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Las infancias en América Latina: Entre la celebración y la deuda histórica

Por: Luz Palomino/CII-OVE

Cada 20 de noviembre el mundo conmemora el Día Mundial de las Infancias, una fecha que expone la distancia entre los derechos reconocidos y las realidades que viven millones de niñas, niños y adolescentes. En América Latina y el Caribe, una región marcada por desigualdades estructurales, la deuda con las infancias sigue siendo profunda.

La pedagoga brasileña Nélida Piñon nos recuerda que “una sociedad se revela en la forma en que cuida a quienes no pueden defenderse”. Sin embargo, hoy las cifras muestran un panorama que exige acción urgente.

Violencias que persisten

Según el informe “Violencia contra Niños, Niñas y Adolescentes en América Latina” (UNICEF, 2024):

  • 1 de cada 4 niñas y niños en la región ha sufrido algún tipo de violencia física antes de los 15 años.

  • El 32% de los adolescentes reporta haber sido víctima de violencia psicológica en el hogar.

  • 1 de cada 5 niñas ha enfrentado algún tipo de violencia sexual antes de cumplir 18 años.

  • Más de 13 millones de niños viven en contextos donde la violencia armada limita su libertad, educación y salud.

En algunos países estos niveles de violencia llegan a extremos: por ejemplo, en Haití, Jamaica y Surinam, más del 80% de los niños entre 1 y 14 años experimentan castigos violentos. UNICEF+1
Esto demuestra que la agresión en la crianza no es solo un tema doméstico: es una cuestión cultural y estructural.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2023) documenta que:

  • El 25% de las mujeres y el 10% de los hombres reportan haber sufrido abuso sexual en la infancia.

  • En América Latina, los casos de explotación infantil en línea aumentaron más del 30% entre 2020 y 2023, según la Interpol.

El escritor peruano Mario Vargas Llosa, en sus ensayos sobre libertad y niñez, afirmó que “la violencia hacia los niños es la forma más cobarde de la brutalidad humana”. Las cifras actuales, lamentablemente, le dan la razón.

Infancias latinoamericanas en desigualdad

La pobreza infantil sigue siendo uno de los desafíos más persistentes:

  • 39% de las niñas y niños de ALC vive en pobreza, y

  • 8.4% en pobreza extrema (CEPAL, 2024).

  • En algunos países del Caribe, la pobreza infantil supera el 45%.

El educador brasileño Paulo Freire sostenía que “ningún niño nace marcado para la marginalidad”. Sin embargo, millones de niñas y niños siguen impedidos de ejercer plenamente sus derechos básicos: alimentación, salud, educación, juego y protección.

Los entornos digitales: un nuevo territorio de riesgo

Mientras gobiernos celebran la expansión digital, UNICEF advierte:

  • 1 de cada 3 niñas y niños en la región sufre ciberacoso.

  • El 20% de los casos de abuso sexual infantil incluye contacto inicial vía redes sociales.

  • La mitad de los menores no cuenta con supervisión adulta significativa durante su uso de internet.

No se puede hablar de derechos en el mundo digital sin condiciones materiales que los sostengan y adultos capaces de acompañar.

El Día Mundial de las Infancias no es un festejo: es un llamado

Desde 1959, cuando la ONU adoptó la Declaración de los Derechos del Niño, esta fecha busca recordarle a los Estados su responsabilidad. Pero en América Latina aún hay un abismo entre las leyes y la vida cotidiana.

El escritor colombiano Germán Castro Caycedo escribió alguna vez que “un país que no escucha a sus niños está condenado a repetir sus tragedias”. Sus palabras resuenan hoy con fuerza.

Las organizaciones de infancia insisten en medidas urgentes:

  • Sistemas de protección robustos y financiados.

  • Más políticas de prevención del abuso sexual infantil.

  • Educaciones que integren la ciudadanía digital crítica.

  • Apoyo a familias cuidadoras en contextos de pobreza.

  • Participación real de niñas, niños y adolescentes en políticas que les afectan.

Porque las infancias no son “el futuro”: son el presente más urgente de América Latina.

El Día Mundial de las Infancias no puede seguir siendo una fecha simbólica ni un gesto protocolar. Las cifras muestran que América Latina mantiene una deuda histórica con quienes deberían ser el centro de toda política pública.

Escucharles hoy implica atender el sufrimiento que las estadísticas revelan, pero también la esperanza que representan. Porque cuando una infancia es protegida, todo un país encuentra futuro.

Fuentes: 

Castro Caycedo, G. (2004). Dejad que los niños vengan a mí. Planeta.

Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2024). Panorama Social de América Latina y el Caribe. CEPAL.

Europol & Interpol. (2022). Child Sexual Exploitation and Abuse (CSEA) Threat Assessment. Europol.

Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.

Organización Mundial de la Salud. (2023). Global Status Report on Violence Against Children 2023. OMS.

Piñon, N. (2005). Aprendiz de Homero. Alfaguara.

UNICEF. (2024). Violencia contra niños, niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

Vargas Llosa, M. (1993). Desafíos a la libertad. Tusquets.

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El grooming: la trampa digital que amenaza a la infancia latinoamericana

Crecen las denuncias y la urgencia de una respuesta educativa regional frente al acoso sexual en línea. Más del 70 % de las niñas, los niños y adolescentes latinoamericanos navegan sin protección ni acompañamiento adulto.

Por: Luz Palomino/Otras Voces en Educación
Edición especial – Día Internacional contra el Grooming (13 de noviembre de 2025)

Una conversación que no era inocente

“María”, una adolescente de 14 años de Buenos Aires, comenzó a recibir mensajes de un supuesto compañero de su edad. Al principio eran charlas sobre música, videojuegos y la escuela. Con el tiempo, el tono cambió: él pidió fotos, luego silencio. “Si no me las mandás, las publico”, escribió. María no dijo nada. La escuela no tenía protocolo, su familia no sabía cómo reaccionar. Cuando el caso salió a la luz, el responsable era un hombre de 38 años que operaba desde otro país.

Historias como la de María se repiten a diario en América Latina. No son episodios aislados: son síntomas de una emergencia educativa que crece en silencio detrás de cada pantalla. El grooming, el acoso sexual en línea ejercido por adultos hacia menores, se ha convertido en una de las formas más perversas de violencia digital contemporánea.

Cada 13 de noviembre, el Día Internacional contra el Grooming busca llamar la atención sobre esta problemática, pero las cifras confirman que la prevención aún está lejos de alcanzar la urgencia del fenómeno.

La nueva frontera de la violencia infantil

En América Latina y el Caribe, más del 70 % de las niñas, los niños y adolescentes tiene acceso a internet, según UNICEF (2024). Sin embargo, ese acceso se da en contextos desiguales y sin acompañamiento de un adulto: en muchos hogares, el teléfono móvil es a la vez herramienta, juguete y refugio.

Un estudio reciente de la UNESCO (2023) advierte que uno de cada dos adolescentes en la región ha recibido mensajes inapropiados o sexualizados de adultos en línea.

En Brasil, la ONG SaferNet registró más de 50.000 denuncias en 2024 relacionadas con explotación sexual infantil digital. En Argentina, la línea 137 del Ministerio de Justicia documentó un aumento del 36 % en los casos de grooming entre 2022 y 2024. En México, la Red por los Derechos de la Infancia (REDIM) advierte que una de cada cuatro niñas ha recibido propuestas sexuales de adultos por redes sociales.

Son datos que revelan una región expuesta, donde el desarrollo tecnológico avanza más rápido que las políticas públicas, y donde la escuela, llamada a formar ciudadanía digital, aún no logra responder con fuerza.

Una emergencia educativa: la pantalla también educa

Durante seis meses, el proyecto “El ciberacoso: una emergencia educativa en América Latina y el Caribe”, realizado por OVE, trabajó con más de 300 docentes de Argentina, México, Colombia, Paraguay, Panamá, Venezuela y Uruguay para diagnosticar y prevenir el acoso digital, incluido el grooming.

La investigación arrojó un dato alarmante: el 78 % de los docentes entrevistados reconoció no tener herramientas para abordar casos de acoso digital o grooming en el aula. La mayoría no sabía cómo identificar señales tempranas o cómo actuar sin revictimizar a las y los estudiantes.

“El problema no es solo legal, es pedagógico. Si la escuela no habla de lo que pasa en internet, otros lo harán —y no siempre con buenas intenciones”, afirma una educadora uruguaya participante del proyecto.

Los talleres impulsados permitieron un cambio de enfoque: pasar de la sanción punitiva —expulsiones o denuncias aisladas— a una pedagogía del cuidado basada en la escucha, la empatía y la prevención.

“Antes veíamos el ciberacoso como tema policial; hoy lo entendemos como parte de la formación ciudadana digital”, señaló una maestra mexicana durante el encuentro regional.

El enemigo invisible

El grooming se mueve en la sombra: detrás de perfiles falsos, chats cifrados y aplicaciones de mensajería. Los agresores suelen construir vínculos de confianza durante semanas o meses. Primero elogian, después manipulan. A menudo logran que las víctimas compartan imágenes íntimas, que luego usan para chantajearlas o extorsionarlas.

Según la OEA (2024), la mayoría de los casos no se denuncia por miedo, vergüenza o falta de conocimiento sobre los canales de ayuda. La ECPAT Internacional estima que por cada caso identificado, hay al menos diez que permanecen ocultos.

“El silencio es el mejor aliado de los abusadores”, advierte Ana Paula de Oliveira, especialista de SaferNet Brasil. “Los niños sienten culpa, los adultos minimizan, y las instituciones educativas no siempre tienen herramientas para intervenir”.

Una región con leyes, pero sin estrategias

Aunque la mayoría de los países latinoamericanos han tipificado el grooming como delito —Argentina en 2013, México en 2017, Chile en 2019—, las leyes no se acompañan de estrategias educativas de prevención.

Un informe de CEPAL (2023) señala que la región invierte menos del 1 % del presupuesto educativo en alfabetización digital. Las políticas suelen centrarse en infraestructura tecnológica, pero no en la formación ética ni crítica del uso de internet.

“La brecha digital no es solo de acceso, también es de comprensión”, explica Luis Bonilla-Molina, integrante del equipo del proyecto. “El grooming se combate en la escuela, cuando enseñamos a los niños a reconocer los riesgos y a confiar en los adultos. Pero si las maestras y  maestros no están preparados, el ciclo de silencio continúa”.

Más allá del aula: una responsabilidad colectiva

La UNESCO insiste en que la lucha contra el grooming debe integrarse en la agenda de derechos digitales de la infancia, junto con la alfabetización mediática, el consentimiento y el respeto en entornos virtuales.

Las organizaciones internacionales coinciden en un punto: la prevención comienza en el hogar y se consolida en la escuela. Sin embargo, muchas familias desconocen los riesgos.

Un estudio de UNICEF (2024) reveló que el 63 % de los padres y madres en América Latina no sabe configurar controles parentales ni reconocer señales de acoso digital.

“Pensamos que mientras estén en casa están seguros, pero el peligro entra por el wifi”, ironiza un psicólogo escolar colombiano.

Proteger es educar

El grooming es, en esencia, una forma moderna de abuso infantil que exige una respuesta educativa profunda y sostenida. Requiere políticas integrales que conecten educación, justicia y comunicación; formación docente en ética digital; campañas de sensibilización dirigidas a familias; y redes comunitarias de acompañamiento.

En noviembre, la Red Otras Voces en Educación convocará un encuentro regional de docentes, investigadores y especialistas para delinear nuevas estrategias formativas frente a las violencias digitales.
La meta es clara: que el grooming deje de ser un tema tabú y se convierta en un asunto pedagógico central, tan urgente como enseñar a leer o escribir.

“La pantalla no es enemiga —es un territorio educativo que debemos aprender a habitar con conciencia y cuidado—”, reflexiona Luz Palomino.

En cada aula, en cada familia, en cada escuela, la tarea es la misma: proteger educando.

Porque mientras exista un niño que tema abrir su chat, la educación seguirá teniendo una deuda con su tiempo.

CIFRAS CLAVE

  • 📱 70 % de niños y adolescentes latinoamericanos usa internet.

  • 🧑‍🏫 78 % de los docentes no tiene formación para abordar acoso digital.

  • 📉 36 % aumentaron los casos de grooming en Argentina (2022–2024).

  • ⚠️ 1 de cada 2 adolescentes ha recibido mensajes sexualizados.

  • 🕹️ 63 % de padres y madres desconoce cómo proteger a sus hijos en línea.


Fuentes consultadas:
UNICEF (2024), UNESCO (2023, 2024), OEA (2024), CEPAL (2023), SaferNet Brasil (2024), REDIM México (2024), ECPAT Internacional (2023), Proyecto “El ciberacoso: una emergencia educativa en América Latina y el Caribe”.

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Libro: Entretejediendo lo pedagógico y lo decolonial. (PDF)

Luz Palomino/CII-OVE

Entretejiendo lo pedagógico y lo decolonial: una pedagogía para re-existir

Reseña del libro de Catherine Walsh

La obra Entretejiendo lo pedagógico y lo decolonial de Catherine Walsh (2014), desde una escritura insurgente, la autora articula pensamiento crítico, experiencia vital y genealogías del Sur para proponer una pedagogía que, más que enseñar, busca re-existir frente a la colonialidad moderna. Esta reseña explora los principales aportes del texto y sus implicaciones pedagógicas

Walsh no escribe un manual ni un tratado; escribe una provocación epistemológica. La forma misma de su texto encarna el gesto decolonial: fragmentario, entretejido, no lineal. A diferencia de la lógica académica hegemónica, su escritura está cargada de oralidad, de memoria y de afecto, lo que convierte la lectura en un acto de experiencia y no solo de comprensión.

Esta apuesta formal no es accidental: la autora demuestra que la colonialidad también opera en las formas de escribir, citar y pensar. Así, su libro se sitúa en el umbral entre el ensayo político y la pedagogía vivida, una pedagogía que no se limita al aula, sino que habita los territorios, los cuerpos y las memorias.

Lo pedagógico y lo decolonial: un entretejido ético y político

El núcleo conceptual de la obra reside en la interdependencia entre lo pedagógico y lo decolonial. Walsh propone pensar la educación no como una práctica técnica, sino como una praxis política, ética y existencial. La pedagogía decolonial, en su perspectiva, implica desandar la matriz moderna/colonial del saber que ha naturalizado jerarquías epistémicas y culturales.

En este sentido, educar deja de ser un proceso de transmisión de contenidos para convertirse en un acto de siembra, un gesto de cuidado y reconstrucción de la vida. La autora retoma las tradiciones del pensamiento crítico latinoamericano —Paulo Freire, Frantz Fanon, Enrique Dussel—, pero las reinterpreta desde la experiencia afrodescendiente, indígena y popular de Abya Yala.

Uno de los aportes más potentes del texto es el desplazamiento del concepto de “resistencia” hacia el de re-existencia. Mientras la resistencia se define frente al poder, la re-existencia propone la creación de otros modos de vida, saber y sentir.

La pedagogía decolonial, entonces, no es solo crítica, sino constructiva y vital. En ella confluyen el pensar, el sentir y el hacer; se trata de una epistemología del cuerpo-territorio, donde conocimiento y existencia se entrelazan. Walsh señala que la educación puede ser un acto de (re)vivir, una práctica que afirma la vida en medio de la negación sistémica.

El libro está organizado en dos grandes movimientos:

  • En Rumbos y caminos, Walsh desarrolla las posibilidades de una pedagogía decolonial como horizonte esperanzado de transformación.

  • En Gritos, grietas y siembras de vida, la autora muestra las dificultades, tensiones y contradicciones que enfrentan los procesos educativos alternativos frente a la cooptación y la violencia epistémica.

Las “grietas” no son debilidades, sino espacios fértiles desde donde germinan prácticas pedagógicas insurgentes: comunidades que educan desde el territorio, procesos de memoria afrodescendiente, luchas feministas y saberes ancestrales que reconfiguran la idea de educación misma.

La lectura del texto deja una convicción profunda: la pedagogía decolonial no se enseña, se vive. Walsh nos recuerda que la tarea del magisterio no es solo formar sujetos competentes, sino sujetos conscientes, vinculados con la vida, el territorio y la comunidad.

Su propuesta desafía la educación instrumental y tecnocrática dominante y reivindica la educación como un acto de esperanza radical. En tiempos de crisis civilizatoria, Entretejiendo lo pedagógico y lo decolonial se levanta como un manifiesto ético que interpela a cada docente a preguntarse:

“¿Qué vidas, qué memorias y qué mundos están siendo posibles en mi práctica educativa?”

Walsh invita a “pensar con los pies en la tierra”, a comprender que enseñar también es una forma de sembrar vida, y que toda pedagogía, si no es decolonial, corre el riesgo de ser colonial sin saberlo.

Descargar aquí: Entretejiendo lo pedagógico y lo decolonial

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La emergencia educativa invisible: Cuando las aulas se conviertes en en campo de batalla digital.

Por: Luz Palomino/CII-OVE

En una escuela pública del sur de la capital mexicana, la maestra Elena Martínez (nombre protegido) cierra su cámara web minutos antes de terminar su clase virtual. No es por problemas técnicos. Es el ritual de protección que repite desde que un grupo de padres compartió sus lecciones sobre igualdad de género en grupos de WhatsApp, desatando una campaña de acoso que la llevó a cambiar su número de teléfono tres veces en dos meses.

«Publicar materiales sobre educación sexual integral me costó meses de acoso. Me editaron videos, me insultaron en grupos de padres, y tuve que pedir traslado de escuela», confiesa la docente, mientras revisa por segunda vez la configuración de privacidad de sus redes sociales.

Este caso no es aislado. Representa la punta del iceberg de una emergencia educativa silenciosa que recorre América Latina: la violencia digital de género se ha infiltrado en las aulas, tanto virtuales como físicas, creando un ecosistema tóxico que está alterando los fundamentos mismos del derecho a la educación.

LAS CIFRAS DEL SILENCIO FORZADO

Los datos oficiales pintan un panorama alarmante:

  • 73% de las mujeres con voz pública en educación ha sufrido violencia digital (ONU Mujeres, 2023)

  • Triplicación del ciberacoso sexista o transfóbico en entornos educativos (UNESCO, 2024)

  • 62% de aumento en ataques a docentes que enseñan educación sexual integral (Observatorio Latinoamericano de Violencia Digital, 2024)

  • 7 de cada 10 estudiantes LGBTQIA+ reportan acoso digital escolar (MESECVI-OEA, 2024)

«Estamos ante una epidemia de silenciamiento«, advierte la Dra. Valeria Santos, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México. «Lo más grave no son solo los ataques, sino su efecto amortiguador: profesoras que dejan de enseñar contenidos feministas, estudiantes que abandonan carreras tecnológicas, adolescentes que se autocensuran en foros virtuales».

DEL BULLYING TRADICIONAL AL TERRORISMO DIGITAL COORDINADO

La violencia ha evolucionado desde el acoso individual hasta operaciones organizadas. En Brasil, una profesora universitaria de São Paulo recibió más de 200 mensajes de odio después de que un influencer conservador compartiera un fragmento descontextualizado de su clase sobre estudios de género.

«Es el nueve repertorio de la censura«, explica el sociólogo Carlos Mendieta, autor de «Digital Patriarchy». «Ya no necesitan prohibir libros: basta con que una turba digital amenace a una docente hasta que ella misma decida dejar de enseñar ese contenido. Es la censura por fatiga».

En los espacios educativos digitales, las agresiones adoptan formas específicas:

  • Sabotaje de clases virtuales mediante bombardeos de comentarios misóginos

  • Creación de perfiles falsos para suplantar a docentes y estudiantes

  • Grabación y edición maliciosa de fragmentos de clases

  • Campaigns de reportes falsos para suspender cuentas de educadoras

LA DOBLE JORNADA DEL MIEDO: AULAS FÍSICAS Y VIRTUALES

Para las estudiantes, la violencia no conoce de fronteras entre lo físico y lo digital. Camila Ríos, estudiante trans de una universidad pública peruana, relata: «Mis compañeros crearon un grupo de WhatsApp para burlarse de mí. Lo peor era que en las clases presenciales me sonreían, pero en el grupo me llamaban por mi nombre anterior y subían memes ofensivos».

Esta esquizofrenia violenta – cordialidad en persona, crueldad en línea – crea un estado de alerta permanente. «Dejé de asistir por semanas», confiesa Camila. «Era imposible concentrarme sabiendo que en cualquier momento podían tomar una foto mía y convertirla en un chiste cruel».

Los espacios educativos se han convertido en territorios híbridos de agresión, donde el acoso que comienza en el patio de la escuela continúa en los grupos de WhatsApp y viceversa.

LA RESPUESTA INSTITUCIONAL: PROTOCOLOS INEXISTENTES Y BUROCRACIA DEL SILENCIO

La brecha entre la velocidad de la violencia y la lentitud institucional es abismal. Solo 7 de los 20 países latinoamericanos cuentan con protocolos educativos con enfoque digital y de género.

«Las instituciones educativas están respondiendo con parches del siglo XX a heridas del siglo XXI«, critica la abogada feminista Elena Contreras, especializada en derechos digitales. «Cuando una estudiante denuncia, le piden que imprima las capturas de pantalla, que las lleve firmadas por un notario, que espere meses para una comisión de ética… Para entonces, el daño es irreversible».

La falta de formación del personal directivo y docente agrava el problema. «Muchos rectores todavía ven esto como ‘problemas de jóvenes’ o ‘cosas de internet’, sin entender que estamos perdiendo a una generación de mujeres líderes», añade Contreras.

RESISTENCIAS Y ALTERNATIVAS: HACIA UNA PEDAGOGÍA DIGITAL FEMINISTA

Frente a esta emergencia, surgen iniciativas que buscan transformar los espacios educativos:

  • Redes de Docentes por la Sororidad Digital: Grupos de apoyo mutuo para profesoras víctimas de violencia

  • Brigadas de Respuesta Rápida: Estudiantes de derecho y tecnología que brindan asesoría inmediata

  • Protocolos de Actuación Express: Desarrollados por organizaciones civiles para suplir la inacción estatal

«Necesitamos una alfabetización digital feminista«, propone la profesora Laura Mendoza, coordinadora de una iniciativa en Colombia. «No basta con enseñar a usar plataformas; debemos enseñar a reconocer violencias, a ejercer la ciudadanía digital con perspectiva de género, a construir comunidades de cuidado en línea».

EL COSTE SOCIAL: CUANDO LA VIOLENCIA DIGITAL SE CONVIERTE EN EXCLUSIÓN EDUCATIVA

Las consecuencias trascienden lo individual y afectan el proyecto educativo regional:

  • Fuga de cerebros feministas: Docentes e investigadoras abandonan espacios públicos

  • Deserción escolar diferenciada: Las adolescentes son las más afectadas por el acoso en línea

  • Erosión de la educación pública: La desconfianza en las instituciones crece

  • Autocensura curricular: Temas de género desaparecen por miedo a represalias

«Estamos presenciando un asedio coordinado contra el conocimiento crítico«, alerta el informe «Educación bajo Ataque» de la Red Latinoamericana por la Educación Inclusiva. «Los actores anti-derechos han encontrado en la violencia digital un arma eficaz para vaciar de contenido transformador los sistemas educativos».

LLAMADO A LA ACCIÓN: UNA CRUZADA POR LOS ESPACIOS EDUCATIVOS SEGUROS

Mientras los gobiernos debaten, la comunidad educativa exige acciones concretas:

  1. Declarar la emergencia educativa digital con perspectiva de género

  2. Crear fiscalías especializadas en violencia digital educativa

  3. Establecer líneas de atención 24/7 para víctimas

  4. Incorporar la educación digital feminista en todos los niveles

  5. Proteger a las docentes con medidas de seguridad integrales

«Esto no es solo sobre internet», reflexiona la maestra Elena Martínez, mientras prepara su siguiente clase con la cámara aún apagada. «Es sobre qué tipo de sociedad estamos construyendo. Si permitimos que las aulas, físicas o virtuales, se conviertan en espacios de miedo, habremos fracasado como civilización».

La emergencia está aquí. Las aulas latinoamericanas, tanto las de cemento como las de pixels, claman por una solución antes de que el silencio se convierta en la lección mejor aprendida por una generación entera.

Fuentes:

-OVE (2025). Ciberacoso una Emergencia Educativa
– ONU Mujeres (2023). Violencia de género en línea hacia las mujeres con voz pública en América Latina.
– UNESCO (2024). Informe regional sobre violencia y acoso escolar con enfoque de género.
– MESECVI–OEA (2024). Ciberviolencia y derechos humanos de las mujeres.
– Observatorio Latinoamericano de Violencia Digital (2024). Informe anual.
– Piro, P. (2024). Educación y Violencia Digital en América Latina. CLACSO.
– Red de Educadoras por la Justicia Digital (2025). Diagnóstico regional sobre protocolos escolares.

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Reseña del libro La educación y la vida: un libro para maestros de escuela y educadores populares de Jorge Huergo. (PDF)

Por Luz Palomino/CII-OVE

La educación y la vida: un libro para maestros de escuela y educadores populares, de Jorge Huergo (Ediciones EPC, La Plata, 2015), nos invita a interrogar la relación entre la escuela y la vida, situando a los docentes frente a los dilemas éticos, políticos y culturales que atraviesan la práctica educativa en América Latina.

Jorge Huergo, reconocido pedagogo argentino y referente del campo de la comunicación y la educación, desarrolla en esta obra una mirada profundamente humana sobre la enseñanza. Su planteo parte de una premisa clara: la educación no puede reducirse a un conjunto de técnicas o instrumentos, sino que debe comprenderse como una práctica vital, arraigada en la experiencia cotidiana y en las condiciones históricas de nuestros pueblos. En ese sentido, el autor afirma que educar es “una manera de vivir con otros”, un acto de encuentro y diálogo donde se construye, de manera colectiva, el sentido de lo común.

El libro se estructura en dos grandes ejes. En el primero, Huergo analiza el devenir de la escuela moderna y su relación con los procesos de modernización, globalización y tecnocratización que han marcado el campo educativo. Su crítica al neoliberalismo y al enfoque tecnocrático de la educación resulta especialmente pertinente: denuncia la reducción de la docencia a mera ejecución de programas estandarizados, despojándola de su dimensión ética y política. En este punto, el autor retoma los aportes de Paulo Freire y otros pensadores de la pedagogía crítica latinoamericana para reivindicar el carácter emancipador del acto educativo.

En la segunda parte, el autor propone pensar la educación desde la vida: la vida de los sujetos concretos, de las comunidades, de las culturas y de las experiencias que configuran los espacios educativos. Allí despliega una reflexión que entrelaza teoría y práctica, apostando por una pedagogía social que reconozca los saberes populares, las memorias colectivas y las resistencias que habitan en los territorios. Huergo invita al docente a reconocerse no como transmisor de verdades acabadas, sino como sujeto que aprende junto con otros, comprometido con la transformación social.

Desde el punto de vista metodológico, el libro combina la argumentación teórica con un tono ensayístico que lo vuelve accesible sin perder profundidad. Las categorías de análisis —vida, cultura, escuela, comunicación, política— se entretejen de manera orgánica, ofreciendo al lector una comprensión compleja y situada de la práctica educativa. No se trata de un texto prescriptivo, sino de un llamado a la reflexión crítica y a la acción transformadora.

En el contexto actual, marcado por la digitalización, la fragmentación social y el resurgir de discursos autoritarios, la lectura de La educación y la vida adquiere una vigencia innegable. El libro interpela a las y los docentes latinoamericanos a recuperar el sentido ético y político de su tarea, a mirar más allá de las métricas y los estándares, y a reencontrarse con la dimensión existencial de la educación. Huergo no ofrece recetas, sino preguntas que invitan a repensar qué significa enseñar y aprender en sociedades atravesadas por la desigualdad y la violencia.

En suma, esta obra es una referencia imprescindible para quienes buscan pensar la educación desde un horizonte emancipador y latinoamericano. Más que un manual, es una conversación profunda sobre la vida y la pedagogía, sobre el lugar del maestro como sujeto histórico y sobre la necesidad de reconstruir el vínculo entre escuela, comunidad y esperanza.

Descarga el libro en este link: La educacion y la vida

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Reflexión: El cuidado como centro de la vida

Por: Luz Palomino/CII-OVE

En un mundo que avanza a ritmo vertiginoso, hablar de cuidados parece, para algunos, un tema menor. Pero detrás de cada cuerpo alimentado, cada niñ@ que aprende, cada enferm@ que sana o cada persona mayor que envejece con dignidad, hay un entramado invisible de tareas, afectos y presencias que hacen posible la vida. Hoy, en el Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, la invitación es a mirar hacia ese universo que sostiene todo lo que somos, pero que rara vez ocupa los titulares.

“Cuidar es mantener, continuar y reparar nuestro mundo para que podamos vivir en él lo mejor posible”, escribió la filósofa Joan Tronto, una de las teóricas más influyentes del pensamiento ético del cuidado.

Una economía sostenida por manos invisibles

Durante décadas, el trabajo de cuidados ha sido la base silenciosa del sistema económico y social, pero sin reconocimiento ni remuneración justa. Según datos de la ONU, las mujeres realizan más del 75 % del trabajo de cuidado no remunerado en el mundo, lo que equivale a miles de millones de horas diarias de trabajo gratuito.

La socióloga y activista Silvia Federici ha denunciado que “el capitalismo se construyó sobre la expropiación del trabajo reproductivo de las mujeres”. En otras palabras, la economía formal solo existe porque alguien —en su mayoría mujeres— sostiene la vida desde lo doméstico y lo afectivo.

Sin embargo, en la actualidad emergen nuevos debates sobre la “democratización del cuidado”, entendida como una responsabilidad compartida entre el Estado, la comunidad, el sector privado y las familias. “Cuidar no puede seguir siendo una tarea femenina, ni una cuestión privada. Es una responsabilidad social y política”, subraya Marcela Lagarde, antropóloga mexicana y referente del feminismo latinoamericano.

Educar para cuidar: una urgencia ética

El ámbito educativo no puede permanecer ajeno a esta reflexión. Las escuelas, universidades y espacios formativos son, en sí mismos, lugares de cuidado: de las infancias, de los saberes, de los vínculos. Sin embargo, la pedagogía dominante ha privilegiado históricamente la razón y la competencia sobre la empatía y la cooperación.

Educar en y para el cuidado supone redefinir la idea de éxito y conocimiento, incorporando valores como la escucha, la interdependencia y la reciprocidad. Implica también repensar el rol docente: cuidar no solo como acompañar el aprendizaje, sino como construir condiciones de bienestar y dignidad dentro y fuera del aula.

En muchos países de América Latina, movimientos pedagógicos feministas y comunitarios vienen impulsando una educación que coloque la vida en el centro, reconociendo que enseñar también es un acto de cuidado y resistencia frente a las lógicas del mercado y la indiferencia social.

Hacia una cultura del cuidado

En tiempos de crisis ambiental, guerras y desigualdades crecientes, el cuidado se convierte en un horizonte político y ético indispensable. No se trata solo de cuidar a las personas, sino también a los territorios, los ecosistemas y las memorias colectivas.

“Sin una cultura del cuidado, no habrá futuro para nadie”, advirtió la filósofa española Victoria Camps, recordando que cuidar es un deber moral, pero también una forma de justicia intergeneracional.

Este 29 de octubre no se conmemora únicamente un día; se reivindica una mirada del mundo que nos invita a reaprender la ternura como fuerza transformadora. Como dice Lagarde, “cuidar es un acto de amor, pero también de poder: el poder de sostener la vida frente a la violencia y el abandono”.

El reto para nuestras sociedades —y en particular, para los sistemas educativos— es construir una pedagogía del cuidado, donde cada gesto de acompañamiento y cada vínculo humano sean entendidos como parte de una gran red que sostiene la vida.

Porque, en definitiva, cuidar y dejarnos cuidar es la primera lección de humanidad que tod@s deberíamos aprender.

Fuentes:

Naciones Unidas, ONU Mujeres, Tronto (1993), Lagarde (2001), Federici (2012), Camps (2020).

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La inteligencia artificial en la docencia: Tecnología con sentido humano

Por: Luz Palomino/CII-OVE

La incorporación de la inteligencia artificial (IA) en los entornos educativos ha transformado la manera en que se enseña y se aprende. En América Latina, donde la educación enfrenta desafíos estructurales y sociales, la IA representa una oportunidad para ampliar el acceso al conocimiento y personalizar la enseñanza. Sin embargo, también plantea preguntas éticas y pedagógicas: ¿cómo integrar la tecnología sin perder el pensamiento crítico, la reflexión y la dimensión humana de la educación?

La IA como herramienta pedagógica, no como sustituto

La IA puede facilitar el trabajo docente, pero nunca debería reemplazarlo. El educador sigue siendo quien interpreta, orienta y genera el diálogo. Como señala Freire (1970), “enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su producción o construcción”. En ese sentido, el uso de la IA debe orientarse a crear espacios de aprendizaje donde l@s estudiantes analicen, cuestionen y produzcan conocimiento propio.

Por ejemplo, en una clase de historia, l@S participantes pueden utilizar una herramienta de IA para elaborar una línea de tiempo sobre la independencia latinoamericana y, posteriormente, debatir sobre los sesgos o vacíos presentes en la información obtenida. Esta práctica no solo fomenta la alfabetización digital, sino también la conciencia crítica ante las fuentes tecnológicas.

Reflexión ética y alfabetización digital crítica

El uso de la IA en el aula exige una formación ética tanto en docentes como en estudiantes. Comprender el funcionamiento de los algoritmos, la protección de datos y la autoría de los textos son competencias necesarias en el siglo XXI. En una clase de lengua, por ejemplo, l@s estudiantes podrían comparar un texto generado por una IA con otro escrito por ellos mismos, analizando diferencias en estilo, creatividad y profundidad. De esta manera, se promueve la reflexión sobre lo humano en el acto de escribir.

Inclusión y personalización del aprendizaje

Uno de los aportes más valiosos de la IA es su capacidad para ofrecer apoyo individualizado. En contextos latinoamericanos, donde existen desigualdades significativas, estas herramientas pueden ayudar a nivelar oportunidades. Plataformas como Khanmigo de Khan Academy permiten acompañar a los estudiantes según su ritmo y necesidades, siempre bajo la guía del docente, quien interpreta las emociones, motiva y contextualiza el aprendizaje.

El valor insustituible de la dimensión humana

Aunque la IA puede generar actividades, ejercicios o materiales didácticos, no puede reemplazar el encuentro humano ni la empatía que se produce en el aula. El vínculo afectivo entre docente y estudiante sigue siendo el eje de toda práctica educativa. Un profesor puede utilizar la IA para crear dilemas éticos o casos sociales y, luego, abrir un debate donde los alumnos argumenten, escuchen y reflexionen colectivamente. Así, la tecnología actúa como disparador del pensamiento crítico, no como su reemplazo.

Imagen creada con IA

Hacia una pedagogía crítica con tecnología

El desafío para los docentes del siglo XXI consiste en integrar la IA dentro de un marco de pedagogía crítica y humanista. Esto implica utilizar la tecnología como medio para potenciar el juicio, la creatividad y la capacidad de análisis. Dussel (2023) recuerda que “las tecnologías no reemplazan el juicio pedagógico ni el encuentro educativo”; solo lo amplían si se usan con sentido ético y reflexión.

Educar con IA, por tanto, no significa delegar el aprendizaje en una máquina, sino enseñar a los estudiantes a pensar, cuestionar y decidir en un entorno cada vez más automatizado. La tarea del docente consiste en mantener viva la dimensión humana del aprendizaje: el diálogo, la empatía, la cooperación y el pensamiento crítico.

La inteligencia artificial puede ser una aliada de la docencia si se emplea con criterio pedagógico. Lejos de deshumanizar la educación, puede liberar tiempo para que los docentes se centren en el acompañamiento emocional y en la formación ética de sus alumnos. La clave está en que la tecnología no sustituya la reflexión, sino que la potencie. En palabras de Freire (1970), el objetivo de educar sigue siendo el mismo: formar seres humanos capaces de transformar su realidad a través del pensamiento y la acción.

Algunas inteligencias artificiales gratuitas que se pueden usar en el aula

En la actualidad, existen diversas herramientas de inteligencia artificial que los docentes pueden integrar en el aula de forma gratuita y segura, siempre bajo criterios pedagógicos y éticos. Estas plataformas permiten diseñar materiales, fomentar la creatividad y personalizar la enseñanza, sin sustituir el rol del educador. A continuación, se mencionan algunas de las más útiles:

  1. Khan Academy (Khanmigo) – Tutor virtual gratuito que utiliza IA para acompañar a estudiantes en diversas asignaturas, especialmente matemáticas, ciencias y comprensión lectora. Promueve el aprendizaje autónomo y el pensamiento crítico.
  2.  Google Gemini (antes Bard) – Herramienta de conversación y generación de ideas que puede emplearse para crear actividades, textos o proyectos. Útil para que los alumnos investiguen y contrasten información de manera crítica.
  3.  ChatGPT (versión gratuita) – Recurso versátil para formular preguntas, generar ejemplos o simular diálogos educativos. El docente puede usarlo como base para ejercicios de análisis, redacción o debate.
  4.  Teachable Machine (Google) – Plataforma que permite a los estudiantes crear modelos de IA simples (como reconocimiento de imágenes o sonidos) de forma visual y sin necesidad de programar. Ideal para introducir el pensamiento computacional.
  5.  Canva for Education – Aunque no es exclusivamente de IA, incluye funciones de generación automática de textos e imágenes. Permite crear presentaciones, carteles y recursos didácticos colaborativos.
  6.  QuillBot y Grammarly – Herramientas gratuitas que ayudan a mejorar la escritura en inglés y español, promoviendo la revisión crítica y la corrección autónoma del lenguaje.
  7.  Diffit y MagicSchool AI – Plataformas dirigidas a docentes que generan fichas, preguntas y materiales personalizados según el nivel del estudiante, útiles para adaptar la enseñanza a distintas capacidades.

Estas herramientas, utilizadas con criterio pedagógico, pueden favorecer la motivación, el debate y la construcción de conocimientos significativos, especialmente cuando se combinan con metodologías activas como el aprendizaje basado en proyectos o el aula invertida. No obstante, su eficacia depende del acompañamiento reflexivo del docente, quien debe orientar el uso de la IA hacia el desarrollo del pensamiento crítico, la ética digital y la autonomía intelectual.

Referencias

Dussel, I. (2023). Educación, tecnología y desigualdad. Universidad Nacional de San Martín.
Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.
García, M., & Sanz, L. (2022). Educación y pensamiento crítico en tiempos de IA. Revista Iberoamericana de Educación.
Nussbaum, M. (2010). Sin fines de lucro: Por qué la democracia necesita de las humanidades. Katz Editores.
UNESCO. (2023). Recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial. París: UNESCO.

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