España/31 agosto 2017/Autor: Juan Navarro Barba/Fuente: openlibra
Tras la aparición del Decreto 359/2009 por el que se establece y regula la respuesta educativa a la diversidad del alumnado en la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, es objetivo primordial de la Consejería de Educación, Formación y Empleo la búsqueda de la excelencia educativa, generando respuestas educativas en condiciones de igualdad y calidad, haciendo partícipes a todos los sectores de la comunidad educativa y respondiendo de manera plural, equitativa y flexible a la diversidad del alumnado.
El Congreso «Diversidad, calidad y equidad educativas» es el más claro ejemplo de esta búsqueda, dando a conocer propuestas de trabajo, experiencias y buenas prácticas educativas que, reconociendo la diversidad del alumnado como un bien de la comunidad educativa, propician una respuesta de calidad en igualdad de oportunidades.
Para leer, descargue aquí: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/diversidad-calidad-equidad-educativas.pdf
El Ministerio de Educación anunció hoy que China tiene en total 12.300 escuelas de formación profesional con 26,8 millones de estudiantes inscritos, lo que resalta la importancia de este sistema educativo.
Las escuelas de formación profesional de todo el país ofrecen cerca de 1.000 especializaciones y 100.000 cursos de formación profesional y aceptan en promedio a 9,3 millones de estudiantes cada año, dijo Wang Jiping, funcionario del ministerio.
«China ha establecido un sistema de educación en formación profesional con características chinas que dota de habilidades para la mayoría de los sectores de la economía nacional», señaló Wang.
En los últimos años, China ha resaltado la importancia de la formación profesional y ha subrayado su creciente papel en la modernización industrial, la creación de empleos y el alivio de la pobreza.
En 2016, el gobierno central de China asignó 92,700 millones de yuanes (cerca de 14.100 millones de dólares) a los gobiernos locales para apoyar la educación elemental y la formación profesional.
Funcionarios del gobierno de Nicaragua y el representante del Banco Mundial, Luis Constantino, se reunieron en el Banco Central, para consensuar los proyectos o programas de desarrollo, que este organismo financiero internacional estaría apoyando en los próximos 3 años.
“El Banco Mundial está trabajando con el gobierno en la preparación de la estrategia del país para las futuras asistencias del Banco Mundial a Nicaragua. Los fondos se han doblado (duplicado). Tenemos más fondos para Nicaragua y ahora hay que definir las prioridades, en qué sectores y en qué tipo de proyectos se van a invertir”, dijo Constantino.
Participaron del encuentro los titulares de los ministerios de Salud, Hacienda y Crédito Público, el INSS, Banco Central de Nicaragua, del Tecnológico Nacional, del Ministerio de Educación, del Instituto Nicaragüense de la Pesca y Acuicultura, entre otros.
Constantino subrayó que el Gobierno Sandinista en Nicaragua ha logrado ejecutar con muchísimo acierto los fondos que el Banco Mundial ha destinado en los anteriores años, lo que ha ayudado a reducir la pobreza en el país.
“Nicaragua tiene una de las mejores carteras de proyectos de América Latina con tasas de ejecución del 45 %, que es una cifra muy alta”, dijo el economista del Banco Mundial.
Reconoció que Nicaragua en los últimos 10 años de Gobierno Sandinista se han obtenido logros muy grandes en la reducción de la pobreza y que la planificación de una nueva estrategia, conlleva a buscar mecanismos y programas que permitan acelerar mucho más esa disminución.
El Ministro de Hacienda y Crédito Público, Iván Acosta explicó que con el Banco Mundial se está evaluando el diagnóstico sistemático, que será la base para construir la estrategia de desarrollo para los próximos tres años.
“En los últimos 3 años la programación del Banco Mundial era aproximadamente 150 millones de dólares, creció hasta 300. Esta cifra para el período 2018 al 2021 se va a duplicar”, Indicó el funcionario del organismo financiero internac, indicó Acosta.
Considera que por el buen desempeño económico del país y el excelente manejo de la ejecución de los fondos del Banco Mundial, Nicaragua podría lograr cifras records en los desembolsos que otorga la entidad.
“Estamos obteniendo muy buenos resultados, reconocidos en este caso por el Banco Mundial y esperamos lograr movilizar mayor cantidad de recursos, dado la buena calificación, el buen desempeño y el buen suceso que hemos tenido en la reducción de la pobreza”, declaró Acosta.
El Gobierno Sandinista dentro de su programa económico ha tenido como prioridad la reducción de la pobreza y esto se demuestra en que más del 57 % del presupuesto en los últimos años, ha sido dirigido al gasto social, de esto el 35 % a educación y salud.
En el encuentro entre el Banco Mundial y el Gobierno Sandinista, estuvo presente el Presidente del COSEP José Adán Aguerri.
El barrio barcelonés de Sant Andreu del Palomar se convirtió en el primer lugar en albergar una escuela pública LGBTfriendly.
Turó Blau es el colegio que va a implementar el programa Escuelas Rainbow, que está enfocado en sensibilizar a los alumnos sobre la diversidad de género.
La Asociación de Familias LGBT+ aplicará el programa didáctico que tiene una duración de dos años, y está financiado por el fondo de solidaridad de los concejales de Barcelona en Comú.
La presidenta de dicha asociación, Katy Pallas, explicó que su proyecto busca prevenir las conductas homofóbicas que son comunes entre los niños que no han recibido una educación adecuada por parte de sus padres.
Tres profesionales se encargarán de formar a los docentes, y a todo el personal que labore en el colegio para que incluyan materiales didácticos que celebren la diversidad y diferencias entre género y sexo.
Algunos de los materiales que se van a incluir dentro del plan de estudios son los cuentos “Aitor tiene dos madres”, “El gran libro de las familias”, “Papá, papi y yo” y “La princesa valiente”. También se contemplan los documentales “Hom Baby Boom” y “Right Love”, que aborda la situación legal de las familias LGBT+.
La iniciativa está inspirada en otra similar que se lleva a cabo en Inglaterra desde hace diez años, y es el único de ese tipo en Cataluña. Esperemos que pronto se extienda a toda España.
5.000 refugiados afganos de la etnia hazara viven Cisarua (Indonesia) en un limbo legal a la espera de ser reubicados en otro país.
Un refugiado hazara decidió montar un colegio en la localidad para apoyar a los adultos y niños mientras esperan que sus solicitudes se resuelvan.
Indonesia no está adherida a la Convención de Ginebra de 1951, por lo que los refugiados solo pueden solicitar el reasentamiento con Acnur, un proceso que puede demorarse varios años.
Despunta la mañana en la tranquila localidad de Cisarua, ubicada en una región montañosa conocida como Puncak, unos 70 kilómetros al sur de Yakarta (Indonesia). La familia Sulthani prepara un sencillo pero copioso desayuno a base de huevos, yogur casero y naan (pan afgano) recién horneado.
Sentados en el comedor de la casa que alquilaron hace dos años y ocho meses, cuentan su historia mientras comparten una taza de té. Los Sulthani, junto con sus dos hijos de cinco y nueve años, decidieron huir de Afganistán debido al clima de inseguridad permanente que se vive en el país centroasiático. Son afganos hazara, una minoría étnica chií que forma cerca del 20% de la población total del país.
Discriminados durante siglos por la mayoría pastún, los hazara se consideran extranjeros en su propio país. Aunque la Constitución de 2004 reconoce su condición de ciudadanos con plenos derechos, en la actualidad todavía se sienten excluidos y perseguidos por los talibanes y otros grupos suníes radicales como el Estado Islámico.
Sus rasgos asiáticos y su dialecto del persa, distinto al pastún, les convierten en un blanco fácil para estos grupos armados que perpetran atentados contra civiles hazara tanto en territorio afgano como paquistaní. Ante esta situación de violencia permanente y la falta de vías legales y seguras, muchas familias han optado en los últimos años por huir recurriendo a los servicios de los traficantes de personas en dirección a Europa, Estados Unidos o Australia.
Sin más ayuda que los ahorros «de toda una vida»
Miles de ellos siguen esperando una nueva vida en Cisarua, donde han logrado poner en marcha su propia escuela. Es el caso de los Sulthani. Cuentan que pagaron 6.000 dólares por cada adulto y 3.000 por cada menor de la familia para poder salir de Afganistán. Eran, dicen, los ahorros «de toda una vida» de duro trabajo. Los contrabandistas, tal y como relata la familia afgana, se encargan de comprar los billetes de avión, falsificar los pasaportes y «sobornar» a los agentes de inmigración de los países donde los refugiados deberán hacer escala.
La familia voló primero a India, luego a Singapur y finalmente a Yakarta, donde a su llegada, aseguran, les esperaba un individuo que «se saltó» los trámites de inmigración y les confiscó el pasaporte. Una vez dentro del país, indocumentados y sin permiso para permanecer legalmente en Indonesia, los refugiados dependen de sus propios medios para sobrevivir.
Los Sulthani se desplazaron hasta Cisarua pocos días después de su llegada, cuando un familiar les informó de que había otros hazara en dicha localidad. Muchos de los solicitantes de protección internacional que llegan a Indonesia reciben la ayuda económica de familiares que ya se encuentran reubicados en otros países, principalmente Australia. Con dichas ayudas y, en algunos casos con los ahorros de toda una vida, pueden costearse el alquiler y la comida para toda la familia.
Atrapados en un limbo legal
En los últimos años, tras el endurecimiento de las leyes migratorias en Australia, la ruta asiática se ha convertido en una opción muy arriesgada para los solicitantes de asilo que intentan acceder al país de forma irregular. Todos los barcos con migrantes indocumentados son interceptados por la Marina australiana, que tiene instrucciones de trasladar a todos los pasajeros a centros de detención como los de las islas de Nauru, al noreste de Australia, y Manus, en Papúa Nueva Guinea.
La precarias e inhumanas condiciones de los refugiados y migrantes en dichos centros han sido denunciadas en numerosas ocasiones por grupos de defensa de los derechos humanos, que exigen su cierre inmediato. Según informaciones recientes, el centro de Manus cerrará sus puertas a finales de 2017.
Ante la dificultad de la actual situación, muchos refugiados se ven obligados a permanecer en Indonesia, donde no tienen opción de solicitar un permiso de residencia ni de realizar ningún tipo de trabajo remunerado. Indonesia no está adherida a la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, por lo que ningún ciudadano extranjero que se encuentre en su territorio puede solicitar el estatus de refugiado.
Niños afganos y una niña de Etiopía juegan mientras un adulto afgano observa en una calle adyacente a la oficina de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en el centro de la capital, donde algunos de los 14.000 solicitantes de asilo que viven en Indonesia acampan y esperan el proceso que determinará si son aceptados como refugiados en un tercer país. EFE
Así, la única opción que les queda a estas personas es solicitar su carné de refugiadas en la oficina de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), que actúa de forma independiente –al margen del Gobierno indonesio–, y se encarga de tramitar las solicitudes de reasentamiento de los refugiados que deciden emprender el lento y farragoso proceso legal que les permite abandonar finalmente Indonesia. También colabora en el proceso la Organización Internacional para la Migraciones (OIM).
Los matrimonios con hijos que ya cuentan con familiares en su país de destino deseado son los primeros de la lista durante el proceso de solicitud de reasentamiento a través de ACNUR y la OIM. Los hombres solteros y jóvenes lo tienen mucho más complicado, pues su solicitud puede tardar años en tramitarse.
A mediados de agosto, la agencia Efe informaba de que d ecenas de solicitantes de asilo estaban acampados en la calle en precarias condiciones cerca de la oficina del ACNUR en Yakarta. Un total de 14.000 personas, según la agencia, esperan para ser reconocidas como refugiadas en Indonesia. Para muchos de ellos, la larga espera se convierte en un peso difícil de sobrellevar. El tedio y el desánimo hacen mella a medida que pasan los meses y los años.
Un refugiado crea una escuela para mitigar la espera
Fue este sentimiento de frustración el que llevó a Muzafar Ali, un refugiado hazara, a emprender una iniciativa que cambiaría las vidas de los cerca de 5.000 solicitantes de asilo que viven en Cisarua. «No tenemos estatus legal, no podemos trabajar, pero eso no significa que no podamos socializar, que no podamos estudiar o que no podamos educar», asegura Ali en declaraciones a la webAustraliaplus.
Con la ayuda de otros refugiados y de un grupo de activistas australianos, Ali fundó el Cisarua Refugee Learning Center (CRLC) en 2014. El objetivo, comentan, estaba claro: crear un espacio donde tanto niños como adultos pudieran aprender y sentirse útiles, dejando de lado por unas horas el tedio y la desesperanza habituales. Las familias hazara se involucraron rápidamente en el proyecto, diseñando entre todos el calendario escolar y participando de todas las actividades que se realizaban en el centro.
El edificio que alberga el colegio para refugiados de Cisarua. THE CISARUA REFUGEE LEARNING CENTRE
Con la finalidad de recaudar fondos para sufragar los gastos del colegio, se creó Cisarua Learning Inc., una organización australiana sin ánimo de lucro que lleva a cabo campañas de concienciación y recauda los fondos para el proyecto en Cisarua. El centro cuenta actualmente con 122 alumnos de entre 5 y 17 años que cursan asignaturas como ciencias, lengua inglesa o matemáticas. También se organizan actividades extraescolares como excursiones, eventos deportivos, etc. El colegio también ofrece clases de inglés básico para adultos, incluidas 59 mujeres que nunca antes habían tenido acceso a ningún tipo de educación.
Estimulados por el éxito de la iniciativa, otros refugiados han seguido el ejemplo y han puesto en funcionamiento otras escuelas en la zona de Cisarua, que cuenta ya con cuatro centros educativos para menores y adultos hazara. A pesar de la precaria situación en la que se encuentran, los miles de refugiados hazara que viven en Cisarua han decidido no sucumbir al desánimo y mantener la esperanza hasta el día en que reciban la llamada que, finalmente, les permita abandonar Indonesia y poner rumbo a su destino soñado.
Últimamente da la sensación de que al volver de vacaciones nos encontraremos un robot ocupando nuestra silla. Día tras día nos llegan mensajes alarmistas sobre la robotización y el futuro del trabajo. Si alguien se planteaba adelantar su operación retorno con tanto revuelo, que no se preocupe, porque todo lleva su tiempo. Humor aparte, es francamente normal que nos inquiete esta transformación, especialmente si nos presentan a los robots como una amenaza inminente, inevitable y directa. ¿Lo sorprendente del caso? Que el debate no es nuevo.
La sombra de la amenaza tecnológica sobre el mundo del trabajo es tan antigua como los ludistas ingleses quemando máquinas hiladoras en el siglo XIX. Y desde ahí las filias y fobias ante la innovación han prosperado en distintas versiones. Hace poco di con una portada de la revista ‘Time’ donde aparecía un robot empujando una carretilla cargada con una fábrica humeante, junto a titulares sobre nueva economía y tendencias de futuro del empleo. Precisamente las preocupaciones que tenemos hoy, pero con la estética de hace tres décadas.
Yuhal Novah Harari, reconocido historiador israelí, proclama que con el auge de la inteligencia artificial, la robotización y la automatización se forja una nueva capa social: la clase inútil.
Capacidad de aprender
Lo que diferencia los robots imaginados en los años 80 y los robots que nos imaginamos hoy es la revolución digital, y particularmente la inteligencia artificial. Es decir, que los nuevos robots poseen la capacidad de aprender. Yuhal Novah Harari, reconocido historiador israelí, proclama que con el auge de la inteligencia artificial, la robotización y la automatización se forja una nueva capa social: la clase inútil o inservible (en inglés, ‘useless class’). Si la clase obrera es propia de la primera revolución industrial –como efecto de la creación de fábricas y el desarrollo urbano–, la clase inservible vendría a ser la secuela de la cuarta. Es un escenario posible, pero no necesariamente el único.
Existen varios intentos de predecir y cuantificar la magnitud de la pérdida de puestos de trabajo. El más divertido es una calculadora publicada por el ‘Financial Times’ que analiza 800 tipos de tareas de cientos de profesiones y acaba determinando qué porcentaje de tu trabajo podrá hacer un robot. En resumen, las tareas más rutinarias, repetitivas y previsibles son las más susceptibles.
Con la calculadora descubrimos dos buenas noticias: una es que lo que se van a automatizar son tareas específicas y no profesiones al completo. La segunda es que la colonización de los robots no es un destino fatal ni es instantáneo. Hay que pensar en los costes de adoptar nuevas tecnologías (inversión económica, pero también inercias y resistencias del personal), también en la regulación y, especialmente, la aceptación social.
Ética y desarrollo tecnológico
Y es que la revolución tecnológica va absolutamente ligada a debates humanistas. Por mucho que parezcan debates alejados, estamos asistiendo a la convergencia entre ética y desarrollo tecnológico, justamente porque grandes capacidades conllevan grandes responsabilidades. Es más, la potencial robotización nos lleva a definir (y casi reivindicar) aquello que nos hace humanos. Intentar competir en productividad con los robots tiene poco sentido: pueden estar 24 horas haciendo lo mismo y con la misma intensidad, mientras nosotros trabajamos una tercera parte, dormimos, tenemos días mejores que otros y necesitamos vacaciones. No hay duda de que en la liga productiva triunfan las máquinas. En cambio, ganamos por goleada en la reacción no planificada, la creatividad, la sensibilidad, la curiosidad y todas las cualidades maravillosamente humanas.
La potencial robotización nos lleva a definir (y casi reivindicar) aquello que nos hace humanos
Quizá nos asuste pensar que todo lo mecanizable será mecanizado, pero ¿quién renunciaría hoy a electrodomésticos que limpian o cocinan solos, liberando nuestro tiempo para otras cosas? El reto no es que vengan los robots, sino que nos obliga a pensar en un mañana con jornadas de trabajo más cortas y donde la profesión tenga otro sentido. Debemos pensar en la empleabilidad más allá de la ocupación y en cómo diseñamos sociedades que palíen esa clase (in)servible. Robotizar tareas debe abrir paso a nuevas actividades y ocupaciones, además de domesticar la tecnología y, con ella a nuestro servicio, poder ser más humanos.
Reinvención urgente
Urge reinventar el sistema económico y asegurar las oportunidades para el desarrollo profesional y personal de todos. Así, en lugar de pensar en ese robot intruso que ansía nuestra silla aprovechemos la desconexión estival para empezar a imaginar ese trabajo al que nos encantaría volver, libres del síndrome posvacacional. Como dijo Alan Kay, la mejor forma de predecir el futuro es inventarlo.
Israel/31 agosto 2017/Fuente: Spanish People Daily
El ministro de Educación de Israel, Naftali Bennett, anunció hoy un nuevo programa nacional para mejorar el dominio del idioma inglés en escuelas primarias y secundarias.
Bennett declaró que los israelíes deben hablar inglés bien para volverse exitosos en los negocios y en la vida.
El plan tiene el objetivo elevar la cantidad de estudiantes de secundaria graduados con alto nivel de inglés de 60 a 70 por ciento en cuatro años, y mejorar también el nivel dentro de las escuelas primarias, señaló el Ministerio de Educación en un comunicado.
El énfasis en el programa de educación de inglés será puesto en el inglés hablado, de acuerdo con el ministerio
El plan, que costará alrededor de 19,5 millones de dólares, incluye el reclutamiento de 1.000 maestros de inglés más de Israel y del extranjero y la enseñanza de horas extras de inglés. Los maestros de inglés actuales tomarán talleres para mejorar sus habilidades.
Bennett indicó que no hablar inglés bien daña las perspectivas de los israelíes para tener éxito en la vida. «No conocer el inglés está cerrando libros de manera efectiva en la cara y cerrando las oportunidades para interactuar con el mundo», dijo el ministro en conferencia de prensa.
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