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Violencia en el deshielo: imaginarios latinoamericanos post-nacionales después de la guerra fría de Mabel Moraña

América del Sur/Uruguay/Octubre 2016/Mabel Moraña/http://revistazcultural.pacc.ufrj.br/

Latinoamérica siempre ha sido menos efectiva en la tarea de contar a sus muertos. Hasta el día de hoy, no hay métodos consagrados que permitan estimar con cierta exactitud el saldo del colonialismo…

And out in the Wild West,
–you have seen this movie before–
Four lone cowboys and their skinny ponies ride the range
And suddenly up over the ridge
A thousand Indians rise up around the edge of the plateau
Like they came out of nowhere
And there are only 4 cowboys
But the cowboys look at the Indians and they say:
“Lets go get’em.” – Laurie Anderson

Al iniciar su libro Mémoire du Mal, Tentation du Bien. Enquête sur le Siécle (2000) Tzvetan Todorov pasa revista a las atroc idades que marcaron la historia del siglo XX: Primera Guerra Mundial: 8 millones de muertos en los frentes, más de 10 millones en la población civil, seis millones de inválidos. Genocidio de armenios a manos de los turcos. Tremendos saldos de muertos a consecuencia de las guerras civiles en la Rusia soviética. Segunda Guerra: 35 millones de muertos en Europa (por lo menos 25 en la Unión Soviética), exterminio masivo de judíos, bombardeos múltiples a poblaciones civiles en Alemania y Japón, sin olvidar el costo social de la liberación de las colonias. Todorov comienza su libro con una propuesta preliminar: si el siglo XVIII fue el Siglo de las Luces, el XX debería quizá ser conocido como el Siglo de las Tinieblas, un siglo donde la historia es indisociable del totalitarismo y la violencia, en sus diversas formas y contextos.

Latinoamérica siempre ha sido menos efectiva en la tarea de contar a sus muertos. Hasta el día de hoy, no hay métodos consagrados que permitan estimar con cierta exactitud el saldo del colonialismo (incluyendo la muerte por colonización de territorios, superexplotación, condiciones de vida sub-humanas, esclavitud) o el balance dejado por las intervenciones estadounidenses durante los siglos XIX y XX, ni hay números que registren las bajas producidas por los enfrentamientos de pandillas urbanas, las movilizaciones obrero-estudiantiles, la violencia policial, el narcotráfico, la violencia doméstica, las dictaduras o los levantamientos indígenas, ni hay cifras que acumulen el costo social – como suele decirse – de las batallas de la independencia, de la resistencia antiimperialista, anti-totalitaria, las bajas guerrilleras, los que cayeron en la tortura, los que sucumbieron a la miseria escuchando las promesas de orden y progreso y hoy agonizan en los escenarios del neoliberalismo. No hay cifras que den cuenta de quienes han sido y siguen siendo víctimas de la violencia en Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Venezuela.

Las reflexiones de hoy se enfocan en lo que podríamos llamar el microsistema de América Latina, particularmente en algunas de las dinámicas que en el contexto de la globalidad y el neoliberalismo acompañan la entrada del continente al nuevo siglo. Deseo aquí sugerir solamente algunas bases para el análisis del significado que asume la relación entre nación, violencia y subjetividad en América Latina a partir del fin de la Guerra Fría.

A modo de introducción, habría que señalar que es imposible realizar una crítica histórico-político-filosófica de la violencia en América sin una crítica de las modernidades que desde el período colonial se impusieron a través de una práctica sistemática y articulada de violencia económica, social, cultural, epistémica, sobre las sociedades americanas. Desde la “violencia del alfabeto” que arrasó con los espacios simbólicos de las sociedades prehispánicas, la occidentalización de América y la formación de la nación-estado nacen marcados por liderazgos e intereses de clase que apelan sistemáticamente a la violencia con el apoyo de discursos legitimadores de muy distinto orden que coinciden en la idea de que el progreso y la civilidad dependen de la reducción de todo rasgo, práctica o proyecto que no coincida con los intereses de los sectores dominantes. Así, desde los orígenes de la vida republicana, la práctica democrática y liberal implantada en América Latina propone sofísticamente la coincidencia absoluta entre Estado y sociedad, marginando e invisibilizando a grandes sectores que no se integran productivamente a la estructuración nacional. Con estos precedentes puede afirmarse entonces que la historia de América Latina es la historia de las múltiples e intrincadas prácticas y narrativas de la violencia que atraviesan sus distintos períodos y se entronizan a todos los niveles de la vida política y social de la nación moderna. Sin embargo, lo que hoy nos ocupa es el fenómeno de incremento de diversas formas de violencia ciudadana a nivel continental, y las transformaciones que los modelos de ejercicio y conceptualización de la violencia han sufrido en las últimas décadas.

Así, aunque la historia de la violencia puede rastrearse a lo largo de la historia latinoamericana desde el descubrimiento, deseo referirme aquí específicamente a la indudable relación que existe entre las transformaciones que se registran desde el fin de la Guerra Fría en los países periféricos de América Latina a nivel económico, político y cultural, y el incremento de la violencia, a distintos niveles.

En lo económico, la imposición de políticas neoliberales ha logrado acorralar, en las últimas décadas, a las economías nacionales incrementando las áreas de marginación, de des y subempleo. A los procesos de transnacionalización acelerada y masiva del gran capital e influencia creciente de las empresas transnacionales en la definición de políticas económicas y culturales, se suma la cancelación de canales institucionales para la presentación de demandas populares, eliminación de espacios de debate político, reafirmación de focos hegemónicos a nivel internacional, etc. El estado benefactor, interventor, paternalista, ha ido cediendo lugar a una entidad desdibujada que hipoteca el bienestar de la mayoría a las necesidades de protección y de reproducción del gran capital.

Correlativamente, estos cambios propulsaron una redefinición de la idea de democracia, que se ajusta hoy en día a un modelo mucho más restrictivo y excluyente que el que sirviera para describir a los regímenes modernos: democracia = oligarquía + populismo. Según estudiosos del período (Greg Grandin, por ejemplo) esta redefinición se ha realizado a partir de estrategias tales como la ruptura de alianzas existentes entre elites reformistas y clases populares, el quiebre de movimientos alternativos que quedaron reducidos a estrategias acotadas de resistencia circunstancial, y la destrucción de formas de liderazgo social y político a distintos niveles. Se transforma así radicalmente la relación entre sujeto y sociedad, entre política, ética y subjetividad, reemplazando los objetivos sociales por un individualismo consumista a veces aderezado de remozadas religiosidades tradicionales o de propuestas new age, que prometiendo consuelo y trascendencia ante las traiciones de la modernidad, brindan una alternativa de socialización que permite eludir los desencantos y desafíos de la historia presente.

El vaciamiento político del Estado, el debilitamiento de las políticas partidistas, y la disminución de alternativas ideológicas que permitan pensar lo social desde un afuera – aunque sea utópico – del neoliberalismo, ha incrementado el sentimiento de desprotección ciudadana. Esto se suma al desvanecimiento del estado benefactor, interventor, paternalista, que rigiera con variantes hasta la primera mitad del siglo XX. Los imaginarios urbanos están atravesados por sentimientos de desamparo económico, agotamiento político e inestabilidad social. La “ciudadanía del miedo” de que hablara Susana Rotker, se corresponde con las evaluaciones que realizan politólogos y analistas sociales en las últimas décadas. Si, según la conocida frase de Raymond Aron, “con la Guerra Fría la guerra se hizo improbable y la paz imposible” [1], el fin de ese período ha producido un desbalance en el equilibrio internacional del terror. Hoy en día, “la paz se ha convertido en una guerra latente” [2]: hay un notorio aumento de tipos diversos de batallas internas a nivel nacional, conflictos grupales armados más o menos restringidos a ámbitos locales o transnacionalizados, movilizaciones indígenas, desestabilizaciones radicales y violentas del llamado orden democrático por sectores populares muchas veces desorganizados pero disidentes a los partidos en el poder, aumento del delito común con estrategias innovadoras tales como asaltos colectivos, secuestros, etc., movilizaciones de grupos armados que actúan en un plano subnacional (pandillas) o supranacional (narcotráfico), etc. Aún en sociedades que presentan índices de seguridad ciudadana mucho más altos que los que se registran en Colombia, Venezuela o México, el sentimiento colectivo se mantiene aferrado al miedo cotidiano, a la idea de que en cualquier momento, como señala Robert Kaplan, “cualquier vagón del metro puede volverse una pequeña Bosnia.” Aunque las estadísticas de algunas latitudes registren datos más tranquilizadores, la “ciudadanía del miedo” ha marcado su impronta” y, como ha apuntado Beatriz Sarlo, “con el imaginario no se discute”.

Ya nadie cree que la violencia de estado ejercida a nivel nacional o internacional sea un momento imprescindible en el logro de la paz universal. Como ha indicado Bolívar Echeverría, lo que llamamos paz es apenas un provisional “cese del fuego.” Estos fenómenos que quiebran la utopía de unificación, centralismo y control estatal de la nación moderna requieren nuevas nominaciones: los críticos sociales hablan de “conflictos de baja intensidad” (Martin van Creveld), “guerra civil molecular” (Enzenberger) o “guerras inciviles” (John Keane) que desgarran la trama de lo social indicando “el retorno de lo reprimido”: lo marginado, sometido, o invisibilizado por la modernidad, que vuelve por sus fueros.

La violencia que se registra en América Latina en las últimas décadas ha sido interpretada como una serie de respuestas o reacciones inorgánicas, aunque no por ello menos elocuentes, a los efectos de laglobalización. En algunos casos, la violencia obviamente precede a este período y sus raíces deben ser estudiadas en relación con las políticas modernizadoras, con la aplicación de determinados modelos de nación y de estado, y – a partir, todavía, de perspectivas dependentistas – con la vinculación de los capitalismos periféricos a los grandes sistemas internacionales y a sus agresivas políticas de expansión económica. En otros casos, las formas más actuales, en muchos casos inéditas, de violencia, aparecen como respuestas que surgen y se incrementan ante la imposibilidad de organizar agendas locales, nacionales o regionales que puedan contrarrestar el efecto arrasador de las políticas neoliberales.

Bolívar Echeverría ha estudiado las relaciones entre las manifestaciones de “violencia salvaje” y la disolución de la identificación entre Estado y Sociedad. Las percepciones que acompañan a los procesos de globalización parecen asumir que al haberse ampliado la superficie social que el estado debe cubrir, se ha incrementado la incapacidad institucional para absorber las contradicciones y demandas sociales dando así lugar a “una posible reactualización catastrófica de la violencia ancestral no superada.” Ante el descaecimiento de la utopía de la paz perpetua y las crisis políticas que acompañan el fin de la modernidad, lo único que pervive como propuesta de articulación ciudadana es la creencia en el mercado como el espacio por excelencia de confluencia, participación y libre intercambio de bienes materiales y simbólicos, es decir la concepción de la posibilidad de realización de todos los valores sociales, individuales y colectivos, en el mundo de la mercancía. Libros como Consumidores y ciudadanos, de Néstor García Canclini exploran la vigencia de esa propuesta en épocas actuales. Pero desde posiciones más críticas que descriptivas, quizá es hora de comenzar a entender el mercado ya no como una instancia de socialización participativa, sino como una arena de lucha entre ofertas que entran a la competencia marcadas por las improntas de la desigualdad productiva, el monopolio de las transnacionales, la explotación masiva y la subalternización de vastísimos sectores sociales que sólo alcanzan una integración deficitaria a la cultura política de nuestro tiempo. Si la modernidad creó a través del mito de la productividad el modelo utópico de una sociedad insaciable, atravesada por el deseo inacabado, el escenario posmoderno de la globalidad incrementa al infinito esa voracidad y las frustraciones que su insatisfacción produce, en una dinámica de producción constante y artificial de la escasez (el consumidor ideal es aquel que no puede tener satisfacción, que vive en un estado de carencia permanente). Hoy queda claro que el monopolio estatal de la violencia tendría como cometido fundamental el de “proteger la integridad y pureza del intercambio mercantil, tanto de sus enemigos externos como internos.” (Echeverría) Pero en tiempos postmodernos ese monopolio se encuentra amenazado por las formas salvajes en que se expresa la frustración de los consumidores/ciudadanos, los sectores relegados de las dinámicas integradoras de la legalidad productivista y los que eligen formas anómalas de inserción en el mundo de la oferta y la demanda. No sería excesivo decir, desde esta perspectiva, que al lenguaje supranacional del capital nuestra época responde de manera casi instintiva, dispersa, y aparentemente inorgánica, con el lenguaje supranacional de la violencia. En otras palabras, la lengua universal del capital tiene también sus dialectos particulares. Muchos han caracterizado algunas modalidades de violencia postmoderna como una forma de regresión tribal arcaizante. Robert Kaplan habla de la aparición del segundo hombre primitivo que pasaría a formar una sociedad de guerreros que combina de manera inquietante la falta de recursos con una extensión planetaria sin precedentes, que articula clandestinidad con espectáculo, marginación y protagonismo. Sin embargo, la caracterización deprimitivismo debería revisarse. En civilizaciones “primitivas” (premodernas) algunos investigadores han visto en el carácter bélico un recurso colectivo para mantener la autonomía y para defender a la comunidad de “la aparición de instituciones estatales de carácter opresor” o sea de la posible institución de un Estado centralizado con monopolio de la violencia “legítima”, recurso que podría, en cualquier momento, volverse contra los miembros mismos de la comunidad a la que ese estado debería defender.[3] Pero al mismo tiempo, en muchas culturas, el ejercicio de la violencia se daba a sí mismo mecanismos internos de control. En muchos casos, el jefe que decretaba el movimiento bélico no se limitaba a declarar la guerra ni se mantenía en la retaguardia sino que por su mismo liderazgo debía ser el primero en salir al campo de batalla (y casi seguramente, por tanto, el primero en morir). La gloria consistía justamente en el heroísmo de la muerte por la fe en una causa colectiva que legitimaría la apelación a la violencia que involucraba a toda la comunidad. Muerto el líder, ya no existía la posibilidad de que éste pudiera usufructuar de la violencia políticamente, como una forma de popularidad que serviría, por ejemplo, para una reelección presidencial.

Sin embargo, en América Latina, muchos de los que podríamos llamar “rasgos de estilo” de la violencia tienen una indudable cualidad arcaizante. Dentro de lo que Jean Franco llamara “el costumbrismo de la globalización” aparecen prácticas culturales y textos apocalípticos con estas características, que reflejan el horror de la clase media ante la explosión de su mundo, versiones presentistas que eligen ignorar toda genealogía, toda relación con el pasado colectivo, toda posible proyección de futuro, como si la historia se agotara en la peripecia de la supervivencia individual, el consumo, la transitoriedad y el espectáculo de una rebelión desarticulada y explosiva, casi hollywoodense, contra el status quo. En plena postmodernidad muchas narrativas articuladas al eje de la violencia representan conflictos y personajes que evocan modelos de conducta y discursividades que parecerían anacrónicas en los tiempos que corren. El sicariato, por ejemplo, articula la práctica mercenaria con las matrices de la religiosidad tradicional. El estudio de la llamada sicaresca aproxima la novela de sicarios (La virgen de los sicarios,Rosario Tijeras, etc.) a los modelos de la picaresca por las similitudes en torno al protagonismo del joven marginado que intenta medrar en una sociedad estratificada que lo relega y a la que le es imposible integrarse productivamente. (ver von der Walde) Incluso los narco-corridos remiten a modelos discursivos de épocas anteriores, en un lenguaje popular, paralelo a la retórica política dominante, que reinventa la oralidad, como documentando la cancelación de las formas “modernas” e institucionalizadas de comunicación y socialización.

La violencia articula así, en los sentidos antes aludidos, elementos residuales de la modernidad, dejando al descubierto los puntos ciegos de la política burguesa y liberal. Refiriéndose a las primeras etapas de formación del Estado, Eric Hobsbawm hablaba del bandidismo como de “insurrecciones inorgánicas” que a través de prácticas espontáneas y discontinuas marcaban de manera beligerante los afueras de la emergente institucionalidad burguesa. Hoy en día, la sociedad incivil obliga nuevamente, en el contexto de la crisis epistémica de nuestra época, a revisar los conceptos de gobernabilidad, socialización, y civilidad; obliga a repensar los límites de la tolerabilidad social, los extremos reales y simbólicos del liberalismo y el valor ético de sociedades despolitizadas que no conciben su existencia fuera del fetichismo del capital. A través de estrategias radicales, arcaicas o inéditas, la violencia pone en un primer plano de la escena social justamente a los desplazados, subalternizados y “desechables,” es decir a los núcleos irreductibles nunca completamente articulados a la economía cultural de la modernidad que ponen en práctica formas anómalas de agencia individual o colectiva. Desde una productividad negativa (¿o negatividad productiva?) la violencia enfrenta a la sociedad con sus fantasmas, con lo indecible y lo irrepresentable, inaugura “territorios existenciales” (Guattari), formas alienadas y residuales de subjetividad, sustentadas en formas perversas y cerradas de solidaridad grupal. Se apoya en la producción de lenguajes opacos que descreen de la transparencia comunicativa y la socialización fuera del núcleo de solidaridad grupal y que desconfían de la democracia deliberativa, del consenso, y de la pedagogía nacionalista. La violencia relativiza así lo global frente a lo contingente, lo colectivo frente a lo individual, lo local frente a lo transnacional, y viceversa.

La violencia social en sus múltiples manifestaciones existe así como un mecanismo trans-sectorial, infra o trans-nacional, trans-subjetivo, y también trans-histórico, que opera a partir de una vinculación cruzada de intereses, tiempos, agendas, y recursos, redefiniendo éticas y estéticas que atraviesan lo social integrando de una manera inédita clases, sexos y razas, creando nuevos universos de referencia simbólica y procesos intensos de resignificación cultural y política. Si la que Bhabha llamara “la anodina noción liberal de multiculturalismo” propone reducir los antagonismos y las desigualdades sociales a mera diferencia cultural, la violencia recupera la idea de que la sociedad está atravesada por intereses y modelos identitarios ya no sólo diversos sino esencialmente conflictivos y antagónicos, irreconciliables dentro de las condiciones impuestas por las forma ineficaces, perversas y excluyentes de control estatal. Así, sin glorificar sus métodos, ni estetizar sus prácticas, ni reducir sus consecuencias, debe reconocerse que en su funcionamiento siempre excedido e irracionalista, la violencia implementa formas extremas de socialización intergrupal, funciona dentro de lógicas que el status quo no puede absorber, ni resolver, ni comprender. Redefine las ideas de lealtad grupal, de éxito, poder y valor personal, creando una adecuación otra entre medios y fines. No intenta superar ni reemplazar con algo mejor los mitos de la modernidad, sino que los expone y los extrema, como en un simulacro monstruoso, en el que mundos paralelos reproducen perversamente, en la clave de un desesperado y desesperanzado individualismo, los ideales civiles de las burguesías nacionales: el ideal de la conquista de mercados (narcotráfico), la sustentación de identidades territorializadas (pandillas), el poder de detentar la violencia para la consecución de fines autolegitimados. Redefinen el concepto de elite y liderazgo, la relación entre discurso y cuerpo individual o colectivo, llamando la atención sobre los biopoderes que atraviesan lo social e impactan a distintos niveles el constructo ideológico de la ciudadanía. Como síntoma y también como causa del deterioro de la sociedad, la violencia hace resurgir el trauma del origen (el del colonialismo, la dependencia, la exclusión, la modernización para pocos).

Sin minimizar de ninguna manera las consecuencias perversas y a menudo catastróficas de la violencia, no puede negarse que en su despliegue de acciones, escenarios y signos la violencia es, esencialmente una performance que por medio de prácticas extremas opera a través de la creación de un desorden simbólico. A través de su puesta en escena, de sus extremadas modalidades de dramatización y su frecuentemente obsceno exhibicionismo, la violencia abre un espacio teórico que reconstruye – o destruye – los mitos de orden y progreso, dejando en evidencia la incapacidad del estado para atender demandas, canalizar expectativas y corregir desbordes. Su praxis desbordada y sensacionalista obliga a revisar desde otras perspectivas lo que Josefina Ludmer llamara la “frontera móvil del delito”: los criterios y procesos de legalización y criminalización de prácticas sociales protagonizadas por sujetos considerados un excedente del sistema.

Es obvio que ningún estudio sobre violencia puede prescindir de los deslindes y entrecruzamientos entreviolencia estructural (económica, política), violencia emancipatoria(como en los movimientos de liberación – Lenin decía que no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos-), o violencia dialéctica(que se registra en movimientos de carácter político-emancipatorio tanto como en las experiencias del erotismo, el misticismo, etc.[Echeverría]), violencia epistémica, o violencia “salvaje” (no institucionalizada), etc. Es obvio también que en contraste con las consideraciones biologistas, filosóficas, políticas, etc. de corte universalista que trabajan la teoría de la violencia como pulsión o estrategia transhistórica, transcultural, la evaluación crítica de la violencia requeriría más bien constantes contextualizaciones que dejen al descubierto su carácter primordialmente contingente, particularizado; contextualizaciones que implican una toma de posición política frente a las realidades analizadas. Finalmente, es también evidente que no en todos los casos la violencia es “partera de la historia”. Pero también es obvio que en tanto práctica social, la violencia popular que se da al margen o en respuesta a la violencia estructural o institucionalizada, no puede ser simplemente descartada o repudiada desde las posiciones salvaguardadas del orden burgués. En tanto práctica social, toda violencia es un lenguaje cifrado, opaco, que llama la atención sobre sí mismo, que debe ser entendido y decodificado, una lengua a través de la cual se expresan sectores desarticulados de la estructuración social y del status quo. Sectores que responden a la pregunta sobre si puede hablar el subalterno aún con la réplica arcaizante de Calibán: sólo puedo balbucear y maldecir en la lengua del amo.

Mabel Moraña é Professora de Literatura Latino Americana e Estudos Culturais na University of Pittsburgh. Autora deCrítica impura. Madrid: Vervuet, 2004, entre outros.

NOTAS


[1] ARON, Raymond apud KEANE, John. Reflexiones sobre la violencia. Madrid: Alianza Ed., 1996. p. 110.

[2] KEANE, John. Ibidem, p. 132.

[3] Idem.Ibidem, p. 115

BIBLIOGRAFIA


BHABHA, Homi. Location of the culture. New York : Routledge, 1994.

ECHEVERRÍA, Bolívar. Ilusiones de la modernidad . México: UNAM/El equilibrista, 1995.

__________________. Valor de uso y utopía. México: Siglo XXI Eds., 1998.

ENZENSBERGER, Ha ns Magnus. Civil war. London: Granta Books/ Penguin Books, 1994.

FRANCO, Jean. The decline and fall of the lettered city. Latin America in the cold war. Cambridge: Harvard UP, 2002.

FRANCO, Jorge Rosario tijeras. Buenos Aires: Planeta, 1999.

GARCÍA CANCLINI, Néstor. Consumidores y ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización.México: Grijalbo, 1995.

GRANDIN, Greg. The last colonial massacre: Latin America in the cold war. Chicago: University of Chicago Press, 2004.

GUATTARI, Félix. Caósmosis. Buenos Aires: Ed. Manantial, 1996.

HOBSBAWM, Eric. Bandits. New York: Delacorte Press, 1969.

KAPLAN, Robert. Warrior politics : why leadership demands a pagan ethos. New York : Random House, 2002.

KEANE, John. Reflexiones sobre la violencia. Madrid: Alianza Ed. 1996.

LUDMER, Josefina. El cuerpo del delito. Buenos Aires: Perfil, 1999.

ROTKER, Susana. Ciudadanías del miedo. Caracas: Nueva Sociedad, 2000.

SARLO, Beatriz. “Violencia en las ciudades. Una reflexión sobre el caso argentino”. Mabel Moraña ed. Espacio urbano, comunicación y violencia en América Latina. Pittsburgh: Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, 2002.

TODOROV, Tzvetan. Mémoire du mal, tentation du bien. Enquête sur le siécle. Paris: Editions Robert Laffont, 2000.

VALLEJO, Fernando. La virgen de los sicarios. Bogotá: Alfaguara, 1998.

VAN CREVELD, Martin. The transformations of war. New York: Free Press, 1991.

VON DER WALDE, Edna. “La novela de sicarios y la violencia en Colombia. Iberoamericana, 3 , p. 27-40, 2001.

Fuente: http://revistazcultural.pacc.ufrj.br/violencia-en-el-deshielo-imaginarios-latinoamericanos-post-nacionales-despues-de-la-guerra-fria-2/

Fuente imagen:

https://lh3.googleusercontent.com/gjEq11zU0g-YOjTJH_yUUvHp4ExyEc7ICz70sDpCd4KD3CHSEaOm_27d0h_ufXAHh5DU9Q=s85

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Australia: More than 150 private schools over-funded by hundreds of millions of dollars each year

Oceanía/Australia/Octubre de 2016/Autores: Matthew Knott and Fergus Hunter/ Fuente: The Sidney Morning Herald

RESUMEN: Más de 150 escuelas privadas están siendo financiados por más de cientos de millones de dólares de los contribuyentes cada año, a expensas de otros estudiantes necesitados, de acuerdo con un nuevo análisis que detalla las distorsiones y desigualdades en el sistema de financiación de las escuelas de Australia. El análisis por Fairfax Media revela algunas escuelas ricas están sobre-financiados por $ 7 millones al año, mientras que muchas escuelas en los sectores público y privado siguen siendo significativamente con fondos insuficientes. Los gobiernos federales y estatales tendrían más de $ 215 millones adicionales al año para distribuir a escuelas necesitadas si dejaran de financiar los demás por encima de lo que se tienen derecho bajo la fórmula Gonski, el análisis muestra. Escuelas considerarán financiados por el gobierno federal recibirá más de $ 1 mil millones al año en fondos de los contribuyentes.

More than 150 private schools are being over-funded by hundreds of millions of taxpayer dollars each year at the expense of other needy students, according to a new analysis that details the distortions and inequities in Australia’s school funding system.

The analysis by Fairfax Media reveals some wealthy schools are over-funded by $7 million a year while many schools in both the public and private sectors remain significantly underfunded.

Federal and state governments would have more than $215 million extra a year to distribute to needy schools if they stopped funding others above what they are are entitled to under the Gonski formula, the analysis shows. Schools deemed to be over-funded by the federal government receive more than $1 billion a year in taxpayer funding.

Education Minister Simon Birmingham this week sparked a national debate by saying some schools are over-funded and may need to have their funding reduced from 2018. It would take more than 100 years for some over-funded schools to return to their appropriate funding under the current model, he said.

Fairfax Media’s analysis, based on available data from the My School website and the Department of Education, shows the over-funding of schools is particularly acute in NSW.

Private schools in NSW received a combined $129 million above their notional entitlement in 2014.

These include elite girls school Loreto Kirribilli, which received $7.3 million in government funding – 283 per cent of its entitlement.

Peter Goss, school education program director at the Grattan Institute, said: «There is no public policy justification for over-funded schools such as these to continue receiving increasing funding each year.

«At a minimum they should not receive any funding increases.»

Mr Goss said removing generous indexation rates for over-funded schools would not fix the school funding system alone but would free up funds to distribute to needy schools in both the public and private sectors.

More than 150 private schools across Australia received funding above their Schooling Resource Standard in 2014, according to the Department of Education.

The Schooling Resource Standard (SRS) measures how much taxpayer funding each school is entitled to based on a formula including special loadings for disadvantage.

By combining this data with school finance information on the My School website, Fairfax Media calculated the funding entitlement and over-spend for all the nation’s over-funded private schools.

The analysis shows Daramalan College in Canberra, which received $14 million in government funding in 2014, is the most over-funded school in the country in dollar terms.

The school received 198 per cent of its SRS entitlement, meaning it should only have received $7 million a year in funding according to the Gonski formula.

It was closely followed by Oakhill College, an independent Catholic school that sits on an expansive 18 hectare site in Sydney’s Castle Hill.

As well as an indoor swimming pool and gym, the school’s website says it has a recording studio, photography lab and a farm complete with livestock.

Oakhill College received $15.7 million in taxpayer funding in 2014, which is $6.8 million more than its funding entitlement.

Melbourne Grammar School, which charges fees of up to $32,520, was the most over-funded school in Victoria in dollar terms. It received $7.3 million in government funding, more than the $5.1 million it was entitled to.

Meanwhile, some private schools such as the Rossbourne School in Hawthorn, which specialises in educating students with intellectual disabilities, received only 67 per cent of its funding entitlement. Herrick Presbyterian Covenant School in Tasmania received just 41 per cent of its entitlement.

FULL LIST: OVER-FUNDED PRIVATE SCHOOLS ACROSS AUSTRALIA

The department did not break down funding entitlements for individual public or Catholic system schools. It stated NSW public schools are funded at at 86 per cent of their entitlements overall and Victorian public schools at 83 per cent. ACT public schools received 114 per cent of their SRS, making them over-funded overall, while WA schools received 99.7 per cent.

Sixty-five per cent of private schools in NSW and Victoria are underfunded, according to the department.

Senator Birmingham said the government remains committed to providing funding support to all students, regardless of which school they attend.

«The Turnbull government is determined to right the corruption of the Gonski report with a new, simpler distribution model where special deals don’t distort a fair distribution of federal funds,» he said.

Colette Colman, executive director of the Independent Schools Council of Australia, this week said private schools should not be treated as an «easy target» for cuts.

Targeting over-funded private schools would only reduce the federal government’s spending on schools by 0.5 per cent, she said.

The federal government currently pays $6.4 billion a year to public schools and $10.7 billion to non-government schools, with most funding for public schools coming from the states.

For the purpose of the analysis, Fairfax Media excluded special needs schools and some large, well-resourced school networks – such as Brisbane’s Anglican diocese – for which a clear funding breakdown was unavailable.

Fuente: http://www.smh.com.au/federal-politics/political-news/full-list-1-billion-flowing-to-wealthy-private-schools-officially-classed-as-overfunded-20160930-grs6nz.html

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Nueva Zelanda: Student loan borrowers seeking bankruptcy as millions in debts wiped due to insolvency

Oceanía/Nueva Zelanda/Octubre de 2016/Autora: Talia Shadwell/Fuente: Stuff

RESUMEN: Graduados en el extranjero  se declaran sin dinero ya que están entre los 483 deudores en préstamos de estudiantes que han sido aniquiladas por las quiebras. Los Impuestos Internos se han puesto de manifiesto en los últimos datos como la cantidad adeudada por morosos en préstamos estudiantiles  de $ 1 mil millones. Los 10 mayores deudores en el extranjero deben más de $ 300.000 por cada contrato. Algunos están muriendo en deuda. El Ministerio de Educación muestran que las cifras  en el año hasta junio de 2015 es de $ 19 millones en préstamos estudiantiles se da de baja a causa de la muerte del prestatario en comparación con $ 16 millones dados de baja debido a la quiebra.

Overseas graduates declaring themselves penniless are among the 483 debtors whose $18 million in students loans have been wiped by bankruptcies.

Inland Revenue has revealed the latest figures as the amount owed by student loan defaulters tips over the $1 billion mark. The 10 biggest overseas debtors owe more than $300,000 each.

Some are dying in debt. Ministry of Education figures show that, in the year to June 2015, $19m of student loan debt was written off because of the death of the borrower. That compared with $16m written off because of bankruptcy.

One Auckland-based accountancy website advises graduates: «If you are living overseas, a New Zealand bankruptcy may have no negative impact on you at all.»

Soon, information-sharing powers between Australia and New Zealand’s tax departments will be boosted, after two student loan-related arrests at the border this year, and as overall student debt reaches $15b.

But student leaders say the crackdown on defaulters is treating bright young Kiwis seeking careers overseas like «traitors».

It is not clear how many of the bankruptcies were overseas debtors applying specifically to wipe their student loan debt. IRD was not able to immediately provide the breakdown.

The bankruptcy figures include people owing creditors for other reasons, such as business failures.

However, New Zealand Union of Students’ Associations president Linsey Higgins confirmed cases of Kiwis overseas going bankrupt as they faced mounting student loan debt.

She said the union received calls from one to two borrowers a month seeking advice on bankruptcy.

«We know it’s most often happening in circumstances where there’s a consistent inflexibility by IRD to work with the the overseas borrower and that has put them in a position where they have literally no other options.»

«This is making the OE become a lot harder . . . Medical students used to graduate and work in British hospitals under the NHS. They want to do that because they want more experience and [access to] the facilities and technology.

«They would come back to New Zealand and pay most of their debt. But now, the interest accumulates on the loans.

«I think it’s treating people like traitors to leave. This idea that if you leave New Zealand to go abroad, we’re going to punish you.»

LAST RESORT

IRD said its debt recovery initiatives included offering methods to make repayments from abroad easier, and instalment options. Legal action and arrests at the border were a «last resort».

Tertiary Education Minister Steven Joyce said on Friday: «There is no evidence that significant numbers of people who have declared bankruptcy have done so because of student loans. Most people who declare bankruptcy do so because they owe money to a range of creditors and, as a result, their student debt is also written off.

«Inland Revenue doesn’t seek to bankrupt anyone solely because of their student debt.

«Entering into bankruptcy is not a decision that should be taken lightly. There are significant negative consequences, including the effect on a person’s credit rating, their ability to get a loan in the future, their possessions being sold, needing approval to travel overseas and being unable to be the director of a company.»

Labour leader Andrew Little said he was personally against interest on loans for graduates abroad, but the party had not discussed policy on it.

«We do want people to get overseas experience and, ideally, most of them will come back and bring back their skills they’ve learned overseas.»

STUDENTS’ BAD DEBT

About a third of the more than $1b of student loan debt in default has been racked up through penalties. Overseas-based debtors were the biggest culprits, making up just over $982m of the bad debt.

Latest IRD figures show that, of the 100,589 overseas and New Zealand-based debtors behind on their loans, $344.2m was made up of penalties. The late payment penalty rate is currently 8.8 per cent.

Overseas-based debtors

Default loans: 78,528
Penalty amount: $311.1m

TOTAL: $976.2m

NZ-based debtors

Default loans: 22,061
Penalty amount: $33.1m

TOTAL: $84.6m

Fuente: http://www.stuff.co.nz/national/education/84827783/student-loan-borrowers-seeking-bankruptcy-as-millions-in-debts-wiped-due-to-insolvency

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Nueva Zelanda: Huge education reforms worry teacher unions

Oceanía/Nueva Zelanda/Septiembre de 2016/Fuente: RNA

RESUMEN: La Asociación de Profesores de Primaria anuncio  que los cambios están dirigidos a allanar el camino para la privatización del sistema escolar – una afirmación negada por el gobierno – y el Instituto para la Educación ha advertido que los cambios deben ser impulsados por las necesidades de los niños, no por la ideología. Los sindicatos  celebran sus conferencias anuales esta semana; PPTA en Wellington y el NZEI en Rotorua.Las conferencias se llevan a cabo en medio de una serie de cambios propuestos en todo el sector, incluyendo la Ley de Educación para la escuela y los sistemas de financiación de la primera infancia, la educación especial. Los líderes de los sindicatos dijeron que las reformas del gobierno eran ‘enorme’ y se cubren la mayoría de los aspectos del sistema escolar.Los cambios fueron los más significativos en más de 25 años, dijo el presidente de NZEI Louise Verde.»Cambian la forma en la escolarización y educación de la primera infancia, por lo que cambia el sistema, y estos son los mayores cambios desde las escuelas de mañana instroducidos desde 1989,» dijo.

The Post Primary Teachers Association says changes are aimed at paving the way for privatising the school system – a claim denied by the government – and the Educational Institute has warned the changes must be driven by the needs of children, not by ideology.

The unions are holding their annual conferences this week; the PPTA in Wellington and the NZEI in Rotorua.

The conferences are taking place amid a raft of proposed changes across the sector, including school and early childhood funding systems, special education and the Education Act.

The unions’ leaders said the government’s reforms were ‘huge’ and covered most aspects of the school system.

The changes were the most significant in more than 25 years, NZEI president Louise Green said.

«They change the way schooling and early childhood education are delivered, so it changes the system, and these are the biggest changes since Tomorrow’s Schools was introduced in 1989,» she said.

Ms Green said the changes could harm the public education system.

«We pride ourselves in New Zealand on high quality public education and we’re concerned that many of the changes start to undermine that, because they think more about the system and less about the child.»

PPTA president Angela Roberts said some of the changes appeared to be paving the way for privatisation of the school system.

«When you start connecting all of those bits up, it’s a very, very clear agenda,» she said.

«This is about privatisation and giving corporate entities, to use the government’s own language, access to our schools.»

Ms Roberts said companies were geared to make profit, and nobody should profit from the school system.

«That will absolutely undermine and destroy what is a world-class system.»

But in a statement, Acting Education Minister Anne Tolley said there was no plan for privatisation.

«The changes being proposed for the future of our education system have nothing to do with laying the path for privatisation of education.

«Any suggestion that they are makes it quite clear that there is a lot of misinformation being put out at union events.»

Fuente: http://www.radionz.co.nz/news/national/314360/’huge’-education-reforms-worry-teacher-unions

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Australia: ¿Qué tanto importa el tamaño de la clase?

Australia/29 septiembre 2016/Fuente: Proexpansion

Australia se ha vuelto escenario del debate educativo y económico sobre la reducción de tamaños de clase, es decir, clases más pequeñas con menos estudiantes. Sin embargo, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), en su reporte Education at a Glance 2016, hecho sobre 46 países, muestra que la cantidad de alumnos por aula no causa efectos relevantes en el desempeño académico.

El artículo de Australian Financial Review que recoge los resultados de la OECD, titulado, OECD backs call to stop reducing class sizes, spend resources more effectively,  señala que el tamaño de las clases en Australia sigue reduciéndose, con apoyo de la comunidad. En este país los sindicatos docentes impulsaron el proyecto que realizó cambios en los 60’s y 70’s, y que ha continuado haciendo recortes en la década pasada. Sólo del 2005 al 2014, las clases de primaria se redujeron en 1% y las de secundaria en 4%, a pesar que es económicamente contraproducente según The Australian Financial Review, que calculó se ahorrarían aproximadamente 1.2 billones de dólares aumentando dos estudiantes por clase.

En Australia, la cantidad promedio de estudiantes por aula es 24, en primaria y secundaria. Este número es cercano al promedio general calculado por la OCDE. Sin embargo países como Japón y Corea del Sur, con más estudiantes por salón, obtienen mejores resultados en la prueba diseñada por esta organización, Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos (PISA), que mide las habilidades de estudiantes de 15 años en diferentes países. En Japón las aulas de primaria tienen 27 alumnos y las de secundaria 32. Por su parte, las aulas de primaria en Corea del Sur cuentan con 24 alumnos y las de secundaria con 32 al igual que en Japón.

Curiosamente, los países que tuvieron peores resultados que Australia, casi siempre tienen clases más pequeñas. Gran Bretaña tiene aproximadamente 25 alumnos por clase en primaria y 19 en secundaria, y Estados Unidos tiene clases con 21 alumnos en primaria y 27 en secundaria.

Finlandia, tuvo un mayor rendimiento que Australia en la prueba PISA pero sus clases son aún más pequeñas, con 19 alumnos en las aulas de primaria y 20 en secundaria.

Por ello, el reporte de la OECD insiste en que gobiernos y escuelas necesitan evaluar si vale la pena invertir en la reducción de la relación estudiante-maestro, cuando el mismo dinero se podría invertir en proyectos que traigan mejores resultados. Se pierden oportunidades de invertir en mejores salarios, capacitaciones a docentes e implementación de tecnologías.

Esta evaluación debería realizarse profundamente tomando en cuenta variables económicas pero también el factor humano, porque tener menor alumnado por aula beneficia a estudiantes con entornos de aprendizaje desfavorables, según el reporte de la OCDE. Puede que el fin de estos espacios sea más que nada inclusivo y que las actividades que se desarrollen en estos vayan más allá de estudiar para aprobar la prueba PISA.

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Nueva Zelanda: ‘Huge’ education reforms worry teacher unions

Nueva Zelanda / 28 de septiembre de 2016 / Por: John Gerritsen / Fuente: http://www.radionz.co.nz/

The government’s wide-ranging change agenda for the education system is worrying the school and early childhood unions, the NZEI and the PPTA.

The Post Primary Teachers Association says changes are aimed at paving the way for privatising the school system – a claim denied by the government – and the Educational Institute has warned the changes must be driven by the needs of children, not by ideology.

The unions are holding their annual conferences this week; the PPTA in Wellington and the NZEI in Rotorua.

The conferences are taking place amid a raft of proposed changes across the sector, including school and early childhood funding systems, special education and the Education Act.

The unions’ leaders said the government’s reforms were ‘huge’ and covered most aspects of the school system.

The changes were the most significant in more than 25 years, NZEI president Louise Green said.

«They change the way schooling and early childhood education are delivered, so it changes the system, and these are the biggest changes since Tomorrow’s Schools was introduced in 1989,» she said.

Ms Green said the changes could harm the public education system.

«We pride ourselves in New Zealand on high quality public education and we’re concerned that many of the changes start to undermine that, because they think more about the system and less about the child.»

NZEI president Louise Green and PPTA president Angela Roberts announce the results of a vote in which teachers overwhelmingly opposed a proposed change to school funding.

Louise Green, left, and Angela Roberts are concerned about the proposed changes. Photo: RNZ / John Gerritsen

PPTA president Angela Roberts said some of the changes appeared to be paving the way for privatisation of the school system.

«When you start connecting all of those bits up, it’s a very, very clear agenda,» she said.

«This is about privatisation and giving corporate entities, to use the government’s own language, access to our schools.»

Ms Roberts said companies were geared to make profit, and nobody should profit from the school system.

«That will absolutely undermine and destroy what is a world-class system.»

But in a statement, Acting Education Minister Anne Tolley said there was no plan for privatisation.

«The changes being proposed for the future of our education system have nothing to do with laying the path for privatisation of education.

«Any suggestion that they are makes it quite clear that there is a lot of misinformation being put out at union events.»

Fuente noticia: http://www.radionz.co.nz/news/national/314360/’huge’-education-reforms-worry-teacher-unions

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