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La reforma agraria rebrota en América Latina: «Que devuelvan lo que nos han quitado»

Por Mariángeles Guerrero

La Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural reúne a gobiernos, movimientos campesinos y pueblos indígenas para debatir la tierra para quién y para qué. «Las reformas agrarias deben estar basadas en la soberanía alimentaria y la agroecología», señalan desde la Vía Campesina. El sector de la agricultura familiar, campesina e indígena es el mayor productor de alimentos sanos y cuenta con solo el 12% de la tierra.

La II Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural (Ciradr+20) se realiza desde el 23 al 28 de febrero en Cartagena (Colombia). Es convocada para promover el derecho a la tierra para las poblaciones campesinas e indígenas a nivel global. “Lo que hoy nos amenaza es la mercantilización de la naturaleza. Se debe tener en cuenta a los territorios como un centro de autodeterminación y de vida”, afirma Nury Martínez, presidenta de la Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria (Fensuagro) de Colombia, organización integrante de La Vía Campesina. Actualmente, el uno por ciento de las grandes explotaciones de tierra concentra el 70 por ciento de las tierras agrícolas mundiales. Y los establecimientos de pequeña escala solo cuentan con el 12 por ciento de las tierras.

La primera Ciradr, realizada en Brasil en 2006, definió los compromisos internacionales para el acceso equitativo a la tierra, la seguridad alimentaria y el desarrollo rural inclusivo. Veinte años después y con Colombia como anfitriona, la Conferencia reúne a gobiernos, organizaciones internacionales, representantes de la agricultura familiar, pueblos indígenas y personas del sector académico para actualizar el diálogo sobre la reforma agraria.

El concepto y la práctica de reforma agraria tiene múltiples aristas. El histórico dirigente del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, João Pedro Stédile, en su artículo “Conceptos y tipos de reforma agraria“ (incluido en el libro Experiencias de reforma agraria en el mundo), explica que esta noción se adoptó en el siglo XX como una síntesis de programas o propuestas para democratización del acceso a la tierra en cada país. Sin embargo, a lo largo de la historia, hubo procesos similares aunque no se llamaron explícitamente “reforma agraria“. Sucedieron en Europa, Asia, América (incluido Estados Unidos) y África.

El sociólogo chileno Sergio Gómez, en el texto “Reformas Agrarias en América Latina en el siglo XX“, destaca las experiencias de México en la primera mitad del siglo XX (con el lema zapatista de “la tierra para quien la trabaja“); de Bolivia a mediados de siglo y de Cuba post revolución, entre otras. Señala que en solo dos países de la región la reforma agraria no llegó a plantearse como tal en el siglo pasado: Argentina y Uruguay. Y explica que eso ocurrió porque, en el auge de las reformas, estos países no contaban con un «problema agrario» sino que sus «agriculturas eran altamente eficientes, conectadas a los principales mercados agropecuarios mundiales de la época».

También apunta que, en la actualidad, las políticas de reforma agraria se dan por expropiaciones o por diversas formas de asignación de tierras. Un ejemplo de ello es la experiencia del MST brasileño de “ocupar, resistir y producir“ en grandes latifundios improductivos.

La reforma agraria rebrota en América Latina
Foto: Laís Alanna – MST

A la historia transitada se suman los desafíos del presente: la alta concentración de tierras en manos de multinacionales, la necesidad de planificar las políticas rurales en clave feminista, la iniciativa de mejorar la situación de la tenencia de la tierra de las familias campesinas y de restituir las robadas a los pueblos indígenas.

En las vísperas del encuentro, Martínez apunta: “El agronegocio se fundamente en los agrotóxicos y el monocultivo. Y consideramos que las reformas agrarias en los diferentes países deben estar basadas en la soberanía alimentaria y en la agroecología”. Afirma que la distribución de la tierra incluye al agua y a las semillas.

Distribución de la tierra ante el poder corporativo

La Segunda Conferencia de Reforma Agraria se propone actualizar estos debates con aspectos como la seguridad y la soberanía alimentaria, la inseguridad de la tenencia por parte de las comunidades campesinas e indígenas y la gobernanza de la tierra. La convocatoria institucional define a la reforma agraria como “el conjunto de políticas que buscan redistribuir, regularizar o democratizar el acceso y uso de la tierra, especialmente para las poblaciones rurales excluidas“.

En 2012, el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CFS) ratificó un conjunto de directrices universales y voluntarias. Las mismas están orientadas a los gobiernos para salvaguardar el derecho de las personas a poseer, ordenar y acceder a la tierra, la pesca y los bosques. Pero no son vinculantes. Y diversos datos afirman que lo que se incrementó en los últimos decenios es la concentración de la tierra en pocas manos.

El Transnational Institute marca cómo se consolidó la compra de tierras a gran escala. Por ejemplo, 30.000 hectáreas adquiridas en Nigeria por la empresa estadounidense Dominion Farms, en 2011, para producir arroz. Otro caso: 60.000 hectáreas adquiridas en Camboya por el político y empresario local Ly Yong Phat, en 2006, para producir caña de azúcar. O las 900.000 hectáreas compradas en Argentina por la compañía italiana Benetton, en 2002, para monocultivos y cría de ovejas.

En muchas instancias, agrega el informe, se sobrepasan los marcos formales-legales preexistentes para dar la apariencia de legalidad. Algunos de los casos más destacados conllevan acoso, intimidación y violencia contra las comunidades. Y destacan que la inversión en tierras se relaciona más con la especulación de su valor que con iniciativas productivas.

La FAO señala en su estudio «Tenencia de la tierra y sistemas agroalimentarios sostenibles» que agricultores con menor acceso a la tierra (propiedades de menos de dos hectáreas) producen aproximadamente el 35 por ciento de los alimentos del mundo. Y cuentan con solo el 12 por ciento de las tierras agrícolas disponibles en el planeta.

El relavamiento titulado “Señores de la Tierra” de la organizaciones FIAN y Focus on the Global South da cuenta del aumento de las adquisiciones trasnacionales de tierras desde el 2000, con aproximadamente 65 millones de hectáreas. Blue Carbon, firma financiera de los Emiratos Árabes centrada en créditos de carbono, encabeza la lista: 24,5 millones de hectáreas. El segundo lugar es de la australiana Macquarie Group, empresa de gestión de activos, con 4,7 millones. En tercer lugar, con 2,36 millones de hectáreas, está Olam Group, empresa agroindustrial de Singapur. En Argentina, entre las diez grandes empresas que concentran la tierra en el mundo operan la forestal Arauco, el Grupo Benetton y Cresud.

Ese informe destaca que el uno por ciento de las grandes propiedades agrícolas concentran el 70 por ciento de la tierra a nivel global.

Otro estudio, “Estructura Global de la Tierra por regiones analíticas: concentración y fragmentación” (de Carlos Duarte, Carlos Salgado y Lina Díaz), describe que en América Latina y el Caribe la concentración de la tierra es del 56 por ciento. La región contiene más del 50 por ciento de las explotaciones agrícolas por debajo de las cinco hectáreas.

José Dionicio Canahui, miembro del Consejo Internacional de Tratados Indios, denuncia la criminalización de los líderes indígenas, muchas veces acusados de terrorismo por defender su territorio. Asegura: “Hay una agenda de los Estados y de las corporaciones internacionales de acaparar la tierra. Y no cualquier tierra, sino la tierra fértil, la tierra donde están los minerales y el agua. Y quienes producimos la comida y nutrimos a las comunidades nos estamos quedando sin tierra, sin agua y sin recursos”.

Derecho a la alimentación, crisis climática y cuidado de la biodiversidad 

Martínez precisa que es necesario abordar los factores estructurales del despojo: la explotación y el colonialismo. Sin embargo, marca su posicionamiento frente a la conferencia: “No nos ilusionamos con que este encuentro vaya a resolver estos aspectos, pero sí nos va a permitir participar por primera vez, como movimientos sociales, en la conferencia oficial y colocar allí nuestras posiciones”.

Consultada sobre el rol de los Estados, considera que falta un compromiso real con la reforma agraria. “Hay muchos compromisos de los Estados con el Banco Mundial, con la Organización Mundial del Comercio (OMC). A través de las COP y de los compromisos que han habido, se aumenta o se mantiene el acaparamiento de tierras. Los compromisos que existen son los que mantienen el poder de las corporaciones”.

Señala también la necesidad de ampliar el Acuerdo 8J, adoptado en la 16° Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad (COP16), realizada en Cali en 2024. Allí se reconoció a los pueblos indígenas como guardianes de la biodiversidad, por sus conocimientos tradicionales y derechos territoriales. “Pero no se reconoció al campesinado y no se vinculó ese acuerdo con la Declaración de los Derechos de Campesinos y Campesinas de la ONU”, apunta.

“Si queremos conservar la biodiversidad se le debe entregar tierra a los pequeños productores campesinas y campesinos, pueblos indígenas, comunidades negras, pastoralistas, pescadores”, argumenta.

Recuerda que el sistema agroalimentario industrial es uno de los responsables del calentamiento global, por lo que es necesario hablar de cambios sistémicos y no tener discusiones multilaterales en conferencias independientes sobre clima, sobre biodiversidad o sobre alimentación. Y subraya que el Banco Mundial y el poder corporativo sí ven estos aspectos como un todo al momento de hacer negocios.

También menciona los negocios ilegales que acaparan tierras. Por ejemplo, la minería ilegal y el narcotráfico. Y anticipa que ese será otro tema que llevarán a la conferencia. “El narcotráfico en América Latina también despoja y criminaliza. No son los pueblos los que cultivan coca o amapola; son los grandes narcotraficantes que ni siquiera están en estos países”, señala.

Sobre la coyuntura global, analiza: «Estamos en un momento político complejo. Vemos lo que pasa en Cuba y en Palestina, donde se instrumentaliza la alimentación como un arma de guerra. Para acabar con el hambre en el mundo, hay que hablar de redistribución de la tierra. Y por lo que pasó con Venezuela también es importante colocar el elemento antiimperialista en esta conferencia”.

Una perspectiva feminista de la reforma agraria

Sarah Luiza de Souza Moreira es activista de la Marcha Mundial de las Mujeres y de la Articulación Nacional de Agroecología (ANA) de Brasil. Camino a Cartagena, señala: “Estamos muy atentas y preocupadas por los desafíos que enfrentamos para construir una reforma agraria verdaderamente feminista, integral y popular en nuestra región”.

“Las mujeres han experimentado los desafíos concretos de enfrentar la concentración de la tierra en manos de grandes terratenientes, empresas transnacionales y hombres. Representan alrededor del 40 por ciento de la fuerza laboral agrícola mundial, pero solo poseen el 15 por ciento de las tierras agrícolas a su nombre”, indica. Sin embargo, agrega, contribuyen de manera fundamental a la producción de alimentos agroecológicos.

Para Moreira de Souza, una reforma agraria popular integral debe ser también una reforma agraria feminista que reconozca y valore el trabajo de las mujeres. Pero que cuestione y problematice la sobrecarga laboral que recae sobre ellas, por las tareas de activismo, de trabajo doméstico, de cuidado y en el campo.

Y concluye: “No es posible luchar por la reforma agraria y construir políticas públicas de reforma agraria sin que las mujeres sean escuchadas, sin que sus necesidades, conocimientos y sabidurías sean valorados. Sin feminismo no hay reforma agraria justa, integral, popular; sin feminismo no hay soberanía alimentaria ni justicia climática”.

En el informe “Tenencia de la tierra y sistemas agroalimentarios sostenibles”, la FAO remite a una estimación que realizó en 2011. La misma proyectaba que, a nivel mundial, si las mujeres tuvieran el mismo acceso que los hombres a recursos productivos como la tierra y los fertilizantes, podrían aumentar la producción de sus explotaciones agrícolas entre un 20 y un 30 por ciento. E incrementarían la producción agrícola total entre un 2,5 y un 4 por ciento.

La reforma agraria rebrota en América Latina
Foto: La Vía Campesina

Pueblos indígenas: “Que nos devuelvan lo que es nuestro”

José Dionicio Canahui vive en Guatemala y pertenece al Pueblo Maya. Sobre la situación de la tenencia de la tierra de los pueblos indígenas en el país, hace historia. Explica que durante la colonización se arrebataron grandes extensiones de tierra. Más tarde, en la época liberal, se les quitó a las comunidades las pocas hectáreas que les quedaban. En la actualidad los pueblos indígenas que habitan Guatemala cuentan con muy poco territorio. Y lo grafica: «Una manzana por familia, como mucho».

Guatemala tuvo su experiencia de reforma agraria en 1953, durante el gobierno de Jacobo Arbenz. Se distribuyeron tierras a 100.000 familias campesinas. Pero el proceso fue detenido por la empresa United Fruit Company, en complicidad con Estados Unidos.

Explica que hay comunidades que habitan zonas de amplia biodiversidad. Y que están siendo hostigadas para dejar sus tierras porque el área donde viven es codiciada para la minería, las hidroeléctricas, la explotación maderera o el monocultivo de palma africana.

En Guatemala viven el Pueblo Maya, el Pueblo Garífuna y el Xinca. El Pueblo Maya, que es el más numeroso, se divide en 22 nacionalidades. Según el Instituto Nacional de Estadística, los pueblos indígenas representan el 43 por ciento de la población guatemalteca. Pero Canahui asegura que la metodología estadística no es utilizada correctamente y que ese porcentaje asciende al 70 por ciento.

“Los pueblos indígenas hablamos de restitución de tierra y territorios y bienes naturales. No hablamos de que distribuyan lo que tiene el Estado, porque el territorio de los actuales Estados es territorio de pueblos indígenas. Hablamos de que devuelvan lo que nos han quitado”, asegura.

Menciona que varias comunidades poseen tratados firmados por los Estados colonizadores (como España). Estos reconocen su posesión de las tierras, pero no son tenidos en cuenta. “Esos títulos deben prevalecer en las relaciones actuales con los Estados”, señala. Este reconocimiento figura en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (del 2007).

También alude a la importancia de incorporar los saberes y tecnología indígenas en la producción de alimentos, frente al avance del paquete tecnológico del agronegocio. Y reflexiona: “Las personas de las ciudades deben estar conscientes de que la comida que llega a su mesa no viene del supermercado. Hay miles y millones de personas del campo labrando la tierra, cortando y transportando los frutos hacia su mesa”.

Canahui marca que el colonialismo es algo vigente. “La reforma agraria solo será viable cuando hablemos de la descolonización contemporánea. Cuando el Estado deje de pensar que quitar tierras a los pueblos indígenas significa garantizar mayor producción de alimentos para el mercado internacional o mayor rentabilidad para los bancos”, afirma.

Marca el deterioro de los organismos multilaterales de las Naciones Unidas y la presión que ejercen sobre ellos las multinacionales. Se esperanza en la solidaridad internacional entre los titulares de derechos. En otras palabras: “Entre la gente del campo, entre la gente que sale a las calles a manifestar, a señalar al Estado. Ahí está nuestra fuerza porque ¿de dónde viene el poder, sino del pueblo?”.

Colombia: sede de la conferencia y escenario de una reforma agraria

El país donde se realiza la conferencia no es casual. El gobierno de Gustavo Petro, electo en 2022, comenzó a implementar políticas de reforma agraria en Colombia. Y desde el Ministerio de Agricultura asumieron la organización del encuentro multilateral. Sobre la reforma agraria colombiana, Martínez considera: “No es el cambio estructural que nos gustaría, pero es importante porque el Gobierno tomó elementos que ya estaban en las leyes y los usó para el bien de la población rural”.

Cita como ejemplo el Acuerdo de Paz entre el Estado y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, firmado en 2016. Ese documento incluye el desarrollo rural con enfoque de reforma agraria. Pero, asegura, fue el punto que menos avanzó en la implementación del acuerdo. “El gobierno actual lo colocó como un elemento importante“, asegura.

También destaca que Petro haya reconocido al campesinado como sujeto de derecho. Tuvo en cuenta la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de Otras Personas que Trabajan en las Zonas Rurales (Undrop) y la  Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (Undrip).

No obstante, el Presidente se comprometió en la campaña electoral a no realizar expropiaciones. Por lo tanto, las tierras que hasta el momento se entregaron a las familias campesinas e indígenas son aquellas incautadas al narcotráfico. “La voluntad política y el trabajo que se hacen son importantes, aunque el Congreso y la Corte Constitucional no hayan querido avanzar en ello”, alerta.

Fuente: https://agenciatierraviva.com.ar/la-reforma-agraria-rebrota-en-america-latina-que-devuelvan-lo-que-nos-han-quitado/

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8 de marzo de 2026: Congreso, modelo de Estado y educación en una definición histórica

 Por: Carlos Munévar

Cuando la correlación de fuerzas, la memoria del magisterio y la arquitectura democrática se cruzan en una misma elección

El 8 de marzo de 2026 Colombia no elegirá únicamente un nuevo Congreso para el período 2026–2030. Elegirá la correlación de fuerzas que hará posible —o inviable— la orientación estructural del Estado en la próxima década. En contextos de transición política, las elecciones legislativas dejan de ser un episodio intermedio y se convierten en el verdadero escenario donde se define si un proyecto de transformación se consolida como política de Estado o se reduce a experiencia pasajera.

Desde una perspectiva de izquierda democrática, esta elección no es simplemente un referendo sobre un gobierno. Es una disputa por el tipo de Estado, por el modelo de desarrollo, por la profundidad de la democracia y por el lugar que ocupará la educación pública en ese diseño institucional.

La arquitectura del poder: por qué el Congreso define el rumbo real

El presidencialismo colombiano no opera sobre la voluntad unilateral del Ejecutivo. En la práctica, las transformaciones estructurales —tributarias, laborales, energéticas y sociales— dependen de mayorías legislativas estables capaces de sostenerlas en el tiempo. Sin ese soporte parlamentario, el cambio se ralentiza, se fragmenta o termina desnaturalizándose en el trámite legislativo y eso es precisamente lo que no ha tenido el país históricamente.

La democracia como sistema de gobierno implica que el Congreso puede desempeñar tres funciones claramente diferenciadas. Puede actuar como motor de transformación cuando existe coherencia programática y disciplina política en torno a un proyecto común; puede convertirse en un espacio de transacción permanente donde cada reforma se negocia al costo de reducir su alcance beneficiando a los clanes políticos regionales; o puede erigirse en un dique de contención que bloquee o vacíe de contenido las agendas estratégicas del Ejecutivo, como es el caso del periodo Petro. La diferencia entre estos escenarios no es retórica ni simbólica: determina si una reforma social se consolida como norma duradera o si se diluye en concesiones parciales.

Por ello, el 8 de marzo no solo se disputan curules. Lo que realmente se define es la correlación de fuerzas que condicionará la gobernabilidad y el margen de acción política durante todo el período siguiente. La izquierda enfrenta aquí un desafío estratégico central: sin mayorías estables y cohesionadas, incluso los proyectos más legítimos quedan supeditados a acuerdos coyunturales y “mermelada política” que limitan su profundidad. La fragmentación interna no es solo un problema organizativo; puede convertirse en una debilidad estructural que comprometa la viabilidad del programa de transformación.

El modelo de desarrollo en disputa: la economía política del Congreso

El próximo período legislativo será decisivo en la definición del modelo de país que se está construyendo. El debate no se limita a iniciativas aisladas, sino que atraviesa la arquitectura misma de la economía política del país. En este escenario, el Congreso no es un simple escenario técnico de aprobación normativa: es el espacio donde se dirime qué intereses prevalecen y qué orientación estratégica adopta el Estado.

En materia de justicia fiscal y redistribución, la sostenibilidad del Estado social depende de un sistema tributario progresivo que permita financiar derechos y políticas públicas de manera equitativa. Sin un respaldo parlamentario sólido, cualquier reforma fiscal corre el riesgo de diluirse a través de exenciones sectoriales, ajustes regresivos o mecanismos compensatorios que terminan favoreciendo a los sectores de mayor poder económico. El Congreso no se limita a aprobar impuestos; define, en última instancia, quién financia el Estado y quién se beneficia de su acción. El grave problema es que las grandes mayorías del congreso actual, y del que puede ser electo si se pierden las elecciones, son cuotas políticas de clanes mafiosos integrados con terratenientes, empresarios y multinacionales con nexos históricos con grupos armados herederos del paramilitarismo y/o cooptados por intereses políticos de la oligarquía colombiana.

Política laboral y estructura del mercado de trabajo

Colombia mantiene niveles estructuralmente altos de informalidad laboral, precarización y segmentación del mercado de trabajo. La orientación que adopte el Congreso será determinante para definir si el país avanza hacia un modelo de formalización progresiva, estabilidad contractual y fortalecimiento de la negociación colectiva, plasmados en la reforma laboral del gobierno Petro o si, por el contrario, se consolida un esquema centrado en la flexibilización bajo el argumento de la competitividad y la atracción de inversión.

El trabajo no es únicamente una variable macroeconómica ni un dato estadístico en los informes de crecimiento. Es un eje constitutivo de ciudadanía social. A través del empleo se accede a seguridad social, ingresos estables y reconocimiento social. Por ello, el desarrollo de la reforma laboral no solo regula relaciones productivas; expresa, en el fondo, el modelo de sociedad que se busca consolidar.

Transición energética y soberanía económica

La transición hacia energías limpias implica mucho más que un ajuste ambiental. Supone una redefinición profunda de la matriz productiva, de las fuentes de ingreso fiscal y del lugar de Colombia en la economía internacional. La discusión no se limita a sustituir combustibles fósiles por energías renovables; involucra decisiones estratégicas sobre inversión, desarrollo regional, empleo y soberanía económica.

El Congreso será el escenario donde se definan la velocidad y la profundidad de este proceso, así como los mecanismos de compensación territorial y social. De sus decisiones dependerá si la transición se convierte en una oportunidad para diversificar la economía y reducir desigualdades, o si se gestiona de manera fragmentada, generando nuevas tensiones fiscales y territoriales.

Paz territorial y concepción de la seguridad

La consolidación de la paz territorial requiere marcos normativos estables y recursos sostenidos en el tiempo. Políticas de desarrollo rural integral, sustitución de economías ilícitas y presencia efectiva del Estado en regiones históricamente marginadas no pueden depender de voluntades coyunturales. Necesitan respaldo legislativo consistente que también construya percepciones y sustituya la matriz mediática del enemigo interno, cambiando las lógicas de discriminación y de desconocimiento de las causas profundas del conflicto interno colombiano.

En este campo se enfrentan dos concepciones distintas de seguridad. Una entiende la seguridad como un enfoque integral, articulado con inversión social, infraestructura, educación y oportunidades económicas. La otra privilegia principalmente el control coercitivo y el despliegue de fuerza. El Legislativo actuará como árbitro de esa tensión, definiendo cuál de estas visiones orientará la política pública en los próximos años.

Educación y poder: la lección histórica

La historia demuestra que cuando se disputa el proyecto de nación, la escuela se convierte en un espacio estratégico. No porque sea, por naturaleza, un aparato de propaganda, sino porque es el lugar donde se forma ciudadanía, se transmiten valores democráticos y se construyen marcos de interpretación de la realidad. Vale la pena hacer memoria.

En la Alemania de Adolf Hitler, tras 1933, el régimen expulsó a docentes judíos y opositores políticos, reescribió los currículos para inculcar antisemitismo y culto al líder, y convirtió la afiliación ideológica en requisito profesional. La escuela dejó de ser un espacio plural para transformarse en instrumento del Estado totalitario. Las juventudes Hitlerianas fueron consecuencia de esta política educativa de un régimen como el nazi, que aún hoy, evidencia la herencia cultural en el auge de grupos neonazis y de ultraderecha en las sociedades modernas.

En la Italia de Benito Mussolini, el juramento obligatorio de lealtad impuesto en 1931 simbolizó la subordinación de la autonomía universitaria al proyecto fascista. La educación fue integrada explícitamente al aparato político del régimen.

En la España de Francisco Franco, tras la Guerra Civil, miles de docentes republicanos fueron fusilados, encarcelados o expulsados. La educación laica fue reemplazada por un modelo nacionalcatólico doctrinario, alineado con la ideología oficial.

El patrón histórico resulta evidente: primero se estigmatiza al maestro crítico; luego se produce la depuración institucional; finalmente se impone el control curricular. Colombia no vivió un régimen fascista europeo, pero sí ha conocido el peso de la estigmatización en contextos de conflicto armado y polarización política.

El giro contemporáneo: disputa cultural y autonomía educativa

Durante la presidencia de Donald Trump no se han registrado purgas masivas en el sistema educativo, pero sí se ha venido desarrollando una confrontación cultural significativa con el magisterio organizado. Se han promovido políticas de “school choice” y se cuestionaron programas de diversidad bajo la narrativa del supuesto “adoctrinamiento”.

Este caso evidencia que la intervención en educación puede adoptar formas simbólicas y normativas sin recurrir a violencia física directa. La disputa cultural puede tensionar profundamente la autonomía pedagógica y erosionar la legitimidad del magisterio. El lenguaje político no es neutro: construye legitimidades o las debilita.

Colombia: violencia contra el magisterio y memoria democrática

En Colombia, el debate adquiere una dimensión especialmente sensible. La Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (FECODE), fundada en 1959, se consolidó como actor central en la defensa de la educación pública y los derechos laborales del magisterio.

Esa visibilidad tuvo costos humanos profundos. Entre 1986 y 2016, informes presentados ante la Jurisdicción Especial para la Paz documentan cerca de mil quinientos docentes asesinados. La Escuela Nacional Sindical ha registrado más de 3.300 sindicalistas asesinados entre 1971 y 2023, además de miles de amenazas, desplazamientos y hechos de violencia. El sector educativo fue uno de los más afectados.

Regiones como Urabá, Arauca y el Magdalena Medio conocieron listas negras y asesinatos selectivos en los que, con frecuencia, el señalamiento ideológico precedía al crimen. La estigmatización no fue un discurso inocuo; en múltiples casos operó como antesala de la violencia.

Coyuntura electoral y disputa simbólica

En la actual coyuntura, sectores como el Centro Democrático y figuras públicas como Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia, María Fernanda Cabal, Daniel Briceño y otros, han formulado críticas severas al sindicalismo docente, señalando presunto “adoctrinamiento” y proponiendo limitar su influencia en el sistema educativo.

No se anuncian persecuciones explícitas. Sin embargo, la historia colombiana demuestra que la erosión sistemática de legitimidad puede generar condiciones adversas para la protección institucional y la garantía de derechos. En democracias frágiles, el discurso importa tanto como la norma.

Más allá de 2026: una decisión estructural de largo plazo

La elección del 8 de marzo no debe leerse únicamente como respaldo o castigo a una administración específica. Se trata de una definición estructural sobre el tipo de Estado que Colombia consolidará en el mediano plazo: si avanzará hacia un Estado social de derecho con capacidad redistributiva robusta; si promoverá un modelo económico orientado a la equidad territorial; si apostará por una política de paz con inversión estructural; y si garantizará una escuela pública plural y protegida.

El Congreso que emerja de esa jornada electoral moldeará el horizonte político, económico y social de la próxima década.

Educar, legislar y decidir el futuro democrático

En Colombia, educar ha sido, en demasiadas ocasiones, un acto de resistencia. La memoria de los docentes asesinados no constituye un recurso retórico, sino una advertencia histórica sobre los riesgos de la estigmatización y la desprotección institucional.

Defender la educación pública y la dignidad del magisterio no es una consigna partidista; es una condición básica de la democracia. El Congreso que se elija el 8 de marzo de 2026 definirá la profundidad de las reformas sociales, la orientación del modelo económico, la concepción de la seguridad y la paz, y el lugar de la escuela en el proyecto nacional.

No se trata simplemente de una elección legislativa. Es una decisión estructural sobre el rumbo del Estado, la calidad de la democracia y la protección de quienes, desde las aulas, forman ciudadanía en Colombia.

8 de marzo de 2026: Congreso, modelo de Estado y educación en una definición histórica

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Al menos 85 alumnas muertas y decenas heridas tras ataque israelí contra una escuela en Irán

En medio de la proclamada campaña para acabar con el programa nuclear de Irán, los ataques también han alcanzado infraestructuras civiles aledañas y han causado víctimas entre la población civil, entre ellos menores de edad. Este sábado, un bombardeo israelí alcanzó una escuela primaria, provocando decenas de víctimas fatales.

De acuerdo con la última actualización de los medios locales, el saldo mortal en el colegio se elevó a 85 víctimas fatales, y se contabilizan 93 heridos. Si bien la mayoría de los fallecidos eran alumnas, también se encuentran entre ellos padres y personal docente. Las labores de identificación de los cuerpos continúan en estos momentos. Diversos medios están difundiendo imágenes del impacto en el centro educativo.

Horas antes se había reportado que, en la ofensiva del sábado, Israel bombardeó directamente una escuela primaria para niñas en la localidad de Minab, al sur de Irán. El edificio quedó completamente destruido y aún hay estudiantes atrapadas entre los escombros.

Este sábado, Israel lanzó un ataque «preventivo» contra Irán para «eliminar amenazas», según su Ministerio de Defensa. Horas después, Donald Trump confirmóque EE.UU. se sumó a la agresión, alegando «actividades amenazantes» iraníes. Medios locales reportan bombardeos contra los Ministerios de Inteligencia y Defensa, la oficina del líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, e instalaciones nucleares, así como daños a viviendas en zonas céntricas de la capital iraní. En redes sociales circulan imágenes de la destrucción causada.

Respuesta de Irán

Teherán había advertido que cualquier acción militar en su contra «se considerará el inicio de una guerra», al tiempo que afirmó que sus Fuerzas Armadas estaban «preparadas, con el dedo en el gatillo, para responder de forma inmediata y contundente a cualquier agresión». No obstante, expresó su disposición a mantener un «diálogo basado en el respeto y los intereses mutuos».

El comandante de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica, Mohammad Pakpour, advirtió a EE.UU. y a Israel que sus fuerzas estaban preparadas para responder a cualquier provocación.

Según sus palabras, las tropas «tienen el dedo en el gatillo, están más preparadas que nunca, listas para cumplir las órdenes y directrices del comandante en jefe, un líder más querido que sus propias vidas», en referencia al ayatolá Alí Jameneí. Otro alto cargo militar de Irán, Ali Abdollahi, aseguró que, si la Casa Blanca opta por atacar su país, «todos los intereses, bases y centros de influencia estadounidenses» serían «objetivos legítimos» para las Fuerzas Armadas iraníes.

Guerra de los 12 días

Esta nueva agresión contra Irán se produce apenas meses después de la intervención militar de junio de 2025, cuando Israel lanzó un ataque no provocado contra el país persa, que desembocó en un intercambio de ofensivas con misiles y drones entre ambos países. Durante la llamada Guerra de los 12 días, los objetivos del Estado hebreo fueron las instalaciones nucleares de la República Islámica, comandantes militares y altos cargos, así como científicos nucleares. Varios de ellos fueron asesinados junto con sus familiares.

El enfrentamiento se intensificó con la intervención de EE.UU., que bombardeó tres importantes instalaciones nucleares iraníes. Trump aseguró entonces que el programa nuclear de la República Islámica había quedado «destrozado», evaluación que fue cuestionada por la propia inteligencia de Washington.

Teherán respondió a la ofensiva estadounidense lanzando un ataque contra la base militar más grande de EE.UU. en Oriente Medio, ubicada en Catar. El 24 de junio, Tel Aviv y Teherán anunciaron un alto el fuego que puso fin a las hostilidades.

https://esrt.site/actualidad/589572-40-alumnas-muertas-decenas-heridas-ataque-israeli-escuela-iran

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UNESCO: Año Internacional de la Ciencia y la Tecnología Cuánticas

Año Internacional de la Ciencia y la Tecnología Cuánticas

Acerca del Año Internacional de la Ciencia y la Tecnología Cuánticas

Reconociendo la creciente brecha entre el Norte y el Sur global en la investigación y la innovación cuánticas, la UNESCO mantiene su compromiso de promover la equidad en este campo transformador. El Año Internacional de la Ciencia y la Tecnología Cuánticas es la ocasión para despertar la curiosidad de los jóvenes, en particular de las mujeres de países en desarrollo, por cursar estudios y carreras en el ámbito de la ciencia cuántica, cultivando así las habilidades esenciales para un futuro más inclusivo y sostenible.
Óptica cuántica
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Por: Luz Palomino/CII-OVE

Una introducción a la pedagogía crítica en los fundamentos de la educación

La vida en las escuelas se presenta como una crítica feroz al modelo educativo tradicional, al que Peter McLaren describe no como un espacio de neutralidad, sino como un escenario de lucha ideológica y política. El autor sostiene que las instituciones escolares funcionan frecuentemente como mecanismos de reproducción social que aseguran la continuidad de las clases dominantes a través de la «hegemonía». En este contexto, conceptos como el currículum oculto revelan cómo se transmiten valores de obediencia y conformidad de manera silenciosa, moldeando a los estudiantes de sectores populares para aceptar su posición en la escala social en lugar de cuestionarla.

Para romper con esta inercia, McLaren propone una pedagogía de la resistencia fundamentada en la justicia social y el empoderamiento. Argumenta que el conocimiento debe ser analizado según su relación con el poder, invitándonos a entender el capital cultural de nuestros alumnos no como una carencia, sino como una base legítima desde la cual construir aprendizaje. La escuela debe transformarse en una «esfera pública democrática» donde se valide la voz del estudiante y se fomente un pensamiento crítico capaz de descifrar las injusticias del sistema, permitiendo que la educación sea verdaderamente un acto de liberación y no de domesticación.

Finalmente, el libro coloca sobre nuestros hombros la figura del intelectual transformativo. Como docentes, McLaren nos desafía a dejar de ser simples técnicos que ejecutan programas ajenos para convertirnos en agentes de cambio político y social. Nuestra labor no termina en la transmisión de contenidos académicos; implica desarrollar una ética de la solidaridad que nos permita acompañar a los estudiantes en la comprensión de su realidad para, eventualmente, transformarla. En esencia, la obra es un llamado a la acción para que el aula sea el primer frente de batalla contra la desigualdad y la opresión.

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España: Educación revisa al alza el seguimiento de la huelga de docentes, que pasa del 41% al 55%

Por: Ivanna Vallespín
El Departamento de Educación ha revisado al alza el seguimiento de la huelga educativa del pasado 11 de febrero y del 40,94% inicial lo sitúa ahora en el 54,73%. El Departamento indica que la actualización de la cifra se ha hecho tras una serie de días sin normalidad en las aulas, debido a la suspensión de clases por el temporal o por los días de libre disposición. La cifra de participación cambia, pero apenas varía el porcentaje de centros que han comunicado las cifras: del 39,42 pasa al 39,99%.

El cálculo del impacto de la huelga -que vació aulas de la pública y llenó las calles- ya generó controversia el mismo día 11: mientras los sindicatos cifraban el seguimiento en un 85%, el Departamento lo reducía casi a la mitad. Uno de los elementos chocantes de las cifras oficiales era el bajo porcentaje de centros que habían comunicado las cifras, solo el 40%, cuando en otras convocatorias se llegaba al 80%. Además, Educación mezcló cifras de pública y concertada y declinó ofrecerlas de forma segregada, algo que se había hecho en la otra gran huelga, la del calendario escolar, en contra del consejero Josep Gonzàlez Cambray en 2022.

Fuentes de Educació achacan estas grandes diferencias, en parte, al hecho de que la convocatoria –impulsada por Ustec, Aspepc, CC OO, CGT y UGT– era mayúscula, afectando a una gran diversidad de sectores. Y es que, en la huelga del pasado día 11 estaba convocado todo el sistema educativo: desde guarderías a colegios e institutos hasta escuelas de adultos y de educación especial, tanto públicas como privadas. La convocatoria afectaba a funcionarios, interinos de centros educativos de la Generalitat, municipales o dependientes de Justicia, pero iba más allá e incluía personal laboral de las oficinas del Departamento en Via Augusta y el personal de ocio educativo (desde extraescolares, vetlladores, comedores escolares y casas de colonias).

Ustec critica el método de cálculo del Departamento, porque asegura que simplemente se divide el número de huelguistas por el total de plantilla. El problema es que, en ese total, también se incluyen los docentes de baja o los que cumplen los servicios mínimos. “Ello puede inflar artificialmente el número de no huelguistas”, critica Ustec. El sindicato también deplora la “poca claridad” en los datos del Departamento, porque no discriminan entre escuelas públicas y concertadas.

Las direcciones consultadas por este diario también admiten disfunciones en la aplicación VAGA, que es la se usa para comunicar los datos de seguimiento en las huelgas. Explican que en el programa aparecen todos los docentes en plantilla, incluyendo los servicios mínimos y los que estaban de baja. “Yo tengo un docente haciendo dos medias jornadas con dos asignaturas diferentes y lo han contado como dos profesores. Todo lo que han podido sumar lo han puesto, han inflado el total”, se queja un director. Otra directora ha detectado incluso que un mismo docente aparecía varias veces repetido en la aplicación. Una dirección habla también de problemas a la hora de fijar los servicios mínimos en las escuelas de adultos. “Un centro tenía destinados 16 docentes en servicios mínimos cuando solo tiene 15 en plantilla. El problema es que la orden fijaba las dotaciones según el número de aulas, pero esto en estos centros no funciona porque tienes pocos profesores para muchas aulas”.

El Departamento admite como disfunción que se cuente en el total el personal en servicios mínimos. Asimismo, detalla que el porcentaje de comunicación de centros se realiza teniendo en cuenta todos los convocados, incluyendo los que no dependen de la Generalitat, como las guarderías municipales, además de las unidades de la sede de Via Augusta: en total, unos 7.500. Y en el porcentaje de seguimiento se tiene en cuenta todo el personal de la pública, mientras que de la concertada solo se contabiliza la plantilla de aquellas escuelas que comunican los datos, “ya que la concertada usa otro aplicativo y el Departamento no conoce la plantilla total de estos centros”, justifican desde Educación. A estos hay que añadir también todo el personal laboral del mismo Departamento, además de los administrativos y profesionales de apoyo educativo de los centros educativos.

Los cálculos sindicales

El sindicato Ustec elevó el seguimiento a un 85% en la pública. La organización defiende que el cálculo lo realiza a través de “datos obtenidos por canales propios, mediante encuestas y comunicaciones con centros y docentes de diferentes territorios”. Ustec asegura que trabaja “con una muestra amplia y territorialmente distribuida” -un tercio de los centros- y calcula el porcentaje, obviando los servicios mínimos “para evitar distorsiones”.

https://elpais.com/espana/catalunya/2026-02-19/educacion-revisa-al-alza-el-seguimiento-de-la-huelga-de-docentes-que-pasa-del-41-al-55.html

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