La educación ambiental puede cambiar el mundo

cambio16.com

“La educación no cambia el mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Esta frase del pedagogo brasileño Paulo Freire sintetiza la importancia de la enseñanza para la sociedad. ¿Podremos mejorar la salud del planeta a través de la educación ambiental?

La educación ambiental puede cambiar el mundo. Lo transforma de manera individual, reforzando el perfil de cada persona a través del fomento de valores, pero, sin duda, también de manera glo­bal. Solo así seremos capaces de construir un mun­do mejor. No se trata de una frase hecha o de un eslo­gan. Es una realidad que, con el retorno a las aulas, adquiere un mayor significado. En especial en este nuevo e ilusionante curso escolar en el que la pandemia, las medidas y los protocolos de protección seguirán estando presentes.

La crisis motivada por la pandemia de la COVID-19 ha modificado nuestra perspectiva. Dieciocho meses en los que el mundo ha sido testigo de uno de los procesos de cambio más rápidos de la historia, que ha dejado muchos retos, pero también muchas lec­ciones a su paso. Por este motivo, es importante po­ner en marcha los aprendizajes que hemos adquirido tras esta situación. El que nos ocupa hoy es la relación directa que hay entre el cuidado del medioambien­te y la salud.

De hecho, existen muchas coinciden­cias entre la situación provocada por el coronavirus y el deterioro que padece, muchas veces de manera sigilosa, la Tierra. Por ello, debemos aprovechar los avances en materia medioambiental que se han con­ seguido de manera rauda debido a los efectos tan ful­minantes del coronavirus. Es un impulso que debe­mos ver como un filón que hay que aprovechar para intentar paliar el resto de las situaciones que provo­can daño a nuestro planeta.

Solo a través de esta relación podremos entender la realidad actual. María Neira, directora de Salud Públi­ca de la OMS señalaba hace algunos meses en esta di­rección que teníamos que empezar a considerar «ya el respeto al medioambiente y entender por qué estamos aquí”. Porque el entendimiento es la fase previa al co­nocimiento. Una afirmación que solo se puede alcan­zar a través de la educación.

En este sentido, la propia OMS calcula que un 23% de la mortalidad es atribuible a factores medioam­bientales. Respecto a la población mundial, esta cifra supone 12,6 millones de muertes cada año, distribu­yéndose de manera desigual alrededor del planeta. Y es que la salud humana está estrechamente relaciona­da con nuestro entorno. Los alimentos que comemos, el aire que respiramos, el agua que bebemos y el clima que hace posible que vivamos. El estado de esos ele­mentos, según el lugar en el que habitemos, determi­narán la calidad de nuestro bienestar.

Unos datos que coinciden con la publicación del Pa­nel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas, en el sexto informe de eva­luación, que ha ocupado recientemente las portadas de numerosos medios de comunicación. El organismo se­ñala de manera muy precisa hacia dónde se encamina el planeta si no tomamos medidas inaplazables.

En cualquier caso, aún hay tiempo para la esperan­za. De hecho, el texto señala que estamos a tiempo de revertir “el peor escenario en 30 años si actuamos ya” reduciendo nuestras emisiones de gases de efectos in­vernadero. Puede sonar lejano, pero es la única alter­nativa que tenemos. No podemos esperar más.

DAR LA ESPALDA AL MEDIOAMBIENTE PERJUDICA A TODOS

El aumento de estos gases en la atmósfera, por lo tan­to, ha tenido, tiene y seguirá teniendo un grave im­pacto en nuestro entorno y, en un futuro, en la calidad de nuestras vidas. Un ejemplo han sido los fenómenos atmosféricos que se han producido durante este ve­rano. Desde olas de calor, que cada año siguen alcan­zando registros históricos, pasando por fuertes inun­daciones e incendios que han generado un importante desastre a su paso en países del centro de Europa o incluso en países del arco mediterráneo, como Italia, Turquía o Grecia, y del que nuestro país tampoco se ha salvado.

Desafortunadamente, hace pocas semanas, pudimos ver como ardían más de 20.000 hectáreas de bosque y pasto en la provincia de Ávila. Reciente­mente, también hemos sido testigos de la muerte de oxíge­no, un problema con graves consecuencias ambienta­les, y también sociales.

El cuidado del medioambiente, por lo tanto, no es una opción, sino una necesidad que nos apela a to­dos. Para ello, es importante la concienciación. O, di­cho de otra manera, la educación, ya que es eviden­te que tenemos que cambiar determinados hábitos de vida como nuestra manera de producir y consumir, exprimiendo el planeta como si no tuviera límites.

EDUCACIÓN AMBIENTAL, PUNTA DE LANZA DE LA LEGISLACIÓN

Ante este escenario, surge una pregunta. ¿Y ahora qué hacemos? La respuesta es clara. La educación se posi­ciona como una herramienta fundamental en el proce­so de construcción social que tenemos ante nosotros. La educación con propósito, por lo que en este caso hay que potenciar aspectos relevantes para nuestra propia soste­nibilidad como especie, como todo lo que tiene que ver con el medioambiente y su situación actual.

Desde el ámbito institucional, ya se están dando pasos en este sentido. Ejemplo de ello es la nueva Ley de Educación, que pretende, entre otros aspec­tos, promover una cultura basada en la sostenibi­lidad ambiental para que el alumno pueda acceder a los aprendizajes y competencias necesarios para promover el desarrollo sostenible, y que los docen­tes reciban capacitación específica relacionada con la Agenda 2030.

ambiente

En paralelo, y de manera más específica, el Plan de Acción de la Educación Ambiental para la Sostenibili­dad en España 2020-2025 (PAEAS), aprobado por el Gobierno, se ha presentado recientemente para defi­nir las líneas estratégicas para la transición hacia una educación para el desarrollo sostenible en nuestro país en los próximos años, convirtiéndose en un fuer­te impulso en materia de valores ambientales, conoci­miento e información.

Todos estos ejes de actuación suponen la pues­ta en marcha de un cambio real en materia de soste­nibilidad en consonancia con la aprobación en mayo de este año de la Ley de Cambio Climático y Tran­sición Energética. Una medida legislativa que viene a reforzar el acervo jurídico impulsado desde la Comi­sión Europea y que cada país miembro debe traspo­ner a su legislación. Se trata de un avance sustancial, ya que se hace referencia directa en un apartado a la educación: “el sistema educativo español promoverá la implicación de la sociedad española en las respues­tas frente al cambio climático”. Una ley que debe tra­bajarse en el ámbito académico de una manera trans­versal y urgente.

En este sentido, la ministra de Educación y Forma­ción Profesional, Pilar Alegría, recientemente ha vuel­to a recalcar su posición manifestando que debemos situar la educación como un eje prioritario.

NATURALIZA, PROPUESTA PARA UN APRENDIZAJE AMBIENTAL ACTIVO

La primera mujer médica e importante pedagoga y educadora italiana María Montessori decía: “Siembra en los niños ideas buenas, aunque no las entiendan… los años se encargarán de descifrarlas en su enten­dimiento y de hacerlas crecer en su corazón”. Este es precisamente el espíritu del trabajo que tenemos que realizar para concienciar a los alumnos sobre la si­tuación actual en materia de sostenibilidad. Son varios los proyectos que están trabajando en este sentido.

De hecho, la UNESCO lanzó en mayo de este año la pro­puesta de que la educación ambiental debía conver­tirse en un elemento clave para los planes de estudio en 2025. Un compromiso suscrito por más de ochen­ta ministros y viceministros a nivel internacional, así como más de dos mil especialistas en el sector de la educación y el medioambiente.

En España ya estamos avanzando en esta direc­ción y el nuevo marco legislativo, al que me refería antes, defiende que nuestros hijos deben disponer de las herramientas necesarias para construir un nue­vo sistema que transforme el mundo en un lugar más respetuoso. Con esta premisa, desde Ecoembes quisi­mos poner en marcha un proyecto que ayudase a lle­var el medioambiente a las aulas y sacar las aulas al medioambiente, poniéndose en marcha, hace casi ya cuatro años, Naturaliza.

CURRÍCULUM ESCOLAR Más de la mitad de los planes de estudio de casi 50 países no mencionan el cambio climático y apenas el 19% se refiere a la biodiversidad, según la UNESCO, que hace un llamamiento para que se incorpore la educación ambiental al currículum escolar de aquí a 2025. La educación no prepara suficientemente a los estudiantes para adaptarse, actuar y responder al cambio climático y a la crisis medioambiental

Se trata de un proyecto con el que intentamos apor­tar nuestro granito de arena hacia el cambio y del que nos sentimos muy orgullosos, sobre todo de los cer­ca de 1.400 docentes que forman parte de él. Si algo podemos destacar de todos estos años es el nivel de implicación y compromiso de cada uno de ellos. Do­centes que, a pesar de las circunstancias, y de los nue­vos ritmos y protocolos marcados por la pandemia, no han querido dejar de formarse para acercar a su alumnado, a través de métodos de innovación educati­va, una materia tan importante como es el cuidado del medioambiente y el amor por la naturaleza.

Y es que la educación ambiental en las escuelas, como la entendemos nosotros, es una responsabi­lidad que no debe recaer solo en el profesorado o los centros educativos. Es imprescindible contar con el apoyo de todos. Por este motivo, desde Naturaliza qui­simos crear una Escuela de Docentes. Una plataforma a través de la cual les garantizamos las herramientas y el conocimiento necesario para poder impartir sus clases con una mirada ambiental. Un curso guiado y dirigido por expertos en la materia.

EN LÍNEA CON LOS ODS Naciones Unidas aprobó en 2015 la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Planteando así 17 Ob­jetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas, un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad. Desde Naturaliza trabajamos en línea con los ODS a través del Objetivo 4 meta 7: “Asegurar que todos los alumnos adquieran los cono­cimientos teóricos y prácticos necesarios para promover el de­sarrollo sostenible”

Además, ponemos a su disposición una biblioteca con más de 2.000 recursos que les sirven de guía para transformar el currículo escolar. Nuestra apuesta tie­ne una sola dirección: el medioambiente debe estar in­tegrado en todo el proceso de enseñanza-aprendizaje. Para ello, estos recursos establecen una serie de obje­tivos curriculares y objetivos ambientales a cursar en asignaturas como matemáticas, lengua, ciencias socia­les o ciencias naturales. Se trata de un método que gene­ra aprendizajes significativos en el alumnado, además de ser un elemento motivador. A través de proyectos, sesio­nes y salidas, el alumnado explora su entorno y aprende a cuidarlo reflexionando y proponiendo continuamente acciones de mejora individual y colectiva.

En este sentido, durante este periodo también he­mos aprendido que no hay mejor aula que la natura­leza, y que aprovechar el entorno directo como una clase puede no ser solo una gran solución a niveles lo­gísticos, sino que es también un aspecto muy benefi­cioso para el desarrollo de los más pequeños.

El comienzo del curso escolar es siempre un buen momento para recordar prioridades. En este caso, li­gadas a la educación y al futuro de nuestro planeta. No tanto para mirar al horizonte y plantear cambios, sino para actuar desde lo colectivo.

Ahora toca apoyar a la educación y, en concreto, la medioambiental. Ya se están escuchando estos recla­mos y, entre todos, comenzamos a dar pasos en esta dirección. Un soplo de esperanza que esperemos que sirva para mover el mundo. No nos detengamos.

La educación ambiental puede cambiar el mundo

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