Análisis: La universidad popular, un proyecto de los intelectuales del siglo XX. España

En Galicia perviven dos de estas peculiares instituciones educativas, con distinta suerte: mientras en A Illa el modelo no se cuestiona, en Ourense el gobierno local de Jácome quiere reformularlo.

A finales de junio, las calles del casco histórico de Ourense retumbaron con gritos de protesta. «Por activa e por pasiva, ¡a UPO sempre viva!», rimaban los cientos de asistentes a la manifestación en defensa de la Universidade Popular de Ourense convocada por la plataforma ciudadana Non ao peche da UPO. «La reformulación de esta institución [por parte del Concello de Gonzalo Pérez Jácome] va a suponer que mucha gente sin recursos se quede sin acceso a formación», explican desde la plataforma.

Hay dos universidades populares en Galicia, la de Ourense ahora en riesgo y la que se mantiene en A Illa sin grandes sobresaltos. Son «el lugar donde se aprende de manera satisfactoria y divertida. Estudiar suele ir unido a exámenes y evaluaciones, mientras que en estas universidades uno se forma por placer», explica Cándido Abril, director de la Universidad Popular de Palencia. «Lo llamamos educación a lo largo de la vida, es decir, un elemento fundamental que nos acompaña siempre», añade.

Estos centros nacieron de la mano de intelectuales como Blasco Ibáñez, Carmen Conde o Machado, convencidos de que había que extender la educación a las clases obreras. La primera nació en el año 1901 en Oviedo y llegaron a ser aproximadamente 50 en España, pero su labor se vio paralizada por la dictadura. Con el regreso de la democracia, estas instituciones se han convertido en proyectos a cargo de los distintos gobiernos locales.

«La universidad popular es una oportunidad para aquellas personas que se hayan quedado fuera del sistema educativo», explica Montserrat Morales, coordinadora de la Federación Española de Universidades Populares (FEUP), que define estos centros como «un espacio de encuentro intergeneracional, en igualdad y que permite combatir la soledad no deseada».

Aunque nacieron con vocación de acabar con el analfabetismo —y todavía llevan a cabo programas que abordan esta problemática— hoy día el perfil de las personas que acuden a los cursos es muy variopinto. «La media está entre los 50 y 60 años, pero hay actividades para todas las edades», apunta Abril.

Gracias a su labor, no solo ayudan a la inserción laboral con actividades con certificado de profesionalización, sino que trabajan competencias básicas para desenvolverse en la vida y en la búsqueda de empleo, como la autoestima o el trabajo en equipo.

En la actualidad, España cuenta con alrededor de 400 universidades populares, dos de ellas en Galicia —en Ourense y A Illa de Arousa—, a las que pronto se les unirá una tercera en Santiago.

La experiencia en A Illa: «Participa gente de todo tipo, de jóvenes hasta muy mayores»

«Nuestra universidad popular no solo llega a la población de A Illa, sino a los alrededores. Viene gente de Vilagarcía, de Cambados, de Meis e incluso desde A Coruña», cuenta Rosa Viana, Concejala de Turismo, Cultura y Deporte del Concello de A Illa de Arousa. Como la mayoría de estos centros, la Universidad Popular de A Illa —y también la de Ourense— está gestionada y financiada por el propio municipio.

Quienes pasan por sus aulas pueden recibir educación transversal, como informática, igualdad de género u orientación laboral, e incluso módulos específicos como agricultura de proximidad y huertos urbanos o creación de empresas.

Esta iniciativa se enmarca dentro del trabajo para la recuperación de la memoria colectiva de las mujeres de la Escuela Paca Aguirre. Según Montserrat, el objetivo es «hacer acción feminista local para sacar del olvido a aquellas mujeres que aportaron cambios decisivos en ciertos oficios».

Fundada en 1910, por las aulas de la Universidad Popular de Ourense (UPO) han pasado miembros de la Xeración Nós como Ramón Otero Pedrayo o Vicente Risco. Después del paréntesis general durante el franquismo, volvió a abrir sus puertas hace 25 años.

Desde entonces, el número de alumnos que acuden a sus instalaciones ha ido subiendo hasta alcanzar los 3.000 este año, dejando a gente incluso en lista de espera. De hecho, la demanda alcanza tal nivel que existe un límite de elección de hasta cuatro cursos por persona.

Así lo explica Natalia Figueiras, portavoz de Non ao peche da UPO y profesora del centro. «Los convenios con academias de la ciudad desvirtúan la naturaleza de la universidad», apunta, y argumenta que «es un error creer que este formato suponía competencia desleal, pues la educación pública nunca se debe equiparar a la privada».

De momento, los más de 70 profesores que conforman la UPO se enfrentan al próximo curso con incertidumbre. «En circunstancias normales, en julio ya tendría que haber estado todo aprobado, pero por ahora ni si quiera se han hecho convocatorias», lamenta la portavoz.

Fuente: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/educacion/2021/07/14/universidades-populares-espacios-encuentro-intergeneracional/00031626262609105272331.htm

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