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Entre el miedo y la esperanza, así el regreso a clases de niños en Venezuela y Nigeria

El regreso a clases en Venezuela y Nigeria es muestra de los retos que persisten a la hora de garantizar el derecho universal a la educación en el mundo.

El regreso a clases en países marcados por la violencia y la inseguridad como Venezuela y Nigeria ha capturado la atención mundial. Miles de niños en ambos países retornaron a las aulas, enfrentando temores y desafíos particulares después de periodos de interrupción por conflictos, violencia y amenazas a su seguridad.

 

¿Cómo fue el regreso a clases en Venezuela?

En Caracas y otras regiones de Venezuela, los niños regresaron a clases después de la pausa navideña en un contexto de tensión política, después de los recientes eventos que incluyeron acciones militares y la captura de Nicolás Maduro, situación que generó una preocupación entre padres y docentes.

 

Según el Ministerio de Educación, más del 97% de la matrícula escolar retomó sus actividades, aunque la asistencia fue considerada “media a baja” por docentes y sindicatos, que señalaron el temor entre familias y un aumento en el costo del transporte, además de la presencia de fuerzas de seguridad en planteles.

 

Estudiantes y representantes expresan sentimientos encontrados: algunos muestran entusiasmo por reencontrarse con sus compañeros, mientras que otros mantienen inquietud por el futuro político y social de Venezuela.

 

¿Qué ocurre con los niños en Nigeria?

En norte de Nigeria, después de prácticamente dos meses sin clases debido a secuestros masivos y amenazas contra escuelas, se inició una reapertura gradual de algunos colegios, notablemente en el estado de Kaduna, donde se permitió el retorno de estudiantes bajo estrictas medidas de seguridad.

 

La decisión se tomó después de la suspensión de actividades tras la abducción masiva de estudiantes en noviembre de 2025, un episodio que expuso la vulnerabilidad de las escuelas frente a grupos armados e insurgentes en la región.

 

Mientras algunos centros educativos reabrieron, en estados como Niger, otros siguen cerrados por el riesgo persistente de violencia, pues la seguridad de estudiantes y docentes continúa siendo una prioridad nacional; ¿por qué sigue siendo difícil para los niños volver a clases?

 

Después de ataques, ¿es seguro estudiar? Esto pasa en Venezuela y Nigeria

En ambos países, la incertidumbre política y la amenaza de violencia han marcado el regreso a clases: En Venezuela, las repercusiones de los eventos recientes, incluidos ataques militares y cambios de mando, han generado “estado de excepción” y presencia de fuerzas de seguridad en escuelas, lo que ha influido en la asistencia.

 

En Nigeria, los secuestros escolares y la inseguridad latente obligaron a cerrar aulas, y aunque algunas reabrieron, el miedo de padres y estudiantes sigue siendo una realidad palpable; ¿puede la educación prosperar en medio de la inseguridad?

 

El regreso a clases en Venezuela y Nigeria es símbolo de resiliencia y esperanza, pero también de los retos que persisten en garantizar el derecho universal a la educación; ¿qué más se necesita para que los niños puedan estudiar sin miedo?

 

https://www.tvazteca.com/aztecanoticias/regreso-a-clases-venezuela-y-nigeria-ninos-incertidumbre-y-resiliencia/

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Las políticas de educación gratuita han ayudado a más de 2,3 millones de niños zambianos a regresar a la escuela.

Según información del Ministerio de Educación de Zambia del 12 de enero, más de 2,3 millones de niños en el país han regresado a la escuela gracias a la política de educación gratuita.

Al hablar en la ceremonia de bienvenida a los estudiantes, el Ministro de Educación de Zambia, Douglas Syakalima, enfatizó que esta política está contribuyendo a formar una generación futura disciplinada y productiva.

El Sr. Syakalima comentó: «Estos niños siempre han tenido un gran interés por el conocimiento. Antes, la única barrera que los separaba de la escuela era el pago de la matrícula».

Según el Sr. Syakalima, implementar la educación gratuita no solo amplía el acceso a la educación, sino que también se espera que contribuya a reducir problemas sociales como la delincuencia y el desempleo. Enfatizó que la educación desempeña un papel crucial en el mantenimiento del orden social y la promoción del desarrollo sostenible.

El Ministro instó a los padres y tutores a aprovechar esta política para garantizar que sus hijos reciban una educación escolar completa.

También afirmó que el gobierno está dando un paso más para garantizar la sostenibilidad de la educación gratuita al promulgar esta política. Se espera que el próximo mes se presente un proyecto de ley al respecto ante el Parlamento de Zambia.

La educación gratuita fue una de las promesas de campaña del presidente Hakainde Hichilema. Tras ganar las elecciones de 2021, su administración implementó esta política.

Foto: UNICEF

Fuente: https://congluan.vn/chinh-sach-giao-duc-mien-phi-giup-hon-2-3-trieu-tre-em-zambia-tro-lai-truong-hoc-10326607.html

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Argentina: Ley de “Libertad Educativa”, cuando la libertad es mercancía y la educación deja de ser un derecho

Por: Claudia Savo

El gobierno Nacional presentó su proyecto de “Ley de Libertad Educativa” como si se tratara de una ampliación de derechos. Algunos medios masivos lo celebran en esa clave, más opciones, más autonomía, más libertad. Pero cuando se corre el velo del marketing, lo que aparece no es más libertad para las mayorías, sino un Estado que promueve la educación librada al mercado y a las posibilidades económicas de cada familia.

La idea central del proyecto es clara, el Estado deja de ser responsable directo de garantizar el derecho a la educación y pasa a ocupar un rol subsidiario. En una nota de Infobae se repite una y otra vez que la familia es el “agente natural” de la educación y que el Estado no debe “imponer” contenidos ni modelos. Sin embargo, como bien señala Claudio Vilardo, docente de Educación Media en su nota publicada en este medio: “Donde pareciera decir que ‘el Estado no debe imponer’, debe leerse ‘el Estado no se va a hacer cargo’”, refiriéndose a dicho Proyecto de Ley.

Este corrimiento del Estado no es neutro, sino que, de implementarse el Proyecto de Ley, el mismo descarga sobre las familias, una responsabilidad que debería ser colectiva. En un país atravesado por la desigualdad social, eso implica que quienes tengan recursos podrán elegir, mientras que quienes no, quedarán a la deriva.

Desde el discurso libertariano se insiste en que “nada es gratis” y que la educación pública siempre “alguien la paga”. Lo que se oculta es que hoy la educación se financia, en gran medida, con impuestos regresivos que ya pagan mayoritariamente las y los trabajadores. El problema no es el gasto, sino quién paga y para quién se gobierna.

Además, este Proyecto de Ley mantiene la descentralización del financiamiento educativo, dejando a las provincias a cargo de la educación básica. En nombre de la “libertad de elección”, se consolida un esquema donde el Estado subsidia y estimula la expansión de ofertas privadas.

El discurso de Infobae presenta el financiamiento por demanda a través de vouchers, bonos o becas como una ampliación de la “libertad de elección” y una herramienta eficiente para mejorar la calidad educativa, siendo en realidad, uno de los puntos más graves del Proyecto de Ley. Cuando el dinero sigue al estudiante y no a la escuela, no se garantiza igualdad sino competencia desigual. Las instituciones mejor ubicadas social y económicamente concentran recursos, mientras que las que sostienen la educación en contextos más pobres quedan desfinanciadas. Así, lo que Infobae celebra como “neutral y moderno”, en los hechos consolida la segmentación del sistema educativo y profundiza las desigualdades que dice querer resolver. Como advierte Vilardo, “financiar las escuelas más ‘demandadas’, genera una brecha, un desfinanciamiento sistemático de las escuelas más desfavorecidas”. Por ejemplo, en el caso del financiamiento a través de vouchers, la experiencia internacional muestra que este modelo no corrige desigualdades, sino que las consolida y las vuelve estructurales.

En ese esquema, la educación deja de ser un derecho social y pasa a funcionar como un bien de mercado. Las escuelas se transforman en “empresas educativas” que compiten entre sí, seleccionan estudiantes y ajustan costos. El resultado no es calidad, sino expulsión.

La ley también avanza sobre los derechos laborales docentes. Declara a la educación como servicio esencial, limitando el derecho a huelga y habilita nuevas formas de contratación y organización escolar. Menos derechos para quienes enseñan y, en consecuencia, peores condiciones de aprendizaje para quienes estudian. “Menos derechos para trabajadoras y trabajadores de la educación. Y menos derechos, también, para estudiantes”, resume Vilardo.

Además, se habilitan salidas del sistema escolar tradicional, como la educación en el hogar o modalidades virtuales, sin garantizar condiciones reales de igualdad. Esto no amplía derechos, sino que legitima trayectorias educativas de segunda para los sectores populares.

No es casual que el proyecto ponga el eje en la familia y no en los estudiantes. Tampoco es casual que no hable de inclusión, igualdad o justicia educativa. Como señala el autor de la nota publicada en este medio, “lo que busca este proyecto, no se basa en ningún anhelo de libertad para las mayorías, sino en desligarse del gasto que implica el derecho a la educación”.

Por eso, frente a este proyecto, no alcanza con la crítica discursiva. Defender la educación pública hoy implica rechazar esta ley y organizarse para enfrentar un modelo que busca naturalizar la exclusión. Porque sin educación garantizada, no hay libertad posible.

Incluso, la ofensiva del gobierno Nacional no se limita a recortar derechos por separado, sino que avanza con un paquete integral de reformas, en principio la reforma laboral, la cual busca imponer jornadas interminables, debilitar convenios, abaratar despidos y criminalizar la organización colectiva para garantizar mano de obra precarizada, la llamada Ley de Libertad Educativa apunta a mercantilizar la educación y expulsar a las hijas e hijos de la clase trabajadora de un sistema público que debería ser un derecho. Tanto el Proyecto de Ley de “Libertad Educativa”, como la reforma laboral, responden a la misma lógica, trasladar costos, responsabilidades y riesgos a las familias trabajadoras mientras se liberan ganancias para las patronales y el gran capital. Por eso no se trata de peleas sectoriales, ni de leyes aisladas, sino de un ataque estructural que exige una respuesta común, enfrentar la Ley de Libertad Educativa es también enfrentar parte de la reforma laboral en el sector educativo, porque defender la educación pública y los derechos laborales es defender el futuro mismo de la clase trabajadora frente a un proyecto que solo ofrece más explotación, desigualdad y exclusión.

https://www.laizquierdadiario.com/Ley-de-Libertad-Educativa-cuando-la-libertad-es-mercancia-y-la-educacion-deja-de-ser-un-derecho

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Estudio revela cómo la guerra ha afectado a la educación y la vida de los niños en Gaza

El estudio elaborado por la prestigiosa universidad de Reino Unido, plasma un análisis detallado de la educación en Gaza durante la guerra.

La guerra en Gaza que lleva más de dos años ha dejado a muchos niños palestinos demasiado débiles para aprender o jugar, convencidos de que serán asesinados por ser gazatíes, advierte un nuevo informe, dirigido por la Universidad de Cambridge, Reino Unido. El trabajo también incluye el primer análisis de la educación en Cisjordania y Jerusalén, realizado desde el 7 de octubre de 2023.

El estudio señala la urgente necesidad de proporcionar mayor ayuda internacional para la educación en toda Palestina, independientemente de si se mantiene o no el actual alto el fuego en Gaza. En la propia Gaza, según el texto, el conflicto ha estado a punto de borrar el derecho de los niños a la educación y, con él, su propia identidad.

El informe, que sigue a un estudio similar de 2024, ofrece un análisis exhaustivo de cómo la guerra en Gaza ha devastado la vida de los niños. Junto con la evidencia de un sistema escolar destrozado, describe cómo la violencia, el hambre y el trauma han erradicado cualquier sensación de infancia normal.

El trabajo describe a niños que se desploman de agotamiento y a quienes se les dice que no jueguen para conservar energía. Hasta el reciente alto el fuego, sugiere, muchos padres y maestros tenían que elegir entre mantener la educación de los niños y su supervivencia, y algunos sobrevivían con tan solo un plato de lentejas al día.

Uno de los hallazgos más impactantes es que la guerra ha erosionado la esperanza de futuro de los jóvenes palestinos y su fe en el sistema internacional. Testigos presenciales hablaron de la creciente ira de los niños y el desmoronamiento de la fe en valores como la paz y los derechos humanos. «Los estudiantes preguntan sobre la realidad de esos derechos. Sienten que los matan simplemente por ser gazatíes», declara un miembro del personal de una organización internacional al equipo de investigación.

La profesora Pauline Rose, directora del Centro de Investigación para el Acceso y el Aprendizaje Equitativo (REAL) de la Universidad de Cambridge, expone: «Hace un año dijimos que la educación estaba bajo ataque; ahora las vidas de los niños están al borde de un colapso total. Los palestinos han demostrado un deseo extraordinario de recibir educación durante esta terrible guerra, pero la pérdida de fe y esperanza que expresan los jóvenes debería ser una gran señal de alerta para la comunidad internacional. Debemos hacer más para apoyarlos. No podemos esperar», cita la experta en el informe.

El estudio fue realizado por investigadores del Research for Equitable Access and Learning (REAL) Centre de Cambridge y el Centro de Estudios Libaneses, en colaboración con el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNRWA). Se basa en datos de agencias de la ONU, organizaciones benéficas y ONG, junto con entrevistas con personal de organizaciones de ayuda, funcionarios gubernamentales, docentes y estudiantes.

Los niños de Gaza habrían perdido alrededor de cinco años de educación por la guerra

Al 1 de octubre de 2025, la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas informó de la muerte de 18 069 estudiantes y 780 miembros del personal educativo en Gaza, y de que 26 391 estudiantes y 3 211 docentes resultaron heridos. Save the Children estima que, durante los combates, 15 niños sufrieron lesiones que les cambiaron la vida cada día.

El estudio estima que los niños en Gaza habrán perdido el equivalente a cinco años de educacióndebido a los repetidos cierres de escuelas desde 2020, primero por la COVID-19 y luego por la guerra. Aunque la UNRWA y el Ministerio de Educación palestino han implementado medidas de aprendizaje temporales y a distancia, estas se han visto obstaculizadas por la violencia continua, los daños en la infraestructura y la escasez crónica de recursos.

El cálculo de la pérdida de aprendizaje incorpora los efectos acumulativos del trauma y la hambruna, utilizando estudios establecidos sobre cómo estos impiden el aprendizaje. Hasta octubre de 2025, casi 13 000 niños en Gaza habían recibido tratamiento por desnutrición aguda, 147 de los cuales murieron.

Dados estos mismos efectos acumulativos, los autores calculan que, si las escuelas permanecen cerradas hasta septiembre de 2027, muchos adolescentes estarán una década por detrás de su nivel educativo esperado.

El trabajo docente presentó varios retos

En toda Palestina, los profesores describieron su profesión como desmoralizada y en crisis. Un miembro del personal de una organización internacional afirmaba que los profesores estaban trabajando día y noche para garantizar que los niños siguieran recibiendo algún tipo de educacióny que muchos no habían tenido un día de vacaciones en dos años.

El estudio calcula que el costo de la recuperación educativa en toda Palestina podría ascender a USD 1 380 millones. Yusuf Sayed, profesor de Educación de la Universidad de Cambridge, asegura: «Los docentes y orientadores están demostrando firmeza y compromiso con la preservación de la identidad palestina a través de la educación, pero la magnitud de la necesidad es inmensa. Se necesitarán miles de nuevos docentes para reemplazar a los que se han perdido o para apoyar una recuperación completa del aprendizaje. Invertir en el profesorado es crucial para reconstruir y restaurar la educación en Palestina».

Con Gaza sumida en una parálisis económica casi total, la educación dependerá de la ayuda extranjera en el futuro previsible. A pesar de ello, el estudio halló indicios de fatiga de los donantes. De los USD 230 millones solicitados para educación en 2025, solo el 5,7 % se había proporcionado hasta julio, lo que equivale a unos USD 9 por niño. Se estima que se necesitan USD 1 155 por persona para la reconstrucción completa.

En medio de la tristeza, el informe identifica algunos motivos de esperanza. Durante el alto el fuego a principios de 2025, las escuelas reabrieron con una rapidez notable. Los exámenes Tawjihi para los graduados de secundaria también se han reanudado. Un profesor lo describió como un milagro.

https://www.ecuavisa.com/mundo/estudio-revela-como-la-guerra-ha-afectado-a-la-educacion-y-la-vida-de-los-ninos-en-gaza-20260107-0078.html

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Venezuela: “Con el bono hallaquero no compré ni pabilo”, denuncian maestros a pocos días de Navidad

Los docentes venezolanos reportaron que el aguinaldo de diciembre de 2025 resultó insuficiente. Con la canasta básica familiar por encima de los $500, este ingreso no cubrió ni el 25% de las necesidades del hogar, lo que imposibilitó los gastos navideños tradicionales.

Caracas. Mientras que el pago de los aguinaldos para cualquier trabajador en el mundo es un alivio económico, para el docente venezolano implica un ejercicio de supervivencia, en una situación marcada por salarios anclados en bolívares, la moneda nacional, que pierde valor frente al dólar.

Tras el cierre del cronograma de bonificaciones de fin de año este 15 de diciembre, el balance gremial es unánime: el ingreso desapareció entre el mostrador de la carnicería y el pago del transporte público, dos de los gastos más inmediatos y difíciles de postergar, sin margen para cubrir necesidades básicas ni tradiciones navideñas.

De acuerdo con datos registrados por el sector educativo, para este fin de año, un docente promedio recibió por concepto de aguinaldo montos que oscilaron entre los Bs. 4680 y Bs. 5400, equivalentes a entre $17 y $20 a la tasa oficial del Banco Central de Venezuela.

A esto se sumó el bono contra la guerra económica, equivalente a $120 o Bs. 32.400, una asignación extraordinaria que no forma parte del salario base.

Pese a que el ingreso total parece superior al de años anteriores, educadores consultados por Crónica Uno señalaron que, con la canasta alimentaria familiar por encima de los $500, el ingreso navideño no alcanzó ni para cubrir una cuarta parte de las necesidades básicas de un hogar; mucho menos para estrenos, regalos y cena familiar.

Aguinaldos chucutos por la inflación

La principal denuncia de los gremios universitarios y de educación básica se centra en el fraccionamiento del pago. A través de esta modalidad se divide el ingreso en partes, lo que reduce su impacto real.

Los aguinaldos se cancelaron en cuatro cuotas a partir de octubre y, según dirigentes sindicales, para cuando se depositó la última parte, el 15 de diciembre, el poder de compra de los primeros bolívares ya se había erosionado por el alza del dólar oficial, que pasó de Bs. 199 a finales de octubre a superar los Bs. 270 en diciembre, un reflejo directo de la inflación y la devaluación de la moneda.

En un intento por paliar el desplome del poder adquisitivo y la brecha cambiaria, el sector docente solicitó a finales de noviembre una bonificación navideña de $400. No obstante, denunciaron el silencio administrativo de las autoridades.

Según representantes gremiales, la única contestación llegó semanas después bajo la forma de un denominado “bono hallaquero” de Bs.12,50, un pago simbólico asociado a la tradición navideña venezolana de preparar hallacas.

Esta asignación, que representa unos $0,20 a la tasa oficial, fue recibida como una afrenta por el gremio. Fuentes aseguraron que el monto no alcanzó ni  para comprar el pabilo de las hallacas.

Lejos de constituir un alivio, el aporte profundizó el malestar del sector educativo, que manifestó su rechazo e indignación a través de las redes sociales.

El drama de la mesa vacía

Elena Moya, de 45 años, es docente especializada en educación especial y acumula dos décadas de servicio en la administración pública. Madre de dos adolescentes de 16 y 17 años, relata que este año no habrá olor a hallaca en su hogar porque sus ingresos no lo permiten, una ausencia que simboliza la imposibilidad de celebrar.

Tampoco pudo comprar los estrenos de sus hijos, ropa nueva que tradicionalmente se usa en Navidad.

Con sus aguinaldos y el bono de guerra apenas logró adquirir un kilo de pollo picado, dos kilos de carne y algunos víveres, alimentos básicos de consumo cotidiano. También pudo saldar cuentas de servicios que se acumulan mes a mes.

Quedaron fuera de su alcance renovar el guardarropa, pintar su casa y comprar el tratamiento para su glaucoma, una enfermedad ocular crónica que puede causar ceguera.

Calcula que los que compró apenas le alcanza para comer unos cinco días de forma racionada. Se vio obligada a recurrir a la caridad de amigos y familiares en el exteriorpara obtener los medicamentos necesarios para evitar el avance de su enfermedad.

«Cuando vi la notificación del banco por el pago del bono hallaquero, pensé que era un error. Me senté a sacar la cuenta y noté que esos Bs.12,50 del hallacazo no me alcanzaban ni para comprar el pabilo. Es una burla que nos llamen ‘forjadores del futuro’ y nos depositen lo que cuesta un caramelo. Nos están empujando a renunciar o a morir de hambre»

Salto inflacionario

Un recorrido realizado por Crónica Uno constató en noviembre cómo la inflación y la devaluación diaria del bolívar deterioraron la capacidad de compra de los ciudadanos, especialmente de los trabajadores del sector público, al momento de adquirir los ingredientes para las hallacas y la cena navideña, platos centrales de la tradición venezolana.

Mientras que en noviembre de 2024 preparar 50 hallacas costaba Bs. 5302,80, o $120 al cambio oficial, para noviembre de este año el costo ascendió a $140 o Bs. 34.392,40, lo que representa un incremento de 548 %, una subida abrupta explicada por la inflación acumulada y el aumento del dólar oficial.

Ricardo*, profesor de bachillerato de 36 años, nivel educativo equivalente a la secundaria, relató que estas navidades hacer 25 hallacas le costó aproximadamente $62. Para cubrir los ingredientes buscó ingresos adicionales mediante clases particulares de inglés y castellano. Aun así estima que destinó 60 % de todo su ingreso de diciembre —incluidos los bonos— solo para garantizar el plato tradicional a su familia de tres integrantes.

Sin embargo, los estrenos quedaron fuera de su alcance; tampoco pudo viajar a Táchira para pasar las festividades con sus padres.

“Estos aguinaldos fueron un golpe duro porque se volvieron sal y agua ante los altos precios. Me siento humillado como profesional porque como gremio pedimos una bonificación para pasar una navidades decentes y por respuesta obtuvimos una migaja de Bs.12 con el bono hallaquero”.

A juicio del gremio de educadores, la crisis salarial profundiza el déficit de profesionales. Según datos de la Federación Venezolana de Maestros, el país cerró el 2025 con una falta de más de 200.000 docentes en el sistema público.

Éxodo y suspensión de nóminas

Para Carlis*, maestra de educación preescolar desde hace seis años, recibir $20 de aguinaldo y Bs.12 para hacer la hallacas. Para la docente, después de un año de trabajo, el monto representa una burla a su esfuerzo.

“Tengo tres trabajos para poder sobrevivir. Hago uñas y vendo ropa en línea los fines de semana porque mi labor como maestra no me sustenta. Los pagos que recibo en la cuenta me hacen sentir burlada y he pensado en abandonar mi ejercicio profesional, pero amo mi trabajo. Si no hay maestros ¿quién forma al futuro del país?”.

A la precariedad salarial se suma una denuncia alarmante de la Federación Venezolana de Maestros: la suspensión arbitraria de nóminas.

Carmen Teresa Márquez, presidenta del gremio, alertó que miles de docentes quedaron excluidos de los pagos de fin de año sin procedimientos administrativos previos, lo que dejó a familias enteras en total desamparo a pocos días de la Nochebuena, una de las fechas más importantes del calendario familiar venezolano.

El año 2025 concluye con una educación pública sostenida por la resiliencia de profesionales que, lejos de planificar vacaciones, terminan el año calculando cuántos kilos de harina o carne pueden adquirir con unos aguinaldos que resultaron insuficientes incluso para cubrir lo más básico. Esta postal resume la crisis salarial del sector educativo en Venezuela.

(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.

“Con el bono hallaquero no compré ni pabilo”, denuncian maestros a pocos días de Navidad

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Chile: La Universidad de Antofagasta planea despidos y cierre de carreras por déficit financiero

El plan de trabajo propuesto en el Consejo Universitario abarca desde despidos a docentes y no docentes, hasta el cierre de carreras. ¿Nos queda sólo resignarnos y administrar la reestructuración o hay otro camino?

Por: Akemi Matsubara

En el último pleno universitario del día 18 de diciembre de 2025, se presentó un borrador de propuesta de trabajo para el desarrollo del plan de reestructuración. Los argumentos esgrimidos son que la universidad está a dos meses de la quiebra y es insostenible. Es decir, no es “rentable”.

La Superintendencia de Educación (SES) ya había sugerido estos meses 5 medidas que la Universidad no tomó, las cuales se concentraban en aumentar la carga docente para no contratar docentes a honorarios, desfinanciar la investigación y cortar becas internas de la universidad. Una de las premisas que se señaló es que, o aceptamos este plan de reestructuración o la SES iba a intervenir y decidir.

Sin embargo, este plan de reestructuración de la Universidad no sólo aborda todas las medidas propuestas por la SES sino que va más allá. Mediante una “comisión de reestructuración” busca hacer revisión de la planta docente y no docente para despedir a académicos y funcionarios; plantea explícitamente la decisión de cerrar carreras, congelar incentivos para el desarrollo de investigación y publicaciones, ver la viabilidad de Centros e Institutos de la Universidad, entre otros.

Es decir, un ataque en toda regla a la única Universidad estatal de la Región de Antofagasta. El déficit, producto del abandono del Estado y de la lógica del autofinanciamiento de las universidades, lo pagaremos la comunidad educativa. Estas medidas no buscan fortalecer la educación pública, sino desmantelarla completamente, abriendo paso a los privados para extender aún más su negocio frente a la precariedad de las universidades estatales.

Todo lo que quieren recortar, son cosas indispensables para el desarrollo de una universidad pública. Nuestros docentes ya cuentan con una alta carga laboral, faltan profesores que tomen prácticas (como lo vimos con obstetricia hace un par de años, que no podían hacer prácticas porque no les pagaban a sus docentes), hay carreras que están profundamente precarizadas como música y artes escénicas, que son necesarias para el desarrollo humano en torno a las artes, sobretodo en una ciudad como Antofagasta donde la producción está primero. A la par, los funcionarios no docentes, sobre todo quienes son del área de aseo, son los más precarizados. Quieren hacer un muerto en vida de la Universidad de Antofagasta, transformándola en una máquina de producción de profesionales lo más rentable posible, lejos de una concepción de universidad destinada a crear conocimientos que resuelvan las necesidades de la población.

¿Por qué digo que quieren abrir paso a los privados desmantelando la universidad estatal? Porque muchos escuchamos a jóvenes que, buscando una buena educación, prefieren estudiar en universidades privadas donde aceptan beneficios estatales -como gratuidad y otros- porque ven que la UA está completamente precarizada. Que faltan laboratorios, docentes, salas, equipos, etc. Que la infraestructura es un desastre y más. ¿Quién querría estudiar en esas condiciones? La Universidad hoy la sostienen los académicos y funcionarios que con mucho esfuerzo hacen lo que pueden, a pesar de que la institución constantemente les retrasa los pagos, los precariza con honorarios, etc.
De esta forma, los estudiantes con beneficios estatales se van a las instituciones privadas, buscando algo “mejor”, y las privadas se llenan los bolsillos al recibir todo el financiamiento estatal.

En el pleno estudiantil, se discutió cómo los estudiantes podríamos “incidir” en el plan de reestructuración exigiendo la participación en la “comisión de reestructuración”, para resguardar la continuidad académica de quienes ya están estudiando (es decir, aceptar el cierre de carreras a través de que no entren más estudiantes pero que quienes sigan puedan terminar) , los criterios para cerrar y/o fusionar carreras y que se ajuste en asignaciones y gastos a nivel central antes de afectar a los estudiantes. Es decir, aceptar el plan de reestructuración pero con reparos.

La crisis no es técnica: es política y tiene responsables

La Universidad de Antofagasta este 2025 recibió de Aporte Fiscal Directo (que es la más importante fuente de financiamiento de las instituciones) un monto de $4.831.834 millones, mientras que la privada tradicional Universidad Católica del Norte recibió $10.433.562 millones de pesos. Esto no es una excepción local, sino un patrón nacional, consolidado también bajo el actual gobierno. La mayor parte del Aporte Fiscal Directo y de la matrícula con gratuidad termina en instituciones privadas, profundizando un modelo heredado que el gobierno de Boric no sólo mantuvo, sino que administró sin cuestionar. La gratuidad, pactada en su origen con Michelle Bachelet y defendida por quienes hoy gobiernan, se transformó en un verdadero negocio educativo para los privados, mientras las universidades estatales continúan precarizadas y endeudadas.

Ahora bien, la propia Universidad ha informado que enfrenta un déficit operativo proyectado cercano a los $9.000 millones, no una quiebra inminente ni una deuda consolidada imposible de manejar. Este déficit debe analizarse en el contexto de un presupuesto anual superior a los $70.000 millones (como se señala en el presupuesto 2025).

El presupuesto permite identificar con claridad prioridades presupuestarias que no están siendo discutidas. Solo en remuneraciones de la alta dirección (Rectoría, Vicerrectorías, Contraloría y direcciones centrales) la Universidad destina aproximadamente $2.831 millones anuales, una cifra superior al pago anual efectivo del servicio de la deuda, que asciende a $2.813 millones. Es decir, la Universidad gasta más en sueldos de la cúpula de alta dirección que en cumplir sus compromisos financieros del año, siendo este sector una minoría dentro de la Universidad.

Como “gesto” el Rector de la Universidad dejó de percibir aprox. 9,5 millones a este mes cobrar 8,5. La reducción salarial del rector opera como un simbolismo de austeridad, pero no como una política redistributiva ni estructural. No modifica las relaciones salariales internas ni el diseño del ajuste propuesto. Es un gesto comunicacional, que busca legitimar decisiones regresivas aplicadas a otros estamentos de la comunidad universitaria, la gran mayoría bordeando el millón de pesos de salario.

A partir de los propios registros de Transparencia Activa, es posible realizar un ejercicio simple y revelador: una reducción uniforme del 31% en las remuneraciones de la alta dirección, sin eliminar cargos ni despedir a nadie (Y todos, además, seguirían ganando sobre los 3 millones), permitiría generar un ahorro anual cercano a los $878 millones. Este monto equivale a aproximadamente un 31% del servicio anual efectivo de la deuda y a cerca de un 10% del déficit operativo proyectado. No se trata de una “solución mágica”, pero sí de una demostración clara de que existen márgenes internos de ajuste antes de recurrir a despidos, cierres de carreras o recortes a la investigación.

Estos datos desmienten el relato de que “no hay alternativa” al ajuste regresivo que hoy se intenta imponer. La reestructuración no es un destino inevitable dictado por las cifras, sino una decisión política sobre quién debe pagar el costo del déficit. Y, hasta ahora, esa decisión apunta de forma sistemática a los sectores más precarizados de la comunidad universitaria, mientras la estructura directiva permanece prácticamente intacta, pues sólo discutieron bajar ciertas asignaciones.

Por eso, aceptar participar en una comisión de reestructuración bajo estos términos no es incidir: es legitimar un proceso cuyo marco ya está definido en contra de la educación pública. Los estudiantes no podemos ser parte de un plan que preserva los privilegios y sueldos de gerentes de la alta dirección y sacrifica el carácter público de la universidad.

El debate no debe ser cómo administrar el desmantelamiento de la Universidad de Antofagasta, sino cómo defenderla, exigiendo que cualquier discusión parta por desconocer completamente las deudas que tiene la Universidad con los bancos, deudas que fueron creadas por el abandono del Estado; Que el Estado inyecte recursos de forma inmediata a la Universidad para infraestructura, proyectos educativos, contratación de docentes, etc.

De resistir el ajuste a disputar el sentido de la universidad

En el fondo, lo que hoy ocurre en la Universidad de Antofagasta no es una anomalía ni un error de gestión aislado. Es la expresión de un modelo de educación superior profundamente mercantilizado, que atraviesa tanto a las universidades privadas como a las estatales (como vimos con los despidos y cierre de jardín en la UCN). Un modelo que reproduce la desigualdad de clases, donde el acceso al conocimiento no es un derecho social garantizado, sino un privilegio condicionado por la capacidad de pago, el endeudamiento y la rentabilidad de las carreras.

Bajo esta lógica, incluso las universidades públicas dejan de responder a las necesidades sociales y pasan a organizarse en función de la rentabilidad. Se privilegian aquellas áreas que sirven directamente al gran capital (en el caso de Antofagasta, la industria minera y extractiva) mientras se precarizan o eliminan disciplinas críticas, artísticas, humanistas y científicas que no generan ganancias inmediatas, pero que son fundamentales para pensar un desarrollo del pensamiento crítico, humano, social y cultural. No es casualidad: es la expresión de un sistema que pone el conocimiento al servicio de una minoría económica, y no de las grandes mayorías sociales.

Primero se abandona a las instituciones estatales, luego se las empuja al endeudamiento y al autofinanciamiento, y finalmente se utiliza el déficit como chantaje para justificar despidos, cierres de carreras y recortes, mientras se desatiende los problemas estructurales que afectan a las grandes mayorías: la salud, la educación pública, la vivienda, el medioambiente, la cultura, la precarización laboral y la desigualdad territorial.

Nuestra tarea no es administrar el desmantelamiento ni negociar cómo se reparte el daño, sino organizar una respuesta colectiva que cuestione de raíz este modelo. Lo que está en juego es qué universidad necesitamos y para quién. Una universidad al servicio de las grandes mayorías, orientada a producir conocimiento crítico, científico y humanista para resolver los problemas sociales reales, una universidad donde todas y todos podamos estudiar, sin restricciones.

Desde esta perspectiva, resistir el plan de reestructuración no es solo una defensa frente a los ataques actuales, sino una oportunidad para pensar colectivamente una universidad distinta, democrática, con financiamiento basal 100% pagado por el Estado, gratuita, al servicio de la población y no del mercado. Una universidad donde el conocimiento no esté subordinado a la rentabilidad, donde estudiar no sea un privilegio de clase y donde la educación pública deje de ser un negocio. Y sobretodo, porque el próximo Gobierno de Kast prepara un ajuste fiscal de 6.000 millones, que seguramente afectará en derechos sociales como educación, salud, pensiones, etc. Organizarse para resistir los ataques es una tarea de primer orden, por lo que se hace urgente levantar una campaña contra la reestructuración, por ningún despido a docentes y funcionarios; contra el cierre de carreras, por el desconocimiento de la deuda y por una inyección de recursos urgente a la Universidad por parte del Estado.

https://www.laizquierdadiario.cl/La-Universidad-de-Antofagasta-planea-despidos-y-cierre-de-carreras-por-deficit-financiero

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Argentina: Presupuesto 2026 golpea duro a los fondos de educación

La alerta la difundió el Centro de Economía Política de Argentina (CEPA) que advierte de un recorte histórico en las asignaciones al Fondo Nacional de Educación Técnico Profesional (FoNETP) del 93 por ciento en términos reales respecto a lo ejecutado en 2023, ya que el gobierno de Javier Milei funcionó sin presupuesto en 2024 y 2025.

De acuerdo con lo proyectado aunque el FoNETP sigue vigente por ley, el Poder Ejecutivo solo ejecutó el 10,8 por ciento de su presupuesto en 2025 y derogará apenas el 3,5 por ciento de lo que le corresponde el próximo año, señala CEPA.

Este centro de estudios económicos advierte que el artículo 30 del proyecto de presupuesto busca eliminar el Fondo de Escuelas Técnicas, así como la garantía del 6 por ciento del PIB para inversión en educación y la meta de 1 por ciento del PIB en fondos para ciencia y tecnología.

A su vez, advierte sobre un fuerte ajuste educativo general, pues la erogación para Función Educación y Cultura cae 47,3 por ciento real entre lo ejecutado en 2023 y lo proyectado para 2026.

Con este proyecto presupuestario las universidades públicas se verán en gran aprieto, ya que sus fondos sufren un recorte real de 33,8 por ciento frente a lo asignado en 2023.

El presidente Javier Milei insistió una vez más con derogar las leyes de financiamiento a la asistencia para personas discapacitadas y funcionamiento universitario, pero la oposición en la Cámara de Diputados eliminó el Capitulo XI que lo incluía.

No obstante, el proyecto presupuestario estipula menos apoyo a los alumnos, puesto que los programas de becas y transferencias estudiantiles acumulan un recorte real de 76,6 por ciento de lo derogado en 2023 y lo proyectado para 2026.

CEPA alerta que el presupuesto prácticamente desfinancia el fondo para ciencia y tecnología, ya que lo cercena en 48,8 por ciento respecto a 2023.

mem/mh

Argentina: Presupuesto 2026 golpea duro a los fondos de educación

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