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Entrevista a Franck Gaudichaud: «América Latina entró en un período de nuevas polarizaciones sociales y políticas»

Fuentes: Jacobin/ Rosa Moussaoui 

En esta entrevista, Franck Gaudichaud analiza algunas de las dinámicas sociales y políticas del último período y los desafíos actuales que enfrenta la región.

Profesor de historia y de estudio de la América Latina contemporánea en la Universidad de Toulouse-Jean-Jaurès, miembro del consejo de redacción de la revista ContreTemps y copresidente de la Jean-Jaurès, miembro del consejo de redacción de la revista ContreTemps y copresidente de la asociación France Amérique Latine (www.franceameriquelatine.org), Franck Gaudichaud editó recientemente dos obras colectivas que ofrecen un balance crítico de los proyectos políticos «progresistas» que cuestionaron la hegemonía neoliberal en el continente. En esta entrevista analiza algunas de las dinámicas sociales y políticas del último período y los desafíos actuales que enfrenta la región.

¿Cuál es la trama política común de lo que usted designa como «experiencias progresistas» de principios del S. XXI en América Latina?

La caracterización es un tanto engañosa. Nosotros la retomamos porque son los protagonistas los que la utilizan, desde Kirchner en Argentina hasta Álvaro García Linera en Bolivia. Estos actores, en su diversidad, construyeron un espacio político común al que decidieron nombrar «progresista». En ese sentido, esta categoría nos parece legítima, aun si los distintos gobiernos progresistas y «de izquierda» nos remiten a experiencias bien diferentes. Por un lado, las experiencias «nacionales y populares» más o menos «radicales» de Venezuela, Ecuador y Bolivia. Y por otro, las experiencias más orientadas hacia la centroizquierda, e incluso hacia formas de socioliberalismo, entre las cuales pueden mencionarse el Frente Amplio de Uruguay (bajo el mandato, entre otros, de José «Pepe» Mujica), el caso de Brasil bajo el gobierno de Lula y luego bajo el de Dilma Roussef. Sin embargo, más allá de la categoría, es posible observar puntos en común durante la «época dorada» de los progresismos: el retorno del Estado, la crítica al neoliberalismo y las perspectivas desarrollistas. Todo esto en el marco de prácticas políticas que efectivamente fueron muy heterogéneas.

¿Cómo se explica la longevidad de estos gobiernos en contextos tradicionalmente marcados por la inestabilidad política?

Ahora que contamos con la ventaja de la distancia crítica sobre este «ciclo», que se extendió aproximadamente desde 1998 (elección de Chávez) a 2016 (destitución de Dilma Roussef), y que está lejos de haber terminado, podemos constatar que coincidió durante un largo período con el aumento de los precios de las materias primas. Esta bendición junto al crecimiento de las exportaciones hicieron posible, en el mediano plazo, el retorno de los programas sociales (muchas veces calificados como asistencialistas), los planes de lucha contra la pobreza y las políticas de desarrollo. Hubo entonces una coyuntura económica favorable a nivel internacional y, al mismo tiempo, una búsqueda de respuestas a la crisis de hegemonía que azotó al neoliberalismo a fines de los años 1990. En ese contexto, algunas fuerzas políticas progresistas intentaron renovar o crear desde cero vínculos con los movimientos populares, y buscaron el apoyo de una nueva base social en las revueltas plebeyas del período (especialmente en los casos de Bolivia y de Ecuador) para enfrentar a las derechas neoliberales y conservadoras.

Entonces, ¿las políticas de redistribución y de inclusión social solo eran posibles en esta fase de prosperidad económica?

En todo caso, esta es una de las contradicciones y el talón de Aquiles de estas recientes experiencias latinoamericanas. Lo que sucedió en aquel momento no fue ni una perpetuación del neoliberalismo, ni una transformación con perspectivas anticapitalistas. En el fondo, se trató de la institución de un nuevo pacto social, ciertamente más redistributivo, pero que incluía a las clases dominantes que también se beneficiaron enormemente con el boom económico (sus riquezas aumentaron de manera considerable en Brasil, en Ecuador y en otras partes). En el marco de este nuevo pacto social o equilibrio sociopolítico, se implementaron respuestas positivas a la emergencia social y, en algunos países, las oligarquías fueron definitivamente desplazadas (por ejemplo, en Venezuela). Pero este equilibrio era frágil en la medida en que se mantuvieron las fronteras sociales y la dominación de clase (y también las de «raza» y género). Y lo era a su vez a causa de la fuerte dependencia que vinculaba a estas políticas redistributivas con la coyuntura internacional en el marco de una división internacional del trabajo que es profundamente violenta.

¿Cuál fue el obstáculo para dejar atrás esta dependencia de las materias primas, en particular de la renta petrolera y gasífera?

Este es el otro gran debate, que muchas veces se plantea en términos caricaturescos. La alternativa no es entre un extractivismo desenfrenado en nombre del desarrollo y unos mendigos que duermen encima de una «montaña de oro», para retomar una expresión del expresidente ecuatoriano Rafael Correa. Los trabajos del economista Pierre Salama, y también los de muchos otros, sacan a luz una gran paradoja. Históricamente, en América Latina, la izquierda se opuso a la dependencia y a las relaciones heredadas del colonialismo. Sin embargo, esos diez o quince años de progresismo reforzaron la matriz extractivista. Es cierto que el Estado ganó espacio frente a los agentes privados. Pero se reforzó la dependencia de las materias primas, las multinacionales lograron salir del apuro y se constataron los efectos de la desindustrialización y de la financierización de la agricultura intensiva, en particular en los casos de Argentina y Brasil. Evidentemente, llovieron divisas. Pero al precio de importantes impactos sociales, políticos y ambientales. Ahora bien, el problema no es solo económico: el extractivismo es un régimen político que favorece el autoritarismo, alienta la corrupción, genera tensiones con los movimientos sociales e indígenas, devasta territorios enteros y fragmenta a las clases populares. Sin embargo, también es evidente que ningún país latinoamericano puede salir solo del extractivismo y del neocolonialismo de la noche a la mañana. Esto plantea la cuestión de la cooperación regional e internacional. Exigirle a Bolivia que renuncie a todo su litio en el Salar de Uyuni, que renuncie sin más, sin ninguna alternativa concreta, sin ingresos que le permitan afrontar la emergencia social, sería absurdo. Entonces, la cuestión que se plantea es la de las transiciones ecosociales y tecnológicas necesarias.

Estas experiencias progresistas tomaron en muchos casos una tonalidad soberanista. En el marco de este impulso político, ¿en qué sentido fue decisiva la aspiración a la independencia nacional?

La cuestión nacional fue central frente a la agenda de los Estados Unidos, del neoliberalismo y del consenso de Washington tal como se impuso en los años 1990 y a comienzos del milenio. Hubo una reacción nacional y popular. Así, el chavismo se inscribe claramente en una genealogía histórica latinoamericana que es la de grandes movimientos como el peronismo en Argentina o el cardenismo en México. Por lo tanto, hubo en estas experiencias una dimensión «populista» en el sentido histórico del término. La prensa usa esta noción de manera peyorativa y normativa, para descalificar a los gobiernos, pero si se toma el asunto en serio, el «populismo de izquierda» estuvo en el centro de estos procesos, en el sentido de las teorías de Ernesto Laclau. De aquí el interés de prestar atención a los debates y a los usos indebidos que suscita esta noción. ¿Es posible reivindicarse como parte del «pueblo» sin que surjan estas contradicciones? El populismo de izquierda, ¿puede aplanar las diferencias de clase? Desde mi punto de vista esto no es posible. Es una de las tensiones que se manifestaron en el curso de estas experiencias políticas. La cuestión del «caudillismo», el hiperpresidencialismo, la encarnación exclusiva de la voluntad popular en un jefe carismático, nos plantea problemas a la hora de proclamar la autonomía de los movimientos sociales, la participación y la invención democrática. Esto es así aun cuando figuras como las de Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa o Lula permitieron, durante cierto tiempo, que cristalizaran momentos de cambio político antioligárquicos.

Los procesos constituyentes de los años 2000 en Bolivia y en Ecuador consagraron un Estado plurinacional. ¿Cuáles fueron las implicancias que esto tuvo en la práctica? ¿Se abrió el camino hacia auténticos intentos de descolonización?

El Estado plurinacional marcó un avance claro en esta dirección al reconocer la diversidad lingüística y los derechos comunitarios. Pero todavía queda mucho por hacer. La historiadora boliviana Silvia Rivera Cusicanqui resume este desafío en los siguientes términos: «Lo decolonial es un neologismo que está de moda, lo poscolonial es un deseo, lo anticolonial es una lucha». Todo está por hacerse y los cambios constitucionales no son más que una etapa. Sin embargo, debemos tener cautela y no esencializar al movimiento indígena, cuyas decisiones políticas y conductas también son plurales y contradictorias, tal como podemos apreciar en este momento en la campaña presidencial de Ecuador.

El 8 de marzo circularon imágenes sorprendentes de México: Andrés Manuel López Obrador aislado en el palacio presidencial frente a las manifestantes que escribieron los alrededores los nombres de miles de mujeres asesinadas. ¿Por qué la izquierda latinoamericana en el poder permaneció sorda a reivindicaciones feministas que, sin embargo, le dieron cuerpo a potentes movimientos sociales?

Esos gobiernos no lograron superar los reflejos patriarcales, es decir, machistas, de sociedades que siguen siendo muy conservadoras, en las que las Iglesias todavía mantienen un peso político decisivo y en las que ponerse del lado de las feministas no es necesariamente popular. Los movimientos feministas se construyeron en y por la autonomía, muchas veces en confrontación con las fuerzas de la izquierda a las que les resulta difícil deshacerse de la cultura machista (tanto al interior de las organizaciones como en sus discursos). Pero, por desgracia, esto no es algo específico de América Latina. Desde este punto de vista, la legalización de la interrupción voluntaria del aborto en Argentina representa un punto de quiebre. Esta conquista es fruto de la movilización de las mujeres: fue la presión de un potente movimiento la que hizo que el kirchnerismo, que durante mucho tiempo sostuvo una posición ambigua sobre el tema, termine por asumir este gesto político. La fuerza de las feministas chilenas también es ejemplar en este sentido.

¿Qué caminos abre el levantamiento popular de Chile y el proceso constituyente actualmente en curso, sobre todo cuando se considera que se trata de un país que fue el laboratorio del neoliberalismo en el continente y en el mundo entero?

La fuerza del levantamiento de octubre de 2019 desplazó todas las fronteras de una manera imprevisible. Esta irrupción popular remodeló completamente el panorama político e hizo temblar a la oligarquía, comenzando por el presidente conservador, Sebastián Piñera. Sin embargo, la paradoja es que una gran parte de les representantes del movimiento social podrían quedar afuera de la futura Convención constitucional a causa del cierre, por arriba, de un «Acuerdo por la paz social y la Constitución» al que suscriben la mayoría de las fuerzas políticas representadas en el Parlamento. Este acuerdo tiene el objetivo de diluir la potencia de esta rebelión popular en los marcos institucionales, pero también el de limitar el alcance de las próximas elecciones constituyentes. Una parte de la izquierda se prestó a este juego (no es el caso del Partido Comunista de Chile). Todo esto se puso en marcha para restringir la representatividad de las fuerzas movilizadas y de les candidates independientes y para asegurar la hegemonía de los «grandes partidos». La derecha se aseguró una minoría con capacidad de veto en la Convención, que será elegida a mediados de abril, puesto que todo artículo deberá ser validado por la mayoría calificada de dos tercios de les constituyentes… Para poner realmente en cuestión al neoliberalismo heredero de Pinochet y al poder sin fisuras de las clases dominantes de Chile es necesario construir una relación de fuerzas de magnitudes considerables. Sobre todo en un contexto en el que los niveles de represión y violencia estatal fueron, y son, extremadamente altos. De todas formas, los horizontes emancipatorios permanecen abiertos: las feministas chilenas, por ejemplo, decidieron participar en este proceso proponiendo candidaturas para denunciar los límites de esta Convención Constitucional e insistir en la necesidad de continuar con la organización «por abajo», a través de asambleas territoriales. No es más que el comienzo de un largo camino.

En la actualidad, Venezuela, que fue la referencia cuando comenzaron estas experiencias de transformación social en América Latina, es considerada por la derecha neoliberal como el peor de los monstruos. El fracaso estratégico de la derecha insurreccional dirigida por Juan Guaidó es evidente. ¿Podemos esperar, con la alternancia en Washington, una reducción o el levantamiento completo de las sanciones que estrangulan al país? Esta parece ser una condición indispensable para cualquier salida de la crisis.

Es el drama venezolano. El país vive hoy un impasse y una crisis terribles. En primer lugar, efectivamente la estrategia de bloqueo imperialista (e ilegal) elegida por Estados Unidos es un fracaso y el autoproclamado «presidente interino» Juan Guaidó condujo a la oposición a un naufragio. Los sectores de la «derecha insurreccional» alentada por Trump fracasaron: Nicolás Maduro, en gran medida a causa del apoyo de las fuerzas armadas y del control ajustado del aparato de Estado, es bastante más resistente de lo que sus cálculos habían previsto. Al mismo tiempo, esta crisis venezolana hundió las perspectivas, la legitimidad y las intenciones de la izquierda latinoamericana, especialmente la que todavía se niega a abrir los ojos. La crisis evidentemente obedece a causas externas y geopolíticas centrales: la agresión estadounidense y la estrategia de boicot económico adoptada por Washington. Pero también se acentuaron con fuerza ciertas tendencias claramente autoritarias, bonapartistas y regresivas del madurismo: el enriquecimiento mediante la corrupción de las nuevas clases dirigentes, que condujo a la emergencia de una «boliburguesía» que saca cientos de millones de dólares del país cada año, el rol de las fuerzas policiales en la vigilancia de los barrios populares y la criminalización de las disidencias. Además de las prácticas de extractivismo masivo y de las concesiones mineras en las orillas del Orinoco, el gobierno desplegó durante los últimos meses una verdadera política de ajuste neoliberal y de privatizaciones, lo cual es una paradoja para alguien que dice reivindicar la «revolución bolivariana». La «ley antibloqueo» de octubre de 2020, destinada a atraer inversiones extranjeras, es también una legislación «supraconstitucional» que abre al país todavía más a los capitales privados (especialmente chinos, iraníes y rusos) y a la desregulación y privatización de los bienes comunes que están bajo control público. Esta tendencia podría consolidarse con el anuncio reciente de la creación de nuevas «zonas económicas especiales», lo que no es más que una manera de reconocer la incuria generalizada en la gestión de muchas grandes empresas públicas, PDVSA entre ellas. No se puede pensar alternativas al neoliberalismo en América Latina si nos contentamos simplemente con denunciar los odiosos dictados de Washington y cerramos los ojos frente a la situación interna y al drama que vive el pueblo venezolano.

La crisis venezolana ha dado lugar a un éxodo masivo. La pobreza, la desigualdad y la frecuencia de las catástrofes naturales vinculadas al cambio climático dieron lugar a un amplio movimiento migratorio que persigue el «sueño estadounidense». ¿Se acelerarán estos movimientos? 

Desafortunadamente, todo indica que sí. Los estudios recientes de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de la ONU dan cuenta del desastre humanitario y de una aceleración de los movimientos migratorios. En diez años, se duplicó el número de inmigrantes en la región. Cuando comenzó la crisis venezolana, alrededor de cinco millones de personas abandonaron el país, ¡la migración intralatinoamericana más grande de la historia! Más de 40 millones de personas en el continente viven hoy lejos de su país, con un número impresionante de gente que se desplaza desde América Central hacia los Estados Unidos. Estos inmigrantes son víctimas de múltiples violencias y quedan a merced de redes criminales en muchos casos vinculadas a la prostitución y al narcotráfico. Las mujeres y los niños están el corazón de la tormenta. La crisis climática, cuyos efectos se hacen sentir con dureza en América Latina, amplificará estos fenómenos en el futuro. Y esto es hace entrar en escena nuevamente la responsabilidad de los países del Norte.

En la ecuación de lo que usted diagnostica como el «agotamiento» de estas experiencias alternativas, ¿cómo se distribuye el peso que tienen las injerencias externas y el que tienen los factores políticos internos?

Es uno de los grandes debates que atraviesa la izquierda latinoamericana después de casi una década. ¿Dónde poner el cursor? Hay que pensar de manera dialéctica y en distintas escalas, lo cual no es ninguna novedad, pero una cierta pregnancia de la lente «geopolítica» tiende a aplastar el resto en los análisis que hacen ciertos intelectuales o militantes. Hubo un reflujo, es decir, una crisis de los gobiernos progresistas, aun si no se trata de un «fin de ciclo». En este momento asistimos a un rebote notable (Bolivia, Argentina, México, a los cuales tal vez se sumen Ecuador y Brasil). Sin embargo, decidimos hablar del fin de una «época dorada», que combinó rentas elevadas, crecimiento económico, disminución de la pobreza, articulación entre movimientos y gobiernos, nuevas integraciones regionales y cooperación Sur-Sur, repliegue de la influencia estadounidense, etc. Cierta gente responsabiliza unilateralmente por el retroceso y los reveses al imperialismo y a la política extranjera de los Estados Unidos, adoptando así una perspectiva «campista». Otros –yo entre ellos– estiman que se trata de un diagnóstico reduccionista y le prestan atención a las contradicciones internas y a los impasses: pérdida del vínculo con los movimientos populares, burocratización o emergencia de nuevas castas, autoritarismo, neoextractivismo desenfrenado, etc. La «izquierda», que quería cambiar el equilibrio de poder, quedó atrapada en la verticalidad de la máquina estatal y también en el capitalismo de Estado, que succionó a una parte de la fuerza viva de los movimientos sociales. También debe decirse algo sobre el problema de la corrupción masiva, que causó muchos males. Son muchos los elementos que contribuyeron a tensar las relaciones entre los líderes políticos y aquellos sectores que los llevaron al poder: las clases populares movilizadas, los movimientos indígenas y campesinos, los sindicatos de trabajadores, las feministas y los intelectuales críticos, los ecologistas, etc. En los casos más extremos, estas tensiones se tradujeron como fenómenos de represión estatal abierta, como en el caso de la Nicaragua de Daniel Ortega. En otros simplemente generaron un estancamiento relativo del consenso socialdemócrata, como en el caso del Frente Amplio de Uruguay. Entre los dos, hay miles de matices y grises.

Bajo el gobierno de Donald Trump, e incluso antes, con Barack Obama, los Estados Unidos se comprometieron en una relativa desinversión en Medio Oriente y movieron algunas fichas en América Latina, a la que consideran su «patio trasero». ¿Cuáles fueron las consecuencias políticas de este movimiento en el continente?

Es verdad que hubo, por parte de Washington, una voluntad de revalorar el terreno latinoamericano para intentar contrarrestar la competencia china y reactivar la doctrina Monroe. La política que el gobierno de Biden despliega en este terreno debe ser leída a la luz de esta guerra económica sin cuartel contra Beijing. Los golpes de Estado «institucionales», que comenzaron en 2009 y en 2012 en Honduras y en Paraguay, fueron en última instancia legitimados por Estados Unidos. También existe una agresión sin tregua contra Venezuela (y Bolivia) que tiene consecuencias criminales sobre la población, para no decir nada del sostenimiento infame del bloqueo contra Cuba. Es necesario analizar la permanencia de una densa red de bases militares en toda la región, el rol de la OEA (por ejemplo, en la destitución de Evo Morales), e incluso el despliegue de la cuarta flota. Pero, a riesgo de ser demasiado insistente, repito que todo esto no agota las contradicciones estratégicas de los progresismos. La herida que abrió la crisis del proceso bolivariano debe analizarse en este sentido.

Usted evoca la competencia feroz que opone a Pekín y Washington en América Latina. ¿China está repitiendo la misma estrategia que desplegó en otras regiones del Sur global, como por ejemplo, en África?

Sí, es una estrategia similar, aunque enfrenta desafíos geopolíticos todavía más «pesados» que en el caso de África, puesto que China está disputando con Estados Unidos oportunidades económicas y geoestratégicas en lo que históricamente este último país consideró como su «patio trasero»: se trata de competir con el gigante norteamericano en su propio terreno. Pekín superó a la UE y se convirtió en el segundo socio comercial del subcontinente. Además, es el principal socio comercial del gigante brasileño y de Chile, y se posiciona en segundo lugar en lo que respecta al volumen de transacciones de México que, no obstante, sigue vinculado a Estados Unidos mediante un tratado de libre comercio. Todo esto es muy significativo. Xi Jin Ping proyecta un crecimiento de las inversiones en América Latina equivalente a 250 000 millones de dólares para 2025: el movimiento se aceleró a un ritmo vertiginoso. Más allá de las inversiones, lo que quiere China son las materias primas, aunque también le interesa el control de empresas clave y de mercados en el suelo latinoamericano, y en general sobre todo el continente, incluido Estados Unidos. En este terreno, independientemente de los adornos discursivos, las prácticas que despliega el Imperio medio remiten más a una hegemonía y asimetría agresivas que a la «solidaridad Sur-Sur». La diferencia con los Estados Unidos, en esta etapa, es que los chinos no implantan bases militares en la región.

Con la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, ¿podemos esperar una inflexión en las políticas estadounidenses para América Latina? 

Es cierto que la derrota de Trump implica un revés para las declinaciones más exageradas de la derecha y de la extrema derecha de América, que tienen a Bolsonaro a la cabeza. Dicho esto, no cabe tener ninguna expectativa en esta alternancia. No se trata de un juicio de valor: basta escuchar lo que dicen Joe Biden y sus secretario de Estado, Antony Blinken. Están decididos a recuperar su posición en América Latina frente a China recurriendo a métodos intervencionistas. Para ellos se trata de una cuestión geoestratégica central. Mantienen el bloqueo contra Caracas, en plena pandemia, con lo cual asfixian todavía más el sistema sanitario de ese país, y siguen reconociendo al golpista Juan Guaidó como representante legítimo de Venezuela, en la misma línea de Trump. En cuanto al embargo contra Cuba, al menos hasta ahora, no hubo ninguna flexibilización real. De hecho, más allá de los discursos con acentos multilateralistas de Biden, destinados a seducir a los aliados de la OTAN, los elementos fundamentales permanecen y la «doctrina Monroe 2.0» prevalece en toda América Latina: apoyo al Plan Colombia, política de agresión contra los gobiernos considerados hostiles, perspectivas hegemónicas sobre todo el continente, sostenimiento de un inmenso despliegue militar, reforzamiento del «soft power» y apoyo a ciertos organismos de la sociedad civil en nombre de la «democracia», etc.

En esta estrategia hegemónica de Washington, ¿se mantiene la importancia de Colombia? 

Washington se apoya en gobiernos «amigos», es decir, Santiago de Chile, Bogotá y Brasilia, para incrementar su influencia en la región. Los Estados Unidos cultivan esta influencia a través de la OEA. Colombia, cuyo presidente Iván Duque firmó en 2016 los acuerdos de paz de La Habana con los exguerrilleros de las FARC, representa para Estados Unidos, en el plano militar, una plataforma estratégica fundamental para toda la región (no es el caso de Brasil, y esta es una diferencia notable). Colombia es un puente esencial y recibe a este título cientos de millones de dólares, tanto en el plano militar como en concepto de cooperación entre Estados o a través de oenegés. Cenáculos como el Grupo de Lima traducen de esta manera la voluntad de promover grupos de influencia que reúnen a los países alineados con Washington. Pero con la alternancia en México, el retorno de la izquierda en Bolivia, tal vez dentro de poco en Ecuador y eventualmente también en Brasil (con la vuelta de Lula a la escena política), estos cálculos parecen complicarse. El gobierno estadounidense contempla con cierto temor el posible retorno de estructuras de integración regional más autónomas (como la UNASUR o la CELAC), en el caso de que logre reactivarse un «eje progresista». Pero nada indica que esta nueva dinámica vaya a desencadenarse realmente y la crisis económica y la pandemia están causando estragos que cada país enfrenta a su manera.

La restauración neoliberal produjo en todas partes desastres económicos, recesiones y la explosión de un endeudamiento tóxico. ¿La eficacia económica es desde ahora un rasgo que le pertenece al campo progresista?

Si bien es necesario tener una mirada crítica a la hora de hacer el balance de las experiencias progresistas para pensar el futuro, es necesario decir también que la restauración neoliberal conservadora fue catastrófica. La derecha se muestra incapaz de crear las condiciones de posibilidad de cualquier estabilidad económica y se conforma con prácticas cada vez más autoritarias. Se trata de un fracaso en toda regla: tanto en los casos en los que llegó al poder mediante las urnas, como Mauricio Macri en Argentina o como Uruguay, en los casos en que tomó el poder mediante un golpe de Estado, como en Bolivia, o en los que aprovechó meses de desestabilización institucional y democrática, como en Brasil. Esto abre la puerta al retorno de los progresismos, que se presentan como una alternativa «deseable» o al menos posible para millones de personas. Y allí donde las derechas se mantienen en el poder (Chile o Colombia, por ejemplo), enfrentan grandes movilizaciones populares. Es un problema para las clases dominantes, sobre todo en un período de crisis profunda y de pandemia: las derechas no encarnan una alternativa creíble que le garantice estabilidad al capital. E incluso en los casos en los que sí lo hacen, es bajo la forma de una derecha extrema y fascistizante, como la de Jair Bolsonaro en Brasil. Sin embargo, la irrupción de progresismos «tardíos», como el caso López Obrador en México, o el retorno electoral de la centroizquierda en algunos países, no garantizan el retorno de un período de crecimiento y estabilidad: América Latina –como el resto del mundo– entró en un período de fuerte turbulencia, que combina una crisis económica gigantesca, la crisis sanitaria, la profundización de la crisis ecológica y una nueva polarización social, política e ideológica. Todo esto sobre el fondo de un ascenso alarmante de sectores reaccionarios, de los evangelistas y de las extremas derechas «alternativas», que movilizan a porciones cada vez más grandes de las capas populares. Tanto para las izquierdas emancipatorias como para los movimientos sociales, se juega aquí la cuestión de la democracia.

Nota:

(1) Esta entrevista es la versión larga del texto publicado por L’Humanité el 12 de marzo de 2021: www.humanite.fr/franck-gaudichaud-en-amerique-latine-le-bilan-de-la-restauration-neoliberale-est-catastrophique

Fuente: https://jacobinlat.com/2021/04/05/america-latina-entro-en-un-periodo-de-fuerte-turbulencia-y-de-nuevas-polarizaciones-sociales-y-politicas/

Traducción: Valentín Huarte

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Panamá: Gremios docentes advierten de que no existe ambiente para el retorno a clases

Panamá.

El retorno a clases en modalidad semipresencial a partir del próximo lunes 12 de abril, anunciado por la ministra de Educación, Maruja Gorday de Villalobos, ha generado el rechazo de organizaciones magisteriales agrupadas en la Unión Nacional de Educadores de Panamá (Unecep), quienes advierten que no asistirán a los colegios por considerar que se trata de un atentado en contra de los derechos fundamentales de la comunidad educativa.

El bajo porcentaje de vacunación, que no garantiza la llamada inmunización de rebaño, la falta de un sistema de desinfección en los colegios, la carencia de materiales didácticos y hasta considerar la medida del retorno a clase como violatoria a la norma, son algunas de las quejas que han presentado los dirigentes magisteriales.

El calendario escolar fue reglamentado por el Decreto Ejecutivo No. 25 del 14 de enero de 2021, en el cual se establece que el primer trimestre será a distancia, es decir de marzo a junio de este año, por lo que la titular de Educación indicó que se está a la espera de que se realice la modificación de esta norma para aplicar la modalidad de semipresencial, de forma voluntaria.

Para Luis López, secretario general del Frente Nacional de Educadores Independientes, no es correcto que se hagan modificaciones al decreto que reglamenta el calendario escolar después del inicio de clases. “Ahora tenemos doble trabajo; es duro a distancia y ahora resulta que tenemos clase presencial y online. Es complicado, muy complicado”, agregó López.

Según este dirigente magisterial, el hecho de que la medida sea voluntaria provocará que los docentes tendrán que ir a las escuelas a atender a los estudiantes y también de manera virtual, ya que habrá padres que no llevarán a sus hijos a clases por temor a contagios.

Mientras que el también dirigente de la Unecep, Humberto Montero, considera que el Meduca ha violado el Decreto Ejecutivo 25 desde el primer día de clases, al considerar que hay escuelas en las comarcas que están dando clases presenciales.

En este mismo escenario, Montero considera que todavía en los planteles no existen las condiciones para iniciar las clases presenciales y apoya su postura con datos que señalan que hay 1,400 escuelas que no tienen agua y 825 planteles donde no hay electricidad.

“Solamente 6,000 docentes de los 48,500 que tiene el sistema educativo se van a vacunar, es decir que hay docentes que todavía no se han vacunado y están en la comarca dando clase de manera presencial, dijo Montero. Esto representa 390 docentes.

López también aprovechó esta coyuntura para hacer críticas a las autoridades del Meduca, al argumentar que no hay personal de mantenimiento para las desinfección en los colegios, al destacar que se han hecho despidos masivos en este sector para nombramientos políticos que no se han hecho.

Otro de los dirigentes que se quejó por la medida del Meduca, de promover las clases semipresenciales, fue Ángel Raúl Mitré, de la Asociación de Educadores Herreranos, quien consideró que la decisión de la ministra es producto de las presiones de sectores económicos que exigen las clases presenciales.

“Es lamentable lo que está ocurriendo, porque se habló de Herrara y Los Santos para el retorno. Los padres están sumamente preocupados porque en Herrera ningún docente ha recibido la vacuna al igual que administrativos y directivos. Es una situación muy preocupante”, señaló el educador del interior del país.

Cierre de escuelas

Las escuelas de Panamá han sido las que mayor tiempo han permanecido cerradas por la pandemia de la covid-19, según el “Análisis del cierre de las escuelas”, de Unicef.

El cierre de las escuelas tiene consecuencias desastrosas para la educación y el bienestar de los niños. Los más vulnerables y los que no pueden acceder a la educación a distancia tienen más probabilidades de no regresar nunca a la escuela, e incluso de ser víctimas del matrimonio infantil o el trabajo infantil.

El problema se acentúa con una educación a distancia de baja calidad. El año pasado más de 219 mil estudiantes de escuelas públicas no tenían cómo conectarse a clases. Esta cifra representa tres de cada 10.

Fuente: La Estrella de Panamá.

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Argentina: Continúa el paro de docentes universitarios por recomposición salarial

Por: Izquierda Diario 

La medida de lucha fue convocada para el 6 y 7 de abril por docentes de todo el país. Exigen paritarias nacionales y rechazan la precarización afecta a la gran mayoría de los docentes. Aqui algunas voces.

Docentes de universidades nacionales de todo el país están de paro por 48 h en reclamo de recomposición salarial, apertura de partiarias nacionales y en rechazo a la precarización laboral en la que tienen que trabajar la gran mayoría de los docentes, muchos de los cuales ni siquiera tieenen un salario.

La Federación Nacional de Docentes, Investigadores/as y Creadores/as Universitarios/as, Conadu Histórica, a través de un comunicado informó sobre sus reclamos.

Reproducimos algunas de las voces docentes:

  •  María Marta Bernabeu Jtp en Geografía Social y de la Población, FFyL, UNCuyo
  •  Carlos Platkovsky, docente de la facultad de Derecho de la UBA

https://www.laizquierdadiario.com/Continua-el-paro-de-docentes-universitarios-por-recomposicion-salarial

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Recurren las oposiciones docentes en Cataluña por «abuso de temporalidad»

Por: magisnet.com

El recurso, que Pindo ha presentado junto al sindicato CGT, pretende la paralización del concurso público de oposición establecido en la resolución “EDU/182/2021, de 29 de enero, de convocatoria de concurso oposición para el ingreso y acceso a la función pública docente y adquisición de nuevas especialidades”.

En un comunicado en el que informan sobre la presentación del recurso, los demandantes han señalado que piden la “paralización inmediata del concurso de oposición”, porque “se ofertan miles de puesto de trabajos que ya están ocupados por miles de docentes interinos que llevan muchos años desarrollando esta tarea y que accedieron a través de selección en base a igualdad, mérito y capacidad, según establece el artículo 10.2 del Estatuto Básico del Empleado Público”. Por ello, han exigido que “se preserven y se blinden todas las vacantes ya ocupadas por las personas interinas docentes que se encuentran en fraude de ley por abuso de la temporalidad”.

Asimismo, han pedido que “se lleve a cabo un proceso restringido para estabilizar a los miles de interinos en abuso de temporalidad”, por lo que han solicitado la modificación de la actual convocatoria y que se convoquen pruebas en la que se valore la experiencia acumulada.

“Dada la excepcionalidad de los altos niveles de abuso de la temporalidad de los trabajadores públicos”, han exigido que se convoque un concurso de méritos como contempla el artículo 61.6 del EBEP. En este sentido, han recordado la sentencia del 19 de marzo de 2020 emitida por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en la que “se reconoce abuso de temporalidad” por parte de la administración española y que “abre las puertas a que la administración que la ha facilitado sea sancionada por fraude de ley contra sus trabajadores”, ha señalado CGT.

Asimismo, los demandantes han añadido el “agravante” de que las oposiciones “se convoquen en medio de una pandemia”, por lo que “se está poniendo en riesgo la salud de decenas de miles de personas”.

Recurren las oposiciones docentes en Cataluña por «abuso de temporalidad»

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Libro (PDF): Extractivismo, Despojo y Crisis Climática

Desafíos para los movimientos sociales y los proyectos emancipatorios de Nuestra América.

Prólogo

Pocos temas son más importantes en la América Latina de hoy que las cuestiones relacionadas con el extractivismo y la crisis climática. Ambos están haciendo estragos y constituyen, como bien lo dicen los au- tores de este libro, un formidable desafío para los movimientos sociales y los proyectos emancipatorios de nuestra región. Desafío que, para ser enfrentado con algunas chances de éxito, exige un conocimiento acaba- do de la multiplicidad de dimensiones a través de las cuales se manifies- tan tanto el extractivismo como la problemática del cambio climático. Y eso es precisamente lo que aporta este libro, en donde se examinan con gran minuciosidad y rigor analítico los aspectos más candentes de estos complejos asuntos. No sólo eso: el texto logra mantener una impecable coherencia pese a que los capítulos fueron escritos por separado por cada uno de los tres autores, lo cual no es un mérito menor y habla de la ma- duración de un proceso colectivo de reflexión que es muy poco usual no sólo en la Argentina sino en cualquier parte del mundo.

Descargar el libro completo aquí: Extractivismo, Despojo y Crisis Climatica

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El Salvador reinicia las clases entre medidas sanitarias contra la covid-19

www.swissinfo.ch

El Salvador reabrió este martes la escuelas públicas para la modalidad semipresencial, en la que los padres deciden si envían o no a sus hijos a clases, entre medidas sanitarias para prevenir los contagios de la covid-19 y tras un año de cierre.

La ministra de Educación, Carla Hananía de Varela, supervisó la reactivación del sistema educativo en al menos dos centros escolares de la capital y apeló a la «responsabilidad» de los estudiantes para evitar brotes de la pandemia.

Señaló que son unos 5.000 los centros escolares que tienen la autorización de abrir sus puertas con el 50 % de su capacidad, sin precisar la cifra exacta de estudiantes que asistirán a clases ni de las escuelas públicas que abrieron este martes

«El 11 de marzo de 2020 se cerraron estas puertas y hasta este día volvemos a ver a nuestros alumnos» y «hemos trabajado todos los días para que este día ustedes pueden regresar de una manera segura», dijo Hananía de Varela en el Instituto Nacional General Manuel José Arce, en San Salvador.

Agregó que este regreso a las aulas es opcional, gradual y que los estudiantes que decidieron no regresar aún a las aulas seguirán utilizando las plataformas digitales, de las que se valieron en los meses anteriores para continuar su educación.

Indicó que se aplica el protocolo «La alegría de regresar a la escuela», que además de las medidas de higiene establece la vigilancia de los estudiantes en cuatro niveles para evitar la propagación del virus.

Estos niveles son el hogar, el transporte escolar, los maestros y las aulas, y en caso de que un estudiante presente síntomas de la covid-19, este deberá ser trasladado a un centro de atención médica.

El Gobierno adquirió «más de mil toneladas de insumos de bioseguridad» para dotar a las escuelas de termómetros, mascarillas y alcohol.

Las proyecciones gubernamentales indicaban que este lunes se concluiría la vacunación de todos los maestros del sistema público y se iniciaría la inmunización de los maestros de colegios privados.

Hananía de Varela indicó el lunes que espera que la segunda semana de abril «estén vacunados contra el covid-19 todos los maestros y personal administrativo de los centros educativos, públicos y privados del país, incluyendo a las instituciones de educación superior».

El Salvador llegó el fin de semana pasado los 65.491 casos oficiales de covid-19 y 2.030 muertes. EFE

https://www.swissinfo.ch/spa/coronavirus-el-salvador_el-salvador-reinicia-las-clases-entre-medidas-sanitarias-contra-la-covid-19/46509000

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Cómo superar el abandono escolar en América Latina

Por: Luis Scasso

Superar la baja matriculación de los jóvenes en centros de formación profesional es clave.

En marzo del 2020, la covid 19 obligó a la humanidad a realizar drásticas modificaciones en su modus vivendi y a las autoridades a tomar decisiones preventivas, masivas y radicales. Particularmente la suspensión de clases presenciales en —prácticamente— toda América Latina, puso al descubierto con total crudeza las desigualdades de acceso a la educación.

Al insuficiente acceso a las tecnologías, a la conectividad, y a recursos educativos en los hogares, se suma la incertidumbre de enfrentar un eventual incremento de la tasa de abandono escolar al comienzo del nuevo ciclo lectivo, que podría hacer retroceder en niveles históricos los esfuerzos sostenidos de los países durante los últimos 30 años para incrementar las tasas de cobertura, especialmente en la educación secundaria.

Hasta la aparición de la pandemia, en América Latina la tasa de titulados en secundaria era, en promedio, de un 60%, es decir, de cada 100 niños que ingresaban a primer grado, 40 no se graduarían de la secundaria. Hoy, según Unesco, en algunos países, por cada 100 estudiantes correspondientes al 30% de la población de menores ingresos solamente 15 finalizarán sus estudios secundarios; 23 de cada 100 se graduarán si pertenecen al 30% de ingresos medios; mientras que más de 50 lo harán satisfactoriamente si pertenecen al 40% de ingresos más altos.

Respecto a la educación superior, si bien la cifra de estudiantes en la región ha crecido a más de 30 millones, según cifras del Observatorio de Ciencia, Tecnología y Sociedad de la OEI, Iberoamérica posee un margen de crecimiento potencial en el acceso a la universidad mientras mantiene modestas tasas de titulación universitaria.

Según la OIT, 23 millones no trabajaban, no buscaban trabajo y no estudiaban. Es decir, muchos jóvenes no finalizan sus estudios secundarios, solo una minoría accede a la Universidad, y menos aún se titulan satisfactoriamente.

Esta realidad nos invita a repensar algunas estrategias de vinculación del sistema educativo formal y no formal con el mundo del trabajo. La formación técnico-profesional en sus diversos formatos podría constituirse en una oportunidad para continuar los estudios, acceder rápidamente al mercado de trabajo o, incluso, finalizar los estudios secundarios en programas combinados.

En el marco del esfuerzo regional que realiza la OEI, en Argentina se viene impulsando la Mesa de Educación y Trabajo de la que participan empresas, sindicatos, gobierno y universidades, iniciativa que ha identificado aspectos que inciden en la baja matriculación de los jóvenes en centros de formación profesional o de educación técnica superior, como la falta de articulación entre niveles y modalidades educativas, lo cual obstaculiza las trayectorias estudiantiles y reduce sus márgenes de elección.

Un sistema más integrado permitiría que los jóvenes opten por la formación profesional al término de la secundaria y que luego, esos estudios sean reconocidos por las universidades como créditos para continuar estudiando. También que la educación secundaria les provea formación técnica en algunas áreas del conocimiento o que, si abandonaron la escolaridad, puedan finalizarla mientras realizan estudios de formación profesional.

Un registro único de competencias profesionales permitiría a los empleadores acceder a la información de la evolución formativa de sus trabajadores pudiendo reconocer en el salario y jerarquía las competencias adquiridas y debidamente certificadas, como ya lo hacen el Sistema Nacional de Cualificaciones de España o la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina.

Este tipo de iniciativas contribuyen a una formación profesional y técnica más atractiva para los jóvenes. Asimismo, una oferta educativa más integrada entre niveles de enseñanza, con contenidos articulados, sistemas de créditos y flexibilidad de tránsito entre modalidades y niveles otorgará a los jóvenes más oportunidades para finalizar sus estudios y más herramientas para acceder al mundo del trabajo creando mejores condiciones de inclusión y movilidad social en la región.

Luis Scasso es director de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) en Argentina.

https://elpais.com/educacion/2021-04-06/como-superar-el-abandono-escolar-en-america-latina.html

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