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5 mujeres que están rompiendo «los techos de cristal» en el mundo de la ciencia

Redacción: BBC Mundo

Una de las ingenieras que trabajó en la misión del Apolo 11 que llevó al primer hombre a la Luna recordó hace unos días cómo se le dijo que la sala de control de la Nasa no era lugar para mujeres. Las cosas han cambiado mucho en los últimos 50 años, pero no tan rápido como muchos esperaban.

La BBC habló con cinco científicas de distintas generaciones que están rompiendo las barreras en sus campos.

La pionera: profesora Jocelyn Bell Burnell

Es famosa por haber descubierto la primera púlsar (estrella de neutrones) hace más de 50 años. La profesora Jocelyn Bell Burnell también ha sido desde hace mucho tiempo defensora de las mujeres en la ciencia.

Durante los años 50, cuando estudiaba en un colegio en Irlanda del Norte, no se le permitió estudiar ciencia al igual que a otras niñas, pero sus padres (y otros) protestaron.

«Enviaban a los niños a los laboratorios de ciencia y a las niñas nos enviaban a la sala de asuntos del hogar porque todos sabían que las niñas solo se iban a casar y necesitaban aprender cómo hacer las camas», recuerda.

Jocelyn Bell BurnellDerechos de autor de la imagenCOLIN MCPHERSON
Image captionLa profesora Jocelyn Bell Burnell.

Actualmente es profesora visitante de astrofísica en la Universidad de Oxford. Fue una de las integrantes del grupo de científicas cuyos esfuerzos condujeron hacia el reconocimiento del compromiso para avanzar las carreras de mujeres en la ciencia.

El programa Athena Swan requiere que las universidades y colegios cumplan con la igualdad de género.

«Comenzó lentamente hasta que algunos de los organismos que otorgan fondos a las universidades se dieron cuenta y dijeron: ‘Tienen que establecer uno de estos premios Athena Swan si quieren recibir nuestro dinero'», cuenta la profesora.

«Eso hizo que pusieran una extraordinaria atención».

La brecha de género en la ciencia es cultural, no tiene que ver con el cerebro de las mujeres, y algunos países están haciendo mejor trabajo que otros, explica la científica.

En astrofísica, la situación en los países del sur de Europa como Francia, España e Italia, está mejor que en los países del norte de Europa, como Alemania y Holanda, por ejemplo.

«En todos esos países la proporción de mujeres está aumentando pero el patrón sigue siendo el mismo, lo cual es interesante», afirma.

«El progreso es lento, las cosas están cambiando gradualmente».

¿Y cuál es su consejo para las mujeres en la ciencia?

«No se sientan intimidadas, aguanten, trabajen duro, y por supuesto, sean valientes».

La líder de investigación: doctora Nicola Beer

Para la doctora Nicola Beer, su interés en la ciencia se desarrolló a una edad temprana: uno de sus recuerdos en sus primeros años es observar cómo su profesor en la escuela primaria demostraba el concepto de las ondas de sonido utilizando un plato de papel lleno de hielo y un altavoz portátil.

Formó parte de la primera generación de su familia que fue a la universidad y su licenciatura en bioquímica en la Universidad de Bristol la condujo a un doctorado en Oxford y a una beca Fullbright en el MIT y en Harvard, en Estados Unidos.

Después cambió la investigación básica por la dirección de un equipo de investigación.

Dra. Nicola BeerDerechos de autor de la imagenNOVONORDISK
Image captionLa doctora Nicola Beer.

Ahora es jefa del departamento de Descubrimientos de Biología y Farmacología en el Centro de Investigación Novo Nordisk, en Oxford, Inglaterra, y su rol es tanto gerencial como científico.

«Se trata de establecer la dirección estratégica, ayudar a la gente a madurar sus ideas, entregarlas y apoyarles en su carrera», dice.

Cree que con menos mujeres ocupando roles de liderazgo, las mujeres tienen la obligación de apoyarse entre sí, como mentoras, transmitiendo su conocimiento o simplemente «siendo generosas y abriendo las puertas».

«Esto es algo que creo que debería hacerse en todos los campos, ya sea si se es mujer, si se es joven, o si se es gente en su carrera profesional. Tenemos la obligación de trazar el camino y no solo proteger nuestra propia posición, y para eso la generosidad es muy importante», afirma.

Como mujer líder, se ha dado cuenta de que la gente a menudo trata de sugerir una única forma en la que las mujeres deberían ser líderes, por ejemplo, hablar más fuerte o ser más firmes en una situación o responder a las cosas de determinada forma.

«Creo que debemos hacer un esfuerzo concertado para alentar a las mujeres a ser las mejores líderes posibles, más que ser un estereotipo de lo que percibimos que deberíamos ser», expresa.

Para ella, esto significa evitar las ideas preconcebidas que tenemos sobre otros, como los límites a lo que podemos lograr y el trabajo que podemos hacer.

«Me apasiona la causa para romper los techos de cristal. Y creo que debemos derribar los silos que hay entre nosotras, las cajas y los prejuicios», asegura.

La vanguardista: Gladys Ngetich

Cuando en una reunión se le dijo a Gladys Ngetich «no pareces una ingeniera», ella volvió a casa preguntándose cómo se supone que debe parecer una ingeniera.

Cuando realizaba una investigación como estudiante de ingeniería mecánica se acostumbró a luchar contra los estereotipos y a ser una especie de vanguardista.

Durante sus estudios de licenciatura en ingeniera mecánica en Kenia, ella era una de las ocho mujeres en una clase de 80 personas.

Gladys NgetichDerechos de autor de la imagenSCHMIDT FUTURES
Image captionGladys Ngetich.

Dice que en su primer año «la mayoría de los chicos en nuestra clase pensaban que no terminaríamos», pero ella acabó la licenciatura con la nota más alta.

Actualmente está completando su doctorado en ingeniera aeroespacial en la Universidad de Oxford y acaba de ganar una beca del programa Schmidt Science para investigar tecnologías de ciencia espacial que apoyen el desarrollo sostenible.

Inspirada por mujeres como la profesora Bell Burnell, Gladys desea ayudar a inspirar a una nueva generación de ingenieras.

«Lo que me mantiene avanzando es el hecho de que alguien tiene que trazar un nuevo rumbo, alguien tiene que comenzar a caminar para trazar la ruta para alguien más», afirma.

«Espero que haya una ruta para las mujeres que vengan detrás de mí».

Expandiendo los límites: Dra. Megan Wheeler

¿Cómo resuelves los grandes retos que enfrenta el mundo?

La ciencia tiene soluciones, pero solo si miras los problemas a través de múltiples lentes.

Esa es la opinión de la doctora Megan Wheeler, quien, como directora ejecutiva del programa de becas Schmidt Science, tiene la misión de formar a la próxima generación de líderes científicas.

Dra. Megan WheelerDerechos de autor de la imagenSCHMIDT FUTURES
Image captionDra. Megan Wheeler.

La doctora Wheeler tiene dos doctorados, en neurociencia (Universidad de Oxford) y psicología clínica (Universidad Católica de Estados Unidos).

Ahora está dirigiendo un programa diseñado para aprovechar lo mejor y más brillante de la ciencia para combatir desafíos globales.

Los esfuerzos como el proyecto del genoma humano han mostrado el valor de trabajar cruzando distintos límites de la ciencia para avanzar en los descubrimientos, afirma.

«Creo que es esencial tener científicos que tengan una experiencia real sólida pero también que puedan cruzar estos límites», considera.

Ser científico hoy en día significa tener la capacidad de salir del laboratorio y comunicar por qué es importante el trabajo, agrega.

Esto requiere una amplia habilidad para comprometer al público, a los organismos de financiación y a los políticos, pero también para trabajar con científicos de otras disciplinas para «ver soluciones a problemas que uno no podía ver estando solo».

La estrella en ascenso: Elina Aino Johanna Pörsti

Hija de un profesor de física y de una médica, Elina Aino Johanna Pörsti creció en Finlandia en una familia donde el diálogo científico era instintivo.

Cuando había truenos su padre se ponía a explica la física detrás de ello mientras su madre explicaba el cuerpo humano.

Siendo niña mostró su espíritu empresarial cuando abrió su propia farmacia en la playa.

«Cada piedra era una medicina diferente y cuando la gente venía y me decía que se sentía mal, yo les daba la medicina apropiada», cuenta.

Elina Aino Johanna PörstiDerechos de autor de la imagenBBC/HELEN BRIGGS
Image captionElina Aino Johanna Pörsti.

En el colegio hizo un curso de biología sobre edición de genes, que marcó el rumbo de su futura carrera.

«Es increíble que puedas extraer ADN y trabajar en un laboratorio, y pensé que eso era genial y algo que yo podría hacer», recuerda.

«Estoy fascinada por la ciencia porque me gusta entender y siempre hay algo más que entender y algo más que leer y aprender».

Elina estudió ciencia molecular en la Universidad de Helsinki y obtuvo una maestría en Copenhague.

Ahora es científica en el Centro de Investigación Novo Nordisk de Oxford y trabaja en el descubrimiento de nuevas herramientas de diagnóstico.

La científica explica que en el colegio en Finlandia todos eran tratados de la misma forma, un aspecto que considera clave para mejorar la posición de las mujeres en la ciencia.

«Al pensar en cómo podemos mejorar la posición de las mujeres en la ciencia en general, creo que el trabajo debe comenzar en los primeros años», destaca.

Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-49085206

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En Uruguay: Adolescentes mujeres pueden acercarse a la profesión científica y desarrollar proyectos con el acompañamiento de mentoras

América del Sur/Uruguay/Ladiaria.uy

La convocatoria está abierta hasta el 30 de julio

“No podés ser lo que no podés ver”, resume Soledad Machado, una de las integrantes del equipo coordinador del proyecto Quiero ser científica, gestionado desde el capítulo uruguayo de la Organización para las Mujeres en Ciencia para el Mundo en Desarrollo (OWSD, según su nombre en inglés) con el apoyo de varias instituciones (ver recuadro). Precisamente, el proyecto apunta a que adolescentes uruguayas tengan un acercamiento a mujeres científicas que les cuenten sobre la profesión y las ayuden a desarrollar un proyecto de investigación.

“Todo el mundo sabe qué hace un doctor, un abogado, un psicólogo, pero parecería que los científicos no existen en Uruguay y ocurre todo lo contrario; hay mucha ciencia y muy buena”, reflexionó Machado. La científica estuvo de acuerdo con su compañera Ana Inés Zambrana en que el desconocimiento convive con una imagen estereotipada de quienes trabajan en la ciencia. Según señalaron, al pensar al respecto es probable que se venga a la mente “un hombre blanco, con los pelos locos y que trabaja solo y aislado”. No obstante, consideró que “eso es imposible”, ya que “nadie hace ciencia aislado del mundo”. “Aunque tengas un pensamiento en solitario, en algún momento lo tenés que compartir, si no no sirve para nada”, resumió. Justamente, contó que la idea del proyecto es “romper con ese prejuicio de que vivimos para estar dentro de un laboratorio y poder mostrar otra cara”.

La OWSD impulsa el proyecto de forma tal que en cada país tenga su propia impronta. En el caso uruguayo, donde el capítulo nacional de la organización aún está en formación, el proyecto tomó forma a partir de las ideas de sus integrantes, que comenzaron a diseñarlo en diciembre del año pasado y lo postularon a un fondo de la Embajada de Estados Unidos en Uruguay. Después de su aprobación y la obtención de financiamiento, en marzo de este año se puso en marcha y empezó la primera etapa, que consistió en el reclutamiento de “mentoras”. Se apuntó a científicas mujeres de todo el país con ganas de intercambiar y acompañar a las adolescentes que mostraran interés en el campo científico.

Según contaron Machado y Zambrana, lograron reclutar a 40 mentoras, de las cuales 30 siguieron adelante con el proceso, que consiste en la realización de una capacitación para desempeñar el rol de comunicadora de la ciencia. “Fue un puntapié inicial para generar conciencia sobre qué es ser mentora y cómo se comunica la ciencia a partir de diferentes dinámicas de interacción, porque no es lo mismo hablar con académicos en una conferencia que con un grupo de liceales que todavía no sabe qué va a estudiar”, contó Zambrana. En esa instancia se contó con la participación de la especialista en comunicación científica estadounidense Mónica Feliú-Mójer y con el desarrollo de un curso de la Sociedad Americana de Bioquímica y Biología Molecular que capacitó a las integrantes del grupo organizador del proyecto para que puedan formar a las mentoras bajo una modalidad semipresencial. Las organizadoras están muy contentas con la variedad de las mentoras, ya que hay quienes recién empiezan en la carrera científica pero también investigadoras con mayor trayectoria, y provienen de diferentes disciplinas, como biología, matemática, bioingeniería, física, bioinformática y ecología, entre otras.

Convocatoria en marcha

Actualmente, el proyecto se encuentra desarrollando una de sus etapas centrales, que consiste en la convocatoria a adolescentes de entre 16 y 18 años de todo el país interesadas en la ciencia para que participen en la propuesta. Si bien originalmente el plazo de inscripción cerraba el 20 de julio, la organización definió ampliarlo hasta el 30 de este mes. Las inscripciones son individuales y se hacen mediante un formulario en la web, en el que en el caso de las menores de edad se debe adjuntar la autorización de algún tutor responsable. Además, se pide que se nombre a algún referente del centro educativo en el que la joven estudia, de forma de involucrar a actores de su comunidad. En función de la zona de residencia, quienes se postulen podrán participar en una instancia presencial con las mentoras; hasta el momento hay seis centros educativos confirmados como sedes de estos encuentros, que se realizarán a principios de agosto en Montevideo, Salto, Colonia, Treinta y Tres, Paysandú y Tacuarembó.

Zambrana explicó que la idea de estas jornadas es que las mentoras puedan conocer a las jóvenes y sus intereses e introducirlas en la elaboración de un proyecto científico para que el trabajo sea continuado en las siguientes semanas, ya sea a distancia o en persona. La idea es que sean proyectos que se puedan desarrollar en poco tiempo y que, por medio de la ciencia, resuelvan alguna problemática del entorno de las adolescentes. Según detalló la científica, la temática del proyecto será independiente de la especialización de las mentoras, que “van a estar dispuestas a ponerse la camiseta de otra disciplina científica si hay que acudir a ella”.

Finalmente, está prevista la realización de un congreso científico en el que el grupo de adolescentes presente los proyectos, y que los mejores sean financiados para su implementación. Según explicaron Zambrana y Machado, la idea es que se pueda financiar la mayor cantidad de proyectos, y si alguno queda sin recibir apoyo económico, las propias mentoras ya han planteado que buscarán la forma de que igual se pueda concretar. Además, contaron que en el congreso participarán mujeres que han desarrollado emprendimientos científicos para la resolución de problemas de su entorno y que no han seguido una carrera académica. Si bien el proyecto busca acercar a las mujeres a la ciencia, la convocatoria no es únicamente para quienes estén considerando desarrollar una carrera científica. “Queremos que vean que existe la posibilidad; si después quieren ser otra cosa, que lo hagan. Las herramientas científicas son súper valoradas para otras profesiones, porque implican resolver problemas en el momento, son flexibles, se adaptan a las situaciones. La carrera de científico es eso: ver en cada situación cómo resolver problemas, y eso te sirve para toda la vida”, concluyó Zambrana.

Trabajo y apoyos

Además de Zambrana y Machado, el grupo organizador del proyecto está compuesto por Andrea Sánchez y Nancy Ghan; todas hacen el trabajo en forma voluntaria. Además del apoyo económico de la Embajada de Estados Unidos para la implementación, se recibieron apoyos del Ministerio de Educación y Cultura, por medio de la Dirección para el Desarrollo de la Ciencia y el Conocimiento, la Administración Nacional de Educación Pública y la UTU, que gestionaron los centros para los encuentros entre las jóvenes y las mentoras. Para la logística del congreso habrá apoyo del Plan Ceibal y desde hace una semana se integró al grupo de apoyo del proyecto el Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas, mientras que también se evalúa pedir apoyos a empresas privadas que puedan colaborar y convertirse en auspiciantes.
Fuente: https://educacion.ladiaria.com.uy/articulo/2019/7/adolescentes-mujeres-pueden-acercarse-a-la-profesion-cientifica-y-desarrollar-proyectos-con-el-acompanamiento-de-mentoras/
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Uruguay: Las mujeres tienen 7% menos de probabilidades de ingresar en el Sistema Nacional de Investigadores que los hombres

El 1º de abril el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) celebró sus diez años. En un acto en el auditorio de la Facultad de Ingeniería, investigadores e investigadoras reflexionaron sobre la importancia de este programa de investigación, innovación y desarrollo, recordaron algunos de sus logros y plantearon desafíos futuros. Uno de los temas sobre los que se habló fue el de las inequidades de género dentro del sistema, sobre todo en los niveles más altos. Es que, a pesar de que en Uruguay más de la mitad de las personas que se dedican a la ciencia son mujeres, las investigadoras enfrentan más obstáculos para alcanzar puestos de decisión y de alta jerarquía en la academia e instituciones dedicadas a la investigación científica.

Este fenómeno se conoce como techo de cristal: una barrera invisible que se sustenta en normas informales y valores implícitos que subyacen en la sociedad y se interponen al ascenso de las mujeres en sus trabajos. Los investigadores y economistas Daniel Bukstein y Néstor Gandelman se percataron de este fenómeno y en 2016 elaboraron el estudio “Techos de cristal en la investigación: evidencia de un programa nacional en Uruguay”, que recientemente fue publicado en la revista Research Policy.

La plataforma

El SNI se creó en 2007 y durante 2008 se recibieron las primeras postulaciones, que comenzaron a trabajar en el sistema en 2009. Para ingresar, los postulantes son evaluados por un comité en cada una de las seis áreas de investigación: ciencias exactas y naturales, ciencias médicas y de la salud humana, ciencias agro-veterinarias, humanidades, ciencias sociales, e ingeniería y tecnología, y distribuidos en cuatro niveles (nivel inicial, nivel I, II y III) de acuerdo a su producción académico-científica, el impacto de esos estudios a nivel regional e internacional y los recursos humanos.

Bukstein y Gandelman, ambos de la Universidad ORT, trabajaron sobre los datos de los currículums de 6.751 postulaciones correspondientes a 3.196 investigadores que se presentaron entre 2008 y 2014. En ese período, alrededor de 56% de los investigadores fueron aceptados. Las solicitudes presentadas por mujeres tuvieron éxito en 53,2% de los casos, mientras que los hombres tuvieron éxito en 60,3%. Por lo tanto, las mujeres fueron más rechazadas que los hombres (1.597 contra 1.362).

Asimismo, los economistas encontraron que en un total de 1.438 investigadores activos en 2015, las mujeres representaban 53,8% en el nivel inicial y 47,4% en el primer nivel, frente a 46,2% y 52,6% de hombres respectivamente. En cambio, en los niveles más altos la participación femenina disminuyó a 35,1% (nivel II) y 12,1% (nivel III), mientras que la cantidad de hombres ascendió a 54,9% y 87,9% respectivamente. También observaron que las mujeres se concentran más en las áreas ciencias exactas y naturales, ciencias médicas y de la salud humana y Humanidades. Por contrapartida, hay más hombres en las ciencias sociales y en ingeniería y tecnología.

La barrera enemiga

Los economistas encontraron que las mujeres tienen 7,1% menos probabilidades que los hombres de ser aceptadas en el SNI. La mayor parte de esa brecha (5,2%), según los autores del trabajo, puede explicarse por “características observables”. Se trata de los “indicadores de productividad”, explica Gandelman: la cantidad de artículos publicados y sus impactos, las actividades de enseñanza y las aplicaciones anteriores al SNI, entre otros. “Entender por qué sucede esto es una pregunta distinta. ¿Es la licencia maternal? ¿Es el rol que da la sociedad a la mujer que no le permite ser? No sabemos, pero objetivamente las mujeres, en la academia, tienen menores indicadores de productividad que los hombres”, plantea el investigador, y agrega que este fenómeno se denomina gender productivity gap (diferencia de productividad por género) y sucede en todo el mundo.

¿Alcanzan estas diferencias objetivas para justificar por qué hay pocas mujeres en los niveles más altos del SNI?, se preguntan los investigadores y ambos responden con un rotundo no. Aun “teniendo en cuenta todos esos indicadores que podemos observar, hay un trato desfavorable para las mujeres”, dice Bukstein, que se refiere al 1,9% restante de la brecha que no se puede explicar y que atribuyen a la discriminación de género.

A su vez, Gandelman apunta que el aspecto “más interesante” del estudio es que demostró que la brecha entre hombres y mujeres aumenta hacia los niveles más altos del sistema. Es más, los investigadores plantean que en los niveles más bajos del sistema “no hay un trato desigual para las mujeres”. Por lo tanto, “el problema no es entrar a ser investigador”, sino que el asunto “es la trayectoria”, dice Gandelman, que es enfático al afirmar que “el problema de discriminación se da en el crecimiento profesional de los investigadores dentro del sistema”.

Bukstein y Gandelman señalan en su estudio que si no existiera la brecha de género en la probabilidad de ingreso “habría aproximadamente el doble de mujeres en el nivel más alto del SNI”. En 2018 el SNI repartió seis millones de dólares. Con la distribución de género actual, 70% de ese presupuesto fue asignado a investigadores hombres y 30% a investigadoras mujeres. Asumiendo la ausencia de discriminación, debería haberse destinado 60% del presupuesto a investigadores y 40% a investigadoras. “Nuestra distribución justa de fondos no es de 50y 50, es de 60 y 40, porque hay objetiva y verificablemente una mayor productividad de los investigadores hombres”, subraya Gandelman.

El pecado original

Con este marco, Bukstein y Gandelman definieron cuatro hipótesis para aventurar una explicación a esta discriminación sobre las mujeres. A la primera la llamaron “el pecado original”. El planteo refiere a la organización inicial del SNI: cuando se creó el sistema, se organizó de arriba hacia abajo. Comisiones internacionales evaluaron a los investigadores “más prestigiosos” para integrar la Comisión Honoraria y las Comisiones Evaluadoras, cuenta Gandelman, investigadores que ingresaron todos en lo niveles más altos. De 39 investigadores seleccionados, 35 eran hombres y sólo cuatro, mujeres.

“Esto podría generar, por inercia, que hoy tengamos un sistema desbalanceado”, señala Gandelman, y agrega que si este fuera el tema principal de fondo sería “un problema menor”, porque quienes hoy ocupan altos puestos se jubilarán y “al final el sistema de por sí se va a regenerar en salud”. Pero no es tan sencillo.

La segunda hipótesis que trabajaron los investigadores fue la influencia del techo de cristal. “Si los que estamos en los comités somos todos hombres, capaz que se introduce algún tipo de sesgo sobre quiénes entran al sistema”, dice Gandelman, y explica que efectivamente hay una sobrerrepresentación masculina en esos órganos, aunque señala que esa situación “fue cambiando”. “Al principio sólo 5 % de los integrantes de los comités de evaluación eran mujeres, y esto fue aumentando hasta llegar a 34%, aunque luego se estancó. Este estancamiento puede llegar a tener un tipo de relación con la cantidad de mujeres que están en los niveles más altos del sistema”, explica. Sin embargo, estas primeras hipótesis tienen poco poder cuantitativo para explicar el techo de cristal, dicen los investigadores.

En tercer lugar, los economistas investigaron si las mujeres ven limitado su ingreso porque pretenden entrar en áreas con barreras más altas para los postulantes. “Imaginá que hay un área a la que van mayormente las mujeres y otra a la que van mayormente los hombres, y en el área a la que van las mujeres la comisión evaluadora puso una barrera muy elevada para todos: por ejemplo, humanidades. En cambio, en ingeniería, donde están sobrerrepresentados los hombres, pusieron una vara baja y entran todos. Entonces, en realidad dentro de ingeniería y humanidades a los hombres y a las mujeres los tratan igual, pero cuando mirás la imagen en conjunto encontramos que las mujeres no entran. ¿Por qué? Porque van a las áreas donde las varas son muy altas”, explica Gandelman. Sin embargo, el economista afirma que “esto empíricamente tampoco se da”.

Por último, la cuarta hipótesis que se plantearon los investigadores fue que quizás la discriminación a las mujeres “no sea un problema de todo el sistema, sino de alguna área en particular y sea un fenómeno tan fuerte como para afectar la imagen global del SNI”, señala el economista. “Encontramos evidencia sólida de techos de cristal en las tres áreas donde las mujeres son más activas: ciencias relacionadas con la salud, ciencias naturales y humanidades. Por otro lado, no encontramos tales efectos en las ciencias sociales, ciencias agrícolas o ingeniería”, establece el documento.

En el tiempo que transcurrió desde la publicación de la investigación, Bukstein y Gandelman continuaron trabajando en el tema y consideraron otra hipótesis que pudiera explicar este fenómeno, que refiere a “cómo impactan las diferencias en las redes de cooperación en las probabilidades de los investigadores de ser rankeados en los niveles superiores”. En ese sentido, tomaron en cuenta “cuántas coautorías desarrollan los hombres y cuántas las mujeres” y “qué tan cercanos son esos coautores a los nodos de decisión de las diferentes áreas”. Ambos autores aclaran que esta tesis aún no tiene resultados definitivos.

Lo que nos perdemos

En su artículo, los economistas plantean que la existencia del techo de cristal sobre las investigadoras tiene “implicaciones para la producción de conocimiento y la innovación, y a través de eso afecta el crecimiento y desarrollo de los países”, por lo tanto, “abordar la brecha de género en el mundo académico en los países en desarrollo es importante por razones morales y también por razones de eficiencia, ya que puede ser un canal para fomentar el desarrollo social y económico”.

Al respecto, Gandelman señala que no es posible definir en cifras cuáles son las pérdidas producidas por la brecha de género en el SNI. No obstante, señala que encontraron “personas más capaces que otras que no están en los topes de la jerarquía de investigación”, y eso implica que “estamos desaprovechando personas de excelencia que podrían estar dirigiendo y generando nuevos proyectos”. Esas personas suelen ser, en su mayoría, mujeres.

Otra consecuencia de la desproporción entre hombres y mujeres en el sistema son los role models que se generan. “Los niños y niñas miran a los adultos y sus roles. Si las niñas se sienten potencialmente reflejadas en las madres, tías o conocidas y no ven esos roles más protagónicos, esto podría estar afectando las decisiones de educación que tomen después”. Así, podríamos estar “perdiendo, de nuevo, algunas mentes brillantes que se dedicarían a la innovación e investigación”.

Romper el cristal

Los investigadores destacan que el documento ha sido citado y referenciado en varias publicaciones, y resaltan sus presentaciones en varios seminarios y charlas en institutos educativos. “Pusimos sobre la mesa muchos elementos que se intuían, comentaban y hablaban, pero ahora podemos decir que sí pasa y dónde pasa más, por lo tanto dónde se debería poner más el ojo”, dice Gandelman. No obstante, no les consta que se haya tomado una medida específica para paliar la discriminación sobre las mujeres en el SNI.

Los autores del trabajo proponen un tipo de preevaluación “ciega de género” de los solicitantes mediante un sistema automático para calificar a los investigadores e investigadoras según sus logros académicos y demás recursos sin tener en cuenta su género. Esta primera evaluación podría servir a la comisión evaluadora como “insumo en el proceso de decisión”, apuntan los investigadores. Asimismo, destacan que la próxima Comisión Honoraria, que asumirá en breve y cuya integración ya es conocida, por primera vez en la historia del SNI estará conformada en su mayoría por mujeres. Actualmente, entre los cinco integrantes hay sólo una mujer. “La comisión va a tener en su cabeza una integración femenina más fuerte por méritos propios, no es que las pusieron ahí por ser mujeres”.

Por su parte, Bukstein resalta que su trabajo arroja visibilidad y conciencia sobre la existencia de discriminación de género en situaciones cotidianas. “Lo que está interesante de nuestro trabajo es que con estos resultados se plantea una situación que día a día en ámbitos de trabajo quizás no se ve”, dice.

Sobre si falta conciencia de género entre investigadores hombres, los economistas subrayan que pertenecen a las ciencias sociales, donde la discriminación de género “no es un problema, según nuestro estudio”. “Me acuerdo de haber hablando con mujeres y hombres cuando empezamos a trabajar en esto, y me dijeron que esto no es problema”, dice Gandelman. Bukstein añade que dentro de su área “uno no tendría que prestar tanta atención” para ayudar a las mujeres a llegar a puestos altos porque lo logran, pero “quizás hay otras áreas donde hay un predominio de hombres en los ámbitos de decisión” y en las que los nuevos investigadores “deberían prestar más atención”. Los números están en negro sobre blanco. Ya es tiempo de hacerlos cambiar.

Artículo: “Glass ceilings in research: Evidence from a national program in Uruguay”

Publicación: Research Policy (03/2019)

Autores: Daniel Bukstein, Néstor Gandelman.

Fuente: https://ciencia.ladiaria.com.uy/articulo/2019/4/las-mujeres-tienen-7-menos-de-probabilidades-de-ingresar-en-el-sistema-nacional-de-investigadores-que-los-hombres/
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¿Qué me impide ser científica?

25 Abril 2019/Fuente: El país

Las mujeres son minoría en la ciencia: tanto en las aulas como en los despachos. Cinco científicas e ingenieras de prestigio ofrecen consejos a las jóvenes decididas a seguir ese camino

La ciencia no es muy popular entre los niños, pero entre las niñas menos. Solo el 15% de los varones que estudian Secundaria se ve siendo científico. En el caso de ellas, solo el 6,8%, según datos del Instituto de la Mujer, dependiente del Ministerio de Igualdad. Esa situación se repite en las aulas universitarias. Solo un cuarto del alumnado de los grados de ingeniería y arquitectura son mujeres. ¿A qué se debe?

“El mayor problema es la falta de referencias, de modelos a seguir”, asegura Lola Pereira, vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) y catedrática de Geología de la Universidad de Salamanca. “Siempre ha habido mujeres en ciencia e ingeniería, pero, por desgracia, solo se conoce a Marie Curie y cuatro nombres más”, argumenta Laura Abad, profesora de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad Alfonso X el Sabio.

La divulgación del trabajo de científicas del pasado y del presente es, por tanto, clave para cambiar la situación actual que hace que solo un cuarto de los profesionales que se dedican a la tecnología en empresas sean mujeres. ¿Cómo revertir esta situación? Cinco profesionales dedicadas a la ciencia o la ingeniería exponen las razones por las que las jóvenes no deben dudar si quieren ser científicas y reflexionan sobre los problemas que han encontrado en su carrera por ser mujeres.

En un mundo necesitado de referentes femeninos en la ciencia, aquí van unos cuantos.

Natalia Larrea

Consultora en el sector espacial y líder de una misión simulada a Marte en Mars Desert Research Station (MDRS)

“Cree en ti misma, en que puedes marcar la diferencia y alcanzar lo que desees”

Natalia Larrea tiene claro que toda aspirante a científica debe poner énfasis en la seguridad. “Cree en ti misma y en que puedes alcanzar lo que desees”, comenta por correo electrónico desde Montreal, Canadá, donde reside. Allí trabaja como consultora senior en Euroconsult, una multinacional dedicada al sector espacial después de trabajar para la Agencia Espacial Europea e investigar en el Ames Research Center de la NASA. Llegó al país norteamericano becada  por la Fundación La Caixa para realizar un máster en Ingeniería Aeroespacial en McGill University en 2012, tras haber obtenido el título de ingeniera superior de Telecomunicaciones en la Universidad Alfonso X el Sabio y el diploma de Astronomía y Ciencia Planetaria de la Open University de Reino Unido.

Natalia Larrea.
Natalia Larrea.

Esta madrileña de 33 años asegura que no ha sentido rechazo en el ámbito laboral por ser mujer. “Nunca me he enfrentado a ninguna situación problemática por ser mujer. Y, mejor dicho, nunca he dejado que sea un factor que afecte a lo que hago”, aclara. Aunque reconoce que sí que ha experimentado situaciones en las que se ha sentido prejuzgada fuera del ámbito de trabajo. “Ciertas personas pueden pensar automáticamente que si una mujer se ve bien físicamente y va bien vestida no es todo lo inteligente que debería. No obstante, nunca he dejado que eso me limite”, agrega.

A Larrea, premiada en múltiples ocasiones e incluida en la lista 35 under 35 (35 por debajo de 35 años) del International Institute of Space Commerce (IISC), siempre le ha fascinado el universo. “Mis padres son científicos los dos y me inculcaron la pasión por el conocimiento en cualquier campo y especialmente en ciencia e ingeniería”. Para ella, estudiar ciencia y entender por qué y cómo funcionan las cosas es fascinante y considera que merece la pena que más mujeres se animen a estos campos para que marquen el camino a muchas personas más en el futuro.

Andrea Martínez Maroto

Jefa de obra en la Dirección de Ferrocarriles y Transportes de Ferrovial Agromán

“Que no calen los mensajes pesimistas en ellas”

Andrea Martínez Maroto cree que las denuncias públicas ante la falta de igualdad o el dominio de los hombres en las carreras de ciencias no debe desalentar a las jóvenes. “Todo esto acaba calando en aquellas que tienen que decidir a qué dedicarse laboralmente”, cuenta. Por esto considera necesario difundir los casos de éxito. Su historia, precisamente, podría ser una de ellas. Esta madrileña de 32 años, ingeniera superior de Caminos, Canales y Puertos, por la Universidad Alfonso X el Sabio, ha sido nominada a los Premios WICE (acrónimo de Women in Construction & Engineering), que reconocen el trabajo de mujeres en el campo de la ingeniería y la construcción en Europa. “Ferrovial me propuso a mí en la categoría de Rail Engineer [ingeniero ferroviario, en castellano]. Los ganadores se conocerán el 23 de mayo el Londres”, detalla.

Andrea Martínez Maroto
Andrea Martínez Maroto

Su sector, el de la construcción, es un ámbito en el que la mujer ha entrado hace poco. Esta ingeniera reconoce, sin embargo, que nunca ha encontrado ningún problema por ser mujer. “Estoy embarazada de siete meses y la respuesta de mis jefes y compañeros a la nueva situación ha sido la adaptación de todo el equipo para los meses en los que no estaré operativa. Cuando me incorpore, dependerá de mí y de la igualdad en el reparto de responsabilidades con mi familia que mi trayectoria siga una evolución u otra. Pero mi empresa me permite todas las oportunidades”, expone Martínez, que reitera que las carreras STEM (las de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas) requieren capacidad de esfuerzo, trabajo en equipo, análisis de datos y toma de decisiones, al margen del sexo del ingeniero.

Lola Pereira

Catedrática y vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT)

“Hoy nadie puede pararte. Si ves discriminación, puedes denunciar”

“Si una niña quiere ser ingeniera, lo único que tiene que hacer es seguir los pasos para serlo”, asegura Lola Pereira, catedrática de Petrología y Geoquímica de la Universidad de Salamanca. “Hoy ya no hay ningún impedimento, nadie puede pararte”, agrega. Pereira, de 55 años, cree que la Ley de Igualdad de 2007 ha sido definitiva en las reivindicaciones. “Si cualquier mujer detecta una discriminación, la puede denunciar”.

Lola Pereira
Lola Pereira ÁLVARO GARCÍA

Pereira sí piensa que en su carrera lo ha tenido más difícil por ser mujer. “Sobre todo al plantearme trabajar en temas de minería en empresas privadas”, sentencia. Aunque, agrega, también ha sentido discriminación cuando competía por un puesto en el ámbito académico. “He tenido que trabajar más del doble que un hombre para demostrar que estoy en el puesto que merezco. También he vivido cosas que si me pasasen ahora, no dudaría en denunciar”, continúa. Y destaca la paciencia como una de las cualidades para dedicarse a la ciencia. “Si una joven no siente la vocación, pero tiene inquietudes, puede ser la semilla de una gran científica”.

Laura Abad

Profesora de la Escuela Politécnica en la Universidad Alfonso X el Sabio

“Disciplina antes que inteligencia”

“Curiosidad y valentía ante los problemas y desafíos”, eso es lo que debe tener cualquier estudiante de ingeniería, según esta experta. “Más que inteligencia, porque hay muchos tipos de inteligencia, hace falta disciplina”, añade. Para Abad, madrileña de 52 años, las redes sociales son definitivas para que las científicas e ingenieras tengan más visibilidad. “Permiten que conozcamos mejor su trabajo y, sobre todo, sus logros”.

Esta doctora en Ciencias Físicas descubrió su vocación muy pronto. “Con 12 años impartí mi primera clase a un chico de 14”, recuerda. En toda su carrera, nunca ha experimentado discriminación por ser mujer. “Me he sentido aceptada y valorada y me han tratado igual que a mis compañeros hombres”, asegura. Durante sus estudios, sin embargo, tuvo que esforzarse para conciliar: se casó al terminar la titulación y su primer hijo nació mientras hacía la tesis. “Tenía que pasar mucho tiempo realizando medidas y simulaciones estando embarazada y cuidando después a un bebé”, confiesa. La ayuda de su familia fue clave para lograrlo.

Abad celebra las facilidades que ahora muchas compañías proporcionan para la conciliación laboral. Pero cree que no hay que bajar la guardia. Aún hay muchos empresarios, puntualiza, que consideran que es mucho más rentable contratar a un hombre. “El error es no darse cuenta de que los padres tienen los mismos derechos en el cuidado de los hijos. Ahora existe un permiso de paternidad que en mi época no existía”.

Susana Marcos

Investigadora del Instituto de Óptica del CSIC y medalla Santiago Ramón y Cajal de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales

“Es una carrera de fondo para todos”

Susana Marcos, directora del Laboratorio de Óptica Visual y Biofotónica del Instituto de Óptica del CSIC, cree que es necesario aprovechar el talento femenino que hasta ahora estaba invisibilizado. “Tal vez, por culpa de los estereotipos o la presión de los padres o creer que no es lo suficientemente brillante para ello”, afirma.

Susana Marcos
Susana Marcos CSIC

La científica, que pasó tres años en Harvard tras doctorarse en la Universidad de Salamanca y cuenta con 17 patentes a su nombre, no cree que las incertidumbres que se le han presentado en su carrera sean muy distintas de las de sus compañeros. “Siempre surgen a la hora de lograr una beca, por ejemplo». Y continúa. “Probablemente mi convicción por lograr las metas e hitos que me he ido planteando ha sido más fuerte que cualquier otro obstáculo”, reconoce.

Esta salmantina de 49 años entiende la ciencia como una carrera de fondo, pero para todos, competitiva y con muchos filtros en la que hay mujeres que se quedan en el camino. “Sin embargo, hay áreas de investigación, como en la biomedicina, donde hay muchas mujeres muy brillantes”, apostilla. No duda en que cualquier mujer puede llegar donde quiera en el mundo actual. “Si realmente desea dedicarse a ello y pone empeño, no debe haber nada ni nadie que le impida hacer realidad sus sueño”, concluye.

Fuente: https://elpais.com/sociedad/2019/04/22/actualidad/1555927693_177388.html

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México: Atomx Education, proyecto del INP y la UNAM para acercar a mujeres a la ciencia

América del Norte/CIUDAD DE MÉXICO/www.proceso.com.mx

A raíz de la inquietud de cuatro  alumnos del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ante la brecha de género en la ciencia, se  creó el proyecto Atomx Education, que busca acercar a niños y jóvenes, especialmente del género femenino, a la ciencia a través de “Nuestras niñas del mañana”.

El proyecto es una donadora que invita a todo aquel que esté interesado en la ciencia a apoyar a otros, y a su vez conocer Atomx Education.

Lo anterior nació a raíz de datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), donde se afirma que en México sólo un 33% de los investigadores son mujeres.

“Todo comenzó por una problemática que todos vimos en nuestras universidades. En mi caso, la brecha de género existente es muy notoria en la universidad, puesto que en Física se ve mucho que existen veinte alumnos y tres alumnas”.

Y a decir de la estudiante, uno de los objetivos de Atomx es acercar a los niños a la ciencia mediante el método STEM —Science, Technology, Engineering, and Mathematics, término que adoptó la  National Science Foundation  para agrupar las cuatro áreas del conocimiento en el que trabajan científicos e ingenieros-, pues en México hay niveles muy bajos de personas que deciden acceder a una educación en el ramo de la ciencia.

“Nosotros vemos a STEM como una escalera: primero están las matemáticas; después la ciencia que estudia la naturaleza, ve su comportamiento y lo modela; después la ingeniería, la cual toma la ciencia y la aplica; las nuevas aplicaciones crean tecnología, y la tecnología crea nuevos empleos y ayuda a crecer la economía nacional”, señaló Jaramillo Morales.

Hasta ahora Atomx Education ha participado en diferentes actividades para motivar a los jóvenes y niños, como talleres, conferencias y cursos.

“Nosotros sabemos que la ciencia es divertida y es lo que queremos transmitir”, refirió la estudiante de la UNAM.

En un año esperan impactar a 10 mil jóvenes en el país.

Los interesados en el proyecto  pueden seguirlos y/o contactarlos a través de @ATOMX_STEM y ‏facebook.com/ATOMX.STEM/

Fuente: https://www.proceso.com.mx/578155/atomx-education-proyecto-del-inp-y-la-unam-para-acercar-a-mujeres-a-la-ciencia

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¿Varían los objetivos de las investigaciones cuando hay más mujeres en los equipos?

Europa/España/elpais,com/EULALIA PÉREZ SEDEÑO

A veces sí varían los objetivos de las investigaciones cuando hay más mujeres, y a veces no. Pero ocurre así no porque sean mujeres sino porque los objetivos de las investigaciones de un equipo científico son diferentes si las mujeres que forman parte de ellos tienen cierta sensibilidad hacia determinados problemas. Eso se observa muy bien en esas disciplinas en las que, cuando se ha producido una entrada importante de mujeres, sí han cambiado muchas cosas. Por ejemplo, en medicina, con la entrada masiva de mujeres se descubrió que muchos ensayos clínicos no las tenían en cuenta, se hacían exclusivamente con hombres. También se observó que para determinadas enfermedades se había descrito solo cómo cursaban en los hombres porque se pensaba que las mujeres somos iguales en todo excepto en el aparato reproductivo, y no se habían tenido en cuenta diferencias biológicas como, por ejemplo, que el grosor de las arterias es diferente en mujeres y hombres, etc… En estos casos, el acceso masivo de mujeres a los equipos de investigación sí ha provocado importantes cambios en la ciencia que se hace.

Otro ejemplo típico es la primatología. Cuando no había mujeres en ese campo, prácticamente lo único que se observaba eran las conductas del macho dominante y además solo se estudiaban especies muy concretas en las que hay esos machos dominantes. Cuando empiezan a entrar mujeres como Jane Goodall, Jeanne Altmann, etc… las investigadoras comienzan a fijarse en otras conductas: en las conductas de las crías, en las de las hembras o en las relaciones que hay entre las crías, entre las hembras o entre las hembras y las crías. Cambia la mirada pero no por el hecho de que sean mujeres las que miran, sino por el hecho de que esas mujeres tienen otras perspectivas y otro tipo de preocupaciones.

Esto se produce en disciplinas a las que yo llamo biosociales, que son las que se suelen utilizar para mantener el carácter subordinado de las mujeres. Pero hay otras áreas, por ejemplo la física, en las que no creo que haya sesgos de género en cuanto a los objetos de investigación. En matemáticas, en principio tampoco pero, por ejemplo, los algoritmos que creamos para determinadas cuestiones, como los que se han desarrollado para la evaluación del profesorado en Estados Unidos; ahí el investigador sí mete sus sesgos de género. O, por ejemplo, en disciplinas en las que aparentemente no pensarías que caben los sesgos de género y en las que por lo tanto no debería influir que haya más o menos mujeres en los equipos, lo que descubres cuando miras con esta perspectiva es que también hay sesgos de género. Un caso muy claro es el de los cinturones de seguridad de los coches que no están pensados para mujeres embarazadas y eso es porque todas las pruebas se hacen con dummies, maniquíes, que simulan hombres.

Así que en respuesta a tu pregunta, sí cambia, pero cuando las mujeres que hay en un equipo tienen esa perspectiva de género o feminista. El hecho de ser mujer no te hace mirar las cosas de otra manera. Lo que te hace mirar de otra forma es pertenecer a una comunidad que tenga esa perspectiva de género o feminista.

Cuando no había mujeres lo que sucedía en primatología es que se prácticamente lo único que se observaba eran las conductas del macho dominante y además solo se estudiaban especies muy concretas en las que hay machos dominantes

En cuanto a los objetivos, ocurre lo mismo, puede ser que la presencia de más mujeres en un equipo signifique que los objetivos sean distintos. Sí está muy bien estudiado que cuando hay más mujeres en los grupos de investigación se suele pensar más en objetivos que supongan mejoras sociales. Pero hay que insistir en que eso no ocurre por el hecho de que sean mujeres sino por la educación que hemos recibido. Seguramente hombres que recibieran la misma educación u hombres feministas o con perspectiva de género también cambiarían los objetivos.

Hay que tener claro que es completamente falso que la ciencia sea neutral o que no tenga influencias. Eso ya se sabe desde hace muchos años. Desde las investigaciones realizadas por el filósofo de la ciencia estadounidense Thomas Kuhn, sabemos que la ciencia es una institución compuesta por personas de carne y hueso y tiene sus prejuicios igual que los tienen otra comunidades. Lo que sucede con la ciencia es que ella sí tiene mecanismos de corrección de estos prejuicios que a veces funcionan y a veces no.

Nosotras respondemos es un consultorio científico semanal, patrocinado por la Fundación Dr. Antoni Esteve, que contesta a las dudas de los lectores sobre ciencia y tecnología. Son científicas y tecnólogas, socias de AMIT (Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas), las que responden a esas dudas. Envía tus preguntas a nosotrasrespondemos@gmail.com o por Twitter #nosotrasrespondemos.

Pregunta realizada en Facebook por Gustavo Darias Negrín

Eulalia Pérez Sedeño es profesora de Investigación en Ciencia, Tecnología y Género en el Departamento de Ciencia, Tecnología y Sociedad del Instituto de Filosofía del CSIC y catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/03/04/ciencia/1551715131_896862.html

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En México: Científicas de Yucatán visibilizan el trabajo de las mujeres en la ciencia

Organizan diversas actividades en el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

América de Norte/México/lajornadamaya.mx

Científicas de diversas instituciones públicas y organizaciones civiles dedicadas a la divulgación científica en Yucatán, realizaron una alianza para crear una serie de actividades que visibilice su trabajo y acerque a las nuevas generaciones a las carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas por sus siglas en inglés).

Las actividades van desde talleres y micrófonos abiertos, hasta proyección de películas y charlas, las cuales se llevarán a cabo del 7 de febrero al 2 de marzo en distintas sedes, en el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, decretado por la ONU y que se celebra cada 11 de febrero.

En Yucatán dos terceras partes de los científicos son varones, y una tercera parte son mujeres, sin embargo, esto varía en función de la carrera, la institución y el grado de estudios: la mayoría de los doctorandos también son varones y en los puestos directivos de instituciones científicas casi no hay mujeres, comentaron en rueda de prensa las doctoras Teresa Hernández Sotomayor, directora de la Unidad de Bioquímica del CICY, y Dalila Aldana Aranda, investigadora titular del Cinvestav, Unidad Mérida.

La Academia Mexicana de Ciencia (AMC) sección Regional Sureste, dirigida por la doctora Teresa Hernández Sotomayor; el Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY) y el Centro de Investigación de Estudios Avanzados (Cinvestav) llevarán a cabo la actividad 11F (11 mujeres charlando durante 11 minutos el 11 de febrero a las 11 horas).

Las científicas pertenecientes a diversas instituciones compartirán sus experiencias profesionales, los retos que han pasado para desarrollarse como científicas y el compromiso que tienen actualmente con las nuevas generaciones.

La doctora Aranda destacó que instituciones como la UADY, que está por cumplir 98 años, nunca ha tenido una directora, sólo una candidata al puesto. El Cinvestav, institución con más de 40 años en Mérida, está en la misma situación.

“El programa internacional 11F es el más reciente de las Naciones Unidas. Su principal objetivo es llamar la atención sobre el problema de la inequidad. No son días ni para llorar ni para festejos, sino para llamar la atención a la sociedad de que algo falta”, agregó la doctora Dalila Aldana.

Comentó que el programa está hecho con el trabajo de las mujeres dentro de las instituciones, que facilitan la infraestructura y la disponen para la sociedad. “Hay un verdadero tejido social para que este evento se lleve a cabo”, aclaró; sin embargo, comentó que el alcance que tienen como instituciones es limitado, y que con el respaldo del ayuntamiento y el estado pueden llegar a más personas.

“Nuestro eje de acción llega a donde estamos y es muy valioso, pero no podemos ir a Oxkutzcab, a Ticul. Tenemos que salir de Mérida, y para eso necesitamos el respaldo, la presencia y el acompañamiento del gobierno estatal”, afirmó.

Mujeres científicas y migrantes

El Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (Cephcis) también forma parte del programa con la proyección de la película Talentos ocultos (Estados Unidos, 2016) el 11 de febrero a las 17 horas y la mesa panel “Mujeres científicas y migrantes: experiencias México-Estados Unidos” el 13 de febrero a las 17 horas.

En entrevista con la doctora Daniela Tarhuni, jefa de Extensión Académica en el Cephcis-UNAM, comentó que después de la película se abrirá un debate con la presencia de la doctora Nidiyare Hevia Montiel, coordinadora de la Unidad Mérida del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas, y Courtney Beale, cónsul de Estados Unidos en Mérida.

En la mesa panel del día 13 de febrero estarán (de manera semipresencial, a larga distancia) las doctoras Martha I. Dávila-García, de la Universidad de Howard; Claudia Knez, investigadora de la Universidad Johns Hopkins; Reyna Pérez, del Centro de Ciencias de California, y de forma presencial la doctora Dalila Aldana del Cinvestav.

“Es cierto que la representación de las mujeres en los campos STEM es poca, pero el trabajo de las que ya están en esas áreas y que han hecho retribuciones importantes es poco visibilizado. Con esto buscamos mostrar el trabajo de esas mujeres y que las niñas tengan ese referente en las carreras que pueden estudiar, para abatir la brecha de género”, opinó Tarhuni.

Las otras instituciones que forman parte del programa 11F en Mérida son Women Who Code, Quiu, Chimay, la UADY y el Centro de Investigaciones Hideyo Noguchi. El programa completo puede consultarse en la página http://www.oncefebrero.wwcodemerida.com.mx

Fuente: https://www.lajornadamaya.mx/2019-02-06/Cientificas-de-Yucatan-visibilizan-el-trabajo-de-las-mujeres-en-la-ciencia

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