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La violencia y el crimen organizado como acumulación de capital por despojo

La violencia consustancial al crimen organizado no es como en las películas que retratan el comportamiento de mafiosos que se enfrentan entre ellos o con las autoridades policiales.

Esa violencia criminal, que a su vez es un engranaje del capitalismo, tiene como finalidad el expolio de territorios y la expansión de mercados ilegales y legales, sobre la base de prácticas y mecanismos de despojo premeditado y controlado, donde lo mismo concurren organizaciones criminales, bases sociales de éstas, empresas formales y agentes del aparato de Estado. Se trata de un sofisticado sistema que combina la explotación laboral ilegal, el secuestro de jóvenes para ingresarlos en las empresas criminales como mano de obra impaga, la exploración y saqueo de territorios depositarios de recursos naturales, el desplazamiento forzado de comunidades enteras para ejecutar a sus anchas el punto anterior, entre otras prácticas desestructurantes de la vida social.

La violencia criminal –y el crimen organizado en general– no es natural ni ahistórica; tampoco es una anomalía exógena al capitalismo. Es parte de sus mecanismos de valorización y acumulación del capital. Es parte del engranaje propio del ciclo económico. Cruzan sus empresas criminales todos los momentos del proceso económico: desde la producción de mercancías y servicios ilícitos, hasta la circulación y consumo global de las mismas; especialmente de las drogas. Al tiempo que lo ilícito se interrelaciona con mercancías legales que deambulan por los mercados formales. El blanqueo de activos de procedencia ilícita, la reinversión en actividades lícitas y el consumo y el derroche suntuarios completan esa dinámica de gestación de ganancias.

A su vez, el supuesto combate de la violencia criminal es parte de la justificación que esgrimen los Estados para realizar importantes inversiones de gasto público en armamento y en estrategias y logísticas que le dan forma a los procesos de militarización. Con ello, el Estado se erige en un gran consumidor de la industria armamentista que, de igual modo, dinamiza el ciclo económico y lo aleja de sus fases de crisis.

El carácter sistémico de la economía criminal supone en todo momento procesos de acumulación y apropiación por despojo. Desde el cultivo de materias primas para los narcóticos; el trasiego de insumos para la elaboración de drogas sintéticas; la explotación de fuerza de trabajo cuasi-esclavizada en ambas labores; el transporte y comercialización de esos narcóticos; hasta el control de actividades como el tráfico de personas; la extorsión; la explotación de metales preciosos como el oro y la plata; la copia o piratería de ropa, música o video; el cobro de derecho de piso, entre otras. Lo que se observa en este ciclo del capital criminal es una diversificación de actividades ilícitas, que se cierra con el papel activo del sistema bancario y de los mercados financieros que atraen los recursos de procedencia ilícita.

La cadena de valor de la economía criminal supone también la lucha letal entre empresas criminales –cada una respaldada por distintos agentes del aparato de Estado– que se disputan el control de mercados y territorios. Pero esas empresas solo son una fracción del conjunto de esa economía criminal. El sistema de esta economía criminal se completa con amplios segmentos del capital formal sea agropecuario, industrial, comercial o bancario/financiero. En ese sistema ciertos segmentos del aparato de Estado ejercen de manera meta-constitucional la regulación y el reparto del territorio, al tiempo que participan de las ganancias del vasto negocio criminal.

La moralidad instituida por los Estados a través de la ley hace de las drogas una economía ilegal y justo por ello el encarecimiento de sus bienes y servicios desproporciona los precios, y hace de la apropiación y acumulación por despojo una constante en ese encarecimiento. De ahí que el Estado no solo afianza a la economía criminal, sino que la dota de una institucionalidad para que opere como sistema y no se detengan sus ilícitos procesos de acumulación de capital.

Esa cadena de valor de la economía criminal es, en esencia, trasnacional y aprovecha los amplios resquicios que le abren los procesos de globalización. Ni se reduce a su fase de narco-tráfico ni se circunscribe a la escala estrictamente nacional como lo presentan con regularidad los mass media, enfatizando en la personificación del fenómeno a través del capo de las drogas como un individuo marginal del sistema, un campesino venido a más por su audacia para destacar en el mundo criminal. Más aún: la economía criminal se caracteriza por una división internacional del trabajo, regida por un rol subordinado de economías subdesarrolladas como México, Colombia, entre otras, que ocupan el eslabón más frágil de la cadena de valor y desde ellas se aporta la sangre y la muerte, al tiempo que se transfieren excedentes a las redes operativas y logísticas ilícitas del norte del mundo y, particularmente, a los mercados bancarios/financieros de Wall Street y de la City de Londres, e incluso a los paraísos fiscales. En medio de ello, existen nodos territoriales también transnacionales por donde transitan las mercancías ilícitas, y que fungen como plataformas exportadores hacia los centros globales de consumo final.

En el sur del mundo esta división internacional del trabajo criminal consolida fases como el diseño, cultivo de amapola, coca o marihuana, procesamiento y manufactura de sustancias químico/psicotrópicas (fase de producción), el transporte por distintos países, hasta llegar a la fase de intercambio o comercialización y consumo en las ciudades de prácticamente todo el mundo, pero enfáticamente de Europa y los Estados Unidos. En tanto que la distribución de ganancias tiene como epicentro los bancos y mercados financieros, para completar el ciclo del capital criminal la reinversión en el aparato productivo –legal e ilegal– tanto del norte como del sur del mundo a través del blanqueo de dinero y el consumo improductivo. En toda esa dinámica del proceso económico criminal es fundamental la mano de obra calificada y especializada en asuntos jurídicos, contables, financieros e, incluso, en el procesamiento químico para la elaboración de drogas sintéticas (allí participan ingenieros, químicos, farmacólogos, etc.).

La lógica del despojo se extiende a comunidades e individuos que son presas de la violencia criminal y de los escuadrones paramilitares empleados por empresas formales como las mineras y energéticas para abrir senderos de explotación de la naturaleza y de acumulación de capital en aquellos territorios dotados de esos recursos naturales ambicionados por ellas. Esa economía del despojo, que destierra comunidades enteras en países como México, Colombia, Perú, entre otros, apunta a recursos minerales como el oro, la plata, al litio o incluso a los llamados minerales de tierras raras, que son fundamentales para reproducir el eje de acumulación de capital cimentado en las tecnologías de punta de la economía informacional.

La violencia criminal se combina con la alienación de la vida entre esas comunidades e individuos. El despojo se extiende a campesinos que son obligados a cultivar la materia prima de las drogas; de igual manera existe una apropiación ilegal de sus tierras cuando se les excluye  y desplaza de sus territorios a esos campesinos sujetos a regímenes de propiedad comunal o ejidal. A ello contribuye la caída de los precios de los productos básicos y el abandono del campo desde el Estado al no destinar políticas agrícolas que apoyen a esa clase campesina depauperada.

A grandes rasgos, el desafío principal que tienen tanto el periodismo de investigación como las ciencias sociales consiste en trascender las narrativas maniqueas que sitúan el acento en el campo de las drogas y en sus labores de tráfico. Se trata de posicionar la mirada en el conjunto de la economía criminal y de sus circuitos que en la realidad muestran una relación orgánica. Las miradas fragmentarias en poco o nada contribuyen a la comprensión de la complejidad del fenómeno criminal y en el papel constante que desempeña el despojo en la acumulación de capital. Es urgente, en distintos frentes de análisis, trabajar a fondo en esa lógica del comportamiento y dinámica de esa economía criminal y clandestina de la muerte.

Isaac Enríquez Pérez. Académico en la Universidad Autónoma de Zacatecas, escritor y autor del libro “La gran reclusión y los vericuetos sociohistóricos del coronavirus. Miedo, dispositivos de poder, tergiversación semántica y escenarios prospectivo”. Twitter: @isaacepunam

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España: Uno de cada dos docentes sufre agresiones en el aula y el 72% no se siente respetado

Una encuesta a más de 7.500 profesores revela falta de apoyo institucional, sobrecarga laboral y una creciente pérdida de autoridad en la escuela pública.

Más de la mitad de los docentes de la escuela pública en España asegura haber sufrido agresiones en el aula y un 72,2% afirma que no se siente respetado por el alumnado. Así lo refleja una encuesta presentada este lunes por la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF), en la que han participado más de 7.500 profesores de todo el país.

El estudio, incluido en el informe ‘¡Ya está bien! Por la dignificación de la labor docente’, pone de relieve el malestar creciente del profesorado, que denuncia una pérdida de autoridad, falta de respaldo institucional y un deterioro progresivo de sus condiciones laborales.

La encuesta se ha realizado en centros públicos de Educación Infantil, Primaria, Secundaria, Formación Profesional, enseñanzas de régimen especial —como conservatorios o escuelas de idiomas— y centros de Educación Especial de todas las comunidades autónomas, con el objetivo de recoger la realidad diaria en las aulas.

Falta de respeto y sensación de abandono

Uno de los datos más significativos del informe es la percepción generalizada de desprotección. El 90% de los docentes afirma no contar con el apoyo suficiente por parte de la Administración, mientras que siete de cada diez denuncian una falta de reconocimiento social y profesional.

El sindicato advierte de que esta situación genera una “evidente sensación de abandono” en el ejercicio de la profesión, que se ve agravada por la ausencia de protocolos claros y eficaces para gestionar conflictos o problemas de convivencia en los centros educativos.

En este sentido, el 97,8% del profesorado considera necesario reorientar los planes formativos hacia situaciones prácticas del día a día en el aula.

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Sobrecarga y pérdida de atractivo de la profesión

El informe también pone el foco en la sobrecarga laboral. Prácticamente la totalidad de los docentes encuestados reconoce sufrir un exceso de trabajo, mientras que nueve de cada diez consideran que su salario no se corresponde con el nivel de responsabilidad y exigencia que implica la docencia.

Según CSIF, esta combinación de factores está provocando que la profesión pierda atractivo, especialmente entre las nuevas generaciones.

Principales reivindicaciones

Entre las principales demandas del profesorado destacan la reducción de ratios en las aulas, el refuerzo de la autoridad docente, la mejora del poder adquisitivo, la disminución de la burocracia y la reducción del horario lectivo.

El sindicato subraya que el actual escenario “no puede normalizarse”, ya que el deterioro de las condiciones laborales y la pérdida de reconocimiento social afectan directamente a la motivación del profesorado y, en consecuencia, a la calidad del sistema educativo.

Por ello, reclama a las administraciones que sitúen al profesorado en el centro de las políticas educativas y que impulsen medidas que contribuyan a prestigiar su labor.

“Garantizar el presente y el futuro de la educación pública pasa por dignificar la profesión docente”, concluye el informe.

https://lavozdeibiza.com/sociedad/uno-de-cada-dos-docentes-sufre-agresiones-en-el-aula-y-el-72-no-se-siente-respetado/

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Chile: Abajo el “bencinazo” y los recortes a la educación

Para enfrentar los ataques de Kast es necesaria la movilización nacional organizada desde las bases.

El gobierno de Kast busca avanzar rápidamente con su agenda en los primeros 90 días, aprovechando el período conocido como “luna de miel”. Frente a esto, no hay tiempo que perder, hay que preparar una gran marcha nacional con paralización que permita enfrentar y derrotar este plan de ataques.

Por: Benjamín Vidal

Este lunes, el gobierno de José Antonio Kast anunció un nuevo golpe contra la clase trabajadora: un alza de $370 en la bencina de 93 octanos y de $580 en el diésel a partir de este jueves 26 de marzo. Mientras rebajan impuestos a los grandes empresarios, cargar los costos sobre los bolsillos de las familias trabajadoras, encareciendo aún más la vida cotidiana.

Este ataque es expresión de la sumisión de Kast al gobierno de Donald Trump y las guerras del imperialismo por sus intereses. No es un hecho aislado sino que es parte de una política más amplia alineada con los intereses empresariales.

En apenas dos semanas de gobierno, Kast ya ha anunciado una batería de ataques: intento de limitar la gratuidad y excluir a mayores de 30 años, ofensiva medioambiental eliminando decretos de protección, indultos a uniformados por la represión de 2019, rebaja de penas para torturadores de la dictadura. Un verdadero paquete de ataques contra la clase trabajadora, la juventud y los sectores populares.

Frente a esto, comienzan a surgir las respuestas. La movilización del domingo en defensa del medioambiente, convocada también por organizaciones estudiantiles como la Fech y la Feusach, muestra el camino que hay que seguir: Es necesario ir por un plan de lucha para derrotar todos los ataques de la ultraderecha.

Las organizaciones estudiantiles deben estar a la altura

Este sábado se realizó una Plenaria Nacional de la Confech en la Casa Central de la Universidad Católica, en donde se abordó convocar a un Encuentro Nacional y a una movilización contra el ataque a la gratuidad. Sin embargo, los dirigentes de la Confech se negaron a sumarse a la movilización convocada por estudiantes secundarios (específicamente por la ACES) para este jueves y dijeron, en palabras de una militante de las Juventudes Comunistas, que “no existen las fuerzas para llamar a un Paro Nacional”.

Sin embargo, cada día que pasa se presentan nuevos ataques de Kast, como el actual “bencinazo”. Es urgente y necesario organizar una respuesta a la altura. La Confech y las federaciones asociadas a ella deben convocar a asambleas en todas las facultades del país para definir un plan de movilizaciones para derrotar los ataques de Kast, como lo es su intento por recortar la gratuidad.

En este sentido, la decisión de la Fech y la Feusach que tomaron este lunes en sus respectivos espacios de sumarse a la movilización del jueves, es un paso importante que va en el sentido correcto. Es necesario profundizar este camino y avanzar hacia la coordinación con secundarios, trabajadores, organizaciones ambientales y de derechos humanos.

Por eso, el llamado a un “Encuentro Nacional de la Confech” que se planteó organizar el día sábado, solo puede ser útil si se construye desde las bases, para que sirva como impulso para un plan de movilizaciones mayor a nivel nacional. Debe ser preparado en asambleas de base, con delegados electos democráticamente e instancias de discusión y participación estudiantil. Solo así se puede contribuir a una coordinación real que nos permita hacer frente a Kast. De lo contrario, será solo una instancia más de la burocracia para administrar la movilización y evitar que se desarrolle plenamente.

La pasividad de la Confech tiene antecedentes claros. Durante el gobierno de Gabriel Boric, las direcciones estudiantiles (ligadas al Frente Amplio, el Partido Comunista y el Partido Socialista) mantuvieron al movimiento estudiantil desmovilizado, permitiendo que el gobierno gobernara sin presión desde abajo. Mientras tanto, Boric incumplió sus promesas,
administró la educación de mercado, abandonó la perspectiva de una educación gratuita y no avanzó en la condonación del CAE. Producto de esto es que ahora se nos presenta un movimiento estudiantil debilitado y fragmentado.

Pero el escenario está cambiando. La ofensiva de Kast está generando ciertos síntomas de rearticulación del movimiento estudiantil y la existencia de una Confederación Nacional puede ser una herramienta clave para coordinar la respuesta. Pero bajo la dirección de los partidos de la actual oposición, termina siendo un freno para la organización y movilización.

Por eso, es fundamental avanzar en la organización desde las bases. Ejemplos como la asamblea de más de 200 personas que se llevó a cabo la semana pasada en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile o las asambleas de la UFRO en Temuco, muestran que existe una disposición real entre estudiantes para recomponer el movimiento.

El gobierno de Kast busca avanzar rápidamente con su agenda en los primeros 90 días, aprovechando el período conocido como “luna de miel”. Frente a esto, no hay tiempo que perder, hay que preparar una gran marcha nacional con paralización que permita enfrentar y derrotar este plan de ataques.

Al mismo tiempo, esta lucha debe servir para retomar las demandas históricas del movimiento estudiantil: educación gratuita, democrática, de calidad y no sexista, que sea 100% financiada por el Estado mediante aportes basales directos, que provengan de la nacionalización del cobre e impuestos a las grandes fortunas, pues el 1% de la población hoy controla el 50% de la riqueza, es decir, plata si hay y perfectamente se podría ocupar en educación en vez de enriquecer a un par de familias multimillonarias.

Otra demanda urgente es la condonación del CAE y toda la deuda educativa, la cual debe ser sin indemnización a los bancos usureros ya que ya se han enriquecido a destajo con los sueños de miles de familias trabajadoras.

https://www.laizquierdadiario.cl/Abajo-el-bencinazo-y-los-recortes-a-la-educacion-Para-enfrentar-los-ataques-de-Kast-es-necesaria-la

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Un estudio revela que cuanto mayor es el nivel educativo más preocupación se muestra ante el avance de la IA

El análisis muestra que variables como estudios, ingresos, posición social y situación laboral influyen significativamente en el interés, valoración de beneficios y percepción de riesgos tecnológicos

Los profesores Marcelo Sánchez-Oro, Yolanda García y Margarita Calleja de la Facultad de Empresa, Finanzas y Turismo de la Universidad de Extremadura (UEx) han realizado un estudio que revela que cuanto mayor es el nivel educativo de las personas más preocupación muestran éstas ante el avance de la Inteligencia Artificial (IA) y las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

El investigador Marcelo Sánchez-Oro ha explicado que se ha analizado la encuesta llevada a cabo por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) referida a esta tendencia vinculada a la percepción de los riesgos que la población asocia al desarrollo de la Ciencia y la Tecnología, la IA, la digitalización y en general las TIC.

El análisis muestra que variables como estudios, ingresos, posición social y situación laboral influyen significativamente en el interés, valoración de beneficios y percepción de riesgos tecnológicos. En este sentido señalan los investigadores «las conclusiones de la investigación muestran como el nivel educativo y el nivel de ingresos de los participantes influye en cómo se perciben los beneficios y riesgos de las tecnologías».

Del estudio de la encuesta se puede concluir que «en el caso de la IA, la mitad de las personas entrevistadas están de acuerdo o muy de acuerdo en que es un peligro», ha indicado Margarita Calleja.

El miedo se sustenta en la opacidad algorítmica y en la autonomía que se percibe de dicha tecnología. Aun así, el 90 por ciento de las personas está en contra de recortar la inversión pública en ciencia y tecnología, incluso reconociendo riesgos.

De la misma manera cabe destacar que el estudio muestra una ciudadanía interesada con una actitud positiva por la ciencia y la tecnología, pero poco participativa en actividades científicas, ha informado la UEx en nota de presa.

Para los investigadores una de las herramientas más importantes para reducir riesgos y miedos frente a las TIC y la IA es mejorar la educación tecnológica y científica, junto con el avance del marco legal y el acceso equitativo a las tecnologías.

https://www.eldebate.com/educacion/20260323/estudio-revela-cuanto-mayor-nivel-educativo-preocupacion-muestra-ante-avance-ia_399069.html

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Más de la mitad de los profesores y sanitarios están ‘quemados’: el desgaste profesional es estructural en Sanidad y Educación

La carga horaria excesiva y la inestabilidad laboral provocan un desgaste emocional elevado en estos trabajadores esenciales

El Instituto Europeo de Psicología Positiva (IEPP) ha presentado este viernes los resultados de su informe sobre bienestar laboral en España y ha evidenciado que más del 50% de los profesionales de salud y educación presentan síntomas del síndrome de desgaste profesional, también conocido como síndrome de burnout o trabajador quemado. El agotamiento emocional, la despersonalización o la sensación de baja realización personal se repiten en ambos sectores, poniendo en riesgo la salud de trabajadores esenciales.

El estudio ha contado con la participación de 231 sanitarios y 506 profesionales de la educación. Los resultados muestran que el 56% de los profesionales de la salud presentan indicios de desgaste profesional, frente al 58% de los educadores del país. Sentimientos de tristeza, enfado, ansiedad o soledad son frecuentes en ambas profesiones. Pese a ello, más de la mitad de quienes sufren burnout no recibe tratamiento.

El informe del IEPP asegura que hasta el 62% de estos síntomas se explican por variables organizativas, lo que muestra que el burnout no es un problema individual, sino un fenómeno directamente influido por el entorno profesional. “El bienestar laboral no puede depender únicamente de la capacidad individual de adaptación; requiere entornos que lo hagan posible. Sabemos qué factores lo explican y, por tanto, también cómo prevenirlo”, ha valorado Juan Nieto, coordinador del estudio.

Inestabilidad y sobreexplotación, causas del desgaste

Una educadora infantil visiblemente agotada.Una educadora infantil visiblemente agotada. (Canva)

El síndrome de burnout es una enfermedad de riesgo laboral causada por un elevado nivel de estrés que se perpetúa en el tiempo. El agotamiento laboral provoca tanto problemas físicos como psicológicos, como fatiga crónica, dolores de cabeza, problemas digestivos, irritabilidad o falta de concentración, y aumenta el riesgo de depresión. El sector sanitario y el educativo son dos de los más afectados por ese síndrome, pues exige una implicación emocional significativa en las tareas diarias.

En el sector sanitario, la presión asistencial y la responsabilidad clínica vuelven a los profesionales especialmente vulnerables al agotamiento laboral. Según IEPP, cuatro de cada diez sanitarios presentan niveles altos de agotamiento emocional y uno de cada cuatro reporta niveles altos de despersonalización o cinismo. A su vez, casi la mitad de los trabajadores sanitarios no se siente realizado con su trabajo.

En educación, la gestión del aula, la carga administrativa y la responsabilidad pedagógica hacen que el personal docente sea más propenso al desgaste emocional. Los educadores encuestados por el IEPP reportaron niveles altos de agotamiento emocional (44%), despersonalización (33%) y una baja sensación de realización profesional (40%).

Entre los factores precipitantes, el IEPP destaca la inestabilidad laboral y los contratos precarios en la sanidad, donde proliferan los contratos temporales de corta duración, así como la carga horaria. Según el informe, los trabajadores con jornadas de más de 40 horas semanales presentan un mayor desgaste emocional. En sanidad, son los profesionales del Sistema Nacional de Salud quienes presentan niveles más elevados de burnout, en comparación con quienes trabajan en el sector privado o concertado.

En el sector de la educación, los autores ven también un componente de género: son las mujeres las que presentan niveles mayores de agotamiento emocional, con una brecha de 6 puntos con los hombres. En cambio, el profesorado de centros concertados es el que presenta un mayor agotamiento emocional y despersonalización, seguido de los centros públicos.

Para aliviar la situación, los autores recomiendan crear condiciones para que aparezcan experiencias agradables y reparadoras dentro del trabajo. Reconocer los logros individuales y de equipo, garantizar apoyo psicológico a los profesionales o proporcionar lugares de descanso y desconexión pueden ayudar a mejorar los síntomas del burnout.

https://www.infobae.com/espana/2026/03/20/mas-de-la-mitad-de-los-profesores-y-sanitarios-estan-quemados-el-desgaste-profesional-es-estructural-en-sanidad-y-educacion/

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A veces una sola cifra basta para explicar el mundo en que vivimos. Apenas 56.000 personas poseen hoy más riqueza que la mitad de la población del planeta

Por: Martín Nicolás Parolari

Un informe del World Inequality Lab pone números a una tendencia que lleva décadas creciendo. La concentración extrema de riqueza ha alcanzado un punto en el que una élite diminuta acumula más patrimonio que unos cuatro mil millones de personas.

La desigualdad global fue, es y será (lamentablemente) presentada como una consecuencia incómoda pero “inevitable” del crecimiento económico. Sin embargo, cuando se analizan los datos en conjunto, esa narrativa se desmorona. El reciente Informe Mundial sobre Desigualdad 2026 (World Inequality Report 2026), elaborado por el World Inequality Lab con participación de economistas de instituciones como el Paris School of Economics, pone cifras que desafían cualquier relato complaciente sobre el progreso global.

Las cifras no solo describen una brecha: dibujan un desequilibrio estructural entre quiénes se benefician realmente de la economía global y quiénes quedan al margen, aún cuando existan algunos datos que indiquen que la pobreza global ha decaído.

Una élite diminuta frente a miles de millones

Según el informe, las 56.000 personas más ricas del planeta —el 0,001% de la población mundial— poseen tres veces más riqueza que la mitad más pobre de la humanidad. Este fenómeno no es un dato aislado de un año, sino parte de una tendencia creciente desde los años 1990. Durante ese período, la participación de los ultra ricos en la riqueza mundial aumentó del 4% al 6%, impulsada por un crecimiento promedio de aproximadamente 8% anual en sus fortunas.

El World Inequality Lab también detalla que:

El 10% más rico controla el 75% de la riqueza global.

La mitad inferior (el 50% más pobre) apenas accede al 2% de la riqueza total.

En términos de ingresos, ese mismo 50% percibe solo el 8% frente al 53% que se queda el decil superior.

Este patrón no se limita a una región o caso aislado: se observa de manera consistente en múltiples economías, tanto en países desarrollados como en desarrollo.

Desigualdad, clima y emisiones

La brecha no se limita al dinero. Tiene efectos profundos y cuantificables en el clima. El informe subraya que:

El 10% más rico del mundo genera el 77% de las emisiones de carbono vinculadas a la propiedad privada de capital.

El 1% más rico es responsable del 41% de esas emisiones, casi el doble de lo que emite el 90% inferior combinado.

Esto coincide con otros estudios sobre consumo de carbono y desigualdad. Por ejemplo, una investigación publicada en Nature Climate Change encontró que las emisiones vinculadas al consumo de los hogares más ricos representan una proporción desproporcionadamente alta del total global, mucho más de lo que generan los segmentos medios o pobres de la población.

Brechas regionales y de género

La desigualdad se extiende también a la geografía y al género. El informe destaca que un habitante promedio de Norteamérica u Oceanía tiene ingresos diarios aproximadamente 13 veces mayores que una persona en África Subsahariana. La disparidad no es solo económica, sino también educativa y de infraestructura social:

Se destinan alrededor de 9.000 € por niño al año en educación en Norteamérica, frente a apenas 220 € en África.

En términos de género, la desigualdad sigue siendo estructural:

Las mujeres reciben apenas el 28% del ingreso laboral global.

Cuando se incorpora el trabajo doméstico no remunerado, las mujeres trabajan en promedio 53 horas semanales frente a 43 de los hombres, pero el ingreso por hora femenina se sitúa en torno al 32% del masculino.

Estos datos coinciden con los reportes de la Organización Internacional del Trabajo, que identifican diferencias persistentes de género en participación laboral, brechas salariales y cargas de trabajo no remunerado.

Políticas fiscales y estructuras de poder

El informe no presenta estos resultados como “fallos aleatorios”; los atribuye a decisiones políticas acumuladas durante décadas. Desde los años 1980, políticas de desregulación financiera, recortes de impuestos progresivos y debilitamiento de sindicatos han favorecido la acumulación de riqueza en la cúspide. Esto se refleja en que, en muchos países ricos, las tasas efectivas de impuestos sobre la renta del 1 % superior son iguales o incluso inferiores a las de hogares de ingresos medios.

Veamos un ejemplo bastante claro: En Estados Unidos, estudios de la Tax Policy Center muestran que la tasa efectiva promedio de impuesto de sociedades y de individuos muy ricos puede caer por debajo de la de clases medias debido a deducciones, beneficios fiscales y estrategias de planificación financiera.

El resultado es doble: menos recursos para servicios públicos (salud, educación, infraestructura) y una mayor dependencia de mecanismos de mercado que favorecen la acumulación concentrada.

Un sistema que funciona, pero para quién

Estos datos dan forma a un retrato más amplio: vivimos en una era de abundancia material sin precedentes, pero con brechas sociales que rivalizan con las de épocas que muchos creían superadas. El crecimiento económico, la tecnología y los avances científicos han generado riqueza sin paralelo, pero su distribución sigue siendo profundamente desigual.

No se trata solo de cifras chocantes, sino de consecuencias tangibles en vida, salud, oportunidades y estabilidad climática. Cuando los números son tan claros, la pregunta deja de ser si existe un problema y pasa a ser qué cambios estructurales son necesarios para corregirlo.

Porque, como muestra el informe, la desigualdad no es un accidente histórico: es el resultado de reglas, prioridades y estructuras de poder que, sin reformas profundas, seguirán reproduciendo estas brechas.

https://es.gizmodo.com/cuando-los-numeros-hablan-discurso-se-cae-56-000-personas-poseen-mas-riqueza-que-la-mitad-del-planeta-2000209535

 

 

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