México: Desaparición de internados, golpe mortal al normalismo

Por: Laura Poy Solano

Los internados y comedores de las escuelas normales rurales no sólo son espacios físicos, sino de construcción colectiva. Generan un acercamiento a las culturas campesinas e indígenas. Son lugares de intercambio cultural, lingüístico y educativo, afirmaron especialistas, quienes advirtieron que de concretarse la propuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador de entregar becas de manutención a cada estudiante para el pago de alimentos y vivienda, sería un grave retroceso y un golpe mortal al normalismo rural.

 

Ruth Mercado, investigadora del DIE-Cinvestav y experta en temas educativos, afirmó que su implementación sería como dispersar a los estudiantes y privarlos de estos espacios de construcción colectiva que son fundamentales para su formación académica, y que se han convertido en un patrimonio de la educación y del normalismo mexicano.

En entrevista por separado, Tanalís Padilla, profesora-investigadora del Instituto de Tecnología de Massachusetts, destacó que el internado y el comedor son espacios centrales para las normales rurales, pues permiten consolidar su esencia colectiva.

Desde su creación en los años 20 del siglo pasado, dijo, nacen con una visión colectiva y se crean con internados, precisamente para agrupar a los estudiantes, darles albergue y comida porque tienen una estrecha vinculación con las comunidades campesinas e indígenas, donde la participación colectiva es central.

Estudiantes normalistas rurales afirmaron a La Jornada que no podemos aceptar una propuesta que parte del desconocimiento de la importancia de nuestros internados y comedores. No sólo es el lugar donde vivimos, es también el espacio donde nos encontramos como estudiantes y futuros maestros rurales.

Venimos de familias donde se gana cien pesos al día, que no dan para poder estudiar, afirma una alumna de segundo grado de la Escuela Normal Rural de Mactumactzá, y las normales rurales nos dan la oportunidad de tener una educación. Ahí nos dan desayuno, comida y cena y un dormitorio, eso para nosotros es mucho.

En los internados y comedores, señala, convivimos, cocinamos, hacemos material para los niños y aprendemos juntos, porque si hay algo que yo no sé mis compañeras me enseñan, nos compartimos ideas y eso es importante, porque hay quienes traen un conocimiento distinto y yo otro, y al compartirlo aprendemos más.

En Mactumactzá, afirma, se hablan muchas lenguas indígenas, yo soy hablante de tzotzil, otros de chol, tojolabal y tzeltal, y ahí nos encontramos. Hay muchas variantes de mi lengua, y en el comedor o el internado nos ponemos a platicar y compartimos palabras que unos hablamos y otros no, hacemos limpieza, materiales y todo lo hacemos en conjunto, es como otra escuela.

Juan Manuel Rendón, profesor, investigador y ex director de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros (BENM), destacó que desde 1922 las normales rurales surgen como una opción educativa y de vida para los sectores más empobrecidos del país, pero también nacen estrechamente ligados a una visión de lo colectivo y de la búsqueda de la justicia social.

Aplicar un programa que busque desaparecer sus internados y comedores, dijo, sería como aplicar la política neoliberal del váucher educativo o las escuelas chárter para acabar con un dispositivo pedagógico fundamental para la formación del maestro rural. Acabar con los internados sería como dinamitar los cimientos de un edificio.

Fuente de la información e imagen: https://www.jornada.com

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Laura Poy Solano

Columnista y Analista Política, diario la Jornada

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