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El cambio climático es una amenaza para la educación

Por: Paulette Delgado

Los efectos del cambio climático se sienten alrededor del mundo, sin embargo, en la mayoría de las discusiones se ignora el impacto que tiene en la educación.

Los estragos del cambio climático se están sintiendo en todo el mundo. Desde olas de calor y sequías hasta grandes incendios, ciclones y aumento del nivel del mar, es imposible negar que el futuro ya está aquí. Según un nuevo Reporte del Estado del Clima en América Latina y El Caribe 2020 de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), tan sólo en América Latina y el Caribe, se perdieron más de 312,000 vidas y más de 277 millones de personas se vieron afectadas entre 1998 y el 2020.

Muchos de los impactos del calentamiento global ya son irreversibles, y aunque se habla mucho de cómo el cambio climático ha afectado sectores como la agricultura, un tema igual de importante es el de la educación. No sólo porque es importante enseñar cómo atenuar y remediar sus efectos, y sensibilizar a las personas sobre las cuestiones relativas al desarrollo sostenible, sino también porque es una área que se ha visto gravemente afectada por estos cambios.

Los impactos del cambio climático en la educación

Cuando se trata de cambio climático, las necesidades educativas son invisibles en la mayoría de las discusiones. Los países normalmente no incluyen temas educativos al hablar de las acciones a tomar, no consideran cómo éste puede interrumpir el proceso de aprendizaje de los estudiantes. Muchas escuelas han sido destruidas o han tenido que cerrar en respuesta a incendios, calor extremo, inundaciones y otros desastres naturales que son cada vez más frecuentes. Además de destruir los caminos hacia las escuelas al tumbar puentes o carreteras y materiales de aprendizaje. Estas pausas han afectado el aprendizaje y la salud física y mental de los estudiantes. En otros casos, personal académico, estudiantes y familias se han lesionado o incluso fallecido como consecuencia de estos fenómenos naturales, lo que podría tener consecuencias devastadoras para la educación a largo plazo.

La crisis climática afecta la calidad del aire, el acceso a agua potable, la producción de alimentos y una vivienda segura, lo que sólo aumenta el ausentismo, la deserción y amenazan el aprendizaje, además que impactan negativamente en el bienestar y la seguridad de los estudiantes. Con este contexto, los sistemas educativos deben adaptarse para proteger a los estudiantes de tales casos, especialmente a los más vulnerables. Todos estos impactos, directos o indirectos, deben ser considerados en las discusiones del cambio climático y buscar cómo brindar acciones efectivas y preventivas.

Los efectos ya se están sintiendo. Según una encuesta representativa a nivel nacional de educadores estadounidenses realizada por el EdWeek Research Center, uno de cada cuatro maestros, directores y líderes distritales de Estados Unidos confirman que el cambio climático ha afectado su escuela o distrito hasta cierto punto. Un 18 % respondió que, si bien, aún no han sido afectados, ven los impactos como una amenaza inminente. Aún así, la mayoría de los distritos escolares de Estados Unidos no han tomado ninguna medida para prepararse ante cualquier desastre natural o golpes de calor. La respuesta más popular sobre el motivo de esta inacción es que el 36 % de los líderes escolares y distritales consideran que sus instalaciones están ubicadas en áreas que no esperan que sean afectadas por el cambio climático en el futuro cercano.

Creer que el cambio climático sólo afecta ciertas áreas geográficas sólo demuestra el malentendido sobre cómo los cambios en los patrones climáticos afectan y afectarán a todos. Panmao Zhai, copresidente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) dijo a la ONU que “el cambio climático está afectando cada rincón del planeta de múltiples formas. Los cambios que experimentamos aumentarán con el incremento del calentamiento”.

Uno de los primeros ejemplos de cómo ningún lugar está exento fue el famoso “día cero” en la Ciudad del Cabo, Sudáfrica. A finales del 2017, la capital de Sudáfrica enfrentó una escasez de agua a tal punto que se amenazaba que llegarían al “día cero” donde su población de cuatro millones de personas se quedarían sin agua. Más allá de ser un inconveniente, esta situación se volvió una amenaza para la salud, higiene y el funcionamiento de la ciudad.

Durante esta época, se decidió que las escuelas debían permanecer abiertas ya que, para los gobernantes que tomaron esta decisión, los estudiantes deben poder aprender a pesar de las circunstancias. Incluso, la entonces primera ministra del Cabo Occidental, Helen Zille, declaró que su trabajo “es asegurarnos de que las escuelas permanezcan abiertas y operativas, con un suministro de agua alternativo adecuado para hacerlo”.

El Departamento de Educación de Western Cape (WCED) pensó en el peor de los casos y analizaron la capacidad de cada escuela de obtener y almacenar suministros de agua para poder satisfacer lo que ellos consideraron las tres necesidades principales: higiene, seguridad contra incendios y agua potable. Aún así, gran parte de la carga la tenían las madres, padres y familiares, ya que se les pedía que enviaran a sus hijos a la escuela con agua.

Un artículo de Daniella Cheslow publicado en 2018 por National Public Radio (NPR), reunió la opinión de varios ciudadanos enfrentando la situación, entre ellos Yoliswa Qomoyi, directora de una escuela primaria. Ella compartió que colocó cubiertas y candados sobre grifos exteriores y cerró todos los lavamanos menos uno en cada uno de los baños para cumplir con las restricciones, además de pedir a las familias que mandaran a los niños con agua.

La ciudad también respondió mandando camiones cargados con galones de agua así que cuando era el turno de la escuela de Qomoyim, los estudiantes formaban una cadena para pasar envases llenos de agua a sus compañeros, quienes lo llevaban a donde la almacenaban. El artículo también mencionó los casos de Hlomla Myendeki, de 12 años, quien tenía que caminar más de una milla para llegar a la escuela cargando agua desde su casa. Por su parte, Awonke Matinise, de la misma edad, confesó que la escasez de agua dificulta su aprendizaje. «A veces tengo sed y me doy cuenta de que no hay agua en nuestra escuela», dijo para NPR. «Así que solo tengo que quedarme allí y escribir».

Actualmente, la ciudad de Monterrey, en Nuevo León, México (donde se ubica el Observatorio y de donde es originario el Tec de Monterrey) está enfrentando una situación similar a la vivida en Ciudad del Cabo. La escasez de agua es tan grave que este pasado lunes 20 de junio, Sofialeticia Morales, Secretaría de Educación de Nuevo León dijo que “no se podrá garantizar el abastecimiento de agua potable en las escuelas” por lo que la asistencia no fue obligatoria. El pasado 3 de junio, Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey anunció que sólo habrá agua de 4:00 a. m. a 10:00 a. m. todos los días, lo que obligó a las escuelas a modificar sus horarios para adaptarse.

La UNESCO reconoce que la educación es crucial para atender la crisis climática ya que “ayuda a las personas a comprender y abordar los impactos de la crisis climática, brindándoles el conocimiento, las habilidades, los valores y las actitudes necesarias para actuar como agentes de cambio”. Y organismos como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el Acuerdo de París y la agenda de Acción para el Empoderamiento Climático (ACE), coinciden y reconocen la importancia de la educación y la formación para hacer frente al cambio climático. Sin embargo, ignoran que esta área también está siendo afectada fuertemente por el cambio climático y los desastres naturales. Tan sólo en la región de América Latina y el Caribe 277 millones de personas se vieron afectadas por el cambio climático en los últimos 22 años. Y se espera que si la crisis climática continúa empeorando, será una de las regiones más afectadas.

Es momento de hablar de educación no sólo como una manera de hacer frente al cambio climático, sino también como un área fuertemente afectada.

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Mundo: La ONU entra en la campaña para proteger los humedales

Las Naciones Unidas conmemoraron por primera vez el miércoles 2 el Día Mundial de los Humedales, sumándose a las campañas para proteger esos ecosistemas en los que viven o se reproducen 40 % de las especies vivas.

“Los humedales sanos son fundamentales para la mitigación del cambio climático, la adaptación, la biodiversidad y la salud y prosperidad humanas”, expuso Leticia Carvalho, coordinadora de asuntos marinos y de agua dulce del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

Martha Rojas Urrego, secretaria general de la Convención sobre los Humedales (Convenio Ramsar, en vigor desde 1975) dijo que esos ecosistemas “aportan servicios por valor de 47 billones (millones de millones) de dólares al año, incluida casi toda nuestra agua dulce, alimentos, materias primas y medicinas vitales”.

“Pero a pesar de estos beneficios críticos, estamos perdiendo humedales tres veces más rápido que bosques”, apuntó.

Alrededor de 85 % de los humedales existentes para el año 1700 se habían perdido en el 2000, muchos de ellos drenados para convertirlos en zonas urbanizadas, agrícolas o para otros usos considerados productivos.

Su desaparición supone una amenaza existencial para cientos de miles de especies animales y vegetales, pues las existentes en los humedales se extinguen más rápido que las terrestres o marinas.

La Asamblea General de las Naciones Unidas decidió el año pasado que el 2 de febrero, fecha de la suscripción en 1971 de la Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional, en la ciudad de Ramsar (Irán), se observase como Día Mundial de los Humedales.

Cubren aproximadamente seis por ciento de la superficie terrestre y, además de ser vitales para gran cantidad de especies animales, vegetales y conservación de aguas, se estima que unos 1000 millones de personas, uno de cada ocho habitantes de la Tierra, dependen de ellos para su subsistencia.

Además filtran la contaminación y son importantes depósitos de carbono.

“Almacenan más carbono que cualquier otro ecosistema, y sólo las turberas almacenan el doble que todos los bosques del mundo. Los ecosistemas de humedales interiores también absorben el exceso de agua y ayudan a prevenir las inundaciones y las sequías”, indicó Carvalho.

El Pnuma aprovechó este día para destacar cinco tipos de humedales prácticamente desconocidos como tales, el primero de los cuales es el de los artificiales, como los embalses y estanques de peces, que ayudan a enfriar el planeta y a absorber carbono.

Esas instalaciones aprovechan los procesos naturales de depuración de la vegetación, los suelos y los microbios para eliminar los contaminantes de las aguas residuales, y pueden servir como puntos de biodiversidad y escalas de migración.

Luego están las turberas del Ártico, pues el área alrededor del Polo Norte alberga casi la mitad del carbono orgánico del suelo del mundo, en gran parte en forma de turba permanentemente congelada.

Como en el Ártico se registra el mayor ritmo de calentamiento global, el gran temor es que, a medida que se derrita el hielo que las rodea, las turberas se degraden y emitan masas de dióxido de carbono (CO2) almacenado, así como metano, lo que podría provocar un punto de inflexión catastrófico en el cambio climático.

Luego están los “lagos de soda”, como el lago Van en Turquía y el Bogoria en Kenia, fuertemente alcalinos y que contienen agua no potable pero proporcionan valiosos servicios ecosistémicos, entre ellos codiciados minerales y enzimas.

Las marismas de agua salada o de marea, que se encuentran en las regiones costeras, son hábitats importantes para la vida silvestre, la reproducción de peces, el almacenamiento de carbono y la protección de las costas.

También están amenazados, y un estudio del Pnuma considera que “dependiendo de la cantidad de aumento del nivel del mar, entre 20 y 90 % de los actuales humedales costeros podrían desaparecer a finales de siglo”.

Finalmente están los bosques pantanosos, o ecosistemas forestales de tierras bajas, formados en suelos de turba, y se encuentran principalmente en Indonesia y Malasia.

Muchos de ellos han sido deforestados y desecados para dar paso a las plantaciones de aceite de palma, pero cada vez se reconoce más su valor como puntos calientes de vida silvestre y sumideros de carbono.

La buena noticia es que mejorar la gestión de los humedales aporta beneficios para la salud, la alimentación y la seguridad del agua, algo fundamental para la salud y el sustento de 4000 millones de personas que dependen de sus servicios.

Prácticamente todos los países del globo se han comprometido formalmente con la protección de los humedales, lo que recogen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas para 2030.

En el ODS 6, garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos, la meta 6.6 establece “proteger y restablecer los ecosistemas relacionados con el agua, incluidos los bosques, las montañas, los humedales, los ríos, los acuíferos y los lagos”.

Fuente: https://rebelion.org/la-onu-entra-en-la-campana-para-proteger-los-humedales/

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Libro(PDF): Política, gestión y evaluación de la investigación y la vinculación en América Latina y el Caribe

Reseña: CLACSO

*Disponible sólo en versión digital

Este libro reúne un conjunto de debates y reflexiones actuales en torno a las políticas y la diversidad de formas en las que se produce, circula, gestiona y evalúa el conocimiento en las universidades de América Latina y el Caribe. Sus veintinueve contribuciones escritas por investigadoras/es de Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Ecuador, México, Perú y Uruguay dan cuenta de los desafíos y las reconfiguraciones que atraviesan las funciones de investigación, vinculación y/o extensión en diálogo con la docencia, y las actividades de gestión del conocimiento y evaluación de la investigación. El libro ofrece un aporte colectivo que busca fortalecer la apertura en la producción y circulación del conocimiento entendido como bien público y común, gestionado por las comunidades académicas de manera no comercial, contextualizado en las universidades latinoamericanas y robustecido por una diversidad de enfoques.

Autora:

Liliana Córdoba. Laura Rovelli. Pablo A. Vommaro. [Editores]

Editorial/Edición: CLACSO. Universidad Nacional de Córdoba.

Año de publicación: 2021

País (es): Argentina.

ISBN: 978-987-813-076-7

Idioma: Español

Descarga: Política, gestión y evaluación de la investigación y la vinculación en América Latina y el Caribe

Fuente e Imagen: https://www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/libro_detalle.php?orden=&id_libro=2432&pageNum_rs_libros=0&totalRows_rs_libros=1598

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No es sequía ¡Es saqueo!: Magisterio y organizaciones impulsan red por el derecho al agua y a la educación en Chile

«El año 2022 será crucial en la lucha por el Derecho a la Educación y también al Agua; no podemos permitir que nuestras niñas, niños y adolescentes se queden sin clases por el saqueo del agua por parte de los grandes empresarios», plantea Carlos Díaz Marchant, Presidente del Colegio de Profesoras y Profesores de Chile anunciado la articulación, este año, de la Red por el Derecho al Agua y la Educación.

Fuente: https://www.colegiodeprofesores.cl/2022/01/07/no-es-sequia-es-saqueo-magisterio-y-organizaciones-impulsan-red-por-el-derecho-al-agua-y-la-educacion/

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Roberto Cuéllar Martínez: Costa Rica, el país sin ejército que lidera la guerra contra el cambio climático

Hay que reeducar ante la infame prioridad del dinero, las artimañas del poder y ante la destrucción degradante a causa del cambio climático. Desde Centroamérica, este país con renta baja y pocos recursos sigue impartiendo enseñanzas de vida, humana y natural.

El 1 de diciembre de 1948, poco antes de la Declaración Universal de Derechos Humanos, Costa Rica sorprendió al mundo al abolir su ejército y extirpar de un solo tajo cualquier tendencia militarista en la política. Así, sin movilizar ni un tanque de guerra, a lo largo de siete décadas ha sido protagonista de una reafirmación democrática peculiar, a la vez que revolucionaria, en el desarrollo progresivo de sus conquistas sociales y ahora ambientales.

Este acto, genuinamente disruptivo, abrió la senda para reconstruir la ética social y refundar los principios identitarios del pensamiento, la convicción de libertad y la actuación democrática del ser costarricense. Sin duda, esta ha sido la médula que aún sustenta las decisiones transformadoras en paz con la naturaleza, madre y maestra de la convivencia humana.

Al observar lo que sucede en el mundo en términos medioambientales (la insólita devastación de los bosques y las selvas, la contaminación de los océanos, la polución que envenena las sociedades, el deshielo de los glaciares y su influencia en la ralentización de las corrientes oceánicas, la escasez del agua y el riesgo de la reducción en la producción de alimentos, entre otras manifestaciones de terror), se logra inferir que otra guerra no armamentista, aunque igual de devastadora, amenaza a la humanidad.

Desde 1990, el país logró pasar del 47% al 60% de la cobertura boscosa por medio del pago por servicios ambientales. Y es ahora, efectivamente, un territorio más verde con la mayor guarda forestal en Centroamérica. Lo ha hecho sin ejército y con más educación entre el campesinado, a través de excepcionales modificaciones curriculares en el sistema educativo para asegurar una sólida conciencia ambiental entre las actuales y futuras generaciones. Así como a partir de 1950 se canjearon las armas por violines y cuarteles por escuelas, Costa Rica transformó el espacio verde al otorgarle progresión social e imponer gravámenes a los combustibles fósiles en la debida preservación de la masa forestal.

La educación en el país promueve hábitos de consumo diferenciados, fomenta la sensibilidad ecológica y lo hace por medio de prácticas inscritas en los currículos, con adecuada información científica desde la primera edad escolar

En esta obligación erga omnes (contra todos), Costa Rica vuelve a sorprender, porque en medio de la demoledora pandemia no ha dejado atrás los derechos emergentes ambientales, como lo es principalmente el del agua para la vida digna. Hasta 1990 algunos de los países vecinos les calificaron de comunistas por sus avances sociales, y ahora, con severos ajustes fiscales y en medio de la enorme crisis de salud, se empeña progresivamente en proteger más del 25% del territorio en parques nacionales y forestales, meta revolucionaria que emprendió en 1975. Tanto es así que China recién ha puesto atención a la construcción de sistemas de áreas protegidas en referencia a la experiencia costarricense.

En ese sentido, la cultura por la biodiversidad llena de vigor a la escuela. Y aquí cabe destacar el derecho a la educación como eje de sostenibilidad en la preservación de los bienes naturales, antes, durante y después de la pandemia.

Para afrontar esta crisis, Costa Rica una vez más ha puesto en perspectiva su principal bastión revolucionario: la educación como eje democrático, participativo, social, productivo y sostenible. Se han impuesto cambios en la formación integral ambientalista con equidad y en derechos, acciones que acompañamos decididamente la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI). Una muestra es el proyecto de cambio curricular y participativo orientado a la educación rural y ambiental que se realiza en la periferia del emblemático Parque Nacional del Agua Juan Castro Blanco —15 mil hectáreas bautizadas como la “montaña sagrada del agua”, única en Centroamérica—, justo cuando en este 2022 conmemoraremos el Año Internacional del Desarrollo Sostenible de las Montañas. El proyecto contribuye efectivamente al empoderamiento del aprendizaje sobre derechos humanos y el entorno sostenible de la mano de los gobiernos locales y supervisiones educativas de 45 centros escolares aledaños.

Así, cabe destacar que la educación en el país promueve hábitos de consumo diferenciados, fomenta la sensibilidad ecológica y lo hace por medio de prácticas inscritas en los currículos, con adecuada información científica desde la primera edad escolar. Y es que la misma Constitución Política señala el derrotero social, político y económico de una “Costa Rica natural”, al definir con precisión que “toda persona tiene derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado”.

Esta meta humanista muy apremiante y tan propia de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 (en especial de los Objetivos  y 13º), y de la transformación educativa que proponemos, solo se logrará incluyendo en el centro del currículo una crítica a los mitos de la modernidad: el consumismo y el dinero. Asimismo, replanteando los esquemas pedagógicos sobre la base de una ética ecológica, de manera que la infancia y juventud escolar crezcan en la solidaridad, la responsabilidad y en la necesaria preservación del planeta Tierra. Hay que reeducar ante la infame prioridad del dinero, las artimañas del poder y ante la destrucción degradante a causa del cambio climático. Desde Centroamérica, la pequeña Costa Rica, con renta baja y pocos recursos, sigue impartiendo enseñanzas de vida —humana y natural— que recordaremos siempre, porque cada lección es liberadora, como aquella magistral que dictó la caducidad del ejército en diciembre de 1948.

Fuente: https://elpais.com/planeta-futuro/red-de-expertos/2021-12-27/costa-rica-el-pais-sin-ejercito-que-lidera-la-guerra-contra-el-cambio-climatico.html

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Más conciencia, menos compromiso: ¿tenemos la educación ambiental que realmente necesitamos?

Los centros educativos y las oenegés necesitan aplicar nuevas estrategias y planes que promuevan un mayor compromiso ciudadano en ámbitos como el consumo o el transporte.

Por: María Cendrero/elespanol.com

«La forma en la que podemos promover el acercamiento entre el ser humano y la naturaleza es estando en el propio medio natural», esto es prioritario para conocer nuestro entorno, cuenta Federico Velázquez, presidente de la Asociación Española de Educación Ambiental (AAEE).

Adentrarse en la naturaleza, conocer lo que oculta, leer un libro a la sombra de un árbol, pisar con tus propios pies la hierba y experimentar el descubrimiento de nuevas especies. Son simples acciones que nos llevarán a comprender y conocer mejor la biodiversidad que nos rodea, pero ¿funciona mejor que una clase teórica?

Para los más pequeños «la percepción y la observación es fundamental», explica Velázquez. Necesitan experimentar el asombro, tocando, sintiendo, escuchando y poniendo a punto todos los sentidos. Esto es, para él, lo que actualmente debería tener en cuenta la educación ambiental dentro y fuera del aula.

Todos los expertos coinciden en que la vacuna para aprender a respetar la biodiversidad es la educación

Todos los expertos coinciden en que la vacuna para aprender a respetar la biodiversidad es la educación

Manuel Cortés, médico especialista en medicina preventiva y salud pública y activista medioambiental, hace un llamamiento a las familias para que practiquen más actividades al aire libre con sus hijos, porque «simplemente abrazar a un árbol es maravilloso«, explica entre risas.

Recuerda que en su infancia todo el mundo se subía a los árboles. Ahora, eso se ha perdido. Por este motivo, son necesarias nuevas alternativas que lleven –de nuevo– a ese contacto directo, a una sensibilización en «modo verde», como le gusta llamarlo a él.

Fue en 1983, con la I Jornada sobre Educación Ambiental en España, cuando se llevó a debate la importancia de esta herramienta para afrontar los desafíos medioambientales que se iban imponiendo en nuestro planeta.

Desde este momento, como indica el informe Hacia una educación para la sostenibilidad de la Red Española para el Desarrollo Sostenible (REDS), la educación ambiental en España requiere una gran reflexión.

Como dice el estudio, la Agenda 2030 debe adquirir la importancia que necesita en esta materia para así afrontar los nuevos retos marcados a la vez que se ejecuta una estrategia que no sólo transmita mensajes de cambio, sino que debe ser protagonista del mismo «ofreciendo alternativas concretas».

«El 45% de los documentos educativos a escala nacional hacen poca o ninguna referencia a temas medioambientales», según la UNESCO

Con esa intención nació hace más de dos décadas la AEEA. El objetivo de esta organización, como cuenta su presidente, es promover la educación ambiental a través de diferentes vías: proyectos de investigación, cursos y talleres, entre otras. Y es que aplicar nuevos instrumentos que permitan ir más allá de los libros es esencial.

Aunque actualmente la población está más concienciada en cuestiones como el reciclaje o el ahorro de agua, para Velázquez todavía queda mucho recorrido en cuestiones de movilidad, consumo y ocio: «Estamos todavía muy al inicio y vamos con cierto desfase a las exigencias que tiene el medio ambiente hoy«, afirma.

Para este doctor en Química, hay cuatro áreas determinantes que deberían tenerse en cuenta en la educación ambiental: vivienda, utilizando recursos de ahorro y eficiencia; transporte, dando prioridad a desplazamientos a pie, bici o transporte público; alimentación, promoviendo el bajo consumo de carne y los productos locales; y consumo, reduciendo y cuestionando.

«Debemos ser sencillos y críticos frente a la publicidad y la moda», asegura.

¿Qué pasa en los centros educativos?

«El 45% de los documentos educativos examinados a escala nacional hacen poca o ninguna referencia a los temas medioambientales», según el informeAprender por el planeta publicado por la UNESCO en 2021.

Sin embargo, el mismo estudio desvela que los países miembros de la organización han progresado en cuanto a políticas educativas y planes pedagógicos: el 83% de los examinados abordaban cuestiones medioambientales al menos una vez. Pero esto no es suficiente.

«En los libros de texto la unidad de medio ambiente sigue siendo la última en tratarse», confirma Velázquez

Expertos coinciden en que la educación ambiental en las escuelas necesita una estrategia de calidad, implicada socialmente y en línea con cada uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Para REDS, «un centro educativo que camina hacia la sostenibilidad es una comunidad escolar que busca nuevas formas de ver nuestro futuro común«.

Sin embargo, todavía no se están aplicando nuevas herramientas ni se está haciendo lo suficiente. «En los libros de texto, la unidad de medio ambiente sigue siendo la última«, confirma Velázquez. Y eso no es todo: si falta tiempo, suele ser la que sigue quedándose fuera.

La Ley 3/2020 de Educación, aprobada en diciembre de 2020, indica que el sistema educativo no puede quedarse atrás en los desafíos que plantea el cambio climático en el planeta.

Por este motivo, hace referencia al papel de los docentes y cómo estos deben promover la cultura de la sostenibilidad ambiental y la cooperación social, además de desarrollar programas de estilos de vida sostenible y fomentar el reciclaje y el contacto con los espacios verdes. Pero, ¿cómo se aplica?

Para que la educación ambiental cumpla con los requisitos que exige el medio ambiente, es necesario que dentro del aula se trate transversalmente en todas las asignaturas, ya sea en matemáticas, tecnología o literatura.

En cada una de esas áreas se puede aportar una visión particular de esta problemática y hasta que en los centros educativos no se aprenda a trabajar así, «quedará mucho por hacer», presiente Velázquez.

Los más pequeños necesitan experimentar el asombro, sintiendo, escuchando y poniendo a punto los sentidos

Los más pequeños necesitan experimentar el asombro, sintiendo, escuchando y poniendo a punto los sentidos

Cortés, como médico pero también como escritor, lo trabaja desde la literatura. Gracias a sus publicaciones, que versan sobre la crisis medioambiental y los derechos humanos, acude a colegios con el objetivo de concienciar a los más jóvenes. Con su discurso intenta huir del alarmismo porque, según él, «puede tener un efecto contrario al que pretendemos».

Trabajar el impacto medioambiental a través del cuento, por su valor pedagógico y cultural, es clave para este médico leonés. Y es que este tipo de relatos son para todas las edades, pero trabajarlo con los jóvenes dentro y fuera de las aulas puede ser una alternativa novedosa.

En este sentido, una de las recomendaciones de la UNESCO es que el compromiso de las escuelas con el medio ambiente de un paso más y apoye acciones medioambientales e involucre en esa acción «a las escuelas y directores».

Una implicación conjunta

La educación ambiental no sólo debe aplicarse a niños y jóvenes, también necesita del aprendizaje de los más mayores. Pero, ¿están los menores más implicados que los adultos?

Cortés cuenta que es posible que Gabriel García Márquez tuviera razón en que es difícil convertir a un adulto en ecólogo; prefería convertir a los niños.

Los jóvenes, al estar más informados, están más sensibilizados pero el compromiso es menor

Es indiscutible que, debido a la conexión tecnológica constante, podemos acceder cuándo y dónde queramos a todo tipo de información. Esto es un punto a favor para los más jóvenes. Velázquez considera que al estar más informados, también están más sensibilizados, pues son más libres. «Ya veremos qué criterios aplican cuando tengan que comprarse una vivienda o un coche», dice.

Asimismo, asegura que el problema es el compromiso, porque «desgraciadamente ya no es tan alto». Lo ejemplifica haciendo referencia a su asociación, donde la media de edad es intermedia. Todavía hace falta que los menores se impliquen más en organizaciones sociales o movimientos ciudadanos.

Las oenegés han conseguido mantener a lo largo de los años estrategias de educación ambiental que han funcionado, pues «nunca hasta ahora se ha dispuesto de datos tan claros, precisos y veraces sobre los problemas socio-ambientales», explica REDS en su informe.

Asimismo, este tipo de organizaciones promueven el compromiso a través de diferentes acciones: hay nuevos temas y perspectivas que se están tratando dentro de ellas como la economía circular, la resiliencia, el ecofeminismo o el urbanismo ecológico.

Pero no se puede trabajar esta metodología solamente dentro de las aulas. La calle es también fundamental para crear una sociedad civil consciente y comprometida, capaz de respetar la biodiversidad y devolverle la vida al planeta.

https://www.elespanol.com/enclave-ods/historias/20211102/conciencia-compromiso-educacion-ambiental-realmente-necesitamos/622688382_0.html

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Día mundial de la Ecología: ¿Cuál es el rol de la educación ambiental?

Por: sobretiza.com/Evelyn Sigot

El 1 de noviembre se celebra el día mundial de la Ecología y de los Ecólogos, con el objetivo de destacar la importante labor de los ecólogos y buscando concientizar a la comunidad mundial. Durante esta jornada, se busca reconocer la importancia de conocer y valorar las relaciones que existen entre los seres vivos y sus medios, al tiempo que se busca concientizar a las poblaciones sobre la importancia de mantener una relación armónica con el ambiente. En ese sentido, ¿por qué es importante reivindicar la educación ambiental?

Esta fecha fue instituida con el propósito de reconocer a la Ecología como disciplina científica, valorar el trabajo de los profesionales ecólogos y concientizar a la humanidad sobre la importancia de mantener una relación armónica con el ambiente en que vive, asegurando su cuidado y preservación.

La ecología fue cobrando importancia a lo largo de los años, en especial con el advenimiento de los llamados de atención sobre el cambio climático, la desaparición de especies, tanto por la pérdida de los bosques tropicales, la regulación climática e hidrológica, la contaminación de las aguas, los suelos y el aire, entre otros factores.

Con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas y el Acuerdo de París sobre el Clima, se hace visible la importancia de la ecología en la toma de decisiones a nivel mundial. Equilibrar el manejo de los recursos naturales y los procesos de crecimiento económico es una cuestión que necesita de los organismos internacionales, el sector público, la sociedad civil y el sector privado.

Ley ambiental y educación en Argentina

El 3 de junio de 2021 se publicó en el Boletín Oficial la Ley 27.621 para la Implementación de la Educación Ambiental Integral en la República Argentina, la cual tiene por objeto establecer el derecho a la educación ambiental integral como una política pública nacional conforme a lo dispuesto en el artículo 41 de la Constitución Nacional y de acuerdo con lo establecido en el artículo 8 de la Ley General del Ambiente N°25.675; el artículo 89 de la Ley de Educación Nacional N°26.206; y otras leyes vinculadas tales como Ley Régimen de Gestión Ambiental del Agua N°25.688; Ley de Gestión de Residuos Domiciliarios N°25.916; Ley de Bosques Nativos N°26.331; Ley de Glaciares N°26.639; Ley de Manejo del Fuego N°26.815; y los tratados y acuerdos internacionales en la materia.

La Ley 27.621 establece las definiciones de Educación Ambiental Integral (EAI), Estrategia Nacional de Educación Ambiental Integral (ENEAI), Estrategia Nacional para la Sustentabilidad en las Universidades Argentinas (ENSUA), Estrategia Jurisdiccional de Educación Ambiental Integral (EJEAI), Coordinación Ejecutiva de la Estrategia Nacional de Educación Ambiental Integral (CENEAI) y Coordinación Ejecutiva de la Estrategia Jurisdiccional de Educación Ambiental Integral (CEJEAI).

Asimismo, la norma establece los siguientes principios de la educación ambiental integral:

Abordaje interpretativo y holístico

Respeto y valor de la biodiversidad.

Principio de equidad.

Principio de igualdad desde el enfoque de género.

Reconocimiento de la diversidad cultural: el rescate y la preservación de las culturas de los pueblos indígenas.

Participación y formación ciudadana.

El cuidado del patrimonio natural y cultural.

La problemática ambiental y los procesos sociohistóricos.

Educación en valores.

Pensamiento crítico e innovador.

El ejercicio ciudadano del derecho a un ambiente sano.

Tras la sanción de la Ley 27.621 para la Implementación de la Educación Ambiental Integral (EAI), las provincias argentinas tendrán la tarea de establecer marcos de implementación en sus jurisdicciones.

Comienza el debate de la Educación Ambiental Integral en las provincias

¿Qué es la Ecología?

El término ökologie fue acuñado en 1869 por el naturalista y filósofo alemán prusiano Ernst Haeckel, a partir de las palabras griegas oikos (casa, vivienda, hogar) y logos (estudio o tratado), por ello ecología significa: el estudio del hogar.

La Ecología es una ciencia que estudia las interrelaciones entre los seres vivos y el medio que los rodea, por lo tanto, su complejidad y diversificación dependen de los elementos que conforman el medio y los actores involucrados en su estudio.

Por ello, al hablar de ecología es importante reconocer dos aspectos, por un lado, el académico en tanto disciplina científica y al trabajo de los ecólogos, así como también la concientización ciudadana, a través de la educación.

Cambio climático y ecología

Las investigaciones revelan que el daño ambiental y ecológico es cada vez más grande. Día Mundial de la Ecología y de los Ecólogos.

A esto hay que sumarle el crecimiento demográfico que demandará cada vez más recursos, lo cual incrementará la explosión demográfica y la pobreza extrema, y dificultará el servicio seguro de agua potable y el saneamiento en algunas poblaciones.

Se estima que, siguiendo el ritmo de destrucción ambiental actual, para 2050 se podrían perder más del 50% de los ecosistemas naturales. Y frente a este y otros datos, el llamado a repensar nuestros estilos de vida y costumbres dañinas para el medio ambiente se hace cada vez más fuerte.

Día mundial de la Ecología: ¿Cuál es el rol de la educación ambiental?

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