La escuela Al Wehdah, cerca de la ciudad de Taiz (suroeste de Yemen), recibe a sus alumnos al inicio del año escolar con paredes pulverizadas por los bombardeos, techos destrozados y vigas que se tambalean, en un país devastado tras seis años de guerra.
No hay puertas, ni ventanas, ni mesas. Los niños se conforman con viejos cuadernos para asistir a las clases que valientes maestros dictan bajo techos de hormigón que corren el riesgo de derrumbarse en cualquier momento.
Ali Sultan, padre de un alumno, muestra a la AFP una pared en la que se lee en color rojo «peligro de minas». Esta escuela, destruida en parte por un bombardeo en 2016, se encuentra en medio de un campo minado que ha sido limpiado para permitir el regreso de los alumnos de manera gradual.
«Tuvimos que tomar una decisión difícil: o los dejábamos en casa o tomábamos el riesgo de hacerlos estudiar bajo los escombros», asegura Sultan.
«Pasamos momentos muy difíciles», remarca el padre del alumno haciendo referencia a los combates que tuvieron lugar en esta gran ciudad entre las fuerzas oficialistas y los rebeldes hutíes, que no dudan en disparar contra cualquier objetivo para responder a los ataques.
Según el director de Educación de toda la provincia de Taiz, Abdel Wasseh Chaddad, solamente en la capital homónima «al menos 47 escuelas fueron destruidas totalmente en los combates».
– «Peligro de derrumbe» –
Chaddad se refiere también a la difícil decisión que debió tomar.
Asegura haber sido obligado a cerrar las escuelas destruidas y a dirigir a los estudiantes hacia los lugares donde pudieran recibirlos, incluso si eso implicaba que algunos de ellos tuvieran que hacer varios kilómetros para llegar allí.
Sin tener un pizarrón, Jamila al Wafi escribe el tema de la clase en lápiz sobre una viga de soporte. Los alumnos, sentados en el suelo, escuchan con atención y escriben en sus cuadernos.
Terminada la lección, bajan del aula, ubicada en el primer piso, utilizando un techo colapsado que hace las veces de escalera.
«Tenemos 500 alumnos», asegura a la AFP Wafi, vestida de negro con el rostro cubierto por un niqab, aclarando que niños y niñas asisten a clases por separado.
«Pedimos al mundo entero y a los empresarios que salven esta escuela que puede derrumbarse en cualquier momento», implora.
En el patio, los niños y las niñas se alinean en silencio mientras esperan para ingresar a las aulas o hacer deporte.
– «¿Una generación perdida?» –
En todo Yemen, más de 2.500 escuelas quedaron sin funcionamiento en 2019 según la ONU, de las cuales dos tercios fueron dañadas por los ataques, un 27% cerradas y un 7% son utilizadas por el ejército o como refugios para personas sin hogar.
Dos de los siete millones de niños yemeníes en edad escolar no están escolarizados, según la misma fuente.
La guerra en Yemen enfrenta a los rebeldes hutíes, cercanos a Irán –que controlan Saná– y gran parte del norte del país- con el gobierno, apoyado militarmente por una coalición liderada por Arabia Saudita.
El conflicto se ha cobrado decenas de miles de vidas, en su mayoría civiles, según oenegés internacionales y ha provocado lo que la ONU ha descrito como la peor crisis humanitaria del mundo.
Alrededor de 3,3 millones de personas han tenido que partir y más de 24 millones –más del 80% de la población– necesitan asistencia, según la ONU.
Entrevista/15 Octubre 2020/Autor: Nacho Meneses/elpais.com
Jeff Magioncalda, CEO de Coursera, conversa acerca del futuro de la educación en línea y de cómo la transformación digital ha cambiado ya el panorama educativo del mañana
La pandemia de coronavirus ha impulsado no solo la transformación digital de la sociedad y cambiado la naturaleza del estudio o del trabajo durante los meses de confinamiento y distanciamiento social. También ha acelerado una serie de cambios de raíz en la forma de trabajar, de organizarse, de colaborar y de formarse que permanecerán incluso cuando la covid-19 quede atrás. De la magnitud de este cambio es prueba, por ejemplo, el crecimiento experimentado por las plataformas de formación online gratuita (MOOCs) como edX, Miríadax o Coursera. Desde mediados de marzo, cuando comenzó el estado de alarma, se produjeron solo en esta última más de 632.000 matrículas en España, lo que equivale a un crecimiento del 272 % con respecto al mismo periodo del año anterior. A nivel global, más de 27 millones de usuarios se unieron a Coursera, con 58 millones de inscripciones en sus diferentes cursos (un 473 % más).
Las habilidades digitales, incluyendo el aprendizaje automático (machine learning), la programación o la ciencia de datos, copan las formaciones más demandadas tanto por las empresas como por los usuarios individuales, mezcladas –como no podía ser de otra manera en este 2020– con otras relacionadas con el bienestar y la salud, incluyendo incluso un curso gratuito de rastreo de contactos de la Covid-19, de unas cinco horas de duración y elaborado por la Universidad Johns Hopkins, que está disponible en castellano, inglés y español. Para hablar del impacto de la formación online, EL PAÍS ha hablado con Jeff Magioncalda, CEO de Coursera.
Pregunta. ¿La transformación digital de la educación tiene marcha atrás?
Respuesta. Yo creo que no. Casi todas las industrias del mundo se han ido incorporando a esta transformación digital en los últimos cinco a diez años, y la educación superior es una de las últimas en hacerlo. Creo que lo que vamos a ver es, en parte debido a la pandemia, muchas más clases híbridas. Incluso cuando todos los estudiantes vuelvan a los campus, cada vez más instrucción tendrá lugar en línea. Y lo mismo sucederá con el trabajo en remoto… Ya el seis de marzo, todos los empleados de Coursera empezaron a trabajar desde casa. Yo estaba muy en contra del trabajo a distancia, y pensaba que simplemente no iba a ser lo mismo (y no lo es); pero aprendimos mucho sobre lo efectivos que podemos ser trabajando en remoto con una plantilla repartida. Ni Coursera ni muchas otras empresas volveremos a trabajar como lo hacíamos antes.
Claro que seguiremos teniendo oficinas, y la gente irá allí de vez en cuando; pero el trabajo en línea, y la forma de colaborar online que estamos aprendiendo van a cambiar la forma en que trabajamos. Y creo que ocurre lo mismo con la educación. Cuando los estudiantes vuelvan, e incluso si todos vuelven, al campus, habrá aprendizaje online; lo habrá en los teléfonos móviles; estarán haciendo proyectos en grupo y proyectos prácticos; y usarán tecnología, porque en muchos aspectos, ofrece una forma de aprender mucho más dinámica de lo que puedes obtener en un auditorio grande. Creo que los grandes auditorios ya no van a volver a ser tan atractivos. Una gran parte de eso sucederá en línea, incluso cuando los estudiantes vuelvan a los campus. También creo que muchos estudiantes no van a volver, porque es caro y, especialmente en los estudiantes de más edad, porque no se pueden permitir dejar sus trabajos para volver a estudiar, ni mudarse con sus familias. La edad media de los estudiantes de Coursera en España es mucho más alta que la media global.
La educación online es accesible para una audiencia mucho más amplia que la presencial, y por eso [las instituciones educativas] seguirán ofreciendo cursos y titulaciones en línea, que tienen un menor coste y te permiten llegar a más estudiantes.
P. En un mercado laboral tan cambiante como el que vivimos, es importante adaptarse con las habilidades que las empresas demandan más. ¿Qué áreas de aprendizaje online serán más relevantes en los próximos años?
R. Cuando Coursera comenzó, en 2012, uno de los cursos más populares era el de aprendizaje automático de la Universidad de Stanford. Aún lo es, y muchos científicos de datos vienen a Coursera, porque tenemos cursos muy innovadores de ciencia de datos. Según fuimos extendiendo nuestra distribución a las diferentes instituciones, lo que vimos es que las empresas realmente buscan el mismo tipo de habilidades y de educación que las personas individualmente, en su mayoría ciencia de datos, tecnología y negocios, aunque recientemente hemos visto un mayor interés en el campo de la salud.
En España, los cursos más demandados en 2020 son, por orden, el de aprendizaje automático, primeros auxilios psicológicos (de la Universidad Autónoma de Barcelona), aprender a aprender, ciencia del bienestar (de Yale University) y chino para principiantes (de la universidad de Pekín). Y entre los cursos prácticos, destacan cómo construir tu propia web usando WordPress y GoogleAds para principiantes.
P. ¿Diría que las habilidades digitales son hoy esenciales en cualquier caso, independientemente del campo en el que se trabaje?
R. Desde luego. Y un motivo fundamental es que muchos de los trabajos más demandados son digitales, y requieren esa habilidad para acceder a los datos, compartirlos, analizarlos y presentarlos. Cualquier trabajo usa un software para completar sus tareas. Las herramientas digitales y los datos son especialmente relevantes a la hora de colaborar con otras personas o de tomar decisiones. Así es el trabajo ahora.
P. ¿Cómo ve el futuro de la educación universitaria?
R. Está cambiando rápidamente, debido a la pandemia de coronavirus. Por un lado, será una educación más híbrida, con muchas más experiencias online en las que algunos estudiantes estarán presencialmente en el campus y otros no, e incluso en el campus la gente también estará en línea. Por otro lado, habrá muchos más cursos y grados por Internet: en Coursera tenemos ahora 20 grados de nuestros socios universitarios, pero ese número va a crecer drásticamente. Y, en tercer lugar, creo que los costes de matrícula serán más bajos, especialmente para las titulaciones online, pero también para las presenciales, porque habrá más alternativas y una mayor competencia.
La educación estará también más enfocada hacia el mercado laboral, de manera que, aunque estés estudiando Filosofía, Humanidades o Inglés, que contribuirán a tus habilidades de comunicación y colaboración, también necesitarás conocimientos básicos de datos, estadística, habilidades de análisis e incluso de programación. Otro punto que va a ser diferente es la formación continua a lo largo de la vida profesional, en el trabajo y en línea. Y finalmente, será mucho más modular y apilable: podrás adquirir un certificado que cuente para una titulación, podrás obtener un certificado online que cuente para un grado presencial, completar grados presencialmente que te cuenten para tu grado online, o conseguir certificados de educadores en la industria, como Google y que te cuenten en la universidad.
P. Una de las principales ventajas de las plataformas en línea como Coursera, edX o Miríadax es la amplia cantidad de cursos gratuitos (MOOCs) disponibles. Sin embargo, solo los acaban entre el 8 y el 10 % de los que se matriculan. Parece que la formación gratuita, precisamente por serlo, no se valora lo suficiente.
R. En líneas generales, estás en lo cierto. Aunque depende del país, para los cursos online gratuitos, el porcentaje de terminación está en torno a ese 10 %. Lo interesante es que, cuando la gente va a YouTube a aprender algo, nadie habla de esos porcentajes, sino que simplemente se fijan en que pueden aprender algo en YouTube. Tenemos unos 4.000 cursos, y cada uno de ellos tiene pequeñas presentaciones en vídeo de entre cinco y diez minutos. 150.000 clases en vídeo. Cuando miras el porcentaje de esos vídeos que se completan, descubres que se sitúa en torno al 60 % (incluso en los cursos gratuitos).
Si miras a la gente que ha pagado por un curso, el porcentaje de terminación es mucho más alto, en torno a un 40-50 %. Si echamos un vistazo a esos números en el trabajo, porque tu empresa te ha pedido que hagas un curso determinado, entre un 50 y un 60 % de los empleados lo acaban. Y en los estudiantes de titulaciones de grado [en estas plataformas], esos porcentajes superan el 90 %. Así que realmente depende del motivo por el que el estudiante ha acometido ese aprendizaje, y de si están interesados en completar todo el contenido o no. Muchas personas que se matriculan en un curso solo están interesadas en aprender una parte del contenido.
Nosotros tenemos un nuevo producto, Coursera For Campus, que lanzamos hace un año y que hoy tiene millones de estudiantes. En muchas universidades por todo el mundo, en Latinoamérica, India o Europa, los profesores conceden créditos presenciales si terminas un determinado curso en Coursera. Y los porcentajes de terminación ahí se sitúan alrededor del 95 %. Eso es porque los estudiantes están motivados, porque quieren obtener una buena nota para su grado.
El pasado 12 de marzo, lanzamos también Campus Response Initiative, una versión gratuita de Coursera For Campus para las universidades afectadas por la Covid-19 en cualquier lugar del mundo. Aunque concluyó la semana pasada, su continuación hasta finales de año será oficialmente anunciada la semana que viene. En España se han desarrollado 71 programas en el marco de esta iniciativa, y a nivel global han participado 3.700 universidades. Esto ha beneficiado a 2,3 millones de estudiantes inscritos en 19 millones de cursos (una media de 8 matriculaciones por alumno) que han invertido 42 millones de horas de aprendizaje. Quieren hacerlos porque cuenta para su nota y porque es una forma de obtener créditos para su titulación. Por otro lado, el programa Coursera Together incluye muchos recursos gratuitos para cualquier usuario interesado.
P. La mayoría de los expertos incide en que el mercado laboral demanda profesionales flexibles que se adapten a circunstancias cambiantes, y que la formación continua es esencial. Toda esta formación está al alcance de la mano, pero eso choca con el hecho de que, si no te lo pide tu empleador o tu profesor, la mayoría no termina esos cursos.
R. Cuando llegué a Coursera hace tres años y medio (y esto es cierto para la mayoría de las empresas que ofrecen MOOCs), casi todo lo que ofrecíamos eran cursos directamente a las personas individuales. Y entonces decidimos empezar a ofrecer formaciones a través de instituciones. Por eso tenemos Coursera For Business, donde los empleados hacen cursos que les ofrecen sus empresas con contenidos que quieren que asimilen sus trabajadores; o Coursera For Government, para que los Gobiernos ofrezcan determinadas formaciones a sus empleados y a los trabajadores en paro, para reactivar la fuerza laboral con las habilidades más demandadas para trabajos relacionados con la tecnología de la información, marketing o ciberseguridad, por ejemplo [un catálogo que, desde el 24 de abril, ofrecen a los desempleados gratuitamente].
Ese marco institucional es importante para muchísimas personas. Claramente hay decenas de millones de personas haciendo cursos por su cuenta, pero mucha gente, porque están ocupados y no están seguros de lo que deberían estar aprendiendo, no ve que les compense necesariamente el hacerlos; necesitan ser apoyados y dirigidos por una institución que les diga “esto es lo que queremos que hagas, esto te beneficiará en tu trabajo o en tu educación”.
P. Si muchos de los cursos son gratuitos, ¿qué han aportado realmente esas iniciativas que durante la pandemia han concedido acceso gratuito?
R. El acceso a los cursos y el visionado de los vídeos es gratuito, pero no obtienes un certificado al final, ni tienes acceso a las pruebas de evaluación. Para muchas personas, es importante poder ponerlo luego en LinkedIn y poder demostrar que han aprendido ciertos contenidos, y por eso pagan.
Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/economia/2020/10/07/actualidad/1602063943_874241.html
El Gobierno del Reino Unido llevó a cabo un estudio en el que buscó determinar si la reapertura de instituciones educativas podría generar nuevos focos de infección, Estos fueron los resultados.
De acuerdo con datos de la Unesco, a la fecha en todo el mundo hay 978 millones de estudiantes afectados por el cierre de escuelas, es decir, el 55.9 por ciento del total de estudiantes matriculados. Si bien la reapertura de escuelas ya se está dando en algunos países, aún la inmensa mayoría de niños, niñas y jóvenes permanecen alejados de las aulas.
En el caso de Colombia, desde septiembre algunas instituciones iniciaron con planes pilotos de reapertura, no obstante, la inmensa mayoría de los padres de familia aún no quieren enviar a sus hijos a los colegios a pesar de las ya documentadas afectaciones en salud mental y aprendizaje, así lo manifestó el 79 por ciento de familias a la Secretaría de Educación de Bogotá. En redes sociales muchos padres de familia aseguran que prefieren seguir con la educación en casa, a arriesgar a sus hijos a un contagio.
Un estudio llevado a cabo por el gobierno de Reino Unido, adelantado a través Public Health England ( PHE ), derribó algunos mitos sobre los riesgos de la reapertura de las instituciones educativas, siempre y cuando esta se haga bajo todos los protocolos de bioseguridad.
El estudio se realizó entre junio y julio en las escuelas de Inglaterra, momento en el que el número de alumnos que asistían a clases presenciales pasó de 475.000 a 1.646.000. Tras las muestras en las escuelas, solo se detectaron 67 casos individuales de estudiantes afectados, y 30 brotes entre alumnos y profesores, es decir que solo el 0.01 por ciento de los entornos educativos abiertos tuvo un brote, “los niños tenían más probabilidades de contraer la infección por SARS-CoV-2 en el hogar que en la escuela”, dice el informe, que aclara que solo se generaron casos en las escuelas cuando las infecciones en la comunidad en general también incrementaron.
El estudio del PHE evidenció que era más probable que hubiera brotes en aquellas áreas que también tenían una alta incidencia de covid-19, lo que sugiere que la transmisión en la comunidad estaba impulsando la propagación en las escuelas. Esto demuestra la necesidad continua de controlar la propagación de la infección en la comunidad para ayudar a mantener abiertas las escuelas.
“Los brotes de coronavirus fueron poco comunes en los entornos educativos durante el primer mes después de la flexibilización del bloqueo nacional en Inglaterra (…) Las intervenciones adicionales deben centrarse en reducir la transmisión dentro y entre los miembros del personal. y que todos desempeñen su papel al lavarse las manos, cubrirse la cara, mantener la distancia y hacerse una prueba si tienen síntomas», explicó el Dr. Shamez Ladhani, del PHE.
El experto recordó que durante el mismo período en el que se registraron 67 casos de contagios en las escuelas, se registraron 25.470 casos en Inglaterra.
En cuando a la forma en la que se originaron los brotes en las escuelas, la investigación indicó que se dio principalmente por cuenta de los trabajadores y no los estudiantes. La fuente probable en 20 de los 30 brotes que se registraron en los colegios fue la transmisión de personal a personal o de personal a estudiante. La transmisión de estudiante a personal fue la fuente probable en 6 casos y de estudiante a estudiante en 2. La fuente de transmisión no pudo establecerse en 2 brotes.
“Cuando los niños contrajeron la infección, era más probable que contrajeran covid-19 en casa, generalmente de uno de los padres. La mitad de los brotes no involucró a ningún estudiante y la transmisión entre estudiantes fue muy rara”, concluye la investigación que ya fue enviada a The Lancet.
Cifras similares en Francia
A mediados de septiembre, tras dos semanas de reapertura de todos los colegios, Francia tuvo que cerrar 80 escuelas por la detección de casos de coronavirus. A pesar de esto, y que esta noticia hizo que en Colombia se cuestionara la decisión de iniciar con la reapertura, en ese país calificaron como positivo el retorno a las aulas.
El país del sureste asiático debate una ley de orden público que criminaliza el uso de ropa «sexi» en mujeres y el torso desnudo en hombres
Las minifaldas pueden tener los días contados en Camboya. El país del sureste asiático debate una ley de orden público que incluye cláusulas contra la ropa “sexi”, en concreto los vestidos “demasiado cortos” y las “transparencias” femeninas, así como el “torso desnudo” en el caso de los hombres. Defendida por las autoridades como un intento de proteger la cultura jemer y las tradiciones nacionales, su tramitación suscita el temor de que sea utilizada para castigar, sobre todo, a las mujeres que lleven determinadas prendas y dilapide los avances en materia de igualdad logrados desde hace años.
“Está bien llevar algo que cubra más de la mitad del muslo”, ha asegurado Ouk Kim Lek, portavoz del Ministerio del Interior y encargado de la redacción del borrador de ley. El texto se finalizó el 16 de junio, y desde entonces está siendo revisado por las autoridades provinciales, antes de someterse a votación en el Parlamento. Hasta ahora ha recibido el apoyo de 20 de las 24 provincias del país, gobernado por Hun Sen desde 1985. El primer ministro, exjemer rojo que acabó uniéndose a la coalición vietnamita para derrocar al régimen genocida de Pol Pot en 1979 —que aniquiló a una cuarta parte de la población camboyana—, ha conducido al país hacia la autocracia en los últimos años.
El Gobierno defiende que el objetivo es preservar las tradiciones nacionales de Camboya, de mayoría budista. “No se trata totalmente de un asunto de orden público, sino de mantener las tradiciones y costumbres”, agregó Kim Lek.
La iniciativa, que de aprobarse podría acarrear multas y penas de cárcel para quienes se vistan de forma inapropiada, surgió en respuesta a la preocupación en las filas del Gobierno por el éxito de la venta online de ropa por parte de mujeres vestidas de modo supuestamente “sexi”. Hun Sen urgió en febrero a censurar esas cuentas en las redes sociales, un ataque dirigido en particular contra una de las empresarias, Ven Rachna. La mujer fue detenida so pretexto de una publicación que había colgado en Facebook y pasó dos meses en prisión.
Ese arranque y la tendencia de la policía a culpabilizar a las víctimas de casos de violencia sexual llevan al Centro para los Derechos Humanos de Camboya a pensar que las autoridades utilizarán la ley fundamentalmente contra ellas, aunque los atuendos en hombres y el que no puedan aparecer con el torso desnudo también son mencionados en el borrador. Esta y otras organizaciones temen que la ley se use como herramienta para oprimir más a las mujeres y arrebatar sus libertades más básicas, lo que ha llevado a una iniciativa en change.org en su contra que ya reúne más de 21.000 firmas.
Una de sus firmantes, Sothea Ines, de 31 años, explica desde Phnom Penh por qué la ley no le gusta. “No alcanzo a entender por qué el Gobierno la defiende… Para mí es una forma de oprimir a las mujeres y no debería ser aprobada”, enfatiza la cineasta, y añade que no han obtenido ninguna respuesta por parte de las autoridades a la petición de change.org.
Camboyanas como Sothea Ines temen que normativas así refuercen el sistema patriarcal contra el que llevan décadas luchando. Unas prácticas reflejadas en el poema Chbab Srey (“Leyes para Mujeres”), un código de conducta que dicta que una mujer “correcta” debe callarse incluso si su marido la golpea. Transmitido oralmente durante siglos hasta que fue transcrito, cuenta con un fuerte arraigo en el país y se enseña en las escuelas.
No obstante, Camboya ha logrado importantes avances en materia de igualdad en las pasadas décadas: prácticas como la ceremonia de “lavado de pies” de la novia al novio durante el enlace nupcial han caído en desuso. Hay datos igualmente alentadores: la tasa de alfabetización en mujeres mayores de 15 años ha aumentado del 57% en 1998 al 75% en 2015. Las mujeres, además, están al frente de la mayor parte (un 61%) de los negocios del país.
Contribuciones y avances que muchos esperan se tengan en cuenta a la hora de reconsiderar ciertas cláusulas del borrador. Según el diario South China Morning Post, que ha tenido acceso al texto, este va mucho más allá de la ropa. La posible ley criminaliza desde hacer demasiado ruido hasta la venta de alcohol entre la medianoche y las seis de la mañana sin permiso especial. Asimismo, propone prohibir cualquier forma de “mendicidad” y “el uso de máscaras faciales y otros disfraces” en público, contraviniendo las recomendaciones del Ministerio de Salud, que incluyen el uso de mascarillas en escuelas, transporte público y cines debido a la pandemia de coronavirus. Una singular batería de disposiciones que hasta 65 organizaciones locales han denunciado como posibles violaciones de leyes internacionales de derechos humanos.
El tiempo dirá si Hun Sen y su Gobierno escuchan o no a la sociedad civil, y si Camboya continúa adentrándose en el túnel del pasado.
Entrevistas/15 Octubre 2020/Autor: Siscu Baiges/eldiariolaeducacion.com
“Muchos jóvenes se preocupan poco por la pandemia, igual que mucha gente mayor que tampoco le preocupa demasiado el cambio climático”, explica José Ramon Ubieto. Con él hablamos sobre el riesgo de confinarnos en nosotros mismos por el miedo al virus y el auge del mundo online.
Cita a Freud cuando le dijo a un amigo que «el optimismo es un presupuesto; el pesimismo, un resultado». Usted dice que lo mejor es ser «pesimistas advertidos»…
Pesimista advertido quiere decir que hay algo en la vida que es siempre imposible. Freud tomó una frase de Kant. Kant decía que en la vida hay dos cosas imposibles, una es educar y la otra es gobernar. Y Freud añadió una tercera, que era curar. Imposible quiere decir no que no se pueda hacer ni que falten candidatos –porque no faltan candidatos ni para políticos, ni para maestros, ni para terapeutas– si no imposible. Imposible en el sentido lógico al que se referían Kant y después Freud, quiere decir que son prácticas, tareas para las cuales no tenemos un plan programado y una ciencia exacta. No sabemos cómo hay que educar con precisión. Siempre hay algo que uno tiene que inventar en la educación y además siempre hay algo ineducable. Tú puedes hacer todo lo posible para que tu hijo o hija sea de una determinada manera pero siempre hay un punto en el que ellos van a decidir, algo en que se educarán a su manera. Eso ocurre en el gobierno. Por eso hay cárceles, porque hay personas que no responden a ningún criterio de contrato social, de cumplir objetivos… Reconocer lo imposible quiere decir que uno no puede pensar que las cosas siempre irán bien porque está lo que no va a ir bien, está lo imposible. Pesimista advertido es, simplemente, alguien que acepta que en la vida hay ese punto de imposible y porque lo acepta, se pueden hacer cosas. Sabemos que no todo va a ser educable y podemos enfocar la educación hacia todo lo que es posible educar, sabiendo que habrá una parte de la educación que no se va a realizar. Parte del ideal educativo no se va a realizar, igual que no se realiza con personas que vienen a curarse aunque sabemos que no quieren curarse del todo, que hay una parte de su funcionamiento que no quieren cambiar, que les va bien así. Todos tenemos un incurable. A eso me refiero con ‘pesimista advertido’: saber que hay algo de lo incurable, de lo ineducable, de lo ingobernable, que forma parte de la vida.
Hemos renunciado a muchas cosas estos días: reuniones, abrazos, comidas fuera de casa, deportes… ¿Lo acabaremos aceptando como normal?
Espero que no. Estoy escribiendo un libro sobre cómo está cambiando el mundo y cómo lo hará, en el post-covid, la salud, la educación, los lazos sociales. En él planteo que no debemos olvidar nunca lo presencial. Hace poco, el profesor Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial de Davos decía que casi que se tenía que dar la bienvenida al Covid porque gracias a él se podría resetear el capitalismo y a partir de ahora lo presencial sería un poco obsoleto, se podría automatizar todo, la salud, la educación. De hecho, ese será el título del próximo encuentro de Davos en 2021: “Covid-19. El Gran reinicio”. Estamos en el dilema entre olvidar lo presencial y entregarnos a lo virtual o mantener lo presencial como algo irrenunciable. El cuerpo en la pedagogía es irrenunciable. Sin el maestro o la maestra en cuerpo y alma no se puede educar bien.
Siscu Baiges y José Ramón Ubieto, durante la entrevista | Pol Rius
¿Soportamos la situación actual pensando que es transitoria y que pronto podremos volver a abrazarnos?
Todo el mundo piensa eso. Tiene esa ilusión. Lo que nos está castigando ahora, lo que nos está produciendo la tristeza Covid, es que, no tiene dead line claro. Cuando hay un atentado terrorista, un huracán, una catástrofe natural, un terremoto, todo el mundo sabe que hay un dead line. Puede tardar unos días, pero cuando detengan al terrorista, cuando el huracán pase, recogeremos los restos del naufragio, pero ya se habrá acabado, será un lapso de tiempo corto. El problema con el que nos encontramos ahora es que, como que no hay un dead line, no sabemos cuándo acabará. Iba a ser a final de año, ahora ya seguramente será entrado el año 2021, quizás en abril, quizás en junio o septiembre… Como hay esa imprecisión, eso hace que nos esté costando un poco más mantener los ánimos, porque se está alargando, pero todo el mundo cree que esto volverá a ser como era.
La pandemia ¿ha acentuado la solidaridad entre las personas o nos hemos vuelto más egoístas, encerrados en nosotros mismos, en nuestros países?
Daniel Defoe escribió el texto El diario de la peste que es muy interesante porque te das cuenta de que, en realidad, no hemos cambiado tanto. Habla, por ejemplo, de la caridad que se generó en Londres en relación a las personas más vulnerables, pero explica también que tan pronto como terminó la peste también se acabó la caridad. Cada uno volvió a lo suyo. Y aquí no será muy distinto. Espero que quede parte o alguna de estas cosas nuevas que se van creando –no de caridad, porque eso no tiene mucho futuro–, de colaboración, de prácticas colaborativas. Que quede, por ejemplo, una sensibilidad clara de qué es lo esencial para nuestras vidas: la sanidad, la educación, el cuidado de los trabajadores en el teletrabajo y todas las formas de precariedad laboral… Eso sí lo espero. Grandes cambios subjetivos, no creo.
Ha escrito que «no hay una experiencia colectiva compartida. Cada uno lo vive de una manera» y señala tres tipos de efectos: la depresión, la inhibición social y la rabia. ¿Predomina alguno de estos tres efectos?
Normalmente los afectos se suceden cuando una crisis dura un cierto tiempo. Es como una especie de recorrido que todos hacemos. Lo primero que todos tuvimos fue perplejidad. ¿Qué es eso que está ocurriendo? ¿Es algo de los chinos? ¿Algo que puede venir aquí? Cuando vimos que podía venir aquí empezamos a angustiarnos, a tener miedo. ¿Qué será eso? Después ya empezamos a tener, por un lado, rabia por no haber podido evitarlo y, por otro lado, también tristeza porque empezamos a ver las pérdidas, la gente que se moría, los trabajadores que se quedaban en paro… No es que una vaya necesariamente detrás de otra y mucho menos colectivamente. Aparecen siempre simultáneamente y con intensidades diferentes. La rabia extrema es una negación de todo lo demás. Es el caso de los negacionistas. Muchos de ellos no quieren aceptar ninguna de las pérdidas y, por tanto, desarrollan una postura de negación absoluta, que es una negación psíquica muy evidente. Cuando uno tiene un problema grave puede pensar que no existe y negarlo. La negación es el fruto de una rabia intensa, sumada, lógicamente, a otra serie de influencias ideológicas, tecnológicas… Las redes sociales están impactando en la pandemia. Es muy importante cómo las fake news, las burbujas de filtro, todos estos sistemas de la vida algorítmica están influyendo en la percepción que tenemos y en los sentimientos.
Que los más vulnerables sientan esa rabia parece comprensible. Están más maltratados que nunca. Los confinan en hogares donde no pueden guardar ningún tipo de distancias. Se juegan más la vida.
Sí, claro. Lo que nos ha demostrado la pandemia es que las clases sociales todavía existen. Eso ha ocurrido en todas las epidemias. Daniel Defoe explica muy bien cómo rápidamente, cuando en Londres se empezaban a tomar las medidas de confinamiento por la peste, se iban a la campiña inglesa todos los que podían y se quedaban en la ciudad los que no podían hacerlo porque tenían que trabajar con su cuerpo y su presencia en el día a día y no tenían gente que lo hiciera por ellos. Si bien el virus no distingue entre clases sociales –puede contagiar al presidente de los Estados Unidos y al último refugiado de Lesbos- las respuestas a la pandemia sí que dependen de las condiciones sociales. Si uno tiene acceso o no a la sanidad, en qué condiciones, cómo vive el confinamiento, qué conexión tiene para poder mantener su trabajo y su educación… Eso es evidente.
La precariedad laboral lleva a eso.
Yo tengo contacto con Latinoamérica porque participo en jornadas y conferencias y en muchos lugares de allí, sobre todo en los barrios periféricos de grandes metrópolis, como Buenos Aires o Santiago de Chile, si no vas a trabajar cada día, no comes. La posibilidad de mantener la distancia y el confinamiento afectan a la vida, a la supervivencia. Justo al contrario, para nosotros el confinamiento, la distancia nos puede dar la vida, pero las personas que necesitan salir a trabajar porque no tienen ninguna cobertura tienen que elegir entre enfermar o vivir.
El teletrabajo se ha disparado. ¿Qué repercusiones tiene esta explosión del teletrabajo? ¿Cómo afecta nuestra psicología?
El teletrabajo será uno de los grandes cambios de la pandemia. Tras ella quedará un aumento de lo virtual, en muchos ámbitos. En el de la salud, ya estamos viendo ahora mismo cómo la gente se contacta telefónicamente con sus médicos. En el de la educación, las universidades ya ofrecen mucha enseñanza on line. En el mundo del trabajo habrá una generalización del teletrabajo en todos los sectores donde sea posible. Lógicamente hay ámbitos en los que no lo será. Hay que cultivar el campo, transportar la comida, cocinarla… hay aspectos que no se pueden afrontar con teletrabajo. En todo lo demás va a ser muy importante. Las empresas verán sus ventajas para disminuir sus gastos de viajes, inmobiliarios… La duda es en qué condiciones quedarán los teletrabajadores. Hay muchas personas que tienen buenas condiciones laborales si teletrabajan pero la precariedad en el teletrabajo ya existía antes: las teleoperadoras y mucha otra gente. Empieza a haber legislación. Hay que ver cómo se regula. Desde el punto de vista psicológico, el mayor desafío del teletrabajo es el aislamiento que puede provocar. Los profesores que se dedican exclusivamente a la docencia on line ya hace un tiempo que lo experimentan: desde la obesidad por pasar tanto tiempo en casa hasta el burn out (quemado profesional) por no tener el contacto presencial directo con otros compañeros en la oficina y no poder compartir una discusión, un conflicto, un dilema. Todo eso tiene efectos. El aislamiento siempre tiene efectos sobre las personas. Los otros son una referencia. A la que nos hemos desconectado de los otros ha habido efectos de tristeza, de desorientación, de confusión… seguro que el teletrabajo tendrá ese tipo de efectos.
José Ramón Ubieto, durante la entrevista | Pol Rius
¿Los ciudadanos se sienten protegidos por sus gobernantes o tienen la impresión de que los han abandonado, por incompetencia o mala fe?
La desconfianza en los dirigentes ya venía de antiguo. Eso es lo que, entre otras cosas, dio tantos éxitos al populismo y a líderes como Trump, Bolsonaro, Orban… estos líderes se apoyaban en una desconfianza generalizada de la población respecto a sus dirigentes. Apelaban a que sólo ellos se preocupaban por los ciudadanos de sus países. En realidad, era un cinismo porque hemos visto que lo que les preocupaba era su propio bienestar, en primer lugar. Ese cinismo, encarnado por los dirigentes y sustituyendo a la legitimidad democrática tradicional, ya nos indicaba que la desconfianza era un sentimiento creciente. La pandemia ha puesto de relieve las insuficiencias de los dirigentes. Es llamativo que ya sabíamos que esta pandemia se iba a producir. Hay muchos informes que lo advertían. La CIA, en 2015, elaboró un informe que pronosticaba que alrededor de 2025 habría una infección respiratoria muy grave que acabaría siendo una pandemia. Se ha adelantado un poco. También lo predijeron la Fundación Bill Gates y muchos estudios que nos decían que eso iba a ocurrir. La sorpresa es que prácticamente no había planes de contingencia. Nadie sabía dónde encontrar mascarillas. Nadie sabía cómo organizar una respuesta sanitaria de emergencia. Lo cual quiere decir que la imprevisión de los dirigentes ha costado vidas y ha hecho que las cosas fueran peor. La gente es consciente de todo esto y, por tanto, hay una indignación y una rabia que se tendrá que ver cómo manejan los responsables políticos. Eso pasará factura cuando todo esto acabe.
Se ha acentuado el conflicto entre los jóvenes y el resto de la sociedad. Se les acusa de no tomar en serio la gravedad de la pandemia porque a ellos la Covid-19 les hace menos daño que a los adultos y los viejos
Otro cronista de la peste es Giovanni Bocaccio. Su Decamerón es un relato de la peste bubónica, que asoló toda Europa, también Italia. Bocaccio habla de la pasión de los jóvenes por gozar la vida intensamente puesto que sabían que muchos de ellos iban a morir. Ahora lo que ha ocurrido no es la resignación ante una muerte que no era percibida así pero sí la mezcla de varios aspectos. Por un lado, la necesidad que tienen los jóvenes del contacto social, que es una necesidad diferente de la que tenemos los mayores. Nosotros podemos aislarnos pero para los jóvenes el contacto es fundamental para reconocerse entre ellos. Los jóvenes son sus propios influencers. Para ellos, los que marcan los itinerarios de sus vidas son sus otros, los otros iguales, sean influencers famosos o sean compañeros de su grupo. Y luego están en una edad en la que se tienen que iniciar en todo, en los consumos, en la sexualidad, en la diversión, en el riesgo. Además coincidió que era el verano. Para ellos, la distancia social tiene que ver más con la pérdida de vida que con la supervivencia. Para ellos, perder la vida es perder el contacto. Tenemos que tener una visión un poco comprensiva. También hay una cierta hipocresía. ¿Por qué no nos preocupamos los mayores por el cambio climático, cuando todos sabemos que es el próximo desastre al que vamos a asistir? Ya lo estamos viendo en los incendios y en muchos fenómenos climáticos. Los mayores no nos preocupamos por el cambio climático porque muchos de nosotros pensamos que esto apenas nos va a tocar. En cambio, las manifestaciones de Fridays for Future y otros movimientos parecidos son de gente joven porque saben que sí que les va a tocar. Cuando a veces criminalizamos a los jóvenes diciéndoles que no están respetando las normas hay una parte de razón evidente en lo que decimos pero también tenemos que esta pandemia nos preocupa sobre todo a los mayores porque afecta a nuestra existencia pero no nos preocupamos del futuro de los jóvenes. Hay que tratar esta pandemia con una cierta perspectiva y hay que ayudarles a protegerse. Por otro lado, hay que evitar hablar de ‘los jóvenes’. ‘Los jóvenes’ no existen, como no existen ‘los de 60 años’. Hay personas de 60 años de muchas clases. Hay jóvenes que se han saltado todas las normas y han sido muy irresponsables pero también hay jóvenes que llevan mascarilla, que han creado muchas iniciativas cooperativas en relación a la pandemia, a ayudar a los otros. Matizaría esas visiones simplistas que salen en los medios criminalizando a un sector. Es como si habláramos de ‘los chinos’. Hay mil y pico millones. No podemos hablar de ‘los chinos’.
El SIDA provocó graves problemas en las relaciones sexuales entre personas homosexuales. ¿El Covid-19 está provocando un efecto parecido en el conjunto de los ciudadanos, especialmente los más jóvenes?
Ha producido un efecto curioso. La pandemia ha promovido el consumo de porno on line, que ya era muy alto. Lo ha aumentado. Ha favorecido muchos contactos via on line. Pero también es muy interesante lo que explican compañías como Badoo, Tinder y las aplicaciones de citas que se han dado cuenta de que muchos usuarios han mantenido el uso de esas aplicaciones como lugares de conversación o una mezcla de conversación y algunas prácticas sexuales on line. Se ha visto que el sexo también necesitaba de algún añadido. Ya lo sabían. Tinder tuvo que recordar a la gente que esa aplicación era para que se encontrasen y tuviesen sexo, no para que hablasen. Incluso hicieron una campaña con testimonios de usuarios de Tinder que decían que se habían encontrado y tenido sexo. Se dieron cuenta de que la gente, en realidad, no siempre quiere solo sexo sino también una conversación, sentirse en intimidad con el otro, sentir algo de afecto, de amor. No todo se reducía al sexo. La pandemia ha demostrado que algunas de estas aplicaciones se han mantenido porque la gente quería fantasear con otros a distancia.
El psicólogo clínico y psicoanalista José Ramón Ubieto | Pol Rius
¿Hay algún consejo, algún criterio a seguir para combatir el miedo? Hay personas, sobre todo gente mayor, que hace muchos meses que prácticamente no salen de casa
Por mi trabajo hablo con muchas personas. Algunas son mayores. Algunas han perdido a su pareja. Y me comentan las dificultades que tienen para salir. Hay cosas que no deberíamos hacer y algunas que podríamos hacer. Lo que no deberíamos hacer es quedarnos paralizados y entregarnos a la nostalgia, pensar qué bonito era el mundo antes de esto. Eso aumenta la desazón. A las personas mayores siempre les digo que retomen las actividades ajustadas a las posibilidades actuales. Si antes salía tranquilamente sola a dar la vuelta a todo el barrio, ahora salga acompañada y dé una vuelta a la manzana. Haga algo. No se quede en casa. Aunque sea poco, eso le ayudará. No olvidar lo presencial. No renunciar a los encuentros. Es mejor vernos seis que no vernos ninguno. Es mejor vernos en el exterior, con mascarilla y con distancia, que no vernos. Mantener lo presencial es fundamental. No hay que renunciar tampoco a todos los placeres que podamos obtener, sean sexuales hasta cocinar o ir a la montaña. El miedo y la culpa engordan siempre con la renuncia. Contra más nos confinemos nosotros mismos, contra más renunciemos, más culpables y más miedosos nos sentiremos. La manera de combatir el miedo es mantener una cierta normalidad, limitada en los objetivos –lo imposible que decía al principio- , pero porque aceptamos lo imposible podemos lo posible. Si nos encerramos, eso no nos ayudará nada.
¿Cómo se imagina el fin de esta pesadilla? ¿Nada volverá a ser como antes de la pandemia, como avisan algunos?
Cada gran cambio de estos deja cosas que quedan. No ha sido el fin de un mundo. El filósofo coreano Han hablaba del fin de un mundo, no del fin del mundo. No ha sido el fin del mundo y tampoco estoy seguro de que haya sido el fin de un mundo. Habría que ponerse de acuerdo en lo que quiere decir eso. Está claro que habrá cosas que cambiarán y me parece que lo que cambiará es un aumento de lo virtual sobre lo presencial, pero también está en nuestras manos, porque el destino no está escrito, matizar esos cambios. La gente va a seguir tomando decisiones que influirán un poco en ese futuro que no está escrito. Si todos los profesores aceptan que lo on line sirve mejor que lo presencial eso traerá efectos dañinos para la educación. Si la gente acepta que es mejor que los periodistas no hagan entrevistas presenciales y que todo se resuelva por mail eso afectará al periodismo, a los lazos sociales… El teletrabajo cambiará inevitablemente el mundo laboral. Eso es seguro. Ya lo está haciendo. Habrá cosas de salud y de educación que también pero el grado de cambio dependerá de las respuestas de la gente. Imagino que el final, el dead line, lo pondrán las vacunas, cuando el miedo al contagio sea escaso. Quedarán las últimas personas que les costará un poco salir y volveremos rápidamente a la normalidad, con algunos cambios, inevitablemente. Pasó con el Sida. Se volvió a la normalidad pero la gente se lo pensaba dos veces antes de no usar preservativo al tener relaciones sexuales. Ahora pasará lo mismo.
Fuente e imagen tomadas de: https://eldiariodelaeducacion.com/2020/10/14/sin-el-maestro-o-la-maestra-presentes-en-cuerpo-y-alma-no-se-puede-educar-bien/
El formato semipresencial está asestando un duro golpe a la equidad educativa. La atención online al alumno varía enormemente según sea su hogar y el centro al que acude. Miles de estudiantes siguen sin poder sacar provecho alguno del aprendizaje remoto, que en condiciones ideales ya ofrece numerosas dudas. El alejamiento del aula podría suponer para muchos chavales su condena definitiva al fracaso. Analizamos el caso de Madrid.
Pensemos, por ejemplo, en Julián. Demos nombre ficticio a un alumno prototípico en la cuerda floja del abandono. Julián lleva sobre sí el peso de la adversidad. Recibe escaso apoyo familiar y en su barrio no abundan los referentes de éxito en los estudios. Con casi 18 años, no tiene aún la ESO y está matriculado en FP Básica. El último trimestre sin clase del pasado curso frenó en seco su creciente implicación escolar. Antes del cerrojazo le gustaba, por primera vez en su vida, ir a clase.
Este curso ha vuelto a su instituto con ganas. Pero pasa la mitad de su tiempo lectivo en casa, sin wifi ni dispositivos con que realizar el sucedáneo práctico que le envía el centro. Una idea ronda su cabeza: buscarse la vida con lo puesto.
Son muchas las caras de la semipresencialidad, modelo que impera a partir de 3º de ESO en Madrid. Para la mayoría de chavales supone un intermitente alto en el camino. Tienen clase cuando acuden al centro y se limitan a hacer tareas a mansalva desde casa. Algunos afortunados notan menos sus efectos: desde sus habitaciones se conectan —manteniendos horarios— a lecciones virtuales que retransmite en streaming el colegio o instituto. Para otros, sin embargo, podría representar el punto de inflexión que marcó su futuro con el estigma del fracaso.
Centros, sindicatos y asociaciones de familias no se cansan de alertar sobre el tremendo retroceso para la igualdad de oportunidades que conlleva este formato. La experiencia híbrida, denuncian, varía enormemente según el contexto socioeconómico del alumno. Y un mantra emerge diáfano: a menor tiempo de escuela, mayor relevancia de la variable hogar.
El factor suerte también se extiende al centro. “Dependiendo de dónde esté el alumno matriculado, de la dedicación de profesores y equipo directivo, así será la atención educativa que reciba”, subraya Carmen Morillas, presidenta de la FAPA Giner de los Ríos. Máxima eterna que la distancia y su consiguiente necesidad de soluciones creativas acrecientan.
Al sesgo de partida y las dudas pedagógicas de base (menor concentración y motivación), se une un rosario de escollos técnicos y logísticos. Algunos inevitables. Otros, al parecer, derivados de la falta de previsión de la Consejería. “Estamos agotados. Han sido unas semanas de locura. Si todo esto se hubiera empezado a preparar en julio, el comienzo de curso hubiera sido mucho más fácil”, lamenta Marian González Martín, directora del IES Juan de Mairena, en San Sebastián de los Reyes.
Mundo feliz en la concertada
Las diferencias en el impacto educativo del modelo mixto dependen también de la titularidad del centro. Muchos privados se las están apañando para sortear la semipresencialidad y aun así garantizar los estrictos protocolos sanitarios. En principio, la exigencia de alternancia para los centros financiados con fondos públicos no les atañe. Con claustros abudantes y amplias instalaciones, están en condiciones de conjugar presencialidad plena y distancia social.
Aunque no es un todo homogéneo, la concertada procura transmitir a las familias una sensación de armonía y control. “Asegura que todo les funciona genial. Te hablan de un mundo feliz en el que ningún estudiante tiene problemas de conexión”, afirma Esteban Álvarez León, presidente de ADIMAD, la asociación de directores de la pública en la Región. Al frente del IES Sierra de Guadarrma, en Soto del Real, Álvarez León ve en este mensaje una cierta operación cosmética. Pero ante todo la constatación de un hecho: la pública escolariza en Madrid a la inmensa mayoría del alumnado más vulnerable.
Los directores del Juan de Mairena y el Sierra de Guadarrama admiten que, dentro de la red pública, parten con ventaja. Sus institutos se ubican en zonas de clase media, con madres y padres por lo general comprometidos y tecnología decente en los hogares. La semipresencialidad, aseguran, supone un trastorno sobrellevable para sus comunidades educativas. La directora González Martín cifra en un 10% su población estudiantil vulnerable. “Ya durante el confinamiento conseguimos salvar la brecha digital. Colaborando con el AMPA y las administraciones, hicimos llegar portátiles a todos los alumnos. La brecha social es más difícil de abordar, aunque también procuramos llevar a cabo un seguimiento y prestar ayuda personalizada”.
Ambos IES cuentan además con un parque tecnológico adecuado para seguir enseñando a distancia. Tras un gran esfuerzo, mezcla de planificación y ensayo-error, están simultaneando sus sesiones presenciales con la retransmisión en directo para los chicos y chicas a los que ese día o franja les toca casa. El Sierra de Guadarrama apostó fuerte por las TIC hace años, incluida una potente red wifi. De forma que ha logrado una transición suave hacia los nuevos formatos impuestos por la pandemia y su gestión educativa desde arriba. “Somos la excepción”, destaca el presidente de ADIMAD, “pocos institutos cuentan con infraestructura para soportar 20 clases en streaming al mismo tiempo”. Así que recurren a la fórmula habitual: presencialidad + deberes.
González León cuenta que su centro vive semanas gloriosas de colaboración docente. Mediante la formación en cascada, los profesores más tecnófilos comparten conocimiento con sus compañeros menos duchos en competencias digitales. Intercambian soluciones imaginativas y de aplicación directa. “La oferta de la Consejería es escasa y excesivamente teórica”, afirma. Tampoco ayuda, en su opinión, “el empeño de la Administración por centralizar la actividad online desde el portal EducaMadrid, que ha mejorado pero sigue mostrando importantes deficiencias”. Otras comunidades (Canarias, Extremadura, Cantabria…) sí han alcanzado acuerdos con gigantes como Google o Microsoft, que canjean afán promocional por libre acceso a sus productos y servicios educativos. Estos funcionan soportados por servidores “con los que la Consejería no puede competir”, añade el director del Sierra de Guadarrama.
Por su parte, el Juan de Mairena sí ha precisado de una reconversión de urgencia, un poco a matacaballo. Ha adquirido portátiles y cámaras en tiempo récord, rebuscando en un mercado al borde del agotamiento. Las conexiones empiezan a fluir sin contratiempos, pero siguen cogidas con alfileres. “Este fin de semana [la entrevista se produjo el pasado viernes] vienen unos padres a revisar el wifi”, destaca su directora.
Redes de solidaridad
El panorama se antoja muy distinto en amplias zonas del sur de la capital y la región. Allí se concentra la mayoría de familias madrileñas con recursos escasos. Los institutos gueto, con carencias socioeducativas de toda índole, son moneda común.
Desde que empezó la crisis en marzo, el imperativo tecnológico se eleva sobre el resto. Y es condición sine qua non para los alumnos con mayor desventaja. Sin equipamiento TIC, el tiempo lectivo que el chaval pasa en casa es tiempo perdido. “Durante el confinamiento se repartieron unos 3.000 portátiles a cuenta del MEC, un número totalmente insuficiente. Para el resto, solo quedó la opción de recurrir a las redes de solidaridad, muchas veces promovidas por las AMPA, que han hecho un trabajo excelente”, explica Isabel Galvín, secretaria de Enseñanza en CCOO.
Cuando se decantó a última hora por la semipresencialidad, con el inicio de curso a tiro de piedra, la Consejería prometió 70.000 dispositivos. “Nos comunicó el consejero [Enrique Ossorio] que empezarían a repartirse gradualmente en octubre, pero aún no ha llegado ninguno”, destaca Álvarez León. Galvín se sorprende de la contradicción surgida tras la reciente prohibición de usar el móvil en las aulas madrileñas: “No permites utilizarlo en clase pero a miles de chavales no les dejas otra alternativa que hacerlo para aprovechar algo el tiempo que se quedan en casa”.
Con la semipresencialidad en Madrid, llueve doblemente sobre mojado. Los formatos a distancia ensanchan, como en cualquier otro lugar, el inmenso tajo que abrieron los tres meses de confinamiento el pasado curso. Y lo hace en una región especialmente golpeada por la desigualdad, “tal y como atestiguan recientes informes de Save the Children o el mismo PISA”, dice Galvín. Según Morillas, el propio consejero Ossorio sabe que la presencialidad es la única opción para un sistema que aspira a la igualdad de oportunidades: “Lo dijo en la última Comisión de Educación en la Asamblea de Madrid del 15 de septiembre”.
Galvín y Morillas enfatizan su preocupación por el alumnado de FP Básica. “Son el eslabón más débil, más de la mitad no promocionan. Necesitan enfoques integrales que solo puede garantizar la escuela presencial”, sostiene Morillas. Como Julián, nuestro alumno ficticio, unos 12.000 estudiantes madrileños caminan sobre el alambre, aferrándose al estudio en este programa salvavidas esencialmente práctico. Si la semipresencialidad se prolonga durante meses, quizá vean pasar —víctimas de la desidia y la indiferencia— al último tren.
Europe / Spain / author: Ana Torres Menárguez / Source: english.elpais.com
The safety protocols negotiated between central and regional education authorities make no provisions for the drop in temperature, and some students are forced to sit near wet, drafty spots.
It was raining last Friday in Puerto de Santa María, in Spain’s southern Cádiz province. Pablo del Pozo, a music teacher at a local secondary school, was asked by a student if they could close the window. He answered no, due to coronavirus protocols. Del Pozo shared this episode on social media, along with a photograph showing the wet window sill and a student desk placed just centimeters away. The post triggered a deluge of reaction.
Following coronavirus safety protocols, there are 23 students per classroom at this particular school, and a distance of 1.5 meters between each desk. This means that some students are forced to sit very close to the windows. “It’s already cold, but we are forced to keep all windows and doors open to prevent contagion. We are being told that it’s better for a child to catch pneumonia than Covid-19,” says Del Pozo, who criticizes the fact that the government has not come up with a protocol for class ventilation specifically adapted to the fall and winter months.
The same concern has been spreading across schools in all parts of Spain after the scientific community last Monday warned that the risk of coronavirus contagion in indoor settings could be nearly 20 times higher than outdoors. Educators and parents are now wondering how to manage proper ventilation while preventing students from feeling cold inside classrooms where they are forced to sit for prolonged periods of time.
Secondary school students standing within their designated area in Aljaraque, in Huelva province.
The coronavirus protocol negotiated between central and regional health authorities does not contemplate a different scenario for the winter. The recommendations are for at least 10 to 15 minutes of ventilation at the beginning and end of each school day, and also during recess and between classes. In general, windows should remain open “as long as possible.” The regional governments of Extremadura, Murcia, Andalusia and the Canary Islands have recommended keeping doors and windows open during class as well.
“Ventilating only during recess and in between classes is clearly insufficient,” explains María Cruz Minguillón, a researcher at the Spanish National Research Council (CSIC)’s Institute of Environmental Assessment and Water Research. “The windows must stay open and the children must wear a coat and scarf if necessary,” adds this expert in airborne aerosols.
Ever since schools reopened in September, most of them have been keeping doors and windows open to achieve cross ventilation and reduce the risk of coronavirus transmission. So far, only 0.73% of classrooms across the country (around 2,300) have had to shut down due to positive cases among students or teachers, according to the Education Ministry.
But temperatures are starting to drop in some Spanish regions, particularly in the north, and keeping windows open all day is becoming a problem. Bárbara Menéndez, a deputy principal in charge of coronavirus management at a public school in Asturias, reports that some “children’s heads” are situated right next to the windows, and that due to safety protocols, it is always the same children because they cannot change desks. Last week, a storm forced the school to roll the window blinds halfway down so that the rain would not “come pouring in.” Menéndez notes that “in Asturias, we have cold and rainy weather eight months out of the year.”
A teacher takes children’s temperature at Rafael Casanova school in Badalona, in Catalonia.JOAN SANCHEZ
Researchers are now insisting on the need to review school ventilation protocols, and to consider purchasing mechanical ventilation systems in areas with less benign weather conditions. “If a school is thinking about closing windows, it will have to use tools such as CO2 sensors and air purifiers with HEPA filters,” warns Minguillón.
CO2 sensors, which are priced at around €35, detect the concentration of carbon dioxide in the air and determine the need for fresh air to reduce the risk of contagion. Air purifiers with HEPA filters, which can cost around €600 for a 40-square-meter room, clean the air by removing contaminants.
Minguillón has translated into Spanish the “Five-Step Guide to Checking Ventilation Rates in Classrooms,” published by the Harvard School of Public Health. This expert warns that buying a CO2 sensor is not enough. “After that, you have to make a series of calculations considering variables such as the number of students per classroom, their age, and the volume in cubic meters in each classroom, among others,” she notes.
But to many educators, terms such as CO2 sensors and HEPA filters sound unfamiliar. Neither the Health nor the Education ministries mention them in their protocols. Nor do the regional governments, although some are considering adopting new ventilation methods when the weather turns cold.
Jordi Sunyer, head of the Childhood and Environment Program at the Barcelona-based Institute for Global Health and one of Spain’s top experts on Covid-19 and schools, believes that the country still lacks protocols establishing how to ventilate classrooms that have no windows or just one. Sunyer believes that in these cases, authorities should consider options such as air purifiers with HEPA filters. “They filter all the ultrafine particles, they capture all the viruses,” he says. “They are portable, they can be used in more than one classroom, and they would only be necessary for rooms without good natural ventilation.”
An unwanted choice
Faced with a shortage of tools and information, many teachers feel all alone to deal with a dilemma that they say should not be in their hands. Should students be cold in class and receive their education in subpar conditions, or should windows be closed despite the increased risk of coronavirus contagion?
Some educators have taken the initiative. Francisco Espada, a teacher at the Cádiz public secondary school Antonio de la Torre, first heard about CO2 sensors and air filters two weeks ago on a television program. He has since been doing extensive online research and advising his school. “We are going to buy several CO2 sensors to check that our classrooms are safe. The principal thought it was a good idea,” he says.
But the CSIC expert Minguillón insists that just taking a reading from a sensor is not enough: other factors have to be taken into account, such as the classroom volume or the number of students in it.
Esteban Álvarez, the principal of a public secondary school in the Guadarrama mountains, in the Madrid region, has already figured out how much it will cost to keep the windows open in the winter. In a normal season, the school turns on the heating at 7am and turns it off at 11.30am. This comes out to around €20,000 to fill the diesel tank. This year, the heating will remain on until 2pm, bumping up the bill to €40,000.
“We can already feel the cold, and we are starting to open up half the windows. Nobody has told us whether it is a good idea to buy air purifiers; this subject has not been addressed by the administration, which will improvise as usual,” he notes.
The school does not have a lot of money anyway, he explains: they have received an additional check for around €50,000 from the government of Madrid to cover the costs of dealing with the pandemic, such as buying face masks, hand sanitizer, digital devices and improving the Wi-Fi connection.
OTHER COUNTRIES
In the United States, the protocol from the Centers for Disease Control considers the use of air purifiers with HEPA filters. Germany’s Länder recently decided in favor of natural ventilation, establishing five minutes of open windows every 20 minutes. In the southern region of Bavaria, air purifiers and CO2 sensors will be used in rooms that cannot be properly ventilated with natural methods. In the United Kingdom, the government has not changed its ventilation guidelines despite the drop in temperatures.
English version by Susana Urra.
Source and image: https://english.elpais.com/society/2020-10-12/as-cold-sets-in-spanish-schools-face-dilemma-leave-windows-open-or-risk-coronavirus-contagion.html
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