La nefasta gestión económica de Lenín Moreno

Qué caro le ha salido al pueblo ecuatoriano haber elegido a Lenín Moreno, quien bajo el disfraz de ser un fiel miembro de la Alianza País y que trabajaría por el bienestar de su pueblo como lo había hecho su antecesor, Rafael Correa, de la noche a la mañana cambió completamente el rumbo.

La mayoría coincide en que si hubiera sido para bien, no importaba redirigir la línea económica-política anterior, pero la situación cada día es más engorrosa para muchos ecuatorianos después de cumplirse tres años de su presidencia.

En octubre de 2019 ocurrieron en el país multitudinarias protestas debido a que Moreno anunció drásticas medidas económicas y un paquete de reformas acorde a las exigencias impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) con el cual había firmado en marzo de ese año un empréstito por 4 200 millones de dólares.

Los ajustes consistían en eliminar subsidios a los combustibles, bajar beneficios a los trabajadores, reducción del 20 % de los contratos ocasionales, recorte de vacaciones de sector público, con los que el régimen esperaba ahorrar 1 400 millones de dólares.

Ante las masivas protestas, Moreno decretó el estado de excepción nacional y trasladó la sede del gobierno a Guayaquil, pero al final tuvo de derogar el Decreto Ejecutivo 883 causantes del malestar social.

El saldo final por la represión fue de 11 ciudadanos muertos, 1 240 heridos (11 perdieron la visión de un ojo) y 1 192 fueron detenidos.

Las tenazas del FMI se han aferrado a Ecuador desde la firma del acuerdo que exige una reforma fiscal, la flexibilización laboral, la disminución del aparato estatal y el retiro del subsidio a los combustibles.

A la par de las ataduras con el FMI, las relaciones con el gobierno de Estados Unidos se incrementaban en grado superlativo. A principios de 2019, visitaban Quito, Thomas Shannon, subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, David Hale, viceministro para Asuntos Políticos, y Mike Pence, vicepresidente del país.

Se siguió en julio de ese año el secretario de Estado, Mike Pompeo, y todo se coronó con la visita de Lenín Moreno a Washington en febrero de este año donde fue recibido con todos los honores por el presidente Donald Trump.

Durante su estadía en la Casa Blanca se acordó incluir a Ecuador en la iniciativa “América crece”, un programa que canaliza las grandes inversiones privadas, se pactó la creación del Centro de Inteligencia Criminal en Ecuador con asesoramiento directo de Estados Unidos y que Washington brindara tecnología y capacitación para una protección general en temas de ciberseguridad.

Al pasar varios meses de las grandes protestas de octubre, así como obviando la pandemia de coronavirus que se ha extendido por todo el territorio, el presidente ecuatoriano vuelve a la carga con nuevos ajustes económicos con los cuales desea agradar al FMI y a Washington.

Las nuevas normativas establecen modificar las condiciones económicas de la relación laboral, tras “común acuerdo” entre los trabajadores y empleadores; contrato especial emergente de solo media jornada laboral y las horas distribuirlas en seis días de la semana.

Además, reducción de un 50 % de la jornada laboral y disminución de un 45 % de los salarios: o sea, quien gane sueldo mínimo de 400 dólares, su remuneración será de 220 dólares y se rebajará el aporte de la empresa a la seguridad social del empleado.

Se implanta que el empleador decidirá, de manera “unilateral”, el cronograma de vacaciones del trabajador.

Como afirmó David Chávez, sociólogo de la Universidad Central del Ecuador, “estas leyes son delirantes, son como estregarles carta abierta a los empresarios para que hagan lo que les de la gana de aquí en adelante”.

Antes de la aprobación de estas leyes, el gobierno había decretado recortes por más de 98 200 000 dólares a los presupuestos de 32 universidades y escuelas politécnicas.

Fiel a la política neoliberal de Moreno, se eliminarán 10  empresas públicas entre las que aparecen la aerolínea TAME, Ferrocarriles, Siembra, Medios Públicos, Crear, Ecuador Estratégico, Correos del Ecuador y la Unidad Nacional de Almacenamiento. Se prescinde de la Secretaría Anticorrupción de la Presidencia; se cierran las embajadas en Malasia, Irán, Nicaragua y las oficinas ante la OASI y la Secretaría del Parlamento Andino; se retirarán 10 embajadores y clausurarán seis consulados.

Todo esto sucede cuando la nación padece una grave crisis sanitaria por la desatención del gobierno ante la pandemia de coronavirus y los casos de corrupción que han estallado en los que están envueltos el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), hospitales públicos de varias provincias y el Servicio Nacional de Gestión de Riesgos y Emergencias (SNGRE)

El 25 de mayo ya se reportaban oficialmente en Ecuador, 35 200 contagiados con la covid-19 y más de 3 000 muertos, pero organizaciones gremiales aseguran que la cifra de fallecidos ronda las 9 000 porque los informes han sido adulterados.

Recordemos que solo en Guayaquil, los servicios sanitarios y las funerarias colapsaron, las personas morían por las calles o en sus casas y después no tenían donde enterrarlas. La pandemia continúa su paso por Ecuador y los especialistas auguran se extenderá por Quito y otras ciudades.

Mientras esto sucede, el presidente lanza leyes neoliberales contra trabajadores, campesinos y estudiantes lo que predice que las protestas proliferarán porque no se sabe quien es peor, la covid o la política de Lenin Moreno cuya aceptación es de solo el 18,7 % según una encuesta de  Cedatos-Gallup.

Fuente del artículo: https://rebelion.org/la-nefasta-gestion-economica-de-lenin-moreno/

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Neofascismo y coronavirus en Nuestra América

Por: Cristóbal León Campos

La avanzada de la pandemia del COVID-19 ocultó hasta cierto punto y retrasó una serie de procesos sociales que venían pujando con fuerza por transformaciones sociales urgentes, pero también, dejó a la vista de todos, la razón de muchas de las demandas exigidas en el contexto justo de esos procesos sociales referidos. Para el caso de Chile, la violencia del régimen neofascista de Sebastián Piñera y el proceso constituyente abierto por la fuerza popular prosigue, aunque como es natural, las condiciones del cuidado de la salud han modificado formas de protesta o la magnitud de ellas, pero el pueblo chileno no ha renunciado a la lucha, sigue la demanda por la instauración de una constituyente real que garantice las reformas sociales del pliego petitorio popular. Piñera a su vez, a quedado en evidencia por su incapacidad y desinterés por ejercer medidas reales para combatir la pandemia, siendo precisamente Chile, el país experimental de origen de las políticas neoliberales que desmantelaron en América Latina y el mundo los sistemas de salud pública y los derechos laborales hoy tan abatidos en el marco la de crisis sanitaria que vivimos.

En Brasil, Jair Bolsonaro ha demostrado inutilidad absoluta, burlándose de la magnitud de la pandemia, distorsionando información y quedando relegado de última hora del poder por sectores militares que mediante un golpe blando lo desplazan para entre otras cosas evitar mayores manifestaciones de inconformidad al menos por el momento, aunque se sabe que esos desplazamientos suelen ser antesala de mayores imposiciones y limitaciones en términos democráticos y de las garantías individuales de los pobladores, pues desde los primeros días de la llegada del COVID-19 a Brasil, la sociedad adoptó medidas de cuarentena sin la dirección gubernamental y organizó la resistencia efectuando cacerolazos diarios por la noche, Bolsonaro, más ocupado en servir a los grupos ultraconservadores evangélicos ha declarado sin pena, que es posible equiparar las muertes por el coronavirus con accidentes de autos, a decir del neofascista, son hechos inevitables lavándose las manos del asunto, siendo el primer gran resultado de esa actitud su alejamiento del poder.

En Ecuador, al parecer la situación ha alcanzado niveles realmente trágicos, denuncias por las redes sociales muestran videos de personas muertas en las calles, sumando según algunas fuentes miles de pérdidas humanas, ante lo cual y si bien mediante un video, el presidente Lenin Moreno, pretendió dar la imagen de estar actuando y preocuparse por los hechos sin que nada mejore, ahora, su figura pasa desapercibida en medio de la catástrofe, además, al igual que Bolsonaro, se muestra más preocupado por satisfacer las demandas de la oligarquía ecuatoriana, al procurar que Rafael Correa, sea sentenciado a ocho años de cárcel por presunta vinculación delictiva, queriendo con ello, dejarlo fuera de los comicios que deben celebrarse en el 2021 para la presidencia ecuatoriana.

En Colombia, la situación no es diferente, mientras la pandemia avanza, Iván Duque se presta al juego del imperialismo estadounidense y se convierte en agente abiertamente participe de las agresiones contra la República Bolivariana de Venezuela, apoyando la llegada de buques militares postrados frente a Venezuela, simulando desconocimiento de que es Colombia el país con mayor tráfico de drogas a los Estados Unidos y no Venezuela como se quiere hacer creer. Duque ha permitido la violación de la soberanía colombiana al dejar sus fronteras como campo estratégico de batalla para la preparación de la agresión militar que están fraguando, ya semanas atrás, Juan Guaidó y otros sátrapas del imperialismo, fuero descubiertos y denunciados por el tráficos de armas con fines golpistas, siendo Colombia su protector y proveedor paramilitar, Duque sometido a Donald Trump, se ocupa más de ser el fiel lacayo imperialista que en salvaguardar la salud de sus pobladores.

En el Salvador una serie de protestas han desnudado el carácter del régimen de Nayib Bukele, quien en un principio, quiso jugar al héroe anunciando la suspensión de pagos de impuestos y otros cobros por tres meses, pero en realidad, buscaba lavar su imagen sobre sus actos en la asamblea salvadoreña a la cual asaltó para lograr sus objetivos económicos y políticos semanas antes de la llegada del coronavirus y, después, en medio de sus anuncios simulados, endeudó a el Salvador con un millonario préstamo al Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo que como sabemos, pasada la cuarentena, se encargará de comenzar a saquear al país centroamericano ante lo que el gobierno actuará como se han hecho otros a lo largo de la historia latinoamericana, permitiendo el robo a su nación y cargando sobre la espalda del pueblo salvadoreño la deuda que no les venefició y por la que tampoco fueron consultados a la hora de ser adquirida, al igual que como pensó Bukele que la entrega de subsidios familiares sería una medida popular y resultó ser la causa desencadénate del malestar social, de la misma forma ocurrirá cuando los efectos del préstamo comiencen a caer sobre los salvadoreños.

En países como Haití que han entrado a la fase de transmisión comunitaria, las medidas tratan de ser reforzadas, enfrentándose a la cruda realidad de que el desmantelamiento continuo de los servicios de salud pública, junto a la grave crisis social y económica que vive desde hace muchos años, y que de manera particular en el último año y medio ha mantenido protestas regulares contra el gobierno, crean un panorama un difícil por vencer. En Bolivia, las imágenes hablan del incremento de la represión militar golpista para tratar de calmar los reclamos socuelas de apoyo económico por la aguda situación de pobreza que ha regresado justamente desde que aconteció el golpe neofascista contra Evo Morales, además, hay que recordar que estaban programadas para mayo las elecciones presidenciales cuya tendencia electoral encabeza el Movimientos al Socialismo (MAS). Por su parte en México, el gobierno federal, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, ha ido implementando las medidas conforme los resultados van avanzando, apunto de entrar a la tercera etapa de la pandémica según los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), parece es posible evitar una catástrofe como ha ocurrido en países europeos, pero, lamentablemente, sabiendo la difícil situación por la que se pasa, grupos ultraconservadores con rasgos neofascistas, se lanzan con ataques y descalificaciones, generando desinformación con el fin de manipular la opinión pública y así buscar mermar la imagen gubernamental. Estos grupos herederos de las formas del viejo régimen, desearían que el gobierno federal endeudase a la nación con un nuevo préstamo al FMI como lo hicieron los anteriores gobiernos, y frente a la negativa de endeudar al país, se muestran hambrientos de tragedia sin importarles realmente el bienestar colectivo y social, quieren a todas luces utilizar los acontecimientos de la pandemia para desestabilizar y dar un golpe neofascista.

Es de notarse que en los países cuyos gobiernos se han mostrado tendientes al neofascismo la pandemia de COVI-19 causa mayor daño a la población y sus regímenes son repudiados por la sociedad, ese es el caso de Brasil, Ecuador, Bolivia, Chile y Colombia, tendiendo estos gobiernos a la militarización, la represión, el endeudamiento y el apoyo a las agresiones imperialistas sobre países como Cuba y Venezuela, quienes por su parte, ponen el ejemplo de humanismo en la región y el mundo controlando la pandemia al interior de sus naciones, brindando apoyo a otros países con brigadas médicas, recursos económicos y resistiendo la continua agresión imperialista a través de los bloqueos económicos que les han impuesto, la guerra mediática incesante y las amenazas y agresiones militares con cercos e invasiones perpetradas con la ayuda de las oligarquías neofascistas de la región.

Los neofascistas fieles al imperialismo estadounidense, quieren aprovechar el contexto de la pandemia del coronavirus para avanzar estratégicamente e imponer con mayor fuerza su brutalidad, pero los pueblos latinoamericanos reconocen en el ejemplo de Cuba y Venezuela el verdadero rostro del humanismo, de la solidaridad internacionalista, la defensa de la soberanía y autodeterminación, la resistencia popular y proletaria sigue su curso, aunque por ahora no sea posible ocupar las calles en su totalidad, la conciencia no disminuye, muy al contrario, la cara neofascista y proimperialista de los regímenes mencionados queda desnuda y será combatida con la organización y la fuerza popular de Nuestra América.

Fuente: https://rebelion.org/neofascismo-y-coronavirus-en-nuestra-america/

Imagen: https://pixabay.com/vectors/nazism-fascism-discrimination-144975/

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Y el rey abandonó el trono

Por: Víctor Arrogante

Abril es el mes republicano por excelencia, por lo que voy a aprovechar estos días a retomar mis reflexiones republicanas; unas serán nuevas y otras recuperadas de otros de mis artículos publicados sobre el tema. Lo cierto es que pretendo alejarme, en lo posible, de la crisis sanitaria, social y económica, provocada por el coronavirus, y despejar ideas en estos largos días de confinamiento.

El próximo 14 de abril, se cumplen 85 años del advenimiento de la Segunda República. Vivió ocho años, tres de ellos defendiéndose en guerra, tras el golpe de Estado fascista contra la legitimidad democrática, otorgada en las elecciones del 12 de abril de 1931 y el abandono precipitado del rey Alfonso de Borbón, que huyó con la conciencia poco tranquila, por los desmanes políticos y personales que protagonizó. Aquellos acontecimientos y estos días, son una oportunidad para ampliar mis reflexiones republicanas y a ello me voy a dedicar.

En septiembre de 1923 el general Primo de Rivera había dado un golpe de Estado, militar por supuesto, auspiciado por el rey, «para salvar España de los profesionales de la política». Su intención era poner en orden España y devolver después el poder a manos civiles. El golpe fue apoyado por la burguesía, la Iglesia, el ejército, los industriales catalanes y los terratenientes andaluces. Todos contra la clase trabajadora que reclamaba más salarios y más derechos y hacían peligrar, con el creciente malestar social, los privilegios reales y de las clases pudiente. El Partido Socialistas Obrero Español y la Unión General de Trabajadores, se mostraron en principio ambiguos frente al golpe. La CNT se mostró abiertamente contrarios al dictador. El Partido Comunista, creado el 14 de noviembre de 1921, por una escisión del PSOE, convocó una huelga general, que fue poco secundada y los huelguistas perseguidos.

Primo de Rivera, como buen dictador, disolvió el gobierno, que fue sustituido por un Directorio militar; suspendió la Constitución, disolvió los ayuntamientos y prohibió los partidos políticos. Todo el poder para el ejército, que no estaba en sus mejores momentos, tras la guerra de Marruecos y todos los sucesos trágicos en el norte de África. El Directorio no tenía programa político salvo las dos cuestiones típicas de la derecha caciquil de todos los tiempos: la unidad de la patria y el mantenimiento del orden público. No fue todo negativo. Construyó grupos escolares, pantanos, carreteras, ferrocarriles y creó empresas públicas como Campsa, Telefónica o Tabacalera. Hay que tener en cuenta que la peseta estaba fuerte y la industria había sido fortalecida por la neutralidad de España durante la Primera Guerra Mundial.

Pero llegó la crisis internacional con el crac financiero de 1929 y la economía española se derrumbó y rugió la crisis social. Revueltas estudiantiles, huelgas de trabajadores, disturbios, intrigas políticas de adversarios y criticas desde dentro del régimen y sus correligionarios militares. Primo de Rivera, confundido, creía contar con el apoyo del rey, pero todo lo había perdido. Al día siguiente de pronunciar la celebre frase «a mi nadie me borbonea», el rey, como buen Borbón, que van dejando cadáveres políticos por donde reinan, le abandonó. En el exilio de París murió el dictador un mes después, dejando en herencia a sus hijos Pilar y José Antonio, con su ideología fascista, que tanto hiciera sufrir a cientos de miles de los mejores españoles y españolas.

De una dictadura a una dictablanda, presidida por el general Dámaso Berenguer. Nuevos desórdenes sociales y unas fuerzas políticas que nunca habían perdonado al rey Alfonso su apoyo a la Dictadura, coincidieron en derribar la monarquía. Incluso los liberales, que siempre habían considerado la monarquía como su sistema de privilegios, se pasaron al campo republicano, junto con nacionalistas catalanes e intelectuales. Las elecciones municipales convocadas, que pretendían consolidar el sistema y conseguir mayor apoyo popular, resultaron ser la perdición real. La monarquía era considerada como un símbolo en decadencia. Republicanos y socialistas, decidieron convertir las elecciones municipales de 1931 en un plebiscito sobre la continuidad de la monarquía en España. La suerte estaba echada.

Previamente en agosto de 1930, en El Pacto de San Sebastián, los partidos que asistieron (Alianza Republicana, Partido Radical Socialista, Derecha Liberal Republicana, Acción Catalana, Acción Republicana de Cataluña, Estat Catalá, y la Federación Republicana Gallega), acordaron poner fin a la monarquía y proclamar la Segunda República. Meses después el PSOE y la UGT se sumaron al Pacto. Se pensó en organizar una huelga general, que fuera acompañada de una insurrección militar, que metiera a «la monarquía en los archivos de la historia» y establecer «la República sobre la base de la soberanía nacional representada en una Asamblea Constituyente». La huelga general no llegó a declararse y la sublevación de Jaca fracasó, siendo fusilados los capitanes Galán y García Hernández. Muchos de los miembros del Comité Revolucionario fueron encarcelados y otros huyeron del país. El general Berenguer, para suavizar la situación y fortalecer la soberanía del rey, aplicó la Constitución de 1876 que reconocía las libertades de expresión, reunión y asociación. Todo se estaba precipitando hasta el desastre final.

Tras el cese del general Berenguer por el rey, forma gobierno el almirante Juan Bautista Aznar-Cabañas, con viejos liberales y conservadores. Una de sus primeras decisiones fue proponer nuevo calendario electoral: elecciones municipales el 12 de abril y posteriormente elecciones a Cortes Constituyentes. Las elecciones, suponían para la monarquía, volver a la normalidad anterior a Primo de Rivera. Para las fuerzas republicanas una consulta sobre la forma de Estado. Los resultados fueron un mazazo para los monárquicos, que poco hicieron para evitar que Alfonso XIII perdiera el trono.

Los resultados del 12 de abril, dieron a las candidaturas republicano-socialistas el triunfo en 41 de las 50 capitales de provincia. Los partidos monárquicos ganaron en 9: Cádiz, Palma de Mallorca, Las Palmas, Burgos, Ávila, Soria, Lugo y Orense. La participación ciudadana representó el 70% del electorado. Los monárquicos consiguieron 40.324 concejales, frente a los 36.282 que obtuvieron los republicanos y socialistas. Los comunistas 67 concejales; los partidos nacionalistas catalanes más de 4.000 y los vascos 267.

Cuando en Madrid se conocieron los resultados parciales, que mostraban que las ciudades más importantes eran mayoritariamente republicanas, el pueblo se echó a la calle para proclamar la República. El rey, dejando a su familia atrás, abandonó el país. «España se acostó monárquica y se levantó republicana», que diría el almirante Aznar. Unas elecciones municipales derrocaron a la monarquía.

Fuente e imagen: https://nuevarevolucion.es/y-el-rey-abandono-el-trono/

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Chomsky: Malestar social amenaza la democracia

America del Norte/EEUU/Cambridge.

Noam Chomsky, uno de los intelectuales estadounidenses más prestigiosos de la actualidad, cree que la baja valoración de los políticos a nivel mundial no es exclusiva de la cúpula dirigente, sino que se extiende a empresas y a otras instituciones, como parte de un malestar social general.

La escasa popularidad de los actuales candidatos a la Presidencia de Estados Unidos no es algo excepcional, sino que forma parte «de un gran malestar social que amenaza a la democracia», explicó el lingüista y filósofo, de 87 años, en entrevista con dpa en Cambridge.

«Estados Unidos se desarrolló desde una democracia hacia una plutocracia con apéndices democráticos», opinó Chomsky. «Tres cuartas partes de la sociedad se encuentran simplemente subrepresentadas», analizó.

Respecto del actual auge del candidato republicano Donald Trump, pese a su discurso polémico y agresivo, el autor de Los guardianes de la libertad cree que se fundamenta en gran medida en el desprecio durante décadas a la clase trabajadora.

«Los que respaldan a Trump no son los pobres. La mayoría son de la clase trabajadora blanca que en el periodo del neoliberalismo fueron marginados. Ahora, estas personas están amargadas y tienen rencor».

El profesor emérito del Massachusetts Institute of Technology (MIT) apuntó como segunda razón un fortalecimiento del populismo y el ultranacionalismo, algo que también se ve en Europa: «Hay una correlación directa entre el apoyo a populistas autoritarios y los entusiasmados con Trump».

A diferencia de lo sucedido anteriormente, esta vez a los líderes republicanos no les fue posible impedir el protagonismo de un candidato peligroso. «Trump es singular. Nunca hubo algo como él en naciones industrializadas occidentales», señaló Chomsky.

Sin embargo, el proceso se enmarca en su opinión en una transformación más amplia del sistema político estadunidense, que él ve históricamente como de partido único con dos facciones, republicanos y demócratas. «Eso ya no es así. Seguimos siendo un país de partido único, el Partido de los Negocios. Pero ya sólo hay una facción».

De hecho, cree que quienes apoyaron a Bernie Sanders en la precampaña demócrata podrían formar un nuevo partido independiente del demócrata si avanza la transformación del sistema. Sanders se enfrentó desde la izquierda en las primarias a la actual candidata, Hillary Clinton, pero perdió.

«Si tuviéramos un movimiento trabajador activo y luchador del estilo del que hubo en Estados Unidos en los años 30, probablemente uniría a los seguidores de Trump con los de Sanders», señaló este lingüista, que a nivel político se ha definido a sí mismo como anarquista o socialista libertario.

«Son muy diferentes en muchas cosas, pero comparten centralmente la misma furia por el ataque a la clase trabajadora blanca y a los pobres. Eso podría ser el comienzo de algo totalmente nuevo».

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/09/16/malestar-social-amenaza-la-democracia-chomsky

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