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Qué mascarillas deben usar niñas y niños y cómo evitar problemas por su uso prolongado

Por: Pablo Gutiérrez del Álamo

  • Dentro de unos días se abrirán las puertas de colegios e institutos. Si todo sale bien, niñas, niños y adolescentes van a pasar muchas horas al día con las mascarillas puestas. Esto puede suponer o agravar situaciones relacionadas con la piel, entre otros problemas. De la mano de la Asociación Española de Pediatría vemos de qué manera solventarlos y aclaramos qué tipo de mascarilla es mejor en según qué situaciones.

Hace unos días, en la Comisión de Educación del Congreso, durante la comparecencia de la ministra de Educación y FP se planteó que el curso escolar va a comenzar con muchas preguntas e incertidumbres. Entre ellas se encuentra qué tipo de mascarillas han de usar niñas, niños y adolescentes. Una diputada de la oposición le echaba en cara a Isabel Celaá que, a pocos días o semanas de comenzar, desde el Ministerio no se había hecho ninguna aclaración al respecto.

Si se hace una búsqueda en internet en relación a esta cuestión, puede comprobarse que ya el Ministerio de Consumo publicó una guía en la que se daban recomendaciones sobre la compra y uso de mascarillas en menores. El texto dice lo siguiente:

“En caso de utilizar mascarillas, niños y niñas sanos a partir de 3 años deben usar mascarillas higiénicas acordes a cada rango de edad. Existen tres tallas, acordes a cada rango de edad, entre los 3 y los 12 años. Recuerda, además, que es importante que un adulto supervise la colocación, el uso y la retirada de las mascarillas. Niños y niñas positivos por COVID-19, con síntomas o asintomáticos positivos deben usar preferentemente mascarillas quirúrgicas o higiénicas con especificación UNE”.

En cualquier caso, hemos lanzado algunas preguntas a Esther Serrano, responsable de Familia y Salud (el portal de divulgación de la Asociación Española de Pediatría), para conocer más detalles sobre qué mascarillas deben utilizar niñas y niños, ahora que, si la situación que lo impide, tendrán que llevarlas durante muchas horas al día.

Efectos de llevar muchas horas la mascarilla

Para la doctora Serrano, si se toman algunas precauciones básicas, se pueden limitar los posibles efectos que el hecho de llevar muchas horas la mascarilla puesta pueda suponer para el alumnado. Aunque asegura que los problemas más habituales se han podido ver en el personal sanitario después de pasar hasta 12 horas con estas protecciones, hay que tener en cuenta, principalmente, a niñas y niños que tengan algunos problemas de piel previos, como pudiera ser el acné o las pieles atópicas.

La pediatra enumera algunos de los problemas que pueden surgir como el empeoramiento de las dermatitis atópicas, eczemas detrás de las orejas por las gomas, eczemas o dermatitis por causa de los materiales utilizados en la fabricación de las mascarillas, dolor de cabeza o dificultad para respirar según la mascarilla que utilicen, sequedad de la piel, infección por hongos por culpa de la humedad en la zona… La doctora asegura, en cualquier caso, que el uso de mascarillas no produce «problemas pulmonares y cardíacos, ni falta de oxígeno. Están diseñadas para poder respirar normalmente».

Para hacerles frente, Esther Serrano recomienda el uso de material homologado por se de mayor calidad y ser más seguras; evitar tejidos sintéticos; limpiar la cara antes y después de usar la mascarilla; evitar el maquillaje cuando se lleve puesta (en el caso de adolescentes); hidratar la piel con cremas emolientes; evitar que las gomas estén demasiado apretadas; evitar la humedad cambiando la mascarilla cada cuatro horas y, en la medida de lo posible, hacer descansos; lavar con frecuencia las mascarillas reutilizables y no más de un día las desechables…

Qué mascarillas

Pues como casi todo, depende. En el caso de menores que no tengan síntomas o estén sanos, Esther Serrano recomienda las mascarillas higiénicas homologadas ya que «nos ofrecen más garantías que los ‘arreglos caseros’», asegura. Estas pueden ser reutilizables o de un solo uso.

Este tipo de mascarillas, explica la pediatra, de tela, son suficientes para hacer de barrera, no es necesario que lleven filtros y se evita generar más residuos.

Eso sí, hay que asegurarse de que tienen la calidad necesaria. Hay que observar el etiquetado para evitar problemas posteriores. En este sentido, Serrano señala que las mascarillas higiénicas reutilizables cumplen con la norma UNE 0065:2020, lo que supone que tendrán una filtración adecuada y, además, permiten respirar con ellas sin problemas. Tanto para adultos como para niñas y niños. En el caso de las higiénicas desechables, para este último grupo de edad, habrá que buscar la identificación de la norma UNE 0064-2:2020 para estar seguros. En el caso de las mascarillas quirúrjicas, la referencia es UNE EN 14683. En el caso de niños con cáncer, fibrosis quística, inmunosupresión u otra patología crónica, lo recomendable es que utilicen máscarillas quirúrgicas o las N95 cuando lo indique su médico.

Aunque es una obviedad, nunca está demás volver a decirlo. Las mascarillas de un solo uso deben desecharse tras utilizarlas. En el caso de las reutilizables, habrá que atender a las indicaciones del fabricante sobre el método de lavado y cuál es el número máximo de estos.

A esto, Serrano añade que «es preferible elegir las mascarillas que no incluyan látex, y preferiblemente las que utilicen orgánico con certificado OEKO-TEX, porque garantiza que el material usado está exento de sustancias nocivas».

Las mascarillas deben tener la talla idónea según el rango de edad, de 3 a 5 años; de 6 a 9, y de 10 a 12. A partir de los 12, Serrano aclara que deben utilizarse las mismas mascarillas que las personas adultas, según indicaciones de la OMS y de Unicef.

En el caso de menores que sí tengan síntomas como fiebre, tos, estornudos, diarrea, vómitos, etc. o han dado positivo en Covid-19, deben utilizar mascarillas quirúrgicas. También deben hacerlo en el caso de que sean contactos estrechos de personas confirmadas como infectadas que se encuentren en su domicilio, durante el periodo de cuarentena que habrán de pasar.

Más allá de otras consideraciones, aseguran las y los pediatras, el uso de la mascarilla no debería eximir de las otras medidas de seguridad, es decir, mantener las distancias interpersonales así como una buena higiene de manos regularmente.

Fuente e imagen tomadas de: https://eldiariodelaeducacion.com/2020/09/03/que-mascarillas-deben-usar-ninas-y-ninos-y-como-evitar-problemas-por-su-uso-prolongado/

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Los datos de abandono temprano ocultan grandes diferencias por género

Por: Pablo Gutiérrez del Álamo

  • La brecha entre chicos y chicas en relación al abandono temprano se ha ido reduciendo en las últimas décadas, pero mientras ellas han cumplido, desde 2016, el objetivo europeo para 2020 del 15 % (en algunas autonomías están por debajo del 10 incluso), los chicos están todavía por encima del 21 %.
  • Algunas expertas apunta, por una parte, a la estructura del sistema productivo, con grandes nichos de trabajo no cualificado masculinizado y, por otra, a la socialización de unas y otros en relación a la educación.

El abandono escolar temprano, uno de los peores indicadores del sistema educativo español, se encuentra, según las últimas cifras oficiales, en el 17,3 %, dos puntos por encima del objetivo europeo fijado para España este año. Su evolución en los últimos años, sobre todo tras comenzar la crisis económica de 2008, ha sido un continuo descenso en prácticamente todos los territorios.

Pero las medias siempre ocultan más información de la que muestran. Las diferencias territoriales son abismales. Desde el 6,7 % de País Vasco (3,3 puntos por debajo del 10 % fijado por la Unión Europea para 2020) hasta más del 24 % en el que se encuentran Ceuta, Melilla y las Islas Baleares.

Siete comunidades autónomas se encuentra por encima del 15 %: Andalucía (21,6 %), Baleares (24,4 %), Canarias (20,8 %), Castilla-La Mancha (20,2 %), Cataluña (19 %), Extremadura (20,5 %) y Región de Murcia (22,6 %). A estas hay que sumar las dos ciudades autónomas: Ceuta con un 24,7 % y Melilla, con un 24,1 %.

El resto se encuentran por debajo. Unas más y otras menos. Pero ya en 2019 consiguieron alcanzar los objetivos marcados.

Y, también históricamente, se ve claramente la división entre norte y sur en la disposición del abandono, así como su incidencia en los territorios de Levante. Un histórico del que tan solo la Comunidad Valenciana se libra tras una importante reducción del AET entre 2018 y 2019. Extremadura, Castilla-La Mancha, Andalucía, Murcia, Cataluña, Islas Baleares y Canarias lideran el ranking de las autonomías con peores porcentajes.

Porcentaje de AET por CCAA en 2019

El abandono va por géneros

Más allá de otras variables que impactan en el abandono, como podría ser el índice socioeconómico de las familias, se encuentra la del género. Las chicas, de media, alcanzaron los objetivos europeos allá por 2016, cuando en el conjunto del país habían conseguido descender sus porcentajes de AET hasta el 15,1 %.Según los últimos datos, de 2019, siguen el camino hacia el objetivo común del 10 %, pues se sitúan a 3 puntos porcentuales.

Tan solo las jóvenes de Islas Baleares, de Canarias y de la Región de Murcia están por encima, con unas cifras, respectivas, de 20,3, 16,7 y 16,3 %. En la otra punta de la tabla, las estudiantes de Navarra, que en 2019 tenían una tasa de abandono temprano del 4,3 %, bastante por debajo de las siguientes, las de Aragón, con un 8 %.

Pero las diferencias más importantes, en este sentido, son las existentes entre ellas y ellos. Cuando la media de chicas jóvenes está en el 13 %, la de sus compañeros varones es del 21,4 %. Esta no es una nueva circunstancia, ya que desde hace muchos años las diferencias entre unas y otros son más o menos importantes. Cinco años atrás, los datos de 2014 reflejaban un AET entre los chicos del 25,6 %, mientras que entre sus compañeras era del 18,1. Una diferencia de unos siete puntos porcentuales que se ha mantenido constante en estos años.

Frente a las cifras de abandono de las chicas, en su mayor medida, por debajo de los objetivos marcados para España desde la Unión Europea, se encuentran los datos de sus compañeros. En algunas CCAA, como País Vasco, estos son el doble que el de sus compañeras (a pesar de los cual, ambos están por debajo de los parámetros exigidos por Europa, no solo a España, sino al continente).

La pregunta del millón sigue sin respuesta. O, al menos, sin una única respuesta. Alìcia Villar, doctora en Sociología y profesora de la Universidad de Valencia, sí tiene más o menos claras dos grandes causas. Por una parte, las más pedestres, relacionadas con elementos que empujan al alumnado fuera de las aulas. Y aquí, el mundo del trabajo (y el de conseguir ingresos), del no cualificado en concreto, se lleva la palma. Según ella, hay más oferta laboral no cualificada en sectores netamente masculinizados. Todos tenemos en la cabeza cómo afectó la crisis de 2008 al sector de la construcción y cómo pocos meses después de que estallara la burbuja inmobiliaria las cifras de abandono escolar temprano comenzaron a descender de manera regular.

El factor productivo es uno de los que más fuertemente han influido tanto en el aumento como en la reducción del abandono. Esto puede verse en algunas comunidades autónomas, las que más peso tienen en el índice de AET. Baleares, Andalucía, Valencia, Cataluña o la Región de Murcia. Autonomías en las que el sector turístico y el agrículo tienen mucho peso. Ambos, comenta María del Mar Venegas, también socióloga de la educación, de la Universidad de Granada y experta en coeducación, masculinizados.

La construcción es uno de tantos sectores en los que los chicos han encontrado históricamente un nicho de trabajo que no exigía cualificación alguna. Pero esto no puede explicarlo todo. Para Villar, la socialización de género es uno de los factores determinantes en el hecho de que las chicas sean menos en las estadísticas de abandono temprano. Una socialización, explica, que de forma más o menos difusa, les deja claro que deben acomodarse al sistema educativo, han de hacer carrera en sus estudios porque les será más complicado entrar en el mercado de trabajo que a sus pares varones.

Mª del Mar Venegas, aunque su campo no es el directamente relacionado con el abandono temprano, está preparando un estudio sobre el tema. Para ella, es importante ver cómo ha sido la evolución de la entrada de la mujer en el sistema educativo y cómo desde mediados del siglo XX han ido entrando, con mucho esfuerzo, en cada vez más niveles de la educación, incluida la universitaria. En este senido, un mayor nivel educativo, explica esta profesora, habre las posibilidades a mayores expectativas laborales. También apunta a otra variable, y es la de la identificación de las familias con el propio sistema educativo y con lo que este puede ofrecer de cara al futuro.

Teniendo en cuenta este recorrido de las chicas y los chicos por la educación, pueden también compararse las tasas de idoneidad de unas y otros, es decir, cuánto repiten curso. Según el informe Datos y Cifras del curso 2019-2020 editado por el Ministerio, al finalizar la primaria, los chicos acumulan un 17 % de repetición, frente al 12,8 de ellas. Cuando comienza la secundaria la brecha se abre de verdad. Cuando llegan a cuarto de ESO, el 44,7 % de los adolescentes ha repetido algún curso. Ellas lo habrán hecho en el 31,1 %, casi 15 puntos porcentuales menos.

«Cuando te ponen la etiqueta, resume Villar, te marcan la trayectoria». Lo dice en referencia a cómo las chicas enfrentan el aprendizaje, el paso por la escuela. Qué expectativas se tiene de ellas frente a ellos. «Ellas son más conscientes de la necesidad de estudiar más, porque va a resultar más difícil», después, alcanzar según qué puestos. «Saben que pueden arriesgar menos». Otra de las diferencias en la socialización de niñas y niños. Algo que Villar ejemplifica con las tasas de muertes adolescentes de unos y otras.

Algo que secunda Venegas y señala el hecho de que después de tantos años de trabajo en relación a la coeducación y la igualdad, cuando se cruza el discurso con los datos de abandono temprano o con los estudios que realizan unas y otros, se ve lo refractaria que puede llegar a ser la sociedad en algunos aspectos.

Pendiente queda una mayor investigación sobre la influencia que tiene la socialización en los roles de género en los resultados y la perviviencia en el sistema académico de unos y otras.

Fuente e imagen tomadas de: https://eldiariodelaeducacion.com/2020/07/14/los-datos-de-abandono-temprano-ocultan-grandes-diferencias-por-genero/

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Diferencias autonómicas en la escolarización en educación infantil

Por: Pablo Gutiérrez del Álamo

El Sistema Estatal de Indicadores del Ministerio de Educación muestra importantes diferencias en la escolarización en el tramo de educación infantil desde el curso 2007-2008 al curso 2017-2018. Casi la mitad del país apuesta por más escuela pública, la otra está cediendo terreno a la concertada y la privada a lo largo de esta década.

España hay quien dice que tiene 17 sistemas educativos. En el caso de dónde se escolariza a las criaturas de 0-6 la cosa podría simplificarse. Hay dos modelos. Los de las autonomías que han ido aumentando (en mayor o menor medida, o con más ímpetu o menos) la escolarización en centros públicos y las que han hecho lo contrario.

Hace unos días el Ministerio de Educación y Formación Profesional publicaba la última edición, hasta el momento, del Sistema Estatal de Indicadores de la Educación. Un enorme compendio con miles de datos sobre el sistema educativo. La edición de 2020 se refiere a los números del curso 2017-2018. Hemos querido darnos una vuelta por estos datos y compararlos con los de otras dos ediciones, la de 2015 (curso 2012-2013) y la de 2010 (curso 2007-2008) para ver cuáles han sido algunas de las elecciones de los territorios en relación a la educación infantil.

En cifras generales, en el curso 2007-2008, había en España 18.309 centros de educación infantil (sumando ambos ciclos), de los que 12.559 eran públicos y el resto (5.750) eran privados. Los públicos suponían el 68,6%. Diez años después, el total era de 24.276. Los públicos suponían entonces el 63%. La causa es el aumento de centros privados, que pasaron en una década de 5.750 a 8.991.

Las que bajan

Hay siete comunidades autónomas que en esta década han apostado por disminuir el peso de la educación infantil pública. En la cabeza de este ranking se encuentra Andalucía. Diez años antes estaba entre las que más escolarización pública del 0-6 tenía, con el 73,4%; hoy está en el 65,6%. En este tiempo, la población escolarizada ha crecido un 24,2%, desde los 284.039 a lso 353.449 niños y niñas. La gran beneficiada ha sido la escuela concertada, que ha pasado de ser el 16,2% al 29,2%, mientras que la privada ha pasado del 10,4% al 5,2. Exactamente la mitad.

Canarias le sigue la estela. El archipiélago ha pasado de escolarizar en la pública al 73,4% a que ahora sean el 66,5%. Bien es cierto que la población ha bajado en casi 1.000 criaturas, hastas los 60.285. En el caso de las islas han sido la privada la que ha absorvido al estudiantado al pasar del 7,2% al 15,1%, más del doble. Mientras, la concertada se ha mantenido entre el 19,4 de 2007 y el 18,4 de 2017.

La Comunidad Valenciana también ha apostado en esta década por la privada, que pasa del 11,8% de escolarización, al 18,3%, seis puntos y medio más. Su población total escolarizada en la etapa ha crecido en este tiempo en 9.000 niñas y niños, alrededor de un 5,4%, mientras que el porcentaje que estaba en centros públicos ha pasado del 64,7% al 60,3%.

Muy similar es el caso de Castilla-La Mancha. En la comunidad han aumentado un 19% los niños y niñas de educación infantil escolarizados (12.200 niños más) al tiempo que la escolarización en centros públicos bajaba en 4,5%, del 80,9 al 76,4%. Es cierto que las cifras de esta autonomía están entre las más altas en relación a la escuela pública, aunque cabe destacar esta disminución, así como la subida de la privada desde el 2,6 al 8,7%, más del triple en 10 años.

La apuesta de las CCAA en las que baja la escolarización en la pública por la privada parece evidente. A las anteriores habría que sumar Galicia, con 2,7 puntos porcentuales menos en la pública con un incremendo de población del 17% (13.000) y con un peso de la privada que va del 6,7 al 11,7% en el curso 2017-2018.

Navarra, por su parte, tiene una población prácticamente inalterada en el 0-6 durante esta década, a pesar de lo cual su escuela pública ha perdido peso, 3,4 puntos, desde el 70,2 al 66,8%. En mitad de este periodo, en el curso 2012-2013 la situación era más acusada, con un porcentaje del 64,5. En este tiempo, la privada ha pasado de escolarizar al 0,1% de las criaturas de 0-6 años a un 4,2%.

La última de las comunidades autónomas que han bajado sus datos de escolarización en centros públicos es Murcia. La Región ha pasado del 68,7% al 65,6. Lo que diferencia a Murcia es que ha perdido alumnado de esta etapa, y ha pasado de atender a 59.933 niños y niñas a 58.033. La privada y la concertada han aumentado ligeramente sus porcentajes de escolarización.

Las que suben

En el otro lado se encuentra Cataluña. Es la autonomía que más claramente apuesta por aumentar la escolarización pública en el 0-6. En el periodo de 2007-2008 a 2017-2018, ha perdido unos 7.700 alumnos de estas edades, pero ha aumentado el porcentaje de los que están matriculados en la escuela pública. Ha pasado del 61,8% al 65,5%. Una cifra que ha salido de la escuela concertada.

Algo parecido, pero lejos de las cifras de la anterior, ocurre en Cantabria. La Comunidad ha aumentado la escolarización pública del 66,8% hastsa el 71,6% (4,8 puntos) en un momento en el que la población escolar era muy estable. Ha pasado de 17.965 a 18.018, aunque en el curso 2012-2013 alcanzó los 20.485 alumnos. La caída en la privada y la concertada es muy similar, en torno a los 3 y 2 puntos, respectivamente.

Castilla y León mantiene una regularidad grande en el histórico. Crece ligeramente en la pública (0,4 puntos porcentuales más de escolarización), aunque pierde en el total cerca de 1.100 alumnos. Aunque en 2012-2013 había 6.000 niños y niñas más que acabaron matriculados en centros privados. La pública subió 0,3 puntos porcentuales y la concertada, 2,2.

De forma similar pasó con Asturias. Ha pasado de un porcentaje de escolarización pública del 69,4% al 72,1. En medio estaba en el 69%, cuando la población total pasó de 24.361 a 28.370. Fue la privada la que absorvió este crecimiento de 4.000 criaturas.

Entre el resto de las comunidades autónomas que mejora las tasas hay dos bloques. Euskadi y Madrid tienen ligeros aumentos de escolarización en la pública (1,2 y 1,8 reseptivamente) con incrementos de población escolarizada del 6% para Madrid y del 0,8 para País Vasco.

Aragón aumenta 3,5 puntos porcentiuales la escolarización y un 2,2% el de niñas y niños de 0-6 años. Ha pasado del 61,5% al 65. Mientras su concertada se ha quedado como estaba en 2007 (más o menos en el 21%), la privada ha pasado del 17,4 al 13,5%.

Baleares ha vivido un aumento de 3,5 puntos porcentuales en la escolarización en la pública y un aumento de la población de estas edades de un 12% durante este periodo. La concertada es la que pierde más porcentaje, frente a la subida de la pública y de la privada, que pasa del 7,7 al 9,9.

Extremadura es otra de las autonomías en las que ha aumentado, porcentualmente, el número de niñas y niños en educación infantil, con un incrementeo de 3.500 (alrededor del 11% más que en 2007-2008). El porcentaje de quienes están en la pública ahora es el 81% (frente al 76,1 de 2007); un incremento que ha salido, principalmente, de la concertada.

Caso a parte es el de La Rioja. Ha mantenido estable su escolarización en la pública, al menos, porcentualmente, en el 61,6% (venía del 61,5). La Comunidad ha sufrido un importan incremento de la escolarización global en la etapa, ya que ha pasado de tener 9.714 niños y niñas a tener 11.853. Su apuesta ha sido, en este caso, la escuela privada, puesto que ha pasado de acoger al 6% de la infancia a que ahora sea el 13%. La concertada ha visto caer su escolarización en 7,2 puntos porcentuales.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/2020/06/25/diferencias-autonomicas-en-la-escolarizacion-en-educacion-infantil/

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Que nadie se quede atrás: dificultades en los márgenes del sistema

Por: Pablo Gutiérrez del Álamo

La pandemia se ha cebado con quienes más complicado lo tienen en general. Falta de dispositivos, poca conectividad, familias en la cuerda floja o situaciones personales muy duras, se mezclan en los márgenes del sistema educativo, en las sombras de lo «ordinario». Hablamos de aulas de enlace, de centros de inserción laboral o de escuelas de segunda oportunidad.

A las pocas semanas del decreto del estado de alarma pareció que buena parte de la sociedad se diera cuenta de que había una brecha digital importante en el país. La ministra, Isabel Celaá la cifraba, según los datos del INE, en torno al 10 o 12 % del alumnado. Quienes no tenían dispositivos electrónicos que facilitasen o, siquiera, permitiesen la continuidad de la enseñanza a distancia.

Pero este porcentaje es solo una media, no entiende de matices. Y en no pocas ocasiones, puede suponer, en realidad, el 80 o el 90 % de la población de un centro educativo.

La pandemia ha hecho saltar las costuras del sistema. Unas costuras que quedaban tapadas con la educación presencial que, en mayor o menor medida, podía hacer frente de un modo más eficaz a lo que subyace a la brecha digital, que es la social, la económica, la cultural.

Y estas costuras pueden verse más abiertas y rotas precisamente en los márgenes del sistema. Aquello que no es lo ordinario y cotidiano, a veces forma parte de la enseñanza obligatoria; en otros casos, la postobligatoria.

Hemos hablado con dos personas que trabajan en la Comunidad de Madrid. Ninguna quiere que se den demasiados datos identificativos para así evitar posibles problemas con la Administración educativa. Una de estas personas, a la que llamaremos Juan, trabaja en lo que se conoce como un ACE, es decir, un aula de compensación educativa. Están diseñadas para escolarizar a chicas y chicos de 15 años, en sus últimos meses de educación obligatoria.

Son lugares en los que se mezcla la enseñanza de materias troncales, como lengua o matemáticas, adaptadas a sus necesidades y sus conocimientos, junto a otras enseñanzas de ‘taller’, relacionadas con ciclos formativos. Estas también son muy iniciales y pretenden abrir una posible vía para continuar la escolarización en la FP. El perfil del alumnado es variado, pero comparte situaciones familiares, socioeconómicas y educativas complejas. Son las personas que el sistema ordinario centrifuga. Como la Administración está obligada a su permanencia en un centro educativo, van a un ACE.

La otra persona, llamémosla Elvira, trabaja en una UFIL, unidad de formación e inserción laboral. Entre su público se encuentran personas que pueden venir de un ACE, pero no solo. También hay jóvenes mayores de edad, migrantes recién llegados, personas peticionarias de protección internacional, chicas y chicos que no sabían muy bien dónde ir y acabaron en una… Tantas realidades como personas. Hacen también clases de materias troncales y buena parte del resto, talleres: jardinería, fontanería, peluquería, carpintería…

Para salvar la situación han tenido, como casi todo el mundo, que hacer de todo. Utilizar sus teléfonos móviles para comunicarse por WhatsApp con su alumnado, imprimirles las tareas y llevárselas a casa en las semanas de mayor confinamiento (ahora chicas y chicos pueden acercarse al centro para recoger este material)… Han tenido que buscar donaciones particulares para ceder tablets a algún alumno… De la Comunidad de Madrid, nos dice una de estas personas, solo han recibido medidas imprecisas relacionadas, además, con alumnado de bachillerato.

Sin dispositivos, sin cercanía

«Han perdido la cercanía», nos dice Juan. El contacto y la socialización con sus compañeros y con docentes que les escuchan y les atienden. Elvira, dice, cree que este punto, precisamente, es el que ha conseguido que no ocurriese lo que ella temió al principio: que se descolgasen muchos chicos estas semanas atrás. Dice que está sorprendida porque se han mantenido las cifras de continuidad con los estudios.

Casi en la otra punta del país, en Cataluña, está Begonya Gasch. Ella, además de ser vicepresidenta de la Asociación de Escuelas de Segunda Oportunidad (centros privados que realizan una labor muy similar a la de las UFIL de Madrid), es la directora de una de estas escuelas, El Llindar.

A las dificultades habituales de todos los centros educativos, Gasch le añade el hecho de que el trabajo que hacen en El Llindar, y en todos los de la asociación, no está reconocido como una parte del sistema educativo. Se manejan vía subvención por proyectos (ni siquiera es un concierto educativo), de manera que están mirados con lupa cada vez que han de justificar. Han pasado algunas semanas complicadas, de hecho, viendo cómo justificar el trabajo que han estado manteniendo también estas semanas.

Unos días que han pasado de manera similiar: maximizar los contactos con chicas y chicos para que nadie se quedase atrás, búsqueda de donaciones para equipar a su alumnado con algunos dispositivos más allá del teléfono móvil. «Trabajamos con (las consejerías de) Educación y Empleo y no hemos recibido indicaciones ni material».

Para Begonya Gasch «se han roto las costuras» pero, a su modo de ver, «no se trata de poner parches, se trata de hacer un traje nuevo». A esto se suma la brecha digital y de conectividad. En El Llindar han dedicado mucho esfuerzo a conocer las necesidades técnicas materiales del alumnado y las familias. Un trabajo que les ha llevado bastante tiempo, porque lo que ella considera como mínimos, no lo son para su alumnado. «Un ordenador, hoy, no es un instrumento de trabajo para muchos de nuestros jóvenes y tenemos que ver qué pasa ahí». Y aunque han conseguido patrocinios empresariales para dar conectividad a 50 de sus alumnos, así como donaciones de equipos informáticos, para ella lo más importante no es esto. «Sin el vínculo, sobre todo con estos chicos que se han desenganchado y que el sistema centrifuga sistemáticamente» no se alcanzan los objetivos, por mucha tecnología que se ponga entre medias.

«Solo tres alumnos tienen conexión a Internet en casa», dice Juan. Esto es lo que les obligó a trabajar con WhatsApp. Para haccerlo, adaptaron algunos materiales «y nos envían fotos de lo que van haciendo». En el ACE en el que trabaja han intentado adaptar el contenido de las materias troncales (de ámbito, se denominan), realizando pequeños proyectos interdisciplinares. Han repasado mucho lo aprendido en los dos primeros trimestres.

Elvira relata situaciones similares: «Chicos que no tienen recursos técnicos, problemas de dispositivos, que comparten el teléfono con sus padres, con problemas de conexión o que no tienen ni casa». Y, si tienes suerte y tienes acceso a tecnología «no tienen suficiente autonomía» como para hacer el trabajo desde casa con normalidad. Ella tiene claro que cuando no hay presencialidad, al menos con cierto alumnado, «se desmoralizan, se decepcionan, se deprimen y abandonan».

Begonya Gasch también destaca esto. «No todo es la conectividad, por muy importante que sea». Si lo es «el vínculo, sobre todo con estos chicos que se han desenganchado y que el sistema centrifuga sistemáticamente». A lo que se suma, comenta, «la poca autonomía». Asegura que el «universo simbólico» de su alumnado en relación a las tecnologías «es muy reducido: con Instagram y WhatsApp tienen suficiente». En El Llindar han hecho clases por Instagram e, incluso, «patios virtuales por el móvil».

También han hecho muchas videollamadas. Asegura Juan que lo emocional ha sido una constante en sus comunicaciones, en ambas direcciones. «Es prioritario para nosotros; el acompañamiento es parte del éxito del ACE».

Curiosamente, o no tanto, el confinamiento y la obligación de comunicarse mediante WhatsApp ha supuesto un mayor acercamiento con las familias del alumnado. «No tener que hablar directamente con el personal del centro ha podido ser una ventaja».

Dónde queda la práctica

Y a las dificultades de llevar el material educativo hasta el alumnado, principalmente de la materias «teóricas», se suma la brecha cuando han de acceder a conocimientos técnicos, manuales. Los que, en buena medida, les abrirían la puerta a seguir estudiando y a conseguir una cierta seguridad en su inserción en el mundo del trabajo.

En algunos casos, como pueden ser los estudios de peluquería o cocina, han conseguido solventar, mal que bien, la situación a base de tutoriales de Internet. Han intentado también dar alguna clase a distancia pero «no es lo mismo», asegura Elvira. «Lo que necesitan es venir», asegura. «Esa es la excusa (de este tipo de centros) y eso es lo que se han perdido».

A la dificultad de llevar las enseñanzas prácticas al entorno de la casa se suma el hecho de que en mayo, por ejemplo, desde la UFIL se hacen visitas a centros de formación profesional para que el alumnado vaya pensando qué hacer cuando le toque salir. Y, comenta Gasch desde El Llindar, también está la pérdida de las prácticas que hacían con empresas dado el confinamiento.

También cree que a pesar de estas dificultades, no ha decaido el número de chicas y chicos que han estado conectados a las «clases» porque, dice, «puede que consideren las tareas como un mecanismo de estar en contacto con gente que les hace caso y les atiende».

Todo un logro teniendo en cuenta que el alumnado que ven cada año tiene unas circunstancias, en general, muy complicadas. A las que, este fin de curso, se ha sumado una buena cantidad de ERTE y las dificultades para conseguir pagar los básicos. De hecho, desde El Llindar, una de las cosas que han estado haciendo, ha sido preparar comidas para sus alumnos. Han duplicado el número de servicios este tiempo.

Próxmo curso

«Prefiero no pensarlo», confiesa Juan. Su centro no puede cumplir con las medidas de distancia social impuestas desde el Ministerio de Sanidad. No tienen espacios suficientes y sí más alumnos de los que cabrían.

Igual está Elvira. Hablamos con ella antes de que las administraciones educativas estatales y autonómicas determinasen que en vez de 2 metros de distancia de seguridad entre alumnos, se bajaría a 1,5. Peor. «El tema de los 2 metros no lo veo, nada. No quiero ni pensarlo», asegura, para decir que se centrará más en terminar el curso de la mejor manera posible. Pero ya no solo por su centro, sino en todas las etapas, especialmente, dice, en primaria. «No hay sitio, ni recursos humanos y los niños son niños. De infantil hasta la adolescencia, son etapas de mucho contacto físico, emocional… no quiero ni pernsarlo».

En El Llindar, cuenta Gasch, que están trabajando una colaboración con la UOC (la universidad a distancia catalana) para crear contenidos y metodologías online de cara a un inicio de curso en el que se pudiera combinar los presencial con lo a distancia.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/2020/06/16/que-nadie-se-quede-atras-dificultades-en-los-margenes-del-sistema

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¿Es razonable hacer tests masivos entre profesorado y alumnado para volver a clase?

Pablo Gutierrez Del Alamo

«La apertura de curso pasa por hacer test a los docentes, a los alumnos, tenemos tiempo para hacerlos». «Para cuando entren los niños al colegio, sea cuando sea, habría que hacer test masivos para niños y profesores, para todo el personal. Para conocer la realidad». «Test masivos para toda la comunidad educativa. Es una demanda». Son algunas de las intervenciones que el pasado jueves algunos diputados del Congreso realizaron durante la comparecencia de la ministra de Educación, Isabel Celaá. Su respueta: «Tendrá que hablar Sanidad. Seguimos recomendaciones sanitarias».

Los datos del estudio de seroprevalencia que se conocieron hace algunas semanas dejaban una sensación agridulde. Solo el 5% de la población había tenido una infección por COVID-19. Después de dos meses de confinamiento, con la práctica totalidad de la economía parada y con los centros educativos cerrados a cal y canto, queda un 95% de la población por entrar en contacto con la enfermedad. Decenas de miles de muertos en el camino.

Septiembre se antoja lejano, pero todas las autoridades educativas tienen la mente en ese mes y en cómo será posible hacer que el alumnado comience el curso con cierta normalidad, sea esta nueva o ya conocida.

Las portavocías de UPN, PP y EH Bildu ponían sobre la mesa en la Comisión de Educación la necesidad de realizar tests masivos entre el profesorado y el alumnado. En el caso de los dos primeros partidos, con la vista puesta a que el sistema educativo cumpla ese porcentaje que tiene de elemento de conciliación laboral. «No puede ser que estemos, decía el representante de Unión del Pueblo Navarro, con una economía y una educación paradas».

«Hay que hacer tests con una intencionalidad», asegura Encarnación Pizarro, secretaria de Salud Laboral y Medio Ambiente de la Federación de Enseñanza de CCOO. El sindicato publicó un documento la semana pasada con una serie de recomendaciones de cara a la vuelta a las aulas del alumnado. En la rueda de prensa de presentación apareció la cuestión de los test masivos a la comunidad educativa y, aunque la organización todavía está estudiando qué postura ha de tomar, no ven clara la idoneidad de esta decisión.

Pablo Suárez es médico especialista en medicina preventiva y salud pública. Ha pasado los últimos meses trabajando a destajo enfrentando el coronavirus. Preguntado por la idoneidad de realizar test masivos a un colectivo de unos 10 milliones de personas, su respuesta es doble. «Desde la perspectiva de la medicina preventiva y de salud pública, tiene sentido. Pero cuando los recursos son limitados, supone un gasto elevado y puede generar más problemas que soluciones».

El objetivo de los test masivos es detectar de forma rápida una enfermedad mediante un cribado. Se fundamenta en la idea de «atrapar» a las personas asintomáticas que pudieran portar el virus. Pablo Suárez ejemplifica esto con lo ocurrido en pueblo de Vo’Euganeo, en la provincia italiana de Padua (Veneto). Allí, toda la población (3.300 habitabtes) fue sometida a test masivos en dos tandas: cuando se produjo la primera muerte por COVID-19 y después de 14 días de aislamiento total. Entre los resultados, un 43% de infectados y que los menores de entre 0 y 10 no se habían contagiado a pesar de vivir con adultos que sí lo estaban.

Pillar in fraganti a las personas asintomáticas es importante porque son contagiosas como quienes presentan los síntomas. De hecho, antes de que estos aparezcan, es posible pasar a otros la enfermedad. Pero este especialista ve más complicaciones que ventajas a hacer esta criba en la comunidad educativa.

La primera es que no hay capacidad técnica para realizar el número de test requeridos. El número de docentes no universitarios es de unos 700.000 y el del alumnado ronda los ocho millones. El sistema sanitario no tienen hoy capacidad para realizar esta cantidad de pruebas. A lo que se suma el coste que tendría hacer este trabajo. Suárez explica el protocolo para las PCR: una persona debe ponerse un EPI para hacerlas, utilizar un hisopo (bastoncillo) y un tubo para guardarlo. Enviarlo a un laboratorio donde un técnico pasará entre una y tres horas analizando las muestras cuyos resultados, después, habrá de comunicar al centro de salud donde se hicieron las pruebas. Más tarde, otra persona tendrá que contactar con el paciente en cuestón para confirmar si está o no contagiado.

Finalmente, la realización de test masivos ofrece una gran cantidad de información (que también habría que gestionar) pero como una foto fija. Antes de dicha foto, cualquiera pudo haber contagiado a otras personas. Y quien da negativo, puede contagiarse días después.

Mascarillas, protocolo respiratorio y distancia social siguen siendo, desde el punto de vista de este médico, las medidas óptimas para frenar la propagación del virus. Entre otras cosas porque, dice, «no hay pruebas perfectas» y se producen falsos positivos.

Además de las tres claves anteriores: un sistema eficaz de rastreo de contagios. La prueba de fuego para los centros de atención primaria de todo el país. Detectar rápidamente a las personas con síntomas y aislar a sus contactos de los últimos días es la otra técnica para frenar el avance.

A todo esto hay que añadir algo que comenta Encarnación Pizarro: la Ley Orgánica de Protección de Datos protege de especial manera la información relacionada con la salud. Para la dirigente sindical, deberían ser los centros de atención primaria los encargados de estas pruebas (de hacerse) para evitar vulneraciones de derechos.

Suárez explica que, en este sentido, el sistema sanitario intenta que el número de quienes conocen la información de un caso concreto sea el más reducido posible.

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Marta Martínez: «La infancia está demostrando una capacidad de resistencia mayúscula»

Pablo Gutiérrez del Alamo

Los datos definitivos todavía no se conocen. Las tres personas que pusieron en marcha el estudio #InfanciaConfinada (con el apoyo de Enclave de Educación) están trabajando contrarreloj para publicarlos a inicios de la semana que viene, con todas las dificultades que cualquiera está viviendo estos días.

Hace unos de días hicieron públicos algunos de los primeros resultados que han podido entresacar de las 425 encuestas que niñas, niños y adolescentes decidieron responder: 25 preguntas de temática variada relacionadas todas con su situación actual tras más de un mes de encierro.

El 61,6% se muestra aburrido durante estas semanas de confinamiento. El 36,7% está o ha estado preocupado por la situación; el 28% muestra tristeza y un 16,2%, miedo. Estos son algunos de los sentimientos que dicen tener las y los chavales que han respondido, principalmente, de entre 10 y 14 años.

«La infancia está demostrando una capacidad de resistencia mayúscula», dice Marta Martínez, una de las responsables de la encuesta. La socióloga y experta en la infancia y sus derechos, asegura que comienzan a acusar el cansancio, «como casi todos», pero que, aún así, «están resistiendo más de lo que nos imaginábamos».

Martínez, además de destacar la capacidad de aguante de la infancia en esta situación («hay varios que hablan de que la situacón es como estar en una cárcel», a pesar de lo cual entienden qué está pasando), señala que tienen muy claro qué tienen que hacer. La investigadora destaca cómo, al pedirles una definición del confinamiento, «lo tienen clarísimo: estamos encerrados por un tema de salud, por mandato gubernamental», aunque, lógicamente «están deseando que termine».

Diferencias en la infancia

Aunque Martínez no puede adelantar muchos datos (el informe final esperan publicarlo el próximo día 27, cuando niñas y niños puedan, por fin, salir de casa con cierta frecuencia), sí asegura que se han encontrado algunas diferencias relativas a cómo están viviendo estas semanas niñas y niños. Principalmente, diferencias relacionadas con el género y a qué dedican el tiempo en sus casas.

«Las niñas están teniendo actividades más de carácter relacional», comenta Marta Martínez. Los niños, por el contrario, están más centrados, por ejemplo, en jugar con el ordenador o la consola.

Dentro de la lista de cosas que hacen, las niñas destacan por dedicar (20 puntos porcentuales más) más tiempo a las tareas escolares, chatear con otras niñas o niños, llamar por teléfono a alguna persona y a salir al balcón a aplaudir. Martínez asegura que «cabe pensar que están más activas que ellos».

Gráfico: Infancia Confinada

También aquí el estudio ha arrojado algunas diferencias por género y mientras para el 30% de los chicos, sus abuelos son tema de preocupación, este porcentaje sube hasta el 60 en el caso de las niñas. «Presumimos, explica Martínez, que tiene que ver con esa parte relacional» que están demostrando ellas. Unas distancias que se ven también en relación a la preocupación de que algún familiar enferme durante la pandemia y el confinamiento. Mientras este asunto está en la cabeza del 90% de las chicas, lo está en el 79% de los niños. «Tengo la sensación, es una interpretación, de que las chicas están más al corriente de las noticias, tienen más relación familiar y con la realidad que los chicos, que parecen estar más aislados».

Otras diferencias que han aparecido se refieren, obviamente, a los tramos de edad. Martínez sostiene que hay algunas preocupaciones que se dan más entre los menores de 13 años y otras entre los mayores.

Entre las preocupaciones de los más pequeños están muy presentes las abuelas y abuelos. «Muy poquitos niños están pasando el confinamiento con sus abuelos, y es un tema que está muy presente». Principalmente les preocupa que estén pasando este tiempo en soledad.

Relación con la familia

El confinamiento y la situación de continuar el curso escolar en línea, niñas y niños destacan, entre las cosas que les gustan, poder tener más horas de sueño, por ejemplo, o ser capaces de decidir en qué actividades ocupan su tiempo libre. Algo que parece que, hasta el momento, no podían o no tenían tanta libertad.

Martínez también destaca que en una de las preguntas abiertas, en las que niñas y niños podían expresarse libremente por algún tema que tuvieran en mente, destaca que el 42% de las respuestas hablan de, como algo positivo del confinamiento, pueden pasar más tiempo con sus familias. Desde el punto de vista de la investigadora, el confinamiento ha desplazado las tareas de conciliación, tanto en lo relacionado con el trabajo como en cuanto al apoyo para realizar las tareas escolares.

Marta Martínez resume la cuestión con algunas de las frases que niñas y niños han dejado en el cuestionario: «Me siento feliz porque estoy con mi familia», «nunca había jugado tanto con mi familia como en el periodo de confinamiento», «me lo estoy pasando super bien; lo que más alegre me pone es que no tengo que ir al cole».

Es verdad, comenta la investigadora, que también se notan aquí ciertas diferencias. Aunque la mayor parte de las respuestas hablan del tiempo que pasan con las familias, en un porcentaje importante, cuando estas referencias se hacen, se refieren, mayoritariamente, a las madres y no tanto a los padres.

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«Nos han dejado solos»

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