Juego simbólico. ¿Qué es?

Por: .

Hablamos de juego simbólico como oposición o superación del juego literal. Es decir, es aquella actividad lúdica donde el niño -o incluso el adulto- representa, ensaya, proyecta, fantasea, etc, a través de juguetes o conductas de juego.

¿Cómo diferenciar el juego simbólico del juego sin más?

El juego es, en general, aquella actividad recreativa, de ocio, que nos gusta y en la que nos lo pasamos bien. Hablamos de juego simbólico para hacer referencia al tipo de juego donde se hace uso o predominan los símbolos. Es decir, donde los objetos que utilizamos tienen un significado añadido, donde de algún modo se transforman para simbolizar otros objetos que no están ahí. Objetos, pero también conductas, cuando lo que se hace representa algo distinto, tiene significado añadido. Es cuando lo real pasa a ser imaginario, lo literal se convierte en fantasía. Por ejemplo, una raqueta de tenis puede servir para jugar a tenis -juego literal- o bien representar una raqueta de las que se pone en los pies un explorador del polo norte en medio de una tormenta de nieve -fantasía, simbolismo-.

Como se puede intuir, no hay una frontera clara que delimite lo que es literal de lo que es simbólico, sobretodo cuando consideramos que los humanos somos seres eminentemente simbólicos. En el ejemplo anterior, uno podría jugar al tenis con la raqueta en cuestión, pero imaginando que él es su ídolo deportivo, un tenista famoso, imitando su estilo de saque, sus poses, etc.

¿A qué edad empieza el juego simbólico?

Se considera que la edad de inicio para el juego simbólico es a los dos años, según la madurez de cada niño. Aparece cuando este ha adquirido la capacidad simbólica, es decir, la capacidad de crear y manejar símbolos, como representantes de la realidad. El principal instrumento simbólico es el mismo lenguaje.
En el juego simbólico, el niño imita muy a menudo la vida cotidiana de los adultos, reproduce los dibujos animados o películas que ve, crea situaciones o escenarios nuevos, fruto de su cada vez más amplia imaginación. O incluso proyecta sus conflictos internos, canalizando tensiones y deseos, miedos, que representa para entender mejor. Por ejemplo, cuando el niño riñe a su muñeca porque no quiere comerse la verdura, o al contrario, adopta un rol más permisivo y le deja comerse los postres.

Juego simbólico y desarrollo

La capacidad de simbolización empieza en el segundo año de vida, y se desarrolla a lo largo de la infancia, apoyada a través del lenguaje y de su complejidad, que también va en aumento.
Un hito importante en el juego simbólico es el juego compartido. Primero con la madre, más tarde con los otros niños. El lenguaje permite llegar a acuerdos con los niños que comparten el juego. Esta colaboración se establece gracias a la implementación de un objetivo común, y a la aceptación de unas mismas normas de juego. Así, pues, conforme el niño y la niña se van haciendo mayores, el juego gana complejidad, y pasa de ser eminentemente individual a realizar-se en grupo. Un juego simbólico de grupo que va a ser crucial para el proceso de socialización.
Pero no debemos olvidar que el juego simbólico es ante todo un juego, es decir, sirve para pasarlo bien. Pero además de este principio básico, hallamos en él otros beneficios. Aquí vamos a hablar de dos de ellos: como vehículo de aprendizaje y cómo instrumento de terapia.

El juego simbólico como instrumento de aprendizaje

En el aula, al menos hasta los seis años, el juego simbólico es probablemente el mayor instrumento de aprendizaje que existe. Y las escuelas son muy conscientes de ello.
rincon juego simbolicoHabitualmente, se organiza el aula en rincones. Se trata de espacios temáticos, por ejemplo: una cocina de juego con utensilios típicos para cocinar, alimentos; un rincón de cuentos, de tamaños y texturas diferentes; un rincón de peluquería; otro rincón de coches, con garajes, diferentes modelos de coches, etc; un rincón de música, con instrumentos adaptados a cada edad…
Organizar la clase en rincones es una estrategia pedagógica que persigue el desarrollo de los distintos aprendizajes del niño en función de sus necesidades, y a la vez permite su integración. Se organizan pequeños grupos que juegan a la vez, con supervisión de sus maestros y pedagogos. Jugando interactúan entre sí, imitan a los adultos, se ponen en su lugar, y van co-construyendo sus propias narraciones simbólicas sobre la realidad social. Desarrollan la imaginación, la creatividad, que negocian con su pequeño grupo, a fin de crear una narración compartida. Se expresan e intercambian emociones, positivas y negativas. Se crea liderazgo, se aprende a tomar decisiones personales y en grupo. De este modo, la inteligencia emocional y la racional se van desarrollando con el sólo acto de jugar.

Para seguir profundizando en el tema, os recomiendo leer el post Por qué todos los niños deberían jugar con materiales no estructurados, y en general hacer una ojeada a diversos artículos del blog. Como bien dice su autora, no todos los juguetes tienen el mismo potencial de simbolización, y ese es un factor que debería tenerse presente. En general, los juguetes o los ambientes estructurados exigen menos imaginación, y por tanto menos exercicio de simbolización, que los no estructurados.

El juego simbólico como instrumento de terapia

El juego simbólico es esencial para el desarrollo de habilidades cognitivas, lingüísticas, emocionales y sociales en los niños. Por ese motivo es un instrumento privilegiado para utilizar cuando surgen dificultades a cualquiera de esos niveles, y desplegar un buen enfoque terapéutico. El juego simbólico amplifica las habilidades verbales para poder expresar pensamientos, sentimientos, reacciones y actitudes con más claridad en la edad temprana de la infancia.

Muchos terapeutas, pues, utilizan el juego en terapia, lo que se conoce como terapia de juego. Es muy útil para establecer una buena alianza con el niño, a partir del juego compartido entre terapeuta y el pequeño paciente. Ayuda éste a expresar sus sentimientos, su vergüenza, su frustración, su miedo, su angustia, y ayuda al terapeuta a entenderlos a través de los personajes del juego. El niño habla a través de ellos. Y el terapeuta también. El juego es un espacio protegido, donde la realidad es expresada indirectamente, con menos censura y menos resistencias. Es un espacio donde crear o proponer alternativas, sin miedo a equivocarse. Se crean historias y se construyen narraciones que apuntan a lo real, a lo que el niño y la niña viven en sus vidas reales, en casa o en el colegio, con los padres, hermanos, compañeros. Y todo esto a través del juego simbólico.

Porque, hasta cierto punto, el juego es para el niño lo que el lenguaje es para el adulto; y los juguetes son para él lo que las palabras son para nosotros. Por lo tanto, cuando el terapeuta juega, se pone al nivel de su pequeño paciente. Habla su lenguaje, le escucha, crea y pone significado a lo que va ocurriendo, y le pregunta por su mundo interno a través de los personajes en juego.

Pero no todos los juguetes sirven para la terapia, y cada uno tiene su potencial particular. Hay juguetes que representan la vida real, como por ejemplo los muñecos y muñecas, un maletín de médico, instrumentos de cocina, herramientas de carpintería… Otros juguetes simbólicos sirven para la expresión y la representación de la agresividad y el miedo, como soldados, pistolas, espadas de plástico, serpientes, tiburones, etc. Otros juguetes están más orientados a la expresión creativa y artística, como el barro, los lápices de colores, y material diverso para dibujar, pintar, moldear… En terapia, es recomendable disponer de todo el abanico, ya que cada categoría de juguete permite plantearse diferentes objetivos en el trabajo terapéutico.

Fuente de la reseña: https://www.simbolics.cat/cas/juego-simbolico-que-es/

 

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Cómo conseguir que los niños dejen la tableta y jueguen como antes

Por: Raquel Quelart

Cada año para estas fechas muchos padres se plantean qué juguetes adquirir para sus hijos. “¿Qué les hará más ilusión: los muñecos o juegos modernos o quizá algo más original?”, se pueden preguntan. Los expertos alertan que saber escoger los juguetes más apropiados es esencial para despertar la motivación, la imaginación y la creatividad en los niños. Sin embargo, la realidad es que los dispositivos electrónicos están desbancando al juego tradicional. De hecho, psicólogos y pedagogos constatan que si antes el juego simbólico se alargaba hasta los 11 o 12 años, hoy en día muere a los siete u ocho. A partir de esta edad tabletas, videoconsolas y smartphones pasan a ser los protagonistas del tiempo lúdico.

Pero, ¿es posible conseguir que los niños recuperen el hábito de entretenerse con juguetes tradicionales? “Creo que sí que es factible”, comenta María Costa. La doctora en pedagogía y directora de investigación infantil y ocio del Instituto Tecnológico de la Producción Infantil y Ocio (AiJU), que ha editado una guía con recomendaciones, considera que la calve es ofrecer a los más pequeños “alguna alternativa interesante que, además, pueda compartir con sus padres y otros niños”. Si esto ocurre, señala la experta en juego, “las pantallas se quedan para los ratos de aburrimiento”.

Hemos pasado a convertir las peticiones infantiles en listas de compras y no nos planteamos nada más
María Costa

Directora de investigación infantil y ocio de AiJU

“Los dispositivos electrónicos no son juguetes”, afirma la psicóloga del Instituto Carl Rogers Cristina Fumàs, que defiende que hasta los siete u ocho años “no debería haber exposición” a este tipo de aparatos. El motivo: si bien las nuevas tecnologías han proporcionado mejoras en la sociedad, también entrañan sus riesgos. Según Fumàs, “se mata mucho la imaginación porque no se da la oportunidad de que sea el niño el que descubra, decida, construya o invente porque ya viene dado de alguna forma”. A esto se añade el problema de que estos dispositivos favorecen el sedentarismo.

Menos casa y más calle

Pero no solo las nuevas tecnologías son responsables del cambio de hábitos en el juego, tal como deja patente un estudio reciente realizado por una conocida marca de detergentes. La encuesta revela que la mitad de los niños españoles de entre cinco y 12 años pasa menos de una hora al día al aire libre, la mitad del tiempo que un preso de una cárcel de máxima seguridad de Estados Unidos. Por eso los expertos en juego infantil opinan que las actividades en el exterior tienen que estar entre las prioridades lúdicas de las familias.

Parque de Josep Tarradellas, en Barcelona
Parque de Josep Tarradellas, en Barcelona (Archivo LV)

La menor concurrencia de los pequeños en las calles tiene otros daños colaterales. “Antes había más juego en los parques, donde se juntaban niños de diversas edades”, aduce María Costa. Y esto terciaba que “los más mayores transmitieran a los más pequeños” juegos tradicionales. Hoy en día, según la pedagoga, los niños tienden a reunirse con otros niños de la misma edad. “Dejan de crearse grupos socialmente estructurados, coherentes, que son capaces de comunicar ideas interesantes de juego, por lo tanto, los padres tenemos una labor en comunicar estas ideas”, apostilla.

Por otro lado, es una evidencia que la industria del juguete se moderniza con muñecos cada vez más interactivos y novedades que incorporan tecnologías, tal como se puede apreciar en la lista de los juguetes estrella de esta Navidad. Para la directora de AiJU esta es una manera de hacer estos productos más atractivos y alargar la edad en que los niños se interesan por los juguetes.

Hasta los siete u ocho años no tendría que haber exposición de los niños a dispositivos electrónicos
Cristina Fumàs

Psicóloga del Instituto Carl Rogers

Al mismo tiempo, desde hace un par de años en la Feria Internacional del Juguete de Núremberg (Alemania) se está constatando “una clara tendencia llamada retromanía”, según Costa, que consiste en recuperar juguetes populares de otras épocas. Juegos de antaño que se actualizan con nuevos diseños y conceptos, como el Monopoly, el Tragabolas o el Quién es quién, y otros clásicos que nunca pasaron de moda, como las cartas y el parchís. Un fenómeno que contribuye a apuntalar el juego tradicional en detrimento del tiempo que los pequeños de la casa dedican a dispositivos electrónicos.

Lo más publicitario no es lo mejor

Uno de los errores más comunes que cometen los padres a la hora de escoger los juguetes de sus hijos, según los expertos, es basarse solo en las preferencias de estos, que muchas veces están influidas por la publicidad y en las licencias de moda, como Paw Patrol o Frozen. “No nos paramos a pensar qué valor de juego le va a dar el niño o la niña y si se va a divertir con él”, comenta Costa, que sentencia: “Hemos pasado a convertir las peticiones infantiles en listas de compras y no nos planteamos nada más”.

Con el fin de evitar las compras compulsivas y la acumulación de juguetes que acaban olvidados en un armario, los expertos consultados hacen las siguientes recomendaciones:

1. No solo tener en cuenta los intereses del niño, sino hay que plantearse cómo un determinado juguete puede fomentarle la curiosidad y qué cosas interesantes puede descubrirle. Además, los padres deberían de plantearse si se divertirán compartiéndolo con ellos y si servirá para que el niño pase un buen rato con sus amigos.

2. Los juguetes no son para que los niños jueguen solos. Los padres tienen que implicarse también para enseñar a sus hijos lo divertido que es jugar. En este sentido María Costa invita a los más mayores a transmitir a los más pequeños sus conocimientos en juegos tradicionales, como la cuerda, la goma o las tabas.

3. Cada edad tiene necesidades lúdicas diferentes. Por ejemplo, los niños de hasta dos años aprenden con juguetes más sensoriales de tactos, formas, tamaños o transparencias, y a medida que van creciendo ya son capaces de hacer construcciones horizontales y verticales. Por lo que hay que adquirir productos adaptados a sus capacidades.

4. Potenciar al máximo los materiales y juguetes no estructurados, es decir, que sean lo más abiertos posibles para invitar al niño o niña a hacer volar la imaginación. “Todo lo que está muy detallado y acabado hace que el niño tenga un papel mucho menos activo en su utilización”, asegura Cristina Fumàs. En el mercado se pueden encontrar infinidad de juguetes basados en pedagogías que fomentan el juego infantil y que respetan el ritmo evolutivo de cada edad. Algunos ejemplos se pueden encontrar en webs como www.grapat.edu, www.jugarijugar.com y www.grimms.eu.

Juego infantil que fomenta la creatividad y la imaginación
Juego infantil que fomenta la creatividad y la imaginación (www.grapat.edu)

5. Buscar juguetes que no sobreestimulen mucho. Si un niño se acostumbra a un ritmo de estímulos muy alto y a respuestas inmediatas –aprieta un botón y ocurre- no trabaja el autocontrol, la paciencia y, además, tenderá a aburrirse más pronto.

6. Limitar el número de juguetes. Poseer demasiados muñecos y juegos provoca en los más pequeños de la casa una pérdida de interés por ellos. “Es mejor cuatro y bien escogidos”, apunta Fumàs, “y sobre todo que puedan proporcionar experiencias reales”.

7. Establecer unas prioridades a la hora de escoger. Para ello, será necesario hacer un recuento de los juguetes que ya posee el niño o la niña, tener en cuenta sus preferencias, buscar su complicidad a la hora de elegir y las capacidades que deseamos potenciar en él, según recoge el decálogo de Abacus para sacar el mejor provecho de los juguetes.

8. Evaluar el valor pedagógico del juguete ya que hay que tener en cuento que los niños aprenden jugando. Por este motivo es importante evitar los juegos que inciten a la violencia o al uso de un lenguaje grosero.

9. Juguetes sin estereotipos de sexo. Evitar seleccionar juguetes dirigidos específicamente a niñas o a niños.

10. Seguridad. Los juguetes tienen que cumplir la normativa e informar de manera adecuada cómo darles un uso correcto. En este sentido hay que tener en cuenta tres aspectos: las propiedades mecánicas y físicas, que no contenga materiales inflamables y que no estén elaborados con tóxicos.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/vida/20161208/412461882941/promover-juego-tradicional-ninos.html

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