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Cuando la educación no es lo más importante

Por: Tomás Loyola Barberis

La Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) presentó en mayo La educación importa, un informe en el que hacen una evaluación detallada de la situación actual en el ámbito educativo, y proponen una serie de medidas o líneas de acción sobre las que se deberían trazar los planes a futuro.

Entre los déficits, la CEOE hace referencia a la alta inversión de las familias en la educación de sus hijas e hijos (18%) y a la reducción del porcentaje del PIB destinado a este ámbito, aduciendo que se gasta de forma desigual, de manera ineficiente y con unos resultados poco estables en el tiempo, lo que confirma la posición media en el ranking PISA y la alta cifra de abandono escolar temprano, por ejemplo.

Además, menciona las dificultades que un deficiente marco normativo genera y la cantidad de “presión regulatoria” junto a una desmesurada atención al detalle. Pero tampoco deja fuera de su análisis la incongruencia entre las políticas públicas y los problemas que se pretenden resolver con ellas.

Ante tal panorama, desde la confederación empresarial proponen una batería de medidas y propuestas que buscan mejorar el sistema educativo español, claro que desde su propia perspectiva e involucrándose activamente en este ámbito, no solo como un referente consultivo, sino que situándose en el centro de la toma de decisiones.

Positivas resultan las propuestas de redefinir los currículos, de otorgar más autonomía a los centros y de fortalecer la figura docente, aunque resultan preocupantes sus medidas que abogan por la libertad de enseñanza, actualizar el sistema de conciertos y por establecer un ranking público de centros educativos, entre otras.

Resulta evidente la necesidad de mejorar la evaluación y dotar de estabilidad al sistema, además del desafío inminente de renovar los currículos no por la brecha entre educación y mercado laboral, sino porque se hace necesario modernizar ciertos contenidos obsoletos y potenciar otras competencias más necesarias en el mundo actual. No obstante, puede ser peligroso plantear que la solución está en la privatización o en el aumento del protagonismo de las empresas en “el desarrollo del talento”, porque eso pone en peligro de muerte a las Artes, las Humanidades y las Ciencias Sociales en general, áreas que, sin duda, han tenido gran relevancia en el desarrollo de las sociedades a lo largo de los siglos, y que deberán seguir teniendo protagonismo si no queremos un mundo plagado de productores y consumidores.

El trabajo conjunto debe apuntar hacia la extensión de un sistema estable, justo y responsable en lo normativo, capaz de atender la diversidad del alumnado y la situación económica de las familias para compensar las desigualdades. La educación no debe ser entendida como un gasto, sino como una inversión que –en eso estamos de acuerdo– se puede realizar de mejor manera, pero aumentando la inversión y no reduciéndola como se ha venido haciendo en los últimos años.

Dada la relevancia de este debate, pedimos a María Antonia Casanova y Alejandro Tiana, dos relevantes figuras del ámbito educativo en España, que compartieran su visión de este documento, sus propuestas y el análisis que hace de la situación actual.

¿Qué educación importa?

María Antonia Casanova | Universidad Camilo José Cela (Madrid)

 

 

 

 

 

El texto se centra en que la población alcance las competencias STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Matemáticas), pero abandonando otras muchas, imprescindibles para la sociedad y para la vida de los individuos. No obstante, exige que se trabaje la creatividad, el pensamiento crítico, la colaboración, la comunicación…, la empatía, la resiliencia, la autoestima…, y para ello, entiendo que hay que introducir variadas estrategias metodológicas en las aulas y que se lleven a cabo mediante la educación artística, humanística, social, ya que lo contrario llevará a un modelo de sociedad superficial y mediocre. No sé si es desconocimiento o sesgo intencionado, pero me parece fundamental complementar la propuesta realizada con otras miradas más amplias en relación con la educación general (para toda la población), que después derive en la especialización que cada persona desee. Además, las artes y las letras también crean muchos puestos de trabajo.

De acuerdo en fomentar la evaluación interna de los centros, formativa por principio. Sin embargo, esa intención de mejora que se asigna a la evaluación queda algo contradictoria con la difusión de resultados de las evaluaciones externas, que, por lo experimentado hasta el momento, solo generan competitividad y perplejidad en el buen profesorado, que no sabe si dedicarse a “educar” o a “entrenar” a su alumnado para la prueba que viene.

Contrapesos y debate

Alejandro Tiana | Rector de la UNED

 

 

 

 

 

El libro blanco presentado por la CEOE aborda un asunto que tiene indudable interés para el sistema productivo español, aunque no solo para este. La educación y la formación revisten gran importancia para el conjunto de nuestra sociedad, para nuestros conciudadanos y sus familias. Debemos dar por tanto la bienvenida a este documento, que ofrece la visión que tienen los empresarios acerca de la situación de la educación, pero a la hora de analizarlo deberíamos complementarlo con otras perspectivas que insisten más en aspectos como la equidad, la cohesión social o la construcción de la ciudadanía. Esa complementariedad nos aportaría una visión más completa de la situación y los retos actuales de nuestro sistema educativo. Desde este punto de vista, los cinco déficits identificados, aun siendo básicamente certeros, deberían en algunos casos matizarse; en otros, completarse y en algunos, revisarse. No es ahora el momento de entrar en detalles, pero el debate sobre este diagnóstico tiene sentido e interés.

Por otra parte, algo similar podría decirse respecto de las diez propuestas realizadas. Mientras que algunas de ellas, como las relativas al nuevo currículo para un tiempo nuevo, el refuerzo de la profesión docente, el empleo de las tecnologías o la evaluación para la mejora, son ampliamente compartidas, en otros casos se aprecia un énfasis excesivo en la perspectiva empresarial. Es el caso de la intensificación de los vínculos entre educación y empresa, o el protagonismo del empresariado en la gobernanza de algunas enseñanzas, que plantean cuestiones de interés, pero con una visión unilateral. Y en algún caso se hace hincapié en asuntos que no son problemáticos en el marco español, como es la consolidación de la libertad de enseñanza (sin mencionar siquiera el complementario derecho a la educación). En conjunto, es un ejercicio interesante, pero que requiere contrapesos y debate.

Fuente: http://revistainnovamos.com/2017/09/10/cuando-la-educacion-no-es-lo-mas-importante/

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El Gobierno uruguayo impulsará la creación de un Ministerio de Cultura

Uruguay/23 noviembre 2017/Fuente: Wradio

El Gobierno uruguayo trabaja en un proyecto de ley para crear un Ministerio de Cultura con el objetivo de que ese sector de la sociedad tenga «cada vez un espacio más destacado», explicó hoy la ministra de Educación de Uruguay, María Julia Muñoz.

El 12 de noviembre el presidente Tabaré Vázquez partió rumbo a México, país en el que estuvo de visita oficial hasta el pasado viernes, y donde anunció que su Gobierno impulsaría la creación de una Secretaría Nacional de Cultura, tomando como ejemplo el modelo mexicano.

Sin embargo, este miércoles Muñoz aclaró que, luego de una conversación con el mandatario uruguayo, se trató el tema de la creación de un Ministerio y no de una Secretaría Nacional.

«Recientemente he mantenido una conversación con el presidente porque el Ministerio de Educación y Cultura con un conjunto de legisladores y exponentes de la cultura uruguaya está trabajando en un proyecto de creación de un Ministerio de Cultura», sostuvo a la prensa Muñoz.

La titular de la secretaría de Estado participó en la entrega de los Premios Nacionales de Música en Montevideo, donde se expresó sobre el proyecto de ley en el que trabaja la cartera que lidera.

Muñoz agregó que se conformó un grupo de trabajo con legisladores de todos los partidos políticos uruguayos para redactar el proyecto, que luego será remitido al Parlamento para su discusión.

«En el Parlamento se expresan todos los actores, todas las asociaciones que los agrupan y de ahí surge una ley que se pone en práctica», apuntó.

Sin embargo, aclaró que el presupuesto quinquenal del Gobierno para este período «está armado», por lo que se deberá recurrir a otros caminos para concretar la creación de este eventual Ministerio de Cultura.

«Quizás en un próximo período de gobierno ya se pueda establecer un Ministerio con todos los cargos necesarios», enfatizó Muñoz.

Fuente noticia: http://www.wradio.com.co/noticias/sociedad/el-gobierno-uruguayo-impulsara-la-creacion-de-un-ministerio-de-cultura/20171122/nota/3644832.aspx

Fuente imagen: https://medios.presidencia.gub.uy/tav_portal/2017/noticias/NO_Y940/fgr_04.jpg

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Brasil: el Banco Mundial recomienda eliminar la universidad gratuita

Brasil/23 noviembre 2017/Fuente: El Ciudadano

A pedido del gobierno de Brasil, el Banco Mundial elaboró el informe llamado “Un Ajuste Justo”.

El Banco Mundial recomendó al gobierno de Michel Temer eliminar la gratuidad de la universidad pública en Brasil.

También aconsejó reducir los salarios de los empleados públicos y acelerar la reforma previsional en Brasil, entre otras sugerencias para reducir el gasto.

A pedido del gobierno de Brasil, el Banco Mundial elaboró el informe llamado “Un Ajuste Justo” en el cual afirma que el estado brasileño gasta mal sus recursos beneficiando a la parte más privilegiada de la población, sin lograr reducir con éxito la desigualdad y la pobreza.

“El concepto de derechos adquiridos debe ser revisado”, aseguró el informe.

Entre el recetario recomendado al gobierno de Brasil, la medida que causó más impacto es la que promueve privatizar la educación pública superior, reveló el informe publicado por la agencia de noticias privada Estado.

La idea, según el informe del Banco Mundial, es que el 40% de los estudiantes más pobres que acuden a las universidades públicas sean subsidiados por sus compañeros que conforman el 60% más rico.

Los estudiantes de ingresos medios y altos de acuerdo al Banco Mundial deberían tomar créditos durante sus años de estudio en las facultades públicas y comenzar a pagarlos una vez graduados, como un financiamiento bancario.

“La gratuidad puede estar perpetuando la desigualdad”, apuntó el informe, que contabilizó 2 millones de alumnos en casas de altos estudios públicas y 8 millones en privadas.

El informe sostiene que cada alumno en una facultad privada cuesta unos 4.500 dólares por año, contra los 13.000 dólares calculados por el Banco Mundial que cuesta “mantener” un alumno universitario para el presupuesto educativo.

Asimismo, el informe aclaró que “este gasto es muy superior al de países como España e Italia” y que crecen al 7% al año, lo cual conforma un “gasto ineficiente y regresivo”.

También el informe “Un Ajuste Justo” alertó sobre la necesidad de cerrar hospitales medianos y fortalecer a las unidades básicas de salud y los hospitales grandes.

El informe fue pedido por el gobierno para 2018, año en el cual entra en vigor la reforma constitucional del techo del gasto público, una iniciativa inédita a nivel global que congela por 20 años, apenas actualizando por la inflación, el presupuesto federal.

Fuente: http://www.elciudadano.cl/educacion/brasil-el-banco-mundial-recomienda-eliminar-la-universidad-gratuita/11/22/

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Queríamos evaluar y terminamos contando: alternativas para la evaluación del trabajo académico (Resumen)

Angélica Buendía∗, Susana García Salord∗, Rocío Grediaga∗, Monique Landesman∗, Roberto Rodríguez-Gómez∗, Norma Rondero∗, Mario Rueda∗, Héctor Vera∗

Introducción

Una de las políticas públicas de mayor impacto y continuidad para orientar, regular e incentivar el desempeño del personal académico de tiempo completo en las universidades públicas del país está sustentada en los programas de estímulo a la productividad, los cuales surgieron con el propósito de mejorar la calidad de la educación superior universitaria. El supuesto básico de estas políticas asoció los incentivos económicos con el impulso al personal académico para obtener posgrados, atender las tareas involucradas en la formación docente y participar en los programas institucionales de investigación y difusión.

En los programas de estímulo subyace un efecto de agregación: si la mayor parte de la planta académica de tiempo completo cumple con los requisitos establecidos, el resultado debería ser el logro de la calidad esperada. En esencia, están orientados a premiar, mediante cuotas de sobresueldo, la productividad académica expresada básicamente en el número y la calidad de los productos de investigación, así como la actividad docente, medida por el número de asignaturas, tutorías y tesis dirigidas. Estos programas de estímulos representan, así, una fórmula de pago por méritos.

Aunque los múltiples programas de estímulos coinciden en ciertos rasgos, difieren en aspectos como el monto del sobresueldo asignado, los requisitos a cumplir y los procedimientos de evaluación correspondientes. En su origen, cumplían principalmente una función compensatoria del deterioro salarial ocurrido en la década de los ochenta, y su intención era retener en las universidades al personal de mayor calificación. En la actualidad operan como un segundo régimen y tabulador que gobierna el trabajo académico en las instituciones. Aunque conservan su carácter voluntario para los profesores e investigadores, es un hecho que por su implicación en el ingreso económico, la mayor parte del personal académico de tiempo completo, a gusto o disgusto, acude a su convocatoria.

Como la asignación de las categorías, previa evaluación es por periodos determinados, los aspirantes pueden ascender, conservar la categoría o descender. Esta condición se traduce en una presión continua para enfocar la actividad individual a la acumulación de tareas y productos contemplados en los protocolos y reglas operativas. De esta manera, los estímulos se han consolidado e institucionalizado como rutas de la trayectoria académica y profesional del personal académico generando un orden donde son prioridad el trabajo individual, el enfoque de competitividad de tareas y resultados, la producción documentable, y el uso del tiempo de trabajo en las actividades que acreditan la satisfacción de requisitos.

Se trata de una racionalidad meritocrática, que tiende a desplazar a otras lógicas académicas, principalmente aquellas relacionadas con la simple satisfacción de contribuir, desde la vocación, la responsabilidad y el compromiso compartido, a los ejes centrales de la misión universitaria: formar estudiantes, generar bienes de conocimiento y cultura, y participar en su difusión social. La tensión entre ambas racionalidades —académica e instrumental— explica la aparente paradoja entre el éxito de la política asociada con los programas de estímulo (su permanencia, su progresiva extensión en el ámbito de la educación superior pública y su amplia capacidad de convocatoria) y las críticas que diversos actores, como especialistas, responsables de la instrumentación e incluso los propios académicos, han repetido prácticamente desde sus inicios.

Antecedentes de los programas de evaluación del trabajo académico

A mediados de la década de 1980, se implementaron una serie de políticas públicas relacionadas con la educación superior cuyo propósito era orientar su conducción a través de diferentes programas e instrumentos de evaluación del trabajo académico, que se incorporaron paulatinamente en las instituciones. Su origen se fundamentó en el pago por mérito asociado a la evaluación, visto como la única vía para mejorar las deterioradas condiciones de los académicos de carrera —es decir, se dirigen únicamente a un sector de la profesión académica: aproximadamente el 30 por ciento del total.

El Sistema Nacional de Investigadores (SNI) ha sido el programa más visible de estas políticas; fue el primero que buscaba paliar los efectos de las crisis económicas, así como contribuir a retener a los investigadores de las instituciones públicas y a fortalecer la investigación. En su diseño participaron académicos de la UNAM y del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, además de miembros de la Academia de la Investigación Científica (actualmente Academia Mexicana de Ciencias), que estaban ubicados en puestos clave y que para crear el SNI actuaron ante la coyuntura de la crisis de las finanzas públicas de 1982. El sistema que consiguió articularse estaba limitado a los investigadores, era externo a las instituciones y planteó criterios propios de selección. El SNI representó el primer mecanismo de alcance nacional de reconocimiento y retribución a los académicos, basado en el desempeño.

En paralelo al SNI, la Secretaría de Educación Pública, en colaboración con ANUIES, puso en marcha programas basados en fondos extraordinarios concursables para las universidades públicas, que implicaban también procesos de evaluación individual. Este fue el caso del Programa Nacional de Superación del Personal Académico (Supera), el Programa de Mejoramiento del Profesorado (Promep, hoy Prodep), y el Programa de Estímulos al Personal Docente.

Esto ha conducido a que no sólo en el ámbito de los estímulos al personal académico, la educación superior en México se caracterice por ser un sistema dual, en el que operan políticas diferenciadas que no han alcanzado su adecuada articulación. Por una parte, se encuentra el sector de la educación superior universitaria y tecnológica, que responde a las políticas delineadas por la Subsecretaría de Educación Superior, de la SEP. Por la otra, está el sector del posgrado y la investigación científico-tecnológica, cuyas políticas son delineadas y operadas por el Conacyt.

Efectos del actual sistema de evaluación

Aunque las políticas buscaban instaurar una cultura de la evaluación, lo que los distintos programas de evaluación generaron fue un aparato burocrático dedicado al recuento curricular. Aunque no exento de algunas virtudes, ese resultado no instituyó prácticas que les permitieran a los evaluados contar con guías y retroalimentación para mejorar su quehacer profesional; lejos de ello, los académicos se toparon con pesados aparatos administrativos que los empujaban a producir más, sin que hubiera modelos que especificaran el sentido y los estándares de calidad de sus actividades docentes y de investigación. En resumen, se implementó, un sistema de recompensas para quienes entregaran cierto tipo de productos y no una evaluación que los orientara para ser mejores académicos.

Los programas en curso, más que hacer una evaluación académica, han institucionalizado el recuento curricular, pues no cumplen con la función de valorar integralmente el aporte de los resultados a la acumulación de conocimientos, la calidad en la formación de recursos humanos ni la retroalimentan a los evaluados para que los resultados les permitan mejorar su desempeño. Los programas miden lo que se puede medir, no lo que se requiere sistematizar para promover la calidad de las actividades académicas. Es más fácil contar las publicaciones que evaluar los resultados de las labores docentes, por lo que éstas se han menospreciado entre los indicadores, minimizando el esfuerzo que los académicos destinan a ellas. La evaluación actual ha llegado a confundir el indicador con el trabajo que “cuenta”, pero no valora, reconoce o retroalimenta, más bien segmenta y etiqueta desempeños individuales, disociándolos de los objetivos de desarrollo institucional. Esta condición genera, a su vez, que los programas sobrevaloren ciertas actividades sobre otras —por ejemplo, investigación por encima de la docencia, la difusión de la cultura y la vinculación social— sin analizar los aportes y su calidad en el marco de los campos de conocimiento o institucionales, el tipo de resultados, las tradiciones disciplinarias y la etapa de la trayectoria de los sujetos evaluados.

Por otro lado, los programas actuales, más que instancias que busquen mejorar los resultados de académicos e instituciones, parecen mecanismos de supervisión y control, basados en la desconfianza mutua entre gobierno e instituciones, y entre las instituciones y sus académicos.

Dada la multiplicación de programas, la frecuencia de las evaluaciones, la diversidad de formatos, el tipo de requisitos y el incesante incremento del número de instituciones, programas y académicos a evaluar, los académicos —especialmente los más reconocidos— cuando fungen como evaluadores destinan una parte importante de su tiempo, concentración y energía a procesos rutinarios. De igual forma, los evaluados consumen también una gran cantidad tiempo para cubrir los requisitos y proporcionar las evidencias solicitadas.

La periodicidad y cantidad de los programas de evaluación desalienta los trabajos de investigación de largo plazo, que frecuentemente son desplazados por proyectos de corto alcance. Esto ha conducido a la institucionalización de vicios y simulaciones, promoviendo un productivismo sin impacto organizacional ni disciplinario que se asocia directamente con la búsqueda de recursos económicos adicionales.

La evaluación del trabajo académico afecta más directamente a una minoría selecta de instituciones y académicos. Los graves problemas de los profesores de tiempo parcial se han atendido poco, porque en general se hace énfasis en la investigación y en la diversidad de actividades y funciones que sólo realizan los académicos de tiempo completo. En la mayoría de las instituciones de educación superior la desatención a la evaluación del trabajo académico de un extenso grupo de profesores de tiempo parcial que sostienen la docencia en un alto porcentaje —sobre todo a nivel de licenciatura— ha ampliado la brecha en las condiciones laborales y los ingresos entre los profesores de tiempo completo y los de tiempo parcial. Además, las repercusiones de los premios, “estrellas” y “medallitas” de los distintos programas son inequitativos y estratifican a los académicos, quienes compiten en desigualdad de condiciones para alcanzar los indicadores, debido a las diferencias en términos contractuales, en condiciones formativas y en apoyo institucional.

Resulta igualmente pertinente mencionar dos situaciones económicas vinculadas con las evaluaciones: los salarios y la jubilación. En el primer caso, se ha desatendido la discusión del tema central de los salarios dignos, pretendiendo que con la incorporación de remuneraciones no salariales se resuelve el problema de recuperar los ingresos y se logra estabilidad para garantizar la autonomía necesaria para producir conocimiento y formar los recursos que se requieren para el desarrollo social. Al no encarar la discusión en los salarios base, se desvía la atención hacia medidas parciales en vez de concentrarse en la búsqueda de mejores condiciones de trabajo para los miembros de la profesión académica. Por otra parte, los programas de recompensas han contribuido a obstaculizar el retiro de los académicos. Esto en la medida en que los estímulos representan un alto porcentaje del ingreso, pero no repercuten en el monto de la jubilación ni en otras prestaciones. La planta académica se ha envejecido, lo cual, sumado a las restricciones presupuestales para la creación de nuevas plazas, dificulta la renovación de la planta académica y propicia el desempleo de los egresados de los programas de posgrado, que por su expansión son un número cada vez mayor. Por consiguiente, los procedimientos de evaluación en curso han afectado el relevo generacional.

Una propuesta para transformar la evaluación del trabajo académico

Podemos afirmar que las evaluaciones que hoy se realizan en el marco de los diferentes programas de incentivos no cumplen con varios de los requisitos esenciales en cualquier proceso de evaluación académica:

  • que la evaluación tenga la finalidad de promover el desarrollo de los evaluados y no la de premiar o castigar;
  • que los evaluadores emitan recomendaciones que aporten a mejorar los resultados y a propiciar la confluencia entre los objetivos de las trayectorias personales y las metas de las instituciones en que se participa;
  • que los criterios de evaluación respondan a las particularidades de lo que se evalúa y que consideren las múltiples dimensiones del trabajo académico;
  • que las reglas y los procedimientos sean explícitos y claros para todos los participantes (por ejemplo, las reglas para subir o bajar de nivel en un programa de estímulos o escalafón);
  • que los resultados sean transparentes;
  • que existan recursos de revisión.

Nuestra propuesta para mejorar las evaluaciones del trabajo académico es establecer a la evaluación como una estrategia institucional de valoración sistemática del trabajo global que realiza cada académico en pro del cumplimiento de los objetivos institucionales y del desarrollo del conocimiento en su campo de especialización. Se trata de abrirle paso a la función diagnóstica y formativa, propia de la evaluación académica, cuyo propósito central es la mejora sistemática de los procesos de trabajo, la superación continua de las personas, los grupos y las instituciones encargadas de llevarlos a cabo.

Para esto proponemos reemplazar el recuento curricular por una evaluación académica concebida como una evaluación diagnóstica, no centrada exclusivamente en los productos sino en el análisis integral de los procesos de trabajo, con la intención de identificar: los objetos de trabajo y los propósitos que cada académico se planteó; los retos y las dificultades que encontró y las formas de resolverlos; los recursos de que dispuso y el tiempo que invirtió; los avances y aportes que logró en distintos ámbitos; los puntos vulnerables y los pendientes que restan por encarar; los intereses y preocupaciones que surgieron y pretende trabajar, y sus necesidades de superación académica.

La evaluación diagnóstica será una evaluación formativa en la medida en que se lleve a cabo como un ejercicio de reflexión colegiada, de retroalimentación y de intercambio informado entre colegas que asumen el papel de interlocutores y no de jueces. Y, ciertamente, dicho potencial será una realidad en la medida en que el proceso de evaluación cuente con la participación activa y comprometida de evaluados y evaluadores.

Proponemos, pues, propiciar el tránsito hacia la evaluación diagnóstica y formativa. Se pueden introducir cambios significativos en la medida en que el recuento curricular periódico de los productos se inscriba en la evaluación y autoevaluación de los procesos, entendidas como apreciaciones integrales del trabajo en las que se toma en cuenta el proyecto institucional, las condiciones objetivas en las que se realiza el trabajo, el tipo de nombramiento de cada académico, la disciplina de referencia, el momento de la trayectoria individual, la edad y el género.

Este tipo de evaluación tendría lugar en los grupos, equipos o unidades de adscripción más próximos, donde el académico realiza su trabajo cotidiano. Sus instrumentos serían el plan de trabajo y el informe de actividades anuales, y todo el proceso de evaluación estaría a cargo de los mismos involucrados. Los resultados de la evaluación se presentarían en el cuerpo colegiado de la institución encargado de dictaminar los planes e informes anuales de todos los académicos.

Para realizar una valoración integral de los expedientes proponemos que —al margen de que se trate de un programa de incentivos, de becas o de una evaluación colegiada del trabajo individual, en el interior de un grupo o de un equipo— el resultado de la evaluación sea una apreciación global del trabajo de cada académico, en la que consten en breve dos cuestiones: 1) un balance general que valore la calidad del trabajo realizado en función de la trayectoria del académico, las condiciones institucionales y personales de trabajo, apoyado en los productos reportados; 2) sugerencias que, a modo de retroalimentación, le permitan al académico hacer los ajustes necesarios para reorientar su plan de trabajo hacia el logro de un mejor desempeño.

De la misma manera, independientemente de la modalidad de evaluación de que se trate, siempre deberá garantizarse el derecho al recurso de revisión y a solicitar, según el caso, una nueva evaluación a cargo de evaluadores distintos de los que emitieron el primer resultado.

Cabe mencionar aquí otra ausencia notoria en las modalidades de evaluación vigentes: la evaluación de la evaluación, que incluya tanto el trabajo de los evaluadores como el funcionamiento y resultados de la aplicación de los programas mismos. Para ello, es conveniente establecer criterios y procedimientos claros. Se podrían tomar en cuenta, entre otras cosas, las horas que requiere, la cantidad de expedientes a cargo de cada evaluador, la dinámica de trabajo de las comisiones dictaminadoras, el tipo de dificultades más frecuentes, los índices de aprobación y rechazo, el contenido y el número de las solicitudes de revisión, las valoraciones de los académicos sobre el proceso y el grado de avance en los objetivos planteados. A partir de esto se harían los ajustes que se consideren necesarios para las siguientes evaluaciones.

Dada la gran cantidad de expedientes que típicamente hay que atender, haría falta estimar con mayor seriedad el número necesario de evaluadores en función del tiempo real que exige la evaluación rigurosa de cada expediente. No es recomendable recargar a los evaluadores con un número excesivo de expedientes, como sucede en la actualidad. Es deseable que los evaluadores sean elegidos por los profesores de las unidades académicas de una lista de sus pares, y que éstos no sean las autoridades de la institución. Finalmente, cabe recordar que el nivel alcanzado en los programas de estímulos —sean del SNI o de algún otro—, no representa un criterio que garantice ser un buen evaluador.

Conclusión

Cualquier intento por mejorar sustancialmente los procesos de evaluación del trabajo académico tendrá que afrontar el problema medular de que hoy la evaluación está unida a la administración de los ingresos económicos de los académicos en forma de estímulos y sobresueldos. Esto hace que sea urgente poner sobre la mesa de discusión la necesidad de un salario base digno y suficiente para todos los académicos.

La presente propuesta representa un acercamiento para atender las limitaciones y los efectos de los actuales programas de estímulos y pretende ofrecer a las instituciones de educación superior un nuevo horizonte de referencia para la transformación de la evaluación de sus académicos. Se trata de transitar del recuento curricular a la evaluación diagnóstica y formativa, introduciendo nuevos fundamentos y criterios en los programas vigentes. Las virtudes de nuestra propuesta son la construcción de un sistema real de evaluación que sea equitativo y transparente, que fomente la participación de los académicos en el proceso, que esté articulado a un proyecto institucional, que permita mejorar la calidad de las prácticas académicas y que respete la heterogeneidad de las instituciones, sus posibilidades reales de cambio, la diversidad de disciplinas y trayectorias. También pretende simplificar la maquinaria burocrática que participa en las evaluaciones, evitar las contradicciones entre los distintos mecanismos vigentes, contribuir a la autonomía de las instituciones y reducir el costo en trabajo y dinero de los procesos. Nuestro objetivo, en última instancia, es presentar sugerencias, criterios y cuestiones de carácter operativo para avanzar en la implementación de la propuesta general, que cada institución adaptaría a sus características específicas.

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Queríamos evaluar y terminamos contando: alternativas para la evaluación del trabajo académico (Resumen)

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Aumenta en 24 millones la malnutrición en África, afirma FAO

África/20 noviembre 2017/Fuente: Invasor

La subalimentación crónica en África subsahariana afecta hoy a unos 224 millones de personas frente a los 200 millones registradas entre 2015 y 2016, aseguró la FAO.

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) afirmó en su informe Panorama regional de la seguridad alimentaria y la nutrición en África 2017, que tal situación se debe en mayor parte al cambio climático, a los conflictos y a la ralentización de la economía mundial.

Ante esas situaciones debemos crear resiliencia en las comunidades más afectadas, señala el texto publicado en Costa de Marfil.

El dato sobre el hambre supone que un 25 por ciento de los 815 millones de personas subalimentadas en el mundo en 2016 se encuentran en ese continente, destacó el representante regional de la FAO para África, Bukar Tijani.

Definió que entre los factores determinantes para el aumento del hambre en la región aparecen el incremento de la población con incapacidad para acceder a los alimentos, las condiciones climáticas adversas y los conflictos, factores que a menudo coinciden.

El estudio indica que, en la primera década del milenio, África subsahariana progresó en la lucha contra el hambre, la cual cayó desde el 29,1 por ciento al 20,6 por ciento. Sin embargo, este avance retrocedió en 2015 y 2016 en muchos países.

Tal retorno se debió, entre otras causas, al impacto de los conflictos y las condiciones climáticas —como las reiteradas sequías, a menudo relacionadas con el fenómeno de El Niño—, que dieron lugar a malas cosechas y la pérdida de ganado.

Según la investigación, existe un estrecho vínculo entre el hambre y los conflictos, y asegura que 489 millones de personas de los 815 millones que padecían subalimentación en el mundo en 2016 viven en países asolados por los conflictos, la violencia y la fragilidad.

En el caso de África subsahariana la mayoría de la población subalimentada se encuentra en naciones afectadas por conflictos, señala el documento.

Asegura que casi se duplican los países que padecen violencia y crisis prolongadas, al igual que sus resultados nutricionales.

Fuente: http://www.invasor.cu/es/internacional/15683-aumenta-en-24-millones-la-malnutricion-en-africa-afirma-fao
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Presentarán ante Fiscalía de Ecuador denuncias por abusos en escuelas

América del sur/Ecuador/18 Noviembre 2017/Fuente: Prensa Latina
El presidente de la Asamblea Nacional, José Serrano, y la Comisión Ocasional Aampetra, que investiga denuncias de abusos sexuales en escuelas, denunciarán en Fiscalía a directores distritales, zonales y rectores de centros donde se reportaron esos delitos.
Las acciones se tomarán en virtud de que en muchos casos no se presentaron acciones penales, a pesar de conocer esa clase de hechos, ocurridos en sus respectivos planteles, aclaró en su página el legislativo.

Según resolvió el Consejo de Administración Legislativa (CAL), a tal efecto, será necesario que el Ministerio de Educación remita la información requerida para identificar a los posibles autores, cómplices o corresponsables de los actos de abuso sexual.

Hasta el momento se presentaron 31 expedientes de situaciones registradas en unidades educativas, con delitos sexuales que van desde uno a 100 casos y suman un total de 900.

Las autoridades nacionales han condenado en numerosas ocasiones los hechos, cuyas pesquisas comenzaron a raíz de un caso denunciado en una institución escolar en Guayaquil.

En su segmento televisivo semanal El gobierno informa, el presidente de la República, Lenín Moreno, recordó que la semana pasada, convocó a todas las funciones del estado, para erradicar la violencia sexual es espacios docentes.

‘Agradezco la presencia y disposición para dar la prioridad que este tema merece, a la Asamblea Nacional, al Consejo de la Judicatura, a la Defensoría del Pueblo, Fiscalía y a todos los ministerios del ejecutivo’, afirmó el mandatario.

En ese sentido, recalcó que el acuerdo fue atender el tema con urgencia y de manera integral, para investigar y sancionar todos los delitos de abuso sexual cometidos en escuelas.

Al respecto, aclaró que se desarrollarán mecanismos, mediante los cuales todos los estudiantes cuenten con todo tipo de seguridad y estén a salvo de esos ataques.

Fuente: http://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=131438&SEO=presentaran-ante-fiscalia-de-ecuador-denuncias-por-abusos-en-escuelas
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Innovación e incursión digital, retos de la educación en Bogotá

Por: elespectador/Mónica Rivera Rueda / 17-11-2017

Uno de los principales retos de los formadores en la ciudad está en desarrollar las habilidades de sus estudiantes e incluir las nuevas tecnologías en la enseñanza. Estas son algunas de las apreciaciones basadas en las experiencias de un colegio público y uno privado.

La educación es uno de los temas con los que los bogotanos se sientes más satisfechos. De acuerdo con el último informe de percepción de Bogotá Cómo Vamos, 65 % de los encuestados están conformes con la educación primaria y secundaria que se presta en la ciudad, mientras que en el tema de cobertura, la organización destaca que la ciudad es una de las que tienen mejores índices, con el 92 % de alcance.

Según Ricardo Meza, experto en procesos de evaluación de competencias educativas, quien fue uno de los ponentes del primer Encuentro Nacional de Gestión Académica, las buenas perspectivas de la ciudad frente a la educación podrían ser por el aumento de la cobertura y los trabajos por implementar la jornada única, lo que da una perspectiva de que se está viviendo una transformación en la ciudad. “Aunque aún nos hace falta mucho en la parte de inversión, lo que la gente está viendo es que se está intentando mejorar la calidad”.

Pero los resultados cambian al discriminar la percepción por sectores. El 57 % se mostró a favor con la educación que reciben los niños en colegios públicos, mientras que la satisfacción en los colegios privados es del 74 %. Esto, según Andrés Murillo, rector del Colegio Moderno John Dewey, se debe a que, a pesar de que el Gobierno se esfuerza por disminuir la deserción escolar y garantizar la jornada completa, aún se evidencian limitaciones en el acceso de recursos tecnológicos e información, que pueden afectar la calidad de la educación ante los nuevos retos que conllevan las nuevas tecnologías para los estudiantes.

Por ejemplo, la orientadora Xiomara Castañeda, quien trabaja en un colegio público en el sur de la ciudad, tiene a su cargo 2.200 estudiantes de bachillerato. Ella siente que no hay desventajas académicas, pero considera que lo que sí influye en la brecha educacional es el reducido acceso a las tecnologías e internet, así como las condiciones externas que deben enfrentar ante las vulnerabilidades de la población con la que trabajan. “Tenemos en este momento, sólo en bachillerato, 60 niños con problemas de discapacidad y estamos un poco solos, casi sin acompañamiento”, asegura.

Es evidente que no son las mismas condiciones en las que trabaja el profesor Juan Manuel Gómez, que enseña en un colegio privado y bilingüe en el norte de la ciudad. Allí se adelanta un nuevo proceso de enseñanza, con el que se pretende centrar la educación no en el aprendizaje, sino en el desarrollo de las habilidades de los estudiantes. “En nuestro caso usamos plataformas en las aulas que tienen contenidos alineados con los temas que queremos desarrollar”.

Tanto la docente del colegio público como el del colegio privado creen que una de las razones para que se presente esta brecha en la educación es la inversión económica, aunque aclaran que no lo es todo. Murillo asegura que programas como Ser Pilo Paga pone en competencia a los estudiantes y los motiva a mejorar, por lo que se puede decir que se ha convertido en un proyecto efectivo para mejorar la calidad de los estudiantes.

Meza cree lo mismo, pero considera que la brecha también está en la capacidad de los maestros de habituarse a las nuevas demandas que pide la educación y los mismos estudiantes que han nacido en el entorno digital. “Como docentes nos hace falta actualizarnos en esa parte tecnológica. Puedo tener una herramienta digital que funcione a las mil maravillas, pero si no la sé usar, es exactamente lo mismo que un martillo sobre una mesa”.

Murillo cree que los maestros caen en la confusión. “Hay docentes que no están preparados, porque muchos piensan que usar la tecnología es llevar un proyector de video a la clase. Usar la tecnología va más allá de la mera clase con una presentación en diapositivas”.

La innovación

Otro de los puntos sobre los cuales los docentes consideran que puede disminuirse las brechas es en la innovación. En el colegio privado donde trabaja Gómez se desarrollan modelos de aprendizaje a través de redes sociales; aplicaciones que son tendencia para los estudiantes, y se les motiva a grabar videos como los que ellos ven dentro de la inclusión digital.

Por su parte, en el colegio público en el que trabaja Castañeda también se adelantan casos de emprendimiento de éxito. Allí se realizó un proyecto con algunos estudiantes de física para implementar un modelo sobre el manejo de la electricidad. Con este trabajo, los alumnos participaron en un programa organizado por Telefónica y ahora representarán a Cundinamarca en una competencia nacional.

Para Castañeda, este caso demuestra que son varios los factores, además del económico, los que influyen en la calidad. De acuerdo con Murillo, esto se debe principalmente a que los estándares de calidad no sólo deben ir encaminados a buscar los mejores resultados, sino a mejorar las prácticas educativas, “porque cuando se hace en función del resultado, comenzamos en una competencia por el puntaje. Sin embargo, si se centra en la oferta educativa, se fortalece la práctica en el aula y todo el proceso real que después le va a servir para la vida al estudiante y al colegio”.

Para los educadores partícipes del evento, los principales retos en la educación están claros y con estos se puede lograr la disminución de las brechas en la educación, eje fundamental para mejorar la calidad del estamento público.

*Fuente: https://www.elespectador.com/noticias/bogota/innovacion-e-incursion-digital-retos-de-la-educacion-en-bogota-articulo-723538

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