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Filosofar en la rebelión de los saberes

Venezuela / 20 de mayo de 2018 / Autor: Enrique Contreras Ramírez / Fuente: Aporrea

De allí que la política, dentro del marco de la rebelión de los saberes, en su significado radical, es una reyerta en lo ideológico, político e incluso militar por las formas de organización socio-económica que ha de tener nuestras sociedades, libre de todo tipo de dominación, de relación opresor-oprimido y de cualquier imposición en esa relación de poderes…

Para América Latina, la política debe entenderse, como el espacio rebelde de la imaginación creadora, que debe concentrarse en desconstruir los presupuestos teóricos fundacionales de la dominación eurocentrista en todos los órdenes y poder recuperar lo que para muchos es el paradigma de la «utopía perdida», ante la complejidad de un mundo globalizado que ha intentado aplastar las luchas por la emancipación de nuestra América Latina y de esta manera retomar el horizonte, para elaborar en colectivo una alternativa al actual modelo de dominación, llámese capitalismo o socialismo, fiel expresión de modelos de acumulación imperial que en la actualidad desbastan el planeta y donde los ESTADOS-NACIÖN, son convertidos en ESTADOS CORPORATIVOS, manejados por ese ESTADO PROFUNDO que alimenta el imperio del gran capital.

De allí que la política, dentro del marco de la rebelión de los saberes, en su significado radical, es una reyerta en lo ideológico, político e incluso militar por las formas de organización socio-económica que ha de tener nuestras sociedades, libre de todo tipo de dominación, de relación opresor-oprimido y de cualquier imposición en esa relación de poderes, por lo tanto en esa reyerta tal aspiración se constituye en un objetivo irrenunciable, pues se trata de cómo hacer para que la inmensa mayoría de la población se encuentre en condiciones de igualdad en el más amplio sentido y para tales fines se requiere construir el poder popular en una relación de horizontalidad, para poder salir y no quedar preso de los falsos discursos emancipatorios, de esa izquierda colonizada por el eurocentrismo, que al llegar al poder gobierna en el teatro de la institucionalidad colonial, repitiendo y reproduciendo inclusive de manera más sofisticada el modelo de dominación.

Para los que militan en la «utopía perdida», que no son otros que los resignados, los atrapados, los que militan en la «razón de la derrota», esos que predican que ya no hay nada que hacer por comodidad y que la globalización lo atrapo todo, se encuentran en la telaraña tendida del enemigo que decían combatir y que hoy por su conducta y razones, se constituyen en perversos aliados de los intereses del opresor. En la práctica dejaron de existir para ellos y de manera subalterna y servil funcionan para otros, cercenan su existencia y dejaron de ser seres para sí.

Lo contrario a esta posición, sostenemos que si es posible diseñar una estrategia en colectivo, desde todos los puntos de vista, con todos aquellos sectores que tienen conciencia de la necesidad de emancipar la patria, para desbaratar y erradicar tal dominación. Aquellas personas que no pueden decidir y orientarse por sí mismas no existen, no son; y por lo tanto, la lucha debe conducirse a viabilizar la capacidad de todos, es colectiva, es un compromiso histórico, es libertario. Esto sólo puede lograrse, en un proceso concientizador, que les permita a los seres humanos –tal y como lo plantea Paulo Freire- asumirse como tales.

El ser es histórico y si es histórico el sujeto no puede verse como un objeto por estar vinculado, hermanado a ese proceso ontocreador de razonar, de interpretar, de comprender, de entender y de pensar para tomar decisiones. El ser humano en su existencia se encuentra definido por una temporalidad, además de poseer una cosmogonía política, cosmogonía política que a muchos les permite visualizar la relación dominante-dominado.

FORMAR PERSONAS PENSANTES

Si el ser humano tiene estas capacidades como sujeto histórico, razón tendría nuestro Simón Rodríguez al señalar que los latinoamericanos podemos inventar nuestra propia existencia, nuestro propio modelo de sociedad y dejar de imitar modelos extranjeros ajustados a otras tierras, de otros continentes que en nada se parecen a lo que realmente somos y divorciados totalmente de nuestras realidades, donde el eurocentrismo ha jugado su papel dominante y que rechazara Simón Rodríguez al rebelarse frente al viejo orden colonial que impuso la subalternidad en el marco de la servidumbre.

Dentro de esa rebelión de los saberes, se encontraba para Simón la necesidad de formar personas pensantes, que comprendieran e interpretaran las realidades de una sociedad que para ese entonces respondía y hoy sigue respondiendo a los intereses del colonialismo de turno, que no han permitido la emancipación de nuestros pueblos, que no ha permitido desarrollar a plenitud las capacidades humanas de nuestra gente, de desarrollarse con identidad propia y que ha enajenado con su pensamiento la conducta de los latinoamericanos al hacernos pensar como ellos y no como nosotros.

Simón Rodríguez, produce la ruptura del pensamiento colonialista, con el pensamiento libertario que coloca la posibilidad real de la emancipación de nuestros pueblos, es el pensamiento sometido por el colonialismo el que se rebela en épocas de independencia con Bolívar, es el pensamiento que se alza con Zamora, es ese pensamiento que se sigue anidando en los pobres del campo y la ciudad en su subconsciente, esperando el momento propicio para rebelarse en teoría practica contra el opresor.

Se trata de una batalla entre los saberes, entre el opresor y el oprimido, entre modelos de sociedad en el marco de un juego político donde se quiere seguir imponiendo la dominación y el sometimiento frente a la rebelión y la defensa en la búsqueda de un modelo socio-económico que no tenga que ver con las viejas civilizaciones, llámese socialismo o capitalismo, para poder inventar una sociedad con verdaderos horizontes de humanización.

Hay necesidad entonces de rescatar nuestros saberes sometidos y a partir de los mismos, elaborar un corpus que en el plano de nuestro espacio latinoamericano, no pierda la perspectiva de la necesidad de reivindicar nuestra identidad guardada en nuestra propia historia, historia llena de luchas que en el fondo abrazan la esperanza de un mañana mejor.

Fuente del Artículo:

https://www.aporrea.org/actualidad/a253823.html

Fuente de la Imagen:

https://www.alfabetizaciondigital.redem.org/relacion-entre-filosofia-y-educacion-notas-para-repensar-el-quehacer-docente/

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‘Handia’, Platino al Cine y Educación en Valores

Los premios del Cine Iberoamericano se celebraron entre alegatos a favor de la igualdad

Los Premios Platino del Cine Iberoamericano, que se celebraron recientemente en Cancún, otorgaron el Premio Cine y Educación en Valores a Handia, el largometraje dirigido por Jon Garaño y Aitor Arregi. La cinta vasca que narra la historia real de Miguel Joaquín Eléicegui, El Gigante de Altzo, que ya triunfó en los Goya con diez galardones;en los Premios Feroz, ganando el premio a mejor música y cartel, y en el Zinemaldia, de donde salió con el premio especial del jurado y premio cine vasco.

Tras haber luchado en la Primera Guerra Carlista, Martín vuelve a su caserío familiar en Guipúzcoa y allí descubre con sorpresa que su hermano menor, Joaquín, es mucho más alto de lo normal. Convencido de que todo el mundo querrá pagar por ver al hombre más grande sobre la Tierra, ambos hermanos se embarcan en un largo viaje por Europa en el que la ambición, el dinero y la fama cambiarán para siempre el destino de la familia. Una historia inspirada en hechos reales.

En la quinta edición de los Premios Platino, la película más galardonada fue la coproducción chileno-española Una mujer fantástica, ganadora de cinco estatuillas, entre ellas la de mejor película iberoamericana de ficción, mejor dirección, para Sebastián Lelio, y mejor intérprete femenina, para Daniela Vega.

En esta edición se estrenó la categoría de actores en las series y fue Blanca Suarez, protagonista de Las chicas del cable, quien se llevó el premio a la mejor interpretación femenina.

El encargado de conducir la gala fue Eugenio Derbez, director, productor y guionista mexicano. Los premios fueron retransmitdidos por 18 canales de televisión para más de ochenta millones de hogares y en la gala se lanzaron alegatos por la igualdad, el rechazo a la diferencia y a la falta de oportunidades.

La actriz, directora, productora y formadora, Adriana Barraza fue premiada por su trayectoria, así como por su faceta docente con el Platino de Honor. – A. Valle

Fuente: http://www.deia.eus/2018/05/01/ocio-y-cultura/cultura/handia-platino-al-cine-y-educacion-en-valores

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Video: La mística de la educación del mundo Mexica

México/19 de Mayo de 2018/huffingtonpost

https://youtu.be/o0-uqlIeObI

Parte del poderío cultural de México-Tenochtitlán se debía a su particular sistema educativo, que garantizaba la educación a todos los jóvenes, no importando que fueran plebeyos o nobles.

Fuente: https://www.huffingtonpost.com.mx/2018/05/15/video-la-mistica-de-la-educacion-del-mundo-mexica_a_23434697/

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Por una educación de la pregunta

La novela no es el genero de las respuestas, sino el de las preguntas: escribir una novela consiste en plantearse una pregunta compleja para formularla de la manera más compleja posible, no para contestarla de manera clara e inequívoca; consiste en sumergirse en un enigma para volverlo irresoluble, no para descifrarlo.

Por Carlos Magro

Las preguntas siempre son importantes y necesarias. Nunca sobran. Menos en educación. Son un dispositivo fundamental en el proceso de enseñanza/aprendizaje como bien defendió durante toda su vida Paulo Freire: “La educación de la respuesta no ayuda nada a la curiosidad indispensable para el proceso cognitivo. Al contrario, ella resalta la memorización mecánica de los contenidos. Sólo una educación de la pregunta agudiza, estimula y refuerza la curiosidad”. (Paulo Freire. A la sombra de este árbol, p.19). También las respuestas cuando están vinculadas a las preguntas porque nos ayudan a pensar, reflexionar y construir. “Preguntar y responder son caminos constitutivos de la curiosidad.” (Paulo Freire. A la sombra de este árbol, p.20).

Y desde luego, son más necesarias que nunca en momentos como los actuales tan dados a la polarización y las respuestas rápidas, poco reflexionadas y nada constructivas. Son quizá más importantes que nunca en el ámbito educativo en el que parece haber un consenso generalizado sobre la necesidad de cambio pero donde escasea el tiempo para la reflexión, tanto a nivel de aula, como de centro, como de sistema global.

Las preguntas demandan tiempo. Formular preguntas, más si son colectivas, requiere de tiempo y disposición.

Las preguntas siempre abren posibilidades, facilitan el diálogo y nos empujan a la acción reflexiva. Las respuestas, por su lado, dan por cerrados los debates, en muchos casos certifican lo existente y, cuando no, nos lanzan a una acción irreflexiva y casi siempre inútil, cuando no directamente contraproducente.

Hoy en educación abundan respuestas y faltan preguntas. Abundan las opiniones y escasea el debate. Nos sobran tanto visionarios como inmovilistas. Parece que cualquiera es capaz de lanzar un diagnóstico sobre los males de la escuela y darnos su particular receta para la mejora. Hacerse preguntas es clave. Hacérselas en educación es un asunto vital.

Si no queremos entregar la responsabilidad de nuestros procesos y prácticas educativas a abstractos sistemas de medición y aspiramos a mantener un control democrático sobre ellas y sobre las maneras en las que evaluamos su calidad, es sumamente importante que se lleve a cabo un debate sobre aquello que nuestros esfuerzos educativos deberían tratar de conseguir (Gert Biesta, 2014). En educación debemos recuperar el debate sobre los fines de la educación. Hemos dedicado mucho tiempo a los métodos y poco a reflexionar sobre las metas. La escuela puede ser un factor para la transformación o para la exclusión, pero no es ni una institución neutra ni una institución reproductora. Devenir en una cosa, la otra, o algo diferente, es cuestión de los agentes implicados. Debemos decidir si queremos una educación para la igualdad o una educación para la exclusión. Si queremos ser agentes de transformación o de transmisión (Ramón Flecha y Iolanda Tortajada, 1991). Debemos decidir si queremos que nuestras escuelas sirvan para que los menores pasen de curso, aprueben exámenes y saquen buenas notas o para que aprendan a pensar y no acepten sin más la primera idea que les sea propuesta o que les venga a la cabeza (Rafael Feito, 2009). Debemos decidir si queremos formar consumidores acríticos e insolidarios o ciudadanos inquisitivos y participativos.

A-sombra-te. David Santaolalla https://flic.kr/p/bhZLR2

A-sombra-te. David Santaolalla https://flic.kr/p/bhZLR2

Todo acto educativo, sin importar si hablamos de educación infantil o universitaria, educación obligatoria o desarrollo profesional, tiene un propósito, busca unos fines. Por eso, preguntarnos por ese propósito,preguntarnos por los objetivos y por la finalidad última del proceso educativo, preguntarnos para qué educamos no es algo opcional sino consustancial al hecho de educar. Y es una pregunta que debemos hacernos tanto a nivel individual como colectivo.

El problema con las preguntas difíciles es que tendemos a evitarlas o a simplificarlas. O en el mejor de los casos, las reformulamos de tal manera que, de facto, en muchas ocasiones las cambiamos y las dejamos de lado. Nos evadimos de responderlas. Y esto sucede, en parte, con la pregunta sobre los fines de la educación. En los últimos años, como ha sostenido Gert Biesta, entre otros, y a pesar de que aparentemente el debate en torno a la educación no ha dejado de cobrar protagonismo, hemos reemplazado la pregunta sobre el fin de la educación por otras alternativas. Por ejemplo, en lugar de cuestionarnos en qué consiste una buena educación nos hemos hecho preguntas sobre la calidad de la educación.

El discurso educativo en los últimos años ha estado monopolizado por el concepto de calidad educativa. Pero no lo es lo mismo la bondad que la calidad. La primera es una pregunta normativa (una pregunta con objetivos, fines y valores), la segunda es ante todo una pregunta técnica, más preocupada por cuestiones como la eficacia y eficiencia de los procesos que por el fin último de esos procesos. La eficacia, por ejemplo, es un valor instrumental que nos informa sobre la capacidad de un proceso para lograr unos objetivos pero no nos dice nada sobre la pertinencia de esos objetivos, sobre si esos objetivos son deseables o no. Puede haber prácticas educativas eficaces que no queramos y, al revés, prácticas ineficaces que sean más deseables que otras. Hablar de eficacia es insuficiente. Debemos siempre preguntarnos para qué es eficaz y, también, eficaz para quién (Gert Biesta, 2010. Good Education in an Age of Measurement. Ethics, Politics, Democracy. Routledge. New York. p.14.)

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Florida Memory https://flic.kr/p/ofadxy

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La segunda pregunta que debemos hacernos –igual de complicada, por cierto– es ¿cómo podemos discutir y desarrollar nuestras ideas sobre la buena educación de una manera que vaya más allá de la simple articulación de nuestras preferencias personales?, es decir, cómo podemos ir más allá de las opiniones personales y abrir un debate sincero, profundo y amplio sobre los fines de la educación.

Gran parte del debate educativo que nos rodea hoy está centrado en los cómos y no en los porqués. Pero los cómos dependen de los objetivos. No podemos decir que una manera de hacer es mejor que otra. Todo depende de cuáles sean los objetivos que queramos alcanzar. Es decir, cualquier discusión en torno a los procesos, a las metodologías, a las formas de hacer las cosas estará condicionada fuertemente por un debate previo que establezca los fines.

El reto que tenemos delante está fuertemente determinado tanto por la falta de un lenguaje común como de tiempo disponible para un debate sereno y profundo. Ambas cosas son necesarias en todos los planos de la educación pero son especialmente necesarias en el contexto particular de cada escuela y de cada comunidad educativa.

Por otro lado, plantearnos la pregunta sobre qué es una buena educación nos lleva, como ha sostenido Gert Biesta, a asumir que ésta es una pregunta compuesta y que tratar de darle respuesta supone abordar la dimensión cualificadora de la escuela pero también su más que importante rol en el proceso de socialización de las personas y el muchas veces ignorado papel de la escuela en la construcción de la personalidad de cada uno, lo que él denomina “subjetivación”.

Para avanzar en un proceso de mejora escolar necesitamos poner en el centro de la conversación las cuestiones relativas a los valores, lo que realmente valoramos, y los fines que buscamos, sino corremos el riesgo de confundir los medios con los fines y hacer de los primeros los objetivos (Gert Biesta, 2010, p.13). Es importante recordar que los objetivos esperados de una escuela tienen que ver con valores y con actitudes tanto como con conocimientos y habilidades. No olvidemos que las escuelas son ante todo, empresas morales (Claxton y Lucas, 2013, p.5).

Para que los alumnos desarrollen una serie de valores tan importante es lo que sucede dentro del aula como la cultura escolar (Claxton y Lucas, 2013, p.5). Tan importante es la interacción alumno-profesor dentro del aula como lo que sucede fuera de las aulas, en los pasillos, en los patios, a la entrada y la salida, en el comedor, en los claustros, en las interacciones entre docentes y entre estos y las familias. El acercamiento debe ser global y sistémico.

Por último, cualquier proceso de cambio debe partir de un proceso previo de reflexión por parte de cada comunidad educativa en torno a los objetivos del cambio, los fines de la educación, el tipo de aprendizaje que se quiere fomentar, el tipo de enseñanza que se requiere para desarrollar ese tipo de aprendizaje y, finalmente, sobre el modelo de liderazgo y organizativo que se necesita (Claxton y Lucas, 2013, p.5). Todas las escuelas tienen la capacidad interna de mejora (Alma Harris, 2002. School Improvement. What’s in It for Schools? Routledge. London. p. 18.). Nadie puede decir a otros lo que tienen que hacer. Cada comunidad debe buscar sus propias soluciones y fomentar y gestionar el cambio después en sus instituciones.

La necesidad de reflexión afecta también a lo que sucede dentro de las aulas. Necesitamos un aprendizaje más reflexivo y una alfabetización en la reflexión. La educación escolar necesita entornos donde el aprendizaje gire en torno a la reflexión y el pensamiento y donde los alumnos aprendan a reflexionar constantemente sobre lo que hacen.

Parafraseando a Javier Cercas, podríamos decir que la educación no pertenece al genero de las respuestas, sino al de las preguntas y que educar consiste en capacitarnos para hacer preguntas complejas, para formularlas de la manera más compleja posible, no para contestarlas de manera clara e inequívoca; consiste en sumergirse en un enigma para volverlo irresoluble, no para descifrarlo. O, como también dijo Paulo Freire, que “la educación liberadora consiste en actos de la cognición, no transferencias de información”. Que un maestro no es quien da respuestas, “ni aquel que impone su saber, sino quien nos abre la puerta de la propia vida…Un maestro lo es por lo que sabe, pero sobre todo porque hace posible saber” (Marina Garcés, 2016. Fuera de clase, p.181)

Este texto es una versión del aparecido en las páginas 12-16 del libro Un viaje hacia el cambio educativo, introducción al Proyecto Escuelas Creativas de la Fundación Teléfonica y Ferran Adrià. Este libro y el resto de publicaciones del Proyecto se pueden descargar de manera gratuita aquí.

Fuente: https://carlosmagro.wordpress.com/2018/05/16/por-una-educacion-de-la-pregunta/

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Qué importa los maestros

Por: Abelardo Carro Nava

Desde el principio todo estuvo mal concebido; la política determinó qué habría de hacerse y cómo debería hacerse. Los políticos más influyentes de México concertaron un mal llamado “Pacto por México”. El rumbo de la educación estaba definido. Recuperar la rectoría de la educación le llamaron, aunque el trasfondo estaba dicho: agredir al magisterio.

Los discursos en “pro” de una educación de calidad, cual vendaval de buenos deseos, corrieron a raudales. Era un nuevo gobierno. La esperanza vestida de sueños se apoderó de buena parte de los mexicanos; aún de aquellos que veían con cierto aire de escepticismo lo que en los diversos foros se pronunciaba hasta el hartazgo: ¡ahora sí contaremos con mejores maestros!

La disidencia magisterial se agitó; no era para menos. Los derechos laborales se verían afectados y el desasosiego se apoderó de ellos.

La discusión en las “cámaras de representantes” del pueblo, un espectáculo mediático. Nadie atinaba a sustentar por qué era necesario un cambio, un rumbo nuevo.

En sí, la educación era lo de menos. ¡Qué importa si los maestros manifiestan su rechazo a una reforma educativa tan necesaria para México! – Sí, decían éstos –. Nada más falso, nada más vago, nada más hueco.

La discusión sobre una flamante modificación al artículo 3º constitucional y sobre las leyes que de ello se desprendieron, un sinsentido. La indicación era clara: contar con un nuevo modelo educativo. Sí, aquel que nos llevaría a ser una potencia mundial, casi casi como Finlandia o cualquier país europeo.

Las condiciones, a decir de éstos, estaban pintadas. La brocha gruesa hizo su parte y el golpe se dio. Así, sin pensamiento y sin ninguna consideración. La reforma se aprobó y buena parte de los legisladores aplaudieron. ¿Acaso en los anales de la historia había registro de ello? No lo recuerdo.

La promesa de un cambio estaba dada… ¿Y el magisterio? Regresó a las aulas: vapuleado, ninguneado y mal parado por un documental cuyo nombre no pudo ser más grotesco: “De Panzazo”, le llamaron. Sí, fue un regreso a los salones inesperado, marcado por las constantes agresiones y amenazas verbales y psicológicas que, desde Los Pinos, se pronunciaban. ¡O te evalúas o te vas! – Decían; sí, siempre decían –.

Las evaluaciones se dejaron venir. Las fuerzas de seguridad acompañaron a los mentores. Su seguridad fue lo primero pero, detrás del telón, cubrir una cuota fue el acto principal que un Secretario de Educación, gris y parco, preparaba con esmero. Al fin y al cabo, ¿qué importaba si los instrumentos no evaluaban el desempeño del maestro? Cifras, números, estadística: los datos; sí, eso era lo que trascendía, eso era lo que significaba, eso era lo que valía. ¿Y la educación? Allá, muy lejos; sentada en un pupitre esperando lo que por años le habían prometido: mejores escuelas, mejores salones, mejores maestros.

Tropiezos, dificultades, enredos, pero desde la Calle de República de Argentina todo fluía con una normalidad fingida. Es más, con bombo y platillo, cual fiesta de pueblo, se anunciaba un nuevo modelo: ¡Ahora sí saldremos del embrollo en el que nos metieron otros gobiernos! – se gritaba con algarabía a los cuatro vientos –. Cosa más falsa, cosa más absurda, cosa más funesta.

La consulta se dio, y muchos ya no creímos en ello. Ahora sí ya no nos tragamos el cuento. ¿Un nuevo modelo?

Fiesta y más fiesta. De hecho, los spots que se difundieron en televisión, presentaron un mundo de color y buenos momentos pero… ¿y los muertos, los desaparecidos, los pobres, los que no tienen un sustento? Allá, muy lejos. Batallando, luchando, sobreviviendo a las magras condiciones de vida a las que el mísero régimen le ha impuesto. ¿Cómo pueden quejarse del trabajo que estamos realizando desde el gobierno? – se escuchaba decir en diversos foros, en diversos eventos –. ¿Y el pueblo? Allá, muy lejos. Abstraído de una realidad que no es la que se vive en los restaurantes de la Ciudad de México donde los políticos toman acuerdos.

El momento electoral llegó. Otro paladín de la democracia asumió la dirección de la educación en México. ¿Y el modelo? Lleno de incertidumbres, de desasosiegos. ¿Y los maestros? Obligados a cumplir con un esquema de trabajo que no valora el contexto y los efectos que tiene éste en los pequeños.

¡Qué importa los maestros! ¡Es su trabajo y tienen que cumplirlo! – No hay más no hay menos –. Y efectivamente, es su trabajo. Un trabajo que con verdadera vocación realizan, aún y cuando en varios meses no les paguen su sueldo.

La vida, lo saben ellos, está ahí: con sus alumnos, con sus niños, con sus pequeños. Ahí donde el verdadero color cobra forma y sentido. Ahí donde la tiza y el papel adquieren un especial significado. Ahí donde nunca ha puesto los pies un Secretario. Ahí donde las sonrisas, tristezas y llantos, son un alimento. Ahí donde el conocimiento y el descubrimiento son un monumento. Ahí donde ser maestro lo es todo, porque el todo lo es para un maestro.

¡Qué importa los maestros!… Se equivocan, para mí sería: ¡qué importa la reforma educativa! A final de cuentas varios funcionarios de Estado ya se van, otros vendrán y ellos, ahí estarán ellos, mis maestros. Sin homenajes, sin reflectores, sin cámaras, pero eso sí, dando su vida, su alma y su espíritu por sus alumnos y por un México más justo, más bueno, más bello.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/que-importa-los-maestros/

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Perú: Ministerio de Educación plantea trabajo conjunto por la educación rural

América del sur/Perú/17 Mayo 2018/Fuente: Andina

“La educación rural es todo un desafío y también un trabajo muy importante que tenemos que hacer juntos”, afirmó la viceministra de Gestión Pedagógica del Ministerio de Educación (Minedu), Susana Helfer Llerena, durante el II Seminario Internacional de Educación Rural.

“Estos espacios son fundamentales para llegar a puntos de reflexión y acuerdos que incrementen los logros en este camino de reconocimiento de la educación rural y de sus necesidades”, agregó durante su exposición en el seminario organizado por la Universidad para el Desarrollo Andino (UDEA).
Por su parte, Manuel Rodríguez del Águila, director de Servicios Educativos en el Ámbito Rural (Diser) del Minedu, manifestó que cuando se habla de educación rural y de la normativa para su implementación se debe poner la mirada en la población que vive en ese medio, que es sujeto de derechos.
“Debemos evaluar la forma en que llegan los servicios de salud o de transporte escolar porque son servicios constitutivos de la educación en ámbitos rurales destinados al desarrollo y formación de la persona”, aseveró.
Respecto de las redes educativas en las zonas rurales, planteó la posibilidad de que sean organizadas como redes socioeducativas en las que puedan incluirse otros sectores y actores que intervienen en ese ámbito.
Manifestó, asimismo, que la gestión del servicio educativo en el territorio es clave para ofrecer formas de atención diversificadas de calidad y con equidad, así como el reconocimiento y la inclusión de la familia y otros actores educativos en la gestión de la escuela.
Al certamen, efectuado en la sede del Ministerio de Cultura, asistieron las investigadoras Patricia Ames (IEP), Verónica Villarán (Grade), y Luis Hiraoka Mejía, director de Educación Básica Alternativa, Intercultural Bilingüe y de Servicios Educativos en el Ámbito Rural.
En el seminario estuvieron presentes también los expertos internacionales Thomas Massao Fairchild, Francisco Bento, Valdir Heitor Barzotto y Augusto Nascimento (Brasil), David Baumann Samanez (Guatemala), Daniel Nivagara (Mozambique), así como Arístides Serruto, rector de la UDEA, y Martín Vegas Torres, del Consejo Nacional de Educación.
Fuente: http://andina.pe/agencia/noticia-ministerio-educacion-plantea-trabajo-conjunto-por-educacion-rural-710263.aspx
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