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10 inventos revolucionarios que dejó la Primera Guerra Mundial

Redacción: BBC

La Primera Guerra Mundial dejó desolación y destrucción pero, durante el conflicto que asoló Europa entre 1914 y 1918, se crearon también algunos ingenios que sobrevivieron a la contienda y que aún utilizamos hoy a diario.

BBC News Mundo selecciona los 10 inventos más exitosos de la Gran Guerra.

1. Toallas sanitarias

Un material llamado ‘celucotton’ ya había sido inventado por la pequeña empresa estadounidense Kimberly-Clark (C-K) antes de que la guerra estallara.

El responsable de investigaciones de esa firma, Ernst Mahler, y su vicepresidente, James C. Kimberly, habían hecho un recorrido por las plantas de pasta de papel en Alemania, Austria y Escandinavia en 1914.

Allí descubrieron un material cinco veces más absorbente que el algodón y que, producido en grandes cantidades, se podía fabricar por la mitad de precio.

Por eso se lo llevaron de vuelta a Estados Unidos para comercializarlo.

Cuando Estados Unidos entró en la guerra en 1917 comenzaron a producir el forro de algodón para la vestimenta de los profesionales sanitarios, a un ritmo de unos 150 metros por minuto.

Pero las enfermeras de la Cruz Roja en el campo de batalla se dieron cuenta de que ese material tenía otro posible uso durante su menstruación.

Este uso no oficial fue lo que, finalmente, forjó la fortuna de aquella compañía.

Toalla sanitaria.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEstados Unidos fue el país responsable de la invención de las toallas sanitarias.

«El final de la guerra en 1918 trajo como consecuencia una suspensión temporal del negocio de algodón de K-C porque sus principales clientes -el ejército y la Cruz Roja- ya no necesitaban sus productos», asegura la compañía, que aún existe.

Por eso recompró el excedente al ejército para crear un nuevo mercado.

«Después de dos años de estudio intensivo, experimentos y pruebas de mercado, el equipo K-C creó una toallita sanitaria hecha de ‘celucotton’ y gasas finas.

«En 1920 dentro de una pequeña estructura de madera en la ciudad de Neenah, Wisconsin, las empleadas de la empresa comenzaron a producir las toallas sanitarias a mano», según informa la empresa.

El nuevo producto, llamado Kotex (la abreviatura de «cotton texture», textura de algodón en inglés), se vendió por primera vez al público en octubre de 1920, menos de dos años después del armisticio.

2. Pañuelos de papel

Poner en el mercado las toallas sanitarias era una tarea complicada, en parte porque las mujeres eran reticentes a comprar el producto de manos de los hombres que atendían en los comercios.

Pañuelo de papel.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEl Kleenex que conoces hoy tuvo su origen en la Primera Guerra Mundial.

La empresa propuso a esos negocios que les permitieran comprarlas, sencillamente, poniendo el dinero en una caja. Las ventas de Kotex se elevaron después de esta iniciativa, pero no tanto como Kimberly-Clark pretendía.

Así que la empresa buscó un nuevo uso para el mismo material.

A principios de 1920, C.A «Bert» Fourness tuvo la idea de planchar el material de la celulosa para hacer un pañuelo suave y fino. Tras mucha experimentación, el famoso «Kleenex» nació en 1924.

3. Lámparas solares

En el invierno de 1918 se estimaba que la mitad de los niños en Berlín sufrían de raquitismo, una enfermedad en la que los huesos se reblandecen y se deforman. Por entonces, la causa exacta era desconocida aunque se asociaba a la pobreza.

Un doctor de la ciudad, Kurt Huldschinsky, notó que sus pacientes estaban muy pálidos.

Decidió llevar a cabo un experimento en cuatro de ellos. Les aplicó lámparas de cuarzo y mercurio que emitían luz ultravioleta.

Lámpara.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa idea de usar lámparas de luz para tratar padecimientos se remonta a la Gran Guerra.

Con el paso del tiempo Hudschinsky notó que los huesos de sus jóvenes pacientes se hacían más fuertes. En mayo de 1919, cuando llegó el sol del verano, les puso también a tomar el sol en la terraza.

Cuando fueron publicados, los resultados de su experimento se acogieron con gran entusiasmo.

Muchos niños de toda Alemania fueron tratados con luz. En Dresden, los servicios sanitarios infantiles lograron incluso desmantelar las luces de la calle para que reciclaran en lámparas para el tratamiento de los niños.

Más tarde la ciencia conoció que la vitamina D es necesaria para la creación del hueso con calcio y este proceso se estimula con la luz ultravioleta.

4. Cambio de hora

La idea de atrasar los relojes en primavera y adelantarlos en otoño no era nueva cuando comenzó la Primera Guerra Mundial. Benjamin Franklin, uno de los padres fundadores de Estados Unidos, lo había sugerido en una carta al diario Journal de París en 1784.

Se desperdiciaban muchas velas en las noches de verano porque el sol se ponía antes de que las personas se fueran a dormir, explicaba en la misiva. Además, la luz del sol no se aprovechaba en las primeras horas de la mañana porque la gente aún dormía.

Relojes.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEl cambio de hora se introdujo en Alemania en 1916 con el objetivo de ahorrar carbón, usado en aquel entonces para calefacción e iluminación.

Ideas similares fueron expuestas en Nueva Zelanda en 1895 y en Reino Unido en 1909, pero no dieron resultados concretos.

La Primera Guerra Mundial fue un acicate para ese cambio.

Al enfrentar una severa escasez de carbón, las autoridades alemanas decretaron que el 30 de abril de 1916 todos los relojes que marcaban las 23:00 deberían de dar las 24:00. Así se aseguraba una hora más de luz a la mañana siguiente.

Lo que comenzó en Alemania como una idea para ahorrar carbón para calefacción y luz se extendió rápidamente a otros países.

En Reino Unido la idea se puso en pie solo tres semanas más tarde, el 21 de mayo de 1916. El 19 de marzo de 1918 el Congreso de Estados Unidos estableció distintos husos horarios.

Una vez la guerra hubo terminado, la iniciativa fue abandonada pero sus beneficios ya eran conocidos y en los años posteriores se volvió a implantar.

5. Bolsas o «bombas» de té

Las bolsas de té no se inventaron para resolver ningún problema derivado de la guerra. Fue un comerciante de té estadounidense quien, en 1908, comenzó a mandar té en pequeñas bolsas a sus clientes.

Té.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionMuchos soldados que pelearon en la Primera Guerra Mundial disfrutaron de las bolsas remojadas en agua.

Fueron ellos quienes, sea por accidente o por el diseño, decidieron introducir las bolsas en el agua… y el resto es historia. Esa es la explicación que da la industria.

Una compañía francesa, Teekanne, copió aquella idea en tiempo de guerra. La desarrolló para proporcionar a las tropas té en pequeñas bolsas de algodón. Las llamaban «bombas de té».

6. El reloj de pulsera

No es cierto que los relojes de pulsera fueran inventados específicamente para la Primera Guerra Mundial, sin embargo, su uso creció exponencialmente durante este periodo histórico. Después de la guerra era la manera más común de dar la hora.

Hasta finales del siglo XIX y principios del XX los hombres que necesitaban saber la hora y los que tenían el dinero suficiente para poder comprar un reloj, lo utilizaban de bolsillo. Por algún motivo fueron las mujeres las pioneras. La reina Isabel I de Inglaterra tenía un pequeño reloj que se adhería a su brazo.

Reloj.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionAunque los relojes de pulsera no se inventaron durante la Gran Guerra, en este período su uso creció enormemente.

El tiempo adquirió mayor importancia en la guerra, por ejemplo para sincronizar la hora de los bombardeos. Así, los fabricantes desarrollaron relojes que dejaran las manos libres a las tropas en el calor de la batalla.

Los aviadores también necesitaban ambas manos libres… y así, ellos también tuvieron que tirar por la borda el reloj de bolsillo.

La empresa H. Williamson, que hacía relojes en Coventry, Inglaterra, anotó en su informe anual de 1916: «Se dice que uno de cada cuatro soldados utiliza reloj de pulsera y los otros tres quieren adquirir uno lo antes posible».

7. Salchichas vegetarianas… o «salchichas de la paz»

Uno podría pensar que las salchichas de soja fueron inventadas por algún hippy, probablemente en los años 60 en California.

Pero no. Las salchichas de soja fueron idea del primer canciller de la República Federal Alemana después de la Segunda Guerra Mundial.

Durante la Primera Guerra Mundial Adenauer era alcalde de Colonia y cuando el bloqueo británico se impuso sobre Alemania el hambre comenzó a pesar en la ciudad.

Adenauer tenía una mente ingeniosa e investigó maneras de sustituir los productos que faltaban, como carne, por otros de los que no había tanta escasez.

Salchichas.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLas salchichas «sin carne» fueron una alternativa para paliar la escasez de comida durante la Primera Guerra Mundial.

Comenzó utilizando una mezcla de harina de arroz, cebada y harina de maíz para hacer pan y así sustituir al trigo.

Después de su pan experimental continuó en búsqueda de una nueva salchicha sin carne. Así se logró la de soja, que fue conocida como «la salchicha de la paz».

Adenauer solicitó obtener una patente de su nuevo alimento en la Oficina Imperial de Patentes en Alemania pero le fue denegada.

Al parecer el contenido de la salchicha era contrario a la regulación alemana para este producto, o sea, si no contenía carne no se le podía considerar salchicha.

Tuvo más suerte al intentarlo en Reino Unido, enemigo de Alemania en aquel tiempo. El Rey Jorge V le dio la patente de la salchicha de soja el 26 de junio de 1918.

8. Cremalleras

Desde mediados del siglo XIX varias personas habían estado trabajando en varias combinaciones de ganchos, broches y hebillas para lograr un cierre rápido y fluido de las prendas de ropa que aislara del frío.

Pantalón de cremallera.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa cremallera respondía a la necesidad de un cierre rápido.

Fue Gideon Sundback, un sueco que emigró a Estados Unidos, quien dio con la actual fórmula de la cremallera.

Se convirtió en el diseñador jefe de la compañía Universal Fastener Company y concibió el «cierre sin anclaje».

El ejército estadounidense los incorporó a sus uniformes y botas, especialmente para las de la marina. Después de la guerra fueron los civiles quienes tomaron este testigo y lo generalizaron en su vestimenta.

9. Acero inoxidable

Harry Bearley, de Sheffield, Inglaterra, es el responsable de la invención del acero que no se corrompe.

Según aparece en los archivos de esa ciudad «en 1913, Harry Brearley desarrolló lo que es considerado el primer acero sin óxido, un producto que revolucionó la industria metalúrgica y se convirtió en uno de los mayores componentes del mundo moderno.

El ejército británico estaba intentando encontrar un metal mejor para sus armas. El problema era que los cañones de esas armas se deformaban después de varios disparos por la fricción y el calor de las balas.

Acero.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEl acero inoxidable revolucionó la industria metalúrgica.

El ejército le pidió Brearley, que era metalúrgico en una empresa local, que encontrara una solución a este problema y con aleaciones más duras.

La leyenda dice que después de probar a añadir cromo al acero Bearley desechó algunos de sus experimentos por considerarlos fracasos. Los echó, literalmente, al montón de la chatarra.

El metalúrgico notó que después de un tiempo esos experimentos no se habían oxidado.

Había descubierto el secreto del acero inoxidable. Durante la Primera Guerra Mundial fue utilizado en algunos de los nuevos motores aéreos. Luego se generalizó en el uso de cubertería y material quirúrgico del que muchos hospitales dependen.

10. Comunicación con los pilotos

Antes de la Primera Guerra Mundial los pilotos no tenían modo de comunicarse entre ellos o con tierra.

Al comenzar la Gran Guerra los ejércitos aún necesitaban de cables para hablar entre sí, pero estos eran a menudo cortados por la artillería o los tanques.

Torre de control.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionDurante la Gran Guerra, el uso de aviones llevó a la necesidad de que los pilotos se comunicaran entre sí.

Modos alternativos de comunicación como corredores, banderas y palomas mensajeras fueron utilizadas pero no resultaron ser útiles.

Los aviadores tenían que confiar en gestos y gritos…era necesario encontrar una solución. La comunicación sin cables era la respuesta.

La tecnología por radio estaba ya en funcionamiento pero tenía que ser desarrollada y esto sucedió durante la Primera Guerra Mundial.

Para finales de 1916 se tomaron pasos decisivos. Los primeros intentos para incluir teléfonos en los aviones tuvieron que ser descartados por el ruido de fondo.

Este problema fue resuelto inventando un casco en el que se instalaron los auriculares con un micrófono, que bloquea la mayoría del ruido.

Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-46147877

 

 

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.Perú: más de seis mil partos prematuros son de niñas y adolescentes de 12 a 17 años

Durante la última semana, el número de muertes de neonatos prematuros alarmó a más de una persona. No obstante, entre las explicaciones que exigió el Congreso a la Ministra de Salud y los reclamos por la falta de incubadoras, se esconde una realidad perpetua e ignorada que no despierta la indignación que debería: las niñas y adolescentes obligadas a asumir el rol de madres.

Si la prematuridad es la primera causa de muerte en recién nacidos, la maternidad no deseada se está posicionando como el principal factor que pone en peligro la vida e integridad de las niñas. Según el Ministerio de Salud (Minsa), en 2019, se han registrado 17 mil nacimientos prematuros, de los cuales cerca de siete mil recién nacidos son de niñas y adolescentes cuyas edades van entre 12 a 17 años.

Además de los recién nacidos prematuros, la vida de las niñas también está en constante peligro. Debido a su corta edad, ellas tienen cuatro veces más probabilidades de morir durante la gestación o el parto.

“En esta etapa la niña aún no ha terminado de desarrollarse físicamente. Su normal crecimiento se interrumpe por un embarazo que su cuerpo no está en la capacidad de llevar. Los embarazos en toda mujer presentan un riesgo, pero en las niñas mucho más”, advierte el médico ginecólogo-obstetra, Miguel Gutiérrez, director de la Cooperación Técnica en Salud Pathfinder International.

Una niña embarazada tiene más posibilidades de padecer preeclampsia, un mal que suele desarrollarse durante el embarazo y que incluye síntomas como aumento de la presión arterial. Si la preeclampsia se complica, la niña desarrollará eclampsia, afectando su función cerebral y con riesgo de tener convulsiones o dejarla en coma.

De igual forma, pueden sufrir ruptura de membranas, diabetes gestacional y parto prematuro. Muchas de ellas no tienen el piso pélvico formado, aumentando el peligro de fallecer durante el parto. Todos estos embarazos son de alto riesgo.

La data obtenida por el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (CLADEM) revela que, durante los últimos 5 años, más de 14 mil niñas tuvieron partos. Esta cifra confirma que el embarazo infantil y adolescente son problemáticas que el Estado no ha logrado contrarrestar en tantos años y que pone en riesgo la vida de las niñas.

Se denomina embarazo infantil a las gestaciones que llevan las niñas menores de 14 años. El Código Penal Peruano especifica que estos embarazos son producto de violación y los registros oficiales lo confirman. Según RENIEC, el año pasado, 1 856 hombres adultos fueron inscritos como padres de recién nacidos que tienen consignadas como madres a niñas entre 7 y 14 años.

La recopilación de estadística y las políticas de atención y prevención, suelen estar enfocadas mayoritariamente en el embarazo en adolescentes (15 a 18 años). A pesar de que se le otorga esta prioridad, la tasa de embarazo adolescente se ha mantenido en el rango de 13% durante los últimos cinco años.

Esta situación no es nueva; sin embargo, parece que el Perú ha aceptado convivir con estas problemáticas mientras las niñas y adolescentes siguen quedando embarazadas a la sombra de una sociedad que no parece entender que son niñas, no madres.

Fuente de la Información: https://www.nodal.am/2019/09/peru-mas-de-seis-mil-partos-prematuros-son-de-ninas-y-adolescentes-de-12-a-17-anos/

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Brasil: 10 verdades sobre los incendios en la Amazonía que debes saber

El mundo observa con horror cómo circulan imágenes de enormes extensiones de los incendios en la Amazonía, pero estos no son incendios forestales comunes. Se propusieron para generar enormes ganancias para algunas compañías multinacionales y los gobiernos burgueses que las apoyan. Es necesaria una acción urgente y la movilización de los trabajadores y activistas de todo el mundo para poner fin a la explotación capitalista que está destruyendo una de las regiones ecológicas más importantes de la Tierra. Esto es lo que necesita saber sobre los incendios y los responsables de ellos:

1. Los incendios de deforestación han quemado el Amazonas por décadas

Los pueblos que habitan el Amazonas han sufrido la destrucción de la selva tropical durante décadas. La dictadura militar brasileña de 1964-1985 confiscó 6 millones de hectáreas de tierras de poblaciones indígenas, en parte para construir la inmensa carretera trans-amazónica. Se utilizaron incendios forestales para limpiar la tierra, desplazar a sus habitantes ancestrales y construir ranchos y granjas de ganado. Desde el principio, compañías multinacionales como McDonald’s estuvieron involucradas en esta devastación, financiando proveedores que destruyeron y continúan destruyendo grandes extensiones de la selva tropical para cultivar productos como la soja en grandes cantidades para la exportación.

2. Los incendios en la Amazonía han aumentado en un 85% bajo el gobierno de Bolsonaro

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, quien se hace llamar “Capitán Motosierra”, pronunció un discurso incendiario contra la protección del medio ambiente, sin duda en un llamamiento a los productores agrícolas y ganaderos que constituyen una parte fundamental de su apoyo. En el Congreso, el poder de los representantes rurales está vinculado al agronegocio (la mayoría de ellos son miembros del Movimiento Democrático de Brasil) y es una fuerza decisiva en el gobierno. Cuando llegó al poder por primera vez, Bolsonaro dijo muy claramente a este sector: “este gobierno es suyo” y ha cumplido esa promesa. La ministra de Agricultura de Bolsonaro, Tereza Cristina, proviene de este mismo sector. Tanto el presidente como su administración se han pronunciado en contra de tomar medidas de protección forestal y han favorecido una mayor comercialización del territorio amazónico. Incluso el Ministro de Medio Ambiente de Bolsonaro, Ricardo Salles, defiende esta política. En la última década, los incendios forestales han aumentado constantemente, y hasta ahora en 2019, ha habido más de 70,000 incendios. Sólo en agosto hubo más de 30,000 incendios.

3. Los gobiernos anteriores también dejaron que los agronegocios interfieran en la cuenca del Amazonas

Los gobiernos del PT (Partido de los Trabajadores de Brasil) también favorecieron los agronegocios. Por ejemplo, una serie de reformas a la Ley Forestal, aprobada por el gobierno de Dilma Rousseff, permitió la amnistía para los responsables de la deforestación ilegal y redujo el número de áreas protegidas en la selva y la sabana. La ex presidente autorizó a las compañías mineras alemanas a operar en la región antes de que fuera derrocada por el golpe de estado institucional. En Bolivia, el presidente Evo Morales, a pesar de su retórica a favor de los derechos de los pueblos indígenas, respaldó la quema de la Amazonía con una ley que autoriza la tala “controlada” y la quema de bosques en áreas privadas y comunitarias.

4. Un puñado de compañías multinacionales están ayudando a destruir el Amazonas

Bolsonaro y la burguesía agrícola de Brasil no son los únicos que quieren destruir la selva para sus empresas capitalistas. Importantes compañías imperialistas también están detrás de la deforestación: Credit Agricole y BNP Paribas (Francia), grupos financieros como Blackrock y Capital Group (Estados Unidos), y compañías farmacéuticas como Johnson & Johnson también tienen negocios en el área. Otras compañías multinacionales responsables de hacer negocios con esta devastación son los productores de granos; Cargill, Bunge y Archer Daniels Midland (ADM) controlan el 60% de la industria de la soja en Brasil y se benefician directamente de los incendios forestales, al igual que las empresas agroquímicas como Monsanto y Bayer. Francia y Alemania también tienen intereses directos en la minería en la región. La participación de estas compañías revela la hipocresía de la aparente oposición a las políticas de Bolsonaro por parte de gobiernos como el de Emmanuel Macron en Francia. El capital imperialista gana millones al incendiar el Amazonas.

5. El “capitalismo verde” no salvará las selvas tropicales

El Amazonas se ha convertido en un territorio en disputa para diferentes sectores capitalistas; Algunos de ellos utilizan la retórica de la protección del medio ambiente para describir sus negocios en la región, pero todas estas empresas están interesadas en la explotación de los productos básicos en la cuenca del Amazonas. Producen madera certificada, productos regionales y ecoturismo, todo lo cual afecta al medio ambiente. Además, estas empresas “verdes” también buscan créditos de carbono, lo que les permite obtener beneficios económicos si muestran procesos de producción más amigables con el medio ambiente. Las corporaciones vinculadas a las empresas farmacéuticas y cosméticas exigen una Amazonía “controlada”, que les permitirá patentar sus productos y utilizar regularmente los recursos proporcionados por los bosques. Roche, Bayer, L’Oreal, Unilever, son solo algunos de estos tipos de empresas. Los materiales primarios que extraen con solo regulaciones básicas les garantizan nuevos productos para un público interesado en productos naturales o “éticos”.

6. Más de un millón de vidas indígenas están en peligro

Los casi 350 pueblos indígenas que habitan la cuenca del Amazonas en Bolivia y Brasil están sufriendo las devastadoras consecuencias de la deforestación. No solo son víctimas de la inhalación de humo y las quemaduras causadas directamente por los incendios forestales, sino que también son víctimas de las enfermedades propagadas en el área, como la gripe y el sarampión, y del fraude de los estafadores que falsifican documentos para vender tierras indígenas a otros capitalistas. La construcción de presas y rutas en la jungla también los obliga a abandonar sus hogares. Algunos grupos, como el pueblo Awá, están en grave peligro de desaparecer por completo. Los que sobreviven a este desplazamiento viajan a través de la jungla para ganarse la vida cazando y pescando. Posteriormente, muchos de ellos son perseguidos por mercenarios contratados por terratenientes para proteger el territorio tomado de los pueblos indígenas por la fuerza. Estos asesinos a sueldo han asesinado a numerosos activistas ambientales a lo largo de los años.

7. Los incendios tienen consecuencias ambientales desastrosas

La gran cantidad de territorio quemado en la selva amazónica tendrá efectos drásticos en el medio ambiente. Para comenzar, los árboles en la región producen el 20% del oxígeno total en la atmósfera. Su destrucción puede acelerar rápidamente el calentamiento global y aumentar la temperatura general del planeta.

La sequía y el calentamiento serán muy duros como resultado de un aumento en la temperatura general del área, generando nuevas fuentes de fuego en otros territorios afectados. Otro efecto directo de los incendios es la pérdida de muchas especies de flora y fauna, cuya cruel consecuencia se puede ver en las imágenes de animales muertos, quemados vivos y desplazados de sus hábitats. Además, el dióxido de carbono y otros compuestos químicos emitidos por el fuego acelerarán el efecto invernadero.

Como consecuencias indirectas de los incendios, el equilibrio hídrico de la Tierra cambiará: con la acumulación de gases de efecto invernadero de la quema de árboles, se retiene más y más energía en la atmósfera. Esto provoca un calentamiento de la temperatura de la tierra, los océanos y la atmósfera, lo que contribuye al derretimiento de las superficies de hielo y la evaporación de los cuerpos de agua existentes.

Los científicos latinoamericanos han explicado que no es posible predecir completamente los efectos de los incendios, pero sí saben que los incendios indudablemente darán lugar a una profunda transformación en el suelo y el medio ambiente.

8. Los incendios ponen en riesgo la salud de las personas más pobres

Los habitantes de la Amazonía y sus ciudades circundantes también sufren consecuencias para la salud como resultado de los incendios. Los problemas respiratorios, la pérdida de oxígeno en la sangre y las enfermedades cardíacas están aumentando rápidamente en la región. El denso humo de los incendios afecta principalmente a las familias más pobres de las áreas afectadas, que viven en casas con poca ventilación y no pueden darse el lujo de huir de los incendios. A medida que continúan los incendios, las fuertes disminuciones en la calidad del aire afectarán directamente a las familias trabajadoras, en particular a los niños, que no pueden pagar la atención médica adecuada. Además, la sequedad y el aumento del calor de los incendios ponen a las casas en riesgo de incendiarse y a las familias en riesgo de ser desplazadas.

9. La Amazonía no es la única región destruida por los agronegocios

La magnitud de los incendios en la Amazonía está causando una grave crisis, pero no es la única área donde se está utilizando la deforestación casi no regulada para generar miles de millones de dólares en ganancias. Otros bosques están en grave riesgo, como el bosque siberiano, donde ya se han destruido 2,5 millones de hectáreas. Lo mismo es cierto en vastas regiones del sudeste asiático, donde el 71% de los humedales característicos de la región se perdieron para liberar tierras para la lucrativa industria del aceite de palma, utilizada para alimentos y cosméticos.

10. Manifestaciones en todo el mundo piden la protección de la Amazonía

En toda América Latina y en todo el mundo, ha habido varias manifestaciones importantes que han denunciado los incendios del Amazonas y el papel que los gobiernos y las corporaciones han jugado en la destrucción de esta región. El movimiento juvenil que organiza el #FridaysForFuture, así como miles de otras personas en todo el mundo, protestaron fuera de las embajadas brasileñas para exigir medidas urgentes contra estos incendios devastadores. Se espera que cientos de miles de personas en todo el mundo participen en las huelgas climáticas mundiales en septiembre. Muchos están de acuerdo en que los gobiernos y las empresas capitalistas involucradas en la región son responsables. Una respuesta colectiva de la clase trabajadora y la juventud, los pueblos indígenas y los campesinos afectados por esta terrible destrucción es la única forma de terminar con el exterminio de pueblos enteros y la devastación del medio ambiente.

 

Fuente de la Información: https://www.ecoportal.net/paises/10-verdades-incendios-amazonia/

 

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Caracas: Docentes se concentraron y marcharon en Caracas por sus demandas en el primer día de inicio de clases

Docentes se concentraron y marcharon en Caracas por sus demandas en el primer día de inicio de clases

Este lunes fue un día activo para los docentes del país, pero no por asistir a las aulas, sino porque en el primer día de clases del año escolar 2019-2020, desde temprano llevaron a cabo acciones de protesta en diversos puntos del país, en el caso de Caracas se apostaron en las afueras del Ministerio de Educación para exigir salario digno, escuelas equipadas y alimentación para sus estudiantes. Durante la marcha la PNB buscó contenerla para luego verse el accionar abierto de grupos armados afines al gobierno que buscaron dispersar a los docentes con tiros al aire.

La concentración de los docentes expresaba la rabia que reina por abajo más allá de la política oficial de las direcciones sindicales que buscan hacer uso político del descontento que se vive en todo el profesorado. De esta manera varios cientos de docentes concentrados mostraban el descontento frente a la situación de las condiciones de vida que vive el conjunto del magisterio del país.

Los profesores y las profesoras de la enseñanza primaria y media, luego de su nutrida concentración, decidieron marchar desde la sede del Ministerio de Educación hasta la Vicepresidencia de la República en reclamo de sus derechos, pero tanto la Policía Nacional Bolivariana y la Guardia Nacional buscaron impedirlo. Tras romper el piquete de los órganos represivos los manifestantes lograron llegar hasta la Av. Urdaneta consiguiendo llegar a una cuadra de la Vicepresidencia pues nuevamente un bloque de la Policía y la Guardia Nacional se apostaron para que no pudieran continuar. “Somos docentes, no somos delincuentes” fue la consigna que utilizaron los educadores para intentar traspasar la barrera de la PNB.

Luego de levantar sus consignas y demandas al son de cantos decidieron retornar nuevamente hacia la sede del Ministerio de Educación, pero justo cuando iba por el Bulevar Panteón colectivos armados (fuerzas paraestatales afines al Estado) realizaron disparos al aire intentando dirpersar a los docentes, pero no consiguieron su objetivo. La Izquierda Diario reportó directamente desde el propio lugar la acción de los grupos armados. El fotógrafo Daniel Hernández, del diario El Estímulo, captó el momento de uno de los motorizados armados disparando.

Los autores de los disparos se perdieron con sus motos por el centro de Caracas y los docentes continuaron su marcha hacia la sede del Ministerio de Educación. Nuevamente allí la tensión volvió cuando un grupo que se identificaba como pertenecientes a “Chamba Juvenil” se instalaron en la puerta del Ministerio terminando en una trifulca abierta con golpes con los docentes que exigían salarios dignos, mientras motorizados armados rondaban la protesta en plan amenazante.

Los docentes exigen un paro nacional, pero Griselda Sánchez, coordinadora nacional del sector educación, declaraba “que no tienen competencias para llamar a un paro nacional porque no son federativos”, pero no era más que una manera de hacer la vista gorda al reclamo de las bases.

Ángel Arias, trabajador del Ministerio del Trabajo y dirigente de la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) declaraba que: “Es muy positivo que en el primer día de inicio del período escolar, arranque con esta acción de lucha de los docentes, pues muestra desde ya la disposición a presentarle batalla nuevamente al gobierno, luego que este lograra derrotar –o mantener a raya– las más importantes luchas del año pasado y principios de este. Es además un aliciente moral para el conjunto de los trabajadores del país, que atravesamos una situación realmente pésima”.

Agregaba además que “Precisamente entre los docentes, este año calendario inició con una importante experiencia de avanzada con relación a otros sectores del movimiento obrero, como lo fue el paro indefinido llevado a cabo en el estado Lara desde inicios de enero, pasando las bases docentes incluso por encima de las direcciones burocráticas de las federaciones sindicales. Este proceso que se prolongó durante largas semanas, dio pie a una incipiente dinámica asamblearia, a hechos destacados como la ‘marcha de los zapatos rotos’ (además de importantes expresiones artísticas como la serie de canciones difundidas entonces), pero fue frenado por una mezcla de coacción judicial por el gobierno y la subordinación de las direcciones sindicales a las políticas del gobierno o de Guaidó, según fuera el caso”.

Finalmente, el dirigente de la LTS, concluía que: “Por eso de vital importancia para la clase trabajadora preservar la independencia política de sus organizaciones y luchas. La burocracia sindical del gobierno, ya sabemos que es traidora en toda la línea, pero la burocracia sindical que responde a la oposición de derecha, que posa de “luchadora”, tampoco tiene el más mínimo interés en que las luchas de los trabajadores se desarrollen con personalidad propia y en que desplieguen todo su potencial por sus propios objetivos, sino que las quiere como simple base de maniobra para sus propios objetivos políticos que, dicho sea de paso, no tienen nada que ver con los de los trabajadores. Así fue que ese sector contribuyó al debilitamiento del pasado paro docente de Lara, y así intentaron también hoy poner bajo su política la acción nacional de las maestras, maestros y profesores. Para que estas luchas puedan desplegar toda su potencial fuerza, para que triunfen y para hacer pesar en la vida nacional los intereses de los trabajadores, es imprescindible la más completa independencia de clase”.

Aún no es claro qué pasos seguirá luego de este primer día de protesta, luego de la concentración, que en pequeño, expresó el descontento de los docentes en todo el país que viven una situación de salarios miserables, escuelas sin los equipamientos necesarios y sin alimentación para los alumnos. No por casualidad uno de los hashtags por la mañana era #AClasesEnEsclavitudNO.

Fuente de la Información: http://www.laizquierdadiario.com.ve/Docentes-se-concentraron-y-marcharon-en-Caracas-por-sus-demandas-en-el-primer-dia-de-inicio-de

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.Sahara occidental: Arduo camino hacia la libertad

La historia del Sáhara Occidental, la última colonia en África, es la historia de la violación flagrante del derecho internacional y de la persistencia de la ocupación militar durante cuatro décadas por parte de un país africano sobre otra nación africana. Pero también es la historia de la violación sistemática de los derechos humanos, de miles de historias de familias separadas por la fuerza, de vidas y sueños robados, pero con un sabor de resistencia y la negativa del pueblo de este territorio a abdicar.

Desde los primeros días de la invasión del territorio por Marruecos en octubre de 1975, miles de saharauis huyeron de los bombardeos y asesinatos masivos, buscando refugio en la vecina Argelia bajo la protección y organización del movimiento de liberación saharaui, Frente POLISARIO. Y todavía siguen allí, viviendo en el segundo campo de refugiados políticos más antiguo del mundo después de los palestinos. Para empeorar aún más la situación, el ejército marroquí construyó un muro militar de 2.700 km de largo sembrado de millones de minas terrestres y miles de soldados, intensificando así la separación de las familias.

La mujer saharaui siempre ha sido un fuerte pilar de la cultura nómada y beduina saharaui, no solo a nivel social, sino también en la participación política en la vida colectiva. Incluso fue consultada en situaciones de guerra, porque en la cultura tradicional saharaui, todos deben participar en la toma de decisiones, incluidos los niños, a los que se motiva desde una edad muy temprana a forjarse una personalidad fuerte, necesaria para enfrentarse a las dificultades del desierto. Desde que comenzó la invasión, las mujeres y los jóvenes saharauis fueron los principales objetivos de la opresión marroquí, pero también fueron los primeros en levantarse y resistir con el rigor de la juventud, el apego a la identidad y el rechazo de la dominación y la agresión extranjeras.

Mujeres saharauis: el mismo sufrimiento, el mismo destino

Elghalia Djimi y Mbarka Mehdi, dos mujeres de mediana edad reflejan la historia de este conflicto mal cubierto en los principales medios de comunicación. Mbarka huyó de la invasión con su familia cuando era niña, para vivir en los campos de refugiados. Es periodista en la televisión saharaui. Perdió de vista a muchos miembros de su familia que se quedaron en la ciudad ocupada de Smara desde 1975, y desde entonces no ha podido ver su tierra natal.

Al otro lado del muro militar, Elghalia vive en la capital ocupada del Sáhara Occidental, El Aaiún. Todavía era joven cuando se convirtió en víctima de desaparición forzada en una cárcel secreta marroquí durante 4 años, de 1987 a 1991. Después de su liberación, comenzó una larga y valiente lucha contra las violaciones de los derechos humanos en su país, convirtiéndose en vicepresidenta de una Asociación saharaui de derechos humanos que trabaja bajo la dominación colonial marroquí.

“Cuando vi las vergonzosas fotos de prisioneros iraquíes en Abou Ghraib en 2004, no me sorprendió realmente, porque viví humillaciones similares con muchos de mis compatriotas saharauis, hombres y mujeres, en un campo de detención secreto en El Aaiún, la capital del Sáhara Occidental, en 1987″, dice El Ghalia Djimi, condenando lo que describe como uso sistemático de la tortura y la opresión por parte de las autoridades marroquíes en su territorio, desde su ocupación hasta la fecha.

«Nada ha cambiado», dice Elghalia. “La misma rancia actitud de negación de todos los derechos, la misma rancia arrogancia y crueldad se sigue ejerciendo hoy contra cualquier saharaui que se atreva a protestar contra la ocupación marroquí. Y esto sucede todos los días, pero nadie habla de ello, excepto las pocas organizaciones, observadores internacionales o periodistas que logran visitar el territorio en ese momento. ¡Aun así, rara vez se les escucha, si es que se les escucha alguna vez!”, añade.

De hecho, todas las organizaciones internacionales relevantes de derechos humanos, como Human Rights Watch, Amnistía Internacional, la Fundación Robert F. Kennedy, Front Line Defenders y muchas otras, han informado sobre estas violaciones en los últimos 20 años, frecuentemente con evidencias y pruebas muy contundentes de los abusos cometidos por funcionarios marroquíes. Sin embargo, las Naciones Unidas no protegen al pueblo del Sáhara Occidental, que todavía está en la lista de la Cuarta Comisión de Descolonización de la Asamblea General.

«Conozco a muchos compatriotas que fueron asesinados bajo tortura o debido a unas condiciones de detención inhumanas solo porque eran saharauis», agrega Elghalia. «Mi propia abuela, de 60 años, falleció en un campo de detención secreto marroquí a mediados de la década de 1980, y todavía no sé cómo murió. ¿Quién es responsable de eso? ¿Y, ante todo, por qué fue detenida? Lo único que sé es que el Consejo Consultivo Marroquí para los Derechos Humanos, después de años de negar la relación del Estado con su desaparición, de repente, en 2010, puso su nombre en una lista de más de 350 saharauis que murieron en cárceles secretas entre 1975 y 1993. Pero, no se produjo ninguna reacción internacional tras ese reconocimiento de responsabilidad. A nadie parece importarle”, dijo con lágrimas resbaladizas en su mejilla, que limpió inmediatamente para no dar aspecto de debilidad.

Otra cara de la moneda

La historia de Mbarka Mehdi, es diferente. Contaba solo 6 años cuando tuvo que huir, en 1975, con algunos miembros de su familia, de los ataques militares marroquíes contra la ciudad ahora ocupada de Smara, para vivir desde entonces en los campos de refugiados en el suroeste de Argelia.

Los saharauis construyeron los únicos campos de refugiados del mundo completamente organizados y administrados por los propios refugiados. Constituyeron su Gobierno en el exilio, la República Saharaui, en 1976, para autoorganizarse en pequeñas ciudades o campamentos de refugiados que llevan el nombre de sus ciudades ocupadas que hubieron de abandonar. Construyeron escuelas, hospitales, ministerios y administraciones para proporcionar lo básico a unos 200.000 refugiados. Y así dieron un ejemplo único de determinación y voluntad de resistir la ocupación extranjera, no solo a nivel político, sino a todos los niveles que preservan su identidad y cultura como una auténtica nación africana que lucha por la libertad, rechazando la dominación cultural y política o la rendición a un Marruecos fuertemente apoyado por Occidente.

“Yo era joven, pero podía ver y sentir un terror que aún vive en lo profundo de mí. En particular, tenía recuerdos borrosos de la atmósfera de pánico, gritos y largas noches de miedo que no podía entender, y principalmente recuerdo cómo tuvimos que huir de nuestra casa, dejando todo atrás, llevando solo la ropa que teníamos puesta y algunos otras cosas esenciales. Y, sobre todo, todavía recuerdo a mis primos, a quienes perdí de vista desde entonces, y a mis amigos y vecinos de la infancia, que murieron durante la invasión o años después en las cárceles”, dice Mbarka con una voz suave pero firme.

Describe los primeros días en los campos de refugiados con un brillo de nostalgia en los ojos, admitiendo que fueron días muy difíciles, porque hubo muchos sufrimientos que acompañaron el éxodo forzado de los refugiados, pero también días de un alto espíritu de resistencia, confraternización y humanidad.

“Era noviembre y diciembre de 1975. El desierto era cruel y frío, y realmente no teníamos nada para comer, beber o vestir. Sin embargo, recuerdo principalmente a aquellos orgullosos y generosos hombres y mujeres jóvenes que se ofrecieron como voluntarios para organizar nuestro pobre campamento, distribuyendo la escasa comida entre las familias, dando prioridad a los ancianos y niños y, al mismo tiempo, protegiéndonos de los ataques militares marroquíes. Eran los héroes y heroínas del movimiento de liberación saharaui POLISARIO, se convirtieron en mi inspiración. Y creo que su actitud explica el hecho de que mi generación deviniese ejemplar en todo, en estudios, en productividad y voluntariado, y en la determinación de continuar la lucha, porque lo hemos visto todo: la injusticia, la crueldad del invasor, la muerte y la negación de nuestros derechos más básicos, pero también la voluntad de levantarnos y luchar», enfatiza Mbarka.

El Ghalia tiene otro enfoque de la historia que contar sobre la vida bajo ocupación. No podía olvidar cómo fue torturada y «tratada como un animal» en la cárcel secreta marroquí de PC-CM [Kalaat M´Gouna] en la capital del Sáhara Occidental. «¿Te imaginas a hombres y mujeres jóvenes, viviendo durante 4 largos años con la misma ropa y la muda interior, con los ojos vendados y esposados en celdas pequeñas y sucias que habían sido utilizadas durante la época colonial española como pocilga para criar cerdos, sin ningún tipo de alimentación adecuada, medicinas o espacio para las necesidades higiénicas? Fuimos casi despojados de nuestra humanidad, si no fuera por la rabia de vivir y sobrevivir, y la voluntad de resistir su intento de quebrantar nuestra dignidad”.

Una comunidad internacional sorda, muda y ciega

Lo peor es que la comunidad internacional es indolente ante estas cuatro décadas de sufrimiento humano. En abril de 2013, Francia y España unieron sus fuerzas en el Consejo de Seguridad de la ONU para oponerse a un proyecto de resolución propuesto por los EE UU, en el que Washington, por primera vez, apoyaba la demanda internacionalmente exigida de incluir la supervisión permanente, independiente y exhaustiva de los derechos humanos en el mandato de la misión de la ONU en el Sáhara Occidental. Francia, que juega el papel de defensor de la democracia y los derechos humanos en muchos otros conflictos y crisis, como en Libia o Malí, siempre ha sido manifiesta y ferozmente hostil a estos mismos principios en lo que respecta a los derechos humanos en el Sáhara Occidental.

El Enviado Personal del Secretario General de las Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, embajador Christopher Ross, estaba alarmado por el estancamiento persistente de la situación e intentó, en sus dos últimos informes al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, llamar la atención de los Estados miembros sobre el peligro de «mantener el statu quo” en esta última colonia en África, especialmente después de la explosión de conflictos, disturbios y terrorismo en países del Sahel, como Malí, pero también en Libia, y la posible influencia que esta situación puede tener en el Sáhara Occidental. Con razón, dijo que fue un error pensar que el estancamiento beneficiaría a alguien. Terminó renunciando a su cargo en 2015, después de haber sido boicoteado por Marruecos y no respaldado realmente por la ONU o por los principales miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

El nuevo secretario general de la ONU, Antonio Guterres, nombró al ex presidente alemán, Hans Köhler, como su enviado personal. Este político europeo logró organizar dos rondas de conversaciones directas entre las dos partes en conflicto, el Reino de Marruecos y la República Saharaui (RASD), con la participación de los dos países vecinos, Argelia y Mauritania. Pero nuevamente, solo pasó un año en su puesto antes de llegar a la conclusión de que el verdadero problema radica en la renuencia de la llamada comunidad internacional para implementar el derecho internacional. Guterres dijo claramente en su último informe al Consejo de Seguridad, en abril de 2019, que: “Una solución al conflicto es posible. Sin embargo, encontrar una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable que permita la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental requerirá una fuerte voluntad política no solo de los partidos y los Estados vecinos, sino también de la comunidad internacional» (S/2019/282. Párr.: 73). Aparentemente, tanto Guterres como Köhler intentaron hacer algo con respecto a la grave situación de los derechos humanos, al menos presionando al Consejo para que incluyera la supervisión y la protección de los derechos humanos en el mandato de la Misión de la ONU para el referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO), vigente desde 1991, y ampliamente criticada por las organizaciones internacionales de derechos humanos porque hasta ahora no ha logrado cumplir su mandato inicial. Finalmente, Köhler dimitió el 22 de mayo pasado. Las razones concretas dadas por Guterres para explicar esa renuncia carecen de relevancia, pues la situación misma lo dice todo.

«¡No nos ven porque no ponemos bombas!»

«Es peligroso jugar con el destino, los sentimientos y la paciencia de la gente», afirma Mbarka. Y cree que los jóvenes saharauis «muy bien pueden perder la paciencia y optar por la violencia para liberar a su país». No ven esperanzas de futuro; no ven una verdadera reacción por parte de la llamada comunidad internacional, solo conversaciones y palabras vacías y resoluciones que no resuelven nada”.

En las zonas ocupadas, en el lado occidental del muro militar marroquí, Elghalia comparte la misma opinión y cree que la opresión y la inaudita violencia marroquí contra manifestantes pacíficos saharauis tienen como objetivo empujar a la generación joven a la violencia. «Así es como lo entiendo, de lo contrario resulta incomprensible», señala.

Esta posibilidad es especialmente peligrosa porque toda la región del norte de África está en ebullición. «Túnez y Egipto son ejemplos que los jóvenes miran», dijo Hamdi Toubali -un saharaui de 27 años que marchó a los campos de refugiados en 2005 huyendo de la persecución policial en El Aaiún-, cuando se le pidió que comentara la falta de atención que la comunidad internacional parece prestar a la lucha y las actividades pacíficas de él y sus amigos.

«Simplemente, no nos ven; sencillamente, no les importa. Tal vez sea porque protestamos pacíficamente contra el muro marroquí y la ocupación marroquí en lugar de hacer estallar bombas o derramar sangre en las calles marroquíes. Y esto es realmente lamentable», se queja Hamdi, subrayando que la mayoría de los jóvenes saharauis creen que reanudar la lucha armada legítima puede ser la única opción que la comunidad internacional deja a los saharauis, aunque siguen manteniendo el espíritu de disciplina y el compromiso con la estrategia pacífica general de la dirección saharaui.

No hay luz al final del túnel

La actitud y la posición marroquí permanecen inalteradas: una negativa total a aceptar cualquier tipo de solución que pueda dar al pueblo saharaui la posibilidad de independencia. El Rey marroquí nunca deja de subrayarlo, en todos sus discursos, especialmente el del 9 de octubre de 2009, en el que enfatizó la determinación de su país de mantener la ocupación, afirmando que «se es patriota o se es traidor. No hay otra posibilidad. No se puede disfrutar de los derechos y privilegios de la ciudadanía solo para abusar de ellos y conspirar con los enemigos de la patria”. Por supuesto, las declaraciones de Su Majestad son recogidas de inmediato por las diferentes autoridades marroquíes y traducidas en actos de violencia, discriminación y opresión contra cualquiera que se atreva a oponerse a la voluntad del rey, los saharauis en primer lugar.

La historia del Sáhara Occidental y las historias individuales de miles de saharauis como Elghalia, Mbarka o Hamdi quedarán como una deshonrosa vergüenza en los anales de la ONU y la comunidad internacional. Constituye un desafío al derecho internacional, por supuesto, pero también es un desafío para todos aquellos que piensan que el Estado de derecho, la democracia, la justicia social y los principios humanos deben prevalecer sobre la ley de la jungla que las grandes potencias siempre intentan imponer a la humanidad.

Mas el «camino hacia la libertad» nunca ha sido fácil de recorrer. «Requiere luchas y sacrificios amargos, especialmente de las naciones africanas que siempre han sido despreciadas y subestimadas por sus opresores», ratifica Elghalia; y añade que su generación no tiene otra opción que «mantener la lucha para que nuestros hijos puedan recuperar su tierra y su dignidad en el futuro, porque nosotros podremos morir antes de disfrutar de la libertad, pero si es así, moriremos de pie”.

Fuente de la Información: https://vientosur.info/spip.php?article15124

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.Inaceptable gasto salarial alto con baja calidad de las políticas

El gasto salarial del sector público sigue subiendo, con lo cual se mantiene su excesivo peso en el total del Presupuesto General de la Nación. A estos fondos hay que agregarles los seguros médicos y otros recursos destinados a capacitación, viáticos y beneficios no salariales. Esto no sería un problema si la gestión pública satisficiera mínimamente las expectativas ciudadanas. Lo que indispone a la gente es financiar con sus impuestos a funcionarios públicos poco comprometidos con la prestación de servicios de calidad. La situación actual del servicio civil, además de ser un problema económico, es también político porque genera deslegitimidad e induce al conflicto.

El rol del Estado es fundamental para el desarrollo de un país y el bienestar de la población. La educación, la salud, la protección social, la justicia, la seguridad y la infraestructura son algunas de las funciones garantizadas constitucionalmente y en los manuales de economía justificadas por las fallas de mercado.Estas funciones, salvo la de infraestructura, tienen un alto peso de recursos humanos. En el centro de la docencia y la investigación, de la atención sanitaria y de la prestación de servicios de justicia y seguridad están personas que debieran tener credenciales educativas y ser remuneradas acorde con las funciones. Sin embargo, en Paraguay estamos lejos de esa situación debido a la fuerte injerencia política y la ausencia de conciencia de políticos y autoridades acerca del rol del servicio civil.

Esta semana, la prensa y las redes difundieron varios problemas que tienen que ver con la gestión de los recursos humanos. Un techo que se cayó y la falta de agua en el Instituto de Previsión Social, incumplimientos de las normativas ambientales que acabaron en incendios y quejas de estudiantes becados que no pueden acceder a cargos docentes en la Universidad Nacional son algunos ejemplos.

Otros de larga data son los cargos docentes ocupados por personas sin las competencias necesarias, funcionarios en los “freezers”, acomodados con salarios y beneficios incomprensiblemente altos, los que coimean para hacer “correr” el expediente o dejar entrar productos irregularmente por la frontera, entre otros grupos que consumen una parte importante de los recursos públicos.

Todos estos opacan a quienes realizan bien su trabajo y que en muchos casos ganan menos y toman riesgos derivados de sus labores. Los anteriores, aun cuando se los conoce, permanecen impunemente en sus lugares de trabajo.

El éxito de las políticas públicas depende de las personas que las implementan. Si bien en el caso de la infraestructura el peso relativo de los recursos humanos es menor, la calidad de la obra termina siendo posible gracias a una buena gestión de los contratos y de los procesos de fiscalización. Si estas personas fueron contratadas sin tener en cuenta las capacidades necesarias o ingresaron de la mano de un político es casi seguro que su trabajo será deficiente. La situación empeora si sus remuneraciones e incentivos son independientes de sus resultados y si la impunidad prevalece.

En este contexto, no debe asombrar el rechazo ciudadano a contribuir con el pago de impuestos y a manifestar su indisposición. La calidad de los servicios públicos es fuente de bienestar de la población y como tal influye en la satisfacción con el rol del Estado. En contrapartida, una gestión estatal ineficiente y de baja calidad promueve la desafección y la deslegitimidad política.

Así se abona el terreno para el conflicto y debilidad en la cohesión social, rompiéndose el pacto social. El proceso de desarrollo encontrará un obstáculo imposible de ser removido. Las autoridades y los políticos deben empezar a tomar con seriedad la impostergable necesidad de impulsar la carrera del servicio civil, a fin de transitar hacia mejores resultados de los funcionarios públicos. Solo de esta manera la ciudadanía aceptará que sus recursos se inviertan en remuneraciones públicas.

Fuente de la Información: https://www.ultimahora.com/inaceptable-gasto-salarial-alto-baja-calidad-las-politicas-n2844021.html

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.El capitalismo destruye el planeta, destruyamos el capitalismo

Declaración internacional de la Fracción Trotskista – Cuarta Internacional (FT-CI) ante la Huelga Mundial por el Clima que tendrá lugar entre los días 20 y 27 de septiembre.

 

Entre los días 20 y 27 de septiembre de 2019 tendrá lugar una «semana de acción» convocando a la Huelga Mundial por el Clima. La convocatoria ha sido promovida por movimientos como “Fridays for Future” y “Extinction Rebellión”, así como centenares de colectivos ambientalistas y ecologistas en distintos países. Los organizadores exigen a los gobiernos que se declare la emergencia climática y se adopten medidas urgentes para frenar la crisis ambiental. Ante la urgencia de la crisis climática es necesario conquistar una estrategia que permita enfrentar decididamente la causa de la catástrofe ecosocial que nos amenaza: el sistema capitalista.

Capitalismo y crisis ambiental global

El capitalismo ha prosperado desde hace siglos mediante la explotación de la naturaleza, ya sea como fuente “inagotable” de recursos para convertirlos en mercancías o como repositorio de desperdicios. Sin embargo, la capacidad de la Tierra de “soportar” los procesos ecodestructivos del capital está llegando al límite.

La necesidad de crecimiento constante del capital ha llevado a la interrupción de un complejo ciclo natural que tardó millones de años en desarrollarse, provocando una fractura del “metabolismo” entre la sociedad y la naturaleza.

El cambio climático y la crisis de los ciclos biológicos del carbono, el agua, el fósforo y el nitrógeno; la acidificación de los océanos; la pérdida creciente y acelerada de la biodiversidad; los cambios en los patrones en el uso de la tierra y la contaminación química de la industria, son algunas de las terribles manifestaciones de una situación completamente inédita para la humanidad: la tendencia hacia la descomposición de sus condiciones naturales de producción y reproducción. A esta dinámica ecodestructiva se relaciona directamente la degradación social y material de cientos de millones de personas que sufren la miseria, el desempleo y la precariedad laboral, mediante los cuales el capitalismo asegura su rentabilidad y reproducción.

La barbarie que representa la reciente multiplicación de incendios en la Amazonia, resultado de los incentivos al desmonte –intensificados por la política del ultraderechista Bolsonaro–, la flexibilización de la legislación ambiental y la acción directa de latifundistas y ganaderos que orquestan las quemas, es solo otro episodio del continuo proceso de degradación y destrucción ambiental. Incluso en la Bolivia de Evo Morales, los incendios amenazan destruir uno de los bosques secos más grandes del mundo, la Chiquitania, luego de que más de 2 millones de hectáreas fueras arrasadas por los incendios alentados para la extensión de la frontera agrícola. El fenómeno de los incendios forestales descontrolados es cada vez más recurrente, como los grandes incendios que están arrasando Siberia y el África subsahariana (más numerosos, aunque menos destructivos), así como los de California el otoño pasado y en numerosas regiones de Europa. El cambio climático y la sed de ganancias del capitalismo los están intensificando cada vez más.

El cambio climático, una realidad incuestionable

Existe un amplio consenso científico en que cambio el climático se relaciona con el aumento vertiginoso de los niveles de emisiones de los gases de “efecto invernadero” en la atmósfera producidos por la acción humana. Pero no de la acción humana en general, si no de las actividades desarrolladas en el marco del modo de producción capitalista. Desde 1880 la temperatura media de la superficie terrestre ha subido casi 1 °C según diversos organismos. Un aumento de la temperatura global (hoy cerca de los 15 °C de media) que es evidente desde la revolución industrial y que ha venido acelerándose en la etapa neoliberal.

Las proyecciones del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), indican que la temperatura media global en la superficie de la tierra podría incrementarse entre 2 y 5 grados centígrados y el nivel del océano podría aumentar entre 18 a 59 centímetros en las próximas décadas, mientras advierten que las emisiones pasadas y futuras de dióxido de carbono (CO2) seguirán contribuyendo al calentamiento durante más de un milenio. Al mismo tiempo, recientemente se ha conocido que los niveles de CO2 atmosférico han rebasado las 400 partículas por millón (ppm), pudiendo incluso alcanzar en las próximas décadas cifras superiores a los 500 ppm, niveles nunca antes vistos en la historia de la humanidad.

Según el último informe de este organismo dependiente de la ONU, cuyas estimaciones suelen ser las más conservadoras en comparación con otros estudios, las emisiones de gases contaminantes tendrían que reducirse en un 45 % para 2030 –en menos de 11 años– para evitar superar el umbral crítico de calentamiento de 1,5 grados centígrados, por encima del cual se generalizaría el aumento del nivel del mar, los fenómenos meteorológicos extremos y la escasez de alimentos. La necesidad de combatir el cambio climático con medidas drásticas es innegable.

Para muchas personas estas estimaciones pueden resultar abstractas, pero toman cuerpo cuando se advierten sus consecuencias reales, como la potenciación de todos los fenómenos catastróficos relativos al clima, su permanencia en el tiempo y la aceleración de sus ritmos. Incendios incontrolables que arrasan ciudades enteras en todo el globo (asociados también a la propagación de especies invasivas y una gestión forestal orientada al monocultivo y únicamente al lucro), olas de calor extremas, inundaciones masivas o sequías catastróficas. Según las Naciones Unidas, actualmente existen más de 20 millones de refugiados por causas climáticas, mientras que, de elevarse la temperatura global a más de 2 grados, se estima que serán 280 millones. La contaminación del aire por gases y partículas derivados del tráfico de vehículos, así como de la producción industrial en las grandes ciudades, producen 9 millones de muertes anuales en todo el mundo, 800 mil personas solamente en Europa.

El calentamiento global es una de las manifestaciones más devastadoras de la naturaleza destructiva del sistema capitalista sobre el ambiente, pero no la única. A ella se suma la contaminación del aire y la degradación del suelo, la desforestación y la destrucción de la biodiversidad, la contaminación del agua de ríos y océanos. Según un estudio, entre 1970 a 2014, el tamaño de las poblaciones de vertebrados ha disminuido en un 60 por ciento en promedio. Una tendencia que se agravaría si no se frena la crisis ecológica, pudiendo producir una extinción en masa de la biodiversidad del planeta.

El planeta entero ha sido transformado en un inmenso basurero de desechos domésticos, industriales y agrícolas generados por la producción, la distribución y los patrones de consumo capitalistas.

Negacionismo y “capitalismo verde”, las dos caras de una misma moneda

Frente al escenario catastrófico que preanuncia el calentamiento global, los poderes fácticos del capitalismo internacional oscilan entre dos estrategias: por un lado, una campaña de negación de las evidencias científicas tendiente a presentarlos como una “ideología”; por el otro, una estrategia de promoción de un “capitalismo verde” o “sostenible”, que impulsa acuerdos internacionales que son una farsa y propone una reconversión parcial y limitada de los sistemas productivos, mientras fortalece el modelo de acumulación y explotación capitalista.

En el campo del negacionismo se sitúan desde Trump, el Partido Republicano y el Tea Party en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil, hasta sectores minoritarios de científicos. Pero su núcleo está en las grandes corporaciones que son las principales responsables de las emisiones de gases contaminantes que generan el cambio climático. Sin embargo, al mismo tiempo que hacen campaña negacionista, las grandes corporaciones capitalistas son plenamente conscientes de las consecuencias del cambio climático y sus efectos sociopolíticos, y se preparan para responder a sus implicaciones en el terreno de la “seguridad” y la política exterior. El capital más concentrado plantea la militarización como instrumento de adaptación al cambio climático: más ejércitos y fuerzas de seguridad privadas, que eventualmente puedan defender las islas de prosperidad en medio de océanos de miseria y degradación.

Del otro lado se sitúa el “capitalismo verde”, promovido desde el Partido Demócrata norteamericano, líderes políticos de los principales países europeos como Angela Merkel, Emmanuel Macron o Pedro Sánchez y diversos “partidos verdes”, pasando por diversas y pujantes corporaciones capitalistas, organismos internacionales, hasta ambientalistas y ONGs.

Se trata de un ejercicio de sincretismo entre neoliberalismo y “economía verde”. Denuncian el calentamiento global y acuerdan en costosas cumbres climáticas medidas de protección ambiental, controles y grandes objetivos de reducción de emisiones, que en todos los casos no han sido más que documentos diplomáticos sin mayores consecuencias prácticas.

Al mismo tiempo, plantean hacer reparaciones, limitar la producción de sustancias tóxicas y la destrucción de recursos naturales y desarrollar simultáneamente nuevas tecnologías “suaves”, argumentando al mismo tiempo que de trata de una nueva fuente de crecimiento económico, ya que las corporaciones capitalistas podrían extraer jugosos beneficios.

Así el Partido Verde alemán, por ejemplo, propone “salvar la economía alemana” con medidas de transición ecológica, mientras promueve la militarización del imperialismo alemán (abogaron a favor de una intervención en el conflicto con Irán bajo «liderazgo europeo»). Una política de “imperialismo verde” para contrarrestar la crisis del capitalismo alemán.

Una de las medidas más recientes en este campo, impulsada por el gobierno de Merkel y el Partido Verde alemán, pero que comienza a ser adoptada por otros gobiernos y sectores ambientalistas, busca implementar un impuesto a las emisiones de CO2 (gravando por ejemplo el consumo de carne, los combustibles o el tráfico aéreo) para renovar la industria hacia una transición ecológica. Un impuesto que provocaría la subida de precios y un ataque en regla a la capacidad adquisitiva de la clase trabajadora, mientras no representa ninguna medida seria ante la crisis climática. En definitiva, la estrategia neoliberal del “capitalismo verde” termina siendo “negacionismo light”.

La esencia del capitalismo es la ampliación de la ganancia y la acumulación a cualquier costo, incluso si este costo implica la destrucción material del planeta. Cuando China y Estados Unidos, junto a la Unión Europea, producen la mayor parte de los gases de efecto invernadero que aniquilan la tropósfera, y los capitalistas se dirimen entre posturas negadoras o cumbres impotentes de gestión de la crisis ambiental, el resto del mundo sigue sufriendo los efectos del cambio climático.

Por ello la idea de un “capitalismo verde”, que elimine de forma íntegra y efectiva las causas que están en la base de la catástrofe ambiental global que nos amenaza y promueva un “desarrollo sostenible” de la humanidad y el conjunto de las especies que pueblan el planeta, es una quimera. La solución a la crisis climática global no puede nacer en ningún caso de las entrañas del mismo sistema que la produjo.

Hay que decir que dentro de este campo hay gran número de ONGs y organizaciones ambientalistas como IUCN, WWF, incluso Greenpeace, que trabajan codo con codo con los evangelistas de la ecoeficiencia y las petroleras como Shell o la Exxon, con mineras contaminantes como Barrick Gold o megacorporaciones como Walmart, Cargill o Monsanto, colaborando con el saqueo de recursos naturales en todo el planeta bajo la cobertura “ambientalista”.

Reformismo verde y “Green New Deal”

Dentro del espectro de los defensores de un capitalismo verde existe una subvariante reformista que ha ganado mucho peso en el último período, proponiendo un programa con tintes neokeynesianos para hacer frente a la crisis. Es el llamado “Green New Deal” (GND). En EE. UU. esta política es defendida por algunos aspirantes a la presidencia del Partido Demócrata norteamericano, como Bernie Sanders y Elizabeth Warren, o por la autodenominada “socialista democrática” Alexandria Ocasio-Cortez, y también comienza a resonar en los discursos y programas de los social liberales europeos como el PSOE o corrientes neorreformistas como Podemos.

El GND, sostiene Ocasio-Cortez, permitiría a los Estados Unidos una transición hacia el 100 % de energías renovables en un plazo de 10 años, a la vez que promete crear millones de empleos ligados a la construcción de una red eléctrica eficiente en todo el país basada sobre energías renovables, entre otras medidas. ¿De qué modo? Promoviendo que las mega corporaciones milmillonarias, responsables de la crisis ecológica actual, sean las que desarrollen la infraestructura para salir del desastre. Y que para ello cuenten con millonarias subvenciones públicas del Estado.

La idea que subyace detrás de esta perspectiva es que si los gobiernos de los principales países industrializados del mundo y las grandes multinacionales toman consciencia de la situación, serían capaces de adoptar medidas en favor de la preservación del ambiente. Tanto el “Green New Deal” como otras propuestas similares (como la Agenda 2030 de la ONU), que son hoy referentes para buena parte de las fuerzas políticas “progresistas” en el mundo, se fundamentan en la idea de que es posible un “capitalismo sostenible” y que las corporaciones que han generado la crisis actual pueden reconvertirse en las salvadoras del planeta. Pero la ilusión de que se pueda armonizar la contradicción entre los intereses capitalistas y la preservación del ambiente y de la vida de cientos de millones de personas, es utópica y reaccionaria.

El modo de producción capitalista está en total contradicción con la naturaleza y con los procesos naturales de desarrollo. Para el capital, el factor determinante en este proceso es meramente cuantitativo. La feroz competencia obliga a cada capitalista a buscar constantemente formas de reemplazar a los trabajadores por máquinas que aumenten la productividad del trabajo y la masa de bienes lanzados al mercado y, por ende, la cantidad de recursos naturales consumidos para producirlos. La repetición constante de este ciclo de producción y reproducción del capital exprime impiadosamente todos los recursos, sin tomar en cuenta el tiempo requerido para su producción y regeneración natural.

La causa de este tipo de desarrollo ecodestructivo más que la irracionalidad capitalista, es su lógica inherente; el resultado lógico de un sistema económico cuyo motor es la sed de ganancias de los capitalistas.

La “rebelión” juvenil por el clima, sus potencialidades y sus límites

El 20 de agosto de 2018, la joven activista climática sueca Greta Thunberg se plantó frente a la sede del parlamento sueco con una pancarta que decía “Huelga estudiantil por el clima”. Inspirado por esta acción, desde entonces el movimiento “Fridays for Future” y los “viernes verdes” en ciudades de Europa, en los que los estudiantes faltan a clases y se manifiestan contra la crisis ambiental global bajo la consigna “No tenemos un planeta B”, ha sumado cada vez más adhesiones y ha movilizado a cientos de miles en centenares de ciudades por todo el continente.

Junto al movimiento “Fridays for future”, se han desarrollado otras plataformas ecologista, como “Ende Gelände” en Alemania, o “Extintion Rebellion” en el Reino Unido, que sostienen reivindicaciones similares, aunque también varían en sus métodos de lucha.

El pasado 15 de marzo se declaró la primera huelga global por el clima. Cientos de miles de jóvenes tomaron las calles en distintas ciudades del mundo en el marco de una huelga estudiantil contra el cambio climático. En Madrid, Berlín, París, Viena, Roma y otras ciudades de Europa y el mundo, las manifestaciones fueron masivas. El 24 de mayo tuvo lugar una nueva convocatoria global de huelga estudiantil, que siguió movilizando a millones. Los próximos 20 y 27 de septiembre se realizará una nueva Huelga Mundial por el Clima, en el que se hace un llamamiento a la ciudadanía y a otras organizaciones sociales a sumarse a la convocatoria.

Los organizadores exigen a los gobiernos que se declare la emergencia climática y la adopción de medidas urgentes para frenar una crisis medioambiental que “es consecuencia de un modelo de producción y consumo que ha demostrado ser inapropiado para satisfacer las necesidades de muchas personas, que pone en riesgo nuestra supervivencia e impacta de manera injusta especialmente a las poblaciones más pobres y vulnerables del mundo”.

Entre esas medidas se encuentran la reducción –a cero neto– de las emisiones de gases de efecto invernadero y evitar que la temperatura global se eleve por encima de los 1,5 °C. Para ello proponen acciones tendientes al abandono de los combustibles fósiles y su sustitución por energías renovables, tales como la paralización de nuevas infraestructuras fósiles, un modelo energético no nuclear o la reorganización del sistema de producción.

Denuncian además la interrelación entre la enorme desigualdad social y la degradación del ambiente y plantean que la transición a un “modelo ecosostenible” tiene que hacerse atendiendo a las desigualdades generadas en función de la clase social, el sexo, la procedencia, etc. En el camino a esa transición defienden la creación de fórmulas de control y participación ciudadana a través de la democratización de áreas de la producción como la energía, el transporte o la alimentación.

El hecho de que la juventud se movilice contra la barbarie de la destrucción ambiental es un hecho enormemente auspicioso. Además, la incorporación del método de la huelga para visibilizar sus demandas y el llamado al conjunto de las organizaciones de la sociedad civil es algo innovador que no se había hecho antes y que le da más fuerza al movimiento.

Frente a las “potencias infernales” que ha engendrado el capitalismo y cuyas consecuencias hoy resultan inevitables, las y los jóvenes impulsores del movimiento “Fridays for Future” y otras plataformas similares son cada vez más conscientes de esta realidad y, aunque de un modo muchas veces abstracto, denuncian al sistema capitalista como causante de la crisis actual.

Sin embargo, carecen aún de un programa definido y una estrategia para superarlo. Su perspectiva se reduce a una denuncia y exigencia a los representantes políticos capitalistas para que tomen medidas urgentes o a abrazar las propuestas de los llamados “partidos verdes”, pero sin apuntar decididamente contra los intereses y la propiedad de los máximos responsable de esta situación: las grandes corporaciones y multinacionales capitalistas.

Tampoco sostienen una posición contraria a medidas “verdes” como los intentos de aplicar impuestos al consumo que atentan contra la mayoría de la clase trabajadora y los sectores populares. Por el contrario, en muchos países el movimiento exige la implementación de un impuesto a las emisiones de CO2 más altos de lo que proponen los partidos capitalistas, los cuales elevarían los precios de productos de consumo para la mayoría de la población. Para que la juventud logre atraer a la clase trabajadora a la lucha contra el cambio climático, es necesario un programa que plantee claramente que sean los capitalistas, y no las masas populares, los que paguen por la crisis.

En amplios sectores del movimiento prima la lógica de que para solucionar la crisis ecológica el eje central está en los cambios de los patrones de consumo individual, centrando su atención en el “consumo irresponsable”. Obviamente la producción capitalista, generadora de patrones y ciclos de consumo a escala planetaria, moldea a los “consumidores” y en esta medida el comportamiento humano individual colabora con la crisis ecológica, por lo cual es deseable promover que estos patrones se modifiquen generando conciencia ambiental.

Pero la realidad es que la influencia que pueden ejercer los cambios del comportamiento individual sobre el carácter funesto de la producción capitalista sobre el medio ambiente es en muchos casos irrelevante y, especialmente, muy desigual. Un informe de Oxfam del año 2015 demostró que el 10 % más rico del planeta provoca la mitad de las emisiones de CO2, mientras que el 50 % más pobre (3.500 millones de personas) es responsable de solo el 10 %.

La lógica de centrar la iniciativa de movimiento ambiental en los cambios de comportamiento individual conlleva dos problemas estratégicos. Por un lado, porque promueve una estrategia ilusoria que favorece una concepción individualista, difuminando o directamente ocultando cuál es el “centro de gravedad” sobre el que hay que golpear, el capitalismo imperialista, las grandes corporaciones y los Estados capitalistas. Por otro lado, termina fortaleciendo el discurso reaccionario de que “la gente es responsable de la crisis” que va unido a medidas para hacer pagar la crisis ambiental a la clase trabajadora y los sectores más pobres de la sociedad; un discurso que al mismo tiempo que preserva el sistema y beneficia a los capitalistas, impide incorporar a la lucha a las potencias sociales capaces de enfrentarla.

Una de las lecciones que ha dejado la lucha de los Chalecos Amarillos en Francia, un inmenso movimiento social desatado inicialmente como respuesta al alza en el precio de los combustibles y en protesta por la injusticia fiscal y la pérdida de poder adquisitivo, es que la “transición ecológica” no puede recaer sobre los hombros de la clase trabajadora y los sectores populares. Frente a la crisis ambiental, el problema central no es la “división” entre quienes contaminan y quienes no lo hacen, sino entre la mayoría social que ya está pagando los costos de la crisis y los capitalistas que la generaron.

La única manera de enfrentar la crisis ambiental global engendrada por el capitalismo es que en la lucha se implique la mayoría de la población con la clase trabajadora al frente. Y esto es así porque la contradicción capital-trabajo no es una más de las que caracterizan al modo de producción capitalista, sino la que lo estructura, ya que si la relación de la sociedad con el resto de la naturaleza está mediada por la producción, es revolucionando la producción como se puede regular racionalmente el metabolismo con la naturaleza. Por ello la clase trabajadora, la clase auténticamente productora de la sociedad, si se dota de una política hegemónica y no corporativa, es la única clase que puede actuar como articulador de una alianza social capaz de activar el “freno de emergencia” ante el desastre al que nos aboca el capitalismo.

En este sentido existen importantes ejemplos de unidad entre el movimiento ambiental y sectores de trabajadores, como el caso del astillero Harland and Wolff en Irlanda, donde fue construido el Titanic, que fue declarado en bancarrota, pero sus trabajadores tomaron las instalaciones exigiendo su nacionalización y que se implemente el uso de energías limpias. O los llamados a sindicatos y sectores de trabajadores a convocar la Huelga por el Clima, como se está haciendo en Portugal, Alemania o el Estado español.

Estas iniciativas son sumamente importantes, porque de un modo aún intuitivo pero correcto, tienden a delimitar cuál es el “sujeto social” que puede hegemonizar la lucha por una alternativa a la destrucción ambiental, la clase trabajadora.

La necesidad de que la clase trabajadora se integre al movimiento con sus propias reivindicaciones y sus propios métodos de lucha (huelgas, bloqueos y piquetes), es vital para el desarrollo del movimiento. Es necesario ayudar a romper los prejuicios que existen en amplios sectores de la clase trabajadora con el movimiento ambiental, aunque muchas veces esté justificado por políticas que en nombre de la “defensa del ambiente” han despreciado a la clase obrera equiparándola con las patronales contaminadoras o incluso promovido medidas que implicaban un ataque directo a las condiciones de vida de la clase trabajadora sin más alternativa.

Pero, sobre todo, es necesario enfrentar y denunciar el rol reaccionario que juegan la mayoría de los sindicatos burocratizados. Especialmente en los sectores de la industria pesada y la industria energética, las burocracias sindicales actúan como los mejores socios de los capitalistas. Muchas veces se oponen a cualquier medida de transición ecológica, por más superficial que sea, bajo el argumento de “salvar los puestos de trabajo”, cuando lo que esconden en realidad es una política para salvar las ganancias de los capitalistas, atando el destino de la clase trabajadora a los buenos negocios de los empresarios.

Ante la Huelga por el Clima, la posición mayoritaria entre los sindicatos europeos o en Estados Unidos es oponerse, o en algunos casos como en Alemania, apoyarla demagógicamente, pero negándose a organizarla y convocarla por considerarla “ilegal”. Es por ello que, junto con el impulso de la más amplia autoorganización entre la juventud, es necesario denunciar las posiciones reaccionarias de los sindicatos burocráticos, que durante décadas han ignorado o despreciado los problemas ecológicos, al mismo tiempo que se les exige que convoquen a la huelga y pongan sus organizaciones al servicio de la lucha contra los capitalistas responsables de la catástrofe que nos amenaza.

La declaración promovida en Alemania por la agrupación de sindicalistas de base «ver.di aktiv», impulsada por el grupo RIO, con más de 500 adhesiones de sindicalistas de distintas ramas de todo el país exigiendo a las centrales sindicales que convoquen a la huelga, es una muestra pequeña pero significativa de la potencialidad de esta política.

Un programa transicional anticapitalista para evitar la catástrofe

Frente a una perspectiva absolutamente irracional a la que nos aboca el capitalismo es evidente la necesidad de medidas drásticas y urgentes. Pero estas no pueden depender de la buena voluntad de los Gobiernos de las potencias imperialistas que son las principales responsables del desastre actual, ni tampoco de las nuevas agendas impulsadas por las grandes corporaciones y los partidos promotores del “capitalismo verde”.

La única salida ante la catástrofe que nos amenaza es tomar el presente y el futuro en nuestras manos mediante una planificación racional de la economía mundial, o como diría Marx, mediante “la introducción de la razón en la esfera de las relaciones económicas”. Y esta solo puede ser posible si la planificación de la economía se encuentra en manos de la única clase que por su situación objetiva y sus intereses materiales tiene interés en evitar la catástrofe: la clase trabajadora.

Una perspectiva por la que luchamos las organizaciones que integramos la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional en el seno del movimiento obrero, de la juventud y los movimientos ecologistas. Frente a la farsa de las cumbres climáticas y las promesas de un “capitalismo verde”, es necesario desplegar un programa transicional orientado hacia una completa reorganización racional y ecológica de la producción, la distribución y el consumo con medidas como:

• La expropiación del conjunto de la industria energética, bajo la gestión democrática de las y los trabajadores y supervisión de comités de consumidores. De este modo el sector energético podría avanzar hacia una matriz energética sustentable y diversificada, prohibiendo el fracking (de gas y petróleo) y otras técnicas extractivistas, que permita reducir drásticamente las emisiones de CO2 desarrollando las energías renovables y de bajo impacto ambiental en consulta con las comunidades locales. Al mismo tiempo, se reducirían los precios abusivos de la electricidad.

• La nacionalización y reconversión tecnológica sin indemnización y bajo control obrero todas las empresas de transporte, así como las grandes empresas automovilísticas y metalmecánicas, para alcanzar una reducción masiva de la producción automotriz y del transporte privado, mientras se desarrolla el transporte público en todos sus niveles.

• La lucha por lograr condiciones seguras de trabajo en todas las fábricas y empresas, libres de tóxicos y agentes contaminantes, unida a la reducción de la jornada laboral y reparto de las horas de trabajo sin rebajas salariales entre todas las manos disponibles, como parte de un plan general de reorganización racional y unificada de la producción y la distribución en manos de la clase trabajadora y sus organizaciones.

• La expropiación de la propiedad terrateniente y reforma agraria para pequeños campesinos y pueblos originarios. Expulsión de empresas imperialistas, confiscación de sus bienes y expropiación bajo control obrero de todo el complejo industrial agroalimentario y exportador. Monopolio del comercio exterior y nacionalización de la banca para financiar la reconversión y diversificación del modelo agroalimentario sobre bases sustentables y democráticas. Prohibición del glifosato, eliminación progresiva de todos los agrotóxicos y prohibición de su libre comercialización, e inversión en investigación en métodos alternativos, como la agroecología, entre otros.

• La imposición de presupuestos bien dotados para la conservación de la biodiversidad, tanto de especies como de la gran variedad de ecosistemas del planeta, con especial hincapié en los que están en mayor riesgo. Regeneración de las áreas degradadas (mares, ríos, lagos, bosques y campos) en base a impuestos progresivos al gran capital.

• La prohibición de la megaminería contaminante, la nacionalización de la minería tradicional bajo control obrero y su articulación con el desarrollo de una industria de recuperación de minerales de la chatarra electrónica, implementando la “minería urbana” para el reciclaje de minerales escasos de los aparatos electrónicos y otros productos. Expulsión de las mineras imperialistas y confiscación de sus bienes para remediar el daño hecho a las comunidades afectadas. Prohibición de la apropiación privada de bienes públicos como el agua.

• La abolición de la deuda en los países dependientes y semicoloniales, que es una forma de coerción para adoptar ajustes neoliberales antiecológicos, así como la expropiación de todas las empresas contaminantes en los países periféricos. Es inimaginable resolver la crisis ecológica en esos países sin independencia respecto del imperialismo.

• La apertura de las fronteras y cierre de los centros de detención de migrantes frente al drama de la inmigración, producto de la pobreza y la expoliación imperialista, pero también en muchísimos casos por la crisis climática.

• Una política radical que tienda a evitar los residuos y a reciclarlos. No alcanza con las instalaciones de filtrado, depuración, etc. Hace falta una conversión industrial fundamental que evite, a priori y en su origen, la contaminación. Esto implica también terminar con la obsolescencia programada.

• El levantamiento del secreto empresarial (que permite, por ejemplo, ocultar las emisiones tóxicas) y la obligación de llevar registros públicos donde se especifiquen las materias primas y los productos utilizados.

Este programa, junto a otras medidas de imperiosa necesidad, es obviamente imposible de alcanzar en los marcos del capitalismo. Para llevarlo a cabo hace falta una estrategia revolucionaria que enfrente decididamente a los responsables del desastre. La juventud que hoy sale a las calles en todo el mundo para luchar por la “justicia climática” tiene el desafío de avanzar en la radicalización de su programa para plantear la única perspectiva realista para enfrentar la catástrofe: impulsar la lucha de clases para terminar con el sistema capitalista y poner todos los resortes de la economía mundial en manos de la clase trabajadora.

Socialismo o barbarie: por una estrategia revolucionaria e internacionalista

Muchos científicos, ecologistas, organismos internacionales y hasta grandes medios de prensa, caracterizan el momento actual como un momento de “crisis civilizatoria”, que no tiene vuelta atrás y solo queda adaptarse al desastre. Ante la catástrofe preanunciada, la ideología capitalista no solo siembra el miedo (lo que da fundamentos tanto a políticas securitarias como a salidas individuales bajo el liderazgo de los gobiernos capitalistas y las grandes empresas), sino que niega de plano toda perspectiva emancipadora. Desde el cine y la televisión vivimos un bombardeo constante de distopías: es más fácil imaginar mundos catastróficos, postnucleares, invasiones de extraterrestres y hasta zombies, que una sociedad que racionalmente garantice la supervivencia del planeta y de todas sus especies.

Frente a una perspectiva de catástrofe, que no está descartada en absoluto, el problema fundamental radica en si la adaptación estará en manos del capital o de la mayoría desposeída de la sociedad. Por ello, la crisis ecológica vuelve a situar como la única perspectiva de salvación de la humanidad y el planeta, la lucha por el comunismo, la de la sociedad de productores libres asociados en armonía con la naturaleza. Un combate en el que clase trabajadora debe ubicarse como sujeto hegemónico, tomando las demandas ambientales no solo como parte de la lucha por mejorar sus condiciones de vida, sino por dar una salida progresiva al ecocidio que prepara el capitalismo.

Esta es la precondición indispensable para instaurar un sistema basado en la solidaridad, que recomponga racionalmente el metabolismo natural entre la humanidad y la naturaleza, y que reorganice la producción social respetando los ciclos naturales sin agotar nuestros recursos, terminando al mismo tiempo con la pobreza y las desigualdades sociales.

Ante la catástrofe ambiental que nos amenaza, la disyuntiva planteada por Rosa Luxemburg, “socialismo o barbarie”, adquiere una renovada significación. En la víspera de la carnicería imperialista que comenzó en 1914, la gran revolucionaria polaca advertía que “si el proletariado fracasa en cumplir sus tareas como clase, si fracasa en la realización del socialismo, nos estrellaremos todos juntos en la catástrofe”. Para Luxemburgo, el socialismo no era un destino predeterminado por la historia; lo único “inevitable” era el colapso al que llevaba el capitalismo y las calamidades que acompañarían este proceso si la clase trabajadora no lograba impedirlo.

En nuestro siglo, las condiciones de la época de las crisis las guerras y las revoluciones se reactualizan, enfrentando a la clase obrera y los pueblos del mundo no sólo a la barbarie de la guerra y la miseria, sino de catástrofe ambiental y la potencial destrucción del planeta. Un proyecto verdaderamente ecológico que enfrente la crisis ambiental a la que nos conduce el capitalismo solo pude serlo en tanto sea comunista y la clase trabajadora, aliada al conjunto de los sectores populares, se disponga subjetivamente a la vanguardia de imponerlo mediante la lucha revolucionaria, contra la resistencia de los capitalistas.

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La Fracción Trotskista-Cuarta Internacional (FT-CI) es una organización revolucionaria internacional, impulsora de la Red Internacional de diarios La Izquierda Diario en 12 países y 8 idiomas. Está integrada por:

ARGENTINA: Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) / BRASIL: Movimento Revolucionário de Trabalhadores (MRT) / CHILE: Partido de Trabajadores Revolucionario (PTR) / MÉXICO: Movimiento de los Trabajadores Socialistas (MTS) / BOLIVIA: Liga Obrera Revolucionaria (LOR-CI) / ESTADO ESPAÑOL: Corriente Revolucionaria de Trabajadoras y Trabajadores (CRT) / FRANCIA: Courant Communiste Révolutionnaire (CCR) que forma parte del NPA (Nouveau Parti Anticapitaliste) / ALEMANIA: Revolutionäre Internationalistische Organisation (RIO) / ESTADOS UNIDOS: compañeros y compañeras de Left Voice / VENEZUELA: Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) / URUGUAY: Corriente de Trabajadores Socialistas (CTS) / Organizaciones simpatizantes: ITALIA: Frazione Internazionalista Rivoluzionaria (FIR) / PERÚ: Corriente Socialista de las y los Trabajadores (CST) / COSTA RICA: Organización Socialista

Fuente de la Información: http://www.laizquierdadiario.com.ve/El-capitalismo-destruye-el-planeta-destruyamos-el-capitalismo-138252
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