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La educación necesita del compromiso de todos.

Por: Domingo Peppo.

Considero que la educación es fundamental para el crecimiento personal, es el único capital que tiene una persona para defenderse en su vida.

Cuando asumimos el gobierno, lo hicimos con el compromiso de lograr calidad educativa en todos los niveles. Sabemos que alcanzarla es un proceso que lleva tiempo, mucho esfuerzo y por sobre todo compromiso de las familias, los docentes, los estudiantes y el Estado, como responsable de ejecutar las políticas públicas que garanticen inclusión y equidad.

Nuestro objetivo es que cada chaqueño tenga las mismas oportunidades para lograr su crecimiento, y en esto la educación es la base fundamental. En un mundo cada vez más competitivo, la formación es necesaria para lograr progreso; y si no tenemos un desarrollo en calidad educativa, no vamos a tener futuro como provincia o nación.

La persona que aprende en un contexto sano es capaz de cuidar su salud y la de quienes lo rodean; le resulta más fácil conseguir empleo, e incluso generar sus propios emprendimientos; se mantiene alejada de la delincuencia y de los consumos problemáticos. La educación comprometida y consciente crea ciudadanos plenos, críticos frente a las arbitrariedades y solidarios con sus pares.

Por ello, considero que la educación es fundamental para el crecimiento personal, es el único capital que tiene una persona para defenderse en su vida.

Aquí es donde debemos preguntarnos cuál es el rol de cada uno, desde el lugar que nos toca estar, para aportar a la construcción de una sociedad formada y preparada para nuevos desafíos. Debemos tener como premisa fundamental el derecho de los niños y niñas a aprender, a estar en la escuela y formarse en el tiempo que deben hacerlo, según su edad que está marcada por los distintos ciclos educativos.

La educación no sólo es responsabilidad de los docentes, que son los que están al frente de las aulas. También tiene que ver con los valores que se inculcan en los hogares; el esfuerzo que pone cada alumno, que debe estar motivado con crecer; el aporte que hace el club, la iglesia, y las organizaciones barriales para contener a los niños y jóvenes; y sobre todo la presencia activa de un Estado que genere condiciones para que estos actores se encuentren y trabajen por el mismo objetivo.

Con ese espíritu convocamos 13 Foros Educativos durante 2016 a lo largo de todo el territorio provincial, donde nos concentramos en dar especial hincapié a temas urgentes de la actualidad: la formación en seguridad vial, concientización sobre consumos problemáticos, educación sexual, familia y cuidado del ambiente. En estos foros, todos aportaron desde su mirada pero con el mismo objetivo de que alcancemos efectivamente la calidad educativa.

Es así que llegamos a este Compromiso Educativo, en el cual llamamos a padres, docentes, alumnos y el propio Estado a ser parte activa en el proceso de educación y acompañar a los alumnos no sólo en el jardín, sino estar presentes en todos los niveles.

Como Estado, tenemos el compromiso de invertir en mantenimiento de la infraestructura escolar. Actualmente tenemos 24 obras en ejecución y la meta para este año es alcanzar 120 obras. Crearemos un fondo de infraestructura de 100 millones de pesos para refacción y mantenimiento de las escuelas. Además, nos ocuparemos de generar espacios de intercambio entre distintos niveles educativos y entre áreas de gobierno para generar políticas integrales de una manera articulada. También proyectamos incorporar nuevas currículas, para ampliar los conocimientos de los alumnos y se formen como ciudadanos activos.

Pero además reafirmaremos el compromiso con los trabajadores, defendiendo y manteniendo el nivel adquisitivo de los docentes. Reforzaremos el acompañamiento a las familias, los clubes y las entidades sociales para que continúen inculcando buenos valores en los más pequeños.

Este es el desafío que emprenderemos. Un camino que tendrá resultados a largo plazo, y marcará las bases sólidas para lograr una sociedad preparada.

Fuente: http://www.chacodiapordia.com/opinion/noticia/120233/la-educacion-necesita-del-compromiso-de-todos

Imagen: http://www.larednoticias.info/panel/archivos/1488717488_peppo(22).jpg

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No hay imposibles si de educar se trata

Por: EducaBolivia

La marca del maestro

Era 1984, estábamos en plena crisis económica del Gobierno de Hernán Siles Suazo. Yo era el Ministro de Trabajo de Bolivia. Recuerdo largas horas de reunión con el Presidente, con el resto del gabinete pensando qué acciones y políticas articular para sacar el país adelante, para sobrellevar adelante la crisis.
Mi reto, como Ministro de Trabajo, era salvaguardar el nivel de desempleo lo más bajo posible. Me reuní con todos los actores sociales posibles: sindicatos, empresarios, etc. El trabajo fue extenuante, muy difícil, pero lo logre…
Esa es mi experiencia de “ser gobierno” cuando cursaba, en el antiguo sistema, el Tercero Medio, lo que vendría a ser el Quinto de secundaria de hoy en día.
El Ministro de Trabajo, o sea yo, tenía sólo 16 años y esta experiencia se la debo a Dulfredo, mi profesor, mi maestro de Historia. Él, Dulfredo, tuvo un efecto transformador en mí. Cuando él daba clases yo sentía que me hablaba a mí solo y no sólo me explicaba la historia, me la dibujaba. Y estoy seguro que todos los de mi curso, o la mayoría, sentíamos lo mismo.
Me acuerdo de Dulfredo y sus preguntas, cómo nos hacía pensar, pero sobre todo veo a aquel profesor que cuando hablaba, cuando enseñaba, le brillaban los ojos.
El reconocimiento por haber mantenido la estabilidad laboral del país, en calma, fue ir a comer un día a la tarde con mi admirado profesor de Historia. Para mí era algo increíble, pero tuve que pedir permiso a mi madre. ¡El “Ministro de Trabajo” le tuvo que pedir permiso a su madre para salir a comer hasta muy tarde!
Ese café con un rico sándwich de palta en el antiguo Mercado Lanza de La Paz, no lo voy a olvidar jamás. Hablamos del colegio, hablamos de las materias, pero también hablamos de los desafíos que teníamos por delante. Y cómo abrazarlos, cómo vencerlos.
Fue la primera vez que alguien me hablo del trabajo, de la Universidad, de mi futuro. Algo que, hasta ese momento no estaba en mí, de pronto apareció, y sentí muchas ganas de vivirlo.
Estoy seguro que todos tuvimos un profesor que nos dejó una marca. Les invito a cerrar los ojos un segundo. Acuérdense de ese maestro, de esa maestra de escuela o de colegio. ¿Cómo se llamaba? ¿Qué les decía? ¿Cómo les hizo apasionar por la materia que les enseñaba?…Abran los ojos.
Gracias a Dulfredo fue creciendo en mí la necesidad de hacerme cargo de la realidad que veía mientras crecía. Y me di cuenta de que uno no merece las oportunidades que tenemos en la vida, si no somos capaces de luchar para que otros también las tengan. Si eso no es educar, entonces qué es.
En Dulfredo vamos a identificar un compromiso educativo innegable. Pero el compromiso hoy en día ya no alcanza; el compromiso es el piso sobre el cual construir. A los maestros como Dulfredo los distingue su sentido de posibilidad. Es innegable que él vio como posible el que los chicos y chicas pueden aprender. También es incuestionable que a estos maestros los distingue su sentido de urgencia, donde cada minuto cuenta para enseñar y educar.
Enseñar y aprender a ciegas
Aida enseña en una escuela en Padilla, Chuquisaca. En el penúltimo año de colegio tiene a Alicia como alumna. Alicia es no vidente. A pesar de tener una maestra integradora y de pensamiento inclusivo, que la acompaña y la ayuda, no logra seguir el ritmo del resto de sus compañeros.
Con mucha voluntad y esfuerzo Aida planifica sus clases, pero se da cuenta que no sabe si Alicia aprende o no. Lo más preocupante para ella es no poder corregir sus trabajos y por ello un día piensa y dice: “El problema no es de Alicia, el problema está en mí, soy yo la que no puede leer lo que Alicia escribe  y produce en Braille”.
Gracias a los extensos viajes de Aida, de ida y vuelta a la escuela entre Sucre y Padilla, todos los y gracias a una aplicación bajada a su teléfono celular, en tres semanas aprendió Braille razonablemente bien.
En esas tres semanas volvía todos los días a su casa y agarraba los trabajos que tenía de Alicia y los corregía e iba aprendiendo. Se daba cuenta de que le enseñaría mucho mejor a Alicia conociendo mucho más el sistema Braille.
El tiempo pasó rápido y llego el día donde Aida se sintió segura. Un día terminando la clase, y cuando todos tenían que devolver sus trabajos la miró a Alicia y le dijo: “Hoy, tu trabajo, te lo corrijo yo”. Se hizo un gran silencio en el aula.
En varios años es la primera vez que Alicia escuchaba esas palabras. La emoción que sintió Alicia en ese momento no se puede describir en palabras.
Ella, Aida, les conto al resto de sus colegas qué había pensado, cómo había aprendido y cómo eso seguro iba a hacer que Alicia y el resto del grupo aprendan sobre inclusión y solidaridad.
De paso, sucedió algo que ni Alicia, ni Aida, ni nadie esperaba: saber Braille se volvió algo “cool” (de moda) en el grupo y adivinen quién estaba allí enseñando, quién era la maestra. ¿Quién se volvió verdaderamente especial? Nada más, ni nada menos que Alicia. Esto tuvo un gran impacto en Aida, Alicia y toda la comunidad educativa de ese colegio.
Esta historia nos enseña que no hay imposibles en educación. Si se presentan retos o imposibles hay que animarse a enfrentarlos. Pero hay otro par de características que hacen a estas personas verdaderamente especiales: la capacidad de inducir y ser modelo de acción.
Inducir en el sentido de animar como profesores a dar el primer paso y a ser modelo de los estudiantes con todo lo que esto implica y al mismo tiempo tener gran capacidad de inspiración.
Osvy y Romer
Osvaldo, “Osvy”, enseña en una escuela nocturna en Montero. Su alumno es Romer de 16 años el cual no está muy comprometido con su educación. No va a clases, llega tarde, ya repitió un año.
Un día Osvy, preocupado por la actitud negativa y de mal ejemplo para los demás le dice: “Romer creo que es tiempo de que hagamos algo. Qué tal si venimos los dos una hora antes de las clases y te enseño solo a ti. Te aseguro que en un par de meses aprendes la materia. ¿Estás de acuerdo?”
Romer no entendió mucho de lo que estaba hablando, pero como confiaba en su profesor, le dijo que sí. Es así que durante los dos meses siguientes trabajaron y estudiaron muy duro. Romer había cumplido.
Llego el día del examen e inexplicablemente Romer no apareció. Y la clase siguiente tampoco. Solo a la tercera clase, un viernes, Romer entra al aula sin decir nada y acercándose a Osvy se produce esta conversación:
  • ¡Profe!…profe tengo que contarle que me apresaron. Tú sabes profe, que yo a veces salgo de noche.
  • ¿Salir de noche?
  • Pues salir a voltear profe, pues a robar…Salimos con mi primo y mi amigo, teníamos chequeada una farmacia, y los polis nos agarraron profe y nos masacraron a palos. Estuve preso hasta ayer y por eso no pude venir.
  • Está muy mal lo que estás haciendo. ¿Por qué?
  • Sobrevivir profe, son unas lucas para llevar a casa.
  • Estoy muy, pero muy desilusionado contigo. Todo lo que nos esforzamos estudiando. Pero estoy dispuesto a darte otra oportunidad, si tú estás dispuesto a darte otra oportunidad.
De hecho Osvy no estaba hablando del examen solamente…
Se prepararon las dos semanas posteriores para dar un examen. Nuevamente estudiaron muy fuerte, y el día del examen, Romer llegó más temprano que nadie. Entro al aula y Osvy se dio cuenta que había algo que no estaba bien porque el muchacho entró con el semblante pálido y temblando. Y sin poder decirle nada, lo abrazó y casi llorando le dijo:
  • Gracias…gracias…gracias profe!!!
  • Profe, el sábado fue mi cumpleaños, pero ya estoy acá…ese sábado mi primo y mi amigo me vinieron a buscar porque teníamos que “volver”.
En los códigos del barrio cuando sales a robar y no robaste, tienes que volver.
  • Y como era mi cumpleaños, lo que sacaríamos, me lo quedaba todo yo. Yo me acordé de usted profe. Me acorde de lo que me enseño del costo beneficio. Me acorde que usted me dijo que había que agarrar una hoja, trazarla al medio, y poner de un lado lo que yo sacaba cada vez que salía de “noche”, que eran 500 Bolivianos y por otro lado, tenía que poner cuánto valía  mi vieja. Tenía que poner cuánto valía 25 a 30 años trabajando…porque profe, yo tengo amigos míos que trabajan, que ya tienen 16, 17 años y ganan 3 mil, 5 mil Bolivianos y profe, me acorde que usted me dijo que me pregunte cuánto vale mi vida. Me acuerdo ese ejercicio que hicimos y yo anote todo eso entonces volví a donde usted y les dije que no, que me quedaba tranquilo nomas con mi vieja, festejando mí cumpleaños. Y los chicos salieron. Y a mi amigo lo mataron, profe. Mi primo se está muriendo y yo estoy acá profe, y lo único que quiero es dar ese examen, y que me vaya bien. Quiero pasar de curso y quiero tener la vida que Ud. me dijo que yo podía tener. Una vida feliz, una vida que yo me merezco…
La anterior historia es triste pero tiene fuerza educadora. Nos dice que no es una charla la que origina cambios de actitud de los chicos con problemas. Es la persona y su convicción, en este caso fue el maestro, el que te cambio la vida. Son estas personas las que te pueden dejar una marca.
Es de admirar la capacidad de Osvy por inspirarnos con la historia de Romer. Estamos seguros que muchos no podrán esperar a ver a Romer en los siguientes años y ver en la persona en la que se convirtió.
A modo de Epilogo…
Cuando las anteriores situaciones se dan, estos casos se multiplican. Enseñar con cariño y respeto a chicos como a Romer, a Alicia o como a mí traen esperanza a la vida. De seguro hay muchos testimonios sobre profesores que dejan y han dejado una marca educativa imborrable para ser mejores personas.
La escuela, el colegio o la unidad educativa son lugares de inspiración. Son los lugares donde profesores y profesoras con mucha experiencia, con mucho sentimiento de aula y con mucho conocimiento, dan a los chicos y chicas esa luz inspiradora para enfrentar y vencer las adversidades. Pero sobre todo, la escuela debería ser el lugar donde se creen liderazgos que trabajen en comunidad, y que a partir de estas experiencias se comprometan de por vida a luchar en contra de las injusticias que hoy afectan a los chicos que más lo necesitan.
Hace un tiempo, un amigo, un Director de una escuela me dijo: “Sabes lo que más me impresiona de mi mejor profesor? Yo pensé que me iba a decir cómo el preparaba las clases, que seguro lo hacía muy bien, cómo llevaba actividades innovadoras al aula, cómo conocía cada uno de los chicos con los que compartía todos los días. Pero no. Me dijo algo que yo no esperaba; o tal vez sí. Me dijo: “lo que más me impresiona de este profesor es que cuando él da clases, le brillan los ojos”. Inmediatamente me acorde de Dulfredo, mi profesor de Historia del colegio, y me di cuenta que no hay imposibles cuando uno quiere educar para bien.
*Fuente: http://www.educabolivia.bo/index.php/docente/10-docente/practica-docente/4666-no-hay-imposibles-si-de-educar-se-trata
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Una propuesta utópica.

Liceos participativos para el siglo XXI.

América del Sur/Uruguay/Fuente: http://ladiaria.com.uy/

Por : Gabriel Quirici

Voy a imaginar en estas líneas una proyección ideal sobre lo que podría suponer una real incorporación de la participación social al ámbito de la educación secundaria. Como base de esta proyección, es importante reiterar la dimensión pública e institucionalizada del ambiente educativo. Parto de la base de que las diferentes expresiones de los movimientos sociales se expresan en tensión (a veces creadora, otras no tanto) con la superestructura que se ha construido en torno a la enseñanza para nuestros adolescentes a lo largo de décadas. No creo que sea realista imaginar un sistema paralelo, alternativo, que no termine por ser una especie de oasis “sectario”, incluso aunque se tengan las mejores intenciones. Lo que me propongo pensar es cómo podrían articularse diversas formas de movilización social e institucionalización en clave pedagógica, formativa y emancipadora a nivel de sistema en general.

Como un paréntesis entre tanta discusión tormentosa (y a veces estéril), comparto una síntesis en clave de propuestas que pretende articular lo que me ha sido posible percibir como constructivo desde las diferentes demandas que los movimientos sociales vinculados a la educación vienen realizando. Con la intención de imaginar un nuevo tipo de liceo (realmente) participativo, donde las voces de todos los actores pueden tener formas de expresión y articulación creadora.

Los jóvenes: pueden y deben participar más:

Sería deseable que los estudiantes tuvieran instancias de participación más frecuentes y resolutivas sobre el funcionamiento de los liceos. La elección de delegados y profesores consejeros y la participación en la formulación de normas de convivencia deberían ser una actividad de relevancia más destacada en los centros. A esto habría que agregar la posibilidad de que los estudiantes evaluaran a los docentes y las actividades que allí realizan, como forma de ejercicio democrático de control y mejora de los servicios que se brindan.

Que los estudiantes tengan canales de participación no va en desmedro de la autonomía del movimiento estudiantil, sino que, por el contrario, puede revitalizar a un sector clave de la acción educativa. Para los docentes supondría la posibilidad de tener más información sobre qué prácticas resultan positivas, qué cambios hacer y qué transformar. No se trata de un ejercicio de contrapoder de los alumnos (a veces, cuando la evaluación está mal planteada, se teme esta situación), sino de construir, en cada centro, herramientas de evaluación entre el cuerpo docente y los alumnos para afinar la partitura pedagógica en colectivo.

Estimo que las herramientas tecnológicas pueden resultar sumamente adecuadas para realizar más fácilmente esta tarea, ya que, con formularios on line y encuestas por medio de la red Ceibal, se podría dinamizar una experiencia que enriquecería a toda la secundaria.

Las autoridades deberían monitorear y exigir un trabajo alumno-docente responsable y creativo, y al mismo tiempo evitar caer en prácticas burocráticas y repetitivas. Existen numerosas prácticas de evaluación estudiantil -algunas promovidas por los propios docentes, algunas en instituciones privadas y otras también en la educación terciaria- que podrían servir como modelos para traducir y adaptar a las características del nivel medio.

No sería descabellado pensar que un liceo participativo pudiera tener instancias de reunión semanal tripartita en un ámbito que involucrara a los delegados estudiantiles, al equipo de dirección y a los delegados del claustro docente.

Los de afuera no son de palo:

La historia inmediata ha mostrado la gran vitalidad del movimiento estudiantil universitario a partir de la promoción de la extensión. Valiosos ejemplos de diálogo y acciones conjuntas entre el extensionismo de la Universidad de la República y diversos liceos en barrios y localidades del país son prueba de ello. Esta capacidad de movilización educativa no debería perderse en proyectos puntuales (muy valiosos, por cierto, pero que no dejan de ser particulares) y debería potenciarse una vinculación sistemática que inyectaría savia nueva a la dinámica liceal.

Tomando como punto de partida la experiencia de Compromiso Educativo (universitarios que dan apoyo a liceales en diversas materias), pienso que todo liceo participativo debería tener espacios para recibir estudiantes universitarios que promovieran momentos de trabajo interdisciplinario y de revinculación con el entorno económico-social del centro, para desarrollar prácticas innovadoras vinculadas con la producción, las perspectivas de género y familia, la memoria, el medioambiente, las nuevas tecnologías, el deporte y la comunicación.

Por qué no imaginar que todo joven de nivel terciario cumpliera, como parte de su formación, una experiencia de trabajo de extensión en un liceo a lo largo de un año. Pensando siempre en trabajos colectivos, con diálogo e intercambio entre estudiantes de la facultad y jóvenes y docentes del liceo, para proponer actividades comunitarias que potenciaran el rol del centro educativo en su entorno. Este liceo participativo tendría que incluir en su currículo horas de proyecto comunitario para que estudiantes y profesores trabajaran con los embajadores de la extensión, y de esa manera generaran un impacto positivo en las prácticas de enseñanza, los aprendizajes y las calificaciones.

Creo, además, que la experiencia de participación estudiantil se vería potenciada por el intercambio de experiencias y que los jóvenes mayores pueden cumplir el rol de referentes intermedios para que los adolescentes vayan ganando experiencia tanto gremial como de acción transformadora y comprometida.

Y por casa cómo andamos :

Una clave en los resultados de aprendizaje ha sido (más allá de lo que se piense de las pruebas externas) el origen familiar de los estudiantes. Parece imprescindible, entonces, que los liceos prevean otra forma de involucramiento por parte de los padres, que trascienda las comisiones de apoyo. Estas, cuando funcionan, son muy positivas. Pero secundaria deberá generar instancias de mayor acercamiento a las familias, de forma similar a cómo se hizo con el sistema de salud, cuando se creó la representación de los usuarios de la salud.

Entiendo que quizás este sea el “movimiento social” menos visible (quizás inexistente) del entorno liceal. Pero cuando existen problemas en un liceo los padres acuden, y si es difícil movilizarlos, habrá que ser creativos y a la vez exigentes con los responsables de los estudiantes (que son los padres) para que tengan participación.

Crear equipos docentes de acercamiento familiar, en un formato similar al del maestro comunitario, para que equipos pedagógicos visiten las casas de los estudiantes con dificultades y motiven a los padres a participar en las actividades comunitarias es un camino intermedio que puede dar buenos resultados.

Comunidad didáctica :

Para cerrar, comparto una líneas acerca de la participación docente, nudo central de cualquier transformación educativa. Esta participación debe ser en paralelo, y no excluyente de la actividad sindical, y debería enfocarse en dos niveles. Por un lado, la gestión pedagógica del centro. Los docentes (con estabilidad en un liceo y horas de permanencia pagadas sin trabajo de aula) deben formar un claustro por centro, elegir representantes que formen parte del equipo de dirección y tener incidencia directa en la elaboración de los proyectos comunitarios y en los mecanismos de evaluación (tanto para los alumnos como para las instancias de evaluación docente).

Por otro lado, el desarrollo profesional. Es un idea que reitero con profunda convicción: el cambio en la enseñanza se podrá realizar cuando los profesores prolonguemos nuestra experiencia de formación inicial en didáctica (que se da en los institutos de formación docente) a lo largo de nuestro trabajo. Los liceos participativos serán todos “liceos de práctica”, donde los profesores de las diversas materias, tanto los experimentados como los nuevos, trabajen en proyectos, propongan evaluaciones colectivas, visiten las clases, elaboren estrategias para atender la diversidad, redacten artículos sobre innovaciones pedagógicas, aporten lo aprendido en posgrados y tecnicaturas en seminarios con sus colegas. Todo esto de forma coordinada por un claustro que, orientado por áreas, no haga perder a nadie la singularidad de su materia, pero sí lo haga trabajar en forma creativa e inclusiva junto con sus colegas; de esta manera, el docente podría, además, obtener reconocimiento profesional (ascenso de grado por concurso de desempeño y méritos; ¡no más por antigüedad!) en virtud de su compromiso con la participación didáctica.

Bajando a tierra :

El problema que tiene todo esto se resume en dos variables: presupuesto y visión política. Quizás el primero nos falte en ciclos de enlentecimiento económico. Pero lo segundo supone que de una vez por todas las autoridades y el Frente Amplio encaren un gobierno de la educación con docentes que, incorporando los insumos de todas las disciplinas que estudian la educación (la sociología, la economía, la psicología, etcétera), prioricen la mirada pedagógica sobre el tema y salgan de la danza de números (horas de clase, repetición, promociones), ladrillos y demandas ajenas a la valiosa y difícil tarea de enseñar.

Si vamos a encarar una educación con más estudiantes de todos los sectores sociales, en desventaja contracultural con respecto a los medios inmediatistas y proconsumismo, debemos crear las condiciones institucionales para que sea pedagógicamente participativa.

Saber convertir los reclamos docentes en faros que adviertan el camino a seguir, con una propuesta institucional audaz y en diálogo, y evitar el “miedo” a confrontar con los elementos que utiliza el sindicalismo para trancar cualquier cambio es una responsabilidad de las autoridades. Que los reclamos y la forma en que se hacen no sean parte de una minoría activista, justa en sus fines pero alejada del colectivo docente y de la sociedad en general, es responsabilidad de los profesores. Que la política y las aulas no sigan en este diálogo de sordos puede ser una oportunidad para que los estudiantes demanden más participación. Estar a la altura de los desafíos, sin usar consignas demagógicas para la tribuna, debe ser el primer paso de todos los adultos que estamos metidos en este baile y tenemos ganas de cambiar el disk jockey, poner otras luces y que la educación sea una fiesta para todos.

Fuente: http://ladiaria.com.uy/articulo/2016/7/una-propuesta-utopica/

Imagen:  http://ladiaria.com.uy/media/photologue/photos/cache/dinamo-democracia-domar-la-barbarie-ramiro-alonso_home_large.jpg

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México: Firma Joaquín Ruiz los 10 compromisos por la educación

Oaxaca / 24 de mayo de 2016 / Autor: Jenny Sánchez / Fuente: https://oaxaca.quadratin.com.mx

El candidato a la gubernatura de Oaxaca por el Partido Renovación Social (PRS), Joaquín Ruiz Salazar firmó los ‘10 compromisos por la educación nacional con equidad y calidad’, proyecto convocado por organizaciones de la sociedad civil, la iniciativa privada y ciudadanía oaxaqueña. Fue el único candidato que acudió a la convocatoria del evento denominado ‘Oaxaca, ¡Me comprometo con la educación!’ y firmó los compromisos. En el evento organizado por Coparmex, el candidato dijo que en su proyecto el tema educativo es de vital importancia sobre todo ante la situación que se vive con la Sección 22 del SNTE. Ruiz Salazar manifestó que se debe establecerse una nueva relación de respeto a derechos humanos y laborales entre el gobierno y el magisterio. Por ello acudió a la convocatoria para comprometerse a cumplir estos 10 acuerdos entre los que destacan el cumplimiento del ciclo escolar de 200 días; impulsar la equidad de la educación con especial atención en zonas marginadas; aplicar sin excepción evaluaciones a alumnos, maestros, directores, supervisores y escuelas del sistema educativo nacional; y asignar vacantes a los mejores perfiles emanados de concursos de oposición. El candidato de Renovación Social lamentó la irresponsabilidad y la falta de compromiso mostrada por los demás candidatos al no presentarse a la firma de esta iniciativa que tiene como objetivo ponderar la educación de calidad para el desarrollo de las niñas, niños y jóvenes de Oaxaca. En el evento de firma de estos 10 compromisos estuvieron presentes Gustavo de Hoyos Walter, presidente nacional de Coparmex, y Benjamín Hernández Gutiérrez, presidente de ese organismo empresarial en Oaxaca así como las dirigencias estatales de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac) y la dirigencia de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles.

 

Fuente noticia: https://oaxaca.quadratin.com.mx/Firma-Joaquin-Ruiz-los-10-compromisos-por-la-educacion/
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