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«En Oxford, los profesores no enseñan qué pensar sino cómo pensar»

21 de diciembre de 2016/Fuente: el mundo

La nieve crujía y por un momento dejé de sentir las puntas de los dedos. El portero de New College, con el bombín hasta las cejas, me dijo entre vahos que no recordaba un noviembre más frío. Y había nacido en Oxford. Me acompañó hasta un patio gótico coronado de capiteles y señaló hacia una ventana: «Ahí tiene sus aposentos Mr. Christiansen. Le está esperando». Rodeé el gran óvalo de césped blanco, dejé a mi derecha la capilla y el claustro, imperturbables y umbríos, y me detuve ante la puerta. Respiré hondo. Fuego en el estómago. Había pasado los A-Levels, los exámenes externos que el sistema británico fijó con carácter nacional hace más de medio siglo para la obtención de un título y el acceso a la universidad. Y también las pruebas específicas de ingreso en Oxford. Pero me faltaba la entrevista. La re-reválida. El instante de la sensación verdadera. Mi futuro, aquí y ahora, pensé. ¿Afectará el frío al cerebro?

El despacho de Mr. Christiansen era lo que dicta el canon de Brideshead. Acogedor, repleto de libros y objetos inverosímiles, una botella de sherry medio vacía sobre la mesa y, ah, la chimenea encendida. ¿Y él? Pues el prototipo de profesor excéntrico de traje y bicicleta vintage. Inquisitivo, incorrecto, mordaz, discípulo del gran Raymond Carr, experto en vikingos, tenía la sonrisa del gato de Alicia y la caligrafía de un monje medieval. Fabricaba su propia tinta.

– Siéntese. Conversemos. De sus exámenes infiero que ha leído El rey Lear.

– Eh, sí.

– Bien. Hábleme de Cordelia. Largamente. Y sorpréndame.

Eric Christiansen murió el pasado 31 de octubre. The Times y el Telegraph le dedicaron dos justos obituarios. «Maestro de generaciones de universitarios agradecidos». Sus tutoriales representaban lo mejor de un sistema educativo que deplora el abuso de la memoria con la misma fuerza que promueve el espíritu crítico y la responsabilidad individual. En Oxford los profesores no predican; provocan. No contestan de forma categórica; hacen preguntas de calidad. Han visto desfilar a decenas de genios y no se conmueven ante la apelación a la autoridad o a los sentimientos. Son escépticos, pero nunca cínicos. Y, sobre todo, desprecian las opiniones regurgitadas y valoran la libertad intelectual. No enseñan qué pensar, sino cómo pensar: la pasión por la investigación y el amor a la verdad. La fachada será arcaizante, pero el enfoque es radicalmente moderno. Científico. Hace unos días se publicó el informe Pisa. Como tantas veces, la tertulia española se instaló en la superficie a jugar al ping-pong. Unos optaron por la reivindicación resignada: ¡España sube! …porque la media baja. Otros recurrieron a la resignación reivindicativa: ¡La España fragmentada jamás será ilustrada! Sin embargo, el informe traía una lección precisa y profunda. Lo único capaz de combatir el estancamiento en la mediocridad y la inaceptable brecha autonómica es la sustitución del pensamiento fofo -suma de prejuicios y sentimentalismo- por el exigente, útil y humanísimo método científico.

El informe señala: «En un contexto de flujos masivos de información y de cambios tecnológicos acelerados, todos los alumnos deben de ser capaces de pensar como un científico». Pero no lo son. «A pesar de la revolución tecnológica, el rendimiento en ciencias no ha mejorado desde 2006». Entre Singapur y el País Vasco media lo que entre un paper y un panfleto. Los colegios -los gobiernos- siguen confundiendo el estudio de las ciencias con la vocación científica. No han comprendido que sin una ciudadanía capaz de pensar científicamente no habrá crecimiento. Ni democracia.

La defensa de una política racional, sometida a los procedimientos y las conclusiones de la ciencia, no es nueva. Steven Pinker le ha dedicado muchas páginas limpias y vibrantes. Y en España, inspiró la fundación de Ciudadanos. Pero la tormenta populista le confiere una urgencia radical. En EEUU, Jonathan Haidt, autor de The Righteous Mind: Why Good People are Divided by Politics and Religion, ha creado dos plataformas –HeterodoxAcademy.org y CivilPolitics.org– que utilizan la ciencia como un nuevo suelo moral; para reconstruir lo que la censura identitarista de la izquierda y la reacción tribalista de la derecha han socavado: la convivencia.

El criterio independiente, la primacía de los hechos, el contraste empírico, el debate argumentado, la verificación… El esfuerzo y el rigor. Las prácticas de la ciencia ahorman una visión de la realidad que se puede comprobar y, por tanto, compartir. A su vez, las últimas aportaciones científicas -sobre el funcionamiento del cerebro humano, la genética o la evolución- ofrecen un arsenal fáctico contra el dogmatismo posmo de cualquier Puigdemont. Siempre y cuando ella misma no sucumba ante la politización, la ciencia es un antídoto para el descrédito de la política. Y del periodismo. Frente a la tiranía de los feelings, la república de los facts.

En julio de 2013, Eric Christiansen reseñó para The Spectator el tercer volumen de cartas del historiador de las ideas y eminente liberal Isaiah Berlin. Recordó sus clases magistrales en Oxford: «Sus alumnos nos sentíamos dueños de un palco en la ópera». Los ataques que recibió de reaccionarios de todo el espectro ideológico. Y el entusiasmo con que emprendió la fundación de Wolfson, un nuevo college en Oxford consagrado al estudio de las Ciencias. Isaiah -escribe Christiansen, citando una de sus cartas- «se había convertido a la opinión de que los científicos eran ‘un cuerpo maravilloso, al que miro con casi mística adoración’. En su nombre, libró la batalla contra los prejuicios anti-científicos de la mayoría de sus colegas, y ganó».

Ganar es una obligación frente al irracionalismo transversal. Para España, eso significa una revolución científica. Ante todo, en la política. Hasta ahora, el único partido que ha enarbolado esa causa es C’s. Lo hizo en sus inicios y en el excelente programa de política científica que el especialista en biomedicina José María Rojas redactó para las elecciones de hace un año. Es una pena que ese caudal de racionalidad haya desembocado en la exigencia al Gobierno de la eliminación de las reválidas. Las de primaria y la ESO, sustituidas por una simple prueba muestral: no la harán todos los alumnos, no tendrá valor académico y no será necesaria para pasar de curso. La del bachillerato, diluida en una selectividad bis: no condicionará la obtención del título y, según el borrador ministerial, «el 70% de la calificación de cada prueba deberá obtenerse de estándares de aprendizaje evaluables seleccionados entre los definidos en la matriz de especificaciones de la materia correspondiente». Uf. Traduciendo: la enseñanza en España no será común. Otra victoria del sondeo sobre el hecho. De la política sobre la ciencia.

Fuente: http://www.elmundo.es/espana/2016/12/12/584dacbd22601d496e8b4601.html

Imagen: e04-elmundo.uecdn.es/assets/multimedia/imagenes/2016/12/11/14814854888164.jpg

 

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¿Cómo educar ante un mañana incierto? 6 preguntas clave.

Por: Liliana Arroyo. El Diario de la Educación. 10/12/2016

Es ya urgente una reflexión sobre las instituciones educativas con la que, al menos, respondamos a dos preguntas: ¿Para qué sirven? ¿Cómo deben ser?

Algunos expertos afirman que estamos entrando en la cuarta revolución industrial y una de las claves es la transformación profunda a nivel económico y, en consecuencia, social. La tecnología posibilita y acelera la disrupción de sectores enteros, modelos de negocio, perfiles profesionales e, incluso, las formas de trabajo se reinventan. Las escuelas que hoy conocemos son hijas de la Ilustración y la Revolución Industrial. La primera revolución requería trabajadores obedientes, especializados, mecánicos, con jornadas que comenzaban y acababan con un timbre. Desde entonces difícilmente se pone en duda la conexión entre el crecimiento económico de una sociedad y el diseño de su sistema educativo.

Si eso es así, la reflexión es urgente. Estamos en los albores de la cuarta revolución y seguimos con sistemas educativos nostálgicos del siglo XX, en algunos casos aún a contrapié de la revolución digital (la tercera). En este contexto se necesita un replanteamiento de las instituciones educativas comenzando por preguntarnos de una vez para qué sirven y cómo deben ser.

Un informe del World Economic Forum presentado en Davos a principios de este año calculaba que el 65% de estudiantes que están cursando primaria hoy trabajarán en perfiles laborales que todavía no existen. Aquella pregunta de “qué quieres ser de mayor” se vuelve más complicada porque no se trata de elegir un camino entre los posibles y descartar los otros. Implica orientarse hacia un camino que hoy existe y quizá mañana se haya transformado tanto que no tenga nada que ver con los sueños infantiles y adolescentes. O incluso andar hacia una dirección en la que deberán poner los ladrillos antes de dar el siguiente paso. Las mismas previsiones indican que en los próximos años millones de puestos de trabajo ya no requerirán la intervención humana, especialmente aquellos con tareas rutinarias y predecibles, fácilmente mecanizables.

Hay determinados sectores y posiciones que ya han llegado, como las de analistas de datos. Cada vez serán más necesarios puesto que avanzamos hacia un mundo donde la toma decisiones se basará en la gran cantidad de información que generamos día a día, esos rastros voluntarios e involuntarios capturados por la digitalización creciente.

En lugar de aterrorizarnos, anticipémonos. Preparemos la transición para que no suponga una nueva brecha, una nueva división social entre sustituibles y sustituidos. Pensemos cómo aprovechar las oportunidades que eso puede acarrear: que las máquinas se queden con tareas arduas y rutinarias nos permite plantearnos nuevas oportunidades profesionales. Y es algo que podemos hacer mientras rediseñamos los sistemas y las comunidades educativas.

Pero también hay que tener en cuenta cuáles serán las condiciones del mercado de trabajo: flexibilización de horarios, crecimiento del teletrabajo, aumento del emprendimiento y, en definitiva, lo que se bautiza como ‘gig economy’: empleos menos estables, más orientados a tareas concretas -quizá esporádicas- acompañados de flexitrabajo y altos niveles de creatividad y adaptación.

1. ¿Ciencias o letras?

La separación habitual entre ramas de conocimiento pierde el sentido en un mundo cada vez más interconectado y fluido. Las “letras”, o más bien las humanidades en sentido amplio, deberían estar presentes siempre, especialmente el conocimiento y la dimensión ética. Además de las capacidades técnicas, que cada vez llegan a horizontes más increíbles, harán falta debates éticos sobre la responsabilidad, la necesidad y la conveniencia de esos cambios. En esta línea, trabajar por proyectos, en grupos y fomentando el uso de conocimientos transversales e interdisciplinares, parece que cobra mucho más sentido que la rígida división por asignaturas.

2. ¿Educación analógica o digital?

Las capacidades y habilidades que se entrenan en analógico o en digital son razonablemente distintas, pero probablemente el aprendizaje combinando aspectos digitales y ejercicios lejos de las pantallas es el más deseable. La alfabetización digital debería incluir códigos de programación, de la misma forma que enseñamos a leer y escribir. Es más, para enseñar a programar ni tan siquiera hace falta un ordenador, hay métodos infalibles de lápiz y papel, porque lo importante no es la herramienta, sino el pensamiento.

3. ¿Contenidos o criterios?

Hasta ahora la definición de los cursos escolares se basa en la dosificación de contenidos, más o menos estandarizados y clasificados por edades. Pero en la era de la información, estando cualquier idea a pocos clics de distancia y en forma de texto, video o multimedia, dedicar el tiempo a almacenar conocimientos parece anacrónico. Y por ende, los sistemas de evaluación. Si bien la memoria y la cultura general son importantes, quizá es momento de acompañarles para que sepan dónde buscar y cómo relacionar ideas según la información hallada. Es decir, en un mundo en el que lo complejo no es acceder a la información, sino justamente no terminar ‘infoxicado’, es relevante educarles para que tenga criterio. Eso implica que sepan encontrar información, priorizarla y desarrollar mecanismos para distinguir entre fuentes fiables y opiniones sesgadas. Junto a ello, aprender a dar un paso atrás, tener la visión de conjunto y reflexionar probablemente sea de lo más urgente.

4. ¿Profesionalizar o capacitar?

Si los límites entre profesiones cada vez serán más fluidas y los nichos de mercado cada vez más transversales, organizar la educación con arreglo a profesiones determinadas seguramente funcionará para un porcentaje limitado de estudiantes. La educación debe capacitarlos, al menos en parte, para relacionarse, trabajar, madurar y desarrollar sus vidas en entornos cambiantes y líquidos. Es importante que las escuelas sean laboratorios donde explorar sus capacidades, dotarles de espacio para la autoexploración y el autoconocimiento, que descubran sus pasiones, que se prueben y que se reten: que se acostumbren a encontrar y traspasar los límites de su zona de confort será primordial.

Habilidades como la imaginación, la adaptabilidad, la creatividad y a su vez la gestión del tiempo y la priorización de tareas son aspectos que seguro van a necesitar tanto en su vida profesional como en la personal.

5. Aprendizaje: ¿etapa o proceso?

Estamos empezando a aceptar que la educación y la formación no sólo se hacen al inicio de la vida, sino que el reciclaje y el aprendizaje continuo son ingredientes necesarios, especialmente en aquellos sectores profesionales en cambio constante. El aprendizaje es un proceso y la curiosidad es el motor que lo estimula. Las escuelas deberían ser ese lugar donde el gusto por aprender vehicula la adquisición de conocimientos y habilidades. Imaginémoslo como uno de los espacios donde se debe implantar la simiente de vivir con los ojos abiertos y de cuestionar por qué ocurre tal cosa o cómo funciona tal otra.

6. ¿Quién tiene la llave del cambio?

Todos. Tú también. Lo maravilloso y lo complejo de la educación es que es una responsabilidad colectiva. El cambio no puede residir en el sistema educativo únicamente, ni en las políticas públicas. Y me atrevo a decir que es injusto que recaiga en los centros o los profesores, esos héroes de cada día. Si bien ellos están en primera línea, no deberían ser el epicentro ni los protagonistas, sino más bien los embajadores, junto con las familias. Y el resto de la comunidad educativa. Estamos hablando de un cambio sistémico que requiere la implicación, la voluntad y la complicidad de todos.

Porque la educación no es aquello que ocurre en las aulas de 9 a 5, de lunes a viernes entre septiembre y junio. La educación es también el inicio del sueño del mañana, las trayectorias de los que se gradúan pronto, la historia por escribir de los países y los derechos de los habitantes presentes y futuros del planeta.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2016/11/29/como-educar-ante-un-manana-incierto-6-preguntas-clave/

Fotografía: flickr

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Pobreza y tecnología en México

América del Norte/México/28 de Agosto de 2016/Autor: Manuel Gómez Granados/Fuente: Excelsior

Lejos, como estamos, de haber llegado a un acuerdo sobre qué ocurrirá en el futuro con la medición de la pobreza, tendríamos que prepararnos para una serie de transformaciones tecnológicas que tendrán un impacto terrible, acaso devastador, en la economía tanto de miles de pequeñas comunidades como de cientos de miles de colonias populares del país. Se trata de cambios que —en muchos sentidos— están ya a la vuelta de la esquina.

El más notable de esos cambios es la entrada en uso masivo de los vehículos autónomos. Ya nos hemos acostumbrado en México a la idea de que, más tarde o más temprano, llegarán autos como los que ahora prueba Alphabet, la holding que controla a Google. Todas las grandes armadoras automotrices tienen ya prototipos de autos autónomos. Esos vehículos podrían tener beneficios muy importantes en el ámbito ecológico, pues reducirían conductas estúpidas, como usar el acelerador como claxon o los acelerones innecesarios. Sin embargo, también traerán —con toda probabilidad— el final de una época en términos de empleo.

Basta voltear la vista en casi cualquier ciudad de la República, para ver la gran cantidad de personas empleadas por la industria automotriz, desde la producción y venta de autos nuevos, hasta quienes viven de la chatarra automotriz. Pero no será sólo con los autos. La división de transporte de carga de Mercedes Benz opera, desde mediados de 2015, prototipos del Freightliner Inspiration, un tráiler de cinco ejes y 18 llantas, que ya recorre algunas carreteras de Estados Unidos como parte de la primera generación de camiones de carga autónomos. De acuerdo con estimaciones de la propia Mercedes Benz y otras armadoras de vehículos, en 2018 entraremos en la fase de total autonomía de los autos, luego de lo cual, en 2023, ingresaríamos en la fase de adopción de los vehículos 100 por ciento autónomos.

La teoría económica suele colocar todo tipo de flores en este modelo de desarrollos y los presenta como una oportunidad más en la ruta de la liberación de las personas de tareas miserables y mal pagadas. La vida de una persona no tendría por qué perderse, suelen decir los economistas, tras el pesado volante de un tráiler que desplaza contenedores de México a Canadá y viceversa. El problema de esta línea de razonamiento es que, así como ocurrió con la llegada de las computadoras y otros desarrollos tecnológicos, la popularización de los vehículos autónomos implicará una monumental destrucción de empleos, no sólo de choferes, sino también de quienes prestan servicios a éstos. Basta recorrer con la mente parajes en la autopista México-Veracruz como Río Frío o Esperanza, que viven de prestar servicios a los transportistas, para imaginarse el impacto que tendrá que los contenedores sean transportados por vehículos autónomos como el Freightliner Inspiration y no por choferes. En otros países donde existen mecanismos más eficaces para atemperar cambios en el comportamiento de los mercados, ya piensan en los posibles efectos de una nueva revolución tecnológica como la descrita. Acá, la Reforma Energética, por citar el caso más cercano, se diseñó sin considerar siquiera la posibilidad de que el barril de petróleo se vendiera a menos de 80 dólares. Todas las decisiones de la reforma se tomaron sobre esa base. Eso explica nuestra actual vulnerabilidad, y deja ver qué podría pasar si ocurre, digamos en 2024, una revolución como la descrita aquí. La idea —popular entre algunos economistas e ideólogos neoliberales— de que todo estará bien y de que el mercado por sí mismo resolverá los problemas que el propio mercado genera, no ha funcionado. Lo que se advierte en México y en muchos otros países es una creciente disociación entre las tasas de crecimiento y las de pobreza. Es decir, la economía en su conjunto crece, pero ello no implica una caída en las tasas de pobreza; más bien lo contrario. Ello es así gracias al modelo de desarrollo vigente en países como México que, incluso sin considerar factores como la corrupción, no distribuyen el crecimiento, lo reconcentran. En países como el nuestro, afectados por la corrupción como estamos, el efecto de concentración del ingreso y el aumento de la pobreza es todavía mayor y es allí donde está el gran riesgo de disparar todavía más las cifras de empleo informal, desempleo y pobreza, gracias a una revolución tecnológica en un contexto tan desigual como el mexicano.

Fuente: http://www.excelsior.com.mx/opinion/manuel-gomez-granados/2016/08/13/1110736

Fuente de la imagen: http://www.pantallatech.com.ve/tecnologia/mexico-entre-paises-que-mas-escalan-en-uso-de-tecnologia-2/

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Los adolescentes argentinos dejaron la TV y prefieren conectarse por Internet

America del Sur/Argentina/27 Agosto 2016/Fuente: Sur y sur

Una encuesta nacional argentina sobre hábitos de consumos culturales entre adolescentes revela que e l 95 por ciento accede a Internet a través del celular. Siete de cada diez están todo el día conectados. Pero para los jóvenes, lo más divertido es la vida social cara a cara. Hoy se sientan frente al televisor siete veces menos que hace una década

El cuarto de un adolescente argentino tiene en promedio cuatro pantallas, si se cuenta el celular, el televisor, una netbook o notebook y una computadora de escritorio, en ese orden. El celular, claro, es la herramienta por amplia mayoría y tiende a ser la única en el futuro cercano. La televisión, en cambio, perdió un espacio muy importante: los adolescentes se sientan frente al televisor siete veces menos que hace una década. Los datos son parte de los resultados de una amplia encuesta nacional, la tercera que se realiza en el país.

Los antecedentes, 2006 y 2011, fueron producidos por el Ministerio de Educación de la Nación, y en esta oportunidad –la encuesta debe cumplirse cada cinco años para cumplir con los requerimientos estadísticos–, ante la ausencia de información sobre alguna iniciativa oficial, se realizó la encuesta promovida desde el sector privado.adolecente con celular

Se trató de una encuesta nacional, con un rango importante de encuestados, 1800 adolescentes de entre 14 y 18 años. Se realizó en las capitales de provincia y en ciudades como Rosario y Comodoro Rivadavia, sobre la base de escuelas públicas y privadas. Se trató de una encuesta cuantitativa, esto es, una radiografía de la situación actual, pasible de ser comparada con las dos encuestas anteriores, y con las que semejantes que se realizan en Gran Bretaña y Francia. Consistió en un cuestionario al estilo múltiple choice y se realizó entre abril y junio de este año.

En primera instancia, se verifica que la habitación de un adolescente argentino, hoy, incluye en promedio cuatro pantallas. Aunque el resultado muestra que en la habitación tienen hasta seis tipos de pantalla diferentes, las que indefectiblemente aparecieron fueron el celular y la tevé; en tercer lugar la netbook –entregada en las escuelas públicas–, o la notebook –en los casos en que fue comprado por los padres–; seguido de la computadora de escritorio, después MP3, MP4 o iPod, y una Play Station o la consola Wii.

La mayoría, el 60 por ciento, tiene entre 3 y 5 pantallas (cuatro de promedio), que son indefectiblemente el celular, la tevé, la netbook, y cualquiera de las tres restantes (pc, MP3 o consola). Alrededor del 20 por ciento tiene seis o más; otro 20 por ciento tiene dos (el celular y la tevé) y un número irrelevante para la encuesta tiene solo una (el celular). Dato significativo: no hubo respuestas por cero.

El resultado respecto a los medios gráficos da sentido a la pregunta anterior. A la consulta sobre qué medios gráficos compran en la casa de cada encuestado, el 25 por ciento respondió que compran al menos un periódico, el 15 por ciento, libros; el 10, revistas; y un 15 por ciento, los tres medios. Es destacable que el treinta por ciento, tres de cada 10 familias, no compran ningún medio gráfico. “En las casas hay más pantallas que medios gráficos, es una manera de desetiquetar a los chicos, de entender que tienen tantas pantallas en su habitación porque en sus casas hay pantallas y en el 30 por ciento de los hogares hay solo eso, porque no hay un solo medio gráfico”, señaló Roxana Morduchowicz la directora de la encuesta. El motivo de que en la habitación la mayoría tenga cuatro pantallas se explica porque “la facilidad de acceso hace que los padres actualicen sus modelos y los que tenían se los pasan a sus hijos”, describió .

De la encuesta surge que ningún consumo cultural es recibido en el medio para el que fue creado. La lectura de los diarios impresos es un ejemplo: lo leen mayoritariamente en la versión on line. Las cifras respecto a las pantallas como receptoras de consumos para los adolescentes dicen que el 60 por ciento mira programas de tevé en computadora y celular; el 75 lee en esas dos pantallas; el 60 ve películas en la computadora; el 90 por ciento escucha música en el celular y el 55 por ciento en la PC (la suma no da 100 porque en muchos casos escuchan en ambas); y prácticamente el total, el 95 por ciento, navega por Internet en el celular.

adolecente con pantallas1Es impactante el dato que surge de la encuesta respecto al hábito de sentarse frente a un televisor: en la encuesta realizada en 2006, 7 de cada 10 adolescentes miraba el televisor de 4 a 6 horas diarias. Este año, la encuesta determinó que en el mismo rango de horas (4 a 6 diarias), uno de cada diez mira en la pantalla de tevé. Siete veces menos.

“El menú rígido de la tevé no es compatible con los hábitos adolescentes –señaló la directora de la Encuesta–, que se caracterizan con tres puntos: miro cuando quiero (no en el horario de transmisión); dónde quiero (no en la casa de los padres); y con quien quiero (no con familiares). No es que dejan de ver los programas sino que dejan de verlos en el televisor”.

Los adolescentes leen contenidos digitales. Sólo un 2 por ciento lee en papel. Esos contenidos surgen de redes sociales (70 por ciento); páginas y sitios web (60); libros para la escuela (30); diarios on line (20 por ciento). Esas lecturas son recibidas en el celular, 75 por ciento; en la PC, 60; en la netbook de la escuela, el 15; 10 por ciento en la tablet.

El celular es el principal medio de conexión de los adolescentes y va en camino a ser el único, es la pantalla que más aprecian. “En Europa y Estados Unidos, ya es la única, pero en Argentina no todos tienen smartphone lo que demora pero es una tendencia firme en todo el mundo”, explicó Morduchowicz. El celular, en ese sentido, es la contracara del televisor. El 95 por ciento navega Internet en el teléfono móvil. El 75 por ciento lo hace en la PC en la casa; el 20 en la netbook de la escuela; y el 15 por ciento en la tablet.

“A diferencia de otros años, al ser más móviles todos los dispositivos (celulares, tablet, netbook) se usan más tiempo. Hace diez años, se usaban locutorios, había que pagar por navegar, no había tablet”, señaló Morduchowicz. Esa disponibilidad lleva a que 7 de cada 10 estén conectados todo el día a Internet mientras que en la primera encuesta, en 2006, el 70 por ciento se conectaba sólo 30 minutos.

Y al conectarse a Internet, el 90 por ciento recorre redes sociales. “Facebook, menos que antes porque se sumaron los padres –explicó la directora de la Encuesta– y están prefiriendo otras redes como Instagram y con enorme crecimiento Snapchat”. El 75 por ciento escucha y baja música; el 55 busca información propia; el 35 hace tareas escolares; y el 30 ve series.

Ver TV en otros soportestv x tablet

Roxana  Morduchowicz, doctora en Comunicación. Coordinadora de la Encuesta Nacional de Consumos Culturales Adolescentes, señala que 10 años atrás, la primera encuesta nacional de adolescentes explicaba que siete de cada diez adolescentes argentinos veían de 4 a 6 horas de televisión por día. La pantalla chica dominaba el tiempo libre de los chicos. Eran épocas en que la TV era la única pantalla del hogar y no tenía ninguna otra que pudiera competir por ocupar el ocio de los jóvenes. Hoy, diez años después, solo uno de cada diez adolescentes mira televisión más de 4 horas y el 70 por ciento solo le dedica una hora diaria. ¿A qué se debe esta disminución?

Añade que la fórmula en relación a la TV de la generación que tiene menos de 18 años parece ser “veo cuando quiero, donde quiero y con quién quiero”. El menú rígido que propone la televisión para mirar los diferentes programas, un día determinado a una hora determinada, no es compatible con la cultura juvenil de hoy. Los chicos miran los contenidos televisivos, tiras, series o películas, pero el día y hora que ellos quieren, en el lugar que ellos eligen y cuando están con quienes ellos disfrutan. Por ello no sorprende entonces que los chicos miren los programas en otras pantallas –computadora, tableta, celular– y por Internet.

Hace diez años, 7 de cada 10 adolescentes navegaban 30 minutos por día. Eran épocas en que las casas no tenían conexión a Internet y los chicos debían ir a locutorios para conectarse. Hoy, el 70 por ciento de los chicos navega en Internet todo el día. La relación de los adolescentes con la computadora, la tableta y el celular vivió el camino inverso que el vínculo con la pantalla televisiva. En estos últimos diez años, la presencia de la tecnología en la vida de los chicos aumentó en la misma proporción que disminuyó la TV.

Los adolescentes leen, escuchan música y miran películas, programas y series, en el celular, la tableta y la netbook. Los chicos siguen eligiendo los contenidos televisivos. Solo que ahora, no los ven en la TV, concluye Morduchowicz.

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Movimiento Maker: los hacedores, transformadores de la educación

Pluma Invitada

Por: Miguel Ángel Gallegos Cárdenas

El tener la oportunidad de estudiar la Maestría en Desarrollo y Planeación de la Educación en una de las Universidades más importantes de nuestra nación, es un gran privilegio y una gran responsabilidad; la cual me ha permitido comprender la evolución de la educación y el papel que esta juega en el desarrollo de todas las sociedades.

A propósito de la investigación educativa que estamos realizando en el área de las TIC, y a sugerencia del Dr. Mauricio Andión, de la Universidad Autónoma Metropolitana, tuve la oportunidad de conocer la obra de uno de los pensadores más reconocidos de nuestra época: el Profesor Jeremy Rifkin, en específico el libro titulado “La Tercera Revolución Industrial”, que nos habla del cambio económico, tecnológico y energético que se está presentando en el mundo, y que describe, entre muchas otras, la posibilidad que habrá de la creación de miles de nuevos negocios y millones de empleos, además de que los seres humanos poco a poco dejaran de ser consumidores y pasaran a ser prosumidores (como vislumbrara Alvin Toffler); produciendo en sus casas, sus oficinas y en sus fábricas, con la fusión de las energías renovables y la tecnología de internet; además de entrever una revolución en las aulas y en la educación.

Lo anterior sirve de antesala para adentrarnos a un movimiento que surgió, de alguna forma si quisiéramos definir una fecha, en la era moderna en los años 50, con el “hágalo usted mismo” (entre muchas otras), que normalmente se realizaba en un rincón del hogar como una recreación o por la necesidad de reparar algo sin la intervención de un experto. En el año 2005 esta actividad de hacer o construir uno mismo, dejo de ser considerada como un acto meramente individual y nació así el movimiento Maker, término definido por Dale Dougherty.

Hace algunos meses, en México, un grupo de jóvenes, encabezados por Antonio Quirarte y Gustavo Merckel, tuvieron la visión de aterrizar el movimiento Maker, poniendo en marcha el proyecto llamado los Hacedores (Constructores o Makers), proyecto que ha logrado dar a conocer esta cultura en gran parte del país, despertando el interés en todo tipo de público: desde niños, jóvenes, adultos, profesionistas, amas de casa, empleados y un sinfín de personas; teniendo presencia no solo en México, sino que han logrado participar y mostrar internacionalmente lo que en nuestro país se está haciendo.

En el terreno de la educación, el Movimiento Maker comenzará a revolucionar la forma de aprender y de enseñar, pues la conjugación de las diferentes materias que se enseñan en las instituciones educativas tienen un punto de encuentro en la actualidad en los llamadosMakerspace, en donde con una simple herramienta como puede ser un martillo, desatornillador o pinzas, hasta una maquina sofisticada como una cortadora láser, una impresora 3D o una tarjeta Arduino conectada a una laptop, se concentran para esperar a que el hacedor o constructor, de vida a sus propios conocimientos conjugándolos para producir algo.

El Colegio Hebreo Maguen David fue prueba de ellos al inaugurar el pasado mes de mayo su propio Makerspace donde buscan empoderar a sus alumnos ofreciendo nuevas formas de participación y colaboración en busca de un nuevo modelo educativo.

Afortunadamente algunas instituciones educativas públicas en México también cuentan con el apoyo de los hacedores y otros equipos de trabajo para adentrarse a este movimiento que está comenzando a cambiar al mundo como nos vislumbra Rifkin en su obra.

Los hacedores cuentan ya con un Makerspace en la ciudad de México, el cual abre sus puertas para adentrase a este maravilloso mundo, el cual es un espacio de colaboración, de creación y de cultura digital en donde la comunidad la hacen todos apoyándose unos a otros por medio de las redes sociales y el uso de internet para compartir y retroalimentar sus saberes en busca siempre de construir y producir.

Sin duda una gran revolución industrial y digital está por venir cada vez con más intensidad y por ello será nuestro deber estar al tanto para acompañar el proceso de transformación de la educación.

Apropósito de la presente colaboración, para conocer y adentrarse más al movimiento Maker se lleva a cabo el Genuino Day 2016 en el Centro de Cultura Digital del 29 de marzo al 2 de abril, invitando gratuitamente al público en general, para conocer la programación y registro visitar la página de internet de Genuino.

Fuente del articulo: http://www.educacionfutura.org/movimiento-maker-los-hacedores-transformadores-de-la-educacion/

Fuente de la imagen:http://www.glidea.com.ar/sites/default/files/movimiento-maker.jpg

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¿Tienen caducidad los modelos educativos?

Los cambios pueden ser en diferentes niveles: modelos, técnicas, políticas y muchas cosas más; sin embargo, pocas veces nos hemos puesto a pensar en la evaluación primordial de la necesidad. Los puristas de la educación (entre docentes, directivos, políticos y ciudadanos) generalmente opinan que la educación que se otorgaba décadas atrás era de mejor calidad, por lo que los cambios necesarios no serían novedades sino regresiones a un sistema y modelo previo.

Por otro lado, los innovadores se pueden basar en cifras recopiladas por empresas como LinkedIn o Forbes en donde se reconoce que varios de los empleos más solicitados ni siquiera existían tan solo cinco años antes. Estos cambios en la oferta y demanda en el mercado laboral son suficiente para exigir un cambio en las escuelas: si nuestra realidad social está cambiando, también debería hacerlo la forma en que aprendemos.

Es por eso que las reformas tendrían que estar basadas primeramente en un estudio de los cambios sociales, para luego entrar en detalles sobre las innovaciones aplicables. A continuación, a manera de reflexión, se encuentran algunos de los indicadores del cambio social sufrido a partir de las últimas décadas, intentando descifrar su pertinencia en el proceso reformador de la educación.

La era de la revolución tecnológica

Hoy se vuelve extremadamente difícil pensar en una sociedad sin aparatos electrónicos (ahora llamados gadgets) como la computadora, los teléfonos inteligentes o las tabletas. Una época en que Samsung y Apple no eran empresas líderes en el mercado, y en donde los periódicos o las bibliotecas eran la fuente más importante de información. Muchas de las empresas con mayor penetración en el mercado actual son digitales y no aparecieron sino hasta avanzada la década pasada: Facebook (2004), YouTube (2005) o Twitter (2006).

Según las estadísticas reportadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México, alrededor del 90% de hogares cuenta con televisión y poco menos del 80% cuenta con radio.

La cifra de este último ha disminuido más del 10% desde 2001. Las líneas telefónicas aparecen en poco más del 40% de hogares, mientras que los teléfonos celulares tienen un 80% de presencia; un cambio significativo en las telecomunicaciones del país, pues la cifra anterior creció alrededor del 60% desde 2001. La conexión a internet tiene un crecimiento más lento, con una presencia del 30% en los hogares mexicanos.

En otra estadística, se calcula que un 44% de los habitantes mayores de 6 años era usuario de internet en 2014, reportando un crecimiento alrededor del 40% en 13 años. De esos usuarios, el 74.2% era menor de 35 años.

La tecnología ya es parte importante de la vida de muchas personas. Ya no es un instrumento para ciertas instancias del día, sino que se vuelve un aditamento permanente en las labores diarias. Las estadísticas anteriores no nos permiten identificar al total poblacional como entes tecnológicos, como algunas veces se hace erróneamente. Sin embargo, una gran parte de ellos sí lo son, y no podemos ignorarlo.

La computación/informática es tan solo la punta del iceberg en la revolución tecnológica. Ejemplos abundan: la empresa Tesla, a través de su dueño y creador Elon Musk, presentó hace pocos días el esperado Model 3, un automóvil eléctrico de grandes condiciones técnicas y precio accesible. Pocos días pasan sin que los medios anuncien algo relacionado con el avance sobre la inteligencia artificial, que puede estar más cerca de lo que pensamos. El entendimiento del universo avanza a grandes pasos, como lo hizo con el descubrimiento de las ondas gravitacionales. Llegar a Marte es una frontera posible de alcanzar. La ciencia crece a pasos agigantados, pero, ¿Cuál es el porcentaje de la sociedad que crece con ella?

Pensar en que la tecnología más novedosa es mundana para todos es simplificar lo que no se debe simplificar. La educación debe ser eficaz, pertinente y relevante en un contexto específico antes que general.

Las tendencias generacionales

Los hechos históricos generalmente marcan a la sociedad. Una aseveración que podemos revisar con mayor cercanía al analizar las diferentes características de las distintas generaciones.

GENERACIÓN CONTEXTO HISTÓRICO
Baby Boomers Nacidos entre 1946 y 1964, al terminar la Segunda Guerra Mundial.
Generación X Nacidos entre 1965 y 1976, años en qué continúa la Guerra Fría, se realiza la intervención militar estadounidense en Vietnam y en México ocurre la matanza de Tlatelolco.
Generación Y Nacidos entre 1977 y 1994, en el inicio de la computadora personal y el internet.
Millennials Nacidos después de 1995, también conocidos como nativos digitales puesto que nacen en una época donde las computadoras y dispositivos son cada vez más comunes.
Philip Kotler. Fundamentos de Marketing (2008).

Cada generación es diferente una a la otra. Tomando en cuenta las palabras escritas por Octavio Paz en El Laberinto de la Soledad (1963), tendríamos que preguntarnos entonces: ¿estamos en la historia o somos historia? La simple justificación de los cambios generacionales por simple deseo de nuestro ambiente. Los hechos pedagógicos y sociales han sido desencadenantes de lo que sucede con las personas que conforman cada generación.

Las diferencias sociales de nuestros tiempos con aquellos anteriores, como ya se mencionó, tienen que ver mucho con la tecnología que nos acompaña, pero no debemos dejar de lado que eso marca un medio y no un fin. La forma en que conseguimos información ha cambiado y es mucho más fácil que antes: acceder a noticias sobre otras partes del mundo, libros, videos y opiniones.

Por otra parte, modelos a seguir para los jóvenes han cambiado en sus características. Los reyes de Sillicon Valley, revolucionarios de la tecnología y la forma de hacer negocios, millonarios y presentes siempre frente a cámara, forman una visión de éxito distinto a la que teníamos épocas atrás.

El proyecto de vida que consistía en una primera etapa de vida dedicada al estudio ha caducado en estos modelos. Bill Gates (Microsoft), Mark Zuckerberg (Facebook), Steve Jobs (Apple), Jack Dorsey (Twitter) y Michael Dell (fundador de Dell Computers) son algunos ejemplos de personajes exitosos que desertaron de la Universidad. En el mundo del espectáculo, una referencia para todos los jóvenes desde hace décadas, también encontramos varios de estos ejemplos: Leonardo DiCaprio, James Cameron o Johnny Depp.

Incluso en el ámbito latinoamericano encontramos ejemplos: Gustavo Cerati no terminó la carrera de Publicidad, mientras que Emmanuel Lubezki (tres veces ganador del Oscar) ni Alfonso Cuarón (Ganador de un Oscar) terminaron su carrera en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la Universidad Nacional Autónoma de México.

“El mensaje es claro: de cara a sus metas de carrera, los Millennials dan igual importancia a cómo las empresas desarrollan a sus gente y contribuyen a la sociedad, así como al manejo de sus productos y su rentabilidad”, dice Barry Salzberg, CEO de Deloitte (firma mundial sobre servicios profesionales). Las nuevas generaciones mantienen grandes ideales y tienden a durar menos en los trabajos donde su opinión ni crecimiento es tomado en cuenta. Conceptos como el compromiso social y la ecología se vuelven más importantes en su vocabulario. La meta ya no es el trabajo como en generaciones anteriores, el estilo de vida tiene que ser trascendental.

La revolución tecnológica ha marcado una generación, pero no ha sido el único factor. Vivimos en el mundo post-11 de Septiembre, situado entre la crisis económica de 2008 y aquellas que aún no podemos delimitar en su sentido histórico. Los jóvenes necesitan herramientas para la realidad que viven hoy, pero también la que vivirán mañana.

La necesidad de la especialización

The Theory of Everything: The Origin and Fate of the Universe (1996) es una compilación de ideas presentadas por Stephen Hawking en sus conferencias. Un libro centrado en el estudio de la física, pero que también contiene una visión fascinante de nuestra realidad social.

Casi al finalizar el libro, Hawking realiza algunos apuntes referentes a los filósofos: al inicio, en la civilización griega, ellos eran científicos en todas las disciplinas (matemáticas, física, química o ciencias sociales), no había distinción simplemente porque no hacía falta, los conocimientos sobre el universo eran tan pocos que estos podían ser científicos altamente eficientes, con descubrimientos y teorías, sobre todas las ciencias; la creación de la democracia, una teoría sobre la creación del Universo y observaciones sobre reacciones químicas podían ser objeto de estudio y trabajo para un solo hombre.

Con el avance científico, las ideas dentro de la ciencia se fueron complicando y, en nuestros tiempos, un filósofo ya no puede ser un hombre de todas las ciencias sin perderse en nimiedades. Según Hawking, la única esperanza de los filósofos es el descubrimiento de una teoría unificada sobre el universo; es decir, encontrar la respuesta a cómo se creó todo, para dejar paso al por qué.

Algunos filósofos podrían negar que la ciencia madre esté perdida, pero es una realidad que la mayoría de ciencias requieren cada vez mayor especialización y el mercado laboral reacciona. Las universidades ofrecen cada vez más carreras, así como cursos, diplomados, especialidades, maestrías, doctorados y más. Los médicos, abogados, psicólogos, administradores y otros profesionistas necesitan de una actualización constante, marcando rumbo en áreas específicas, si quieren destacar. Cada vez se vuelve más cierta aquella frase: “no podemos ser todólogos”.

¿Son necesarios los cambios en los modelos educativos?

La mejora continua es necesaria en cualquier actividad humana y la evaluación no tendría nunca sentido si no se aplicará sobre procesos sujetos a errores y, por lo tanto, a su perfeccionamiento constante. La educación no es tema aparte y necesita de una evaluación que mantenga un marco conceptual y referencial bien establecido. La evaluación de la educación necesita no solamente fijarse en el centro educativo, sino que también tendrá que buscar en la sociedad para fijar su sentido de pertinencia y relevancia.

El cambio del mundo debe en alguna manera afectar al sistema educativo. Es imperante dejar de pensar en las escuelas como ambientes cerrados, pues la exclusión del mundo nunca creará lugares propensos al aprendizaje significativo. Tenemos que revalorar muchas de las situaciones que damos por sentadas en las escuelas, como los centros de cómputo o las bibliotecas.

En México, las diferencias geográficas, socioeconómicas o psicológicas son sumamente variables entre una escuela u otra. Estados como Baja California, en el norte más alejado del país, son muy diferentes a Chiapas, Oaxaca o Guerrero. Si pensamos tal vez en un cambio en el mundo tecnológico, con mayor acceso al mundo virtual del internet, sería de dudosa aplicación en el total de las escuelas. En este sentido, la Secretaría de Educación Pública (SEP) reporta que hasta la fecha aún el 10% de las escuelas en el país no cuentan con energía eléctrica; ¿Cómo podríamos aplicar estrategias que involucren teléfonos inteligentes o una computadora ahí?

Es imperante que las escuelas tengan libertad de acción para realizar estos cambios según sus propios medios lo permitan. Tan solo en las escuelas que atienden alumnos de nivel socioeconómico medio hacia arriba, es necesario que acabemos con los reglamentos anticuados que prohíben en todo momento el uso de celulares, computadoras portátiles o tabletas. Para bien o para mal, esto se convierte en una forma de cerrar la escuela y tratarla como un ente apartado de la sociedad, un ambiente cerrado.

Sin embargo, es también importante recalcar que, como ya se ha mencionado, el modelo educativo para las nuevas generaciones no tiene por qué ser exclusivamente relacionados a la tecnología sino a las tendencias que siguen las nuevas generaciones. Las escuelas cerradas a la sociedad que les rodea no son ideales. Si bien las cuestiones de seguridad en Latinoamérica siguen siendo un gran problema para pensar en escuelas totalmente abiertas, estas si pueden realizar acciones para que los padres (a su libre intención) puedan participar en la educación de sus hijos.

La especialización, siendo tendencia global, es todavía negada por muchos de los modelos educativos de nivel medio superior, en donde los jóvenes no tienen injerencia sobre sus campos de estudio, si acaso en alguna materia optativa extracurricular o carrera técnica. Los temas carecen de sentido práctica para los alumnos, por lo que urge una evaluación clara para disolver la duda: ¿esto es problema de simple percepción o es un problema de fondo?

Por lo ya visto, no podemos tratar los cambios sociales/históricos de los últimos años sino con adjetivos de tintes revolucionarios, ya que han operado bajo modelos agresivos: el mundo de hoy no es el de ayer, pero tampoco será el de mañana.

El cambio es necesario en el sistema educativo, pero no es solamente de cuestión tecnológica. Los docentes actuales necesitan de actualización pedagógica constante, mientras que los centros educativos deberán revisar a profundidad sus currículos para adecuarlas a las necesidades sociales así como a las propias características psicológicas de sus alumnos.

El modelo educativo exitoso no es solamente uno, incuestionable ni atemporal, sino que debe ser revisado, reformado y cuestionado en distintos pasos. No pensarlo así es la forma más fácil de caer en sistemas perpetuos basados en modelos que seguirán produciendo jóvenes y adultos frustrados, incompetentes y grises.

Bibliografía

  • Hawking, S. (1996). La Teoría del Todo. Londres: Colección Gandhi.
  • Paz, O. (1963). El Laberinto de la Soledad. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.
  • Kotler, P. (2008). Fundamentos de Marketing. México: Pearson Educación.
  • Meraz, A. (2016). SEP ‘dará luz’ a las escuelas. Excélsior, Versión en Línea.
  • Deloitte. (2015). Encuesta Deloitte 2015: Generación del Milenio. México: Deloitte Internacional.

Fuente: http://vinculando.org/educacion/caducidad-modelos-educativos.html

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