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El estrés y la ansiedad pueden provocar deterioro cognitivo

Por: Paulette Delgado

Las personas con niveles elevados de estrés tienen más probabilidades de experimentar una disminución de la función cognitiva.

Se sabe que el estrés es algo que puede causar problemas de salud como dolor de cabeza, tensión o dolor muscular, dolor en el pecho, malestar estomacal, problemas de sueño, entre otros. Aunado a estos efectos negativos, recientemente salió un nuevo estudio revelando que las personas con niveles elevados de estrés tienen más probabilidades de experimentar una disminución de la función cognitiva, que afecta su capacidad para recordar, concentrarse y aprender cosas nuevas.

La investigación fue publicada a principios del mes de marzo en JAMA Network Open y tuvo como objetivo conocer la asociación entre el estrés percibido y el deterioro cognitivo. Esto es importante debido a que el estrés tiene consecuencias fisiológicas y psicológicas a largo plazo y ha demostrado ser un factor de riesgo modificable para la enfermedad de Alzheimer y las demencias relacionadas. La muestra analítica incluyó a 24 448 participantes donde el 59.9 % eran mujeres y  40.1 % eran hombres de mediana edad entre 45 y 98 años. El 41.6 % de los participantes eran negros y el 58.4 % eran blancos. Estos fueron reclutados entre el 2003 y 2007 con un seguimiento anual continuó hasta el 2021 que empezó el análisis estadístico.

La publicación hace énfasis en el estrés percibido. El Instituto Nacional de la Salud Mental describe el estrés como «la respuesta física o mental a una causa externa, como tener muchas tareas o padecer una enfermedad». Por su parte, el estudio define el estrés percibido como una consecuencia de eventos o demandas que exceden la capacidad declarada de un individuo para hacerle frente.

Para los autores del estudio, el estrés percibido puede tener consecuencias fisiológicas y psicológicas a largo plazo y se ha demostrado que es un factor de riesgo para el deterioro cognitivo leve y la enfermedad de Alzheimer. Esto se asocia con indicadores hormonales e inflamatorios de envejecimiento acelerado, así como un riesgo excesivo de morbilidad y mortalidad cardiovascular y por accidentes cerebrovasculares. Además, desempeña un papel en el empeoramiento de conductas nocivas como fumar, inactividad física y el cumplimiento reducido de la medicación.

De las personas que participaron en el estudio, las que tenían el mayor estrés percibido eran los más jóvenes, mujeres y las personas de piel oscura. Estos tenían menos probabilidad de tener un título universitario, un nivel de ingresos familiares más bajo y vivían en los estados del sureste de Estados Unidos, donde las tasas de accidente cerebrovascular son las más altas en este país.

Hay evidencia de que las hormonas del estrés pueden influir en la cognición, especialmente cuando alguien vive un evento estresante puede afectar el nivel inmediato de la cognición o la capacidad de realizar tareas cognitivamente desafiantes. Según la investigación, aquellas personascon niveles altos tenían un 37 % más de probabilidad de tener una cognición deficiente. Además, el estrés crónico provoca la pérdida de materia gris en la corteza prefrontal, donde están involucradas la inhibición de la respuesta al estrés. Esto deteriora las funciones cognitivas superiores como la memoria.

Otro aspecto importante que afecta la memoria y el deterioro cognitivo es la ansiedad. Esta es un estado de vigilancia intensificada que se asocia con un aumento de la sensibilidad sensorial general debido a la incertidumbre o al conflicto. Un rasgo característico de la ansiedad es el limitado control sobre los pensamientos preocupantes y los sesgos atencionales, lo que contribuye a una mayor concentración en los estímulos negativos.

En otro estudio publicado en Frontiers in Psychology, se ha demostrado que la ansiedad altera el rendimiento cognitivo y la memoria. Su relación funciona como un ciclo, el deterioro cognitivo provoca un aumento en la ansiedad lo que provoca aún más deterioro y así sucesivamente. Cuanto mayor es la ansiedad, más perturbación provoca.

En cuanto a los efectos cognitivos, parece que el estrés y la ansiedad se comportan de manera similar. Sin embargo, el estrés moderado puede mejorar el rendimiento cognitivo mientras que un nivel más bajo y más alto están asociados con una disminución en el rendimiento.

El aumento de la ansiedad está relacionado con un peor desempeño de memoria en todos los paradigmas y contenidos de tareas. Según la investigación, la ansiedad se correlaciona negativamente con la memoria tanto verbal como en el rendimiento de las tareas de rendimiento continuo.

Las posibilidades de desarrollar la enfermedad de Alzheimer son mayores para las personas con antecedentes familiares, pero no es el único factor de riesgo. El estrés y ansiedad son uno de estos factores por lo que buscar maneras de detectar reguladores estresantes en el entorno y tratarlo es la mejor manera de prevenir la enfermedad, al igual que la demencia. Aún así, se necesitan más estudios para probar rigurosamente la asociación del estrés crónico con el deterioro cognitivo en diferentes puntos del ciclo de vida y en grupos racial y étnicamente diversos.

Fuente e Imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/el-estres-y-la-ansiedad-pueden-provocar-deterioro-cognitivo/

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¿Se puede investigar qué nos hace felices?

Por: Paulette Delgado

¿Qué se necesita para ser feliz? ¿Se puede si quiera investigar la felicidad? Más de 80 años de investigaciones demuestran que sí es posible.

La felicidad es algo que el ser humano ha querido alcanzar siempre, tanto así que en las últimas décadas esta búsqueda se ha convertido en una ciencia con la esperanza de comprenderla mejor. Aún así, es un tema complicado ya que es difícil definirla y medirla porque es la felicidad es relativa.

¿Qué es la felicidad? ha sido un tema de discusión desde la Antigua Grecia, siendo Aristóteles quien primero planteó el tema con más fuerza. Para Aristóteles, todas las cosas del universo tienen un propósito, una función y un fin; y la felicidad no es un sentimiento pasajero, es el producto de una vida bien vida, es la suma de una existencia plena, una vida completa.

En esa época, la felicidad se ha conceptualizado como compuesta por al menos dos aspectos: hedonia (o placer) y eudaimonía (la sensación de que la vida se vive bien). De hecho, la palabra principal en el griego antiguo para la felicidad estaba relacionada con este segundo término. Más aún, era una señal del favor divino, la felicidad era aleatoria y dependía de los dioses si alguien era feliz o no. Incluso en la actualidad, este concepto está fuertemente ligado con la suerte. En español «felicidad» es derivado del latín «felix» que es suerte o destino, en inglés «happy» viene del inglés temprano y nórdico antiguo y significa azar o fortuna.

Según el docente y psicólogo, Ed Diener, y su colega Pelín Kesebir, la felicidad es: «las evaluaciones de las personas sobre sus vidas y abarca tanto los juicios cognitivos de satisfacción como las valoraciones afectivas de los estados de ánimo y las emociones».

Aunque no hay muchos historiadores que se dediquen a la felicidad, los que existen están de acuerdo en que, «al menos a nivel de retórica, se produjo un cambio significativo en la cultura occidental hace unos 250 años», según Peter N. Stearns del Harvard Business Review.

¿Qué ocasionó este cambio? Parte fue que la felicidad pasó de ser un objetivo personal a uno colectivo. También hubo más énfasis en que ser alegre agrada a Dios, y hubo mayor valoración de los asuntos de este mundo. Además, inventos que ayudaron a aumentar la comodidad como contar con calefacción en el hogar hasta la invención de los paraguas para protegerse de la lluvia, así como mejores métodos de odontología, entre otros, fueron algunas invenciones que ocasionaron que las personas sonrieran más y contribuyeron a crear la primera etapa de la felicidad occidental moderna.

Y así, lo que se considera felicidad ha ido cambiando a lo largo de la historia. En la década de 1920 en adelante empezó a surgir literatura enfatizada en la importancia de ser feliz, la responsabilidad personal de lograr la felicidad y los métodos disponibles. De ahí en adelante, la felicidad se extendió a la niñez, un área con la que anteriormente no se le asociaba, por lo que no se consideraba como responsabilidad de familiares o tutores.

La ciencia de la felicidad y la psicología positiva

El constructo de la felicidad todavía está evolucionando y, aunque es difícil de definir, es uno que puede evaluarse empíricamente a través de una evaluación cualitativa y cuantitativa. Es por esto que cada vez más universidades y académicos se han interesado en el tema. Incluso la Universidad Tecmilenio cuenta con el Instituto de Ciencias de la Felicidad, el primero en su clase en México. Este Instituto «investiga lo que funciona bien en la vida de las personas y las organizaciones y cómo se puede potenciar la felicidad de la gente».

Algunas personas argumentan que la felicidad no debería tener investigación científica porque es imposible medirla objetivamente. Sin embargo, en 1984 el educador y psicólogo Ed Diener introdujo el término «bienestar subjetivo«, una forma de medir la felicidad haciendo preguntas como: ¿estás feliz? ¿Cómo calificarías tu felicidad en una escala del 1 al 10? Estas preguntas sirven para ayuda a realizar experimentos controlados. Esto ayudó a proporcionar evidencia de que el bienestar subjetivo tiene validez de construcción, lo que significa que es algo constante en el tiempo. Está altamente correlacionado con algunos rasgos de personalidad y tiene la capacidad de predecir resultados futuros.

También existe el «Método de Muestreo de Experiencias» (ESM por sus siglas en inglés) que proporciona una indicación general del bienestar a lo largo del tiempo utilizando un diario para evaluar las experiencias subjetivas de la vida diaria. Existen muchos otros métodos subjetivos, como la Escala de felicidad subjetiva de Lyubomirsky y Lepper en 1999, o la Escala de felicidad de Fordyce en 1977. De los más recientes está el Índice de felicidad de Steen del 2005, donde los participantes leen una serie de declaraciones y seleccionan la que mejor describa cómo se encuentran actualmente. De ahí, se indica si viven cualquiera de los tres tipos de «vida feliz»: una vida placentera, una vida comprometida o una vida significativa.

Por otro lado, en su publicación del 2010, los investigadores Kringelbach y Berridge argumentaron que la neurociencia puede estudiar los circuitos cerebrales relacionados. Los neurocientíficos encontraron que el placer: «no es simplemente una sensación o pensamiento, sino un resultado de la actividad cerebral en sistemas hedónicos». Todos los placeres, desde la comida hasta placeres monetarios, parecen involucrar los mismos sistemas cerebrales. Concluyeron su investigación diciendo que falta más investigación para comprender completamente la neuroanatomía de la felicidad.

Pero ¿esto qué significa? ¿Quiere decir que se puede «medir» la felicidad y darle una explicación científica? Esta evidencia neurológica, junto con los distintos métodos para medir el bienestar subjetivo, sugieren que es posible tener una explicación científica de la felicidad. La investigación psicológica sobre el tema también es importante porque no sólo se relaciona con una mejor salud física y con la longevidad, sino que también es una prioridad para las personas.

Generalmente hay tres formas en que los psicólogos estudian la felicidad:

  1. Teorías de satisfacción de necesidades y metas
    • Se refiere a las teorías que tienen como resultado esforzarse por lograr objetivos apropiados y satisfacer las necesidades humanas fundamentales.
  2. Teorías genéticas y de predisposición de la personalidad
    • Estas proponen que el bienestar está influenciado por genes y está asociado con rasgos de personalidad de extraversión y neuroticismo. Esto significa que el bienestar no cambia mucho con el tiempo.
  3. Teorías del proceso/actividad
    • El bienestar puede mejorar participando en actividades que son atractivas y requieren esfuerzo.

La psicología positiva ha surgido en los últimos años, pero desde el año 2000 los psicólogos Seligman y Csikszentmihalyi publicaron una introducción al tema. Su objetivo es comprender y cultivar los factores que hacen felices a los individuos, las comunidades y las sociedades.

El secreto para ser feliz

En el contexto de las áreas de psicología y el estudio de la felicidad, en 1938 Harvard empezó el «Estudio del desarrollo de adultos» el cual ha estado siguiendo a 268 individuos durante los últimos 80 años para identificar los predictores psicológicos de envejecimiento saludable. El director del estudio, Robert Waldinger, psiquiatra del Hospital General de Massachusetts y profesor de psiquiatría en la Facultad de Medicina de Harvard, dijo en su TED Talk que «el hallazgo sorprendente es que nuestras relaciones y lo felices que somos en nuestras relaciones tienen una poderosa influencia en nuestra salud, cuidar tu cuerpo es importante, pero cuidar tus relaciones también es una forma de autocuidado. Esa, creo, es la revelación».

El estudio expuso que las relaciones cercanas son el elemento clave que mantiene en marcha a las personas a lo largo de sus vidas, más que el dinero o la fama. Los lazos protegen a los individuos de los malos momentos ya que retrasan el deterioro mental y físico y son los mejores predictores de vidas largas y felices más que una clase social alta, un buen coeficiente intelectual o incluso buenos genes.

El psicólogo también dijo que «la salud y la felicidad no dependen del nivel de colesterol de las personas, sino de lo satisfechos que estaban en sus relaciones. Las personas que estaban más satisfechas en sus relaciones a los 50 años eran las más saludables a los 80 años». Aquellas personas que mantienen relaciones cálidas viven más y son más felices puesto que, según el estudio, las personas que cuenten con un fuerte apoyo social presentaban menos deterioro mental a medida que envejecen. Por ejemplo, las mujeres con conflictos maritales presentaron con más frecuencia peores funciones de memoria que aquellas que se sentían unidas con sus parejas. En relación a esto Waldinger aclara: «Resulta que las personas que están más conectadas socialmente con la familia, los amigos y la comunidad son más felices, son físicamente más saludables y viven más que las personas que están menos conectadas».

Aprendizaje: una vía alterna a la felicidad

Un camino menos conocido hacia la felicidad es aprender, crecer y superar desafíos. ¿Qué tiene el aprendizaje que lo convierte en un ingrediente clave de la alegría y el logro? Existen múltiples estudios que demuestran la relación entre aprender y prosperar y brindan orientación sobre las acciones que pueden aumentar la felicidad.

Un ejemplo es el estudio Momentary Happiness: The Role of Psychological Need Satisfaction, realizado por los investigadores Ryan T. Howell, David Chenot, Graham Hill y Coleen H. Howell, el cual indica que aquellas personas que participan en la educación formal experimentan una mayor felicidad y satisfacción con la vida en general. De acuerdo con el estudio, el bienestar psicológico se correlaciona positivamente con la satisfacción de necesidades como autonomía, competencia y relación. Los investigadores exploraron la felicidad momentánea y sus resultados demuestran que cuando se participa en comportamientos que promueven la competencia y se satisfacen las necesidades de autonomía y relación, las personas con altos niveles de satisfacción con la vida experimentaron mayores aumentos en la felicidad.

Estudiar y aprender ayuda a que las personas tomen cierto control sobre sus vidas y su futuro. El aprendizaje puede ser el resultado de perseguir los intereses propios y metas, o para alcanzar cierto trabajo que requiere un plan de estudios obligatorio o cierto.

Además, según un estudio realizado por Sonja C. Kassenboehmer, Feliz Leung y Stefanie Schurer, titulado University education and non-cognitive skill development, estudiar en la universidad tiene una relación positiva con la extroversión y la simpatía de los estudiantes de entornos desfavorecidos.

Otra investigación publicada en la revista Nature llevada a cabo por los académicos Robert C. Wilson, Amitai Shenhav, Mark Straccia y Jonathan D. Cohen, señala que si nunca fallas, no tendrás la motivación de continuar, y si fallas demasiado, sólo te desmotivas. El punto ideal para generar resiliencia y motivación en el aprendizaje es tener un 85 % de éxito y un 15 % de fracaso. Para los investigadores, existe un punto óptimo de dificultad y es un método de enseñanza moderno que está en el corazón del aprendizaje.

Por otro lado, entre más cosas nuevas aprende una persona, más amplía sus horizontes y tiene una mayor perspectiva, lo cual está vinculada a experiencias de mayor felicidad y alegría. Un estudio realizado por Eiluned Pearce, investigadora de psicología experimental de la Universidad de Oxford y la Asociación Educativa de Trabajadores de Inglaterra y Escocia, encontró que cuando las personas participan en clases fuera del trabajo, mejoran su salud mental y física y reportan una mayor satisfacción con sus vidas.

El aprendizaje puede ayudar a tomar mejores decisiones, lo que contribuye al éxito personal. Según una investigación realizada por académicos de la Universidad de Cornell, cuando las personas participan en programas educativos formales, tienden a tomar mejores decisiones y expresan una mayor racionalidad, especialmente en lo que respecta a las evaluaciones económicas. Por último, según una publicación de Björn Högberg, del departamento de Trabajo Social de la Universidad de Umeå, en el que estudiaron a 15 000 personas en 25 países cada dos años desde el 2002, cuando los países respaldan un mayor logro educativo, sus ciudadanos son más felices y saludables.

Cuéntanos para ti ¿qué significa la felicidad? ¿Crees que se pueda investigar? ¿Qué opinas de la ciencia de la felicidad o la psicología positiva?

Fuente e Imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/se-puede-investigar-que-nos-hace-felices/

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El impacto del COVID-19 en las universidades tres años después de la disrupción

Por: Paulette Delgado

A tres años del cierre de las universidades por el COVID-19 ¿cómo siguen las cosas? ¿Qué ha cambiado? ¿Cuáles han sido los aprendizajes?

Ahora que parece que el sistema educativo aparenta volver a la normalidad después de la pandemia, es momento de darle seguimiento al impacto que esta tuvo tras casi tres años de disrupción. Esto fue justo lo que pensó la UNESCO cuando el año pasado publicó el libro ¿Reanudación o reforma? Seguimiento del impacto global de la pandemia de COVID-19 en la educación superior tras dos años de disrupción.

Dana Abdrasheva, Mauricio Escribens, Emma Sabzalieva, Daniele Vieira do Nascimento, y Clarisa Yerovi, autores del libro, señalan que el impacto de la pandemia ha sido «diverso, profundo y varía de una institución a otra y de un país a otro. Las instituciones de educación superior (IES), los estudiantes, el profesorado y el personal han demostrado un gran esfuerzo para ser resilientes y se adaptaron rápidamente a los cambios sistémicos». Para los investigadores, el propósito de esta publicación es detallar las lecciones aprendidas y conclusiones que pueden ser útiles para el futuro.

La mayoría de las instituciones educativas están reevaluando su papel con respecto al bienestar de su comunidad. Cuando comenzaron a aumentar los brotes de COVID-19, la primera respuesta de las escuelas fue cerrar sus puertas y apoyarse en las tecnologías existentes para continuar con sus actividades, dando prioridad a la continuidad pedagógica, y procurar la salud y bienestar de los estudiantes, docentes y el personal.

El Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (UNESCO IESALC) ha seguido de cerca el impacto de la pandemia en la educación superior en todo el mundo. Ha publicado en mayo del 2020, julio 2021, y ahora en el 2022, resultados de más de 100 universidades latinoamericanas encuestadas. Parte de su propósito al compartir estos hallazgos es informar a la comunidad académica del estado actual del impacto de la pandemia, incluyendo estrategias de reapertura en la región e ir mapeando como fueron abriendo sus puertas en el 2021. También incluye observaciones que pueden ser útiles para orientar acciones futuras.

El impacto del COVID-19 en la administración y la gestión

Al momento que empezaron a cerrarse las escuelas, las instituciones de estudios superiores (IES) inmediatamente pusieron en marcha gestión de crisis, sin embargo, pocas se basaron en evidencias de experiencias pasadas. Las mejores prácticas se caracterizan por ser flexibles, tener una buena comunicación, crear equipos especializados en manejo de crisis y la digitalización de los procesos. Este último no trata sólo de las actividades académicas en línea, sino también de darle la oportunidad al personal administrativo de continuar sus actividades desde casa. Las IES deben establecer políticas y procedimientos para aumentar la capacidad de recuperación a largo plazo y prepararse por si algo así vuelve a suceder.

Aunque gran parte de lo que se necesita para digitalizar los procesos administrativos y el aprendizaje depende de la infraestructura, se requiere que las instituciones mejoren su respuesta ante una crisis. No se trata de sólo parchar, si no de crear prácticas que se basen en experiencia y en datos.

La pandemia ha afectado a todos los aspectos de la educación; no sólo a lo que tiene que ver con la enseñanza, sino también a la forma en que se gestionan o administran las instituciones educativas. Una parte clave fue el liderazgo, ya que de éste dependen las políticas de gestión institucional. Además, durante tiempos de crisis, deben poder delegar responsabilidades, comunicar adecuadamente y conectar con las personas.

Otro aspecto importante fueron las finanzas institucionales, ya que la pandemia también creó una crisis económica y de desarrollo. Las inscripciones y la matriculación se vieron afectadas ya que muchos estudiantes tuvieron que suspender o posponer sus estudios; esto sin contar los estudiantes internacionales. Una de las fuentes de ingresos más afectadas fue el alquiler de espacios del campus para eventos como conferencias, obras de teatro, actividades musicales o deportivas, exposiciones entre otros. Además, las IES también perdieron dinero en desocupar los dormitorios o residencias, los servicios de comida como las cafeterías, el estacionamiento, donaciones, formación continua, entre otros. Esto abrió la oportunidad de que las IES revisaran su modelo de negocio y financiamiento para buscar maneras de diversificar sus ingresos para ser menos vulnerables en futuras crisis.

Un aspecto importante del impacto del COVID-19 en la administración y la gestión de las instituciones educativas fue cómo se manejaron los servicios de TI ya que estos fueron la columna vertebral de la enseñanza y el aprendizaje en línea durante el cierre de las instituciones. Aún así, la UNESCO encontró poca información sobre «cómo los administradores de TI de las universidades gestionaron su trabajo durante la pandemia».

Por otro lado, la organización sí pudo encontrar evidencia sobre el impacto del COVID-19 en la salud mental de la comunidad educativa. El confinamiento, la crisis económica, pérdidas de seres cercanos, el cambio de vida debido a las restricciones, entre otros factores, fueron «un catalizador de fuertes sentimientos de estrés, ansiedad y, en algunos casos, depresión».

Muchas IES implementaron o mejoraron sus servicios de salud mental en línea, otras crearon una línea telefónica directa o plataforma virtual de apoyo psicológico. Algunas de estas soluciones llevaron a la contratación de psicólogos adicionales para manejar la crisis y poder tener mejores reuniones con los estudiantes. «Sin embargo, al menos en algunos casos, parece que los servicios de salud mental no han sido utilizados según las necesidades», explica el reporte. En una universidad encuestada para el estudio, las sesiones individuales tuvieron una tendencia a la baja, al igual que las de grupo. «Del mismo modo, en otros casos, la mayoría de los estudiantes con síntomas moderados o graves de estrés, ansiedad y depresión no recibieron la ayuda de un profesional dentro o fuera del campo».

La mayoría de las IES tuvieron que trasladar sus operaciones a formatos digitales, permitiendo que su personal trabajara desde casa, lo que fue una novedad para muchos de ellos. Diversas universidades invirtieron en programas para firmas y comunicaciones digitales más efectivas para sobrellevar el confinamiento, sin embargo, muchas abandonaron estas prácticas y optaron por volver a las actividades presenciales lo antes posible.

El impacto del COVID-19 en la enseñanza y el aprendizaje

El cambio rápido y casi universal de la enseñanza presencial a en línea fue sorprendente, sin embargo, «la escala y la velocidad de la transición repentina a los espacios virtuales repercutieron en la calidad de la enseñanza», señala el estudio de la UNESCO. De los mayores limitantes que se toparon los sistemas de enseñanza fue la brecha de infraestructura y la falta de experiencia en el aprendizaje. Según los autores, esto dejó como resultado «una lenta adaptación a las herramientas en línea, descubrió dificultades para la preparación del material de clase y a la participación activa de los alumnos».

Según un reporte publicado por la Asociación Internacional de Universidades (AIU por sus siglas en inglés) titulado Regional & National Perspectives on the Impact of COVID-19 on Higher Education, en mayo del 2020 alrededor del 67 % de las IES se pasaron a la enseñanza en línea, alrededor de una cuarta parte suspendieron las clases mientras buscaban soluciones, y el 7 % cancelaron completamente sus procesos de enseñanza.

Debido a que la manera en que la pandemia impactó a las universidades cambiaba según el país. Las IES respondieron de manera muy diferente a las otras alrededor del mundo. Algunas cerraron por completo, otras permanecieron abiertas para realizar tareas específicas, otras funcionaron con medidas de distanciamiento social y otras cerraron por poco tiempo.

Aún así, el estudio de la UNESCO menciona que la mayoría de las IES de todo el mundo han experimentado al menos una de las siguientes fases: i) cierre abrupto del campus, ii) adaptación del funcionamiento de las IES en condiciones de cierre y iii) reapertura gradual.

Trasladar la enseñanza a formatos en línea fue la principal estrategia de las universidades para garantizar la continuidad pedagógica. Este fue un cambio abrupto, no fue un proceso sólido, planificado a largo plazo para garantizar contenidos de calidad, y que contara con un apoyo institucional sostenido a estudiantes y profesores.

Los autores del estudio indican que «los educadores están preocupados por las pérdidas de aprendizaje y reconocen que el aprendizaje en línea forzada es un compromiso más que un ejercicio de mejora. En consecuencia, este tipo de experiencia pedagógica se ha definido como educación remota de emergencia, dado que el corto tiempo en el que se realizó la transición no ayudó a preparar eficazmente a los profesores y formarlos para que adoptaran las pedagogías fundamentales del aprendizaje en línea». En un corto plazo, los profesores han tenido una mayor carga de trabajo ya que el «tiempo típico de planificación, preparación y desarrollo de un curso universitario totalmente en línea es de seis a nueve meses antes de impartirlo».

El tiempo típico para planificar, preparar y desarrollar un curso universitario en línea es de seis a nueve meses, pero debido al coronavirus, esto tuvo que hacerse de la noche a la mañana. Gran parte de los docentes, y las mismas IES, no estaban preparadas para enseñar en línea y carecían de los conocimientos, competencias y recursos necesarios para hacerlo con éxito. Muchos simplemente copiaron y pegaron sus contenidos al entorno digital sin adaptarlos, demostrando lo importante que es la capacitación.

Sobre esto último, el estudio de la UNESCO señala que «si no se proporciona una capacitación adecuada, este escenario de enseñanza a distancia de emergencia podría abrumar a los profesores y conducir a resultados de aprendizaje deficientes y a la frustración del profesorado». Alrededor de 14 países de América Latina y el Caribe, ofrecieron programas masivos de capacitación para fortalecer las competencias digitales de sus docentes y promover el uso eficiente de herramientas digitales que se necesitan para crear cursos virtuales y poder minimizar el impacto negativo en los estándares de calidad de la educación superior.

Aunque el confinamiento provocó la transición a la enseñanza y aprendizaje en línea abrió una ventana de oportunidades en cuanto a adopción y adaptación a la tecnología, también trajo importantes desafíos. «Los contenidos, las herramientas pedagógicas y de evaluación deben diseñarse específicamente para los entornos de enseñanza y aprendizaje en línea a fin de garantizar la participación y el progreso de los estudiante», se indica en el estudio.

El impacto de la COVID-19 en la investigación

Desde la capacidad de investigación, los procesos de publicación y el financiamiento, el área de investigación también se vio gravemente afectada por la pandemia. Aún así, no todo fue negativo, el COVID-19 provocó que aumentara la colaboración y las IES desempeñaron un papel crucial para el desarrollo de vacunas. También se amplió el acceso al conocimiento ya que un mayor número de artículos, investigaciones y reportes se publicaron en servidores de acceso abierto e incluso ciertas revistas indexadas dejaron de cobrar temporalmente para acceder a ellas.

Como se mencionó anteriormente, los centros de investigación ayudaron a desarrollar las vacunas, sin embargo, esto también significó que se tuvieran que reasignar gran parte de recursos hacia esa área, dejando a otras áreas de la ciencia con financiamiento insuficiente. Además, otros sectores como el trabajo de campo, se vieron interrumpidos por los protocolos sanitarios y el tener que guardar distancia.

Esto dejó en evidencia que «los investigadores que inician su carrera y los estudiantes de doctorado han sido los más vulnerables en lo que respecta a su inserción y estabilidad en el mercado laboral».  La inestabilidad en los fondos destinados a la investigación exacerbó la inseguridad laboral de los investigadores, especialmente para los que van iniciando y las mujeres académicas. Aún así, la pandemia dejó dos influencias positivas: el enfoque en los principios detrás de la Ciencia Abierta ya que el mundo académico se tuvo que unir y tomar como base el conocimiento acumulado y emergente. La segunda influencia es el reflejo en los esfuerzos para aprovechar la ciencia e informar al público en general y «aumentar la colaboración de investigación conjunta que trascendió las fronteras y otros obstáculos».

A más de tres años desde que surgió la pandemia de COVID-19, su impacto sigue permeando en todo el mundo. Aún así, la UNESCO destaca en esta publicación que «los cambios de 2020 y 2021 no conducirán a una transformación fundamental en la comprensión de la educación superior como un esfuerzo difícilmente presencial». Se requiere que las IES continúen con prácticas de digitalización a largo plazo para evitar que la educación retorne a las prácticas previas a la pandemia y aprender de esta situación para reformarse y no sólo reanudarse.

Fuente de la información e imagen:  https://observatorio.tec.mx
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¿Es la “generación de cristal” más sensible?

Por: Paulette Delgado

Las necesidades, expectativas, perspectivas y aspiraciones de la “Generación Z” son muy diferentes a las de generaciones pasadas. Lejos de ser una “generación de cristal”, estamos ante jóvenes sensibles comprometidos con el activismo en diversas temáticas de justicia social. ¿Qué pueden hacer las universidades para adaptarse a las necesidades de las nuevas generaciones?

La Generación Z, también conocida como «generación de cristal», o «snowflakes» (copo de nieve) en inglés, es una generación que se caracteriza por ser más sensible a los estímulos, según varios autores, entre ellas, Lucie Sara Zavodna quien organizó una mesa redonda con distintos académicos para conocer sus opiniones sobre esta generación.

Según las actas de la conferencia en la que se llevó a cabo la mesa redonda: Is the Snowflake Generation More Sensitive? Research from the Teaching of the New Generation, la “generación de cristal” también conocida como “generación de copos de nieve”, es un término que se usa a menudo para las personas nacidas entre 1995 y 2010. El diccionario Collins da una definición simple: «La generación de personas que se convirtieron en adultos en la década de 2010, vistos como menos resistentes y más propensos a ofenderse que las generaciones anteriores». Los jóvenes son descritos por las personas mayores como volubles, sensibles y con un sentido exagerado de lo que es políticamente correcto. Además, son vistos como impacientes ya que están acostumbrados a obtener información, trámites y compras más rápido gracias al internet.

La autora describe la existencia de lo que se conoce como sensibilidad de procesamiento sensorial (SPS), un rasgo de personalidad que se refiere a la tendencia a procesar estímulos e información con más fuerza y ​​profundidad que otros. La SPS puede reflejarse en muchos otros aspectos como «una mayor profundidad de procesamiento de información, mayor reactividad emocional y empatía, mayor conciencia de las sutilezas ambientales y facilidad para la sobreestimulación, que se cree que es impulsada por un sistema nervioso central más sensible».

Aunque este rasgo de personalidad tiene aspectos positivos como la empatía, puede afectar de manera negativa el bienestar, la calidad de vida y las dificultades funcionales de la persona. Según la investigación de la autora, se ha demostrado que el SPS es un factor de riesgo para la salud mental ya que pueden terminar en ansiedad y depresión.

Para evaluar la SPS se creó un cuestionario llamado Escala de persona altamente sensible (HSPS por sus siglas en inglés) el cual fue aplicado por la Dra. Lucie Sara Zavodna a 407 estudiantes universitarios de cuatro universidades diferentes de la República Checa, todos ellos de la denominada «generación de cristal». El 10 % de los hombres y un 43 % de las mujeres resultaron ser altamente sensibles, pero la tasa promedio fue de medianamente sensible. Un 50 % de los hombres y un 55% de las mujeres encuestadas indicaron que su sensibilidad les afecta durante sus estudios. Por otro lado, el 40 % de los hombres respondieron que se consideran más sensibles que sus padres, lo mismo que el 50 % de las mujeres.

La autora explica que la sensibilidad afecta con frecuencia diferentes aspectos de su vida y comparte algunos testimonios de los estudiantes encuestados:

  1. Incapacidad para concentrarse: «No puedo concentrarme en tareas importantes a menos que mi psique esté bien. Por el contrario, estoy retirando, posponiendo o cancelando planes en ese momento. Trabajo en la tranquilidad y solo así puedo volver a mis actividades originales”.
  2. Timidez: «Simplemente me afecta en toda mi vida. En ciertas situaciones me da vergüenza y a veces he tenido, y todavía tengo, problemas para hacer lo necesario, como preguntar si no entendí algo en clase”.
  3. Sobrecarga de información. Se sienten perdidos y con miedo al fracaso: «Soy muy sensible y me agobio con mucha facilidad, especialmente al comienzo del semestre, cuando en cada lección recibimos las condiciones de finalización del curso. Agradecería tareas regulares en lugar de una larga, que se entrega al final del semestre. Me hace sentir tranquila porque sé que haré un poco de trabajo para cada clase».
  4. Subestimación, especialmente de sus capacidades: «No creo que pueda hacer tanto. Simplemente hay mucho y tengo que pensar en muchas cosas. No sé qué hacer primero. Pospongo cosas que no me importan o que no disfruto».
  5. Estrés y ansiedad: «En situaciones estresantes, a menudo sucumbo al estrés, cuando me digo a mí mismo que no puedo dejarlo, pero como tengo a las personas adecuadas a mi alrededor para apoyarme en cada situación, soy capaz de manejar cualquier situación».
  6. Sobrecarga de los sentidos: «Los olores fuertes (perfumes sintéticos, dulces fuertes) provocan ataques de asfixia, tos y alergias. Si hubiera una recomendación de no usar perfumes y desodorantes con olor fuerte (una práctica similar existe en Canadá) sería bueno. He visto inhaladores usados ​​por asmáticos en algunos estudiantes, entonces la medida tendría sentido porque es un tema de salud para ellos».
  7. Propensión a la perfección. A menudo se entrenan a sí mismos a la perfección para no fallar: «Por ejemplo, si tengo que manejar en algún lugar (siendo principiante), tengo que estudiar la ruta de antemano, ver si el camino es en alguna parte cuesta arriba, si tengo un lugar para estacionar, etc. No me gusta tratar con las cosas en el acto».
  8. Posición inferior. Los estudiantes no toleran la posición superior. Quieren un profesor que sea su «amigo»: «No me gusta cuando mi profesor levanta la voz, amenaza con castigarme o dice algo con lo que no estoy de acuerdo. Me molesta la posición profesor contra alumno, donde el profesor siempre está en una posición más alta».

De todos estos puntos, los más frecuentes entre los estudiantes fueron aquellos de enfoque y concentración. Pero también culparon a los profesores como causa principal; ya sea por el miedo que les tienen, porque era muy aburrido, su material es poco interesante, sus tareas muy difíciles o cosas por el estilo. También mencionaron ansiedad y estrés, en este punto nuevamente culpan a sus profesores.

La Dra. Zavodna demostró con su cuestionario que el 40 % de los hombres y el 50 % de las mujeres encuestadas se consideran más sensibles que sus padres. Aun así, para Paula Rice y Margrethe H. Bakke, quienes participaron en la mesa redonda que organizó la Dra. Zavodna, etiquetarlos como “generación de cristal” es problemático. Para las investigadoras, verlos de esta manera es una perspectiva limitante, ya que esta nueva generación participa más activamente en cuestiones de justicia social, se enfrenta a comentarios negativos a través de las redes sociales, utiliza con éxito las tecnologías digitales y muchas cosas más.

Los educadores deben buscar maneras de valorar estas experiencias y aprovecharlas en el aula. Para poder realmente aprovechar las virtudes de los estudiantes y guiarlos para tener éxito en el futuro, todo docente debe aplicar pedagogías críticas. Las investigadoras señalan que «los objetivos de las pedagogías críticas se alinean con las necesidades tanto de los estudiantes actuales como de la sociedad en general. En particular, proponemos el uso de una pedagogía de la amabilidad como una forma de conceptualizar la forma en que vemos a nuestros alumnos y nuestra relación con ellos».

Cuando un docente trata a los estudiantes como si fueran de «cristal», los posiciona como incapaces de navegar el mundo actual y que, por lo tanto, necesitan ayuda o vigilancia constante. Por eso es importante, según Rice y Bakke, utilizar una pedagogía de la amabilidad que capacite y empodere a los estudiantes ya que bajo esta visión, son comprendidos como individuos y se valora su experiencia personal en su aprendizaje. Rice y Bakke señalan que «la enseñanza no se ve como algo que «arreglará» las debilidades de los estudiantes o que deba ajustarse para compensar alguna falla generacional inherente. Esta pedagogía supone que los profesores se acerquen a los estudiantes con consideración positiva incondicional y que a través de esto, puedan construir el conocimiento y las habilidades que necesitan para convertirse en ellos mismos en el futuro».

En el 2016, The Financial Times incluyó «copo de nieve», en su lista anual Year in a Word y lo definió como «un término despectivo para alguien que se considera demasiado vulnerable emocionalmente para hacer frente a puntos de vista que desafían los suyos, particularmente en universidades y otros foros que alguna vez fueron conocidos por debate sólido».

La generación posmilenial, para la que se ha empleado estos términos, se percibe como poco tolerante, rápidos en ofenderse, faltos de resiliencia y débiles emocionalmente, está siendo socavada y menospreciada. Según las autoras, los medios utilizan anécdotas y estereotipos para describir cómo se comportan y reaccionan en lugar de ofrecer datos concretos.

Un ejemplo de ello es como se ha tratado a la joven activista Greta Thunberg. En el 2019, el periodista australiano Andrew Bolt, escribió una columna criticando a Thunberg, calificándola como un «mesías profundamente perturbado del movimiento del calentamiento global»,  y agregando que «nunca había visto a una niña tan joven y con tantos trastornos mentales tratada por tantos adultos como un gurú». Gran parte de estos comentarios hacen referencia a que la activista fue diagnosticada con Síndrome de Asperger, utilizando este diagnóstico para desmeritar sus acciones. «Es un síntoma de autismo y formas de Asperger no ‘preocuparse realmente por los códigos sociales’, o no entenderlos completamente. Eso a menudo significa no tolerar compromisos con otras personas o sus puntos de vista», escribió Bolt.

La representación negativa de los jóvenes diagnosticados como neuro divergentes o con trastornos mentales como «perturbados» por ser incapaces de tolerar ideas que contrarresten las propias, no solo es ignorante sino también dañino para estas personas. Además, esta estigmatización se vincula con problemas de salud mental, minimizando los desafíos que las nuevas generaciones enfrentan. Las nuevas generaciones viven recibiendo acoso en línea y abuso digital por defender sus creencias ya que, al hacerlo, se les denomina como «copos de nieve» o de «cristal». Llamarlos así no hace más que etiquetarlos negativamente.

Enseñando con amabilidad

La experta en la Generación Z, Corey Seemiller, cree que las «necesidades, expectativas, perspectivas y aspiraciones (de los nuevos estudiantes) son diferentes de las de aquellos que ingresaron a la universidad antes que ellos». La realidad es que ha habido un aumento en el activismo universitario y el compromiso de los estudiantes en su lucha en temas de justicia social, por lo que Seemiller los describe como «prioritaria de actuar sobre las raíces de los problemas sociales globales sobre una acción más local a corto plazo sobre los síntomas de estos problemas. Interactúan con diversos grupos en el campus y en todo el mundo a través de las redes sociales, por lo que los estudiantes son actores clave en el cambio social fuera del aula. Aportan a esto su experiencia con tecnología innovadora y una gama de herramientas digitales, ya que esta generación es ampliamente reconocida como «nativos digitales»».

Según Rice y Bakke esto afecta la manera en que aprenden ya que a esta generación le beneficia la enseñanza por medio de «la observación, utilizando videos en línea y publicaciones en redes sociales como herramientas de instrucción, creando hábitos de aprendizaje independiente e intrapersonal y un enfoque práctico». Lo aprendido lo ven como algo que pueden aplicar a más de un área de sus vidas. Las instituciones de educación superior han sido criticadas por no adaptarse a las innovaciones en pedagogía.

Los estudiantes de hoy son constantemente bombardeados por diferentes perspectivas y fuentes de información que están a su disposición 24 horas del día, por lo que las universidades deben adaptarse a estos cambios, permitiéndoles participar activamente en el proceso de evaluar la información y las referencias que utilizan, y guiarlos para que conozcan diferentes perspectivas de manera que puedan  construir su conocimiento y camino hacia un mejor futuro.

Las instituciones educativas muchas veces se centran en enseñar lo que ellos consideran conocimiento importante y cómo éste debe aprenderse. Rice y Bakke señalan que «las universidades aplican un modelo transaccional de educación, con los estudiantes en el papel de clientes, los profesores en el servicio de complacencia del cliente y los administradores como gerentes». Es decir, «un modelo que drena todo el sistema de su humanidad y conduce a decisiones en todos los niveles donde la personalidad de un estudiante, docente o administrador se ve disminuida». Existe un interés en la comunidad educativa de aprender nuevas prácticas pedagógicas que permitan a los estudiantes desarrollar diversas formas de comprender el conocimiento y el aprendizaje.

Para Rice y Bakke el problema no es la llamada «generación de cristal»,  son los modelos educativos y las pedagogías desactualizadas. Calificar como una «debilidad» el hecho de que un estudiante se ofenda fácilmente, hace que la responsabilidad recaiga únicamente sobre el estudiante y no en las instituciones y sus deficiencias. Necesitamos una enseñanza que utilice enfoques que se alineen a las necesidades del estudiantado y su contexto social.

Hablar de los problemas actuales en el aula desde una perspectiva global y crítica ayudará al estudiantado a tener una reflexión crítica sobre cómo un proceso emocional se relaciona con las ideas de autocompasión y abierto a otros puntos de vista. «Los estudiantes y educadores se han resistido a participar en el proceso de reflexión crítica y perturbación de patrones de pensamiento rígidos y binarios debido a la incomodidad y vulnerabilidad involucradas», dicen Rice y Bakke. Puede ser por esto que a los estudiantes les resulta difícil comprometerse con ideas que no reflejan su comprensión o forma de ver el mundo, algo que no sólo es responsabilidad de ellos, sino que también recae en las personas que les enseñan.

Adaptar una pedagogía de la amabilidad que se guíe por la compasión y el cuidado requiere docentes que identifiquen las preocupaciones de los estudiantes, vean el mundo desde sus perspectivas, y que tengan buena comprensión de los desafíos que enfrentan. La amabilidad es algo que no se considera central para la enseñanza e implica un cambio en la práctica docente  ya que implica que los docentes  modifiquen su enfoque de enseñanza del control a uno donde se construyen relaciones con sus estudiantes. «Las estructuras de poder en las que el docente tiene poder y el estudiante no tiene ninguno, debilita la conciencia social y socava el cambio social necesario», describen las investigadoras.

Igualar la distribución de poder o ejercer un modelo menos jerárquico permite a los estudiantes pensar de forma independiente. Cambiar esta práctica por un enfoque de amabilidad ayuda a empoderar a estudiantes de diversos orígenes y les permite tener un papel activo en su aprendizaje y convertirse en personas comprometidas con las actividades de clase y las cuestiones de justicia social. Además de motivarlos en sus estudios y sentirse valorados y respetados, lo que ayudará particularmente a aquellos que sufren problemas de salud mental o a quienes han sido  marginados y descartados por pensamientos estereotipados.

Una pedagogía de la amabilidad requiere que los estudiantes sean vistos como personas primero y estudiantes después. Es importante mencionar que «la compasión no compromete el rigor ni las expectativas. Más bien, modela cómo los estudiantes pueden involucrar a sus futuros interesados. Sin embargo, cambiar la forma en que uno se ve a sí mismo como docente y cómo ve el conocimiento no es sencillo y hace que cambiar la forma de enseñar sea un objetivo permanente». Está claro que implementar un nuevo modelo pedagógico no es sencillo ya que temas personales pueden surgir, ya sea por creencias arraigadas sobre la enseñanza y el aprendizaje que impactan lo que hacen, el contenido del curso y las estructuras institucionales.

La pedagogía de la amabilidad puede lograrse a través de pequeños cambios, principalmente la actitud que tenemos hacia los estudiantes; se necesita generar confianza, creer en ellos. Rice y Bakke afirman que «implementar una pedagogía de la amabilidad no tiene por qué llevar mucho tiempo ni ser agotador», ya que «la amabilidad se experimenta más intensamente a través de gestos aparentemente pequeños realizados con sinceridad».

Esto es importante porque las instituciones educativas se encuentran inundadas de tareas, proyectos y evaluaciones de manera que no se dan el tiempo para implementar una nueva pedagogía con el pretexto de que implicaría un aumento en la  carga de trabajo. Los docentes deben ser conscientes de quiénes son sus estudiantes, sin basarse en prejuicios o  estereotipos que los hacen ver como personas hipersensibles, débiles, o defectuosas.

Es hora de que dejemos de verlos como una «generación de cristal» y reconocer su compromiso con el mundo que los rodea y verlos como personas capaces de  hacer contribuciones significativas. Cuéntanos, ¿consideras a las nuevas generaciones como de «cristal»? ¿Crees que se necesita modificar los enfoques pedagógicos para ser más amables? ¿Cómo podemos implementar una pedagogía de la amabilidad?

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El bienestar de los estudiantes debe ser componente de su educación

Por: Paulette Delgado

Según un metaanálisis, el aprendizaje activo contribuye a disminuir la sensación de malestar causado por el aislamiento ya que se transforma en un proceso de aprendizaje contextualizado y autorresponsable.

El bienestar de los estudiantes debe ser componente de su educación, esto según el metaanálisis publicado en Frontiers titulado “Trends of Active Learning in Higher Education and Students’ Well-Being: A Literature Review”. De acuerdo con el metaanálisis, este tema debe ser incluido en las reformas curriculares de todos los países.

El 1 de enero de 2016 entró en vigor la resolución de las Naciones Unidas titulada “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, cuyo propósito es construir un mundo equitativo y universal. Los autores destacan los objetivos tres y cuatro, los cuales buscan “garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades y garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos, respectivamente”. Debido a la pandemia, estos objetivos se ven lejos de alcanzar ya que se acentuó la brecha digital, educativa y social, agravando las disparidades socioeconómicas e incluso obligando a los más afectados a abandonar la escuela. Es por ello que, para los autores, el bienestar de los estudiantes se ha convertido en prioridad.

El metaanálisis encontró limitadas referencias académicas sobre cómo el bienestar puede convertirse en un elemento exitoso de la educación, aún así, descubrieron que en Australia, Inglaterra, Nueva Zelanda y Escocia, se han venido realizando ajustes curriculares para integrar cuestiones vinculadas al bienestar. Más allá de poner a los estudiantes a llevar un aprendizaje activo que los hace leer, escribir, discutir, resolver problemas, analizar, sintetizar y evaluar, deben además pensar en lo que están haciendo, observar sus emociones, actitudes y valores al involucrarse en proyectos más allá de las aulas para trabajar con la comunidad. Esto con el propósito de que los estudiantes vean “el proceso de aprendizaje como un proceso constructivo que reúne a personas de todo el mundo”.

La colaboración entre todos es, según el análisis, la forma de responder a los desafíos que enfrenta el mundo actualmente como “la preservación del medio ambiente, la pobreza, el desarrollo socialmente incluyente y justo, las ciudades inteligentes y sostenibles, el respeto mutuo y la generación de nuevos conocimientos para brindar soluciones sostenibles a problemas sociales”. Aunado a eso, ayuda a las nuevas generaciones a adaptarse a distintas circunstancias y personas, contribuyendo a la integración de la sociedad. Pero, ¿qué tiene que ver el aprendizaje activo con el bienestar?

Aprendizaje activo y bienestar socioemocional
Los autores del metaanálisis revisaron literatura que se enfocó en el uso de metodologías de aprendizaje activo en la educación superior para saber si apoyan la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030. Buscaron en Web of Science, Scopus y en revistas que publicaron exclusivamente revisiones o son importantes en el campo de la educación superior, lo que resultó en seis estudios: Akinla et al., 2018; van der Zanden et al. 2018; Kötter et al., 2019; Theelen et al., 2019; Thorburn, 2020; Agasisti y Soncin, 2021.

Entre las seis publicaciones argumentan que muchos estudiantes se estresan con la transferencia a la educación superior, las expectativas que tienen de la universidad, cómo evaluarán su desempeño y, en general, lo que significa tener éxito universitario. Este último punto se divide en tres: el rendimiento académico de los estudiantes, las habilidades de pensamiento crítico y el bienestar socioemocional.

Para reducir el estrés que implica entrar a la universidad, Akinla et al. investigaron cómo en estudiantes de medicina tener tutores de pares cercanos les podría ayudar con la transición, además de hacerlos crecer profesional y personalmente y preservar el bienestar. Además, es un recurso de aprendizaje activo ya que promueve la asistencia social y académica a la comunidad universitaria de nuevo ingreso. Esto es apoyado por van der Zanden et al. quienes describen que la participación ayudó a la integración social y el ajuste de los estudiantes en lugar de sus sentimientos generales de ajuste.

Los efectos de la pandemia en el bienestar de la comunidad estudiantil
El reporte más reciente del metaanálisis, el de Agasisti y Soncin (2021), toca el tema de la pandemia y cómo hace del bienestar una preocupación crucial para la educación superior. Los autores dicen que las instituciones realizaron importantes inversiones en tecnología para preparar las aulas para el aprendizaje remoto. Esto representó un sinfín de desafíos complejos pero demostraron que “los objetivos fundamentales de las facultades tenían que ser los estudiantes, no el método en sí”. Para Agasisti y Soncin, una de las lecciones más esenciales de esta época fue el énfasis en las relaciones ya que estas le dan “sentido a las experiencias educativas de los estudiantes, así como al proceso a través del cual se desarrollan la investigación y la innovación”.

Entre los retos, un estudio de Defeyter et al. (2021) discutió cómo varios estudiantes mostraron bajos niveles de bienestar mental durante la pandemia porque no confiaban que sus universidades o gobierno tuvieran un buen desempeño ante la situación, lo que impactó su bienestar mental, ya que transmite una sensación de inseguridad y malestar. Para realmente alcanzar los objetivos de bienestar en la educación debe haber un énfasis en los educadores, los estudiantes, instituciones, gobierno y un concepto de logros académicos más amplio. Todo esto para proporcionar a los docentes una mayor autonomía profesional y que pueda proveer experiencias de aprendizaje más integrales para sus estudiantes.

Promover el bienestar mental y emocional del estudiante mejora su autoestima y su vida ya que proporciona equilibrio emocional y hace frente a los sentimientos de depresión o aislamiento. Las instituciones de educación superior deben ofrecer el aprendizaje activo donde los estudiantes tengan autonomía y la capacidad de decidir mientras cooperan con su comunidad. Los autores explican que “el aprendizaje con estos enfoques disminuiría la sensación de malestar causado por el aislamiento (o incluso la soledad) y la ambigüedad de la situación, ya que se transforman en un proceso de aprendizaje contextualizado y autorresponsable que tiene en cuenta las habilidades y restricciones de cada individuo”.

La Agenda 2030 de las Naciones Unidas aspira a una alfabetización universal y un acceso equitativo a una educación de calidad en todos los niveles, a la salud y la protección social, y donde se asegure el bienestar físico, mental y social. Sin embargo, el metaanálisis demuestra que existe falta de interés por parte de la comunidad científica y las propias instituciones. Se necesita invertir en investigación sobre el aprendizaje activo y el bienestar de los estudiantes, especialmente en países socialmente desfavorecidos o que sufren de una brecha digital mayor para interpretar más ampliamente el bienestar y cómo cumplir con los objetivos de la Agenda 2030.

En los últimos años se ha visto la importancia de enfocarse en el bienestar del alumno, y, como dicen los autores, “todos consideran que el bienestar debe ser enfatizado como un componente de la educación”.

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La importancia de educación integral en sexualidad

Por: Paulette Delgado

Jóvenes ven la pornografía como fuente de información sobre sexualidad. La UNESCO hace un llamado a las escuelas para implementar más y mejores clases de educación integral en sexualidad.

Según la UNESCO, sólo el 34 % de los jóvenes en todo el mundo tienen conocimientos sobre la prevención y transmisión del VIH. Además, sólo dos de cada tres niñas en varios países «no tienen idea de lo que les sucede cuando comienzan a menstruar», por lo que la organización hace un llamado a la acción a la comunidad educativa de proveer una educación integral en sexualidad (ESI).

Debido a que la sexualidad es un término complejo, es difícil de definir. Sin embargo, diversos expertos en salud pública y sexología presentaron una definición práctica y un marco conceptual ante la OMS: «La ‘sexualidad’ por lo tanto puede entenderse como una dimensión central del ser humano que incluye: el conocimiento del cuerpo humano y nuestra relación con este; lazos afectivos y amor; sexo; género; identidad de género; orientación sexual; intimidad sexual; placer y reproducción. La sexualidad es compleja e incluye dimensiones biológicas, sociales, psicológicas, espirituales, religiosas, políticas, legales, históricas, éticas y culturales que evolucionan a lo largo de una vida». Además, explican que «es una experiencia subjetiva y parte de la necesidad humana de tener tanto intimidad como privacidad. Al mismo tiempo, la sexualidad es una construcción social que se entiende mejor dentro de una variabilidad de creencias, prácticas, comportamientos e identidades».

Según un informe de la UNESCO titulado: Orientaciones técnicas internacionales sobre educación en sexualidad: un enfoque basado en la evidencia, en el mundo son pocos los estudiantes que reciben una preparación para tomar control y tomar decisiones informadas acerca de su sexualidad, por eso resaltan la importancia de tener programas de educación integral en sexualidad en todas las escuelas del mundo.

¿Qué es la educación integral en sexualidad (EIS)?

A diferencia de materias como matemáticas que cuentan con un currículo para enseñar los aspectos básicos con objetivos por rango de edad y demás, la sexualidad no cuenta con nada de eso. Para eso está la educación integral en sexualidad (EIS), para preparar a los jóvenes.

La UNESCO define la EIS como «un proceso que se basa en un currículo para enseñar y aprender acerca de los aspectos cognitivos, emocionales, físicos y sociales de la sexualidad». Su meta es ofrecer a los estudiantes el conocimiento, habilidades, actitudes y valores que los empoderen por medio de contenido basado en hechos y evidencias relacionados con la salud sexual y reproductiva (SSR). Todo esto teniendo en cuenta la edad y etapa de desarrollo de cada estudiante.

Además, la UNESCO advierte que en muchos currículos de EIS se omiten temas por la cultura o sociedad como aquellos enfatizados en «los aspectos mecánicos de la reproducción sin centrarse en las conductas sexuales responsables y la importancia de relaciones saludables e igualitarias». Otro ejemplo es la menstruación, ya que hay lugares donde es vista como algo negativo, al punto donde las alumnas tienen que alejarse de la familia y faltar a la escuela. Esto sólo lleva a que se sientan más incómodas con su cuerpo. También se omiten temas de relaciones sexuales, información científica sobre prevención del embarazo, salud sexual responsable de los jóvenes con discapacidades, entre otros temas relacionados. No hablar de estos temas sólo contribuye al estigma, la vergüenza y la ignorancia sobre la sexualidad.

Las instituciones educativas son el mejor lugar para la educación integral en sexualidad ya que cuenta con la infraestructura, además de tener a docentes que están capacitados para enseñar según cada edad y etapa de desarrollo de los estudiantes, asimismo los estudiantes ven a sus profesores como fuente confiable de información.

La salud sexual y reproductiva en la infancia y juventud

Según la UNESCO, la salud sexual y reproductiva o SSR, incluye «el bienestar físico, emocional, mental y social en relación con la sexualidad». Habla de temas como la pubertad y los cambios físicos, mentales, sociales y emocionales que esta etapa conlleva. En el caso de los niños, la pubertad está ligada a sentimientos sexuales, erecciones, sueños húmedos y demás, mientras que para las niñas es hablar de la menstruación, un tema del que no se habla a profundidad.

De acuerdo con el reporte, en ambos géneros hace falta mucha información sobre la pubertad. Los niños y jóvenes consideran importante incluir la masculinidad en el programa ya que sienten que muchas veces sus necesidades y preguntas no son abordadas debido a que se considera el deseo sexual que experimentan como algo positivo. Por otro lado, en muchos países un gran número de niñas tienen «brechas en el conocimiento y conceptos erróneos sobre la menstruación que causan temor y ansiedad, y que las dejan desprevenidas cuando empiezan a menstruar».

Otro tema que debe ser tratado con más profundidad es el embarazo ya que, según información presentada por el reporte, y avalada por la OMS, es una de las principales causas de muerte entre mujeres menores de 19 años por las complicaciones durante el parto y embarazo. Esto es debido a que no cuentan con información suficiente sobre el embarazo y sus complicaciones, temen buscar atención médica o hablar con familiares sobre sus malestares, o tienen acceso limitado a servicios médicos.

Un concepto clave son los anticonceptivos modernos. Muchas veces sólo se menciona al condón como anticonceptivo, lo que deja con muchas inquietudes y preocupaciones sobre los efectos secundarios de otro tipo de anticonceptivos ya que no explican qué son y cómo funcionan. Especialmente para las mujeres, muchas veces no se habla del impacto que podrían tener los anticonceptivos en su menstruación y muchas no tienen la oportunidad de acudir a un ginecólogo.

Al hablar de SSR, también se tiene que hablar de la violencia, tanto de género como sexual. Una de cada tres mujeres en todo el mundo ha experimentado violencia física o sexual ya sea por parte de su familia o de alguien más a lo largo de su vida, según datos proporcionados por la UNESCO. Por otro lado, aproximadamente el 20 % de las mujeres y entre 5 % a 10 % de los hombres reportan haber sufrido algún tipo de violencia sexual en su niñez. La violencia pone a la población, especialmente a niñas y mujeres, en riesgo de contraer alguna enfermedad de transmisión sexual, embarazo no planificado, entre otros problemas de salud y sociales.

Las infecciones de transmisión sexual (ITS) es otro punto importante puesto que hay cerca de 333 millones de casos nuevos tratables cada año, y las tasas son más altas entre personas de 20 a 24 años de edad, seguidas por las de 15 a 19 años de edad. Aún así, el reporte menciona que los datos detallan edad y género, así que es difícil conseguir información sobre si los jóvenes contraen alguna infección y la pueden tratar.

Según el reporte, una de cada 10 mujeres de más de 15 años de edad ha experimentado el ciberacoso. Esto incluye recibir mensajes no deseados, ofensivos o sexualmente explícitos, e insinuaciones ofensivas e inapropiadas. Además está el “sexting”, que es el intercambio de fotos sexuales autoproducidas por medio de mensajes o redes sociales. Los estudiantes necesitan saber cómo examinar estos mensajes sexuales de manera crítica y conocer los riesgos asociados a estas prácticas.

La pornografía y su papel en la educación sexual integral

Un tema que parece no pertenecer al EIS pero igual es de suma importancia es la influencia de las tecnologías de la información y comunicación. Ya no es difícil para los estudiantes acceder a la pornografía y, lamentablemente, suele ser su primera exposición a la sexualidad.

Sin embargo, Emily F. Rothman, profesora asociada de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston publicó el artículo: “Sin la pornografía… no sabría ni la mitad de las cosas que sé ahora: un estudio cualitativo del uso de la pornografía entre una muestra de ciudadanos negros urbanos y de bajos ingresos y juventud hispana”. Los datos representativos a nivel nacional indican que el 23 % de los jóvenes de EE. UU. de 10 a 15 años de edad han buscado deliberadamente material sexualmente explícito en el último año. Y que, al llegar a los 14 años, el 66 % de los hombres y 39 % de las mujeres han visto pornografía ya sea impresa, cinematográfica, o en internet; ya sea a propósito o accidentalmente.

Un artículo publicado en The New York Times sobre la profesora Emily F. Rothman y el curso que ella imparte, «La verdad sobre la pornografía: un plan de estudios de alfabetización en pornografía para estudiantes de secundaria diseñado para reducir la violencia sexual y en el noviazgo», explica que este curso se basa en la realidad de que la mayoría de los adolescentes ven pornografía, de manera que se enfoca en enseñarlos a analizar el mensaje que está transmitiendo.

Lamentablemente no existe mucha información sobre el consumo de pornografía y los jóvenes, por lo que no se tienen muchos datos sobre que género ven o si eso afecta de alguna manera en su comportamiento, sin embargo, hay estudios que demuestran «que una pequeña cantidad de adolescentes que miran tasas más altas de pornografía tienen relaciones sexuales más tempranas, así como estereotipos de género y relaciones sexuales que son menos afectivas que sus pares».

El mayor problema es que muchos jóvenes no saben si lo que ven es falso o verdadero. Para muchos, la pornografía describe de alguna manera cómo funciona el sexo y el placer. En una encuesta realizada en el 2016 en Inglaterra, de los 1001 niños de 11 a 16 años que fueron encuestados, la mitad dijo que ha visto pornografía, 53 % de los hombres y el 39 % de las mujeres dijeron que era realista.

La realidad es que muchos jóvenes ven la pornografía como guía práctica y como fuente confiable sobre cómo vivir su sexualidad. En una investigación sobre el tema, Emily F. Rothman descubrió que «los adultos jóvenes tenían más probabilidades de informar que la pornografía era la fuente de información más útil sobre cómo tener relaciones sexuales». El artículo del NYT muestra esta realidad a través del testimonio de un joven quien dice que «no hay otro lugar para aprender sobre sexo y las estrellas porno saben lo que están haciendo». Y es que, en Estados Unidos, 26 estados no exigen educación sexual en su plan de estudios y en aquellos estados que sí la exigen, la educación sexual se basa en gran manera en la abstinencia. Sólo 13 estados requieren que el material sea científicamente preciso.

Es por eso que la educación integral en sexualidad debe incluir las telecomunicaciones y cómo utilizarlas de manera segura. Los estudiantes se merecen tener acceso a una educación sexual realista, libre de prejuicios, y en sintonía con las emociones y etapas que atraviesan.

Los beneficios de la educación integral en sexualidad

El reporte de la UNESCO afirma que los programas de educación sexual con base en currículo mejoran las actitudes en relación con la salud sexual y reproductiva, y «un mayor conocimiento acerca de diferentes aspectos de la sexualidad, los comportamientos y los riesgos del embarazo o del VIH y otras ITS». Otros beneficios incluyen iniciación demorada de las relaciones sexuales, menor frecuencia en las relaciones sexuales, menor cantidad de parejas sexuales, menos comportamientos de riesgo, mayor uso de condones y de anticonceptivos.

En casi todos los programas EIS que fueron estudiados por la UNESCO para la elaboración del reporte demuestran incremento en el conocimiento acerca de los diferentes aspectos de la sexualidad y sus riesgos. En aquellos que se enfocan en la postergación de la actividad sexual no son capaces de lograr su objetivo. Segun el reporte «se ha demostrado que los programas que promueven exclusivamente la abstinencia no son eficaces en demorar la iniciación sexual, reducir la frecuencia de las relaciones sexuales o reducir el número de parejas sexuales». A diferencia de los programas mixtos que se enfocan en la abstinencia, pero hablan del uso del condón y anticonceptivos que sí son eficaces.

La UNESCO concluye que para crear una educación integral en sexualidad se necesita empezar por:

  1. Involucrar a expertos en sexualidad humana, cambio de conductas y teoría pedagógica relacionada.

  2. Involucrar a jóvenes, padres, madres y miembros de la familia y otras partes interesadas de la comunidad.

  3. Evaluar las necesidades y conductas sociales y de SSR de los niños y jóvenes a quienes están dirigidos estos programas, con base en sus capacidades evolutivas.

  4. Evaluar los recursos (humanos, de tiempo y financieros) disponibles para desarrollar e implementar currículos.

El desarrollo de contenidos debe:

  1. Centrarse en objetivos, resultados y aprendizajes clave claros, para determinar el contenido, el enfoque y las actividades.

  2. Cubrir temas en una secuencia lógica.

  3. Diseñar actividades que estén orientadas al contexto y promuevan la reflexión crítica.

  4. Abordar habilidades de consentimiento y para la vida.

  5. Proporcionar información científicamente correcta acerca del VIH y otras ITS, la prevención del embarazo, el embarazo precoz y no planificado y la eficacia y disponibilidad de diferentes métodos de protección.

  6. Examinar cómo las experiencias biológicas, las normas culturales y de género afectan la manera en que niños y jóvenes experimentan y exploran su sexualidad y su SSR en general.

  7. Abordar los riesgos específicos y factores de protección que afectan determinadas conductas sexuales.

  8. Abordar cómo manejar determinadas situaciones que podrían llevar a la infección por el VIH, otras ITS, las relaciones sexuales no deseadas o sin protección o la violencia.

  9. Examinar actitudes individuales y normas del grupo de pares en relación con los condones y la gama completa de anticonceptivos.

  10. Proporcionar información acerca de cuáles servicios están disponibles para abordar las necesidades de salud de niños y jóvenes, especialmente sus necesidades de SSR.

En América Latina y el Caribe, los ministros de salud y educación se comprometieron en el 2008 a implementar «las estrategias multisectoriales de la EIS y la promoción de la salud sexual, incluida la prevención del VIH y otras ITS». Aún así, a más de 10 años, México ocupa el primer lugar en embarazos adolescentes.

La iniciativa “Mira Que Te Miro” que monitorea el avance del cumplimiento de este compromiso, demuestra que México cumple en un 70 % en lo que se refiere al marco legal, político y pragmático, pero no mide su implementación. La iniciativa destaca que el país tiene grandes desafíos pendientes en educación integral en sexualidad, rendición de cuentas y atención especializada a víctimas de violencia de género. En la rendición de cuentas, por ejemplo, México no cuenta con algún «mecanismo específico de rendición de cuentas».

Como explicó Emily F. Rothman para el New York Times, hoy en día la familia o los profesores no son la única fuente de información sobre sexualidad. Cada vez más jóvenes voltean a la tecnología para obtener respuestas y buscar una guía. Los gobiernos y las instituciones educativas deben empezar a enfocarse en proveer una educación integral en sexualidad para prevenir que sigan cayendo en acciones riesgosas, como contraer enfermedades de transmisión sexual, embarazos, violencia entre otros.

Cuéntanos ¿qué opinas de la educación integral en la sexualidad? ¿Qué temas crees que deberían incluir? Deja tus respuestas en los comentarios.

https://observatorio.tec.mx/edu-news/la-importancia-de-la-educacion-sexual

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El cambio climático es una amenaza para la educación

Por: Paulette Delgado

Los efectos del cambio climático se sienten alrededor del mundo, sin embargo, en la mayoría de las discusiones se ignora el impacto que tiene en la educación.

Los estragos del cambio climático se están sintiendo en todo el mundo. Desde olas de calor y sequías hasta grandes incendios, ciclones y aumento del nivel del mar, es imposible negar que el futuro ya está aquí. Según un nuevo Reporte del Estado del Clima en América Latina y El Caribe 2020 de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), tan sólo en América Latina y el Caribe, se perdieron más de 312,000 vidas y más de 277 millones de personas se vieron afectadas entre 1998 y el 2020.

Muchos de los impactos del calentamiento global ya son irreversibles, y aunque se habla mucho de cómo el cambio climático ha afectado sectores como la agricultura, un tema igual de importante es el de la educación. No sólo porque es importante enseñar cómo atenuar y remediar sus efectos, y sensibilizar a las personas sobre las cuestiones relativas al desarrollo sostenible, sino también porque es una área que se ha visto gravemente afectada por estos cambios.

Los impactos del cambio climático en la educación

Cuando se trata de cambio climático, las necesidades educativas son invisibles en la mayoría de las discusiones. Los países normalmente no incluyen temas educativos al hablar de las acciones a tomar, no consideran cómo éste puede interrumpir el proceso de aprendizaje de los estudiantes. Muchas escuelas han sido destruidas o han tenido que cerrar en respuesta a incendios, calor extremo, inundaciones y otros desastres naturales que son cada vez más frecuentes. Además de destruir los caminos hacia las escuelas al tumbar puentes o carreteras y materiales de aprendizaje. Estas pausas han afectado el aprendizaje y la salud física y mental de los estudiantes. En otros casos, personal académico, estudiantes y familias se han lesionado o incluso fallecido como consecuencia de estos fenómenos naturales, lo que podría tener consecuencias devastadoras para la educación a largo plazo.

La crisis climática afecta la calidad del aire, el acceso a agua potable, la producción de alimentos y una vivienda segura, lo que sólo aumenta el ausentismo, la deserción y amenazan el aprendizaje, además que impactan negativamente en el bienestar y la seguridad de los estudiantes. Con este contexto, los sistemas educativos deben adaptarse para proteger a los estudiantes de tales casos, especialmente a los más vulnerables. Todos estos impactos, directos o indirectos, deben ser considerados en las discusiones del cambio climático y buscar cómo brindar acciones efectivas y preventivas.

Los efectos ya se están sintiendo. Según una encuesta representativa a nivel nacional de educadores estadounidenses realizada por el EdWeek Research Center, uno de cada cuatro maestros, directores y líderes distritales de Estados Unidos confirman que el cambio climático ha afectado su escuela o distrito hasta cierto punto. Un 18 % respondió que, si bien, aún no han sido afectados, ven los impactos como una amenaza inminente. Aún así, la mayoría de los distritos escolares de Estados Unidos no han tomado ninguna medida para prepararse ante cualquier desastre natural o golpes de calor. La respuesta más popular sobre el motivo de esta inacción es que el 36 % de los líderes escolares y distritales consideran que sus instalaciones están ubicadas en áreas que no esperan que sean afectadas por el cambio climático en el futuro cercano.

Creer que el cambio climático sólo afecta ciertas áreas geográficas sólo demuestra el malentendido sobre cómo los cambios en los patrones climáticos afectan y afectarán a todos. Panmao Zhai, copresidente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) dijo a la ONU que “el cambio climático está afectando cada rincón del planeta de múltiples formas. Los cambios que experimentamos aumentarán con el incremento del calentamiento”.

Uno de los primeros ejemplos de cómo ningún lugar está exento fue el famoso “día cero” en la Ciudad del Cabo, Sudáfrica. A finales del 2017, la capital de Sudáfrica enfrentó una escasez de agua a tal punto que se amenazaba que llegarían al “día cero” donde su población de cuatro millones de personas se quedarían sin agua. Más allá de ser un inconveniente, esta situación se volvió una amenaza para la salud, higiene y el funcionamiento de la ciudad.

Durante esta época, se decidió que las escuelas debían permanecer abiertas ya que, para los gobernantes que tomaron esta decisión, los estudiantes deben poder aprender a pesar de las circunstancias. Incluso, la entonces primera ministra del Cabo Occidental, Helen Zille, declaró que su trabajo “es asegurarnos de que las escuelas permanezcan abiertas y operativas, con un suministro de agua alternativo adecuado para hacerlo”.

El Departamento de Educación de Western Cape (WCED) pensó en el peor de los casos y analizaron la capacidad de cada escuela de obtener y almacenar suministros de agua para poder satisfacer lo que ellos consideraron las tres necesidades principales: higiene, seguridad contra incendios y agua potable. Aún así, gran parte de la carga la tenían las madres, padres y familiares, ya que se les pedía que enviaran a sus hijos a la escuela con agua.

Un artículo de Daniella Cheslow publicado en 2018 por National Public Radio (NPR), reunió la opinión de varios ciudadanos enfrentando la situación, entre ellos Yoliswa Qomoyi, directora de una escuela primaria. Ella compartió que colocó cubiertas y candados sobre grifos exteriores y cerró todos los lavamanos menos uno en cada uno de los baños para cumplir con las restricciones, además de pedir a las familias que mandaran a los niños con agua.

La ciudad también respondió mandando camiones cargados con galones de agua así que cuando era el turno de la escuela de Qomoyim, los estudiantes formaban una cadena para pasar envases llenos de agua a sus compañeros, quienes lo llevaban a donde la almacenaban. El artículo también mencionó los casos de Hlomla Myendeki, de 12 años, quien tenía que caminar más de una milla para llegar a la escuela cargando agua desde su casa. Por su parte, Awonke Matinise, de la misma edad, confesó que la escasez de agua dificulta su aprendizaje. «A veces tengo sed y me doy cuenta de que no hay agua en nuestra escuela», dijo para NPR. «Así que solo tengo que quedarme allí y escribir».

Actualmente, la ciudad de Monterrey, en Nuevo León, México (donde se ubica el Observatorio y de donde es originario el Tec de Monterrey) está enfrentando una situación similar a la vivida en Ciudad del Cabo. La escasez de agua es tan grave que este pasado lunes 20 de junio, Sofialeticia Morales, Secretaría de Educación de Nuevo León dijo que “no se podrá garantizar el abastecimiento de agua potable en las escuelas” por lo que la asistencia no fue obligatoria. El pasado 3 de junio, Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey anunció que sólo habrá agua de 4:00 a. m. a 10:00 a. m. todos los días, lo que obligó a las escuelas a modificar sus horarios para adaptarse.

La UNESCO reconoce que la educación es crucial para atender la crisis climática ya que “ayuda a las personas a comprender y abordar los impactos de la crisis climática, brindándoles el conocimiento, las habilidades, los valores y las actitudes necesarias para actuar como agentes de cambio”. Y organismos como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el Acuerdo de París y la agenda de Acción para el Empoderamiento Climático (ACE), coinciden y reconocen la importancia de la educación y la formación para hacer frente al cambio climático. Sin embargo, ignoran que esta área también está siendo afectada fuertemente por el cambio climático y los desastres naturales. Tan sólo en la región de América Latina y el Caribe 277 millones de personas se vieron afectadas por el cambio climático en los últimos 22 años. Y se espera que si la crisis climática continúa empeorando, será una de las regiones más afectadas.

Es momento de hablar de educación no sólo como una manera de hacer frente al cambio climático, sino también como un área fuertemente afectada.

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