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Inger Enkvist: «Se necesitan maestros con más autoridad que no acepten perder el tiempo en tonterías en el aula»

Suecia / 07 de octubre de 2018 / Autor: Maximiliano Fernández / Fuente: Infobae

La prestigiosa pedagoga e investigadora sueca habló con Infobae sobre los desafíos educativos de Argentina y la nueva pedagogía. «Dar autonomía al estudiante se suele traducir en abandono porque no tienen muy claro qué hacer», dijo

Son épocas en las que se habla y pondera la innovación en el aula. Se habla de la tecnología aplicada para mejorar los aprendizajes, de trayectos personalizados, de que los alumnos no deben aprender lo mismo. Se repite que ya no tiene sentido memorizar, que para qué aprender de memoria las capitales o las tablas de multiplicar si para eso está Google. Se habla también de que el alumno necesita autonomía.

En ese contexto, Inger Enkvist, una de las más prestigiosas pedagogas, escritoras, investigadoras, catedráticas suecas sostiene volver a las bases de una pedagogía más tradicional, una corriente que empieza a tomar fuerza nuevamente entre los académicos.

En diálogo con Infobae, fue contundente: «No hay ejemplos de que los sistemas que dan mucha ‘autonomía’ a los alumnos sean exitosos ni intelectual ni socialmente – y menos a largo plazo. Los alumnos no logran motivarse a sí mismos más que por un tiempo muy breve y los primeros en cansarse son los que menos apoyo reciben en sus casas».

-¿No comparte la idea de innovación en el aula, muy boga en estos momentos?

-La palabra innovación es tramposa. Lo que queremos es un buen aprendizaje. Si el aprendizaje es novedoso es lo de menos. Con el cuento de la innovación la plata de la educación ha ido a parar a los bolsillos de los «innovadores» y no a la mejora del aprendizaje. ¿De qué innovación estamos hablando si se invirtió tanta plata en la innovación y los resultados están empeorando?

-¿Está de acuerdo con que se debe poner al estudiante en el centro de la enseñanza o es una idea peligrosa?

-Es otro término tramposo, porque por un lado dice algo que es obvio y es que todo en educación es para que el estudiante aprenda. En ese sentido, el alumno está y ha estado siempre en el centro de la educación. La idea de «poner al alumno en el centro de la enseñanza» parece anodina, pero así empieza una fragmentación de la organización de la escuela y de los presupuestos, y empieza a bajar el resultado. Ese es uno de los muchos lemas que circulan en educación no comprobados científicamente.

-¿Qué consecuencias tuvo esa idea?

-Introdujo una serie de nociones no tan positivas como la de decir que cada alumno debe tener su propio currícula, que tiene derecho a adaptaciones y que debe tener derecho a elegir sus tareas y su ritmo de trabajo. En otras palabras, el término se utiliza para quitarle importancia a que el alumno estudie lo que está en el currículo del año. Tendrá un plan de estudio «personalizado». La idea está también asociada a que el profesor debe motivar al alumno. No se dice que es la tarea del alumno estudiar el contenido del año. Uno puede pensar en los países del sureste asiático que lograron resultados magníficos en un tiempo récord. Y no fue tratando a cada alumno de manera diferente.

-Algunos académicos piensan que el modelo finlandés es poco menos que una farsa, que cuando cambiaron empezaron a caer en las pruebas internacionales. ¿Está de acuerdo?

-No es correcto. El modelo existe y es bueno, pero el gobierno finlandés tomó hace unos años decisiones en educación que son desacertadas. Se nota el factor de la «sociedad de bienestar» que hace que los jóvenes estudien algo menos, pero de ninguna manera es una farsa.

(Universidad de Lund)

(Universidad de Lund)

-¿Hasta qué punto es bueno darle autonomía a un estudiante y hasta qué punto es contraproducente?

-La autonomía es un concepto muy vago y no es raro que se traduzca como abandono porque se le deja «libre», sin una idea clara de lo que debe hacer. Los más flojos y los menos interesados en aprender desperdician el tiempo. La autonomía más importante es la que tiene el alumno para aprender en su casa. Tiene total libertad para organizar sus estudios en casa y algunos lo hacen bien y otros no tanto.

-¿Cómo se trabaja con alumnos hiperestimulados por la tecnología?

-Hay que crear en la escuela zonas sin tecnología donde reinen el silencio, la concentración y el enfoque en el aprendizaje intelectual. Crear entusiasmo por el aprendizaje colectivo del grupo y a veces el aprendizaje individual con buenos profesores que abran el mundo del conocimiento. Es enormemente estimulante entender cosas nuevas.

-Hoy se dice que con Google no vale la pena aprender de memoria, pero usted no coincide. ¿Dónde ve el valor de memorizar?

-Porque no hay otro aprendizaje que el del cerebro, es decir de la memoria. La memoria es lo que posibilita nuestro desarrollo intelectual. Sin la memoria seríamos más como los animales. La memoria es nuestra faceta de seres racionales. El concepto mismo de escuela se basa en la idea de lo racional que, a su vez, necesita basarse en los conocimientos adquiridos, guardados en la memoria.

-Los exámenes también empezaron a estar mal vistos. ¿Cómo se debería evaluar a los estudiantes?

-La evaluación es una parte de cómo se enseña, cómo se practica, cómo se organizan las clases. Sí, es útil tener exámenes. Da a todos la misma posibilidad de prepararse. Si hay evaluación continua, supuestamente hay menos estrés, pero también se podría hablar de un estrés continuo. La evaluación continua da más importancia al criterio del profesor, mientras que un examen normalmente es más objetivo. Algo que no se dice lo suficiente es que el valor de un examen depende también de cómo se integra en el resto del trabajo y de la inteligencia con la que se preparan las preguntas.

-Otro tema del que se habla mucho es la integración de las nuevas tecnologías al aula. ¿Le parece que se le da demasiada importancia o que la amerita?

-Lo importante es aprender lenguaje, conocimientos culturales generales y matemática. Si el alumno domina esto, aprende fácilmente tecnología. Si al revés dedica mucho tiempo a las tecnologías, pero no aprende lenguaje y conocimientos generales, no sale a la vida adulta bien preparado. La escuela debe, en primer lugar, preparar al alumno intelectualmente, es decir, formar su cerebro. El riesgo hoy es que se dedique tiempo a actividades que son secundarias.

-¿Qué modelo educativo en el mundo ve hoy como un ejemplo a seguir?

-Es peligroso contestar una pregunta así, porque siempre se puede encontrar algún «pero». En un mismo país puede haber escuelas buenas y menos buenas. Hay buenas escuelas en muchos países, pero tenemos un problema con los políticos que intentan introducir principios que no pertenecen al mundo de la educación. He visto con mis propios ojos buenas escuelas en Finlandia, Estonia, Suiza, Alemania, Estados Unidos. También en Argentina. El problema es cómo convertir lo bueno en lo común.

(EFE)

(EFE)

-El sistema educativo argentino tiene muchos problemas. Solo la mitad se gradúa en tiempo y forma de la secundaria, por ejemplo. ¿Cómo cree que se mejoran los indicadores desde la pedagogía?

-La lista de lo que se debe hacer es larga: mejor enseñanza primaria, mejor formación docente, mantener el orden en las escuelas, itinerarios en la secundaria para que no todos tengan que hacer exactamente lo mismo al mismo ritmo, revisar los currículos que se proponen.

-¿Cómo se logra en los hechos que los estudiantes no hagan lo mismo al mismo tiempo y sigan sus ritmos de aprendizaje?

-Es complejo y hay dos tiempos: la primaria y la secundaria. Para empezar hay que hacer varias cosas a la vez: tener profesores inteligentes y bien preparados, que pueden dar buenas clases y lograr un aprendizaje sólido desde el primer grado. Tener un currículo coherente. Nunca aceptar que se pierda tiempo en tonterías en la escuela. No aceptar que los alumnos no asistan con asiduidad. Cuando los alumnos lleguen a la adolescencia, permitir que elijan itinerarios algo diferentes para poder terminar sus estudios con éxito. Basar la escuela obligatoria en el modelo de «la misma talla para todos» simplemente no corresponde a lo que sabemos sobre los seres humanos.

-¿Qué hace falta para que el país puede salir del estancamiento educativo?

-Si los países del sureste asiático han podido levantarse en pocos años, también podría hacerlo Argentina. Lo que hace falta es más esfuerzo. Sin esfuerzo no se avanza. Una vez, un periodista me replicó que, por razones culturales, el esfuerzo sostenido en el estudio en Argentina no gusta. Mi comentario es que se trata de una elección. Si uno elige no hacer el esfuerzo, uno elige, a la vez, las consecuencias.

-¿Más esfuerzo de los estudiantes, de los maestros o ambos?

-Más esfuerzo de los estudiantes. Reglas de conducta y de rendimiento escolar más claras. Quizá ni siquiera es más esfuerzo sino solo más orden. Es fácil decir que el maestro debe esforzarse más pero también hay que hablar del cansancio del profesor, un cansancio que tiene mucho que ver con que los alumnos no se comportan siempre como alumnos. Se cargan sobre la espalda del profesor todos los problemas sociales, y se espera que el profesor haga también las veces de asistente social y policía. Esto es pedir demasiado al profesor.

-¿Cree que los maestros, en general, ganan poco dinero para la función que cumplen?

-Sí. Los maestros deben venir bien preparados y ganar un sueldo respetable. Nunca se podrá reclutar buenos profesionales si no se les paga adecuadamente. Allí Argentina necesita hacer una reforma. Otros países latinoamericanos se han esforzado más por resolver ese problema.

-Acá los aumentos salariales dependen casi exclusivamente de la antigüedad del maestro en el cargo. No se valoran los resultados académicos, ni la innovación. ¿Cree que se debería modificar?

-Es un asunto controversial. Lo que se podría hacer es establecer un plan de, pongamos, diez años y aumentar paso a paso los salarios para todos los profesores que vayan mejorando sus conocimientos. La idea es que si el profesor tiene más conocimientos, la sociedad va a pensar que está justificado dedicar más plata a pagar a ese profesor, y el profesor probablemente enseñará mejor y con más entusiasmo, ya que ese suele ser el resultado de adquirir más conocimientos. No es seguro que funcione así, pero es bastante probable.

-La brecha educativa en el país es muy grande entre las distintas clases sociales. ¿Cómo se puede achicar en el aula?

-Lo que ya se ha dicho: buenos profesores, pagados adecuadamente. Devolverle la autoridad al profesor en el aula, porque si esto no se hace los jóvenes más idóneos no van a querer ser profesores ni tampoco los alumnos van a aprovechar la inversión que hace la sociedad en educación. Los jóvenes más inteligentes no van a aceptar pasar su vida profesional en unas aulas en las que los chicos pueden comportarse despectivamente. Sin orden y sin exigencias en las aulas, también en los barrios vulnerables, es imposible que disminuya la diferencia en aprendizaje entre las capas sociales.

Fuente de la Entrevista:

https://www.infobae.com/educacion/2018/07/28/inger-enkvist-se-necesitan-maestros-con-mas-autoridad-que-no-acepten-perder-el-tiempo-en-tonterias-en-el-aula/

ove/mahv

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¿Educar para seleccionar o educar para incluir?

España / 7 de octubre de 2018 / Autor: Salvador Rodríguez Ojaos / Fuente: El Blog de Salvaroj

«Estamos en un contexto de incertidumbre y no se puede decir qué será del día de mañana, excepto si nos consideramos profetas. Pero si el futuro es incierto, significa que lo peor tampoco es seguro, y que dependerá también, al menos en parte, de lo que hagamos o no hagamos en el presente para orientar su trayectoria.» Robert Castel

Cuando hablamos del futuro, de cómo será la sociedad de aquí a unos años, solemos tener una visión negativa, en ocasiones apocalíptica. Pero lo cierto es que esa incertidumbre, el hecho de que no sepamos cómo va a ser, nos debería dar esperanza para conseguir que sea un futuro esperanzador. Y nuestras decisiones y actuaciones presentes van a condicionar que sea así o no.

Es por esto que ha llegado el momento de escoger cuál debe ser el propósito de la escuela: seguir seleccionando y excluyendo o formar e incluir. Nuestra decisión va a tener, sin duda, una enorme influencia en cómo serán los tiempos venideros.

Nuestra sociedad es enormemente competitiva y en un momento de descuido, en una mala decisión, puedes quedar fuera de juego. Bauman lo compara con una especie de cruel juego de las sillas, en el que si no estás atento y aprovechas tus oportunidades puedes quedar fuera del sistema. Y esa exclusión no debe nunca iniciarse en la escuela.

La escuela (el sistema educativo) debería perseguir que cada persona pueda desarrollar al máximo su potencial, sea este cual sea, para que se desarrolle como individuo y participe activa y responsablemente de la sociedad en la que vive. En cambio, el sistema educativo actual promueve la competición entre individuos, el enfrentamiento entre rivales (como si de una competición deportiva se tratase). Tienes que ser mejor que los demás para tener mejores oportunidades.

Pero en realidad es cuando trabajamos con otros, cuando colaboramos, cuando nos convertimos en verdaderamente competitivos, porque la suma de individualidades tiene un efecto amplificador en los resultados que se obtienen. Y este es un valor, una habilidad, cada vez más importante en el mundo actual.

Más que educar para ser competitivos, debemos educar para ser competentes… y eso implica no dejar a nadie abandonado a su suerte por el camino de la educación.

Fuente del Artículo:

http://www.salvarojeducacion.com/2018/09/educar-para-seleccionar-o-educar-para.html

ove/mahv

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OEI: «La calidad, inclusión y equidad educativa es el reto de Iberoamérica»

OEI / 07 de octubre de 2018 / Autor: Emiliano Castro Sáenz / Fuente: La Vanguardia

El mayor reto de Iberoamérica en materia educativa es «atender el criterio de calidad, de inclusión y de equidad, algo que adolece nuestra región», advirtió hoy el secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), Mariano Jabonero.

Presente en Guatemala para participar en la XXVI Conferencia Iberoamericana de Ministros y Ministras de Educación, que se llevará a cabo en la ciudad colonial de Antigua este jueves, Jabonero analizó la situación actual en materia educativa, cultural y científica de la región en una entrevista con Efe.

En este sentido, Jabonero asegura que dicho criterio es crucial para avanzar en «democracia, competitividad, incremento de renta e integración a economía real», así como «menores oportunidades a futuro para las chicas y chicos». Atrás quedaron los tiempos en los que la sociedad enviaba a los niños a la escuela y punto. Ahora «hay que responder ante sus necesidades».

Pero el reto no es sencillo. Y más en Iberoamérica, que se comporta de manera «cíclica». Los momentos de bonanza dan pie a crisis económicas y viceversa. A eso se suma un comportamiento «anticíclico», que «en época de grandes ingresos en vez de ahorrar, se gasta mucho y en tiempos regresivos se recorta por todas partes».

También existe el factor político y la «voluntad de integración» latinoamericana, pero «pocas son las entidades con buena salud», señala este experto español, quien pone como ejemplo «el Sistema de Integración Centroamericana», una entidad «que además promueve mucho la integración de la educación y la cultura, los dos ejes más importantes que componen la región».

Son esos espacios comunes, el reconocimiento de las lenguas, las aspiraciones, los temas de ordenamiento: ejes naturales que «sirven para la integración de los países».

Hacia allá se dirige la XXVI Conferencia Iberoamericana de Ministras y Ministros de Educación. Aceptar la realidad actual y futura, «muy diferente a la que había hace unos 15 o 20 años», sostiene Jabonero.

La región cambió y «el proyecto de agenda debe integrarse a la Agenda 2030». Ahora las diferencias de la región con el mundo «se han reducido, pues hemos cambiado para mejor, con niveles de vida más altos, reducción de pobreza definitiva y crecimiento económico que ha servido para reducirla».

En más de 70 años de vida y experiencia, «la OEI es el decano de la región», con una presencia en toda la zona, 18 sedes, unos 500 funcionarios e igual número de proyectos en marcha, así como un presupuesto bianual de unos 400 millones de euros.

Eso permite que la OEI no se vea afectada por las crisis políticas de países como Honduras o Venezuela, sino «todo lo contrario». Tiene una «estabilidad» que ha conseguido que América Latina sea la región que mayor inversión en educación haga en el mundo, un 5,2 por ciento, mientras la media mundial está en un 4,6 por ciento y de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en un 3,6 por ciento.

Se debe a que la educación «es uno de los temas en políticas públicas que más preocupa, tiene mayor demanda social y está en la agenda política», considera Jabonero, por lo que ahora insiste en que se debe «orientar el gasto de mejor forma, ser más eficientes y pensar que el sujeto de toda inversión es la niñez».

La OEI también sostendrá una reunión para presentar su hoja de ruta en el septuagésimo séptimo Consejo Directivo de la Organización, que se realizará también en Antigua el jueves, previo a la Conferencia de Ministros de Educación.

Allí, dice Jabonero, se buscará que los países aprueben que se adopte la «economía naranja», que es inversión en cultura con un «fuerte retorno en términos de empleo y economía», pues hay países «que aún no entienden» el potencial cultural, por la «diversidad, presencia, imaginación y apego de nuestros países a sus culturas».

En cuanto a la ciencia, Jabonero afirma que la inversión en América Latina «ha descendido sistemáticamente», por lo que instó a los países a entender el «grave riesgo» que implica abandonarla, «lo que supone pagar conocimiento y patentes externas y supeditarse a las instituciones que tienen objetivo la investigación».

Este experto, filósofo y educador, con seis meses en el cargo, ve en el futuro el enigma al que se debe entrar armado. Pero las herramientas, desconocidas aún así como los resultados, no se conseguirán solas.

«Según todos los informes del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, los empleos dentro de 25 años ni los imaginamos, no existen» y, sin embargo, «los chicos y chicas están recibiendo ahora mismo conocimiento para realizar empleos que no existen, lo cual suena a una contradicción muy grande».

Es por ello que la OEI apostará por «cuestiones básicas y polivalentes, como la comunicación y los conocimientos digitales», para poder adaptar a los futuros profesionales.

Es una revolución. Cambiar sistemas míticos, como «el galeno con mirada clínica» por el «médico con una formación sólida vinculada estrechamente con la tecnología» o el agricultor que pasó de «sembrar, recolectar y vender» a instalar «sistemas de riego y elección de semillas en condiciones integrales a su entorno»

Fuente de la Noticia:

https://www.lavanguardia.com/politica/20180925/452037741937/oei-la-calidad-inclusion-y-equidad-educativa-es-el-reto-de-iberoamerica.html

Fuente de la Imagen:

https://www.oei.es/Oei/Noticia/la-antigua-guatemala-acoge-la-xxvi-conferencia-iberoamericana-de-ministros-y-ministras-de-educacion

ove/mahv

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España: Isabel Celaá: “El sistema educativo solo será de calidad si es equitativo”

España / 7 de octubre de 2018 / Autor: Alejandra Agudo / Fuente: El País

La ministra de Educación y una quincena de expertos abordan en un congreso la necesidad de lograr que todos los niños tengan una enseñanza primaria y secundaria completa, gratuita, equitativa y de calidad

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El machismo es la enfermedad del patriarcado

Por: Marta Sanz

Urge una teoría y una acción feminista racional, infraestructural y global

El machismo es la enfermedad, la pústula visible del patriarcado, y el feminismo un discurso corrector, aunque temo que la fortaleza del discurso esconda un cristal delicado. Que la educación se transforme en crestomatía de textos, en represiones que se vuelvan contra nosotras. Temo entrar, y me rebelo contra ello, en una competición de feminismos. Tengo miedo —no un miedo paralizante, un miedo de alerta precavida, un miedo estratégico—. Acudo a las manifestaciones y junto mis esperanzas con otras esperanzas, y confío en que mis gritos —siempre afónicos— sirvan para que egoístamente no me llamen fea por mi trabajo. Pero también para que nunca se repita el horror de La Manada y se mejoren las condiciones laborales de las cajeras de los supermercados y se acabe con la brecha salarial. Y, si es posible, de paso, con todas las putrefacciones que adornan nuestro sistema económico.

Pero hoy, algunos días, me siento desconcertada y llego a pensar que mi debilidad, mi duda, mi renuencia a pertenecer a ciertas tribus, es otra forma de suavísima vindicación que se adapta con más facilidad a ese feminismo tolerado que hace de cada mujer un ser razonable. Un feminismo que no mete mucho ruido o que mete mucho ruido sin producir muchas nueces. Un feminismo espectacular que sale en todos los periódicos porque aspira a cambiarlo todo sin que nada cambie demasiado: hombre o mujer, en Hollywood o en el polígono industrial de Coslada, reproduciendo los mismos papeles de amo/ama-esclavo/esclava. A veces tengo un sueño como Martin Luther King y aspiro a un alter-feminismo que cambie el mundo de raíz. Un mundo de ayudas mutuas. Yo soy de esas feministas que no saben separar el patriarcado del capitalismo.

A veces tengo un sueño como Luther King y aspiro a un feminismo que cambie el mundo de raíz

Soy feminista, pero cuando veo a las damas del Me Too me entra un algo de desconfianza. Sin embargo, en Farándula sugerí que el glamur servía para amplificar la voz a la vez que expresaba mis dudas sobre el compromiso de Angelina Jolie. Lo tolerado y lo no tolerado. La solidaridad como variante —cebollitas, pepinillos…— del comercio y los actos de beneficencia como «nueva política». Todas esas imágenes se me atraviesan dentro como espina de jurel. Me cuesta tanto darle la mano a Oprah Winfrey. Me cuesta tanto darle la mano a Cristina Cifuentes. (…) Al fin y al cabo, soy una mujer que debe hacerse la crítica continuamente, porque ha sido educada con los esquemas patriarcales de su padre, de su madre, de su abuela, de su abuelo, de su colegio, de su universidad, etcétera, etcétera.

Agito la cabeza y quiero salir de ese bucle, pero me llegan voces que dicen: «El Me Too es un movimiento anglosajón y protestante», como si las católicas nominales del Mediterráneo exhibiésemos todo el día una sensualidad de maggiorata que, muerta de calor, saca entre los labios la puntita de la lengua, no porque nadie les pida que hagan un mohín frente al objetivo, sino porque les da la real gana. Me hace gracia que esa definición —»El Me Too es un movimiento anglosajón y protestante»–, como sentencia acusatoria, solo se aplique a un movimiento feminista y no a la inmersión de protestantismo anglosajón que practicamos diariamente a la hora de comer, ver películas, construir nuestra sentimentalidad, preocuparnos por nuestro cuerpo, escuchar música, correr por las calles, hacer barbacoas, comprar productos financieros e hipotecas, contratar empresas privadas de salud…

Nos estamos pensando. A nosotras mismas y al mundo en que vivimos. Como nos recuerda Noelia Ramírez: «Trump, alineado con los críticos del Me Too por ‘destrozar’ la vida de hombres con ‘simples acusaciones’, destina 277 millones de dólares a promover la abstinencia sexual». También menciona Ramírez a Tarana Burke, mujer, negra y activista, que inventó el Me Too hace una década y asiste a niñas en riesgo de exclusión. De modo que el puritanismo tiene demasiados rostros y habría que pensar si es más puritano un concurso de Miss Universo, promover la castidad desde las escuelas o la campaña de Emma Watson para educar sobre el orgasmo femenino.

Me preocupan las inmolaciones en plaza pública que no encuentran su raíz en el pensamiento feminista, sino en el uso espurio e irreflexivo, en los linchamientos oclocráticos de las redes sociales y en la deficiente comprensión lectora de textos artísticos y literarios. Nacen en el imperio de la literalidad, la posverdad y la ira que brota de la insuficiencia legislativa, la violencia fundacional del sistema y de todas sus macro y micro-violencias aliadas: explotación laboral, machismo, aporofobia, intolerancia, juicios mediáticos paralelos, muros, reaccionarismo, trata de esclavas.

Por eso, os necesito tanto, hermanas mías. Tanto, tanto. Me arrepiento tanto de mis maldades y de la mezquindad de mis críticas. De mi apisonadora falta de lucidez. De este carácter quisquilloso que atenta contra el sentido de la sororidad, por culpa de mi arcaica conciencia de Barrio Sésamo: arriba y abajo, izquierda y derecha, delante y detrás. Y me hago una serie de preguntas tontas, que daría lugar a respuestas demagógicas de esas que pretenden desbaratar cualquier posicionamiento feminista y colocar a la mujer en el vértice de esa presión comercial relacionada con la falsa elección.

Como si siempre estuviésemos frente al anaquel de un supermercado. (…) Sigo jugando como la niña perpetua que me obligan a ser: ¿Qué prefieres el Me Too o la tribuna Mujeres liberan otra voz?, ¿el feminismo anglosajón o el feminismo francés?, ¿Butler o Beauvoir?, ¿qué prefieres ser mujer rica u hombre pobre? Y me digo que yo lo único que no quiero ser en la vida es mujer pobre. Mujer negra lesbiana pobre. Mujer negra lesbiana pobre enferma analfabeta. Adjetivos especificativos que se retroalimentan y trazan un mapa bastante preciso del mundo en que vivimos y de la urgencia de una teoría y una acción feministas racionales, infraestructurales y globales.

Fragmento de Monstruas y centauras (Anagrama), el nuevo libro de Marta Sanz, en el que reflexiona sobre el #MeToo.

Fuente: https://elpais.com/sociedad/2018/10/04/actualidad/1538679769_550150.html

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