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¡Sorpresa educativa!

Por: Lesbia González.

 

La sociedad que tenemos hoy, no es de hoy, es el producto de más de 40 años de atraso educativo del que muchos forman parte, solo hay que observar el mundo, a los mejores países educando y cómo eso repercute en mejores sociedades…

Hoy en día no se han preocupado del perfeccionamiento de cada docente y el verdadero papel que juegan en una sociedad, metidos en la vieja escuela conductista, plagada de números, ridículos promedios y una enorme falta de vocación y pasión por enseñar y aprender…

Sí, aprender, porque para enseñar, primero hay que aprender a aprender, luego aprender a hacer, después aprender a ser y aprender a convivir. Hay que estar enamorado de la escuela, de ayudar a otros a descubrir sus múltiples capacidades, no solo sus debilidades. Estar dispuesto a llevar a la gente a su éxito usando los métodos que se ajustan a esa persona con sus propias particularidades y no por promedios o medianas.

Por otro lado, la política se vale de esos pocos esfuerzos para tener dominada a la sociedad. Van más de dos generaciones estudiando de la misma forma, aunque el mundo te demuestre lo contrario, qué hacen sacando promedios y hablando de cuadros de honor que genera competición y no las verdaderas competencias académicas y sociales que requiere cada proceso de cambio en el mundo, enseñan para un mundo que ya no existe a nuevos perfiles, que tienen otro entorno social.

Esta educación atrasada en más de 40 años, postergada siempre, con un poco importa de todos, docentes, padres, sociedad, políticos, etc. Va hacia el despeñadero social; es que no han visto ya los resultados, no ven como está Panamá. Más allá del juega vivo, ahora parece normal la corrupción, el bullying, el abuso, acoso, la violencia, es otro país y no se han enterado…
Urge una revolución educativa, esa centrada en la gente, no en promedios, ridículas notas…

Y todo empezó en la desidia de mirar de reojo, de manos tibias, de mirar y no hacer, de dejar que gremios o más bien “mafias” se apoderaran de una de las más nobles profesiones. Muchos de estos pseudo dirigentes no pasan ellos mismos las pruebas y se niegan a evaluarse, si nada debes, nada temes.

La educación ha marcado Panamá, si no enseñas a pensar a tener pensamiento crítico y reflexivo, si no te detienes a valorar las habilidades que todos poseen y desarrollárselas, tienes a una sociedad reprimida, adormilada e incapaz de crear su destino.

La clave educativa es centrarse en lo que la gente sí sabe hacer, desarrollárselo, mejorarlo y en esa misma medida tratar lo que no saben hacer muy bien y ayudarlos a lograrlo, porque a la gente feliz y satisfecha con sus logros, le es mucho más cómodo trabajar en lo que no le es tan fácil. Además, el mundo cambió y requerimos desarrollo de talentos, de otras habilidades y competencias.

Urge una revolución educativa, esa centrada en la gente, no en promedios, ridículas notas que no dicen para nada lo que la gente sabe, por que no es la cantidad, sino la calidad, porque no es la información es la formación. La información esta en todos lados, saber buscarla, usarla y clasificarla requiere formación y cada persona es un mundo, por lo que los promedios son un absurdo para valorarlos a todos por igual.

Además, la evaluación real es para saber si lo estamos haciendo bien al enseñar no para degradar o clasificar a la gente por los números que saquen.

La sociedad que tenemos hoy, no es de hoy, es el producto de más de 40 años de atraso educativo del que muchos forman parte, solo hay que observar el mundo, a los mejores países educando y cómo eso repercute en mejores sociedades para entender lo mal que lo hemos hecho y el no hacer caso desde décadas que había que mejorar, reformar y ahora revolucionar nuestro sistema.

Si en verdad amamos este país, esta patria bella, con muchas ganancias económicas, pero con una desigualdad socioeconómica que rompe récord, igual que la pésima educación de la que debemos sentirnos avergonzados, toca abierta y honestamente cambiar. Ojalá esta vez y los conflictos que vivimos nos hagan emprender ese proceso, ¡Urge!

Fuente del artículo: https://www.laestrella.com.pa/opinion/columnistas/200102/sorpresa-educativa

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PISA: evaluación neoliberal en educación

Por:Enrique Díez

El impacto que ha adquirido el informe PISA, una prueba de evaluación estandarizada realizada por la OCDE, tiene que ver con el giro económico neoliberal que se está produciendo en la concepción de la educación a nivel mundial.

Como denuncian intelectuales del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), PISA es un inmenso dispositivo de control que aspira a imponer una perspectiva educativa neoliberal, que nos aleja del reconocimiento de la educación como un derecho y nos aproxima a su interpretación como una inversión pensada de acuerdo con las exigencias del mercado: “competir con éxito en el ámbito del panorama internacional y abrir las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico” (LOMCE, preámbulo).

Proporcionar mano de obra adaptada a las exigencias de la producción moderna, se ha convertido, con mucho, en la tarea primordial y la más importante de las funciones atribuidas a la enseñanza, en este “giro neoliberal”. El papel público de la educación como lugar de aprendizaje para la democracia y para la ciudadanía democrática se ha pasado a considerar como un despilfarro de la inversión pública y una pérdida de tiempo. Como si los seres humanos se pensaran y definieran únicamente como trabajadores y trabajadoras de la maquinaria laboral.

De esta forma se está produciendo una auténtica mutación en la naturaleza y fines de la educación. La problemática de la inserción laboral prevalece sobre la aspiración a la integración social y política de los futuros ciudadanos y ciudadanas y se ha convertido en la principal línea directriz de las reformas y las políticas educativas y evaluadoras inspiradas por la OCDE.

La OCDE es un organismo internacional creado para “maximizar el crecimiento económico” de los países que lo integran. Es a esta institución, con una clara orientación economicista, a la que nuestros representantes políticos han decidido encomendar ser el árbitro global de las políticas públicas de educación y determinar lo que los estudiantes deben saber y las escuelas enseñar.

El informe PISA, emanado de la OCDE, está exclusivamente centrado en cambiar las escuelas para “mejorar la competitividad económica”, olvidando que hay muchos otros aspectos de la educación: el desarrollo artístico, la reflexión crítica, la educación emocional, la participación cívica, la convivencia, etc. Estos aspectos, menos susceptibles o imposibles de ser medidos, no se tienen en cuenta, reduciendo de esta forma la visión colectiva en torno a lo que es o debería ser la educación.

En este sentido, expertas latinoamericanas se preguntan si lo que mide PISA es la creatividad o la adaptación al modelo neoliberal de nuestros jóvenes: «se pretende presentar la estandarización bajo los ropajes de la objetividad cuando lo cierto es que en el fondo encubre la pretensión de hegemonizar, a través de su medición, los valores de una determinada sociedad”.

“El protagonismo de las pruebas PISA en los últimos años ha tenido un tremendo efecto reduccionista y simplificador sobre el debate educativo. Primero, en lo que casi todo el mundo coincide, al reducir la complejidad del aprendizaje y la educación a unos pocos indicadores cuantitativos; segundo, al concentrar todo el foco sobre el desempeño en las tres disciplinas clásicas que mide (vía competencias, sí, pero disciplinas al fin y al cabo) en detrimento de otras materias; tercero, al reducir la escolarización a la enseñanza y el aprendizaje académicos, ignorando la función de cuidado que igualmente compete a la institución escolar” (Fernández Enguita, 2018, p. 150).

Lo cierto es que cada vez más expertos, como el catedrático de sociología de la educación Julio Carabaña, demuestran sólidamente que este programa de evaluación estandarizada carece de valor para ayudar a mejorar la enseñanza en las aulas y el funcionamiento de las escuelas. Pues las pruebas de este examen miden capacidades muy generales que dependen de la experiencia acumulada en toda la vida del alumnado, desde su nacimiento. Por lo que, como incluso reconoce PISA en sus propios textos “si un país puntúa más que otro no se puede inferir que sus escuelas sean más efectivas, pues el aprendizaje comienza antes de la escuela y tiene lugar en una diversidad de contextos institucionales y extraescolares”.

De ahí, que cuestione la inadmisible pretensión de este organismo económico para “llevar las políticas educativas en una dirección determinada”. No sólo porque las capacidades que mide PISA dependen poco o nada de las escuelas, sino porque ni siquiera dependen de los cambios pedagógicos y políticos que PISA propone. Por eso cada vez más expertos consideran que PISA no solo es un fracaso, sino un fraude, pues no sirve para cumplir su objetivo principal, que es ayudar a la mejora de las escuelas y los sistemas educativos.

Uno de los análisis más pormenorizados de la metodología de evaluación de PISA, recogido en el libro PISA according to PISA, confirma que los rankings “están basados en tantos puntos débiles que deben ser abandonados de inmediato”, y advierte que los análisis sobre cómo deben ser las buenas escuelas o las diferencias entre los distintos sistemas educativos, “van mucho más allá de lo que permite una aproximación cauta a estos datos. Son en su mayoría pura especulación”.

De hecho, PISA no realiza un seguimiento longitudinal de la evolución de los estudiantes (de dónde se partía cuando se inició el proceso educativo o que transformaciones se han logrado), compara lo que no es comparable (no es lo mismo un centro urbano que uno en un área rural o marginal; no es lo mismo educar a jóvenes en situación de riesgo que a estudiantes procedentes de las élites culturales de un país) y solo mide lo que puede ser medido (nada dice acerca de la imaginación o la creatividad de los estudiantes, su capacidad para hacer buenas preguntas, su inventiva, su capacidad crítica y de transformación justa del mundo). Además de su concepción homogeneizadora, sin tener en cuenta el contexto socioeconómico y cultural de cada país y región, o los sesgos socioculturales de los ítems de las pruebas. Como si solo existiera un mundo, una única cultura y una única forma de insertarse en el mundo, según este modelo.

Un problema crucial que conlleva también es que está cambiando las prioridades del profesorado, que se ve obligado a centrarse en buscar la forma de obtener resultados, dedicando el tiempo a preparar lo que le piden en las pruebas. El buen docente comienza a ser el que genera buenos resultados conforme PISA. Esto aumenta aún más el ya alto nivel de estrés en las escuelas, con una presión constante por el rendimiento. Lo cual supone que este “régimen PISA” supone un riesgo real de transformar el deseo de aprender en afán de aprobar y tiene el peligro de transformar al alumnado con dificultades en un estorbo para mantenerse en el ranking y la atención a la diversidad en un problema para centrarse en la obtención de resultados.

Debemos reconsiderar este tipo de pruebas estandarizadas. No es admisible creer que unas puntuaciones de las pruebas de PISA muestran la calidad de los sistemas educativos, la capacidad del profesorado, el desarrollo de los estudiantes, y la mejora de la sociedad. Debemos replantear la evaluación como un proceso integral orientado a producir información, contextualizada social y culturalmente, para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje. Se están llevando a cabo otro tipo de evaluaciones bastante mejor enfocadas como, por poner un solo ejemplo, las pruebas UNESCO.

Como dice Pablo Gentili, deberíamos salir de PISA, porque “PISA simplifica lo que es complejo. PISA jerarquiza lo que no tiene un orden. PISA compara lo incomparable. PISA silencia lo que la realidad amplifica. PISA distrae lo que merece atención. PISA consagra lo que es banal y trivializa lo que debería ser fundamental”. Y esto sólo exige voluntad política para hacerlo.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/blog/2019/12/12/pisa-evaluacion-neoliberal-en-educacion/

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Héctor Rodríguez pide reflexionar sobre resultados prueba PISA y cerrar INAFOCAM e ISFODOSU

Por: acento.com.do

 Las instituciones del sistema educativo dominicano deben tomar un año sabático para la reflexión y búsqueda de soluciones a los problemas identificados con las pruebas PISA, dijo el educador y psicólogo Héctor Rodríguez Cruz, quien además propuso que particularmente deben cerrar sus actividades el Instituto de Formación Docente Salomé Ureña (ISFODOSU) y el Instituto Nacional de Formación y Capacitación del Magisterio (Inafocam).

Héctor Rodríguez Cruz propuso algunas actividades que podrían realizar estas instituciones para su próxima reinserción a las actividades educativas. Vea completa la entrevista en el programa ¿Y tú…qué dices?, que conduce el periodista Fausto Rosario Adames.

Fuente e Imagen: https://acento.com.do/2019/video/videos/8761237-hector-rodriguez-pide-reflexionar-sobre-resultados-prueba-pisa-y-cerrar-inafocam-e-isfodosu/

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Pisa y Paraisópolis: vitrinas de la sorda guerra de clases

Por: Mario Maestri

«¡Ama, con fe y orgullo, la tierra en la que naciste! ¡Niña, no verás ningún país como éste! ¡Buena tierra! Nunca negó a los que trabajan. El pan que mata el hambre, el techo que viste….Quien con su sudor lo hace fructífero y húmedo, ve su esfuerzo pagado, y es feliz, y se hace rico! Hija, no verás ningún país como éste: ¡Imita la grandeza de la tierra en la que naciste!”. Durante muchos años, los niños brasileños se vieron obligados a aprender de memoria y a recitar la poesía «La Patria» en escuelas privadas y públicas.

Ciento quince años después de que Olavo Bilac escribiera su oda a la patria imaginada y disfrazada – sólo 17 años después del final de la obra esclavizada -, la encuesta mundial del Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes (PISA) acaba de registrar que casi el 50% de los estudiantes brasileños de bachillerato que leen la poesía «La Patria» no entenderían las areniscas de los más patrióticos de nuestros pueblos. Los resultados en matemáticas y ciencias fueron aún peores.

Estos jóvenes «analfabetos funcionales» proceden en su mayoría de familias populares. Los hijos de los ricos logran resultados superiores, pero no son muy brillantes, especialmente en los llamados países avanzados. Con algunas variaciones, los resultados medidos se acercan a los obtenidos durante el gobierno petista y los gobiernos anteriores. No son puntos fuera de la curva. Los evaluados tienen entre quince y dieciséis años, preparándose así para el mercado laboral, la mayoría, o la educación superior, la minoría.

El nombre del infierno

El domingo 1° de diciembre, la policía militar de São Paulo, bajo órdenes superiores, fue responsable de la masacre gratuita de nueve jóvenes en un baile funk en una comunidad llamada Paraisópolis, en las afueras de la megacapital. Como en los miles de casos nacionales similares, las autoridades civiles y militares «expulsaron» temporalmente de las calles a los responsables y abrieron «investigaciones» que no conducirán, como siempre, a nada. A menos que, tal vez, futuros ascensos para los directamente involucrados.

A pesar de la gravedad de lo ocurrido, salvo por error, ninguna dirigencia nacional de la oposición fue capaz de ofrecer solidaridad y exigir el castigo implacable de los responsables. Las universidades, colegios, clubes deportivos, etc. de São Paulo y Brasil no se detuvieron ni un minuto en honor de las víctimas. La gran mayoría de las asociaciones profesionales ni siquiera emitieron una declaración de protesta: historiadores, sociólogos, ingenieros, médicos, etc. Por el contrario, el día 4, la oposición pretendió -con Freixo, Fernanda Melchionna y Edmilson Rodrigues- [1] unirse al golpe y apoyó la iniciativa de Moro [paquete “anticrimen”] para aumentar la represión de la población. Hay cada vez más raras excepciones.

Los sucesos de Paraisópolis fueron clasificados en el portafolio de las actuales masacres policiales que se han venido produciendo durante décadas, y que ahora se multiplican, sin atraer la atención real de los partidos y movimientos que dicen ser de oposición, de izquierda y populares. Es comprensible. Incluso en las noticias que denunciaban esos hechos, tres palabras desarmaban cualquier sentimiento multitudinario de identificación con las víctimas, por parte de la población: era un baile funk para los jóvenes de una favela.

Nosotros y ellos

Decenas de millones de brasileños de las clases ricas, medias e incluso populares saludaron o excusaron la acción criminal de la policía militar, bajo las órdenes o protección de sus oficiales y autoridades civiles, contra jóvenes de las clases populares que se divirtieran. Los primeros se debieron al odio atávico hacia los trabajadores y los pobres, especialmente los negros, considerados enemigos de clase, que deben permanecer desorganizados, alienados y principalmente reprimidos.

La falta generalizada de empatía popular se debe a la permanente sensación de inseguridad, exacerbada por los principales medios de comunicación, especialmente en las periferias urbanas. La población teme y es comúnmente agredida por jóvenes pobres y, con frecuencia, por personas de raza negra. Igual que los millones que se van cada día a trabajar, por salarios indignos, o en busca de una ocupación, que es cada vez más rara. Jóvenes con un nivel de educación muy bajo, a pesar de tener, en el papel, un diploma completo de segundo grado.

La brecha entre los explotados y los explotadores se estrechó relativamente después de la abolición de 1888 y, algo más, con la industrialización de la década de 1930. Sin embargo, no sólo los trabajadores más explotados nunca fueron vistos como miembros plenos de la sociedad. Siempre se les consideró personas diferentes. En Brasil, la zanja profunda siempre se mantuvo, separando «nosotros» de «ellos». ¡Si no, cómo explicar que, bajo la justificación de ser imposible dar más, se pretendía, incluso en los gobiernos populares, que el trabajador viviera, como la gente normal, con un salario mínimo! Esta brecha abismal se debió y se debe a relaciones de fuerzas fuertemente desfavorables para los trabajadores y favorables para las clases explotadoras.

Atrapados en el Odio

El Brasil contemporáneo se organizó en función de las necesidades de los grandes capitales nacionales e internacionales. Se construyó un apartheid social radical que, paradójicamente, aunque siempre cuenta con el apoyo de las clases media y media alta, hoy también se está volviendo en su contra, incluso relativamente. Para los plebeyos, se han creado escuelas públicas con la función principal de mantener a los jóvenes fuera de las calles.

Es necesario mantener el control; ¡no es necesario educar!. Para las clases media y media-alta, se han organizado escuelas privadas y universidades de alto precio y calidad relativa. Muy pronto, con la privatización de las universidades federales, las clases medias ya no podrán enviar a un niño a un curso excelente, sin endeudamiento para toda la vida.

También se ha creado la medicina, que es muy cara, sobre todo para las personas mayores, que son las que más la necesitan, de calidad dudosa, y la medicina pública y gratuita, que es peligrosa y de difícil acceso para la población. La seguridad pública se ha convertido en un servicio de contención para los trabajadores, mientras que los servicios privados se pagan a un precio elevado: porteros, garajes, guardias de seguridad, aparatos electrónicos, etc.

La actual destrucción del sistema de jubilaciones afecta ahora a los empleados mejor pagados y a los trabajadores asalariados, cuando no pertenecen a los sectores militar y de justicia, por supuesto. Cada vez más, las facciones de los segmentos medio y medio-alto encuentran consuelo en su relativa e incesante disminución del odio irrestricto hacia los trabajadores, los pobres, los negros y la izquierda.

Los realmente ricos viven con sus familias en el extranjero, miles de ellos en Florida y Miami, y trabajan unos días a la semana cuando trabajan en Brasil. Todos son patriotas furiosos. Pagan una fortuna por casas milagrosas, con paredes de madera contrachapada y revestimiento de yeso. Compran millones de reales de casas en Portugal o intentan trasladarse allí para disfrutar de los servicios públicos de salud, educación y seguridad, que niegan a la población nacional, en un país con un gobierno mucho más de izquierdas que las petistas del pasado, lo que no es difícil, tenemos que estar de acuerdo.

El viaje imposible al pasado

Además de la represión militar-policial, este interminable apartheid social tenía como válvulas de seguridad su capacidad de abrir brechas, mayores o menores según la época, para que los individuos pudieran progresar socialmente debido a oportunidades, capacidades e inteligencia únicas: expansión de los agronegocios; iglesias de tragamonedas; actividades políticas y sindicales; corrupción; narcotráfico, etc.

En los últimos tiempos, algunos toques cosméticos en el despótico orden social han asumido el estatus de políticas progresistas, como las cuotas sociales, raciales y étnicas en las universidades públicas, que dejaron a las grandes multitudes populares en manos del dios dará.

Hay una gran expectativa en los medios de comunicación politizados de la oposición de que, a través de las elecciones de 2020 y 2022, las cosas volverán a ser como eran antes, o casi. Lula da Silva, el PT y sus remolcadores son una clara confirmación de esta ilusión. Uno sueña con este regreso al pasado, aunque haya tratado a las inmensas clases populares como una mala madrastra.

Pero, dicen los defensores de este retorno imposible, ya sería un alivio, aunque las clases populares ganen poco o, en algunos casos, casi nada de ello. En la vida real no es posible hacer milagros – repiten, esperando estar entre los bendecidos por el «milagro».

Saca al caballo de la lluvia. Estamos viviendo una metamorfosis estructural en el país, en el que los gobiernos de Temer y Bolsonaro funcionaron como vientres sustitutos de monstruos que pretenden vivir entre nosotros para siempre. Lo que era malo empeorará. Las escuelas públicas serán aún más degradadas, transformadas en madrasas evangélicas o cobertizos, colgadores de empleos para suboficiales retirados. La policía de la milicia recorrerá las calles, las comunidades populares, las industrias que matan, reprimen y encuentran a la población trabajadora, desempleada y pobre.

Una y otra vez matarán a un hombre rico y blanco, que será excusado, porque sabemos que, en cada guerra, siempre hay pérdidas debidas al «fuego amigo». Las clases medias y altas también tendrán que inclinar la cabeza ante cualquier sargento corporal y armado, como en los gloriosos ancianos del «Redentor».

Un país de mentirita

El golpe de 2016 vino a transformar al país en un productor de chucherías, granos, petróleo y minerales industrializados, bajo las órdenes del gran capital mundial, teniendo como gerentes locales a los generales, a los grandes jueces, a los políticos y sindicalistas de la situación y a la oposición bien educada, todos con responsabilidades compartidas y remuneraciones diversas. Esto es algo que ya podemos seguir a diario, incluso cuando la liquidación de la sociedad y de la nación está todavía incompleta.

Muchos argumentan que el camino hacia el retorno propuesto al pasado reside en el retorno de la izquierda a la periferia, donde, de hecho, nunca ha estado. El movimiento para no organizar la salida a las calles de las «masas» organizadas, es lógico. La paz» y el «amor» deben reinar entre nosotros. Por el contrario, debemos «volver a las «periferias» para garantizar buenos resultados electorales -o menos malos- en 2020. Más concejales y alcaldes por la «oposición mentirosa». Lo que, si sucede, sólo apoyará la abrumadora reconstrucción patológica del país.

Como se ha señalado, los parlamentarios «opositores» apoyan o no ven en la legislación golpista una aprobación incesante. Los gobiernos de izquierda del Nordeste suelen seguir a los golpistas, cuando no se adelantan a ellos.

No habrá solución a la triste patria, cantada en colores idílicos por Olavo Bilac en 1904, mientras los residentes, obreros, estudiantes, etc. de las periferias, favelas, escuelas públicas, fábricas, granjas, cuarteles, etc., no tomen su destino en sus propias manos, dejando a un lado a los falsos profetas que hablan en su nombre, incluso a los que vienen de sus líneas.

La barbarie seguirá arraigándose entre nosotros si los trabajadores y el pueblo no organizan la defensa de sus lugares de residencia, trabajo y ocio frente a la agresión, independientemente de su procedencia. Donde hay resistencia, en general no hay abuso. Nos sumergiremos en una barbarie sin fin si no construyen, en sus espacios sociales y geográficos, organizaciones, asociaciones, partidos, etc., realmente suyos, ordenando a políticos y líderes profesionales que canten en otras parroquias.

Si las clases trabajadoras y populares, los «ellos» de esta historia, no se hacen cargo de sus vidas, según sus necesidades, no habrá salvación para el país y también para «nosotros». No con una oración fuerte y con todos los orixás empujando al andor, con la mayor buena voluntad!

Mário Maestri es historiador y autor de «Revolución y contrarrevolución en Brasil: 1530-2019», segunda edición ampliada. https://clubedeautores.com.br/backstage/my_books/278203

Traducción: Ernesto Herrera, para Correspondencia de Prensa.

Nota  (Correspondencia de Prensa)

[1] Se refiere al paquete “anticrimen” de Sergio Moro, Ministro de Justicia de Bolsonaro. El pasado 5 de diciembre fue votado por 408 votos a favor, 9 contrarios y 2 abstenciones. La bancada del PT y los diputados del PSOL (Partido Socialismo y Libertad), Marcelo Freixo, Fernanda Melchionna y Edmilson Rodrigues también votaron a favor.  El paquete “anticrimen”, tal cual fue aprobado, permite aumentar penas para determinados delitos, así como la pena máxima. Amplia los criterios de “legítima defensa” del policía, y busca fortalecer el bárbaro y racista sistema carcelario. El argumento de Freixo, fue que sólo había dos opciones: «votar en la propuesta original o en la propuesta deshidratada».

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=263648

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PISA doesn’t define education quality, and knee-jerk policy proposals won’t fix whatever is broken

Since the OECD’s Programme for International Student Assessment (PISA) began in 2000, published results have sent commentators and politicians in some countries into meltdown. The release of the 2018 test results last week was no exception.

Out of 79 participating countries and economies in 2018 Australia came equal 11th (with countries including NZ, UK and US) in reading (in 2015 it was 12th); equal 13th (with countries including US, UK and Germany) in science (in 2015 it was tenth); and equal 24th (same as the OECD average, and NZ and Russia) in maths (in 2015 it was 20th).

The Daily Telegraph claimed Australian schools “are failing”. The Australian bemoaned Australia had “plunged in global rankings”; and business leaders told Australian educators to “lift your game”.

According to education minister Dan Tehan, “alarm bells should be ringing”. Tehan claimed he would raise the issue with state and territory ministers for education at the Education Council meeting in Alice Springs this week.

In particular, Tehan said he wanted to “take a chainsaw to the curriculum” and “put literacy and numeracy back to the heart” of it.

There are two striking features of the reactions to the PISA results. First, it seems broadly accepted PISA defines educational quality when it only tests three subject areas and the methodology itself is questionable.

And second, the results inevitably produce a flurry of policy responses, none of which have been specifically tested as a means to improve our PISA scores.

There are serious problems with PISA scores

PISA has seemingly become the arbiter of education quality in Australia and around the world. When the results are released, the numbers are broadly accepted as accurate measures of the quality of the world’s education systems.

This ignores the chorus of concerns growing for years about PISA’s serious methodological problems which test a stratified sample of 15 year olds in three curriculum areas.

These same concerns were raised by 100 educational researchers around the world in a public letter to the Director of PISA at the OECD in 2014.

Some such concerns relate to the problems of making an international test neutral when it is converted to many different languages and cultures. Other concerns come from educational statisticians and researchers who argue the validity and reliability of the tests themselves are at best dubious and at worst render the league tables “useless”.

There are also issues with the sampling process. Some participating countries only include certain parts of the country or exclude more schools and students from the tests than others. This clearly makes it more difficult to compare countries.

Mainland China is an example. For instance, when Shanghai finished top in each of the three domains in the 2012 PISA tests, Tom Loveless from the Brookings Institute in Washington argued the students tested weren’t representative of the students in the city.

He wrote Shanghai’s PISA-tested students didn’t include thousands from poor rural areas whose parents had moved to the city in search of work.

The OECD’s Education Director Andreas Schliecher, admitted to the UK’s House of Commons Education Select Committee that, in fact, only 73% of students were represented in the Shanghai province’s sample of students in the 2012 test.

Loveless’ also analysed the recent results, which were reported in the Washington Post. He noted the four Chinese provinces participating in 2018 (Beijing, Shanghai, Jiangsu and Zhejiang) did significantly better than the four (Beijing, Shanghai, Jiangsu and Guangdong) that participated in 2015.

Loveless wrote “the typical change in a nation’s scores is about ten points. The differences between the 2015 and 2018 Chinese participants are at least six times that amount…”. He hypothesised this had something to do with the change in provinces selected for testing.

These and other problems with PISA’s methodology suggest it is foolhardy to accept the test results as precise readings of educational quality in any country, or for ranking countries.

Knee-jerk policy fixes will only take us backward

The other feature of the reaction to PISA results is the litany of policy proposals to fix the problems PISA has supposedly unearthed.

Minister Tehan confined his strategies to “stripping back” the “crowded” Australian curriculum and focusing on “the basics”, as well as fast tracking professionals from other fields into teaching.

But there is no obvious link between the PISA results and the strategies proposed and certainly no analysis of what information PISA offered to support them. Even if PISA data are taken seriously, we are obliged to investigate the reasons for educational outcomes before designing policies to address the problems.

And although PISA only tests three areas of the curriculum, the strategies proposed apply to the whole curriculum and, it seems, to the whole of schooling.

Minister Tehan should explain what part of the PISA data convinced him that the Australian curriculum should be pared back to “the basics”. And if that data exists, why should it apply to every other area of the curriculum apart from the three areas tested by PISA: maths, science and reading?

Or is PISA simply being used as a convenient vehicle for introducing favoured policy positions?

I am not suggesting some of the PISA data cannot usefully contribute to the ongoing effort to enhance the quality of Australian education. There is a strong case to be made for sharing educational ideas and practices with other countries.

But superficial, knee-jerk readings of international standardised test data are more likely to impede than advance quality improvement.

The meeting of the Education Council this week could use the opportunity to do two things when they reach the agenda item on PISA.

First, it could set in train a process for achieving national agreement about an approach to educational accountability which goes beyond the simplistic reliance on standardised tests. This would start with the purposes of accountability, including supporting schools to enhance education quality, and aim to provide the community with rich information about educational progress.

Inevitably new approaches would mean broadening our evidence options. These should be both qualitative as well as quantitative. They should also support teachers in their work rather than impose time consuming form-filling. And they should be based on trust in the professional expertise of our teachers.

Second, the Education Council should institute a review of PISA which might consider the flaws in the testing regime, and ways to overcome these. This might help ensure policy, media commentary and research based on PISA results would acknowledge the limitations of the tests and be more tentative about using PISA as the sole arbiter of what constitutes quality in education.

These two steps would help break the destructive cycle of the release of PISA tests results every three years, followed by the barrage of criticising educators and the work of schools, as well as a flurry of political, ideologically pre-determined policy proposals.

After all, it is somewhat ironic that the policy makers who for so long have enforced a standardising educational policy regime, simply double down on it when their own standardising measures have deemed such policies to have failed.

Australia needs a new education narrative, and work on it should start this week at the Education Council.

Fuente de la Información: https://theconversation.com/pisa-doesnt-define-education-quality-and-knee-jerk-policy-proposals-wont-fix-whatever-is-broken-128389

 

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Nos han cateado

Por: Elvira Lindo.

Lo que irrita es que haya que esperar a los resultados del informe PISA para que hablemos más de lo que está pasando

España siempre se ha llevado regular con la educación. Tome usted una tertulia política al azar y observará que mientras los contertulios se mueven como peces en el agua en su hábitat natural, el de las conjeturas politiqueriles, todo va sobre ruedas. A mí, que conozco a los analistas más que a mis hijos, porque siempre adivino por dónde van a salir, me sigue asombrando el conocimiento que muestran de lo que se susurra en despachos, pasillos y whatsapps. Da la impresión de que políticos y cronistas beben juntos. O algo más. Pero, ay, su brillantez patina cuando abarcan otros universos. El día en que por mandato del informe PISA sobre el nivel escolar hay que abordar el sistema educativo da la misma impresión que cuando nos preguntaban en historia sobre Fernando VII y escribíamos sobre la Constitución de Cádiz, a ver si colaba. Año arriba año abajo, qué más da.

La cuestión es que sabemos poco. Diría que porque, en general, no prestamos la atención que debiéramos a un asunto capital que articula la igualdad social, la justicia y la movilidad de clases. Nos encontramos ahora con que los resultados en ciencias de la Comunidad de Madrid, donde los recortes, la segregación y algunas medidas de mera palabrería propagandística, como someter asignaturas a un bilingüismo para el que no están preparados ni los docentes ni los alumnos, se desploman; nos encontramos con que el nivel de los alumnos ha caído escandalosamente, y para justificarlo, el consejero de Educación nos habla de pruebas mal diseñadas que contagian en sus malos resultados a las otras. No acabo de entenderlo. Entiendo, sí, que si esto hubiera ocurrido en Andalucía habría habido una especie de consenso de aceptación, pero Madrid, que se ha ido salvando del suspenso milagrosamente a pesar de la creciente desigualdad social, está en shock.

Lo que irrita es que haya que esperar a esos resultados del informe para que hablemos más de lo que está pasando. Basta con visitar colegios públicos que, ubicándose incluso en el mismo barrio, no cuentan con los mismos recursos, o bien precisan que esos recursos sean reforzados porque tienen necesidades especiales. Hay muchos centros públicos en donde reina la interinidad, escasean los profesores de refuerzo, y se ha impuesto un bilingüismo que puede llevar a los críos a ser ignorantes en dos idiomas. También se diserta sobre la preparación del profesorado. Efectivamente, un maestro o una profesora se enfrentan hoy a desafíos en mi opinión de enorme envergadura, y también los padres y las madres pueden sentirse perdidos. Hace unos años afirmábamos que un profesor no tenía por qué ejercer de asistente social o de psicólogo, pero hoy está comprobado que es preciso que exista una conexión estrecha entre las características socioculturales de un barrio y cómo aborda un claustro la enseñanza. Los colegios que han entendido que es más provechoso trabajar integrados en la comunidad obtienen mejores resultados.

Sospecho que los políticos a los que se les llena la boca con la palabra excelencia o bien provienen de clases privilegiadas o bien desconocen nuestro presente. Si la escuela deja de ser el motor del ascensor social estaremos reforzando el clasismo; si el bachillerato deja de ser la mayor fuente de cultura de nuestra vida educativa estaremos rebajando el nivel de todo un país. Hablemos de ello, sí, pero todos los días, y preguntando a quien sabe.

Fuente del artículo: https://elpais.com/elpais/2019/12/06/opinion/1575649693_063411.html

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66 % de los jóvenes peruanos tienen en la educación de calidad su mayor preocupación para el 2020

Por: agenciaorbita.

 

Un reciente sondeo de AIESEC Perú, asociación que fomenta el liderazgo y emprendimiento social en jóvenes, realizado a más de 710 jóvenes universitarios a nivel nacional, sobre los temas sociales que les preocupan de cara al 2020, señaló que el 66% de ellos tienen en la educación de calidad su mayor preocupación.

Para la presidenta de AIESEC Perú, María Camila Padilla, los jóvenes peruanos a nivel nacional, se encuentran muy al tanto de la realidad peruana y buscan involucrarse para contribuir en mejoras sociales. “Los jóvenes no son ajenos a lo que pasa en el país, ellos buscan y crean iniciativas en las que puedan trabajar para generar un impacto positivo en su sociedad”. Es por eso que el Perú tiene la mayor cantidad de jóvenes voluntarios.

En ese sentido, AIESEC Perú, comparte los principales factores de interés y preocupación de los jóvenes peruanos con miras al Bicentenario del Perú:

  1. EDUCACIÓN DE CALIDAD: Los jóvenes peruanos encuentran en la educación una herramienta para mejorar sus condiciones y valerse por sí mismos. Es por ello, el sondeo reveló que el 66% de los jóvenes encuestados pone como prioridad para el país la búsqueda por una educación de calidad. Cabe destacar que si bien el Perú tuvo una mejorar en sus ubicaciones respecto a la última prueba PISA aún hay mucha tarea por hacer.
  • ACCIÓN POR EL CLIMA: El 38% de los jóvenes peruanos señala que el cambio climático es su segunda mayor preocupación y que sienten que los esfuerzos que se vienen realizando no son suficientes. Según un estudio de Tyndall Center, el Perú es el tercer país más vulnerable al cambio climático, como evidencia de ello, los glaciares en el país disminuyeron su superficie en 61% durante los últimos 55 años.
  •  IGUALDAD DE GÉNERO: La igualdad de género es una de las principales prioridades nivel mundial y también es prioritaria para los jóvenes peruanos. El 32% de los encuestados señaló que la igualdad de género se encuentra de sus tres principales preocupaciones para el 2020. En Perú, las cifras de desigualdad de género son preocupantes,  según la Encuesta Nacional de Empresas (2015) del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), solo 33% del personal de las empresas peruanas son mujeres.
  • TRABAJO DECENTE Y CRECIMIENTO ECONÓMICO: El trabajo informal en Perú se mantiene en aumento y ello es una fuente de alamar para los jóvenes peruanos. El 25% de los que participaron en el sondeo a nivel nacional señaló que el acceso a un trabajo decente y crecimiento económico está en sus principales prioridades y preocupaciones a futuro. Cabe señalar que cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) señalan que, en el Perú, 239 mil personas obtuvieron un empleo informal entre abril del 2018 y marzo del 2019.

PRIORIDADES DE LOS JÓVENES PERUANOS Y AMÉRICA LATINA

El mismo estudio realizado en Perú fue efectuado por AIESEC en el resto de países de América Latina con resultados similares. El ranking de prioridades para los jóvenes en el 2020 es liderado por la educación de calidad, seguido del cambio climático, la igualdad de género y la reducción de desigualdades. Este último, difiere con los resultados en nuestro país.

“El compartir similares prioridades y preocupaciones asociados a puntos importantes para el desarrollo económico y social del corto y largo plazo, genere que más jóvenes tengan esta decisión por generar un impacto positivo desde sus carreras, trabajos y emprendimientos sociales”, señaló la presidente de AIESEC Perú

SOBRE AIESEC PERÚ

AIESEC Perú es la asociación de estudiantes y recién graduados más grande del mundo reconocida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) presente en más de 1700 universidades y 128 países. Desde su programa voluntario global, busca potenciar el desarrollo personal y dejar un impacto positivo en el mundo. Este proyecto está directamente vinculado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos por la ONU. Para mayor información visitar: aiesec.pe.

Fuente de la reseña: https://agenciaorbita.org/66-de-los-jovenes-peruanos-tienen-en-la-educacion-de-calidad-su-mayor-preocupacion-para-el-2020/

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