Es de todos conocido, que la educación escolar debe responder a la filosofía y contenidos que presenta su currículo. Esta inspiración que orienta la esencia del quehacer educativo, demanda ser conocida por toda la población, principalmente por dirigentes, docentes, estudiantes y padres de familia. En la medida que el mismo no es concertado, su ubicación hegemónica estaría imponiendo una cultura, valores y formas de ver la sociedad desde una posición de poder y no de transformación.
La principal característica que poseen los currículos de enfoque técnico, desde la teoría curricular, es la invisibilización de los principios filosóficos que les mueven, precisamente por su carácter funcionalista con el modelo de desarrollo no inclusivo y promotor de desigualdades, al que tratan de proteger. De esta manera, sólo ubican su quehacer en un conjunto de contenidos, métodos y técnicas curriculares, ajenos a todo cuestionamiento de la situación de injusticia y distribución desigual de oportunidades. Se trata, por tanto, de un currículo instrumental, no transformador.
La realidad de nuestro currículo nacional se ubica, en su contenido y práctica, en este perfil, lo que vuelve su enfoque y contenidos funcionales al sistema socioeconómico y cultural, generador de desigualdades, al que debe servir instrumentalmente.
Desde una perspectiva de educación crítica, su filosofía debiera, desde la teoría crítica, direccionar la educación, dar desde una perspectiva intercultural, capaz de dialogar y concertar entre culturas, enriqueciéndose todas a partir de una sana relación de respeto e intercambio.
Otro de sus mejores atributos se refiere al enfoque de transformación social, el que se hará posible en tanto la sociedad organizada y la clase política logren tener a la educación como el punto central de agenda de sus luchas e incidencia.
Pero no basta con dejar claro en la transformación curricular este enfoque y contenidos; lo más importante sería que el personal del Mined, funcionarios, dirigentes y docentes, a la par del estudiantado y padres de familia, tuvieran claridad de la importancia que tiene aplicar un currículum con sentido y significado críticos.
Ello imprimiría a la educación un cambio radical de sentido, enfocada a educar en el pensamiento crítico y transformador, ubicando como tema de estudio en todas las disciplinas, la realidad social; problematizándola y evitando ocultar con sobreestimaciones políticas la realidad económica, social, cultural, de gobernabilidad, etc. Se trata de poner “polo a tierra” con los contenidos y competencias curriculares, situándolos en sus contextos reales.
Esta transformación reclama que el personal docente y el estudiantado estén preparados para incorporar y estudiar la realidad que vive el país, y desarrollar capacidades, competencias y compromisos cívicos de pensamiento y acción transformadores ante esta realidad.
Mientras esto no ocurra, seremos todos responsables de mantener una educación funcional, instrumental, en la que lo importante es la repetición de eslóganes contradictorios de la educación. Seguirán siendo la actividad pedagógica y los programas y textos de estudio, los mejores replicadores políticos y los mayores obstaculizadores del desarrollo de capacidades y competencias orientados a la transformación social con equidad.
Este horizonte retador para la Nación demanda de todos, sin distingos de ninguna clase, plantearse con claridad y responsabilidad accionar una “revolución educativa”, capaz de sobrepasar intereses particulares, en la búsqueda sincera de un perfil de sociedad diferente, inclusiva, con iguales oportunidades para toda la ciudadanía, justa para todos y todas.
No hay que perder de vista esta pregunta profética del P. Xabier Gorostiaga, s.j., cuando reiteraba la pregunta: ¿Qué educación para qué desarrollo? No responder a esta pregunta supondrá elegir a ciegas un modelo educativo que únicamente sirva al interés del gobernante de turno, y no al de toda la sociedad en su diversidad.
Ubicar el modelo educativo a los pies de intereses particulares, como en efecto sucede, impulsa a la educación a ser réplica obediente de lo que otros deciden, eludiendo el debate y argumentación críticos en el aula, convirtiendo en autómatas y apoyadores políticos inconscientes a los actores educativos y, en definitiva, logrando que la educación sea el principal obstáculo al desarrollo humano sostenible, por no contar con los pilares seguros de las capacidades de pensamiento independiente, autónomo, y el compromiso ciudadano con la justicia y la igualdad de oportunidades.
Despertar a esta realidad triste, exige tracender intereses partidarios de partidos, y vislumbrar que el desarrollo del país no tiene que ver con mayores ganancias de las empresas ni con el empobrecimiento de las mayorías, sino con una ciudadanía formada en sus capacidades de pensar, argumentar, cuestionar, denunciar, proponer e innovar, para lo cual será necesario un proceso que lleve al país a “revolucionar su pensamiento”. Y esto, solo con una educación diferente lo podremos lograr.
*Ideuca.
Tomado de: http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/398579-educacion-transformadora-o-instrumental/
Chile/Fundación Crea/22 de julio de 2016/Rebelión.com
Como Fundación Crea lanzamos esta semana una propuesta de bases para una «Reforma a la Educación Superior». Lineamientos que han sido trabajados durante dos años por los miembros del Área de Educación: Marjorie Cuello y Matías Delgado.
Esta propuesta -que es la primera de varios documentos- tiene como objetivo principal ser un aporte y apoyo técnico base para los actores sociales comprometidos con las demandas establecidas por el Movimiento Social por la Educación, que surgieron de las movilizaciones estudiantiles del año 2011. Actores que durante este año debemos abordar la discusión sobre el cambio al sistema de educación superior de nuestro país, haciendo frente a un proyecto de Reforma a la Educación Superior del Gobierno de la Nueva Mayoría, que parece ser más que insuficiente.
Como fundación hemos sido enfáticos en la necesidad de la presentación de un proyecto de reforma a la educación superior integral y no parcelado, independiente de cómo se dé su tramitación posteriormente, a pesar de eso hoy estamos frente a un Gobierno que tiende a la parcelación de reformas que necesariamente deben ser estructuradas y complejas. La Reforma a la Educación Superior debe contar no sólo con medidas en torno al financiamiento, sino que un paquete de medidas que den cuerpo a la Educación Pública, para fortalecerla y permitir su crecimiento.
Este cambio de ruta debe considerar como principal objetivo por consiguiente la inversión de la matrícula, es decir, que la principal captación de estudiantes se encuentre en la Educación Pública y no en el sector privado, y junto con ello el cambio de las lógicas de funcionamiento institucional hasta hoy imperantes. Sin embargo, para este objetivo debemos superar dos obstáculos fundamentales. En primer lugar debemos superar la lógica de competencia por captación de estudiantes la cual supone la libre elección o elección racional de los mismo estudiantes al momento de optar por una Universidad u otra. En segundo lugar debemos generar políticas de Estado, tanto financieras como políticas y administrativas que formen una preferencia por parte de los estudiantes por la Educación Pública.
Tomado de: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=214604
Imagen: https://www.google.com/search?q=fundacioncrea&espv=2&biw=1366&bih=623&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwiG44Wm4v_NAhVMgx4KHe0KDrUQ_AUIBygC#imgrc=CXKOeUU0WpaZqM%3A
“Aplicación de la Neurociencia”, “Orientaciones para promover una escuela inclusiva”, “Educación física y salud”, y “Desarrollo del pensamiento histórico”, son algunos de los 29 cursos e-Learning que dispone el Centro de Desarrollo Docente del Mineduc, CPEIP, en la segunda ejecución de este año. La convocatoria estará abierta hasta el próximo 4 de agosto en catalogo.cpeip.cl
Se trata de programas 100% gratuitos y que se pueden desarrollar completamente a distancia. De estos cursos, 27 se desarrollan con el apoyo de docentes tutores y dos con modalidad auto-instruccional.
Todos estos programas formativos son diseñados por expertos del Centro de Desarrollo Docente del Mineduc con el objetivo de apoyar la implementación curricular, promover la reflexión sobre la propia práctica, la construcción colectiva del conocimiento y las redes de aprendizaje. Están dirigidos a educadoras y docentes de establecimientos municipales, particulares subvencionados y de administración delegada.
El CPEIP invita también a los sostenedores y equipos directivos de escuelas y liceos a conocer los detalles de esta oferta en catalogo.cpeip.cl, con el objetivo de orientar a los equipos docentes en aquellas opciones de desarrollo profesional pertinentes a las áreas que como comunidad educativa han definido como prioritarias.
La ley que crea el Sistema de Desarrollo Profesional Docente crea nuevos derechos para educadoras y docentes. Uno de ellos es a la formación gratuita y pertinente para el desarrollo profesional. Con este objetivo, el Centro de Desarrollo Docente del Mineduc se encuentra fortaleciendo su oferta formativa en sus distintas modalidades: a distancia, semi-presencial y de postítulos.
Programa Me Conecto para Aprender
Dentro de esta convocatoria, también se encuentran abiertos dos cursos de “Estrategias para el apoyo de los aprendizajes”, los cuales están dirigidos a docentes que realizan clases en 7° año en establecimientos públicos adscritos a la iniciativa “Me Conecto para Aprender”.
El creciente número de refugiados y desplazados en el mundo genera nuevas tensiones por déficit de combustible para cocinar alimentos, incrementa daños ambientales y riesgos de conflictos con la población local, indicaron hoy organismos internacionales.
Ante el fenómeno en ascenso, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), presentaron este jueves un manual técnico a fin de proporcionar herramientas que puedan ayudar a los necesitados.
Según Acnur, a fines de 2015 más de 65 millones de personas en el planeta se encontraban desplazadas a causa de persecuciones, conflictos, violencia generalizada o violaciones de los derechos humanos.
El desplazamiento forzoso ejerce a menudo «gran presión sobre los bosques, debido a la mayor demanda de combustible de biomasa, como madera y carbón vegetal. Si no se controla, este aumento de la competencia por los recursos naturales puede elevar también el riesgo de conflictos con la población local», evaluó el reporte.
En opinión de la FAO, la sobreexplotación de los recursos forestales para obtener combustible puede conducir a la degradación de los bosques o la deforestación en zonas aledañas a los campamentos de refugiados.
Otro motivo de preocupación son las enfermedades respiratorias provocadas por cocinar a fuego abierto o por el uso de tecnologías ineficientes, señaló el análisis.
Además, donde la madera es escasa, la gente a veces dedica su salario o vende sus raciones de alimentos para comprar combustible, advirtió el informe. Los alimentos cocinados de forma insuficiente o saltarse las comidas debido a la escasez de combustible para cocinar también puede representar un problema, insistieron FAO y Acnur.
Con el título de «Evaluación de la oferta y la demanda de combustible de madera en situaciones de desplazamiento», el manual contiene una metodología que los trabajadores humanitarios y los administradores de los campos pueden utilizar para hacer frente a este desafío.
El texto describe paso a paso un proceso para evaluar las necesidades de energía y la naturaleza y disponibilidad de las fuentes locales de leña, y utiliza sistemas de información geográfica y de teledetección para mapear la distribución y los cambios en el tiempo de la biomasa leñosa, detalló la FAO.
Según distinguió, la metodología se basa en datos de inventario de campo e imágenes satelitales de alta resolución y datos técnicos y socioeconómicos relevantes.
Uno de los lugares donde fue probada la herramienta es el campo de Shimelba, en la región de Tigray en el norte de Etiopía, el cual alberga a seis mil personas con un acceso muy limitado a los recursos naturales.
En Shimelba, el proceso de evaluación ayudó a los administradores a calcular las existencias de biomasa leñosa superficial disponible y a prever las variaciones de estas reservas, argumentó la FAO.
En el marco de la convocatoria que a comienzos del año 2014 se formulara en Venezuela, en aras de iniciar un debate nacional sobre la Calidad de la Educación, Luis Bonilla-Molina (LB) conversa desde Bogotá, Colombia con Catalina Turbay Restrepo (CT). Catalina es magister en política social de la Universidad Javeriana. Su área de especial es educación y desarrollo social. Ha trabajado como asesora, investigadora y consultora independiente para organismos internacionales, entidades gubernamentales a nivel nacional IORG. Tuvo a cargo la gestión de proyecto y se desempeñó como docente e investigadora en la universidad de Javeriana y otras instituciones de educación superior. Es autora de numerosas publicaciones en temas relacionados con educación, formación para del trabajo, protección, niñez, juventud, genero, gobiernos multinivel, equidad y perspectivas de derecho.
LB: Bienvenida Catalina a este contacto internacional.
CT: Muchas gracias Luis. Un saludos para todos y todas las venezolanas y venezolanos que nos escuchan.
LB: Catalina, ¿Cuál es el estado del arte de la educación técnica terciaria en Colombia?
CT: La educación técnica surgió hace muchos años, se derivó un poco de lo que era las escuelas de arte y oficio, y arrancó ligado luego a los bachilleratos técnicos que paulatinamente se fueron mermando, tuvieron menos estímulos, por estas políticas que consideraban que la educación técnica era demasiado costosa para seguirla sosteniendo. Entonces, la técnica secundaria fue desestimulada y se trasladó una parte de lo que era la antigua formación para el trabajo, las carreras que llamaban pre-universitarias en ese entonces, fueron deviniendo en lo que se llamó la educación técnica superior.
La educación nuestra a nivel superior esta organizada por tres niveles y se ofrecen por tres tipos de entidades. Hay un primer nivel que es la educación técnica que en general es una educación que se define de ciclo corto como en uno o dos años, luego la tecnológica que esta alrededor de tres, cuatro años y luego la profesional que en algunos casos es universitaria y en otros no, que ya son carreras más largas. Nuestras definiciones más que relacionados a referente conceptuales de la técnica de las tecnologías de la profesionalización, son realmente unas definiciones ligadas a estas duraciones. Y se plantea la educación técnica por ley como una educación que esencialmente está orientada a la práctica, a la que puedan acceder estudiantes egresados de la básica secundaria, o sea con noveno grado o del bachillerato que tengan ya la media completa, que son 11 años en nuestro caso.
En unas pocas ciudades comienzan a ver experiencias de secundaria de 12 años, de media hasta el grado de 12. Y luego viene la tecnología por esa duración que se supone que tiene un poco de mayor fundamento conceptual.
Estos son aspectos que han recibido unas fuertes críticas, que en términos de lo que es la concepción de técnicas, porque una técnica sin fundamentación no existe. No se puede ser una buen técnico si no se tienen unas bases conceptuales que permitan hacer el ejercicios de las técnicas. No es solamente una cuestión práctica sino que implica todo un proceso de formación básica también detrás.
En este momento también de unos años para acá, durante lo que se llamó la revolución educativa en el gobierno de Uribe que estuvo Cecilia María Veliz al frente del ministerio, sucedió un fenómeno en el cual carreras que venían del área de formación para el trabajo, se han metido en el mismo costal con las que se facilitan en el Sistema Nacional de Aprendizajes que es muy fuerte, que ofrece también unas carreras técnicas y tecnológicas pero con unas duraciones diferentes, con mucho menos fundamentación básica y con más orientación a las prácticas y a la formación de competencias laborales, cuya duración incluso es mucho menor de un año.
Todo esto se ha venido dando en el marco de lo que es la ley treinta, que es la ley que rige nuestro sistema de educación superior todavía hasta la fecha. Y una ley que se hizo ya más ligada al desarrollo de lo que eran los dos elementos que es la técnica y la tecnológica que es la 749, que fue la que abrió esta puerta que pudieran llegar a la técnica, tanto los que hubieran terminado la secundaria como las que no la hubieran terminado, no se hubieran graduado de la media.
Entonces, en ese momento hay un movimiento que viene desarrollando especialmente lo que se presentó por el gobierno proyecto, reforma de la educación superior el año pasado, ante pasado, y pues eso tuvo una resistencia social fuerte. Se creó una mesa amplia del estudiantado en educación superior, ese proyecto no paso, y en este momento hay como un proceso de gestacion de una reforma pero todavía no es clara.
En esa reforma se ha tocado menos de la técnica y de la tecnológica. ¿Por qué? porque si usted me pregunta por el estado del arte también eso tiene que ver con que nosotros como país hemos tenido un menosprecio de la técnica. Nosotros no hicimos un fuerte camino hacia la formación de técnicos y de tecnólogos, sino que en el país por tradición se valoraron mucho más las carreras de tipo liberal las carreras tradicionales, la medicina, el derecho, la ingeniería y hubo por mucho tiempo una valoración de la técnica como una cosa de segunda para los pobres, como una forma para que poco a poco pudieran ir accediendo a una educación de tercer ciclo.
LB: ¿Quiénes se acercan más a la educación técnica? ¿Los hombres o las mujeres, Catalina?
CT: En este momento, digamos que hay una participación de ambos géneros pero quienes se gradúan más en las carreras profesionales son las mujeres. Hay un poco más de graduación como técnicos de los hombres, pero no en todas las áreas. Porque una cosa que ocurre es que hay una selección vocacional por estereotipos de géneros en muchos sentido donde las carreras que están más ligadas a los servicios a la administración, al secretariado, al auxiliar contable, van las mujeres, mientras que a la técnicas que están más ligadas hacia el camino de la ingeniería van más o los hombres.
LB: ¿La tendencia de empleos de los egresados de la educación es hacia al empleo formal o el empleo informal?
CT: En la educación técnica hay ambas cosas. Lo que sucede con la educación técnica no es ajeno de lo que sucede en general con nuestro mercado laboral y como está organizado el empleo en Colombia. Nosotros tenemos un sector informal muy fuerte. El empleo formal es más reducido y se ha precarizado. Si bien el último tiempo dicen que ha crecido el empleo y se ha reducido el desempleo, nosotros en este momento, no se la cifra exacta, tenemos la mitad de la gente o más, ligada al sector informal de la economía y no a un empleo formal en todos los nivel, no me refiero solamente a los técnicos.
Con los técnicos pasa algo similar para cada vez hay más vinculación de los técnicos al empleo formal y eso le ha permitido a esos muchachos que acceden a la técnica, a la tecnológica conseguir también una mejor inserción social, porque rápidamente ellos pasan de ser bachilleres solamente a ser técnicos y sus condiciones laborales y sus condiciones de incisión social mejora muy rápido, pero luego hace como una meseta, la punta a su tope, y ya después no tienen muchos ascensos, y por eso han ido buscando la educación por ciclos para irse profesionalizando porque llegan a un punto tope y de ahí es muy difícil que sus ingresos continúen ascendiendo especialmente en algunos campos.
El comportamiento por campos no es homogéneo: mientras que un técnico digamos que en áreas agrícola o ligadas a la construcción llegan muy rápido a ese tope técnico, los ligados a petróleos, a minerías o la instrumecánica o al intromedicina, pues puede tener una carrera con mejores ingresos también.
LB: ¿Cuáles son las carreras más demandadas de la formación técnica?
CT: Una cosa muy fuerte es el sector servicios porque también hay una oferta más grande en la medida en que no necesariamente tienen que ser de buena calidad. Es más barato para las instituciones privadas montar carreras ligadas a las áreas administrativas donde necesitan comprar tres computadores usados y ponen a la gente que poner una cosa seria ligada a la medicina, ligada a la mecánica.
Entonces, hay una oferta fuerte en el sector servicio y en otros es más reducida porque también se precisa que las entidades diferentes tengan mejores cosas que ofrecer porque requieren una mayor inversión.
LB: ¿Siguen siendo los hijos de los pobres los que van a la educación técnica o hay un cambio en los últimos años?
CT: Siguen siendo los niños y las niñas que salen de las clases medias o de los más pobres los que van a ese tipo de educación. Es muy raro encontrar una persona de clase alta, aunque si hay que por vocación prefieren ser un técnico, un tecnólogo y no un profesional, por lo que te decía del valor social es estatus que nuestra sociedad tienen las técnicas es bajo.
Entonces, en los estratos altos cada vez tu vas a encontrar menos un muchacho, una muchacha que prefiera irse a tomar este tipo de educación. Los hay. Pero son la minoría.
LB: ¿Y los niveles de permanencia y de deserción en la profesión técnica profesoral comparada con las carreras humanísticas universitarias son mayores o son menores?
CT: Nosotros tenemos un serio problema de deserción en educación superior. De hecho, las políticas educativas de los últimos años han venido ocupándose fuertemente del tema de la deserción porque llegamos a tener en la educación superior deserciones por encima del 50%. Esto está muy ligado a lo que pasaba con la educación media.
Yo no quisiera dejar hablar de eso, pues aparte de que es mi tema más amado porque los chicos y las chicas están saliendo muy jóvenes con poca orientación e las secundarias, entonces han tenido incluso las universidades que montar escuelas de padres y cosas de orientaciones estudiantil porque estos muchachos que están llegando a la universidades de 16 años, de 15 años, realmente muchas veces no saben lo que quieren. Entonces, ha habido una elevada deserción.
Más o menos el fenómeno para el caso de la técnica en las últimas cifras que yo tenía se planteaba para el 2010, no sé en este momento si hay un estudio reciente para eso, que en universitaria para ese momento que ya se había intervenido la deserción estaba el 50% de la gran crisis sobre un 45%, en tecnológica un 55 y en técnica un 50% de deserción. Son unas deserciones altísimas para también una inversión social familiar y todo que ahora pierde y una frustraciones que se generan en los pelaos.
LB: Catalina, respecto a la formación de profesores para la educación técnica, ¿Qué se está haciendo en Colombia? ¿Van los mejores a la educación técnica o simplemente tecnólogos con vocación docente quienes llegan a dar clases? ¿Cuál es la característica de quienes forman a los futuros profesionales?
CT: Hay muchas personas que son egresadas de las ingenierías o de las carreras profesionales que entran a participar de estas instituciones. Algunos son egresados de las mismas instituciones, muchos de esos son personas que se destacaron como estudiantes y que luego son enganchados para trabajar como docentes. Pero digamos que haya unos programas docentes especiales para la formación de docentes técnicos o tecnólogos, no conozco.
LB: ¿Y los talleres, los laboratorios, el equipamiento de la educación técnica cada cuanto se renova? ¿Son de larga duración o hay un periodo de renovación cada tres cuatro años? ¿Cómo es el fenómeno?
CT: Es variable porque una cosa importante que hay que señalar es que la educación técnica y tecnológica en el país, aparte de lo que ahora se se ha metido en lo que esta en el SNA que es la formación para el trabajo y que ahora se está llamando educación superior, especialmente es una oferta de carácter privada. El estado tiene pocas instituciones técnicas y tecnológicas. Su inversión fundamental es en educación superior. Algunos territorios, algunos departamentos se llaman en el caso nuestro los estados o las provincias que se llaman en otros lugares, tienen sus propias instituciones técnicas de carácter oficial para no decir público, porque toda la educación es pública, pero mayoritariamente se trata de instituciones privadas.
La actualización de equipos es costosa y entonces tú ves por ejemplo cuando yo hice el estudio que mencionabas al inicio, la universidad distrital, la tecnológica distrital tenía una inversión muy fuerte en ese momento por parte de Bogotá en la actualización de talleres y todo eso porque Bogotá dispone de los recursos para eso, pero eso no pasa todo los días.
El instituto técnico central de la Salle que es una institución donde hace más de 100 años surgieron las carreras de ingeniería originalmente, y quien lo maneja es una institución de nivel nacional en asocio con la comunidad de los hermanos de la Salle que fueron los que han sido sus fundadores dirigentes, algunos equipos se van renovando pero no se puede hacer de una manera tan seguida y la inversión del nivel nacional en eso es menor.
Las privadas va dependiendo de la capacidad de la matrícula, la capacidad de Gestión que también las entidades técnicas les permita. Algunas que son más serias se ocupan amas de eso pero, también hay muchachas que son de garaje que no hay donde hacer la practicas. Lo otro que ocurre mucho es que entonces se hacen convenios para poder hacer las prácticas en algunos lugares, pero eso pues no siempre es tan fácil.
LB: ¿En estas instituciones que forman en tecnologías profesionalmente conforman a su interior empresas productivas, es decir espacios de los muchachos que puedan desarrollar empresarialmente o preparándose para la realización plena en el campo laboral? ¿O no, simplemente formación académica y no empresarial?
CT: Esencialmente es formación académica diría yo. Es posible que hayan unas experiencias que se orienten hacia la creación de empresas, pero en su mayoría no. Son experiencias que están promoviendo algunos docentes que ya han creado sus propias empresas pequeñas que permiten que hayan estudiantes que quieran hallar su pasantía y pues, van enganchando pero no como que tengan las instituciones, es una especie de incubadoras empresariales. A veces ofrecen algunos servicios en campos especializados, donde ellos tienen más fortalezas, pero como que haya una orientación fuerte en el emprendimiento, con un financiamiento para que eso ocurra y todo esos, no tanto.
LB: Catalina, soñando un poco, si te pidiéramos tres políticas públicas que recomendaras para mejorar la formación técnica profesoral en los sistemas educativos para la región. ¿Cuáles serían esas tres sugerencias que tú harías?
CT: Bueno, yo creo que hay que mejorar esa educación. También pasa por intervenir en otros sectores, porque yo creo que hay un peso fuerte de lo que es la escasa valoración social que tiene estas carreras y las pocas posibilidades de deserción que tienen las personas que son solamente técnicas. Entonces, si tú no tienes posibilidades como técnicos de ir al mismo restaurante al que va el doctor como ocurre en París, porque acá el técnico tiene que ir a uno y el médico tiene que ir a otro, o acceder a otros bienes y servicios de la cultura, pues yo diría que una de las cosas que hay que hacer ahí es una intervención también desde otros ámbitos, no solamente desde lo educativo, porque no podemos pretender siempre que la educación sola haga todo.
Lo otro es que en Colombia se han hecho algunas cosas para promover la matricula en estos campos, invitando a que haya una mayor vinculación con créditos subsidiados para que se participe más en estos niveles educativos.
Una cosas que yo creo que ha servido y que no hemos hablado hasta ahora, es lo de la educación por ciclo. A mí me parece que esa posibilidad de irse promocionando del técnico y recibir un primer cartón que le permita vincularlo con el trabajo y luego seguir desarrollándote en ese mismo campo, en una universidad que acredite tu primera experiencia, es muy buena. En este momento, lo que pasa es que en general tienen que hacerla en la misma institución porque no está siendo cierto que yo empiezo en un instituto la técnica y luego una universidad de punta me recibe, porque ellas no consideran que son pares los técnicos, entonces difícilmente acreditan sus saberes para poder acceder a las carreras profesionales. Entonces, lo están teniendo que hacer las mismas instituciones que van cada vez teniendo una oferta en niveles superiores.
Lo otro, pues, yo creo que es importante tener una destinación específica para la educación técnica de recursos, porque no se puede solamente financiar en alto grado las universidades, nacionales, y dejar en desmero desde el presupuesto mismo a la educación técnica y tecnológica como ha ocurrido. Y que crezcan más este tipo de instituciones.
Yo creo que es importante que los territorios tengan una oferta fuerte en esto. Bogotá que tienen una población estudiantil tan alta no tiene una oferta suficiente para recibir la gente, entonces, aparte de que hay que mejorar la calidad de lo que existe, es necesario también crecer en la oferta.
LB: Ahora, la educación tecnológica pareciera que tiene como tres niveles. Una, vinculadas a procesos de innovación y desarrollo, es decir, centrada en la investigación, y otra pareciera más en el área del copiado pero también de innovación. ¿Cómo adaptamos algo nuevo con la fortaleza que se tiene en la región, y una tercera simplemente de reparación, por decirlo, tal vez, vulgarizando. Es decir, más orientada a los servicios. ¿Cómo es la característica de la formación tecnológica de Colombia? ¿Cuáles de esos tres rasgos?
CT: Bueno, ha habido una cosa que tú sabes ha sido compleja en esa división internacional del trabajo, de lo que se espera que pueda o no hacer en los países llamados en desarrollo en estos términos. En el caso nuestro se dio un fuerte sesgo hacia que nosotros no tenemos que innovar y producir conocimientos y se ha disminuido la inversión en ciencia y tecnología, en desarrollo de eso, porque esencialmente lo que tenemos que hacer es apropiación de tecnologías que se producen en otros lugares. Esta bien que algunas cosas no se puedan hacer en todas partes y se requieren unos laboratorios especializados de algo nivel, pero eso no quiere decir que no se pueda firmas gente para hacerlo.
Entonces, que bueno que me haces esa pregunta porque había olvidado mencionar que, sin duda, es muy importante tener una inversión fuerte en la parte de investigación y desarrollo tecnológico para poder promover esto, y que estas entidades puedan, las que están concentradas más en la parte de ciencia y tecnología, acceder a eso porque sin duda hay una preferencia para que eso se haga desde las universidades. Se puede pensar yo creo en procesos de articulación entre los técnicos, los tecnólogos y algunas universidades que serían muy importante para que participen personas de distintos niveles, con distintas formaciones en esto, porque muchas veces también ocurre que los profesionales saben mucho de teoría y saben hacer poco. Eso también ha ocurrido. Hay momentos en que los empresarios prefieren contratar un técnico porque el profesional no les resuelven los problemas concretos.
LB: Precisamente, quizás el gancho para vender a las sociedades nuestras, el tema de la educación tecnológica, está asociado, relacionado con la resolución de problema. Sin embargo, difícilmente en nuestras universidades, nuestras instituciones de educación universitarias, o incluso las instituciones que forman tecnológicamente o profesionalmente a los jóvenes, el muchacho tiene un banco de problemas a resolver. Es decir, es como un discurso bueno, es una educación para resolver problemas, pero la propia universidad, o las propias instituciones educativas, no tienen un inventario de problemas. ¿Cuándo tu hablas de educación técnica, las instituciones tienen ese inventario de problemas a resolver por los egresados o es una tarea pendiente?
CT: Yo creo que ahí si hay digamos una falencia de que viene incluso desde los niveles anteriores a nivel metodológico, pedagógico, porque todavía prevalece esos modelos de educación bancaria, o sea ud aprenda, repita, pero poco trabajo por proyectos, una formación poco aplicada, bastante aislada de la realidad concreta y poco pertinente. Ahí hay un trabajo creo que por hacer todo el sistema educativo muy importante.
También lo otro es que hay un aislamiento entre la educación, que es como un mundo aparte, como una caja de cristal, y la vida, porque no solamente los problemas del sector productivo, sino los problemas sociales, los problemas ciudadanos. En los problemas que tenemos todos y todas que enfrentar día a día y para los cuales no hay preparación y que en nuestras sociedades requieren de un gran esfuerzo y de mucho ingenio para que realmente suceda.
Nosotros tenemos como país muchas ventajas, pero unos desafíos enormes, para crear industrias, pero también para vivir en paz, pero también para reducir la problemática de los embarazos adolescentes. O sea, un millón de cosas que están todavía por hacer.
LB: Catalina, el debate de moda hoy, en el mundo y en América Latina es de la calidad educativa. ¿Qué es para ti calidad educativa?
CT: Yo creo que el concepto de calidad educativa es un concepto que hay que construirlo colectivamente como sociedad, porque lo que para uno es calidad, para otros tal vez no lo sea. Yo creo que la calidad educativa no puede ir aislada de un proyecto de desarrollo de un país, de un proyecto político, de un proyecto social de aquel que está apostando a una sociedad, porque la calidad educativa tiene que ser relevante y pertinente para eso. Y también para que seamos mejor seres humanos, para que haya unas ofertas que tiene que ver también con los recurso que tengan las instituciones, o sea no es una repuesta simple, sino una respuesta compleja.
Calidad educativa pasa por muchas cosas, pasa por saber para dónde vamos, pasa por saber qué tipos de seres humanos queremos forjar y necesitamos, qué tipo de sociedad queremos ser, cómo queremos vivir, qué se necesita para eso, qué aprendizajes son relevantes para resolver problemas, pero también para tener una formación humanística, cultural, para desenvolverse mejor en el mundo, para moverse en un mundo global incierto, con grandes desafíos. El mundo ha cambiado. Porque las cosas que nos tocaron a nosotros no son las mismas a las que le están tocando seguramente a estas generaciones y hay algunas cosas que ellos la manejan con mucha más propiedad, pero también tienen que prepararse para un mundo más incierto.
El empleo ese al que salía la gente cuando yo era pequeña y duraba treinta años vinculada a un puesto de trabajo, eso ya casi no existe. Y de ahí se ganaba la pensión y salía a ver a donde iba a vivir. Ahora si hacer lo que le gusta porque antes hacía algo que no le gusta.
O sea, son muchas cosas que entra ahí como desafíos y creo que también formemos una gente que sea capaz de cuidar el planeta, de no abandonar los problemas medio ambientales, de construir otro mundo mejor posible.
LB: ¿Ayudan los sistemas internacionales de evaluación de la calidad a mejorar la calidad educativa?
CT: A mí me parece que la evaluación tiene un papel importante. Yo no soy una enemiga de la evaluación. Lo que creo es que a veces la evaluación se concentra solamente en algunos aspectos. En nuestro caso ha sido importante que hay una evaluación por pares, entonces eso ha hecho que la gente la reciban mejor, pero digamos solamente tener ranking, y analizar eso con unos criterios que no necesariamente con suficientemente comprensivos, si no que pasa lo mismo con las pruebas de aprendizaje: si hay que sacar buenos resultados de lenguaje y matemática, también hay que sacar buenos resultados en tener muchas publicaciones indexadas, pero bueno, yo no creo que eso pueda ser tampoco el fin, porque después las cosas acaban orientándose a responder bien en los sistemas de evaluación. Entonces, puede ser que las personas que están haciendo investigación de cualquier modo no sea el mismo que cabe en ese ranking y esas personas no son incluidas o unos tipos de saberes.
Al tomar las decisiones sobre cualquier sistema de evaluación de donde prevenga, siempre hay unas decisiones ideológicas de fondo sobre lo que se considera que debe ser y lo que no debe ser y hacia donde se evalúa. Esas definiciones, esos parámetros no siempre son suficientemente comprensivos. Yo creo que ayudan a estimular ciertas dinámicas, pero tienen una valoración social de que es lo que se considera como deseable en desprecio de otras cosas, como cualquier sistema de evaluación.
LB: Catalina, para ir cerrando este contacto internacional, no gustaría que les dirigieras un mensaje a los maestros, a las maestras, a los profesores y profesoras venezolanas y venezolanos que en sus aulas, en sus instituciones educativas, con las comunidades están abordando el tema del debate sobre la calidad educativa como una oportunidad para transformar el sistema en su conjunto.
CT: Pues, yo quiero darle un saludo especial a los maestros y maestras, hermanos del país de Venezuela, que sé que ha tenido grandes logros y desafíos. Me encantaría ir a mirar que es lo que están haciendo en este momento realmente porque se oyen cosas de un lado y del otro. Y desearles que de verdad tengan mucho éxito en esto y que asuman de una manera activa, participativa, critica proactiva, comprometida, toda esta dinámica tan interesante y tan importante para el país y para el mundo como es la de construir una mirada de la calidad.
Creo que los maestros y las maestras tienen que ser sujetos de su propio proceso y por lo que entiendo y por lo que me han explicado, pues parte de lo que se está haciendo es justamente una creación colectiva, conjunta que permita llegar un universo común de apuestas, como país para contribuir a mejorar la educación de las nuevas generaciones de venezolanos y venezolanas. Les mando un saludo cariñoso.
LB: Conversamos desde Bogotá, Colombia con Catalina es docente de la Universidad Javeriana y es asesora de numerosos organismos internacionales en materia de la educación, equidad, protección. Ese y entre otros temas. Gracias Catalina por este contacto, por haber colaborado en esta consulta internacional por la calidad educativa.
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La clase obrera blanca en EEUU ha sido diezmada por una epidemia de «muertes prematuras», un término banal para encubrir el descenso de la esperanza de vida en este grupo demográfico de importancia histórica. Se han realizado estudios e informes reservados que describen lejanamente esta tendencia, pero sus conclusiones aún no han entrado en la conciencia nacional por razones que vamos a tratar de explorar en este artículo.
De hecho esta es la primera vez en la historia de «tiempos de paz» del país que el núcleo de su sector productivo tradicional ha experimentado un declive demográfico tan dramático. Y el epicentro se encuentra en los pequeños pueblos y comunidades rurales de los EEUU.
Las causas de la «muerte prematura» (morir antes de la esperanza de vida normal, por lo general en condiciones prevenibles) incluyen el acentuado aumento de la incidencia del suicidio, las complicaciones no tratadas de la diabetes y la obesidad y sobre todo el «envenenamiento accidental», un eufemismo usado para describir lo que son en su mayoría medicamentos con receta, las sobredosis de drogas ilegales y la interacción con otros medicamentos tóxicos.
Nadie sabe el número total de muertes de ciudadanos estadounidenses debido a una sobredosis de drogas y las interacciones fatales con medicamentos en los últimos 20 años, al igual que ningún organismo central ha mantenido un seguimiento de la cantidad de personas pobres asesinadas por la policía en todo el país. Pero vamos a empezar con un conservador número redondo: 500.000 víctimas de la clase trabajadora, en su mayoría blancos, y retamos a las autoridades a que lleguen a algunas estadísticas auténticas con definiciones reales. El número, de hecho, podría ser mucho más alto si se incluyen las muertes por causa de la poli-farmacia y «fatales errores de medicación» que se producen en el entorno del hogar y en los hogares de ancianos.
En los últimos años decenas de miles de estadounidenses han muerto prematuramente a causa de sobredosis de drogas o interacciones con otros medicamentos tóxicos, en su mayoría relacionadas con los medicamentos narcóticos para el dolor recetados por los médicos y otras procedencias. Entre los que han muerto por el incremento de opiáceos ilegales, sobredosis principalmente de heroína, Fentanil y metadona, la gran mayoría primero fueron adictos a los potentes opioides sintéticos prescritos por la comunidad médica, suministrados por las grandes cadenas de farmacias y fabricados con márgenes de beneficios increíbles por las compañías farmacéuticas líderes. En esencia, esta epidemia ha sido promovida, subvencionada y protegida por el Gobierno en todos los niveles y refleja la protección a un mercado médico-farmacéutico privado que maximiza el beneficio salvaje.
Este nivel no se ve en otras partes del mundo. Por ejemplo, a pesar de su inclinación al alcohol, la obesidad y el tabaco, la población británica de pacientes se ha librado de esta epidemia, esencialmente debido a que su sistema nacional de salud está regulado y funciona con una ética diferente: el bienestar del paciente se valora sobre las ganancias puras y duras. Esto posiblemente no se habría desarrollado en EEUU si se hubiera aplicado un sistema nacional unificado de salud.
Frente a la creciente incidencia de muertes entre los veteranos que regresan de Irak y Afganistán por sobredosis y suicidios, debido a los opiáceos de prescripción y reacciones a la mezcla de medicamentos, se convocaron a audiencias «de emergencia» en el Senado de EEUU en marzo de 2010, al cirujano general y a los cuerpos médicos de las Fuerzas Armadas. El testimonio mostró que los médicos militares habían prescrito 4 millones de recetas de narcóticos potentes en 2009, un aumento de 4 veces desde 2001. Los miembros de las audiencias del Senado, dirigidos por Virginia Jim Webb, no advirtieron la luz roja que se encendía por la gran industria farmacéutica, que figura entre los mayores donantes a las campañas políticas.
En la década de 1960 la imagen pública del soldado retornado de la guerra de Vietnam adicto a la heroína que conmocionó al país se transformó en el veterano dependiente de Oxycontin/Xanax del nuevo milenio, gracias a enormes contratos de la gran industria farmacéutica con las fuerzas armadas de EEUU y de los cuales los medios de comunicación apartaron la vista. Suicidios, sobredosis y «muertes súbitas» mataron a muchos más soldados que los combates.
Probablemente desde las guerras del opio de 1839 ninguna otra población pacífica ha sido tan devastada por una epidemia de drogas animada por un gobierno. En el caso de las guerras del opio, el Imperio Británico y su brazo comercial, la East India Company, buscaban un mercado para sus enormes cultivos de opio del sur de Asia y utilizaron a sus militares y mercenarios aliados chinos para forzar una distribución masiva de opio en el pueblo chino, tomando en el proceso a Hong Kong como un centro para su comercio imperial de opio. Alarmado por los efectos destructivos de la adicción sobre su población productiva, el Gobierno chino trató de prohibir o regular el uso de narcóticos. Su derrota a manos británicas marcó el declive de China, convirtiéndose en un Estado cuasi colonial por el siguiente siglo. Tales son las consecuencias más amplias de la población adicta.
En este trabajo se identificarán, 1º las consecuencias a largo plazo de las muertes inducidas por drogas a gran escala, 2º la dinámica de la «transición demográfica por la sobredosis» y 3º la economía política de la adicción a opiáceos. No se citarán números o informes, ya que están ampliamente disponibles. Sin embargo están dispersos, incompletos y por lo general carecen de un marco teórico para entender o enfrentar el fenómeno.
Concluiremos discutiendo si cada «muerte por prescripción» debe verse como una tragedia individual, un duelo privado o un crimen corporativo alimentado por la ambición o incluso un patrón de larga data del «social-darwinismo» dirigido por una élite con aparato ejecutor en la toma de decisiones.
Desde el advenimiento de los grandes cambios políticos-económicos inducidos por el neoliberalismo, la clase oligárquica de los EEUU se enfrenta al problema de una extensa población de millones de trabajadores marginados y potencialmente conflictivos, cuyos miembros descienden de la clase media, despedidos por la «globalización» y una población rural de pobres que se hunde cada vez más en la miseria. En otras palabras, cuando el capital financiero y los cuerpos gobernantes de la élite ven crecer una población «inútil» de trabajadores blancos -los empleados y los pobres en este contexto geográfico- ¿Qué medidas «pacíficas» se pueden tomar para facilitar y fomentar su «declive natural»?
Un patrón similar surgió con la crisis de los principios del SIDA en la que el Gobierno de Reagan ignoró deliberadamente las muertes en alza entre los jóvenes estadounidenses, especialmente en las minorías. Adoptó un enfoque moralista de «culpar a la víctima» hasta que la influyente y organizada comunidad homosexual exigió la acción del Gobierno.
La escalada y el alcance de las muertes por drogas
En las últimas dos décadas cientos de miles de trabajadores estadounidenses de edad avanzada han muerto a causa de las drogas. La falta de datos reales es un escándalo. La escasez se debe a un sistema fragmentado, incompetente y deliberadamente incompleto de los registros médicos y de los certificados de defunción, especialmente de las zonas rurales más pobres y de las pequeñas ciudades donde no hay prácticamente ningún apoyo para crear y mantener registros de calidad. Este gran vacío de datos tiene múltiples facetas y se ve obstaculizado por los problemas del regionalismo y la falta de una clara dirección del Gobierno en la salud pública.
Al principio de la crisis los profesionales médicos y forenses estaban mayormente en la negación y bajo presión para certificar las muertes inesperadas como «naturales debido a las condiciones previas», a pesar de la abrumadora evidencia de que había habido imprudentes sobreprescripciones por parte de los médicos locales. Hace 15 o 20 años las familias de las víctimas, aisladas en sus pequeños pueblos, podían refugiarse en una cierta comodidad a corto plazo al ver el término «natural» unido a la muerte prematura de su ser querido. Es comprensible que un diagnóstico de muerte por sobredosis de drogas conllevara una tremenda vergüenza social y los miembros de las familias rurales y las pequeñas ciudades de clase trabajadora blanca la habrían asociado tradicionalmente con los narcóticos de las minorías urbanas y la población carcelaria. Se creían inmunes a este tipo de problemas de la gran ciudad. Confiaban en sus médicos los cuales, a su vez, confiaban en la seguridad de la gran industria farmacéutica que afirmaba que los nuevos opiáceos sintéticos no eran adictivos y podían prescribirse en grandes cantidades.
A pesar de la creciente toma de conciencia de este problema por parte de la comunidad médica local hubo pocos intentos públicos de educar a la población en situación de riesgo y aún menos intentos de alertar a la comunidad médica y a las clínicas privadas de tratamiento acerca de la sobreprescripción. Estas clínicas, sus profesionales de enfermería y las asociaciones de profesionales no lo hicieron y tampoco aconsejaron a los pacientes sobre los inmensos peligros de la combinación de los opiáceos y el alcohol o los tranquilizantes. Muchos, de hecho, ni siquiera eran conscientes de lo que otros proveedores prescribían a sus pacientes. No era inusual ver a adultos jóvenes y sanos con múltiples recetas de varios proveedores.
En las últimas décadas, bajo el neoliberalismo, los presupuestos de salud de los condados rurales fueron despojados por medio de empresas promotoras de programas de austeridad.
En su lugar, el gobierno federal ordenó que se implementasen planes caros y absurdos para hacer frente al «bioterrorismo». A menudo los departamentos de salud carecían del presupuesto necesario para pagar los costosos análisis toxicológicos forenses requeridos para documentar los niveles del fármaco en los casos de sobredosis sospechosas entre su propia población.
Agravando aún más esta falta de datos válidos no había ninguna orientación o coordinación por parte del gobierno federal y estatal o de la DEA regional en relación con la documentación sistemática y el desarrollo de una base de datos utilizable para analizar las consecuencias generalizadas de la sobreprescripción de narcóticos legales. La crisis temprana recibió una atención mínima por parte de estos organismos.
Todos los ojos oficiales se centraron en la «guerra contra las drogas», ya que se libraba contra los pobres, la población minoritaria urbana. Los pequeños pueblos, donde los médicos que sobreprescribían eran los pilares de las iglesias locales o clubes de campo, sufrían en silencio. El gran público estaba adormecido por los malos medios de educación en el pensamiento erróneo de que la adicción y las muertes relacionadas eran un problema propio de la ciudad, que requería la habitual respuesta racista de llenar las cárceles con los jóvenes negros e hispanos por cometer pequeños delitos o por posesión de drogas.
Pero dentro de este vacío los hijos de la clase trabajadora blanca empezaron a marcar el 911, porque, «mami no despierta…». La mamá, con sus parches de Fentanyl prescritos tomó sólo un Xanax de más y devastó una unidad familiar. Este fue el prototipo de una epidemia voraz. Por todo el país estaban creciendo esos casos alarmantes. Algunos condados rurales vieron la proporción de recién nacidos adictos, hijos de madres adictas, alterando sus sistemas hospitalarios no preparados. Y las páginas necrológicas locales publicaron un número creciente de nombres y rostros jóvenes sin referirse nunca a la causa de la desaparición prematura mientras dedicaban párrafos a los difuntos octogenarios.
Las tendencias recientes demuestran que las muertes por drogas (debidas tanto a sobredosis de opiáceos como a interacciones mixtas fatales con otras drogas y alcohol) han tenido un impacto importante en la composición de la mano de obra local, en las familias, las comunidades y los barrios. Los sistemas tradicionales de apoyo que proporcionan ayuda a los trabajadores dañados por estas tendencias, como los sindicatos y los trabajadores sociales públicos y profesionales de la salud mental, no podían o no querían intervenir ni antes ni después de que el flagelo de la adicción a las drogas entrase en juego. Esto se refleja en la vida de los trabajadores, cuya vida personal y el trabajo se han visto gravemente alterados por la deslocalización de las empresas, las reducciones de personal y los recortes de salarios y de prestaciones sanitarias.
La dinámica demográfica de la muerte inducida por fármacos
Casi todos los informes divulgados ignoran la demografía y las diferentes clases de impactos causados por las muertes por drogas de prescripción médica. La mayoría de los muertos por drogas ilegales fueron primero adictos a narcóticos legales prescritos por sus proveedores. Sólo las muertes por sobredosis de celebridades logran llegar a los titulares.
La mayoría de las víctimas ha sido gente de bajos salarios, desempleados o subempleados de la clase trabajadora blanca. Sus perspectivas de futuro son sombrías. Cualquier sueño de establecer una vida familiar sana con un solo salario en el «corazón del suelo americano» es digno de risa. Se trata de una enorme población nacional que ha experimentado un fuerte descenso en sus niveles de vida a causa de la desindustrialización. La mayoría de las víctimas de sobredosis fatales son hombres blancos en edad de trabajar, pero también una gran proporción de mujeres de clase trabajadora, a menudo madres. Ha habido poca discusión sobre el impacto de la muerte de una persona por sobredosis en edad de trabajar en la familia extendida. Esto incluye a las abuelas de alrededor de 50 años. En este grupo demográfico las mujeres a menudo proporcionan la cohesión y la estabilidad fundamental de varias generaciones en situación de riesgo.
Aparentemente la población minoritaria de EEUU ha escapado hasta ahora de esta epidemia. Negros e hispanos estadounidenses ya habían sido deprimidos y económicamente marginados por un período mucho más largo y la menor tasa de muertes por medicamentos recetados entre sus poblaciones puede reflejar una mayor capacidad de recuperación. Sin duda refleja su menor acceso a la comunidad médica del sector privado que prescribe las sobredosis, una grave paradoja de abandono médico que, de hecho, podría calificarse de beneficiosa.
Si bien puede haber pocos estudios sociológicos basados en la clase buscando tendencias comparativas de muertes por sobredosis entre las minorías urbanas y rurales o ciudades pequeñas blancas, en la salud pública o en los departamentos de estudios universitarios de las minorías, la evidencia anecdótica y la observación personal sugieren que las poblaciones urbanas de las minorías tienen más probabilidades de proporcionar asistencia a un vecino o amigo afectado de sobredosificación que en la comunidad blanca, donde los adictos son más propensos a ser aislados y abandonados por miembros de la familia, que se avergüenza de sus debilidades. Incluso la práctica de abandonar a un amigo afectado de sobredosis en la entrada de un servicio de urgencias y alejarse luego ha salvado muchas vidas. Las minorías urbanas tienen un mayor acceso y familiaridad a las salas de urgencias de las grandes ciudades caóticas donde el personal médico es experto en el reconocimiento y tratamiento de la sobredosis. Después de décadas de luchas por los derechos civiles, las minorías son posiblemente más sofisticadas para hacer valer sus derechos en relación con el uso de tales recursos públicos. Incluso puede haber una cultura relativamente más fuerte de la solidaridad entre las minorías marginadas en la prestación de asistencia o bien una toma de conciencia de las consecuencias de no llevar a un vecino a la sala de urgencias. Estos mecanismos de supervivencia urbana han estado, en gran medida, ausentes en las zonas rurales blancas.
A nivel nacional los médicos estadounidenses habían sido disuadidos por mucho tiempo de la prescripción de opiáceos sintéticos potentes a pacientes de las minorías, incluso a aquellos con dolores significativos. Confluyen varios factores aquí, pero la comunidad médica no ha sido inmune al estereotipo del adicto o distribuidor urbano hispano o negro. Tal vez este racismo médico generalizado en el contexto de la epidemia de la prescripción de opiáceos ha tenido, paradójicamente, algún beneficio.
Cualquiera que sea la razón, los adictos de las minorías urbanas, aunque muchos sufren de sobredosis, son más propensos a sobrevivir a una sobredosis de opiáceos que los blancos de las ciudades pequeñas o de zonas rurales, ya que estos no están familiarizados con los estupefacientes y sus efectos.
En las zonas rurales y en las pequeñas ciudades (desindustrializadas) del corazón de EEUU se ha producido una enorme ruptura en la comunidad y la solidaridad familiar. Ocurrió como consecuencia de la destrucción de una base de un siglo de estabilidad en el empleo, especialmente en los sectores fabriles, en la minería y los sectores agrícolas manufactureros. Sólo la Rusia post-soviética experimentó un patrón similar de disminución de la esperanza de vida por envenenamiento (alcohol y drogas) en todo el país después de la destrucción de su sistema socializado de pleno empleo y la ruptura de todos los servicios sociales. Además de la pérdida del aparato policial soviético duro y el crecimiento de una clase mafiosa oligarca, la sociedad se vio inundada de heroína proveniente de Afganistán.
El crecimiento de la adicción a opiáceos no se basa en la «elección personal» ni es el resultado de los cambios en los estilos culturales de vida. Si bien todas las clases y los niveles educativos están incluidos entre las víctimas, la gran mayoría son jóvenes blancos de la clase obrera y los pobres. Cubren todos los grupos de todas las edades, incluidos los adolescentes que se recuperan de lesiones deportivas, así como los ancianos con dolores en las articulaciones y la espalda. El aumento de la adicción es el resultado de grandes cambios en la economía y la estructura social. Las regiones más afectadas por las muertes por sobredosis son las que se encuentran en declives profundos, prolongados y permanentes, incluyendo las antiguas regiones del «cinturón de óxido», las pequeñas ciudades manufactureras de Nueva Inglaterra, el norte de Nueva York, Pensilvania y el sur rural y las regiones agrícolas, mineras y forestales del oeste.
Es el producto de decisiones ejecutivas privadas: 1º, reubicar las empresas productivas de EEUU en el extranjero o en zonas distantes y no sindicalizadas del país. 2º, forzar a empleados antes bien remunerados a puestos de trabajo con salarios más bajos. 3º, reemplazar a los trabajadores estadounidenses por inmigrantes cualificados y no cualificados o por mano de obra mal pagada. 4º, eliminar los beneficios de pensiones y de salud y 5º, introducir nuevas tecnologías -incluyendo robots- que recortan la mano de obra haciendo que la prestación de los trabajadores humanos se convierta en redundante. Estos cambios en la relación entre capital y trabajo han creado enormes beneficios para los altos ejecutivos y los inversores, mientras producen un excedente en la fuerza de trabajo, lo que supone aún más presión sobre los trabajadores en su primer empleo y los jóvenes con antigüedad. No ha habido programas de creación de empleo protegidos y/o sostenibles para abordar las décadas de disminución del empleo bien remunerado. Los buenos trabajos han sido sustituidos por los de salario mínimo, los Mac jobs –en jerga trabajos de salario mínimo y desprestigiados (N. de T.)- en el sector de servicios o en manufacturas temporales mal pagadas, sin beneficios o protecciones. A través de todo este terreno de devastación, programas costosamente publicitados, como Start-Up New York -algo así como “Nueva York poniéndose en marcha” (N. de T.)- han fracasado en crear puestos de trabajo decentes, mientras los políticos del Estado han gozado de publicidad gratis ya que el gasto de cientos de millones provenía del dinero público.
La epidemia de adicción a las drogas ha sido más letal precisamente en aquellas regiones que sufrieron la pérdida del empleo industrial y la disminución de los salarios, así como en los sectores deprimidos –antes protegidos- agrícolas y de procesamiento de alimentos donde los trabajadores sindicalizados han sido reemplazados por inmigrantes con salario mínimo. La pérdida de la estabilidad en el empleo vino acompañada de una reducción radical de los servicios sociales y de tremendos recortes en beneficios, cuando en realidad esos servicios deberían haberse reforzado.
Precisamente porque el llamado «problema de las drogas» está vinculado a importantes cambios demográficos resultantes de los cambios en la dinámica capitalista, nunca ha sido el centro de gestión o investigación del gobierno de la elite, a diferencia de su fijación en la «radicalización de los musulmanes» o en las «tendencias de la delincuencia urbana». La investigación tiende a centrarse en minorías o apenas se acerca a la periferia del fenómeno actual. Los buenos estudios y datos habrían proporcionado el fundamento y la base de los principales programas públicos dirigidos a proteger las vidas de los trabajadores blancos marginados y revertir las tendencias mortales.
Décadas de ausencia de investigación en toda la nación y de datos sobre este fenómeno justifican la notoria ausencia de una respuesta gubernamental efectiva. Aquí el descuido no ha sido beneficioso.
En paralelo con el aumento de la adicción a opiáceos ha habido un aumento astronómico en la prescripción de medicamentos psicotrópicos y antidepresivos a la misma población, también altamente rentables para la gran industria farmacéutica. El patrón de prescripción de este tipo de medicamentos -potencialmente peligrosos- es de gran alcance. Son medicamentos que modifican el estado de ánimo a una población móvil en baja o entumecida por ansiedades y reacciones normales al deterioro de su condición material que ha tenido profundas consecuencias. Es desatinado esperar que tales individuos, a menudo bajo la asistencia de desempleo o Medicaid, sigan un complejo régimen diario de hasta nueve medicamentos, además de sus medicamentos narcóticos para el dolor, al tratar de hacer frente a su mundo que se desmorona.
Cuando un trabajo digno con un salario decente podría tratar con eficacia y sin efectos secundarios desagradables o peligrosos la desesperación de los trabajadores marginados, la comunidad médica y de salud mental ha enviado sistemáticamente a sus pacientes a la gran industria farmacéutica. Como resultado, los análisis toxicológicos post mortem muestran múltiples medicamentos psicotrópicos y antidepresivos prescritos, además de narcóticos, en los casos de muertes por sobredosis de opiáceos. Además de que esto puede constituir una abdicación de la responsabilidad del proveedor de servicios médicos a los pacientes, también es un reflejo de la absoluta impotencia de la comunidad médica frente a la descomposición social sistémica, tal como ha ocurrido en las comunidades marginadas donde se concentran las muertes por sobredosis de drogas.
Los estudios demográficos, como mucho, identifican a las víctimas de la adicción a las drogas. Pero su elección para el tratamiento de su desesperación como un problema individual se produce en un contexto específico e inmediato que pasa por alto las grandes estructuras políticas y económicas que establecen el escenario de la muerte prematura.
La economía política de muertes por sobredosis
Cuando los restos de una víctima joven de clase obrera –sea hombre o mujer- por sobredosis se llevan a un depósito de cadáveres, su muerte prematura se etiqueta como «autoinfligida» o «accidental» por sobredosis de opiáceos y se enciende una gran máquina de encubrimiento. La secuencia que conduce a la muerte es un misterio, tampoco se busca en profundidad la comprensión de los factores socioculturales y económicos. En su lugar, se culpa a la víctima y a su cultura del resultado final de una compleja cadena de decisiones económicas capitalistas de élite y maniobras políticas donde la muerte prematura de un trabajador es un mero daño colateral. La comunidad médica se ha limitado a funcionar como la correa de transmisión en este proceso en lugar de ser un agente de atención al público.
La gran mayoría de las víctimas de muertes por sobredosis son, en realidad, víctimas de decisiones y pérdidas que van mucho más allá de su control. Sus adicciones han acortado sus vidas, así como han empañado su comprensión de los acontecimientos y han socavado su capacidad para participar en la lucha de clases para invertir esta tendencia. Ha sido una solución perfecta para los problemas demográficos previsibles del neoliberalismo brutal en EEUU.
Wall Street y Washington diseñaron la macroeconomía que eliminó los puestos de trabajo decentes, redujo los salarios y recortó los beneficios sociales. Como resultado millones de trabajadores marginados y desempleados están sometidos a una gran tensión y recurren a soluciones farmacológicas para soportar su dolor porque no están organizados. El protagonismo histórico de las organizaciones sindicales y de la comunidad se ha eliminado. En lugar de ello las grandes empresas farmacéuticas se encargan de que los trabajadores despedidos caven sus propias tumbas y los líderes de la clase obrera están ausentes.
En segundo lugar el centro de trabajo se ha vuelto mucho más peligroso en el marco del nuevo orden económico. Los jefes ya no temen a los sindicatos ni hacen caso de las normas de seguridad: muchos trabajadores se lesionan por la aceleración del ritmo de trabajo, la prolongación de las horas de trabajo, la falta de capacitación y la falta de supervisión federal de las condiciones de trabajo. Los trabajadores lesionados que carecen de protección sindical y judicial, así como de una agencia pública de protección y temen, con razón, represalias por informar de su lesión de trabajo, recurren cada vez más a los narcóticos con receta para hacer frente a un dolor agudo y crónico sin dejar de trabajar.
Cuando los empleadores permiten a los trabajadores informar de sus lesiones, la baja cobertura y los tratamientos limitados disponibles alientan a los proveedores a excederse en la prescripción de narcóticos por encima de otros medicamentos con interacciones potencialmente peligrosas. Muchas clínicas del dolor, contratadas por los empleadores, están deseosas de beneficiarse de clientes lesionados mientras las compañías farmacéuticas promueven activamente potentes narcóticos sintéticos.
Así se forma una cadena viciosa: la producción en masa de narcóticos por parte de la industria ha sido uno de sus productos más rentables. Las cadenas corporativas de farmacias llenan las recetas prescritas por decenas de miles de «proveedores» (doctores, dentistas, enfermeros y asistentes médicos) que tienen sólo una cantidad limitada de tiempo para examinar en realidad a un trabajador lesionado. Las condiciones de trabajo deterioradas crean la lesión y los trabajadores se convierten en consumidores del alivio milagroso de la gran industria farmacéutica –el Oxycontin o sus primos– cuyos vendedores promocionaron durante una década como drogas no adictivas. Una larga lista de profesionales de alto nivel educativo, entre ellos médicos y otros proveedores, patólogos y controladores médicos que ocultan cuidadosamente la causa real, son los que toman las decisiones corporativas con el fin de protegerse de represalias en caso de que las empresas hagan sonar la alarma. Detrás de la fachada científica hay un «darwinismo social» que pocos están dispuestos a enfrentar.
Sólo recientemente, a raíz de un número increíble de hospitalizaciones y muertes por sobredosis de narcóticos, el gobierno federal ha comenzado a liberar fondos para la investigación. Los investigadores médicos académicos han comenzado a recoger y dar a conocer datos sobre la creciente epidemia de muertes por opiáceos. Y proporcionan mapas impactantes de los condados y regiones más afectados. Se unen al coro que insta a las agencias federales y estatales a participar más activamente en la panacea de costumbre, «la educación y la prevención». Este enjambre activista llega con dos decenios de retraso a la epidemia y apesta a cinismo.
Los fondos para la investigación de este fenómeno no darán lugar a ningún programa eficaz a largo plazo para hacer frente a estas pequeñas «crisis del capitalismo» que azotan a la comunidad. No hay ninguna institución dispuesta a enfrentar la causa fundamental: la devastación de las relaciones laborales en los EEUU capitalistas del posmilenio, la naturaleza corrupta de los vínculos estatales con la corporación farmacéutica y el carácter caótico de nuestro sistema médico privado impulsado por las ganancias. Muy pocos escritores explorarán alguna vez que un solo responsable, un sistema de salud público y nacional, habría evitado claramente y desde el principio la epidemia.
Conclusión
¿Por qué las elites capitalistas estatales y las farmacéuticas sostienen un proceso socioeconómico que ha llevado a gran escala a la muerte a largo plazo de los trabajadores y sus familiares en el EEUU rural y en las pequeñas ciudades?
Una hipótesis lista y convincente es que las modernas y dinámicas corporaciones de élite obtienen beneficios del cambio demográfico de las muertes por sobredosis.
Las corporaciones obtienen miles de millones de dólares de ganancias por el «declive natural» de los trabajadores despedidos: la reducción del empleo y las prestaciones sociales -planes de salud, pensiones, vacaciones o programas de capacitación laboral- permite a los empleadores aumentar beneficios, ganancias de capital y bonos de los ejecutivos. Se eliminan los servicios públicos, se reducen los impuestos, se reducen los trabajadores y cuando es necesario se pueden importar del extranjero –completamente formados- para emplearlos temporalmente en un «mercado laboral libre».
Los capitalistas ganan todavía más con los beneficios de la tecnología -robots, automatización, etc.- y se aseguran de que los trabajadores no disfruten horas reducidas ni aumento de las vacaciones como resultado de su mayor productividad, ¿por qué compartir los resultados de las ganancias de productividad con los trabajadores, cuando los trabajadores pueden ser eliminados? Los trabajadores insatisfechos pueden replegarse o «tragarse una pastilla», pero nunca organizarse para retomar el control de sus vidas y su futuro.
Los expertos en elecciones y autoridades políticas pueden afirmar que los trabajadores estadounidenses blancos rechazan a los principales partidos del sistema porque están enojados y son racistas. Son los trabajadores que ahora se vuelven hacia Donald Trump. Sin embargo un análisis más profundo revelaría su rechazo racional a los líderes políticos que se han negado a condenar la explotación capitalista y enfrentar a la epidemia de la muerte por sobredosis.
Hay una base clasista de este auténtico genocidio por narcóticos que ocurre entre los trabajadores blancos y los desempleados en las ciudades pequeñas y zonas rurales de EEUU, es la solución «perfecta» corporativa a una fuerza de trabajo excedente. Es hora de que los trabajadores y sus líderes despierten a este hecho cruel y se resistan a esta guerra de clases unilateral o seguirán llorando más muertes prematuras en su propio silencio adormecido por los fármacos.
Ya es hora de que la comunidad médica exija un sistema público y nacional responsable de la salud que ponga en primer lugar al paciente, que haga prevalecer el servicio sobre el beneficio y acabe con la complicidad del silencio.
Conozco a mucha gente que pide ayuda a psicólogos y terapeutas para tratarse la tristeza, el vacío existencial, las angustias y los miedos, pero no conozco a nadie que quiera curarse de enfermedades sociales como el racismo, el machismo, el clasismo, la xenofobia, la homofobia, la lesbofobia o la transfobia.
Vivimos en un mundo competitivo, violento y jerárquico en el que unos seres humanos tienen más valor que otros: no nos educan para amarnos los unos a los otros en las escuelas ni en las universidades, yno hay especialistas a los que acudir cuando experimentamos un odio profundo hacia colectivos de personas o minorías.
Las religiones tampoco promueven el amor hacia la gente diferente: generalmente los curas, sacerdotes, rabinos o imanes nos incitan al odio acusando de herejes e infieles a todos aquellos que no siguen su doctrina. Es frecuente escuchar en las iglesias, las mezquitas y las sinagogas discursos de odio hacia las mujeres que no se someten a los dictados del patriarcado, o hacia lesbianas y gays, pero sus autores no son acusados ni encarcelados por hacer apología de la discriminación y la violencia desde sus púlpitos.
Vivimos en una cultura muy romántica, pero muy poco amorosa. Si bien el racismo es una enfermedad social que con los años se ha convertido en un fenómeno políticamente incorrecto, los chistes sobre negros, latinos, árabes, etc siguen fomentando el uso de estereotipos negativos que se asumen como algo «natural» y gracioso, lo mismo que los chistes machistas que denigran a las mujeres. Cuando nos acusan de ser personas que discriminan, que odian o que rechazan a otros seres humanos,generalmente nos justificamos empezando con la tan conocida y estúpida frase: «Yo no soy racista pero… no soporto a los gitanos», «Yo no soy homófobo pero… a mi que no se me acerque un gay», «Yo no soy machista pero… las mujeres no están capacitadas para ciertas tareas», «Yo no soy clasista pero… creo que los pobres son unos vagos».
Es curioso que a poca gente le de vergüenza expresar en voz alta su miedo o su odio hacia otros seres humanos y que nadie quiera curarse de estas enfermedades sociales que provocan tanta violencia. Hasta cierto punto es demencial que enseñemos a los niños y a las niñas a comportarse con corrección en público (dar los buenos días, no tocarse los genitales en público, rezar por las noches), pero luego tengan que oir en casa chistes y comentarios despreciativos hacia los inmigrantes, las lesbianas o las personas transexuales como si discriminar a otras personas no fuera un acto violento.
Los seres humanos sentimos terror hacia las personas que no son como nosotras, por eso siempre estamos buscando la integración en los grupos, y por eso buscamos a los que son semejantes para formar grupos frente a otros grupos de gente que no son como nosotros. En nuestro sistema patriarcal, nos han convencido de que hay gente «normal» y gente «anormal», que hay un «nosotros» y un «ellos», que están los «buenos» y los «malos», que por fuerza has de ser «masculino» o «femenina»… todo nuestro pensamiento es binario, es decir, nuestra forma de pensar está determinada por los opuestos: blanco/negro, positivo/negativo, válido/inválido.
La gente normal es aquella que cumple con los patrones y las normas del capitalismo patriarcal, es aquella que se puede etiquetar y definir, es aquella que encaja con una definición exacta. Toda la gente que no «encaja» es rara, es extraña, es extravagante, y por lo tanto es susceptible de recibir nuestro rechazo y nuestras burlas. Esto es lo que ocurre con las personas transexuales o las personas transgénero: nuestro cerebro trata de averiguar si estamos frente a un hombre o una mujer, y nos sentimos mal si no logramos definir con exactitud el género al que pertenece la persona que tenemos en frente.
Y sin embargo, en la naturaleza nada es blanco o negro: vivimos en un mundo diverso con gente de todos los colores, tamaños, creencias, habilidades, capacidades, costumbres y formas de ser. En nuestro mundo hay mujeres masculinas, hombres femeninos, hermafroditas, personas que transitan, personas que se disfrazan, hombres travestidos, y toda clase de gente que no se adapta a ninguna etiqueta patriarcal. Nos cuesta gozar con esta ruptura de esquemas porque necesitamos que nuestro mundo sea estable, parecido al mundo simple que nos muestran los medios de comunicación: la diferencia nos da miedo, y por eso atacamos a personas que tienen otras creencias religiosas, otras formas de vestir, otros acentos e idiomas, otras orientaciones sexuales, otras costumbres y tradiciones….
Las enfermedades sociales producen discriminación, y la discriminación lleva a la violencia. Por eso la gente que vive esa violencia por ser diferente sufre tanto, por eso hay tantos niños y niñas diversas que se suicidan, por eso hay tantas personas adultas que son asesinadas cada año en todo el mundo. Por ser diferentes, por ser extranjeros, por ser raros…
Para acabar con las fobias sociales, hace falta integrar en la educación el respeto hacia las personas, y el amor hacia la diversidad del mundo en el que vivimos. No sirve de nada que nos aprendamos los nombres de los ríos y sus afluentes, o la lista de los reyes visigodos, si somos incapaces de entender que no se puede discriminar a nadie por su color de piel, por su forma de amar, por su identidad de género. No sirve de nada que tus hijos e hijas saquen buenas notas si luego acosan a sus compañeras con insultos, humillaciones, golpes y desprecios… no sirve de nada que hablemos de paz y de amor en Navidad si seguimos fomentando el odio contra colectivos de personas que no son como nosotros.
Tenemos que ir más allá de las etiquetas y condenar todos los discursos de odio que nos hacen creer que hay personas inferiores y superiores, y que justifican la violencia contra las personas diversas. Tenemos que callar la boca a toda esa gente que utiliza esa maldita frase de: «Yo no soy machista pero…, yo no soy racista pero… yo no soy homófobo pero….»
No hay peros que valgan. Todas las enfermedades sociales tienen cura: la mejor medicina contra la intolerancia, los miedos y la violencia es la educación en valores. Tenemos que romper con las etiquetas que nos reducen la libertad para ser y para sentir, y cuestionar profundamente los conceptos de «normalidad» y «anormalidad», porque en realidad somos todos gente diversa. Tenemos que ensanchar nuestras pequeñas mentes para que ser capaces de entender que la diversidad no es ninguna amenaza, que nos enriquece en la medida en que nos abre horizontes de realidad, y que la gente diversa merece respeto y amor. Tenemos que trabajar colectivamente, junto con los medios de comunicación, las familias y las instituciones, para promover una ética basada en el amor hacia la gente que nos rodea, sin exclusiones ni discriminaciones de ningún tipo.
Tomado de: http://haikita.blogspot.com/2015/12/las-fobias-sociales-y-el-miedo-la.html
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