La región presenta una de las tasas más altas de embarazo adolescente del mundo, sólo superada por África. Según estadísticas del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), en América Latina 1 de cada 5 mujeres será madre antes de terminar la adolescencia.
Iguazú (LAVOZ) El embarazo adolescente se asocia con menores logros educativos entre las madres, una situación que puede perpetuar el ciclo de pobreza de una generación a otra.
Los métodos anticonceptivos reversibles de larga duración o LARCs, como el implante subdérmico o los dispositivos intrauterinos, son el tipo de anticonceptivo reversible de mayor eficacia. Es recomendado como la elección de anticoncepción de primera línea para adolescentes.
El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) ha puesto la luz sobre una situación que tiene un impacto significativo sobre la salud de las mujeres de América Latina y el Caribe: esta región exhibe actualmente un elevado porcentaje de embarazo adolescente, que sólo es superada por África. Hoy, en América Latina y el Caribe, 18 de cada 100 nacimientos corresponden a madres de entre 15 y 19 años de edad, cuando en el mundo la proporción es de 10 por cada 100 nacimientos; incluso en regiones como Europa o Asia, la relación entre el nivel de fecundidad adolescente y el de la fecundidad de las mujeres adultas es aún más bajo (entre 5 y 7 de cada 100).
El embarazo adolescente constituye en sí mismo una barrera para que ejerzan su derecho a la educación y a un desarrollo saludable, y que logren una transición exitosa hacia la vida adulta. Las consecuencias del embarazo en esta etapa tienen amplio impacto a lo largo de la vida de las adolescentes e incluso en las siguientes generaciones.
Un trabajo realizado por la doctora Marisa Labovsky, presidenta de la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil (SAGIJ), indicó que el 80% de las adolescentes embarazadas son hijas de madres que a su vez fueron madres en la adolescencia. “Hay historias que se repiten por lo que es fundamental la educación sexual, no sólo en la familia, sino fundamentalmente en el ámbito escolar y a través de los medios de comunicación”, afirmó la especialista.
Las actuales perspectivas, no son alentadoras. Según estima el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), 1 de cada 5 mujeres de la región será madre antes de terminar la adolescencia. Casi tres cuartos de los embarazos adolescentes en América Latina y el Caribe no son planificados, y cerca de la mitad terminan en abortos. Es que si bien el conocimiento, acceso y uso consistente y eficaz de anticoncepción es un elemento esencial en la prevención de embarazos no planificados, numerosos niños y jóvenes no tienen acceso a una educación sexual integral de calidad.
El 34% de las adolescentes sexualmente activas que requieren métodos anticonceptivos y no quieren ser madres en los próximos 2 años -lo que suma cerca de 3.4 millones de mujeres de 15 a 19 años- no utiliza métodos anticonceptivos, mientras que una proporción menor utiliza métodos anticonceptivos tradicionales, que son menos efectivos que los métodos modernos.
Los métodos anticonceptivos reversibles de larga duración o LARCs son el tipo de anticonceptivo reversible de mayor eficacia, pues no requiere que se tome una píldora cada día ni que se haga algo antes de cada relación sexual y, según el método elegido, puede prevenir el embarazo durante 3 a 10 años. Asociaciones profesionales importantes como el Colegio Estadounidense de Obstetricia y Ginecología o la Academia Americana de Pediatría recomiendan el uso de LARCs como la elección de anticoncepción de primera línea para adolescentes. “Los métodos anticonceptivos reversibles de larga duración son métodos de elección para todas las mujeres. Sin embargo, lo son más aún para las adolescentes ya que su grado de fertilidad es mayor, sus óvulos son jóvenes y tienen más posibilidades de quedar embarazadas. Son métodos ideales para esta etapa porque son los que tienen menor tasa de abandono, son altamente efectivos y no dependen de la usuaria”, indicó la doctora Labovsky
En este sentido, la licenciada Estela Sánchez, coordinadora del Programa del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable de la Región Sanitaria V (San Martín) destacó el uso del implante anticonceptivo subdérmico. “El implante subdérmico se encuentra a la cabeza dentro de los métodos de larga duración disponibles en el sistema de salud público. Es práctico, de rápida colocación e indoloro. Las adolescentes se lo recomiendan entre ellas por la comodidad y efectividad. Es un método que, con el debido entrenamiento podemos colocar los obstétricos; no sólo los médicos. Esta situación posibilitó la ampliación de su uso, haciéndolo accesible a miles de mujeres. Sólo en nuestra región sanitaria hemos colocado con éxito más de 7.000 implantes”, detalló.
Efectos sobre la educación y la salud
La salud sexual y reproductiva tiene un impacto directo sobre la educación y las perspectivas futuras de los jóvenes. Los embarazos precoces y no deseados aumentan el riesgo de ausentismo, desempeño escolar deficiente y deserción escolar prematura para las jóvenes y también tienen consecuencias educativas para los jóvenes padres. De ahí que todos los estudios coinciden en señalar que la maternidad adolescente se asocia con menores logros educativos entre las madres, una situación que puede perpetuar el ciclo de pobreza de una generación a la siguiente.
La relación entre embarazo adolescente y educación es de doble vía: la mayoría de las adolescentes que fueron madres están fuera del sistema educativo al momento del embarazo, y en los casos en que las adolescentes se encuentran estudiando, el embarazo y nacimiento precipita el abandono escolar.
Al mismo tiempo, en lo que respecta a la salud de las adolescentes, el riesgo de complicaciones y muerte es superior para las madres más jóvenes que para las que tiene un hijo en la edad adulta; en los países de ingresos bajos y medios, el riesgo de mortalidad materna de las madres de menos de 15 años es dos veces mayor que el de mujeres de más edad. En los países en vías de desarrollo, las complicaciones del embarazo y del parto constituyen la principal causa de muerte entre las adolescentes de 15 a 19 años, y los bebes nacidos de madres adolescentes enfrentan mayores riesgo para su salud que los niños nacidos de madres de más edad.
Resumen: En otros lugares de este centro de educación infantil en el centro de China, los jóvenes están montando caballos en balsa, trepando en un gimnasio en la selva, pulgares a través de libros ilustrados o participando en la lectura en grupo. Una vez a la semana, los cuidadores reciben entrenamiento individualizado sobre cómo leer a los niños pequeños y jugar juegos educativos. El centro forma parte de un ambicioso experimento que Rozelle está dirigiendo, que busca encontrar soluciones a lo que él ve como una crisis de proporciones gigantescas en China: el retraso intelectual de aproximadamente un tercio de la población. «Este es el mayor problema que China está enfrentando que nadie ha oído hablar nunca», dice Rozelle, profesor de la Universidad de Stanford en Palo Alto, California. Las encuestas realizadas por el equipo de Rozelle han encontrado que más de la mitad de los estudiantes de octavo grado de las zonas rurales pobres de China tienen coeficientes de inteligencia por debajo de 90, dejándolos luchando para mantenerse al día con el currículo oficial. Un tercio o más de los niños rurales, dice, no completan la secundaria. Rozelle hace un pronóstico sorprendente: Alrededor de 400 millones de chinos en edad laboral, dice, «están en peligro de convertirse en discapacitados cognitivos».
Glasses askew and gray hair tousled, Scott Rozelle jumps into a corral filled with rubber balls and starts mixing it up with several toddlers. The kids pelt the 62-year-old economist with balls and, squealing, jump onto his lap. As the battle rages, Rozelle chatters in Mandarin with mothers and grandmothers watching the action.
Elsewhere in this early childhood education center in central China, youngsters are riding rocking horses, clambering on a jungle gym, thumbing through picture books, or taking part in group reading. Once a week, caregivers get one-on-one coaching on how to read to toddlers and play educational games. The center is part of an ambitious experiment Rozelle is leading that aims to find solutions to what he sees as a crisis of gargantuan proportions in China: the intellectual stunting of roughly one-third of the population. «This is the biggest problem China is facing that nobody’s ever heard about,» says Rozelle, a professor at Stanford University in Palo Alto, California.
Surveys by Rozelle’s team have found that more than half of eighth graders in poor rural areas in China have IQs below 90, leaving them struggling to keep up with the fast-paced official curriculum. A third or more of rural kids, he says, don’t complete junior high. Factoring in the 15% or so of urban kids who fall at the low end of IQ scores, Rozelle makes a stunning forecast: About 400 million future working-age Chinese, he says, «are in danger of becoming cognitively handicapped.»
Among Chinese academics, that projection «is controversial,» says Mary Young, a pediatrician and child development specialist formerly of the World Bank Institute in Washington, D.C. But although experts may debate the numbers, they are united on the enormity of the problem. «There is definitely a tremendous urban-rural gap» in educational achievement, says Young, who is leading pilot interventions for parents of young children in impoverished rural areas for the government-affiliated China Development Research Foundation in Beijing.
RURAL EDUCATION ACTION PROGRAM
While China’s dynamic urban population thrives, much of rural China is mired in poverty. More than 70 million people in the countryside live on less than $1 a day, according to the World Bank, and children have it particularly hard. On a recent visit to Shaanxi province, at a group of farmsteads isolated in a remote valley, a 27-year-old mother of two says that she would like to send her kids to preschool. But she would have to rent an apartment in town to do so—a prohibitive expense.
Many parents migrate to the booming cities for work, leaving children with grandparents. (China’s household registration system requires that children enroll in schools in the district where their parents are registered.) Left-behind children tend to leave school early, eat poorly, and have little cognitive stimulation in the crucial first years of life. Grandparents, with limited education themselves, are poorly equipped to read to the next generation. They sometimes carry swaddled infants on their backs while working their fields, which delays infant motor development, Young says.
Such early deprivation, Rozelle and others say, limits kids’ potential for success in life. «There is a massive convergence of evidence» that development in the first 1000 days after a baby’s conception sets the stage for later educational achievement and adult health, says Linda Richter, a developmental psychologist at the University of the Witwatersrand in Johannesburg, South Africa, who doesn’t work with Rozelle.
China’s millions of at-risk children could threaten its future. Economic modeling shows that in some low- and middle-income countries, such as India and Tanzania, «the gross domestic product lost to stunting can be more than a country’s spending on health,» explains Richter, who helped produce a series of papers on early childhood development published online in The Lancet last October. Conversely, she says, «There is a special window of opportunity» for interventions that bolster health and improve parenting.
Luo Lie, 5, does eye exercises at a rural school. Like many of his peers, he is being raised by grandparents.
KEVIN FRAYER/GETTY IMAGES
That’s what Rozelle is setting out to prove—on an unprecedented scale. In 100 villages across Shaanxi, his team of Chinese and foreign collaborators is following 1200 baby-caregiver pairs; half attend the enriching early education centers and half serve as controls. If the intervention works, Rozelle says his team will seek to convince authorities to establish early education centers nationwide. «It will keep China from collapsing,» he says.
Rozelle’s earlier experiments on health interventions in China had «a real impact on the lives of poor people,» says Howard White, a developmental economist with the Oslo-based Campbell Collaboration, which reviews economic and social studies. Rozelle’s group, he says, has been «very successful testing things on a small scale, taking them up to the provincial level, and using the findings to influence national policy.» Now, Rozelle hopes to have a similar impact with parenting.
Rozelle followed an unlikely path to becoming a crusader for China’s infants. He started studying Mandarin in middle school because his father thought it would be a useful skill, and he pursued finance as an undergraduate at the University of California (UC), Berkeley. But he put his courses on hold to spend 3 years studying Chinese in Taiwan. Seeing the island’s emergence as an Asian Tiger «got me excited about Asian development,» he says.
Later, the poverty he observed backpacking through Southeast Asia and in South America, where he spent 2 years studying Spanish, instilled in him a concern about economic inequality. That led him to pursue a master’s degree in development economics at Cornell University. Development economics was «a new, wide-open field,» he says. And he had an advantage. «Not too many development economists speak Chinese.»
Returning to Cornell for his Ph.D., he began a varied academic career in which China was the one constant. At Stanford and UC Davis, he explored such topics as irrigation investment, genetically modified cotton, and microcredit programs for rural poor. These efforts netted him a national Friendship Award, the highest honor given to foreigners for contributions to China, in 2008. He is also the longtime chairperson of an advisory board to the Chinese Academy of Sciences’s (CAS’s) Center for Chinese Agricultural Policy.
Rozelle’s unorthodox path through academia is matched by his quirky sense of humor. At a recent public talk in English to a general audience in Shanghai, China, he mimed cradling an infant in his arms while he talked about rural parenting. He explained that studies show that investing in early childhood education pays off for society, whereas spending on adult education has negative returns. «You guys are done, sorry,» he told the crowd.
In the mid-2000s, Rozelle and his colleagues shifted their focus from agriculture to education. China’s economy was growing rapidly, but «children from rural areas with poor educations or in bad health didn’t have the capabilities» to take advantage of new economic opportunities, says Luo Renfu, a longtime Rozelle collaborator and economist at Peking University in Beijing.
In Anshun, China, Luo Hongni, 11 (left), and her brother Luo Gan, 10 (right), carry flowers to be used as animal feed.
KEVIN FRAYER/GETTY IMAGES
The result is a widening gap between urban and rural educational achievement in China, Rozelle says. Many urbanites fit the stereotype of «tiger» parents, pushing kids to excel in school. After hours, their schedules are packed with music and English lessons and sessions at cram schools, which prepare them for notoriously competitive university entrance exams. More than 90% of urban students finish high school.
But only one-quarter of China’s children grow up in the relatively prosperous cities. Rural moms have high hopes for their children; Rozelle’s surveys have found that 75% say they want their newborns to go to college, and 17% hope their child gets a Ph.D. The statistics belie those hopes: Just 24% of China’s working population completes high school.
Rozelle believes such numbers bode ill for China’s hopes of joining the ranks of high-income countries. Over the past 70 years, he explains, only 15 countries have managed to climb from middle- to high-income status, among them South Korea and Taiwan. In all those success stories, three-quarters or more of the working population had completed high school while the country was still in the middle-income bracket. These workforces «had the skills to support a high-income economy,» Rozelle says. In contrast, in the 79 current middle-income countries, only a third or less of the workforce has finished high school. And China is at the bottom of the pack. School dropouts don’t have the skills needed to thrive in a high-income economy, Rozelle says. And, worryingly, the factory jobs that now provide a decent living for those with minimal training are moving from China to lower-wage countries.
Rozelle thinks a lack of opportunity isn’t the only factor holding back China’s rural children. Physically and mentally, they are also at an increasing disadvantage, hampering their performance in school and their prospects in life.
Childhood in the other China
Compared with peers in the cities, rural kids have higher rates of malnutrition, uncorrected vision problems, and intestinal parasites. Many rural parents leave kids in the care of grandparents. The result, according to a team of economists: the intellectual stunting of roughly one-third of China’s population.
CREDITS: (GRAPHIC) G. GRULLÓN/SCIENCE; (DATA) SCOTT ROZELLE
In 2006, Rozelle gathered many of his research collaborators into a Rural Education Action Program (REAP). Based at Stanford, it has key partner institutions in China, including top schools, such as Peking University, and CAS’s Center for Chinese Agricultural Policy in Beijing, which gives REAP credibility with national authorities. REAP also has connections with provincial universities and, through their professors, ties to local officials. (To avoid the scrutiny China gives nongovernmental organizations, Rozelle emphasizes that REAP is an academic entity conducting research.)
REAP’s initial studies focused on the quality and cost of rural education. But Rozelle became aware of health issues during a 2009 visit to a rural school with Reynaldo Martorell, a maternal and child health and nutrition specialist at Emory University in Atlanta. «After lunch, all the kids were napping; Rey said they should be running around,» Rozelle recalls. Martorell suspected malnutrition, and a preliminary survey proved him correct. Over several years, Rozelle’s team conducted 19 surveys in 10 poor provinces covering 133,000 primary school kids. They found that 27% were anemic, an indication of malnutrition; 33% had intestinal worms; and 20% had uncorrected myopia. «If you’ve got one of these three things,» Rozelle says, «you’re not going to learn because you’re sick.»
REAP followed up with trial interventions. At 200 schools, they checked each child’s vision and gave them a math test. Then, in half the schools, the kids who needed them got free glasses. A year later, the math scores of the kids with glasses had improved far more than those of peers in the other schools. Vitamin supplements and deworming yielded similar results. Luo says these and other findings helped convince the central government in 2011 to establish a school lunch program now benefiting 20 million rural students daily. «What impresses me about Scott,» says Martorell, «is that his work does not end with just publications; he is deeply committed to making sure government officials become aware of the problems and solutions.»
But Rozelle believed that he might achieve more by starting with younger children, persuaded by the work of economists showing that investment in the first 1000 days of life yields economic dividends. As he puts it: «The development economics field discovered babies in the past five or so years.» Adversity early on—malnutrition or neglect of an infant’s physical and emotional needs, for example—can leave cognitive deficits that persist for life. And in REAP, Rozelle had an organization that could do rigorous studies of interventions and their benefits.
Fluent in Mandarin, Stanford University economist Scott Rozelle enjoys interacting with the rural children in his intervention programs.
RURAL EDUCATION ACTION PROGRAM
In 2013, REAP launched a study enrolling more than 1800 babies, ages 6 to 12 months, and their caregivers from 348 villages in impoverished Shaanxi province. A team took blood samples and measured the height and weight of each infant. An evaluator gave each baby a widely used test—the Bayley Scales of Infant and Toddler Development—that measures cognitive, language, and motor skills. Each caregiver answered a questionnaire used to assess the infant’s social and emotional status. The tests were repeated three times at 6-month intervals. The team also tracked whether and when a mother had migrated away for work.
On the bright side, Rozelle says, the tests indicated rural kids «don’t need help with their motor skills.» But 49% of the babies were anemic. And 29% scored below normal on the Bayley test: nearly twice the 15% of babies that naturally fall at the low end of intelligence tests in any population.
The researchers initially focused on nutrition, providing vitamins in the trial’s intervention arm. But follow-up tests showed that the supplements had marginal impact and that mental development scores deteriorated in both intervention and control groups.
At that point, Rozelle recalls, the team began to think, «Maybe it’s a parenting problem.» In spring 2014, REAP started asking caregivers in their study about parenting practices. Only 11% had told a story to their children the previous day, fewer than 5% had read to their children, and only a third reported playing with or singing to their children.
The situation is particularly fraught for «left-behind» children. Fully one-quarter of Chinese children under age 2 are left in the care of relatives at some point, according to UNICEF statistics. Grandparents often end up as the caretakers—and many «are still in a survival mode of thinking,» without the time, energy, or education to read to their grandchildren, Young says. The test scores confirm a devastating impact: After mothers left home to work in another city, mental development scores among their children declined significantly and socio-emotional indices «fell apart,» Rozelle says. The declines were greatest when a mother left during the child’s first year.
REAP was already adapting what’s known as the Jamaican intervention. Sally Grantham-McGregor, a physician and child development specialist, devised the strategy to help developmentally stunted children she observed while at the University of the West Indies in Kingston in the 1970s and 1980s. The Jamaican intervention relied on home visits to teach mothers, one-on-one, how to interact with their toddlers using books and toys designed to raise cognitive, language, and motor skills. The REAP team enlisted child education specialists and psychologists at Shaanxi Normal University in Xi’an, the province’s capital, to translate and adapt the teaching materials. For coaches, REAP turned to China’s National Health and Family Planning Commission, which was seeking new roles for its 1.5 million workers, who had enforced the country’s now-ended one-child policy.
REAP then took 513 children-caregiver pairs from the 1800 participants and split them into intervention and control groups. For the next 6 months, the newly trained family planning workers visited intervention homes weekly for coaching using the Jamaican method. In the intervention group, when the mother was present the baby’s Bayley scores rose to normal. But when a grandmother was raising the child, the Bayley score barely budged. «We’re working hard to figure out why,» Rozelle says.
The in-home visits were expensive, trainers sometimes skipped the most isolated families, and caretakers did not always comply. The coaching also did little to relieve the isolation of kids who did not have playmates, or of their mothers. A questionnaire given to mothers who remained at home with their children—often living with in-laws far from their own families and friends—suggested that 40% of them show signs of depression and could benefit from psychiatric help.
At early childhood development centers, coaches work with caregivers to bolster such parenting skills as reading to children.
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Those findings set the stage for REAP’s most ambitious experiment yet. To deliver services more cost-effectively, ensure that coaching sessions take place, and relieve isolation for toddlers and caregivers, the team over the past year set up 50 early childhood development centers in villages in Shaanxi province. The centers cost an average of $10,000 each to furnish and equip; their annual running costs range from $60,000 to $100,000. REAP raised the money from charitable foundations and philanthropists. The Shangluo facility, opened in May, is the first of several «supercenters» that will be located in apartment complexes being built in provincial towns to encourage rural residents to move off their isolated plots.
The REAP team will chart the progress of kids who visit the centers against children in 50 villages lacking them. Typical among those children is a 26-month-old girl being raised by her paternal grandparents in the village of Wanghe. Their house sits among a cluster of ramshackle buildings at the end of a dirt track. There are no playmates her age nearby. Her father works a 2-hour drive away in Xi’an, making it home only several times a year. Her mother has deserted the family. The grandmother, the main caregiver, did not even attend primary school. No toys or books are in sight. At an age when most kids have started forming two-word phrases, the girl barely talks. Not surprisingly, she scores dismally on the development test.
Rozelle says that when he sees kids in the randomly selected control villages, «I often want to take them in my arms and move them to the treatment village.» But randomized trials are key to demonstrating the benefits of the intervention. Few countries have comparable programs providing all-around support for mothers and babies during a child’s first 1000 days. Richter says there are a lot of unanswered questions about how to scale up interventions and adapt them to different cultures, how to support mothers at risk of depression, and how early interventions dovetail with later educational programs.
REAP’s studies might provide some answers. The first assessment of the childhood education centers will be done in early 2018. «We hope to follow the kids for as long as we can find funding,» says Wang Lei, a Shaanxi Normal University economist and a REAP affiliate. And Rozelle is already trying to convince the central government to set up centers in 300,000 villages across the country. Authorities could solve China’s rural cognitive deficit problem, Rozelle says, «if they knew about it and put their minds to it.»
The caregivers taking advantage of the centers are convinced of their value. At a center in Huangchuan, a village 30 kilometers north of Shangluo, Zhang Yanli says she has learned a lot about parenting and can see how quickly her 18-month-old daughter is picking up verbal and social skills. The young mother gestures to her older daughter, who is four-and-a-half years old. «I wish there had been a center for her.»
“Para un proyecto como el cubano la reforma económica debe ser favorable a la inclusión y a la distribución, no a la exclusión y a la concentración”
Cuba Posible
En varios análisis y opiniones vertidas en la esfera pública cubana transnacional muchos defienden la propuesta de una reforma económica más amplia, integral y rápida. Del mismo modo, resaltan que el modelo social cubano no debe renunciar al acceso universal a la educación y a la cultura, a la salud pública, a la seguridad social y al trabajo decente –para lo cual habrá que desarrollar una gran capacidad de generar empleo. ¿Cuáles deben ser las características de una factible reforma económica así considerada? ¿Cómo podría la sociedad cubana asegurar el acceso universal, con calidad, a esos derechos? ¿Cómo colocar en función de ellos los recursos financieros necesarios sin escatimar recursos para el desarrollo de otros ámbitos también medulares? Brindamos las opiniones del educador popular Ariel Dacal.
Parto de comprender que “reforma económica” no tiene un significado unívoco. En realidad como base, tampoco “la economía” lo tiene. Por tanto, es bueno aclarar desde qué nociones de economía se parte y con qué potencialidades cuentan para sustentar el acceso universal a los derechos humanos referidos, es decir, las artes, la salud, la educación y el trabajo dignos.
Las estructuras, dinámicas y relaciones económicas en Cuba viven un claro proceso de cambio, con independencia del carácter que estos tengan. Supongamos que si este proceso fuera más “rápido, amplio e integral”, idea defendida por mucho/as, habrá mayor producción, excedentes, acumulación y gastos para responder en positivo al mantenimiento (y mejora) del acceso universal a esos derechos. Todo lo cual es necesario, pero no suficiente.
Por eso habría que preguntar también ¿desde qué lugar social se distribuye la riqueza producida? ¿Esta distribución se asume como mercancía o como derecho? ¿Qué grupos sociales y en qué proporción participan de la generación, gestión y apropiación de la riqueza?
Estas preguntas develan como enfoque la relación entre economía y democracia, el cual está prácticamente ausente en los análisis sobre las reformas en curso. Enfoque imprescindible para abordar la relación entre reforma y acceso universal a los derechos.
Otra arista del mismo análisis sería la relación entre economía y desarrollo. Si esta fuera entendida como crecimiento económico, a toda costa y todo costo, concentración de las riquezas en sectores y grupos más “competitivos” frente a la exclusión de otros, así como la adecuación a las exigencias de instituciones que consagran al “mercado mundial”; entonces el acceso universal al arte, la salud, la educación y el trabajo dignos tendrán un destino incierto. Noción de economía y desarrollo en la que la democracia tendría poco que aportar.
Si por el contrario, el desarrollo se asume en su acepción potenciadora de la creatividad, las capacidades y la vida digna del ser humano, en tanto individuo y comunidad, y su contenido integral refiriera a la centralidad humana como condición del mercado y no a la inversa; si el alcance del desarrollo se verificara en la vida cotidiana de todos y todas, no en el bienestar de unos pocos; entonces el acceso universal a los derechos humanos tendría un curso más prometedor. Desde esta perspectiva, la relación entre economía, desarrollo y democracia estaría contenida en la integralidad demandable al proceso de reforma.
Para un proyecto de justicia social como el cubano, entiéndase acceso universal a los derechos humanos, es condición una reforma económica integral favorable a la inclusión y la distribución, no a la exclusión y la concentración. Reformas a favor de la vida humana y natural, y contrarias a los procesos de mercantilización de todas las relaciones sociales y con la naturaleza.
Para encaminar esta visión se debe definir como estratégico el proceso de democratización económica, al tiempo que potenciarlo, no solo al interior de las unidades productivas (sobre todo estatales, cooperativas, asociativas, familiares y comunitarias), sino en los espacios públicos donde se definan las políticas económicas, a nivel comunitario, municipal, provincial y nacional.
Más concretamente, por ejemplo:
potenciar experiencias de presupuestos participativos y comercio justo, facilitadas por los gobiernos locales, que parta del nivel de circunscripción;
alcanzar una participación descentralizada en la definición y control de las inversiones de capital extranjero;
potenciar el control democrático dentro de las empresas que encamine la responsabilidad social de estas;
mejorar las condiciones para conectar las experiencias locales con la cooperación internacional;
ensayar propuestas de economía social y solidaria en pequeñas y medianas empresas locales y sectoriales;
potenciar formas de propiedad y gestión comunitarias autónomas para la producción de bienes y servicios, que incluyan salud comunitaria, alternativas educativas, cooperativas de consumo y de vivienda, y facilitar el acceso a créditos con intereses mínimos.
No es posible que estos procesos, que en diferentes niveles de desarrollo están presentes en Cuba, progresen por generación espontánea. Es imprescindible su estímulo, acompañamiento y priorización desde las políticas estatales, las que también implicarían procesos democratizadores en la definición de estas y una creciente transparencia en la información económica.
Este pudiera ser un camino más seguro de reformas económicas para lograr la sostenibilidad del acceso universal a las artes, la salud, la educación y el trabajo dignos. Si el control sobre los derechos no es creciente y permanente, en cualquier momento estos pueden quedar relegados por necesidades “económicas”. Ha de apostarse, entonces, por la acumulación de una cultura económica emancipadora, donde no se asuman los derechos humanos ni como costo de producción ni como gasto burocrático.
El sindicato de docentes Ustec-Stes, la federación de enseñanza de la CGT, el sindicato Intersindical-CSC y el Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans (SEPC) han defendido hoy «el derecho a votar» en el referéndum del 1 de octubre, suspendido cautelarmente por el Tribunal Constitiucional (TC).
Asimismo, han anunciado que «impulsarán movilizaciones, incluyendo una huelga general y social», en caso de que se impida «este derecho legítimo».
Los sindicatos han presentado hoy en Barcelona el manifiesto «Pacto Educativo por el Referéndum», en el que denuncian la ocupación «ilegal e ilegítima» de varios departamentos de la Generalitat y las detenciones «que están realizando fuerzas policiales y militarizadas españolas».
En el manifiesto, los sindicatos denuncian también la «persecución a cargos electos y trabajadores del sector público y privado, la ocupación de medios de comunicación e imprentas, y la prohibición de actos y la requisa de materiales para el referéndum por parte del gobierno de PP y sus aliados».
Para los sindicatos, la situación es de «estado de excepción encubierto», y abogan por «dar una respuesta a la altura de la gravedad del momento, en contra de la represión y en la defensa de los derechos democráticos y civiles, de la soberanía del pueblo catalán y de su derecho de autodeterminación».
Los firmantes del manifiesto hacen «un llamamiento internacionalista y a la solidaridad de los trabajadores del resto de pueblos para que nos acompañen en este desafío».
Los sindicatos educativos afirman que «desde nuestro ámbito de lucha, la educación, tenemos que estar al lado del pueblo», a la vez que «seguiremos luchando por la revisión de los recortes, una educación pública y de calidad y la mejora de las condiciones laborales de los trabajadores del sector educativo».
La región presenta una de las tasas más altas de embarazo adolescente del mundo, sólo superada por África. Según estadísticas del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), en América Latina 1 de cada 5 mujeres será madre antes de terminar la adolescencia.
El embarazo adolescente se asocia con menores logros educativos entre las madres, una situación que puede perpetuar el ciclo de pobreza de una generación a otra.
Los métodos anticonceptivos reversibles de larga duración o LARCs, como el implante subdérmico o los dispositivos intrauterinos, son el tipo de anticonceptivo reversible de mayor eficacia. Es recomendado como la elección de anticoncepción de primera línea para adolescentes.
El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) ha puesto la luz sobre una situación que tiene un impacto significativo sobre la salud de las mujeres de América Latina y el Caribe: esta región exhibe actualmente un elevado porcentaje de embarazo adolescente, que sólo es superada por África. Hoy, en América Latina y el Caribe, 18 de cada 100 nacimientos corresponden a madres de entre 15 y 19 años de edad, cuando en el mundo la proporción es de 10 por cada 100 nacimientos; incluso en regiones como Europa o Asia, la relación entre el nivel de fecundidad adolescente y el de la fecundidad de las mujeres adultas es aún más bajo (entre 5 y 7 de cada 100).
El embarazo adolescente constituye en sí mismo una barrera para que ejerzan su derecho a la educación y a un desarrollo saludable, y que logren una transición exitosa hacia la vida adulta. Las consecuencias del embarazo en esta etapa tienen amplio impacto a lo largo de la vida de las adolescentes e incluso en las siguientes generaciones.
Un trabajo realizado por la doctora Marisa Labovsky, presidenta de la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil (SAGIJ), indicó que el 80% de las adolescentes embarazadas son hijas de madres que a su vez fueron madres en la adolescencia. “Hay historias que se repiten por lo que es fundamental la educación sexual, no sólo en la familia, sino fundamentalmente en el ámbito escolar y a través de los medios de comunicación”, afirmó la especialista.
Las actuales perspectivas, no son alentadoras. Según estima el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), 1 de cada 5 mujeres de la región será madre antes de terminar la adolescencia. Casi tres cuartos de los embarazos adolescentes en América Latina y el Caribe no son planificados, y cerca de la mitad terminan en abortos. Es que si bien el conocimiento, acceso y uso consistente y eficaz de anticoncepción es un elemento esencial en la prevención de embarazos no planificados, numerosos niños y jóvenes no tienen acceso a una educación sexual integral de calidad.
El 34% de las adolescentes sexualmente activas que requieren métodos anticonceptivos y no quieren ser madres en los próximos 2 años -lo que suma cerca de 3.4 millones de mujeres de 15 a 19 años- no utiliza métodos anticonceptivos, mientras que una proporción menor utiliza métodos anticonceptivos tradicionales, que son menos efectivos que los métodos modernos.
Los métodos anticonceptivos reversibles de larga duración o LARCs son el tipo de anticonceptivo reversible de mayor eficacia, pues no requiere que se tome una píldora cada día ni que se haga algo antes de cada relación sexual y, según el método elegido, puede prevenir el embarazo durante 3 a 10 años. Asociaciones profesionales importantes como el Colegio Estadounidense de Obstetricia y Ginecología o la Academia Americana de Pediatría recomiendan el uso de LARCs como la elección de anticoncepción de primera línea para adolescentes. “Los métodos anticonceptivos reversibles de larga duración son métodos de elección para todas las mujeres. Sin embargo, lo son más aún para las adolescentes ya que su grado de fertilidad es mayor, sus óvulos son jóvenes y tienen más posibilidades de quedar embarazadas. Son métodos ideales para esta etapa porque son los que tienen menor tasa de abandono, son altamente efectivos y no dependen de la usuaria”, indicó la doctora Labovsky
En este sentido, la licenciada Estela Sánchez, coordinadora del Programa del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable de la Región Sanitaria V (San Martín) destacó el uso del implante anticonceptivo subdérmico. “El implante subdérmico se encuentra a la cabeza dentro de los métodos de larga duración disponibles en el sistema de salud público. Es práctico, de rápida colocación e indoloro. Las adolescentes se lo recomiendan entre ellas por la comodidad y efectividad. Es un método que, con el debido entrenamiento podemos colocar los obstétricos; no sólo los médicos. Esta situación posibilitó la ampliación de su uso, haciéndolo accesible a miles de mujeres. Sólo en nuestra región sanitaria hemos colocado con éxito más de 7.000 implantes”, detalló.
Efectos sobre la educación y la salud
La salud sexual y reproductiva tiene un impacto directo sobre la educación y las perspectivas futuras de los jóvenes. Los embarazos precoces y no deseados aumentan el riesgo de ausentismo, desempeño escolar deficiente y deserción escolar prematura para las jóvenes y también tienen consecuencias educativas para los jóvenes padres. De ahí que todos los estudios coinciden en señalar que la maternidad adolescente se asocia con menores logros educativos entre las madres, una situación que puede perpetuar el ciclo de pobreza de una generación a la siguiente.
La relación entre embarazo adolescente y educación es de doble vía: la mayoría de las adolescentes que fueron madres están fuera del sistema educativo al momento del embarazo, y en los casos en que las adolescentes se encuentran estudiando, el embarazo y nacimiento precipita el abandono escolar.
Al mismo tiempo, en lo que respecta a la salud de las adolescentes, el riesgo de complicaciones y muerte es superior para las madres más jóvenes que para las que tiene un hijo en la edad adulta; en los países de ingresos bajos y medios, el riesgo de mortalidad materna de las madres de menos de 15 años es dos veces mayor que el de mujeres de más edad. En los países en vías de desarrollo, las complicaciones del embarazo y del parto constituyen la principal causa de muerte entre las adolescentes de 15 a 19 años, y los bebes nacidos de madres adolescentes enfrentan mayores riesgo para su salud que los niños nacidos de madres de más edad.
Medio dólar por cabeza. Es decir, menos de 50 céntimos de euro o menos de lo que cuesta una barra de pan. Esa cantidad puede marcar la diferencia entre que a una persona le vaya mejor o peor cuando sea adulta. Todo tiene que ver con la estimulación cognitiva que reciba desde niño, con el desarrollo de su cerebro en sus primeros mil días de vida. Si se invierten tiempo y recursos en ese bebé, de mayor tendrá mejores perspectivas de vida. Pero si en esos primeros años no se le estimula lo suficiente, su futuro quedará condicionado.
Unicef ha presentado este jueves en el marco de la Asamblea General de la ONU, en Nueva York, La primera infancia importa para cada niño. Es un informe realizado con el apoyo de la Fundación H&M que revela que unos 85 millones de menores de cinco años en el mundo viven en países donde no existen las políticas necesarias para el óptimo desarrollo de su primera infancia. Nutrición inadecuada, enfermedades, dificultades en el acceso a la educación preescolar y entornos insalubres han provocado retrasos en el crecimiento de unos 155 millones de niños de esa edad.
«El informe se refiere sobre todo a los dos primeros años de vida, que son los más importantes y los más abandonados. Es cuando el cerebro realiza las conexiones neuronales con más rapidez y es cuando es más necesario ese entorno que promueva su adecuado desarrollo, que es lo que le dará la oportunidad de llegar a su máximo potencial», explica Lorena Cobas, responsable de emergencias de Unicef Comité Español.
Un niño de una familia pobre que haya estado bien atendido en su primera infancia ganará de adulto hasta un 25% más que uno que no
Esos dos primeros años —incluidos los nueve meses de embarazo— constituyen una etapa crítica en la vida de una persona. Después del nacimiento, el cerebro de un bebé continúa desarrollándose, genera células e inicia el proceso de definirlas y conectarlas, lo que mejorará sudesarrollo social, emocional y cognitivo. Estas conexiones se producen a un ritmo de, por lo menos, 1.000 por segundo. Sin embargo, investigaciones recientes de la Universidad de Harvard indican que la velocidad podría ser de hasta un millón por segundo.
La diferencia, según otro estudio citado por Unicef, se puede notar en las ganancias económicas: un niño de una familia pobre que haya estado bien atendido durante su primera infancia, haya jugado y se le haya educado desde pequeño, ganará de adulto hasta un 25% más que uno que no lo haya estado. Y de la suerte de estas generaciones dependerá el crecimiento económico y social de un país. «Si no invertimos ahora en los niños y familias más vulnerables, seguiremos perpetuando ciclos intergeneracionales de desventajas y desigualdad. Vida tras vida, oportunidad perdida tras oportunidad perdida, estamos aumentando la brecha existente entre los que tienen y los que no, al tiempo que debilitamos nuestra fortaleza y estabilidad a largo plazo», ha afirmado Anthony Lake, director ejecutivo de Unicef.
QUIÉNES CUMPLEN Y QUIÉNES NO
Países que cuentan con las tres políticas necesarias para el desarrollo cerebral temprano: Bielorrusia, Bulgaria, Cuba, Francia, Hungría, Italia, Letonia, Luxemburgo, Portugal, Rumania, Rusia, San Marino, Suecia, Turkmenistán y Ucrania.
Países que no cumplen con ninguna de las tres políticas:Argelia, Australia, Bangladesh, Barbados, Belice, Bhután, Bosnia y Herzegovina, Brunei, Dominica, los Estados Federados de Micronesia, los Estados Unidos de América, Gambia, Granada, Kenia, Liberia, Malawi, Malasia, Myanmar, Namibia, Omán, la República Popular Democrática de Corea, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, Sierra Leona, Singapur, Sudáfrica, Swazilandia, Tonga, Trinidad y Tabago, Uganda, Yemen y Zambia.
Para Unicef, la base fundamental que garantiza el desarrollo cerebral temprano de los niños está formada por tres políticas: dos años de educación preescolar gratuita, permisos de lactancia retribuidos para las madres durante los primeros seis meses de vida y licencias parentales retribuidas adecuadas. ¿Cómo se puede hacer esto con medio dólar por cabeza? «Es un cálculo: si un Estado destinara un presupuesto adecuado para poner en marcha políticas de desarrollo temprano, de media se gastaría esa cantidad por cada niño», aclara Cobas. «No es que cada niño cueste medio dólar. Es la media resultante de dividir lo que cuesta una política adecuada entre el número de niños del país».
De hecho, el informe subraya que invertir en el desarrollo temprano de un niño reporta ganancias económicas significativas para el futuro de su país. «Cada dólar que se invierte en programas de apoyo a la lactancia, produce un rendimiento de 35 dólares; y cada dolar invertido en los cuidados del niño en su primera infancia y en la educación para los más desfavorecidos, puede generar beneficios de hasta 17 dólares», dice el informe. Cobas, por su parte, recuerda que otra razón por la que el retorno de la inversión es muy importante: «El niño con un desarrollo temprano adecuado va a tener menos enfermedades, por tanto, causará menos gasto social en medicamentos y atención sanitaria».
Sin embargo, los Gobiernos de todo el mundo gastan de media menos de un 2% de sus presupuestos para educación en programas de atención primaria a la infancia y solo 15 países en todo el mundo cuenta con estas políticas recomendadas por Unicef. Otros 32 no tienen ninguna y no son necesariamente pobres, véase el caso de Estados Unidos y Australia. En otros 64, una media de uno de cada cuatro menores no participan en actividades esenciales para su desarrollo cerebral como jugar, leer o cantar.
En 64 países, uno de cada cuatro menores no participa en actividades esenciales para su desarrollo cerebral como jugar, leer o cantar
¿Es un retraso irreversible? «Los adultos seguimos haciendo conexiones neuronales; ya no tan rápido, aunque sí podemos seguir aprendiendo. Lo que ocurre es que, si pierdes la oportunidad en el momento en que estás más preparado para ello, luego será más complicado», aclara Cobas.
Para paliar esta situación, Unicef propone en su estudio cuatro medidas que ayudarían mejorar las expectativas de los niños: Primero, invertir y aumentar los servicios de desarrollo de la primera infancia en el hogar familiar, la escuela y los centros de salud, sobre todo para los niños más vulnerables. También que sea prioridad nacional implementar las políticas tres sociales mencionadas: educación preescolar gratuita, permisos parentales y maternales remunerados y pausas de lactancia materna. Además, dar tiempo y recursos a los padres para que puedan fomentar el desarrollo de sus hijos pequeños: para cantarles, hablarles, leerles… Prestarles atención. Por último, Unicef propone recoger y compartir los datos existentes sobre el desarrollo de la primera infancia para poder hacer un seguimiento de los niños y familias más vulnerables.
«Pedimos que se apliquen las cuatro medidas, que no son exclusivas para los países del Sur, sino para todos los niños en todo el mundo», abunda Cobas. Entre ellos, España, que no está incluida ni en los 15 que cumplen todas las políticas ni en los 32 que no cumplen ninguna. «En España aún no se cumplen los seis meses de baja maternal recomendados, por ejemplo», recuerda la experta.
Un total de 617 millones de niños y adolescentes en todo el mundo carecen de un nivel mínimo en lectura y matemáticas, y eso aunque dos tercios del total están escolarizados, indicó hoy en un comunicado la Unesco, que consideró «alarmantes» esas cifras.
De acuerdo con los datos actualizados del Instituto de Estadística de la Unesco, más de 387 millones de niños con edad para estar en primaria (un 56 %) y 230 millones de adolescentes con edad para cursar el primer ciclo de secundaria (un 61 %) no alcanzan ese nivel mínimo.
A su parecer, es el signo de «una crisis de aprendizaje» que podría amenazar el cumplimiento de los Objetivos del Desarrollo Sostenido que se ha marcado Naciones Unidas, y en particular el referido a que los escolares completen una enseñanza primaria y secundaria que les dote de conocimientos «verdaderamente útiles».
En términos relativos, África es la región con el problema de mayor magnitud, ya que allí hay 202 millones que no llegan al umbral considerado mínimo y, sobre todo, en ese grupo están nueve de cada diez niños de entre 6 y 14 años.
En Asia central y del sur son 241 millones y un 81 % del total, lo que pone a esas zonas en segunda posición por la cola.
Uno de los elementos «sorprendentes», para la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) es que de los 387 millones de los niños con edad de cursar primaria en el mundo y que no saben leer, 262 millones van a la escuela.
En la misma línea, hay unos 137 millones de adolescentes escolarizados en el primer ciclo de secundaria que tampoco tienen las competencias mínimas en lectura.
Según el diagnóstico de la organización, estas estadísticas ponen en evidencia tres tipos de carencias, la primera la de los que no están escolarizados, con pocas posibilidades de conseguir los conocimientos útiles en lectura y matemáticas.
Las otras tienen que ver con la incapacidad para mantener escolarizados a los niños y «por el buen camino», así como con «la calidad de la enseñanza».
La Unesco hizo hincapié en que todo esto constituye «una señal de alarma» que debe conducir a invertir más en educación.
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