE Gregory Bovino -quizás ofreciéndolo como chivo expiatorio. Ha anunciado que su nombrado «zar de la frontera» Thomas Homan sustituirá a Bovino y «le informará directamente» sobre los acontecimientos sobre el terreno en Minneapolis. Pero Homan no es diferente.

Homan fue nombrado durante el segundo mandato de Barack Obama y por Trump en ambos mandatos. Obama lo nombró Director Ejecutivo Asociado de Operaciones de Ejecución y Expulsión de ICE en 2013. Fue el arquitecto de la brutal política de separación de familias de Obama, argumentando que la separación de los niños de sus padres y cuidadores «sería un elemento disuasorio eficaz» para quienes cruzan la frontera en busca de asilo. Fue tan eficaz en el despliegue de métodos crueles e inhumanos contra los migrantes y refugiados para facilitar la deportación a tan gran escala que Obama, el «Deportador en Jefe» concedió a Homan un Premio Presidencial de Rango, alabando el «éxito de Homan en la ampliación de las detenciones y camas de detención para el reciente aumento de niños y familias que huyen de la violencia en América Central».

Como parte del primer gobierno de Trump, Homan fue convocado para expandir su política de separación familiar. Después de 2018, comenzó a contribuir en Fox News como comentarista, y luego se unió a la Fundación Heritage de extrema derecha en 2022, donde se convirtió en un colaborador del desarrollo del Proyecto 2025. Antes de formar parte del segundo gobierno de Trump, Homan fue grabado aceptando una bolsa con 50.000 dólares en efectivo de agentes encubiertos del FBI que se hacían pasar por ejecutivos de negocios. El FBI investigaba las acusaciones de que Homan aceptaba sobornos de empresas de seguridad fronteriza a cambio de la promesa de contratos gubernamentales si Trump ganaba las elecciones de 2024. En septiembre de 2025, el Departamento de Justicia de Trump cerró abruptamente la investigación. Mientras tanto, con Homan de nuevo en el cargo en el segundo mandato de Trump, los antiguos clientes de Homan están consiguiendo «grandes pagos federales» y ganando contratos rentables de la Casa Blanca de Trump en medio de sus medidas enérgicas desatadas por ICE en las ciudades estadounidenses.

La reorganización del mando y el reciclaje de Thomas Homan para reemplazar al despreciado Gregory Bovino se refleja en cómo la gente de Minneapolis ha contraatacado a ICE y a Trump, especialmente después de los brutales asesinatos. Pero la guerra de ICE continuará y se intensificará bajo Homan, por lo que necesitamos seguir construyendo la resistencia a ICE de abajo hacia arriba en ciudades de todo el país, y unificarlas a escala nacional. También tenemos que organizarnos en torno al llamamiento para abolir ICE por completo.

Construir la resistencia a escala nacional

Los movimientos de resistencia han desempeñado un papel importante a la hora de oponerse e impedir que ICE logre sus objetivos sobre el terreno. La acción masiva y organizada ha permitido evitar detenciones, interrumpir u obstruir redadas y operaciones, organizar una masa crítica en tácticas para inmovilizar y obstruir a ICE, organizar sistemas de vigilancia y respuesta de emergencia para responder rápidamente en los puntos de actividad de ICE, organizar patrullas en barrios específicos, desarrollar planes de defensa, grupos y actividades de ayuda mutua, y ahora desplegar la mayor arma en el arsenal de la lucha de la clase obrera: la huelga general.

Tendremos que unirnos, construir y fortalecer los movimientos de lucha de clases contra la violencia y la ocupación de ICE para derrotar la guerra de clases que se nos está perpetrando desde arriba. También tenemos que construir un partido revolucionario en los EE.UU. que pueda ayudar a dar forma, organizar y unir a los sectores más militantes del movimiento de resistencia de masas contra el sistema capitalistas e imperialista que impulsa estas guerras en el extranjero y en casa.

Socialist Horizon está comprometido con este proyecto. Instamos a las personas que deseen unirse a nosotros a que se pongan en contacto con nosotros en contact@socialisthorizon.org

Publicado originalmente en Punto Rojo

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Palestina El sionismo expulsó a dirigentes docentes, en pleno “colapso” educativo

Con motivo del Día Internacional de la Educación, celebrado el 24 de enero, una delegación de la Internacional de la Educación (IE), integrada por representantes de sindicatos docentes de 15 países, intentó ingresar a Palestina. Las autoridades de ocupación israelíes impidieron su ingreso, tal como denunciaron organizaciones sindicales integrantes de la IE, entre ellas la CTERA (Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina).

En ese mismo marco, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) difundió un nuevo informe en el que advierte que el sistema educativo de Gaza enfrenta un “colapso” que compromete gravemente el desarrollo de toda una generación. Según el organismo, “alrededor de 658.000 niñas y niños palestinos han quedado excluidos de la educación presencial durante dos años escolares consecutivos”, mientras que “más de 71.000 jóvenes no han podido rendir los exámenes de acceso a la universidad” (UNRWA, 2026). El informe subraya además que el trauma psicológico, la inseguridad constante, el desplazamiento forzado y la pérdida de familiares afectan de manera persistente a las infancias, en un contexto marcado por la ausencia de entornos educativos seguros.

Repudio a la expulsión de delegación docente de Palestina por el sionismo

Frente a esta situación, desde Alternativa Docente, ANCLA (MST–FIT Unidad) expresamos nuestro repudio a la decisión del Estado sionista de Israel de expulsar a la delegación de la Internacional de la Educación (IE) que incluía a representantes sindicales docentes de CTERA (Argentina), de Comisiones Obreras – Enseñanza (España), de SNES-FSU (Francia), del Sindicato Sudafricano de Docentes Democráticos (SADTU) y de otras naciones. De acuerdo a la denuncia difundida por CTERA, fueron detenidos durante varias horas, sometidos a interrogatorios, se les confiscaron los pasaportes y finalmente fueron expulsados por la fuerza hacia Jordania, lo que impidió el encuentro con docentes palestinos en Ramállah (Internacional de la Educación, 2025).

La delegación había sido invitada por el Sindicato General de Maestros Palestinos (General Union of Palestinian Teachers, GUPT) con el objetivo de expresar su solidaridad con las y los educadores palestinos que continúan defendiendo el derecho a la educación en condiciones extremas. Asimismo, buscaban acompañar a docentes recientemente graduados de un programa de formación apoyado por la Internacional de la Educación. Estas acciones resultan inaceptables para las autoridades sionistas israelíes porque podrían contribuir a visibilizar lo que la ONU ha definido como un verdadero “escolasticidio” que concretan en Palestina, causando efectos devastadores en su educación pública y su patrimonio cultural.

La delegación de la Internacional de la Educación que quiso ingresar a Palestina

Condenamos este accionar violento y el intento de intimidar, aislar y silenciar a las y los educadores de la IE, así como a todos los sectores que expresamos solidaridad con las infancias, las adolescencias, las y los docentes, el personal de la salud, periodistas y el conjunto de la población palestina. Todo ello ocurre mientras el pueblo palestino continúa siendo perseguido, sometido a torturas, privado de ayuda humanitaria, bombardeado y asesinado en el marco de un genocidio sistemático impulsado por el gobierno de Netanyahu y el sionismo, con el aval cómplice del imperialismo.

Tal como ha ocurrido con la Flotilla Sumud Global y con las expresiones de solidaridad impulsadas por nuestro dirigente Alejandro Bodart —quien enfrenta un nuevo intento de condena por parte del sionismo, a través de la DAIA en Argentina, por denunciar el genocidio en curso—, así como con las expresiones de otros dirigentes y sectores, por lo que reafirmamos nuestro compromiso en defensa de quienes alzan su voz crítica porque denunciar un genocidio no es delito.

Por todo ello, compartimos las expresiones de solidaridad con las y los dirigentes docentes expulsados por el Estado genocida de Israel en el marco de su accionar represivo, y redoblamos nuestro apoyo a las y los docentes palestinos, a sus infancias, adolescencias y a todo el pueblo que lucha por su autodeterminación. Por una Palestina libre, desde el río hasta el mar.

Sistemática destrucción de escuelas y asesinato de estudiantes y docentes en Palestina

En relación con la educación, expertos de las Naciones Unidas señalaron que existe “un esfuerzo intencional para destruir por completo el sistema educativo palestino”, al que definen como escolasticidioy precisaron que el término “se refiere a la destrucción sistemática de la educación a través del arresto, la detención o el asesinato de docentes, estudiantes y personal educativo, así como mediante la destrucción de la infraestructura educativa” (Naciones Unidas, 2024). Entre estos expertos se encuentra Francesca Albanese, Relatora Especial de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en el territorio palestino ocupado desde 1967.

Este Comité de expertos es parte de los llamados Procedimientos Especiales del Consejo de Derechos Humanos, el mayor órgano de expertos del sistema de DDHH de la ONU. Y en sus informes han sido categóricos al denunciar la destrucción de escuelas, bibliotecas y sitios patrimoniales, así como el asesinato de miles de estudiantes y centenares de docentes palestinos, junto a miles de heridos por la agresión militar de Israel. En ese sentido, los expertos advirtieron que “estos ataques persistentes e insensibles contra la infraestructura educativa en Gaza tienen un impacto devastador a largo plazo en los derechos fundamentales a la educación y a la libertad de expresión” y remarcaron que “no se trata de Incidentes aislados, sino de un patrón sistemático de violencia destinado a desmantelar los cimientos mismos de la sociedad palestina” (Naciones Unidas, 2024).

Datos actualizados del reciente 23 de enero del 2026 por el informe de la UNRWA indican que, entre octubre de 2023 y septiembre de 2025, más de 17.000 estudiantes y alrededor de 600 docentes palestinos fueron asesinados como consecuencia de la ofensiva israelí, mientras que resultaron heridos más de 25.000 estudiantes y 3.000 docentes (UNRWA, 2026). Otras fuentes oficiales palestinas elevan aún más estas cifras, señalando que ya superan los 20.000 estudiantes y los 1.000 docentes asesinados en los últimos dos años (Embajada del Estado de Palestina en Chile, 2026). Mientras que la Embajada Palestina en Uruguay publicó que, desde la firma del acuerdo de Alto al Fuego, Israel ha asesinado a más de 486 palestinos en la Franja asediada de Gaza.

En cuanto a la destrucción material, la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado informó que aproximadamente el 97 % de las escuelas de Gaza requiere rehabilitación o reconstrucción total, que centenares de instalaciones universitarias han sido dañadas, y que al menos 57 edificios universitarios habían quedado completamente destruidos hacia marzo de 2025, afectando a más de 87.000 estudiantes (UNRWA, 2025).

Las conclusiones de estos informes son contundentes: la crisis del sistema educativo, debido a la interrupción de las clases y de la formación de docentes, así como la suspensión de los exámenes y de la aplicación de los planes de estudio, amenaza con borrar décadas de avances y retrasar el aprendizaje de toda una generación.

Actividades artísticas y deportivas en una escuela dañada de Nuseirat, Gaza

Enfermedades por frío, crisis de salud y bloqueo afectan a las infancias

Por otra parte, la Agencia UNRWA de la ONU señaló el aumento de casos de miedo, ansiedad y dificultades de concentración entre niñas y niños de Gaza, asociados al entorno permanente de peligro y a la profunda desestructuración familiar provocada por la ofensiva israelí (UNRWA, 2025). El organismo advirtió además sobre los obstáculos derivados de las condiciones climáticas adversas, como las lluvias intensas y las bajas temperaturas, que agravan la situación de los espacios de aprendizaje temporales establecidos tras la destrucción de las infraestructuras educativas. En este sentido, la UNRWA alertó que las inundaciones y el frío “dificultan el funcionamiento de los espacios de aprendizaje temporal”, dado que los sistemas de drenaje han sido destruidos, y precisó que al menos 13 escuelas temporales —que atienden a más de 7.800 estudiantes— se encuentran en zonas de inundaciones, mientras que otras 24 están ubicadas en áreas de alto riesgo (UNRWA, 2025). En la misma línea, el comisionado general de la UNRWA, Philippe Lazzarini, advirtió en un comunicado difundido el 19 de enero que, como consecuencia de la agresión israelí, “a los niños se les han negado repetidamente las vacunas necesarias para protegerlos de enfermedades prevenibles”. Asimismo, señaló que las deficientes condiciones de acceso al agua potable y al saneamiento en albergues superpoblados, junto con el colapso del sistema de salud, constituyen factores determinantes que profundizan la crisis humanitaria en la Franja de Gaza (TeleSur, 2026).

Gaza atraviesa actualmente niveles récord de enfermedades como consecuencia de la temporada invernal y de la privación sistemática de vacunas a niñas y niños, en un contexto de colapso del sistema de salud provocado por el bloqueo israelí sostenido. En este escenario, el denominado “síndrome de la tienda mojada” está provocando la muerte de bebés en la Franja: no se trata de una enfermedad específica, sino de una afección derivada de las extremas condiciones de vida, caracterizadas por el frío intenso, la humedad persistente y la falta de ventilación propias de la vida en tiendas de campaña. Las restricciones impuestas por Israel al acceso a alojamiento adecuado y a medicamentos dejan a las familias desplazadas en una situación de absoluta indefensión, mientras recién nacidos y niños pequeños mueren por exposición y por enfermedades prevenibles. Se trata de una política deliberada de apartheid, exterminio y limpieza étnica que debemos denunciar y condenar.

Palestina: ¿guerra o genocidio?

Si bien la Internacional de la Educación (IE) ha denunciado a las autoridades de ocupación israelíes por impedir el ingreso de su delegación sindical a Palestina y ha condenado la destrucción de escuelas y universidades, así como la interrupción sistemática del proceso educativo mediante redadas, cierres e intimidaciones contra el estudiantado y el profesorado palestino —acciones que constituyen una negación directa del derecho fundamental a la educación—, lo cierto es que en sus comunicados y declaraciones la IE evita sistemáticamente hablar de “genocidio”. En su lugar, se refiere a un supuesto “conflicto” o, en el mejor de los casos, a una “guerra”, diluyendo lo que ocurre realmente.

Esta posición contrasta de manera contundente con las denuncias reiteradas de Francesca Albanese, la Relatora Especial de la ONU sobre los derechos humanos en Palestina, quien en informes como Anatomía de un genocidio (Albanese, 2024) demuestra y fundamenta que no existe ninguna “guerra”, sino que se está perpetrando “el crimen de genocidio por parte del Estado de Israel”.

En un informe mas reciente, en julio de 2025, Albanese amplía su denuncia a lo que “se ha transformado en una economía de genocidio”, señalando que muchas empresas se benefician con la destrucción de la vida palestina. La Relatora de la ONU es categórica: “lo que ocurre en Gaza es un genocidio sustentado en un sistema de ocupación explotadora y lucro”, donde “los actores corporativos están profundamente entrelazados con el sistema de ocupación, apartheid y genocidio en el territorio palestino ocupado”. Y en su informe, identifica a 48 empresas, entre ellas fabricantes de armas, tecnológicas, financieras, de construcción y energía; involucradas incluso en el lanzamiento de 85.000 toneladas de bombas —seis veces la cantidad de Hiroshima— sobre Gaza (Naciones Unidas, 2025).

Esta caracterización de genocidio ha sido compartida por figuras alejadas de cualquier tradición socialista, como el Papa Francisco, y se ve reforzada por la condena internacional a Benjamin Netanyahu como criminal de guerra, con pedido de captura por genocidio y crímenes de lesa humanidad por la Corte Penal Internacional. Estos hechos desmontan el intento cínico del sionismo de Israel de presentar su accionar como de “legítima defensa” o una supuesta “guerra”, cuando lo que se desarrolla ante los ojos del mundo es un genocidio que debe ser nombrado, denunciado y enfrentado como tal.

Esta diferencia política no es menor y marca un límite claro con la Internacional de la Educación, organización de la que forma parte la CTERA, conducida por la Lista Celeste como su mayor agrupación gremial docente. Roberto Baradel, actual Secretario Adjunto de CTERA, también Secretario General de la CTA de los Trabajadores de la provincia de Buenos Aires y figura estrechamente ligada al peronismo y al gobierno de Kicillof, integra el Consejo Mundial de la IE y formó parte de la delegación expulsada por el sionismo de Palestina (ver foto). Sin embargo, la negativa de la IE a caracterizar el accionar de Israel como genocidio la coloca en esto, a la derecha incluso de la ONU, un organismo del orden mundial imperialista. Negarse a nombrar el genocidio implica encubrirlo políticamente. Israel es un Estado racista y genocida, sostenido por el imperialismo estadounidense y armado hasta los dientes, y solo podrá ser derrotado mediante la movilización internacional de los pueblos.

¿Dos Estados o una Palestina única, como hasta 1948?

Otro de los debates estratégicos con la Internacional de la Educación (IE) y con sus organizaciones sindicales afiliadas, como la CTERA, se vincula con la salida política para Palestina y su derecho a la autodeterminación. La posición sostenida por la IE es la defensa de la reaccionaria política de los “dos Estados”, al afirmar que “mantenemos nuestro compromiso con una solución de dos Estados, donde una Palestina democrática y soberana viva con una paz y seguridad justas y sostenidas, junto a un Estado de Israel seguro” (Internacional de la Educación, 2025).

Sin embargo, como ya señalara en Alternativa Socialista, la publicación mensual del MST, los intentos de imponer la denominada solución de los “dos Estados” han fracasado de manera sistemática. El Estado sionista de Israel jamás ha permitido —ni permitirá— la existencia de un Estado palestino soberano, a la par o como parte de lo que considera su territorio. La realidad actual, profundizada tras el plan de “paz” tramposo impulsado por Donald Trump, que ni siquiera reconoce ni menciona la existencia de un Estado palestino, vuelve a demostrar la inviabilidad de esta propuesta. Esta supuesta “salida” no resuelve la relación estructural de poder desigual: un pueblo mayoritariamente desplazado, sitiado y empobrecido no puede convivir en condiciones de igualdad con un Estado y una sociedad organizados sobre la base de su expulsión o aniquilamiento. Mucho menos bajo la consigna de garantizar “un Estado de Israel seguro”, como plantea la IE.

En este marco, el escueto video de Baradel, difundido por la Internacional de la Educación, muestra los límites de esta política: se limita a reclamar una genérica “Palestina libre”, sin plantear el histórico reclamo “desde el río hasta el mar”, sin denunciar el genocidio en curso, sin nombrar al sionismo y sin condenar explícitamente la destrucción del sistema educativo ni el asesinato de miles de estudiantes y docentes en la Franja de Gaza (IE, 2026).

Desde el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST–FIT Unidad) y la Liga Internacional Socialista (LIS) sostenemos que no habrá una paz justa mientras no se derrote al Estado racista y genocida de Israel. La única salida progresiva es la construcción de una Palestina única, libre, laica y socialista, desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo, que garantice el derecho al retorno de los millones de palestinos exiliados y restituya las fronteras previas a 1948, donde convivían musulmanes, judíos y cristianos con plenos e iguales derechos políticos, civiles, sociales y democráticos.

Por ello, llamamos a intensificar la solidaridad internacional, coordinar acciones comunes, exigir el cese inmediato del genocidio y del bloqueo, y reclamar la ruptura de relaciones con el Estado sionista. Al mismo tiempo, resulta imprescindible debatir y superar las posiciones de las burocracias sindicales, los partidos reformistas y fuerzas como el peronismo, que se niegan a denunciar el genocidio, al sionismo y la complicidad imperialista, contribuyendo así a la desmovilización. Frente al “escolasticidio” y la masacre de infancias, adolescencias, estudiantes, docentes y profesores, se impone una solidaridad activa, consciente y efectiva por una Palestina libre desde el río hasta el mar.

Referencias

Albanese, F. (2024). Anatomía de un genocidio. Relatoría Especial de las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en el territorio palestino ocupado desde 1967.

Embajada del Estado de Palestina en Chile. (2026). Reporte 105-2026 de los efectos de las agresiones israelíes en Palestina. https://embajadapalestina.cl/reporte-105-2026-de-los-efectos-de-las-agresiones-israelies-en-palestina-2/

Infobae. (2026). UNRWA alerta del colapso del sistema educativo en Gaza, con más de 650.000 niños afectados. https://www.infobae.com/america/agencias/2026/01/22/unrwa-alerta-del-colapso-del-sistema-educativo-en-gaza-con-mas-de-650000-ninos-afectados/

Internacional de la Educación. (2025). La Internacional de la Educación denuncia la destrucción masiva de vidas y el sufrimiento generalizado provocados por la actual guerra en Gaza y los territorios palestinos ocupados. https://www.ei-ie.org/es/item/29881:la-internacional-de-la-educacion-denuncia-la-destruccion-masiva-de-vidas-y-el-sufrimiento-generalizado-provocados-por-la-actual-guerra-en-gaza-y-los-territorios-palestinos-ocupados

Internacional de la Educación. (2026). Internacional de la Educación denuncia el bloqueo de una delegación de alto nivel a Palestina. https://www.ei-ie-al.org/noticias/internacional-de-la-educacion-denuncia-el-bloqueo-de-una-delegacion-de-alto-nivel

Naciones Unidas. (2024). Expertos de la ONU profundamente preocupados por el “escolasticidio” en Gaza. Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Naciones Unidas. (2025). Gaza: el estrés y la ansiedad aumentan entre la población con sólo dos psiquiatras en el norte de la franja. UN News. https://news.un.org/es/story/2025/02/1536311

Naciones Unidas. (2024). Gaza: Muchas empresas se benefician con la destrucción de la vida palestina. https://news.un.org/es/story/2025/07/1540081

teleSUR. (2026). UNRWA alerta sobre brotes récord de enfermedades en Gaza. https://www.telesurtv.net/unrwa-alerta-brotes-record-enfermedades-gaza

UNRWA España. (2026). Informe actualizado de la situación en Gaza. https://unrwa.es/actualidad/noticias/informe-actualizado-de-la-situacion-en-gaza-28/

Palestina. El sionismo expulsó a dirigentes docentes, en pleno “colapso” educativo

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Brasil. MST celebra 42 años de resistencia, producción y educación en el campo brasileño.

Beatriz Dragué Ramos y Leonardo Fernandes /Brasil de Fato / Resumen Latinoamericano.

Foto: Día 1 del Encuentro Nacional del MST, en 2025.Crédito: Filipe Augusto Peres

El movimiento celebra la historia de la lucha por la tierra dentro de un modelo de desarrollo sostenible que une la agroecología y la justicia.

Este jueves (21), el  Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST ) cumple 42 años. Considerado una de las mayores fuerzas populares de Brasil, el movimiento fue fundado oficialmente en 1984, enfocado en organizar a los trabajadores rurales y luchar por el acceso adecuado a la tierra, además de producir alimentos libres de venenos y construir un proyecto popular y sustentable  .

Para los activistas Vânia Ferreira y Pablo Neri, el movimiento y su legado son esenciales para construir una visión comprometida con la dignidad humana.

“El MST me inculcó esta visión del mundo a través de intercambios, experiencias compartidas, convivencia y encuentros. El MST es mi mayor educador, mi mayor maestro, mi mayor escuela”, afirma Ferreira, líder nacional histórico del MST en Maranhão y, este año, precandidato a la Asamblea Legislativa del estado.

Pablo Neri, quien también se postulará a diputado estatal por Pará en 2026, enfatiza que el activismo no es un evento aislado, sino una postura permanente ante la existencia. Según él, en estos 42 años, la organización ha invitado a la sociedad a adoptar valores coherentes.

Debemos reafirmar que la lucha no es un asunto aislado, sino una postura ante la vida. El movimiento llama a la sociedad a adoptar una postura coherente y comprometida con los valores que nos llevarán a una vida mejor y a un estado de dignidad humana. El movimiento nos llama a luchar por la vida que queremos», dijo Neri.

Historia del movimiento

El MST surgió al final de la dictadura militar en Brasil, fundado oficialmente en el primer Encuentro Nacional en Cascavel (PR), del cual surgieron tres objetivos principales: luchar por la tierra, por la reforma agraria y por el cambio social en el país. Hoy, el movimiento cuenta con 450.000 familias asentadas y otras 65.000 en campamentos repartidos en 24 estados.

La estrategia de ocupación de tierras improductivas como principal forma de presión política ha sido adoptada desde el inicio del movimiento campesino, buscando hacer efectiva la función social de la tierra estipulada en la Constitución.

A lo largo de su carrera, enfrentó y sigue enfrentándose a una fuerte represión estatal y a conflictos violentos en el campo, incluyendo masacres como la de Eldorado do Carajás (1996) , que asesinó a 21 campesinos y se convirtió en un símbolo mundial de la lucha agraria.

Congreso del MST en la década de 1980. Créditos: MST

Para el movimiento, la lucha por la tierra también es tecnológica y ambiental. A diferencia de la agroindustria convencional, que depende de pesticidas y semillas transgénicas, el modelo que defiende el movimiento de los sin tierra se apoya en la agroecología, la recuperación del suelo y el desarrollo de maquinaria adecuada para la agricultura campesina, combatiendo la lógica de las grandes empresas tecnológicas que intentan controlar los datos de la naturaleza.

Un ejemplo práctico de esta filosofía es la producción de arroz orgánico en la región metropolitana de Porto Alegre. Con más de mil familias involucradas, el MST se ha convertido en el mayor productor de este grano libre de pesticidas en toda Latinoamérica.

Además, casi dos mil asociaciones y cientos de cooperativas y agroindustrias permiten al MST sostener cadenas de producción a gran escala de leche, frijoles, café, frutas y verduras. Según el MST, existen 185 cooperativas, 120 agroindustrias, 1900 asociaciones, 400.000 familias asentadas y 70.000 familias que viven en campamentos.

El movimiento también demuestra que su organización va mucho más allá de la conquista de tierras. Una de sus áreas de acción paralelas es la ambiental, con el objetivo de plantar 100 millones de árboles, habiendo alcanzado ya los 25 millones en los últimos años.

En 2020, el MST lanzó el plan “Plantar árboles, producir alimentos saludables”, con el objetivo de plantar 100 millones de árboles hasta 2030.
En 2020, el MST lanzó el plan «Planta árboles, produce alimentos saludables», con el objetivo de plantar 100 millones de árboles para 2030. | Crédito: Wellington Lenon

En el ámbito educativo y cultural, los resultados son igualmente positivos. El MST ha construido dos mil escuelas públicas que atienden a unas 200.000 personas y ya ha alfabetizado a más de 100.000 brasileños.

A través de su Colectivo Cultural, el movimiento promueve festivales que atraen a cientos de miles de visitantes, utilizando el arte para desafiar los valores del agronegocio y difundir la educación y la cooperación.

Durante la crisis sanitaria del COVID-19, esta red solidaria fue crucial, donando nueve mil toneladas de alimentos y millones de comidas a familias en situación de vulnerabilidad urbana.

En los asentamientos y campamentos, las familias se organizan en grupos que discuten las necesidades de cada zona.

En estos centros se elige a los coordinadores del asentamiento o campamento. La misma estructura se repite a nivel regional, estatal y nacional. Un aspecto importante es que los órganos de decisión están orientados a garantizar la participación de las mujeres, siempre con dos coordinadores, un hombre y una mujer. En las asambleas de campamentos y asentamientos, todos tienen derecho a voto: adultos, jóvenes, hombres y mujeres, explica el sitio web del movimiento.

Las comunidades constituidas por el movimiento también promueven una reconfiguración social del espacio geográfico donde se ubican, integrándose a las dinámicas locales a través de la implementación de Escuelas Rurales y el fortalecimiento de saberes populares centrados en la salud.

Editado por: Nathallia Fonseca

Brasil. MST celebra 42 años de resistencia, producción y educación en el campo brasileño.

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La pantalla como frontera de la violencia: Una lectura urgente de «Háblame de TIC”(Libro-PDF)

Luz Palomino/CII-OVE

En la cartografía de la educación contemporánea, la tecnología ha dejado de ser una simple herramienta para convertirse en el territorio mismo donde habitan nuestros estudiantes. El séptimo volumen de la colección Háblame de TIC, coordinado por Jeysira Jaqueline Dorantes Carrión, se erige como una brújula necesaria —y perturbadora— para comprender las nuevas dinámicas de agresión que definen el ecosistema escolar digital: el cyberbullying y la violencia tecnológica.

Más allá del «clic»: La sistematización del acoso

A diferencia de otros textos que abordan la tecnología desde un optimismo pedagógico ingenuo, la obra de Dorantes Carrión y sus colaboradores aterriza en la cruda realidad de las instituciones educativas. El libro no se limita a definir conceptos; disecciona cómo la asimetría de poder, el anonimato y la viralidad han transformado el acoso escolar en una entidad ubicua que no termina cuando suena el timbre de la escuela.

Desde una mirada crítica, el volumen nos obliga a cuestionar la responsabilidad institucional. ¿Estamos las escuelas preparadas para mediar en conflictos que ocurren en servidores privados y redes sociales? La obra sugiere que la brecha no es solo generacional, sino conceptual: mientras los docentes seguimos viendo la tecnología como un «recurso», los jóvenes la viven como una extensión de su propia identidad.

Violencia tecnológica: Un enfoque multidimensional

El texto acierta al no reducir la problemática únicamente al insulto digital. Explora diversas manifestaciones de violencia:

  • La exclusión digital: El vacío social como forma de castigo.

  • La violencia de género digital: Cómo las estructuras patriarcales se replican y potencian en la red.

  • El impacto socioemocional: La erosión de la autoestima en un entorno donde la imagen es la moneda de cambio.

Para el docente latinoamericano, este volumen es una llamada de atención sobre la alfabetización ética. No basta con enseñar a usar un procesador de textos o una plataforma de gestión; es imperativo educar en la «ciudadanía digital», un concepto que en el libro se perfila como la única vacuna contra la deshumanización mediada por pantallas.

Reflexión para el aula: Del control a la mediación

La lectura académica de esta obra nos permite concluir que el castigo punitivo (prohibir el celular, suspender al alumno) es insuficiente ante la complejidad del fenómeno. Dorantes Carrión propone, implícitamente, una pedagogía del cuidado. El cyberbullying no se combate con mejores algoritmos, sino con una comunidad educativa que sea capaz de reconstruir el tejido social roto por la mediación tecnológica.

Descárgalo aquí: El-cyberbullying-y-otros-tipos-de-violencia-tecnológica-en-la-educación-1

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