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Uruguay: Ocupaciones contra los recortes y el presupuesto de ajuste

Por: Hernán Yanes

Como parte de la lucha por aumento de presupuesto, distintos centros educativos han sido ocupados en estas últimas semanas por estudiantes, docentes y funcionarios. A su vez maestras y maestros cumplieron tres días de paro, a los que se sumaron los docentes de secundaria en la última jornada.

La lucha por presupuesto se expresa desde hace semanas en los distintos niveles de la enseñanza. El proyecto de ley de presupuesto presentado por el gobierno ha generado indignación y bronca también en la comunidad educativa: en un sentido contrario a las promesas de campaña de llegar al 6% de presupuesto para la educación, Oddone y Orsi están realizando un recorte importante que dejará el presupuesto en el entorno del 4.4% de PBI; todo lo cual llevó a que distintos centros educativos estén en conflicto desde comienzos de octubre.

El IPA, Magisterio, diversos liceos y UTUs han llevado a cabo ocupaciones de sus locales de estudios. Los reclamos que plantean los estudiantes comprenden una variedad de problemáticas que afectan directamente la calidad de la enseñanza y el derecho al acceso a la educación.

Grandes problemas de infraestructura, recortes de horas, becas escasas e insuficientes, falta de recursos humanos son algunas de las reivindicaciones.

En el contexto del tratamiento del proyecto de ley de presupuesto en el Senado, y cuando el gobierno se mantiene firme en su postura de no otorgar más recursos para la educación, la lucha por presupuesto tomó un nuevo impulso.

En los distintos niveles de la enseñanza se volvieron a tomar medidas de ocupación y otras formas de conflicto.

Magisterio

Magisterio es uno de los centros en la que la ocupación se mantiene por más tiempo; desde octubre se viene denunciando que las becas para las y los estudiantes son muy pocas: para un total de 27mil estudiantes solo hay alrededor de 2300 y de ellas algo más de 1400 son de apoyo económico, y además los montos recibidos son totalmente insuficientes para asegurar la continuidad educativa.

Se denuncia también las malas condiciones locativas y de infraestructura, que buena parte de las y los estudiantes no tienen internet en sus hogares, que hay situaciones de hacinamiento, los largos viajes con boletos caros para llegar a los centros educativos, la falta de pago a las y los estudiantes que hacen prácticas, etc.

CFE

Estudiantes de los Centros de Formación Docente se encontraron a fines de octubre con la noticia de que el gobierno se proponía aplicar un recorte brutal en el número de grupos y horas presenciales.

El Sindicato de Docentes de Formación en Educación (Sidfe) denunció que el gobierno, con la excusa del déficit presupuestal heredado, se proponía suprimir 8000 horas de clase y más de 220 grupos presenciales, afectando la situación laboral de decenas de docentes y la cursada de miles de estudiantes y sin discutirlo en los ámbitos de negociación correspondientes, es decir violando la negociación colectiva en curso.

Más de 15 centros de formación docente fueron ocupados a comienzos de semana en distintos puntos del país, logrando que el gobierno retroceda en su plan y deje la medida en suspenso. El Instituto de Formación en Educación Social (IFES) aún sigue ocupado.

Además del pedido de un mayor presupuesto, desde el CEM, el IPA y los CFE se señala la necesidad de crear una Universidad de la Educación autónoma y cogobernada y de dejar sin efecto el Plan 2023 implementado por el gobierno anterior para elaborar un nuevo plan de estudios de forma participativa.

UdelaR

Varias facultades de la Universidad de la República fueron ocupadas esta semana en reclamo de mayor presupuesto; como Humanidades, Psicología, Comunicación, Ciencias Sociales, luego de movilizaciones y distintas medidas de lucha que se vienen dando desde el comienzo del tratamiento del presupuesto a nivel legislativo.

Mientras la UdelaR pidió un 52% de aumento en el quinquenio, con lo votado en Diputados se pasó a un 2.8%, una cifra muy menor que afectará negativamente el funcionamiento de toda la Universidad, tanto en Montevideo, como en los locales que existen en el interior del país. El presupuesto propuesto no otorga ningún incremento para el mantenimiento edilicio de todos los servicios de la Udelar ni tampoco para la creación de cargos de funcionarios técnicos, administrativos y de servicios.

Estudiantes, docentes y funcionarios siguen en conflicto; agotada ya la posibilidad de que el gobierno envíe un mensaje complementario, siguen denunciando las precarias condiciones en las que queda la Universidad con este presupuesto.

Secundarios

Varios liceos de Montevideo y el interior han estado ocupados en estos meses. Los estudiantes vienen reclamando la necesidad de la construcción de liceos en Las Piedras y La Teja, las carencias estructurales a nivel locativo, de equipamiento y materiales y la falta de equipos multidisciplinarios.

Paro de Ademu y ADES

Luego de la brutal agresión a una maestra el pasado miércoles, Ademu se declaró en conflicto y realizó un importante paro por 3 días, en el marco de masivas asambleas y movilizaciones que denuncian las malas condiciones en las que está trabajando.

ADES se sumó al paro de este lunes y confluyó con maestras y maestros en los alrededores de la Torre Ejecutiva en reclamo del aumento del presupuesto para la educación y mejores condiciones laborales.

Continuar la lucha contra la motosierra progresista

Más allá de los tiempos parlamentarios es necesario continuar la lucha por derrotar este presupuesto de ajustes y recortes. Oddone y Orsi llevan adelante con este proyecto de ley una política muy semejante a la derecha tradicional, que rompe con las promesas de campaña y no cumple las expectativas de la base frentamplista que no votó por la continuidad sino por cambios progresivos.

El 6% para educación +1% para investigación es una demanda histórica que solo se puede conquistar a partir de la coordinación por abajo y de manera democrática de todos los sectores en lucha, peleando por aumento de presupuesto en base a afectar la ganancia de los sectores más ricos.

Foto: Gianni Schiaffarino, La Diaria

https://www.laizquierdadiario.com.uy/Ocupaciones-contra-los-recortes-y-el-presupuesto-de-ajuste

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«Little Hero»: un programa digital que enseña a los niños a ser más empáticos y solidarios

En tiempos en que muchos padres y docentes se preocupan por el exceso de pantallas, un grupo de investigadores argentinos encontró una manera de transformar la tecnología en una aliada de la educación en valores.
Se trata de «Little Hero», un programa digital creado por la psicóloga Belén Mesurado, directora de la carrera de Psicología de la Universidad Austral e Investigadora Principal de CONICET con sede de trabajo en el Instituto de Filosofía de la Universidad Austral, que enseña a niños de entre 9 y 11 años a ser más empáticos, agradecidos y solidarios.

El estudio, publicado en la prestigiosa revista Journal of Moral Education, evaluó la eficacia del programa con la participación de más de 300 niños de Argentina y Uruguay. Los resultados fueron contundentes: los participantes del programa aumentaron sus conductas de ayuda hacia los demás y mostraron mayor empatía y serenidad emocional. Y lo más notable: esos cambios se mantuvieron incluso tres meses después de haber completado la experiencia.

«Queríamos demostrar que las tecnologías no tienen por qué alejarnos de los valores humanos. Si se usan con inteligencia, pueden convertirse en herramientas poderosas para el desarrollo moral y emocional de los niños», explica Mesurado.

Un antecedente con adolescentes

Antes de diseñar Little Hero, Mesurado había desarrollado el programa Héroe, una intervención digital pionera que promovía el bienestar psicológico y las conductas solidarias en adolescentes de entre 12 y 15 años. En ese caso, los participantes recorrían distintas «islas» virtuales dedicadas a la empatía, la gratitud o el perdón, guiados por un personaje tipo sensei que los acompañaba en el proceso. Implementado en escuelas y, durante la pandemia, adaptado para su uso remoto, el programa alcanzó a más de 200 adolescentes de Argentina y Uruguay.

Los resultados fueron igualmente alentadores: el 93% de los jóvenes reportó mejoras en su estado emocional y en su capacidad de conectar con los demás. Esa experiencia sentó las bases conceptuales y metodológicas de Little Hero, que busca ahora cultivar las mismas virtudes morales y emocionales desde una etapa más temprana del desarrollo.

Aprender a hacer el bien, jugando

«Little Hero» propone una experiencia inmersiva que combina lo mejor del aprendizaje digital y la educación emocional. Ambientado en un bosque, el programa guía a los niños a través de una serie de estaciones interactivas. Un búho sabio —símbolo de la sabiduría— los acompaña en cada sesión, que incluye videos, canciones y actividades lúdicas sobre temas como la empatía, la gratitud o las acciones solidarias cotidianas.

En una de las «misiones», por ejemplo, los chicos deben elegir tres actos de amabilidad para realizar durante la semana. En otra, escriben mensajes de agradecimiento a familiares, amigos o docentes. También hay desafíos creativos, como dibujos virtuales con mensajes positivos para el mundo. A lo largo de la aventura, los niños descubren que ser un «héroe» no implica tener poderes extraordinarios, sino algo más simple y valiente: preocuparse por los demás.

Las pruebas realizadas en escuelas de ambos países confirmaron que los niños disfrutaron del programa y se involucraron activamente. Más del 90% afirmó que la experiencia fue útil y fácil de usar, y la mayoría dijo que la recomendaría a otros compañeros. Para muchos, «Little Hero» fue su primer encuentro con un videojuego que los invita a pensar en el otro en lugar de competir.

Tecnología al servicio de la virtud

En una era marcada por el ciberacoso, la violencia digital y el individualismo, los hallazgos de esta investigación ofrecen un mensaje alentador: las tecnologías no son buenas ni malas por sí mismas; todo depende del propósito con que se utilicen. «Little Hero» demuestra que las mismas pantallas que a veces distraen o aíslan también pueden convertirse en una vía para cultivar la empatía, la cooperación y la serenidad.

«El gran desafío de la educación actual no es prohibir la tecnología, sino enseñar a usarla para construir vínculos más humanos. Los niños ya viven en un mundo digital; ayudarlos a florecer en ese entorno es una responsabilidad educativa y moral», sostiene Mesurado.

De Argentina al mundo

El proyecto fue desarrollado con el apoyo de la Templeton World Charity Foundation, y forma parte de una línea de investigación sobre educación moral y florecimiento humano liderada por Mesurado desde el CONICET y la Universidad Austral. Tras comprobar su efectividad en contextos escolares de Argentina y Uruguay, el equipo planea ampliar la implementación a otros países de América Latina.

«Queremos que los niños descubran que ser buenos también puede ser divertido», resume la investigadora. «Si logramos que cada chico se sienta capaz de cambiar el mundo con un pequeño acto de bondad, ya habremos cumplido nuestra misión», concluye.

https://diario5dias.com.ar/noticia/Little-Hero-programa-digital-ninos
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Nace la Internacional Antifascista de Educación (IADE) para combatir la despolitización en las aulas

La plataforma surge de la mano de Enrique Díez Gutiérrez, especialista en pedagogía antifascista, que junto con otros y otras profesionales de la educación decidieron articular una red que reivindique la docencia como práctica política y transformadora. En su manifiesto fundacional, IADE defiende el papel emancipador de la educación y rechaza “la falsa neutralidad que encubre la perpetuación de las injusticias”. En un contexto de creciente despolitización de las aulas y de avance de discursos reaccionarios bajo el paraguas de la neutralidad y objetividad, el colectivo sostiene que “la verdadera educación debe dotar a las personas de un espíritu crítico para analizar el mundo, comprender sus desigualdades y transformarlo”.

El movimiento se declara contrario al adoctrinamiento y a las pedagogías dogmáticas, promoviendo el internacionalismo educativo como herramienta para impulsar modelos críticos y emancipadores de enseñanza. “La docencia no es una mera profesión técnica, sino un acto de compromiso ético y político con las generaciones presentes y futuras”, afirman en el texto. Tras años de recortes y desideologización en la educación pública, IADE denuncia el vaciamiento político de la escuela y la expansión de los discursos de odio entre el alumnado. Por eso, subrayan “una educación antifascista fomenta el pensamiento complejo y la capacidad de hacerse preguntas incómodas”.

Los centros educativos, especialmente los públicos, son espacios inherentemente políticos, aunque algunos se esfuercen en negarlo. La derecha, lejos de ocultar sus reservas hacia la función crítica de la escuela pública, ha convertido la supuesta “neutralidad” de las aulas en una estrategia para vaciar el debate pedagógico y desactivar la pluralidad ideológica. Bajo el discurso de la despolitización, se ha normalizado la censura como herramienta de control cultural.

Desde El Diario de la Educación  alertan de que, “bajo la coartada de la neutralidad ideológica o de la protección de la infancia”, se impone una única forma de pensar que rechaza todo aquello que consideran “ideología de género, memoria histórica o derechos LGTBI”. Un ejemplo reciente se dio durante la inauguración del curso universitario 2025-2026 en la Universidad de Alcalá de Henares, donde Isabel Díaz Ayuso afirmó: “No vamos a consentir que se instrumentalicen los centros educativos para hacer ingeniería social ni para librar una guerra ideológica”, en referencia a lo que la presidenta madrileña considera una deriva política dentro de las instituciones académicas.

En contraposición, Manuel Fernández Navas, profesor universitario y doctor en Ciencias de la Educación, subraya la importancia de reivindicar el antifascismo en un contexto de creciente penalización del movimiento. “No, no es lo mismo ser fascista que antifascista; los dos extremos no son iguales”, afirma. En un clima marcado por la derechización social, su objetivo, señala, es “al menos, dificultar que muevan la ventana de Overton”.

Si Diario Red puede publicar lo que casi nadie más se atreve, con una línea editorial de izquierdas y todo el rigor periodístico, es gracias al apoyo de nuestros socios y socias.

Defender una educación antifascista implica asumir la dimensión política de la enseñanza y reconocer su papel en la formación de una ciudadanía crítica. Supone también disputar la batalla cultural que atraviesa hoy a los centros educativos y reivindicar la educación pública como garante de los derechos humanos, la igualdad y la libertad de pensamiento frente a los intentos de censura y “desideologización”.

https://www.diario-red.com/articulo/espana/nace-internacional-antifascista-educacion-iade-combatir-despolitizacion-aulas/20251105112818057543.html
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ChatGPT: ¿por qué, para qué y para quién escribimos?

Por: Jorge Majfud *

En una universidad de Florida, cuyo nombre no quiero mencionar, no ha mucho tiempo un estudiante me rebatió una idea sobre el nacimiento del capitalismo usando el resumen de un libro realizado minutos antes por ChatGPT. Tal vez era Gemini o cualquier otra inteligencia artificial. Le sugerí que le pidiese al ente virtual las fuentes de su afirmación y, diez segundos, después el estudiante la tenía a mano: la idea procedía del libro “Flies in the Spiderweb: History of the Commercialization of Existence―and Its Means”. Eso es eficiencia a la velocidad de la luz.

Naturalmente, el joven no tenía por qué saber que ese libro lo había escrito yo. La mayoría de mis más de doscientos estudiantes por año son jóvenes en sus veintes, probablemente la mejor década de la vida para la mayoría de las personas; probablemente, la década más desperdiciada. Por pudor y por principio, nunca pongo mis libros como lectura obligatoria. Además, sería legítimo refutarme usando mis propios escritos. Hace mucho tiempo ya, tal vez un par de siglos, que el autor no es la autoridad ni de sus propios libros.

Seguramente la IA no citó ese libro como referencia autorizada de algo sino, más bien, el estudiante tomó algunas de mis palabras y los dioses del e-Olimpo se acordaron de este modesto y molesto profesor. Parafraseando a Andy Warhol, hoy todos podemos ser Aristóteles y Camus por treinta segundos ―sospecho que Warhol le robó la idea a Dostoievski; sin mala intención, claro.

El resumen del dios GPT era tan malo que simplemente demostraba que la IA no había entendido nada del libro más allá de los primeros capítulos y había mezclado datos y conclusiones desde una perspectiva políticamente correcta. Es decir, una inteligencia artificial muy, pero muy humana, fácil de manipular por las ideas de la clase dominante, esa que luego irá a demonizar las ideas alternativas de las clases subordinadas.

No digo que las artiligencias sean siempre así de malas lectoras, pero, por lo general, basta con corregirlas para que se disculpen por el error. Seguramente mejorarán con el tiempo, porque son como niños prodigios, muy aplicados; asisten a todas las clases y toman nota de todo lo que puede ser relevante para convertirnos a los humanos en todo lo más irrelevante que podamos ser. En muchos casos, ya leen mejor que nuestros estudiantes, que cada vez confían más en esos dioses y menos en su propia capacidad intelectual y en su esfuerzo crítico―extraños dioses omniscientes y omnipresentes; extraños dioses, además, porque sus existencias se pueden probar.

“¿Profesor, para qué necesito estudiar matemáticas si voy a ser embajadora?”

“¿Y para qué carajo te matas en el gimnasio, si no vas a ser deportista?”

No estoy en contra de usar las nuevas herramientas para comprender o hacer algo. Solo estoy en contra de renunciar a una comprensión crítica ante algo que es percibido como infalible o, al menos, superior, como un dios posthumano, e-olímpico e, incluso, como un temible dios abrahámico; es decir, un dios celoso y, tal vez algún día, también lleno de ira.

Por otro lado, esto nos interpela a las generaciones anteriores y, en particular, a aquellos profesores, autores de libros o de estudios de largo aliento. Desde hace algunos años, me he propuesto que “este será mi último libro”, pero reincido. Todavía. Algún día, los libros escritos por seres humanos comenzarán a hacerse cada vez más escasos, como los bitcoins, y su valor cobrará una dimensión todavía desconocida.

A una escala más global, esa histórica tendencia humana a convertirse en cyborgs (el mejoramiento del cuerpo humano con herramientas de producción y de destrucción), probablemente derive en un régimen de apartheid impuesto por las inteligencias artificiales; por un lado, ellas, por el otro nosotros, con frecuentes tratados de paz, de colaboración y de destrucción. Una Gaza Global, en pocas palabras―al fin y al cabo, las IA habrán nacido de nosotros. Sus administradores ya tienen mucho de Washington o Tel Aviv y sus consumidores mucho de Palestina.

Claro, esta crisis existencial no se limita a la escritura ni a la actividad intelectual, pero en nuestro gremio cada medio siglo nos preguntamos por qué escribimos, sin alcanzar nunca una respuesta satisfactoria. Muchas veces, desde hace un par de años ya, tengo la fuerte impresión de que hemos dejado de escribir (al menos, libros) para lectores humanos, esa especie en peligro de extinción. Escribimos para las inteligencias artificiales, las cuales le resumirán nuestras investigaciones a nuestros estudiantes, demasiado perezosos e incapaces de leer un libro de cuatrocientas páginas y, mucho menos, entender un carajo de qué va la cosa. Invertimos horas, meses y años en investigaciones y en escritura que, sin quererlo, donaremos a los multibillonarios como si fuésemos miembros involuntarios de la secta de la Ilustración Oscura, liderada y sermoneada por los brujos dueños del mundo que (todavía) residen en Silicon Valley y en Wall Street. Y lo peor: para entonces, los humanos habrán perdido eso que los hizo humanos civilizados―el placer de la lectura, serena y reflexiva.

También puede haber razones egoístas y personales de nuestra parte. Al menos yo, escribo libros por puro placer y, sobre todo, para intentar comprender el caos del mundo humano. Una tarea desde el inicio imposible, pero inevitable.

Tal vez, en un tiempo no muy lejano, una nueva civilización postcapitalista (¿posthumana o más humana?) escribirá sus libros de historia y conocerá nuestro tiempo, hoy tan orgulloso de sus progresos, como la Era de la Barbarie. Claro, eso si la humanidad sobrevive a esta orgullosa barbarie.

No hace mucho, una amable lectora publicó en X un fragmento de una consulta que le hizo a ChatGPT. El fragmento afirmaba, o reconocía, que “los modelos de IA, como los grandes modelos de lenguaje, se entrenan con enormes cantidades de texto provenientes de libros, artículos, ensayos y publicaciones en línea. Autores e intelectuales que escriben de manera crítica y profunda, como Majfud, forman parte de ese conjunto de datos. Cuando la IA procesa estos textos, aprende patrones de razonamiento, argumentación y crítica cultural. Así, perspectivas filosóficas sobre política, economía y justicia social pueden aparecer en sus respuestas”.

Me pregunto si no estoy siendo autocomplaciente al copiar aquí este párrafo y, aunque la respuesta puede ser , por otro lado, no puedo eliminarlo sin perder un claro ejemplo ilustrativo de lo que quiero decir: (1) las IA nos usan y nos plagian todos los días. Quienes son (todavía) dueños de esos dioses pronto descubrirán que (2) somos una mala influencia para las futuras generaciones de no lectores, por lo que comenzarán a distorsionar lo que los últimos humanos escribieron y, más fácil, ignorarlos deliberadamente.

Al fin y al cabo, así evolucionó un tyrannosaurus de una ameba. Como humanos, sólo puedo decir: ha sido muy interesante haber existido como miembro de la especie humana. No fuimos tan importantes como creíamos. Apenas fuimos una anécdota. Una anécdota interesante para quienes la vivimos, no para el resto del Universo que ni siquiera se enteró.

*Ensayista y profesor universitario uruguayo-estadounidense. Actualmente es profesor en Jacksonville University 

Majfud

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Bases para la transformación educativa

Por: Lev M. Velázquez Barriga
En las últimas semanas intercambié análisis, experiencias y perspectivas, en dos espacios territorialmente distantes, pero con intereses y temáticas comunes; uno fue el Taller para la Transformación Educativa en Bogotá, que se inscribe en el marco de consulta rumbo al proceso de reforma colombiana que dará rumbo durante la próxima década, y otro, el quinto Congreso Internacional de Transformación Educativa, que reunió pluralidad de voces no siempre coincidentes con la Nueva Escuela Mexicana. Asumiendo los sesgos socioeducativos de un profesor rural frente a grupo, confesado en la tradición indoamericana de las educaciones populares, comparto algunas ideas al respecto que no sólo tienen que ver con los atinos en México, sino también con sus incongruencias e inconsistencias.

La primera es que la transformación del sistema educativo es un proceso largo, complejo y se presenta entre contradicciones cuando entran en disputa actores diversos en el interior del grupo gobernante, así como los reacomodos de los bloques de poder económico, y los anteriores con los intereses de los sectores populares de mayor conciencia de clase y capacidad de organización.

La segunda, no determinante pero sí muy importante para allanar el camino a la transformación, es crear las condiciones constitucionales que tomen distancia de las nociones filosóficas, políticas y pedagógicas que plantean como fines de la educación la formación de capital humano mediante la calidad o excelencia para reproducir formas organizacionales de la sociedad y de la vida pública, priorizando la producción de ganancia y la acumulación de capital para un núcleo reducido de personas que se apropian del trabajo y de la vida de otros.

La tercera, los cimientos constitutivos de la educación posneoliberal deberán recurrir a las filosofías, cosmovisiones y autenticidades institucionales de la educación propia de cada región histórico cultural, véase el caso del buen vivir en la región andina; además, reconocer que la concepción del sujeto mínimo como ente de capacidades económicas rentables es contrario a la naturaleza humana, porque ésta es diversa. Por tal motivo, demanda un tipo de formación que se defina a partir del desarrollo pleno de sus dimensiones holísticas y de sus múltiples potencialidades para ser, estar, crear y convivir en el mundo comunitario, social, natural y de la ciudadanía planetaria.

La cuarta, el modelo gerencial de gobernanza del sistema educativo nacional y de gestión empresarial de las escuelas, que cosifica la totalidad de interacciones humanas en relaciones de producción de ganancia y de valores sociales mediados por el mercado, tendría que ser abandonado por otro en el que la gobernanza tome sentido en la participación directa, constante y protagónica de la sociedad en la orientación de la política pública, justamente como promovieron los docentes de la rebelión magisterial por medio de los Congresos Estatales Populares de Educación y Cultura para tender un puente de diálogo directo con los actores de la ciudadanía, sin que éstos sean invalidados por los congresos legislativos que terminan por suplantar la voz del pueblo.

Este otro enfoque de gobernanza escolar tiene que ser horizontal, desburocratizado y distributivo de las relaciones de poder para decidir en núcleos de colectividades que van de los consejos escolares a la república de las infancias y juventudes o las asambleas de los padres y madres de familia. Esta perspectiva es radicalmente opuesta a los mecanismos de participación que se proponen administrar la precariedad financiera de las escuelas y descargar económicamente la responsabilidad del sostenimiento de los centros educativos en las familias.

La quinta, transitar de la crítica al currículo al currículo crítico; es decir, de la sola caracterización neoliberal y neocolonial de los planes de estudio a la elaboración de contenidos, materiales educativos, libros de texto y cartillas pedagógicas con perspectivas de la historia no eurocéntrica; de la geografía viva en las regiones y la geopolítica; de la ciencia denominada del segundo orden porque toma conciencia de cómo se construye el conocimiento desde los sectores subalternos y desplazados por los elitismos tecnocientíficos; de la ciudadanía política global y ambientalista de la tierra que se concibe en una sola humanidad diversa donde no hay nacionalismos culturalmente superiores ni supremacías raciales como las que están alentando las corrientes neofascistas.

La sexta es la urgencia por romper los cercos de la cultura enciclopédica de los aprendizajes, suministrados en currículos únicos y prestablecidos, para dar paso a la construcción dinámica e investigativa de otros aprendizajes críticos y transdisciplinares que emerjan de la curiosidad cognitiva de las niñeces en sus contextos pluriculturales y también a la elaboración de planes educativos problematizadores que coloquen al centro las necesidades de los territorios y los saberes ahí constituidos.

La séptima es la formación inicial y continua de nuevos educadores que trasciendan las pedagogías únicas y estandarizadas del enfoque neoliberal; conocedores de las pedagogías indoamericanas, populares, antiautoritarias, decoloniales, alternativas, críticas y comunales, que además desaprendan las metodologías didácticas instruccionales e imperativas y se apropien de otras que promuevan en los alumnos la construcción activa y dinámica de los aprendizajes basados en situaciones problematizadoras de fenómenos complejos de la realidad socionatural.

Una política pública sin estas y otras mínimas bases para la transformación educativa en México, Colombia u otro país que se reconozca dentro del bloque progresista dejará cimientos endebles ante cualquier viraje gubernamental.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/11/02/opinion/bases-para-la-transformacion-educativa

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3 de cada 5 jóvenes brasileños que están fuera de la educación superior son negros

  • El British Council cita la dificultad financiera y los problemas familiares como motivos de deserción
  • El estudio señala desigualdades de ingresos y de convivencia con la violencia.
Por: Tulio Kruse
São Paulo

Tres de cada cinco brasileños que interrumpen sus estudios antes de llegar a la educación superior son negros, según una investigación sobre las perspectivas de la juventud brasileña publicada por el British Council —organización de cultura y educación vinculada al gobierno del Reino Unido.

Entre quienes dejan de estudiar antes de terminar la educación secundaria, el 63% son negros y pardos, frente al 33% de blancos, según el estudio. Los datos muestran que, aunque la población negra representa el 55,5% de los brasileños, es minoría entre quienes concluyen el nivel universitario y constituye una mayoría desproporcionada entre los que abandonan los estudios.

La mitad de los jóvenes de entre 19 y 24 años no está estudiando ni tiene título universitario. Los negros y pardos, además de abandonar la educación básica con mayor frecuencia, reportan una convivencia con situaciones de violencia en mayor proporción, forman la mayor parte de la fuerza laboral informal y enfrentan más dificultades para pagar necesidades básicas.

El motivo más común para abandonar los estudios es la restricción financiera (39% de las respuestas), seguida por las responsabilidades familiares y los problemas con el transporte hasta la escuela (19% en ambos casos).

https://www1.folha.uol.com.br/internacional/es/economia/2025/10/3-de-cada-5-jovenes-brasilenos-que-estan-fuera-de-la-educacion-superior-son-negros.shtml

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Reseña del libro La educación y la vida: un libro para maestros de escuela y educadores populares de Jorge Huergo. (PDF)

Por Luz Palomino/CII-OVE

La educación y la vida: un libro para maestros de escuela y educadores populares, de Jorge Huergo (Ediciones EPC, La Plata, 2015), nos invita a interrogar la relación entre la escuela y la vida, situando a los docentes frente a los dilemas éticos, políticos y culturales que atraviesan la práctica educativa en América Latina.

Jorge Huergo, reconocido pedagogo argentino y referente del campo de la comunicación y la educación, desarrolla en esta obra una mirada profundamente humana sobre la enseñanza. Su planteo parte de una premisa clara: la educación no puede reducirse a un conjunto de técnicas o instrumentos, sino que debe comprenderse como una práctica vital, arraigada en la experiencia cotidiana y en las condiciones históricas de nuestros pueblos. En ese sentido, el autor afirma que educar es “una manera de vivir con otros”, un acto de encuentro y diálogo donde se construye, de manera colectiva, el sentido de lo común.

El libro se estructura en dos grandes ejes. En el primero, Huergo analiza el devenir de la escuela moderna y su relación con los procesos de modernización, globalización y tecnocratización que han marcado el campo educativo. Su crítica al neoliberalismo y al enfoque tecnocrático de la educación resulta especialmente pertinente: denuncia la reducción de la docencia a mera ejecución de programas estandarizados, despojándola de su dimensión ética y política. En este punto, el autor retoma los aportes de Paulo Freire y otros pensadores de la pedagogía crítica latinoamericana para reivindicar el carácter emancipador del acto educativo.

En la segunda parte, el autor propone pensar la educación desde la vida: la vida de los sujetos concretos, de las comunidades, de las culturas y de las experiencias que configuran los espacios educativos. Allí despliega una reflexión que entrelaza teoría y práctica, apostando por una pedagogía social que reconozca los saberes populares, las memorias colectivas y las resistencias que habitan en los territorios. Huergo invita al docente a reconocerse no como transmisor de verdades acabadas, sino como sujeto que aprende junto con otros, comprometido con la transformación social.

Desde el punto de vista metodológico, el libro combina la argumentación teórica con un tono ensayístico que lo vuelve accesible sin perder profundidad. Las categorías de análisis —vida, cultura, escuela, comunicación, política— se entretejen de manera orgánica, ofreciendo al lector una comprensión compleja y situada de la práctica educativa. No se trata de un texto prescriptivo, sino de un llamado a la reflexión crítica y a la acción transformadora.

En el contexto actual, marcado por la digitalización, la fragmentación social y el resurgir de discursos autoritarios, la lectura de La educación y la vida adquiere una vigencia innegable. El libro interpela a las y los docentes latinoamericanos a recuperar el sentido ético y político de su tarea, a mirar más allá de las métricas y los estándares, y a reencontrarse con la dimensión existencial de la educación. Huergo no ofrece recetas, sino preguntas que invitan a repensar qué significa enseñar y aprender en sociedades atravesadas por la desigualdad y la violencia.

En suma, esta obra es una referencia imprescindible para quienes buscan pensar la educación desde un horizonte emancipador y latinoamericano. Más que un manual, es una conversación profunda sobre la vida y la pedagogía, sobre el lugar del maestro como sujeto histórico y sobre la necesidad de reconstruir el vínculo entre escuela, comunidad y esperanza.

Descarga el libro en este link: La educacion y la vida

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