Activistas LGBT han instado esta semana al resto de gobiernos estatales de India a que «tomen nota de la lección» impartida por los estado de Tamil Nadu y de Kerala, pioneros en el país tras comprometerse a costear con sus arcas las operaciones de cambio de sexo, estimadas en unos 2.500 euros.
«Y si hace falta más dinero, está disponible», ha declarado el director de Justicia Social del estado de Kerala, Jaffar Malik, director del departamento de justicia social del estado, a la Fundación Thomson Reuters el lunes.
Kerala ha asignado tres hospitales para desarollar la cirugía y ha asegurado que también pagaría procedimientos fuera del estado y reembolsar a quienes ya se hubieran sometido a la intervención.
Maya Urmi Aher, activista por los derechos humanos y una de las beneficiadas por esta decisión, ha descrito la iniciativa como un «paso bienvenido». «Otros estados deben aprender una lección de Kerala. Al ser una comunidad tan estigmatizada y discriminada, la mayoría no tiene educación trabajo, lo que significa que no tienen mucho dinero», explica.
CASI 20.000 PERSONAS AGUARDAN
Según una encuesta del gobierno de 2015 descubrió que había alrededor de 25.000 personas transgénero en Kerala, más del 80 por ciento de las cuales deseaban someterse a la cirugía, pero necesitaban ayuda financiera.
Faisul Fasu, también activista transgénero en Kerala, ratifica que el dinero es, a menudo, el mayor obstáculo para la cirugía, y agrega que «esto animará a aquellos que planean ir a una cirugía de reasignación de sexo».
Se estima que India tiene alrededor de 2 millones de personas transgénero, que a menudo están confinadas a los márgenes de la sociedad.
Aunque en 2014 el Supremo dictaminó que tenían los mismos derechos que la ley y les otorgó un estatus legal al «tercer género», otorgándoles el derecho a casarse y heredar la propiedad, la realidad es que el abuso y la explotación siguen siendo abundantes.
La mayoría no tiene educación formal y se les niegan empleos, a trabajar en la industria del sexo, a mendigar o a bailar en las bodas para llegar a fin de mes.
La comunidad transexual de Kerala aplaude el esfuerzo del estado indio para cubrir operaciones de cambio de sexo
Kerala, uno de los estados más preocupados con las tribulaciones de la comunidad transexual, ha implementado medidas para mejorar el acceso a la educación y al empleo. El mes pasado, anunció que reservaría lugares en la educación superior para estudiantes transgénero.
La India en su conjunto gasta poco más del 1 por ciento de su PIB en salud pública, uno de los porcentajes más bajos del mundo, y su sistema de salud pública está sobrecargado y carente de fondos.
Fuente de la noticia: http://www.europapress.es/internacional/noticia-comunidad-transexual-kerala-aplaude-esfuerzo-estado-indio-cubrir-operaciones-cambio-sexo-20180811143817.html
«Yo soy, yo soy, yo soy», repetían las voces infantiles en el salón angosto con pisos de madera. Dos ventanas dejaban entrar la luz tibia del sol. La ronda giraba y el mantra iba subiendo el tono mientras los pies golpeaban el piso. «Más fuerte», arengaba Victoria Lagos, profesora de expresión corporal de la asociación Infancias Libres. Y las vocecitas agudas seguían, «yo soy, yo soy, yo soy», se potenciaban, subían cada vez más para que ese «yo soy» latiera, como rezaba la consigna, «al ritmo del corazón». El final del ejercicio fue un grito colectivo con muchos nombres superpuestos. Identidades secretas que salían, por fin, a la luz. Ese día, Guadalupe gritó bien fuerte Guadalupe y se empezó a reír. Seis años, el pelo rubio por los hombros, el short celeste y la remera de volados. Volvió a su casa feliz. Cuando su papá le regaló un diario íntimo de Soy Luna, se dibujó sin ropa, con el pelo muy largo y los genitales de varón. «Soy Lupe y soy trans», escribió.
Hubo una época en que Guadalupe tuvo otro nombre; uno que ahora ni ella, ni sus padres, Silvia y Sebastián, quieren recordar. De los berrinches, en cambio, sí se acuerdan. Y de la dermatitis que ardía y picaba y no se iba pese a las cremas y la ropa de algodón. Sebastián y Silvia cuentan que su hijo estaba siempre callado, tenía broncoespasmos, dormía mal, comía lo mínimo. Un día le regalaron un disfraz de Superman, pero solo usó la capa de pollera. Con cada torta de cumpleaños, un llanto distinto: no quería Cars, ni jugadores de fútbol, ni siquiera a los Minions. «Apenas sabía hablar cuando me contó que había soñado que era una nena», dice Sebastián, médico traumatólogo. «Me contó que en el sueño había usado un vestido y, cuando me lo contaba, tenía una sonrisa tan grande que yo no sabía qué hacer». Junto con su mujer, también médica, consultaron a las maestras del jardín de infantes a ver si habían conocido algún caso parecido. «Pensé que teníamos un nene gay. No entendíamos la diferencia entre género y sexualidad», se reprocha Sebastián. En la casa nadie dormía, todo era un caos. Más tarde llegaron los psicólogos, la terapia de pareja, la terapia familiar. Angustiado, Sebastián habló con el área de salud mental del hospital donde trabaja, pero como su hijo tenía 4 años, las respuestas era siempre las mismas: «Es muy chico, esperen, esto no quiere decir nada».
MAURO «Mi marido cambió el ‘reina’ por el ‘facha’, fue lo que pudo aceptar en ese primer momento y después le quedó como apodo», cuenta Bárbara, la mamá de Mauro Fuente: LA NACION – Crédito: Ignacio Coló
Pero sí quería decir. Al menos eso le explicaron un tiempo después los médicos del equipo interdisciplinario del hospital Durand, solo con ver los dibujos en los que Guadalupe se autorrepresentaba. «Lxs niñxs trans son niñxs en lxs que la identidad de género (es decir, la forma en que se autoperciben) no coincide con el sexo asignado al nacer», explica el doctor Adrián Helien, coordinador del Grupo de Atención a Personas Transgénero Gapet (adultxs, adolescentes y niñxs) y autor del libro Cuerpxs equivocadxs. El doctor pide expresamente que su discurso se escriba así, con la x que engloba un plural fuera de cualquier división binaria. Y agrega: «Al nacer se nos asigna un sexo y una identidad basada en la biología. En lxs niñxs trans, esa asignación no coincide con la identidad de género. Pero es importante aclarar que lo expresan de manera persistente, coherente e insistente a través del tiempo. En los seres humanos, el género define la identidad por sobre la biología. Entonces, si nació biológicamente varón, pero se autopercibe mujer: ¡es mujer! Lo mismo sucede con las mujeres biológicas: si se sienten varones, son varones. La ley de identidad viene a apoyar esta realidad. Esto es un aspecto humano normal, pero llama la atención porque solo una minoría de niñxs lo presenta y por la enorme ignorancia que tenemos al respecto». ¿Qué les aconsejaron a Silvia y Sebastián estos médicos? Algo más simple de lo que ellos se habían imaginado: que le dijeran (a su hijo) que lo iban a amar más allá de la ropa o el largo de pelo que quisiera tener. Y entonces ellos, que hasta entonces no se habían animado, que no querían cometer errores o incitar a algo que no sabían si era correcto, lo sentaron a la mesa y le dijeron una frase que fue el principio del cambio, mejor dicho, de la transición: «Te vamos a respetar siempre».
El caso de Guadalupe se parece al de los otros 35 niños y niñas que hoy se nuclean en la asociación Infancias Libres, creada por Gabriela Mansilla, madre de Luana, la primera niña trans que obtuvo su DNI en la ciudad de Buenos Aires a los 6 años de edad. En 2013, su caso fue pionero y recorrió el mundo. Gabriela tuvo mellizos varones, pero antes de cumplir el primer año de vida uno de ellos empezó a dar señales de que no estaba bien. Lloraba mucho. Se le caía el pelo. Se golpeaba la cabeza contra la pared cuando lo obligaban a vestirse como nene o cuando no lo dejaban bailar como Bella frente a la película de Disney. Terminaba robándole remeras a Gabriela y usándolas como vestido. Entre las primeras palabras que dijo, hubo cuatro que su mamá nunca olvidará: «Yo nena, yo princesa», le dijo. Tenía dos años.
DIFERENCIA «Pensé que teníamos un nene gay. No entendíamos la diferencia entre género y sexualidad», se reprocha Sebastián, papá de Guadalupe Fuente: LA NACION – Crédito: Ignacio Coló
En esa época, Gabriela no era activista ni experta en cuestiones de género; era un ama de casa del conurbano profundo que vendía pizzas y que solo quería que su criatura se dejara de lastimar. Así que aguantó que su marido la abandonara, que en el barrio los vecinos de toda la vida le quitaran el saludo, que no le quisieran vender ropa de nena, que los médicos pediatras de los hospitales públicos las humillaran (a ambas) en cada visita. Aguantó todo para que Luana fuera Luana. Y logró, con el asesoramiento de Valeria Pavan, coordinadora del área de salud de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), que su hija hiciera su propio camino de transición y tuviera un DNI con su nueva identidad.
Con la llegada de Luana, en 2011, la CHA inauguró un universo nuevo de acompañamiento, porque hasta ese momento solo trabajaba con jóvenes y adultos. «Habíamos escuchado recuerdos infantiles, pero no habíamos trabajado directamente con niños -cuenta Pavan-. Lo que me llamó la atención es que por primera vez encontré una madre que escuchaba lo que su hija le decía sin responder con violencia. Gabriela se comprometió a acompañar a su hija, y se puso al hombro el objetivo de que los derechos fueran para todos los niños y niñas». Hoy, la asociación Infancias Libres, que hace menos de un año Gabriela fundó con sus padres y hermanos para ayudar a quienes vivan algo similar, pasó de nuclear ocho familias a 35. Y no son los únicos. Según datos de la Secretaría de Infancias y Adolescencias Trans y sus Familias de la Federación Argentina GLBT, creada en 2016, en el lapso de dos años se acercaron 80 familias, entre las cuales hay niños y niñas trans de entre 2 y 5 años.
En conjunto con Casa Trans y el hospital Pedro de Elizalde les ofrecen acompañamiento psicológico y encuentros de diálogo para intercambiar experiencias. Desde el hospital Durand, en tanto, aseguran que la edad de la primera consulta actualmente descendió por debajo de los 18 años y que por esa razón el año pasado crearon el equipo que atiende niños, niñas y adolescentes. Desde entonces, es la consulta que más creció y hoy acompañan a 50 pacientes en este rango de edad. ¿Por qué hasta hace poco nada de esto existía? ¿Es la infancia trans un fenómeno reciente? «Nosotros tenemos una encuesta del Grupo de Atención a Personas Transgénero que indica que la gran mayoría se descubrió trans en la primera infancia: el 88% antes de los 10 años y el 67% antes de los 5», detalla el doctor Helien. Pero nadie estuvo ahí para escucharlos.
Armar red
Hoy, a Gabriela Mansilla su casa de Merlo le quedó chica como sede de la fundación y busca nuevo lugar. Allí tienen encuentros de diálogo, clases de expresión corporal, acompañamiento terapéutico. Cada día le escriben de diferentes provincias; de otros países, también. «Los padres llegan a mí muy angustiados. Algunos sienten alivio cuando hablan conmigo; otros en cambio se enojan, no me quieren escuchar», cuenta desde el living de su casa, el mismo donde días atrás escuchó durante cuatro horas a una madre de la localidad de Mercedes que no dejaba de llorar por lo que acababa de confirmar, por todo lo que se venía a partir de ese momento. «Llegan acá con miedo, con vergüenza, con culpa y con muchos prejuicios. Yo abrazo a los padres, pero no les abrazo sus prejuicios. Les digo la verdad. ¿Qué preferís? ¿Acompañar desde ahora a tu hijo o hija o abandonarlo y que se te suicide antes de llegar a los 35?», dice con tono firme, la convicción de alguien que ya lleva peleando demasiado tiempo. Sobre la mesa hay dibujos que dejaron Luana y su hermano mellizo, Elías. No tocar, reza el cartel escrito con marcadores de colores y caligrafía infantil sobre una cajita cerrada. Desde el cuarto llegan sus risas. «No te puedo mostrar, son unos tesoros que trajeron del patio», bromea Gabriela.
Fuente: LA NACION – Crédito: Ignacio Coló
«Ante la situación de un hijx trans, la aceptación es la mejor opción -plantea el doctor Helien-. Primero, porque todos necesitamos ser validados en nuestra identidad, luego porque no es una enfermedad, y porque la aceptación salva vidas en esta temática. Hay trabajos científicos que nos dicen que el rechazo familiar multiplica por ocho el riesgo de suicidio en personas trans y por seis el riesgo de depresión. Lxs niñxs son muy vulnerables en su primera infancia, necesitan de la aceptación y del amor de sus padres, tanto como del alimento. Muchas veces, los familiares que los tienen que proteger son los que los niegan, discriminan o ejercen violencia. Cuando hay un niñx trans, los que tienen que salir del closet son los padres».
Silvia y Sebastián tuvieron reacciones distintas con respecto a la aceptación. Silvia sintió alivio. Por fin podía darle una muñeca a su hijo; podía dejarlo vestirse como quisiera y verlo sonreír sin sentirse culpable. Sebastián, en cambio, se debatía con él mismo. «Yo quería una explicación científica, hacerle un estudio genético, que hubiera un protocolo a seguir… Primero, pensé: ¿por qué me pasa a mí? Yo, la víctima. Pero nunca fui yo la víctima de nada, era Lupe, que no la podíamos escuchar ni entender». Con ayuda de Silvia salió de ese lugar y empezó a asumir, a aceptar. En la transición de Guadalupe, sin embargo, tuvo un período de depresión. Un duelo, en realidad. Porque él sabía que iba a pasar, pero pensó que iba a ser más tarde, en el paso al secundario. «Sucedió antes», dice con voz calma. Por eso el duelo, porque de un día para el otro el hijo con el que él se proyectaba jugando al fútbol desde que estaba en la panza de Silvia ya no estaba más. «Lo que pasa es que los proyectos son de la persona, no míos, y esa persona sigue existiendo. Se trata de entender que cambian las proyecciones o los proyectos, y entonces el duelo es más corto, más simple, por eso ahora estoy en otra etapa».
Bárbara Magarelli, coordinadora de la Secretaría de Infancias y Adolescencias Trans y sus Familias, es la madre de Mauro, el primer varón trans en haber obtenido el DNI en la ciudad. Ella asegura que los hijos siempre dan señales, pero los padres tienen que poder escuchar. En su caso fue una frase muy concreta, algo que le dijo su hija antes de llegar a los 9: «Mamá, voy a cagar a palos a la cigüeña. Me trajo nena y soy varón». Bárbara recuerda el abrazo y el silencio posterior a esa charla. Quería decir algo, pero no sabía qué. Estaba shockeada. Primero vio un documental de infancias trans; después se puso a buscar en internet y así conoció a otra madre de un niño trans en Japón, de la que se hizo amiga y con quien todavía habla por WhatsApp. «Lo único que sabía era que lo iba a acompañar. No sabía cómo, pero no lo iba a dejar solo». Cuando su marido se enteró, llegó un nuevo problema: por más que quisiera aceptar el camino de la transición, no podía llamar en masculino a quien, hasta entonces, había sido su «nena», su «reina», su «beba». Quería, pero no podía. Entonces le empezó a decir Facha. «Mi marido cambió el ‘reina’ por el ‘facha’, fue lo que pudo aceptar en ese primer momento y después le quedó como apodo», cuenta Bárbara. «El nombre Mauro era el de mi papá. Lo elegimos juntos. Parece simple, pero es tan complejo… Yo por nueve años la llamé como nena, cuesta de un día para el otro cambiar el nombre, por eso digo que hay que tenerles paciencia a los padres. Permitirles que se equivoquen. Siempre les aconsejo lo mismo cuando vienen a Casa Trans en busca de ayuda: busquen un sobrenombre, un apodo, algo que para empezar les resulte más fácil. Está bueno que los padres se involucren en la elección del nombre, vuelve a nacer un hijo para vos, con su verdadera identidad».
Fuente: LA NACION – Crédito: Ignacio Coló
Tal vez, uno de los principales objetivos de Infancias Libres sea enseñarles a los niños y niñas trans (y a sus padres) a querer sus cuerpos como son. Un objetivo complejo que obliga a salir de la lógica binaria (hombre/mujer) y busca que, desde pequeños, entiendan la diferencia que existe entre nociones como género, genitalidad y orientación sexual sin recurrir necesariamente a tratamientos de hormonización u operaciones de reasignación de sexo. «Ese es uno de mis grandes miedos con Luana, que ya está cerca de la adolescencia. Nosotros apuntamos a la aceptación, ese es el trabajo que queremos hacer desde acá», dice Gabriela, que nunca olvidará la tarde en que se desesperó porque vio que Luana se quería arrancar el pene. Ese día decidió explicarle que podía ser una nena y tener genitales masculinos; decirle, en sus propias palabras, aquello que teóricos como Judith Butler llevan años tratando de difundir: que el género, el «ser hombre» o «ser mujer» es una construcción cultural. La decisión final, en última instancia, siempre será de Luana.
Hay una diferencia fundamental, clave a la hora de abordar esta temática: la identidad de género no es lo mismo que la orientación sexual. Según Valeria Pavan, la identidad de género incumbe a nuestro ser en el mundo porque es algo propio. La orientación sexual, en cambio, acontece a partir de nuestro deseo respecto de terceras personas, afectiva y eróticamente. «La orientación sexual tiene que ver con el afuera; la identidad es algo propio, ligada a la pregunta quién soy, cómo me paro en el mundo. El gran obstáculo es el prejuicio ligado a representaciones tradicionales respecto del sexo y el género. Concluyen en una mirada binaria a partir de un dato biológico: el genital que porte ese niño o niña mientras lo están gestando. Manejamos una concepción muy biologicista».
Identidades flexibles
Claro que dejar que los niños y niñas transiten y expresen identidades flexibles no es una propuesta fácil y genera contradicciones incluso en los mismos padres. «Hacé pis sentada», le decían hasta hace poco Sebastián y Silvia a Guadalupe, hasta que se dieron cuenta de que la estaban obligando a comportarse como una nena repitiendo los esquemas de los que precisamente querían escapar. También está el caso de Martín, un nene trans de 5 años que hoy es Martín, pero mañana no saben porque se cambia el nombre todos los días y seguirá fluctuando hasta que elija uno definitivo. Tal vez entonces hagan el cambio de DNI, «que es un derecho y no una obligación», cuentan Martín y Florencia, sus papás, remisero y empleada doméstica, respectivamente. En un camino muy similar al de los otros, estos padres se informaron, se comprometieron, se volvieron prácticamente defensores de una causa: la de su hijo trans. De alguna manera, todos los padres que apoyan a sus hijos en este camino se vuelven militantes. Su voz es la de los chicos, que todavía no pueden hablar o no tienen las herramientas para hacerlo. Son los mismos padres los que, entre el amor y la actitud defensiva, asumen la responsabilidad de educarse, incorporar nuevos conceptos, explicar todas las veces que sea necesario, darles pelea al mundo y a un discurso heteronormativo que se expande como un pulpo por todos los frentes. «Yo decidí dejarme el pelo largo y ponerme aritos para que mi hijo vea que no hay un único modelo de masculinidad, que no hay una sola manera de ser varón», dice Martín padre, con su voz grave y sus casi dos metros de altura. Además, quiere que cuando su hijo llegue a la pubertad, él mismo pueda explicarle cómo usar toallitas femeninas.
Fuente: LA NACION – Crédito: Ignacio Coló
Para Bárbara, el bloqueamiento hormonal de Mauro fue una opción desde el primer momento, para evitar en el futuro una masectomía. «A él le gusta estar en cuero desde que nació y así puede hacerlo. Es un tratamiento inocuo, cuando se deja de aplicar, las hormonas reaparecen. Se utiliza desde hace 30 años con niñas que tienen pubertad precoz. No tiene contraindicaciones. Es un trabajo con endocrinólogas y estudios que se hacen cada seis meses en el hospital Pedro de Elizalde», explica.
Para que estas nuevas identidades se respeten en todos los ámbitos, tanto en Infancias Libres como en Casa Trans aseguran que el trabajo en la escuela resulta fundamental. Al fin y al cabo, ahí es donde los chicos y las chicas pasan la mayor parte del día, de sus vidas. El problema es que al no haber, todavía, políticas públicas, la única opción que queda es apuntar a la buena voluntad de la institución y a planes personalizados de integración. «Antes esto era invisibilizado, pero hoy estos niños son cada vez más y eso es lo que intentamos trabajar con las escuelas para organizar estas situaciones en las instituciones -dice Valeria Pavan-. Yo en cada escuela tengo que armar un proyecto de acompañamiento que depende de lo que la escuela esté dispuesta a hacer». Su intervención más reciente fue en una escuela religiosa, donde hay dos niñas trans en el mismo grado. Valeria se juntó con todos los padres y escuchó con respeto a los que estaban enojados, los que tenían bronca ante lo diferente. Después les habló. E invitó a las familias de las niñas trans a contar lo que les estaba pasando en la casa. Cómo había sido el proceso y qué significó para ellos poder escuchar y validar a sus hijas. «Al final terminaron todos llorando abrazados. La verdad es que es más la gente que entiende que la que no, al menos en nuestra experiencia», dice Valeria. Con la ley de identidad de género de su lado, padres y especialistas coinciden en que el mayor límite lo encuentran hoy en la Educación Sexual Integral (ESI). «En los materiales, los cuerpos de los niños trans no están representados. En ese sentido es el cambio cultural que necesitamos que se empiece a organizar en todos lados, haya o no haya niños trans en esa institución», plantean.
Que va a llevar tiempo no hay dudas. Se trata de una apuesta titánica: escribir de otra manera las leyes de la cultura, el mandato social, el familiar. Aun así, hay brazos, discursos y personas que trabajan para que estos niños y niñas puedan tener una infancia como la de cualquiera. Y quizá, con el tiempo, los paradigmas y las representaciones que nos moldean sean otros. Más flexibles. Más tolerantes. Más humanxs.
Más información:
Según datos de la Secretaría de Infancias y Adolescencias Trans y sus Familias de la Federación Argentina GLBT, creada en 2016, en el lapso de dos años se acercaron 80 familias, entre las cuales hay niños y niñas trans de entre 2 y 5 años.
Son 35 los niños y niñas que hoy se nuclean en la asociación Infancias Libres, creada por Gabriela Mansilla, madre de Luana, hace menos de un año. «Los padres llegan a mí muy angustiados».
«Tenemos una encuesta que indica que la gran mayoría se descubrió trans en la primera infancia: el 88% antes de los 10 años y el 67% antes de los 5», detalla el doctor Adrián Helien, coordinador del Grupo de Atención a Personas Transgénero y autor del libro Cuerpxs equivocadxs.
«Muchas veces, los familiares que los tienen que proteger son los que los niegan, discriminan o ejercen violencia. Cuando hay un niñx trans, los que tienen que salir del closet son los padres».
Tanto en Infancias Libres como en Casa Trans aseguran que el trabajo en la escuela resulta fundamental.
Una diferencia clave a la hora de abordar esta temática: la identidad de género no es lo mismo que la orientación sexual.
Hemos vuelto para seguir más allá del Decenio internacional de los pueblos afrodescendientes colocando propuestas contrahegemónicas. La finalidad de este volumen no se circunscribe a ser un texto con fines didácticos, es también un instrumento de batallas, en particular referidas al reconocimiento, las autorreparaciones y las alianzas. Es un compartir de saberes que enlazan las academias y el movimiento afrodescendiente, en la pluralidad de voces provenientes de Colombia, Brasil, Argentina, Puerto Rico, Cuba, Estados Unidos y España, con el concurso de diversas y prestigiosas instituciones académicas.
Según ACNUR, 68,5 millones de personas desplazadas forzosamente en el año 2017
«La educación tiene un componente sanador esencial que devuelve a las niñas y a los niños procedentes de países en conflicto armado la estabilidad y la normalidad y que atenúa los traumas derivados del conflicto»
Los Estados miembro de las Naciones Unidas (ONU) aprobaron, el pasado 11 de julio, el último borrador del Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular y se espera que, a la vuelta de verano, se concluya el del Pacto Mundial para los Refugiados. Ambos se adoptarán oficialmente en la cumbre que tendrá lugar los días 11 y 12 de diciembre en Marrakech.
En la Declaración de Nueva York, suscrita en la Cumbre de la ONU del pasado año en la que se acordó la celebración de los pactos, la comunidad internacional expresó su compromiso de garantizar el derecho a la educación de las niñas y los niños refugiados. El borrador final del Pacto Mundial para las migraciones incorpora la educación de manera transversal en todos los objetivos y le dedica un apartado específico, el 31 f): «proporcionar una educación de calidad inclusiva y equitativa para los niños y jóvenes migrantes, así como facilitar el acceso a las oportunidades de aprendizaje permanente […]»
La importancia atribuida por los Estados a la educación de niñas y niños migrantes y refugiados llega en un momento crucial. Así lo reflejan los datos contenidos en el último informe de ACNUR. Registra 68,5 millones de personas desplazadas forzosamente en el año 2017-dos millones de personas más que en 2016-, cifra record por segundo año consecutivo. Señala, además, que el 52% de la población refugiada del mundo son niños, niñas y jóvenes menores de 18 años.
Como consecuencia, el derecho a la educación de estos menores es en muchas ocasiones vulnerado: según ACNUR, las niñas y los niños refugiados tienen cinco veces más probabilidades de estar sin escolarizar que los no refugiados. Solaf, de 13 años, refugiada siria en Líbano ha visto su aprendizaje interrumpido: «Ahora mismo estoy en cuarto grado, aunque debería estar en un curso más, pero cuando llegamos aquí a Líbano no había colegios hasta que abrió este […] Estuve casi tres años sin ir a clase y me dio mucha pena, se me olvidó todo lo que había aprendido antes«.
Y eso que la educación es un derecho que no se suspende durante las crisis humanitarias, ni en situaciones de refugio o desplazamiento forzoso. «La educación es un derecho, vengan de donde vengan, sea más fácil o más difícil […]. La educación es esencial para todos, especialmente para las personas refugiadas. ¡Cómo no van a necesitar educarse! ¡Como todas las personas! ¡Por eso la educación es un derecho!», señala Maya Yakooub, que trabaja en el Jesuit Refugee Service(JRS) en Líbano.
Pero, además, es una intervención que salva vidas. La educación tiene un componente sanador esencial que devuelve a las niñas y a los niños procedentes de países en conflicto armado la estabilidad y la normalidad y que atenúa los traumas derivados del conflicto. Así lo señala Samuel Shukuru, de 13 años, desplazado en Goma (República Democrática del Congo): «Volver a la escuela a estudiar y estar con mis amigos ayuda a que me sienta normal otra vez. Me ayuda a olvidar la guerra y el sufrimiento por no estar en mi casa, en mi pueblo».
Y, dado que la media de años que un refugiado o desplazado pasa en esa situación es de 17-lo que equivale a un tiempo superior al periodo educativo de una persona-, garantizar el derecho a la educación es esencial para promover su dignidad humana y evitar la pérdida de generaciones enteras. «Lo más importante es que sientan seguridad y amor, que puedan soñar y que quieran perseguir sus sueños, en eso es en lo que trabaja el JRS, porque sin sueños el país no se arregla, es importante que vuelvan con ilusión a su país«, señala Ahmad, profesor sirio en el Líbano.
Desde Entreculturas y JRS, asumiendo los cuatro verbos en torno a los que el Papa Francisco propone los 20 puntos de acción que deben guiar la adopción de los pactos globales -acoger, proteger, promover, integrar-, lanzamos la campaña «4 words to open the world» (4 palabras que abren el mundo), con ocasión al día mundial del refugiado, el pasado mes de junio.
Tal y como figura en nuestro documento de posicionamiento, queremos influir en los Estados para que, de cara a los pactos globales, coloquen por fin el derecho a la educación de las niñas y los niños refugiados en primer término. También queremos contribuir a generar una cultura de hospitalidad en las sociedades de acogida. Sin la voluntad de los Estados y el firme compromiso de las sociedades, no se podrá garantizar una educación de calidad, inclusiva y equitativa que devuelva a los menores refugiados la posibilidad de un presente y un futuro dignos.
Se trata de un proyecto contra los femicidios nacido en Italia. Se replicó en una escuela de Granadero Baigorria.
En 2010 a Wanda Taddei quien le juraba amarla le prendió fuego. La joven agonizó once días hasta su muerte. Su pareja, el músico Eduardo Vázquez, está entre rejas cadena perpetua porque nunca se dejó de buscar justicia. La madre y el padre de Wanda se prometieron que este horror no podía, no puede repetirse, y se volcaron de lleno a recorrer cuantos espacios los inviten, entre ellos las escuelas del país. El mensaje que llevan es preventivo y lleno de amor: que no haya más femicidios, que lo que le pasó a su hija no ocurra más, que las chicas y los chicos puedan construir relaciones no violentas. Un trabajo que resumen en un proyecto conocido como Banco Rojo, que la semana pasada encontró como protagonista a la Escuela Técnica Nº 550 de Granadero Baigorria.
La idea del Banco Rojo surgió en Perugia, Italia y se hizo pública allí por primera vez el 25 de noviembre de 2016 en el Día Internacional de Eliminación de la Violencia hacia las Mujeres. La Panchina Rossa o el Banco Rojo es hoy un símbolo universal para representar el lugar ocupado por mujeres víctimas de femicidios. En la Argentina lo difunde Beatriz Regal, la mamá de Wanda Taddei con la intención de concientizar, hacer visibles estos crímenes que en la Argentina registran un asesinato cada 30 horas (dato aportado por la ONG, Mujeres de la Matria Latinoamericana).
Beatriz Regal y su esposo Jorge Taddei llegaron a Granadero Baigorria invitados por el Area de Género de la Municipalidad de esa ciudad, y participaron de un trabajo conjunto con la Técnica 550. La conclusión de esta actividad —que se extendió por dos jornadas— llegó el viernes pasado cuando presentaron el Banco Rojo. Los estudiantes le sumaron la frase que es parte de esta campaña: «En memoria de todas las mujeres asesinadas por quienes decían «amarlas…»»; y un número de teléfono (3412175947) para que se repita, se recuerde, se comparta y sirva a quienes necesitan ayuda. El banco, la frase, el número telefónico tienen ese sentido de alerta y de prevención.
El plan original en Baigorria era que ese Banco Rojo quedase en un espacio público, en este caso en la plaza Santa Rita, muy cerca de un centro de salud, de la Técnica 550. El mal tiempo de esa jornada los hizo cambiar de rumbo y el banco ahora está en el patio de esta escuela de Chaco 460. La intención es que se convierta itinerante, que recorra las escuelas de esta ciudad, con un trabajo previo de sensibilización. También que chicas y chicos les vayan inscribiendo sus propios mensajes.
«Nosotros ya no podemos ir para atrás. Sí podemos salir de la indiferencia, en este momento muchas organizaciones del país hacen prevención de la violencia, también escuelas como estas que seguramente van a ayudar. Es importante la comunicación que exista a partir de un banco, que parece que no fuera nada pero significa mucho», comparte Beatriz Regal desde el salón de actos de la Técnica 550 para estudiantes y docentes. Beatriz rescata las charlas de concientización realizadas en las aulas, las acciones que se puedan planificar en forma conjunta, por muy pequeñas que parezcan, como la importancia de que se haga visible un número de contacto. «Siempre decimos que pongan un número de teléfono porque lo ves una, dos y tres veces… y en algún momento vas a pensar en llamar. Por eso es tan importante que estos bancos se repliquen en todos los lugares posibles. Es algo que tenemos que hacer en función de la prevención», confía.
Beatriz rescata el trabajo que hacen con las escuelas, en especial la recepción de la propuesta que llevan y que los propios estudiantes se encargan de difundir luego y a su manera. Visitas que hacen a las primarias con los más chicos hasta con las universidades. En cada encuentro la idea se enriquece y toma la forma del lenguaje que los jóvenes y docentes quieren darle. Como cuando fueron a una plaza y se encontraron con quienes cantaban y se manifestaban artísticamente; o aquella vez que un grupo de secundarios armó una especie de café literario con una obra de teatro incluida, que abordaba la problemática de la violencia de género. «Esa vez, los estudiantes nos dieron clases a nosotros, en un lugar lleno de mariposas, como mi casa que está así en homenaje a Las Mirabal (las hermanas asesinadas por el régimen del dictador dominicano Rafael Trujillo) y para recordar a las víctimas. Había miles de mariposas en la escuela hechas por todos los chicos», repasa sobre una de las devoluciones que les llegó.
Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
Cultura patriarcal
La repercusión que tuvo la propuesta en Baigorria no fue diferente. Beatriz agradece y resalta la iniciativa del Area de Género municipal, de las familias de víctimas de femicidio que se acercaron y de las ONGs que coordinaron los talleres. También el compromiso asumido por la Técnica de esta ciudad.
En ese mismo patio escolar, también se escuchan las palabras de Jorge Taddei y Miguel Pereyra, el padre de otra víctima de violencia. Uno y otro les hablan a las chicas y a los chicos. A las primeras para que no dejen pasar ningún maltrato, a los segundos para invitarlos a revisar la cultura patriarcal.
«Nosotros venimos a dar las charlas porque desgraciadamente hemos sufrido en nuestras hijas la violencia, para que a ustedes no les pase, porque a nosotros ya nos pasó. No esperen un insulto, una zamarreada, a tiempo digan que «no», se tienen que ir directamente», dicen y les piden a los varones que piensen en sus parejas, en las hijas que pueden tener, en no llorarlas.
«La lucha contra la violencia hacia la mujer es definitivamente la lucha por una sociedad más igualitaria», reflexiona Jorge Taddei en voz alta y hace un breve recorrido por lo que han pasado las mujeres para acceder a espacios públicos y ganar en derechos. «Es un camino que se visualiza en cada edición de «Ni una menos», en que salimos a la calle. Este es el camino para tener una sociedad mejor e igualitaria y terminar con el estigma del patriarcado», enfatiza en su discurso.
Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
Debates en la escuela
Un grupo de 6º año de la Técnica opina que la actividad realizada es muy valiosa, y que se suma a otras que en esta misma línea de trabajo ya realizan en la escuela. Agustina Altamirano y Florencia Arévalo dicen que la idea del Banco Rojo sirve «para representar la memoria de las mujeres asesinadas, víctimas de femicidios» y por eso está «muy bueno que estos bancos estén en distintos lugares públicos». También para recordar que «el amor no mata». Les dan la razón al sentido preventivo que tienen estas actividades: «Muchas mujeres no se animan a hablar, y por ahí tenemos un familiar o amigo a quien ayudar. A veces estas cosas (maltrato) se naturalizan».
Nicolás Benítez, también de 6º año, asegura que problemáticas como la violencia de género están siempre presentes en la agenda de reflexiones de su escuela. «Nuestra vicedirectora nos habla siempre, hacemos debates, está bueno que se trate». Nicolás confía en los jóvenes, en cómo están siendo formados: «Es una generación más abierta, hay cosas que antes no se hablaban y ahora sí, como el tema del aborto».
La vicedirectora Mariana Rossi saluda el proyecto del Banco Rojo que le acercó la Municipalidad. Lo toma como parte de un trabajo institucional enmarcado en la educación sexual integral y otras leyes que se complementan con esta enseñanza obligatoria. Entiende que la puesta en práctica de estas iniciativas contribuye a formar relaciones respetuosas y una mejor convivencia. Lo explicita al final de esa jornada de concientización que lleva el nombre de Banco Rojo con una convicción: «Nuestra escuela ya no va ser la misma, y eso es lo importante».
La intención es que el Banco Rojo se vuelva itinerante y recorra las escuelas de Baigorria, llevando el mensaje de memorio y prevención»
Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
«El banco rojo de la memoria viva, un símbolo de lucha y de justicia… Nos tatuamos la conciencia poniéndole palabras al silencio, porque el amor no olvida, porque el amor no mata», dice parte del poema de Paola Ippólito El banco rojo, escrito a propósito de esta movida que recorre las escuelas del país. Una copia ilustrada de este texto lo recibe la coordinadora del Area de la Mujer de Granadero Baigorria, Patricia Molina, de manos de Beatriz Regal al final de la jornada del viernes 27 de julio pasado.
El Area de Género es nueva en la ciudad. Empezó a funcionar como tal este año. Se generó desde abajo, a petición de quienes trabajan en los barrios. «Siempre escuché el intercambio entre el saber, el estar y el hacer», dice Patricia Molina para resumir cómo se origina y trabaja el área a su cargo. Rescata que esa tarea se dé en lo diario con las ONGs que trabajan en las problemáticas de género, como Las Mirabal.
En ese trayecto se van encontrando con diferentes experiencias y propuestas que buscan sensibilizar, informar sobre esta problemática. Así se contactan con Beatriz Regal y el proyecto Banco Rojo. Una idea —cuenta Patricia Molina— que les llegó de cerca por el femicidio de Violeta Abregú (diciembre 2017). En la jornada de la Técnica 550 estaban familiares de la joven asesinada, también Miguel Pereyra, el padre de Marisol Pereyra, una de las víctimas de un cuádruple crimen ocurrido en noviembre de 2011, en La Plata.
Ese recorrido comunitario derivó en los talleres que desarrollaron en la Técnica 550 el jueves 26 de julio, y que estuvieron a cargo de las ONGs Las Mirabal y Mujeres de Negro, además de un grupo de mujeres socialistas. A través del teatro, juegos y relatos de testimonios hablaron de violencia de género y se prepararon para concretar el proyecto Banco Rojo.
Desafío cotidiano
Patricia Molina define la tarea a su cargo como un reto cotidiano, por eso considera clave unir fuerzas con las escuelas, con la educación en general y otros profesionales ligados a la salud. «Entendemos que hay que acompañar a los jóvenes y los niños a manejar la información, analizar la realidad», opina y comparte la angustia que transmiten los testimonios que recogen en el A-rea municipal.
Molina es vecinalista, dice que se siente orgullosa de trabajar en los barrios y generar desde abajo iniciativas que den respuesta a las problemáticas de género. Entre esas acciones, menciona el intercambio y tarea conjunta iniciado con las mujeres autoconvocadas del Cordón Industrial. Y sobre ese trabajo colectivo adhiere a la idea de que «un pie en el Estado y un pie en la comunidad siempre traen buenos resultados».
Luciano Maglia, Patricia Molina, Beatriz Regal, Mariana Rossi y Sebastián Kraus en la jornada de sensibilización.
Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
>>> Jornadas por la prevención
Las jornadas realizadas en la Técnica 550 fueron destacadas por los estudiantes como una buena experiencia de prevención. Así lo señalaron Florencia, Agustina y Nicolás, alumnos de 6º año al finalizar la presentación del Proyecto Banco Rojo. En esa actividad educativa participaron también el secretario de Promoción y Deportes de la Municipalidad de Granadero Baigorria, Luciano Maglia y el director de la Técnica anfitriona, el profesor Sebastián Kraus.
Beatriz Regal, Florencia Arévalo, Agustina Altamirano y Nicolás Benítez.
«La libertad no puede lograrse a menos que las mujeres se hayan emancipado de todas las formas de opresión», Nelson Mandela.
Miles de mujeres actualmente en Suráfrica y Namibia se enfrentan a la discriminación y la violencia generalizada y maltratos que muchas veces no son denunciado ante las autoridades.
Cada 9 de agosto se celebra en el mundo el Día Internacional de Solidaridad con la Lucha de la Mujer en Suráfrica y Namibia, hecho que se da luego de que en esa fecha pero en 1956 al menos 20 mil mujeres sudafricanas protestaran en contra de tener que llevar pases para ciudadanos negros que eran otorgados en la época del Apartheid.
Luego de esta masiva manifestación la Asamblea General de las Naciones Unidas en la Resolución 36-172 invitó a todos los gobiernos y organizaciones a que observen anualmente este evento.
Esta determinación de la ONU surge debido a la preocupación por la opresión de millones de mujeres y niños bajo el régimen del apartheid, manifestado en asesinatos, hambre y la ruptura familiar.
En 1994 el entonces presidente de Sudáfrica, Nelson Mandela (Madiva), aseveró que «la libertad no puede lograrse a menos que las mujeres se hayan emancipado de todas las formas de opresión».
Actualmente las mujeres de Suráfrica y Namibia cuentan con los abales de avances importantes consagrados en la Constitución , proporcionando de así el derecho a la igualdad; libertad y seguridad, control sobre su propio cuerpo, medidas para mejorar la calidad de vida de todas las mujeres, el derecho a la educación, derecho a una vivienda adecuada, servicios de atención médica; suficiente comida y agua; y seguridad social.
Pese a que Suráfrica el 15 diciembre de 1995 firmó un convenio con la ONU con su mejor intención de elevar los derechos de las féminas y eliminar todas las formas de discriminación en su contra, la lucha ha sido fuerte por erradicar la violencia de género.
Día Internacional de Solidaridad con la lucha de la Mujer en Sudáfrica y Namibia. Hoy como hace 62 años, la mujer es protagonista en su lucha por la inclusión y liderazgo como célula fundamental de la familia y del Estado, así como garante de las libertades y derechos en igualdad
Muchas mujeres son maltratadas aun en Suráfrica, miles aún no disfrutan de los avances constitucionales que Madiva conquistó para ellas debido a las causas racistas. Por este hecho la exministra sudafricana, Barbara Hogan, pidió que se hagan útiles y funcionales los sistemas destinados a la protección de las mujeres.
«Nuestra tarea futura es comenzar a comprender cómo podemos llevar la lucha contra la violencia de género a otro nivel», dijo Hogan tras remarcar la importancia de entender las causas que provocan los abusos contra el sector femenino.
Rodulfo H. Pérez H.@rodulfohumberto
Cada 9 de agosto se celebra el Día Internacional de la Solidaridad de la Lucha de la Mujer en Sudáfrica y Namibia instituida en 1994 y también es día de los pueblos originarios nuestra americanos. Dos cultura y una misma resistencia ! Dos raíces de nuestra estirpe cultural !
Hogan afirmó, «sabemos que hay un silencio que permite su continuación, pero cuáles son los temores que provocan el silencio, qué es esa invisibilidad «.
Por su parte, el presidente, Cyril Ramaphosa, ofrecerá una conferencia sobre el centenario de la luchadora antiapartheid Albertina Sisulu, esposa de su del también activista Walter Sisulu.
Este 9 de agosto se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, fecha establecida por la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 1994, para promover la defensa de los derechos de las comunidades originarias.
Hace 24 años, la Asamblea General de la ONU decidió que el Día Internacional de los Pueblos Indígenas se conmemorara el 9 de agosto de cada año, como recordatorio a la primera reunión del Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas de la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorías de la Comisión de Derechos Humanos.
El objetivo de la ONU es hacer un llamado a la cooperación internacional para atender las necesidadesde los pueblos indígenas, en materia de educación, espeto a sus Derechos Humanos y al territorio que habitan.
Como resultado de la pérdida de sus tierras, territorios y recursos debido al desarrollo y otras presiones, muchos pueblos indígenas migran a las zonas urbanas en busca de una vida mejor, educación y empleo.
También migran entre países para escapar de los conflictos, la persecución y los impactos del cambio climático. A pesar de la idea generalizada de que los pueblos indígenas viven sobre todo en territorios rurales, muchos viven ahora en las áreas urbanas.
En América Latina, alrededor del 40% de todos los pueblos indígenas viven en zonas urbanas, incluso el 80% en algunos países de la región. En la mayoría de los casos, los pueblos indígenas que migran encuentran mejores oportunidades de empleo y mejoran su situación económica, pero han de alejarse de sus tierras y costumbres tradicionales. Además, los migrantes indígenas se enfrentan a innumerables desafíos, incluida la falta de acceso a servicios públicos y a la discriminación.
El tema Migración y desplazamiento de los pueblos indígenas de este 2018, a discutirse en la sede de la ONU, se centrará en la situación actual de los territorios indígenas, las principales causas de las migraciones, la circulación transfronteriza y los desplazamientos, con especial atención en el tema de los pueblos indígenas que viven en las zonas urbanas y fuera de sus países. Asimismo, se tratarán los desafíos y cómo revitalizar las identidades de los pueblos indígenas y alentar la protección de sus derechos dentro o fuera de sus territorios tradicionales.
En Venezuela
Los derechos de los más de 40 grupos indígenas que hacen vida en Venezuela, fueron reconocidos por primera vez en el país con la Constitución Bolivariana, aprobada por el pueblo en 1999.
En Venezuela, desde la llegada de la Revolución Bolivariana los pueblos ancestrales de la Patria, quienes fueron excluidos durante los Gobiernos de la cuarta República, han sido incluidos en las políticas de la sociales y económicas de la Nación.
El 27 de mayo de 2002, el Comandante Hugo Chávez firmó, a través del decreto 1.795, el uso obligatorio de las lenguas indígenas en sus zonas de influencia y la creación del Consejo Nacional de Educación, Cultura e Idiomas Indígenas.
Las reivindicaciones con los pueblos originarios del país continuaron, y es así como en 2007, el Comandante Hugo Chávez creó el Ministerio del Poder Popular para los Pueblos Indígenas, con el propósito de facilitar el diseño y ejecución de políticas, planes, programas y proyectos en la gestión comunal indígena.
En los primeros 17 años de la Revolución se aprobaron diversas leyes de protección de los pueblos indígenas, entre ellas la Ley Orgánica de Pueblos y Comunidades Indígenas, la Ley de Demarcación y Garantía del Hábitat y Tierras de los Pueblos Indígenas, la Ley de Artesanos para los Pueblos Indígenas y la Ley de Idiomas Indígenas.
El 1º de agosto de 2017, los voceros de los pueblos indígenas escogieron a sus 8 representantes ante la Asamblea Nacional Constituyente. Estos representantes presentan las propuestas de los pueblos originarios, para mejorar sus condiciones de vida y seguir reivindicando sus derechos.
Entre estas propuestas figuran: el respeto a su autonomía en el uso y goce de su territorio; la implementación de la educación intercultural bilingüe, y el fortalecimiento de la jurisdicción de los pueblos indígenas.
El Gobierno Bolivariano, junto al Presidente Nicolás Maduro, han desarrollado planes de formación comunitaria para los indígenas, así como también la educación intercultural bilingüe, saberes tradicionales, ancestrales y artesanales para consolidar su identidad y soberanía cultural.
Bolivia entre los países con mayor población
Entre los países que cuentan con mayor número de población indígena, aparece Bolivia, que se ubica en el quinto lugar, donde fueron contabilizados un total de 45 millones, que representan el 8,3% de la población de la región, según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
La Constitución Política del Estado Plurinacional reconoce 36 pueblos indígenas originario campesino. Desde la toma de posesión del primer presidente indígena, Evo Morales, en 2006, el país logró importantes avances en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, entre ellos la reducción de la pobreza y el hambre, lo cual benefició a los pueblos originarios.
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