El punk mexicano de finales del siglo XX


Por: Ricardo Hernández

Con una charla virtual, un ciclo de videos, un libro artesanal y una exposición próxima a inaugurarse, el polifacético artista Rubén Ortiz Torres conmemora al punk de Ciudad de México de finales del siglo XX.

El Museo Universitario del Chopo auspició la conversación virtual El Eterno Retorno de Jesús y los Mutantes, en la cual el director del recinto, José Luis Paredes Pacho, y la fotógrafa Laureana Toledo, curadora de la muestra, platicaron con Ortiz Torres, privilegiado testigo de la época, sobre su obra fotográfica en torno al punk.

Durante la charla fueron presentadas imágenes que formarán parte de la exhibición, la cual será inaugurada cuando las condiciones epidemiológicas lo permitan, aclaró Paredes Pacho. Son retratos íntimos y llamativos que muestran cómo un grupo de jóvenes mexicanos interpretaba lo que para ellos significaba ser punk, gay, queer y underground.

Toledo, egresada del International Center of Photography de Nueva York, contó que la exposición surgió a raíz del documental que actualmente prepara sobre el punk mexicano de los últimos 20 años del siglo pasado. Su idea, prosiguió, fue acudir a Ortiz Torres para revisar sus archivos fotográficos sobre la época y solicitarle en calidad de préstamo algunas piezas para integrarlas a la obra fílmica, sin embargo, al ver la cantidad, calidad y contenido de su acervo, le propuso exhibirlas.

Algunas fotos tienen como escenario los legendarios bares El Nueve y Tutti Frutti, epicentros de la escena gay y rockera, respectivamente; como protagonistas figuran artistas en ciernes, luego holgadamente reconocidos; y como contexto, un país marcado por una crisis económica y la pandemia del sida.

Censura

Como ejemplo, Rubén Ortiz, actualmente radicado en Los Ángeles, Estados Unidos, mostró una fotografía de María Bonita, una banda “legendaria y súper underground”, conformada por Mario Lafontaine y Guillermo Santamarina.

En aquella época, recordó, estos grupos no tenían acceso a la televisión, la radio u otro medio de transmisión, y fue precisamente por ello que quedaban exentos de las políticas institucionales de censura, por lo que hacían “casi cualquier cosa”, como interpretar La muñeca fea, de Cri-Cri, uno vestido de mujer y encadenado, y el otro cantando y subyugándolo.

Y fue él quien retrató esas y muchas otras presentaciones de lo que, a la postre, serían grupos que marcaron el devenir artístico de Ciudad de México.

El creador precisó que el registro de aquellos momentos lo hizo de muy joven y cuando el punk era algo marginal, sin buena publicidad y mayormente estigmatizado, y que lo hizo por tener la convicción de estar viviendo momentos históricos, algo que luego se confirmó.

Al respecto, también promocionó Mexipunx, un libro al cuidado de la editorial Taller California, el cual contiene fotografías de la época. “Animada por la estética de los fanzines mexicanos de los años 80, ruidosos, atrevidos y efímeros, esta edición da vida a un proyecto de juventud”, se lee en el anuncio de la obra.

Rubén Ortiz Torres estudió en la Harvard Graduate School of Design, en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y en el California Institute for the Arts. Trabaja distintos medios como video, escultura, pintura y fotografía. Los temas que aborda son la transculturación, la identidad y los estereotipos de lo mexicano creados por los medios masivos.

Fuente e imágenes: Gaceta UNAM.

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